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viernes, 30 de septiembre de 2016

En Alcalá información.SE ACABÓ EL VERANO Y COMIENZA EL OTOÑO

ACABÓ EL VERANO Y COMIENZA EL OTOÑO

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            La feria de septiembre, y lo digo con todo fundamento histórico, señala el momento crucial entre el final del periodo veraniego y la entrada al cálido otoño, estación que todo el mundo ansía para bien de los campos y para disfrutar del tiempo de bonanza por excelencia de la ciudad de la Mota. Y me han venido entre las papeles de mi correspondencia  para la lectura de estos días  un cuaderno titulado Nuevas Fronteras, Nuevo Compromiso con una hoja suelta que recomendaba trece propuestas para vivir mejor con menos. Creía que era algo propagandístico en tiempos de un consumismo herido o significaba un simple tirón de orejas de una corriente ética. Y en cuanto comencé a leerla, me entusiasmé completamente con su contenido y fue el mejor recetario para afrontar un tiempo insólito en nuestra historia de país.
            Por doquier se perciben el desasosiego y el malestar popular por la falta de estabilidad  que supone la ausencia de un gobierno estable, y por estar gobernados por un gobierno  provisional sin posibilidad de dar respuesta a muchos asuntos, sin ataduras de ser controlado y con la incertidumbre  del futuro del país. Nunca debía ser una carga civil  participar en los comicios y consultas populares, desde  el mundo sindical o laboral al societario pasando por las elecciones locales, autonómicas, nacionales o europeas, por cierto escalonadas desde hace varios años ininterrumpidamente. Otras culturas, hace más de dos milenios como el pueblo romano, convocaban anualmente a los electores y no disponían de los  recursos humanos y actuales para el desarrollo y participación en los comicios electorales. Y no les importaba el ejercicio de la participación.
            Es verdad. Pero la mayoría de los ciudadanos no comprenden que la intención de su voto se quede simplemente como un dato estadístico de una urna, sino que, al emitirlo, lo recarga del deseo de que se hagan realidad sus sueños y sus deseos. Y estos no son otros que un gobierno que ejecute sus ansías de libertad, igualdad y solidaridad, o, al menos, una oposición que controle la actividad del anterior en estos citados campos. Otra cosa es el resultado en el que hay que compaginar el conjunto de los resultados y la distribución de papeles a la hora de comenzar a andar. Esta es la clave de la democracia. Y ahí radica el buen hacer, la sabiduría  de los elegidos y la simpathia con el pueblo. Y, estos años,  que algunos denotan con un descalificativo de transición, supieron dar respuesta al conjunto de la sociedad a lo largo de los comicios celebrados desde 1977. Ahora, el mapa intergeneracional  rompió el bipartidismo , pero todavía no ha logrado combinar el puzzle real de los resultados electorales.
Pero, se acabó el verano. Y me apliqué la primera propuesta al  finalizar la feria, la recogí textualmente “Hay que valorar el descanso, una dimensión receptiva y gratuita”  frente al activismo vacio, el desenfreno voraz o la conciencia aislada pensando en el beneficio personal. Y es que me veía acosado por  cierto  desentono agresivo del entorno municipal ajeno a la sencillez de un pueblo sencillo y sabio.  En los primeros  días de otoño, los senderos alcalaínos  invitaron a a reconocer el valor de los pequeños gestos cotidianos, retornar a la simplicidad y a tener  la capacidad de disfrutar con lo poco. Aunque parece como si solo la inactividad fuera  la  única dimensión que impulsa  a este nuevo modelo humano, sin embargo, al releer las restantes propuestas que giran en torno a la naturaleza,  se ofrecen otras alternativas al mundo del trabajo: considerar universable  lo que hacemos y que tiene un impacto sobre la naturaleza, percibir la  conciencia del valor de la interdependencia de la especie humana con otras especies, ejercer la justicia medioambiental basada en unir estrechamente las cuestiones social y ecológica y recuperar cierta sacralidad a la hora de enfocar el contacto con la naturaleza. Cuatro nuevas propuestas recogidas.
            Una tarde por los arrabales de la Mota entre restos de mansiones abandonadas y la serenidad del silencio del bosque te convierte en otro ser, te hace capaz de vivir sabiamente y de pensar en profundidad, te aleja del atosigarte con el mundo digital y el pensamiento superficial, echas al cubo de  la basura tanta información acumulada sin orden ni concierto. Hay gran cantidad de desafueros.  Tras la salida por la zona del Rastro, la historia te propone un crecimiento que no sea voraz  e irresponsable, te  convierte en un defensor del desarrollo sostenible y, al repensar en  el pasado humano, te hace valorar la vida como un don , un regalo, y, como su guía, la precaución es el único principio  ante la posibilidad de daños graves e irreversibles.

            En el Camino de la Carrera de los Caballos, me sentía feliz. Y comprendía que hay muchas maneras de practicarla y entenderla. Distinta a la del tener  y  poseer. Diferente al mercadeo que nos rodea. Una vida austera y sobria, vivir sencillamente para que los demás puedan vivir. Qué buen programa de valores. Así de simple y directa. Releí estas notas y no sabía si me había confundido de lugar de este artículo. Pero reflexioné que se acabó el verano y comenzó el otoño. Ahí van estas notas, por si a alguien le sirven. Me doy con un canto en los dientes.









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