viernes, 22 de marzo de 2019

LA LEYENDA DE LA MINA.

         La última vez que me recordaron el nombre de La Mina fue con motivo de una conducción de agua que bajaba al  Cuartel de la Guardia Civil. Se había agotado aquel canal de agua y los miembros de la benemérita, alarmados me pidieron ayuda en mi servicio municipal. . Y ahondé en los derechos adquiridos su historia. La mina  había sido  vista  por  mí, de pequeño,  y mis abuelos me habían contado miles de historias. La mina se ubicaba en la falda del nuevo barrio  que había nacido en tono a las calles de Moreas de Gamboa y Tal de Arroba. La orientaba un cronista hacia el occidente del barrio de las Cruces, moteado de blancas cruces. Pero realmente se hallaba en dirección sur, en la ladera de los peñascos de la linde majestuosa de los Llanos, hacia el promedio de ese cerro, que como decía este insigne personaje “a cuyos pies  tiene Alcalá su caserío, abre su boca una mina,  cubierta de zarzas y tomillos, cuya senda tortuosa y estrecha, descendiendo con el declive de la ladera, pare4ce como que va a perderse por bajo de las primeras casas enclavadas en sus faldas”.  . 
         Hubo un antepasado que me comentó  las célebres brujas cerniendo higos que se transformaron en personajes provistos del espíritu de  la hechicería; otro me comentaba que a un  familiar suyo aquella hechicera lo había dejado encantado y no daba respuesta a nadie; algunos se remontaban a los tiempos del principio de la Edad Moderna y comentaban que allí acudían  y se refugiaban los duendes que acudían por la noche a la Mota, a la casa del Miedo; más consistencia tenía el hecho de que esta mina había sido refugio de  los monfíes cuando acudían a asaltar a los arrieros y sus recuas en su paso desde la Campiña a Granada; dicen que un pariente mí vio algunos bandoleros de la Sierra de Ronda  esconderse en aquella Mina  para despistar a los alguaciles y caballeros de la sierra   que le seguían los pasos.
 Con mi padre, me acerqué una vez al hueco de aquella mina, pero, lleno de miedo, no me  atrevía a bajar al fondo de aquella oquedad y nunca pude descifrar su misterio. No sé si allí había tiestos de vasijas o restos de fuego, allí ni jergones de paja, ni nada de nada. Pero un amigo de mi niñez m, el Pacuco, nos condujo en una día de batalla infantil entre barrios alcalaínos. Se introdujo entre sus matorrales, buscando el palacio de oro.  que le había comentado su abuela, lleno de estalactitas y estalagmitas, para descubrir la presencia de una reina de hadas  sentada  en el tono de marfil, que había salvado de l hambre a un niño  pobre del barrio del Arrabal.  Fue el único que se atrevió a avanzar con una caja de mixtos, cerillas actuales y un pedernal por si fallaba la cerilla y estopa, Le acompañaba Pataavana, con una capacha de su padre potando  todos aquellos elementos incendiarios y una vela. Lo esperábamos sentados bajo un almendró;  y se nos hacían los minutos horas, y a ellos semanas. Al  principio sentíamos algún que otro alarido y grito, pues parecían que topaba su cabeza con alguna piedra imprevista de la bóveda natural de aquella oquedad circular.  Al fin, los vimos salir. Nos abrazamos. Andamos con un azogue especial, para preguntarles  muchas cosas.
 Ávidos de conocer muchas historias, de contemplar los tesoros  escondidos. Nuestra primera pregunta  consistió si habían visto a los hombres de piedra, aquellos liliputienses de  que habían poblado las entrañas de la tierra, si les habían quitado las hachas de silex. No nos daban satisfacción alguna, solo los harapos y zancajos de sus ropas se  nos presentaban a nuestra vista.  Dejando aparte estos seres, le preguntamos ya por historias de  moros y cristianos.
-Escucha, Pacuco, Pacuco,
-Bueno, que no he visto nada.
-Pero mi padre me dijo que leyó sobre un pasadizo que desde aquí llegaba por debajo de tierra a otra mina del pie de la torre de la Cárcel Real.
-Cuenta, cuenta, hemos visto una oscuridad.
-Te cuento: Sabes lasa veces que hemos entrado por esa mina en el torreón de la Mazmorra, que se yergue como torre barbacana de la fortaleza de la Mota.
-Claro que sí. Allí, hay un hueco similar, oscuro, oscuro. Lanzamos piedras y suena el Agua y retumba  en su fondo.
--Pues, entonces me confirma la leyenda de la Mina. Aquella que hicieron bajo tierra en tiempos de los cartagineses, la utilizaron los romanos  y no nos extraña que los visigodos se escondieran.
-Más que  camino oculto subterráneo que arranca de la mazmorra es un escondrijo o guarida de animales.
-Déjame, que prosiga. Desemboca en el Cerro de enfrente, ten lo por seguro, bajo un peñón. Fue obra humana.  Pasaron los tiempos, y quedó en el olvido, como si fuera un túnel sin fondo. Algunos intentaron atravesarlo por curiosidad, sobre todo, algunos muladíes para salvarse de las garras de otros musulmanes. Pero no pudieron volver. Lo que te puedo asegurar es esta historia.
-Dime cual.                                                                        
-En 1340,  Alcalá se encontraba asediada y cercada por las tropas de Alfonso XI. No podían salir sus moradores de la fortaleza para enviar misivas al rey granadino. Entonce el alcaide Ibrahim cayó en la cuenta de que existía este pasadizo comentado en muchas ocasiones por los ancianos del lugar. Convocó al pueblo en el patio de armas de la torre  del caid. Allí les pidió que necesitaba un hombre valiente para que asumiese una  hazaña especial. Tenía que avisar al rey granadino que estaban cercados y debía acudir en su ayuda. Se ofreció Tayre. Era  un hombre de espíritu inquieto, capaz de todo como un adalid castellano, una auténtico almogávar, osado, de mediana estatura, su guardia personal, y también archero distinguido; no necesitaba altura para hacer muestras de su valor. El alcaide lo llamó  al aposentó de su palacete y le desveló que existía un pasadizo que nacía de la mazmorra y moría en las Torres Bermeja, a quinientos pasos de la cuartel castellano, a través de aquel conducto debía pasar por el camino de Guadix, y de allí avisar a las tropas granadinas que estaban cercados. Tayre no dudó, no podía soportar más la humillación que sufrían de parte los cristianos, los padecimientos de sed y hambre durante tantos meses de asedio. No se lo pensó dos veces, se hizo de una lucerna de bronce y de una antorcha . se introdujo por la sal de la mazmorra de la torre de la Cárcel Real, y, logró atravesar aquel pasadizo. Llegó a la corte3 granadina, donde fue recibido por su rey. Pero, de nada le valieron sus lamentos y dotes de persuasión. No recibió respuesta alguna. Volvió a su tierra, con la callada como respuesta. El rey no tenía tropas de refuerzo en aquellos momentos, porque estaban dedicadas a cubrir otros flancos. Ante el alcaide alcalaíno no hacía sino lanbzar improperios contra su rey. El rey convocó al pueblo y no les dio más opción que entregarse a las tropas cristianas. Unos meses después, un grupo de3 ellos se avecindaba en Moclín y otro en el Norte de África, donde recuerdan el nombre de Said en algunas aldeas del Atlas.
Nos contaron que los rasguños recibidos no eran sino fruto de haberse arrastrado como cangrejos y  los descosidos  de pantalones y camisas  se los había causado la estrechez de la parte final. Desilusionados, decían que ni  la esfinge ni la sibila de Cumas habían salido a su encuentro. Tan sólo al final se contemplaba una profunda sima que goteaba y formaba un pozo de agua. Pero, de ahí  que hubiera  un pasadizo era otro cantar.
-Probablemente, el emisario del alcaide Ibrahim buscó otras salidas de la fortaleza asediada, la puerta poterna, la Peña Horadada…O se vistió de cristiano para evadir la vigilancia de los asediadores.- se dijo Pacuco muy  alicaído por su vano intento.       




EN ALCALÁ LA REAL, INFORMACIÓN. ENTRE ANIVERSARIOS Y LIBROS


ENTRE ANIVERSARIOS Y LIBROS
Paradójicamente, frente al predominio y propagación de las nuevas tecnologías, entre todos los grupos sociales de la ciudad de Alcalá la Real se constata un incremento muy significativo   de la publicación de libros y superior a los índices de cualquier rincón cultural de nuestro país. Hace un siglo, prácticamente un libro algunas revistas locales salían a luz cada quinquenio, y ya era un éxito. Como una aguja en un pajar, podría encontrarse alguna publicación a mediados del siglo XX, sino era una revista religiosa. Desde la llegada de la democracia, se han desbordado todas las precisiones. Evidencian la plasmación de la libertad de expresión y el descomunal desarrollo de la cultura entre todos los sectores de la población. Pero resulta inaudito que, en la ciudad de la Mota, se publiquen, en un solo un mes cuatro importantes libros. No sólo se verifica por la simple edición, sino que los títulos resaltan por la calidad de las obras gracias a su profunda investigación de contenidos, y también por la excelencia literaria. En primer lugar, Alcalá la Real Callejero XXI es un libro de investigación, escrito por Antonio Heredia Rufián y Domingo Murcia Rosales, que pone al día un aspecto fundamental de la vida cotidiana de los vecinos: su viario completo, tanto del casco urbano como de las aldeas. Parte de un estudio profundo de la nomenclatura de las calles, se ahonda en estudios de investigación histórica y se ilustra con una buena serie de gráficos y fotografías, con los que atrae gratamente a la lectura de la obra. Es un libro básico de cultura y consulta para los lectores alcalaínos de todas las edades de modo que resulta ameno para poder localizar todo tipo de datos y curiosidades sobre las calles de este municipio de la Sierra Sur, al mismo tiempo que se complementa con una serie de anexos fundamentales para adentrare a la obra y hacer más manejable su gran volumen. El relato, la estructura del texto y los complementos líricos colaboran para que este callejero sea una obra distinta, original y artística, que se distingue de otros libros de similar tratamiento editados en otros lugares.






En segundo lugar, Domingo Pérez Pérez presenta Patrimonio Material de Fuente Álamo, que marca un hito en la publicación de los estudios rurales sobre esta aldea oriental del municipio alcalaíno. Se han hecho estudios en el II Congreso de Alcalá la Real, jornadas históricas como la Ribera Alta, también Aguilera hizo un opúsculo sobre la aldea de Mures con motivo de la fundación de la ELA, y el propio autor fuentealameño publicó otro anterior basado en Los Baños de Ardales. Pero este libro centra la obra en el estudio del mundo y hábitat rurales con una lectura atractiva y un adecuado aparato de fotografías, dibujos e imágenes que ilustran muy certeramente el contenido aldeano por su valor documental, contextual e histórico. Se reserva esa publicación a l patrimonio material, y, como dice el autor sobre su libro “se compone de los bienes muebles e inmuebles construidos y ostentados por las sociedades del pasado, En esta publicación escogemos el patrimonio arquitectónico, arqueológico, artístico e histórico, industrial y natural fuentealameño, adornado con experiencias humanas vividas en primera persona o por otros fuentealameño siempre dentro de esos entornos. Aparecen gentes deambulando por aquellos lugares fundamentalmente desde los años sesenta del siglo pasado y que naturalmente contribuyeron a la construcción y/o la conservación de ese patrimonio”.  Las calles, los caminos y carreteras, los medios de comunicación, los servicios, lugares singulares de patrimonio natural o histórico, la villa romana, la mina, los cortijos, los animales y la flora, miradores y   descripciones de la aldea, otros pueblos con el mismo nombre y el himno de la aldea son los capítulos que invitan a la lectura de un libro, que es un sabedor desbordante de ese museo abierto que es Fuente Álamo, como dice su prologuista Ceferino Aguilera.
Por último, no le falta a El pergamino de Trento, de Antonio Cano Murcia tiempo dedicado a conocer el contexto histórico de su novela. La Alcalá del siglo XVII y el entorno del Vaticano se muestran en una obra que le consagra como novelista, que no como escritor que lo viene siendo desde hace mucho tiempo en la literatura jurídica. Esta obra novelística destaca por la certera intriga en torno a un documento y unos personajes, que impulsan a continuar ininterrumpidamente su lectura, como debe ocurrir en las obras maestras de ficción, en este caso de novela histórica de ficción histórica. Pues, si el contexto responde a dos ciudades tan dispares en la distancia, la trama de la obra desborda la inquietud para resolver la intriga dentro de un planteamiento ideológico y religioso que vincula paisaje, ambiente y personajes. La ciudad de la Mota, por un lado, se convierte universal con una novela, que se inicia en sus arrabales, pero culmina en el castillo de Castengandolfo en medio de un buen estilo narrativo y una prosa ágil y atractiva para el lector.
En medio de estas publicaciones, un recuerdo al pasado con los aniversarios de 530 de la Santa Caridad, con una exposición sugerente y documental en el Palacio Abacial; y, muy acertada, donde hasta se le hace un guiño a la firma del padre de Montañés en su año del 450 Nacimiento del hijo. Y el anuncio de la celebración de  los 40 años de los Ayuntamientos democráticos. Si añadimos los 500 de la cofradía de la Nuestra Abuela Santa Ana junto con la edición del libro de sus actas del siglo XVIII, faltarían salas para exponer, y lectores y visitantes. Todo sea por la cultura, porque el alcalaíno, como dicen  los gallegos, ya no se mata por la gaseosa, es decir su lema no es  su inconstancia, de modo que las asociaciones alcanzan una vida duradera y superan el quinquenio del pasado, prolongándose en el tiempo como muestra de una buena salud cultural y democrática.

jueves, 21 de marzo de 2019

LOS CARPINTEROS ALCALÁINOS EN EL SIGLO XVI

Por una carta de poder, levantada ante el escribano Cristóbal Gallego, a principios del siglo XVI, conocemos una aspecto de este gremio en la ciudad de la Mota. Se encuentra en el folio 587 del legajo 4537, con fecha nueve de febrero de 1536 siendo testigos el mayordomo Diego Fernández el mozo, Juan Rodríguez Salcedo, y los carpinteros Bartolomé Sánchez Moreno, Francisco Díaz y Francisco Alonso. 
No se especifica en  qué tipo de carpintería se encuadraba. Rechazamos la de ribera, porque no existe un espacio donde puedan desenvolverse los productos de estos carpinteros (naves, canoas...), nos inclinamos con un predominio de la blanca (arca, arcones, vigas, canes, travesaños, mesas, sillas,  ...)  y la de prieto, dedicada a los aperos de labranza (arado, mangos de hazas, horquillas, palas...)
Por el documento, podemos comprobar que existen  un grupo gremial a la hora de defenderse, formado por los siguientes carpinteros: Juan Pérez, Bartolomé Sánchez Moreno, Francisco Díaz, Alonso Serrano y Juan García, que los lidera y recibe el encargo de representarlos mediante una carta de poder.
Esta carta está cargada de fórmulas jurídicas por las que Juan García podía comparecer ante la Justicia, represntarlos, buscar y s




ustituir procuradores, incoar todo tipos de acciones del proceso judicial ( pedimentos, requirimentos, ..), ante cualquier persona o negocios judiales o extrajudiciales....
En concreto, este documento versa sobre una denuncia del síndico personero que los demandaba para que colocaran sus tiendas en la  Mota de esta ciudad. 
Es un primer peldaño de la lucha artesanal y comercial ( en el primer decenio del siglo XVI)  que se entabla entre el cabildo municipal y los oficios, en este caso los carpinteros. Los balcones, los dinteles de los soportales, los colgadizos, los armazones de los tejados, los andamios, ....son fruto de su competencia....

EN IDEAL -ALCALÁ LA REAL. MURES, TIERRA FRONTERIZA (II)







Mures, desde la Dehesa don Pedro
MURES (II)
(ESTE ES EL TEXTO  FINAL, QUE POR ERROR SE HA EDITADO EN PAPEL, EL PRIMERO)

Hace unos días, acudía a la ciudad de la Mota Ana Calvo Cano, una mujer de ascendencia alcalaína Una emigrante que regentaba en el Camino de Santiago el albergue navarro de los peregrinos de Uterga, tras pasar el puerto del Perdón y Muruzabal con dirección al Puente de la Reina. Me contaba sus orígenes sin saber exactamente la vivienda de sus antepasados en Alcalá la Real . Por diversos descubrimientos pudimos reconocer que su familia se encontraba en el cortijo mureño de la Savia. Y, en el primer padrón de 1802 su familia de los Calvos residían en esta zona de Mures junto con las de los  Rosales, Cuenca, Valverde, Zafra, López, Sánchez,  García, Alcalá, Martín, Pérez, Rufián, Arroyo, Jiménez, Nieto; otros abundaban menos, pero se centraban en esta zona de la comarca alcalaína: los Atero, Vallejo, Zamora,  Carmona,  Santiago, Cuevas,  Sierra, Algar, Flores, La Olla , Canalejo, y Castro. Entre ellos, no se citaba ningún oficio industrial, artesanal o de servicios, por lo que se sobreentiende que, en su mayoría, eran personas dedicadas al sector primario, como jornaleros, gañanes, zagales, pequeños campesinos, labradores y pegujareros.
Ana comentaba un ascendiente que había sacerdote, y también dimos con él, nada menos que el que realizó el padrón de 1822 junto con don Antonio de Oza, el cura rural don José Calvo. Por este año, Mures comenzaba el incremento vecinal y de vivienda (104) y de habitantes (292). Y su territorio se extendía a zonas linderas en dirección a Ermita Nueva, al mismo tiempo que recibía el mestizaje con familias de las aldeas de   la Ribera Baja, Santa Ana y pueblos granadinos limítrofes. Casi un siglo después, en 1910, Mures ya alcanzaba la cifra de 919 habitantes.
A principios de siglo, Ana me comentaba que sus padres residían en Alcalá y labraba un cortijo. Se llamaban labradores; y, en su mayoría, procedían de Alcalá; pero hay un grupo numeroso que se había emparentado y casado con vecinos de pueblos, cercanos a la aldea mureña. Predominaban los procedentes de la provincia de Granada, a continuación, los que remanecían de Frailes (Cano García, Baeza, Aceituno, Garrido, Gallardo, Mudarra, García, Peinado, Pérez Torrevejano) en menor medida, los de Córdoba o Jaén. Por lo general, suelen ser las mujeres cónyuges las que provenían de fuera. De la capital de Granada, procedía la familia  Navarrete; los apellidos de Alameda, Alba, Cortés, Lizana, Cantos y Pareja de Benalúa; Villegas y Ruano de Trujillos; Álvarez; y   varias familias Ruiz e Hidalgo de Montefrío; los Granados, Garrido, López Bolivar, Ordóñez, y Pareja, de Montillana. Martín, Muñoz, García de Moclín, Arquillo, García Ureña, Bolívar y Valverde de Moclín; de Colomera, López de Illora;  de Chauchina y Alomartes, Quintanilla; de Jaén, Moreno de Jamilena; Izquierdo del Castillo; y de la Puebla de los Infantes de Sevilla, Morales. Tan sólo había un caso de desplazamiento de residencia hacia Mochín, de un hijo mureño. 
Mures, desde la Dehesa don Pedro
En cuanto a los aspectos sociolaborales, avanzando el siglo XIX y   a lo largo del XX, entre los vecinos de Mures, predominaban los jornaleros del campo, los labradores, y, a gran distancia, los oficios industriales y artesanales, siendo casi nulos los servicios. Los que se denominan del campo o jornaleros, pueden dividirse según tuvieran algún medio o ninguno y solo al jornal; los labradores eran los arrendadores de cortijos y poseedores de algunas tierras, los pegujareros que los que tenían posesiones pequeñas en parcelas y algún arrendamiento, propietarios eran los que disfrutaban uno algunos de los cortijos. Entre los oficios, era el posadero la familia de Rufino Arroyo Álvarez, el zapatero Juan Arroyo Quintanilla; albañiles, por su parte, Francisco Bolívar Chica y Eusebio Granados y los Navas; Ramón Castro Cortés era hornero, el frailero Antonio Cano García ejercía de guarda; herreros y esquiladores, los miembros de la familia Cortés, sacristán José Martín Atienza, tabernero Remigio Moya y su hermano Desiderio carpintero;  por otro lado, las mujeres todas se dedicaban a las labores a las labores de la casa.             Por algunos oficios, se demuestra que existía una posada, taberna, dos molinos y dos hornos, una herrería, una zapatería, una posta de correos,  y una ermita, y se trasladaban al casco urbano para las compras o les vendía el recovero 

 En 1930, ya me refería Ana que su familia no residía en nuestras tierras. Se llevó a cabo un censo de viviendas que dividía la población en el barranco de Mures y el núcleo de Mures. Entre los cortijos, se encontraba Balazos con veinticuatro edificaciones, todas ellas de una planta en buen estado, y un vecino por casa. Venta Balazos se componía de seis edificaciones de dos plantas. El cortijo de la  Máquina a su vez de 30 casas con las mismas características, el del Molinillo con dos edificaciones, el cortijo de la Cuesta,  Garcihambre, Los Cierzos, Santa María, los Cortijuelos, el Medianil,  de los Peñones, Toro, las Tres Avemarías, el Cerro, el Cerrillo, la Joya, del Manzano, Juntas,  Casa Nueva, Espino, Arrañales y Venta la Torrezna con  1a,  Fábrica Batmala y Nuevo  con tres, del Río,, del Moral, Savia, con 2, el Aquilón,  con cuatro,  Por lo que respecta al núcleo de Mures, se dividía en las siguientes calles. Real con 47 casas en dos aceras, siendo mayor la impar con casas de dos pisos y algunas deshabitadas, (3), tan sólo una de un piso, la Plaza con ocho viviendas; la calle san Antonio con 23 casas, la de san José,  13 casas, Ruiz  con  cinco, Alcalá con seis,  y la Cruz  siete;  En sus casas, se avecindaban 923 habitantes.  

En 1940, se realizó una nueva estadística de entidades de población y edificaciones: al barranco de Mures se le consideraba como caserío, y se marcaba una distancia de 10.240 Km. desde Alcalá y a Mures como aldea, mientras en la del 1930, se le consideraba cortijada y se le señalaba una distancia de diez kilómetros y doscientos metros. El primero tenía 69 viviendas (cuatro de una planta y el resto de dos; todas en buen estado, menos una, y con 64 familias que la habitaban), mientras el segundo 205 (cuatro de una planta, 198 de dos y una de tres, 192 en buen estado, 13 ruinosas; y la habitaban 187 familias). Los cortijos eran los mismos que diez años antes, y algunos nuevos o con diferentes nombres como las Vegas, Molina, Tomillos, cantores, Juanichín, Peral, se agrupan un gran número en las Casillas alrededor de 27,  
            En el siglo XXI, muestra la decadencia de población por la diáspora de los años sesenta, desde los 1838 habitantes en 1950 hasta los 720 de 2011 y los 677 actuales, a los que hay que añadir los avecindados en Moclín y los de población transeúnte. Durante varios años, solicitaron, por parte de los vecinos de Mures, convertirse en Entidad Autónoma Local,  y en 2001 recibió esta reconocimiento ofical  por la Junta de Andalucía, presidiendo esta entidad autónoma el socialista Miguel Villegas Chica y formando la comisión miembro del PSOE, PCE y PP. En las últimas elecciones, fue elegida Francisca López Zafra de IU, Aunque Mures se mantiene en el sector primario, los servicios, las dos almazaras, los comercios y los servicios la han convertido en un nuevo reto para el siglo XXI. Su parque, su escuela, sus instalaciones deportivas, sus naves y centro social, sus lugares de ocio y restauración, su escuela, su sede municipal, su centro médico, su farmacia, la vitalidad de sus asociaciones como Adrumel, sus fiestas de San Roque y San José, y su AMPAS forman parte de la inquietud de sus gentes. Comprendí con estos datos que Ana Calvo no tenía familiares en la actualidad, pero era descendiente de la migración a otras tierras. Pero encontramos sus orígenes.
 



miércoles, 20 de marzo de 2019

EL CEMENTERIO DE SAN SEBASTIÁN







En la izquierda de esta foto se encontraba el barrio de San Sebastián, hoy olivar.
Calle de Subida de San Sebastián a Puerta Nueva por Peña Horadada
De todos es sabido que en las  iglesias, ermitas y claustros de iglesias se construyeron capillas y bóvedas de enterramiento o arcos. En Alcalá, muchas cofradías, personas,  familias privilegiadas y el clero  fundaron capellanías para ERIGIR estas capillas y hacer memorias y aniversarios de misas con motivo de la defunción de sus patronos. El  cementerio civil de Alcalá fue una creación que partió de los últimos años del siglo XVIII en tiempos de Carlos IV, y que no se hizo realidad hasta el segundo decenio del siglo XIX. Así escribimos con la transcripción de esta acta del AMAR de 24 de enero de 1823 , con motivo de la construcción del cementerio, este nforme:

“Se estableció en 1819, fuera de los muro de esta ciudad, en el sitio denominado de la Mota, a bastante distancia de la población , en una altura que domina  en todas las partes  y que por consiguiente los vientos, cruzándose  en direcciones opuestas, ningún perjuicio acaecerá en la salubridad de este vecindario, cercado de altas paredes y de los muros de la fortaleza que en su seno contiene el mencionado sitio, prevenido de firmes puertas y en extensión  muy sobrada para un sinnúmero de años de este destino, y cuya naturaleza del terreno es muy a propósito para la pronta consumación de los cadáveres y que de él ningunas aguas se filtran ni comunican con las potables del pueblo. Asimismo, dentro de este recinto en la Iglesia, que fue arruina da a la retirada del Ejército Francés, se restableció y reparó una capilla, a donde se celebra el santo sacrificio de la Misa, y   no a muy larga distancia se destinó la hermita del Señor San Blas, también separada de la población, para el depósito de cadáveres y celebración del Oficio de Difuntos. Todos estos objetos y atenciones fueron cumplidos puntualmente en observancia de las Órdenes Superiores sobre esta materia, y sólo han quedado sin ejecución, por haberse apurado los arbitrios para ello, la construcción del osario y habitaciones para el capellán y el sepulturero , como igualmente la limpieza y extracción de ruinas de la ya citada iglesia y sus antiguas bóvedas para colocar en ellas las correspondientes sepulturas, en que con distinción de párvulos a otras edades y de sacerdotes a otras personas, se hiciese el depósito y enterramiento de cadáveres según está prevenido, señalando al mismo tiempo el terreno que en segunda ocupación de la memorada iglesia, se necesitaba  para nuevas sepulturas y aún el sobrante para si ocurriese a extraordinaria de alguna epidemias”

Pero, tenemos constancia de que en las iglesias de San Juan y de la Veracruz, hubo cementerios en patios cercanos a los templos, que lindaban con  la iglesia y casas anexas. Lo mismo aconteció en este primer cementerio hasta ahora localizado en la Iglesia de San Sebastián. Se encuentra en un contrato de venta de una casa del  Arrabal Nuevo de la ciudad del llano, levantado en las Entrepuertas ante el escribano Cristóbal Gallego en 24 de julio de 1533 y siendo testigos Martín Sánchez de la Hinojosa y  el albañil Francisco Hernández. Pedro Gutiérrez Montañés, un paisano de la familia del sastre Juan Martínez,vendió por 16.000 maravedíes a a Hernán López Torrevejano,  hijo de Martín Hernández Torrevejano, una casa en situada en este barrio, y lo más interesante es la ubicación de la casa, lindera con el cementerio de San Sebastián y la calle Real, por ambas partes, bien deslindadas. 

domingo, 17 de marzo de 2019

DIARIO DEL RUTERO POR FUENTE DE LA PIEDRA, BELENES DE MOLLLINA Y ARCHIDONA

Hemos acudido 2 autobuses y casi cien ruteros. Salimos a las ocho de la mañana, paramos en Abades ( con pestiño y arresoli de Ermita Nueva), seguimos hasta la Laguna. Imagen sorprendente del agua entre olivos, la Laguna. En el camino, magnífica  disertación del agua, su fauna, su flora y defensa de los recintos de reserva natural por parte de nuestro socio Antonio Atienza y Antonia Pleguezuelos. Comentarios sobre su empleo en tiempos romanos, salinas , desalación y nueva puesta actual. Un sendero de cinco Kilómetros por entre senda de Laguna y vía del tren. Visita a los miradores del Laguneto y de las Palomas, y otras de perspectiva aérea, visita a Centro de Interpretación.Y vuelta a Mollina, excelente comida en el Centro de Belenes, y visita por la tarde a este excepcional espacio, con una nueva muestra y la presencia de la belenista Angela Trepi. 



















De allí, a Archidona, con comentarios entre romances, historias antequeranas y , Peñón de los Enamorados,  saludamos a Blas Infante y visitamos el casco antiguo  y la plaza ochavada en un día excelente y completo.  mI AGRADECIMIENTO A FERNANDO DEL PINO, ANTONIO ATIENZA Y ANTONIA PLEGUEZUELO, EL MUNDO DE LOS VIAJES, Y MIEMBROS DE MI JUNTA DIRECTIVA Y LOS QUE NOS ACOMPAÑARON.