jueves, 23 de marzo de 2017

SEGUIMOS CON LA HISTORIA DE LA RÁBITA

LAGUNA Y LA VENTA

             La  descripción de la zona de la Laguna nos sugiere una zona pequeña pantanosa, desde donde salen varios manantiales de agua superficiales, cubiertos y rodeados exteriormente de juncos, muy cerca del camino que viene de los actuales Canales, y cerca del camino real que se dirige hacia el de los Playeros; la Venta se encontraba cerca de esta encrucijada de caminos. Y no es de extrañar que su ubicación proviniera del asentamiento del antiguo ribat transformado en venta, y luego,  ermita, ya que una capellanía de la familia de Alonso Ortiz  disponía de ella a través de un capellán: 

“Desde la qual esquina  a la parte levante de levante, y desde el camino real, que con ella alinda a la dicha vereda, hacia   el dicho Juncar, por do los ganados entran en él, y lleva de anchura diez estadales, alinda a la mano derecha  hasta el dicho Juncar con las paredes de la dicha venta, y luego con las de un cortijo, que está incorporado con ella, y luego haça de de Catarina Rodríguez , biuda mujer que fue  de Bartolomé López Montijano, y  con esta llega al dicho Juncar, y por la mano izquierda desde el dicho camino  hasta el dicho Juncar alinda con haça , que es de la dicha Catalina Rodríguez biuda, y yendo al dicho Juncar, , va hazia abaxo sirviendo el dicho Juncar de vereda; y  es de saber que este juncar todo es realengo, común y concegil; para pasto y abrevadero de ganado, como lo  dize el libro de Hernán Pérez, en la foja quinze plana segunda, digo primera , y porque dentro tiene muchos ojos de agua, que de presente,  no se puede andar, no se mide agora su anchura ni largura, hazerse sea empudiendo, así se encargue lo manden hazer los señores, Justicia y diputados que les cupiere la primera visita de veredas  y hagan  poner en este libro  la dicha medida para que por ella se visite , siempre , porque no se pueden entrar en el, ni menos a caballo,  como agora está como lo van haziendo”. Junto a la laguna existía un cortijo importante, el de los López  Montijano.
                       

DESDE LA LAGUNA HASTA  EL CORTIJO DE LA FESENEDA


            Desde el Juncar o Laguna, partía una vereda de diez estadales, en donde se asentaban por los lugares más amplios, abrevaderos  y descansaderos de ganado, y, por las partes más altas, de cinco estadales lindaba con fincas de particulares. Existían dos fresnedas, una alta grande y otra pequeña, el camino en medio de de descansaderos y abrevaderos, y una serie de hazas repartidas en anteriores años ( la de la capellanía de Alonso Ortiz , la de Diego Cano ( ahora de la viuda de Alonso González de la Hinojosa) , y la del  canónigo Padilla(  ahora del capellán Hernando de Gadea). La Fresneda baja era la más grande, lindera con las tierras del Hospital del Dulce Nombre de Jesús.FUENTE DE LA ZARZA

            Una vez atravesado el camino de los Playeros por la vereda que provenía de la Laguna y la Fresneda, se llega,  en paralelo con tierras de Hernando de Gadea y Cristóbal de Frías, al camino de los playeros, y pasándolo  y desde aquí se llegaba a otro juncal  junto a la fuente de la Zarza entre tierras de Pedro Martínez de Espejo, -con casas y cortijo-,  y otras tierras de Juan Sánchez de la Hinojosa ( que eran de Francisco de Góngora). Habían  unas tierras de la familia Espejo y varias albercas.

CORTIJO DEL DULCE NOMBRE DE JESÚS
           
Se encontraba a la otra parte de la vereda que bajaba entre la Fresneda Alta y la Baja, procedía de los bienes del  provisor Diego Hernández,  que había donado para la fundación de este Hospital. Durante mucho tiempo, fue administrado por el regidor Miguel  de Utrilla, un famoso ganadero  procedente de tierras granadinas que se había afincado en Alcalá la real, cuyos ganados pastaban en estos territorios entre la dehesa de la Rábita y los cortijos del Hospital y las otras fuentes. En 1577 se consiguió que la vereda que bajaba entre un arroyuelo y los cortijos aumentara a un tamaño de diez estadales con el arroyo en medio para permitir el paso.


                        ZONA DEL SORBITO

            Era una zona entre barrancos y veredas  que formaban  los barrancos de los arroyuelos de Moriana, Salado y  otros y el camino real que se dirigía a Alcaudete . Son tierras de los Relimpios y de la familia Cabrera.



            EL PARTIDO DE LAS GRAJERAS


Ocupa la parte de la ladera y de la Sierra de San Pedro, con el importante montículo del Cerro RetamosO (900 m).  Desde esta sierra bajaban d los arroyos de los Pedregales y de la s Grajeras.
                                               FINAL DE SIGLO

A final del siglo XVI, la roturación de los campos dio lugar al asiento de varios campesinos en algunos cortijos y a la fundación de una ermita dedicada a San José. También la Dehesa de la Rábita jugaba un papel importante en aquella zona, junto con la  Laguna y un arroyo que  bajaba desde ella, porque permitía el laboreo de la tierra en cereales y huerta ( más tarde, sus frutos los recogía Diego Fernández de Guelte que disponía en el siglo XVII una huerta que era regada por la laguna del lugar). Abundan, también  los labradores de cortijos arrendados ( tierra y casa)  con residencia habitual en Alcalá y  estacional en estos cortijos de teja durante la estación del laboreo y recolección de la tierra.

                                    UNA PLAGA DE LANGOSTAS EN 1584

En 1584, el municipio alcalaína  se enfrentó con una  fuerte sequía, que motivó el correspondiente reparto de pan para paliarla entre los 160 vecinos pobres, y con una fuerte epidemia de langostas que  se extendieron en la comarca por la sierra de san Pedro en el mes de abril de 1584 .Para limpiar el campo de este insecto por esta zona de la Rábita, participaron más de cien personas seleccionados de  cada uno de los barrios de la ciudad  y con medios artesanales como las puertas, azadas,  y mangas y buitrones de lienzo que servían de recolectores de las langostas.
            En el censo de 1587 realizado con fines militares y por el cabildo municipal, se inscribió como ventero al de la Rábita entre los .909 vecinos, concentrados en la ciudad y los cinco restantes  venteros ( uno en Pililla , otro en  Acequia, dos en Fuente Granada, y Venta del Carrizal).

LA VENTA DE LA RÁBITA

            La venta de la Rábita se  remontaba  al medievo,  pero se mantuvo hasta muy entrada la edad Contemporánea. Durante los años de peste como los comprendidos ente 1599 y  1602, la ciudad  intervenía adoptando medidas de cerrar las puertas de la ciudad, impedía el tránsito de mercancías, anulación de fiestas, promovía rogativas, prohibía el aso de pasajeros, transeúntes y caballerizas. pagaba medicinas y enfermos en el Hospital del Dulce nombre de Jesús y , sobre todo , como en el año 1602, se cerraban   las Ventas , entre ellas  la  Rábita,  Acequia, Puertollano, y Fuente Granada.

SIGLO XVII

            Se va forjando la unidad territorial de  campo de la Rábita, en torno a la ermita. Hay un dato esencial  referido al clero. Por un pleito en el año 1624  para el pago de la sisa, se encontraban uno cuarenta y uno curatos, dependientes de la abadía, que administraban todas las capellanías, memorias y oficios, a los que había que añadir los treinta frailes y diez capuchinos y veinte monjas.  Un grupo especial de ellos eran los que se van a encargar poco a poco de la administración de las ermitas de los núcleos rurales como santa Lucía en Frailes, santa Ana, san Miguel en Charilla, y san José de la Rábita, que subsistían de las limosnas de los fieles, un tanto por ciento del cobro de los diezmos de los distintos lugares y  de las misas en  dichas ermitas. En el siglo XVIII, aumentarán el número de capellanes en la Pedriza, san Juan de Valdegranada, la Venta de los Bramaderos, la Hortichuela, las Ribera Alta, Mures, Ermita Nueva y las Caserías
En el siglo XVI y XVII, con motivo de la imposición de diversos arbitrios ocasionados por la política hacendística de la Corona, había que contribuir con determinados encabezamientos, donativos y repartimientos de impuestos,   se roturaron y se permitieron disfrutar, mediante la imposición de censos,  a los vecinos de Alcalá la Real algunas tierras comunales y de realengo; para ello, las tierras se dividieron en una serie de suertes y juegos, que se repartían entre los labradores, tendiendo a los  habitantes cercanos al lugar y esto dio lugar  al nacimiento de muchos núcleos rurales o aldeas y al asentamiento de una nueva villa, la de Frailes. Correspondían antiguos abrevaderos de ganados, dehesas, y majadas, que permitieron el laboreo de los cereales y algunos olivos[1]. Estas eran las suertes de tierras que se encuentran


[1] Además, otras parcelas fueron repartidas  en los Llanos con 116 suertes a una media de cinco o siete reales por fanega, el Torviscal con treces suertes a la misma cantidad la fanega, el Robledo con nueve colonos, Fuente el Gato, con nueve colonos, Guadalcotón con tres, Majadilla con seis, Cerro de Martín Cano con tres, dehesa de Charilla con cuatro, Cañada del Infierno con dos, la Torre de Charilla con cuatro, Charilla con trece, Amoladeras y Zarzalejos con tres, Mirador de Charilla con diez, Alberquilla con cinco, Portillo de Alcalá y Maleza con siete, Celada con sesenta, Arroyo de Loberones con una, Peña el Fraile con diez, Hoya Redrada con dos, Cepero con diecisiete, Loma Pelada y Loberuelas con dos, Cuesta del Fraile con ocho, Romeral con veintitrés, Solana de Frailes con trece, Hoyos de Frailes, con dieciséis, Carboneras de Frailes con seis, Almoguel con once, Hoyuelo alto de Frailes  con cinco, Soto Redondo con cincuenta siete. Todas estas sumaban la cantidad de dos mil novecientas cuarenta y ocho fanegas y once celemines, que importaban una cantidad de veintidós mil quinientos once reales y nueve maravedís. Además, siguiendo el término desde Frailes a Granada:  cuatro  en Bohórquez, cuatro en los egidos de Verdugo, veintiocho en el Chaparralejo, diecisiete en Alcaiceruela, diez en Llanos de Mazuelos, treinta y siete en el Llano de los Muchachos, diecisiete en el Espinar de la Peña del Yeso, ochenta y siete en la Hondonera, diecisiete en la Cañada el Carril, cincuenta y cuatro en la Dehesa de los Caballos, ocho en el Navazo, dos en  Portichuelo, tres en Yerbatunal, cuatro en Caleruela, treinta y ocho en Chaparral de Nubes, treinta y dos en Majalcorón. una majada de Ibro, siete en Cerro Montoso, diez en Majada de los Macheros, cuatro en Carrizalejos, diez en Cerro Junquillo,  ocho en Cuevezuela, tres en Linarejos, una en Junco Merino, trece en el Retamalejo, tres en Barranco Blanco y Venta del Carrizal, doscientas veintiséis en Encina Hermosa divididas en diversos juegos y 13 trances, una en el portillo de Jaén, treinta en los Coscojares, seis en cerro Acebuchar, ocho en Filique y Cañada del Muerto, tres Baldío de la Presa, tres en el Llano de la Presa, cinco en la solana de la Presa, tres en Hituero, ocho en Camorra, tres en Coronillas, una en el cerro del Águila y arroyo Begijar, cuarenta y seis en Rasillos, veintiuna en Nava del Peral, Navaltrillo cinco.






miércoles, 22 de marzo de 2017

ENEL PERIÓDICO IDEAL. ALCALÁ LA REAL. LA PEDRIZA






LA PEDRIZA
        La Pedriza es el tercer núcleo rural de la trilogía de Cantera Blanca  que encuadra perfectamente con la edición periodística de este  primer trimestre del año 2017. Parece como si este partido de campo incluyera como el anillo al dedo, en aquel primer cuadrante del círculo en el  que se dividieron hace siglos,  tres aldeas alcalaínas para sus administración hacendística, militar y civil. Y, conforme pasaron los años asumiendo otros servicios como los escolares, sanitarios, religiosos, deportivos y de muy diversa índole. Algunos  remontan este núcleo rural a una antigua “Ciudad de Nubes” que irradió de la Fuente de su mismo nombre y  del entorno  la ermita del Cristo del  Perdón, parroquia de la Inmaculada Concepción. Debe su nombre de la piedra del cerro sobre el que se levanta esta aldea.  Este núcleo concentrado del mundo rural  surgió a expensas de un antiguo camino real ( la actual carretera de Montefrío) y se adentraba hacia los cortijos y dehesas de Fuente Nubes, lo que hoy es la  calle de la iglesia. Por otra parte su origen poblacional radica en que se instaló en este sitio la gente procedente de la roturación de Chaparral  y de  Fuente Nubes. Si tuviéramos que asignarle un momento histórico. se lo fijaríamos con el proceso roturador de Carlos III; si lo quisiéramos datar con un año exacto, este partido  alcanza un crecimiento muy significativo  de población  a principios del siglo XIX. Y, lo refrenda el padrón de 1802. Pues el núcleo de La Pedriza de Fuentes Nubes se sitúa a la altura demográfica de Santa Ana, Charilla, Frailes o la Rábita. Y, aunque el partido de campo se puede dividir en varias zonas con 122 vecinos o viviendas y  sus correspondientes 235  habitantes,  y nada menos que se constata como muestra de su importancia administrativa  la presencia de  su alcalde pedáneo, residiendo en Cantera Blanca, La Pedriza  sobresale por encima de los cortijos circundantes. Se le reconocen entre la población dispersa, tomando la dirección desde la ciudad de Alcalá la Real hacia la Pedriza  los cortijos de Platero, el Chaparral,  Cortijo Nuevo, o de cerro Gordo;  en  su  ruedo,  El Toril , Bajamar o Bajaca  y el propio de Fuente Nubes; en la orilla del Palancares hasta el limite de Granada, la Peña, Perrera, Fuente Hoyos, la Hoya Baja, la Hoya Alta, Maleza Prieta, Conejeros, y cerro Cañete. Y los comentados de Villalobos y, en ocasiones, algunos de la zona de la Venta de los Agramaderos.
  A mediados de siglo XIX, la Pedriza estaba constituida por 46 casas, y no estaban definidas las calles, como actualmente se encuentran. Destacaba la Fuente Nueva, un nacimiento de agua potable, no muy abundante, pero suficiente para la vecindad. Todavía se conserva dicho manantial  ya restaurado. Un siglo después, en La Pedriza moraban unos 665 habitantes dentro de sus 185 casas. No todos vivían de la agricultura, aunque predominaban los jornaleros, también estaban domiciliados y 12 labradores y algunos oficios, como dos maestros, un talabartero, un carbonero, un zapatero, un barbero, un carretero,  un empleado, un albañil y un panadero. A finales del siglo XX,  se había producido un fuerte movimiento migratorio y  quedaban  466 habitantes. Y, acercándonos al tiempo actual rondan los 328 habitantes con un progresivo declive de casi cinco puntos cada cuatro años sin los oficios anteriores.
Escribir la historia local de La Pedriza  recuerda la conquista del progreso humano social de un grupo muy ancestral del municipio alcalaíno.  La Pedriza es mucho más que  historia viva, hay vestigios que se  remontan al homo neanderthalensis, alguna que otra villa romana y visigoda disfrutaba de las aguas de sus arroyos,  se encumbra en el mundo musulmán en medio de tumbas mozárabes, leyendas orientales como la de Encina Leona, y hallazgos como la lápida precalifal. Siempre estuvo imbuida por todos sus costados de alma de frontera al estar rodeada de las atalayas de Gibralquite o Guadal quite o de la antigua del Listán. Sus campos fueron cortijos de señores conquistadores como el Chaparral de Nubes o tierra de repartimiento desde los altos de Fuente Nubes hasta el Palancares; sus parcelas están marcadas por las series, trances y suertes de la asignación de suerte del corregidor Francisco de Alarcón en tiempos del emperador Carlos I.
         Pero, si  hubiera que reescribir su historia contemporánea, sus hitos históricos se manifiestan en la culturización de un  zona que pasó del desarrollo agrícola, la primera cultura del hombre sobre la tierra ( de ahí agri-cultura, del monte a los campos de cereal , y del cereal al olivar)   a la incorporación de su gente en los grandes movimientos sociales y culturales. Ya, venció las condiciones adversas, en 1849, y fue vanguardista en la implantación de las escuelas en las aldeas, hoy es sede de un grupo escolar de primaria. Y eso que tropezaban  con que  , los padres preferían ocupar a los niños en tarea agrícolas y(…) los maestros mostraban  falta de interés en querer vivir en sitios incómodos, en los que se les diesen casas , porque se componía de albergues inhabitables, que solo servían para  los que están acostumbrados a la vida dura y campestre[1]”.”No obstante, alegaban que lo hacían “ con respecto al número de vecinos, con que cuentan y la necesidad de ilustrar a la juventud proponían a José Carrillo Sánchez, morador en el mismo partido, como persona apta para ejercer.
       También fue líder del movimiento social de las sociedades obreras alcalaínas, ocupando el primer escalón sindical con su Esclavitud Emanicipada, una voz que alcanzó muchas conquistas obreras a principio del siglo XX y llegó hasta los oídos de Largo Caballero, ministro de la II República. Sus reivindicaciones se hicieron eco en su red vial. Pues,  a una distancia de 8 Kilómetros del pueblo de Alcalá la Real,  y situada en la ladera del Chaparral de  Nubes  a unos 1.000 metros de altura, puede accederse por la A-335 en dirección hacia Montefrío, el camino asfaltado de la Casería del Águila y  otro  camino asfaltado a través de Cantera Blanca. Un observatorio astronómico, sus instalaciones deportivas, la nave industrial municipal, la escuela, el centro médico, el centro social y su iglesia, remozada y albergando un restaurado retablo barroco procedente de la iglesia de la Veracruz,  se yerguen en medio de un paisaje del olivar y mechones de monte mediterráneo. 
       



[1] AMAR. ACTA  DE CABILDO .Informe del dos de junio de 1849

martes, 21 de marzo de 2017

PRIMERA HISTORIA DE LA RÁBITA


HISTORIA

A lo largo de la Edad Moderna,  va asistir al nacimiento de los núcleos rurales, de tal modo  que va  a dar lugar a la independencia de pueblos como Frailes y el Castillo de lLcubín en el siglo XIX y a concentraciones urbanas importantes a lo largo de las distintas riberas de ríos, asentamientos de antiguos cortijos o nuevos lugares de roturación de tierra. Hay algunos que su nacimiento surge a partir de una antigua venta, a principios del siglo XVII como es la de cañada Damar en el camino de Montefrío y Granada con gran número de cortijos en sus inmediaciones.
Otros como las de la Rábita y Acequia, además de las ventas en el camino de Alcalá hacia Granada,  se remontan a siglos anteriores, incluso el siglo XIV, a los que  se añaden la nueva roturación de los montes cercanos del Camello y Sierra de San Pedro. Pero remontémonos a épocas anteriores.

                                               ÉPOCA MUSULMANA

Pedro Cano Ávila   remonta el nombre y origen de la Rábita (del árabe rabita, con derivaciones castellanas, aravita, ravita y rábita) ) al periodo islámico, en concreto, hace varias citas en las que incluye la Rábita junto con Castillo de Locubín y Qalat Astalir o Banu Sayd para justificar la presencia de la Rábita  en tiempos de la conquista musulmana de España. Hace derivar su nombre del topónimo “Ribat” , con que se refiere a una pequeña ermita  donde, alejados de la actividad humana, habitaban piadosos musulmanes dedicados a la oración y a la meditación de carácter religioso. Frecuentemente estos ermitaños, considerados santos, eran enterrados en el mismo lugar. La fe y el culto populares hacía que  estas personas hicieron que se construyeran nuevos edificios, alrededor de este santuario y se creara un núcleo de población árabe”.
            En concreto se cita la Rábita, con motivo de un documento –privilegio de concesión firmado por Fernando III, el Santo,  para  fijar el término del Castillo de Locubín-, por el que se concede la población del Castillo de Locubín ( Hisn al-Uqbin), población cercana a la Rábita , Alcaudete y Alcalá la Real al maestre de la orden Militar de Calatrava  Martín Rodríguez. En concreto, se fija el término jurisdiccional del Castillo, mencionando claramente la Rábita, lo mismo que se confirma por el rey Alfonso X en Toledo en 4 de marzo de 1254.
            Fue un lugar de frontera, que se prestó a litigios entre musulmanes y cristianos, y, posteriormente entre los vecinos del  Señor de Alcaudete y municipio de Alcalá la Real. Podrían multiplicarse los momentos y los documentos sobre dichos litigios, la mayoría de las veces por invasión  de los vecinos de Priego y Alcaudete para pastar con los ganados y otras veces por litigios de aguas. En este término, tenemos referencias sobre  una Receptoría para que el corregidor de Jaén interrogue a los testigos llamados en el pleito de términos que trata ante el Consejo Alcalá la Real con Alfonso Fernández de Montemayor y su villa de Alcaudete, y que aplique la ley en el debate sobre cierta agua que está en término de la Rábita y que es común con Priego, la cual quiere usar indebidamente la villa de Alcaudete[1] Y dice textualmente:
Por parte de la ciudad  de Alcalá nos fue fecha relación que en el término de la Rábita está cierta agua que es común asý a la dicha villa e como a la villa de Priego de tiempo muy antigua acá, dixe que la dicha ciudad  poseyó en comunidad  con la dicha villa de Pliego a que la dicha villa de Alcaudete sin tener derecho alguno dice que de fecho  por justicia nuevamente la defiende, pues e no la dexa usar ni bever a los vezinos
            Ante el abuso de la villa de Alcaudete que prendían a los vecinos de la Ra´bita,  manda al  corregidor para que va los amojonamientos movidos, ante la presencia de testigos, y contemplara desde los años veinte a los sewsenta a esta parte en 14 de septiembre de 1497..
           
                                                           SIGLO XVI

            Varias son las noticias del partido de campo de la Rábita en el siglo XVI, entre ellas era un lugar básico  de la visita de términos.- una actividad que emprendía el corregidor o el alcalde mayor  con dos regidores y un jurado, un alguacil, tres o cuatro guardias de campo y dos arcabuceros, montados a caballo  para revisar los mojones que dividían este partido con respecto a los que limitaban del reino de Jaén y de Córdoba, en concreto por este sitio de Priego, y Alcaudete-.
            A lo largo del siglo se hicieron  anuales visitas, pero nos vamos a centrar en la de diecinueve de  octubre de 1568 para conocer el paisaje de los contornos del término municipal de Alcalá la Real[2].  En ella intervino por orden del corregidor Gome de Mexía, el alcalde mayor  y lugarteniente Licenciado Francisco Téllez, los regidores Baltasar d Aranda y el alcaide Pedro de los Ríos, el jurado Diego Felipe, el alguacil mayor Pedro de Carranza, los guardias del campo Hernando López, Diego Martínez Padillo, Pedro de Ribas y Juan Alonso y los arcabuceros Francisco y Martín García Gallego.  Iniciaron la visita por esta parte, que señalan como primeros mojones, los cuales alcanzan al final de la visita 105 señalizaciones. Recorrían el término en  cinco días; probablemente  descansaron, como era otoño y lluvioso, en la venta de la Rábita. Ya que tan sólo les dio tiempo a llegar hasta lo que hoy se denomina Cerró del Águila o Puente de Suárez.  Para conocer el término, se dibujaba con la renovación  del primer mojón, llamado de la Covezuela, localizado en “ el puntal de la Sierra de San Pedro junto a una peña; continuaba Sierra abajo derecho del arriba del puntal  hasta llegar al mojón de las Madrigueras, junto a la Sacedilla ( mojón segundo);  campo atraviesa llegaron a la Fuente de la Sacedilla, que partía el término   entre Alcalá y Alcaudete ( cuarto mojón); luego se marca el  término con la Fuente Blanquilla que también parte el término con el señorío de Alcaudete, en derecho con el cortijo de Lucas López Montijano, siguiendo el cortijo de la Fuente Blanquilla se sitúa otro mojón, en este caso de piedras, retama y tierra, junto a las tierras de Montijano y Luís Carrillo Valdivia ( quinto mojón); desde éste se señaló el mojón  de los Atochares que estaba situado entre el término de Priego y Alcaudete ( sexto mojón) , un lugar lleno de espartizales o espartos; luego llegaron a la “encinillas del Barranco” ( séptimo lugar); y sirviendo el río Tiemble de lindero, se señaló el haza del Barranco de los Tiembles, como octavo mojón  entre Alcalá y Priego; el nono comenzaba con -la unión con el río Salado, actual Saladillo-, hasta llegar al camino de Priego, con lo que se adentraba al partido de Fuente Álamo y el posterior, el de la Hortichuela. 

EL PAISAJE INTERIOR DEL SIGLO XVI A TRAVÉS DE LA VISITA DE VEREDAS
           

                                   LA VISITA DE TÉRMINOS DE 1529


En el día dos de agosto del 1529 se encontraba en Alcalá y llevó a cabo personalmente la visita de las veredas, caminos reales y cañadas junto con los miembros comisionados a tal fin, el regidor Pedro de Pineda y Luis Méndez de Aranda, el jurado Juan Guilén, el síndico Pedro Ramos y el personero Juan López Solano con el escribano Antonio Blazquez. En concreto, el itinerario más frecuente consistía en dirección norte-sur y  se  iniciaba en la Rábita, donde se alojaban, para después  parar en el cortijo de Santa María por el camino de los Playeros, una tercera parada en  el cortijo de Frailes de Cartuja, de  noche en la cortijada de Frailes, al día siguiente en Castillo de Locubín para terminar en el arroyo de Chiclana. Tan sólo, hemos podido constatar, una visita  que se inicie desde el límite con la ciudad de Granada. La situación  y el asentamiento de las balizas  eran comprobados por toda la comisión, salvo en sitios  inhóspitos, que se fiaban del testimonio de los guardas, que  lo observaban personalmente. Los testigos solían coincidir con elementos de la naturaleza ( una la cumbre de una montaña, el cauce de un río, un barranco o un paso natural) o históricos ( torre, venta abandonada,..), Sin embargo en donde no podían  colocarse  se señalaban con cruces de madera, montones de piedras, encinas, fresnos, coscojales, espinos.. Al conjunto de las ciento cinco marcas de delimitación, le aplicaban los nombres de mojones, mojoneras y guías.
Esta no se había realizado desde el corregimiento de Anaya, hacía 30 años, cuando señaló las veredas en un libro que sirvió de base para el que redactó este corregidor. No debió estar la situación muy clara, pues muchos vecinos ni sabían por dónde pasaban las veredas, habían surgido muchos conflictos entre ellos y se habían adentrado en terrenos baldíos y en muchos caminos e impedían la labor de la ganadería y el pasto de los ganados hasta tal punto que ay tanto desorden que no ay por donde pastar ninguna manada de ganado. Centraron su visita por la zona norte del municipio de Alcalá la Real, concretamente hicieron una primera etapa en la parte de la Mata y Charilla, posteriormente en la  Ribera y Frailes para pasar posteriormente a la Rábita, Hortichuela y Majalcorón. Nos muestran unas tierras que están en manos de los miembros del cabildo y de los descendientes de los conquistadores; la familia de los Aranda, Cabrera, Arjona, Pineda, Rodríguez de Padilla, Sánchez de la Hinojosa, Aparicio López de Moya Fernández de Alcaraz, Guillén, Gadea, Juan Vásquez, Cristóbal Gallego, Leonor Ortiz, Montiel, Castillo, Hernández Colomo, Serrano Montijano, Vílchez,  Ramírez de Solana, Martín Carrillo y el jurado Muñoz y algunas capellanías fundadas en los territorios de estos señores. Algunas familias relacionadas con los puestos burocráticos comienzan a aparecer como el licenciado Cerrato, o Francisco Horta, vecinos de Granada. La procedencia de los apellidos suelen ser de Jaén, Córdoba, Burgos, Soria, Jerez, Toledo Fuensalida   El paisaje se caracteriza por tierras de cereales, entremezcladas por arbolado de quejigos, frexnos, álamos y encinas y monte bajo-coscojares, cañaverales ..y algún que otro riego de huerta. Aparecen algunos cortijos en el recorrido( el del jurado Muñoz), alguno que otro caído, abundan los pajares, algunos molinos como el de Cabrera, dehesa( Charilla y Rábita) fuentes, pozos, abrevaderos y aguaderos de ganado. Las fuentes principales eran la Fontanilla, cercana a la ciudad, Fresneda, Sabuco, Blanquilla, Mármoles en la Rábita, Fontanar, Fuente Álamo,  Diferencia la zona de los villares con la de los cortijos. La ciudad poseía un tejar por la zona de Charilla. Distingue las hazas y las nuevas rozas de tierras.

Las comunicaciones principales eran los caminos de Priego, el nuevo y el viejo, el de Baena, el de Cabra, el de la Rábita, el de Frailes, el de Huescar,  el de Colomera, el del Castillo, Ya existía el portillo Cerrado y el cerro del Batán.
            Otro aspecto es la visita de veredas, que nos adentran al paisaje de interior: Si nos adentramos al terreno interior, podemos fijar los siguientes espacios:



[1] AGS. Registro General del Sello Simancas, RGS, LEG,149709,25 - 2 - Imagen núm.: 2 / 3
[2] AMAR. CAJA 18. LEGAJOS 13. 14. Corresponde a las visitas de los años comprendidos entre 1568 hasta 1611.










lunes, 20 de marzo de 2017

REPARTIMIENTOS Y ROTURAS EN EL CASTILLO DE LOCUBÍN I

















El terreno
En un anterior estudio del territorio de la comarca de la Sierra Sur se definían salvo el caso de Valdepeñas, según Maroto y Cejudo,   todos los terrenos de aprovechamiento dominante superficialmente agrícola, salvo el caso de Valdepeñas que lo es ganadero y con una gradación que va desde el Castillo de Locubín con una fuerte especialización agrícola, pasando por una básica en el municipio de Frailes y una fortísima especialización en el resto de los municipios. No es todo ello sino fruto de una comarca declarada de montaña con una fuerte complicación desde el punto de vista físico.( Acusada orografía, fuertes pendientes, gran variedad de suelos, importantes contrastes de vegetación, acusados contrastes térmicos y pluviométricos en relativamente poca distancia etc.). Todo ello condiciona la actividad humana que se refleja en la discontinuidad del espacio dedicado a la agricultura con otras zonas incluidas con pocas problemáticas del medio físico y humano. Castillo de Locubín muestra un gran predominio, como venimos diciendo de superficie labrada, en la que las huertas se encuentran en torno a la carretera de Alcaudete por la presencia del río San Juan. La labor intensiva predomina entre el arroyo de la Piedra y el de Chiclana, que coinciden con las zonas más llana y de menor altitud, el matorral y pastizal, por su parte se localizan en las estribaciones de la Sierra por el sector oriental del municipio. El olivar predomina en las fuertes pendientes serranas y la vegetación autóctona. En las lomas intermedias, entre los 900 y 650 metros, los olivares ocupan la mitad del territorio del municipio y el 90% de la superficie cultivada. Tan sólo, como característica común de toda la provincia, se percibe que conforme se avanza desde el sector central de las Campiñas en dirección hacia las Sierras aumenta la complejidad agrícola, disminuyendo la especialidad y se va mostrando una intensificación de la complementariedad de los aprovechamientos agrícolas-ganaderos en el caso de la Sierra Sur frente a otros como la muy cercana comarca de Sierra Mágina que se engloban agrícolas-otras tierras-ganaderos.. De ahí que algunos de su municipios se comprendan dentro de la superficie mayormente labrada de la provincia, como es el caso de Alcaudete, y en el resto de ellos se supere las 50.000 Has, con algunos cultivos frutales, como es el caso de Alcalá y Castillo de Locubín, que representan un 16.97 de la tierra labrada y otros aún más esporádicos como el viñedo que no representa sino una producción residual y para el autoconsumo[1].
II
DE ROMA A LA CONQUISTA DE ALFONSO XI
De sobra es conocida la roturación de la tierra  estuvo ligada con el olivar a la  presencia genérica del olivo en las comarcas subbéticas de la Turdetania en tiempos de la época romana tal como señalaba Estrabón1. Al hablar de ella decía:  “De Turdetania se exporta trigo y vino en cantidad, y aceite no sólo en cantidad sino también la mejor calidad”. La antigua Ipocobulco, tan famosa y tan desconocida en su localización geográfica, estuvo  rodeada de un gran número de villae rusticae, en las que los agricultores sembraron los campos de cereales y plantaron en los terrenos más abruptos con olivos tal como se ha puesto de manifiesto en algunas excavaciones arqueológicas en las que aparecen restos de ánforas, algunos molinos de prensado y, de rodezno. Incluso, en lugares cercanos a esta comarca de la Sierra Sur, se encuentran algún tipo de marca para las ánforas de exportación que eran trasladadas a Roma. La misma Encina Hermosa, antiguo poblado iberorromano ubicado en el término del Castillo, compartía con Alcaudete un núcleo estratégico importante, donde  sus primeros habitantes tuvieron necesidad de producir trigo en sus valles y probablemente plantar los primeros olivos. De ahí que en excavaciones del siglo pasado, aparecieran varias medidas de bronce, destinadas a líquidos, y con una gran perfección artística, cuyo uso podría ser para el aceite. Salvo algunas diferencias, hasta la conquista del rey Alfonso, pocos datos nos pueden poner de manifiesto la variación del paisaje  por alguna  deforestación  importante en tiempos de las invasiones visigóticas y musulmana.
II  Tras la conquista de Alfonso XI

Desgraciadamente, no se encuentra el libro del primer repartimiento que se llevó a cabo tras la conquista del Castillo de Locubín y de Alcalá la Real. Solamente, por fuentes indirectas y posteriores,  todas las tierras de regadío y los cortijos situados en zonas alejados de las partes más montañosas debieron recaer como donación por los servicios prestados de los conquistadores que se asentaron en ambos pueblos ( Alcalá y Castillo). Por estas fuentes indirectas, muchas huertas de los distintos arroyos y río San Juan se transmiten a familias hidalgas alcalaínas y castilleras, mientras los montes quedaron reservados  como dehesas, pastos, zonas boscosas  y tierras comunales. Y se observa que la zona alcaláina que era frontera directa con el reino de Granada se convirtió en tierra nadie que dará lugar a futuros repartimientos como bienes de propios para una mayor gobernación del ayuntamiento alcalaíno. Claro testimonio se ejemplifica con algunas capellanías y fundaciones religiosas posteriores,  que recaían sus fondos para los sufragios y aniversarios de misas  sobre el rendimiento del censo de terrenos castilleros, sobre todo huertas.  Por ejemplo Cristóbal de Frías y doña Gracia de Pineda, fundaron en la Iglesia Mayor una memoria  de misas, además de la cera y ofrendas, cargadas con una huerta del Castillo, linderas con huertas de Juan de Galán y pagaba l su hijo Martín de Frías y su guardador Luis de Gormar[2].
III. Con los Reyes Católicos
Hay constancia de que tras toma de la ciudad de Granada, los Reyes Católicos llevaron a cabo varias mercedes a los que le acompañaron a culminar la conquista del reino de Granada. Lo mismo que en el periodo anterior, la hay de repartimiento de tierras a vecinos castilleros. Pero, los terrenos que ocuparon preferentemente  tuvieron lugar en torno a la frontera con el reino de Granada, por los parajes comprendidos entre el partido de Moclín y Alcalá, tierras de los Moralejos, Almoguer y Quejigar, que por la distancia posterior fueron vendidos a los monjes de la Cartuja a partir del tercer decenio del siglo XVI[3]. Desde este tiempo, existía la costumbre de permitir la ocupación ilegal de tierras colindantes con las heredades en las cabezadas y hondonadas, y los propios reyes Católicos concedieron las tierras que antes de la toma de Alhama se habían usurpado con título y confirmación.
IV En tiempos de Carlos I
Desgraciadamente, las fuentes documentales no aportan tampoco  muchos datos de repartimientos, roturaciones y recudimientos en la zona castillera, sobre todo teniendo en cuenta que se llevó un importante reparto de 10.000 fanegas de tierras  en tiempos del corregidor Francisco de Alarcón en todo el término municipal de Alcalá la Real. Habiendo desaparecido hace siglos el Libro del Repartimiento que se escribió a finales de los años treinta del siglo XVI y solamente quedaron testimonio de los Libros de Veredas y de Visita de Términos, conservados en el AMAR. Tan sólo, por estas fuentes indirectas pueden reconstruirse algunas zonas de repartimiento, estructura de las suertes y parcelas y modo del reparto por la zona de los arroyos del Palancares, Mures y Salograr, sin embargo solo hemos encontrado una referencia de estos repartimientos en el Castillo de Locubín. Y, desde el límite de término de Alcaudete hasta el arroyo el Carrizal, se llevó a cabo un repartimiento y roturación de tierras  que se inició desde la peñuela de la Savia, pasó por el lindero con el  término de Granada, Íllora y, Montefrío, camino de Priego y montes de Camello.  Por la provisión Real  del Consejo de Castilla, la ubicación de estas tierras  estaba situada en los montes baldíos, las personas agraciadas con el reparto podían ser de Alcalá y Castillo de Locubín, pero no extranjeras ni ajenas a estos términos, las condiciones del reparto eran muy favorables ( en propiedad y por tiempo inmemorial, libres de de censos y tributos) tan solo que tras la recolección quedaban para el pasto común, pero no podían adehesarse. Algunos historiadores consideran que se formaron unas 25 cuadrillas, que recibían el nombre de uno de los setenta vecinos que componían el sitio de las tierras de suertes del repartimiento. Por tierras del Castillo, actuó la cuadrilla de Pedro Sánchez de Víboras. Las suerte de tierras repartidas variaban de seis fanegas y media aproximada para las peonías ( las hay de 4, 5 y 6) y de 13 para los caballeros, que componían la élite local de las familias hidalgas, regidores, oficiales de cabildo y amigos. Según la calidad y la localización de la tierra ante lo escarpado de los montes colindantes, se ocupaba  en suertes.  Las parcelas y trances erran desiguales y dependían de una anchura de una a dos cuerdas, y la largura se la concedía el repartidor hasta la cabezada del monte. Se otorgaba la propiedad de la parcela de acuerdo a turno de en la inscripción del solicitante por el libro del repartidor que le concedía las fanegas sin una cantidad concreta. Pronto, las personas más influyentes y poderosas de la élite local consiguieron una concentración de tierras al adquirir las parcelas de menor extensión  adjudicadas a los grupos menos privilegiados y formaron un gran latifundio en torno a su primera heredad. Es el caso de Juan de Aranda, regidor y alcaide de Alcalá, que compró nada menos que  una cuadrilla entera de peonías  y una caballería a su suegro Pedro Serrano a lo vecinos del Castillo de Locubín en la zona del Nido del Águila y Majada Vieja por un precio de a dos y cuatro ducados las peonías. Este regidor se gastó en desmontar las tierras que ocupó de sus alrededores 800 ducados en trabajos de desmonte y salarios de sus arrendadores y jornaleros y llegó a ocupar nada menos que 550 fanegas de tierra que le rentaban 400 ducados anuales.
Por investigar y a través de algunos procesos de rescate de tierras en zonas montañosas, se constata también que el emperador realizó varias mercedes y donaciones por estos lugares. También en la Chancillería de Granada, se abrió un pleito contra Lucas Montijano, que se había adentrado en las tierras de la dehesa de la Camorra. Y el más importante, el pleito contra el regidor Francisco de Aranda que se había apropiado de sesenta fanegas por las tierras del Zainar y la dehesa de Fuente Tétar y fue condenado en 1549 a devolverlas [4]. Estas tierras eran las cabeceras y las rinconeras de las tierras repartidas en reinados anteriores, que las élites locales ocupaban para su beneficio particular, y fueron denunciadas en muchas ocasiones; muchas de ellas, tras el proceso levantado por la Corona, cayeron en manos de los usurpadores tras su venta en la década de 1590.
V. Los Austrias
Durante el periodo de la dinastía de los Austrias y la introducción del arbitrismo como política financiera, merece un capítulo aparte la roturación de las tierras, con las que la ciudad se comprometía a pagar diversos arbitrios, donativos y cargas que le imponía la Corona. La mayoría de las veces venía motivada por motivos ajenos a la ciudad para hacer frente a la participación de los gastos nacionales en guerras, bodas reales y otros compromisos de la Corona.
EL JUEZ LÓPEZ DE OBREGÓN
A finales del reinado de Felipe II, se vendieron las tierras de baldíos ocupadas ilegalmente por los anteriores  beneficiarios de los repartimientos y la élite local para hacer frente a la extenuada hacienda nacional. Vassber ha cifrado 107  ventas de tierras del Castillo de Locubín en la década de los noventa del siglo XVI y con una recaudación de 1,787.938 maravedíes frente a las 84 ventas del resto del territorio abacial y una cantidad un poco superior de 2.640.183 maravedíes[5]. En su tiempo se culmina el asunto  de la roturación de tierras, cuando en el año 1589, el fiscal del Reino,  Baltasar de Ledesma interpuso varios pleitos de denuncias de roturación e invasión de tierras realengas en Alcalá la Real y el Castillo, en sitios como: Cerro del Acebuchar, Salinas, Arroyo del Palomar y arroyo los Porteruelos.  En 1587, el asunto afectó  en Alcalá a algunos  miembros del cabildo, que habían ocupado algunas tierras de la Torre de la Gallina. El juez comisionado Alonso López de Obregón  trató de arreglar todos los desafueros de tierras roturadas en abrevaderos, cañadas y dehesas otorgando en el 1590 gran cantidad de tierras a los que había que añadir la entrada en tierras realengas por parte de los vecinos  y en las tierras arrendadas de la ciudad.  La composición de tierras afectó no sólo a los  vecinos sino también al propio municipio por  los abusos cometidos en el repartimiento de 10.000 fanegas en el año 1530, realizado por Carlos V a los vecinos de la ciudad  y  la concesión de un cortijo a los propio de la ciudad en el Allozarejo, que se había extralimitado en la cantidad de tierras. Fue un año de negociaciones  para  componer  lo usurpado, pagar  las tierras entradas y  revisar mojoneras, en el que los comisarios del cabildo emplearon muchas horas junto con el juez de tierras enviado por la corona. Este fue intransigente con los abrevaderos, descansaderos o fuentes, mientras con las tierras usurpadas en los cabezales se llegó a un concierto en su compraventa. Debieron levantarse algunos vecinos, pues  se hcieron varias reuniones a concejo abierto, en la que intervinieron varios caballeros de la ciudad afectados, pues la revisión no se llevó tan sólo de las tierras repartidas en 1526 sino a las tierras roturadas en  1542,  por lo que muchos terrenos linderos con las riberas de los arroyos se vieron obligados a rectificarse ([6]).Se reclamaron nada  menos que mil fanegas en propiedad y quinientas en propiedad y poder. Las disfrutaban sin título ni fundamento, personas relacionadas con los miembros del Cabildo como Francisco de Benavides, Pedro de Pineda o Diego de Cabrera los herederos del jurado Sancho de la Guardia, el conde de Alcaudete, cargos liberales o personas de la vida comercial como el licenciado Bonmar o el cerero  Alonso  García. El dicho López de Obregón trató de que las tomaran en propiedad legítima sus usurpadores sin detrimento del ganado, que consideraba que tenía suficiente pastos comunales y concejiles.[7]  Sírvanos de ejemplo entre otros muchos, el desconcierto que había en la separación de tierras comunales y usurpadas, que un propietario como Iñigo de Guevara, vecino de Granada y capitán de infantería, caballería y gente de guerras de Almería, había usurpado y roto nada menos que doscientas setenta y una fanegas de tierra en los Coscojares en el periodo comprendido sobre el año 1542 hasta el 1589- en el cerro del Acebuchar, linderas con las de Juan de Benavides y el arroyo del Salado, tierras del dicho cerro y los caminos que iban a las Salinas del Castillo y  el otro al Navalperal con sus casas de retama y otra tierra en las Salinas del Castillo  y el camino que iba a Martos por las Salinas y en el arroyo del Palomar junto a la dicha Villa en la Alameda, linde con el dicho arroyo con  el camino que va al Castillo a la Cogolla y tierras de la capellanía de Diego Monte y en la torre de la Cogolla y en el cerro de los Porteruelos, linde con el camino de los atajos. Otro sector influyente, como el eclesiástico, estaba representado por  los licenciados  López de Montijano y Francisco de Góngora en la zona de Acequia y las Juntas, que aprovechó su condición, para iniciar una serie de pleitos que al final fueron resueltos por la Corona. Pero, los terrenos roturados no quedaban reservados a estos lugares, sino que se extendía a Encina Hermosa, Majadillas, Fuente el Gato, Romeral, y monte de Mures, lugares que solían compartir la labor de secano con la de pasto de ganado. Este asunto se complicaba aún más, porque se roturaban  los campos cercanos a los cortijos de propios y por lo que llamaban deudos y amigos de los regidores y miembros del cabildo, que preferían con sus dilaciones que no se arreglara el asunto ([8]).
MIL FANEGAS DE TIERRAS PARA EL GABÁN Y  LA PLAZA DE LA MOTA
En 1592, la ciudad de la Mota acudió a la Corte para solicitar el rompimiento de mil fanegas de tierras de monte con el fin de restaurar las torres y murallas caídas de la plaza y del Gabán. Según se decía para seguridad de la dicha ciudad y su comarca por ser fuerza de tanta importancia a mi servicio del Rey.[9]Se concedió dicha solicitud en los sitios de Mures, Cañada Honda y Hoyos de Acequia, entre otros con la duración de seis años y en arrendamiento y con la premisa de que habían de ser devueltas al estado en el que se encontraban. Otra concesión de tierras se hizo para las obras de embellecimiento de la plaza alcalaína, con la compra de varios rincones, que se sufragó con el arrendamiento de tierras de Llano de los Muchachos, Hondonera, arroyo Salado, Chaparralejo,  Castillo de             Locubín. Fuente el Gato, Majallanas, Cañada Honda, y NavaleperaLl[10]
LOS AUSTRIAS MENORES

Con los descendientes de Felipe II,  se acrecentó la roturación  de las tierras, con cuyo arbitrio  se comprometía la ciudad de Alcalá la Real los servicios, imposiciones, donativos y cargos que le imponía la Corona. La mayoría de ellos venían motivados para hacer frente a la participación de los gastos nacionales  en guerras y fastos reales. Podemos distinguir  varias fases:
  1.- A principios de siglo XVII, estas medidas se llevaron a cabo para afrontar los gastos de la peste de 1600 y el endeudamiento del ayuntamiento ocasionado por las guerras anteriores. Afectaron a las laderas de los montes, y afectaron a mil fanegas,  una parte en concreto recayó  en la zona del Hituero y Encina Hermosa del Castillo de Locubín; pero años más tarde se acercaron a los ríos ocupando algunas suertes el casillero Navaltrillo.
  2.-Con la intensificación de las Guerras en tierras de Flandes y Cataluña, el pago de las alcabalas y la venta del  Castillo de Locubín al marqués de los Trujillos hubo que afrontar grandes imposiciones que se cubrieron con nuevas roturaciones  que afectaron a muchas zonas del municipio alcalaíno y, en concreto  a los montes cercanos del Castillo de Locubín. Lo que antes habían sido majadas, abrevaderos y aguaderos de ganados. En los últimos afectó a la Sierra de San Pedro y arroyo de las Parras.  Alcanzaron la cantidad de nueve mil fanegas roturadas., mantuvo  cómputo se considera definitivo a la hora de cualquier renovación de roturas y arrendatarios hasta el reinado de Carlos III
En 1617, se roturaron 4.000 fanegas para pagar las alcabalas que se incrementaron con otras mil  fanegas para el pago de la moneda foreras, eran las denominadas tierras viejas. Como  las tierras se envejecían,  hubo que afrontar en 1633 un nuevo donativo de 24.000 ducados a la Corona, y  roturar, en 1633, otras mil fanegas, conocidas como las del jurado sedero Orduña. Finalmente, en 1640, se ampliaron a otras 3.000 fanegas para hacer frente al donativo de Pantoja y se denominaron de tierras nuevas .Para disfrutar estas tierras, se dividieron en una serie de suertes y juegos, que se repartían entre los labradores, tendiendo a concedérsela a los habitantes cercanos al sitio roturado y esto dio lugar al nacimiento de muchos núcleos rurales o aldeas y el asentamiento de una nueva villa, la de Frailes. Correspondían a terrenos cercanos a antiguos abrevaderos de ganados, dehesas, y majadas, que permitieron el laboreo de los cereales y algunos olivos.
Las suertes de tierras castilleras se encontraban dentro de los terrenos comunales1 concedidos para usufructo al ayuntamiento alcalaíno y algunas se repartieron entre vecinos de ambos lugares: veintitrés en Magallartas de la Rábita, veinticuatro en la dehesa de la Rábita, dos en la Fuente de la Encina y el Toril, siete en el barranco de las Grageras, cincuenta y dos en la Sierra de san Pedro, dos en Cierzo de san Pedro, dos en Lomas Pardas, once en las Rozuelas, cinco en Garbanzuelo, una en Majada de Márquez, una majada de Ibro, siete en Cerro Montoso, diez en Majada de los Macheros, cuatro en Carrizalejos, diez en Cerro Junquillo, ocho en Cuevezuela, tres en Linarejos, una en Junco Merino, trece en el Retamalejo, tres en Barranco Blanco y Venta del Carrizal, doscientas veintiséis en Encina Hermosa divididas en diversos juegos y 13 trances, una en el portillo de Jaén, treinta en los Coscojares, seis en cerro Acebuchar, ocho en Filique y Cañada del Muerto, tres Baldío de la Presa, tres en el Llano de la Presa, cinco en la solana de la Presa, tres en Hituero, ocho en Camorra, tres en Coronillas, una en el cerro del Águila y arroyo Begijar, cuarenta y seis en Rasillos, veintiuna en Nava del Peral, y cinco Navaltrillo[11].  El sistema de arrendamiento de la tierra mediante subasta afectaba a este tipo de tierras, pues dependía de las concesiones reales y las prórrogas correspondientes.
VI. Los Borbones
    Con el Despotismo Ilustrado, la modernización de la agricultura se emprendió mediante el sistema más racional y continuado de las roturaciones de los terrenos comunales y también de algunos de propios, lo que supuso un importante cambio, que ya se había iniciado en los reinados de los Austrias Menores. Pues, en primer lugar, la ganadería quedó prácticamente marginada en detrimento de la agricultura y comenzaron los colonos a mantener por más tiempo las tierras. Todo ello era fruto de una política que trataba de incentivar el progreso agrícola mediante medidas favorecedoras para los agricultores. Además se pasa del abandono temporal de las suertes comentadas anteriormente a la incorporación de nuevas suertes situadas en terrenos de pastos que afectaron a las dehesas del municipio, entre ellas las  de la Acamuña. En los años 1750-52, se llevó a cabo la elaboración del Catastro de la Ensenada, la declaración de muchas personas y las respuestas al cuestionario nos permiten conocer el estado del olivar en muchas ciudades y pueblos de la Sierra Sur. En este tiempo se llevó una exhaustiva descripción de tierras roturadas como aparece en las respuestas generales
VII. Carlos III
En el reinado de Carlos III, se hizo una nueva clarificación muy importante de todos los terrenos comunales y de propios, al mismo tiempo que, en 1771, se llevó a cabo un señalado repartimiento de tierras alcalaínas que alcanzó a mas de las 10.379 fanegas, procedentes de otros anteriores, mediante un sistema de coloniaje más estable que prácticamente pretendía el asentamiento de los agricultores en sus núcleos de orígenes. Fue el momento de un nuevo impulso de los cereales, al principio, y posteriormente, de plantación de olivares en las zonas montañosas. Gran parte de los cabezales de los terrenos baldíos fueron desmontados, incluso, en el reinado de Carlos IV, en muchas poblaciones se hizo una roturación salvaje hasta el punto que cambió completamente el tradicional paisaje de encinar y monte bajo y alto por otro nuevo de tierras completamente de secano. Sin embargo, en modo alguno, se consiguió justo reparto de la riqueza porque muchos campesinos arrendatarios que podían hacer frente a los gastos de la renta y a los medios de tuvieran que abandonar aquellas tierras que pasaron a las manos de los labradores, propietarios y trabajarlas.
En  Castillo de Locubín,  vuelve a repetir el deseo independiente de siglos anteriores. Pero en la comarca alcalaína, se respiraba una  buena situación de la hacienda municipal, de modo que,  en 1767,  se la eximió  del medio de celemín por fanega que pagaban por el préstamo de trigo del Pósito y en la misma línea  que otros pueblos del país se repartieron  tierras de propios entre los vecinos de la ciudad y el campo, tendiendo a otorgarlos a los más cercanos a su vecindad y entre los labradores, yunteros, pegujareros y jornaleros, dejando reservados pocos terrenos para el resto de los oficios. Entre los nuevos terrenos repartidos a partir de 1768, se encontraban las Noveruelas, el Romeral, los Llanos, Fuente Álamo, Encina Hermosa de modo que va a dar lugar al asentamiento definitivo de muchos labradores en las aldeas de Alcalá y Castillo, progresando y aumentando de población, como las Ribera, Charilla, Santa Ana, la Pedriza, Valdegranada, Hortichuela, y Fuente Álamo[12] . Aunque las distintas disposiciones reales de los años siguientes pretendían que se favoreciera a las clase más necesitadas y a la vez laboriosos. La política real, emprendida por Campomanes fue reglamentada a partir de febrero del dicho año, y nos muestra claramente el nuevo espíritu que animaba a los nuevos dirigentes.
El reformismo ilustrado consideraba este repartimiento dentro de las coordenadas de progreso, y se basaba en el desarrollo de la riqueza, por encima de todo, frente a lo que significaba  el retraso económico al  estar las tierras improductivas. Todo el aparato legislativo se regulaba en favor de las clases más desfavorecidas. Pero siempre excluyendo a los morosos. Pero ese fue el intento  de los decretos y el deseo de los gobernantes. Pues  muy lejos quedaron los resultados. Para llevarlo a cabo,  el cabildo del ayuntamiento con el asesoramiento de los diputados y síndico del común, convocaron a los doce electores de cada una de las parroquias que se encargan de nombrar tres peritos de tasar, evaluar, censualizar y medir las más de mil fanegas de tierra, a las que se aplicaron las nuevas políticas agrarias. Eran personas de reconocido prestigio social y de conocimiento agrícola en la agrimensura, labradores o regidores.
Muchas parcelas de ellas provenían de antiguas roturaciones anteriores que mantenían arrendatarios y colonos año tras año, que serían los primeros que causaron los primeros trastornos. Dividieron los terrenos en los veinte partidos a los que se les asignarían tierras y nuevos propietarios. Para ello, se valieron de los párrocos de cada uno de los sitios y de los alcaldes de ordinarios como en Frailes y el Castillo de Locubín. Tasaron el valor de cada fanega de tierra y los trances y parcelas más adecuadas. Realizaron una perfecta delimitación entre los terrenos, parcelas y trances en cada uno de los cuadernos de acuerdo con la valoración antecedente, antiguo propietario y dejaron en limpio los nuevos. Los distintos repartimientos correspondían a los señalados en el cuadro adjunto[13] en el que recogemos a los  vecinos del Castillo:
CUADRO DE REPRTIMIENTTOS Y COLONOS 1768.

Encina Hermosa

Cuaderno de nueve hojas: registros de nuevos colonos desde 1216 hasta 1564, incluyendo Navalperal, y Navastrillo . Se asignó en su totalidad a vecinos del Castillo y de la Venta del Carrizal

RESTO SON LOS CUADERNO DE ALCALÁ ANOTADOS EN PIE DE PÁGINA

Entre el período de composición  de las parcelas y el repartimiento de las tierras, surgieron dudas que debieron aclararse, siguiendo el patrón de algunos pueblos de la Vega Granada y de la campiña cordobesa. Entre estas, se dispuso la preferencia en la adjudicación de los vecinos contribuyentes antes que cualquier forastero y a los carentes de tierra frente a los propietarios, junto con  la prohibición del derecho del tanteo y el  subarriendo para evitar la especulación.  Todos los vecinos se inscribieron a lo largo del mes de septiembre y octubre de este año en las casas capitulares de Alcalá la Real con el fin de que posteriormente pudieran ser agraciados con las distintas suertes de tierra. No hubo muchas alegaciones durante la exposición pública, pero  hubo ciertos problemas en la zona de Encina Hermosa. Por fin tuvieron lugar el acto del repartimiento desde el día trece de octubre hasta el día veintinueve del mismo mes, que consistió en el sorteo prefijado por la Corona mediante un sistema de dos cántaras, en las que respectivamente se introdujeron las distintas suertes y los nombres de los solicitantes, atendiendo en los distintos sorteos a las clases de jornaleros sin tierra con una o dos yuntas, labradores, y otras clases.
Realizado el sorteo, se comprobó que el proceso ocasionó ciertas deficiencias que iban en contra de lo pretendido por la política agraria. Su retardo en la adjudicación impidió el cultivo de los terrenos, que se encontraba en los momentos de la sementera; también  hubo desajustes en zonas en los que los solicitantes excedían a las suertes ofertadas como en Frailes, que hubo que ampliar con nuevas suertes; además, la ausencia de muchos vecinos que no acudieron al momento del sorteo,  provocó que las tierras fueran de nuevo sorteadas, Como era natural, surgieron desavenencias con los ganaderos de  las zonas montuosas que provocaban conflictos entre los que intentaban mantener sus pastos y los nuevos agricultores. Se obviaron los terrenos de monte y tierra por cultivar prolongando la extensión de las suertes de tierras en la zona de Encina Hermosa.
La clase de jornaleros y braceros renunció en su inmensa mayoría por no pagar los barbechos anteriores o falta de medios para costearlos. La segunda, tercera y demás clases, lo mismo por no interesarles el lugar, por distancia o por no representarles ganancia en el fruto que tendrían en ellas. Para evitar la caída de los fondos de los propios y la subida de la subasta por nuevos rematadores colindantes, se les destinó a los labradores industriosos sin que  se impugnara por los de anterior clase, con el fin de llegar a la culminación del repartimiento, porque creían los miembros de la Junta que ellos podían contribuir a los fondos, el pago de los préstamos del pósito y el mantenimiento de la tierra que hasta ahora los labradores y pegujareros  venían trabajando. También se prorrogaron las tierras anteriormente barbechadas por un año.
Tuvo un prejuicio muy importante que el repartimiento se llevó a cabo por clases acomodadas que consideraban a los jornaleros y braceros, negligentes, descuidados y desobedientes, hasta tal punto que juzgaban que las buenas intenciones del monarca no se acomodaban a Alcalá la Real, por las razones antedichas y las dificultades que entrañaría recoger de los anteriormente citados la renta y el trigo para la sementera.           Incluso, los munícipes se alegraron de que fueran pocos los que  recogieron las suertes, porque, en dicho caso, la ciudad hubiera caído en la mayor quiebra. Al no componerse la ciudad de hacendados pocos poderosos que se aprovecharan del remate ventajoso de tierras y luego las subarrendaran, se inclinaron  por los labradores y pegujareros y el informe de la Junta de Propios fue claro. No obstante los vecinos de la primera clase y el resto de las clases pudieron acrecentar la suerte inicial de sus tierras concedidas, ya que la mayoría de ellos pudo  elegir nuevas parcelas de tierra, acomodadas a su interés. Aun más, por providencia del propio corregidor se atendió a un grupo de personas que sin recursos vivían en los campos, delegando en los caballeros capitulares, diputados síndicos, personero y peritos las gestiones para llevarlo a cabo[14]:
Incluso con estos pasos, el fin, que pretendía la orden real, no se cumplió, ya que la renuncia de muchas suertes obligó en el mes de noviembre  a la Junta de Propios a un nuevo sorteo en el que pudieron acudir todos aquellos hacendados y laboriosos labradores, que fueran capaces de trabajar más tierra a pesar de que se le hubieran concedido una suerte de tierra, con lo que se beneficiaron otros labradores distintos de los de la primera clases a donde iba dirigida la política agraria.
Años más tarde, se advierten las consecuencias de que aquel repartimiento tuvo grandes deficiencias: Jornaleros y labradores con yuntas, que no recibieron suerte alguna por los informes de los pedáneos de cada partido o por el agotamiento de las suertes;  beneficiarios de otras clases , como los propietarios, que se aprovecharon de las ausencias de los campesinos para otorgarse las suertes en los sorteos siguientes o en la simple caja sin ningún sorteo;, renuncia de los campesinos a las suertes por estar retiradas de sus casas o no poder trabajarlas ya que no le eran productivas por su pequeña cantidad y falta de ingresos en la hacienda municipal al no concederse las suertes[15] .
Mientras en el partido de Charilla quedaron algunas zonas reservadas a los ganaderos de cerda en la Hoya Redrada por no haber nadie que quisiera vivir  en dichos parajes y proteger el monte de los leñadores y desaprensivos que destruían aquellos parajes.( Estaba compuesta de dos partes de tierra, una de monte, que se apreciaba en unos nueve reales al año y la otra de labor a veinte reales) , en Frailes y el Castillo, surgieron muchos conatos de  violación de tierras concejiles limítrofes, así como las protestas por los amaños e intereses de personas ajenas a la política agraria. Hubo casos significantes como el regidor y alférez mayor don Fausto Fernández de Moya que intentaba cambiar  las nuevas suertes  de Fuente Tétar por las antiguas suertes del Palancares, por el simple hecho de limitar con sus tierras y cortijos particulares. Eran muestras de la influencia de los cargos municipales en la vida económica por encima de cualquier medida superior, amparándose el prestigio de su hidalguía.
Tanto Frailes como el Castillo de Locubín  tenían muchas esperanzas en el repartimiento de tierras. La primera con una población de cerca de doscientos vecinos (171) y la segunda con más de ochocientos, consideraba que el reparto de tierras aliviaría la situación de su población, dedicada a esta única fuente de riqueza que era la agricultura, además había sido desalojada de otras zonas como la sierra de San Pedro. A pesar de que las medidas contribuyeron en el nacimiento de un gran número de minifundistas de estas dos poblaciones, esto no impedía que algunas medidas fueran adversas al espíritu de aquellas iniciativas agrarias. Además, esto supuso que surgieran nuevos cultivos, sobre todo, el olivar en estas zonas y a ello se amparaban los nuevos propietarios que obviaban la ley para cometer los atropellos y en el mantenimiento del ganado en las zonas montuosas. El resultado del parcelario, que hemos reflejado en el cuadro adjunto, en 1770 ascendió a 9.771 fanegas, repartidas en 1657 suertes y concentradas entre los colonos, que aportaban  a las arcas municipales unos ingresos de 62.713 reales.
---------------------------






TRAS CARLOS III
Los primeros intentos de desamortización, que, en algunos casos como en Alcalá la Real, Castillo y Frailes, afectaba a una cuarta parte de la tierra, tuvieron lugar con Godoy, e incidió en las tierras de las capellanías de particulares y de las hermandades religiosas, en las que el olivar solía estar más extendido. Más tarde, las tierras del clero regular también se vieron afectadas con la desamortización de Mendizábal en el año 1834, incidiendo en cortijos como el de Vadillo que tenía un molino y una gran producción de aceite. De este periodo nació otro importante grupo de pequeños propietarios que lograron conseguir estas pequeñas propiedades, mientras las grandes extensiones y cortijos cayeron en las manos de los ricos hacendados, en este caso, los hidalgos alcalaínos. Un caso típico es el Castillo de Locubín, que recogió Álvarez de Morales en su obra comentada: “De las tierras que formaron el patrimonio de los eclesiásticos y de la propia Iglesia, sólo pasaron a manos de los castilleros las de menos extensión y poco precio- por tanto las de calidades inferiores-, que se conocieron con el nombre genérico de Capellanías: Las de más superficie y mayor valor quedaron fuera de su alcance y posibilidades económicas, y fueron adquiridas en su mayor parte por forasteros. Tal fue el caso del Cortijo del Hospital, el de la Nava del Peral, el de la Fávila (sic),el de la Cerca, el del Estacar, el de Anica Ruiz, el de la Fuente Teta y Santa Olaya, que fueron a manos de alcalaínos; y los bienes de Convento de Capuchinos, que acabaron en gente de Cabra y Loja. Luego aquellos, en su mayor parte fraccionados, han acabado por ser castilleros”.
En una segunda fase, comprendida entre 1837 y 1855, se llevó a cabo un gran crecimiento de la extensión del olivar, favorecido por las desamortizaciones de estos años, aunque en la subcomarca mencionada, el cereal era muy significativo y el viñedo sufrió una fuerte caída debido a la filoxera. En la tercera fase, se produce un estancamiento en la extensión del olivar, sobre todo, de los pueblos de la subcomarca norteña de la Sierra Sur , debido a la crisis agrícola y ganadera, aunque en la subcomarca de Alcalá la Real comienzan a surgir nuevas plantaciones y una extraordinaria industria molinera acercándose a los núcleos rurales.
Alcalá deja de ser capital del corregimiento y a ello, se une la independencia de dos importantes núcleos: Castillo de Locubín y Frailes por los años treinta del presente siglo. Cuando Madoz describe en 1850 la riqueza de muchos pueblos de España, refiere estas tierras: En las faldas de la Acamuña están cubiertas de arbolado, entre los que se ven olivos, viñas y algunas encinas....a la falda de la Acamuña hay una elevación que se denomina las canteras. Pues de allí se sacan las piedras de molino.....hasta llegar a las sierras de la Martina y Rompezapatos, a la que con más propiedad llaman Hijuela de la Martina....están peladas en sus cimas, pero a las pocas varas ya hay vegetal, y se ven plantíos de olivo, viñas y monte alto y bajo y se siembra toda clase de cereales siendo de muy buena calidad, lo que se llaman semillas, como garbanzos, lentejas, yeros etc. .... en todos los términos del Castillo y Alcalá, fue un bosque de monte espeso, que apenas se podía penetrar, llegando los árboles a esta misma población, pero en el día sólo se encuentran árboles de esta clase diseminados en el campo, habiéndose desmontado casi todo para el mejor aprovechamiento de las tierras y de la leña para combustible y carboneo . En los términos del Castillo y Alcaudete hay grandes pagos de olivar formando una tierra que atraviesa el partido de Este al Noroeste y excelentes pagos de huertas en las márgenes de los ríos... el Frailes da impulso a varios molinos harineros...el del Castillo se separa la mayor parte de sus aguas, que dirigidas por un caz o cauce, sirven para regar toda la orilla derecha del río y dar impulso a un molino harinero de 5 piedras, otro de aceite y un batán, entra luego después de mover un molino de 3 piedras en el término de Alcaudete....las producciones se obtienen con exceso los productos agrícolas y de ahí que se exporta trigo, cebada y demás cereales, legumbres y aceite, se importa parte las carnes, que se consumen, pescados, naranjas, batatas y demás frutos exóticos.. En  Castillo de Locubín, el olivar se extendía por la mayoría de sus extensiones, salvo por el oeste y las faldas de la sierra Ahillos, en el paraje de Encina Hermosa, y en los valles dedicados a los productos hortofrutícolas, incluso alguna buenas fincas ofrecían una aspecto vairopinto, como la casería del Vadillo, antigua memoria de los dominicos para sostener una cátedra de latinidad, que ahora era servía para dotación de profesores de instrucción pública y llegaba a poseer una casería compuesta de olivares, molino de aceite y casa de campo.. Era una consecuencia lógica de las medidas desamortizadoras, que, en Alcalá, Frailes y Castillo, se habían iniciado anteriormente, pues las tierras de Propios y comunales quedaron en su mayor parte en poder de los pequeños propietarios mediante un sistema de censo perpetuo, impidiendo en muchos casos la llegada de postores forasteros. También,   en Castillo, conviene hacer una aclaración, pues los cambios de la estructura de la propiedad en el siglo XIX fueron acompañados a las nuevas condiciones del mercado provincial y nacional. Pues, coincidimos con las palabras de Masur: “La agricultura castillera ha estado orientada al mercado desde hace tiempo. Los habitantes ha n cultivado huertas y olivos para el beneficio de otros o han ofrecido su labor a cambio de jornales. Hasta hace poco tiempo mucha tierra ha sido de propietarios forasteros. Al menos durante 100 años han buscado los cultivos más lucrativos, dadas las condiciones locales, por ejemplo, en el siglo XVIII moreras para los gusanos de seda; en el siglo XIX, más olivos y en el XX, cerezos”. A finales del siglo XIX, como decía Juan Carlos Maroto y Eugenio Cejudo, La trilogía cereal, olivar, viña, característica del mundo mediterráneo, pasó a ser binomio cereal-olivar a finales el siglo XIX y este binomio ha sufrido un fuerte cambio interno para convertirse en olivar-cereal a finales del siglo XX, y muy presumiblemente tenderá a un mayor monocultivo olivarero en el siglo XXI”. Medio siglo después, en 1956, las descripciones geográficas muestran ya una nueva panorámica del paisaje de la comarca. Castillo de Locubín, además de sus huertas, la principal fuente de riqueza era el olivar que ocupaba 4.679 Has. Con una producción superior a los cinco millones de Kg de aceituna, sobrepasando los 10 millones en los años de alto rendimiento, y un rendimiento del 21 % de aceite y 34 de aceite de orujo. Existían nada menos que 14 fábricas de aceite, dos en régimen de cooperativa y una de orujo. Al olivar de esta zona no le han afectado las medidas del Plan de Estabilización Nacional del 1969 que pretendía una mayor racionalización capitalista de explotaciones (concentración de dimensiones y reforma de grandes fincas), sino que, desde 1972 hasta 1979 tan sólo se han llevado algunas líneas de actuación basadas en la prestación de auxilios técnicos y económicos a las explotaciones.



[1] MARTÏN ROSALES,  Francisco. Estudio histórico del olivar de los pueblos de la Sierra Sur. Toro de Caña, nª 6. Jaén. Diputación. Año 2001.
[2] APSMA. Libro de memorias.
[3] LIBRO DE, FUNDAÇIÓN Y PROSECUÇIÓN DE LA CARTUXA DE GRANADA. EDICIÓN Y ESTUDIOS  de Francisco Miguel Torres Martín.
[4] CASTILLO FERNÁNDEZ, JAVIER. Repartimientos y usurpaciones de baldíos en Alcalá la Real (1525-1552). Cuadernos del Amar. n o 1. Alcalá la Real. 1993.
[5] VASSBERG, D. La venta de tierras baldías. El comunitarismo agrario y la Corona de Castilla durante el siglo XVI: BIJ. nº 116. 1983. Pp.9-43.
[6] AMR. Acta de Cabildo abierto del 23 de agosto de 1589.
[7]AMAR. Caja 49.Pieza 2. Real Provisión de Sam Lorenzo del Escorial 18 de junio  de 1588.
[8] AMAR. Acta del 14 de marzo de 1592.
[9]AMAR. Provisión Real del 20 de noviembre de 1588.
[10] AMAR. Acta del cabildo del 26 de noviembre de 1593.

[11] 1 Las restante suerte fueron los Llanos con 116 suertes a una media de cinco o siete reales por fanega, el Torbiscal con treces suertes a la misma cantidad la fanega, el Robledo con nueve colonos, Fuente el Gato, con nueve colonos, Guadalcotón con tres, Majadilla con seis, Cerro de Martín Cano con tres, dehesa de Charilla con cuatro, Cañada del Infierno con dos, la Torre de Charilla con cuatro, Charilla con trece, Amoladeras y Zaralejos con tres, Mirador de Charilla con diez, Alberquilla con cinco, Portillo de Alcalá y Maleza con siete, Celada con sesenta, Arroyo de Loberones con una, Peña el Fraile con diez, Hoya Redrada con dos, Cepero con diecisiete, Loma Pelada y Loberuelas con dos, Cuesta del Fraile con ocho, Romeral con veintitrés, Solana de Frailes con trece, Hoyos de Frailes, con dieciséis, Carboneras de Frailes con seis, Almoguel con once, Hoyuelo alto de Frailes con cinco, Soto Redondo con cincuenta siete. Todas estas sumaban la cantidad de dos mil novecientas cuarenta y ocho fanegas y once celemines, que importaban una cantidad de veintidós mil quinientos once reales y nueve maravedís. Además, siguiendo el término desde Frailes a Granada: cuatro en Bohórquez, cuatro en los ejidos de Verdugo, veintiocho en el Chaparralejo, diecisiete en Alcaiceruela, diez en Llanos de Mazuelos, treinta y siete en el Llano de los Muchachos, diecisiete en el Espinar de la Peña del Yeso, ochenta y siete en la Hondonera, diecisiete en la Cañada el Carril, cincuenta y cuatro en la Dehesa de los Caballos, ocho en el Navazo, dos en Portichuelo, tres en Yerbatunal, cuatro en Caleruela, treinta y ocho en Chaparral de Nubes, treinta y dos en Majalcorón, treinta y cinco en Cañada del Membrillo, once en la Cañada del Dornillo, veinte en Cañada Honda, veintiocho en Fuente Álamo y Retamal,


[12] AMAR. Caja 132. Pieza 11.
[13] Charilla comprendiendo el Robledo, Fuente el Gato, Guadalcotón , Majadillas, cerro Martín Cano, la dehesa de Charilla, cañada del Infierno, la Torre, Gamonales, Amoladeras, Jaralejos, Mirador, Alberquilla, portillo de Alcalá, Celada, Peña el Fraile y Hoya Redrada, se repartió entre colonos de Charilla y Alcalá. Tenía las parcelas 198-318.  Frailes, comprendiendo el Cerro, Loma Pelada, Loberuelas, Cuesta de Frailes, Hoyos, Carboneras, Almoguer, Hoyuelos, Retamales Zarzalejos, Soto redondo, Solana del Endrino, Majada de Romero, Ejidos de Verdugo, se reparten entre vecinos de  Frailes salvo el Romeral con vecinos de Alcalá (parcelas de 320-422) Chaparralejo, comprendía también Alcaiceruela y Llano de los Mazuelos con las parcelas de la 423-547, repartidas entre vecinos de Alcalá, Mures, Ribera y Santa Ana. Palancares con el Espinar de la Peña el Yeso y Cañada el Carril para vecinos de Alcalá 593-609 y 693-710; Camello con 547-553 Algunos vecinos de Acequia; Cantera Blanca comprendiendo Yerbatunal, Caleruela y Chaparral de Nubes de 774-884 algunos vecinos de Cantera Blanca, en su mayoría colonos alcalaínos. Hondonera comprendía la  Dehesa entre las Torres, de la 610-692 eran colonos alcalaínos comprendiendo Portichuelo y Navazo. Los Llanos con  las parcelas 765 hasta 774, eran colonos alcalaínos. Comprendiendo Cañadas de san Marcos, Canteras Viejas, Portillo Cerrado, Boca de Charilla. Dehesa de los  Caballos, Cañada del Membrillo, Majalcorón, Cañada del Dornillo, La Rábita, Cuaderno 18: Fuente Álamo, Cuaderno 19: La Rábita, Cuaderno 20: Sierra San Pedro comprendiendo  las parcelas desde 774-838 se repartieron vecinos de Alcalá. Las parcelas 916-952 entre vecinos de Alcalá. Las parcelas 885-915 Las parcelas 953-963 comprendiendo desde la dehesa hasta los Reamales: 1017   hasta 1212 sin especificar vecinos, aunque algunos corresponden a la zona,  Fuente Álamo y Cañada Honda es de 961 hasta 1067.



[14] Aludían que  hay algunos vecinos pobres, y viudas con dilatada familia que su infelicidad los tiene y a muchos padres y abuelos en desiertos albergues que han fabricado con licencia de la Muy Noble. Ciudad en tierra de sus propios y que de estos, y , que de estos despojarlos y no tener otro amparo, se echarían a la limosna y se perderían, parece conforme a equidad que por ahora se les mantenga y, más cuando  se les reparten las Reales Contribuciones según su esfera, lo que se perdería y recaería en otras y que las suertes de los referidos son de corta monta, que mantienen por el albergue criar algunas aves y estar prontos a el jornal, para el cultivo del partido( labran el corto terreno que tienen) cuando lo logran que no es frecuente, y prontos para el sorteo de milicias, quintas y dar, el que tiene, bestias para bagajes y a todo el que lo manda con ciega obediencia
[15] Estas son algunas conclusiones de la junta de Propios de abril de 1769: 1. a causa de las repetidas renuncias y cambios hechos por los mismos vecinos que ha originado mucha confusión en los cuadernos de los primeros sorteos, correspondientes a los jornaleros de primera, segunda y demás clases del casco, campo y Castillo Locubín.2. habiéndose inspeccionado citados borradores y los formados para las piezas de tierra por varias personas se han denunciado por sobrantes de las mismas suertes se ha hecho con su conocimiento , al tiempo de corregirse con citados cuadernos de sorteo en que se acreditó estar conforme con las partidas de fanegas y productos, unas con otras, como el de haberse colocado en cada una de las dichas partidas a los colonos que últimamente  han recaído  haciéndoles cargo de sus productos y que sin esta operación estaba la obra muy confusa.3. Se ponga un cuaderno de denuncias de los muchos sobrantes denunciados y que algunos están sin medir y proceder a los que no han llegado a las ocho fanegas
4. También se llevó a cabo el amojonamiento de todas las calles de campo y señalando las partes reservadas de los ganados  con la anchura que se indica en el libro de veredas, anotando las fincas que han incorporado los particulares y deben dejar como sobrantes de las veredas.
5. Se hagan listas de los sobrantes lo más pronto posible.