domingo, 25 de septiembre de 2016

LA FORTALEZA DE LA MOTA EN POCAS PALABRAS





El cerro de la Mota, cumbre escarpada a 1.033 metros sobre el nivel del mar, se remonta, en sus orígenes, a la civilización argárica; los iberos y romanos (sin olvidar los visigodos) dejaron su huella en esta atalaya natural que controla los pasos de los viajeros que bajan del Alto Guadalquivir a las costas malagueñas y los movimientos de tropas de muchos pueblos que han invadido España a lo largo de la historia.
Por eso, pronto debió asentarse una fortaleza militar y, con la llegada de los árabes a tierras hispanas se convirtió en un Qal´at importante ( ciudad fortificada) principiando por llamarse por Qal¨at Astalir y Qalát Yahsib para culminar con el del popularizado Castillo de Aben Zayde. De esta época, le viene su carácter fronterizo de tierra musulmana con los reinos castellanos; con la conquista cristiana del rey Alfonso XI en 1341, se le distinguió y se le recompensó por sus servicios militares al convertirse en vanguardia defensiva hasta la ocupación definitiva del reino de Granada. En estos tiempos, se engrandeció su recinto fortificado, se levantó la Iglesia Mayor de la Mota, sede de la Abadía de Alcalá la Real, y se definió su trama urbana, distinguiéndose diversos espacios: la ciudad fortificada ( la medina, el castillo o alcazaba y el barrio popular (Vahondillo o Bahondillo) y el Arrabal Viejo, posteriormente denominado de Santo Domingo. Luego, en el Renacimiento se racionalizó su espacio interior, fue centro comercial y administrativo y se embellecieron sus edificios para acabar convertida , a finales del siglo XVII, en un recinto sagrado y emblemático donde solamente se erguían su iglesia y su castillo. En el siglo XIX, con la destrucción francesa y las nuevas políticas sanitarias, una gran parte de la fortaleza se convirtió en un cementerio municipal A finales del siglo XX, la frontera se hizo historia y vida con las nuevas políticas turísticas del municipio.



F.Martín

ÁNIMAS, TOROS Y LIMPIA CONCEPCIÓN EN EL SIGLO XVIII Y XIX

LAS COFRADÍA DE ANIMAS


La más importante cofradía de Ánimas de Alcalá tenía su residencia en el Convento de san Francisco, y, en los años anteriores, en la iglesia de la Mota. Sin embargo, a finales del siglo XVIII, va a quedar reducida a la de la iglesia de la Veracruz, al reconvertirse el antiguo legado de su hermandad pasional en este tipo de cofradía en el siglo XIX. Solían acudir por la noche, al toque de oración, a recoger limosna con unas tazas y campanillas por las calles y los cortijos de la comarca. Dividían la ciudad en varios partidos de la Veracruz, san Antón, santo Domingo, del Ecce-Homo, Consolación, san Juan y san Blas y de la Encarnación y la gente daba dinero para aplicarlos a misas, cantando canciones de ánimas y toque de campanillas. Estas se celebraban por las mañanas en el amanecer y en los días festivos. La demanda del campo dio lugar a que en las aldeas se formaran algunas hermandades como en Ermita Nueva. También por Navidad, llevaban a cabo la limosna de aguilando, que imitó la hermandad de la Aurora, y que acababa con una rifa con los ganados en especie( borregos, cerdos, asnos,) que que donaban los devotos. Durante el Corpus y Candelaria y fiestas de la iglesia su capellán ofrecía misas 11.

FIESTA DE TOROS

Continúan celebrándose fiestas de toros a lo largo del siglo XVIII. Así en el año 1707, se programa la celebración de una corrida con motivo del parto de la Reina, aunque luego la fiesta no llegó a celebrarse más que espiritualmente..2
En el año 1725 , el día uno y dos se celebraron dos corridas de toros con motivo del Tratado de Viena, en la que se mataron y corrieron doce toros cada día y asistió la ciudad en público y quebrándose con ellos lanzillas burlescas.
No sólo el ayuntamiento organizaba corridas de toros sino que las cofradías y hermandades trataban de recaudar fondos con este espectáculo. El once de agosto de 1737, la cofradía de la Humildad organizó una corrida para el buen culto de la imagen. Un requisito que se mantuvo y hasta dio lugar a una ordenanza aprobada por el Rey fue la designación de los sitios en las Casas de Cabildo y de la Pescadería para los miembros del cabildo y de su familias.

A finales del siglo hubo muchas restricciones, que no se recuperaron hasta despues de los franceses en el año 1813.
No obstante, el año 1836, hubo ocho corridas de novillos en beneficio de la Guardia Nacional de Infantería y dos corridas para la fábrica de la Iglesia. Todo se realizó con el apercibimiento del control del orden público por la autoridad, y bajo el servicio de la Guardia Nacional.3

FIESTA DE LA LIMPIA y PURA CONCEPCIÓN

Prácticamente había desaparecido el siglo XVIII, viéndose obligado el Gobernador abrir un auto de obligación de realizarla en el año 1721, a lo que contestó el Ayuntamiento con la búsqueda de diligencias y a pedir una nueva Cédula Real de provisión para poder llevar a cabo los gastos de dicha festividad que recibe el año 1722, facultándose al empleo de la rotura de tierras.4 Son continuos los avisos para que se celebre la Fiesta , incluso, en el mes de mayo, ya que obligan a la ciudad que recupere a las pasadas.5 En el año 1745, se manifiesta, que entre la festividad de San Miguel y la de la Inmaculada, se le deben una cantidad aproximada de veinte fiestas. En el año 1752, el propio abad escribe un exhorto, amenazando con la excomunión.6 La resolución de la Real Chancillería de Granada tuvo lugar en el mes de octubre de 1753.7 Enel año 1754 y 1755, se regularizan las librabzas de gastos de la fiesta8 A veces, tiene que intervenir el propio corregidor su celebraciión, como en el año 1760.
Solía acontecer una procesión que provenía del Convento de San Francisco y portaba una pequeña imagen. En el Ayuntamiento, entraba dentro de sus dependencias , se cantaba una salve y se lanzaba cohetes. Durante el recorrido era acompañada por los munícipes que costeaban la cera de las andas.9
En el año 1808.la ciudad acuerda el voto de la ciudad a la Inmaculada Concepción.

1 AMAR. Caja 207. Pieza 6.

2 AMAR. Cabildo del 21 de octubre de 16o7.
3 AMAR. Acta del cabildo del veintiséis de julio de 1836.
4 AMAR. Cabildos del 17 de enero y veinticuatro de abril de 1722.
5 AMAR. Cabildo del dieciocho de mayo de 1744.
6 En el año 1752 se le comunica en el acta del 1752, que se le deben cincuenta y dos fiestas entre la de la inmaculada y la deSan Miguel, basándose en la sentencia de 1725, se propone la excomunión.
7 AMAR. Acta del cabildo del diecisiete de octubre de 1753.
8 AMAR. Libranza del cabildo trece de



noviembre de 1755.

9 AMAR. Actas del cabildo de cuatro de diciembre de 1747 y uno de diciembre de 1752. Libranza de ciento noventa y dos reales del dos de enero de 1751.

OTRAS SOCIEDADES, SINDICATOS Y PARTIDOS



No obstante, en Alcalá la Real se mantuvieron  en  1920 otras sociedades de diverso tipo: la sociedad Aromas del Amor, en concreto, el siete de enero de este año,  reintegró los papeles de su organización  al Gobierno Civil (Su sede estaba situada en la calle Veracruz en el número treinta y ocho); también el gobierno civil recabó la documentación de otra organización  La Sociedad Agrícola y Regional de Alcalá la Real,  aprobada definitivamente el uno de abril del mismo año. Otras como la Constancia y el Centro Agrícola  de Alcalá la Real ya estaban disueltos mes de agosto de 1918.Todas estas asociaciones convivían, en medio de grandes  dificultades,  con la sociedad conservadora. De carácter obrerista   Amigos de la Paz, que estaba más sumida a la generosidad, a la  limosna y a la dependencia de los políticos conservadores de turno. Era síntoma de una  sociedad  alcalaína conformista que no había despertado ante la nueva situación, dependiente de los labriegos, campesinos y las personas influyentes. Otras, de carácter patronal, pretendían los mismos objetivos que se estaban formando en la ciudad de Jaén. Entre ellas, alcanzaron  gran éxito la Sociedad Agrícola e Industrial Amigos del Progreso, cuyo presidente era José Sánchez Pérez,  y en la que sus afiliados respondían más a intereses más económicos que partidistas. No sabemos cual fue la importancia dentro en la vida local,  cosa diferente que en la capital jiennense donde llegaron a tener hasta algunos candidatos en los distintos comicios. Por algunos documentos relacionados con esta sociedad,  su primordial preocupación fue la defensa de labradores, arrendadores y otros intereses de dichos sectores. Respondía a unos momentos en los que conservadores estaban dejando el puesto a otros grupos diferentes a la familia Abril. Del talante de estas nuevas sociedades, es un reflejo la persona de José Sánchez Amaro, que  presentó los estatutos de la Sociedad Agrícola Industrial de Charilla el veintiuno de agosto de 1918 y fueron aprobados con el nombre de Sociedad Agrícola  el 29 de marzo de 1919.
Las sociedades de las aldeas, en cambio, en 1918, renacieron con otros nombres diferentes de los de la primera fundación. El trece  de diciembre, el gobernador civil aprobó La Sociedad de Obreros Agricultores el Faro de la Verdad  de la Rábita.  Unos días después recibieron el reglamento la Sociedad de Santa Ana[1]. Curiosamente, el mensaje de revolución social se encontraba inmerso, incluso en la denominación, a partir de 1919.  La Sociedad Obrera " Esclavitud Emancipada"  de la Pedriza fue una de las más emprendedoras y las que más se comprometió en la defensa de los campesinos y de los aldeanos. Fruto de su lucha reivindicativa fue la puesta en marcha de  varios caminos que la conectaron con otras aldeas limítrofes. De ella  surgirán algunos líderes de la República como el concejal socialista Dionisio Carrillo o  el alcalde pedáneo José Fuentes. Su centro social  era el un lugar de reunión de esta sociedad obrera que agrupaba tanto a los miembros afiliados del PSOE como los sindicalistas de la UGT. El entusiasmo de sus asociados se manifiesta en las fiestas de  primero de Mayo, cuando entonaban cantos, himnos, y enarbolaban banderas en medio de los discursos:
En este primero de mayo,
Cantemos con alegría,
Que es la Fiesta del Trabajo,
En Europa, España y en Andalucía.
Cantemos, cantemos,
 los himnos de la Libertad,
que la Pedriza no olvida
a su digna Sociedad[2].   



De la misma fecha son las sociedades ugetistas de  Oficios Varios "Defensa del Oprimido" de la Ribera Alta y Oficios Varios ´ Los Productores  de la Ribera Baja, donde surgirá un núcleo muy importante comunista en los años treinta con su líder José Sánchez González. Reminiscencias de la etapa anterior anarquista es la organización obrera de Mures Liquidación del Derecho, que el uno de marzo de este mismo año se vio  obligada a que se adecuara a la ley,  . En esta misma línea, fueron requeridas por el gobierno civil para que se atuvieran a la Ley de Asociaciones la Sociedad La Voluntad Libre de Charilla o la de la Ribera Alta La Defensa del Oprimido y los Productores de la Ribera Baja dentro de los  primeros días del año ( del diez al quince, del mes de enero).
Algunas, sin embargo, se constituyeron de nuevo como  Cultura y Defensa de Valdegranada el treinta y uno del mismo mes, lo mismo que la comentada Esclavitud Emancipada de la Pedriza. 
Pero la huelga de principios de año debió causar un fuerte impacto en las autoridades civiles, de modo que por el 29 de marzo, y de un  plumazo se cerraron las siguientes Sociedades: Liquidación del Derecho de Mures, el Faro de la Verdad de la Rábita, Cultura y Defensa de Valdegranada, Defensa del Oprimido de Ribera Alta, Esclavitud Emancipada de la Pedriza, Agrícola industrial  y Voluntad Libre de Charilla, Aromas del Amor y  Sociedad   Agrícola de Santa Ana. Incluso el gobernador civil envió una circular el 29 de abril prohibiendo el primero de mayo, amenazando con el confinamiento de los convocantes[3]. A mediados de mayo, se enviaron las listas de los presidentes y juntas directivas de las distintas sociedades al Gobernador Civil. Y, el día seis de junio, ante las manifestaciones, que se habían convocado en Granada, se envió una circular al teniente de la Guardia Civil, para que se vigilaran las entradas de la población, por orden del Ministerio de Gobernación ordenando que los guardias vigilaran duratne toda la noche y se impìdiera cuaqluier tipo de reuniones. El día diez de junio, hubo una altercado entre Alfonso García Play y Francisco Ortga, en el que éste último hiri´ño
En 1919, ante el incremento  de lo que se denominaba cuestión agraria de Andalucía, se produjeron algunos acuerdos corporativos que manifiestan que el clima político y sindical no era muy halagüeño para los conservadores, porque en varias ocasiones reclamaron del gobierno de la nación  el aumento de plantilla y de puestos de las fuerzas de orden público. Se veían incapaces de controlar con la docena de miembros la carretera y otros puntos conflictivos.. Por eso, en 24 de septiembre de 1919, solicitó que se instalara un puesto de seguridad y seis puestos de guardia civil en Charilla, Pedriza, Mures, Santa Ana, Ribera Alta y Ermita Nueva. “que es lo que menos puede pedirse para que pueda ser garantizada la propiedad y seguridad de las personas constantemente amenazadas por la propaganda sindicalista que en un día no lejano proporcionará un grave disgusto al pueblo por la impunidad de que goza por ser imposible que con cinco parejas de la Guardia Civil, situada en el casco de la población distante de 18 kilómetros de algunas aldeas, puedan garantizar el orden, la libertad de trabajo en su término de 24.000 hectáreas y 25.000 vecinos, pues cuando tienen que atender a un lado abandonan el otro acabando destrozados y sin resultado practico alguno”. En el mismo año, se pidió el traslado del cuart













el de Mures a Charilla por no encontrar local, y, una año después, la oferta de local  para cuartel en la aldea de la Pedriza(18.8.1920)
También, se produjeron varios enfrentamientos entre el alcalde en funciones Hinojosa Ríos y un grupo de vecinos, encabezados por Morente, vigilante de la cárcel, y un tal Barrio. Los incidentes eran simples pretextos de los republicanos y socialistas, según los conservadores, para manifestar que existían delitos o abusos de poder  ante las inminentes elecciones municipales. En palabras del alcalde, con motivo de la destrucción de varias cargas de pescado por estar en mal estado, y la asonada de un grupo numeroso de personas que levantó acta ante Azpitarte del abuso de poder, decía “parece que estos señores obedecen a una conjura política de malestar y producir escándalos para poder abusar en las próximas elecciones municipales  o tener motivo para quejarse de imaginarios atropellos y crueles tiranías”.

Pasaron unos años y algunas sociedades debieron tener poco desarrollo de vida  societaria hasta tal punto que era frecuente que nacieran y renacieran varias veces durante un pequeño periodo de tiempo y con el mismo o diferente nombre. Una de ellas fue la Sociedad Obrera  La lealtad de Ermita Nueva. Funcionó, a lo largo de la primera y segunda quincena del siglo veinte  con algunos paréntesis como su disolución en 1906. El día doce de enero de 1920, el presidente ordenó la disolución y envió al alcalde toda la documentación junto con  el acuerdo de extinción. En concreto, con esta fecha se disolvieron las sociedades El porvenir del Obrero y la mencionada La  Lealtad en Ermita Nueva. Y, el día 17 de enero de 1920,  la  Defensa del Oprimido de la Ribera Alta. En este año, precisamente y como contraste,  se fundó la Flor Naciente de las Caserías de san Isidro el ocho de febrero y se controlaron  por el gobierno civil las cuentas de la Esclavitud Emancipada.



1. AMAR. LIBRO RESISTRO DE 1918.
2. tESTIMONIO DE sIXTO lEÓN.
3.lIBRO DE rEGISTRO 1919

sábado, 24 de septiembre de 2016

EL BACHILLER DIEGO ARIAS DE ANAYA




Miembro de una familia hidalga castellana,  según se cita en la Sala de Hidalguías de la Chancillería de Valladolid, obtuvo varios cargos de parte de los Reyes Católicos antes de la llegada al corregimiento de Alcalá la Real. Como letrado intervenía por los años ochenta del siglo XIV en comisiones y pesquisas encargadas por la Corte  en Zamora a lo largo de 1485  en asuntos de judíos. Fue corregidor de varias ciudades; en Ciudad Real y en el año 1486 ,  donde intervino en asuntos civiles que trascendieron en la Corte (el adulterio de doña Juana, hija de doña Juana Ramírez de Guzmán, y el de Gonzalo Beltrán por el mismo delito), en 1487, estando por el mes de marzo como juez pesquisidor de la ciudad de San Sebastián, se le comisionó para echar la sisa para hacer frente a los gastos de la guerra contra los franceses, peste e incendios, y fue prorrogado en otro mes ;  también intervino por estas fechas en asuntos relacionados con los términos de Toledo y Segovia;  y en Vélez Málaga y 1588, donde intervino en asuntos de imposiciones sobre mudéjares lo mismo que en Loja sobre términos que disputaban con el conde de Cabra; en 1489 se le comisionó desde la ciudad de Jaén por la reina Isabel  en unas diferencias entre los vecinos de Corbeña y los de Madrid acerca de pastos y repoblación y sobre términos de la ciudad de Guadalajara; también en alborotos y un reparto de moros cautivos entre el Cardenal de España y . En febrero de 1490 fue comisionado para llevar a cabo la residencia de Pero Vaca Reyes, corregidor de Cuenca y Huete. También lo fue corregidor de Trujillo e intervino por el mes de octubre de 1491  en  asuntos de almoneda de caballería para el pago del corregidor valorada en 10.000 maravedíes y su mandato se prolongó hasta 1492 . En 1493, fue corregidor de Guadix que cumplió por mayo del siguiente año y se vio incurso en varios pleitos contra vecinos y penas de cámara que hubo que resolver ante el receptor Morales.



            En la primavera  de 1495, nada más incorporarse en el corregimiento, por cierto y por primera vez  con nombramiento de las ciudades y villas de Alcalá la Real, Loja y Alhama, llevó a cabo la residencia del anterior  juez pesquisidor  y no del bachiller Romaní que no llegó a incorporarse a su destino,  se le acumularon los problemas litigios. En Alcalá fue  su teniente de corregidor Juan de Piedrola  ( en documentos, Pedrula) y en Alhama .Tuvo que resarcir por el mes de septiembre  al bachiller Francisco de Madrigal,  alcalde mayor de Loja, que había sido condenado y obligado a pagar injustamente. a varios vecinos lojeños  y  Mencía de Frías que había sido privada de los bienes del repartimiento-casa, terrenos y viña (4.9.1495).
i
En su época, se llevaron a cabo varias intervenciones de preservar los terrenos comunales, entre los que destacan el amojonamiento de las veredas, cañadas y descansaderos, que habían sido invadidos por los nuevos propietarios de tierras que concedieron los Reyes Católicos, estableciendo una sanción de dos mil maravedíes. Se realizó un importante libro de Veredas, que luego en el año 1530 sirvió de referencia para el de Hernán Pérez de Torres. La ordenanza recogió todas las prohibiciones y se realizó en el veinticinco de octubre de 1495 y perseguía tanto el rompimiento de veredas y lugares de ganado como la entrada en tierra común y concejil.
En esta misma línea esta su labor de poner orden a la adjudicación de tierras que tuvo lugar tras la toma de Alhama que provocó un gran desorden entre todos los vecinos, ya que se destruyeron entre los miembros del cabildo y oficiales y el resto de la población. Sin embargo, invadieron gran parte de los terrenos baldíos en detrimento de los terrenos de pasto y monte provocando grandes conflictos. A pesar de que los regidores y los caballeros se habían quedado con las tierras repartidas, se les quitó el resto de las tierras a las gentes más pobres y miserables dando lugar a que el dicho corregidor volviera a mantener la distribución de  las  tierras y rescatar las tierras de realengo e invadidas. Condenó a los carceleros de la ciudad de Loja en una pena superior a los cien mil maraveds que fueron obligados  a pagar en 1499. Los Reyes Católicos impusieron una sisa del pan, vino, carne y pescado en dicho año.
De su época, el dieciocho de julio se recibió una provisión real sobre la contribución a



 la Hermandad, por la que se consideraban exentos los hidalgos y los eclesiásticos según las conversaciones mantenidas con el Arzobispo de Granada y el conde de Tendilla. Los clérigos y beneficiados de la iglesia eran: el vicario Juan Sánchez del Moral, el beneficiado Diego Rodríguez de Padilla, el padre Alfonso Fernández de Aranda, el beneficiado Gonzalo de Aranda, Ruy López Capilla, los capellanes Fernán García, Alonso Cano, Antón Bravo y Pedro Fernández Campo, Alonso Sánchez Almazán, Alonsos Sánchez de Baena, Fernán López, Diego Ruiz Parras y fray Pedro, cura del Castillo. Los legos pertenecían a varias familias de los Aranda, Villa real, Badea, Montesino, Alcaraz,  Cabrera, Villa real y Contreras. Fueron Fernando de Aranda, Alfonso Fernández de Montemayor, Ponce de León, Pedro de Gadea el viejo, los regidores ye hidalgos Juan de Aranda, Luís de Leyva, Pedro de Aranda, Alfonso Ortiz, Pedro Hernández de Alcaraz, el jurado Pedro de Aranda, hijo de Fernando de Aranda, Pedro de Aranda, hijo del alcaide viejo, el alcaide Rodrigo de Góngora, Juan Cabrera, Montesino de la Isla, Pedro de Gadea el mozo, Gonzalo de Gadea, Montesino de Gadea, Diego de Torreblanca, escribano del cabildo, Montesino de Ávila, Cristóbal Rabel, Juan, y Alonso de Villarreal, Alonso de Padilla, Diego Monte de de la Isla, Juan Pérez de Gadea, Gonzalo Roldán, Diego Rodriguez de Baeza, Cristóbal de Moya, Pedro de Contreras el Viejo y el mozo, , Diego de Contreras y Alonso de Gadea.  Se llevó un cálculo aproximado por declaración de los distintos hidalgos y clérigos, que variaba de los 115 libras a las 400  anuales de consumo de pescado por persona y de los 115 a las 46o de carne respectivamente, y se les restituyeron a cada uno los maravedíes pagados por la sisa del pan y vino, carne y pescado[1].         



[1] AHPJ. Legajo 15750.

LOS CONSERVADORES EN EL SEGUNDO DECENIO DEL SIGLO XX





La feria de estos decenios


El partido conservador, en palabras de Guardia Castellano, en 1910 se manifestaba  claramente hegemónico en toda la comarca sin competencia política ni partidaria y, este escritor lo definía como “partido alcalaíno”. Para el cronista de la ciudad,  parecía que no existían los republicanos, ni los socialistas, y los liberales ya no eran una amenaza electoral  para su partido sino se consideraban  personas a los que se le había perdonado la vida. Basaban su labor en la racionalización de la hacienda local con la supresión de los impuestos de consumos a las clases bajas y condonación de deudas del Pósito, en las obras de adecentamiento y alumbrado de las calles céntricas de la ciudad, en  la guardería policial de los campos, len a política de higiene  con la restauración de lavaderos y fuentes(Montillana, Comendador y  Fuente del Rey,) y de cementerios en aldeas, en la aplicación de nuevas medidas sanitarias como las vacunas, en el  arreglo de caminos rurales, y en las  reparaciones de edificios públicos (Hijuela de Niños Expósito y Prisión)    De nuevo, el 21 de octubre volvieron a celebrar la proclamación del  nuevo diputado Luis Abril León. Como es lógico, muchos escritores locales participaban en revistas de este entorno conservador, principalmente en la jiennense  “Lope de Sosa”; y en el pueblo se leían los periódicos “La regeneración” que se titulaba como órgano del partido liberal conservador y “La Época”.
Casa de Francisco Batmala, tío de Pablo Batmala.
El momento culminante de este periodo estaba relacionado con la concesión del título de senador vitalicio al senador Rafael Abril y León en 1916 por el rey Alfonso XIII. El  veintidós de diciembre de este año fue una fecha que nunca olvidarán los monárquicos alcalaínos. Se reunieron en el salón de plenos todas las fuerzas vivas( los párrocos y capellán de la cárcel, el teniente jefe del puesto de la Guardia Civil, los jueces y los concejales) para colocar una lápida en honor  y en reconocimiento del  diputado  Rafael Abril. El cronista de la ciudad tomó la palabra que glosó las gestas y la política de los diversos miembros de la familia Abril para culminar con un canto de paz al nuevo senador. En sus palabras, “ dejad , señor, que el pueblo de Alcalá la Real  a falta de otro tributo, deje grabada en este recinto la fecha de este nombramiento como fecha gloriosa de su historia, (…), aludiendo a su padre (…) habéis sabido no solamente conservar la hegemonía y los prestigios de su heredad jefatura, sino que habéis realizado los sueños de toda su vida, uniendo a todos los alcalaínos bajo una bandera de paz y de concordia,  consolidándose la obra tradicional de los Abriles(…)se interpreta este festejo como el triunfo de la paz, de esta paz que a poco de goza marca ya sus grandes beneficios en el orden material y moral de nuestros Pueblo.(…) Hoy nadie en Alcalá llamarse rico porque no teme que le persigan en ilegales exacciones, cabe que tiene protección por el desarrollo de las riquezas , porque deseamos que aquí queden para hacer más ricos”. Alude a varias obras como la inauguración del teatro y ,  la reforma profunda del Hospital Civil.


Simples anécdotas eran las epidemias gripales y las correspondientes rogativas. Se recibía al obispo de la diócesis con gran solemnidad como en el mes de marzo de 1920 y se hacían funciones de iglesias ante la Virgen de las Mercedes por la proliferación de las afecciones gripales.  
En contraste con esta arcádica sociedad, muchos alcalaínos emigraron a América. Hemos podido recoger, en los padrones de quintos, nada menos que  unos cuarenta en Buenos Aires y uno en Santiago de Chile y Brasil, Si los multiplicáramos por cuatro al ser miembros de una familia, casi doscientos vecinos emigraron a otros lares para abrirse campo y, algunos de ellos por no verse sujetos a las duras leyes laborales que imperaban en la ciudad[1].
Algunos recuerdan los carnavales y las comparsas de aquellos tiempos, con letras alusivas a la emigración:
                      
            Señor Alcalde, a su puerta
 ha llegado esta comparsa,
            Para cantarle y decirle algo
            De lo que aquí nos pasa.
            Venimos del extranjero,
            No traemos ni un botón
Y le pedimos nos deje
Dar vueltas a la población.

En estos años, los conservadores se sentían muy orgullosos de ejercer el poder absoluto de la ciudad a través del partido de la Unión Monárquica. Luís Abril Lozano fue elegido diputado en 1918, 1919 y  1921 
En la campaña de 1920, se permitían el lujo de escribir estas líneas en el periódico local ”El Sector Alcalaíno” que aclaran la posición de los conservadores frente a los nuevos movimientos políticos[2]:

“El próximo día 19 todos los ciudadanos emitirán su voto para elegir sus representantes en cortes y es nuestro deber, por  patriotismo, hacer una llamada a los hombres  amantes del orden, la justicia y el régimen  para que presten su ayuda en los comicios y triunfen los que luchan  por el bien de la patria, que son los candidatos ministeriales(…) Bien visto , y ateniéndonos al resultado de las pasadas elecciones, en que Alcalá y su partido judicial siempre han dado pruebas de civismo y sensatez apoyando en las urnas los candidatos monárquicos, no necesitan nuestros paisanos  de llamadas, ni consejos, pues ellos, por sí, saben responder a sus legendarios impulsos de ciudadanos conscientes que miran por la tranquilidad y el bienestar  de la Patria: pero siempre es oportuno y necesario una voz de alerta para que no se vean sorprendidos y caigan con censurable inocencia en las redes que, ladinamente, saben atender los revoltosos que sólo aspiran a la destrucción completa(…) Los momentos actuales de España son muy decisivos y necesitan de hombres saturados de santo amor patrio que con valentía se pongan frente a  la aterradora avalancha del sectarismo rojo, que, sediento de sangre, predican y practican el crimen cobarde y alevoso(…), peor no sólo es obligación de todos y los  buenos españoles detener la aterradora ola: hay que destruirla por completo sin miramientos(…) el partido  su jefe el senador vitalicio Excelentismo señor don Rafael Abril y León responde  como siempre a la disciplina y organización  del partido, nada tenemos que objetar, pues todos como un solo hombre, convencidos de la nobleza de las ideas  que sostienen, acuden a emitir su voto, pero aquellos que bien militen en frente o se encuentren apartados de la vida política hacemos este llamado en el que verán, no el saciar las aspiraciones políticas, sino elevadas miras de salvar la nación de una probable hecatombe”.


El telégrafo en la Plaza del Ayuntamiento
 La amenaza ya no era los liberales alcalaínos reconvertidos en un casino de ideas sin ningún protagonismo político. Tampoco, les ofrecía ningún problema el panorama con respecto a los grupos de izquierdas, republicanos y socialistas. Se sentían orgullosos  de representar la circunscripción jiennense por “su patriotismo respondiendo así al orden, a la monarquía, a la religión, a la patria  “a sus historias y tradiciones” y consideraban “un hecho vergonzoso”, lo que creían que era el voto socialista aportar “grano de arena a la obra destructora del bolcheviquismo”. Las personas de izquierdas, en suma, debían sufrir este castigo del cuerpo electoral “sabrán anatemizar a los que, por saciar ruines pasiones personales y políticas se unan a los revolucionarios apoyando la candidatura sindicalista dando con ello una prueba de malos españoles e indignos de llamarse hijos de esta España ultrajada por la envidia y por los envidiosos deseada”. Estas son las palabras duras y demagógicas de este periódico:
“Ante la candidatura monárquica  se opondrán nombres de unos socialistas- mal llamados así porque han pasado a ser sindicalistas-y esos sindicalistas no se debe olvidar que uno de ellos vino aquí a predicar que España no se arregla hasta que la sangre llegue a la cintura, y el odioso atentado personal hacia queridos y respetables hijos ilustres de este pueblo, y el otro, no ha mucho tiempo infirió el más grande agravio que se puede inferir a todo buen español con el escandaloso desaire que le hizo a la bandera española en Jaén, siendo alcalde de la capital, por lo que le costó la destitución del cargo”.

 La ciudad  mantenía un comercio floreciente en la Carrera de las Mercedes y Plaza de la Constitución:entre otras,  la de calzados de Daniel Muñoz Jiménez, Plaza , 20 , la de electricidad de  Camilo Calvo, en Alonso Alcalá 6, la Trinidad de embutidos de Antonio Pérez Serrano, en Tejuela  y Antonio Garnica de aguardiente, fábrica, en calle Veracruz,., la fábrica de harina de José Cobo, la trinidad de Rafael Aguayo Castillo, Llanillo, 6, la de tejidos de Rafael Muñoz Oria, en Llanillo, 13, el almacén de vinos de los Arcos  El Arte, tienda de lápidas y mármoles de Gutiérrez. .
 En la enseñanza, se había producido en un gran avance, incluso  la Academia de Nuestra Señora de las Mercedes, dirigida por don Sebastián Pérez Molina, ofrecía un plantel de  profesores , que preparaban a las clases pudientes y de la clase media como centro de educación moderna para los Institutos de Cabra y de Jaén, y de Granada, la Escuela Normal, Correos, Idiomas, Policía, Carreras especiales y Comercio[1].
Las  ideas masónicas ya quedaban casi en el olvido, pues en el año 1921, murió el médico Ruiz Matas, que ejerció una calara influencia en algunos sectores  de la población y en las personas humildes que le honraron con una gran despedida. Esta muerte debió sentirla Batmala, porque contribuyó con él en la creación del Partido Republicano y se mantuvo gracias a que su hijo Miguel continuó la misma línea en tiempos de la II República.
            La política local y provincial no interesaba a la mayoría al resto de la población. Pues, apoyaron a la Unión Monárquica  en mes de diciembre la candidatura de Luís Abril Lozano, Niceto Alcalá Zamora, por la Carolina, y en Baeza José Yanguas Mesías, como figuras más destacadas. No obstante, en las elecciones de 1919, cuando se proclamaron once candidatos socialistas en doce distritos electorales andaluces, el distrito de Martos, al que no pertenecía el partido de Alcalá la Real,   fue el republicano y socialista Ramón Lamoneda, quien triunfó real, pero “no oficialmente, por el distrito de Martos”. Hay que resaltar la influencia social y política que por su cercanía ejercía la ciudad de Granada, donde el profesor Fernando de los Ríos Urruti obtuvo por primera vez la acta de diputado y logró derrotar a los hermanos Chica, miembros del partido liberal que controlaban la provincia de Granada en medio de un ambiente en el que comenzaba a  aflorar “un fuerte movimiento anticaciquil  con importante participación de los estudiantes y de la Casa del Pueblo, medios en los que  ejercía gran influencia Fernando de los Ríos. En la representación de una manifestación organizada por los estudiantes hubo tres muertos, lo que produjo la consiguiente conmoción  en la ciudad, y un cambio, al menos momentáneo, de las costumbres políticas ; el prestigio de Fernando de los Ríos entre las izquierdas y el temor a obstruir su candidatura con las prácticas caciquiles que provocaron los conflictos cuatro meses antes, así como el auge de las sociedades obreras, hicieron que el catedrático de Derecho público obtuviera el primer lugar en la circunscripción”[1].  Alcalá, cercana a Granada, comenzaba a conectar con este movimiento, pues muchos maestros habían estudiado en la universidad granadina, así como los hijos de la burguesía alcalaína y, además mantenía relaciones comerciales y de servicios administrativos con esta ciudad.    
           





-Miembro de la comparsa  rural de la Pedriza .
[1] Testimnio de Conrado Gallego Cevallos, nieto d Manuel Ceval
[2]AFRA MAR. “El Sector Alcalaíno. Año III. 11 de diciembre de 1920.
 [3] Los profesores eran miembros del clero,  don Jerónimo Utrilla, bachiller en Teología y el párroco Bartolomé Torres, párroco de Santo Domingo,, el de Santa María Vicente Canovaca  Ruiz el que sería republicano Francisco Hortal Quiñones el abogado don Pedro de Pineda Benavides, José Utrilla y Utrilla, licenciado en Derecho y Filosofía y el perito agrícola Baldomero Sánchez Cañete. Su hermano del director, Manuel, el maestro José Marín  y Juan López Gutiérrez, completaban el cuadro de profesores. Se presentaba con modernísima pedagogía y facilitada información de notas diaria a padres y alumnos.
[4] AAVV. Historia De Andalucía . Tomo 9. Pág.118. Planeta.

viernes, 23 de septiembre de 2016

BATMALA Y LA SOCIEDAD OBRERA DE LA EMANCIPACIÓN

LA SOCIEDAD OBRERA LA EMANCIPACIÓN                                 
           
 Años más tarde en 1918, la Sociedad  de Oficios Varios Aromas del Amor  recogió la antorcha de la antigua Emancipación.  Sus miembros procedían de los sectores republicanos y socialistas, aunque poco a poco se conformó en una sociedad de tendencia socialista. Su primer presidente fue Pablo Batmala, pero luego fue sustituido por Salvador Frías, socialista. Sin embargo, un año más tarde, y, con este mismo nombre, renació, el once de marzo de 1919, con el nombre de Sociedad de Oficios Varios la Emancipación, ubicada en la calle Veracruz, entre cuyos miembros fundadores se encontraba el propio Batmala. Le acompañaban Manuel Ceballos López,  Manuel La Rosa Heredia, Francisco Sánchez Rueda, Francisco Marañón Zamora, Gregorio Hermoso López, Rafael Frías Mellado, Dionisio Reyes Expósito, Antonio Sánchez Poyatos, José Cantero Carrillo, José Campillos Frías, Antonio Jiménez Obregón, Domingo López Padilla, Antonio Bolívar Romero, José Frías Ramírez, Tomás López Cuenca, Felipe López Pérez, Manuel CeBallos López, Regino Quero y su amigo Salvador Frías Pino[1]. En la lista de socios, Manuel Larrosa  Heredia encabezaba el orden, y Batmala ocupaba el puesto décimo cuarto. Religiosamente, Pablo Batmala pagó las cuotas de cincuenta pesetas durante un año y medio[2]. Pero, merece la pena de que profundicemos en esta sociedad del casco urbano, porque es la única de la que conserva su vida orgánica  a través de su libro de actas.
Acta de fundación
En este día, se volvió a constituir con la asistencia de sus 19 socios fundadores. Su reunión, como era habitual, tuvo lugar a las nueve de la noche en una sede alquilada de la calle Veracruz, que era el domicilio del por entonces republicano Manuel Ceballos López, una casa amplia que colindaba con la conocida casa de vecinos  La Casa del cura. Este, a su vez, fue el convocante de la reunión, a la que acudieron  Manuel la Rosa Heredia, Francisco Sánchez Rueda, Francisco Marañón Zamora, Eugenio Hermoso López, Rafael Frías Mellado, Dionisio Reyes Expósito, Antonio Sánchez Poyato, José Cantero Carrillo, José Campillos Frías,  Antonio Gutiérrez Obregón, Domingo López Padilla, Pablo Batmala Laloya, el propio  Manuel Ceballos,  Indalecio Frías López, Francisco López Sánchez,  Francisco López Sánchez, Salvador Frías Pino, Regino Quero Martínez, Antonio Arjona Ramírez, y Rafael Fuentes Ruiz. Se eligió un comité interino formado por un secretario, un contador  y un tesorero en las personas de Salvador Frías, Regino Quero y Manuel Ceballos hasta tanto se eligiera la junta directiva en reunión general. Su función consistía en convocar dicha reunión en una nueva sede que se había de alquilar, mantener la organización y representarla.
Días después, en una nueva reunión general, con el permiso de la autoridad competente se constituyó la Junta Directiva, que estaba integrada por los siguientes miembros:
Presidente: Salvador Frías Pino.
Vicepresidente: Rafael Ruiz Rodríguez
Secretario: Regino Quero Martínez.
Vicesecretario: Indalecio Frías Mellado.
Tesorero: Manuel Ceballos López.
Contador:       Saturnino Gallego Rueda.
Vocales: Manuel  García Arévalo, Francisco López Sánchez.
Se inició la organización con  la entrada de 162 socios, previamente  presentados por los socios fundadores,  que debían ser admitidos por la asamblea de la sociedad obrera. En un libro de registro recogía el domicilio, nombre y apellidos y profesión para encuadrarlo en los distintos ramos. Era de carácter interclasista  y de este aspecto de la asociación, nos da muestra que comprendía a republicanos federales, socialistas, independientes y  miembros de profesiones liberales. Este es el caso de la familia del teniente Castillo Saenz de Tejada,  pues pertenecían Valeriano, Pedro y José [3]
Hasta el día siete de septiembre, no hubo otra nueva reunión general, en la cual e se dieron cuenta de todo el movimiento económico. El motivo no era otro sino la clausura sufrida por orden gubernativa desde el veinte y siete de marzo al veinte y ocho de agosto del corriente año, por la cual no ha podido celebrar reunión de ninguna clase y si únicamente por individuos encargados de la administración.


Mientras en Alcalá se aplicaban, por 1919, medidas represivas, en la Provincia  surgieron numerosos conflictos  entre obreros y patronos. Todo radicaba en el miedo, en el que las autoridades tenían, de que se levantara la población  y, como medida preventiva, aplicaron muchas  restricciones con motivo de las elecciones del primero de abril para diputados de Cortes.
A pesar de estas medidas coactivas, se presentaron nuevos socios en número doscientos setenta y nueve. La participación de los asociados era elevada alcanzándose la cifra de dos tercios en la participación de las asambleas generales. No obstante, a lo largo de la reunión, se observa que algunos socios no cumplían con el deber de pago de cuotas- cosa que va a ser frecuente-, dándose un plazo para ponerse al día hasta  final de año. El dos de noviembre, se acrecienta la sociedad con 39 nuevos socios.
Generalmente, solían hacerse propuestas por grupos de trabajadores para que las asumiera la sociedad y las defendiera. Una de ellas muy importante, fue la presentada por Francisco López Sánchez referente a las bases mínimas y las condiciones de trabajo, que resumió en los siguientes:
l. Supresión del trabajo a destajo
2. Jornal minimum de tres pesetas cincuenta céntimos para hombres y dos pesetas para mujeres y niños menores de quince años.
3. Los que pernocten en cortijos y caseríos percibirán el mismo jornal, más la manutención o una peseta cincuenta céntimos en su lugar.
4. Las horas y descansos serán los de uso y costumbre en esta localidad.
5. Cuando por lluvia o cualquier otra causa análoga, no puedan dar el jornal completo se le abonará el tiempo invertido  en la ida del tajo y regreso al pueblo.
6. Y que estas empezarán a regir desde el día de Diciembre primero hasta el veinte y ocho de febrero del venidero año.
Todos los puntos solían debatirse  antes de tomar la decisión y aprobación, nombrándose una comisión que era la encargada de representar la sociedad, en este caso estaba formada por Francisco López Sánchez, Salvador Frías Pino, Mateo Moya Rueda, Manuel García Arévalo y José Cabo Sánchez. No era el clima tan tranquilo, como a veces se comentaba, porque el último acuerdo de esta asamblea decía:
“si los patronos no aceptaban las anteriores bases, en ese día se declararía la huelga general persistiendo en ella hasta conseguir nuestras justas aspiraciones”[4]. 
Esta política reivindicativa daba lugar a que continuamente  se inscribieran nuevos asociados, y así en el mes de diciembre otros cincuenta  formaron parte de la sociedad y la sede social ya es una realidad, hasta el punto que se eligió un conserje  al frente de ella. Como muestra de su relación en el  ámbito provincial, por esta fecha dio un paso hacia adelante solicitando la integración en la Federación Provincial de Sociedades Obreras,
“idea que todos los presente asumen con gran entusiasmo facultando a la directiva para solicitar su ingreso en dicho organismo”.
Era una costumbre de las reuniones elegir presidente de  asamblea y secretario: en el cuatro de enero de 1920, se renovó  la junta directiva presidiendo la reunión general Pablo Batmala Laloya. Curiosamente, la nueva  junta fue presidida, de nuevo, por  Salvador Frías Pino; de vicepresidente era Mateo Moya Rueda;  secretario Juan Bermúdez Ávila, delfín de Pablo Batmala; vicesecretario Gregorio Barrio Sánchez; tesorero el anterior Manuel Ceballos, y Contador Carlos Sanz Serrano. Los vocales eran José Cano Sánchez, Lorenzo Daza Rosales, Manuel Romero Guardia y Francisco Montenegro García. Pero, el acuerdo más importante de la reunión fue aprobar la medida  de asistencia social con la que se suplían las deficiencias económicas de un obrero,  que se hallaba enfermo desde hacía un mes imposibilitado para ejercer el trabajo. El mecanismo  era interesante por su control, y su carácter precursor de la seguridad social que, tanto tiempo, tardaría en llegar a las clases populares:
También se acordó que fuera una comisión compuesta por Saturnino Gallego Rueda, Francisco Pérez Guardia, José Cano Sánchez y Lorenzo Daza Rosales, a visitar al compañero José Rosales Frías, el cual se halla desde hace un mes propiamente enfermo y por tanto incapacitado para el trabajo a fin de cerciorarse de su verdadera situación para que pueda ser socorrido; habiendo hecho constar también que en todo caso que cualquier socio pida auxilio de la sociedad se nombre una comisión para que una vez enterada de su situación pueda ser socorrido.
Una característica de las sociedades era la expulsión de los asociados, que se hacía por haber hecho traición a la causa obrera y por lo cual no debían pertenecer dichos sujetos a este centro. Lo que nos indica el carácter socialista y obrerista de estas asociaciones. En otros casos, los asuntos eran mucho más graves por lo que se refiere a los expulsados:
“había calumniado a varios de los más consecuentes socios y conspirado en contra de la sociedad como lo prueba el haber tratado por todos los medios a su alcance de disgregar de este centro al gremio de zapateros”.


En el mes de febrero de dicho año, la lista alcanzaba la cifra de quinientos cuarenta nueve socios, a pesar de que se producen importantes bajas por falta de pago. Lo que se cumplía de un modo riguroso,  y  se resolvía con algunas expulsiones, entre ellas las de algunos miembros fundadores, que no coincidían con las bases ideológicas de la Sociedad; también hubo  un caso de traición y conspiración.   
A mediados de mayo se enviaron la s lista de presidentes y juntas directivas de las distintas sociedades. Y, el día seis de junio, ante las manifestaciones, que se habían convocado en Granada, se envió una circular al teniente de la Guardia Civil que se vigilaran las entradas de la población, por orden del ministerio de Gobernación, hubiera guardias durante toda la noche y se impidieran cualquier tipo de reuniones. El día diez de junio hubo un altercado  entre Alfonso García Play y Francisco Ortega, en el que  este último hirió al anterior. Pero el control del gobierno era total que debía ser informado de todo movimiento de altas y bajas como la del Faro de la Verdad de la Rábita lo hizo por el 26 de junio.

En 1920, el importante y numeroso Centro Social de la Sociedad Obrera de la Emancipación de Alcalá la Real, comenzó a decaer. Fueron numerosos los asociados que dieron de baja por falta de pago de cuotas o por ausencia de la localidad al hacerlo en los trabajos lejanos de la localidad. Claro ejemplo de ello es la baja de ciento setenta  socios que se produjo en la reunión del siete de junio. El dos de septiembre, la cifra de bajas alcanzó los doscientos dos asociados. No obstante, el día dieciocho de abril a la Asamblea Provincial de la Federación de Sociedades Obreras, fue invitada por el comité federativo  siendo representada por Francisco López Sánchez, como delegado de la entidad, cuyos gastos de viaje importaron 25 pesetas. El uno de agosto, dio cuenta a la asamblea de todas las resoluciones que ratificaron y aprobaron todos los miembros de la sociedad obrera. A pesar de que el número de socios había decaído en gran cantidad, el cinco de noviembre de este año, resolvieron algunas ayudas para el secretario, Luís García Arévalo,  que se encontraba  enfermo durante bastante tiempo, costeándoles los gastos para que se cure en Granada con una ayuda de cincuenta pesetas. No se reunió la sociedad hasta diciembre de este año, no pudiéndose elegir la junta directiva porque la mayoría de sus asociados se encontraban trabajando fuera de la localidad, incluso la baja de cincuenta antiguos miembros supuso una nueva dificultad. A partir del año 1921, no hay apenas asambleas ni juntas directivas. Es imposible elegir nueva junta directiva ante la poca presencia de asociados en las reuniones, abandonaron la sede por venta del local, no pagaron al conserje,  y se trasladaron a la de su antiguo propietario, Manuel Ceballos. El día 27 de junio, eligieron una nueva junta directiva, en la que ya no aparecía apenas la representación de socialistas y predominaban los republicanos. Su presidente era Ramón Cruz Belo, Vicepresidente: Gregorio Barrio Sánchez, secretario Miguel Lombardo Torres; vicesecretario, Salvador Frías Pino; tesorero Manuel Ceballos López; contador Francisco Montenegro García; segundo contador Joaquín Sánchez Ruiz y los vocales Rafael Hinojosa Serrano, Antonio Cano Caballero Fuentes, Carlos Sanz Serrano, y Salvador Hinojosa Cano. Ante la situación tan precaria en la que se encontraba la sociedad se aprobó conceder una amnistía a todos los socios que habían causado baja por falta de pago con el fin de recuperarlos  a la vida societaria. El nuevo local era pequeño hasta tal punto que debieron vender las sillas entre sus  asociados y prestarlas para las asambleas. Sigue la tónica durante el verano de la falta de asistencia para poder celebrar las asambleas, aunque los socios  trataron de socorrer algunas  situaciones de enfermedad,  aunque bajó la cuantía en treinta pesetas.

No se pudo elegir nueva junta general ni  directiva para el año 1922 y eso que el número de socios no alcanzaba la cifra de quince afiliados de tal modo que el día veintisiete de febrero se disolvió la sociedad. En ese preciso momento, los integrantes  son catorce socios que mantienen vivo el espíritu. Sus nombres eran: Ramón Cruz Belo, Gregorio Barrio, Antonio Cano Caballero, Joaquín Sánchez Ruiz, Salvador Hinojosa Cano, José Muñoz, José Cano Sánchez, Joaquín Cano Sánchez, Francisco  Gámez García, Ildefonso López Cano, Rafael Miguel Cruz Belo, Salvador Frías Pino, Francisco Montenegro García y Manuel Ceballos López. El motivo no era otro que:

“se procedió a la elección de la nueva junta directiva, siendo infructuoso todo cuanto se intentó para constituirla, pues los socios capacitados para ejercer dichos cargos no los aceptaron fundándose en que sus ocupaciones privadas no les permitía tener disponible tiempo preciso para cumplir con los deberes anejos a los dichos cargos, por lo cual y viendo la imposibilidad de seguir en estas condiciones  se propuso por algunos y así se acordó por unanimidad dar por disuelta la sociedad  con esta fecha haciéndolo constar en la presente acta”.
No eran muchos sus enseres, sino una mesa, perchas, brasero y aparato de carburo, cuyo valor alcanzaba  poca cuantía. Esto junto con las quince pesetas que restaban en caja se le entregó al socio más necesitado que era Joaquín Ruiz de acuerdo con el criterio de todos los componentes. El depositario Manuel Ceballos se quedaba como guardián de los libros[5].     





[1] Este era un buen artesano, al que el ayuntamiento alcalaíno  encargó los sables de los guardas de campos
ACTA DEL DOS DE NOVIEMBRE DE 1919
[2] AMAR. Registro del año 1918-
[3] Testimonio de Sixto León.
[3] LIBRO
DE REGISTRO DE 1919
[4] AMAR. Legajo sin inventariar del siglo XX. Libro de a
al de febrero del año 1922. 
[5] Los locales de votación eran los claustros de Consolación, Palacio