domingo, 21 de julio de 2019

ANTES DE MARTÍNEZ MONTAÑÉS, UN BORDADOR DE FLANDES EN ALCALÁ LA REAL


Siempre nos hemos preguntado  que los ornamentos religiosos de la iglesia Mayor Abacial y de otros templos que se erigían por aquel tiempo debían realizarse por bordadores. Incierta la llegada del padre de Juan Martínez Montañés, suelen aparecer algunos datos sobre contratación de ternos, dalmáticas, casullas, frontales, gallardetes, estandarte, banderas, pendones y lienzos colgantes. Es interesante que ante Antón García de los Ríos en 24 de  abril  1552, se nos muestra el broslador, otra manera de llamar los bordadores, y lo hacía para unas dalmáticas para  una institución regular trinitaria. Es interesante el documento por las siguientes conclusiones.

-Se lo había encargado el Monasterio de Frailes  y Convento de la Orden de la Santísima Trinidad. Por lo que se deduce que el convento era mixto. Son los frailes los que administran, en un número de unos diez miembros, como hemos descubierto en otros documentos notariales de esta fecha regidos por el padre Pedro Carrión ,  y regenta el convento de monjas de Nuestra Señora de los Remedios, pero con grandes problemas de jurisdicción y convivencia, puesto que se llegó incluso a la entrada del convento del corregidor por la fuerza para pacificar la situación.
-Se declara que el escribano Luís de Pareja es el depositario  de unas dalmáticas realizadas por el broslador Pedro  de Flandes, vecino de Granada"executadas al precio de cincuenta y cinco ducados y medio, y se le dieron y pagaron veinte ducados, y se le debían y restaban treinta y cinco ducados y medio, quales por hacer buena obra espera  que me constituya d e ellas". Este bordador había realizado varias obras en Granada con la llegada de los artistas y comerciantes flamencos en Granada,. y , unos años, después, se afincó en Sevilla. Nos indica que el campo del bordado era de importación, tan sólo por este tiempo hemos encontrado un Juan Martínez, sastre, que podríamos relacionar con la familia de Montañés en Alcalá. La dalmáticas eran utilizadas por los diáconos, Y por este tiempo se enriquecieron en las bocamangas, hombreras, franjas por delante y espaldera a través de ornamentos y dibujos.En palabras de liturgia cristiana era túnica con mangas anchas; alcanza las rodillas, está cerrada delante, y abierta por los costados. Se distingue de la casulla que utiliza el sacerdote porque ésta suele ser de corte redondeado, mientras que la dalmática es de cortes rectos.No hay ninguna regulación acerca del tejido de la dalmática. Su color debe estar de acuerdo con el tiempo litúrgico que corresponda (o la fiesta concreta, en su caso), por lo que debe coincidir con el color que esté utilizando el sacerdote.La dalmática fue introducida por el Papa Silvestre I alrededor del año 325. En la primera mitad del siglo cuarto se usaba en Roma y solo allí y entonces, como hoy, los diáconos la llevaban como una vestidura exterior, y el Papa se la ponía debajo de la casulla.En el siglo IX, la dalmática fue adoptada casi universalmente por obispos y diáconos en la Europa Occidental, incluso en España.En este sitio, eran utilizadas por  los frailes que acompañaban a los oficios de la misa al vicario. 
.-Debían pagarse la deuda antes dle del fin de de agosto en la ciudad de Granada y para ello se convirtió en nuevo depositario de las dalmáticas el jurado Pedro de Frías con el compromiso ante el escribano y con el consentimiento de embargo de bienes en la dicha cantidad, si no lo cumpliere, de los 35 ducados y medio. .


el jurado Pedro de Frías, y 

LAS ASPILLERAS DEL ARRABAL

LA ASPILLERA DEL ARRBAL DE LA PUERTA DEL CAMBRÓN O DE GRANADA

La aspillera, palabra que procede de la palabra latina sagitta ae​ (también llamada arquera, saetera, lancera, tronera o ballestera), responde a una a abertura vertical, estrecha y profunda, practicada en algunos muros o murallas defensivas,lo que muestra esta fotografía. También se encuentra en la escalera de las torres de los castillos,entre ellos en la Torre de la Campana o Vela, Homenaje y Farón. Y incluso en las almenas y las rendijas del antepecho superior de las murallas y terraza de las torres, para permitir disparar flechas con arcos o bien con ballestas.​

Esta rendija o ranura pretende disparar , y proteger al ballestero mientras éste lanza los dardos o proyectiles . En la Mota o sus arrabales, ofrecen diversos tipos según el tamaño y boca de entrada y salida de la saetera o aspillera; las hay que ensanchan base para ampliar el ángulo horizontal de batida, y las que presentan hueco circular en el centro o en medio de la ranura.Predominan las de forma de una paralelogramos vertical.
No es de extrañar que la mayoría responde a los tiempos de frontera cristiana, done abunda la nueva arma de tiro, la ballesta, de modo que su diseño se adaptó a las necesidades y adquirió la forma de una cruz.



Parece que las aspilleras surgieron para eliminar los ángulos muertos en las fortificaciones. De este modo aparecieron las primeras arqueras en las fortalezas del siglo XII, aunque por entonces aún eran bastante raras o difíciles de encontrar. Fue durante el siglo XIII cuando se multiplicaron y se convirtieron en un método defensivo habitual. Hacia mediados del siglo XIV, las aspilleras se volvieron cada vez más raras en las partes bajas de las fortificaciones y se multiplicaron en las zonas altas. Las aspilleras de la Mota se encuentran ubicadas en las partes altas, pero también en las bajas y ocupando amplios ángulos par defender la ciudad fortificada de la llegada de los atacantes , por los caminos de Granada( muralla del Arrabal Viejo).

Homenaje a los senderistas de pro Juián y Cipriana. Siempre los recordaremos. 

viernes, 19 de julio de 2019

EN ALCALÁ INFORMACIÓN, EL PASMO


EL PASMO


Dicen que la historia es la maestra de nuestra vida. Y da gusto enriquecerse con testimonios anteriores que permiten ahondar en muchas facetas y comportamientos que sirven de modelo y de ejemplo para generaciones posteriores. Hace unos días cayó en mis manos un legajo de una auto judicial curioso. Hacía referencia a un simple perdón entre dos familias por culpa del enfrentamiento de sus hijos. Elvira García y su esposo Juan M,artínez de la Peña, en los años cincuenta del siglo XVI fueron los protagonistas junto con el paisano  Juan de Alcalá. Y los actores secundarios fueron sus hijos, por cierto, ambos llamados Alonso. Estos matrimonios se vieron involucrados en una pleito judicial, complicado y difícil de solucionar para la justicia de aquel tiempo. El hijo del primer matrimonio se encontraba en la cama, sin habla. El asunto era grave, su vecino Alonso, hijo de Juan de Alcalá, le había dado ciertas puñaladas con golpes, puñetazos duros y maduros, al otro Alonso, un niño de nueve años. Juan Martínez no se lo pensó dos veces, sino que, sin estar informado profundamente de aquel juego de niños, a tontas y locas acudió al alcalde mayor Miranda de Paz querellándose con el muchacho porque había apaleado a su hijo con golpes y estacazos y, ante el escribano Luís de Cáceres, se levantó el auto, dando lugar a que fuera apresado inmediatamente el hijo de Juan de Alcalá. Y no era raro el día en el que acudían a los curanderos e, incluso, a las santeras del lugar para curar aquel estado de pasmo que hubiera sido provocado por los malos espíritus, el mal del ojo o  algún que un susto superior a que cualquier persona humana puede superar. El médico Jarava se lo achacaba a cierto desajuste producido por las noches de la ciudad fortificada pasando del frío más profundo a los días calurosos de primavera. Pues no tenía explicación que una pelea entre mozos hubiera acabado en este estado tétrico de modo que se remontaba a buscar su etiología en seres superiores o fenómenos de envidia que se infiltraban en los cuerpos con sentido maligno. Sin embargo lo cierto era que el niño de Elvira había caído postrado en la cama, víctima del pasmo y anonadamiento de modo que rondaba los límites más dilatados de una conciencia. También, se presentaba como si fuera víctima del tétanos y se confundió con la rigidez ocasionada por esta enfermedad, que podría haber provenido de hierro del cuchillo de aquella pelea, oxidado y con mohín. Lo que si estaba clara que Alonso estaba más rígido que una tabla y los padres estaban hartos de acudir al galeno de la Plaza Baja y repetirle que el pasmus o el spasmos, como decían griegos y latinos, era una parálisis provocada por un enfriamiento tras sufrir una paliza que le calentó huesos y el cielo de la boca. Y, en parte llevaban toda la razón. Pues su hijo había sufrido unos golpes tan fuertes del hijo de Juan Alonso que los habían dejado pasmado. Aun más, cada día se agravaba el estado enfermo del niño, que estaban al punto del ultimo trance de la vida.   Juan de Alcalá no se conformaba con esta versión, menos aún con este triste y penoso veredicto judicial. Consideraba que era un asunto de chiquillos, que nunca podía ser fruto de una pelea entre una alternancia de golpes entre ambos, y salió malparado el hijo de Juan Martínez.
Y cierto día, cambió el panorama de esta triste situación. El niño habló y declaró la inocencia del pupilo de Juan de Alcalá. Juan Martínez se dirigió por la calle del Preceptor, llegó a la Plaza, entró en l Iglesia mayor , y rezo a la Virgen de la Antigua. Salió por la puerta del Perdón y, a través de la calle del Taller y de las Cuatro Esquinas, se dirigió a la Torre de la Justicia. Topó con Juan de Alcalá, hablaron entre ellos con voz baja y se mostraron muy efusivos como si quisieran anunciarse algo nuevo. Incluso se dieron las manos. Juan Martínez entró a la sala de audiencia y pidió comparecer ante el alcalde mayor.
Formaron el banquillo de los juicios y el escribano escribió esta declaración de Juan Martínez Yo, Juan Martínez de la Peña declaro que es verdad que mi hijo Alonso estuvo malo y a punto de la muerte a costa de esta enfermedad que le vinoporque Dios se la quiso dar, no de golpes ni malos tratamientos que le fuesen hecho mayormente”.  El final del relato estaba cantado, El padre del apresado saltó de alegría, el juez falló la liberación del hijo de Juan de Alcalá y Juan Martínez liberó su conciencia de esa pesadilla que le acosaba diariamente. Hicieron las paces entre ellos a pesar de que el niño había sufrido aquella enfermedad peligrosa.
Este relato me dejó pasmado como diría Alfonso Guerra. Y debió acontecer en muchos vecinos de mediados de aquel Siglo de Oro de Alcalá la Real.  El pasmo, hoy día, invade a las familias, a las vecindades, a los pueblos y a los conflictos más insospechados. Lo curioso de esta leyenda es su moralina, a veces se montan torres de Babel para explicar lo que es simple y sencillo, la etiología de un pasmo puede ser un catarro, un cambio de aires. Lo pernicioso es no curarlo con su correspondiente antídoto, pues nos puede dejar en la rigidez tétrica de la muerte.










lunes, 15 de julio de 2019

EL NIÑO DEL PASMO.Un relato del siglo XVI.PARA LEER EN VERANO.



 
En la capital de la sede abacial de la sierra jiennense, Elvira García era la mujer de Juan Martínez cuando corrían los años cincuenta del siglo XVI. Los había muchos con este nombre y apellidos en la ciudad de la Mota, entre ellos el famoso imaginero y su padre el bordador. Estos se apodaban Montañés. Pero aquel se distinguía por apodarse de la Peña. Su matrimonio se vio involucrado en una pleito judicial, complicado y difícil de solucionar para la justicia de aquel tiempo. Lo hicieron de común acuerdo. Su hijo se encontraba en la cama, sin habla. Y no era raro el día en el que acudían a los curanderos e, incluso, a las santeras del lugar para curar aquel estado de pasmo que hubiera sido provocado por los malos espíritus, el mal del ojo o  algún que un susto superior a que cualquier persona humana puede superar. El médico Jarava se lo achacaba a cierto desajuste producido por las noches de la ciudad fortificada pasando del frío más profundo a los días calurosos de primavera. No tenía explicación que una pelea entre mozos había acabado en este estado tétrico de modo que se remontaba a buscar su etiología en seres superiores o fenómenos de envidia que se infiltraban en los cuerpos con sentido maligno. Los físicos del lugar incluso practicaron un análisis de orina examinándola sobre una gota de aceite para ver sus consecuencias de dispersión si era fruto de frío o del calor.  Lo cierto que el niño de Elvira había caído postrado en la cama, víctima del pasmo y anonadamiento de modo que rondaba los límites más dilatados de una conciencia. Es verdad que mostraba algunos síntomas de dolor corporal y catarro, pero esto fue en los primeros días y podía achacarlo a los aires letales que corrían por el Bahondillo causando pasmos y vahídos intempestivos.  Pero, su hijo no era víctima de un simple resfriado, porque todo su cuerpo mantenía tensos los músculos de modo que continuamente le recomendaba la vela y el chavo para desentumecer el pasmo muscular.

También, se presentaba como si fuera víctima del tétanos y se confundió con la rigidez ocasionada por esta enfermedad, que podría haber provenido de hierro del cuchillo de aquella pelea, oxidado y con mohín. Lo que si estaba clara que Alonso estaba más rígido que una tabla y, de vez en cuando, efectuaba convulsiones involuntarias de los músculos. Se había quedado pasmado.Los padres estaban hartos de acudir al galeno de la Plaza Baja y repetirle que el pasmus o el spasmos, como decían griegos y latinos, era una parálisis provocada por un enfriamiento tras sufrir una paliza que le calentó huesos y el cielo de la boca. Y, en parte llevaban toda la razón. Pues su hijo había sufrido unos golpes tan fuertes del hijo de Juan Alonso que los habían dejado pasmado. Aun más, cada día se agravaba el estado enfermo del niño, que estaban al punto del ultimo trance de la vida.
El asunto era grave, su vecino Alonso, hijo de Juan de Alcalá, le había dado a su hijo del mismo nombre ciertas puñaladas con golpes, puñetazos duros y maduros, a su hijo Alonso, un niño de nueve años. Juan Martínez no se lo pensó dos veces, sino que, sin estar informado profundamente de aquel juego de niños, a tontas y locas acudió al alcalde mayor Miranda de Paz querellándose con el muchacho porque había apaleado a su hijo con golpes y estacazos y, ante el escribano Luís de Cáceres, se levantó el auto, dando lugar a que fuera apresado
 inmediatamente el hijo de Juan de Alcalá.

            Quedaba encerrado en la segunda planta de la cárcel real y no contemplaba, a lo largo del día, mas paisaje que él que veía por las abocinadas ventanas, un poco del barrio del Calvario, los aledaños de la torre de la Dehesilla y el encinar que rondaba los caminos de Priego. Se divertía, cuando le bajaban a través del óculo de la cúpula mudéjar la comida colgada en un caldero. Le dirigía improperios y burlas al carcelero porque simulaba la bajada de la cuerda y de pronto la volvía a tensar y subir para que no la alcanzara. Las palmas de las manos daban un forzado aplauso o se cruzaban al aire.
Juan de Alcalá no se conformaba con esta versión, menos aún con este triste y penoso veredicto judicial. Consideraba que era un asunto de chiquillos, que nunca podía ser fruto de una pelea entre una alternancia de golpes entre ambos, y salió malparado el hijo de Juan Martínez. Acudía  diario a la torre de la Imagen. Por eso se presentaba al alcalde mayor todos los días y le informaba dele estado diario de la víctima. Le insistía en que aquel niño sufría el espasmo universal, esta enfermedad que tenía cura y que no había causado su hijo Alonso.
No lo creía el teniente de corregidor y lo evadía diariamente. Cierto día, Juan de Alcalá se presentó al alcalde y le informó de que en casa de Juan Martínez se notaba cierta alegría en las caras. Le pidió que enviara al alguacil mayor y observara el estado del enfermo. Le prometió el alcalde mayor que lo intentaría hacer. Aquella mañana se hallaba muy concurrida la medina y pareció que con el sol primaveral había salido todo el mundo a la calle.  Juan Martínez se dirigió por la calle del Preceptor hacia la Plaza Alta, luego entró en la Iglesia Mayor rezó una oración a la Virgen de la Antigua. Salió por la puerta del Perdón y, a través de la calle del Taller y de las Cuatro Esquinas, se dirigió a la Torre de la Justicia. Topó con Juan de Alcalá, hablaron entre ellos con voz baja y se mostraron muy efusivos como si quisieran anunciarse algo nuevo. Incluso se dieron las manos.Juan Martínez entró a la sala de audiencia y pidió comparecer ante el alcalde mayor. Los saludó y cortésmente bajando la cabeza y le dijo.

-Buenos días, señor.

- Buenos días, Juan. Otra vez con el pasmo y sus consecuencias.

-No, mi señor. Traigo nuevas noticias.

- Dígamelas. No me venga como todos arrepentidos, se dan las paces, se pagan los servicios de los médicos y se rehacen sus amistades con el dinero. Y a Dios paz y Santas Pascuas.

-No, mi señor. Esta, en su caso de resurrección.

- Pues, hace poco las celebramos- le espetó el alcalde mayor.

-Voy al grano.
-Espere, espere. alguacil, que venga el escribano Pareja.

El alguacil cambió el color del rostro, algo notaba en la orden del alcalde. Se dirigió a la plaza Baja, saludó a los playero, al cerero, y al boticario que salía de su tienda de la muralla del Adarve. Subió las Escaleruelas, dejando atrás los tenderos de las Casas de Cabildo, y, se acercó a las tiendas de la Plaza. Entró en la tienda del escribano Luis Pareja. Y le conminó a que le acompañara.

-Asunto de riñas.

-¿No será el pleito entre los Alonso? Me huele que se han tornado las picas en Flandes.

- ¿Quién sabe? 

Forman el banquillo de los juicios y el escribano se sienta en la silla ante el bufete para escribir la declaración de Juan Martínez. Le ordena   el alcalde mayor que escriba literalmente todo lo que le ha manifestado en el intermedio  el padre del pasmado Alonso  y lo hace en estos términos:

Yo, Juan Martínez de la Peña declaro que es verdad que su hijo Alonso estuvo malo y a punto de la muerte a cosa de esta enfermedad que le vino…”. En este momento, se presentó Juan de Alcalá y le guiña a su tocayo dando muestras de alegría. El alcalde mayor se detiene y saluda al padre del encarcelado. Y le insta a que se espere, que parece que hay nuevas noticias.  Inmediatamente, le ordena de nuevo al escribano que prosiga la escritua de las declaraciones del padre de la víctima:“… que le vino porque Dios se la quiso dar”.

En este momento cambiaron los rostros de todos los presentes, nadie se creía que se hicieran aquellas declaraciones. Quedaron todos  estupefactos. Ahora, sí, que estaban pasmados. Se abrazaban entre los presentes. Lo impidió la autoridad judicial y obligó a que se reflejara todas las puntualizaciones:no de golpes ni malos tratamientos que le fuesen hecho mayormente”. El alcalde mayor pregunta a Juan Martínez:

-Cómo pudo ser esto para cambiar de opinión.

-Se lo digo, mi señor. Mi hijo ya habla.

.-Y qué ha dicho.

-Que el dicho Alonso, de Juan de Alcalá, no le hizo malos tratamientos ni le dio golpe alguno. Y así lo certifica, jura y antepone a Dios en todas sus palabras que es verdad.

-Bueno, necesitamos el testimonio médico.

-No es necesario, mi hijo ha sido visitado por el doctor Jarava y los otros médicos de la ciudad. No he escatimado dinero para  que prestaran sus servicios en la cura de sus enfermedad. Me lo han confirmado, mi hijo padece la enfermedad del espasmo universal, cuyos síntomas son los que está sufriendo postrado en la cama de mi casa, somos conscientes que es una enfermedad peligrosa y que puede morir.

-Pero, otro está sufriendo las penas impuestas de una pelea infantil -le espetó el alcalde.

-Que no, que ni los golpes, ni los malas tratamientos ni las heridas son fruto de la enfermedad. Por eso me he presentado ante usted, quiero solicitar la libertad del hijo de Juan de Alcalá. No fue el culpable. Ha sido víctima de mi precipitación. No quiero cargar sobre mi conciencia la ausencia de libertad y el apresamiento de un inocente

- ¿Sabes lo que significan sus declaraciones?

-Está claro que pido se le restituya la libertad, no se le imponga cosas que no hizo, y que es nuestra y agradable voluntad, que vuestra Señoría tenga por bien de dar salud al dicho Alonso, hijo de Juan de Alcalá.


Se levantan todos y el alcalde mayor ruega que se detengan las muestras efusivas del padre del encausado. Sin pensárselo dos veces, Juan Martínez alzó la voz y manifestó que el hijo de Juan de Alcalá ha sufrido una injusticia con su prisión y ratifica que le ha movido a retirar la querella con el apresado, Incluso, se niega a recibir indemnización alguna y le pide que suelte al muchacho preso.
No le queda más remedio al alcalde mayor, tras haber consultado las leyes y los pormenores del auto judicial solemnemente proclamar en un dos de septiembre de 1550:





-Declaramos y Confesamos que el vecino de esta ciudad Alonso, hijo de Juan de Alcalá, no tiene culpa ni tuvo culpa alguna de la enfermedad que de presente tiene e padece, el dicho Alonso, hijo de Juan Martínez ni le dio golpes ni hizo ningún mal tratamiento poco, ni mucho para que se diga que pueda padecer, que fuese para después sobrevenirle la dicha enfermedad. Le entrega el escribano el escrito de las declaraciones, el juez hace lo mismo con el fallo judicial de la libertad del hijo de Juan de Alcalá. Por otra parte, desea que se restablezca totalmente el otro Alonso, hijo de Juan Martínez.  Entretanto, el alguacil se dice interiormente " me siento totalmente pasmado”. 


domingo, 14 de julio de 2019

POBRE DE MI, POBRE DE MI, /LAS FIESTAS DE CAPUCHINOS/LLEGAN A SU FIN.//

Dice don Lope de Sola,
que escribió para este año
esta fiesta muy jocosa
En Alcalá , donde resido,
vive don Lope de Rosa,
y diréte, Cristi, esta cosa,
más ufana que  de él  has oído.






 Tenía este compañero
un equipo pedegrí,
que siempre pudo resistir
 contra mareas y viento.
En el deporte tenía puesto,
lo que se ha de jugar  conjunto,
los equipos siempre a punto:
y Juanma siempre dispuesto.
Hizo el tenis el estreno
y destacó de campeón;
Juanma Zafra de mayor ,
Y el niño Jose, de menos.




¿De qué taberna se atraxo?
Para celebrar el cabildo,
Casablanca es el sitio,
donde se acudió para el trabajo.

Por nuestro Señor, que es mina
la junta de anteayer;
renovó el nuevo ser
 y otro año se avecina

Si es o no invención moderna,
vive Dios que no lo sé,
pero grande sí que  fue
la gran y vecinaLcena.
Esto, Cristi, de la fotografía,
no es menester  alaballo,
-No le encuentro ningún fallo:
lo cuadra Paco García.


La salsa y el rokenroll
hizo su aparición a su hora
con Pedro y su gramola,
digna de veneración!
Porque allí llegan sedientos,
piden vino de lo nuevo,
cerveza tambien lo bebo,

yviandas gratis comemos.
Franco, fue, Cristi, su toque,
para arrojarse la bola;
en el padel mucho molan,
un grupo de gran estoque.

Qué Sabado tuvimos grande!
Qué con futbol y petanca!
las niñas , Cristi, destacan
entre senior e infantes.
Luego tuvimos el encuentro
Vino el Alcade Marino,
y entregamos con buen tino
trofeos y  emolumentos.













Echamos de lo trasañejo,
para que más gusto coman,
Dios los guarde, que así toman,
pinchos del agareno.


Mas di, ¿no adoras y aprecias
el Karaoke de canto fino?
¡Cómo cantaron vecinos;
cantos de mil esencias!
















¡Qué llena está de bailones!
la plaza  de capuchinos,
bailando entre los trinos,
y a reojo de mirones.
El corazón me revienta
de placer; del Sur y Norte 
¿Cómo les fue? , por su porte
toda la gente contenta.









Alegre estoy, vive Dios;
el domino es la cita
y la rana está ahita
de tragaRSEel chapón.




Pero son preguntas viles;
ya sé lo qué puede ser:
y es que falta el beber
para llegar a los fines.
Probemos la ensalada,
nos la preparó Rocío
con esmero y  tronío,
junto con la secretaria.

¡Qué enjudiosa , que nobleza!
¡Qué rancio gusto y olor!
¡Qué paladar! ¡Qué color!
¡Todo con tanta fineza!
Mas el melón a la traza
muy suave  va entrando,
y todos vienen preguntando
por el pastel que no falta.


Haz, pues, CriSTI lo que sueles
daca de la alacena
todo el café; hecha es la cena,
levántense los manteles,
Ya que, Cristi hemos cenado
tan bien y con tanto gusto,
parece que será justo
brindar por este año pasado
Pues sabrás, Cristi hermana
que este año cayó enfermo…
Las DOce dan, yo me duermo,
quédese para mañana.



























No falaron los amigos, del semderismo.



















 Y en medio conla Uned






























POBRE DE MI, POBRE DE MI,

LAS FIESTAS DE CAPUCHINOS

LLEGAN A SU FIN.
Con los campeonatos de dominó y de la rana, acabaron los campeontos y certámenes.
En fotografía, los premios han sido para Francisco García Pérez ( primero  y segundo de senderismo, y primero etnográfico); y Loli Siles ( primero de interés vecinal).
En fútbol sala, triunfaron los equipos de Huerta de Capuchinos( senior, alevín y femenino); en padel y tenis hubo gran participación de competidores.
La comida fue el broche de oro de la mano de Rocío, y la verbena tuvo su gran actuación con Norte y Sur en la noche del sábado.
En la asamblea se reeligió la Junta Directiva para el siguiente año.
Darle las gracaias a los vecinos, junta directiva, voluntarios, organizadores y ayuntamiento por la buena colaboración en el buen desarrollo de las fiestas de este año.
GRACIAS A TODOS