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jueves, 29 de septiembre de 2016

BATMALA, EL PSOE, LA UNIÓN MONÁRQUICAY LOS SOMATENES.

sELLO DE LA ÉPOCA DE FUNDACIÓN 
Si esta era su postura  con respecto a la ciudadanía, las líneas de la reforma administrativa emprendida por los nuevos concejales  se basaban en varios puntos : la ruptura con la política anterior del turnismo clientelista  y con el nombramiento partidista de los funcionarios por motivos ideológicos, la racionalización de las tareas eliminando cargos superfluos, y la denuncia de los privilegios y de todo tipo de desaguisados urbanísticos: claro ejemplo fue la denuncia de la casa que se levantaba en la carrera de las Mercedes cercana al convento de las Dominicas, porque no ofrecía la alineación adecuada. La alternativa de estos nuevos políticos se manifestaba claramente en la persecución del enchufismo mediante unas oposiciones y un concurso de oposiciones de carácter público y universal que conllevaba la profesionalización de los funcionarios. En sus intervenciones, el propio Batmala  defendía claramente: “la conveniencia de hacer una renovación del personal de las oficinas municipales a excepción del secretario que tiene derechos adquiridos y que se haga la reducción de plantillas que corresponda y en sucesivo se reglamente el servicio para que rindan el maximum de trabajo, anunciando los concursos para la provisión de cargos que correspondan”. El  nuevo sistema municipal y la aprobación de un nuevo Estatuto Municipal permitieron que se pusieran las bases para un funcionariado  que, en palabras del que por el entonces era el concejal Benavides” se les dé estabilidad y capacitación, se evitará que estén siempre amenazados de verse mezclados y haciéndoles tomar parte activísima en las luchas políticas, se verán defendidos del vendaval político que sobre ellos siempre está cerniéndose y les libraremos de tener que ser servidores mal retribuidos de algún bando o de algún caudillo”.    
            Batmala tampoco creía que no debía aplicarse  la política lastimera para solucionar los problemas acuciantes de la clase obrera, -la única que hasta ahora se había llevado a cabo, beneficencia y caridad-, sino que debían adoptarse  medidas serias y de gran calado. Por eso, era muy frecuente que acudieran al alcalde comisiones de obreros o se amotinaran en la plaza, y, a continuación, le presentaran un escrito para que los atendiera sus demandas. En, en este primer momento de su participación política, en concreto, el  31 de marzo de 1924, encabezó la protesta el republicano Eusebio Piñas. Pedía que el ayuntamiento les diera trabajo por encontrarse parados, y sin recursos  para sus familias, y, si no se les daba, que los alojaran los patronos[1]
. El debate entre los miembros municipales no se hizo esperar. El alcalde  era partidario de que se agotaran los fondos municipales en la Cocina Económica y luego alojar a los obreros. Frente a la Cocina Económica, recurso muy utilizado por conservadores y liberales en los primeros decenios,  los concejales más progresistas (Batmala, el socialista Frías y Gil) propusieron nuevas alternativas. En primer lugar deslindaron claramente lo que era política y caridad, porque no debía compararse a los verdaderos obreros con los pobres“vergonzantes o mendicantes”. Por eso, había que aplicar los fondos municipales hasta agotar el último recurso y obligar, en su caso, a los propietarios para que los alojaran estableciendo dos reales como cantidad  de participación diaria a pagar[2]. Sin embargo, otros concejales  mantenían las posiciones tradicionales. Pues eran partidarios de socorrer a los obreros sin pagarle nada, e, incluso, los hubo que propusieron  que se adelantara dinero por los concejales. Al final, se acordó el recurso de la Cocina, y el alojamiento valorado en dos pesetas por persona alojada sin ocupación, y dos y media por invertirlos en alguna tarea agrícola.

Ante este nuevo aire que se vivía en la vida municipal, pronto,  dimitieron los concejales monárquicos. Gregorio Torres Castillo, Julián Gil, Manuel Fernández Mendoza y Francisco Sierra Montañés. En su lugar, entraron los tecnócratas y liberales Francisco Rubio, Alonso Pineda y  Miguel Casanova y Bartolomé Laguna. 
Por el mes de mayo, se tomaron algunas medidas administrativas de delimitación de términos en la zona comprendida entre el caserío de Trujillos y  el partido judicial de Moclín y además, comenzaron las gestiones para adquirir el  Palacio Abacial ante la oferta presentada por el arcipreste de la localidad, don Antonio Montañés Chiquero[3]. Y, lo que fue una importante noticia en el ámbito nacional, la Real Academia de la Historia informó que aconsejaba la compra de  la estatuilla del Hércules, que había aparecido en Alcalá[4].


            EL PSOE

Por este tiempo, fue también noticia importante el alta de la agrupación socialista de Alcalá la Real dentro de la organización nacional del PSOE[5]. Junto con ella se integraron las agrupaciones jiennenses de Begíjar, Villacarrillo, Villargordo, y otras de importantes ciudades del ámbito nacional, como Manzanares, Montijo, Carabanchel Bajo, Orihuela, Torrevieja y Rentería. Supuso un paso significativo para el socialismo alcalaíno, por primera vez varios concejales socialistas, junto con los republicanos, accedieron a ocupar puestos del Ayuntamiento de Alcalá la Real. Al no existir antes de esta fecha,  una agrupación socialista definida orgánicamente y tan sólo una sociedad obrera, la de la Emancipación, no podemos constatar si ya estaba organizado el partido socialista aunque con una afiliación reducida en sus miembros y simpatizantes.. Lo cierto es que Salvador Frías, Esteban Gutiérrez  y Pablo Batmala ostentaron el cargo de concejal, atendiendo el primero a la línea emprendida por el comité del PSOE en el día tres de octubre del 1923, aceptando la sustitución decretada por el Directorio Militar de Primo de Rivera, en el que se integraban los concejales de los ayuntamientos por los denominados vocales asociados. No debió ser muy importante ni relevante su presencia, porque ya en el año 1924, el veintiocho de abril se nombró un  nuevo delegado gubernativo de la zona de Alcalá que emitió un edicto impidiendo la celebración del uno de mayo y exponiendo las medidas a tomar en caso de coacciones. Ello  no impidió que la Agrupación Socialista de Alcalá se fundara por estos meses, tal como aparece en El  Socialista, del 30 de junio de 1924.
No fue, durante este periodo, la participación de los socialistas y de Batmala  muy  significativa ni intensa, pero les sirvió de experiencia para futuras empresas que posteriormente se plasmarán con la II República. La razón era obvia. Todavía, mantenía gran influencia en el ámbito obrero, desde un punto de vista asistencial, la Sociedad  conservadora de la Paz, que protegía a los obreros asistencialmente. Curiosamente, en este tiempo formaba parte de ella Esteban Gutiérrez como secretario general del PSOE local y, por tradición familiar, ejercía su liderazgo  Salvador Frías[6]

MORAL Y COSTUMBRES 

Era muy frecuente, entre los movimientos de izquierdas, un moralismo austero,  que propugnaba una lucha contra el alcoholismo en muchos lugares de la provincia. Durante esta etapa, Batmala compartió   su agnosticismo y laicismo, al mismo tiempo que  una moralidad y una ética  austera  con el socialista Frías, pues no sólo propugna el control de los horarios de las tabernas, sino que no se cayera  en los vicios de la embriaguez, de lo que se aprovechaban los patronos para pagar menos a los obreros en estos lugares. Por eso, trató de que  se evitase el pago de los jornales en establecimientos públicos, prohibió el juego de naipes y la venta de alcohol restringiendo los horarios  de apertura y cierre a partir  de la nueve de la noche. El propio Salvador Frías  acusó a la  conservadora Sociedad Obrera de la Paz ante el delegado Gubernativo de no ajustarse a las leyes, pues, en  la calle de los Álamos tenían abierto un establecimiento donde se expendía bebidas a los socios fuera  de las horas  de cierre infringiendo las ordenanzas municipales  [7]
.           En el mes de junio,  con motivo de la aprobación de  la lista de clasificación  de quintos, todavía Batmala asistía a las sesiones municipales. Pero, en el mes de julio hubo una nueva sustitución de concejales entrando los banqueros y funcionarios por los conservadores y liberales. Dimitieron Gregorio Torres Rosales y Julián Gil; Francisco Sierra y Manuel Fernández Mendoza y entraron el industrial Francisco Rubio, Alonso  de Pineda y Miguel Casanova, junto con el maestro Rafael López y Bartolomé Laguna.  Las iniciativas del delegado gubernativo apoyando el nacimiento del nuevo partido, creado por el dictador Primo de Rivera, no complacieron a los sectores republicano.socialistas que vieron que no era sino un movimiento de derechas donde se refugiaron  todos los conservadores posteriores del maurismo. Acudió una representación alcalaína junto con la delegación provincial de Jaén a la Asamblea de Alcázar de San Juan, donde se dio forma a una estructura piramidal, en cuya cúspide estaba Primo de Rivera y  el directorio militar, y en la base la Asamblea. Sus principios fundamentales en contra del anarquismo, comunismo y materialismo, además,  ponían las bases para el golpe de estado del 1936.


LOS SOMATENES

            El día 16 de agosto, Pablo  Batmala acudió al  acto de la constitución del cuerpo del Somatén, que fue muy celebrado por la población alcalaína. Lo organizó el notario Rafael Azpitarte, cabo de la sección local. Anteriormente, este se desplazó a la estación de Espeluy  con varios concejales, el gobernador civil y, el diputado Sedano  para recibir al general Dabán, comandante general de los somatenes de la 1ª Región. El acto de Alcalá la Real se celebró con gran solemnidad y fue acompañado de una cohorte de jóvenes mujeres de la burguesía alcalaína  como madrinas del acto, a cuyo frente estaba Teresa Suárez. Tuvo lugar en el Paseo de los Álamos, donde el jefe de los somatenes hizo un largo discurso, basado en un canto a las juventudes rurales insistiendo en su pureza bucólica y en la defensa del apoliticismo, como política propagandística  emprendida por la Dictadura de Primo de Rivera. Continuó con la alocución de la madrina de honor, que ensalzó la bandera, enriquecida por los escudos bordados por las señoritas de la localidad y, además, solicitó que se le ofreciera a la Patrona de la ciudad. Como en todo acto extraordinario, hubo una manifestación cívica hasta la iglesia de Consolación, acompañada de la banda del Regimiento de Córdoba, un  banquete con discursos de Azpitarte,  brindis, y verbena vespertina[8].




[1] AMAR. Acta  del 31 de  marzo de 1924.
[2] AMAR. Cabildo Del 31 de marzo de 1924.
[3] AMAR. Registro del 18 de junio de 1924.
[4] JAÉN CRÓNICA DE UN SIGLO 1924. “Se trata de una figura d mármol blanco, incompleta, de un brazo y piernas, de 29 centímetros. Obra griega selecta, el Hércules pertenece al arte ático en su  periodo arcaico (s.VI a.C) y guarda una especial analogía en cuanto a la técnica del desnudo e interpretación del rizado filamento con el grupo de las Tiranicidas que existió en Atenas, obra de Antenor. Todo ello llevó al Museo Arqueológico Nacional para adquirir la pieza jiennense.

[6] EL SOCIALISTA. 30 de junio de 1924.
[7] AMAR.  Acta del 14 de julio 1924.
[8] NORTE ANDALUZ. Numero 95. 24 de agosto de 1924.0




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