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viernes, 6 de enero de 2017

SE MUEVEN DE NUEVO REPUBLICANOS Y SOCIALISTAS: 1935



           


En 1935,  los vecinos comentaban que “las derechas campaban a sus anchas”. La únicas voz sonante y con fuerza en la comarca era la del parlamentario y director general del  Ministerio de Agricultura, el paisano castillero Carlos Álvarez. Su influencia  era notoria y, a pesar de las rencillas pueblerinas,  el ayuntamiento de  Alcalá lo felicitó por el mes de abril, con motivo de haber ascendido al alto cargo ministerial anteriormente mencionado en Madrid. Lo mismo  hizo su pueblo natal, ya que fue nombrado Hijo Predilecto por la Sociedad de Labradores en el Castillo de Locubín.     
Durante este tiempo, las aspiraciones campesinas y sus reivindicaciones por nuevas tierras, mejoras sociales y salarios más progresivos quedaron a años luz  de los primeros años de la República. No es extraño que el diputado  jienense, Jerónimo Bujeda fuese requerido en las Cortes Españolas  por varios suplicatorios por la publicación de un artículo muy crítico con respecto a la nueva  situación política  y en consonancia con lo que respiraban los azañistas y los socialistas[1]. Se titulaba “Aunque sea cierto la reconquista de la República”. Sin embargo, por este año fue denegado el proceso judicial[2]
En palabras de Martín Nájera, el clima político se desenvolvía en estos términos  “el año 1935 estuvo marcado por el orden externo, por las gestiones nacionales e internacionales en pro de la conmutación de las penas e muerte y la liberación de los presos, y n el orden interno, por la polémica sobre el retorno de la actividad parlamentarias y la recomposición de la alianza electoral de republicanos de izquierda”[3].  Por eso, se trataba de coartar la libertad y cualquier iniciativa de renacimiento de los partidos de izquierdas y, continuamente,  se alarmaba a la población cuando  comenzaban  las sociedades obreras a denunciar y  a organizarse tal como lo hacía el Eco de Jaén con motivo de la denuncia de los tipógrafos de Madrid en el mes de marzo[4]
 En el ámbito local, con la ausencia de republicanos de izquierdas y socialistas de la corporación municipal alcalaína, desapareció el debate político de la corporación alcalaina, pues  ningún asunto municipal era debatido  entre los diversos miembros de la coalición radical-agrario-cedista. Comenzaron a formar una piña, en la que ya ni siquiera se marcaban las diferencias entre los monárquicos y las distintas gamas de los republicanos de derechas. Además, para acallar cualquier intento de rebelión externa, se abrió un expediente  contra los concejales destituidos y el propio gobernador civil recabó datos sobre su conducta en los meses que compartieron labores de oposición dentro del ayuntamiento[5]. Ya las fórmulas no respondían a una visión social de marginar la pobreza, se volvía a las antiguas medidas con la instalación de la Cocina Económica en el Palacio Abacial y,  la instalación de la Oficina de la Gota Leche en la calle Real, obra de Manuel López Ramírez. Para atraerse a las fuerzas de orden y seguridad, se arreglaban las dependencias judiciales[6] y se homenajeaban a las fuerzas de orden público. Y, para redondear su política, trataban de  poner en marcha nuevas obras como el Puente Suárez o la reparación de la Plaza del Ayuntamiento.
En la vida de sociedad, la cultura se refugió a los antros elitistas, de casinos y círculos recreativos. Entre ellos, con un viso de profesionalidad e independencia, destacaba entre la clase media el Club de “La Amistad”, situado en la calle de los Álamos y  regentado por Manuel Torres. Este centro, en concreto,  no era sino un cambio de fachada del Círculo Conservador Obrero de la Paz tiñéndolo de un tinte profesional para aparentar independencia política y apertura a la sociedad. Y, en parte que lo consiguieron, porque allí acudían  muchos vecinos a las horas de asueto y en las fiestas tradicionales. El periódico de la Mañana, órgano derechista de los agrarios, recogía todas las noticias sociales de Alcalá escritas por un corresponsal poco comprometido y  muchas de ellas procedían de estos locales. Allí, se celebraron los carnavales de 1935, sin la intervención de comparsistas, y con un tono versallesco amenizado por la orquesta granadina “Melody Jazz” que interpretaban blues, danzones, tangos y faxctrop, al mismo tiempo que se servía una cena fría y se interpretaban algunas copillas de carácter literario[7]. Por eso no nos extraña que el órgano tradicional  Eco de Jaén  ofreciera una columna con el titular “El Carnaval ha muerto”[8].
Además, se pusieron de moda en la localidad  por parte de las clases medias   los viajes turísticos a las capitales de provincia y, entre la juventud,  la práctica del deporte del football, en la  que un equipo local competía con los de los pueblos comarcanos en las eras del Coto, subvencionado por el Ayuntamiento[9].  
Tan sólo, se requirió el traslado del Archivo Eclesiásticola C.E.D.A. La normalidad alcanzó, incluso, en el campo religioso. Claro testimonio son las palabras del erudito y arcipreste Montañés Chiquero:

del Palacio Abacial, que pudo salvarse del posterior incendio y destrucción de documentos, pero el párroco pidió varias prórrogas que dieron lugar a que no se  trasladara a la capital del Santo Reino.  En la calle, en suma se respiraba  un clima de conformismo y de aceptación ante el nuevo orden impuesto por las autoridades locales de

“Alguna vez pudo creerse que ese fuego estaba del todo muerto; más sólo eran apariencias. Sólo era, al parecer el fuego sacro que Nehemías hallara escondido en el fondo del pozo, y al cabo de largos años, dio señales de vid, al despuntar la Aurora, provocando voraz incendio.  De igual manera, el fuego de la devoción a nuestra Virgen, escondido en las cenizas de la ignorancia, de la sensualidad, de la ambición  y demás humanas pasiones, al toque de la gracia del Sol divino, surgió potente, esplenderoso y triunfador. Siempre fue esa devoción para nuestro pueblo como el hilo de oro, invisible conductor de la gracia y caridad cristiana, y para muchos desdichados, el único elemento que les unía a Dios ......en las últimas pruebas porque pasó la fe de este pueblo , la maldita vergüenza y el temor mundano habían regresado y escondido la bendita luz y ese calor celestial, convirtiendo a muchos creyentes en hijos pródigos y en “perros cobardes”; pero cesó la tormenta, amaneció el Sol de la fe y  la Virgen de nuestros amores, el Faro de nuestra Esperanza volvió como nunca a brillar en las calles de esta ciudad para que millares de gargantas enronquecieran, aclamando a su Reina  y Madre de las Mercedes[10]”  



[1] SANTOS  JULIÁ. Op. cit. Pp.300-427.
[2] EL SOCIALISTA. 20 de junio de 1934. La denegación por las Cortes 5.II.35.
[3] MARTÍN NÁJERA pp. 485
[4] ECO DE JAÉN. cinco de marzo de 1935.
[5] AMAR. Registro del cuatro y veintiséis de enero de 1934.
[6] AMAR. Manuel López Ramírez cobró en 1934, el arreglo de la Cocina Económica y la solería del Juzgado de Instrucción.
[7] LA MAÑANA. Nueve de marzo de 1935.
[8] ECO DE JAÉN. 4 de marzo de 1935.
[9] LA MAÑANA. Ocho de abril de 1934.
[10] MONTAÑÉS CHIQUERO, A. La Virgen de las Mercedes, patrona de Alcalá la Real. La Mañana. Suplemento del 14 de agosto de 1935.Pp-8

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