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jueves, 26 de enero de 2017

CANTERA BLANCA en Alcalá la Real Ideal




            Nuevo año, nueva serie de artículos. Iniciamos hace años nuestra colaboración con este medio, y proseguimos con mucho gusto con otra  nueva. De los meses  del año y refranero pasamos a los miradores y la torres para acabar el último año con el capítulo relacionado al sintagma entrecorchetado entre dos lugares o dos temas de nuestro derredor. Alcalá la Real es un municipio singular, como lo es Priego de Córdoba; ambos no pueden concebirse sin su entorno rural. Alcalá es la ciudad y sus aldeas, sus núcleos dispersos en la pie de la paloma desplegada  que forma  su territorio.  Y Alcalá se despliega en el plano de las calles que se extienden desde el cerro de la Mota hasta la Cruces y desde el Llano de las Aves Frías a la Tejuela, pero no pueden olvidarse las calles de campo que, antaño, salían de la fortaleza de la Mota y alcanzaban los núcleos más dispersos, a través de caminos, veredas y senderos. Recorrer los campos alcalaínos es percibir los peldaños de una historia que, en algunos casos, se remonta a siglos anteriores a la prehistoria. Este es el  caso del partido de campo de Cantera Blanca, que era como se llamaban las divisiones territoriales que se implantaron desde el siglo XVII. Como una manilla del reloj, los caminos radiales  servían  de cuadrante espacial para ejercer los servicios o cumplir los deberes cívicos, y al mismo tiempo cimentó la conciencia de pertenencia a la tierra chica. Entre las divisiones de los 12  partidos de campo de la comarca o municipio alcalaíno, destacaba, a mediados del siglo XIX,  el de CANTERA BLANCA, compuesto por varios núcleos: dispersos como el de Villalobos, el de Cantera Blanca y el propio de la Pedriza, que actualmente  da nombre a los dos últimos en detrimento de Cantera Blanca y la separación como aldea de Villalobos.  Escribimos lo siguiente  sobre sus tierras: "Geológicamente corresponde, como todo el término municipal de Alcalá la Real, por el corte desde el Menchón hasta la Hondonera al Mioceno y a la subdivisión del Subbetico septentrional y  meridional, en el  que  se detectan varias fases tectónicas de mayor o menor intensidad- la de mayor intensidad durante el Tortoniense (...) es un paisaje alomado y plano, donde aparece una gran llanura proveniente de la acción de varios arroyos y barrancos que coinciden en esta área. Junto a cabalgamientos de materiales sobre materiales triásicos  encuentran alomamientos de margas del Cretácico y Terciario.. O por la parte Norte de la Sierra  se pueden encontrar cerros testigo pertenecientes a restos no erosionados de cabalgamientos superficiales de unos materiales sobre otros. Son tierras de muy buena calidad, pertenecientes a la zona suroriental del término de Alcalá la Real, formado por un conjunto de colinas cortadas de  barrancos,  cañadas y vertientes de aguas llovedizas, cuyas partes más llanas  se roturaron y se convirtieron en tierras de secano, productoras de cereales, las cuales, actualmente, han sido conquistadas por el  olivar en su mayor parte, salvo las partes de las cimas que conservan la vegetación y flora del monte mediterráneo con predominio del encinar (Camello) y algún que otro quejigo, alcornoque, y  fresno y algunas zonas de huertos y hortalizas junto a los arroyos y pozos de extracción artificial que producen hortalizas, arbolado de frutas, alamedas, etc. "
            Pasear por las tierras de Cantera Blanca es palpar la huella del homo neanderthalensis en los cerros cercanos al Castellón, embaucarse en el espíritu legendario de las alquerías musulmanas de Fuente Nubes y Bajacar, pisar las tumbas de los pueblos de la Edad de los Metales en el Llano de los Muchachos, comprobar la huella histórica en los extensos campos y los cortijos  de los primeros repartimientos del rey Alfonso XIII en las cercanías de la actual Cantera Blanca y, posteriormente, los de Carlos V junto a las riberas del arroyo de Palancares. Adentrarse por los cerros que suben a la cruz de Matute es comprobar que la naturaleza transformó aquellos cerros mediterráneos en planteras de olivos de los cortijos como La Perrera. Cantera Blanca es un paisaje que cambió una zona cerealística, residual en las zonas más llanas, en un mar de Minerva y amuñuñado por algunos  rincones de encinares. Mantiene el acceso a los pueblos norteños de la provincia de Granada a través del  camino de Agreda y de Carboneras y los que conectan con el de los playeros. Pero , siempre con el encanto de que lo rural no se ha visto invadido por las urbanizaciones de segunda vivienda de otros lugares del municipio alcalaíno. Ceres venció por estos terrenos al urbano Mercurio.
            En el siglo XXI, el núcleo de Cantera Blanca es un canto de cisne dedicado a un sitio que fue el centro de aquel entorno y partido, con la capilla casi desparecida, y  en otros tiempos desde el siglo XVI dedicada a la Santa Cruz. Es un campo de esparragal  sobre los restos de piedras de la cantera blanca que surtió a los canteros de las portadas de los edificios religiosos del patrimonio alcalaíno. Las roturas o recuras, como lo denominan los vecinos del lugar, cultivan aquellos campos que dejan entrever algunos cerezos y membrillos  entre los olivos.

Cantera Blanca se yergue como testimonio histórico de la influencia del sector primario en los núcleos rurales. Otro modelo son  los núcleos que surgieron de ella : La Pedriza y Villalobos. El campo y el preludio de villa.    

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