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sábado, 20 de septiembre de 2014

HOY, TOROS, CON NUESTRO PAISANO Y EL CÓDOBÉS, (ii)


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A JAVIER GONZÁLEZ

En su tarde de toros en Santa Ana, 2004

 

Francisco Martín Rosales

 

 

 

 

En la  ermita está La Abuela,

Rezando por el mozuelo,

 mientras María le borda

La capa  para el  toreo.

 

 Su madre lo ha vestido,

Con gran primor y esmero,

Pues en  Santa Ana se estrena,

Con gran  fervor de su pueblo.

 

Acuden de todas partes,

-aldeas, cortijos y pueblos-

la bandera de la plaza,

Fija una entrada de lleno.

 

Abanicos de colores,

Ventilan el coso, y el ruedo

De tierra negra refulge

Entre palmas y redobleos.

 

Sale Javier por la puerta,

Con porte  majestuoso,

Lo acompañan al paseíllo

En medio de alborozo,

Un novillero elegante,

Y otro principiante mozo.

 

El Niño que juguetea,

Con los adornos  de seda

 Con mimo a  su Madre  pide

Que al novillero proteja. :

 

Observa al de Guadaira,

Y le cubre todos  los quites

Como es buen compañero

En  varas, le ayuda y asiste.

Elegante y  señorial

Con la izquierda repite

Naturales de dulzura,

Bella lección que admite.

 

La Madre  borda una escena  

De filigrana y   colores,

-un torero en una plaza y

La Virgen con un capote-

 

 

 

 

 

Cuando le toca la suerte

Y de nuevo el toril se abre.

Un bello toro de estampa

Con su capa, para y atrae.

Valiente como ninguno,

Lancea con mimo y arte,

Mientras su gente le aplaude

Su valor y su donaire.  

 

 

Rezan el Niño y la Abuela,

Y le dicen a su Madre:

-No te olvides de Javier

y encomiéndalo al Padre.

 

Lo fija en el primer pase,

Lo porfía  y lo acosa

Al toro, entre encuadres

Fija, burla  y  alborota.

En otros lances, le juega,

 entre olés y bellas notas,

Se alboroza y se recrea.

¡Torero! La gente anota.

 

Cuando el Niño se pincha

Con el alfiler de su Madre,

La Abuela le da un pañuelo

Para que le  quite la sangre.

 

Una banderilla salta,

El novillero la esquiva

Y la punta va se clava.

 En el ruedo, azul y  lila.

Un doble giro de mano,

El morlaco cambia y dribla,

Pasa entre pecho y cuerpo,

Una  micra de asta fina.

 

La Madre acaba el capote

Y pone en parte del centro,

Una espada y una corona  

 Para su rey,  bello cetro.

 

Se para, y el toro dobla,

Dulcemente se cimbrea,

-entre la espera y e silencio-

El padre en la barrera,

Invoca a la Patrona,

Le ayuda y le jalea.

El puntillero  ya afina

Aceros de hoja argéntea.

Hasta el puño, ya la espada,

Al toro va y le propina.

Trofeos,  alegría y lágrimas.

Mientras Javier camina

 

Un pasodoble se entona

Mientras el Hijo y la Abuela

aplauden ya en la ermita

Y ponen al Señor una vela.

María, prudente y madre

De escudo  pone montera

Y le encomienda al Padre

Que remate la faena. 

 

Se anuncia  ya una tormenta.

Con el cielo encapotado,

-        llora el padre y la madre-

tuvo  a la Abuela a su lado

 

Y, se levanta un  torbellino

Elevando hacia el cielo

El traje de aquella tarde,

Como enseña de trofeo.

 

 

 

  



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A JAVIER GONZÁLEZ

En su tarde de toros en Santa Ana, 2004

 

Francisco Martín Rosales

 

 

 

 

En la  ermita está La Abuela,

Rezando por el mozuelo,

 mientras María le borda

La capa  para el  toreo.

 

 Su madre lo ha vestido,

Con gran primor y esmero,

Pues en  Santa Ana se estrena,

Con gran  fervor de su pueblo.

 

Acuden de todas partes,

-aldeas, cortijos y pueblos-

la bandera de la plaza

Fija una entrada de lleno.

 

Abanicos de colores,

Ventilan el coso, y el ruedo

De tierra negra refulge

Entre palmas y redobleos.

 

Sale Javier por la puerta,

Con porte  majestuoso,

Lo acompañan al paseíllo

En medio de alborozo,

Un novillero elegante,

Y otro, principiante mozo.

 

El Niño que juguetea,

Con los adornos  de seda

 Con mimo a  su Madre  pide

Que al novillero proteja. :

 

Observa al de Guadaira,

Y le cubre todos  los quites

Como es buen compañero

En  varas, le ayuda y asiste.

Elegante y  señorial

Con la izquierda repite

Naturales de dulzura,

Bella lección que admite.

 

La Madre  borda una escena  

De filigrana y   colores,

-un torero en una plaza y

La Virgen con un capote-

 

 
Cuando le toca la suerte

Y de nuevo el toril se abre.

Un bello toro de estampa

Con su capa, para y atrae.

Valiente como ninguno,

Lancea con mimo y arte,

Mientras su gente le aplaude

Su valor y su donaire.  

 

 

Rezan el Niño y la Abuela,

Y le dicen a su Madre:

-No te olvides de Javier

y encomiéndalo al Padre.

 

Lo fija en el primer pase,

Lo porfía  y lo acosa

Al toro, entre encuadres

Fija, burla  y  alborota.

En otros lances, le juega,

 entre olés y bellas notas,

Se alboroza y se recrea.

¡Torero! La gente anota.

 

Cuando el Niño se pincha

Con el alfiler de su Madre,

La Abuela le da un pañuelo

Para  quitarle la sangre.

 

Una banderilla salta,

El novillero la esquiva

Y la punta va yse clava.

 En el ruedo, azul y  lila.

Un doble giro de mano,

El morlaco cambia y dribla,

Pasa entre pecho y cuerpo,

Una  micra de asta fina.

 

La Madre acaba el capote

Y pone, en parte del centro,

Una espada y una corona  

 Para su rey,  bello cetro.

 

Se para, y el toro dobla,

Dulcemente se cimbrea,

-entre la espera y el silencio-

El padre por la barrera,

Invocando a la Patrona,

Le ayuda y le jalea.

El puntillero  ya afina

Aceros de hoja argéntea.

Hasta el puño, ya la espada,

Al toro va y le propina.

Trofeos,  alegría y lágrimas.

Mientras Javier camina

 

Un pasodoble se entona

Mientras el Hijo y la Abuela

aplauden ya en la ermita

Y ponen al Señor una vela.

María, prudente y madre,

De escudo  pone montera

Y le encomienda al Padre

Que remate la faena. 

 

Se anuncia  ya una tormenta.

Con el cielo encapotado,

-        llora el padre y la madre-

tuvo  a la Abuela a su lado

 

Y, se levanta un  torbellino

Elevando hacia el cielo

El traje de aquella tarde,

Como enseña de trofeo.

 

 

 

  

 

 

 

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