Acuerdos de procesión y e enterramiento entre los pasos y la cofradía
Aunque permaneció este mismo encargado en los años sesenta, en 1763, Juan Chiquero fue nombrado para dirigir y organizar el paso de los Apóstoles. Pero, lo importante no fue que se mantuviera este paso junto con otros, sino que recibieron nuevas prerrogativas por parte de la cofradía, como se especificaba en 1766, siendo encargado Juan Grande. Partió de los pasos de los Azotes, judíos y del resto de los Gallardetes que pretendían que se les concedieran los mismos derechos que a la compañía de soldados, a la que se les había concedido, de modo que obtuvieron nuevas prebendas. Pues se les aumentaron hasta seis hachas de cera para la asistencia de los entierros y se reservaron 42 reales de vellón para 18 misas rezadas y una cantada con motivo de la muerte de uno de los hermanos de gallardete o cuadrilla, mujeres e hijos. No lo alcanzaron este año por faltas de recursos, pero, al siguiente, se renovó este mismo compromiso de acompañar con seis cirios a los hermanos de la cofradía, Soldados, Sinagoga, Apóstoles y demás pasos que componían la procesión. Por cierto que el paso de los apóstoles tenían a su cargo a José de Viana.
Una nueva familia de encargados: los
Espinosa
En
1768, era el encargado del paso Eulogio Espinosa, y junto a las imágenes del
Cristo de la Columna, la Cruz, Cristo de
las Penas, San Juan y Nuestra Señora de la Soledad, todavía desfilaban los
pasos de los Azotes ( a cargo de Antonio Hidalgo), y el de
los soldados a cargo de Manuel Aguilera, que se había pasado de la cofradía del
D.N.J.
En
1771, se inauguró un nuevo decenio y siguió como encargado Eulogio Espinosa, que
fue acompañado en 1772 por Juan Callejas, a cargo de los Azotes y, en 1774, la
compañía de los soldados a cargo de Juan
García. En 1775, se mantuvieron los pasos de los Azotes,
de los Soldados y el de los Apóstoles; este último a cargo de Juan García. En
1778, un miembro de su familia de Francisco
Hinojosa asumió el cargo.
En
tiempos del abad Mendoza y Gatica
En
el decenio de los ochenta, se constata la existencia del Paso de los Apóstoles
en la cofradía de la Veracruz. Pero en 1781, ya no existían pasos algunos en la
manifestación religiosa del Jueves Santo,
debido al rigor que implantaron algunos provisores y abades. No obstante, en 1784 Juan de la Cruz asumió
el cargo y en las actas se alude que se
extinguió el paso de los Planetas, pero dicho paso despareció por completo en
este año. Su carácter singular y único dentro de la Semana Santa presentaba una
nota especial a la Semana Santa alcalaína. Sus cuadrilleros iban vestidos como
los grandes cabezudos con rostrillos
de cabeza de astros simulando al
universo y sus vestimentas se asemejaban a las de las danzas de cascabel
lustrina y tapiz. Paro era un paso que se parecía más bien a una danza del
Corpus que realmente podía salir en una procesión seria de Semana Santa. De ahí
que este año se prohibieran definitivamente , porque “ servía más de perturbación que de edificación catequética”. Además
había caído en personas timoratas que afeaba su concurrencia de modo que
primero la propia cofradía les ordenó que se abstuvieran de salir rompiendo
todo tipo de lazos y compromiso y luego fuer ratificado este acuerdo por el
propio Vicario Abacial.
Por
otra parte, de nuevo en 1785 Eulogio Espinosa asumió el cargo del paso de los
apóstoles hasta 1788, fecha en que
Francisco de Arroyo asumió las
riendas que dejó al principio del siguiente año y decenio para Antonio Arroyo.
Sin embargo, a finales del siglo
XVIII, estaban casi extinguidos y prohibidos los pasos de todas las cofradías que sacaban procesiones
de Semana Santa; no obstante, y el abad dio la posibilidad de constituirse en
hermandades y sacar sus insignias, gallardetes y cuadros. Dicho decreto tuvo
lugar el veinte de febrero de 1782 por parte del abad Esteban Lorenzo de
Mendoza y Gatica. En 7188 el propio provisor envía una carta de provisión en la
que aclaraba la posibilidad de los nuevos gallardetes o personas. Esto conllevó
una gran labor normativa. Aunque el
decreto abacial viene referido a la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús, algo
pareció debió suceder al resto de hermandades y gallardetes Steniendo en cuenta
que la cofradía de la Veracruz estaba gobernada y representada en sus cabildos
por el provisor, lo que obligaba cumplir con mayor obediencia la normativa
abacial. Primero, lo hizo con a las hermandades y pasos que se integraran en la cofradía, y que se consideraran dentro del Cuerpo regido
por las constituciones aprobadas por el
abad; y, por otra parte, con la probabilidad de que algunos gallardetes quisieran separarse. Para ello exponía. " y por lo que a las Cofradías o
gallardetes que hasta ahora se habían entendido tener agregación a la Cofradía
de Jesús; pero, es curioso que, si quisiesen
en adelante retener la distinción de estandarte y gallardete, con
separación, como queda dicho, de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús, deberían
realizar cada una los tratados y conciertos con la Comunidad religiosa , y se
pasará aviso a su R.M.P. sin cuya aprobación serán de ningún valor, como los
las anteriormente hechas sin las legítimas licencias". Por otro lado,
había que dar acuerdo del orden procesional al gobernador de la abadía de modo se controló con todo rigor el funcionamiento cofrade a través de las
normas impuestas. Esto a veces provocaba un conflicto ente el abad y
los miembros de las cofradías, el prior, los gallardetes y pasos. Sobre
todo, con estos últimos, como sucedió en 1789, siendo hermano mayor del Juego
de Pilatos, la Túnica y Sinagoga Fernando de Salinas, que todavía no habían
sido aprobadas las licencias necesarias
y necesitaban el permiso abacial para poder salir en la procesión. Contando con que el corregidor también
ordenaba lo mismo. Y se daba el caso de que aparecían los soldados, los
judíos y los apóstoles, unos descubiertos
y otros tapados, algunos con túnica y muchos sin túnica[1],
lo que era fruto de que debieron existir
unos años de permisividad, de tal manera que tan sólo debieron ejecutarse más
duramente en tiempos del Abad Palomino
Los
apóstoles y el abad Palomino
El
punto de máxima decadencia del paso de los apóstoles tuvo lugar a partir del
mes de abril de 1791. El abad Palomino
Lerena publicó y fijó en las puertas de las iglesias un edicto, por el que se
prohibía salir todas las procesiones de Semana Santa bajo amenaza de excomunión mayor a todos los cofrades, hermanos
y cofradías que participaran en dichas
manifestaciones religiosas, lo que afectó a la procesión del Jueves Santo de la cofradía de la Veracruz por primera vez
desde su erección canónica allá a mediados del siglo XVI.
El
hermano mayor Florencio Serrano convocó la Junta Directiva, a la que acudieron
varios escribanos e hidalgos de la ciudad ( José Gutiérrez Hinojosa, y José
Gutiérrez Nieto, Antonio y Juan Gutiérrez García, José Antonio Núñez) jurados
como Alfonso Ruiz Ruano, Antonio López Nieto,
Felipe Cabrera y Juan Muñoz
Peñalver, y regidores como Nemesio de
Torres y miembros del cabildo eclesiástico como José Suárez. Pronto se pusieron
mano a la obra sin ninguna divergencia: por un lado, obedecían y prometían
cumplir el contenido del decreto de modo que dispusieron comunicarlo a los
padres de ánimas y encargados de los pasos y gallardete; por otro lado, se les hacía desistir a todos de la salida en
la procesión. Como es lógico, esta medida afectó a la salida del paso de los apóstoles. No obstante, se nombró
a José Gutiérrez Hinojosa para que se emprendieran acciones jurídicas para que pudieran al
fin restablecer los derechos que le
asistían.
No
debieron andar bien los autos, porque no pudo celebrarse un cabildo convocado
para el 17 de abril de 1791 y, además, el propio presidente de la Chancillería
colaboró con esta medida escribiendo una carta al juez real o corregidor para
que colaborase con el abad a la hora de reprimir o zanjar cualquiera alteración del orden
público. El 9 de junio del mismo año, el
abad Palomino visitó la iglesia de la Veracruz y cedió la iglesia, que era
propia de la Cofradía, a la Santa Iglesia Mayor de la Mota con todas sus
dependencias ( sacristía, patio de comedias..) salvo el patronato de la capilla
mayor con el panteón y la bóveda establecida debajo del altar mayor para que usaran el pavimento y entierro todos los individuos de la cofradía. Se
hicieron obras en su altar mayor y se trasladó el Santísimo Sacramento al
Sagrario prohibiéndose llevar a cabo misas en el altar hasta que se purificase
dicho altar y se sacaran los cadáveres.
No obstante, se permitió a la cofradía elegir un lugar dentro de la iglesia
para conservar el privilegio que tenían como patronato de enterrar a los fallecidos
entres sus cofrades y hermanos de gallardetes y pasos. También afectó la medida
a las cofradías de la Virgen del Carmen, de la Alegría y de la Aurora que se
hallaban ubicadas en el templo y tuvieron que salir del templo, esta última a
la iglesia de la Caridad. Eligieron como el lugar más decente para panteón y de menos costo “ la bóveda de la nave en medio
de la citada iglesia y por bajo
del plan de la dicha capilla mayor, por ser del mismo tamaño a corta
distancia del panteón prohibido”. Un mes después, el nuevo hermano mayor
Nemesio de Torres se quejaba del abandono
de los documentos y el impago de las rentas procedentes de censos,
memorias y fundaciones y, la Junta de la
cofradía le dio los poderes para que
ejerciera todas las acciones jurídicas pertinentes hasta ser restituidos de sus
bienes. Pero, no solo afectaron las obras a la colocación del Cristo de las
Penas en el altar mayor ocupando el nicho de la Santa Cruz y dejando los otros
nichos para la Soledad y San Juan, sino que se excusaron de afrontar gasto
alguno en todas las obras y adujeron las numerosas obligaciones que tenían de cera para los entierros de sus
individuos, mujeres y sus hijos y para
la demás hermandades y gallardetes de la cofradía de la Veracruz.
A
partir de este año, la cofradía decayó y se perdieron todos los documentos
hasta tal punto que ni siquiera fueron capaces de reconocer que sus vida
alcanzaba hasta 1550, sino que solo llevaban dos siglos y realizaban la procesión
de Jueves Santo tan devota, seria y respetable que servía al público de objeto
de la mayor contemplación y devoción con el Cristo bajo la advocación de las
Penas, la del Señor de la Columna y Nuestra Señora de la Soledad. Y no olvidaron nunca la celebración de la
Santa Cruz a primeros del mes de mayo con toda la solemnidad, acompañamiento de
capilla de música en la función de iglesia y orquesta en las vísperas y día de
fiesta para regocijo de los hermanos, devotos y vecinos.
Estas
medidas y estas nuevas circunstancias de
traslado de la parroquia de Santo Domingo de Silos a la iglesia de la Veracruz
afectaron a la procesión del Jueves Santo, porque salían solamente los
penitentes con túnica sin participación de pasos como los Judíos, Azotes y Apóstoles.
Y afectó a la vida de la cofradía de la Veracruz que, al trasladarse esta parroquia,
se entró en un litigio con la organización de la Semana Santa, en concreto Jueves
Santo y con los enterramientos. Pero los
pasos no debieron perderse. No querían perder este aspecto
tradicional y así manifiestan en 1792. Sirva este ejemplo de la cofradía del
Dulce Nombre de Jesús, que defendió a ultranza la salida tradicional en
contraposición de otras formas de salida sin rostrillos ni vestidos antiguos,
que causaban el escarnio y burla: "En
la ciudad de Alcalá la Real a diez y nueve de junio de mil setecientos noventa
y dos años, estando juntos en el Convento del Rosario Orden de Predicadores,
juntas las dos Cofradías de Madre de Dios y del Dulcísimo Nombre de Jesús,
convocadas a toque de campana para tratar con los que tienen a su cargo los
Gallardetes si han de salir n la procesión en los términos que expresa el
Decreto del Sr. Illmo. el obispo Abad de esta ciudad y inteligidas de su
contenido, de unánime consentimiento
dijeron todos que de ningún modo quieren salir en dichos términos y sí en
los que hasta de presente se han acostumbrado, con el distintivo de cada
gallardete que le corresponde, vestido el Apóstol de Apóstol, y el Discípulo
como Discípulo, cuyas vestimentas arregladas y lo mismo las de los Judíos
representan el Sacrosanto paso de Nuestra Redención, siendo notorio en muchas partes la Derogación con que se
practican en esta Ciudad los referidos pasos que de tiempo inmemorial se
ejecutan en ella, y sin ellos serían las procesiones más de risa que de
Devoción. Y visto por las Cofradías que sin estos ramos de ningún modo le
es factible sacar la procesión que les corresponde el Viernes Santo, aunque es
la principal de todas. Desde luego discriminan que se guarde la costumbre
inmemorial o que de lo contrario no salga dicha procesión "[2].
Pues debían salir con túnicas negras o moradas, si querían acudir a la
procesión del Viernes Santo. En año
1793, se conforman con estas normas , todavía aparece la Sinagoga en lugar del
Ecce-Homo a cargo de Valentín Valenzuela y Juan Ortiz. Estos hermanos todavía fueron reticentes, al
principio, y querían salir como era costumbre: desarrollando los pasos y no a
la manera respetuosa que imponía el abad. Así, lo manifiesta Blas de Córdoba en 1794, que se encargaba del
paso. Cuando tan sólo procesionan los
gallardetes, ya no existe ningún paso representado, tan sólo aparece el "Ecce-Homo" :
en 1795, a cargo de Hermoso, que vivía en la calle del Puerto y en el 1796, a
cargo de Fernando Peñalver.
En 1797, de nuevo el abad permite que salieran
a la antigua usanza y amainaron los vientos ya que se había restablecido la procesión del Jueves
Santo con todos sus pasos, simplemente que el control de los gallardetes y
demás cosas debía consultar el hermano mayor con el provisor para que le
indicara las normas pertinentes. Dio lugar a un aspecto algo tétrico porque
aparecieron, como en los años ochenta, unos vestidos sólo con túnica, otros
descubiertos, otros sin rostrillos, fruto del abandono y desidia de años
anteriores.
[1] Garrido
Espinosa de los Monteros, Diego. Historia de la Abadía. Pag. 306. Diputación
Provincial de Jaén.
[2] Cabildo de la Cofradía de
dicho día.
rreal e insípida; lo sabíamos pero disfrazamos nuestras frustraciones abrazándonos a la quimera de una autorrealización casi insultante, incluso escondimos nuestras carencias transcendentales bajo la alfombra de mil bullicios y pomposidades. Lo peor es que consentimos y capitulamos ante el engaño, consentimos ta datafellows.net/reclamos-servicios-publicos/
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