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sábado, 25 de noviembre de 2017

HACE DIEZ AÑOS ESCRIBÍAMOS ESTA V CARTA A AURORA. EN LA REVISTA DEL CRISTO DE LA SALUD.


HACE DIEZ AÑOS ESCRIBÍAMOS ESTA CARTA A  AURORA. EN LA REVISTA DEL CRISTO DE LA SALUD. 

V CARTA A AURORA

AURORA EN EL LIBRO ANALES
E IMÁGENES DE 25 AÑOS
No hay quinto malo, dicen en el argot taurino. Por eso, este año, me siento mucho más obligado a escribirte esta nueva carta. Me encuentro en  la escritura del encabezamiento  recordando los primeros días del mes de octubre del año  pasado,  y creo que no voy a llegar a la meta de repasar todos los detalles de la intrahistoria de nuestra hermandad;  y de seguro que me voy a saltar algunas  fechas desbordado por el  estresante mundo de nuestro alrededor. Incluso,  he tenido la tentación de dejarlo o  casi no me atrevía escribirte por el miedo de sentirme  ridículo. Pero, cuando se acerca la fiesta septembrina,  me siento cada año más obligado a escribirte como si se tratara de una necesidad intrínseca, un desahogo personal y un efluvio de amor hacia tu persona. Creo que  celebramos, durante este año, un gozoso aniversario, que probablemente ha pasado desapercibido para muchos hermanos: hace veinticinco años que disfrutamos de participación religiosa de la misa dominical en la iglesia de San Juan. Lo consiguió Enrique Garnica, siendo hermano mayor y, desde aquella fecha, todos nuestros capellanes nos han hecho (y te hicieron) compartir los momentos más felices de nuestra vida religiosa. Lo veía en tu cara, cuando te saludaba don Francisco Zafra Padilla; lo comprobaba cuando rezabas el rosario antes de la misa que oficiaba don Juan Herrera, y, también, te alegrarías de la buena respuesta que  tiene la  llamada del actual párroco don Antonio Pérez Rosales a todos los que se acercan al encuentro dominical.
   Durante algunos  meses de este año litúrgico, me he hecho un poco poeta, tu también lo eras; recitabas muchos poemas religiosos,  los ritos familiares de la cruz, las canciones de María en las Flores de Mayo, las salves y las cuartetas de los auroros ... Cada  domingo te sigo viendo entre los primeros bancos y te dedico unos versos. Por octubre, redescubría contigo la oración, desdeñaba como tú  la del rito utilitarista que se copia  de las fuentes romanas, y, a la luz del Evangelio,  me inundaba de la  gracia  que baja del Padre que nos cobija y nos da la fuerza con la confianza de sentirme querido como tú lo estabas del Cristo que nos mira desde el dosel:

Quisiera  siempre  de injusto juez ser viuda,
acudiendo a su cita de  fallo justiciero,
quisiera ser, Señor, 
gota de fuente persuasiva
recalando la dura peña 
en medio de la duna del desierto.
Quisiera, pues, eso, ser yo,
manos abiertas, de acción de gracias,
confianza del aliento del padre bueno,
premio de amor, diploma de esperanza,
gotas  regadas del rocío del cielo.                
(Domingo del Domund   2007)

Hay domingos  y fiestas que me impresionan sobremanera, en concreto el Domingo de Todos los Santos, pues te considero y creo que tú eres una de ellos. Candidez, gratuidad y amor a Cristo repartías  en tus encuentros. Y eso que  yo no te consideraba un zaqueo más, como yo me siento gozoso de que el Cristo del dosel de terciopelo rojo se fije en nosotros en medio de las circunstancias que me suelen impedir verlo.



Me he subido al viejo olivo,
Y aún no te encuentro.
He escalado una rama más alta,
otro vano intento.
Te he escuchado,
Y he abierto mi alma de desierto
Y, emergiendo de la turba,
Sales a mi encuentro
Contigo no marchaba,
Topaste simplemente conmigo
Sin apenas darme cuenta,
Fue un accidente repensado
De un ciego en el camino.
Quería sólo verte,
Fijar tu mirada en mi mirada,
Desprenderme de mis  oscuros silencios,
Mis afanes y  mis adentros.
En tanto tú me llamas,
Me perdonas y me siento
Un Zaqueo pecador,
Publicano aventurero
Que goza de la estela de tus pasos
 En medio del hallazgo del   intento.
                        (Domingo 4 de octubre)

En el mes de noviembre, se propagaron las celebraciones de amor en el templo, y, este año, te recordé en dos ocasiones: el día de Los Difuntos  y con la canonización del mártir dominico José López Carrillo. Le rezaba al Señor y consideraba que tú también habías vivido en halo de santidad durante la vida, testimoniando el seguimiento y honrando siempre a Jesucristo. Curiosamente, este otro hombre era un alcalaíno sencillo, de una familia del campo, misionero y  cristiano, que sufrió los desbordes  duros de la pasión del momento. Me han dicho que  parte de su familia, Manuel López, el padre del mancebo de botica de Don Francisco Santiago  Antonio López Martín, son  hermanos del Cristo de la Salud.
Por el día de la Inmaculada, me vinieron  cantos de mi fiesta favorita, aquellos  que exaltaban  la pureza de la Virgen:” Es tan pura como el sol/Tan hermosa como los manantiales”, y, me acordé que  los primeros hermanos de la cofradía se encontraban bajo la advocación de la Limpia Concepción:
María, eres de mancha pura,
María, ejemplo de amor,
María,  espejo y dulzura,
En San Juan, dulce candor.
Ruega por nosotros, Madre,
Por los emigrante y pobres,
Por los  que,  bajo tu azulada clámide,
Convierten en  paz el cobre,
Dios te salve, Inmaculada,
En San Juan, hermosa flor,
Protégenos con tu manto,
Y danos siempre tu amor.
 
Luego, el año se nos enredó, se nos complicó. Nos vimos ilusionados por la hermandad del Cristo de  la Salud de  Córdoba, que nos invitó a  organizar un Congreso Nacional de la Salud. Su Junta Directiva nos prestaba toda su ayuda; nosotros, por su parte, buscamos medios para llevarla a cabo, pero el hombre propone y Dios dispone. Nos vimos inmersos en una serie de imprevistos que no nos lo esperábamos: el lugar o cochera del trono amenazaba ruina; la fachada se encontraba a medio camino de la restauración. Y, en esos momentos, nos acordamos de muchos hermanos que dedicaron horas y horas de su trabajo para levantar aquel edificio; hoy han cambiado los tiempos. Hoy día,  el voluntarismo sincero  y generoso está dejando paso al lucimiento de otros lares, el  egoísmo personal ha cedido a la falta de tiempo para los demás y  el folklore  ficticio ha ocupado el hueco del  motor  silencioso de la oración. .Con estos parámetros, hay que inventar nuevas fórmulas y recursos, ya no valen o no existen los albañiles de fin de semana para la fábrica de la iglesia; nadie se atreve a  jugársela con la seguridad personal y, además, la mayoría nos hemos hecho más comodones. “¡Que nos lo hagan otros!”, “que   yo no soy de la Junta”, incluso” ¡Para eso, pago!”. Estas son las voces consumistas y desalentadoras que a veces se escuchan  en  el fragor de las actividades de las hermandades que,  tan sólo, unos pocos asumen  como si fueran  los únicos responsables.

Y, menos mal que todavía se mantiene la llama de testimonio como el tuyo, Aurora. La iglesia sigue abierta y  ha prestado los servicios sin darnos cuenta de que  faltaban  ministros auxiliares. Como nos decía el párroco, estaba inaugurando una experiencia piloto en nuestro tempo: sin sacristán, pero con sacristanes; con la frialdad de los tiempos que corren, y sin embargo con el calor humano de todos los domingos del Señor; sin estudios formativos, y , con creces, esperando toda la semana la catequesis de la misa...

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