Archivo del blog

viernes, 3 de marzo de 2017

ANÍBAL







Este cuadro, un óleo sobre lienzo,  de Francisco de Goya y Lucientes recoge el momento de la llegada de Aníbal a Italia y contempla desde la cima de los Alpes su territorio acompañado de un genio alado . Pertenece a una colección particular y fue realizado en 17o1 con el fin de  participar en un concurso de la Academia de Parma.  Se la considdera la obara más temprana  del pintor aragonés y se encuentra en  la Quinta de Selgas , Pito, Cudelleiro, Asturias.
Hay dos modelos previos  también de lienzo , uno en una colección particular y otro adquirido por el Museo de Zaragoza . Corresponde a la etapa italiana del pintor aragonés, primero en Roma y de allí concursó en Parma siendo derrotado por el pinto italiano Borroni. No agradó al jurado el tratamiento del tema ni su color influenciado por la escuela napolitana( los rojos y los blancos). La influencia del mito es evidente sustituyendo el realismo de los bocetos de escudos y estandarte y enemigos decapitados por la Victoria montada en el carro dentro de un paisaje veneciano.- Y la sustitución de una a figura del dios de la guerra frente al realismo del enemigo decapitado, las tropas cartaginesas  aumentan en recursos frente a ll


s bocetos. La luz sobre el dorso de la figura mítica se proyecta sobre los personajes centrales de la escena que cierran la escena con la trasversalidad del blanco estandarte en medio de un centro circular formado por las cuatro figuras de personajes y caballos. 

A




Aníbal, hijo de Hamílcar, era cartaginés. Si es verdad, lo que nadie duda, que el pueblo romano ha derrotado  a todos los pueblos, no se puede negar que Aníbal ha aventajado a los demás generales en sabiduría, tanto cuanto el pueblo romano aventajaba a todas las demás naciones en poderío. Pues, cuantas veces Aníbal peleó contra los romanos en Italia, siempre salió vencedor. Y, si no le hubiesen cortado los vuelos  por la envidia de sus paisanos, parece que hubiera  podido vencer a los romanos. Pero la mala voluntad de muchos derrotó  el valor de  uno solo. Pues este mantuvo el odio eterno contra los romanos como si lo hubiera recibido por herencia,  de tal manera que antes  perdería  la vida que  jamás dejaría de luchar  contra el pueblo romano, aún  habiendo sido expulsado de su patria y estando falto  de recursos  extranjeros.
                              II
Pues, para omitir a Filipo, al que, en su ausencia,  convirtió en enemigo de los romanos, Antíoco fue el rey más poderoso de todos en aquellos tiempos. Tuvo tanta influencia en que éste ansiara tanto combatir contra Italia que intentó hacer las la guerra hasta desde el mar Rojo. Como unos legados romanos se hubiesen presentado ante Antíoco, para conocer sus intenciones y procurasen, con planes  clandestinos, poner a  Aníbal en  sospecha con el rey, esforzándose a  que, como ellos le habían sobornado,  era   ya era de otro parecer,  y como hubiesen  logrado su intento los embajadores romanos;  y hubiese notado Aníbal que el rey  no comunicaba con él secretas determinaciones, entró a hablar con el rey aprovechándose de la ocasión  que se le ofrecía, y , habiéndole recordado muchas cosas acerca de su fidelidad y odio contra los romanos,  añadió a todo lo que había dicho al rey , también y dijo :
“Mi padre Hamílcar, siendo yo niño  como  nacido no mas de 9 años, marchando como jefe a España desde Cartago hizo un sacrificio a Júpiter Optimo Máximo. Mientras se hacía este acto  de culto divino, me preguntó si quería marchar  con él a campaña. Habiéndolo oído con agrado y habiendo empezado a pedirle si dudaba llevarme, entonces el dijo: Lo haré, si me juras lo que te pido. Al mismo tiempo que me condujo al altar, junto al cual había dispuesto hacer el sacrificio y me mandó reteniéndome una vez apartados los demás,  hacer el juramento de que nunca yo había de tener amistad con los romanos. Yo he mantenido  este juramento dado a mi padre hasta esta edad  de modo que nadie debe dudar  que yo, en adelante  no siga  con el mismo odio.  Por esto, si has pensado tener alguna amistad con respecto a los romanaos,  habrás obrado prudentemente en no comunicarme tus planes; mas si determinas hacerle la guerra, te engañarás a ti mismo si no me dieras el mando de ella. 
                                       III
Por eso, con esta edad, con la que dijimos antes,  Aníbal marchó con su padre a España. Tras la muerte de  su padre, una vez entrado a mandar el ejército Asdrúbal, se puso al frente de toda la caballería. Tras la muerte de Asdrúbal, el ejército puso el mando supremo en sus manos. Esta noticia, una vez   comunicada a Cartago,   se confirmó por la autoridad del pueblo. De esta manera, Aníbal hecho general sin tener  25 años, en los tres años siguientes a la elección sometió a todos los pueblos de España con la guerra,  conquistó por la fuerza Sagunto, ciudad federada, y equipó tres grandes ejércitos.
Uno de estos  lo envió  a África, otro con su hermano Asdrúbal dejó en España, el tercero le llevó consigo a Italia. Pasó por los montes Pirineos. Por donde quiera que marchó, combatió contra  todos sus habitantes: no dejó a nadie atrás salvo que quedara derrotado. Después que llegó a los Alpes, que  separan Italia de la Galia, que nadie nunca los había pasado excepto Hércules el Griego (por este hecho este se llama hoy día monte Griego),  pasó a cuchillo a los alpinos que intentaban cortarle el paso; abrió los terrenos, construyó caminos, hizo que un elefante cargado pudiera ir, por donde antes apenas una persona sin armas podía trepar. Condujo las tropas por estos parajes  y llegó a Italia. 

                                       IV
Antes había entrado en combate Publio Cornelio Escipión junto al Ródano y lo había derrotado. Con este mismo,  en Clastidio  combatió en las proximidades del río Po, y lo hizo salir  de allí herido y teniendo que huir. Por tercera vez, el mismo Escipión con su compañero Tiberio  Longo se enfrentó con Aníbal  junto a  Trebia. Aníbal entabló combate  contra estos dos;   y a uno y otro derrotó. Desde allí, pasó el Apenino a través de los ligures dirigiéndose a Etruria. En este camino  se vio afectado por una grave enfermedad ocular hasta tal punto que nunca después le sirvió el ojo derecho. Como quiera que le molestase  entonces este mal de ojos y fuese llevado en una litera,  metió en una emboscada al cónsul  Cayo Flaminio junto con su ejercito  cerca de Trasimeno y lo mató; y no mucho después al propretor  Cayo Centeno que ocupaba el paso con una elegida tropa. Después de esto, llegó  a Apulia. Allí vinieron dos excónsules a su encuentro, Cayo Terencio y Lucio Emilio. Puso en fuga a los ejércitos de uno y otro en un sólo combate, mató al cónsul Paulo y, además,  a algunos excónsules, entre estos Cneo Servilio Gemino, que había sido cónsul el año anterior.
                                                 V
 Terminada esta batalla,  marchó a Roma sin haber quien  le hiciera resistencia. Se detuvo en los montes cercanos a la ciudad. Como durante algunos días hubiera tenido allí el campamento  y regresara a Capua, el dictador romano Quinto Fabio  Máximo se enfrentó a  él en el campo de Falerno. Aníbal se vio encerrado por los desfiladeros,  y libro de este peligro, de noche sin recibir daño alguno;  y engañó  a  Fabio, y eso que era un astutísimo jefe.  Pues, avanzada la noche, incendió unos sarmientos atados en los cuernos de los novillos  e introdujo una gran multitud de este ganado  esparcida sin orden. Ante la presencia  de este espectáculo repentino,  se metió un terror tan grande al ejército romano que nadie se atrevió a salir. Tras este hecho, puso en fuga, durante muchos días,  a Marco Minucio Rufo, jefe  de caballería y dictador  con igual mando que Fabio,  que había sido llevado al combate por engaño. A Tiberio Sempronio Graco, dos veces cónsul, habiéndole hecho caer en  una emboscada lo mató en Lucania sin estar presente el propio Aníbal.  Mató  a Marco Claudio Marcelo, cinco veces cónsul,  de igual modo junto a Venusia. Largo es enumerar todos los combates. Por esto,  una sola cosa bastaría que sea dicha,  de la que  se pueda entender cuánto el fue: mientras que el  estuvo en Italia,  nadie le resistió en la línea de combate, nadie le puso campamento en campo abierto  después de la batalla de Cannas.
                              VI
Sin ser derrotado, desde aquí fue o vuelto a llamar para defender a la patria. Llevó a cabo la guerra contra el Publio Escipión hijo de aquel Escipión, al que el mismo  Aníbal había puesto en fuga, primero junto al Ródano, luego junto al río Po; y en tercer lugar junto a Trebia. Con éste,  exhaustos ya los recursos de su patria,  deseó  ajustar la paz en aquellas circunstancias, para combatir después con mayor vigor. Concurrió al tratar el ajuste de la paz  y no llegó a un acuerdo sobre las condiciones. Tras este hecho, pocos días después, junto a Zama, peleón  contra el mismo Escipión. Echado de allí- lo que es increíble de decir- durante dos días y dos noches llegó a Adrumeto, que está alejada a 300.000 pasos de Zama. Durante esta huida,  los númidas, que se habían escapado huyendo  del combate junto  con Aníbal,  le armaron una emboscada; de estos  no sólo escapó, sino también los derrotó. Recogió los fugitivos que habían quedado en Hadrimeto;  y con nuevas levas, junto a muchos, unos pocos días después.
                              VII
Como Aníbal se hubiese ocupado en prepararse con mayor conato y diligencia para la guerra, los cartagineses hicieron la paz  con los romanos. Aníbal, no obstante,  se  mantuvo en el mando  y  llevo a cabo la guerra en África-y lo mismo hizo su hermano  Magón - hasta el consulado de Publio Sulpicio y Cayo Aurelio. Pues., siendo estos los cónsules,  unos legados cartagineses vinieron a Roma para darlas gracias al Senado y al pueblo romano, porque habían hecho la paz con estos y , por este motivo, a  regalarle  una corona de oro y,  al mismo tiempo, pedirles que  los rehenes se quedasen en Fregela y se les devolviesen  los cautivos de guerra.
Se les respondió  de orden del  senado que agradecían y aceptaban su regalo  que los rehenes estarían en el lugar que pedían que no darían libertad a los prisioneros, porque mantenían a Aníbal, por cuya causa se había emprendido  la  guerra como el mayor enemigo  para el nombre romano, todavía con mando y a su vez su hermano Magón. Oída esta respuesta, los cartagineses llamaron a Aníbal y Magón a Cartago. Cuando regresó a la ciudad, fue hecho rey,  después que había sido pretor en el año 22.; pues, como  en Roma eran  elegidos dos  cónsules  cada año, así en Cartago  dos reyes. En ese cargo se comportó  Aníbal con la misma diligencia que había estado en la guerra. Pues hizo que no solo hubiera dinero, que debería ser pagado a los romanos de acuerdo con el pacto, con los nuevos impuestos, sino también  que sobrara para reponerse en el erario. Una año después, siendo cónsules Marco Claudio  y Lucio Furio, vinieron unos embajadores desde  Roma a Cartago, Aníbal, pensando que estos habían sido enviados para reclamar que se lo entregaran a Roma,  antes de que se les diese audiencia del  senado de los cartagineses; embarcó en una nave a escondidas  y huyó a Siria  junto a Antíoco. Hecho público o esto, los cartagineses enviaron  dos naves, para alcanzarle, por si podían conseguirlo, le confiscaron sus bienes, derribaron su casa desde sus cimientes,  y lo declararon un desterrado.
                              VIII
Pero Aníbal, tres años después de  que había huido de su país, bajo el consulado de Lucio Cornelio y Quinto Municio, arribó con 5 naves a África en los confines  del  país de los cireneos, por si pudiese inducir a los cartagineses a la guerra  apoyado en  la lealtad y con  esperanza  puesta en  Antíoco, a quien había ya  persuadido a que marchara con sus  ejércitos contra  Italia. Hizo venir a su hermano Magón hasta Cierne. Cuando los cartagineses se enteraron de esto  castigaron a Magón en su ausencia con la misma pena de destierro que a su hermano Aníbal. Como Aníbal y Magón, , con la esperanza perdida en este plan,  se hubiesen echado a la mar y hubiesen entregado las velas a los vientos,  Aníbal llegó junto a Antíoco. Sobre la muerte de Magón, doble recuerdo quedó mientras pasaba lo anterior.   Dejaron escrito, unos, que  murió en un naufragio; otros, que los siervos suyos lo mataron. Pero, si Antíoco hubiese querido obedecer a  los planes de Aníbal en hacer la guerra tanto como había empezado a asumirla, hubiera luchado sobre lo más importante del imperio más cerca del Tíber  que del estrecho de las Termopilas.  Aunque consideraba que este intentaba hacer muchas cosas absurdamente, sin embargo no lo abandonó. Se puso al frente de unos pocos, con las naves, que se había ordenado traer  desde Siria a Asia, y  con estas pocas  combatió contra la armada de los rodios en el mar de Panfilia. Como los suyos fuesen derrotados  por una multitud de adversarios, él  mismo salió vencedor en  el ala por donde llevó a cabo la lucha.
                                       IX
Puesto en fuga Antíoco,  Aníbal temiendo que lo entregara,  lo que sin duda hubiese acontecido, si se le hubiese fiado  de Antíoco, vino a Creta cerca de los  Gortinos,  con el fin de considerar  allí  a dónde se iría.  Pero el  varón más astuto de todos se dio cuenta de  que  se encontraría en el peligro más grande, a no ser que ser que se hubiera previsto alguna argucia,  a causa de la avaricia  de los cretenses;  pues llevaba consigo gran dinero consigo, sobre el cual sabía que había corrido la voz.  Así pues tomó el siguiente plan. Llenó unas ánforas con plomo, y tapó  las más grades de oro y plata. Las coloca en el templo de Diana ante  la presencia de los principales, simulando que él confiaba sus fortunas a la lealtad de estos. Tras ser engañados  estos,  llenó las estatuas de bronce, que llevaba consigo, con todo su dinero y las arrojó en el patio  de su casa.  Los gortinos las custodian con gran preocupación el templo no tanto de los demás como de Aníbal, temiendo que este, sin darse cuenta ellos, se las quitara y llevara consigo.
                         X
 Así conservadas sus cosas, el cartaginés llegó al rey  Prusias junto al Ponto  teniendo engañados a los cretenses. En cuyo trato  mantuvo el mismo espíritu hostil con respecto a Italia y no hizo otra cosa que armar al rey y ejercitarlo contra los romanos. Viendo  que este era menos poderoso por las de riquezas de su país, trataba de atraerse a los demás  reyes y  hacía aliados  con las  naciones belicosas. Disentía del rey de Prusia Eumenes, rey de Pérgamo. Este, muy amigo de los romanos, y  llevaba la guerra entre Prusia y Pérgamo por mar y también por tierra. Pero Eumenes era mucho más importante por tierra y por mar gracias a la alianza con  los romanos. Por eso, Aníbal deseaba cada vez más derrotarlo. Si lo hubiese quitado de en medio, pensaba que los demás planes les serían más fáciles para atraerse a los otros reyezuelos. Para matarlo inició este plan. Había de darse dentro de pocos días una batalla naval. Aníbal quedaba superado por la cantidad de naves de los adversarios; por eso tenía que luchar con ardides de guerra al encontrarse en desigualdad con respecto a  las armas. Mandó que se recogiese un gran número de serpientes vivas y se metieran en unas vasijas de arcilla. Como hubiese conseguido una gran número,  en el mismo día, en el que tenía que lucharse en el combate naval,  convocó a los soldados de la armada y les ordenó que todos a la vez acometiesen  sólo a la del rey Eumenes, pues, por lo demás,  tan sólo bastaba de defenderse del resto de las naves; además,  les ordenó que ellos conseguirían esto con una gran cantidad de serpientes. Que el propio Aníbal  haría que supieran en qué nave el rey era transportado. Que, si lo capturasen  matasen, les prometió que premiaría darles muchos premios.
                                       XI
Hecha tal exhortación de los soldados, los dos sacaron cada uno su armada para dar la batalla. Dispuesta la línea de combate de cada una de estas, antes de que se diese la señal de lucha, para hacerles ver  claramente a los suyos, en qué lugar estaba Eumenes, envió un mensajero  en una barquilla con un caduceo o señal de paz. Cuando este llegó a las naves de los adversarios y mostrando la carta, manifestó que el buscaba al rey, porque nadie dudaba de que era algún escrito sobre la paz. El mensajero, una vez descubierta la nave  del rey, desde ella misma regresó, y se retiró junto a los suyos. Pero Eumenes, abierta la carta, no  encontró  nada en ella, a no ser aquellas cosas que se referían para reírse de él. Aunque se sentía extrañado del motivo de esta  carta  y no encontraba nada, sin embargo no dudó entablar el combate. En el encuentro de estos, todos los bitinios todos, por el mandato de Aníbal,  atacaron la nave de Eumenes. El rey no pudiendo sostener apenas el ataque, se salvó huyendo; no lo hubiera conseguido, si no se hubiese retirado dentro de sus guarniciones, que habían sido colocadas en el cercano litoral. Como las restantes naves de Pérgamo oprimiesen a los adversarios con más acritud, de repente empezaron a lanzar hacia ellas los vasos de arcilla de las que hicimos mención anteriormente.  Estas vasijas, que fueron lanzadas a sus naves,  al principio concitaron a la risa de quienes  luchaban, y no podían comprender  porqué  hacían esto los enemigos. Pero después que vieron todas sus naves quedaron repletas de serpientes, despavoridos por esta estratagema,  porque no veían cómo quitárselas de encima más pronto posible, volvieron las naves y se retiraron a sus campamentos náuticos. Así, Aníbal  con este  plan, venció las armas de los de Pérgamo y no en este momento solamente, sino otras muchas veces, hizo huir  a los enemigos con igual sabiduría por tierra.
                              XII
Mientras esto sucedía en Asia, aconteció  casualmente que los legados del rey Prusias cenaban en Roma junto al excónsul Tito Quintio Flaminio y, una  vez hecha mención sobre Aníbal, uno de estos decía que este se encontraba en el reino de Prusias.  Al día siguiente, Flaminio refirió esto al senado. Los senadores, porque consideraban que nunca vivirían tranquilos  estando vivo Aníbal,  enviaron legados a Bitinia, entre estos a Flaminio para pedir al rey para que no tuviese con él  al más grande enemigo  de los romanos y se lo entregara. El rey Prusias no se atrevió a decirles  que no y se opuso a que  le pidiesen que el hiciera esto, porque estaba en contra del derecho de hospitalidad; ellos mismos, si pudiesen cogerlo, que lo cogieran; que era fácilmente de encontrar, donde estaba. Pues Aníbal se había metido  en un lugar, es decir,  en un castillo, que el rey le había permitido fortificar,  y lo había edificado de tal manera que en todas partes del edificio tenía  puertas para salir, estando claro por su parte que tenía cierto miedo de que  vendría por experiencia lo que aconteció. Como legados de los romanos hubieran llegado a aquel lugar y hubieran rodeado su casa con una gran multitud, un paje, echando la mirada a Aníbal desde la puerta, le dijo que se veían  muchos más soldados armados que lo que era costumbre. Este ordenó que acechase por  todas las  puertas del edificio y le  comunicara   si del mismo modo estaban asediadas  por todas partes. Como el paje rápidamente le volviera a comunicar qué es lo que  había y le hubiese mostrado que todas las salidas habían sido tomadas, se dio cuenta de  que esto no se había hecho fortuitamente,   sino que  le buscaban a  él  y él mismo   no debía retener durante más largo tiempo la vida. Para no dejarla  al arbitrio ajeno, acordándose de las antiguas hazañas tomó el veneno, que siempre acostumbraba a tener  consigo.
                              XIII

Así, este guerrero muy valiente, que había padecido muchos y variados trabajos,  murió  a los 70 años. No se está de acuerdo en  qué consulado murió. Pues Ático dejó escrito en sus anales en el consulado de Marco Claudio Marcelo y Quinto Fabio Labeón; pero Polibio, la fechó en tiempos de Lucio Emilio Paulo y Cayo Bebio Tánfilo. Pero Sulpicio lo puso  con Publio Cornelio Cetego y Marco Bebio Tánfilo. Y este varón, tan grande y ocupado en tantas guerras, tuvo tiempo de dedicarse  algún tiempo a las letras. Pues, tuvo algunos libros, escritos en lengua griega; entre estos “Contra los Rodios”,  que trata sobre las Hazañas de Cneo Manlio Volsón en Asia. Muchos se acordaron de las gestas de la  guerra de Aníbal. Pero de entre estos hubo dos, que estuvieron con él en el campamento y vivieron al mismo tiempo, mientras que la fortuna lo permitió, Sileno y Sosilo el Lacedemonio.  Pero es el momento de terminar este libro y explicar la vida de los emperadores de los romanos, porque,  una vez cotejados los hechos de unos y otros, se pueda juzgar a qué individuos deben ser puestos en primer lugar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario