Archivo del blog

martes, 14 de febrero de 2017

EL CARIO DATAMES







                                               I
Datames,  hijo de Camisares, de nación caria, y  de una  madre de Escitia, fue, en primer lugar,  uno de los que militaron bajo las banderas de Artajerjes,  que hacían guardia en la corte real. Su padre Camisares, porque se había manifestado   valiente,  esforzado en la guerra y fiel al rey en muchos lugares  junto a Artajerjes,  tuvo el gobierno de parte de la provincia de Cilicia cercana de Capadocia, que habitan los leucosiros. Datames, desempeñando el primer cargo militar que hemos mencionado anteriormente, se mostró claramente de qué tipo de soldado  era en la guerra, que  el rey llevó a cabo contra los cadusios. Pues aquí,  fue de gran importancia su ayuda en la batalla. Por eso aconteció que, habiendo muerto Comisares en aquella batalla, recayó en él el gobierno que tenía su padre.
                                      II
Posteriormente,  con igual valor se presentó cuando Autiofradates, por mandato del rey, hostigó  con la guerra a los que se habían rebelado. Pues, este, una vez matados muchos miles de los cortesanos, los enemigos, habiendo vencido ya en las trincheras, fueron derrotados por su  defensa y se salvó el resto del ejército del rey; a partir de este hecho, comenzó a estar al frente de las cosas  más importantes. En aquel lugar estaba Thuys, rey tributario de Persia,  del antiguo linaje de la Paflagonia, nacido de aquel famoso Pílameles, que Homero dice había sido matado por Patroclo en la guerra de Troya. Este  no obedecía al mencionado rey.  Por este motivo, dispuso perseguirlo con la guerra y se puso al frente de aquella misión militar  a Datames, pariente de Pafalagón: porque eran primos hermanos. Por esta razón, Datames quiso  tantearlo, en primer lugar, para que volviera a la obediencia del rey sin  llevar tropas. Habiendo venido hacia este sin guarnición defensiva, ya que decía que no temía ninguna asechanza de su amigo, estuvo a punto de morir: pues Thuys quiso matarlo  a escondidas.  Tenía consigo Datame a  su madre, tía de Pafalagón: esta le hizo saber qué se tramaba y advirtió a su hijo para que se guardase. El escapó del peligro huyendo y declaró la guerra a Tuis. Como, Datames,  en esta aventura,  hubiese sido desamparado por Ariobarzan, gobernador de Lidia, Jonia y de toda Frigia, permaneció con el mismo ánimo y  apresó  vivo a Tuis con su esposa e hijos.
                            III 
Procuró que la noticia de este hecho llegase hasta el rey antes de que  él mismo se presentara. Así sin saberlo nadie,  llegó allí, donde estaba el rey y al día siguiente, le puso un excelente vestido, que acostumbraban llevar los sátrapas regios a Tyo, hombre de grandísimo estatura  y terrible aspecto, porque era negro con largos cabellos y alargada barba,   y le puso un collar y unos braceletes  de oro y demás ornato propio del rey. El mismo, metido un normal casacón y con una zamarra, con un casco de cazador en la cabeza, una maza en la mano derecha, y un cordel en la izquierda con el que traía arrastrado a Tío ante el rey,  como si condujese una fiera cazada por el mismo. Como todos se acercasen a verlo por  los novedosos adornos y la desconocida figura,  y por este motivo se formase un gran concurso de gente, no hubo nadie que no reconociera a Tyo y se lo comunicase al rey. Al principio este no dio crédito a esto, y envió a Farnabazo a que se informase.  Cuando se enteró del lance por éste, inmediatamente ordenó que lo  llevaran ante sí y quedó encantado de esta gran acción, no sólo por el hecho  sino también por su adorno.: en primer lugar porque había caído en sus redes un rey sin esperarlo. Y, por eso, envió a Datame,  cargado de magníficos agasajos   para dirigir el ejército, que se juntaba en Egipto,  y mandó que Datames tuviese igual autoridad que sus jefes Farnabazo y Titraustes. Pero, después que el rey retiró a Farnabazo, se le dio el mando del ejército y gobierno de la guerra.
                                  IV
Aprestando con la máxima diligencia a estos  y preparando marchar a Egipto, de pronto les fueron enviadas cartas por el rey, para atacar a Aspis, que mandaba la Catania (esta región está más arriba de Cilicia, lindera con la Capadocia). Pues Aspis, habitando una región llena de montes y selvas fortificada de castillos, no sólo obedecía al mando del rey sino también   hostigaba  a las regiones limítrofes, y   las saqueaba para ofrecérselas al rey. Aunque Datames estaba lejos de aquellas regiones  y  le apartaba de una empresa más importante,  sin embargo creyó de debía obedecer  la voluntad del rey. Y, con unos pocos, pero valientes guerreros  se embarcó,  prensando , lo que luego aconteció,  que sería más fácil derrotar a un pueblo desprevenido con poca gente  que a uno totalmente equipado, aunque tuviera un gran ejército.  Conducido en esta nave y  habiendo desembarcado en  Cilicia, desde allí,  a través de un viaje que duro  días y noches, pasó a Tauro y llegó allí adonde había deseado llegar. Preguntó en qué lugares estaba  Aspis y supo estaba  cerca  y marchó a cazar. Mientras le espió, se supo la causa de su llegada. Aspis puso en orden para resistir a los Pisidas con los que tenía consigo.  Cuando lo supo de oídas, tomó las armas y mandó a los suyos que le siguiesen; a rienda suelta,  acometió al enemigo, Aspis, viéndolo a lo lejos a aquel que iba a dar sobre él,  se echó a temblar y,  desesperanzado de poder resistir, se entregó. Datames entregó a este atado  a Mitrídates para que le llevase al rey.
                                      V
Mientras esto  se lleva a cabo, Artajerjes, considerando  de cuán gran empresa había retirado al mejor de los jefes para emplearlo en cosa de tan poca importancia, lo reprendió y  envió un mensajero  al ejercito que estaba en las cercanía de Ace, porque creía que Datame todavía no s había marchado,  para decirle que no se retirara del ejército. El mensajero, después que llegó a donde había marchado, se encontró con aquellos que traían a Aspis. Datames, habiendo conseguido  una gran benevolencia del rey por estas acciones tan rápidas,  tuvo que aguantar la envidia de los amigos, porque consideraban que él era más estimado que todos ellos. Por este hecho, todos se conjuraron para derribarlo. Pandante, tesorero del rey, amigo de Datame, le envió esta carta, en la que le hizo saber que se encontraba en un gran peligro, si  hubiera aconteció alguna desgracia en Egipto bajo su mando. Pues se sabe que es una costumbre del rey echar la culpa de las  desgracias  adversas a los hombres, y  apuntarse los éxitos a la fortuna;  de ahí que sucede que  inducen a la ruina a aquellos, por cuya conducta se dice haber salido mal las cosas. También le advierte que él se vería en mucho  mayor peligro de tener por muy enemigos aquellos de los que el rey más se fía. Una vez leída esta carta, habiendo llegado ya el ejército a Ace, porque sabía enteramente estos escritos determinó apartarse de la obediencia del rey.  Y, sin embargo,  no hizo ninguna cosa  que fuera indigna de su lealtad,. Pues dejó al frente del ejército a Mandrocle, natural de Magnesia.; y el mismo con los suyos se retiró a Capadocia y ocupó a la Pafalagonia, que se hallaba unida a esta ocultando, sin dar a entender, qué intención era la suya para con el rey. En secreto  se alía con Ariobarzan, junto un ejército y le entregó a la ciudades fortificadas `para que las defendiese.
                                               VI
Pero estas cosas, a causa del tiempo de invierno, no salían bien. Supo por oídas que las pisadas preparaban algunas tropas contra él. Envió a su hijo Asideo con el ejército y murió en la flor d la adolescencia en el combate. Su padre marchó hacia aquel lugar con poca gente, ocultando cuánta pena  había recibido, porque deseaba llegar ante el enemigo antes de que  la noticia sobre sus malas acciones bélicas llegaran a los suyos,  con el temor de que, conocida la muerte de su hijo, los ánimos se debilitasen. Llegó a donde había deseado,  y colocó el campamento en aquellos lugares,  para que  los enemigos no lo pudieran rodear, y no ser impedido  en  tener a su ejército libre a la hora de luchar. Estaba con él Mitrobarzanes, , su suegro,  jefe de caballería. Este, desesperado por las cosas de su yerno, se pasó a los enemigos, Cuando se enteró de esto  Datames, se dio cuenta de que, si llegaba a saber que al ejército le había dejado desamparado un hombre, que era pariente cercano y persona principal en el ejército, sucedería que los demás seguirían su ejemplo. Publicó que, por sus órdenes, Mitrobarzanes se había marchado como si fuera un tránsfuga,  con el fin de, una vez retirado, matar a los enemigos; que no era justo desampararle y que todos lo siguieran  inmediatamente. Y, si  lo hubieran hecho con valentía, sucedería que los enemigos no podrían resistir, siendo heridos fuera y dentro de las trincheras. Aprobada esta resolución, sacó el ejército, persiguió a Mitrobarzanes que apenas había llegado a los enemigos, y mandó atacarlos. Los Pisadas, turbados por aquel nuevo lance, creyeron que  los desertores habían actuado de mala fe y de acuerdo con  Datame para que , una vez introducidos entre ellos, hacerles más daño. Primero los atacaron. Los desertores no sabiendo que se llevaba a cabo o por qué motivo se hacía, se vieron obligados a luchar contra aquellos, a quienes se habían pasado, y a defender a aquellos, que se habían quedado tras de ellos; a los cuales desertores, como ni unos ni otros cesaran de combatir,  pronto fueron pasados a cuchillo. Datame atacó a los Pisadas en su resistencia; y al primer ataque los acometió, persiguió a los que huían, mató a muchos y tomó el campamento de los enemigos.  De este modo, no sólo acabó con los traidores y derrotó a los enemigos, se convirtió en su salvación lo que se habían  pensado para su destrucción En ningún sitio hemos leído un pensamiento de un general ingenioso ni más pronto conseguido que éste.
VII
Con todo Datames se le rebeló su hijo mayor, llamado Escimas, se pasó al rey  y le dio cuenta sobre la rebelión de su padre.  Turbado Artajerjes por este mensaje, porque creía que  tenía que competir con un guerrero valiente y fuerte, que  estaba acostumbrado a maquinar r antes que ponerse en ejecución, y que era un osado en hacer lo que antes había planeado. Envió a Capadocia a Autofradates. Con el fin de que no pudiera entrar, Datames procuró adelantarse a ocupar un desfiladero, en el que están colocadas las puertas de Cilicia. Pero no pudo juntar tan pronto las tropas. No habiendo podio lograr su intento, con aquella tropa que  había juntado, escogió un lugar de tal modo que los enemigos no lo pudieran rodear ni el enemigo avanzase  sin ser atacado por el frente y por la espalda, y, si quisiera luchar allí, la gran cantidad de enemigos no pudiese hacer daño a la cortedad de sus tropas. 
                            VIII
Aunque Autofradates veía esto, sin embargo halló por más conveniente venir a las manos antes volver la espalda al enemigo con unas tropas tan numerosas, o estarse parado  mientras tanto en un solo lugar. Tenía 20.000 soldados de caballería bárbaros, 100.000 soldados de a pie, que aquellos llaman Cardacas, 3.000 honderos de la misma nación…; además 8.000  capadocios, 10.000 armenios, 5.000  pafagones, 10.000 frigios, 5.000 lidios, unos 3.000  aspendios y pisadas, 2.000 cilicios, otros tantos de los captianos, 3.000 griegos asalariados; y un gran número de soldados de armadura ligera. Toda la esperanza la tenía Datames en sí mismo y, por la ventaja del lugar, pues no tenía ni una vigésima parte de soldados. Dio la batalla, confiado en estos, y mató a muchos miles de los adversarios, mientras no habían muerto ni 1.000 soldados de su ejército.  Por esta razón, al día siguiente,  un trofeo de la victoria en el lugar en donde, el día antes, se había dado la batalla. Habiendo trasladado de este lugar el campamento,y , a pesar de tener menos tropas, había salido vencedor en todos los combates, jamás llegaba a las manos a no ser que , hubiese encerrado a los enemigos en lugares angostos, lo que sucedía a menudo porque era tenía cono cimiento de aquellas regiones y empleaba la astucia  en esto. Autofradates, viendo que la guerra se dilataba por la pérdida más grade del rey que de los adversarios, solicitó la paz y el armisticio, para congraciarse con el rey. Aunque consideraba que este tratado  no sería objeto de fidelidad, sin embargo aceptó la condición, y dijo que el enviaría legados a Artajerjes. De este modo la guerra, que el rey había asumido contra  Datames, se acabó. Autofradates se  retiró a Frigia.
                            IX
El rey, porque había asumido un odio implacable contra Datames,  después que se dio cuenta de que no podía ser derrotado con la guerra,  procuró matarle a traición, y Datames de la mayoría de las asechanzas se escapó. Pongo por ejemplo, como se le hubiera comunicado que algunos le tenían armada una emboscada ( a los cuales juzgó que no debían creerse a las primeras de cambio, ni tampoco despreciar el aviso, porque eran enemigos los que se lo habían dado ),  algunos que se le vendían por amigos, quiso comprobar si era verdadera o falsa  la noticia que le habían dado. Marchó, pues,  por aquel camino, donde le habían dicho que estaría la emboscada. Pero eligió a uno muy parecido a él mismo en cuerpo y estatura, y le proporcionó su propio vestido, y le ordenó ir por aquel lugar a donde el mismo había acostumbrado ir; por otro lado, el en persona comenzó a marchar con el equipamiento  y vestidura militar, en medio de sus guardias de de protección.  Pero los de la emboscada, después que la tropa llegó a aquel lugar, engañados por  el importante lugar y vestido del que fingía, acometieron al que iban en lugar de Datames. Pero, Dátames les había prevenido a  que estuviesen preparados  a lo que hubiesen visto  hacer con aquellos que había marchado. El mismo, en persona, cuando se dio cuenta de  que  los que le insidiaban les salían al encuentro, empezó a lanzar dardos contra ellos. Habiendo hecho todos los de su tropa esto mismo, antes de que llegasen a aquel que querían atacar, cayeron batidos en la batalla.    

                                               X
Al fin, Mitrídates, hijo de Ariobarzan, mató a traición a este varón tan astuto. Pues le prometió al rey   que lo mataría, si le permitía el rey que pudiese hacer impunemente cualquier cosa que quisiera, y que sobre este asunto le asegurase la palabra, dándole la mano. Luego que el rey le dio la palabra, preparó las tropas y en su ausencia hizo la alianza con Dátames, hostigó las provincias del rey,  conquistó castillos, tomó grandes botines, una de las partes  repartió entre los suyos y otra envió a Dátames; de igual modo le entregó muchos castillos. Con estas acciones hizo creer a Dátames  que el mismo  había asumido la guerra irreconciliable contra el rey, no pretendiendo entretanto abocarse con él, para no levantar ninguna sospecha contra él, procurando avistarle. De tal manera estando lejos, mantenía  la amistad con Dátames. Que parecía que estaban unidos en continuar la guerra, que habían mantenido contra el rey.
 
                            XI
Cuando ya hizo juicio Mitrídates de que había dado bastantes pruebas de su verdadera amistad, avisó a Dátames diciéndole que era el momento de preparar un ejército más numeroso y asumir la guerra contra el mismo rey; que sobre este asunto, si le parecía bien, hablaría.  Convenidos en esto, señalaron el momento de hablarse y el lugar donde reunirse. Mitridates llegó a ese lugar, algunos días antes,  con uno de su máxima confianza y escondió sus espadas  bajo tierra en muchos sitios por separado  y dejó señalados  con diligencia el sitio. Pero en el mismo día del encuentro envían uno y otro a unos quienes reconociesen el sitio y a ellos mismos registrasen; a continuación  ambos se reunieron.  Tras haber estado los dos en el encuentro y, por separado haberse  retirado del sitio, como quiera que ya estuviera lejos de allí  Dátames, Mitrídates, antes de que hubiera llegado junto a los suyos, para no dar motivo de sospecha alguna,  regresó al mismo sitio del encuentro, y allí, donde la espada estaba oculta, se sentó encima como si desease descansar  por motivos del cansancio; y volvió a llamar a Dátames simulando que se le había olvidado alguna cosa en el encuentro. En el intermedio, sacó la espada que tenía oculta, y habiéndola desenvainado,  la ocultó con el vestido y ante la llegada de Dátames le dijo que, que el, al marcharse, había advertido cierto lugar muy ventajoso para colocar los campamentos. Mostrándole este con el dedo, lo  atravesó con la espada y lo mató antes de que alguno pudiera llegar a socorrerle .De esta manera, el varón, que  había apresado a muchos con su buen sentido, pero a ninguno con la perfidia  fue engañado y muerto  por una fingida amistad.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario