VII. ENTRADA. POR EL ARRABAL VIEJO Y POSTIGO
Al
Arrabal Viejo o de Santo Domingo puede accederse por varias puertas, la de
Cambrón, la de Martín Ruiz y la de Herrera y, por la parte alta a través de la Puerta
y calle del Postigo, anteriormente por el Cañuto del Gabán y la Puerta del
Arrabal. Desde este barrio se ascendía a la Mota por el Cañuto y calle del Postigo.
Desde la época musulmana, la construcción de la muralla del Arrabal Viejo
constituyó un hito fundamental para el desarrollo urbanístico de Alcalá la Real,
ya que, se pasó de una ciudad fortificada a una nueva ciudad que,
paulatinamente, se extendió desde el barrio de la Mota hasta el de las Cruces
ya en tiempos de la Edad Moderna. Pues, al recinto fortificado en la cima del
cerro de la Mota, se añadió un segundo círculo de murallas que dio lugar al
Arrabal Viejo o barrio de Santo Domingo, cuyo centro era la antigua mezquita
transformada en iglesia del santo liberador de cautivos. En tiempos de los almohades debió fortificarse y sufrir
una amplia transformación a la que le
afectaron muchas medidas arquitectónicas de este tiempo[1]. Tras la conquista cristiana por el rey
Alfonso XI, mientras que la ciudad fortificada de la Mota fue ocupada por las
familias nobles-estableciéndose en las casas de los caballeros musulmanes y
aprovechando cualquier rincón edificable de la fortaleza-, el Arrabal Viejo
atrajo, en cambio, a los vecinos que se ocuparon de los oficios básicos para el
mantenimiento de la ciudad. Pero ambos barrios-Arrabal Viejo y ciudad
fortificada-, en palabras de Guardia Castellanos, estaban caracterizados por su
aspecto eminentemente militar:
“Encerrada
la población de Alcalá durante los ciento cincuenta años que fue plaza
fronteriza dentro de los muros inexpugnables de su fortaleza y arrabal, a cuyo
abrigo tornaban sus guerreros después de batir a los moros de Granada, Íllora,
Moclín y Montefrío que con preferencia elegían nuestros campos para sus
correrías y zalagardas., sus edificaciones estaban contenidas dentro del
cinturón rocoso de sus murallas, formando un dédalo de callejones pinos y
estrechos, cuyas casas todas limitadas por un área mezquina, estaban tan faltas de comodidad en
el interior, como sobradas de emblemas heráldicos y pesados escudos de piedra
en su exterior”. En concreto, tanto en el recinto fortificado como en el
Arrabal Viejo se albergaban 555 vecinos, lo que corresponde a un mismo número
de casas o viviendas, ubicadas entre sendos espacios urbanos y militarizados.
El
Arrabal Viejo debió formar un espacio urbano de expansión del recinto de la
ciudad fortificada a lo largo de los
siglos anteriores de la conquista definitiva por el rey Alfonso XI, delimitado
por el muro de cerramiento y ofreciendo en
su interior un paisaje semirrural, donde
se mezclaban las casas dispersas, sin entramado urbano con huertos, solarines y algunas agrupaciones de viviendas en torno a
lugares de labranza(eras o fuentes) o algunos edificios importantes como la
mezquita y las cuevas horadadas en la roca del cerro. Una de las primeras noticias del Arrabal
Viejo se encuentra en el libro de Los Aranda de Alcalá la Real, haciendo
referencia al momento de la conquista: “El
qual, como una vez con otros cavalleros hiziese una entrada llegando de noche a
los muros de Alcalá, en un adarve, que está devajo de la fortaleza, puso una
escala por la qual subió sin otra compañía. Y, subido, saltó dentro de un
corral que dizen de la Moriana y ahora es dentro de las puertas, dos de siete
que la ciudad para entrar la Mota de ella tiene”.
MORFOLOGÍA DEL BARRIO EN
EL SIGLO XVI
Hasta
finales del siglo XVI, el Arrabal Viejo debió formar una amplia unidad territorial
a la hora de repartir los cuarteles o barrio entre los regidores en el célebre
cabildo de suertes porque se distinguía claramente el cuartel de Santo Domingo
entendido en su amplio territorio, con espacio delimitado, con respecto a de
San Juan, San Blas, San Sebastián y el Dulce Nombre de Jesús que correspondía a
la zona del Llanillo.
Curiosamente,
el mismo día que se tomó Granada, los Reyes Católicos emitieron una cédula real
a la ciudad de Alcalá la Real, fechada en Córdoba y otorgaba a la ciudad la
posibilidad de vender solares, hacer hornos y censos para que, con sus
ganancias, se pudieran sufragar los propios de la ciudad, que permitían afrontar
los servicios a la Corona.
De
ahí que muchas zonas del Arrabal de Santo Domingo se vieran afectadas por esta
política municipal urbanística y su aspecto semiurbano anterior había quedado
definitivamente urbanizado con varios viales y la edificación de las viviendas
en torno a las calles del Postigo, Pie del Torre de la Cárcel, Francisco de la
Torre, de la Puerta del Arrabal bajo los pies de la roca y el muro de la ciudad
fortificada; las calles e Hernando de Moya, de la Escaleruela. de Sánchez de la Guardia y otra calle en torno al adarvillo de Moya,
y en su interior, desde la Iglesia de Santo Domingo hasta la muralla que daba a
las puertas de Cambrón / Granada, las calles de Pedro Jiménez de Martos, y de
Pedro Fernández Torrevejano
Pero,
donde se amplió el espacio urbano fue en la parte exterior de la muralla del
barrio de Santo Domingo, lo que los anteriores historiadores ponen claramente
de manifiesto:
Por
la zona de la puerta de Martín Ruiz, había crecido mucho el barrio. Unos
treinta años antes aquella parte era un muladar y en el momento a que nos
referimos estaba muy edificada, aún mucho más habitada, y construida la Era de
los Palacios, donde se habían levantado más de cien casas. También habían aumentado
las obras en la calle de los Mesones y junto al adarve de la puerta del
Arrabal”
MOVIMIENTOS
DEMOGRÁFICOS DE LOS SIGLO XVI Y XVII
Durante
los siglos XV y XVI, el barrio o cuartel
de Santo Domingo y sus aledaños tuvieron un amplio crecimiento demográfico
gracias al asentamiento poblacional de
los elementos más activos de la ciudad: artesanos, labradores, campesinos,
personal de servicios y clase bajas, lo que queda reflejado en el padrón de
1587, donde se registraban 141 vecinos en su barrio; pero el barrio de San
Bartolomé albergaba 121 vecinos; y en las Entrepuertas, Lagares y aledaños 114
( todos ellos intensamente ligados con el barrio de Santo Domingo).
SU AMURALLAMIENTO
.
Las murallas jugaron un papel esencial para la
acotación y delimitación de este espacio del Arrabal Viejo. Formaban la segunda
muralla del recinto fortificado de la Mota, formada por una línea de muro reforzado
con torres, cubos y construcciones albarranas en torno a algunas puertas; en el
interior del muro, se perciben todavía frecuentes troneras, saeteras, aspilleras
y ventanillas para acomodar diversos tipos de armamento ofensivo. Desde la
Crónica de Alfonso XI, se constata la presencia de este recinto amurallado,
porque el arrabal, al que daba acceso, fue el primero que cayó en manos
cristianas en torno al 20 de diciembre de 1340: Castellanos combatían / a Alcalá de Vençayde; moros bien la defendían
por bondad del alcalde. /Combatían a barreras/ bravamente a maravilla/ e
posieron escaleras/ al arrabal de la villa. /A pesar del alcalde moro, / un
escudero fue delante/, Garí Jufre de Tanoro/ el fijo del almirante, / Por somo
de las escaleras, / luego sobieron cristianos, /con grand braveza entera, /
bien lidiavan castellanos. / E el arrabal ganaron/ por gran torneo mesclado/ e
los moros se encerraron/ en la villa sin su grado” /.
Entre
los testimonios más antiguos acerca del cerramiento urbano por medio de esta
muralla del barrio de Santo Domingo de Alcalá la Real, se encontraba el de Juan
Sánchez de Aranda, jurado y procurador ante el Consejo de Regencia de Juan
II. Son patentes estas palabras sobre su
origen musulmán y la posterior reconstrucción de la muralla: “E que dos lienços del muro de la villa que
estavan començados a canterar, que son del muro viejo de tiempo de los moros”.
Un aspecto, a un paso entre lo urbano
y lo rústico, presentaba el arrabal en los siglos
anteriores a la conquista de Granada,
tal como se manifiesta en el acta de cabildo de 11 de marzo de 1492:“En este cabildo, acordaron los dichos
señores prendar un libramiento de cincuenta reales de las penas del queso de
Juan de Burgos, obligado, para el
cantero que roça las peñas de la entrada
de la ciudad (…)”[2].El espacio
amurallado se mantenía perfectamente delimitado, con un pasillo interior adosado o un anillo que nunca podía invadirse por las viviendas de los ocupantes del barrio y, como es
lógico, con un espacio exterior aprovechando los escarpados y elevándose cuando
las circunstancias lo requerían.
Pronto,
debió ocuparse el pasillo o calle en torno a la muralla con el adosamiento de
viviendas. Se hizo conforme se va
perdiendo el sentido defensivo de la muralla por la ausencia de enemigos
exteriores. Por lo tanto, en siglos posteriores el espacio de separación entre
la muralla de la fortaleza con respecto a las viviendas del Arrabal Viejo no estaba
muy bien definido por algunas partes, porque no era extraño que este alcanzara los tejados cercanos o
adosados a los pies de las torres y muros. Por otra parte, en 1621 el erudito
don Antonio de Gamboa, alcaide y regidor perpetuo, escribió un documento sobre
los orígenes de Alcalá la Real, muy posterior a la época de la conquista de Alcalá
de Aben Zayde, que pone de manifiesto la importancia de la muralla de la
fortaleza alcalaína: Para lo qual les dio
un ingenio y dos cabritas, machinas de guerra de aquel tiempo, y de esta suerte
sitiada y cercada la villa del Castillo
Locubín, venían seguros los bastimentos
al ejército y quanto quiera que la ciudad de Alcalá, entonces llamada de
Aben Çaide, así por la natural fortaleza del sitio como por la fortaleça de sus
murallas y torres que, para aquel tiempo, eran muy gallardas, como oy se
muestran, parescía inexpugnable, como lo era, y que avía conservado la frontera
por los moros tanto tiempo;”.
Pero,
este documento, si es importante por su fundamento histórico, lo es más por
haberse servido de las descripciones de los elementos defensivos y de los
barrios de la ciudad fortificada en tiempos del autor del documento (el reinado
de Felipe III) con los de la época anterior a la conquista. Por eso, es un dato
ineludible que, antes del reinado de Alfonso XI, el Arrabal Viejo y la muralla circundante
se encontraban en pie, como lo manifiestan estas palabras: “Por esta causa insistía el rey don Alonso para ganar fuerça tan
importante y, así animando a los suios, arrimando las escalas por lo bajo, que
es la parte que oy está el Rastro y la muralla más baja, aunque la defendieron
valientemente. Como los xristianos estaban en presencia del Rey y victoriosos
de la del Saldado acometieron a los moros de tal suerte que, horadando por
muchas partes la muralla, ganaron el arrabal hasta donde oy está la Torre de la
Cárçel, que bate y llega su corona y sobrepuja la muralla de la Plaça de la
Mota; esta torre era muy fuerte, como oy lo es, y fue la primera entrada y, el
ganarse este arrabal por el rei don
Alonso, día de Santo Domingo de Silos”.
Esta
muralla fue una de los lugares mejor descritos a lo largo de la historia de
Alcalá la Real. Así, nos lo cuenta Sancho de Aranda en una escaramuza con los moros:
“El qual, como una vez con otros
cavalleros hiziese una entrada llegando de noche a los muros de Alcalá, en un
adarve, que está devajo de la fortaleza, puso una escala por la qual subió sólo
sin otra compañía. Y, subido, saltó adentro, el andén del adarve, era poco más
alto y, por partes casi igual al suelo del dicho corral, a do halló un moro que
esta va con una manada”.
Como
muy bien manifiesta Carmen Juan, por la parte occidental “encerraba un pequeño barrio llamado el Adarve (luego del Rastro y Matadero)
y una liza lo carrera de caballería y donde, a veces, entraban los enemigos en
sus frecuentes ataques”. No es de extrañar que, cercana a esta zona,
estuvieran los muladares de la ciudad, lo que preocupaba mucho a las
autoridades de la ciudad. “Que se saquen
las inmundicias que se echan en este
sitio, en el sitio de enfrente de la casa de Diego Ramírez en un muladar que
allí está, que alinda con el camino de San Bartolomé, porque el de la Peña
Horadada se ha cerrado de piedras e inmundicias”
LA
DISTRIBUCIÓN DE LA VIVIENDA EN EL ARRABAL VIEJO
El
Arrabal Viejo debió ofrecer, como señalan las Ordenanzas Municipales de los
años posteriores, un aspecto y ambiente asfixiante para los vecinos, que,
conforme se acercaban a la fortaleza, vivían en calles estrechas, y en casas
completamente amontonadas, como si quisieran trepar hacia la roca de la ciudad
fortificada y, al mismo tiempo, se cobijaran en el seno de sus profundidades
cavernarias. Hasta muy avanzado el siglo XVI, el aspecto que circundaba la
muralla, quedaba establecido de acuerdo con un criterio defensivo que impedía
cualquier tipo de obstáculo para el tránsito de la milicia urbana en el caso de
un posible ataque y se encaminaba, al mismo tiempo, a presentar la mayor
dificultad de tránsito entre la muralla y la vivienda urbana, creando un
espacio vacío de adarve o anillo amurallado:
“Debía
mantener en buen estado los muros del recinto ciudadano, procurando tener
alejado de sus cercanías todo cuanto pudiera dañarlos, que, en definitiva, en
una población marcada por unas condiciones profundamente rurales, se reducían a
apartar el estiércol que sobre las murallas solían amontonar los vecinos,
evitar que se hiciese fosa o estancar en los lugares perjudiciales a las murallas, procurar el
mantenimiento de un notable espacio entre muros y casas de vecinos de diez
pasadas de ancho, y procurar que no hubiese brechas en el recinto murado, fuera
de su puerta o puertas que no finque cosa alguna por donde quepa hombre”[3].
EL ACCESO AL BARRIO DE SANTO DOMINGO
En
primer lugar, hay que partir del carácter militar del barrio de Santo Domingo y
su indefinición territorial interior en los primeros momentos de su desarrollo
urbanístico en tiempos de los musulmanes. Sus murallas, cerradas a cal y canto,
impedían cualquier intento de penetración bélica al recinto de este Viejo
Arrabal. Así, según los datos de las
actas de cabildo de 1492, tan sólo se permitía la entrada por una única puerta,
y, esto dio lugar a que, en tiempos de los Reyes Católicos y con la nueva
situación de conquista del reino nazarí y llegada de un largo y
definitivo proceso de paz, se diera
licencia en abrir la muralla por varios
lugares y aumentara[4] en nuevos
vanos. Por otra parte, por el hecho de
encontrarse el arrabal en una fortaleza que era flanco de continuos ataques, en
un se cuidó y se puso dificultades para el acceso directo entre el propio
barrio y la ciudad fortificada, y, además, con respecto al resto de vías que se
acercaban al castillo. En primer lugar, por lo escarpado del lugar se salvó
artificialmente el acceso entre este barrio y la fortaleza, lo que se hacía a
través del Cañuto, un camino cubierto que salía del Gabán hasta la iglesia de
Santo Domingo, hoy desparecido. También este espacio cubierto se incardinó dentro de la muralla hasta llegar a través de varios O estas
dos referencias que aluden a una calle situada a su pie, tras
la caída del Gabán, con la compra: “de
la casa de Alonso de Medina, para ensanche del Gabán[5]
y la calle que ha de quedar al pie de la obra del Gabán, costo 300 ducados[6]. Según una
libranza de 1572, se observa que el
Cañuto la calle se componía de tramos
interiores y exteriores empedrados[7]:“Descárguensele e más dos e cuatrocientos e
ochenta y dos mrs. que pagó a Diego de
Marmolejo empedrador de setenta y tres tapias de empedrado que hizo en la calle
del Cañuto que desciende de la Plaza al arrabal Viejo que se mandó empedrar por
estar peligroso, a real la tapia. Mostró fe del medidor que midió el empedrado
declaración del mayordomo.
A este barrio, su vez, se accedía
exteriormente desde los caminos de Granada o de Jaén, por varias puertas: las
del Arrabal, la de Martín Ruiz o del Cambrón, la de Granada y la de Zayde. A
esta última desembocaba una calle, como lo manifiesta el Discurso de los Aranda”.
Desde el suelo bajo de la calle, que es
do está la puerta que dicen de Zaida, arrimada a la dicha torre(Nueva).”
Con
la ampliación de los barrios adyacentes, la puerta del Rastro, la de San
Bartolomé y la de la Peste jugaron un gran papel en otros momentos de peste y
epidemia.
Por
consiguiente, la ubicación de las puertas definió el diseño urbanístico posterior
de este barrio, porque el entramado vial arrancó de muchas de ellas o, al
menos, reservan espacios abiertos al barrio.
LA TRAMA URBANA Y LA VIVIENDA
La
mezquita, transformada posteriormente en iglesia mudéjar y reedificada con
estilo gótico y renacentista, ocupaba la parte central de este barrio
sobresaliendo del resto de los edificios. Junto a ella, había varios edificios
notables de la ciudad, entre ellos un horno de la ciudad y algunas casas de
personas nobles y religiosas, como lo describe este censo de mediados del siglo
XVI Varias calles distribuyeron un gran número de casas más modestas como
correspondían a sus numerosos vecinos que las habitaron intensamente, sobre todo,
a partir del siglo XVI. La tipología de casas puede responder a los siguientes
modelos:
-una
casa hidalga, con dos cuerpos. Se accedía al primero, por una puerta abierta
asimétrica a la casa frontal de su calle, portal, patio castellano con pilares
y cobertizos y habitaciones para cocina, salón bajo, caballeriza, huerto con
pozo; el segundo, aprovechando los desniveles del terreno que le serían de
base o una escalera artificial, se
accedía a los cuartos de dormitorio; excepcionalmente, un tercer cuerpo,
compuesto de pajar o una bodega subterránea. El padrón desaparecido de 1495 nos
proporciona el dato de que 24 vecinos hidalgos vivían en el Arrabal en contraposición de 81 de la ciudadela de la Mota[8].
-Casa,
de un solo cuerpo, con bodega excavada en la roca y miradores que se enlazaban
con las partes superiores de la fortaleza o un corral fuera de la muralla.
Sirva de referencia este contrato para realizar una casa a Martín de Cea en la
calle Cava en torno a 1620.
“Pedro
Nuño se obliga a hacer en la calle Cava un cuerpo de casa y corral a Martín de Cea, capitán[9]”
-Casa-cámara,
para viudas, criados y personas pobres de solemnidad que ocupaban los lugares
más recónditos y superpuestos entre las viviendas. Son frecuentes las
referencias en libros de censos y padrones y se adelantan a las casas de
vecinos de las poblaciones de vecinos.
Conforme
avanza el tiempo, las casas reservan lugares para lagares, telares, tundidores,
tintes etc. Con el fin de destinarse a estos fines, se ven favorecidas por un e
pozo que les surte de agua doméstica, de elemento fundamental de higiene
limpieza y de riego básico para el pequeño huerto, lo que se manifiesta en
estas palabras del cronista Guardia Castellanos:
“Contrastando con la aridez y sequedad
dominantes en la meseta del cerro de la Mota, debido a su conformación
geológica, responde la abundancia de pozos enclavados en su ladera meridional,
donde se alzaba el barrio denominado el Arrabal: las aguas pluviales
depositadas en las mismas, al ser filtradas por las capas de tierra que la
cubren, si bien por lo reducido del área
de la expresada meseta no llegan a
surtir toda la dicha ladera hasta llegar a la hondonada, emergen, en cambio,
con riquísimas propiedades de potabilidad del fondo de los innumerables pozos
enclavados en las proximidades de las murallas que coronan el cerro, lo que
hace suponer que en cada casa que constituyeran el Arrabal, existiría un pozo.
De los distintos que en la actualidad existen en los huertos y corraladas de
dicho paraje, ninguno de ellos tan fresco y cristalino como los dos que hay en
la antigua mezquita mora, hoy Iglesia de Santo Domingo, el uno que, en la
plazuela de entrada, y el otro en un pequeño corral contiguo a la sacristía, y
muy especialmente este último, el cual según dice, data de tiempos de la
dominación sarracena”.
A
través de los contratos de compraventa y mandas testamentarias de los documentos notariales, percibimos
en, dentro del Arrabal Viejo, el
encabalgamiento de una casa sobre otra y la ampliación de la vivienda a través
de la excavación del subsuelo y de la
roca que conformaban dos formas constructivas muy peligrosas para la
seguridad de los vecinos, pues provocaba caída de manzanas completas de
viviendas y de los fundamentos de
muros, así como la destrucción de la
trama viaria original estableciendo
diversas capas de trama urbana, a veces, confusas e indescifrables para las
investigaciones posteriores Con las
excavaciones y perforaciones de la roca del cerro, los vecinos consiguieron
formar bodegas dentro de las
cuevas de la roca, cárceles para esclavos, cámaras o viviendas infrahumanas
para criados, viudas y pobres de solemnidad, despensas, almacenes, pozos ciegos
y de agua y sótanos, hasta tal punto que las autoridades se veían obligados a
perseguir continuamente cualquier abuso
de infracción urbanística: “Cualquier
home que quisiere cabar pozo o gabia o cárcel o sótano no debe fazer la caba
cerca de la pared ajena”.
El
paisaje urbano se completaba con tinas, cuadras y caballerizas en las casas de
las familias más nobles, ocupando la parte baja; en otros casos, gallineros
para las familias humildes: en ambos casos estableciendo la separación entre
una casa y otra
CONCLUSIONES
De
acuerdo con las fuentes escritas, el Arrabal Viejo fue un espacio urbano que se
desarrolló a lo largo de la historia de la ciudad de Alcalá la Real ofreciendo
diversos paisajes:
-No
está constatado asentamiento urbano en todo el cerramiento de la tercera mural
durante la época musulmana, sino más bien ofrecía un aspecto semirrrural con
predominio de huertos, solarines y, tan sólo, utilización de la parte baja del
cercamiento de la segunda muralla.
-A
partir del siglo XVI, se desarrolla la urbanización completa de todo el barrio
de Santo Domingo con varias calles y nuevos accesos.
-El
cerramiento y la demarcación del barrio de Santo Domingo sufren una importante
regresión urbana en los siglos posteriores que alcanza su abandono total en los
finales del siglo XX.
CALLE
DEL POSTIGO
Actualmente, se encuentra a los pies de la antemuralla
de las Entrepuertas y se adentra por un arco de medio punto enrejado. Por ella
se bajaba hasta el barrio de Santo Domingo de Silos, y era recorrida por
algunas procesiones de las Letanías y la del Corpus Cristi.
LA IGLESIA DE SANTO DOMINGO
Fue una antigua mezquita,
como se transmitió a través de los textos y litografías documentales, donde se
ubicó esta iglesia en honor a Santo Domingo de Silos por coincidir la fecha del
santo con la de la conquista del arrabal el 20 de diciembre de 1340. Se accedió
a ella, desde la ciudad fortificada a través de la calle Postigo y la
descendida de la salida del Cañuto; desde las afueras a través de las calles
que partían de las puertas de Martín Ruiz, Arrabal y Granada. Estaba colocada
en la ladera suroriental del cerro de la Mota formando una plazoleta que
rodeaba una baranda convertido en un excelente mirador, donde se alojaba un
pozo. Actualmente ha sufrido una fuerte degradación esta iglesia gótico mudéjar,
a pesar de las muchas intervenciones de la administración central y autonómica
en los últimos cuarenta años. Fue adquirida recientemente por el ayuntamiento alcalaíno
en 2006 al Obispado de Jaén. Presenta un conjunto de estructura compleja y
edificado en varias fases. De estructura basilical, con tres naves en la planta
rectangular, la cabecera plana en las naves laterales y cuadrada, algo
desviada, en la nave central a manera de ábside que constituye la capilla mayor
cubierta con una bóveda nervada y dividida en dos tramos, que se repite en la antigua
del baptisterio. En el resto de las naves, se colocaba una armadura de madera sobre
pilares cuadrangulares para sujetar los arcos ojivales formeros con diferencia
entre la nave central y las laterales. Es de piedra de cantería bien labrada y
cortada con sillares sin ladrillo y tan solo revestida por algunos lugares con
adornos mudéjares. Además de la iglesia
tiene adosadas la sacristía de 6.70 x 6.20 metros, antesacristía 6.70 x 4 metros,
las dos de planta rectangular y una torre, las tres de estilo renacentista y
construidas por el abad Maximiliano de Austira a finales del siglo XVI.
Destacamos las medidas fundamentales de su planta de 33.50 de largo y 22.50 de
ancho; la torre de 4.30 metros x 2.50, la capilla mayor trapezoidal, con los lados
de 5.80 metros, 6.70 y 6.30. De entre las cuatro fachadas, la meridional es la
más importante y está dividida en tres tramos y se abre con la portada de arco apuntado de centros interiores, algo
abocinado, muy sencillo y flanqueado por una archivolta.
Prácticamente, desde 1936 ha venido decayendo hasta su
abandono total de modo que solo se mantienen los elementos de soporte, los
muros y algunos pilares y arcos, pero, al menos, puede describirse su interior.
En el ala de la epístola, existían las capillas del Resucitado, con retablos de
la Anunciación y Santa Colaina, la de Santa Ana, y entre esta y la de la
Asunción coronada por los ángeles con santa Catalina y san Roque, la lápida
dedicada al vicario gobernador Gil Fernández por el abad Diego de Ávila con
motivo de su muerte en 1570., y en el
frontal con adornos mudéjar la capilla de Nuestra Señora de la Antigua con el
retablo de Ecce-Homo y un Cristo En el ala del Evangelio, la capilla del
Bautismo, la del retablo de la Circuncisión
y las tablas que se conserva en el retablo de la sacristía de la iglesia de las
Angustias, la capilla de Santa Lucía,. En la nave central estaba el retablo de
Santa Catalina y destacaba, sobre todo el retablo de la capilla mayor, donado
por el cardenal Mendoza y ejecutado en parte por Juan Ramírez, cuya tabla
central se encuentra en la iglesia de las Angustias y el resto se vendieron o
destruyeron conservándose algunas en casas particulares o de anticuarios.
EL
HORNO Y LA TIENDA
Sírvanos
esta cita de 11 de febrero de 1530, donde se recoge la ubicación del horno municipal:
En este cabildo se acometió a Francisco
de Aranda regidor se haga reparar el horno de la ciudad que está junto a Santo Domingo
e que el obrero con su parecer lo ha haga luego. O esta otra sobre la tienda 9.7.1529. Proveyó una petición de Miguel Sánchez Vasco
sobre la tienda de Santo Domingo que pedía licencia para vender, proveyó que se
guarden las ordenanzas-
[1] SÁNCHEZ MÁRMOL, Fernando. Andalucía monumental (de la Mezquita al
mudéjar). Biblioteca de Cultura Andaluza. Pp. 111. Muy fuerte es la
influencia del sistema defensivo almohade, pues desarrolló extraordinariamente
el arte de las fortificaciones “Se
perfecciona el sistema de puertas de recodo, se hace uso de la barbacana o antemural
que envolvía el recinto y se utilizó como norma la construcción de torres
albarranas”.
[2]
TORO CEBALLOS, Francisco. Colección Diplomática del Archivo Municipal. Alcalá la Real. Reyes Católicos. Actas de
1492.
[3]
Ibíd. Tomo II. Pág. 17.
[4]
AMAR. Acta de cabildo de 11 de marzo y 30 de mayo de 1492.
[5]
AMAR. Acta del cabildo de 18 de marzo de 1597.
[6]
AMAR. Acta de 6 de febrero de 1595.
[7]
AMAR. Libro de cuentas de 1572. Libranza séptima.
[8]
GUARDIA CASTELLANO, A. Leyenda y notas para la Historia de Alcalá la Real.
Edición de Foro 1996. Pág. 181. Luego, sus casas estaban en una proporción de
menos del 25 %, que no debía coincidir con la población correspondiente a toda
la vecindad, porque de los 555 vecinos de Alcalá la Real, probablemente ya en
1495, existirían más de cien casas en el Arrabal Viejo.
[9]
AHPJ. Legajo. 4902- Folio 438. 20 de noviembre de 1620.



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