ENTRE
ANIVERSARIOS Y GRADUACIONES
El
individuo se rige en la vida por una serie de principios que marcan su rendimiento
y comportamiento. Lo mismo suele aplicarse a la sociedad civil, que algunos
invocan a menudo cuando no le interesa la democracia. Me decía un afamado
escritor que hay dos parámetros que regulan a todos ellos, y los concretaba
en el premio o el castigo. Ambos son los filtros que marcan la vida de los
individuos, social y democrática. Parece que desgraciadamente los algoritmos digitales
han roto este mecanismo, tan sencillo y motivador. Es verdad que castigo no
suele aparecer con frecuencia o públicamente, pero se ejerce desde los
estamentos y desde los propios individuos, y se manifiesta con comportamientos
que adoptan medidas desde la censura hasta las más inverosímiles como el
edadismo pasando por otros más severos como la marginación, la exclusión o los actos
punitivos ejemplarizantes. No digamos con la respuesta de la naturaleza con el
cambio climático, los movimientos sísmicos o de otra índole. En el campo
político, el castigo se ejerce con el voto, quitando representación y con otras
fórmulas de manifestaciones públicas.
No
nos debe extrañar que las antiguas graduaciones de los estamentos
universitarios se hayan multiplicado por todos lares y con este acto se premie
desde el niño que acaba la etapa infantil hasta el que ha cursado los estudios
de Bachillerato, pasando por los estudiantes de primaria, ESO, Ciclos
profesionales de cualquier ámbito o estamentos y Mayores de Edad. Lo mismo se
podía comentar con las celebraciones de aniversarios que se han ampliado de las
bodas de plata y oro, a las de Madera, Aluminio, cristal, porcelana, Perla, Rubí y
Diamante, y, las misma en otros campos y aumento de fechas intermedias, porque
ya no sólo importan los dígitos de cero y cinco, sino que nos pueden sorprender
con uno de trigésimo tercero aniversario.
Estos premios se centran en la educación,
pero abundan los que establecen otros estamentos como medios de comunicación,
políticos, empresariales o simplemente sociales. Basta recordar estos premios a
nivel nacional Miguel de Cervantes,
Príncipe de Asturias o de Gerona, por citar a algunos; en nuestro entorno
proliferan los Jiennenses e Ideales del
Año así como en las comarcas del Santo Reino los hijos adoptivos,
predilectos, cofrades beneméritos, hércules alcalaínos o cerezas de oro. Este
último reconocimiento del Castillo de Locubín en la Sierra Sur sorprende por su gran
generosidad y acierto de su ayuntamiento. Se hace portavoz de un pueblo que
siempre ha aflorado valores dignos de estos premios por haber destacado el comportamiento
de las personas nonagenarias como un símbolo de ejemplaridad para todos los
demás vecinos, por reconocer sus personas de excelencia que sobresalieron en los
diversos campos del arte, del deporte, vida social o del mundo empresarial, y, sobre todo, por la
generosidad de darle el premio a
gobernantes que supieron acudir a colaborar con el pueblo castillero, o ,
compartieron con ellos su historia, su cultura y su propagación a la sociedad.
Se
comprende perfectamente el efecto ejemplarizante que las Cerezas de Oro no sólo
endulzan y premian el comportamiento de las personas, sino también que muestran
la talla de sus gobernantes como auténticos portavoces del pueblo, cuando saben
perfectamente unir la sociedad civil y el ejercicio democrático, son un modelo
a imitar, de los que permitidme que les dé el agradecimiento.