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domingo, 8 de marzo de 2026

EN LA SEMANA DEL JAÉN. VISITA DE CARLOS I EN 1526

 

CENTENARIO DE LA VISITA DE CARLOS V EN JAÉN (I)

 


Se frecuenta la promoción de rutas históricas en la provincia de Jaén. Destaca, por encima de todas, la de los Castillos y Batallas, digna de visitar por la proliferación de acontecimientos históricos y recintos fortificados que abundan a lo largo del mar de olivos. Pero, no fue la única ni la más relevante. Se puede ampliar la oferta con la de las tierras de fronteras, la califal, nazarí, almohade, vandelviriana, de San Juan de la Cruz. Y este año se celebra el quinto centenario de la presencia del emperador Carlos V en el reino de Jaén. Como señalaba el profesor Galera Andreu: el antiguo Reino de Jaén ya fue relativamente afortunado con la presencia de un emperador tan trashumante como Carlos V, quien recorrió su territorio en dos ocasiones, de oeste a sur y de sur a norte, con motivo de su boda y estancia en Granada. Aunque dichas visitas entraban en el itinerario de su viaje de bodas, las estancias en las villas y ciudades señaladas no dejan de tener su significación política

El emperador recorrió la provincia de Jaén en dos ocasiones principales en 1526 con motivo de sus bodas en Sevilla y estancias en Granada, transitando de oeste a sur y de sur a norte. Esta ruta se convirtió en una oferta turística dentro de los Itinera Carolus V Imperator. En este viaje, el emperador, acompañado de la reina Isabel de Portugal llegó a Alcaudete el 25 del año 1526, proveniente de Sevilla el 13 de abril y tras pasar por las ciudades de Carmona, Fuentes de Andalucía Venta del Palmar, Écija, Guadalcazar, Córdoba y Castro del Río.  





Emperador-Rey llegó a Alcaudete el 25 de mayo y pasó allí el 26 y 27. Y nos quedamos con estas palabras del profesor Galera “La primera de ellas, Alcaudete, en el viaje de Sevilla a Granada, procedente de Córdoba sorprende que no sea una mera parada de descanso para pernoctar, como sucede en la mayoría de los núcleos del itinerario, sino que alarga su estancia dos días, más de lo que pararía en las otras ciudades jiennenses como Jaén, Úbeda, Baeza o Alcalá la Real. Esta significación cabe pensar que guarde relación con el favor y la confianza depositada en el señor de la villa, Martín Alfonso de Córdoba y Velasco, quien tres años más tarde obtendría el título de Conde de Alcaudete en recompensa por los servicios prestados en la guerra de las Comunidades y como Capitán General de Navarra, después Virrey de aquel territorio, y finalmente Capitán General del reino de Tremecén en el norte de África; en resumen, hombre para el emperador «de confianza summa siempre»

. En Loja, donde se esperaba su llegada, por la mala situación de sus caminos y calzadas se evadió el tránsito de la caravana imperial. Sin embargo, Carlos I pasó y estuvo en Alcalá el día 28 de mayo de 1526, donde juró los fueros de la ciudad. Hay varios documentos referentes a este acto. Uno de ellos, ante el escribano del cabildo, Antonio Blázquez nos lo relata con estas palabras:

En la noble y muy leal ciudad de Alcalá la Real, llave y guarda y detenimiento de los reinos de Castilla, lunes  veinte y seis de mayo del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo de mil quinientos veinte e seis años, este día entrando a esta ciudad la Sacra Cesárea Católica Majestad el muy alto Católico e muy poderoso, rey don Carlos Nuestro señor, y estando en el arco de la puerta de la Mota de esta ciudad junto a la Plaza Pública de ella, a suplicación  de esta ciudad , Su Majestad en presencia de mí, Antonio Blázquez, escribano del cabildo y de número de esta dicha ciudad e testigos susoescritos, dijo que confirmaba e confirmó los privilegios e libertades de esta dicha ciudad y puso la mano encima de un libro misal y de una cruz de plata, que para esto fue traída e dijo que juraba e juró de guardar los dichos privilegios y libertades de esta dicha ciudad si es según que los Reyes Católicos, sus antecesores, los guardaron e muy mejor a en su tiempo. E la Justicia e regimiento de esta dicha ciudad, que presentes estuvieron lo pidieron por testimonio ansi al dicho escribano, estando presentes por testigo el alcaide Joan de Aranda, alcaide de Montefrío y el alcaide Johan de Valenzuela de esta ciudad y el licenciado, Pero Ordóñez, provisor de esta dicha ciudad y otras personas vecinas de ella, y los dichos testigos firmaron de sus nombres por testigos. El licenciado Pedro Ordóñez de Ortiz. Juan de Valenzuela, Juan de Aranda. Ante mí Antonio Blázquez, escribano del cabildo y número”.

               

 

Este día, comió, cenó y pernoctó en Alcalá la Real y el 29 salió para Santa Fe.      Según cuenta Guardia Castellanos refiriéndose a fuentes documentales anteriores, durmió en la Torre de Homenaje de la fortaleza de la Mota y allí tremoló durante varios días el morado pendón real. Prueba del testimonio del acto del juramento fue la elaboración de un escudo imperial que en el interior de la bóveda del arco de las Entrepuertas se conservaba un escudo imperial hasta los primeros años del siglo XX y puede coincidir con el mismo que actualmente se halla en la puerta de la Imagen. 

   Era corregidor. Francisco de Alarcón, sobrino de Martín de Alarcón y caballero de las Guardas de los RR.CC. alcalde de aguas de Granada, oficio que era muy bien remunerado e y además veinticuatro de Granada. Conocía bien la zona del corregimiento, porque estuvo de visitador de los términos en litigios con la ciudad de Loja en el mismo año. Debió ocupar una anterior alcaldía mayor antes de la alcalaína, lo que, unido a su experiencia de juez de apelación y repartimiento en las ordenanzas de obras, les sirvió de experiencia en el corregimiento. La impronta de Carlos V fue muy significativa, porque      en su tiempo se llevó a cabo un importante repartimiento de diez mil fanegas de tierra de labor, procedente de dehesas y montes que se distribuyeron entre los vecinos por una cédula del emperador. También se recibió una nueva merced de mil fanegas para tierras de trigo que afectó a los cortijos de propios, probablemente el del Sapillo, Alloza rejo y Puerto Locubín.

           Tras permanecer el emperador en Granada, de nuevo volvió a Jaén. Aunque se había previsto un itinerario desde Alcaudete a Úbeda, Baeza y Jaén, se invirtió al final en el viaje de vuelta de Granada a Valladolid. Se llevó a cabo, en diciembre de 1626, de nuevo pernoctó en Alcalá la Real, Martos, Jaén, Baeza, Úbeda y Vilches, (la ciudad del Condado estancia funcional antes de abordar el paso de Sierra Morena. Concretamente el calendario del viaje, l 11 de diciembre llegó de Pinos-Puente a Alcalá la Real donde cenó y durmió. El 12 comió en Alcalá y cenó y pernoctó en Martos. El 15 comió en Martos y cenó y pernoctó en Jaén, donde estuvo el 14 y comió el 15, que salió para Baeza donde cenó y durmió. El 16 comió en Baeza y cenó y durmió en Úbeda. El 17 comió en Úbeda y cenó y pernoctó en Vilches. El 18, comió, cenó y pernoctó en la Venta de los Palacios en Sierra Morena y el 19 salió para Santa Cruz de Múdela.

CONOCIENDO LA MOTA XXX IV. V. ENTRADA POR EL CAMINO DE LA PUERTA DE SANTIAGO


 

 


 

            A través de la calle empedrada que mira a occidente a espaldas del Centro de Información, se recorren los parajes del antiguo barrio de San Sebastián, hoy convertido en campo de olivos y solarices, pero con unas bellas vistas hacia los parajes de la Mata, la Acamuña, los Zumacales de los Tajos y la ruta a los pueblos cordobeses de la Subbéticas (Priego, Cabra, Rute, Lucena...)  y a las aldeas noroccidentales de Alcalá la Real (Caserías, Fuente Álamo, La Rábita...). En su tramo final, una puerta de rejería ha sustituido a la antigua Puerta de Santiago, del Aire o Poterna, y de allí por las Caballerizas de los Abades se adentra por el Bahondillo lindando con la roca que hizo de primer amurallamiento de la ciudad, donde hay restos de cuevas.

           

 

 

BARRIO DE SAN SEBASTIÁN

 

 

            Antes de la entrada de la ciudad fortificada, desde el callejón de San Francisco se iniciaba una calle, que se comunicaba con otra que subía a la Mota por la puerta del Aire. Se extendía este barrio que llegó a poblarse con unos veinte vecinos junto con los de la cercana calle de San Francisco.   Durante del reinado de Juan II entre 1439, su hijo el príncipe Enrique IV tuvo su alojamiento en un mesón denominado de la Torre, situado junto la ermita que le daba el nombre de San Sebastián con motivo de una incursión en tierras musulmanas de Montefrío atendiendo a la postura de los partidarios de su padre, el bando de los Montesinos, que consideraban un desaire se les permitiese un alojamiento dentro de la ciudad fortificada por estar a aliado a sus tíos los infantes de Aragón.

            “como el príncipe don Enrique, en vida de su padre don Juan el Segundo, biniese poderosamente a hazer la guerra a los moros, señaladamente a los de Montefrío, y su entrada se avía de ser por Alcalá., (1439-1445); porque le constaba que estava en desgrazia del rey, su padre y confederados con los Infantes de Aragón, sus tíos, que tenían guerra con él; parezíale poderosos como venía que podría hazer algún sinsabor a su padre, y apoderarse de la ciudad. Y por esto, el día que el príncipe avía de entrar, él y Gonzalo Monte que eran los más principales, acompañados de los otros deudos y parientes, dejando sin embargo aderezado el Mesón de la Torre, que estava junto a la hermita de San Sevastián, a do se aposentase fuera de la de la ciudad... Y por esto le suplicavan que tuviese a mal de se aposentar fuera, ni aquello lo reziviese por desacatado, pues se hazía por guardar toda la lealtad a su rey”. Algo similar le ocurrrió al Marqués de Santillana en tiempos del mismo rey que tuvo que alojarse en la misma ermita y la ciudad no atendió que entraran detnro de sus murallas.  No es de extrañar que en su derredor, también se instalaran algunas viviendas dispersas como  mesones, ermitas, y posadas: “Sin embargo aderezado el Mesón de la Torre, que estava junto a la hermita de San Sevastián, a do se aposentase fuera de la de la ciudad[1]”-

 





  PUERTA  DE LA PEÑA HORADADA Y LA DEL HIERRO

 

Las puertas jugaron también una función esencial de control de los pasajeros. Ya sabemos que  les impedían la entrada en tiempos de peste o epidemia, por simples razones sanitarias. Bastaba que avisaran de Granada, el presidente de la Chancillería, para que colocaran puestos de guardias en ellas, se limpiaran las calles, se fijaran carteles con el nombre de ciudades apestadas, y, en la misma puerta, se encendiera una vela, de noche para iluminar su acceso e  impedir que entrara cualquier persona. Esto se cumplía a rajatabla, y rara fue  la peste que ocasionó  muertos en la fortaleza alcalaína. Podemos decir que  la ciudad fortificada de la Mota se salvó  en  casi  todos los siglos anteriores al XIX menos algunos muertos aislados de extranjeros, forasteros o vecinos del campo. En otras ocasiones, se cerraban  para impedir  cualquier ataque imprevisto de los enemigos musulmanes o franceses  en tiempos de guerra o, de algún que otro monfí o bandolero en tiempos de paz.     

           

Ambos responden  a los últimos supervivientes de las guerras, que se  echan a estas sierras subbéticas  y se dedican a saltear cortijos, otros se agrupaban con los evadidos de la justicia y campaban en libertad sin sujeción  alguna a ninguna autoridad. Los primeros, que los hubo, fueron perseguidos por los años ochenta del siglo  XVI, por las  autoridades- el corregidor, los regidores y guardas de campo- tras las guerras de los moriscos en  varias ocasiones; los bandoleros, solían recorrer las sierras de Frailes, el  Castillo de Locubín y San Pedro, siendo perseguidos por las autoridades, sobre todo en el siglo XVII y XIX.

 

Volviendo a las puertas, cuando la Mota ya se hallaba casi abandonada, las  únicas que servían era la Peña Horadada, para controlar la salida de los campesinos al laboreo por la Mota, y, en la nueva ciudad, la de los Álamos y la Fuente Tejuela, luego la de las caserías de los Valencias o la Cruz de los Moros.

 

No se mantuvieron siempre con el mismo nombre, ni las mismas puertas pervivieron con la utilidad. Pues, entre las desparecidas, en 1582, era muy importante la de la Peña Horadada, para todos los barrios del derredor de la Mota, San Sebastián, San Francisco, San Bartolomé y para la salida del campo; recibe el nombre a una peña, donde se libró una escaramuza entre unos musulmanes y un miembro de la familia Aranda, que clavó la lanza Hazconada en una peña (y como vulgarismo le dio el nombre deformado de Peña Horadada, por la cueva de su subsuelo). Otra puerta de arrabal, la del Aire, perdió algún prestigio  en este entorno, por los pocos vecinos del Bahondillo en siglos pasados, también llamada la puerta de Santiago o de La Pescadería; era  un arco apuntado, que actualmente ha sido por una puerta enrejada, albergado bajo un cubo de la muralla con un suelo enladrillado de espinapez. Como puerta poterna y de entrada de carruaje, cercana a la puerta se encontraban las Caballerizas del Abad.  Fue rehecha por los mismos canteros y tiempo de la torre de la Especería, actualmente una puerta de reja de hierro que permite el acceso de los vehículos pesados a la parte alta de la fortaleza.  Fue reconstruida en 11 de septiembre de 1573, e intervinieron los canteros los canteros y maestros Juan de Macías, Domingo Oribe Vizcaíno y Alonso Martínez de Tudela. Su suelo estaba enladrillado en el siglo XVI con el conocido opus spicatum o espinapel.  

 

Cercana a la muralla por la cara a los arrabales nuevos, se encontraba otra puerta. Y algunos llegaron a darle el nombre a la Puerta de la Mancebía- Se  presentaba como la del  primer cerramiento de los barrios del Albaicín y Entrepuertas. Pero esta  puerta, no  se conserva, y tan sólo se observa un arranque del arco  antes del tramo ascendente delante de la Puerta de las Lanzas. En un documento del escribano Alonso Ramírez de Molina, por fin, se ha  encontrado con el nombre de  LA PUERTA DEL HIERRO. Aparece en  una escritura de censo de 12 de enero de 1566 que realiza el zapatero Lázaro Rodríguez, junto con su esposa Ana Martínez de Pareja, con el regidor Pedro Hernández de Alcaraz en 1566 (legajo 4720 folios 86-89). Para avalar esta operación hipoteca y pone a disposición sus casas. 

Se hallaban estas casas y tiendas, con cuatro morada, encima, que nos los principales tenemos en la calle de  los zapateros de esta ciudad, linde por abajo con casas de la viuda de Juan Martínez y tienda de Pedro de Martos, e por arriba la calle del Albaicín hasta dar a una calle que le dicen de la Puerta el Hierro.

Por lo que este tramo de la calle de Entrepuertas se llamaba de Los Zapateros, y nos ubica LA PUERTA DEL HIERRO en el tramo que denominaba a su calle. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VI. ENTRADA POR LA PUERTA NUEVA

 

            A través de una rampa por encima de la Peña Horadada y una descendida del Rastro se accedía a esta puerta, hoy día cerrada, y en un mal estado de recorrido por estar perdido el sendero en muchas partes del trayecto. Esta puerta fue obra de Martín y Miguel de Bolívar. Se REALIZARON EN EL SEGUNDO DECENIO DEL SIGLO XX las obras de parte de la muralla de Santiago, desde la Torre Nueva de la Cárcel hasta la Puerta Nueva del Bahondillo. Esta última se abrió en tiempos de las Reyes Católicos, pero fue un acceso fundamental para todos los vecinos que provenían de los barrios o arrabales de San Sebastián, Peña Horadada, Cerro de los Palacios o San Bartolomé, Matadero, Rastro y entorno de esta puerta; fue, también, salida de los campesinos de la ciudad fortificada y de sus vecinos al campo en momentos, como el actual, de epidemias, pandemias y peste. Ganó importancia en tiempos de Carlos I hasta tal punto que el famoso maestro Martín de Bolívar la ejecutó a la manera de la puerta de las Lanzas y con una imagen, probablemente de Santa Ana, y escudos de la ciudad a mediados del siglo XVI. Aquel barrio y este lugar desaparecieron prácticamente a finales del siglo XVIII, y se transformó el hábitat humano en una tierra de cultivo. Ahora se ha vuelto a sus orígenes y se ha revitalizado por ser una magnífica y novedosa entrada de la Mota, por la que  se ofrece al visitante una nueva lectura del monumento  alcalaíno: por un lado, se comprende perfectamente, la historia alcalaína del mundo troglodita hasta los tiempos abaciales; por otro lado, es un magnífico mirador de las tierras que se orientan a Priego y Montefrío; y, por último, pueden recuperarse restos arqueológicos importantes de la zona y lugares como  el paramento de la Carrera de los Caballos, la  Puerta del Rastro, el Matadero y las Carnicerías Viejas, así como la Puerta de Zayde que comunicaba estos barrios con el de Santo Domingo. Una  puerta, hasta ahora desconocida, que se conserva en todo su arranque hasta la mitad de sus pilares y  adentra a la calle que se dirigía a la perdida puerta del Cañuto, al pie de la muralla del Gabán. Es extraño el nombre de San Bartolomé, que hace alusión más bien una puerta cercana a las eras  de esta ermita para cerrar la salida al campo. Esta era u na salida de los vecinos del Bahondillo y una entrada para  los que acudían a la ciudad de  Priego y sur de Córdoba y los labradores que lindaba con sus cortijos este camino y el de Montefío.

 



[1] Ibidem., pág. Folio 16 r.

sábado, 7 de marzo de 2026

CONOCIENDO LA MOTA XXXIII. ENTRADA POR EL POZO DEL ALTOZANO

 

TERCERA ENTRADA. POR EL POZO DEL ALTOZANO














 

 

            Antes de entrar a la Ciudad Oculta o pasadizo interior por los restos de la casa del zapatero Rosado, se puede recorrer parte del Jardín, la calle Cava, la puerta de la casa de Herrera, el adarvarlo de Moya, las viviendas de algunos miembros de la familia de los Raxis, la tercera muralla, el rincón de los poetas y el muro de los personajes ilustres (desde los Banu Said hasta Guardia Castellano y los Vía Crucis del Arrabal Viejo y de la Mota).

             A través de la puerta del Arrabal, se adentra al subsuelo de las casas y calles del Arrabal Viejo, las cuevas, y la iglesia de Santo Domingo de Silos. junto con los cimientos de todo tipo de edificaciones. Ilustran de un tiempo pasado en el que el vino,  el mundo subterráneo de la Mota, el colegio de primaria y secundaria, el horno de Santo Domingo,  el paso de la mezquita a la iglesia del mismo nombre, pasajes de la prehistoria desde el Argar a la casa de Malagón, por la Escalerillas de Santo Domingo y la puerta  de Martín Ruiz: la leyenda del capitán felón; las saeteras y troneras; la leyenda de la llave de Alcalá escondida en un paraje de san Bartolomé  y fue descubierta por un moro que regresó a Alcalá la Real o ; la leyenda gitana de la mora Cava.

                                                           EN LOS MESONES

 

            Los arrieros de la campiña frecuentaban la calle de los Mesones Altos Y bajos a las faldas de la muralla de la Mota, junto al adarvillo de Mota y lindando con la puerta del Arrabal Viejo y Nuevo. Entre los mesones, se encontraba varios, entre ellos el de Aranda, las casas de Los López de Mejorada, lindero con el licenciado Torreblanca, o el de Martínez de Colomo; también las de los dos tintes, el tejar y solares en forma de huerto.  A los mesones traían sus acémilas cargadas de costales de trigo o de cántaras de aceite procedentes de los campos de Arjona y Porcuna. Venían cansados tras una larga marcha que se prolongaba durante varios días, en los que el cansancio hacía huellas en sus pies y, también debido a la pernoctación en las desastrosas ventas del camino. Su última parada la hacían en la venta de la Rábita, desde donde madrugaban para llegar pronto al puesto del peso de la Harina, situado junto al Pósito. Aquí se pesaba la carga, se pagaba el impuesto a los encargados del impuesto de millones y, luego, se iban a descansar a una de los mesones que proliferaban por aquella calle. No sólo acudían arrieros, sino también transeúntes del camino de la Corte, camino en el cuyo final del trayecto confluían los de Madrid y Córdoba. Acudía todo tipo de viajeros, por eso no nos extraña la presencia del carmelita fray pedro de la Madre de Dios, que como calificador presenció la conversión de la urca berberisca Fátima, criada de la venta donde pernoctaba, al cristianismo al contemplar el relicario de San Juan de la cruz.

CAVA

            Su nombre alude a las cavas de aguas que se hicieron para abastecimiento de los nuevos barrios y se relaciona con los pozos que surgieron tras la conquista del Rey Alfonso XI y se muestran en torno a los Arrabales Nuevo y Viejo. Otros lo relacionan con una dama musulmana que se asocia en su aventura a la mora Cava del romance con el rey Rodrigo invirtiendo los papeles.  distinguían dos partes de la Cava, una calle que subía desde la Cuesta del Cambrón hasta la Puerta del Arrabal, que lindaba con la muralla y solía estar cubierta de almenas Actualmente, es un simple jardín adosado y su nombre se le ha asignado a la última calle de la nueva ciudad.

                                                           RINCÓN DE LOS POETAS

            Se accede a este lugar a través de un arco de medio punto rebajado, que correspondía a la entrada de la casa situada unos metros más abajo y desplazada hacia el sitio actual unos metros más arriba para adentrarse a los Jardines de la Mota por el nuevo camino que conduce a la Puerta del Arrabal. En el primer tramo, este rincón inaugurado en octubre de 2014 por la iniciativa del concejal y poeta Rafael Hinojosa, se ofrece, según sus pretensiones como un rincón en la fortaleza de la Mota, un lugar tranquilo, sencillo y de una gran belleza, todo un símbolo de la nueva cultura del siglo XXI, que hace de la tolerancia un modelo de convivencia y que, al mismo tiempo, rinde homenaje permanente a los personajes ilustres de Alcalá la Real a través de su historia. Por esto junto al muro se levanta un sencillo monolito. Y subiendo una escalinata, se puede contemplar a mano izquierda el Pósito y a la derecha  la bajada del muro de las Entrepuertas, transformado 
Muro de la de los personajes insignes de la historia alcalaína. 

Dicho muro está incrustado en el Rincón de los Poetas y forma parte de él, con diversas inscripciones de nombres importantes alcalaínos, de los que en una primera fase figuraban el cronista Guardia Castellano, la familia Raxis, Pablo de Rojas, Alonso Alcalá, Abad Moya, las monjas Dominicas, Abu Yafar o el conde de Torrepalma. En una segunda fase hay intención de completar con la inscripción de otros nombres insignes alcalaínos. Igualmente, se inauguró el Monolito de la Tres Culturas, como prueba del entendimiento entre cristianos, judíos y musulmanes y la banda de música Pep Ventura puso punto y final con la interpretación de varias marchas.

 

MONOLITO DEL ARCIPRESTE

 

            A la entrada del actual Rincón de los Poetas, la antigua calle Mesones, recibe a los visitantes un monolito dedicado al Arcipreste de Hita, en cuya peana se encuentra en triple lengua (castellano, hebrero y árabe) la respuesta que dio el poeta Juan Ruiz de Cisneros a una mora de este entorno “Fija vos, os saluda uno que es de Alcalá".

                                                           VÍA CRUCIS.

 

            Tras subir una escalinata de piedra de cantería, a lo largo del Jardín y un muro de contención de Las Entrepuertas, entre los parterres del Jardín se encuentran varías cruces correspondientes a las estaciones del artesanal Vía Crucis, obra de la I Escuela Taller de Patrimonio de Alcalá la Real, escogiéndose los rincones más recoletos y bellos de este rincón. La forja de la cruz contrasta con la peana artificial y la piedra de la muralla y suele realizarse en el Miércoles de Semana Santa con la imagen del Cristo de la Salud.  

 

 

 

                                               PUERTA DEL ARRABAL

 

            Para entrar al Arrabal Viejo, se accede por la Puerta del Arrabal, un arco apuntado de sillería y abierto a la muralla que desciende desde el Albaicín hacia el oriente. Austero, y sencillo encamina por un nuevo sendero al Jardín de la Mota y bosque de pinos, que linda con los cimientos de lasa Mota, donde puede contemplarse las cuevas horadadas en la misma roca, reutilizadas por diversas civilizaciones desde las bodegas del siglo XVI hasta el uso de gallineros en el siglo pasado antes de que fuera recuperadas mediante una gran labor de limpieza que se realizó por los años noventa. Algunas cuevas se encaraman en la roca hasta acceder a la parte alta de las Entrepuertas; otras se transforman en minas que alcanzan el barrio superior, como la contramina de la casa del zapatero Rosado que prolonga su pasadizo hasta el pozo de la conquista. Hasta muy avanzado el siglo XVI, no fue sino un lugar reservado para solares entre peñas y no urbanizado, que fue conquistado por la ciudad mediante el levantamiento de muros y adarve de entrada a la ciudad desde el piso alto del Pósito (1546).

 

                                    LOS POZOS DEL ARRABAL

 

El problema de la fortaleza de la Mota y su Arrabal Viejo fue el abastecimiento de agua, tanto público como a los hogares. Varios pozos se encuentran en el recinto comprendido entre los alrededores de la segunda muralla y la torre del Homenaje.  En el subsuelo, una extensa mina soterrada se prolonga desde la actual plataforma de recibimiento hasta un pozo por debajo de la mural, se encuentra sin excavar y debió ser muy socorrido porque hay referencias de su caudal hasta el siglo XIX para abastecer el barrio de San Juan y el entorno del convento de las madres trinitarias. Este abasteció a través de una canalización de la calle de la Zubia el pilarejo de la placeta de San Juan a partir del siglo XVI, y, e en el siglo XVII, el propio monasterio trinitario.

            Otro segundo pozo se ha descubierto a la entrada de la contramina, tallado a la roca y se tenían noticias que abastecía a todo el barrio de Santo Domingo de Silos.

            El tercero alude al conocido POZO DEL ALTOZANO, denominado actualmente Pozo de la Conquista. Se dice claramente que estaba situado en el Arrabal Viejo en muchos documentos. Aunque su origen se remontaba a tiempos anteriores a la conquista de Alcalá la Real, era objeto de su mantenimiento por el cabildo municipal, quien los protegía con un cerramiento y una llave en poder del regidor de mantenimiento; en el siglo XVII fue reformado interviniendo el maestro de obras de Jaén Eufrasio López de Rojas.

            Esta mina de acceso y pasadizo que baja de la torre de la torre del Homenaje está envuelta en la leyenda y la historia. Pues jugó un papel fundamental en la conquista de Alcalá la Real. En el mes de diciembre 1340, las tropas de Alfonso XI habían conquistado el Arrabal Viejo y se disponían a conquistar la ciudad fortificada. Para ello cavaron en la propia roca esta mina de acceso al pasadizo natural que comunicaba la torre principal, con el pozo y la salida de la última muralla del recinto amurallado. Son muchas las leyendas que por estos arrabales se enredan con el rincón más insospechado de este arrabal. Pero la principal leyenda, transmitida a los vecinos de generación en generación con múltiples variantes, es la LEYENDA DE LA MORA CAVA. Corría el año 1341 y las tropas de Alfonso XI acampaban en un arrabal semipúblico de alquerías y con numerosos huertos plantados por las laboriosas manos musulmanas. Los moros de Alcalá, tras la conquista cristiana de este barrio, se habían refugiado en el recinto de la fortaleza de la Mota. Resistían al duro cerco impuesto por las tropas castellanas, pero los víveres se iban agotando y, sobre todo, el agua escaseaba en sus aljibes. En un consejo de sus vecinos con el alcaide moro, acordaron bajar de forma secreta y durante en la oscuridad de la noche a través los pasadizos secretos a los pozos de las afueras del recinto amurallado. La más osada fue una joven, de nombre Cava, porque estaba acuciada por la enfermedad de su madre, que necesitaba urgentemente el agua para calmar la sed de su elev

ada fiebre. Bajó varias veces, burlando a centinelas y puestos de guardias.

Cierta noche, los guardias la confundieron con un fantasma envuelto entre sus túnicas. Pero, a la siguiente le lanzaron una saeta que clavó el turbante con su velo en el tronco del árbol. Lo soldados castellanos siguieron la pista de la que huía, y encontraron la salida por donde bajaba a la boca de un pozo.  Cambiaron de parecer y, para las próximas noches, establecieron un puesto de guardia en sus inmediaciones. No lo hicieron nada mal, porque a la noche siguiente, sorprendieron a la joven Cava en las inmediaciones del pozo con dos cantaras para llevar agua a sus familiares. La prendieron y la llevaron a la tienda del capitán, que quedó prendado de su hermosura. Una flecha de amor atravesó el corazón de los dos. El capitán, compadecido por sus buenas acciones, permitió que regresara a la fortaleza por el mismo pasadizo, donde, horas después, los guardias sorprendieron a varios soldados musulmanes a los que les causaron la muerte. 

Pasaron los días, y Cava no bajaba al pozo. En medio de estas circunstancias, un moro, de nombre Zaire, que hacía de emisario de los mensajes de las tropas de asedio, le llevó una carta a Cava, leída por su madre reclamándole la cita en el pozo El nuevo amor de Cava no fue comprendido por su padre, curiosamente era el moro Zaire que andaba loco por las callejuelas de la Mota a despotricando de haber sido mancillado en su honor por su hija. Y aquí la leyenda se divide en dos desenlaces: uno relata que una noche buscó a su hija que había abandonado la casa de la familia y bajó a la fuente donde mantenía encuentros de amor con el capitán. Allí su padre le lanzó una saeta con la que cayó mortalmente herida la mora Cava de las manos del capitán y él salió huyendo hacia un callejón oscuro donde se colgó a la horca y murió, lo que hizo que se llamara el callejón del Moro o del Ahorcado; la segunda leyenda acaba con una encerrona del capitán, porque le había visto hablar con una mujer  y, Cava, muy celosa, le hizo meterse en el pasadizo para que lo mataran los guardias moros; tras una conversación en la que aclararon el desaguisado, la mora descubrió el error de aquel encuentro del amante con su madre, y salen corriendo del pasadizo para no ser matados, se bautiza con el nombre de Mercedes y le promete el casamiento.

Esta galería, en realidad es un conjunto de pasajes subterráneo utilizados con el objeto de comunicarse con el exterior, de abastecer la ciudad en tiempos de asedio y defender la zona del Castillo de la fortaleza de la Mota a lo largo de la Edad Media, momento crucial para proteger cualquier manantial, fuente, pozo o alumbramiento. Como se describe “Estas Las minas de La Fortaleza de la Mota se construyeron para acceder a un punto concreto del suministro de agua. En este caso, un pozo excavado en la roca, flanqueado por una torre, situado junto a una de las puertas de la ciudad, la puerta Barbacana, fuera de la zona alta amaesetada del recinto amurallado”. No hay que olvidar otros usos y funciones de estas galerías para cautividad, almacenamiento, comunicación secreta con el exterior y abastecimiento de alimentos. Hay que distinguir varias partes de este recorrido de la Ciudad Oculta. En la primera se relaciona con los conquistadores cristianos que fueron avisados de este pozo por el pastor musulmán prendido por el adalid Pascual Sánchez  y había que acceder a él utilizando la técnica de orientación de alidadas y había que cegar para sabotear a los moradores del recinto fortificado  Y una segunda,  en general valiéndose de la naturaleza de sus oquedades que le permitieron llegar a este pozo , posteriormente profundizado y construido con una altura de 30 metros, como elemento fundamental  para el abastecimiento de la población islámica. Por eso, este Pozo de la Conquista era protegido por una torre se destruyó con el relleno de animales muertos y el derrumbe de los cimientos de la torre de modo que su acción resulto esencial para la rendición musulmana.

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No obstante, se distingue a su vez tres tamos: uno inferior al que se adentra por la vivienda marcada de en la roca del zapatero Rosado y bajo el antemural se llega al subsuelo del barrio del Albaicín. Este trazado presenta tres tramos bien diferenciados.
- El Tramo inferior, que transcurre desde el arrabal de Santo Domingo y atraviesa la muralla; uno segundo , el de mayor extensión abovedado naturalmente y donde comienzan a surgir  algunos antros y recovecos hasta alcanzar la zona de Entrepuertas, junto a la Puerta de las Lanzas en la casa de un antiguo alhorí abacial, denominado la Casa de Paniagua; el tamo segundo , mucho más más extenso, en su  de todo el recorrido, se bifurca en dos fases bien diferenciadas en su construcción: la primera que se orienta  hacia el pozo,  sin apenas pendiente; ilustrada con paneles de la mora Cava y la segunda, de acceso algo áspero hacia la parte alta del cerro desde la torre del pozo, de ahí el POZO DEL ALTOZANO; por último un tercer tramo superior, que se adentra en la roca debajo de la Torre del Homenaje y que asciende de forma vertiginosa hasta alcanzar la base de la misma, saliendo al exterior en la antemuralla junto al acceso a la Alcazaba desde sus ventanas puede contemplarse una excelente panorámica donde algunas aldeas como Santa Ana o los Tajos se presenta ante la vista. .

A través del recorrido de la mina y pasadizo recién descubierto y puesto al público en 2015, puede contemplarse el sedimento geológico de la roca y efectos de los movimientos sísmicos producidos en su interior formado oquedades, escondrijos, grietas y el contraste entre la labor tallada de los primeros tramos frente a los más naturales de acceso al barrio del Albaicín, donde hay un estratégico mirador de la ciudad y su entorno comarcal. Es una excelente atalaya para contemplar desde el camino de Jaén hasta el camino de Granada, la singular orografía de la Martina, el pico más alto del partido judicial, y las sierras de Noalejo y Valdepeñas y el contraste entre el mundo del olivar con los campos de cereal. La ciudad nueva de Alcalá la con sus monumentos, su trazado a lo romano, las almenaras de su contorno, la aldea de Santa Ana y el paraje de los Tajos, Llanos y cerro de San Marcos.  

Siguiendo por el último tramo del pasadizo con unas escaleras talladas en el interior de la roca, se accede a la salida de una antigua torre anterior a la majestuosa Torre del Homenaje. A través de su recorrido, pueden contemplarse bellas panorámicas de la ciudad de Alcalá la Real.    

 

viernes, 6 de marzo de 2026

CONOCIENDO LA MOTA XXXII. SEGUNDA ENTRADA. DESDE LA CRUZ DE JUAN VÁZQUEZ MESÍA O LA CALLE REAL

 

 

SEGUNDA ENTRADA. DESDE LA CRUZ DE JUAN VÁZQUEZ MESÍA O LA CALLE 

REAL

 

         




   A finales del reinado de los Reyes Católicos, la ciudad inició un nuevo desarrollo urbano, que no pretendía otra cosa que acrecentar la población convocando a los serranos, montañeses, y gallegos que probaban fortuna en tierras andaluzas tras la conquista de Granada. Para ello estableció la costumbre, mantenida inmemorialmente, de conceder solares a los nuevos pobladores en la parte llana y valle de la ciudad. Esto dio lugar a que se ampliara la ciudad fortificada con nuevos arrabales en torno a las nuevas iglesias de San Juan, San Bartolomé. San Francisco y San Sebastián, el Llanillo, y la cuesta del Cambrón, obligando a que el abastecimiento de agua se canalizara con una nueva fuente, que emanaba desde los Llanos hasta la Tejuela. En el siglo XVI el barrio de san Juan se encontraba a media construcción, su trazado partía de la calle Rosario, llamada de San Juan; y la que bajaba a los Álamos la del Pozuelo. Más arriba, la calle que unía San Juan con la puerta del Cambrón se llamaba también Llana. Las de por encima de la Iglesia; Llana de la Trinidad y la calle del Romancero, Zubia que fue una calle que no tenía apenas vecinos y era de paso, cercano a los arrabales nuevos, y se remontaba a la antigua ermita o morabito según su etimología árabe LA ZUBIA, tal como denominaban la calle en el siglo XVI.

            Este acceso a la ciudad fortificada parte de la calle Real de la nueva ciudad de Alcalá la Real tras la conquista de Granada. Tras pasar por las antiguas casas de la familia de los Sardos y la casa de las Tercias, linderas con la esquina de la calle Llana de Trinidad, la cruz de Juan Vázquez Mesia es una encrucijada y plaza del antiguo convento trinitario con las calles del Arrabal Nuevo (hoy día barrio de San Francisco, Izquierdos o Ancha, Mazuelos y Real). Esta deja a su lado meridional   las calles del Cristo de la Piedra, los Mesones Bajos y Carrera Vieja, hoy día la calle Cava y los Jardines del Arrabal.

La actual calle Cava es una nueva vía que no responde a su ubicación antigua de estar adosada junto a la muralla tercera que descendía del Pósito y, que se pobló a partir del siglo XVI con solares vendidos o donados a los nuevos vecinos junto a la misma muralla. En los años ochenta del siglo pasado todo el recinto, un proyecto con fondos europeos y obra del arquitecto jienense Santiago Quesada, remodeló y convirtió todo este espacio urbano en una plataforma de acceso a los Jardines de la Mota, con una escalinata, rellano y un frontal de recepción y, a su lado norte, una rampa empedrada a la manera tradicional con un tramo final de escaleras que guían al recinto de la Oficina de Información y recepción de Visitantes. Todo el entorno oculta en su subsuelo restos arqueológicos desde tiempos de la Edad de los Metales hasta los cimientos de las viviendas y calles del Arrabal Nuevo de San Francisco.  Junto al frontal y al principio de la rampa de acceso, se abre el Centro de Rescate de Reptiles, una serie de miradores que ejercer de zonas de estacionamiento para vehículos de cualquier tipo.       

 

           

EL CONVENTO DE LA TRINIDAD

 

            Actualmente, se levantó un edificio denominado ex convento de Nuestra Señora de la Santísima Trinidad. Popularmente, en el siglo pasado se le llamaban las Monjas Altas. En su subsuelo hay restos del antiguo morabito, ermita o zubia, donde un santón musulmán, de nombre Muza, ejerció la enseñanza y le sirvió e panteón funerario y de sus discípulos antes de la conquista cristiana por el rey Alfonso XI. Tras ella, en torno suyo, reutilizó el morabito y se levantaron varias casas de alojamiento de los frailes trinitarios en tiempos de frontera para rescate de cautivos, y, sobre todo, un monasterio femenino, el primero de la provincia de Andalucía y segundo de España, con el nombre de Nuestra Señora de os Remedios en 1526, que albergó hasta casi un centenar de profesas. Constaba el recinto y se distinguía la distribución de todo el convento con un templo, sobre el que se levantaron la sala de alojamiento de las primeras monjas, con un claustro distribuidor de las restantes dependencias conventuales (en la planta baja, refectorio, Sala Capitular, Cocina, Enfermería, Leñera, y, en la parte alta, con dos cuerpos de las celdas individuales de las Monjas, prolongadas en un ala hacia el sur). Se añadían a estos compartimentos básicos: el huerto, la casa del Sacristán, los tornos bajos, otra ala de dormitorios, la placeta de la Trinidad y casas de memorias. Fue fruto de varias ampliaciones ocupando parte de la antigua alhóndiga, casas artesanales de cantarería, carrera vieja y calle de la Zubia. El claustro y la planta de este espacio fueron remodelados por el arquitecto Luís González de Bailén- Se derrumbó en el segundo decenio del siglo XX y pasó a manos privadas hasta que fue recuperado por el ayuntamiento alcalaíno a finales de este siglo reconstruyendo un edificio con fines turísticos en 2016 mediante los fondos europeos del Urban II y del propio ayuntamiento. Actualmente, sólo conserva la portada renacentista, con un primer cuerpo de arco de medio punto y un segundo cuerpo con una hornacina de la Santísima Trinidad (esta se encuentra en el convento de la Fuente Rey), que recuerda la huella de su arquitecto Pedro Monte o de Alcalá.

   

                                                LA CALLE DE LOS MESONES

            Estaba situada a las espaldas del convento de la Trinidad y existían varias casas, una de ellas era la del doctor Diego López Molina rodeada por el convento, varios mesones (Juan Vázquez Mesías, de Pedro de Pineda Aranda, Aparicio Martínez de Colomo y confluía a la calle Real junto la casa de Hernán Martínez, licenciado Torreblanca, y Hernán Sánchez Guerrero.

 )                        CENTRO DE RESCATE DE REPTILES. AULA DE LA NATURALEZA,

 

 

Situado sobre parte del recinto urbano del arrabal de San Francisco transformado en huerto desamortizado que adquirió la familia Peinado, en su subsuelo conserva restos arqueológicos de calles y cimientos de viviendas, de donde sacaron enseres de la época moderna. Se trata de un recinto inaugurado recientemente en 2004 y obra del ayuntamiento de Alcalá la Real, encaminado " a promover la conservación de la biodiversidad, específicamente dirigido hacia las especies de anfibios y reptiles, especies que presentan importantes amenazas originadas por la destrucción de hábitats, la introducción de especies exóticas, la contaminación, la persecución por aversión o el cambio climático". Este centro de Rescate de Anfibios y Reptiles de Alcalá la Real se centra en el rescate de poblaciones de especies autóctonas amenazadas por el desarrollo de infraestructuras, y además es un  centro de acogida de especies de anfibios y reptiles exóticos provenientes del mercado de mascotas (evitando su suelta incontrolada) ejerciendo como centro de educación ambiental donde se acercan a los ciudadanos estas especies, se desmitifican miedos irracionales y se hace comprender la importancia de los anfibios y reptiles. l

            Dispone de una charca artificial naturalizada, donde viven especies autóctonas, como ranas, tritones, peces, o galápagos. Dentro de la acogida de especies exóticas, procedentes de sus propios dueños, o de especies incautadas por las autoridades competentes. Posee iguanas, cocodrilos, serpientes, varanos, galápagos dentro de los expositores de una sala, donde se encuentran terrario y se pueden visitar y observar algunas especies de reptiles y anfibios Y como centro de educación ambiental, se ilustra y dispone de paneles informativos para conocer la realidad de las especies de reptiles y anfibios, como animales muy beneficiosos y muy importantes del equilibrio de los ecosistemas. Además, se intentan desmentir todos los mitos y leyendas erróneos que pesan sobre ellos, y que han dado lugar a que una de las amenazas que sufren sea la persecución por aversión. El centro puede ser visitado por todo aquel que quiera en temporada de verano, también se organizan visitas guiadas para escolares y otros grupos, durante todo el año.

 

                                    LA CALLE CAVA

 

            Suele denominarse con Cava a las calles en forma de fosa o de referencia a las mujeres de nombre Cava. Esta calle era la de anillo exterior a la muralla del Arrabal Viejo, y, tras la toma de Granada, comenzó a poblarse permitiendo el cabildo municipal elevar casas y vender solares entre los vecinos. En su entorno se colocó la Casa de la Mancebía y el Peso de la Harina en ciertos momentos. Desembocaba a la calle de la Cuesta del Cambrón y al entorno posterior al recinto de la ermita de San Blas. Actualmente, forma parte del Jardín del Arrabal.

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                                    EL ALHORÍ o PÓSITO

            Los primeros alhoríes se encontraban en las casas de la medina de la ciudad fortificada de la Mota. En 1550, el cabildo municipal   siguiendo las directrices de la Corona se trasladó a un nuevo edificio situado a las afueras de la ciudad en el Arrabal Nuevo, en concreto junto a la Puerta del Arrabal cuya obra fue trazada y levantada según las directrices del maestro de Obras Martín de Bolívar. Era un edificio de sillería de aparejo isodómico, de buena ejecución y se componía de tres cuerpos coronado por una torre. El primero daba a una casa que solía utilizarse como herrería arrimada al adarve de la Escaleruela o de Moya, donde una amplia sala bajo arcos de medio puntos albergaba el trigo y se entraba a través del segundo , porque se  intentó a través de  unas gradas  y una apertura del muro que invadía sala primera ( hoy día sin excavar y mantiene el arranque de los arcos formeros) , e incluso se realizó  operación en un solar contiguo,; pero , por la incomodidad de la subida, se negaron los molineros a acceder a  que se llevara a cabo . En el segundo, se accedía por una puerta que daba a una calle empedrada y en un tercer cuerpo se encontraban las cámaras y una torre con una ventana, a la que se accedía por un adarve de las Entrepuertas. Se hicieron reparaciones en sus escaleras y escotillas y en 1588. se reparó la entrada del adarvillo del Pósito Bajo, se puso una puerta en él, porque convenía para su guarda y para que no dañar l trigo que llegaba junto a la puerta del dicho Pósito por las inmundicias que echaban los vecinos de dicho sitio y se retejó. En algunos momentos Se usó como lugar de sastres y tiendas, y a finales del siglo XVI como Colegio de Gramática.

El edificio y la institución del Pósito guardaban la parte del trigo del arrendamiento de los cortijos propios de la ciudad, regulaban el precio del trigo en los tiempos de subsistencia, abastecían a la ciudad, sobre todo, en los tiempos de siembra y en los de subsistencia asistiendo a los pobres. Se mantuvo hasta mediados del siglo XVIII cuando fue abandonado y se intentó convertir en una fábrica de paños. Sin embargo, quedó a al socaire de las inclemencias del tiempo, siendo reutilizado como cementerio neutro donde se enterraban a los masones y ateos.

Recientemente recibió dos restauraciones en los últimos años, su caja en 1998 fue restaurada dentro del proyecto de Santiago Quesada para el acceso de la Mota, y muy recientemente se convirtió en un espacio para actos públicos de verano y primavera con una nueva remodelación a principios del siglo XXI.     

                                                                 PESO DE LA HARINA

            El edificio del Peso de la Harina se realizaba dentro de la ciudad fortificada junto a la tienda del Contrates a la entrada de la Plaza Alta hasta muy avanzado el siglo XVI. Con la caída del Gabán, hubo varios intentos de ubicar la Casa del Peso de Harina. En 1588 se cayó la Casa del Peso de la Harina de la Mota y, unos años después, en el del Anillo de la ciudad de modo que urgieron la construcción de una nueva Casa del Peso de la Harina. En torno a los años noventa del siglo XVI, se mantuvo la edificación de una Casa de Harina junto el edificio del Pósito, de ahí que se quejaran los vecinos de que no se hacía el repeso del trigo tras la molienda en los molinos de las Riveras y urgiera colocarlo en las casas o mesones cercanos al Pósito como el del pastelero Pedro de Pineda o en casas de los Mesones Altos. Finalmente, se colocó en un solar del Llanillo.  Fue una realidad en la calle del Peso Viejo, junto a la calle del Juego de Pelota.

ALHÓNDIGA


            La alhóndiga recogía el comercio de trigo, cebada y otros productos.  Aunque se ubicó en varios sitios, hay datos que generalmente se levantaba en el entorno de los mesones, en concreto el de María de Contreras o el de María de Salazar y Aranda por la calle del mismo nombre (1543). Fue el más frecuente el que se encontraba en el lugar, en el que actualmente se han desarrollado los Jardines de la Casa de Alonso Rubio, sobre los restos del destruido convento trinitario. También, se han conservado algunos detalles de fuentes y casas de niñas y palomares de esta casa levantada tras la posguerra sobre las ruinas de una parte del convento.  

Siempre fue una necesidad de los vecinos disponer de una alhóndiga de modo que, en 10 de junio de 1598 trataba de impedir cualquier intercambio comercial fuera de la ciudad fortificada de Alcalá la Real, y se obligaba a los comerciantes a realizar las transacciones antes de llegar a la plaza. se decía " que haya alhóndiga para que los vecinos y panaderos compren trigo y pan amasado. En 1637 se colocó de nuevo cerca de la tercera muralla de la Mota. Y en 1647se propuso que se hiciera la Alhóndiga para evitar que se vendiera trigo antes de llegar a la plaza (trigo, cebada y otras cosas) por forasteros en el Mesón y casas de María de Contreras, por no poder salir a comprar fuera.

 

           

                                               CALLE DE LOS LAGARES

Cerca de estas calles de los Mesones, estaba la de los Lagares donde se encontraban las casas cas de la tercia del mosto y de ilustres hidalgos como los Valenzuela, Alabastro, y de los Ríos. Actualmente, está ocupada por los Jardines de la Mota. UNAS CASAS NOBLES FUERON LAS DE L REGIDOR  DE ORIGEN GENOVÉS PEDRO VENEROSO.

                                   

                                    HOSPITAL DEL DULCE NOMBRE DE JESÚS

 

            El hospital del Dulce Nombre de Jesús estuvo ubicado en el Albaicín cercano a la Casa de la Mancebía, lugar muy estrecho que albergaba tan sólo a unos nueve transeúntes o enfermos y corría a cargo de esta institución que regía un mayordomo nombrado por la abadía. Fue fundado por el vicario Diego Hernández en los años cuarenta con las rentas de un cortijo ubicado en La Rábita; posteriormente se acrecentaron sus fondos con otras donaciones y fincas de devotos de la hermandad de la Coronada, Caridad o Desamparados. En su interior, se alojaba una pequeña capilla que presidía la Virgen de la Coronada y varias habitaciones de estancia y de enfermería. Entre los mayordomos por los años sesenta del siglo estuvo al frente de su gobierno Juan Martínez Montañés, padre del ilustre imaginero.  Posteriormente se trasladó en el mismo siglo junto al convento de la Trinidad, junto la Alhóndiga y calle de Los Lagares, varias casas de hidalgos, al que se accedía por una calle empedrada desde la calle Real en una mansión lóbrega y angosta que obligó a trasladarlo a finales del siglo XVI al Llanillo.  Actualmente, se encuentran estos solares ajardinados dentro del recinto trinitario.  

 

 

CALLE PUERTA DEL ARRABAL Y SUBIDA DE LA CARRERA VIEJA

           

Cercano a este Hospital, donde se encuentra la actual calle Cava, y antaño la Carrera o Subida Vieja de la Carrera de los Caballos, donde se llevaba a cabo la elección de los caballos padres para la cría de potros y yeguas, así como los juegos de cañas y ensayos de los caballeros para los preparativos de la guerra de frontera. Cercana estaba la Cruz del Cristo de la Piedra, donde se desarrolló la bella leyenda del duelo entre Pedro de Pineda y Cristóbal Gallego porfiando por la princesa cautiva en los cañaverales de Pinos Puentes, que recoge entre otros Washington Irving que fue traslada al puerto por las topas del conde de Tandilla. Esta cruz dio nombre a la calle del Cristo de la Piedra. La puerta dio lugar al nombre de un barrio que se ornaba o en torno al Pósito, junto a una peña y varias casas habitadas por gente de oficios, que llegaron a racionalizarse con la calle de la Puerta del Arrabal. Junto a ella, se encontraba el Juego de la Pelota.