Archivo del blog

martes, 10 de marzo de 2026

CONOCIENDO LA MOTA XXXV. ENTRADA. POR EL ARRABAL VIEJO Y POSTIGO




 

VII. ENTRADA. POR EL ARRABAL VIEJO Y POSTIGO

Al Arrabal Viejo o de Santo Domingo puede accederse por varias puertas, la de Cambrón, la de Martín Ruiz y la de Herrera y, por la parte alta a través de la Puerta y calle del Postigo, anteriormente por el Cañuto del Gabán y la Puerta del Arrabal. Desde este barrio se ascendía a la Mota por el Cañuto y calle del Postigo. Desde la época musulmana, la construcción de la muralla del Arrabal Viejo constituyó un hito fundamental para el desarrollo urbanístico de Alcalá la Real, ya que, se pasó de una ciudad fortificada a una nueva ciudad que, paulatinamente, se extendió desde el barrio de la Mota hasta el de las Cruces ya en tiempos de la Edad Moderna. Pues, al recinto fortificado en la cima del cerro de la Mota, se añadió un segundo círculo de murallas que dio lugar al Arrabal Viejo o barrio de Santo Domingo, cuyo centro era la antigua mezquita transformada en iglesia del santo liberador de cautivos. En tiempos  de los almohades debió fortificarse y sufrir una amplia transformación a la que  le afectaron muchas medidas arquitectónicas de este tiempo[1].   Tras la conquista cristiana por el rey Alfonso XI, mientras que la ciudad fortificada de la Mota fue ocupada por las familias nobles-estableciéndose en las casas de los caballeros musulmanes y aprovechando cualquier rincón edificable de la fortaleza-, el Arrabal Viejo atrajo, en cambio, a los vecinos que se ocuparon de los oficios básicos para el mantenimiento de la ciudad. Pero ambos barrios-Arrabal Viejo y ciudad fortificada-, en palabras de Guardia Castellanos, estaban caracterizados por su aspecto eminentemente militar:

 

“Encerrada la población de Alcalá durante los ciento cincuenta años que fue plaza fronteriza dentro de los muros inexpugnables de su fortaleza y arrabal, a cuyo abrigo tornaban sus guerreros después de batir a los moros de Granada, Íllora, Moclín y Montefrío que con preferencia elegían nuestros campos para sus correrías y zalagardas., sus edificaciones estaban contenidas dentro del cinturón rocoso de sus murallas, formando un dédalo de callejones pinos y estrechos, cuyas casas todas limitadas por un área  mezquina, estaban tan faltas de comodidad en el interior, como sobradas de emblemas heráldicos y pesados escudos de piedra en su exterior”. En concreto, tanto en el recinto fortificado como en el Arrabal Viejo se albergaban 555 vecinos, lo que corresponde a un mismo número de casas o viviendas, ubicadas entre sendos espacios urbanos y militarizados.

El Arrabal Viejo debió formar un espacio urbano de expansión del recinto de la ciudad fortificada  a lo largo de los siglos anteriores de la conquista definitiva por el rey Alfonso XI, delimitado por el muro de cerramiento  y ofreciendo en su interior un paisaje semirrural, donde  se mezclaban las casas dispersas, sin entramado urbano  con huertos, solarines y  algunas agrupaciones de viviendas en torno a lugares de labranza(eras o fuentes) o algunos edificios importantes como la mezquita y las cuevas horadadas en la roca del cerro.   Una de las primeras noticias del Arrabal Viejo se encuentra en el libro de Los Aranda de Alcalá la Real, haciendo referencia al momento de la conquista: “El qual, como una vez con otros cavalleros hiziese una entrada llegando de noche a los muros de Alcalá, en un adarve, que está devajo de la fortaleza, puso una escala por la qual subió sin otra compañía. Y, subido, saltó dentro de un corral que dizen de la Moriana y ahora es dentro de las puertas, dos de siete que la ciudad para entrar la Mota de ella tiene”.

 

           

 

 

                        MORFOLOGÍA DEL BARRIO EN EL SIGLO XVI

 

 

Hasta finales del siglo XVI, el Arrabal Viejo debió formar una amplia unidad territorial a la hora de repartir los cuarteles o barrio entre los regidores en el célebre cabildo de suertes porque se distinguía claramente el cuartel de Santo Domingo entendido en su amplio territorio, con espacio delimitado, con respecto a de San Juan, San Blas, San Sebastián y el Dulce Nombre de Jesús que correspondía a la zona del Llanillo. 

           

Curiosamente, el mismo día que se tomó Granada, los Reyes Católicos emitieron una cédula real a la ciudad de Alcalá la Real, fechada en Córdoba y otorgaba a la ciudad la posibilidad de vender solares, hacer hornos y censos para que, con sus ganancias, se pudieran sufragar los propios de la ciudad, que permitían afrontar los servicios a la Corona.

De ahí que muchas zonas del Arrabal de Santo Domingo se vieran afectadas por esta política municipal urbanística y su aspecto semiurbano anterior había quedado definitivamente urbanizado con varios viales y la edificación de las viviendas en torno a las calles del Postigo, Pie del Torre de la Cárcel, Francisco de la Torre, de la Puerta del Arrabal bajo los pies de la roca y el muro de la ciudad fortificada; las calles e Hernando de Moya, de la Escaleruela.  de Sánchez de la Guardia   y otra calle en torno al adarvillo de Moya, y en su interior, desde la Iglesia de Santo Domingo hasta la muralla que daba a las puertas de Cambrón / Granada, las calles de Pedro Jiménez de Martos, y de Pedro Fernández Torrevejano

Pero, donde se amplió el espacio urbano fue en la parte exterior de la muralla del barrio de Santo Domingo, lo que los anteriores historiadores ponen claramente de manifiesto:

Por la zona de la puerta de Martín Ruiz, había crecido mucho el barrio. Unos treinta años antes aquella parte era un muladar y en el momento a que nos referimos estaba muy edificada, aún mucho más habitada, y construida la Era de los Palacios, donde se habían levantado más de cien casas. También habían aumentado las obras en la calle de los Mesones y junto al adarve de la puerta del Arrabal”

 

           

MOVIMIENTOS DEMOGRÁFICOS DE LOS SIGLO XVI Y XVII

 

Durante los  siglos XV y XVI, el barrio o cuartel de Santo Domingo y sus aledaños tuvieron un amplio crecimiento demográfico gracias al asentamiento poblacional  de los elementos más activos de la ciudad: artesanos, labradores, campesinos, personal de servicios y clase bajas, lo que queda reflejado en el padrón de 1587, donde se registraban 141 vecinos en su barrio; pero el barrio de San Bartolomé albergaba 121 vecinos; y en las Entrepuertas, Lagares y aledaños 114 ( todos ellos intensamente ligados con el barrio de Santo Domingo).

           

SU AMURALLAMIENTO

. 

 Las murallas jugaron un papel esencial para la acotación y delimitación de este espacio del Arrabal Viejo. Formaban la segunda muralla del recinto fortificado de la Mota, formada por una línea de muro reforzado con torres, cubos y construcciones albarranas en torno a algunas puertas; en el interior del muro, se perciben todavía frecuentes troneras, saeteras, aspilleras y ventanillas para acomodar diversos tipos de armamento ofensivo. Desde la Crónica de Alfonso XI, se constata la presencia de este recinto amurallado, porque el arrabal, al que daba acceso, fue el primero que cayó en manos cristianas en torno al 20 de diciembre de 1340: Castellanos combatían / a Alcalá de Vençayde; moros bien la defendían por bondad del alcalde. /Combatían a barreras/ bravamente a maravilla/ e posieron escaleras/ al arrabal de la villa. /A pesar del alcalde moro, / un escudero fue delante/, Garí Jufre de Tanoro/ el fijo del almirante, / Por somo de las escaleras, / luego sobieron cristianos, /con grand braveza entera, / bien lidiavan castellanos. / E el arrabal ganaron/ por gran torneo mesclado/ e los moros se encerraron/ en la villa sin su grado” /.  

 

Entre los testimonios más antiguos acerca del cerramiento urbano por medio de esta muralla del barrio de Santo Domingo de Alcalá la Real, se encontraba el de Juan Sánchez de Aranda, jurado y procurador ante el Consejo de Regencia de Juan II.  Son patentes estas palabras sobre su origen musulmán y la posterior reconstrucción de la muralla: “E que dos lienços del muro de la villa que estavan començados a canterar, que son del muro viejo de tiempo de los moros”. Un aspecto, a un paso entre lo urbano  y  lo rústico,  presentaba el arrabal en los siglos anteriores a la conquista de Granada,  tal como se manifiesta  en  el acta de cabildo de 11 de marzo de 1492:“En este cabildo, acordaron los dichos señores prendar un libramiento de cincuenta reales de las penas del queso de Juan de Burgos, obligado,  para el cantero que roça las peñas de  la entrada de la ciudad (…)”[2].El espacio amurallado  se mantenía  perfectamente delimitado, con un  pasillo interior adosado o un  anillo que nunca podía  invadirse por las viviendas  de los ocupantes del barrio y, como es lógico, con un espacio exterior aprovechando los escarpados y elevándose cuando las circunstancias lo requerían.

Pronto, debió ocuparse el pasillo o calle en torno a la muralla con el adosamiento de viviendas.  Se hizo conforme se va perdiendo el sentido defensivo de la muralla por la ausencia de enemigos exteriores. Por lo tanto, en siglos posteriores el espacio de separación entre la muralla de la fortaleza con respecto a las viviendas del Arrabal Viejo no estaba muy bien definido por algunas partes, porque no era extraño que   este alcanzara los tejados cercanos o adosados a los pies de las torres y muros. Por otra parte, en 1621 el erudito don Antonio de Gamboa, alcaide y regidor perpetuo, escribió un documento sobre los orígenes de Alcalá la Real, muy posterior a la época de la conquista de Alcalá de Aben Zayde, que pone de manifiesto la importancia de la muralla de la fortaleza alcalaína: Para lo qual les dio un ingenio y dos cabritas, machinas de guerra de aquel tiempo, y de esta suerte sitiada  y cercada la villa del Castillo Locubín, venían seguros los bastimentos  al ejército y quanto quiera que la ciudad de Alcalá, entonces llamada de Aben Çaide, así por la natural fortaleza del sitio como por la fortaleça de sus murallas y torres que, para aquel tiempo, eran muy gallardas, como oy se muestran, parescía inexpugnable, como lo era, y que avía conservado la frontera por los moros tanto tiempo;”.

Pero, este documento, si es importante por su fundamento histórico, lo es más por haberse servido de las descripciones de los elementos defensivos y de los barrios de la ciudad fortificada en tiempos del autor del documento (el reinado de Felipe III) con los de la época anterior a la conquista. Por eso, es un dato ineludible que, antes del reinado de Alfonso XI, el Arrabal Viejo y la muralla circundante se encontraban en pie, como lo manifiestan estas palabras: “Por esta causa insistía el rey don Alonso para ganar fuerça tan importante y, así animando a los suios, arrimando las escalas por lo bajo, que es la parte que oy está el Rastro y la muralla más baja, aunque la defendieron valientemente. Como los xristianos estaban en presencia del Rey y victoriosos de la del Saldado acometieron a los moros de tal suerte que, horadando por muchas partes la muralla, ganaron el arrabal hasta donde oy está la Torre de la Cárçel, que bate y llega su corona y sobrepuja la muralla de la Plaça de la Mota; esta torre era muy fuerte, como oy lo es, y fue la primera entrada y, el ganarse este arrabal por el  rei don Alonso, día de Santo Domingo de Silos”.

Esta muralla fue una de los lugares mejor descritos a lo largo de la historia de Alcalá la Real. Así, nos lo cuenta Sancho de Aranda en una escaramuza con los moros: “El qual, como una vez con otros cavalleros hiziese una entrada llegando de noche a los muros de Alcalá, en un adarve, que está devajo de la fortaleza, puso una escala por la qual subió sólo sin otra compañía. Y, subido, saltó adentro, el andén del adarve, era poco más alto y, por partes casi igual al suelo del dicho corral, a do halló un moro que esta va con una manada”.

 

Como muy bien manifiesta Carmen Juan, por la parte occidental “encerraba un pequeño barrio llamado el Adarve (luego del Rastro y Matadero) y una liza lo carrera de caballería y donde, a veces, entraban los enemigos en sus frecuentes ataques”. No es de extrañar que, cercana a esta zona, estuvieran los muladares de la ciudad, lo que preocupaba mucho a las autoridades de la ciudad. “Que se saquen las inmundicias   que se echan en este sitio, en el sitio de enfrente de la casa de Diego Ramírez en un muladar que allí está, que alinda con el camino de San Bartolomé, porque el de la Peña Horadada se ha cerrado de piedras e inmundicias”

 

LA DISTRIBUCIÓN DE LA VIVIENDA EN EL ARRABAL VIEJO

 

El Arrabal Viejo debió ofrecer, como señalan las Ordenanzas Municipales de los años posteriores, un aspecto y ambiente asfixiante para los vecinos, que, conforme se acercaban a la fortaleza, vivían en calles estrechas, y en casas completamente amontonadas, como si quisieran trepar hacia la roca de la ciudad fortificada y, al mismo tiempo, se cobijaran en el seno de sus profundidades cavernarias. Hasta muy avanzado el siglo XVI, el aspecto que circundaba la muralla, quedaba establecido de acuerdo con un criterio defensivo que impedía cualquier tipo de obstáculo para el tránsito de la milicia urbana en el caso de un posible ataque y se encaminaba, al mismo tiempo, a presentar la mayor dificultad de tránsito entre la muralla y la vivienda urbana, creando un espacio vacío de adarve o anillo amurallado:

 

“Debía mantener en buen estado los muros del recinto ciudadano, procurando tener alejado de sus cercanías todo cuanto pudiera dañarlos, que, en definitiva, en una población marcada por unas condiciones profundamente rurales, se reducían a apartar el estiércol que sobre las murallas solían amontonar los vecinos, evitar que se hiciese fosa o estancar en los lugares  perjudiciales a las murallas, procurar el mantenimiento de un notable espacio entre muros y casas de vecinos de diez pasadas de ancho, y procurar que no hubiese brechas en el recinto murado, fuera de su puerta o puertas que no finque cosa alguna por donde quepa hombre”[3].

 

 

 

 

EL   ACCESO AL BARRIO DE SANTO DOMINGO

 

En primer lugar, hay que partir del carácter militar del barrio de Santo Domingo y su indefinición territorial interior en los primeros momentos de su desarrollo urbanístico en tiempos de los musulmanes. Sus murallas, cerradas a cal y canto, impedían cualquier intento de penetración bélica al recinto de este Viejo Arrabal.  Así, según los datos de las actas de cabildo de 1492, tan sólo se permitía la entrada por una única puerta, y, esto dio lugar a que, en tiempos de los Reyes Católicos y con  la nueva  situación de conquista del reino nazarí y llegada de un largo y definitivo proceso de paz, se  diera licencia en abrir la muralla  por varios lugares y aumentara[4] en nuevos vanos.  Por otra parte, por el hecho de encontrarse el arrabal en una fortaleza que era flanco de continuos ataques, en un se cuidó y se puso dificultades para el acceso directo entre el propio barrio y la ciudad fortificada, y, además, con respecto al resto de vías que se acercaban al castillo. En primer lugar, por lo escarpado del lugar se salvó artificialmente el acceso entre este barrio y la fortaleza, lo que se hacía a través del Cañuto, un camino cubierto que salía del Gabán hasta la iglesia de Santo Domingo, hoy desparecido. También este espacio cubierto se  incardinó dentro de la muralla  hasta llegar a través de varios O estas dos  referencias  que aluden a una calle situada a su pie, tras la caída del Gabán,  con la compra: “de la casa de Alonso de Medina, para ensanche del Gabán[5] y la calle que ha de quedar al pie de la obra del Gabán, costo 300 ducados[6]. Según una libranza  de 1572, se observa que el Cañuto la calle se componía de   tramos interiores y exteriores empedrados[7]:“Descárguensele e más dos e cuatrocientos e ochenta  y dos mrs. que pagó a Diego de Marmolejo empedrador de setenta y tres tapias de empedrado que hizo en la calle del Cañuto que desciende de la Plaza al arrabal Viejo que se mandó empedrar por estar peligroso, a real la tapia. Mostró fe del medidor que midió el empedrado declaración del mayordomo. 

  A este barrio, su vez, se accedía exteriormente desde los caminos de Granada o de Jaén, por varias puertas: las del Arrabal, la de Martín Ruiz o del Cambrón, la de Granada y la de Zayde. A esta última desembocaba una calle, como lo manifiesta el Discurso de los Aranda”. Desde el suelo bajo de la calle, que es do está la puerta que dicen de Zaida, arrimada a la dicha torre(Nueva).”

Con la ampliación de los barrios adyacentes, la puerta del Rastro, la de San Bartolomé y la de la Peste jugaron un gran papel en otros momentos de peste y epidemia.

Por consiguiente, la ubicación de las puertas definió el diseño urbanístico posterior de este barrio, porque el entramado vial arrancó de muchas de ellas o, al menos, reservan espacios abiertos al barrio.

 

  LA TRAMA URBANA Y LA VIVIENDA

 

La mezquita, transformada posteriormente en iglesia mudéjar y reedificada con estilo gótico y renacentista, ocupaba la parte central de este barrio sobresaliendo del resto de los edificios. Junto a ella, había varios edificios notables de la ciudad, entre ellos un horno de la ciudad y algunas casas de personas nobles y religiosas, como lo describe este censo de mediados del siglo XVI Varias calles distribuyeron un gran número de casas más modestas como correspondían a sus numerosos vecinos que las habitaron intensamente, sobre todo, a partir del siglo XVI. La tipología de casas puede responder a los siguientes modelos:

-una casa hidalga, con dos cuerpos. Se accedía al primero, por una puerta abierta asimétrica a la casa frontal de su calle, portal, patio castellano con pilares y cobertizos y habitaciones para cocina, salón bajo, caballeriza, huerto con pozo; el segundo, aprovechando los desniveles del terreno que le serían de base   o una escalera artificial, se accedía a los cuartos de dormitorio; excepcionalmente, un tercer cuerpo, compuesto de pajar o una bodega subterránea. El padrón desaparecido de 1495 nos proporciona el dato de que 24 vecinos hidalgos vivían en el Arrabal  en contraposición  de 81 de la ciudadela de la Mota[8].

-Casa, de un solo cuerpo, con bodega excavada en la roca y miradores que se enlazaban con las partes superiores de la fortaleza o un corral fuera de la muralla. Sirva de referencia este contrato para realizar una casa a Martín de Cea en la calle Cava en torno a 1620.

“Pedro Nuño se obliga a hacer en la calle Cava un cuerpo de casa y  corral a Martín de Cea, capitán[9]

-Casa-cámara, para viudas, criados y personas pobres de solemnidad que ocupaban los lugares más recónditos y superpuestos entre las viviendas. Son frecuentes las referencias en libros de censos y padrones y se adelantan a las casas de vecinos de las poblaciones de vecinos.

Conforme avanza el tiempo, las casas reservan lugares para lagares, telares, tundidores, tintes etc. Con el fin de destinarse a estos fines, se ven favorecidas por un e pozo que les surte de agua doméstica, de elemento fundamental de higiene limpieza y de riego básico para el pequeño huerto, lo que se manifiesta en estas palabras del cronista Guardia Castellanos:

Contrastando con la aridez y sequedad dominantes en la meseta del cerro de la Mota, debido a su conformación geológica, responde la abundancia de pozos enclavados en su ladera meridional, donde se alzaba el barrio denominado el Arrabal: las aguas pluviales depositadas en las mismas, al ser filtradas por las capas de tierra que la cubren,  si bien por lo reducido del área de la expresada  meseta no llegan a surtir toda la dicha ladera hasta llegar a la hondonada, emergen, en cambio, con riquísimas propiedades de potabilidad del fondo de los innumerables pozos enclavados en las proximidades de las murallas que coronan el cerro, lo que hace suponer que en cada casa que constituyeran el Arrabal, existiría un pozo. De los distintos que en la actualidad existen en los huertos y corraladas de dicho paraje, ninguno de ellos tan fresco y cristalino como los dos que hay en la antigua mezquita mora, hoy Iglesia de Santo Domingo, el uno que, en la plazuela de entrada, y el otro en un pequeño corral contiguo a la sacristía, y muy especialmente este último, el cual según dice, data de tiempos de la dominación sarracena”.   

 

A través de los contratos de compraventa y mandas testamentarias  de los documentos notariales, percibimos en,  dentro del Arrabal Viejo, el encabalgamiento de una casa sobre otra y la ampliación de la vivienda a través de la excavación del subsuelo y  de la roca que conformaban  dos  formas constructivas muy peligrosas para la seguridad de los vecinos, pues provocaba caída de manzanas completas  de  viviendas y  de los fundamentos de muros, así como la  destrucción de la trama viaria original  estableciendo diversas capas de trama urbana, a veces, confusas e indescifrables para las investigaciones posteriores  Con las excavaciones y perforaciones de la roca del cerro, los vecinos  consiguieron  formar bodegas dentro de  las cuevas de la roca, cárceles para esclavos, cámaras o viviendas infrahumanas para criados, viudas y pobres de solemnidad, despensas, almacenes, pozos ciegos y de agua y sótanos, hasta tal punto que las autoridades se veían obligados a perseguir continuamente  cualquier abuso de infracción urbanística: “Cualquier home que quisiere cabar pozo o gabia o cárcel o sótano no debe fazer la caba cerca de la pared ajena”.

 

El paisaje urbano se completaba con tinas, cuadras y caballerizas en las casas de las familias más nobles, ocupando la parte baja; en otros casos, gallineros para las familias humildes: en ambos casos estableciendo la separación entre una casa y otra

CONCLUSIONES

 

De acuerdo con las fuentes escritas, el Arrabal Viejo fue un espacio urbano que se desarrolló a lo largo de la historia de la ciudad de Alcalá la Real ofreciendo diversos paisajes:

-No está constatado asentamiento urbano en todo el cerramiento de la tercera mural durante la época musulmana, sino más bien ofrecía un aspecto semirrrural con predominio de huertos, solarines y, tan sólo, utilización de la parte baja del cercamiento de la segunda muralla.

-A partir del siglo XVI, se desarrolla la urbanización completa de todo el barrio de Santo Domingo con varias calles y nuevos accesos.

-El cerramiento y la demarcación del barrio de Santo Domingo sufren una importante regresión urbana en los siglos posteriores que alcanza su abandono total en los finales del siglo XX.

 

 

 

 

 

CALLE DEL POSTIGO

Actualmente, se encuentra a los pies de la antemuralla de las Entrepuertas y se adentra por un arco de medio punto enrejado. Por ella se bajaba hasta el barrio de Santo Domingo de Silos, y era recorrida por algunas procesiones de las Letanías y la del Corpus Cristi. 

 

 

 

 

            LA IGLESIA DE SANTO DOMINGO

Fue una antigua mezquita, como se transmitió a través de los textos y litografías documentales, donde se ubicó esta iglesia en honor a Santo Domingo de Silos por coincidir la fecha del santo con la de la conquista del arrabal el 20 de diciembre de 1340. Se accedió a ella, desde la ciudad fortificada a través de la calle Postigo y la descendida de la salida del Cañuto; desde las afueras a través de las calles que partían de las puertas de Martín Ruiz, Arrabal y Granada. Estaba colocada en la ladera suroriental del cerro de la Mota formando una plazoleta que rodeaba una baranda convertido en un excelente mirador, donde se alojaba un pozo. Actualmente ha sufrido una fuerte degradación esta iglesia gótico mudéjar, a pesar de las muchas intervenciones de la administración central y autonómica en los últimos cuarenta años. Fue adquirida recientemente por el ayuntamiento alcalaíno en 2006 al Obispado de Jaén. Presenta un conjunto de estructura compleja y edificado en varias fases. De estructura basilical, con tres naves en la planta rectangular, la cabecera plana en las naves laterales y cuadrada, algo desviada, en la nave central a manera de ábside que constituye la capilla mayor cubierta con una bóveda nervada y dividida en dos tramos, que se repite en la antigua del baptisterio. En el resto de las naves, se colocaba una armadura de madera sobre pilares cuadrangulares para sujetar los arcos ojivales formeros con diferencia entre la nave central y las laterales.  Es de piedra de cantería bien labrada y cortada con sillares sin ladrillo y tan solo revestida por algunos lugares con adornos mudéjares.  Además de la iglesia tiene adosadas la sacristía de 6.70 x 6.20 metros, antesacristía 6.70 x 4 metros, las dos de planta rectangular y una torre, las tres de estilo renacentista y construidas por el abad Maximiliano de Austira a finales del siglo XVI. Destacamos las medidas fundamentales de su planta de 33.50 de largo y 22.50 de ancho; la torre de 4.30 metros x 2.50, la capilla mayor trapezoidal, con los lados de 5.80 metros, 6.70 y 6.30. De entre las cuatro fachadas, la meridional es la más importante y está dividida en tres tramos y se abre con la portada   de arco apuntado de centros interiores, algo abocinado, muy sencillo y flanqueado por una archivolta.

            Prácticamente, desde 1936 ha venido decayendo hasta su abandono total de modo que solo se mantienen los elementos de soporte, los muros y algunos pilares y arcos, pero, al menos, puede describirse su interior. En el ala de la epístola, existían las capillas del Resucitado, con retablos de la Anunciación y Santa Colaina, la de Santa Ana, y entre esta y la de la Asunción coronada por los ángeles con santa Catalina y san Roque, la lápida dedicada al vicario gobernador Gil Fernández por el abad Diego de Ávila con motivo de su muerte en 1570.,  y en el frontal con adornos mudéjar la capilla de Nuestra Señora de la Antigua con el retablo de Ecce-Homo y un Cristo En el ala del Evangelio, la capilla del Bautismo, la del  retablo de la Circuncisión y las tablas que se conserva en el retablo de la sacristía de la iglesia de las Angustias, la capilla de Santa Lucía,. En la nave central estaba el retablo de Santa Catalina y destacaba, sobre todo el retablo de la capilla mayor, donado por el cardenal Mendoza y ejecutado en parte por Juan Ramírez, cuya tabla central se encuentra en la iglesia de las Angustias y el resto se vendieron o destruyeron conservándose algunas en casas particulares o de anticuarios.

EL HORNO Y LA TIENDA

Sírvanos esta cita de 11 de febrero de 1530, donde se recoge la ubicación del horno municipal: En este cabildo se acometió a Francisco de Aranda regidor se haga reparar el horno de la ciudad que está junto a Santo Domingo e que el obrero con su parecer lo ha haga luego. O esta otra sobre la tienda 9.7.1529. Proveyó una petición de Miguel Sánchez Vasco sobre la tienda de Santo Domingo que pedía licencia para vender, proveyó que se guarden las ordenanzas-

 

 

           

 



[1]  SÁNCHEZ MÁRMOL, Fernando. Andalucía monumental (de la Mezquita al mudéjar). Biblioteca de Cultura Andaluza. Pp. 111. Muy fuerte es la influencia del sistema defensivo almohade, pues desarrolló extraordinariamente el arte de las fortificaciones “Se perfecciona el sistema de puertas de recodo, se hace uso de la barbacana o antemural que envolvía el recinto y se utilizó como norma la construcción de torres albarranas”.

[2] TORO CEBALLOS, Francisco. Colección Diplomática del Archivo Municipal.  Alcalá la Real. Reyes Católicos. Actas de 1492.

[3] Ibíd. Tomo II. Pág. 17.

[4] AMAR. Acta de cabildo de 11 de marzo y 30 de mayo de 1492.

[5] AMAR. Acta del cabildo de 18 de marzo de 1597.

[6] AMAR. Acta de 6 de febrero de 1595.

[7] AMAR. Libro de cuentas de 1572. Libranza séptima.

[8] GUARDIA CASTELLANO, A. Leyenda y notas para la Historia de Alcalá la Real. Edición de Foro 1996. Pág. 181. Luego, sus casas estaban en una proporción de menos del 25 %, que no debía coincidir con la población correspondiente a toda la vecindad, porque de los 555 vecinos de Alcalá la Real, probablemente ya en 1495, existirían más de cien casas en el Arrabal Viejo.

[9] AHPJ. Legajo. 4902- Folio 438. 20 de noviembre de 1620.

domingo, 8 de marzo de 2026

EN LA SEMANA DEL JAÉN. VISITA DE CARLOS I EN 1526

 

CENTENARIO DE LA VISITA DE CARLOS V EN JAÉN (I)

 


Se frecuenta la promoción de rutas históricas en la provincia de Jaén. Destaca, por encima de todas, la de los Castillos y Batallas, digna de visitar por la proliferación de acontecimientos históricos y recintos fortificados que abundan a lo largo del mar de olivos. Pero, no fue la única ni la más relevante. Se puede ampliar la oferta con la de las tierras de fronteras, la califal, nazarí, almohade, vandelviriana, de San Juan de la Cruz. Y este año se celebra el quinto centenario de la presencia del emperador Carlos V en el reino de Jaén. Como señalaba el profesor Galera Andreu: el antiguo Reino de Jaén ya fue relativamente afortunado con la presencia de un emperador tan trashumante como Carlos V, quien recorrió su territorio en dos ocasiones, de oeste a sur y de sur a norte, con motivo de su boda y estancia en Granada. Aunque dichas visitas entraban en el itinerario de su viaje de bodas, las estancias en las villas y ciudades señaladas no dejan de tener su significación política

El emperador recorrió la provincia de Jaén en dos ocasiones principales en 1526 con motivo de sus bodas en Sevilla y estancias en Granada, transitando de oeste a sur y de sur a norte. Esta ruta se convirtió en una oferta turística dentro de los Itinera Carolus V Imperator. En este viaje, el emperador, acompañado de la reina Isabel de Portugal llegó a Alcaudete el 25 del año 1526, proveniente de Sevilla el 13 de abril y tras pasar por las ciudades de Carmona, Fuentes de Andalucía Venta del Palmar, Écija, Guadalcazar, Córdoba y Castro del Río.  





Emperador-Rey llegó a Alcaudete el 25 de mayo y pasó allí el 26 y 27. Y nos quedamos con estas palabras del profesor Galera “La primera de ellas, Alcaudete, en el viaje de Sevilla a Granada, procedente de Córdoba sorprende que no sea una mera parada de descanso para pernoctar, como sucede en la mayoría de los núcleos del itinerario, sino que alarga su estancia dos días, más de lo que pararía en las otras ciudades jiennenses como Jaén, Úbeda, Baeza o Alcalá la Real. Esta significación cabe pensar que guarde relación con el favor y la confianza depositada en el señor de la villa, Martín Alfonso de Córdoba y Velasco, quien tres años más tarde obtendría el título de Conde de Alcaudete en recompensa por los servicios prestados en la guerra de las Comunidades y como Capitán General de Navarra, después Virrey de aquel territorio, y finalmente Capitán General del reino de Tremecén en el norte de África; en resumen, hombre para el emperador «de confianza summa siempre»

. En Loja, donde se esperaba su llegada, por la mala situación de sus caminos y calzadas se evadió el tránsito de la caravana imperial. Sin embargo, Carlos I pasó y estuvo en Alcalá el día 28 de mayo de 1526, donde juró los fueros de la ciudad. Hay varios documentos referentes a este acto. Uno de ellos, ante el escribano del cabildo, Antonio Blázquez nos lo relata con estas palabras:

En la noble y muy leal ciudad de Alcalá la Real, llave y guarda y detenimiento de los reinos de Castilla, lunes  veinte y seis de mayo del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo de mil quinientos veinte e seis años, este día entrando a esta ciudad la Sacra Cesárea Católica Majestad el muy alto Católico e muy poderoso, rey don Carlos Nuestro señor, y estando en el arco de la puerta de la Mota de esta ciudad junto a la Plaza Pública de ella, a suplicación  de esta ciudad , Su Majestad en presencia de mí, Antonio Blázquez, escribano del cabildo y de número de esta dicha ciudad e testigos susoescritos, dijo que confirmaba e confirmó los privilegios e libertades de esta dicha ciudad y puso la mano encima de un libro misal y de una cruz de plata, que para esto fue traída e dijo que juraba e juró de guardar los dichos privilegios y libertades de esta dicha ciudad si es según que los Reyes Católicos, sus antecesores, los guardaron e muy mejor a en su tiempo. E la Justicia e regimiento de esta dicha ciudad, que presentes estuvieron lo pidieron por testimonio ansi al dicho escribano, estando presentes por testigo el alcaide Joan de Aranda, alcaide de Montefrío y el alcaide Johan de Valenzuela de esta ciudad y el licenciado, Pero Ordóñez, provisor de esta dicha ciudad y otras personas vecinas de ella, y los dichos testigos firmaron de sus nombres por testigos. El licenciado Pedro Ordóñez de Ortiz. Juan de Valenzuela, Juan de Aranda. Ante mí Antonio Blázquez, escribano del cabildo y número”.

               

 

Este día, comió, cenó y pernoctó en Alcalá la Real y el 29 salió para Santa Fe.      Según cuenta Guardia Castellanos refiriéndose a fuentes documentales anteriores, durmió en la Torre de Homenaje de la fortaleza de la Mota y allí tremoló durante varios días el morado pendón real. Prueba del testimonio del acto del juramento fue la elaboración de un escudo imperial que en el interior de la bóveda del arco de las Entrepuertas se conservaba un escudo imperial hasta los primeros años del siglo XX y puede coincidir con el mismo que actualmente se halla en la puerta de la Imagen. 

   Era corregidor. Francisco de Alarcón, sobrino de Martín de Alarcón y caballero de las Guardas de los RR.CC. alcalde de aguas de Granada, oficio que era muy bien remunerado e y además veinticuatro de Granada. Conocía bien la zona del corregimiento, porque estuvo de visitador de los términos en litigios con la ciudad de Loja en el mismo año. Debió ocupar una anterior alcaldía mayor antes de la alcalaína, lo que, unido a su experiencia de juez de apelación y repartimiento en las ordenanzas de obras, les sirvió de experiencia en el corregimiento. La impronta de Carlos V fue muy significativa, porque      en su tiempo se llevó a cabo un importante repartimiento de diez mil fanegas de tierra de labor, procedente de dehesas y montes que se distribuyeron entre los vecinos por una cédula del emperador. También se recibió una nueva merced de mil fanegas para tierras de trigo que afectó a los cortijos de propios, probablemente el del Sapillo, Alloza rejo y Puerto Locubín.

           Tras permanecer el emperador en Granada, de nuevo volvió a Jaén. Aunque se había previsto un itinerario desde Alcaudete a Úbeda, Baeza y Jaén, se invirtió al final en el viaje de vuelta de Granada a Valladolid. Se llevó a cabo, en diciembre de 1626, de nuevo pernoctó en Alcalá la Real, Martos, Jaén, Baeza, Úbeda y Vilches, (la ciudad del Condado estancia funcional antes de abordar el paso de Sierra Morena. Concretamente el calendario del viaje, l 11 de diciembre llegó de Pinos-Puente a Alcalá la Real donde cenó y durmió. El 12 comió en Alcalá y cenó y pernoctó en Martos. El 15 comió en Martos y cenó y pernoctó en Jaén, donde estuvo el 14 y comió el 15, que salió para Baeza donde cenó y durmió. El 16 comió en Baeza y cenó y durmió en Úbeda. El 17 comió en Úbeda y cenó y pernoctó en Vilches. El 18, comió, cenó y pernoctó en la Venta de los Palacios en Sierra Morena y el 19 salió para Santa Cruz de Múdela.

CONOCIENDO LA MOTA XXX IV. V. ENTRADA POR EL CAMINO DE LA PUERTA DE SANTIAGO


 

 


 

            A través de la calle empedrada que mira a occidente a espaldas del Centro de Información, se recorren los parajes del antiguo barrio de San Sebastián, hoy convertido en campo de olivos y solarices, pero con unas bellas vistas hacia los parajes de la Mata, la Acamuña, los Zumacales de los Tajos y la ruta a los pueblos cordobeses de la Subbéticas (Priego, Cabra, Rute, Lucena...)  y a las aldeas noroccidentales de Alcalá la Real (Caserías, Fuente Álamo, La Rábita...). En su tramo final, una puerta de rejería ha sustituido a la antigua Puerta de Santiago, del Aire o Poterna, y de allí por las Caballerizas de los Abades se adentra por el Bahondillo lindando con la roca que hizo de primer amurallamiento de la ciudad, donde hay restos de cuevas.

           

 

 

BARRIO DE SAN SEBASTIÁN

 

 

            Antes de la entrada de la ciudad fortificada, desde el callejón de San Francisco se iniciaba una calle, que se comunicaba con otra que subía a la Mota por la puerta del Aire. Se extendía este barrio que llegó a poblarse con unos veinte vecinos junto con los de la cercana calle de San Francisco.   Durante del reinado de Juan II entre 1439, su hijo el príncipe Enrique IV tuvo su alojamiento en un mesón denominado de la Torre, situado junto la ermita que le daba el nombre de San Sebastián con motivo de una incursión en tierras musulmanas de Montefrío atendiendo a la postura de los partidarios de su padre, el bando de los Montesinos, que consideraban un desaire se les permitiese un alojamiento dentro de la ciudad fortificada por estar a aliado a sus tíos los infantes de Aragón.

            “como el príncipe don Enrique, en vida de su padre don Juan el Segundo, biniese poderosamente a hazer la guerra a los moros, señaladamente a los de Montefrío, y su entrada se avía de ser por Alcalá., (1439-1445); porque le constaba que estava en desgrazia del rey, su padre y confederados con los Infantes de Aragón, sus tíos, que tenían guerra con él; parezíale poderosos como venía que podría hazer algún sinsabor a su padre, y apoderarse de la ciudad. Y por esto, el día que el príncipe avía de entrar, él y Gonzalo Monte que eran los más principales, acompañados de los otros deudos y parientes, dejando sin embargo aderezado el Mesón de la Torre, que estava junto a la hermita de San Sevastián, a do se aposentase fuera de la de la ciudad... Y por esto le suplicavan que tuviese a mal de se aposentar fuera, ni aquello lo reziviese por desacatado, pues se hazía por guardar toda la lealtad a su rey”. Algo similar le ocurrrió al Marqués de Santillana en tiempos del mismo rey que tuvo que alojarse en la misma ermita y la ciudad no atendió que entraran detnro de sus murallas.  No es de extrañar que en su derredor, también se instalaran algunas viviendas dispersas como  mesones, ermitas, y posadas: “Sin embargo aderezado el Mesón de la Torre, que estava junto a la hermita de San Sevastián, a do se aposentase fuera de la de la ciudad[1]”-

 





  PUERTA  DE LA PEÑA HORADADA Y LA DEL HIERRO

 

Las puertas jugaron también una función esencial de control de los pasajeros. Ya sabemos que  les impedían la entrada en tiempos de peste o epidemia, por simples razones sanitarias. Bastaba que avisaran de Granada, el presidente de la Chancillería, para que colocaran puestos de guardias en ellas, se limpiaran las calles, se fijaran carteles con el nombre de ciudades apestadas, y, en la misma puerta, se encendiera una vela, de noche para iluminar su acceso e  impedir que entrara cualquier persona. Esto se cumplía a rajatabla, y rara fue  la peste que ocasionó  muertos en la fortaleza alcalaína. Podemos decir que  la ciudad fortificada de la Mota se salvó  en  casi  todos los siglos anteriores al XIX menos algunos muertos aislados de extranjeros, forasteros o vecinos del campo. En otras ocasiones, se cerraban  para impedir  cualquier ataque imprevisto de los enemigos musulmanes o franceses  en tiempos de guerra o, de algún que otro monfí o bandolero en tiempos de paz.     

           

Ambos responden  a los últimos supervivientes de las guerras, que se  echan a estas sierras subbéticas  y se dedican a saltear cortijos, otros se agrupaban con los evadidos de la justicia y campaban en libertad sin sujeción  alguna a ninguna autoridad. Los primeros, que los hubo, fueron perseguidos por los años ochenta del siglo  XVI, por las  autoridades- el corregidor, los regidores y guardas de campo- tras las guerras de los moriscos en  varias ocasiones; los bandoleros, solían recorrer las sierras de Frailes, el  Castillo de Locubín y San Pedro, siendo perseguidos por las autoridades, sobre todo en el siglo XVII y XIX.

 

Volviendo a las puertas, cuando la Mota ya se hallaba casi abandonada, las  únicas que servían era la Peña Horadada, para controlar la salida de los campesinos al laboreo por la Mota, y, en la nueva ciudad, la de los Álamos y la Fuente Tejuela, luego la de las caserías de los Valencias o la Cruz de los Moros.

 

No se mantuvieron siempre con el mismo nombre, ni las mismas puertas pervivieron con la utilidad. Pues, entre las desparecidas, en 1582, era muy importante la de la Peña Horadada, para todos los barrios del derredor de la Mota, San Sebastián, San Francisco, San Bartolomé y para la salida del campo; recibe el nombre a una peña, donde se libró una escaramuza entre unos musulmanes y un miembro de la familia Aranda, que clavó la lanza Hazconada en una peña (y como vulgarismo le dio el nombre deformado de Peña Horadada, por la cueva de su subsuelo). Otra puerta de arrabal, la del Aire, perdió algún prestigio  en este entorno, por los pocos vecinos del Bahondillo en siglos pasados, también llamada la puerta de Santiago o de La Pescadería; era  un arco apuntado, que actualmente ha sido por una puerta enrejada, albergado bajo un cubo de la muralla con un suelo enladrillado de espinapez. Como puerta poterna y de entrada de carruaje, cercana a la puerta se encontraban las Caballerizas del Abad.  Fue rehecha por los mismos canteros y tiempo de la torre de la Especería, actualmente una puerta de reja de hierro que permite el acceso de los vehículos pesados a la parte alta de la fortaleza.  Fue reconstruida en 11 de septiembre de 1573, e intervinieron los canteros los canteros y maestros Juan de Macías, Domingo Oribe Vizcaíno y Alonso Martínez de Tudela. Su suelo estaba enladrillado en el siglo XVI con el conocido opus spicatum o espinapel.  

 

Cercana a la muralla por la cara a los arrabales nuevos, se encontraba otra puerta. Y algunos llegaron a darle el nombre a la Puerta de la Mancebía- Se  presentaba como la del  primer cerramiento de los barrios del Albaicín y Entrepuertas. Pero esta  puerta, no  se conserva, y tan sólo se observa un arranque del arco  antes del tramo ascendente delante de la Puerta de las Lanzas. En un documento del escribano Alonso Ramírez de Molina, por fin, se ha  encontrado con el nombre de  LA PUERTA DEL HIERRO. Aparece en  una escritura de censo de 12 de enero de 1566 que realiza el zapatero Lázaro Rodríguez, junto con su esposa Ana Martínez de Pareja, con el regidor Pedro Hernández de Alcaraz en 1566 (legajo 4720 folios 86-89). Para avalar esta operación hipoteca y pone a disposición sus casas. 

Se hallaban estas casas y tiendas, con cuatro morada, encima, que nos los principales tenemos en la calle de  los zapateros de esta ciudad, linde por abajo con casas de la viuda de Juan Martínez y tienda de Pedro de Martos, e por arriba la calle del Albaicín hasta dar a una calle que le dicen de la Puerta el Hierro.

Por lo que este tramo de la calle de Entrepuertas se llamaba de Los Zapateros, y nos ubica LA PUERTA DEL HIERRO en el tramo que denominaba a su calle. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VI. ENTRADA POR LA PUERTA NUEVA

 

            A través de una rampa por encima de la Peña Horadada y una descendida del Rastro se accedía a esta puerta, hoy día cerrada, y en un mal estado de recorrido por estar perdido el sendero en muchas partes del trayecto. Esta puerta fue obra de Martín y Miguel de Bolívar. Se REALIZARON EN EL SEGUNDO DECENIO DEL SIGLO XX las obras de parte de la muralla de Santiago, desde la Torre Nueva de la Cárcel hasta la Puerta Nueva del Bahondillo. Esta última se abrió en tiempos de las Reyes Católicos, pero fue un acceso fundamental para todos los vecinos que provenían de los barrios o arrabales de San Sebastián, Peña Horadada, Cerro de los Palacios o San Bartolomé, Matadero, Rastro y entorno de esta puerta; fue, también, salida de los campesinos de la ciudad fortificada y de sus vecinos al campo en momentos, como el actual, de epidemias, pandemias y peste. Ganó importancia en tiempos de Carlos I hasta tal punto que el famoso maestro Martín de Bolívar la ejecutó a la manera de la puerta de las Lanzas y con una imagen, probablemente de Santa Ana, y escudos de la ciudad a mediados del siglo XVI. Aquel barrio y este lugar desaparecieron prácticamente a finales del siglo XVIII, y se transformó el hábitat humano en una tierra de cultivo. Ahora se ha vuelto a sus orígenes y se ha revitalizado por ser una magnífica y novedosa entrada de la Mota, por la que  se ofrece al visitante una nueva lectura del monumento  alcalaíno: por un lado, se comprende perfectamente, la historia alcalaína del mundo troglodita hasta los tiempos abaciales; por otro lado, es un magnífico mirador de las tierras que se orientan a Priego y Montefrío; y, por último, pueden recuperarse restos arqueológicos importantes de la zona y lugares como  el paramento de la Carrera de los Caballos, la  Puerta del Rastro, el Matadero y las Carnicerías Viejas, así como la Puerta de Zayde que comunicaba estos barrios con el de Santo Domingo. Una  puerta, hasta ahora desconocida, que se conserva en todo su arranque hasta la mitad de sus pilares y  adentra a la calle que se dirigía a la perdida puerta del Cañuto, al pie de la muralla del Gabán. Es extraño el nombre de San Bartolomé, que hace alusión más bien una puerta cercana a las eras  de esta ermita para cerrar la salida al campo. Esta era u na salida de los vecinos del Bahondillo y una entrada para  los que acudían a la ciudad de  Priego y sur de Córdoba y los labradores que lindaba con sus cortijos este camino y el de Montefío.

 



[1] Ibidem., pág. Folio 16 r.