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viernes, 17 de julio de 2026

EN ALCALÁ LA REAL , MIGUEL BERMÚDEZ DE CASTRO, AUTOR DE COMEDIAS EN 1659

 


Miguel Bermúdez fue un actor y escritor español del siglo XVII.


Aportamos un nuevo dato de su biografía, de un contraro  en Alcalá la Real, por el 25 de mayo de 1659, para representar los autos sacramentales y las demás danzas  que se suelen celebrar con motivo de las Fiestas del Santísimo Sacramento, representado por los abogados granadinos Francisco Jiménez y Fernando de Carava .  Lo conciertan con el regidor perpetuo y alferez mayor don Rodrigo de Soromayor Salazar y Mendoza, comisario de dichas fiestas ( día del Corpus y su Octava), y el compromiso de Miguel Belmúdez (sic), auto de comedias,  se ve avalado por su compañero Joan Muñoz de Navas en la cantidad de  dos mil seiscientos reales en dos plazos ( el primero de 1.300 cuando lo solicitare y como lo pidiere; el segundo en el  momento que estuviera presente en la ciudad cumpliendo con lo comprometido).

Al detallar los compromisos se especifica lo siguiente:debían realizarse como en las fiestas de Granada se celebran por parte del autor y compañía; por la mañana, había de asistir a la procesión, en los momentos que el Santísimo Sacramento parase ante los bufetes ( altares) , debína realizar los bailes y música, esto por la mañana; por la tarde, representarán un  auto sacramental con música y bailes y entremeses; en la procesión del día de la Octava han de hacer lo mismo , bailes, música y entremeses y una comedia elegida por el otrorgante y el autor; se añadían ls conocidas claúsulas de reescisión según las normas de la ciudad de Granada y el fuero de Alcalá la Real. 







 Es famoso por aparecer como el autor de una comedia que en realidad fue escrita por el famoso dramaturgo Lope de Vega. Pues, en la época del Siglo de Oro, los nombres de autores poco conocidos se usaban en las portadas de los libros para vender más o para evitar problemas políticos. Y consistió el  misterio de la obra, en que , durante siglos, una comedia titulada "Yo he hecho lo que he podido, Fortuna lo que ha querido" apareció firmada por Miguel Bermúdez., pero el  verdadero autor del texto, según los expertos en literatura que descubrieron pruebas, era Lope de Vega, conocido como el Fénix de los ingenios. Curiosamente, la  copia pirata de esta comedia se imprimió de forma ilegal en Sevilla entre los años 1632 y 1634, utilizando el nombre de Bermúdez para despistar. 

Recogemos de Julio González Montañés en su blogg  y artículo Teatro Espectáculos  Públicos en Galicia todos estos datos, que complementamos y aportamos su estancia en Alcalá la Real

Miguel Bermúdez de Castro

 

 

   Se trata del santiagués (*) Miguel Bermúdez de Castro (c. 1611-1676), el cual, aunque no hay pruebas de que representara en Galicia, y parece que desarrolló su carrera en Italia, Valencia y Andalucía, sabemos que fue actor en varias compañías, que creó la suya propia y fue autor de tres comedias en castellano que aún se conservan: Olvidar para vivir (antes de 1630), Primero al Rey que al honor (ca. 1640-50) y Yo he hecho lo que he podido, Fortuna lo que ha querido (s.d.). Esto con interrrogantes. 

 

 Biografía:

   La mayor parte de las noticias que tenemos sobre su vida proceden de la Genealogía, origen y noticias de los comediantes de España, manuscrito del siglo XVIII (c. 1722) conservado en la Biblioteca Nacional, estudiado y editado por N. Shergold y J. Varey.

   En varias ocasiones se refiere la Genealogía a Bermúdez en relación con sus matrimonios y los actores de su compañía, además de dedicarle una entrada en la que se dice:

 

II, 238: Miguel Bermúdez de Castro.

 

  “Fue autor. Hizo galanes y en su mayor hedad barbas. Fue casado dos veces, una con María de Salas y otra con Fabiana Laura, cuia unión duró poco tiempo, respecto de que se divorziaron, y de la primera mujer tuvo un hijo que se llamó Miguel. Era de Santiago de Galizia. Murió, según consta en la Carta de Difuntos, el año de 1676”.

  Por el Libro de la Cofradía consta como fue reciuido por Cofrade estando en la compañía de Joseph de Salazar ‘Maoma’”.

 

   Su nacimiento en Santiago parece indicar que perteneció a una rama segundona de la familia de los Bermúdez de Castro de Montaos. A comienzos de la década de 1630 ingresó en la compañía de José de Salazar Mahoma, y formando parte de la misma fue recibido como miembro de la Cofradía de la Novena, del gremio de los actores (c. 1633). Sabemos que en 1637 estuvo en Italia y asistió en febrero a las fiestas que D. Manuel de Moura y Corte Real, embajador español en Roma, ofreció a la ciudad para celebrar la proclamación en diciembre del año anterior de Fernando III de Austria como ‘Rey de romanos’, de las cuales Bermúdez escribió, por encargo del embajador, marqués de Castel Rodrigo, una descripción en verso destinada a la familia del Papa Urbano VIII (Descripçion de las fiestas qve el S.R. Marqves de Castel Rodrigo Embaxador de España celebrò en esta corte alla nueua del election de Ferdinando III de Austria, Rey de Romanos. Hecha por Miguel Bermudez de Castro, Roma, Francisco Cabalo, 1637).

   Estando en Nápoles contrajo matrimonio con María de Salas, hija del actor y autor Miguel Domingo de Salas y de María Ruiz. De ella tuvo un hijo, Miguel Bermúdez de Castro el Mozo, que fue también actor y falleció en Madrid en 1685.

   Hacia 1650 debió de fundar su compañía teatral, documentada en Valencia en 1651, en Sevilla en 1654 cuando representó en el Coliseo de la ciudad y su actor Luis del Pino tuvo una reyerta con armas blancas, y en 1656 en Córdoba, Lucena y Jaén, cuando formaba parte de la misma el actor Alonso de Navas. Por esas fechas, o poco más tarde, fue gracioso de su compañía el también dramaturgo, Bernardo López del Campo, granadino que ingresó entonces en la Novena como cofrade.

    Entre 1657-59, representó en Écija, Gibraltar y Málaga. A finales de los 50 disolvió su compañía y se unió como actor a la de Francisca López Sustaete con la que representó en Sevilla en 1660. En esa época su primera mujer había muerto y Bermúdez se casó en Motril (c. 1659-60) con la joven actriz granadina de origen noble, Fabiana Laura, recién incorporada a la compañía de Francisca López. Este segundo matrimonio duró poco tiempo, al parecer porque ella descubrió en Sevilla que mantenía relaciones con otra actriz, lo que dio lugar a un escándalo que acabó en duelo con el marido de la cómica y condujo a la separación de la pareja.

    De los últimos 15 años de la vida de Bermúdez de Castro, es decir, de la época posterior a su divorzio de Fabiana Laura, prácticamente no hay noticias. De creer al autor de la Genealogía, en esa etapa final “hizo barbas”, falleciendo en 1676. Sabemos eso sí, que en esos años residió en Écija, que volvió a formar una compañía y que representó en Córdoba en 1662 y 1663.

  

Obras teatrales:

    Mesonero Romanos, en su Catálogo de autores, le adjudica la autoría de tres comedias que titula: Olvidar para vivir, Primero el rey que el honor y Yo he hecho lo que he podido. Poco más tarde, Cayetano La Barrera le atribuye tan solo Primero al Rey que al honor, mientras que Olvidar para vivir y Yo he hecho lo que he podido, Fortuna lo que ha querido las adjudica a otro Miguel Bermúdez, sin el “de Castro”.

   A partir de ese momento se han sucedido las confusiones, pero creo que Mesonero estaba en lo cierto y que las tres son obra del mismo autor, al cual, como ha señalado, Faliu-Lacourt, se le nombra como "Miguel Vermúdez de Castro" en el manuscrito de Primero al Rey que al honor (fol. 3, al principio de la primera jornada), y luego como “Miguel Vermúdez” (sin el “de Castro”) en los fols. 23 (segunda jornada) y 43 (tercera jornada) del mismo manuscrito.

  

1- Olvidar para vivir.

     Es una obra de juventud, probablemente su debut en la literatura teatral, que, según W. Cruickshank, debió de ser publicada como suelta en Sevilla por Manuel de Sande (c. 1627-29), siendo incluida en 1630 en la impresión de las Doze comedias nuevas de Lope de Vega Carpio y otros autores : Segunda parte, Barcelona, Gerónimo Margarit, con el siguiente encabezamiento: Oluidar para viuir / comedia famosa de Miguel Vermudez.

    El apelativo famosa, y el hecho de haber sido impresa suelta y en una recopilación con piezas de autores consagrados como Lope, Tirso de Molina o Hurtado de Mendoza, parece indicar que tuvo cierto éxito y probablemente le abrió las puertas del mundillo teatral ya que a continuación ingreso en una compañía y fue admitido en la cofradía del gremio de actores. La obra ocupa 20 hojas y termina con estos versos, en los que se alude a la juventud del autor pidiendo disculpas por los posibles fallos:

 

... y la comedia;

De Olvidar para vivir,

Da fin aquí; si no es buena

No ha sido nuestra la culpa

Sino ser nuevo el poeta.

  

2- Primero al rey que al honor

  La comedia se ha conservado en un manuscrito de la Biblioteca Nacional de Madrid, signatura Ms. 17.263, procedente de la biblioteca de Osuna. Consta el Ms. de 63 hojas (62 de texto + portada con letra posterior) y ha sido editado y estudiado modernamente por la hispanista francesa Christiane Faliu-Lacourt, la cual rechaza las infundadas atribuciones al valenciano Guillén de Castro –basadas únicamente en el “de Castro” que aparece en la portada y, quizá, en el hecho de que el duque de Osuna, de cuya biblioteca procede el manuscrito, fue mecenas de Guillén-.

   La obra, compuesta probablemente en la década de 1640, se divide en tres jornadas, consta de un total de 2672 versos y presenta muchos de los elementos característicos de los denominados dramas de honor, muy populares en el Siglo de Oro español. Como en el caso de Olvidar para vivir, termina con unos versos de disculpa por los fallos:

 

si os ha agradado, por paga

decid vítor al poeta

y perdonad nuestras faltas.

 ***

 

PERSONAJES

CLAUDIA, dama, mujer de D. Lope

 EL REY DE NÁPOLES

D. LOPE, galán, marido de Claudia

 EL DUQUE ALBERTO

LAURA, hermana de D. Lope enamorada del Duque

 TERUEL, criado de D. Lope (gracioso)

Un criado

 Músicos

 

   El argumento de la comedia es el siguiente: Claudia, dama noble y esposa fiel, se da cuenta de la tristeza de su marido, Don Lope de Orsini, y le insta a que confiese la causa de su pena.

 

Esperad; no de esa suerte

le deis al alma congojas.

¿Qué os aflige? ¿Qué os suspende,

mi bien? El pesar me ahoga.

¡Con quien os ama desvíos!

¡Rigor con quien os adora!

¿Qué tenéis?  ¿Por qué no habláis?

 ¿Qué os detiene y apasiona?

 

  Don Lope, después de recordar "lo que debe a rango", expone los sufrimientos que atormentan su alma. Aunque está seguro de la virtud de Claudia, ve su honor en peligro al saber que el Rey, movido por su deseo hacia Claudia, ronda su casa con la colaboración de su propia hermana Laura, enamorada del privado del rey, el duque Alberto.

 

Combatido de desdichas,

acosado de memorias,

discursos hago imposibles

de imaginaciones locas.

Miróme sin más amparo

que el vestido que me adorna,

tan humilde, que aun parece

que mi desdicha eslabona (…)

 

Y lo que más me molesta,

es ver altiveces locas

en quien, siendo sangre mía,

desenfrenada se arroja

a solícitos cuidados,

Laura, en fin... Claudia, perdona

que adorándote refiera

recelos que el alma ahogan,

inquietudes que me ofenden,

vislumbres que me alborotan,

temores que me maltratan

y penas que me congojan (…).

 

O me engaño o es el Rey,

Claudia, quien mi casa ronda;

que siempre una majestad

aun entre confusas sombras

se señala por lo que es,

y es fuerza que se conozca.

 

 

 Claudia protesta de los recelos de Lope, llegando a ofrecerle la propia vida como prueba de su fidelidad:

 

Que me quieras no ignoro;

pues tú sabes, don Lope, que te adoro

con tanto amor, que si posible fuera

que después de morir amor hubiera,

eternas conservara tus memorias,

porque en vida y en muerte fueran glorias.

De esto estás advertido;

prevénme agora, Lope, atento oído.

Que el Rey me quiera a mí no he sospechado,

por saber que ocasión jamás le he dado (…)

 

y si en algo ofendido te he dejado,

deja el acero en mi valor manchado,

mi cuello dé a tus males

inundación copiosa de corales.

A tus plantas me tienes obediente,

ejecuta el castigo diligente;

no te falte el valor, pues ya la vida

a tus manos daré por bien perdida.

 

 

  Acabados los parlamentos, entra Laura a la que los esposos recriminan su actitud y sus amores con el duque, sin que ésta muestre ningún tipo de arrepentimiento, excusándose en el tópico de que, en el amor, todo vale:

 

Con amor nunca hubo culpa,

ni hay injusto parecer,

pues quien le llega a tener,

cualquiera yerro disculpa.

 

 Al caer la noche entra en escena el criado Teruel, de vigilia. Hace el papel de gracioso, hablando consigo mismo y relatando historias sin sentido para no dormirse, aunque le vence el sueño justo cuando el rey y el duque se aproximan a la casa de don Lope. Entre las sombras dialogan primero el rey con Laura y el duque Alberto y, luego, el rey y don Lope, sin saber aquel con quién habla, conversación que deja a las claras al auditorio, y a D. Lope, las intenciones del monarca.

 

  Al principio del acto o jornada II, dialogan Lope y Teruel, oponiendo éste al concepto del honor de su amo una visión burlesca. A continuación, el duque Alberto plantea alejar a D. Lope nombrándolo general, a lo cual el rey se niega, por respeto a su nobleza.

 

Duque, mil inconvenientes

hallo en lo que me propones;

mal el remedio dispones

aunque mis pesares sientes.

El dar a un hombre se entiende,

duque, cuando humilde ha sido,

porque el que noble ha nacido

con las dádivas se ofende.

 

    Laura, por su parte, propone raptarla, y así lo hacen cuando se queda dormida.

 

   En la tercera jornada, Teruel le cuenta a Lope que estuvo en Palacio y pudo ver a Claudia encerrada:

Mil desdichas padeciendo

por resistir con valor

de un rey amantes deseos

 

  Y don Lope, después de mucho dudar, decide liberar a Claudia:

 

Que amor es rey absoluto,

y honor tiene mucho imperio.

  En Palacio, el rey, enfurecido por la resistencia de Claudia, está decidido a obtener por la fuerza lo que no puede conseguir con promesas y halagos. Sin embargo, determina salir antes a cazar, dándole a Claudia un último plazo de reflexión para acceder a sus deseos.

  Don Lope, siguiendo las indicaciones de su esposa y del criado Teruel, entra en palacio en ausencia del rey para liberarla y, al encontrarse con Laura, quiere matarla, aunque Claudia se lo impide. Liberada Claudia, Lope quiere huir de inmediato, pero su esposa se niega porque desea que su esposo tenga la prueba absoluta de su valor y firmeza frente al rey.

  Se esconde Lope y, cuando el rey regresa de la caza, intenta de nuevo convencer a su amada cautiva y, ante sus negativas, trata de violentarla. Ella se resiste y, cogiendo la espada del rey, le ataca. Don Lope, defendiendo a su monarca, sale y se lo impide, quedándose el de Nápoles “asombrado y suspendido”.

   Conmovido por la acción y el parlamento de D. Lope, el rey renuncia al amor de Claudia, manda llamar a la infanta de Aragón para casarse con ella y nombra a Don Lope capitán de la guardia. 

De suerte me han obligado,

don Lope, vuestras palabras,

que quisiera no ser rey

y ser don Lope estimara

por blasonar de esta acción (…)

 

Dispóngase la partida

para que venga la infanta

de Aragón a ser mi esposa,

pues sólo eso allá se aguarda

y Nápoles lo desea.

Y porque de todo el alma

salga victoriosa, sed

mi capitán de la guarda,

don Lope; diez mil escudos

para poner vuestra casa

sean la ayuda de costa (…)

 

Vamos a escribir a España

porque acaba la comedia;

si os ha agradado, por paga

decid vítor al poeta

y perdonad nuestras faltas.

   Faliu-Lacourt destaca que esta obra presenta, si se la compara con otras comedias de honor del mismo tipo como las de Guillén de Castro o Calderón, una evolución en el concepto y el planteamiento de la cuestión del honor: “y si el drama no tiene desenlace sangriento, como los dramas calderonianos, se debe, lógicamente, a la perfecta figura dramática de Claudia: por ella sola, esta comedia manuscrita merecería salir del olvido”.

 

 3- Yo he hecho lo que he podido, Fortuna lo que ha querido

   Esta tercera obra teatral de Miguel Bermúdez toma como título un mote o refrán del siglo XV que ya habían incorporado a sus obras poetas del XVI como Gregorio Silvestre (Confusión) o López Maldonado (Cancionero).

  En el siglo XVII lo utilizaron, entre otros, Francisco de Quevedo (Letrilla satírica) y el Conde de Salinas, D. Diego de Silva y Mendoza (Letrilla), en el ámbito de la poesía, y Lope de Vega (La desdichada Estefanía) en el teatro. Bermúdez tuvo que conocer estas obras; la de Lope sin duda, ya que apareció impresa en la edición “barcelonesa” de las Doze comedias nuevas de Lope de Vega Carpio y otros autores (1630) en la que se incluye la suya Olvidar para vivir.

    La comedia, con fecha de redacción desconocida y sin data de impresión, fue publicada suelta después de su muerte en la imprenta sevillana de Francisco Leefdael (impresor activo hacia 1701-1727), con el siguiente título: Yo he hecho lo qve he podido, / Fortvna lo qve ha qverido, / Comedia / Nveva, /de Migvel Bermvdes.

  De ambiente italiano como Primero al Rey que al honor, ocupa 32 páginas en 4º. Los personajes principales son el Duque de Milán y Carlos de Cardona, y le sirven de colofón los versos del popular pareado:

 

Aquí acaba la Comedia,

si agrada, mi dicha ha sido,

pero si no, humildemente

diré, pues no os he servido:

Yo he hecho lo que he podido,

Fortuna lo que ha querido.

jueves, 16 de julio de 2026

LA JOYA DE JESÚS NAZARENO DEL CASTILLO DE LOCUBÍN




 


La  joya que llevaba Jesús Nazareno de Castilllo de Locubín , fue donada por el regidor perpetuo de Alcalá la Real y vecino del Castillo de Locubín don Juan Bautista Garrido Espinosa de los Monteros, que tenían dos hijos canónigos , en Cadiz Juan  y  Francisco Santiago. Lo hizo por la gran devoción y los favores que le había hecho milagrosamente Jesús, y obligaba a sus herederos que salieran en la procesión acompañando a Jesús, que debía portar esta joya, probablemente fue la que colgaba y  despareció en 1936, como se dice  en el libro Con un castillo en su nombre

EL REJALGAR

Bautista Mejía se encontraba en su casa prisionero, junto con su mujer María Jiménez,  por imputarsele que había envenenado a Juan de la Rosa . No lo entendía. Estaba sorprendido a qué se debía la medida que había tomado el alcalde mayor de la ciudad de la Mota. Ni idea, Le daba vueltas a la cabeza a todas las horas del día, No salía de de su extrañeza.Era un confitero que se avecindaba en el Llanillo y, lo mismo que todos los días, lo único que había hecho era elaborar unos dulces exqusitos. Ducho en su oficio de cocinero, dominaba los nuevos productos  gracias al dominio de la levadura, un invento de hacía unos pocos años, y al cacao que le traían los cosarios de Granada.  Había aprendido , antes de llegar a Alcalá, las artes de la confitería a través de diversos manuales que corrían de la época, entre ellos el de Mguel Baeza, distinguía las diversas especies y cualidades del azucar y, lo mismo elaboraba   confituras finas, y entrefinas,como las  lisas, y labradas. Se había especializado en las conservas de azucar, y de miel, que 
guardaba en su despensa mediante una serie de baldas , donde alojaba por tiempo de estancia los tarros  llenos y tapados con lino. Y lo que más le gustaba eran los dulces y la bollería de  pasta blanca.

Siguiendo el secreto de de los anteriores pasteleros que le transmitíeron las recetas, recogió los ricos dulces de tradición cristiana, sobre todo de los monasterios, y de los amigos judíos junto con los de los moriscos.

Llamó al procurador, que lo había sacado de la cárcel de la Mota con mucho trabajo y gestiones con el corregidor. . Este acudió a su casa para defenderlo ante la justicia, pues la acusación era grave. Y le preguntó el procurador:

-¿ Que le ha echado a los dulces?

-Lo normal, el azucar,  tan suave y dulce. Usted, lo sabe,  de mucho provecho para muchas cosas porque de ello se hacenen muchas conservas y confituras, medicinas y jarabes para sanos y enfermos. Además la tengo cerquita, aquí  tenemos donde se produce la caña azucarera de  Motril. Simplemnte, para su elaboración, utilizo  el huevo con distintos tipos y calidades y la manera de clarificarlo.

-Pero, para que se haya sentido tan mal Juan de la Rosa ha debido usar algo nuevo.

-No, mi señor, yo simplemente, he elaborado los mismas confituras de siempre, grageas,  canelones,  letuarios, las cortezas de cidra, el diacitrón, el calabazate, las frutas en conserva y las jaleas. 

-Pero,y ¿ para postres?

-Lo que le digto, lo normal, los diversos tipos de pasta blanca  el mazapán, los bocaditos de almendra, los caramelos, los bizcochos, las alcorzas, las rosquillas, los turrones, el alajú, ..

- Pero, le acusa Juan de la Rosa de haberle metido rejalgar.

-No me venga con cuentos. Lo hago para darle color y sus fines medicinales.
- Si, lo que  me dice el morisco  ráhǧ alḡár,  y me traduce como  'polvo de la cueva .
-No me lo creo.
-Puro veneno este  sulfuro de arsénico natural,  unos granos y cristales  de rojo aurora con brillo resinoso. 
-¿Qué me dice!
-Sí,  similar al cinabrio, pero más suave y menos denso, el rejalgar,  de arsénico puro,  se produce por la descomposición de otros minerales de arsénico, como la arsenopirita. Pero que sepa que  es veneno puro  desde la medicina medieval.
-Yo no lo sabía, en qué lío me he metido.
-Bueno, fírmeme el poder, intentemos salir de este embrollo. Hasta los dulces se transforman en amargo. 
-Y eso que dicen que a andie le amarga un dulce,.

 

domingo, 12 de julio de 2026

UN CIEGO, POETA Y MÚSICO EN LA ALCALÁ DEL SIGLO XVI EN LA SEMANA DEL JAÉN.

 

UN CIEGO, POETA Y MÚSICO EN LA ALCALÁ DEL SIGLO XVI

 





No me creía que las figuras del ciego y el lazarillo se remontaran a tiempos tan lejanos. Había leído, en alguna ocasión por algún crítico literario que hubo ciegos, que se acompañaban de niños y, que incluso llegaron a formar una cofradía de ciegos en la Granada del siglo XVI. Y, mira que, por el arte del azar, me encontré un documento que cuadraba con todas las piezas y elementos del romance de cordel, el ciego, el niño y el corporativismo entre estos poetas populares. Se encontraba en el escribano Gutierre de Burgos, de Alcalá la Real, nada menos que 16 de junio de 1543. Vayamos al relato.

Se acercaba a las puertas de la tienda de la escribanía del escribano Gutierre en la plaza Alta de la Mota, un ciego. Se llamaba Bernardino Ramírez. No era un ciego cualquiera. Comentaban los vecinos como si viera el sitio de la tienda de escribanía, y no tuviera dificultad para ir a ella. Lo rodearon para darle detalles. Junto a la Puerta del Arrabal, le indicaban que subiera las escalinatas y no topase con las tiendas del Cabildo, y, adentrándose a la plaza Alta, le aconsejaban que no virara hacia la parte izquierda para entrar en la Iglesia Mayor, sino que dirigiera hacia la parte meridional, allí se ubicaban las tiendas de los escribanos: en concreto, la tercera, junto a la torre del Gabán, era la tienda del escribano que buscaba. Mas, un vecino más generoso, se prestó a ayudarle para evitar el tropezón en el empedrado lleno de lagunas de arrecifado de la Plaza. Evadieron los puestos de los comerciantes y mercaderes, a los tenderos de frutas y hortalizas castilleros, las tiendas de pescado, y a los niños jugando a pequeños corros. Incluso, los espaderos ensayaban posturas de combate. Se levantaban algunas barreras para las fiestas de Santiago.    

En la puerta de la tienda, esperaban varios vecinos que se disponían a levantar contratos de censos, compraventa y testamentos. Le preguntó uno de ellos al ciego:

 







- ¿No eres de esta tierra?

-No. Soy de la colación de Santa Ana de Granada, -le respondió el ciego-, me llamo Bernardino Ramírez.

-Entre, entre, antes que nosotros, probablemente tenga más prisa, - le dijo otro vecino. 

-Dejemos que lo haga este vecino del Castillo. Bernardino, ayer le escuché sus oraciones. Me gustaron mucho.
- Me recordaron a poetas antiguos.- Interrumpió otro vecino.

-No quiero ser el más listo, - intervino el vecino castillero- pero me resultó muy interesante, porque no sólo compone, sino que canta y vende pliegos de cordel.

-Aquí tengo en mi mochila unos pliegos. Si alguno quiere, le puedo vender unas oraciones. - dijo el ciego.

-Lo que me extrañó, que no viniera acompañado de Lazarillo.

-A eso vengo, a ver si puede encontrarlo.

Entró el castillero a la tienda del escribano y realizó el testamento. No tardó mucho. De inmediato, los vecinos dejaron la vez y sitio al ciego y entró a la escribanía.

-Buenos días, señor escribano. 

-Para lo que usted reclame- le contestó el escribano.

- Asuntos de oficio.

- ¿Y cuál es el suyo?

- Ciego, poeta de pliego de cordel 

- Y, ¿no le acompaña el lazarillo?

- Sólo, he venido desde la plaza de Santa Ana de Granada, he pasado Puente de Pinos, me he parado en la venta de Algarra, luego en la de Puerto Lope, y Cequia, hasta llegar a los mesones de esta ciudad.  Algo cansado, pasando por Moclín, refrescándome en los Velillos y Palancares, y recibiendo algunos maravedíes con la venta de algún pliego. Para colmo cargado con mis instrumentos musicales. Pues no sólo recito, sino que canto oraciones y romances, y toco en mi acompañamiento.

-Entonces ¿domina la música?

-No toda, y la letra en el pregón y recitado.

- ¿Cuáles?

-La vihuela de arco y la de mano. También el rabel. Y, de viento, la flauta. 

-Y ¿cuál es su presencia en mi escribanía?

- Dar un poder a un vecino de Granada, (Velasco lo llaman y es tejedor de tafetán), de la parroquia de San Andrés, para que pueda concertar, con otro compañero de oficio, el contrato de servicio, para un lazarillo.

-Ya lo había echado de menos- le apostilló el escribano-, es imprescindible para su persona.

-Pero, no quiero que sea una muletilla mía. Lo quiere dignificar. Quiero que un pariente suyo se comprometa conmigo y yo, por mi parte, le pueda vezar las oraciones que yo sé.

-Eso, eso, ya está apuntado en el poder.

-Y aún más, aprenda a tañer a la vihuela de arco y la de mano.

-Distingamos entre la vihuela de arco, y la de mano.

-Muy sencillo, la, vihuela de arco es instrumento de cuerda frotado por el arco, con un   cuerpo largo y profundo, de tres a cinco cuerdas y un clavijero que apoyo en el pecho o en el muslo. 

- Antiguo es su uso, de trovadores y juglares de hace más de doscientos años.

-, Ahora, vayamos a la vihuela de mano, semejante al laúd, en forma del ocho y se toca con la mano. Es un cambio total en la forma de tocar. 

-Pero me dijo que toca también el rabel.

-Sí, mi señor, lo aprendí entre los moriscos de Granada, muy similar a la vihuela de arco.

-También, he apuntado la flauta, travesera o dulce, a la que se compromete enseñar.

-Yo no soy una capilla de música y yo me quedo con la dulce.

- Me insiste en que quiere enseñar al niño todos estos instrumentos y rezos.

-Vezar, mejor, mi escribano, mis oraciones

-Aquí llevo un repertorio de  pliegos, muy  populares,  historias sagradas, de cuentos orientales, de epopeyas, carolingias,  de libros de caballerías, Gerineldo,  Mañanitas de San Juan, de hazañas de cautivos y de frontera.

 

Se daba cuenta el escribano que estas historias y rezos se transmitían de unos a otros y formaba como un sedimento del pueblo a través de cantos y relatos, que consolaban a la gente, iban de boca en oído y de oído en boca, pasaban a ser contados en las casas, eran transmitidos por estos ciegos callejeros, en la plaza. Comprobó que eran pliegos de piel de hilo, impresos generalmente a dos columnas y con una viñeta. Estos dibujos variaban mucho según la época en que se imprimieron.

-Entonces, Bernardino, estamos entre ciegos rezadores. Aquellos que recogía el Juan Ruiz, arcipreste de Hita. 

-No exactamente. pero participo en algo. Sigo la línea de pedir al público, muy devoto y caritativo, que me mande rezar algunas de las oraciones de mi ilimitado repertorio. Llevo hasta cien oraciones.

Ted puedo recitar una, recuerdo esta:

- Ayuda, fieles hermanos,

al ciego lleno de males,

¿los salmos penitenciales

si mandáis rezar, cristianos?

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh28uefZcsI1i5It5O91M5z0tgVWs4Ap-NrxQZBHAI5HaqvqOUAoRx8Dk3Te4CsmU36hUFGMsFvA01sxYam4lOJ7EoQ8_BHASQStONoRSlKRPj8JmX5YK2lDq9qDENWZt7IuOYpsaFY_A0/s320/escanear0985+%25284%2529+-+copia.jpgEl escribano terminó el documento. Puso de cláusula que el sobrino se comprometía a estar bajo las órdenes del ciego, cuanto necesitara para vezar oraciones. Lo firmó, buscó los testigos en la puerta y se lo entregó al ciego.  

El ciego ya se veía con un lazarillo, enseñándole coplas y oraciones, romances y relatos, tocando la flauta, el rabel y las dos vihuelas. Y así aconteció. 

No es de extrañar que el pliego de cordel se desarrolló mucho con la imprenta. Y estos ciegos copleros/oracioneros alcanzaron mucha difusión en las ciudades, pueblos y aldeas de España. Ya Bernardino Ramírez no vivía. Él se sentía muy honrado de cantar y vezar a su lazarillo en su tiempo, y haber contribuido con su pregón y recitado del texto de los pliegos de cordel a formar parte de la literatura oral.