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domingo, 15 de marzo de 2026

CONOCIENDO LA MOTA (xli).Ttras la conquista. cristiana

 

EN LOS PRIMEROS TIEMPOS DE LA CONQUISTA

Tras la toma de la ciudad y la marcha de los moradores musulmanes a la ciudad de Moclín, el rey Alfonso XI distinguió a la ciudad con el apelativo de la Real cambiando su nombre musulmán de Benzayde. Y repobló con castellanos de otros pueblos anteriormente conquistados la ciudad llevando a cabo un repartimiento de tierras, casas, ruedos, y lugares. En 1587, el alcaide Pineda  se refirió a sus primero moradores cristianos :  Cuando Alfonso XI ganó la ciudad,al principio quedaron pocos  caballeros, hijos de algo antecesores de los que agora ay, y algunas otras gentes de entrada, todos hombres de guerra, muy aficionados  a su servicio., muy pocos que no bastarían para defender el cercado , porque era mucho y no había quien viviese en la ciudad por ser grande el peligro en que quedaba ni había aprovechamiento en campo, por ello dieron grandes privilegios y vinieron gentes a poblarla lo cercado, los reyes moros usaban para referir estas fuerza “gente más temida de Andalucía” sino que ninguna vez que entraron los moros a correr en Andalucía que volvieron con su presa e cabalgada de niños  e mujeres e hombres no se las quitasen la gente de Alcalá, (…) les dieron mercedes y estima , durante 150 años  los RRCC y Juana loca, permitió vender en Granada frutos de su cosecha; Carlos I dio merced de 10.000 fanegas montes concejiles y otros montes para roturárselos y enrasarlos a su voluntad y repartírselo entre ellos. Se vinieron muchos vecinos de ellos a esta ciudad a goçar de estas tierras que se daba a nuevos vecinos y estos poblaron fuera de lo cercado mucho más apacible y hubo pleito.



            Hasta el reinado de los Reyes Católicos se mantuvo la ciudad como Puerta de Castilla a Granada junto con la ciudad de Antequera y se protegió a sus moradores concediéndoles una serie de privilegios, mercedes y pagas de alimentos y de dinero para afrontar los peligros que suponía una frontera que se mantuvo cerca de 150 años. La guerra y la paz caracterizaron estos años de fronteras, lo que dio lugar a un amplio desarrrollo de cautividad. El urbanismo de la ciudad reflejaba un trazado sinuoso, y con gran número de impedimentos, por ausencia urbanística de calzada y calles públicas, así como una gran abundancia de obstáculos físicos (peñas, peñascos, barrancales, rugosidad y aspereza del terreno). Se distinguían varios tipos de construcciones: edificios públicos y viviendas particulares, propias y características del hombre de frontera alcalaína. Por un lado, los edificios públicos más importantes se dividían en civiles y religiosos. En cuanto a los primeros, el alcázar  como residencia oficial del alcaide, su palacio privado, las torres, con finalidad defensiva y para dependencias municipales y de la justicia, los alhoríes, la Cárcel, las Carnicerías que ocupaban dos tiendas de la plaza, los hornos, las tiendas, el Corral de Moriana para guarda de ganado, y los aljibes y la alhóndiga situada en el Cañuto. La mezquita aljama se transformó en una iglesia gótico-mudéjar, la mezquita del Arrabal Viejo se convirtió en iglesia de la primera parroquia con el nombre de Santo Domingo de Silos y el morabito de la calle Zubia albergó la residencia y capilla de los trinitarios en torno a la carrera. 


            En la plaza, se constata en un lugar destacado la iglesia abacial que ocupó el lugar de la mezquita aljama; y mirando al sur, el palacio de los alcaides en medio de numerosas viviendas distribuidas en un viario estrecho. La muralla y el adarve enmarcan todo el recinto, donde las torres se reutilizan, poco a poco, con fines organizativos e institucionales:  hay noticias de la torre del Rey con función de sede del cabildo municipal y la torre nueva o de la Cárcel con destino al encarcelamiento de penados. En la primera se mantuvo como estancia del cabildo, mientras se construían las nuevas casas del ayuntamiento hasta finales del siglo XV: E asy llamados e juntos por el dicho llamamiento, e asy estando en la Torre del Rey, do acostumbraban a juntarse e faser concejo” En concreto, su ubicación aparece este documento. “Estando ayuntados cerca de la plaça de esta villa, encima de la torre mocha que es encima del cannuto, e cerca de la pennula que es en la dicha plaça”. La Torre de la Cárcel Real, denominada Torre Nueva, remodelará el espacio colindante y en su interior el arte mudéjar se desarrollará a través de cuatro estancias abovedadas con castillete en la terraza y sus escaleras de gusto gótico mudéjar.  Otras torres sirvieron con sus cámaras de tiendas y aposentos de comerciantes (carnicerías, aceite, queso) con sus puertas abiertas a la plaza. Se han podido documentar tiendas de aceite, de pescado, telas, dentro de este apartado; y podemos constatar la presencia del Cañuto como otro lugar comercial. En el cabildo de 17 de junio de 1492 se dice: Remate del cañuto. Otrosy se remató el cañuto en Juan Rodrigues Portichuelo en dos mil e ciento e treynta maravedís en presemcia de Alonos Ortiz, regidor e veedor.

            En cuanto edificios de carácter público, en la plaza se situaban junto a la iglesia, las posadas, el alhorí y el hospital. Sobre la iglesia de Santa María, hay varias referencias en libros o noticias de la abadía, pero a veces ejercía de lugar de reunión  de concilios abiertos, según se cita en las actas municipales de 25 de febrero de 1492:   En dicho día, en la yglesia de Santa María,se ayuntaron  a cabildo los señores el liçenciado Bartolomé de Santa Crus, corregidor  en la dicha ciudad por el rey e la reyna, nuestros señores, e Ferrnando de Aranda, e Juan  de Aranda, , e Alonso Ortys, e Juan de Escavias, regidores, e Diego de Padilla , jurado. (25.02.1492)  


            En cuanto a las viviendas de particulares se extendían por derredor de la plaza, calles de la medina, y de los arrabales. Y el más importante, por el Arrabal Viejo o de Santo Domingo. Fuera de la fortaleza, se formaron varios arrabales, algunos delimitados por murallas y torres, uno de ellos estaba situado junto a la ermita de san Sebastián se hallaban los mesones y posadas de la ciudad. Muy importante era el Mesón de la Torre, que el príncipe Enrique, hijo de Juan II visitó “estava junto a la Ermita de San Sebastián, a do se aposentase fuera de la ciudad”. Otro, junto a la Peña Hazconada, que luego derivará en Horadada, un tercero junto a san Bartolomé, junto a las eras de los Palacios, y el conocido de santo Domingo. No sólo los mesones y casas servían para pernoctar sino también, los viajeros podían hacerlo en las ermitas como la anterior.

En el ruedo, se encontraban terrenos repartidos para los caballeros, en forma de heredades para sembrar trigo y aranzadas de viñas, la dehesa boyal, y el ejido de la ciudad.

 Algunas alquerías, se encontraban cercanas a las fuentes del derredor- paraje de san Bartolomé, el Cauchil, las Azacayas, Fuente de la Salud, ... y en las zonas rurales que darán lugar a las aldeas de Charilla, Pedriza, Cequia.

CONOCIENDO LA MOTA (XL). LOS ÁRABES EN LA MOTA,.

 

LOS PRIMEROS ÁRABES









            Hasta la conquista árabe, se adolece de las fuentes documentales y, tan sólo, los historiadores se han movido en el mundo de la conjetura aludiendo a una ciudad Romana, que actualmente está completamente desmentida por los recientes descubrimientos, como fue el caso de la presencia de Cesar en Ula (la actual ciudad cordobesa de Montemayor), Ebura Cerealis, Castell, etc. Sin embargo, la presencia árabe en el cerro de la Mota está documentada desde la publicación de la biografía de Ibn Jatib, obra del historiador musulmán del siglo XVII al Maqqari, donde en su introducción de la conquista musulmana del Al-Andalus se recogía con el título de   Mugrib, una vasta compilación realizada en 1115 que finalizó en 1248 por la familia de los Banu Said, afincada en Alcalá y que trataba sobre el periodo anterior de la conquista árabe.

QALAT YASHUB

             En 713, a Qalát de Astalir (qalát, ciudad fortificada, y asTalir, fuente) acudió el grupo de familias yemeníes de Abd allah Yasir, enviado por Muza, tras acompañarlo un año anterior en su entrada a España y asentarse primero en Córdoba con la misión de la recuperación de los territorios invadidos, al mismo tiempo de controlar políticamente esta zona dependiente de la cora de Elvira y arabizar a la población visigoda.   A lo largo del  siglo IX, la fortaleza de Qal Yashub, un segundo nombre recogido de su gobernador,  jugó un papel fundamental en el que los árabes asentados  se fueron aclamando al territorio y afianzaron el su poder  político  sobre los bereberes, muladíes y mozárabes habitantes del mismo , como afirma Pedro Cano Ávila; tan sólo en la última década de este siglo "La familia de Yasir, asentada en Qalat Astalir, debió caer en desgracia en un principio , tras su derrota sufrida  por Abderraman I, a su llegada al al-Ándalus, pero posteriormente, en el reajuste político de la Península , es de suponer que sería sometida al poder omeya cordobés, puesto que, evidentemente , su mayor trascendencia política se alcanzó los siglos posteriores por medio de sus descendientes los Bau Said, que gobernaron dicha fortaleza  alcalaína y tuvieron su época más floreciente del siglo X con el nombre de Qalar Bani Said,el vulgarizado Alcalá de Aben Zayde. Tras el afianzamiento omeya por parte de Abderramán II, el levantamiento de Hafsun y su correligionario Ibn Mastana, la fortaleza de Alcalá se erguía como plaza fuerte que controlaba los castillos, fortificaciones y núcleos relacionados con ella (Charilla, Ribera, Rábita y Cequia entre otros) y poblada por las familias del clan yemení de los Yasub. Por estar en un lugar escarpado y de claras defensa, se relacionaba con la cora de Elbira, a veinte millas de distancia según Ibn Jatib, como una unidad administrativa y fiscal de base agrícola, de la que dependían los otros núcleos de producción ya de pastos o de cultivo.  También ejercía como centro urbano fortificado con jurisdicción propia (aml y hawz) y rector y de carácter militar que tuvo más presencia en los textos históricos, literarios y científicos que en los geográficos. Su estructura defensiva venia marcada por los castillos de Alcaudete y Castillo de Locubín y una red de atalayas distribuidas por todo el distrito y hacia el castillo de Moclín, que era fundamental para las incursiones de entrada a la Vega y Montefrío e Íllora.

            Vivió una historia muy intensa desde la conquista efímera de Alfonso VI en los primeros taifas y su recuperación al reino ziri de Granada por intercambio de Estepa hasta su conquista definitiva por parte del rey Alfonso XI. Por ser su situación fronteriza y defensiva del reino de Granada, su territorio cambia de dueño según la alternancia de las conquistas y conquistadores. En el siglo XI, el propio Alfonso VI logró penetrar por estas sierras con el Cid Campeador en tiempos de los almorávides sin culminar la operación bélica a causa de las desavenencias de los nobles castellanos. El siglo XII supuso el periodo más brillante de la historia musulmana de Alcalá, su población consiguió una independencia con respecto a la época final de los almorávides y antes del dominio almohade, fue su impulsor Abd al -MaliK, antepasado de Abrenzayde, que le dio nombre a la ciudad. de modo que algunos descendientes de este gobernador desempeñaron puestos importantes en la administración de los nuevos conquistadores de Al Andalus. La presencia de Alfonso I de Aragón tuvo lugar en una algarada por la vega granadina ante la debilidad de los almorávides entre 1126 y 1129 sin atacar la fortaleza.

LOS BANU SAID

            El señorío de los Banu Said en tiempos de los segundos reinos de Taifas con los almorávides se debió al apoyo que mantuvieron con Ibn Ganiyam gobernador de Granada, probablemente hasta 1155, en la que los almohades sometieron a esta ciudad. Y de nuevo se sometieron al nuevo gobernador.  En este tiempo, la ciudad fortificada ejerció de presidio de los nobles cautivos de Alfonso VII y plaza de pacto entre las cortes granadina y castellana gracias a las buenas gestiones de Abd. al Malik. En tiempos de Alfonso VIII, este rey logró conquistar la fortaleza alcalaína y su territorio cederlo durante tres años a la Orden Calatrava, tras la batalla de las Navas de Tolosa (613. /1619). Pero volvió a manos musulmanas durante más espacio de tiempo.  salvo varias escaramuzas y la conquista de la fortaleza de la Mota por el rey Fernando III en 1248 y posteriormente su hijo Alfonso X, En tiempos de este último rey la fortaleza alcalaína se convirtió en la fortaleza más avanzada del sector musulmán frente a los castillos de Priego y Alcaudete, desde donde partían las incursiones cristianas, como las del infante Sancho o la de Fernando IV, con recuperación posterior del reino nazarí en 1248. En tiempos de dominación musulmana ascendieron al poder la familia de los Banu Said, asumiendo el poder de la tierra en medio de la decadencia de los almorávides y engrandeciendo la ciudad fortificada hasta el punto que se levantaron varias mezquitas de la que sobresalía la aljama., sus presidios, su palacete señorial, el castillo de Ben Zayde, las casonas de los señores musulmanes, sus presidios y el mercado. No es de extrañar que el poeta al Hiyari le dedicara estos veros " Roca del Al-Andalus se aferra a los broches del cielo para lograr las primicias de la gloria y de la Majestad”.

            En 1265 se firmó un famoso pacto entre el rey Alfonso X y Muhamad I, rey de Granada en el castillo de Abeb Zayde. Pero, en 1280, se rompieron los pactos y cayó Alcalá de Abenzayde de nuevo en manos del infante don Sancho durante 20 años. Muhamad II la recuperó en 1302 y, tras una nueva conquista por Fernando IV, volvió al dominio mazarí.

            Tras las incursiones de los infantes Pedro y Juan a la Vega de Granada y la batalla del Salado, el rey Alfonso XI llevó a cabo la conquista de la poderosa e inexpugnable fortaleza de Qalat Bau Sayd. Primero, en los meses últimos de 1340 llevó a cabo una tala de los campos alcalaínos hasta tal punto que conquistó definitivamente los arrabales Viejos el 20 de diciembre, día de Santo Domingo de Silos.  Tras la estratagema de retirarse y tratar de conquistar Málaga, simulando engañar al rey granadino envió sus tropas a Málaga y dejó al descubierto la fortaleza alcalaína. Pero, el rey castellano desde Baena volvió sus tropas a Alcalá, asedió Locubín para facilitar el aprovisionamiento de sus tropas. y asedió la ciudad fortificada alcalaína con ocho piezas de artillería que atacaron al baluarte de su torre principal, sin resultado positivo, y donde se albergaba un gran aljibe. Llevo a cabo una labor de ingeniería socavándola en sus cimientos; cortaron el camino de contrataque musulmán tomando Íllora, hicieron capitular Locubín y los soldados llegaron a controlar el segundo aljibe ye intensificaron el asedio. Yusuf I se acercó con tropas de refuerzo a Moclín, que fueron sorprendidas por las castellanas al mando del maestre de Calatrava Alfonso Méndez. Al no recibir ayuda los habitantes de la Alcalá de Ben Zayde capitularon y entregaron la en el mes de agosto de 1341 y trasladaron a los vecinos alcalaínos a Moclín sin firmar pacto alguno con Yusuf. 

La ciudad de Alcalá la Real jugó un papel fundamental y estratégico entre el reino de Granada y los reinos de Castilla y León. Como puerto interior, era un punto esencial y obligado para el paso de las tropas, trasiego de mercancías, tránsito de viajeros y refugio de tropas de defensa. Su fortaleza se hallaba en un cruce de caminos que provenían del Valle del Guadalquivir, de las tierras granadinas, de la Mancha y del Levante. Pocas son las noticias acerca del poblamiento en la época musulmana, lo que destaca es su carácter estratégico en el camino entre Granada y el reino de Castilla y León y el ambiente comercial que predominaba dentro de su castillo. No es extraño que tuviera gran importancia política esta fortaleza con respecto a otros hins y calat de su derredor, lo que coincide con el hecho de que en su lugar nacieron y vivieron importantes personajes, y, además, se asentaron algunos literatos significativos del mundo andalusí como Ibn Jatib.  Por lo demás, los terrenos y los futuros arrabales en torno a los caminos se describen como una zona de ruedos, muladares y viñedos que coinciden con fuentes documentales cristianas posteriores. Partiendo del conocido libro Los Miráculos de, Pero Martín, así se describía la Alcalá del siglo XI y XII sin poder determinar los espacios comprendidos entre los arrabales y la ciudad fortificada:

 “En este relato de Pedro Martín hay también varias referencias sobre las tierras de Alcalá. Una Alcalá que pertenecía al reino moro, flanqueada de territorios de la Orden de Calatrava, con unas tierras plagadas de viñedos, habitada en su fortaleza, donde había personas que se ocupaban de abastecerse para librarse de los fríos. Un lugar que era fundamental en la ruta entre el reino de Jaén y Granada, porque pasaba un camino fundamental para las correrías de los reyes granadinos cuando se adentraban en tierras castellanas”. 

 Pronto, la estabilidad política y el crecimiento de su población obligaron a pasar de un castillo defensivo a una extensa fortaleza, compuesta de diversos barrios en torno a sus correspondientes cinturones que se ampliaron gradualmente, a lo largo de los siglos XIV, XV y XVI con la llegada de nuevos vecinos para repoblar esta ciudad.       Agustín Garrido  y Linares en un manuscrito sobre la Historia de Alcalá la  Real , a pesar de su estilo barroco, ilustra del paso de la época musulmana a la  conquista cristiana  y refiere que se convirtió en el principal baluarte cristiano para emprender la conquista definitiva  del reino nazarí de Granada:   continuando esta feliz empresa entre otras consiguió la toma de esta Çiudad el Rei Don Alonso el onceno de este nombre en el día veinte de Diciembre del año de mil tresçientos i quarenta el arraval i la fortaleça de la Mota el día quince de Agosto del año siguiente de quarenta i uno (8), quedando por este medio no sólo venerados con perpetua memoria sino es también con demonstraciones de júvilo(...). Con este motivo a celebrado esta ciudad las festividades de la asumpción de Nuestra Señora con el título de las Mercedes, i la de Señor Santo Domingo de Silos en sus propios días por patronos de     ella, como a el mismo intento benera la Ciudad de Jaén a Santa Catalina Virgen, Úbeda a San Miguel Arcángel, Maartos a Santa Marta i otras a diferentes Santos de que hace mención el Padre Bilches en Los Santuarios del Obispado de Jaén

 

CONOCIENDO LA MOTA (XXXIX). LA PRESENCIA ROMANA.

 

 

LOS ROMANOS

            Si escasos son los estudios generales del cerro de la Mota antes de los pueblos prerromanos, menos aún encontramos datos sobre los iberos, salvo la Gineta y la Mesa e, incluso, sobre la dominación romana.  Más explícitos, sin embargo, son en torno a la aldea en el recinto de la Tejuela, donde la villa Hercúlea pone de manifiesto un importante asentamiento urbanizado romano de una vicus (aldea romana) y la canalización de las aguas del Cauchil hasta la Azacayas. Tan sólo, pudo constatarse la presencia íbera en a algunos restos de cerámica dentro de los silos de la excavación de la Iglesia Mayor Abacial. Lo mismo acontece con la presencia romana, que tan sólo se percibe en la reutilización de sillares de gran tamaño y el opus coementitiun del interior de la Iglesia Mayor Abacial, así como varios aljibes que algunos arqueólogos remontan a un destacamento romano, que protegía el cerro controlaba esta vía de acceso desde Alta Guadalquivir hacia las zonas costeras, jalonada con torres que se remontan a su edificación púnica.

            La presencia de varias tumbas antropomorfas en la propia iglesia abacial da lugar a que hay constancia de los pueblos germánicos, tumbas que comparten tipología visigoda o mozárabe con otras de algunos cortijos del entorno de la Peñuela o necrópolis como las de Tozar o la Ajarquía malagueña.






UNA LEYENDA ALCALAÍNA Y DESCONOCIDA SOBRE LA PRESENCIA ROMANA


 

 FRANCISCO MARTÍN ROSALES

DIBUJOS: JUAN MANUEL MORENO SÁNCHEZ











En la Mota, restos de grandes sillares de argamasón sugieren tiempos anteriores a la época de frontera. Algunos investigadores proponen  para esta fortaleza cierta cimentación romana por sus dimensiones y los remontan a un pequeño castro de la República Romana. Se afirma que el origen ibero-romano de la fortaleza se entronca con leyendas renacentistas, muy propias de los humanistas, para justificar el linaje de sus antepasados y su conexión con la tradición grecol atina. Por eso, un erudito renacentista e, incluso, algún que otro historiador actual proyectaron el origen de Alcalá la Real a esa época romana justificándola   con la presencia de algunos elementos y objetos recientemente descubiertos y, lo que los arqueólogos actuales  consideran aljibes de estructura romana por sus revestimientos rojizos y por la media caña del suelo interior. Los antepasados daban por hecho este origen y, para justificar sus privilegios y mercedes concedidos por los servicios hechos a la Corona, remontaban su lealtad, incluso, hasta este periodo romano de la historia de España. Esta lealtad se entroncaba en un testimonio legendario. En el cabildo del catorce de noviembre de 1597, los regidores  de Alcalá relataron su relación leal en tiempos de la guerra civil entre Julio César y Pompeyo.

Hablaba en el ayuntamiento el conocido y erudito alcaide, don Antonio de Gamboa y Eraso, alcaide y granadino afincado en Alcalá. Porfiaba contra algunos regidores para que no se abandonara la Mota y volvieran los oficios y las tiendas a su recinto. Lo argumentaba en que no hubiera otra plaza mejor en la ciudad, porque allí se encontraban la Iglesia Mayor, el Palacio del Abad, las Casas de Justicia y de Cabildo Municipal y la Cárcel Pública. Para que no se ofreciera ningún género de dudas, refería que la lucha de ciento cincuenta años en la frontera del reino de Granada, le había hecho valer una gran cantidad de mercedes y privilegios reales. En la misma línea de argumentaciones, le siguieron miembros de las familias de los Clavijo, Pineda, Aranda, hasta que llegó el turno del capitán Juan de Aranda Góngora, que zanjó de un modo rotundo el debate:

-No lo dudéis, ni tengamos compasión alguna con los que quieren destruir nuestra fortaleza. Nuestros antepasados se forjaron en este recinto al servicio de los Reyes. Es más, nuestra lealtad no sólo se remonta a los primeros años de la cristiandad. Le viene desde muy antiguo, como de mano en mano, se inició en tiempos de los iberos, y, porque nuestro comportamiento era muy valeroso, la amó y favoreció particularmente el mismísimo Julio César.

- ¿Que dice, vuestra señoría? Nunca había llegado a nuestros oídos tan remoto origen de nuestro valor.

-Pues os lo voy a detallar pormenorizadamente. Me baso en los datos de famosos eruditos y escritores del siglo XVI, que me refirieron que se conocía esta ciudad  por el nombre de  Ula

-No puede serlo, esto hoy día está muy cuestionado, le respondía el erudito local Gamboa. Tan sólo, en uno de los recientes “Comentarios de Julio César”, aparece en su tabla de lugares, provincias y ríos, justamente en su último folio. “Ula, Alcalá la Real, en el Andalucía”.

-¡Qué interesante!-interrumpieron varios regidores.

-Dejadme seguir, insisto, a esta ciudad la mimó el mismísimo César, porque Ula siempre había demostrado el valor y lealtad de sus vecinos y se había alineado con los partidarios del dictador  romano en contra de Pompeyo. Lo dicen las fuentes escritas, César daba fe de esta experiencia, porque los alcalaínos, más bien, los de Ula, acudían siempre en ayuda del pueblo romano, representado en la guerra entre estos dos personajes por Cesar.

Gamboa venía preparado para aquel día. En un gran talego, había traído un manuscrito de los primeros pobladores alcalaínos, que le hacían llamar por vecinos de Ipocobulco. Pero, no olvidó dos ejemplares de las dos célebres hazañas de César.: la Guerra de las Galias y la Guerra Civil. De momento, hojeó la primera y no encontró referencia alguna de lo que decía el regidor Góngora acerca de estos pagos. Recibió del poder una parte del Pueblo Romano durante el primer triunvirato, cuando a Pompeyo le dieron Oriente, a Craso Italia y  al propio César la Galia. Allí se gestó su fama.

      Como triunviro, expulsó a los Germanos, se adentró en territorio de los britanos, llegó de nuevo a la Galia y se enfrentó con Vercingetórix en Gergovia y alcanzó la victoria final de Alesia por parte de César. Se acabó la guerra. Se le cumplió su mandato senatorial(...) No quería dejar el poder.

Entonces el sabio regidor hace el comentario siguiente: "En Roma, en el 49 antes de Cristo, el Senado está muy alterado y no ve con buenos ojos que el poder se concentre en César, ha colmado de regalos y tierras a todos sus legionarios. El Senado defiende la República y no quiere caer en manos de un dictador perpetuo. Incluso, ha provocado a Roma construyendo el foro de su nombre. Entonces le dan un ultimátum, que deje las legiones romanas en poder del Senado y no pase el río Rubicón al mando de ellas. Por su parte, a Pompeyo se le renueva en el poder, porque sintonizaba mejor con el Senado.  César, ambicioso y testarudo, desobedece y estalla la guerra civil entre los dos personajes".

-Nos hemos apartado de nuestras leyendas, de Ula. No decíamos que había sido leal a César. –Comenta el regidor Clavijo.

-Sí, pero conviene que nos hagamos una idea de este personaje, que llegó a ser casi el primer emperador de Roma.-Responde Gamboa.

 -Es verdad, fue una guerra sin cuartel, hubo dos bandos, los partidarios de César y los de Pompeyo. Los había en cualquier rincón del Imperio, en Roma, en la Galia o en Grecia. Comentaba que en Roma los esclavos lavaban sus ropas en el Tíber con el agua ensangrentada de la lucha fratricida. Y la hubo también en Hispania. Más concretamente, en la Hispania Citerior, y la Ulterior, la Bética y en muchas ciudades se repartieron los partidarios de uno y otro bando. Hubo batallas en Lérida, en Munda, en Castulo, ILiturgi, y en favor del propio César, Ula fue un escenario esencial de la lucha fratricida entre pompeyanos y cesarianos. En este caso, los defensores de esta hipótesis.  Ula se consideraba como ciudad aliada del bando romano que luego fue vencedor, el de Cesar.

-Pues no podía ser de otro modo, - interrumpió Juan de Aranda-, este triunviro romano la amaba y favorecía, porque le ayudaba con las tropas auxiliares de su fortaleza en las escaramuzas que provocaban los soldados de Pompeyo.

-No sería esta ciudad fortificada, compréndelo, sino, más bien, que sería un castro que se levantaba sobre un majestuoso cerro que controlaba el camino de paso de la Costa malagueña hasta las ciudades del Bajo Guadalquivir.

-De seguro que las actuales atalayas ya existían.

-Claro que sí, Ula estaba bien comunicada por las torres púnicas que jalonaban el recorrido de los viajeros a través de las ciudades de Íllora, Loja, Vélez y frenaba todos los movimientos de invasores de la península desde las costas granadinas y malagueñas. Estaba protegida en su interior con unos pequeños muros levantados   sobre el perfil de la roca, más elevado y escarpado, Debió ser inexpugnable, refugio de los indígenas iberos en momentos de guerras, que compartían para su alojamiento las cuevas, horadadas en la roca sustentante, con las casas de mampostería edificadas en su recinto fortificado.  Debieron tener relaciones con los romanos antes de la llegada de César, pues les permitieron mantener sus costumbres y leyes, a cambio de que ofrecieran su reconocida lealtad con Roma. Incluso cuentan que por ella pasó Viriato.

-Cuando la Bética, bueno en aquel tiempo, la Hispania Ulterior, comenzaba pacíficamente a organizarse, Ula, la Alcalá Romana tomó partido en la guerra civil entre César y Pompeyo, se hizo cesariana. Esto dio lugar a una reacción de su adversario. Previendo la gran estratagema de César los futuros acontecimientos, envió a Quinto Casio Longino

 -de familia muy relacionada con el ejército y la política romana. Era un soldado ejemplar, cesariano convencido y con Marco Antonio, formaba el círculo o la camarilla de los defensores de la política de César. César lo trajo a Hispania Ulterior, en contra de Varrón, lugarteniente de Pompeyo. Hasta tierras béticas, llegó en su persecución. Le hizo una gran labor entre las poblaciones, como Ula, atrayéndoselas al bando cesariano mediante concesiones de derechos a indígenas.

En este momento el alcaide mayor sacó el sexto libro atribuido a César, titulado “Bellum Hispanum”, la Guerra de España. Y leyó a los presentes los primeros capítulos, que acercaban a los presentes el desarrollo de los acontecimientos más importantes de la guerra civil.  Conquista de Roma y toda la península itálica. Pompeyo huye a Oriente , hacia Grecia, y César entra en España para derrotar a los partidarios de César. Después se traslada a Epiro, sufre un revés en Durazo y logra la victoria definitiva sobre Pompeyo en Farsalia, donde se le rindieron dos mil pompeyanos. Pompeyo huye a Egipto, donde fue asesinado.

César en su persecución, llegó a Egipto, se puso a favor de Cleopatra para quitarle el trono a su padre. Logró sobrevivir a varios asedios y consiguió la victoria sobre Farnaces en Zela, en África vence a los pompeyanos en Tapso y pasó, de nuevo a Hispania, donde se habían refugiado los hijos de Pompeyo. Estos se habían apoderado de la España Ulterior y cuenta el comentario de Hispania “que Cneo Pompeyo, el mozo, empezó a encomendarse a la fidelidad algunas ciudades para adquirir más fácilmente tropas con que hacer resistencia las tropas de César. Habiendo pues juntado un mediano ejército, parte por ruegos y parte por fuerza, se dio a destruir a la provincia. En este estado, unas ciudades le enviaban socorros voluntariamente, otras, por el contrario, le cerraban las puertas”. Este es el caso de Ula, y de Longino. No hacían sino enviar continuos correos a Italia para que César acudiese en su socorro.     

- Longino, temeroso de que el ejército que gobernaba Córdoba a cuyo frente estaba un tal Marcelo, se vino a recoger a esta ciudad, confiado en el valor de que había de hallar en ella. Cual fue la sorpresa que encontró a  Ula  cercada y asediada  por el propio Pompeyo. César entró a España y quería concluir la guerra de España. Fue  avisado del asunto por unos legados de Córdoba que habían desertado de Pompeyo en Córdoba y se  había anticipado a los espías de Pompeyo, que trataban de anunciar a Pompeyo la venida de César. Este se enteró pronto de la difícil situación en la que se encontraba Ula. Y dicen los Comentarios “sabiendo César que aquella ciudad había servido con mucha lealtad en todos los tiempos al Pueblo Romano, mandó cosa de las nueve de la noche partiesen seis cohortes con igual número de gente a caballo, a los cuales dio por cabo un oficial conocido y muy inteligente".

-Ah, si- dijo Juan Aranda-,   le, envió al capitán Almucio Junio Pacheco,  que responde a J. Junio Pacieco, que  vino para hacer frente a las  tropas de Pompeyo que asediaban al destacamento alcalaíno, defendido valerosamente por el  capitán alcalaíno Longino, según las leyendas. Y llegó éste con las tropas al campo de Pompeyo, en el momento en que se levantó una gran tempestad. Con tan furioso viento que impedía el verse unos a otros, aún el conocer uno al que iba a su lado.

-Pues, tienes razón. Cuando tomaron contacto con el ejército enemigo, Pacieco ordenó que los caballeros llegaran de dos en dos, enderezándose a Alcalá, bueno Ula, por medio del campo enemigo. Y, como algunos del cuerpo de guardia de las puertas del campamento les preguntaran quiénes eran, uno de los partidarios de César les respondió que callasen, que importaba acercarse a la muralla para sorprender la ciudad. Así, los centinelas –unos impedidos por la tempestad-, no podían observar estos movimientos con atención, otros, sin embargo, se inquietaban con la respuesta. En llegando a la puerta última del castro, fueron introducidos por los de Ula en el recinto del campamento pompeyano. Entonces levantando el grito de infantería y caballería, y dejando parte de los suyos en los puestos adecuados, hicieron una salida a los reales de los pompeyanos, que los cogieron de sobresalto y se creyeron todos perdidos. Pero Cneo Pompeyo, el menor, mantenía el cerco de Ula, y estaba con su guarnición. Entonces César hizo una nueva operación de engaño táctico. Se dirigió a Córdoba. Destacó sobre la marcha con la caballería una partida de gente esforzada de las legiones, las cuales, cuando estuvieron a la vista de la ciudad, se pusieron a las ancas de los caballos. Estos no lo advirtieron los cordobeses que fueron derrotados en el enfrentamiento y volvieron muy pocos a Córdoba. Conmovido el hijo de Pompeyo, Sexto, de esta desgracia escribió a su hermano que viniese pronto, temiendo que César tomara Córdoba. Este, a punto de tomar Ula, levantó el cerco e hizo regresar las tropas a Córdoba.  Dejando libre la ciudad de Ula, tan valerosamente defendida por sus moradores.

Tras esta batalla, Longino fue elevado por César a la categoría de gobernador de la España Ulterior. Sin embargo, fue demasiado codicioso, acaparó riqueza y odiado por los hispanorromanos hasta tal punto que intentaron asesinarle en Itálica. Sustituido por Trebonio, se marchó de Hispania, y murió en un naufragio en la desembocadura del Ebro. P Pompeyo fue derrotado en Munda. Y los alcalaínos, con su lealtad, lograron que aquella ciudad ibera se convirtiera en municipio.Municipium, Polconense, dijo Gamboa.


 ……….


Hasta principios del siglo XX, este hito se refería entre los regidores que corría de boca en boca, curiosamente, empleaba el término de mano en mano, denotando la lealtad de la que los alcalaínos siempre mantuvieron con los reyes y de la que hace orgullo su escudo “La muy Noble y Leal Ciudad de Alcalá la Real”. Por lo tanto, la de Ula, es una leyenda más de Alcalá. La arqueología la identifica como Montemayor.  



DE LOS ROMANOS A LOS VISIGODOS 

eSTA LÁPIDA LA RECOGIÓ EL ALCAIDE ANTONIO DE GAMBOA EN LOS RUEDOS DE ALCALÁ.  UNA IGLESIA VISIGODA EN LA MOTAS. 








sábado, 14 de marzo de 2026

CONOCIENDO LA MOTA (XXXVIII). EL DEVENIR HISTÓRICO DEL CERRO DE LA MOTA . EN LA PREHISTORIA.

 

EL DEVENIR HISTÓRICO DEL CERRO DE LA MOTA

 

           


La ciudad fortificada de la Mota fue declarada el cuatro de junio de 1931 conjunto histórico monumental artístico.  Y en verdad que no fue una declaración más. Se remonta al túnel de los tiempos la sorpresa que siempre ha emitido a los que pasaron por este lugar. Su posición estratégica se cimenta en un cerro escarpado de 1.033 metros de altura sobre el nivel del mar, y se asciende a su cumbre por una pendiente de cuesta de 80 a 100 metros desde los puntos más bajos de la actual ciudad de Alcalá la Real. Su forma amaesetada simula la plataforma de un buque de ancha proa y popa y su posición geográfica permite divisarla desde puntos tan lejanos como Torreparedones, tierras de Granada y de los partidos municipales cercanos de la provincia de Jaén. Es una auténtica atalaya natural que controla el paso del Alto Guadalquivir en dirección hacia las costas granadinas y malagueñas. Su nombre de Mota alude ese montículo de tierra, parecido a una pequeña colina, regularmente artificial; pero, en este lugar, fruto del levantamiento de las plataformas rocosas del Mioceno. Por eso, el profesor Michael García, de la Sorbona Nueva, insinúa la presencia de este término en estos veros del Arcipreste de Hita:

El rabel gritador con la su alta nota,
cabel el orabin taniendo la su rota,
el salterio con ellos más alto que la mota,
la viyuela de pendola con aquestos y sota.










DESDE EL ENEOLÍTICO

 

El cerro de la Mota conformaba parte del relieve en cuesta de Los Llanos, del que se separó por medio por agentes erosivos dando lugar al valle de la ciudad de Alcalá la Real quedando como unidad independiente lo mismo que los cerros de la Dehesilla y Moraleja. El de la Mota es un testigo de la región autónoma de las Sierras Subbéticas que los arqueólogos consideran que estuvo ligada a un proceso de poblamiento general desarrollado desde muy antiguo por estos lugares y llevó a cabo una evolución propia  asimilando los avances etnológicos  de toda la zona del sudeste y sudoeste de Andalucía, Este poblamiento  se caracteriza por los hábitats trogloditas y la cerámica decorada , que suele aparecer en las faldas y en los silos de los Arrabales de la Mota.  Y su asentamiento en cuevas concuerda con los de otros lugares, que, por su altura de más de 1.000 metros sobre el nivel del mar y se mantuvieron culturizándose en el todo el Eneolítico/Cobre y Bronce y, en otros momentos se trasladaron de la parte opuesta a la parte amaesetada del cerro, como quedan testimonios dentro de la iglesia y en la actual plaza. Este nuevo asentamiento vino motivado por la influencia de la cultura argárica y del Bronce Tardío. La presencia de muchos enterramientos en cuevas artificiales y la misma roca a lo largo del recinto fortificado (Bahondillo, Arrabal Viejo y Arrabal Nuevo), algunas de ellas en forma colectiva, ratifican la datación de este periodo histórico, junto con sus ajuares. Ya Carrasco, Pachón, Malpesa y otros consideraron que estos yacimientos piedemontes del cerro, que los materiales arqueológicos, principalmente hachas de piedra pulimentadas y hojas de sílex retocadas, indicaban la presencia de la Edad del Cobre. Pero, posteriormente se ampliaron los descubrimientos, en los que Carlos Calvo y Carlos Borrell pusieron al descubierto útiles de la Edad de los Metales reafirmando la utilización del cerro a estos periodos. Al mismo tiempo que pusieron de manifiesto una sociedad agroganadera y que se complementaba con la pesca, cuyas cuevas funerarias se encontraron en los yacimientos de la Mota I. Se asiste desde el IV milenio a. C.  hasta la edad del Bronce, a la definitiva consolidación de la introducción de las novedades tecnológicas, a cambios de rituales funerarios y al surgimiento de diferencias sociales.

            La Mota, junto con el cerro de San Marcos, se conforman como altozanos estratégicos y las necrópolis de las Canteras y las cuevas de la Mota se convierten en exponentes de las nuevas costumbres funerarias. Se encuadran dentro de la Cultura de las Cuevas, donde las nuevas comunidades campesinas, de corte comunal y paternal, se asemejan en la forma de asentamiento, los nuevos modos de vida y en las relaciones culturales con la llamada Cultura de Almería sin olvidar la importancia de la ganadería. Los soles impresos e incisos de sus cerámicas en vasijas cerradas con puntillado y líneas verticales.  se han relacionado con la cultura de los Millares. El cerro del San Marcos y de la Mota jugaron un papel fundamental de control de la red viaria de comunicación que penetraba de la parte norte del municipio alcalaíno a la Vega de Granada induciéndose por las vegas de los ríos San Juan y Velillos a través de varias vías (luego transformadas en coladas de Alcaudete a Granada, de Córdoba a Guadix, de San José al camino de los Playeros y de Frailes)   y veredas ( de Martos,  de Montefrío, Ribera,  de Íllora)  para el desarrollo de las relaciones comerciales y actividades económicas agroganaderas. Se considera que el actual Llanillo fue la vía de comunicación que conducía al este y occidente y se data sobre 4759 a. C. El paso de las cuevas al aire libre (o lo que es lo mismo de las sociedades neolíticas a calcolíticas) es lo que caracteriza al yacimiento del cerro de la Mota. Citando a Sebastián Moya, entre os autores del Alcalá Real y abacial " el origen de este yacimiento en torna a final del Neolítico y los principios de la Edad del Cobre, arriesgando una fecha aproximativa de alrededor de 2.800 a. C. para sus inicios y su desarrollo hasta el Cobre Medio, y a finales del III milenio en el 2.200 a. C de progreso tecnológico premetalugrgico. Pero, a partir de la Edad de Bronce, se asiste a la dependencia de la ganadería de la agricultura, el cerro de la Mota se convierte en un centro satélite del poblado de la Gineta, que ocupó un papel primordial en época ibérica.

viernes, 13 de marzo de 2026

EN ALCALÁ LA REAL. INFORMACIÓN. LA PUERTA DE LOS ÁLAMOS.

 



CONOCIENDO LA MOTA( XXXVII).

 

PLANO DE LA MOTA DE ALCALA LA REAL




Un plano actual y fotografías aéreas de Mota y Arrabales

 

 

            Pasar de un cerro, árido e inhóspito, hasta una ciudad fortificada significó una conquista del hombre horadando rocas, aprovechando cuevas y allanando peñas para convertirlo en el hábitat de varias civilizaciones que han dejado su huella en este recinto histórico de Alcalá la Real denominado fortaleza de la Mota.

            En primer lugar, como muestra del más antiguo hábitat del entorno se encuentran las cuevas naturales y artificiales, especialmente las existentes en la ladera norte del cerro de la Mota, dentro de la muralla que rodea la fortaleza. Corresponden a la presencia de unos asentamientos de la Edad del Cobre, que han dejado restos de algún  horno, utensilios  y materiales arqueológicos[i]. A ello hay que añadir que el subsuelo del cerro y de su ladera es un conjunto de silos, de estratos de poblamientos prerromanos y de minas que se remontan a los albores del Neolítico.

            Pero, dejando atrás los pocos restos de la época ibérica y romana, el primer testigo de la conquista musulmana es el qal'at o castillo, situado en la parte nororiental del cerro de la Mota que pronto se amplió con un recinto amurallado encerrando a la ciudad fortificada, tal como aparece entre los autores árabes distinguiendo su jerarquía administrativa frente a otros núcleos de la comarca con las denominaciones de al qal´at, hins, amal, yuz y iqulim de la cora de Elvira.  Pero el nombre más extendido fue  el de al qal´at por muchos autores al que añadieron los apelativos de Astalir, Yashub[1]  y Banu Said[2] haciendo referencia a una ciudad fortificada  de  Aben Zayde desde los primeros años de la conquista musulmana. La fuerte castellanización de los nombres del recinto ha perdido nombres como la calle de la Zubia, hoy Romancero, que se acercaba a la fortaleza y aludía a un canal de agua. 

En la parte más elevada del cerro, el alcázar, compuesto por tres torres, la del Homenaje, la Mocha y la de Campana o Vela,  todavía se nos ofrece con un recinto amurallado, que hasta el siglo XVI se extendía hasta la torre y puerta de la Barbacana, muy propia de la arquitectura almohade[3]. Esta puerta debió ser su primer acceso a la fortaleza, al que se llegaba a través de caminos subterráneos, pasadizos y adarves cubiertos. El patio de Armas, actualmente un espacio escénico, sirve de distribuidor de las diversas estancias y entradas ofreciendo dos huecos de posibles aljibes o mazmorras. Se accede a este castillo a través de un pasadizo zigzagueante o en recodo de la puerta sur, donde se nos muestran las diversas fases de ampliación del recinto fortificado desde la época árabe hasta la cristiana. Epítome de estilos y épocas es el último y fiel testigo de la torre del Homenaje cuya sala principal destaca por su atrevimiento constructivo con su bóveda octogonal sobre trompas, muy del gusto de la arquitectura civil castellana en las fortificaciones fronterizas de   la época con influencia mudéjar. 

            En torno al castillo, se adosaron las mansiones de los caballeros musulmanes que debieron pasar, tras la conquista de Alfonso XI en 1341, a manos de los caballeros cristianos. Pues es muy significativa la participación de Qalat Banu Said en acontecimientos bélicos de los siglos VIII y XII. En época cristiana, destacaban las casas de las familias de las ramas de los Aranda, que representaron las tenencias de alcaldías, la de los Pineda, Cabrera y Góngora. Actualmente, presentan una reconversión en viviendas de uso agrícola para almacén y producción del vino, cuyo testigo más importante es la bodega adjunta a la muralla oriental del Trabuquete.

            Años más tarde a la conquista musulmana, el recinto fortificado se amplió en todo el perímetro del cerro, haciéndose en varias fases por medio del amurallamiento y la colocación de torres estratégicas: una primera por el flanco noroccidental hasta la primera cresta del cerro, cuyo fiel testigo es la puerta recién excavada junto a la casa de Cabrera y otra que afectó a la ampliación de la anterior y de otras partes de difícil acceso como la parte meridional.

A ello se añadió un tercer circulo de murallas que dio lugar al barrio de Santo Domingo, cuyo centro era la antigua mezquita transformada en iglesia del santo liberador de cautivos. El acceso entre este barrio y la fortaleza se hacía a través del Cañuto, un camino cubierto que salía del Gabán hasta la iglesia de Santo Domingo, hoy desparecido, y se incardinaba dentro de la muralla hasta llegar a través de varios bancales o ronzales hasta la Puerta Zayde, situada al pie de la torre de la Cárcel. A este barrio, su vez, se accedía por varias puertas, las del Arrabal, la de Martín Ruiz, la de Herrera, la del Cambrón o Granada y la de Zayde. Ocupaba su parte central la mezquita transformada en iglesia mudéjar y reedificada con estilo gótico y renacentista. Junto a ella, había un horno de la ciudad. 

Varias torres albarranas y puertas de acceso cotejan estos perímetros que dieron nombre a algunos flancos de la muralla. Tras formarse en la parte noroccidental un nuevo barrio exterior, de nombre Bahondillo, también se recompuso la fortaleza estableciendo varios flancos de murallas, denominadas del Trabuquete (en la parte oriental), la del Norte, la del Gabán (al sur) y la del Aire o Santiago (en la parte occidental). Todo este círculo se recorría, interiormente, a través del anillo, una calle o adarve ocupado en los siglos XVI por los patios y caballerizas de los solares de la ciudad fortificada. Actualmente, se encuentran cortadas varias partes del recorrido, a consecuencia de los derrumbamientos, abandono o destrucciones de casas, especialmente por la zona del Alcázar, el Bahondillo y el Gabán. Por otro lado, varias puertas permitían el acceso al recinto fortificado dentro del antemural de la barbacana, diseñado en tiempos de los almohades. En concreto, a través de la puerta del Aire o de Santiago con el arco de la Pescadería, a la fortaleza accedían los vecinos del barrio de San Sebastián y Arrabal Nuevo o de San Francisco y lo primero que encontraban eran las caballerizas del señor abad. Posteriormente, hacia principios del siglo XVI, se abrió la Nueva, centro de este flanco occidental, obra de Martín de Bolívar, que permitía el acceso de los vecinos del barrio de la Peña Horadada, San Bartolomé y el Campo. Recientemente se encontraron los restos de las torres de Especería que comunicaba el perímetro primero con el segundo recinto y en parte se ha reconstruido. En el flanco suroriental, un antemuro abrió un nuevo adarve, de nombre las Entrepuertas, que era el barrio comercial de la ciudad, donde se ubicaban gran cantidad de tiendas artesanales, el hospital del Dulce Nombre de Jesús y la Casa de la Mancebía hasta mediados del siglo XVI. Este adarve permitió el acceso desde la calle Real flanqueado por tres puertas, de las que se conservan la de las Lanzas y la de la Imagen. También se observan restos del barrio del Albaicín y pasadizos interiores, así como muchas cuevas horadadas en las faldas del cerro. Junto a la puerta de la Imagen, las Carnicerías, de estilo renacentista obra de Ginés Martínez de Aranda, cerca de la torrecilla del Trabuquete; y, junto a la Torre de Aguilera o del Argamasón, la Casa del maestro de Gramática, hoy desparecida.  También, por la puerta del Postigo del Arrabal el barrio antiguo de Santo Domingo, todavía se comunica con el tramo final de las Entrepuertas y el Cañuto.

             La repoblación anterior a la conquista cristiana debió influir para racionalizar el recinto en torno a varios espacios y ejes viarios que definieron los espacios administrativos y de vivienda. En torno a las calles de Despeñacaballos, la Calancha y dos Reales, se distribuyeron todas las viviendas y, mansiones, y, en derredor de las plazas, Alta y Baja, se ubicaron los edificios públicos religiosos y civiles. La Calancha servía de enlace conectivo desde la Iglesia hasta el Alcázar, y a ella se abrían callejuelas y callejones cerrados, donde se ubicaban las casonas de los caballeros más importantes de la ciudad, entre los que se conserva la casa de los Aljibes, fiel reflejo de unos depósitos de agua para abastecer a una población que llegó alcanzar más de los tres mil habitantes. Desde el Bahondillo, Calancha, dos calles Reales y la calle del Preceptor, que daba a la Plaza, formaba una trama urbana, en la que se mezclaban el palacio del Abad con las casonas de la familia Gamboa, la Casa de la Imprenta y las viviendas de los no privilegiados, muchas de ellas superpuestas a las anteriores ocupando falsos adarves y calles en recodo. La calle Despeñacaballos, por su parte, se comunicaba con varias calles, entre la que actualmente destaca la de las Cuatro Esquinas, que acababa en la Torre de la Justicia o de la Imagen, donde se ubicaron, en muchas ocasiones, la cárcel y el pósito. Por referencias indirectas la mezquita aljama presidió esta parte noble o de la te medina. 

La plaza Baja se enmarcaba con tres tiendas pertenecientes a la Iglesia, que solían alquilarse a comerciantes relacionados con los objetos sagrados y de consumo de la ciudad, el mesón de la plaza, -perteneciente a una rama de los Aranda, que sirvió de tienda, alhoríes altos, cuartel y hasta de mazmorra-; varias boticas y tiendas de propios, una adosada a la torre de Aguilera y otra la de la Esquina. A ella, se accedía a través de la Puerta de la Plaza o Peso de la Harina, porque se encontraba las medidas de los fieles de la ciudad.

A través de tres tiendas del Cabildo y de la Escaleruela se accedía a la plaza Alta, desde donde se distribuían las Casas de Cabildo, la Iglesia Mayor Abacial, la sacristía, la capilla del Deán y el Claustro de la Iglesia, el mesón de los Monteses, varias casas señoriales- la de los Gamboa, la de los Aranda, la del alcaide-, un horno, la casa del corregidor y la torre de la Cárcel Real reconstruida tras la conquista de Alfonso XI con un bello juego de cuerpos abovedados. Cerrando el flanco sur, se abrían unos Corredores con dos cuerpos, uno arqueado ocupado por las escribanías y otro dintelado y superior que alquilaba el cabildo para las tiendas de la ciudad, muy del gusto de las plazas castellanas. En su parte posterior, el mirador se abría a una muralla, flanqueada por las torres del Pendón y del Gabán o de la Justicia. Estas torres fueron, en algunas ocasiones, residencia del cabildo y casa del corregidor.

A partir del reinado de los Reyes Católicos, se amplió la ciudad desde la puerta del Arrabal de Santo Domingo, con el Arrabal Nuevo, donde se encontraba la calle Cava y los Mesones, el barrio de la Peña Horadada y el arrabal del cerro de los Palacios, denominado posteriormente de San Bartolomé. El rastro de la ciudad, que salía de las calles del barrio de Santo Domingo de Silos hasta la puerta Nueva, la Alhóndiga, el Matadero el nuevo Pósito situado junto a la puerta del Arrabal, la ermita de San Juan, la de San Bartolomé y el convento de la Trinidad ampliaron, en los siglos XV y XVI, el recinto amurallado.

Alcalá siguió como ciudad de frontera. Pero el peligro se encontraba en las costas del Mediterráneo. Ya no importaba tanto la reconstrucción de su amurallamiento ni afrontar las malas condiciones climatológicas de un recinto fortificado en un cerro. El llano ofrecía a los privilegiados una nueva ubicación para emprender nuevas empresas en la vida de la historia de la ciudad. Las torres, los muros, los edificios públicos y las viviendas se abandonaron; los vecinos se trasladaron al terreno comprendido entre el cerro del as Cruces y el de la Mota. Tan sólo, la Iglesia tocó siempre la campana recordando que era un testigo de unos hombres que entregaron sus vidas en la lucha por la frontera.        



[1] Ibidem. Hace referencia un clan familiar que se instaló en la localidad.

[2] Ibidem, hace referencia a  por el nombre de los señores que detentaban el poder  a partir del siglo XII.

[3] SÁNCHEZ MÁRMOL, Fernando. Andalucía monumental (de la Mezquita al mudéjar). Biblioteca de Cultura Andaluza. Pp. 111. Muy fuerte es la influencia del sistema defensivo almohade, pues desarrolló extraordinariamente el arte de las fortificaciones “Se perfecciona el sistema de puertas de recodo, se hace uso de la barbacana o antemural que envolvía el recinto y se utilizó como norma la construcción de torres albarranas”.