ENTRADA POR EL CAMINO DE SAN BARTOLOMÉ
Una de las entradas a coche de la actual ciudad
fortificada de la Mota puede llevarse a cabo subiendo por el camino trasero al
cementerio, hoy carretera, y aledaño al Cerrico de los Caballeros, para
desviarse en una encrucijada de caminos hacia el actual camino de San
Bartolomé, que hace alusión a la ermita que se levantaba junto a unas eras que
se encontraba en una encrucijada vial. Este camino se reconstruyó actualmente y
está cercano o paralelo a la antigua Carrera de Caballos levantada a principios
del siglo XVII. A lo largo de su recorrido, flanqueado por antiguos muros
levantados con sillares y mampuestos de las antiguas viviendas y murallas,
puede contemplarse un paraje, donde se encerraba el Cerro de los Palacios, los
barrios de la Peña Horadada, San Bartolomé, Matadero, Puerta Nueva y Rastro,
así como varias rampas de subida que correspondían a los tramos finales de las
calles que provenían de los barrios de San Sebastián y Rastro y desembocaban en
la Puerta Nueva.
Al llegar al recodo de la segunda muralla exterior, pueden descubrirse restos de los testigos de sus muros que terminan en la Puerta Zayde y las murallas que se abrían con la Puerta de Granada, Cambrón y Martín Ruiz y Herrera. Junto con la muralla interior y exteriormente, se contempla grandes tramos del antiguo camino de anillo empedrado con materiales ígneos (la piedra gruesa ajena muy típica de las calles alcalaínas desde el siglo XIV) y resto de edificaciones adosadas como la primitiva alhóndiga y viviendas familiares. Jalonan la muralla varios torreones de planta cuadrada y una torre ladeada; también los lienzos de la muralla, comprendidos entre torreones albarranos, se abren con algunas saeteras y troneras talladas con marcas de los canteros que recuerdan la reconstrucción cristiana en tiempos de frontera tras la toma de Alcalá la Real. Hay que destacar la entrada y puerta junto con la torre, de la denominada puerta de Herrera. Con un arco de herradura en recodo y un pequeño pasadizo se adentraba al Arrabal Viejo y salía al Nuevo a través de la calle Cava. Al final del trayecto, se encuentra el cajón del edificio del Pósito Real y una zona ajardinada, denominada antiguamente los Mesones Altos, y actualmente Rincón de los Poetas y Muro de la Memoria, donde se encuentra un monolito dedicado a Juan Ruiz Arcipreste de Hita, poeta autor del Libro de Buen Amor, que, si nos hacemos eco de las teorías de los profesores Tremp y Sáez, remontan su origen natal al castillo alcalaíno basándose en historia comparada y en la documentación secreta del Archivo Vaticano si coincide con el enigmático Juan Ruiz de Cisneros. Este paraje se encontraba muy deteriorado en tiempos de Felipe I V, y en un acta de 19 de junio de 1668, se ordenaba que “las murallas y torres de la cerca de ella están amenazando ruina y alguna caída y, en particular, además de ello, en el lienzo de la Muralla desde la puerta de Martín Ruiz hasta el Rastro han hecho y echan muchas cantidades de estiércol y tierra, lo que ocasiona más ruina, y que el paso de la Caserías y barrio de San Bartolomé y el Matadero lo han cerrado y cegado. Aluden que es necesario repararlo, para servicio de Su Majestad y por ser Muy Noble y Leal Ciudad
Si
nos adentramos en estos barrios, se percibe una historia desde su origen
aragárico hasta el abandono total del siglo XIX. En tiempos de la presencia
musulmana en el cerro de la Mota, ocurrieron varios momentos de la expansión
urbana en torno a las faldas del cerro: el Arrabal Viejo, la Peña Horadada y el
del Cerro de los Palacios, sin diseños urbanísticos, un grupo disperso de
alquerías. Luego, tras la conquista de Alfonso XI, estos barrios se
estructuraron en torno a unas calles radiales cuyas mansiones fueron habitadas principalmente
por los artesanos, los campesinos y miembros de las clases no privilegiadas
hasta el siglo XIX. Jugaron un gran papel, para el recinto del arrabal Viejo o
de santo Domingo, las puertas de Zayde, Martín Ruiz y Granada; y las del Rastro
y del Campo, para el barrio del mismo nombre y el de los Palacios. Muchos
palacios, edificios emblemáticos y defensivos se reservaron en la fortaleza; y
las viviendas más sencillas y comunes quedaron como habitáculo y bodegas de las
personas en torno a las nuevas iglesias que dieron nombre a los nuevos
arrabales o barrios. Existía un callejón de Nombre del Maldito, probablemente
el de las Escalerillas de Santo Domingo con una leyenda muy tétrica. Esta hacía
referencia a la pena de muerte, que se había aplicado a un capitán felón en
aquella calleja, donde, de noche, su voz solía escucharse ya entrada la
oscuridad y, en concreto, a una aparición de su alma el día de los Difuntos
suplicando clemencia y misas de difunto y oraciones por él. (cuenta que le
aplicaron la pena, porque desveló los pasadizos y sitios secretos a los
musulmanes). Cerca de la muralla que daba al Pósito de la ciudad, se encontraba
la calle Cava, y más abajo la del Cristo de la Piedra. En este lugar o calle,
se originaron dos leyendas locales sobre la intervención del Cristo en un duelo
entre caballeros. Desde estas Escalerillas hasta la Puerta del Rastro los
vecinos frecuentaban el paseo en los fines de semana y le denominaron por el Paseíllo
de Vinuesa, amparándose en un propietario de aquellos terrenos provenientes de
una capellanía de siglos anteriores.
CERRO DE LOS PALACIOS
Este
recinto hacía referencia al entorno de la Mota que se orienta hacia Occidente,
desde la actual carretera de acceso hasta la primera línea de muralla. Por la
parte baja, el Cerro de los PALACIOS daba a la puerta de San Bartolomé. que se
abrió con motivo de la peste en 1600 a través de un adavejo y un camino, que en
su parte final se dirigía por otra calle empinada a la Puerta Nueva. Es un
lugar que se prestaba a pequeños enfrentamientos entre avezados musulmanes que
pretendían talar los panes o robar el ganado a los defensores cristianos. El
más conocido es el de la Peña Hazconada.
CARRERA DE LOS CABALLOS
La carrera de caballos de san Bartolomé se encontraba
bajo el Matadero y continuaba el Anillo exterior de la tercera muralla. Se
denominaba Carrera de Caballos y Potros. Pretendía la doble función de la doma de
los potros junto con el ejercicio de los caballeros, en este caso la
preparación para guerra, las mascaradas y corridas de toros No siempre se
encontró en el mismo lugar., La antigua Carrera Vieja, que conservó su nombre
hasta el Edad Moderna, partía de los arrabales de la Puerta de Cambrón y se
dirigía hacia la Puerta del Arrabal. Incluso hubo un acuerdo municipal que en el camino de San Marcos se utilizara en
1596 Don Francisco de Pineda Masía,
regidor dice que todo el tiempo de invierno , por estar la Carrera de los Cavallos
en partes que toman mucho agua y se hace mucho lodo, no ay donde poder enseñar
a los potros en parte cómoda y dispuesta
donde se pueda trotar y porque ay
disposición junto al Humilladero de San Marcos en el camino que va a Charilla e
con poco gasto se podría limpiar y
aderezar para este efecto la parte que bastase y necesaria con esto el yncoveniente que resulta
de lo dicho , por ser muy necesario que
todas las ciudades e particularmente en
esta haya la dicha comodidad , con la cual los que criaran potros y caballos se
animara na hacerlo e vaya en
aumento como tanto su Majestad o encarga
,.
A
partir de 1586. se ordenó realizar la Carrera de Caballos, junto a San Bartolomé,
para ejercicio de los caballeros de cabildo y fomento de la caballería. Esta no
fue una realidad hasta noviembre 1600, cuando comenzaron a quebrarse las peñas
y ensanchar el actual camino de San Bartolomé, desde su ermita hasta la de San
Blas. Además, el propio cabildo municipal lo asumió como una obra fundamental
para la ciudad de manera que nombró de comisario a Pedro Veneroso, un regidor
genovés asentado en Alcalá, la que se encargó de traza hasta la Fuete de la Higuera
y su ejecución que salieron a subasta pública. Fueron sus maestros de obras los
maestros de albañilería Juan Sánchez
albañil, Juan Garrido. Pérez y Martin de Lara. Según el diseño del proyecto, se
construyeron dos lienzos para la carrera de mampuesto con sus chapas gruesas ochavadas
y por encima guarnecidas. Tenía cada lienzo de largo ciento y cincuenta y dos varas;
y de alto, vara y media encima de la tierra y media barra de hondo debajo de la
tierra por la parte baja hacia las eras, donde se ahondó y se fundó una a pared
del antepecho bajo. Y por el manantío de la fuente la Higueral, fueron los
dichos antepechos o lienzos de pared de dos cuartas y media de grueso y
llevaron perpiaños de tres a tres varas y buenas aceras, todo bien sentado y revocado
de mezcla cal y arena sin tierra alguna mezclando por esta orden dos espuertas
de arena y una de cal y hecha a contento de los comisarios. El suelo de la
calzada se pisó muy bien y se dejó firme y llano asentando todo tipo de cascajo
o zahorra de mayor a menor como en los gruesos de los caminos romanos, Se
enlosó con chas cuadradas las paredes y los altos de los tapiales y se
coronaron con unas bolas, también hubo un empedrado.
ERMITA DE SAN BARTOLOMÉ
Se
encontraba dentro de la actual cerca que confluyen la carretera de acceso a la
Mota y los caminos que bajaban a la Fuente del Conejo, Roahuevos y casillas
Romero, se fundó en 14 de septiembre de 1550 por una petición al abad Juan de
Ávila por parte de un grupo de vecinos que eligieron el nombre de san Bartolomé
en 1649 por sorteo. La bendijo el obispo de Maruecos Sancho de Trujillo. El
catorde de septiembre del mismo año. Era una ermita de letanías, donde había
fundada una cofradía en 1554 0
dedicada
a este apóstol. Junto a ella, existía un pozo y en ella se alojaron en los años
treinta del siglo XVII los frailes capuchinos antes de la fundación del
convento en la alameda de entrada de la ciudad en tiempos del abad Pedro de
Moya. Fue abandonada en el siglo XVIII y se intentó convertirla en un
cementerio. a principios del siglo XIX, cuyas trazas plasmó en papel Antonio
Martín Espinosa de los Monteros. Este marcaba sus medidas “a 642 varas lineales de la última habitación de dicha ciudad. En dicho sitio
hay una ermita desierta y para arruinarse con un pedazo de tierra de 72 varas
de longitud y 68 de latitud que componen 4.896 incluyendo los gruesos y el
cuerpo de la Iglesia”.
EL ARRABAL NUEVO
A partir del reinado de los
Reyes Católicos, se amplió la ciudad desde la puerta del Arrabal de Santo
Domingo, con diversos arrabales, entre ellos el Arrabal Nuevo, donde se
encontraba las calles Cava y de los Mesones, y, por la parte de la puerta de
Granada, el Rastro y Matadero, el entorno de la Puerta Nueva y el barrio de San
Bartolomé. A través del estudio de varios documentos del Archivo de la
Chancillería Real de Granada María José Guerrero y Lorenzo de Castro, sacaban
estas conclusiones con las que estamos de acuerdo para el periodo comprendido
entre finales del siglo XV y principios del siglo XVI:
“Sin duda, el aumento de población determina que el concejo diera solares para la construcción de viviendas a todos aquellos que los requería. Desde tiempo inmemorial, la ciudad de Alcalá la Real tenía potestad para otorgarlos a los pobladores de dentro y fuera de la Mota. En el primer caso, siempre que hubiera un solar público. Todos los terrenos que en torno a 1520 ahora están edificados en los arrabales habían sido concedidos por el concejo a los vecinos y este además había señalado por donde iban las calles, y que la anchura podría oscilar entre ocho y nueve pies”.
De ahí que muchas zonas del
Arrabal de Santo Domingo se vieran afectadas por esta política municipal
urbanística y su aspecto semiurbano anterior había quedado definitivamente
urbanizado con varios viales y la edificación de las viviendas en torno a las
calles del Postigo, Pie del Torre de la Cárcel, Francisco de la Torre, de la
Puerta del Arrabal en torno a los pies de la roca y el muro de la ciudad
fortificada; las calles e Hernando de Moya, de la Escaleruela. de Sánchez de la Guardia y otras calles en torno al adarvillo de
Moya, y en su interior, desde la Iglesia de Santo Domingo hasta la muralla que
daba a las puertas de Cambrón / Granada, las calles de Pedro Jiménez de Martos,
y de Pedro Fernández Torrevejano
Pero, donde se amplió el
espacio urbano fue en la parte exterior de la muralla del barrio de Santo
Domingo, lo que los anteriores historiadores ponen claramente de manifiesto:
Por la zona de la puerta de
Martín Ruiz, había crecido mucho el barrio. Unos treinta años antes aquella
parte era un muladar y, en el momento a que nos referimos, estaba muy
edificada, aún mucho más habitada, y construida la Era de los Palacios, donde
se habían levantado más de cien casas. También habían aumentado las obras en la
calle de los Mesones y junto al adarve de la puerta del Arrabal”
MOVIMIENTOS DEMOGRÁFICOS DE
LOS SIGLO XVI Y XVII
Durante los siglos XV y XVI, el barrio o cuartel de Santo
Domingo y sus aledaños tuvieron un amplio crecimiento demográfico gracias al
asentamiento poblacional de los
elementos más activos de la ciudad: artesanos, labradores, campesinos, personal
de servicios y clase bajas, lo que queda reflejado en el padrón de 1587, donde
se registraban 141 vecinos en su barrio; pero el barrio de San Bartolomé
albergaba 121 vecinos; y en las Entrepuertas, Lagares y aledaños 114 ( todos
ellos intensamente ligados con el barrio de Santo Domingo). Hasta el siglo
XVII, se mantuvo esta mentalidad de frontera y se presentó ante la Corona la
defensa de la ciudad como un deber fundamental y, por conveniencia, como un
manoseado ardid y fácil recurso para conseguir privilegios y recabar fondos con
destino a conservar el anillo de murallas y sus torres. Además, sus habitantes se
consideraban auténticos soldados de primera línea de frontera, en el inicio
contra los cristianos o los musulmanes hasta la época de los Reyes Católicos, y
posteriormente, contra los peligros de la frontera marítima a la que había que
defender en el nuevo campo de la política exterior de la dinastía de los
Austria. De ahí que fueran frecuentes las concesiones reales de parte de las
penas de cámara y fisco con el fin de ser destinadas a la restauración de las
murallas. Sirva de ejemplo, entre las frecuentes provisiones reales, la que, en
1582, se concedió una prórroga de esta concesión por veinte años y con un
alcance valorado que rozaba los 24.000 ducados.
LOS
ARRABALES NUEVOS Y ACCESO AL BARRIO DE
SANTO DOMINGO
En primer lugar, hay que
partir del carácter militar del barrio de Santo Domingo y su indefinición
territorial interior en los primeros momentos de su desarrollo urbanístico en
tiempos de los musulmanes. Sus murallas, cerradas a cal y canto, impedían
cualquier intento de penetración bélica al recinto de este Viejo Arrabal. Así, según los datos de las actas de cabildo
de 1492, tan sólo se permitía la entrada por una única puerta, y, esto dio
lugar a que, en tiempos de los Reyes Católicos y con la nueva situación de
conquista del reino nazarí y llegada de un largo y definitivo proceso de paz,
se diera licencia en abrir la muralla por varios lugares y aumentara en nuevos
vanos. Por otra parte, por el hecho de
encontrarse el arrabal en una fortaleza que era flanco de continuos ataques, en
un se cuidó y se puso dificultades para el acceso directo entre el propio
barrio y la ciudad fortificada, y, además, con respecto al resto de vías que se
acercaban al castillo.
A este barrio, su vez, se accedía exteriormente
desde los caminos de Granada, de Priego, Castillo o de Jaén, por varias
puertas: las del Arrabal, la de Martín Ruiz o del Cambrón, la de Granada y la
de Zayde. A esta última desembocaba una calle, como lo manifiesta el Discurso
de los Aranda”. Desde el suelo bajo de la
calle, que es do está la puerta que dicen de Zaida, arrimada a la dicha
torre(Nueva).”
Con la ampliación de los
barrios adyacentes, la puerta del Rastro, la de San Bartolomé y la de la Peste
jugaron un gran papel en otros momentos de peste y epidemia. Por consiguiente,
la ubicación de las puertas definió el diseño urbanístico posterior de este
barrio, porque el entramado vial arrancó de muchas de ellas o, al menos,
reservan espacios abiertos al barrio.
ESPACIOS DE LOS ARRABALES NUEVOS.
PEÑA HORADADA
El barrio de la Peña Horadada hace referencia a la
concentración más que a una peña horadada en torno a una cueva, de la que
quedan restos de sus últimos alojados de etnia gitana al pie de la muralla de
Santiago, a una acción o escaramuza entre miembros de la familia Aranda con un
atrevido musulmán que los porfió en la lid de un duelo ante la muralla. Y el
defensor alcalaíno dejó clavada su lanza hazconada en una tierra sobre la peña
anterior a la Puerta Nueva. Por deformación de Hazconada se pasó a horadada y
de ahí la confusión Este arrabal era un puro erial en 1636, cuando el hidalgo
Andrés de Valenzuela y Mendoza compró una hazas y tierras en la parte del
Cubillo y Puerta Nueva, que alindaba con la muralla y camino que iba va desde
el Camino o calle de la Peña Horadada a parar a la Puerta Nueva. Eb concreto
por este documento de compraventa se refería la Peña Horadada hasta el Cubillo
arrimado hasta una peña sobre que se fundaba una torre a la muralla antes de
llegar a la Puerta Nueva. En el tiempo de la compraventa se componía de una
cantidad de tierra de labor de doce celemines y eran más bien un rodadero, que
es un terreno pedregoso y con fuerte pendiente, en el que se producen
fácilmente desprendimientos de tierras y guijarros, Al parecer inútil sin
mostrarse ña calle empedrada de la peña Horadada. Para dejar libre la calle,
había que hacer una pared para detener la tierra.
EL RASTRO
Entre 1544 y 1545, siendo
corregidor Francisco de Cherinos, se llevó a cabo una gran labor constructiva y
comenzaron muchas obras relacionadas con el abastecimiento de la ciudad, entre
ellas las del Rastro, que consistieron en labor de allanar y limpiar toda su
calzada, e, incluso, en algunos lugares, se cubrió. Este es el caso de la
situación que ofrece la zona próxima al Matadero Municipal, muy cercano al
Rastro. Este texto de una libranza de libro de cuentas de 1544 del ayuntamiento
alcalaíno, muestra claramente la funcionalidad del Rastro: “Descárguenseles 4.028 maravedís a Alonso López Robledo porque fue a pregonar a las
comarcas que trajesen ganado para el rastro, en 23 de abril de 1544”
PORTALES DEL RASTRO
Y demuestra que el Rastro debió ser una forma a
medio cubrir para albergar el ganado por la libranza de ocho de junio de 1607: “La ciudad libró 22 reales a mayordomo de
propios por los aver gastado en el reparo que se hiço de los portales del
Rastro conforme al decreto de don Pedro de Frías, regidor, que va con la
librança”.
. CALLE DEL RASTRO
En 15 de julio de 1571, se
data la situación de existencia de una calle del Rastro: En este cabildo se mandaron librar 32.992 maravedís medio que se
gastaron en el arrecife que se hizo en la calle del Rastro como consta por el
memorial del gasto firmado por el alcayde Pedro de los Ríos”,
MATADERO
El Matadero era un edificio
primordial de este lugar, donde se encontraba un compartimiento con un solo
cuerpo, donde se romaneaba, un patio con varios nogales, y, otros cuartos de
encerramiento para los animales y se llevab, junto con la casilla del peladero,
donde se llevaban a cabo los primeros momentos de la matanza de animales.
Por un contrato entre e
clérigo Felipe Figueroa, mayordomo del Hospital del Dulce Nombre de Jesús y
Santa Caridad, arrendaba a otro clérigo Juan Gallego una corderuela, una
especie de huerto, debajo del Matadero, lo que ilustra del aspecto semirrural
de este amplio espacio en 1558. En esta especie de huerto, se arrendaba y era
sembrada de alcacer o cebada por Antón Cano, lo que nos ilustra muy bien del
terreno y urbanización de la zona.
Por una calle empedrada que salía de
san Bartolomé se llegaba al Matadero, y desde el Rastro otra bajaba hacia el
mismo lugar y desde allí se comunicaba por un camino de rondaba hasta la Puerta
de Santiago, que ofrecía bastante peligro. Fue edificado en torno al 1529, año que
se aportaron varias libranzas de los presupuestos de la ciudad para construirlo
a cuenta de las rentas de las carniceras, pequeña y, menor y equiparlo de pesos
de garfios de hierro y no de balanza. No debieron ser muy consistentes las
obras que se realizaron por los años cuarenta en el Matadero, porque en 1543 se
estaba reparando junto con el Rastro. En 1571, se empedró, y se cubrió con una
techumbre de madera de pino y encina según las trazas de Jusepe de Oliva, se
hizo un pozo para recoger la sangre y se remodelaron las pesas de la
Carnicería. (10.4000 tejas)
Era un recinto rectangular rodeado
de sillares labrados, edificado a principios del siglo XVI, albergaba un patio,
un pozo, unas habitaciones o corrales donde se guardaba los animales, bajo la
techumbre y colgadizos, los instrumentos de colgar los animales y balanzas.
Actualmente, se encuentra
dentro de una finca particular donde se conservan las paredes de su cajón del
edificio y se han descubierto tramos de la calle de descendida, denominada
también del adarvejo, que se encontraba muy peligrosa por el empedrado
descompuesto. En 1689, por el informe
del albañil Juan Calvo, el matadero se encontraba muy arruinado y no podían
matarse reses ningunas y hubo que aderezarlo. Y, en un momento posterior, a finales del siglo XVII, en
que comienzan a venderse los antiguos solares abandonados por solarines,
huertos y pequeños predios, se acuerda lo siguiente, lo que demuestra el
ambiente desolador de la zona:
“Las
murallas y torres de la cerca de ella están amenazando ruina y algunas caídas y
en particular en el lienzo de muralla desde la Puerta Martín Ruiz hasta el
Rastro, han echado y echan muchas cantidades de estiércol y tierra lo que
ocasionan más ruina y que el paso de la Carreras y barrio de San Bartolomé y el
Matadero lo han cerrado y cegado. Ante
esto, se ordena que se pague el reparo”. Pronto se trasladó a la ciudad del llano.
LA TRAMA URBANA Y LA VIVIENDA
Semejante al barrio de Santo
Domingo, varias calles distribuyeron un gran número de casas más modestas como
correspondían a sus numerosos vecinos que las habitaron intensamente, sobre todo,
a partir del siglo XVI. Estos acuerdos ilustran del entramado de calles. En 15
de junio de 1576, calle de San Bartolomé al Matadero: “En
este cabildo se mandaron librar 6.480 maravedís que se gastaron en el empedrado
de la calle de San Bartolomé que sube al Matadero, como consta `por la copia
del diputado y fe de la medida que mandan que baya con la libranza”. En 3 de agosto de 1576, la calle del Rastro al
Matadero: En este cabildo se cometió a
Juan de Narváez, diputado, fiel ejecutor, haga empedrar la calle que va del
Rastro al Matadero, que es la calle del adarvejo, por estar muy mala e
peligrosa atento que lo piden los vecinos e que la comienzan a empedrar en
entrado el mes de septiembre primero.”
Y no olvidemos las calles que partían
de la Puerta Zayde, denominadas de Cebrián Díaz, Alonso de Jerez y del mercader
Alonso de Córdoba, y otra sin mencionar (Padrón de 1587).
La tipología de casas puede responder
a los siguientes modelos:
-una casa hidalga, con dos
cuerpos. Se accedía al primero, por una puerta abierta asimétrica a la casa
frontal de su calle, portal, patio castellano con pilares y cobertizos y
habitaciones para cocina, salón bajo, caballeriza, huerto con pozo; el segundo,
aprovechando los desniveles del terreno que le serían de base o una escalera artificial, se accedía a los
cuartos de dormitorio; excepcionalmente, un tercer cuerpo, compuesto de pajar o
una bodega subterránea.
Conforme avanza el tiempo, las
casas reservan lugares para lagares, telares, tundidores, tintes etc. Con el
fin de destinarse a estos fines, se ven favorecidas por un pozo que les surte
de agua doméstica, de elemento fundamental de higiene limpieza y de riego
básico para el pequeño huerto, lo que se manifiesta en estas palabras del
cronista Guardia Castellanos:
“Contrastando
con la aridez y sequedad dominantes en la meseta del cerro de la Mota, debido a
su conformación geológica, responde la abundancia de pozos enclavados en su ladera
meridional, donde se alzaba el barrio denominado el Arrabal: las aguas
pluviales depositadas en las mismas, al ser filtradas por las capas de tierra
que la cubren, si bien por lo reducido
del área de la expresada meseta no
llegan a surtir toda la dicha ladera hasta llegar a la hondonada, emergen, en
cambio, con riquísimas propiedades de potabilidad del fondo de los innumerables
pozos enclavados en las proximidades de las murallas que coronan el cerro, lo
que hace suponer que en cada casa que constituyeran el Arrabal, existiría un
pozo. De los distintos que en la actualidad existen en los huertos y corraladas
de dicho paraje, ninguno de ellos tan fresco y cristalino como los dos que hay
en la antigua mezquita mora, hoy Iglesia de Santo Domingo, el uno que, en la
plazuela de entrada, y el otro en un pequeño corral contiguo a la sacristía, y
muy especialmente este último, el cual según dice, data de tiempos de la
dominación sarracena”.
A través de los contratos de
compraventa y mandas testamentarias de
los documentos notariales, percibimos el encabalgamiento de una casa sobre otra
y la ampliación de la vivienda a través de la excavación del subsuelo y de la roca que conformaban dos
formas constructivas muy peligrosas para la seguridad de los vecinos,
pues provocaba caída de manzanas completas
de viviendas y de los fundamentos de muros, así como la destrucción de la trama viaria original estableciendo diversas capas de trama urbana,
a veces, confusas e indescifrables para las investigaciones posteriores Con las excavaciones y perforaciones de la
roca del cerro, los vecinos
consiguieron formar bodegas
dentro de las cuevas de la roca,
cárceles para esclavos, cámaras o viviendas infrahumanas para criados, viudas y
pobres de solemnidad, despensas, almacenes, pozos ciegos y de agua y sótanos,
hasta tal punto que las autoridades se veían obligados a perseguir
continuamente cualquier abuso de
infracción urbanística: “Cualquier home que quisiere
cabar pozo o gabia o cárcel o sótano no debe fazer la caba cerca de la pared
ajena”.
El paisaje urbano se
completaba con tinas, cuadras y caballerizas en las casas de las familias más
nobles, ocupando la parte baja; en otros casos, gallineros para las familias
humildes: en ambos casos estableciendo la separación entre una casa y otra
SIGLO
XVII. COMIENZA SU ABANDONO
A partir de principios de
siglo XVII, en la ciudad fortificada de la Mota y sus barrios anexos, se
observa un descenso poblacional muy significativo que se registra en los
padrones, censos y diversas listas de reclutamiento o de imposiciones., Como
consecuencia de esto, teniendo como precedente que, a finales del siglo XVI, ya
se inició también el paulatino abandono del Arrabal Viejo, de modo que todo este
proceso de declive de estos barrios se culminó a finales del siglo XVIII.
.
. En
1622, se produjo el primer paso de su derrumbe con la caída del arco de la puerta
Nueva, a la Puerta de Martín Ruiz y al lienzo de muralla, que limitaba con la
ermita de San Blas y las casas de Francisco Ramírez, que fueron reparadas, lo
mismo que la Casa de la Justicia y la Audiencia que se celebraba en los soportales
bajo los corredores.
Dos
flancos van a producir el deterioro del barrio: las calles colindantes con la
muralla del Gabán y las Carnicerías, y, por otra parte, el flanco de muralla
que daba al Rastro y lindaba con la calle Cava.
Son
frecuentes los arreglos de la muralla a principios del siglo XVII. En concreto,
por la zona de la Puerta de Martín Ruiz, se produjo un gran deterioro, que
condujo a tomar una serie de medidas a los regidores del momento, que estaban
muy acuciados con le crítica economía de aquellos años y hubo que echar mano a
las rentas de los labradores de los cortijos de propios. Así se recogían, en un
legajo de la subasta del reparo de las murallas, las obras programada EL RASTRO
(consistentes en traer cincuenta perpiaños
y poner cal y arena y puntales y las cajas para la dicha muralla) y su
correspondiente subasta:
“Estando en el Llanillo de esta ciudad a altas boçes
pregonó que quien quisiere hacer postura en una caxa que había de hacer en la
muralla de la Puerta de Martín Ruiz, de seis baras de largo, y seis de alto,
que parese de parte a parte de la dicha muralla, dejando dos caños para que el
agua no se detenga”
O esta otra cita posterior perteneciente a principios del siglo XVII, en la
que se encuentran un arrabal poblado y un sistema defensivo en pleno deterioro.
“Se
alude una torre sobre las casas de Francisco de Herrera, que están en la calle
de la Cava dentro de la cual cae y esta un torre , la que tiene una mala subida
por el barrio de Santo Domingo, por donde suben muchos muchos muchachos y otras
personas a jugar a la dicha torre, la qual, además de estar hecha un muladar,
(…)ante la concavidad que tiene está muy maltratada y socabada con muy grande
riesgo de ruina y ha que poner remedio (…)tiene a sus ojos la ruina desde otra
torre que cae en el rastro de unas casas también la tienen y una casa sufre
mucha por la escalera que suben a dicha torre, tienen a las casas ,
……escalabradas personas y echan a perder los
tejados quebrando la teja y lo demás que hay en el patio…piden cerrar la
dicha entrada y uso de la dicha torre, pide se repare”.
En
verdad que, los regidores de aquel tiempo eran conscientes del entramado amurallado
que partía del cinturón de la muralla del Aire y alcanzaba los otros cercos,
adarves y red defensiva que se
prolongaban hasta el cerco de San Bartolomé, del Rastro y Martín Ruíz. De ahí
que, en el primer decenio del siglo XVI, no encontremos varios acuerdos
referentes, al principio, al Rastro y sus corredores: Se ha caído todo el muro
bajo la puerta del Rastro y la torre que estaba junto a ella.
Por eso, solicitaban la prórroga
de las penas de Cámara, como en 1612:
“ atento a una torre cuadrada que está en sitio lado de la Puerta Nueva a la mano derecha se
está cayendo y se teme que se lleve a
otras , y el lienzo de la muralla que está en el Barrio de San Bartolomé, y así
mismo , un cubillo que está delante de la misma torre amenaza ruina
y hacerlo y otra cosa de sus propios que ella tiene y el Castillo y
fortaleza , que cuando no fuera de importancia conservarlo por su antigüedad y
efectos , que se hicieron contra los moros del Reino de Granada, era justo
sostenello y quede mayor consideración es que si amenazase a desmantelarse y
arruinarse no tiene propios ni caudales esta ciudad aunque benda aquellos que tiene en propiedad para reedificarlos ni la iglesia
caudal ni renta conque hacer ninguna cosa si sus edificios y casas se
perdiesen , pues notorio lo que ha pedido el prelado.
HACIA LA DECADENCIA DE ESTOS
BARRIOS
Pero no puede ser una cita más
explicita que la del cabildo de 19 de junio de 1668, en la que la Carrera casi
ha desaparecido y el matadero, en 1689, ya es un edificio en ruinas, por lo que
solicitaba una restauración, o, el traslado a otro lugar. Pero no puede ser una
cita más explicita que la del cabildo de 19 de junio de 1668, en el que se
ordena que “las murallas y torres de la cerca de ella están amenazando ruina y
alguna caída y, en particular, además de ello, en el lienzo de la Muralla desde
la puerta de Martín Ruiz hasta el Rastro han hecho y echan muchas cantidades de
estiércol y tierra, lo que ocasiona más ruina, y que el paso de la Caserías y
barrio de San Bartolomé y el Matadero lo han cerrado y cegado. Aluden que es
necesario repararlo, para servicio de Su Majestad y por ser Muy Noble y Leal
Ciudad.
DECADENCIA TOTAL
Y, como resumíamos en el
segundo tomo de la Historia de Alcalá la Real.: “A mediados del siglo XVII, Alcalá se había quedado completamente arruinada
y endeudada por los diversos esfuerzos económicos que tuvo que aportar a la
política nacional en las guerras y otros servicios a la Corona; además, durante
seis años, sufrió las duras consecuencia de la sequía y de una peste que
culminó en 1682, esto sin olvidar la baja de la moneda y la ausencia de
comercio. En medio de estas circunstancias, la Mota se encontraba, por esta
fecha, completamente despoblada y no vivían sino cuatro o cinco vecinos, los
corredores de la plaza se habían transformado en los pajares de las
caballerizas de los regidores y jurados,
los pocos vecinos de los barrios de San Bartolomé y de la Peña Horadada abandonaban sus casas y solares , en los de
la nueva ciudad hacia el Llano,
construían nuevas mansiones con materiales reutilizados de sus antiguas
casas; edificios públicos como el Matadero se encontraban en similares circunstancias. Este panorama recogía un acta de 1682:“la peste a obligado a dejarse de cultivar muchos de sus campos, que
eran el fruto con que se mantenían los
naturales, por lo qual dejan sus casas y se ban
a otras provincias, como se ha reconocido en la ruina, que,
desde dos años a esta parte, se hallan barrios y calles, acortándose el
número cada día, pues en el de la Mota que había 350 vecinos sólo han quedado
quatro, en el de Santo Domingo de setenta han quedado catorce o quince, en el
del Rastro de sesenta y cien, sólo han
quedado doce; el de san Bartolomé y Peña Horadada, de ciento cincuenta o cien
sesenta . dieciocho; en el de san Sebastián, de cien vecinos han quedado
veinticuatro; el de San Blas, Cava hasta la Cruz de Piedra; en la Cava de
ciento sesenta a treinta; y, en el de la Cruz, la tercia parte que avía , sin
otras muchas casas arruinadas y dejadas perdidas del todo, lo que no llega el
número de los que perviven en esta ciudad, tomando pobres y viudas, de 1.500
vecinos, quando se regulaba tres mil”.
. Como
consecuencia de ambos movimientos
de poblamiento, estos barrios, de
predominio campesino, fueron los primeros en sufrir las consecuencias y se
vieron obligados a trasladarse a los nuevos núcleos rurales para asentarse en
los nuevos poblamientos que se ubicaban
en terrenos de propios y eran concedidos
por el propio ayuntamiento, y, por ende, el recinto fortificado mostró
un declive significativo, no apreciándose en este tiempo la continuidad ni la
habitabilidad en el barrio de Santo Domingo, que sólo, mantenía en pie su
iglesia y el lienzo meridional de la muralla, mientras gran parte del
poblamiento de la zona oriental había desparecido en torno a la
ermita de San Blas y la Puerta de Martín Ruiz. Como decíamos anteriormente: “Dentro
de la fortaleza, se observa en el grabado de Piero María Balde en 1669, el
Arrabal Viejo de Santo Domingo de Silos, con su iglesia y un barrio de trama
musulmana comunicando por el alta con los majestuosos edificios del barrio de
la Mota, que sirven de tapial y segunda muralla debido a su elevada altura que
alcanzaba los tres pisos en contraste de las casas del arrabal”.
SIGLO XVIII. CASI UN TERRENO DE
PROPIOS
En el siglo XVIII,
se producen dos acontecimientos
muy significativos en el municipio alcalaíno: por un lado, se completa la
ruralización de una
importante parte de la
población de la ciudad de Alcalá la Real
estableciéndose en los partidos la
nueva ciudad de Alcalá la Real gracias a
la ampliación y continuidad de los repartimientos reales entre
las clases más populares, y , por
otra parte, prácticamente la mayor parte
de la población se extendió por completo entre los dos cerros, el de la Mota y
los Llanos, donde se formó un rectángulo, atravesado por el Llanillo y la calle Real, a las que convergen
`perpendicular y paralelamente una serie de calles cardinales y decumanas A consecuencia
de todos estos movimientos, los antiguos solares abandonados-convertidos
en tierras de labor- comienzan a
subastarse y ser colonizados por nuevos
labriegos siguiendo la línea de repartimiento establecida por Carlos III para
favorecer a la agricultura entre las
clases menos privilegiadas. Es verdad
que los terrenos del Ruedo, el Barrero y las Azacayas fueron los primeros a los
que les afectaron estas medidas. Pero, en 1785, ya aparece en el recudimiento
de propios una suerte pequeña referida a los terrenos en torno al Matadero
Viejo, quedando el resto de solares abandonados en propiedad de la iglesia o de
particulares, porque hasta 1823 tan sólo se reparte este lugar entre los
vecinos como bien municipal de propios.
A continuación, ya avanzado el siglo XIX, le seguirán
los de la Peña Horadada, el arrabal de San Sebastián, el de San Bartolomé,
Santo Domingo y algunos huertos del Arrabal Nuevo. Sería muy extenso clasificar
todos estos nuevos terrenos convertidos en suerte de labor en manos de sus
respectivos particulares, pero ejemplos de su nuevo panorama rural frente al
anterior espacio urbano. En 1771, el administrador de la absentista Baltasara
de Sotomayor incluía entre sus numerosas propiedades y bienes inmuebles, dos
fanegas en Barrero, cinco fanegas en el Prado de San Sebastián, una fanega en
el Rastro, otro celemín en el mismo sitio, otro en la Placeta que llaman de San
Juan “que antes fue solar”.
Curiosamente, este terreno se encontraba dentro de la fortaleza, como
propiedad del ayuntamiento, y, por este año, ya se lo había hecho propio,
porque en 18 de diciembre de 1652, se le dio licencia “para el adarvillo de la
Puerta Nueva, que lindaba con Pedro de Medina, siempre por 20 años y reservando
la propiedad municipal. Baltasar Serrano de Pineda, cinco fanegas en Peña
Horadada y una en Carrera de San Bartolomé.
A
consecuencia de todos estos movimientos, los antiguos solares
abandonados-convertidos en tierras de labor- comienzan a subastarse y ser colonizados por nuevos labriegos
siguiendo la línea de repartimiento establecida por Carlos III para favorecer a
la agricultura entre las clases menos privilegiadas. Es verdad que los terrenos del Ruedo, el Barrero
y las Azacayas fueron los primeros a los que les afectaron estas medidas. Pero,
en 1785, ya aparece en el recudimiento de propios una suerte pequeña referida a
los terrenos en torno al Matadero Viejo, quedando el resto de solares
abandonados en propiedad de la iglesia o de particulares, porque hasta 1823 tan
sólo se reparte este lugar entre los vecinos como bien municipal de propios. A
continuación, ya avanzado el siglo XIX, le seguirán los de la Peña Horadada, el
arrabal de San Sebastián, el de San Bartolomé, Santo Domingo y algunos huertos
del Arrabal Nuevo. Sería muy extenso clasificar todos estos nuevos terrenos
convertidos en suerte de labor en manos de sus respectivos particulares, pero
ejemplos de su nuevo panorama rural frente al anterior espacio urbano. En 1771,
el administrador de la absentista Baltasara de Sotomayor incluía entre sus
numerosas propiedades y bienes inmuebles, dos fanegas en Barrero, cinco fanegas en el Prado de San Sebastián,
una fanega en el Rastro, otro celemín en
el mismo sitio, otro en la Placeta que llaman de San Juan “que antes fue solar”
Curiosamente, este terreno se encontraba dentro de la fortaleza, como propiedad
del ayuntamiento, y, por este año, ya se lo había hecho propio, porque en 18 de
diciembre de 1652, se le dio licencia” para el adarvillo de la Puerta Nueva,
que lindaba con Pedro de Medina, siempre por 20 años y reservando la propiedad municipal.. Baltasar
Serrano de Pineda, cinco fanegas en Peña horadada y una en Carrera de San
Bartolomé”.
SIGLO XIX
.
Prácticamente, en los barrios
colindantes ya no existe población; y los edificios públicos y religiosos son “un montón de ruinas cuyos materiales fueron vendidos
hace pocos años y transportados a la población”.
La mayoría de bienes inmuebles
fueron vendidos a partir de finales del siglo XVIII y siglo XIX
(desamortización de Godoy, Mendizábal y Madoz) y cayeron en manos de la
burguesía alcalaína. Primero, le tocó la suerte al paraje de San Bartolomé, que
se transformó en olivar, regentado por la familia Vigas, luego los solares y
ermita de san Blas, que cayó en el segundo decenio XX en manos de la familia
Fernández Anchuela; finalmente el convento de las Monjas Trinitarias.
Y, hasta muy avanzado el siglo XX, el descenso de
población y el poblamiento decae profundamente y, tan sólo, se mantuvieron
varias casas en las Escalerillas y en la calle de la Cruz de Piedra., incluso en
1901, la iglesia de San Blas mostró los primeros síntomas de su ruina que se
plasmaron definitivos en el segundo decenio de este siglo vendiendo sus enseres
a la familia Fernández Anchuela. Pero la muralla y el barrio de Santo Domingo
siempre prestaron una fisonomía peculiar a la ciudad de Alcalá la Real con sus
restos de una urbanización medieval y las huellas de un asentamiento muy
importante en el dinamismo de la nueva ciudad.
En conclusión, de a acuerdo
con las fuentes escritas, el Arrabal Viejo y sus alrededores fue un espacio
urbano que se desarrolló a lo largo de la historia de la ciudad de Alcalá la
Real ofreciendo diversos paisajes:
-No está constatado
asentamiento urbano en el Cerro de los Palacios y en todo el cerramiento de la
tercera zona mural durante la época musulmana, sino más bien un aspecto
semirrrural con predominio de huertos, solarines y, tan sólo, utilización de la
parte baja del cerramiento de la segunda muralla. Sin embargo, hay vestigios de
culturas prehistóricas en el asentamiento humano de las cuevas de su entorno.
-A partir del siglo XVI, se
desarrolla la urbanización completa de todo el barrio de Santo Domingo y el
denominado Arrabal Nuevo con otros barrios, varias calles y nuevos accesos
(Peña Horadada, San Sebastián, San Bartolomé, Matadero, Rastro, Puerta Zayde,
Cava, San Francisco y los de la ciudad del llano).
-El cerramiento y la
demarcación de los barrios de Santo Domingo y sus exteriores sufre una gran decadencia
desde el siglo XVII que culmina finales del siglo XX con la despoblación total
y la transformación en eriales y terrenos cultivables, recuperada recientemente
por el Ayuntamiento para la ubicación de un futuro parador.
MURALLA DEL RASTRO
Se adentraba al Rastro por una muralla debajo de él y una
puerta y estaba adosada una torre a su lado. El Rastro estaba formado por
soportales, donde se cobijaban los ganaderos y comerciantes (16o7). Fue una
obra de los años cincuenta del siglo XVI según testimonian las cuentas del año
1544. Pero, el camino de arrecife con unos ronzales o tramos de sujeción fueron
obra de 1577 y se extendían hasta la puerta de Santiago. Frente al Rastro se
encontraba un muladar, por tanto, estaba fuera de la muralla actual. Pero
veinte años más tarde se cayeron por ser obra de poca cimentación.
MURALLA
DE LA PUERTA NUEVA
En
torno a la Puerta Nueva se levantaba la muralla del mismo nombre, por cuya
puerta se entraba y solía estar colocada una imagen. Era una zona de muladares
y escombrera de la ciudad fortificada de la Mota. Otro aspecto de este arrabal era el carácter
semifortificado de los alrededores de la ciudad fortificada:
“Y esta vez la
escaramuza fue en la era que dizen de los Palazios, que es junto y fuera del
Adarve Nuevo, que está fuera de los zimientos, en el arrabal de la Puerta
Nueva. Y después de cansados de escaramuzar los unos y los otros se retiraron
los moros al cabo de dichas eras, hazía las viñas que juntan con ellas. Y los
christianos, arrimados a un palenque de madera que para su defensa tenían
hecho, que iva desde el dicho adarve asta zerrar y juntar con una torre que
dizen del Espezería, que está poco arriba de la peña Hazconada, a do Juan
Sánchez de Arjona, su padre, como arriva se dijo, avía enclavado el moro”.
CALLE DE LA PUERTA NUEVA
Desde la Puerta Nueva en
dirección frente a la ermita de San Bartolomé, salía una
calle y, en tiempos del alcalde Gamboa, se intentó arreglarla, lo que no sirve
para describirla y su entorno urbano:
Su
merced el alcalde mayor dixo que
visitando las calles públicas de esta ciudad llegó a la Puerta Nueva que
está en los muros de esta ciudad a la
parte que mira a San Bartolomé y bio como toda una calle que está hundida, y por ella no se puede pasar e ynformándose
se supo que es de las calles públicas
acostumbradas por donde el día del Corpus Christi pasa la procesión y. quando ay alguna execución de justicia y
pasa por alli y por estar cayda hundiéndose , el día del Corpus que ahora paso no paso por alli la procesión
porque su ruina impidió el paso
por ser calle publica, que ay casa
principales en ella, cuyo adorno y pulicia pertenece a esta ciudad y su merced viéndolo procuro remediar lo y por la parte por donde
estava edificado; que es la cayda no
tiene dueño que la redifique, porque sus poseedores, que fueron de los solares que oy parecen son
muertos ausentes y otros pobres que an desamparado , y por hallarse presente en
esta ciudad unos maestros de cantería portugueses los mandó llamar y vieron lo
que era necesario par el reparar y, que sacasen en cimiento desde los firme de
la tierra sacando por lo alto de la cale bara y media de pretil con un una piedra labrada por cima y con seis de estribo, todo lo qual lo concertó lo tomarían a destajo y por su quenta hasta dar lo acavado y por tener allí sus casas don Francisco de
Pineda y el alcaide don Antonio de
Gamboa y resultar les el provecho adorno de sus casas a concertado con ellos
den dos partes del costo del dicho reparo y la ciudad ayuda con la otra y para
que se provea lo que conbenga a que
importa la ciudad el adorno y pulicia de las cosas públicas.
La ciudad aviendo entendido la
propuesta del señor alcaide, ayer acordó
se den a Melchor de Góngora mercader 40 ducados con los quales el alcaide don
Antonio de Gamboa y don Francisco de Pineda Góngora an de dar lo demás
necesario para acabar de hacer la dicha obra en la forma referida a contento de
la ciudad sin que aya de dar otra cosa ninguna la ciudad, este pagaba a los
maestros
AL PIE DE LA TORRE DE LA CARCEL
REAL; LA PUERTA ZAYDE.
Desde la Puerta Zayde, descendía un lienzo de muralla,
a cuyo lado se encontraba el Rastro y el camino y calle, que se asentaba sobre
un revellín, hacia la PUERTA NUEVA. Más abajo, lo que hoy llaman el camino de
san Bartolomé (correspondía con la carrera de los Caballos). Al pie. de la Torre Nueva o de la Cárcel la,
en los primeros años del siglo XVI, la puerta Zayde se abría con una portada y sobre ella un
adarve, realizado en 1544 por Lope Garrido. Cmunicaba con una calle empedrada
hasta la casa de Cristóbal de la Peña y calle del Rastro Comenzaron n a asentarse
los vecinos en solares colindantes a la calle a partir de 1544. En la actualidad
se encuentran los primeros sillares de la base del arco de entrada de esta
puerta y el empedrado de su entrada.
PASEÍLLO
DE VINUESSA
Es
un recinto adosado a l lienzo de la muralla, donde se encuentran ciertos soportales
por el arranque de varios pilares, que podrían corresponder en algunos momentos
con la alhóndiga. Actualmente, se ha limpiado
y se ofrece como un espacio lúdico para el ocio. Esta flanqueado por torreón
cuadrado, sobre el que se colocó un cañón de artillería en la Guerra Civil
Española, cuyos enganches de hierro se perciben todavía. Cercana estaba la
Puerta de Granada, hoy un portillo, del que solo queda el testigo de un
torreón.
TORRE
LADEADA
Es una torre cuadrada, que se derrumbó al principio de su
construcción, actualmente es un testigo de la defensa de los barrios bajos de
la fortaleza. Siempre se vio cuestionada para su derribo por el peligro que
amenaza a los vecinos de la Cuesta del Cambrón. Un testimonio de ello recoge el
acta de Ayuntamiento de 9 de octubre de 1849, en la que el vecino Antonio
Medina en nombre de sus compañeros, pidió a la corporación le sírvase a concederle el permiso para el
derribo de la Torre ruinosa, que se encuentra en las murallas de la Mota,
conocida por la “ladeada”, y el ayuntamiento para la obra acuerda pedir informe
a la Comisión de Ornato Público”.
ENTRADA
DE LA PUERTA DEL CAMBRÓN
Era la entrada principal para la
ciudad fortificada partiendo de Granada y de toda la Alpujarra por el camino de
la Cuesta de El Cambrón, que, en su tramo final se hallaba empedrado, se consideraba
la principal y, por lo tanto, se obligaba a tener arreglada pues los vecinos vertían
la basura y, en sus alrededores ofrecía un aspecto poco adecentado, lleno de
muladares y escombros de las casas.
En este paraje, existió el primer
calvario o Vía crucis de la ciudad a mediados del siglo XVI hasta que se
trasladó al Cerro de las Cruces
ERMITA DE SAN BLAS.
Gracias a la iniciativa Urban II, financiada con
fondos europeos y del propio ayuntamiento alcalaíno, se creó en 2017 un espacio
de ocio donde anteriormente se ubicó la ermita y otras dependencias de San
Blas. Dicho espacio simula con una silueta metálica el esqueleto de la iglesia
y se mantiene la planta del templo, así como testigos de las anteriores
capillas y sacristía junto con la antigua portada de medio punto, muy del gusto
de la cantería de los años veinte del siglo XVI. El culto de san Blas se
remonta a una capilla fundada por la familia de los Villalobos en la iglesia
Mayor Abacial. Pero, desde el siglo XVII
se trasladó la devoción a la ermita colocada cerca de la puerta de Martín Ruiz,
junto a las casas de Francisco Ramírez. Dicha ermita fue realizada por la
propia iglesia de Santa María la Mayor a cargo de antiguos censos de devotos y
con el impulso del beneficiado don Diego de Castro Villalobos entre 1617 y 1620.
Se erigió por la gran devoción que existía en la ciudad a este protector de las
enfermedades de la garganta, que se celebra el tres de febrero y por muchos
años se declaró fiesta oficial por ser patrón de la ciudad. Se componía de una
planta de cajón, orlada con varias capillas laterales, en donde se veneraba San
Roque, san Lázaro y al Cristo de la Salud, dentro de un retablo con una capilla
barroca. Esta imagen despertó muchos fervores entre los campesinos hasta el
punto que se convirtió en una hermandad que no decayó su culto desde su
fundación. La ermita se utilizó de hospital de epidemias. Y su templo se vendió
en los años veinte del siglo pasado a Salvador Fernández Anchuela, cayendo en manos
de particulares y transformándose en una simple vivienda, de la que no quedaron
apenas restos de sus dependencias. Las imágenes se trasladaron al cercano
templo de San Juan Bautista, donde pervive una copia de la imagen del Cristo de
la Salud presidiendo su altar mayor,
PUERTA MARTÍN RUIZ
.
Por una calle empedrada que partía desde la puerta de Santiago, pasaba por el
Rastro y se llegaba a la puerta denominada también de Martín Ruiz, de la que se
conservan el arranque de los pilares de su arco de entrada y una pequeña
escalinata por albergar cercanas la casa de Martín Ruiz Nieto. Muy cercana a la
Ermita de San Blas, estaba situada a la izquierda de las Escalerillas de Santo Domingo,
Por encima de la puerta había una calle que daba a las Escalerillas, entrada de
la ciudad y de los vecinos hacia la iglesia de Santo Domingo de Silos. En su entorno llegaba el anillo exterior de la
muralla y se formaba una rinconada antes de la erección de la ermita en forma
de muladar. Siguiendo por la actual calle Cava, un vial reconstruido en los
últimos siglos se llega a las escalinatas del Centro de Información de la ciudad
fortificada de la Mota.
PUERTA
DE ARRABAL
A
través de la subida de la Carrera de los Caballos, se llegaba a la Puerta del
Arrabal. Actualmente, se conserva un arco apuntado que da acceso al bosquecillo
de pinos que cubre los restos de las calles del Arrabal Viejo.


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