En los últimos decenios del siglo XVII, destacaron varios médicos que se afincaron en Alcalá la Real . Tuvieron un debate sobre el beneficio y tratamiento de la nieve para enfermos. Actualmente, muchos historiadores han versado sobre la nieve en la península ibérica y establecieron dos periodos distintos, que coinciden también con dos planos temáticos. En el primer periodo situamos las obras escritas durante los siglos XVI al XVIII, que coinciden con un tema principal, el aspecto terapéutico de la nieve. Como hemos visto más arriba, la nieve era considerada un producto de primera necesidad, no tanto por su utilización gastronómica y como conservante de alimentos -carne y pescado-, como por sus funciones medicinales: antipiréticas, antinflamatorias, antiálgicas y antihemorrágicas. La nieve y el agua helada debieron tener varios usos: terapéuticos para curar enfermedades con motivo de las grandes epidemias, peste y fiebres de todo tipo que alcanzaban a la población (son muchos las ocasiones en que con motivo de la peste de epidemias febriles que se cita su uso); en segundo lugar, la nieve se convierte en un objeto gastronómico esencia a la hora de las invitaciones de los frecuentes convites y banquetes que acontecían con motivo del recibimiento de personajes famosos (reyes, condes, duques, como el de Sesa) y autoridades (corregidores y abades, sobre todo al principio de su mandato) y en las fiestas extraordinarias de proclamación de reyes y acción de gracias, por un parto regio, tratado de paz o victoria nacional. Como uso industrial y doméstico se constatan dos elementos el Pozo de la Nieve y su casa. Del primero: en el acta de 15 de febrero de 1633 se habla del Pozo de la Nieve. Del segundo: en el acta de 29 de mayo de 1663, se alude que La Casa de la Nieve, donde está el pozo, está arruinada.
En el mismo año, más adelante, los señores don Pedro Muñoz de los Díez y don Matheo Serrano, regidores, dieron cuenta a la ciudad de cómo se acabó la nieve que había en el pozo y ayer veinticuatro de este mes concertaron con Diego Martínez Izquierdo "que traiga de Valdepeñas dándole tres reales por cada arroba de nieve que entrare en esta ciudad y un real en cada carga y solicitan que aya una persona para venderla bajándole el tercio y para que sea necesario venderla a ocho maravedíes en el interim “. Por estas palabras se sacaron las siguientes consecuencias:
La nieve procedía de los ventisqueros de las Sierras de Valdepeñas, muy relacionadas con la comarca alcalaína y se mantuvieron hasta fechas recientes del siglo XIX y principios del XX.
En la obra de Miñano y Bedoya (1826:84), leemos sobre la nieve y su comercialización: “Las sierras que corren de mediodía a poniente […] La Pandera, en donde hay un pozo de nieve muy profundo, que aseguran antiguamente fue excavón de una mina de plata, el cual tiene una admirable desagüe por donde destila la nieve”.
Se controlaba su comercio a través de la municipalidad: nevero, precio, arrendatario y transportistas.
Las comunicaciones habían sido muy importantes en el siglo XVI y supusieron un nuevo impulso en los primeros años del siglo XVII, en los que los carros se acrecentaban en número. Sobresalía el camino de Granada a la Corte que pasaba por Alcalá y debía sortear gran cantidad de puntos embarazosos como barrancos y vados de ríos. Muchos de ellos se salvaban mediante rudimentarios puentes de maderas que sufría las embestidas de los vendavales y había que renovarlos continuamente. De ahí que cada vez los vecinos consideraban que había que emprender grandes obras de ingeniería. Este fue el intento de 1624 de construir puente del Salado con motivo de la frustrada venida del rey de tal manera que, años más tarde en 1631, se le encargaron las trazas al maestro de obras de la Catedral de Jaén Juan de Aranda Salazar y se hicieron posturas (cfr. 2.5. 1631), pero el camino de Valdepeñas, antiguo camino de Jaén, tenía importancia por ser medio de comunicación con los puntos de abastecimiento de la nieve que servía de medio terapéutico para las enfermedades estivales y para bebida refrescante: Estos se hallaban en la Sierra de Jaén y la fisonomía geográfica hacía este camino angosto y estrecho, que tenía un puente y se ensanchó en el año 1753. Perdió importancia poco a poco, a pesar de ser el más famoso en el siglo XV, como denota la crónica del Condestable y mientras la ganadería predominó sobre la agricultura, fue uno de los que más se frecuentaron.
Para el comercio con la zona jiennense se recurría a los arrieros de Martos, Alcaudete y Alcalá; para los de Granada, los de Colomera, que eran moriscos; para el comercio con Córdoba, se trataba con los arrieros de Lucena. Curiosamente, se producía otro intercambio con estos pueblos que venían trayendo el vino cordobés y a veces se llevaba la nieve de Valdepeñas. Un momento clave para la caída de los vinos fue la entrada de los vinos cordobeses, que traían fingidamente sus vinos hacia Valdepeñas y aprovechaban sus cargas de regreso con nieve. Esto provocó una auténtica liga entre los comerciantes y productores alcalaínos en 1632.
Otros grupos menos numerosos eran los arrieros, que se dedicaban al transporte de los bastimentos. En el Castillo, destacaban cinco que llevaban la nieve desde Valdepeñas hasta Córdoba en el verano, desde mayo hasta octubre. Solían ganar cada arriero mil seiscientos aproximadamente. Muchos de ellos estaban ligados a los propietarios de yuntas de arreos que eran unos treinta y cuatro en toda la comarca. Solían transportar el trigo de la ciudad a otros lugares. Incluso en momentos extraordinarios llegaron a transportarlo a la corte de Madrid a través de los caminos de Jaén por Torredelcampo y Torredonjimeno o Córdoba y siempre para continuar a Ciudad Real.
En el siglo XVIII el abastecimiento de la nieve se acrecienta con la subasta de los helados y refrescos. Al principio, es curioso que los valencianos sean los primeros contratistas. Pero en el siglo XIX, son ya algunos comarcanos como los castilleros los que se quedan con la subasta. Así, Manuel de Mesa, vecino del Castillo, regentará los helados durante muchos años y su surtido se compondrá de helados mantecados y bebidas dobles, los cuartillos, los sencillos y el cuartillo de agua de cebada.[24] En el 1829, aparece un nuevo producto: la libra de nieve. Tras un gran vacío historiográfico durante el siglo XIX y hasta la sexta década del siglo XX el resurgir de los trabajos sobre la nieve, se realiza desde muy diversos aspectos temáticos, el comercio, la arquitectura de pozos y neveras, los oficios relacionados, consumos y usos sociales, legislación y fiscalidad, etc.
Centrándonos en el primer periodo, dejamos atrás la historia del beber frío se inicia en Próximo Oriente y en la Grecia del siglo V a.C; o en Roma en el siglo I a.C., donde se introduce con criterios terapéuticos. No hay sino referencias aisladas, tanto en la literatura cristiana como en la musulmana. Pero, en el Renacimiento estaba lejos de conformar un comercio amplio y organizado y tan sólo su uso comienza a difundirse entre la nobleza y clases elevadas de los reinos peninsulares. A
Y coincidimos con esta cita: " Este fenómeno elitista de épocas anteriores, en el transcurso del siglo XVI, se va convirtiendo en una necesidad y da lugar a una rápida difusión de las técnicas del uso de la nieve y hielo. Hasta alcanzar la consideración de comercio y por lo tanto susceptible de generar ingresos para la siempre deficitaria Corona española.La importancia terapéutica de la nieve en el pasado queda plasmada en diferentes obras de los siglos XVI al XVIII". Varios tratadistas versaron en XVII sobre la nieve: Centurias de Amatus Lusitanicus en las que comenta diversas curaciones atribuidas al agua de nieve; Francisco Franco, en su Tractado de la nieve y del uso della refiere el inicio de la construcción de depósitos en la ciudad, y trata de convencer a sus colegas de las bondades este meteoro. Es la primera obra en España sobre la cuestión del uso de la nieve en medicina, siendo además una de las primeras monografías europeas sobre el tema; Monardes dice que la nieve quita el temblor de corazón y alegra a los melancólicos; en 1576 salen de la imprenta dos obras, una de Alonso Díez Daza, Libro de los provechos y daños que provienen con la solo bebida del agua: como se deba escoger la mejor y rectificar lo que no es tal..: Francisco Micon con su obra Alivio de sedientos, en el cual se trata de la necesidad que tenemos de beber frío y refrescado con nieve, y las condiciones que para esto son menester, y cuales cuperos lo pueden libremente soportar recomienda beber frío tanto como uno soporte y lo recomienda a negociantes, regidores de pueblos, ministros, soldados y caminantes.
Esta innovadora terapia del frío se basa en la concepción filosófico-médica, que entiende a las personas compuestas de cuatro elementos (tierra, agua, aire y fuego) cuyas cualidades (húmedo, frío, seco y cálido) regulan el equilibrio humano. La enfermedad es un desequilibrio entre los humores o temperamentos que debe ser corregido. El frío debe contrarrestar los desarreglos debidos al exceso de calor, con la ayuda inestimable de sustancias frías como la nieve o el hielo. Hasta llegar a esta situación fue necesario que los médicos abandonaran la tradición hipocrática respecto del uso de la nieve, producto que consideraban perjudicial para la salud, toda vez que representaba una trasgresión de la norma nada en exceso. Esta posición se enfrentaba a la de Galeno, quien manteniendo las restricciones del frío ante dolencias del pecho, lo recomienda en fiebres o hemorragias. Esta postura galénica contribuyó a la generalización de la defensa del empleo de la nieve entre los médicos.
Ya en el siglo XVII, destacan muchos médicos defendiendo estas tesis, entre ellos Alonso González, Francisco Jiménez de Carmona, Matías de Porres, Juan de Carvajal, Toribio Cote y Cobián, I. Pérez Merino, Fernando Cardoso, U Alonso de Burgos, Y en Alcalá la Real, ya hemos tratado del médico GASPAR DE REYES Y MEJÍA .A raíz de una visita a la Biblioteca del Hospital Real de Granada tuvimos la suerte de encontrar el libro titulado Discurso contra el mal uso de beber agua elada hecha carámbano, a que dizen garapiña, aunque sea de chocolate, de leche, de agua de canela, limonada, y otros licores: contiene excelencias de beber a su tiempo agua fría de nieue, y unas reglas saludables de Hipocrates, Galeno, y Auizena, vueltas del latin en refrancillos…
Con Adela Tarifa, estamos de acuerdo que amaba su profesión, y que era un hombre bueno. Nos valen los consejos finales de don Gaspar, los de su cuarta conclusión, porque no tienen desperdicio: «Beban poco agua y menos de la de nieve y poco fría los flemáticos, los de poco calor en el estómago, los que padecen ventosedades, flemas, crudezas, los que regüeldan azedo, los ociosos que viven a lo poltrón, porque si beben mucho y muy frío, intespestivamente se ocasionan morir de repente, no los que tienen obstrucciones, no los que tienen apretado el pecho y les suenan pitos y flautas, como asmáticos, no los que escupen sangre, no los que tienen destilaciones y tose, no las mujeres que padecen fluxos albos, no los sujetos a dolores por ventosedad, como cólica y ijada, no la beban los niños, porque sus ordinarias crudezas se harán mayores como se sofocarán, criarán lombrices y les darán alferecía, no los muy viejos, salvo si tienen calor de mozos y son ejercitados, no la beban luego después de haberse ejercitado mucho, no les acontezca lo que cuenta Hipócrates sucedió La garapiña se consideró golosina: he aquí algunos ejemplos: «Venus. También fe gastan bobas por golofina que fon Damas, que faben a garapiña» o a Esteneo, que murió dentro de tercero día con graves accidentes, por haber bebido frío luego después de haberse ejercitado. Por lo que Caballero mozo, si juegas a la pelota o eres desposado y has tratado de parecer muy galán a la novia con que te habrás encendido, no bebas luego después del ejercicio, no te suceda mal, antes gocen todos de salud.
El autor se hace una serie de preguntas, con Aristóteles, que él mismo responde: ¿por qué es malo cambiar de agua?, ¿se ha de comenzar las comidas con agua? (f. 3), ¿por qué empezar las comidas con lechuga, si los antiguos acababan con ella (f. 4)?
Tres son las conclusiones del tratado: 1) “de ninguna manera conviene beber agua elada hecha carámbanos, que dizen garapiña (f. 5-8)”; 2) tampoco es bueno beber agua caliente (f. 9); 3) es saludable beber agua fría con nieve (f. 9-11).
. Cristóbal Mirez de Carvajal fue un médico alcaláino de los años setenta. Fueron sus obras Tratado de las cualidades que la nieve tiene a predominio y respuesta a un papel que quiere defender la opinión contraria.. y Antilogía breve en que se prueba el verdadero temperamento que la nieve posee a predominio y de passo se responde a dos apologías que pretenden probar, establece la conveniencia de su uso. El Tratado de las cualidades es una obra científica y médica del siglo XVII cuyo núcleo gira en torno a un encendido debate médico y físico de la época barroca: determinar el temperamento y la naturaleza elemental de la nieve y su repercusión en la salud humana al emplearla para enfriar bebidas y alimentos. Pues, durante los siglos XVI y XVII, se popularizó de forma masiva en España y Europa el consumo de agua y vino enfriados con nieve o hielo, lo que generó una enorme cantidad de literatura médica. Los doctores de la época, fuertemente influenciados por la teoría de los humores de Galeno e Hipócrates, discutían si introducir un elemento tan frío en el cuerpo era beneficioso o perjudicial, y bajo qué condiciones debía hacerse. En este tratado, Mirez de Carvajal defiende una postura muy particular dentro de la física cualitativa de su tiempo: sostiene firmemente que la nieve es seca a predominio (además de fría).El conflicto radicaba en que la teoría común sugería que, al ser la nieve agua congelada, debía compartir la cualidad húmeda de esta. La contrarréplica a Mirez que argumentaba que el proceso de congelación alteraba sus cualidades primarias, transformándola en un elemento donde predominaba la sequedad, se basaba en una respuesta directa para rebatir un manuscrito o "papel" de otro colega que defendía la tesis opuesta (que la nieve era húmeda).

La publicación de este tratado desató réplicas inmediatas en los círculos académicos andaluces. El ejemplo más notable de esta disputa es la obra de Tomás de Murillo, titulada Responsiva apología, a un tratado del licenciado Don Christobal Mirez Caravajal médico, en que se pretende probar que la nieve es seca apredominio... (publicada en Córdoba en 1650), en la cual se atacaban los postulados de Mirez.
Para defenderse, el propio Mirez de Carvajal publicaría posteriormente otra obra complementaria titulada Antipología breve: en que se prueba el verdadero temperamento que la nieve posee a predominio.
El balance final de la polémica es claramente favorable al uso de la nieve y del beber frío, aunqiue la posición contraria al frío recomendaba vivamente beber caliente. Uno de sus principales propagandistas fue Antonio Persio que publica en 1593 Del bever caldo costumanto da gli antichi Romani... pero sin mucho éxito.
Actualmente muchos historiadores añaden una nueva perspectiva del estudio de la nieve, la arqueología y la arquitectura de los pozos sin olvidar las relaciones comerciales.
En dos de agosto de 1674, dio el poder para testar al cura don Alonso de Santisteban , párroco de Santo Domingo de Silos, ordenando fuera enterrado en la cripta de los religiosos del convento de San Francisco y dejando a su sobrino cura uraganovense Manuel Talero Peñuela como heredero de sus bienes (AHPJ. Gabriel Delgado Esteban Legajo 5100 folios 513 y 514.)
EL NEVERO
EL POZO DE LA NIEVE

No es un nevero artificial sino un pozo excavado en la roca sin muros de contención, de gran dimensiones y con techo natural, que disponía de abertura cuadrada para la introducción de la nieve desde un patio (cerrada con una portichuela de madera) y, posteriormente, para laextracción del hielom cuya finalidad es conservarlo para poderlo usar, cuando, de forma cpngelada, la nieve ya estaría derretida. Desde el suelo hasta el patio alcanza los nueve metros y su forma ovoide encierra un diámetro de anchra y de altura de más de seis metros. Se accede a través de un pequeño patio, porque estaba colocado en la parte final del Palacio Abacial, en el camino de ronda de la primera muralla de la ciudad fortificada, muy cercano a la Torre de la Especería, Excavado en la roca, también se accede por una escalera, que dejan en un flanco una cueva, donde se encuentra un enterramiento en forma de cista y con varios esqueletos de tempos de la Edad de los Metales o del Bronce. Una apertura permite la visión de este nevero original que recuerda un recinto o santuario de los primeros habitantes del cerro de la Mota reutilizado por los vecinos posteriores, sobre todo del siglo XVII para el almacenamiento de la nieve.

Esta figuraba como un producto como el aceite o el jabón que era adjudicado en subasta pública por sus fines terapéuticos, de conservación de alimentos, de aperitivo en convites y banquetes de las autoridades y de prevención de contusiones. Su forma abovedada recoge un recinto circular horadado en la roca de forma natural y labrado por el factor humano en su suelo con una serie de nueve ranuras concéntricas que se canalizan a través de una galería de nueve metros de longitud y casi un metro de alto hacia un pozo o aljibe que se encuentra en el entorno de la Puerta Nueva. La nieve solía ser transportada desde los ventisqueros o neveros de los montes de la Sierra de Valdepeñas por compañías de mulas que intercambiaban productos con los vecinos, los médicos solían recetar con frecuencia la nieve y se cuidaban de su aplicación porque le atribuía efectos nocivos para el cuerpo en su ingestión. La primera obra monográfica europea sobre la nieve fue la del médico valenciano Francisco Franco, originario de Játiva y se titula Tratado de la nieve y del uso della (Sevilla, 1569). Además de las aplicaciones médicas y de conservación, existe la vertiente lúdica de consumo de alimentos fríos o helados, tanto sólidos como bebidas. Hasta mediados del siglo xvii aparecen tratados como el de Juan de Carvajal, Utilidades de la nieve, deducidas de la buena medicina (Sevilla, 1611), o el Methodo curativo y uso de la nieve (Córdoba, 1640) del doctor Alonso de Burgos. En Alcalá, hubo una famoso médico Melchor de los Reyes Mejía que escribió sobre la nocividad del agua helada. Este pozo se surtía también desde 1587, incluso con la nieve de las precipitaciones invernales Al final, se conocía esta casa como la de la Nieve y se mantuvo hasta finales del siglo XVII,