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viernes, 13 de febrero de 2026

CONOCIENDO LA MOTA (XIII). POR LAS CALLES DEL PRECEPTOR HACIA LA PUERTA NUEVA.

  

DESDE LA PLAZA HASTA LA PUERTA NUEVA

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            Rabieo salío de la iglesia, pasó  por los servicios y , tras dejar, el antiguo palacio del alcaide, se adentró en una calle entre la casa del corregidor y la familia Gamboa ( ahora con una muestra de su bodega y sus tinajas de torrontés. A finales del siglo XVI, salía de la Plaza Alta de la Mota e n dirección hacia la Puerta Nueva, y se abría esta calle que dejaba a un lado el horno de la plaza la casa de la Justicia y la de los Leyva una calle que se denominaba del Preceptor de Gramática, porque una de las viviendas se alquilaban al Preceptor de Gramática de la Ciudad, un rector o maestro de retórica que iniciaba a los niños de las clases privilegiadas en los estudios de la Gramática, la Filosofía y las Matemáticas. Era una casa que no ofrecía muchas comodidades a los estudiantes por ser muy estrecha, fría y húmeda y los alumnos se veían sometidos a la propagación de enfermedades contagiosas.  Servía de vivienda del preceptor, pero pronto la abandonó por sus incomodidades. See buscó otra en el entorno del Trabuquete, junto a la Casa de Hurtado de Aranda Se sabe qu,a  finales de XVI, ejercía la docencia en dicha casa el cura licenciado Monte, una casa con muy poco espacio para acoger a los niños en las dependencias y en el recreo, además de verse afectada por las humedades.

 

También se denominó esta calle con el nombre de la Encarnación, porque desde 1988 se fundó en la casa de Leonor Méndez de Sotomayor el monasterio dominico de Nuestra Señora de la Encarnación, una casa que lindaba con la de los Leyva, a los que compraron parte de su vivienda para ampliación del convento. En el mismo aóño, ya Juan Hernández y Miguel de Bolívar llevaron a cabo el claustrio del convento. No es extraño que se ubicaran dentro de este recinto, pues la iniciativa partió de importantes caballeros de la ciudad, alguno como Juan de Aranda que llegó a donar seis mil ducados para su fundación. Junto a unas peñas, otra calle se abría cerca de la casa de Sancho de Aranda, toda ella con fachada de piedra junto a ella, la casa de Isabel de Leiva, que sirvió de convento de las monjas dominicas desde el año 1588 hasta el año 1601, precisamente el año cuando se bajaron al hospital de la Veracruz.

 Esta casa se encuadra dentro del mundo mistérico, porque fue abandonada por familia propietaria y se donó como convento sin mucho éxito. Se recoge cierta leyenda de que las monjas, hijas de muchos hidalgos, acrecentaron su presencia en esta casa. Pero pronto se vieron inmersas en un ambiente de enfermedades que achacaban a las aguas rojizas de sus aljibes y a la visita de un duende. Aunque los cabildos eclesiástico y civil no les permitieron trasladares a un recinto más sano y menos estrecho. Al final, en 1602, llegaron a un acuerdo de transacción con el Hospital del Dulce Nombre de Jesús, que se encontraba en el Llanillo, que le cedió su edificio y lo permutaron por otros de la actual calle Caridad. Es curioso que las viviendas de esta calle esuvieron habitadas por hidalgos descendientes de los primeros conquistadores  de las familias de los Cabrera , Cardera, Mazuelos, Góngora y Aranda, y por los nuevos advenedizos como acontecía con el alcaide Antonio López de Gamboa, hombre culto que escribió sobre las Antigüedades de la ciudad de Alcalá la Real y ejerció una gran influencia en la vida social y política desde finales del siglo XVI, heredando la alcaldía de sus padre, hasta mediados del siglo XVI como regidor perpetuo.  Tampoco no faltaban los obres de oficios como los escribanos. Cerca de los Cabrera vivía Bartolomé López Montijano, casado con Francisca del Castillo.

La Casa de los Cabrera se encontraba arrimada a la muralla. Y en ella se abrió una calle. En el siglo XVI esta calle se dirigía hacia extramuros de la ciudad por la Puerta Nueva y desde esta hasta San Bartolomé, solía tener bastantes hundideros, y era continuamente arreglada para la procesión del Corpus ( 4.12. 1612) Para hacer la ampliación de la Puerta hubo que comprar varias casas por los años treinta del siglo XVI. En esta fecha estaba hundida y muchos solares ya abandonados y las viviendas vacías, se reedificó por el cantero portugués colocando vara y media de pretil, que se conserva y con piedras hiladas con seis entibos. Se dividía en tramos, uno calle Baja de Puerta Nueva. En 1611, la situación de este entrono es prácticamente derrumbado de modo que acudieron los dos miembros de la comisión de obras, Pedro de Cabrera y Ruiz Díaz y vieron la calle que se dirigía a la Puerta Nueva. Y de acuerdo con los maestros y alarifes de la ciudad, se debían entibar, macizar y terraplenar todos aquellos solares a consecuencia de que el paso estaba impedido con la caída de varias casas y era de uso púbico, porque la calle se sustentaba sobre ellas y se necesitaban para el tránsito de las personas.  

 

CALLE DE DELANTE DE LA DEL PRECEPTOR O DE LA ANTIGUA MURALLA DE LA ESPECERÍA

            Se encontraban las viviendas de las familias de los Frías, Valenzuela, Trasierra, Escobar y Jamilena entre otros. Lindaba con el palacio abacial y otras calles, entre ellas la Calancha. Podría enmarcarse entre calle antigua del muro de la Especiería y Despeñacaballos. Parece como sifuera el anillo de la ciudad fortificada

jueves, 12 de febrero de 2026

CONOCIENDO LA MOTA (XII). Las casas nobles del entorno de la Iglesias y plazas de la Mota.

 

 

 

 

 

LAS CASAS DEL ENTORNO DE LA MOTA PARA LA ABADÍA

                                                                                      
















   
En esta plaza, desde por la mañana, ya al amanecer se palpitaba el pulso de la ciudad.  La plaza, al principio, no era  muy grande,  ni llana,  pues en 1599 se compraron y se derribaron las casas del licenciado Gamboa, miembro del Consejo de Felipe II, compradas a Hernando de Padilla, dos pares de tiendas s y la casa de María del Monte Isla, así como varias   peñas  que impedían la entrada al cabildo y a  la Iglesia Mayor .Hubo que quitar en 1587, también , algunas casas que hacían rinconeras y no le daban una forma equilibrada por sus líneas rectas de los lados, de ahí que hubo que derrumbar las casas adosadas a la Iglesia Mayor para hacer línea con su fachada. Es muy  acertada  esta  descripción del cabildo del de febrero de 1592  “no hay más de una plaza, la qual de más de ser pequeña, la hazen muy desordenada los dos peçones y rincones de casas  que están salidos de ella, linde con casa de don Gonzalo de Valenzuela, y tienda de don  Francisco Fernández, de manera que no puede haber ni carrera ni fiesta de caballos, lo que causa no poderse ejercitar el dicho ejercicio de ordinario, como se haría quitando las dichas esquinas en largo hasta las casas de la Justicia , y por ancho en línea derecha de la pared de la Iglesia Mayor , entonces abría plaça que bastaría para fiesta y carrera y estaría con traça y adorno y daría mucha autoridad para la Iglesia Mayor, porque se descubriría la puerta principal, que sale a la dicha plaza , por lo tanto se acuerda que se compren el sitio y edificio de estos dichos dos rincones y se derrumbe por el dicho efecto y se labren y tiendas que salgan a la plaça en el dicho puesto y con ellas pueda aver las que son necesarias para la conservación de esta Mota. Pero cuando, veinte años más tarde, a principios del siglo XVII, se terminaron los corredores era el orgullo de la ciudad, que, por su estilo recoleto, rodeado de edificios tan importantes de fachada de cantería, se consideraba por muchos viajeros como una de las más bellas de Andalucía, hasta tal punto que siempre cuidaban por su ornato, limpiándola, allanándola y reconstruyendo las continuas ruinas que se provocaban en sus edificios.  Se vendían las hortalizas, frutas y hasta cereales, aceite de los hortelanos y jornaleros. También objetos de alfarería y vidriado de otros pueblos como Jaén Granada y Úbeda y Bailén, o trigo la casa de Francisco Romero, tundidor. Otras casas eran las de Pedro Sánchez de Arroyo, don Gonzalo de Gamboa, la de doña Leonor Méndez de Aranda, que hacía esquina con la Cárcel Real y se convirtió Casa de la Justicia, arrimada a la Plaza, que eran de Pedro Fernández de Alcaraz y Felipe de Valdivia.
linderas con capellanía de Pedro de Aranda y Gonzalo de Gamboa. En el entorno de la plaza, las casas del bachiller Martín Alonso, clérigo, que lindaban con las de la Encarnación, Pedro de Pineda y monasterio de la Encarnación, la de Juan de Narváez de Padilla, regidor, lindera con Pedro de Aranda y Miguel de Molina y la de Francisco de Leiva Aranda. Aquí se abrió una calle Nueva, donde antes vivía Francisco de Gamboa, Juan de Padilla. (1571)

 Como manifiesta el profesor Rodríguez Molina al referirse a la fisonomía ciudadana este es el paisaje urbano de toda la fortaleza, y, por ende, del Arrabal Viejo:

Estructurada la Mota como una fuerte ciudad, quedaba defendida por grandes muros y torreones, al abrigo de los cuales se apiñaba, en reducidas dimensiones y estrechos espacios, una nutrida población de gobernantes, clérigos y guerreros. Su fama de bastión inexpugnable es recogida por A. de Palencia en estas breves definiciones de la villa: ‘Alcalá la Real, fortísima por naturaleza, pero más respetable por su proximidad a Granada` Las necesidades de protección y defensa la convertían en un baluarte inexpugnable con un espacio estrecho y sobreocupado”.

Pero, por una  memoria de la capellanía de la parroquia de Santa María la Mayor, podemos  hacernos una idea del aspecto urbanístico que ofrecía este barrio: la vivienda se unía con la tienda, y, esta, a su vez, con  otras viviendas a través de los miradores de sus alturas, aspecto  muy similar que deberían ofrecer las partes altas del barrio de Santo Domingo, como la calle del Postigo cercano a la Puerta de la Imagen, las calles linderas con el Gabán por la parte baja,  y las viviendas de la Puerta Zayde. En su interior, las ordenanzas nos recogen varias normas para mantener el orden, la urbanidad y la disciplina urbanística, que nos ilustran de su tipología de vivienda y diseño urbano. En primer lugar, se daba una primordial importancia a los edificios públicos (en este caso la iglesia de Santo Domingo, horno, Casa de Mancebía, Alhóndiga., Pósito.) y se obligaba a mantenerlos reparados juntamente con otros elementos de uso público como puertas de acceso, calles, o medianerías. En segundo lugar, este espacio urbano se nos presentaba como una importante unidad de concentración urbana dentro del recinto amurallado, en donde no se permitía, antes de la conquista, ninguna construcción de viviendas fuera de su reinito amurallado, tal como se manifiesta muy explícitamente en esta ordenanza:“los hombres del pueblo que quieren hazer casas o fraguar algunas labores deben fazer  que sean todas dentro  de la zerca de los muros e, fuera de los muros, que sea  merced del Rey e a su mandamiento”.  

En tercer lugar, su trama urbana se nos ofrece “encorsetada y reducida”, en la que la higiene y seguridad física de las viviendas se vigilaba en los papeles, pero, a la hora de la verdad, en muchos espacios no cabía sino un puzle de viviendas en donde estas se entrecruzan, estorban o se apoyan unas sobre otras. La estrechez de sus calles obligaba a las autoridades municipales a establecer un amplio espectro de normas urbanísticas con el fin de favorecer el tránsito de los vecinos, animales y mercancías. Su anchura se establecía desde la perspectiva aérea de la parte superior de la casa, marcando dos tercios para cada una de las viviendas, que conformaban las aceras, dejando el tercio restante para la entrada de la luz y el aire de la calle. Así de claro y contundente es la norma: Otrosí no debe ningún hombre sacar el ala de su texado más de cuanto comprendiere  el ala de su texado el tercio de ella, e que finque el otro tercio para el ala del otro texado, que es de otra parte, e que finque el otro tercio en medio, para aire e por do entre la lumbre e por do caigan las aguas, y el que aquesto pasare y más tomare para el ala del texado, sino mándelo el alarife dicho fazer por mandado del alcalde”    

           

También era frecuente que se impidiera colocar cualquier tipo de obstáculo físico para el tránsito de la calle. Entre estos, el colocar los cobertizos y sarmenteras, lo que impedía el paso, porque probablemente no sería extraño que se colocaran en épocas anteriores a 1496, sobre todo en el Arrabal Viejo, donde predominaba la vivienda rural frente a la urbana. En algunas de las calles públicas e principales de esa dicha ciudad, algunas personas tienen fechas en las delanteras de sus casas muchos cobertizos e sarmenteras.  Como tampoco, al principio se permitían poyos adosados a las paredes de las casas junto a las puertas, y, luego, se regularán: Otrosí, ningún hombre no debe de hazer poyo orilla de la pared y esto porque las callejas no se angosten e que pasen los hombres en anchura, e si alguno esto hiciere mándelo el alarife desfazer por mandado del alcalde.

            En esta misma línea de defensa del viandante, se señala la prohibición de elevar pasadizos de una casa a otra por encima de la calle, a no ser que establezcan una altura por  la que pueda pasar un hombre montado a caballo: Todo hombre que haze sombreado e atraviesa  la calle e haze encubierta, débela hazer tan alta que pueda pasar por ella el caballero con sus armas e que no le embarguen, e si más baxa la hiciere de guisa que embargue el caballero con sus armas, debe el alarife mandillo deshacer por mandado del alcalde”.

            Su aspecto residencial, entre el siglo XIV y principios del siglo XVI, se manifiesta claramente en estas dos referencias, que corresponde a un momento en el que se intenta evadir la norma de  la ubicación de las  tiendas en la fortaleza de la Mota :“…proveyó una petición  de miguel Sánchez Vasco sobre la tienda de Santo Domingo que pedía licencia para vender, proveyó que se guarden las ordenanzas(…) se acordó que cualquier fruto y pescados que viene se pese en el Peso de la Harina e no en otra parte se peses sopena de seiscientos maravedíes repartidos en tres partes...”

Por último, como señala el profesor Rodríguez Molina, se establece como norma fundamental el parámetro de la intimidad que rige para la buena convivencia entre las familias y viviendas, impidiendo las puertas enfrentadas entre  las casas de vecinos y presentando una asimetría viaria: “No debe ninguno hazer puerta de su casa delante de la puerta de su vezino , si no fuera  a su grado de su vezino, ni a otro en las tiendas, en las alhóndigas, ni en los baños no se deben hazer puertas fronteras , ca es grande descubriçión, si no fuere a grado de dueños”.

Las viviendas se reformaron en su mayor parte a lo largo del siglo XVI. Se distinguen como casas en las que la mampostería ocupaba la mayor parte de sus fachadas salvo las escquinas y la portada que eran de piedra y bien gastada. La casa de jerónimo Ribero fue contratada por Pedro Fraguagua para construirla y es un modelo especial en el laevantamiemnto del paramento mural a medio camino entre el aparejo toledao de clara scendencia mudelkar y el muro de tapial. En 1597, se comprometían ambos a edificar una casas, que tendría una 100 tapias y la siguiente disposición: los cimientos con  un grososr de ¾ de vara y con sus perpiaños partir del roquedo; hasta el primer piso , de mapostería salvo la portada y las esquinas de cantería costeadas; a partir de este piso y hasta el arraque de los tejados, se echaba hiladas de antería y entre hiladas de 3.80 un muro de tapial, cogido por dentellones a las hiladas.Por último, las caas de muro de tapial solían ser de las familias más desfavorecidas,


DESDE LA PLAZA HASTA LA PUERTA NUEVA

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            A finales del siglo XVI, salía de la Plaza Alta de la Mota e n dirección hacia la Puerta Nueva, se abría esta calle que dejaba a un lado el horno de la plaza la casa de la Justicia y la de los Leyva una calle que se denominaba del Preceptor de Gramática, porque unas de las viviendas se alquilaban al Preceptor de Gramática de la Ciudad, un el rector o maestro de retórica que iniciaba a los niños de las clases privilegiadas en los estudios de la Gramática, la Filosofía y las Matemáticas. Era una casa que no ofrecía muchas comodidades a los estudiantes por ser muy estrecha, fría y húmeda y los alumnos se veían sometidos a la propagación de enfermedades contagiosas.  Servía de vivienda del preceptor, pero pronto la abandonó por sus incomodidades. O se le buscaba otra en el entorno del Trabuquete, junto a la Casa de Hurtado de Aranda Se sabe que finales de XVI, ejercía la docencia en la casa el cura licenciado Monte, una casa con muy poco espacio para acoger a los niños en las dependencias y en el recreo, además de verse afectada por las humedades

 

También se denominó esta calle con el nombre de la Encarnación, porque desde 1988 se fundó en la casa de Leonor Méndez de Sotomayor el monasterio dominico de Nuestra Señora de la Encarnación, una casa que lindaba con la de los Leyva, a los que compraron parte de su vivienda para ampliación del convento. En el mismo aóño, ya Juan Hernández y Miguel de Bolívar llevaban a cabo el claustrio del convento. No es extraño que se ubicaran dentro de este recinto, pues la iniciativa partió de importantes caballeros de la ciudad, alguno como Juan de Aranda llegó a donar seis mil ducados para su fundación. Junto a unas peñas, una calle se abría cerca de la casa de Sancho de Aranda, toda ella con fachada de piedra junto a ella, la casa de Isabel de Leiva, que sirvió de convento de las monjas dominicas desde el año 1588 hasta el año 1601, precisamente el año cuando se bajaron al hospital de la Veracruz.

 Una casa que se recoge dentro del mundo mistérico, porque fue abandonada por familia propietaria y se donó como convento sin mucho éxito. Se recoge cierta leyenda de que las monjas, hijas de muchos hidalgos, acrecentaron su presencia en esta casa. Pero pronto se vieron inmersas en un ambiente de enfermedades que achacaban a las aguas rojizas de sus aljibes y a la visita de un duende. Aunque los cabildos eclesiástico y civil no les permitieron trasladares a un recinto más sano y menos estrecho. Al final, en 1602, llegaron a un acuerdo de transacción con el Hospital del Dulce Nombre de Jesús, que se encontraba en el Llanillo, que le cedió su edificio y lo permutaron por otros de la actual calle Caridad. Es curioso que las viviendas de esta calle están habitadas por hidalgos descendientes de los primeros conquistadores  de las familias de los Cabrera , Cardera, Mazuelos, Góngora y Aranda, y por los nuevos advenedizos como acontecía con el alcaide Antonio López de Gamboa, hombre culto que escribió sobre las Antigüedades de la ciudad de Alcalá la Real y ejerció una gran influencia en la vida social y política desde finales del siglo XVI, heredando la alcaldía de sus padre, hasta mediados del siglo XVI como regidor perpetuo.  Tampoco no faltaban los obres de oficios como los escribanos. Cerca de los Cabrera vivía Bartolomé López Montijano, casado con Francisca del Castillo.

La Casa de los Cabrera se encontraba arrimada a la muralla. Y en ella se abrió una calle. En el siglo XVI esta calle se dirigía hacia extramuros de la ciudad por la Puerta Nueva y desde esta hasta San Bartolomé, solía tener bastantes hundideros, y era continuamente arreglada para la procesión del Corpus ( 4.12. 1612) Para hacer la ampliación de la Puerta hubo que comprar varias casas por los años treinta del siglo XVI. En esta fecha estaba hundida y muchos solares ya abandonados y las viviendas vacías, se reedificó por el cantero portugués colocando vara y media de pretil, que se conserva y con piedras hiladas con seis entibos. Se dividía en tramos, uno calle Baja de Puerta Nueva. En 1611, la situación de este entrono es prácticamente derrumbado de modo que acudieron los dos miembros de la comisión de obras, Pedro de Cabrera y Ruiz Díaz y vieron la calle que se dirigía a la Puerta Nueva. Y de acuerdo con los maestros y alarifes de la ciudad, se debían entibar, macizar y terraplenar todos aquellos solares a consecuencia de que el paso estaba impedido con la caída de varias casas y era de uso púbico, porque la calle se sustentaba sobre ellas y se necesitaban para el tránsito de las personas.  

 

CALLE DE DELANTE DE LA DEL PRECEPTOR O DE LA ANTIGUA MURALLA DE LA ESPECERÍA

            Se encontraban las viviendas de las familias de los Frías, Valenzuela, Trasierra, Escobar y Jamilena entre otros. Lindaba con el palacio abacial y otras calles, entre ellas la Calancha. Podría enmarcarse entre calle antigua del muro de la Especiería y Despeñacaballos.


miércoles, 11 de febrero de 2026

EL AUTOR DE COMEDIAS FRANCISCO MUDARRA


 COMPAÑÍA DE FRANCISCO DE MUDARRA (1634)

Por mayor de 1634, acudió a Alcaslá la  Real la compañía de Francisco de Mudarra, que aparece como autor de comedias, pero swe acompaña como director por  Juan de Lezcano.En 1634, Francisco de Mudarra como autor de comedias  junto con el representante de la compañia Juan de Lezcano se encontraba en Alcalá la Real, realizó la representación  de varias actuaciones  en el Corral de Comedias y se hospedó en el mesón de HERNANDO DEL CASTILLO  ( AHPJ  5061, SN, 29 DE MAYO DE 1634) y dejaron las siguientes deudas 

-169 realeas al mesonero Cristóbal Ruiz.

-al carpintero Eugenio de la Carrera en "apariencias" ( escenarios, 35 reales) en la Comedia.

-gastos de los arrieros  151 reales que llevaban los portes y personas de la compañía.

El barbero Gabriel Benítez se comprometía a pagar curiosamente los escotes, una palabra curiosa que hacía referencia a los gastos de las deudas, por eso la interpretación de esta palabnra de su frase " a escote". 



Por el mes de septiembre acudio a Alcalá  la Real  la compañia  de Andrés de Guevara como representante y coneeetaba con el autor de comedias Pedro Obregón el compromiso de representar sus obras entregándole los papeles de las comedias  y otras reprepresentaciones del Corpus de Cristi en todos los coliseos que visitasen así como monaterios, conventos y otros sitios. Se obligba Obregó  a pagar 27 reales por cada una de las representaciones desde el u o de septiembre hasta la Cuaresma de 1636 y     quinientos reales por todas las representaciones del Corpus Christi.




CRÓNICAS DEL ESCRIBANO IV. EL COMEDIANTE PEDRO ORTEGÓN

 










Eran las ocho de la mañana y toda la gente de la compañía de Pedro Ortegón se encontraba a las puertas de la Casa de Comedias dispuesta a emprender el camino hacia a Jaén, donde iban a representar sus obras en los próximos días. Pedro alentaba a los más perezosos al caminar y se ponía al frente de la comitiva dando los primeros pasos por el Llanillo, mientras recogía de los mesones de Izquierdo, Ginés Martínez de Aranda y la Alcalaína a los otros comediantes. Al Llegar a la Puerta Villena, dudaron de subir hasta el Barrero, pero tomaron el camino del Castillo en dirección a la Nava. El arriero y jurado Diego Gómez había preparado caballerías, varias carretas y una veintena de asnos y se comprometió a llegar a Jaén al anochecer de este día de final de verano ( lo había pacto con la condición que el exceso de tiempo en el traslado lo debía pagar el autor.  Intercambiaba con Obregón conversaciones a lo largo del trayecto. Al llegar a Charilla le comentó   que los veía más perezosos que en el anterior traslado desde Granada. Pedro de Ortegón, estaba casado con Micaela López, que  hacía aplaudir como primera dama  de sus obras, le tuvo un trato especial montándola en la carreta. Y, comenzó Obregón a contarle historias.

-Te voy a referir los malos ratos que me han hecho pasar en mi vida.

-Ha estado en muchos lugares, muchos corrales de comedias, palacios y teatros.

-Muchos. Por ejemplo, en Sevilla hace tres años.

-Allí, debía cotizarse mucho su compañía.

-Fíjate. Recuerdo que fue por un asunto extraordinario. Había llegado a Sevilla Francis Cottington, el primer barón Cottington,y  fue alojado cinco días en los Reales Alcázares de Sevilla por mandato del  conde duque de Olivares. Era muy recordado porque había residido previamente en Sevilla, entre 1612 y 1613, encargado del consulado inglés en esta ciudad. Esta vez te puedo ser exacto, llegó a Sevilla el 20 de febrero de 1631, tras la firma del tratado de Madrid, y estuvo hasta el día 24, cuando partió para Sanlúcar de Barrameda. Le hicieron muchos agasajos. Entre los gastos ocasionados, al frente de un grupo  de ministriles  se encargaron de tocar a las horas de la comida y salidas de este  embajador. Los caballeros hidalgos celebraron también “fiestas de torneos” y representaciones teatrales que tuvieron lugar en uno de los salones del Alcázar, en las cuales también participó un grupo de ministriles. Como s autores de las comedias fuimos José de Salazar y yo.

Al pasar el puente del río San Juan, las aguas le recordaron otra ciudad andaluza regada por el Guadalquivir, 

-En este mismo año, actuamos en la corrala de Córdoba

-Sería insoportable los calores en el caminar durante el verano- le comentó el arriero.

-Dependía de la distancia, no es igual ir a Valencia como el año pasado, por el mes de mayo, tras varias jornadas, postas y estancias en posadas a lo largo del camino que desplazarse en los pueblos sevillanos.  

-¿Siempre mantenía  el mismo modelo de representaciones?

-Muy parecido, algunos ejercicios de música entremeses y la comedia que tanto atraía al publico

-Me han dicho que  en algunas ocasiones  introdujeron  novedades.

- Ah, sí, en 1632, estuvimos en otra Alcalá, la de Henares, y gustó mucho nuestra jácara, una especie de entremés cantado (normalmente por una actriz) o con alternancia de trozos cantados y representados (y a menudo bailables), con protagonistas rufianescos, que por lo general terminaba recibiendo su castigo. Pero la interpretamos de varios modos, a lo largo de las representaciones, la jácara, ya dialogada, ya entremeseada (representada), que describía el mundo marginal del hampa, dando entrada a s la germanía literaria. Pero había algunas jácaras de tema cortesano, muy pocas, y también otras a lo divino.

-Me cuentan que una gustaba muchísimo.

-Sí la Jácara de doña Isabel, la ladrona, que azotaron y cortaron las orejas en Madrid., 

Dejaron atrás a Alcaudete y comentaron la azarosa vida de los comediantes y las dificultades que se encontraban a la hora de cumplir todos los contratos entre la propia compañía y sus componentes y con los contratantes, los patronos de los corrales de comedias. Desde hospitales a duques pasando por cofradías y ayuntamientos municipales. 

En Martos se detuvieron a la hora de la comida Y, tuvieron varios momentos de descanso. 

    

                Llegaron a Jaén y en la Alhóndiga, pesó toda la ropa de las carretas y comprobaron que prácticamente las pesas guardaban equilibrio. Se dieron la mano, tras el pago de lo comprometido por peso de la carga y cada una de las caballerías. Era el cuatro de septiembre.

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    En 1635, el duque de Arcos, le pagó por una representación en Marchena. Con Alonso de Olmedo de vuelta en Sevilla desde Granada otra vez volvió a Sevilla á representar los autos.  Estuvo en Antequera y en tierras portuguesas, en Lisboa.  Ortegón llegó en este año a  tanta pobreza, que un día rompió el arca de los fondos de la Cofradía de Nuestra Señora de la Novena y se apoderó de las existencias. Era cómico muy mediano. Murió en Madrid en una casa de la calle de Cantarranas en 1636. Los autos que Olmedo y Ortegón representaron fueron debidos á la pluma de uno de los más ilustres poetas andaluces, á la de don Alvaro Cubillo de Aragón (Nació en Granada, y él mismo se retrató magistralmente en un romance inserto en el libro El enano de las Musas). 

Un año  después, la compañía de Obregón representó en Sevilla y  Madrid con la obra Porfiando vence amor de Lope de Vega.   Murió en medio de la más grande pobreza en 1636.

INFORMACIÓN SOBRE FRANCISCO DE MUDARRA

Información extraída de: Página web del Grupo DICAT.
Copyright © DICAT Grupo de investigación teatral bajo Licencia Creative Commons BY-NC-ND http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/es/.
Cómo citarnos: Ferrer Valls, Teresa et al., página web Grupo DICAT: https://dicat.uv.es

 Este autor de comedias s casó con Magdalena —cuyo apellido se desconoce— y fue padre de Vicenta Mudarra (LL1, 173-74). Sabemos que Francisco Mudarra representó la comedia El agravio agradecido, de Matías de los Reyes, impresa en Jaén en 1629 y con dedicatoria fechada en Villanueva de la Serena el 21 de septiembre de 1622 (UT, II, 549). Por otro lado, en la biblioteca de la University of Pennsylvania se conserva, con la signatura Ms. Codex 188, la comedia autógrafa Los Benavides o El primero Benavides, de Lope de Vega, fechada en Madrid el 15 de junio de 1600. El manuscrito incluye dos repartos, que corresponderían, según Arnold G. Reichenberger, a la compañía de Baltasar de Pinedo (q. v.). Según dicho investigador, el primero de los repartos sería de principios de 1601, mientras que el segundo reparto podría fecharse hacia 1610. En el segundo de los repartos figura [Francisco de] Mudarra en el papel de "Fernán Ximénez" —la identificación entre corchetes es de Reichenberger— (Re, 160-175). Además, en la Biblioteca Nacional de Madrid se conserva un manuscrito de la comedia Nadie diga mal del día hasta que la luz se acabe, en el que se indica que se trata de una "Comedia de Francisco Mudarra, autor de comedias de Su Majestad". El manuscrito lleva fecha de 1617 y Paz y Melia se pregunta si se trata de un manuscrito autógrafo, señalando que C. A. de la Barrera la mencionaba en su catálogo como anónima. Es difícil saber si se trata de una obra de Mudarra, o de un manuscrito del que fue copista o que fue de su propiedad (PM, 374-75, nº 2501; R, 533). 1599 Consta una escritura, fechada en Barcelona el 2 de octubre, por la cual el autor de comedias Hernán Sánchez de Vargas (q.v.) y varios actores de su compañía se comprometían a pagar a Pau Castañer, vellutero, un total de 84 lbrs. y 16 sueldos —que eran aproximadamente 70 dcs. o 850 rs. castellanos— por mercancía que le habían comprado. Firmó como testigo el actor Francisco Mudarra (MJ, 60). 1609 Entre los miembros de la compañía de Nicolás de los Ríos (q. v.), que representó el Corpus en Sevilla, figuraba Francisco de Mudarra (SA, 136; Se, 1238; R, 533). 1610 Consta una escritura, fechada en Valencia el 3 de abril, por la que el autor Alonso de Heredia (q. v.), junto con su compañía, de la que formaba parte Francisco de Mudarra, se concertó con el clavario del Hospital General de Valencia para representar en esta ciudad durante tres meses, todos los días excepto los sábados, a partir del día de Pascua (E, 465; M, 237). En  1614 . consta una escritura de capitulación, fechada en Zaragoza el 13 de noviembre, por la que José de Arellano, Cristóbal Ayala, Francisco Vicente, Damián Mejía, Juan de Castro, Matías de Rueda, Felipe Monroy de una parte, y de la otra Francisco Mudarra, todos ellos residentes en Zaragoza, decidieron constituirse en compañía y nombrar como autor de la misma a Francisco Mudarra, quien no podría despedir ni recibir a nadie en la compañía sin el consentimiento de todos los miembros. Acordaron reunirse en Zaragoza la primera semana de Cuaresma de 1615 y ensayar las representaciones de aquellas comedias que Francisco de Mudarra les ordenase, en la posada de dicho autor. El autor cobraría 7 rs. y medio de parte, José Arellano y su mujer —cuyo nombre no se indica— 10 rs., Matías de Rueda 5 rs. y medio, Francisco Vicente 5 rs., Felipe Monroy 3 rs. y medio, Damián Mejía 5 rs. y medio, Cristóbal Ayala 5 rs., Juan de Castro y su mujer —cuyo nombre no se indica— 11 rs. por cada representación, y guardarían 10 rs. en la caja, cerrada con dos llaves que estarían en manos de dos de los miembros de la compañía. Los gastos derivados del viaje a la ciudad de Zaragoza para la Cuaresma de 1615 se cobrarían de la caja y, una vez terminado el año, el total recaudado en la misma se repartiría entre todos los miembros. "Si alguno de los de dicha compañía durante el año caiere enfermo se le aia de dar su salario como si representara y si acaesciere morir para en ese caso se le aia de abrir dicha caja y dalle la parte y porción que de ella le cupiere y combertillo sus albaceas en lo que se le ofreciere para su alma". El autor no podría despedir ni recibir a nadie si no fuese con acuerdo de todos. En caso de incumplimiento de contrato se imponía una pena de 100 dcs. (SaV, 354-55). 1615 El 20 de diciembre, en Valencia, Francisco de Mudarra reconocía deber a Francisca Gomis, viuda del arrendador Alonso Maluenda, la cantidad de doscientas veintiséis dracmas béticas por la habitación, cama y servicios proporcionados en Valencia (M, 208). 1 En 616  hay  un poder, otorgado en Murcia el 10 de enero por el autor Francisco Mudarra, vecino de "la Universidad de Alcalá de Henares", estante en Murcia, a su "compañero" Rodrigo de Alarcón, vecino de Murcia, para que en su nombre fuera a Madrid y otros lugares para contratar "compañeros" para trabajar en su compañía durante un año, así como para comprar comedias y firmar contratos con las "casas de representación" y con los encargados de las fiestas del Corpus y otras, y concertarse con carreteros y arrieros para el transporte, así como para cobrar deudas (F, XXIV, 63, 114-15); la compañía de Francisco de Mudarra empezó a representar en la casa de la Olivera de Valencia en el mes de abril, a partir del día 4 y hasta final de mes. Este mes esta compañía alternaba junto con la compañía de [Diego López de] Alcaraz en la Olivera, y según Sarrió es posible que Mudarra actuara durante este mes todos los días pares mientras Alcaraz lo hizo los impares (SRu, 59); durante el mes de mayo la compañía de Mudarra continuó representando en la Olivera, al menos los días 2 y 22 —aunque es posible, según Sarrió, que Mudarra actuara durante este mes todos los días pares—; siguieron representando durante el mes de junio alternativamente en la Olivera las compañías de Mudarra y Alcaraz, aunque no hubo representaciones los días 2, 14 y 23 (SRu, 59); las compañías de Diego López de Alcaraz y Francisco de Mudarra representaron en la fiesta del Corpus de Valencia los autos Los desposorios de San José y la Virgen María y La viña (Ca, 58-59; M, 78-81); a partir del día 10 julio siguió actuando solo Mudarra en la Olivera, aunque en este mes no hubo representaciones los días 16, 18, 23, 25, 28, 29 y 30 (SRu, 59) —aunque según Mérimée en julio finalizaron las representaciones de esta compañía en Valencia (M, 130), como documenta Sarrió todavía continuaron algunos días en agosto: véase la noticia que sigue—; en agosto la compañía de Mudarra representó en la Olivera hasta el día 7, aunque no hubo representaciones los días 3, 4 y 5 (SRu, 59) —desde el 4 de abril hasta el 7 de agosto, la compañía de Francisco Mudarra había representado en Valencia, según el cálculo de Sarrió, un total de sesenta y una representaciones (M, 130; SRu, 59). En  1617  hay una carta de pago de unos carreteros de Aragón, fechada en Madrid el 4 de febrero, en favor de Francisco Mudarra y Francisco Ortiz, autores de comedias, de 600 rs. a cuenta de los 797 rs. —según Pérez Pastor, o 697 rs. según Agulló Cobo— que se comprometieron a pagar, según una obligación otorgada en Calatayud, por llevarlos a la Corte con los vestidos de las representaciones (PP, I, 161; AgC3, 95); consta una obligación, fechada en Madrid el 2 de febrero, de Francisco de Mudarra, autor de comedias, como principal deudor y de Francisco Ortiz, autor, como su fiador, ambos residentes en Madrid, en favor de Antón de Villagrasa y Martín López, carreteros, por 270 rs. que les debían (AgC3, 95); consta un poder, fechado en Madrid el 23 de agosto, del autor Francisco Mudarra, otorgado en favor de dos vecinos de Fuenlabrada para que cobraran 350 rs. que les debía, y que el autor había de recibir de los mayordomos de la fiesta de Nuestra Señora en Vallecas, por la representación que tenía que hacer allí el día 3 de septiembre (PP, II, 46). 1618 Consta una obligación, fechada en Málaga el 29 de junio, por la que Francisco Mudarra, autor de comedias, que se encontraba en la ciudad para representar en las fiestas del Corpus y en el patio del Hospital, se comprometía a pagar a Francisco de Orense, en un plazo de tres meses, 407 rs. que le había dejado para el traslado a la ciudad y otros gastos posteriores. En garantía del pago entregaba al acreedor cuatro comedias: Marcos Jarra el bandolero, La sucesión de la ventura, Fundación de la Merced y Ver y creer (LL1, 171). En 1619 hay otra  carta de pago, fechada en Madrid el 15 de julio, de Juan Florín en favor del actor Alonso Fernández de Guardo por 1.000 rs. en concepto de una fianza que Fernández de Guardo hizo por el autor Francisco de Mudarra para Antonio Molinar, vecino de Sevilla (PP, I, 185). En 1620 se escribe un contrato de compraventa, redactado en Málaga en día y mes que Llorden no especifica, por el que Francisco Mudarra, junto con Magdalena, su mujer, y su hija Vicenta Mudarra, representantes de la compañía de Cristóbal de Avendaño, autor de comedias, adquirieron de este autor unas vestiduras, ropas y otros bienes, cuya relación se detalla en el documento, por un precio total de 7.700 rs. Concertaron la venta en Lucena, pero la entrega se hace en Málaga (LL1, 173-74) —sospechamos que podría haber algún error en esta noticia. Francisco Mudarra era autor de comedias; lo había sido desde 1614 y siguió siéndolo después. En cambio, Cristóbal de Avendaño aparece como autor de comedias por primera vez en este documento. En principio, parece curioso que Mudarra fuera miembro de su compañía y que Avendaño le vendiera estos bienes poco tiempo después de empezar a ser autor. Sería más lógico que Mudarra vendiera los bienes a Avendaño. Por otra parte, nos preguntamos si se trata en realidad del autor Cristóbal Ortiz, en vez de Cristóbal de Avendaño. Ortiz estuvo en Málaga en 1620, seriamente endeudado (LL1, 174) y por estas fechas vendió su repertorio a Juan Bautista Valenciano y abandonó la autoría de su compañía. Véase entrada correspondiente—; el 6 de junio, en Sevilla, Pedro Cebrián, autor de comedias por Su Majestad, y Juan Gómez Candela, médico, dan poder a Francisco Mudarra, vecino de Lisboa —¿el mismo que nos ocupa?— "para que pueda obligarlos con su compañía, recibiendo las cantidades que se anticiparen por los contratos que celebre" (RM, 341; RB, 118). En 1622 Consta una carta de obligación, fechada en Badajoz el 6 de noviembre, por la que Andrés de la Vega, autor de comedias, vecino de Madrid y estante en Badajoz, en nombre de Gabriel González, escribano de Su Majestad, y con poder otorgado por éste con fecha del 20 de julio de 1610, manifestaba deber a Francisco Mudarra, autor de comedias y vecino de Alcalá de Henares, o a quien su poder tuviese, 150 rs. por una comedia que Mudarra vendió a González titulada El bisoño portugués, estimada en 300 rs., cantidad de la cual pagó 150 rs., comprometiéndose Andrés de la Vega a que Gabriel González entregaría los otros 150 rs. a Mudarra cuando los reclamase (F, XXVII, 167). 1623 Consta un concierto, fechado este año en Málaga —La orden no concreta más la fecha—, por el que los autores Juan de Nieva y Francisco Mudarra se comprometían con el arrendador Francisco de Orense a realizar dieciséis representaciones en el patio de comedias del Hospital de Málaga, a partir del 8 de octubre, cobrando 300 rs. (LL1, 176); consta una escritura de obligación, fechada en Sevilla el 15 de febrero, por la que Francisco Mudarra, autor de comedias con licencia de Su Majestad, vecino de Alcalá de Henares, y otros representantes se comprometían a representar durante las fiesta del Corpus de Cádiz (RM, 344). En  1624 Consta una escritura, fechada en Sevilla el 18 de marzo, por la cual el autor Francisco Mudarra constituyó su compañía, integrada por Juan Cabello, Agustín de Cáceres, Lorenzo Martín, Juan Navarrete, Mateo de Herbias, Pedro Leandro, Manuel Marcelo [sic, por "Manuel Macedo"?], Juan de Mendoza, Isabel Peregrino, viuda, Ana de Segura, y una niña llamada María, de siete años de edad —que no hemos podido identificar—, más un hija de Mudarra —cuyo nombre no se indica, aunque probablemente Vicenta Mudarra— (BD5, 81). En 1630  hay una escritura de concierto, fechada en Murcia —la fuente no especifica mes ni día—, por la que Diego de Ávila, en virtud de un poder otorgado en Orihuela —en fecha que no se indica— por el autor de comedias Francisco Mudarra (q. v.), y toda su compañía, contrataba con Lázaro Pérez, arrendatario de la casa de comedias de Murcia, treinta y cuatro representaciones con dieciséis comedias "y las que más se pudieren hacer", entre ellas El palacio confuso. Formaban parte de la compañía Juan Bautista Alarcón, Jerónimo Valenciano, Francisco de Guzmán, Antonio de Avendaño, Francisco Gutiérrez "y los demás" (MB, 703, 706). Por el año de 1631 En los Libros de Cuentas del Hospital General de Valencia consta un documento, fechado en Valencia el 3 de enero, en el que se consigna el pago de 20 libras a Jacinto Maluenda por los gastos tenidos al haber ido a la ciudad de Murcia a concertar "una compañía del valenciano" (JM, 528) —en realidad parece tratarse de la misma compañía que figura también a nombre de Francisco Mudarra: véanse las noticias que siguen—; consta un documento, fechado en Valencia el 17 de enero, en el que se consigna el pago a Juan Jerónimo Almella y a Francisco Mudarra, autor de comedias, de 200 libras por cuarenta representaciones que se habían obligado a realizar en la casa de comedias de dicha ciudad (JM, 528); consta un documento, fechado en Valencia el 20 de enero, en el que se consigna el pago de 7 libras a Jacinto Maluenda, por haber ido a la ciudad de Murcia en busca de la compañía de [Francisco] Mudarra y [Juan Jerónimo Almella] 'el Valenciano' (JM, 528); el 25 de enero comenzó a representar en Valencia "la compañía de Mudarra" (JM, 528) —aunque en esta noticia figura la compañía a nombre de Francisco Mudarra, a tenor de las noticias anteriores, podría tratarse de una compañía conjunta—; durante el mes de enero la compañía de [Francisco] Mudarra representó en la Olivera de Valencia, desde el día 25 al 31 (SRu, 81); durante el mes de febrero siguió representando la compañía de Mudarra en la Olivera, excepto los días 1, 20 y 22, en los que no hubo representaciones (SRu, 81); durante el mes de marzo siguió representando la compañía de Mudarra en la Olivera hasta el día 4, excepto el día 1, en que no hubo representación (SRu, 81) —desde el 25 de enero en que comenzó a representar en Valencia la compañía de Mudarra hasta el 4 de marzo realizó, según el cálculo de Sarrió, un total de treinta y cinco representaciones (SRu, 82)—. 

Consta en los libros de cuentas del Hospital de Nuestra Señora de Gracia y Buen Suceso de Murcia que el 21 de diciembre empezó a representar en el teatro del Buen Suceso la compañía de [Francisco] Mudarra, y que dejó para el Hospital 200 rs. (F, XXIV, 63, 158). 1635 En los libros de cuentas del Hospital de Nuestra Señora de Gracia y Buen Suceso de Murcia, consta un documento fechado el 12 de enero, relacionado con un el trabajo de un carpintero, en el que se menciona a la compañía de Francisco Mudarra, que al parecer estaba en Murcia todavía en ese momento (F, XXIV, 63, 152); consta un escrito, fechado el 20 de enero en Cartagena, en el cual Francisco Mudarra, autor de comedias por Su Majestad, solicitaba al cabildo de la Ciudad una ayuda porque, estando en la ciudad "muchos días [...] por el mal tiempo y muchas aguas no he podido representar algunos de ellos". El cabildo ordenó el 29 de enero otorgarle una ayuda de 400 reales (SM, 127). 1636 En los Libros de Cuentas del Hospital de la Misericordia de Segovia se hacía constar que la compañía de [Francisco] Mudarra actuó durante once días en el patio de comedias (Gra, 32); según los libros de cuentas del Hospital de la Magdalena de Ávila, este año —en fechas que no se especifican— la compañía de Francisco Mudarra hizo ocho representaciones en el patio de comedias de la ciudad (BQ1, 54); consta una carta de pago, fechada en Madrid el 12 de abril, de Francisco Mudarra, autor de comedias de los nombrados por Su Majestad, a favor de don Pedro del Castillo y Delazcábal, vecino de Salamanca, por 2.910 rs. que le entregó a cuenta de las fiestas que tenía que hacer en Salamanca, según la escritura hecha ante Gabriel Jiménez (F, XXXV, 47; PP, II, 94).

I

escote

 UNA COMPAÑÍA QUE SE FUE SIN PAGAR LOS ESCOTES EN 1634





Escotedescote,[1]​ o escotadura hacen referencia al recurso o característica del vestido que consiste por lo general en un ensanche, abertura o corte que las prendas de vestir presentan en el pecho y/o la espalda, y que deja al descubierto las zonas alta y/o laterales del busto o de la parte posterior del cuerpo humano, pudiendo llegar, según las modas, hasta el coxis.[2][3][4]​ Por extensión del término, puede referirse a aberturas en las mangas del vestido y también se aplica a las zonas del cuerpo, en especial el femenino, que quedan descubiertas por dichas escotaduras.[a][5]

Etimologías

Diferentes supuestos proponen que el primitivo «descote» pudo tener su origen lingüístico en la «escota», en relación con la «cota» de malla, por los cortes que en el pectoral y los laterales facilitaban los movimientos de pecho y brazos. Parece claro que escote, en castellano, deriva de «cota», del francés antiguo «cote» (el moderno «écoute»),[6]​ y este, a su vez, del fráncico «kotta» (paño de lana grueso), emparentado con el alemán «kotze» y el inglés «coat» (abrigo).

Historia

Modelo contemporánea luciendo un vestido con un escote profundo, que expone su cuello y pecho.

Diversos resto arqueológicos muestran a las mujeres cretenses durante el periodo minoico (3000-1450 a. C.) vestidas con un corpiño ajustado y abierto por delante,[7]​ que dejaba los senos al descubierto. Similares fuentes iconográficas, desde los tiempos de David hasta el siglo V a. C., muestran a la mujer sometida a la moda del pecho desnudo y otro tapado, o el modelo amazona (con uno de los dos pechos tapados). La stola romana, heredera quizá del último periodo griego, plantea el uso generalizado del pecho cubierto.[8]

Durante el periodo medieval, la saya presenta una abertura o escote bajo el cuello,[9]​ que a lo largo de la Edad Media y el Renacimiento (salvo la recuperación de la moda del cuello alto en el xiv) se fue ampliando hasta el siglo xix o complicando con adornos y accesorios, como los pequeños encajes cosidos en tiras de lienzo sobre el cuello de las camisas femeninas, por su parte superior, recurso que permitía ceñir los hombros y el pecho.

A lo largo del siglo xx, va a repetirse el mismo proceso, desde los cuellos altos de la primera década, pasando por el escote cubierto de encaje de los años 20, o los hombros descotados de finales de la década de 1930.[10]

La marca de sujetadores Wonderbra declaró en el ámbito británico del vestir Día Nacional del Escote el primer viernes de abril.[11]

Modelos o tipos

Entre los tipos de escote más corrientes o habituales, aplicados a blusas, vestidos, jerséis, camisas, etc. pueden enumerarse:[12]

  1. escote imperio o escote “barco” de hombro a hombro redondeado
  2. escote en V (“uve”) escote de hombro a hombro apuntado
  3. escote apuntado o en pico más cerrado pero más profundo que el uve
  4. escote abierto o en U muy común en las mallas enterizas.
  5. escote corazón
  6. escote drapeado
  7. escote cuadrado
  8. escote camisero abierto (escote americano)
  9. escote halter
  10. escote “tanque”
  11. escote lágrima
  12. escote palabra de honor de hombro a hombro recto