LA
CALANCHA
Como su nombre indica, esta Calle Ancha debió ser un revulsivo para la urbanización de la asimétrica y zigzagueante trama vial de la fortaleza de la Mota, lleno de rinconadas y ciego por el arrojo de las inmundicias vecinales. Partía del barrio del Bahondilllo, cercana a la vivienda del Palacio Abacial y otra rama comenzaba desde las caballerizas del señor abad, junto a la Puerta del Aire. Desde la confluencia de las dos ramas se dirigía en dirección hacia el alcázar de Aben Zayde, donde se prolongó con otra calle que en 1571 recibió el nombre de Alcázar. Al principio debió una calle arrecifada con la arena de la roca de la Mota, pero, a partir de los últimos decenios del siglo XVI, se empedró como era frecuente en muchas calles. Por ser una calle muy importante de la ciudad , por donde pasaba las manifestaciones religiosas del Corpus Cristi y era entrada de la fortaleza de la Mota, en 1575 hubo que desembolsar una gran cantidad de 60.361 maravedíes para su remodelación, empedrado y ampliar su anchura y comprar solares, corrales y casas de varios vecinos, entre ellos varios de la familia de los Ríos, Gonzalo y María, esposa de Luís de Leyba, de Pedro Fernández de Alcaraz con lo que se permitió una mayor comodidad para transportar la leña y el agua a las viviendas. Además, se comunicó con varias calles de acceso a otras secundarias como la del Alcázar en 1569 o la de Rodrigo de Ordoñez, donde hubo que quebrar una peña
Era una calle que destacaba por su longitud y su sentido
vertebrador del trazado urbano de la ciudad fortificada. En el inicio de su
recorrido cerca de la explanada actual se situaba el Palacio abacial o Casa del
Señor Abad, la calle fue construida a mediados del siglo XVI de estilo renacentista y
adosada a la torre de la Especería, dentro de la cual se encuentra el Pozo de
la Nieve y varios aljibes más profundos y de mayores dimensiones que los del
resto de la Mota. Junto a ella, vivieron conocidos escribanos como Pedro de Contreras,
En forma de tau bajaba hasta las caballerizas del Abad, por donde habitaban las
familias de los gremios y artesanos y ascendía hasta el alcázar o castillo, por
donde recibió una gran reforma, ya que se vieron afectadas las familias de los
Ríos. En las excavaciones actuales se
encuentran muchas bodegas y los patios distribuidores empedrados de estas
casonas o mansiones de gente nombre como los Villalobos, Ordoñez, Frías,
Aguilar, Valdivia, Villalobos y Contreras. Por la parte final debió reducirse
su anchura, y do lugar a varias reformas de ampliación de anchura que afectó
sobre todo a la familia hidalga de Los Ríos que ejercieron cargos en el cabildo
alcalaíno.
EL POZO DE LA NIEVE
No es un nevero artificial sino un pozo excavado en la roca sin muros de contención, de gran dimensiones y
con techo natural, que disponía de
abertura cuadrada para la introducción
de la nieve
desde un patio (cerrada con una portichuela de madera) y, posteriormente, para
laextracción del hielom cuya finalidad
es conservarlo para poderlo usar, cuando, de forma cpngelada, la nieve ya
estaría derretida. Desde el suelo hasta el patio alcanza los nueve metros y su
forma ovoide encierra un diámetro de anchra y de altura de más de seis metros. Se
accede a través de un pequeño patio, porque estaba colocado en la parte final
del Palacio Abacial, en el camino de ronda de la primera muralla de la ciudad
fortificada, muy cercano a la Torre de la Especería, Excavado en la roca, también
se accede por una escalera, que dejan en un flanco una cueva, donde se
encuentra un enterramiento en forma de cista y con varios esqueletos de tempos
de la Edad de los Metales o del Bronce. Una apertura permite la visión de este
nevero original que recuerda un recinto o santuario de los primeros habitantes
del cerro de la Mota reutilizado por los vecinos posteriores, sobre todo del
siglo XVII para el almacenamiento de la nieve.
Esta figuraba como un producto como el aceite o el jabón que era adjudicado en subasta pública por sus fines terapéuticos, de conservación de alimentos, de aperitivo en convites y banquetes de las autoridades y de prevención de contusiones. Su forma abovedada recoge un recinto circular horadado en la roca de forma natural y labrado por el factor humano en su suelo con una serie de nueve ranuras concéntricas que se canalizan a través de una galería de nueve metros de longitud y casi un metr de alto hacia un pozo o aljibe que se encuentra en el entorno de la Puerta Nueva. La nieve solía ser transportada desde los ventisqueros o neveros de los montes de la Sierra de Valdepeñas por compañías de mulas que intercambiaban productos con los vecinos, los médicos solían recetar con frecuencia la nieve y se cuidaban de su aplicación porque le atribuía efectos nocivos para el cuerpo en su ingestión. La primera obra monográfica europea sobre la nieve fue la del médico valenciano Francisco Franco, originario de Játiva y se titula Tratado de la nieve y del uso della (Sevilla, 1569). Además de las aplicaciones médicas y de conservación, existe la vertiente lúdica de consumo de alimentos fríos o helados, tanto sólidos como bebidas. Hasta mediados del siglo xvii aparecen tratados como el de Juan de Carvajal, Utilidades de la nieve, deducidas de la buena medicina (Sevilla, 1611), o el Methodo curativo y uso de la nieve (Córdoba, 1640) del doctor Alonso de Burgos. En Alcalá, hubo una famoso médico Melchor de los Reyes Mejía que escribió sobre la nocividad del agua helada. Este pozo se surtía también desde 1587, incluso con la nieve de las precipitaciones invernales Al final, se conocía esta casa como la de la Nieve y se mantuvo hasta finales del siglo XVII,
EL PALACIO ABACIAL
Se construyó en 1564, y fue la residencia del abad
hasta los tiempos del abad don Diego de Castelll y Ross, que se convirtió en
casa de vecinos para transformarse en edificio en ruinas, y arrasado en todos
sus materiales y dependencias hasta el punto que no quedaron sino los arranques
de los muros. Actualmente, se han descubierto
gran parte de sus bodegas y aljibes, así como los cimientos de la primera
planta. Fue edificado en tiempos del abad Diego de Ávila y Zúñiga, hijo del
marqués de las Navas (1554-1577) a partir de 1564. En 1569, se encontraba todavía
edificando y se constata la presencia de los canteros Domingo Uribe y Alonso
Martínez de Tudela. En 1575 se le pagó al primero “ 4.260 maravedíes de las mejoras de la obra que se hizo “en la portada,
que traba la Torre de la Especiería e casas del señor Abad Mayor…”. Esta
paortada daba al norte a la Calancha.
Se encontraba entre la Calancha y la calle de delante
del Perceptor o antiguo adarve de la Especería. Enfrente de él existían varias
casas particulares de los propios abades, que as compraron desde Alonso de
Mendoza y Diego Castell. las mantuvo
hasta principios del siglo XVI. Cerca de su puerta principal se encontraba la
casa imprenta de la Mota en el siglo XVIII. Junto a la casa-palacio, anexas a
la calle de la Carrera se encontraba las caballerizas, las cocheras, los
pajares y otras dependencias como leñeras y un jardín mirador. Por las
recientes excavaciones, se han puesto al descubierto todo el solar. Dentro de
toda su extensión se albergaban bodegas, espacios cerrados, como un
posible nevero, patios interiores, donde persisten pilares para soporte de las
techumbres, espacios destinados a la estabulación de animales, en los que se
conservan algunos de los comederos para el forraje, así como estancias
utilizadas como cocinas o comedor, a partir de la presencia de restos de
hogares y/o chimeneas. También se han podido recuperar parcialmente el sistema
de abastecimiento de aguas y saneamiento. En concreto, varios tramos que
permitirían la conexión entre las diferentes alturas del edificio y que
permitirían el almacenamiento de las aguas, a través de diferentes depósitos y
aljibes, así como la evacuación de las mismas, desde el interior de la vivienda
hacia la calle. Fustes de columnas, de sección circular, así como basas cuadrangulares,
de corte y estilismo renacentista, nos dan idea de la monumentalidad de
edificio. En lo referente a los materiales arqueológicos y bienes muebles
recuperados, la mayoría son fragmentos cerámicos, que presentan una cronología
desde el s. XVI al s. XVIII. Son cerámicas vidriadas, de colores marrones y
verdes, en su mayoría, que se corresponderían con formas abiertas de pequeño
tamaño, de uso cotidiano, como catavinos, jarras, jarritas y platos. Mención
aparte merece la localización de un grupo de veintidós piezas monetarias del s.
XVII (1655-1663)
Por fuentes muy tardías, se encontraba a
principios del siglo XVII prácticamente como testigo de los únicos
supervivientes de la Mota,, ya que residía en sus dependencias el abad. Según
testigos de finales del siglo XVIII, tenía una extensión de 40 varas de ancho
(33 metros) y 50 de largo (41. 5 metros), lindaba al norte con la Calancha que
iba a la Iglesia y tenía Juego de Pelota. al sur con la calle Carrera, que
debía ser la antigua del Preceptor lindando con la muralla y puerta de la
Carrera, la antigua Puerta Nueva; al este, con solares a punto de derrumbarse y
al oeste con la muralla de San Bartolomé.
Hacemos nuestras las palabras del arqueólogomunicipal
Carlos Calvo: “ En este se aprecia una elevada compartimentación del espacio, con
estancias de mediano y pequeño tamaño, reutilizadas de forma continua. Sirvan
como ejemplo los pavimentos o la construcción de muros sobre paquetes de
rellenos y escombros, procedentes de las estancias anteriores. Estaríamos, sin
duda, ante lo que se puede llamar un edificio “vivo”, en tanto que sufre
diferentes modificaciones, a partir del edificio originario. Las descripciones
existentes en las fuentes nos sirven como punto de partida y han permitido
poder identificar algunos elementos singulares, pero, desgraciadamente, no
establecer una correspondencia exacta. Así, se ha podido identificar un espacio
en la parte trasera, que podría corresponder con una zona de jardines o
descanso. Esta zona conectaría directamente sobre una de las calles que se
dirige hacia la Torre de la Especiería. Esta calle, con un eje Norte – Sur,
serviría de límite de las dos terrazas que conforman el Bahondillo, a modo de
“muralla natural”. También se han podido identificar estancias destinadas a
bodegas, en concreto seis. A nivel de ocupación, se puede establecer la
existencia de diferentes alturas, a partir de los restos de escaleras
conservadas. La propia orografía del terreno provoca la adaptación del edificio
al desnivel de la roca sobre el que se asienta.
JUEGO DE PELOTA
Probablemente, sirviéndose de un alto muro de una casa
abandonada en torno al Palacio, se encontraba un recinto de juego de la Pelota,
que era un deporte que practicaba la chiquillería y los mozalbetes con una
pelota de trapo y recubierta de cuero, y largos palos planos, las palas, para
lanzarla contra el muro. Hubo otros lugares de practicar este juego entre ellos
se encontraba en el siglo XVI, uno junto al Pósito Nuevo; y a partir del siglo
XVII, en el entorno de la iglesia de Consolación para acabar jugándose en la
rinconada de la calle la Peste con los Álamos.



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