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viernes, 20 de febrero de 2026

CONOCIENDO LA MOTA (XX). EL ALCAZAR DE ABEN ZAYDE

 

VI. EL ALCAZAR DE ABEN ZAYDE

 














El Castillo de Aben Zayde responde a un Qal'a (de ahí el nombre de Alcalá), un tipo de fortificación no urbano que situado en una zona estratégica controlaba un entorno o cruce de caminos, así como varios valles de ríos, que permitían el tránsito comercial, militar y social de la zona castellana hasta la Vega de Granada, e, incluso a la Costa mediterránea. Coincidimos con Pavón Maldonado, en que fue una fortaleza estatal, aunque pudo estar   regida por gobernadores, en este caso se encontró en manos del importante linaje árabe de los Banu Said. Alrededor de esta fortaleza, se formaron varios círculos amurallados, donde se asentaron una población civil permanente y constituyeron los arrabales. En torno al castillo se formó un primer círculo envolvente del barrio miliar, y otro segundo que comprendió la antigua ciudad fortificada delimitado por las partes altas del cerro, dejando para una ampliación en tiempos de los reinos nazaríes, el Bahondillo y el resto de los barrios exteriores. 

            Se pueden distinguir dos claros periodos de la importancia de este Castillo marcados por su carácter fronterizo antes de la toma de Granada, y, posteriormente, residencia oficial del alcaide. De la primera etapa, son casi doscientos años de frontera- cien en la frontera musulmana y 150 en tiempos cristianos-. lo que supuso un esfuerzo constructivo para mantener este recinto en pie como elemento defensivo esencial y para comprender la evolución posterior, sobretodo, en el último tercio del siglo XVI hasta nuestros días. En este último periodo, lejos dela frontera, Tan sólo se benefició del nuevo concepto de frontera de mar para las restauraciones y amplia con los reyes de la conquista del reino de Granada. Entre ellos destacaron los miembros de la familia de los Fernández de Córdoba, señores de Aguilar, el conde Cabra, el Condestable Lucas de Iranzo entre otros. En este periodo, solían dejar la alcaldía a algunos caballeros asentados en Alcalá la Real como sus tenientes de Alcalá y, desde la conquista de Alcalá por el rey Alfonso XI, ostentaba el cuidado militar (alcaid, jefe militar) y de la fortaleza y su guarnición militar en nombre del rey, de donde viene el nombre de tenedores o tenientes del rey. Con el cargo militar se le añadía el oficio del alcalde mayor con lo que ampliaba la función judicial sobre los vecinos y presidían a los jueces ordinarios elegidos por el pueblo. A ello se añadían la función protocolaria y diplomática en nombre del rey, para los actos de exequias fúnebres y proclamaciones de reyes.  A partir de 1574 fue adquirida por Benito López de Gamboa, consejo de las Indias en la cantidad de 9.000 dudados, pero con los beneficios de recibir 100.000 maravedíes de sueldo de los fondos de las alcabalas granadinas y ocupar el cargo de regidor del cabildo alcalaíno. Entre sus miembros destaca su hijo el escritor Antonio López de Gamboa, gracias a sus manuscritos se conoce los orígenes de la historia de la ciudad, y fue un defensor de los privilegios que conllevaba este cargo. Por su tiempo, ya no residían a los alcaides en el alcázar, sino que tenían su residencia privada en la medina, a pesar de que el maestro de obras propuso para la restauración el adecentamiento de sus aposentos y la construcción de varios de ellos. Sin embargo, no llegaron a realizarse y la fortaleza quedó reservada para momentos de pleitesía con la Corona, donde en los días extraordinarios el regidor cumplía con el protocolo de recibir la ciudad en procesión para rendir vasallaje a los nuevos monarcas hasta el siglo XVIII. 

 

EN ALCAZAR,

 

             El recinto de la alcazaba ha sufrido ampliaciones y varias restauraciones a lo largo de su historia. Si la iglesia Abacial consigue que cualquier alcalaíno de pie se identifique con la Mota, no menos podría referirse de la alcazaba, pues este el auténtico castillo.

            La ruina amenazó siempre a las murallas de la ciudad, y especialmente a los adarves y torres del castillo de manera que la propia Corona emitió una cédula real en 29 de marzo de 1569 hizo merced a la ciudad Alcalá la Real con el fin de sufragar los diversos reparos mediante los ingresos de las penas de cámara por tiempo de cuatro, que se fueron prorrogando hasta muy entrado el siglo XVII. Pero lo que más afectó a este recinto militar fueron los movimientos sísmicos y derrumbes, entre los que más destacaron en 1582. otro a mediados del siglo XVII y en el siglo XX, los de 1951 y los más recientes. El primero le afectó a toda la zona de la barbacana, el segundo a la propia torre del Homenaje y los siguientes, algunos deterioros insignificantes.  Por los años setenta del siglo XX, canteros alcalaínos de la familia González bajo la dirección del arquitecto don Luis Berges, que logró el premio de Europa Nostra con la reconstrucción de los Baños Ärabes, llevaron  a cabo una señalada restauración de los adarves y de los muros, escaleras, bóvedas y terrazas de las torres imprimiendo el racionalismo de Regiones Devastadas al estilo gótico de este entorno y añadiendo un almenado que no concuerda con el antiguo parapeto, abierto por varios rendijas , por donde se exponía el pendón en los días de proclamación de reyes.. A finales de los años ochenta, intervino la Escuela Taller de Patrimonio de Alcalá la Real, finalizando y poniendo a punto todo el Castillo de Aben Zayde, sobre todo con la excavación y rehabilitación del patio de Armas, bóveda de la sala interior, terraza y entrada baja de la puerta de la Torre del Homenaje. No quedan restos de sus armas defensivas. Tan sólo, por documentos de la época, sabemos que, a la entrada de la fortaleza, concretamente en la esquina de la puerta de la fortaleza, estaba colocada una lombarda que protegía la ciudad de los ataques enemigos, que era un cañón de gran calibre que debió utilizarse desde la llegada de los Reyes Católicos y cuyos bolaños de diferente tamaño se conservan en el patio de Armas. Junto al alcázar, por la zona del poniente estaban las casas de Pedro de Aranda Valdivia, siempre amenazadas por la caída de la Torre del Homenaje, como sucedió en el 1582.  Al sur, las casas de Luis Méndez de Sotomayor. Cercanas estaban también las casas de Cristóbal Gallego y Martín Sánchez, siempre amenazadas por la ruina de la torre del Homenaje. Este recinto estuvo habitado y existieron casas en su interior, tal como se pudo comprobar en los cimientos de las excavaciones de la Plaza de Armas.     Componen el recinto la torre del Homenaje, la de la Campana o de la Vela y otra torre que actualmente recibe el nombre de Mocha junto con dos patios de armas, uno interno y otro exterior al castillo

Más abajo, ya desparecida, se encontraba una torre barbacana, con una puerta de entrada que daba al barrio del Albaicín, junto a la casa del artesano Miguel Muñoz herrero, que había hecho una mina de unos 24 metros en la roca que llegaba nada menos hasta la torre del Homenaje, y en la que se apoyaba; y hubo que macizar para evitar el desprendimiento. y a la que se accedía por una calle abierta en el 1580 sobre una pared que levantó el alarife Juan Sánchez. Estas tres torres se mantuvieron, mientras la torre barbacana se cayó por el año 1580 y que obligó a macizar todas las demás torres, pues los vecinos del Albaicín horadaban la roca hasta llegar debajo de ellas y produciendo la caída de una parte del tajo, como puede contemplarse en el hueco que va desde el adarve hasta la Torre Mocha. Pues por, las ordenanzas, las casas no podían estar ni debajo ni en lo alto de la muralla. Este flanco no puede considerarse como está actualmente restaurado mediante un adarve que une la torre del Homenaje con la Campana, con un punto de vértice en la torre Mocha, a la que se accede por una restaurada escalinata, sino que a través de un adarve colocado sobre roca se  comunicaba la muralla del Trabuquete con la alcazaba  con una torre barbacana,; en su  interior se encontraba varias casas de los descendientes de los conquistadores, y en su parte final se halló a un lado la casa del último alcaide don Pedro de Pineda, y comunicaba con la barbacana, que se hallaba muy maltratada en 1574; más adelante estaba la casa de Pedro de Aranda Valdivia, que caía en su parte interior a la fortaleza, prácticamente hubo que levantar el muro y limpiarlo totalmente. Años después este muro se destruyó.  

            Esta desparecida torre barbacana, con una puerta de entrada y dos torres delanteras, daban al barrio del Albaicín, junto a la casa del artesano Miguel Muñoz herrero, que había hecho una mina que llegaba nada menos hasta la torre del Homenaje y hubo que macizar para evitar el desprendimiento. y a la que se accedía por una calle abierta en el 1580 sobre una pared que levantó el alarife Juan Sánchez. A través de los fondos conseguidos de las penas de cámara, se llevaron a cabo varias reformas en el recinto amurallado, en 1591se repararon la torre de la fortaleza y murallas (Torre Mayor, Barbacana y Mocha) porque las cuevas de abajo se arruinaban y había que macizar y muy concretamente en las torres del castillo, y destacó o el año 1599, cuando se llevaron grandes obras de restauración y enlosado de la parte alta de la torre del Homenaje.

 

                                    TORRE DEL HOMENAJE

            Actualmente, la torre del Homenaje se yergue digna de haber ostentado el poder castellano castellano frente a la antigua frontera del reino de Granada que se otea por el horizonte de la Sierra del Camello y Matute descendiendo a la ribera de los ríos Velillos y Palancares. Se alza majestuosa, y, por sí misma, define a la alcazaba erguida y encima de una imponente roca que ya fue orgullo del Ándalus, LA ROCA DEL ANDALUS, EL RIÑON DE ANDALUCÍA.Y tras la conquista castellana, GUARDA Y DEFENDIMIENTO DE LOS REINOS DE CASTILLA Y LEÓN y Puerto de Castilla.  Para que comprueben el grosor de sus muros, por la parte de abajo llegan a tener una anchura de ocho varas, lo que es lo mismo que casi 4¨80 metros, que sirve para sostener una bóveda, que sufrió muchas veces el empuje de las paredes y la techumbre su cubierta, derribándose en su parte alta en 1581, cuando aconteció el del Gabán , y derrumbando las casas cercanas de la familia de los Aranda Valdivia y las cuevas y tiendas de Castañeda

 Este recinto estuvo habitado y existieron casas en su interior, tal como se pudo comprobar en los cimientos de las excavaciones de la Plaza de Armas.  Es una imponente torre prismática de 20 metros de altura y 16 y 17 metros de anchura en sus bases de las caras trapeciales. Es fruto de varias ampliaciones y restauraciones, cuyos restos y muestras de estilos vienen definidos por los arcos y bóvedas de la entrada de la parte baja, aunque predominan el estilo almohade, nazarí y gótico. Antes del doce de abril de 1576, acudió Alonso Barba, maestro mayor de cantería de las obras de Jaén, se ocupó en venir a ver el castillo y la fortaleza de esta ciudad   y llevó a cabo varios reparos junto con el maestro de cantería Juan de Bolívar, Juan Sánchez y Juan Álvarez.  En esta ocasión se reparó el lienzo de adarve y su junta con la Torres del Homenaje (1577), porque la fortaleza, castillo y esta torre estaban para caerse. Esta torre del Homenaje, que se consideraba como principal, ofrecía un lienzo de la muralla con la mitad a la parte descubierto y salido fuera de plomo, mitad a la parte alta abierto y salido afuera casi una vara de medir de alto a abajo y media vara de ancho. Se tomaron medidas ante el peligro de las casas que se encontraban debajo del castillo y sus arrabales. Y se hizo una propuesta de cinco mil ducados mediante una prórroga de veinte años.   

Pero no debió asegurarse este muro de contención de modo definitivo que, en este mismo año, se acudió a la Corte denunciando “las torres y cercas de la dicha ciudad estaban tan destruidas y con tanta necesidad de reparos que con brevedad no se reparaban venía a caerse todas por la mayor parte". Y se solicitó  una mayor inversión en reparar " la torre del Homenaje,  que es la principal  fuerza,  que tiene  un lienço de la muralla  con la mitad a la parte descubierto y salido fuera de plomo , mitad a la parte alta abierto y salido afuera  casi una vara  de medir  de alto a abajo y media bara de ancho  y que es necesario que se  repare con la brevedad  porque si se hunde hundirá muchas casas que ay debajo  de la Mota  y arrabal y peligraran muchas gentes que será menester para ello 5.000 ducados".  Intervino en la nueva traza de las obras en 8 de abril de 1578 Juan de Orea, maestro mayor de obras de la ciudad de Granada que permaneció cinco días en Alcalá y   se ocupó en su reparo e hizo trazas y condiciones que comenzaron a realizarse en 1580 tras ponerlas en subasta y almoneda.  

            Pero se derrumbó en su parte alta en 1581, cuando aconteció el terremoto que hizo caer la muralla del Gabán y derribando las casas cercanas de la familia de los Aranda Valdivia y las cuevas y tiendas de Castañeda. En muchos documentos, comentan que esta bóveda se cimentaba sobre un aljibe y que los maestros de cantería de Málaga, Miguel de Vegara, y de Granada como Ambrosio de Vico emitieron informes, para que los canteros alcalaínos Miguel de Bolívar y Alonso Martínez de Tudela la reconstruyeran elevando el muro por encima de la bóveda y colocando un antepecho de tres cuartas de ancho y cinco de alto, que sustituyó a la guirnalda. Como es lógico, para prevenir mayores desgracias, a las cuevas que estaban en sus cimientos, las macizaron, llenándolos de escombros y, piedras, lo que se ha comprobado en las recientes labores de excavación y limpieza, en la que se han encontrado en su mayoría material de derribo.      En 1582, se encontraban las obras al descubierto y amenazaban ruina de nuevo por el espacio abierto en canal; además estaba de lleno de tierra muerta sin pisar de manera que el agua que caía sobre la torre no tenía por donde salir y se agotaba en ella dando lugar a que prosiguiera la ruina de la torre y necesitaba una reparación urgente. Por lo que se contrataron varios oficiales de cantería para poner en marcha las trazas propuestas. De nuevo, se iniciaron las obras en 1584, cuyos perjuicios por recalarse el patio dio lugar a deterioro de Entrepuertas.  y en 1585 ,prosiguieron las obras  y e, un año después, el informe del comisario de murallas y regidor Juan de Aranda Figueroa es esclarecedor, se enviaron por oficiales a la ciudad de Jaén y otras partes , para que diesen su parecer  e el remedio que tenían  para el reparo de  ellas , lo que se hizo e se prencipió a derribar las esquinas de la torre que estaban maltratadas, lo qual  a más de dos años que se principió e no se a proseguido  más y este invierno , como  ha sido de tantas aguas y estaba descubierta la dicha torre y esquina y mucha tierra  y piedras que en ella se quitó sobre la bóbeda de cuya causa ha recalado mucho  e baen mucha desminición y está en mucho peligro de se caer , pide y requiere a los dichos señores ciudad manden proseguir la  dicha obra, pues su majestad , por la real cédula la tiene hecha merced  de sus penas de cámara para los reparos de la dicha fortaleza , que se contienen en la dicha real cédula  con protestación que hace , que si algún daño viniere a la dicha torre del Homenaje.

 

Hasta 1591, son frecuentes las obras de reparaciones de las esquinas de la torre del Homenaje. Y se encontraron con grandes dificultades y con los rigores del tiempo provocando la ruina de las murallas y de las casas de su entorno, porque se fundamentaban en falsos cimientos, sobre todo por la esquina vieja. Intervinieron los maestros de cantería Juan Sánchez Meléndez y Miguel de Bolívar. Se sanearon los muros y el relleno de piedra, escombros y materiales de que se componía y los trasladaron para las Casas de Justicia que se llevaban a cabo sobre l 591.

En este año por julio, de nuevo se propuso el aderezo de la fortaleza, porque por lo alto se recalaba toda la torre y bóveda, y ha empezado a hundir una pared que cruzaba la pared de la bóveda del aljibe sobre que está fundada. Entonces, acudieron a las buenas artes de Ginés Martínez de Aranda cantero mayor de la ciudad y Juan Sánchez, alarife. Y vieron la casa y fortaleza, proponiendo acabar Torre del Homenaje, aderezando lo viejo e hicieron un muro para evitar la caída de las torre y casas adyacentes y en lo alto de la torre se reparó la repisa y se quedó el suelo enlosado y dando corriente al aljibe, para que se callara a la bóveda, derribando la pared que estaba suelta dentro de la bóveda que cargaba dentro sobre la pared del aljibe por estar maltratada y   para evitar la caída de la sala y aljibe. Fue la más importante restauración que tuvo lugar en el siglo XVI, cuando con las penas de cámara el rey permitió su reedificación interviniendo Miguel de Bolívar y Ginés Martínez de Aranda. Se le puso, en aquel tiempo, un talud a la bóveda y una pared que reforzaron los cimientos, se reconstruyeron las esquinas, la techumbre, los caños y las gárgolas y, para guardarse de su altura, un antepecho de protección. Anteriormente, se cubría con una guirnalda que rodeaba toda su parte superior que le servía de guarda y protección. Hasta el siglo XVII, continuaron las obras y en 1599, se acabó de enlosar lo alto de esta torre mayor del Castillo de esta ciudad, para que no se recalase y eche a perder.  

 La actual Torre de Homenaje es fruto de varias reconstrucciones y la última se hizo en los años noventa del siglo XX por los alumnos de la Escuela Taller, que abrieron la entrada, restauraron los arcos y las bóvedas de su pasadizo de entrada al patio de Armas, cegado hasta 1990, y de la segunda planta, así como su techumbre. Una anterior fue la que tuvo lugar por la intervención del arquitecto Luis Berges con la recuperación de la techumbre y una parte del flanco norte, caído tras el terremoto de 1951.  

 

Se comprueba el grosor de sus muros, de modo que por la parte de abajo llega a tener una anchura de ocho varas, lo que es lo mismo que casi 4¨80 metros, que sirve para sostener una bóveda octogonal sobre trompas de piedra que se ocultaba con un artesanado plano perdió hace mucho tiempo, y que sufrió muchas veces el empuje de las paredes y la techumbre de su cubierta

           

            Está compuesta de una primera planta de ingreso a la alcazaba, amacizada, por donde se entraba desde la ciudad militar y por otra puerta cegada, que era la entrada desde la barbacana del barrio del Albaicín. Desde esta planta, a travesea un postigo lateral se desciende por una escalera al pozo de la Conquista y al pasadizo recién descubierto y puesto en valor para su visita. Desde las casas anexas al Castillo. El acceso se hace a través de un pasadizo abovedado en recodo, cuya entrada viene marcada por varias ampliaciones, dos apuntados ojivales y en el centro de ella dos arcos de herradura, todos ellos de piedra que cubrían un pequeño espacio con una pequeña bóveda esquifada de ladrillo. Se forman tres  tramos de pasaje, cubiertos con tres bóvedas: la primera cubierta con una bóveda  apuntalada , donde se abre a célebre reja para impedir la entrada de los castillos y se apoya en las paredes a soga y tizón con hiladas de ladrillo que recuerda el sillarejo almorávide; la segunda se inicia con la bóveda esquifada y fue lugar de puesto de guardia en la Guerra Civil y de vela para los enterramientos en la posguerra, que es la originaria del primer castillo y la tercera una bóveda de medio cañón  de ladrillo y mural de la época gótico-mudéjar con numerosas marcas de cantería que comparte autoría con otros lugares de la ciudad fortificada, sobre todo por la zona de la cárcel. Toda la solería está reciente y completamente restaurada por los años noventa con imitaciones de opus spinatum o espinapel. Este tipo de entrada a la fortaleza frente al primero que viene marcado por una barbacana, localiza temporalmente a castillo en los tiempos primeros del reino ziri de Granada y de los almorávides, estos últimos lo utilizaran en la alcazaba de Granada.

            Se accede a la segunda planta a través de una escalinata al aire libre del patio de Armas y escaleras cubiertas de la segunda planta de la torre de la Campana que conducen a un adarve, interrumpido con una torre cuadrada y mocha, que oculta un depósito de agua fabricado dentro de la muralla en los años ochenta del siglo XX. Por una puerta de hechura gótica, se adentra a la segunda planta que alberga Sala del Homenaje, lugar emblemático y legendario, donde debe el nombre al acto de pleitesía a los representantes de la Corona, en este caso los alcaides de la fortaleza. Esta institución de frontera fue concedida al ayuntamiento alcalaíno por el rey Alfonso XI tras la conquista de agosto de 1541. Se cubre esta gran sala con una bóveda esquifada ocho paños sobre trompas. que alberga la muestra museística del mundo militar de fronteras con cuatro expositores de personajes que resumen la paz el mundo del pacto, el comercio, el intercambio y de las buenas relaciones entre cristianos mediante el  alfaqueque castellano  y alwayal musulmán), y la guerra ( el alcaide castellano y el adalid que rememora la figura del Pascual Sánchez que fue personaje esencia en desvelar los secretos de la conquista de la fortaleza) junto con una serie de paneles y pantallas en donde se proyectan aspectos y personajes de la vida militar: ejército, tipo de batallas y algaradas, la figura del alcaide y armas e instrumentos de asalto. El suelo actualmente enlosado cubre dos estancias abovedadas de ladrilla, donde llegaba el agua de la lluvia a través de varias canalizaciones. Dos grandes ventanales dan a este recinto oscuro: a través de una rampa se accede al poyete de la ventana alargada que tamiza la luz que proviene del mediodía y  permite desde la altura contemplar la trama urbana de la ciudad fortificada, así como la primera planta de las mansiones de los descendientes de los hidalgo; por otro de medio punto apuntado que abre las vistas a la parte oriental, desde su rellano se convierte en un excelente mirador se contempla la ciudad renacentista que se extendió tras la conquista de Granada por los Reyes Católicos. 

 

LA PLAZA DE ARMAS

            En medio de las tres torres, se encuentra la plaza de armas. No ofrecía la misma panorámica este espacio que actualmente se observa, porque es fruto de la remodelación de la Escuela Taller de Recuperación del Patrimonio Histórico Artístico, en la que, tras la excavación arqueológica, se descubrieron, junto a la muralla del flanco de la torre Mocha los cimientos de las casas adosadas y un pozo, que comunicaba con el exterior y en su fondo aparecieron restos de platos, vajillas y desechos de la última época musulmana y cristiana. En sus primeros tiempos, se encontraba una plaza llana donde se realizaban los actos de homenaje al alcaide y la proclamación de los reyes. Posteriormente, la plaza de armas se convirtió en un recinto pequeño, con casas edificadas en su interior hasta el año 1591, - probablemente las que se encontraron en las excavaciones-cuando sus piedras se reutilizaron para las casas de la Justicia. Finalmente, ofrecieron otra vez un rellano, donde acudían los regidores y el cabildo en el acto de proclamación de los reyes. En tiempos de la invasión francesa, se utilizaron como herrería de armas, con su forja en el centro, para acaba en un corral de ovejas hasta mediados del siglo XX, al que se accedía desde la dehesa exterior por un boquete abierto en el muro del adarve que conectaba a las dos torres, la de la Campana y la del Homenaje. Actualmente ofrecen tres niveles, y en el superior, se coloca el escenario donde se celebraban los festivales de agosto, con empedrado de hojarasca y geométrico simulando el empedrado basto granadino que aparecía en las casas de la parte noble de la ciudad fortificada.

 

LA TORRE MOCHA

            Esta torre, de menores dimensiones y desmochada, se orienta hacia la parte oriental y se comenta sobre una peña, que fue horadada en muchas ocasiones por la parte inferior dando lugar a continuas reparaciones y restauraciones. En 1577, se benefició de los fondos de las penas de Cámara para restaurarla junto con la esquina de la torre del Homenaje y, en concreto, Ginés Martínez de Aranda, informó a la Corte en 1592 de la conveniencia de colocaran unas nuevas losas en su terrado para evitar los recalos del agua.  En 1596, se encontraban en una situación alarmante provocada por el vecino Miguel Muñoz que había hecho una mina y amenazaba su ruina y la de la torre del Homenaje. Lo que conllevó en macizar las cuevas y las minas y entablar un pleito contra este herrero  Miguel Muñoz, herrero,  tiene una casa debajo de  la torre Mocha y Puerta de la Barbacana, el  qual ha fecho una mina que tendría 30 varas poco más o menos rompiendo unas peñas sobre que la dicha fortaleza o  parte de ella está edificada en peligrosísima que , por ella, pueda venir muy  gran daño, pido y suplico a esta ciudad y, si es necesario la requiero las veces que puedo con el acatamiento que debo las mande cerrar sin dejar ninguna y, ansymismo, suplico al señor corregidor con el acatamiento que debo le requiera que , luego haga su merced derribar las casas, que conforme a la ley , no pueden estar ni en lo  alto ni en lo  bajo de la dicha muralla edificadas  y de no hacello , como lo requiero, protesto e daño o daños que sucedieren y (…)mande testimonio de este  testimonio . Dicho maestro mayor declare las tapias que podría tener los dichos pilastrones, e las mida e que si declara que la persona en quien se rematare esa obra, no a de poder dar parte de ella a ninguna persona

 

                        TORRE DE LA CAMPANA O DE LA VELA

           

 

            Su nombre deriva de una espadaña de la terraza, en la que estaba colocada una campana municipal para avisar de las urgencias, incendios, acoso militar a todos los vecinos de la ciudad fortificada o de los campos o, simplemente, para dar las señales de la queda, cuando se cerraban al atardecer todas las puertas de la ciudad fortificada y cuyos campaneros, generalmente los porteros del cabildo, eran costeados por el cabildo municipal. Estaba situada a una altura de 1.035. 2 metros sobre el nivel del mar. Muy bien cimentada, por la parte más estable y duradera del cerro de la Mota, no ha requerido muchas restauraciones. Incluso, en la conocida información de Ginés Martínez de Aranda, se colocó un muro que sirviera de parapeto en la terraza y e enlosó la parte deteriorada de la terraza de esta torre.  Esta torre prismática (de siete metros por ocho por siete metros de lados) alberga dos aposentos y una terraza actual. En el de la planta baja, se expone la vida cultural del mundo musulmán en tiempos de los Banu Said y algunas muestras de platos cerámica nazarita con ilustraciones animalescas y epigráficas (una alaifa), lucerna almohade y una lápida de piedra de caliza, precalifall procedente de la aldea de la Pedriza y se alberga bajo una bóveda de medio cañón que debió cubrirse con un artesón. En el segundo aposento, se cubre con una bóveda de medio cañón de cantería, donde se expone una fotografía circular en la que se expone el paisaje de todo el término municipal jalonado con el sistema poliércietico de las atalayas de su entorno, góticas y árabes. En su vitrina central, fruto de la masificación actual de la Mota, desarrolla por una serie de transparencias el desarrollo y conquista del territorio de la ciudad de la Mota.  desde el mundo agárico hasta la actual ciudad de Alcalá la Real). 

 

 

 

CASAS DE DERREDOR

 

            Junto al alcázar, por la zona del poniente estaban las casas de Pedro de Aranda Valdivia, siempre en peligro por la caída de parte de la Torre del Homenaje, como sucedió en el 1582.  Al sur, las casas de Luis Méndez de Sotomayor. Cercanas estaban también las casas de Cristóbal Gallego y Martín Sánchez, siempre amenazadas por la ruina de la torre del Homenaje. En torno a estas casas y torres se albergó la corte con la reina Isabel la Católica y su hijo Juan en 1491.

 

TORRE BARBACANA

            Hay noticias de que delante del alcázar o castillo de la Mota, en concreto bajo la puerta de ciega de la torre del Homenaje, hoy día un hueco producido por el desprendimiento del terremoto de febrero de 1581, existía una torre barbacana, que se hallaba ya muy maltratada en 1574; cercana y detrás estaba la casa de Pedro de Aranda Valdivia, que caía en su parte interior a la fortaleza. En este año, ya se resentía y prácticamente hubo que levantar el muro y limpiarlo totalmente. Años después este muro se destruyó.  

            Esta desaparecida torre barbacana, con una puerta de entrada y dos torres delanteras, daban al barrio del Albaicín, junto a la casa del artesano Miguel Muñoz herrero, que había hecho una mina que llegaba nada menos hasta la torre del Homenaje y hubo que macizar para evitar el desprendimiento. y a la que se accedía por una calle abierta en el 1580 sobre una pared que levantó el alarife Juan Sánchez.


Las barbacanas provienen de estructuras defensivas medievales, que servían de soporte al muro de contorno o cualquier torre adelantada, en este caso la de la torre del pozo de la conquista.  Estaba situada la de Alcalá fuera de la línea principal del castillo y conectada por un pasadizo con la torre del Homenaje. Las recientes excavaciones han puesto al descubierto esta torre y pozo. Así lo define Carlos Calvo: Esta última presenta forma cuadrangular. . Presenta un ascpecto muy deteriorado con importante pérdidade los paramentos exteriores, de piedra. Está fabricada mediante hiladas de mampostería y en su interior es un relleno de piedra con mortero de cal y arenas Su construcción se remonta a época islámica, aunque sufiera akgua modificación  y reforma con posterioridad. Su uttilidad se debe al hecho de querer fortificar este elemento de abastecimiento de agua. En los vértices de la torre se pueden documentar piedras de sillería de mayor tamaño y de mejor fábrica. La torre descienre hasta alcanzar el nivel de base de la roca. En la car sur se observa una oquedad que permitiría el acceso al interior del cubo hasta las terrazas interiores de las Entrepuertas. Aún conserva parte del entarimado de madera que haría las veces de balcón para poder acceder al agua. En su parte superior se puede apreciar restos de un pretil y de un brocal en forma rectangular. A partir del nivel rocoso se podría hablar de parte interior del pozo, Presenta foma cuadrangular ( 2x3m). El pozo está excavado en la roca, Hata el nivel que se ha podido observar alcanza una profundidad de 19 m, Poco a poco se va estrechando alcanzando una forma trapezoidal.

El depósito de agua mantien unos dos metros de profundidad. En la cara norte se aprecia una abertura que lo comunica con las galerías subterráneas. Parece como si se tratar un aceos primigenio y que la abertura de la cara sur fuera más tardía. Obra de Eufrasio López de Rojaas. ·  

Delante de las tres torres, existía una torre barbacana que se cayó por el año 1580 y que obligó a macizar todas las demás torres, pues los vecinos del Albaicín horadaban la roca hasta llegar debajo de ellas y produciendo la caída de una parte del tajo, como puede contemplarse en el hueco que va desde el adarve hasta la Torre Mocha. En esta torre, también había una puerta de la fortaleza, la de la Barbacana, junto a ella, la casa de Miguel Muñoz, herrero que había hecho nada menos que una mina de 24 metros en la roca, sobre la que se apoyaba la fortaleza y era objeto de informes continuos pues amenazaba ruina. Pues por, las ordenanzas, las casas no podían estar ni debajo ni en lo alto de la muralla. Este flanco no puede considerarse como es actualmente, sino que a través de un adarve comunicaba la muralla del Trabuquete con la alcazaba y con una torre barbacana, en su arte final se hallaba a un lado la casa del alcaide don Pedro de Pineda, y comunicaba con la barbacana, que se hallaba muy maltratada en 1574, más adelante estaba la casa de Pedro de Aranda Valdivia, que caía en su parte interior a la fortaleza, prácticamente hubo que levantar el muro y limpiarlo totalmente. Años después este muro se destruyó.  

           

           

 

             

 

           

           

 

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 19 de febrero de 2026

CONOCIENDO LA MOTA (xix) V. EL BAHONDILLO HACIA LA PUERTA NUEVA

 






V. EL BAHONDILLO HACIA LA PUERTA NUEVA

            Desde Latorre de la Especería hasta la Peña Hazconada, que luego se deformó con el nombre de Peña Horadada, se ubicaba el Adarve Nuevo que lindaba la final con la era de los Palacios y con el paso de del tiempo se denominó Arrabal de la Puerta Nueva. En estos lugares eran muy propensos a producirse escaramuzas, asaltos repentinos y luchas personales entre los vecinos de la ciudad fortificada y los enemigos musulmanes. Son muchas los relatos de intrépidos que se acercaban a porfiar y a buscar combate con los caballeros alcalaínos. El más conocido fue la que recoge el relato de 1412-1454 en el capiítulo I del Libro IV del discurso genealógico de los Aranda 14 r en tiempos del rey Juan II. Y esta vez la escaramuza fue en la era que dizen de los Palazios, que es junto y fuera del Adarve Nuevo, que está fuera de los zimientos, en el arrabal de la Puerta Nueva. Y después de cansados de escaramuzar los unos y los otros se retiraron los moros al cabo de dichas eras, hazía las viñas que juntan con ellas. Y los christianos, arrimados a un palenque de madera que para su defensa tenían hecho, que iva desde el dicho adarve asta zerrar y juntar con una torre que dizen del espezería, que está poco arriba de la peña Hazconada, a do Juan Sánchez de Arjona, su padre, como arriva se dijo, avía enclavado el moro”.

Este barrio estaba constituido por familias de labradores y de oficios artesanales, algunas minorías margínales como moriscos, pero también habitaban miembros de familias nobles como los Cea, Gadea, Monte, Castro, y oficiales como algunos escribanos, En 1567, con motivo del pleito contra los comerciantes que se ubicaban en el llano,  se encontraban pequeñas casas, dispares casillas, bodegas, cámaras y mansiones alquiladas  a los Aranda Monte, Narváez, Trsierra, Ordoñez y Cabrera, Se registraban 25 viviendas. Por las recientes excavaciomnes,

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PALENQUE

 

Era la valla de madera en forma de estacada que se colocaba delante de la torre con el fin de ejercitarse y protegerse de los enemigos desde el adarve anterior. Por este lugar se colocó una nueva muralla y se abrió la Puerta Nueva.

 

BAHONDILLO        

            Situado en la zona occidental de la plataforma mesetada, constituye un parte de ligera depresión con respexto al resto de la zona de intramuros, Su natural orografía de ladera semihundida siempre fue propensa a ser receptáculo de muladares y de todo tipo de basuras de la ciudad fortificada. Lindaba con con la propia roca y posible muralla interior de la Mota por el Este y por el oeste con l muralla levantada tras la conquista. Configura un espacio rectangular con un eje dirección N-S. Según Carlos Calvo basado en los estudios arqueológicos, se permite diferenciar en dos terrazas el Bahondillo. Una zona adelantada en dirección oeste, a modo de espolón, y sobre ella se documenta un torreón fabricado a modo de sillarejo totalmente labrado, la Torre de la Especería. La trama urbana transcurre  en torno a una calle central farbicada con cantos rodados para facilitar el tránsito de personas y mercancías y el acceso a las viviendas.; cuya calle no esta adosado a a la muralla sino a modo de aadarve bajo mantiene edificaciones a ambos lados. El Bahondillo se extendía desde la calle del Preceptor y la que hemos denominado de Especería hasta la Puerta del Aire. Lo denominaban en torno a la Puerta Nueva y   Torre de las Especería como Bahondillo Alto   o de la Puerta Nueva y el que se acercaba a la Puerta del Aire Bahondillo Bajo sin estar excavado completamente ofrece varias viviendas y algunos arcos apuntados de ladrillo y sillarejo. El Bahondillo Alto enlazaba con la medina a través de la Calancha y ofrecía muchos problemas de saneamiento y de alcantarillado a consecuencia de estar más elevado que el de la Puerta Nueva, corrigiéndose a través de una cañería que se abrió a la muralla. Discurre hacia la Totrre de la Cárcel , de inclinación ascendente  para facilitar la comunicación con la terraza superior y a partir de la terraza superior, la calle se extgiende en forma de Y en dirección norte y sur . Gira en torno a 180 ªy , se dirige hacia la pueerta Nueva , para llevar a cabo un salida a extramuros, tanto a los vehículos de carga  como de personas. En este punto la calle gana en anchura  y trata de articularese con la Puerta Nueva  formando junto con las rampas un conjunto espacial.

Alñ girar la calle hacia el norte, se han perdido los pavimentos y se mantiene la propia roca

 

TORRE DE LAS ESPECERÍA

Era un torreón macizo en su base que queda del circuito amurallado de la primera ciudad fortificada antes de que se ampliara con el adarve de la Puerta Nueva, pero con una habitación en forma de tienda en la que se ubicó la venta de las especies, de ahí le viene su nombre. Tras la conquista, los muros y el torreón fueron desapareciendo y se adosaron edificios entre ellos el del Palacio Abacial, que por los años setenta del siglo XVI, se reformó todo el entorno interviniendo Domingo Oribe Vizcaíno construyendo una portada, que trababa la Torre de la Especería con las casas del señor Abad mayor, en 1575.

 

 

PUERTA NUEVA

Se encuentra totalmente tapiada y edetruido su intradós, al parecer con motivo de la labor de cerramient amurallado que ordenaron los franceses en la Guerra de la Independenciapara un control militar  mejor utilizando los recursos existentes Es una puerta adintelada con dos contrafuertes a ambos lados de ella y un posible arco interior, cobre cuyao dintel se colocó un a imagen de la Virge. Frente  aparece una estructura muraria en forma de L, que arranca de la propia muralla, de sillería toscamente labrada y de gran tamaño , se mustra como un muro de cotención para salvar las otas de las edificaciones existentes.

miércoles, 18 de febrero de 2026

LA ACTUAL PLAZA DE LA MOTA.O CEMENTERIO MUNICIPAL

 

 

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LA ACTUAL PLAZA DE LA MOTA.O CEMENTERIO EN 1787

 


La actual plaza de la fortaleza de la Mota es simplemente una obra reciente que urbanizó y creó un espacio abierto, donde se encontraban los primeros asentamientos que se remontan al tiempo de la Edad de los Metales (quedaban restos de un horno), las viviendas y calles de la Medina castellana y finalmente el cementerio católico de la ciudad de Alcalá la Real extinto en 1949 y en ruinas hasta los años setenta del siglo XX. Este antiguo cementerio de la Mota respondió a una política ministerial en tiempos de Carlos III con el fin de favorecer las mejores condiciones higiénicas y sanitarias de los pueblos de España. Hasta el primer tercio del siglo XIX, en todas las iglesias alcalaínas y en el cementerio contiguo al templo de la Veracruz, se hacinaban los restos de los muertos en criptas funerarias, fosas de descomposición, osarios y pudrideros de estos recintos religiosos.  La salida de los enterramientos de las iglesias, claustros y capillas colaterales obligó a la búsqueda de un espacio público, que respondiera a estas finalidades en favor de los vecinos de Alcalá la Real: se procuraban sitios alejados de la ciudad habitada, con aire y ventilación y sin el menor vestigio de contaminar las fuentes públicas. A pesar de que se hicieron varios intentos de ocupar espacios alejados de la fortaleza de la Mota con la posible ubicación del cementerio en los terrenos de la derruida ermita de San Bartolomé en el siglo XVIII, la ubicación final fue en el recinto fortificado de la Mota.  El primer intento fallido tuvo lugar, en concreto, en 1787. Por un acuerdo del cabildo alcalaíno, se encomendó a los maestros de obras alcalaínos Antonio Martín Espinosa y Juan Miguel de Contreras su ubicación dentro del recinto fortificado. Estas fueron  las palabras del informe: “Hemos pasado a reconocer  el sitio  o muralla de la Mota, con el fin de efectuar en  dicho sitio un camposanto, que está mandado por orden superior, y habiendo visto y reconocido dicho sitio, con la mayor reflexión(…) declaramos que por ningún caso es conbeniente se execute dicho Camposanto  en el citado sitio  por cinco razones: la primera y principal , por ser todo de pedriza, sin ser posible el sepultar en ella cuerpo alguno; la segunda, porque , aunque en algunas partes  se halla al parecer tierra resulta por las excavaciones que para dicho fin se han hecho, el ser todo vestigios y escombros causados de la ruina de la ciudad que antiguamente se hallaba allí situada(…); la tercera, porque no se sabe quiénes son sus dueños; la cuarta por encontrarse cerca de la Iglesia Mayor, por el costado Norte; y la quinta por ser un costo de quasi imposible tasación, por las muchas tapias que  se necesitan y el costo tan exorbitante de desmontar peñones y quitar escombros(…)por cuyas razones dimos cuenta a su señoría  sin dar principio al Plan(…) el cual enterado de todo nos mandó pasásemos al sitio llamado de San Bartolomé.



            En 1805, de nuevo el gobierno de la nación entró en el asunto y se hizo portavoz de sus órdenes el corregidor don Orencio Antonio de Santolaria, convocó a la ciudad y comenzaron a tomar acuerdos para su realización. Se propuso como emplazamiento del cementerio en la plaza antigua de la Mota. Para ello, se  mantuvieron  los planos, presupuestos y trazas anteriores  del cementerio de la Mota,  y  estos se reformaron tasándose por los de los arquitectos de la Real Academia Juan Miguel de Contreras y Juan López de Paz[1]. En 1807, sustituyó Manuel Granados a Juan Miguel Contreras. Por estos datos de tasación sacamos  las siguientes conclusiones: se hacía una obra de cerramiento, distinto al de la iglesia, donde se ubicaban también nichos y sepulcros con cercas, de buena mampostería, con barro, de seis varas de alto  y después enlucido las paredes con buena mezcla, buenas albardillas y bien forradas con tejas); el enterramiento tiene en sus claustrados (nichos) 650 varas cúbicas con los machones, resaltes, y arcos, ; en el testero donde está figurada la iglesia, se puede formar uno cubierto en forma de galería,  y podrán servir  para los enterramientos  para personas de distinción como sacerdotes, caballeros particulares ; en la iglesia, galerías de nichos , arreglo de la solería ;  el embovedado de la iglesia junto con las  puertas, ventanas, marcos, cerchas para arcos. Vidrios. Rejuelas de alambre, 2.000 losas de sepulcros para cofradías, párvulos y otros y; techumbres de la iglesia y cementerio. La puerta de la calle se fabricó con 160 sillares cuyo costo en saca, porte, labra y manufactura, junto con el de las columnas o pilastras que hagan del mismo orden de arquitectura, Era el total del coste de la obra: 200.000 reales. Y, en palabras de los arquitectos, como declaración más breve: Importe de las tapias y cercas del cementerio 79.464 reales, enterramiento general y nichos 84.105 reales; Iglesia y agregado 36.431 reales. 

 Pero, mientras tanto se llevarán a cabo la finalización de las obras, siguió enterrándose en las criptas funerarias de las iglesias y ermitas de la ciudad.

En 1812, los franceses incendiaron la iglesia de Santa María la Mayor, y esto dejó expedito el camino para reubicar los enterramientos en dicho recinto. Además, en palabras de Guardia Castellano “los restantes sótanos de las demás iglesias venían siendo insuficientes para la mortandad de la población, por lo que fue necesario habilitar un local para los enterramientos”. A esta medida de crear un recinto, destinado específicamente a camposanto, coadyuvó de nuevo la restrictiva política ministerial de Fernando VII que prohibía expresamente el enterramiento en las iglesias abiertas al público, y, por lo tanto, fue elegida la Iglesia Mayor de la Mota como el lugar más idóneo para la ubicación del cementerio de la ciudad.

En 1814, el abad y la Junta de Sanidad instaron al cabildo municipal a llevar a cabo la instalación del cementerio dentro del recinto fortificado de la Mota y, a su vez, en la abandonada Iglesia Mayor. Los informes y los acuerdos municipales manifestaban que era el sitio más adecuado y, hasta incluso se atrevían calificarlo el mejor de la provincia: razones de cerramiento amurallado, poco coste de obra y de ventilación. Hasta su funcionamiento de cementerio, se utilizaron las iglesias de San Blas y Santo Domingo de Silos de depósito de cadáveres y oficio de misas.

A partir de esa decisión municipal, en 1816, la iglesia se descombró su interior, se desmontaron los restos de las bóvedas que amenazaban peligro y se ampliaron los lugares de inhumación de cadáveres. En 1818, las largas que se habían dado en la instauración del cementerio, ya no importaron, se prohibió el enterramiento en la Iglesia Mayor Abacial hasta que se hicieran las obras necesarias para ubicar el cementerio   y, provisionalmente, los cadáveres se enterraron en las iglesias anteriormente mencionadas. En 1819, la Junta de Sanidad, ya estableció “el cementerio común fuera de los muros de la ciudad en el sitio nominado de la Mota a bastante distancia de la población, en una altura que la domina en todas las partes, y, en su consiguiente los vientos cruzándose en direcciones opuestas, ningunos perjuicios acarrean a las salubridades del vecindario: cercado de altas paredes y de los muros de la fortaleza y en su seno contiene el mencionado sitio. Prevenido de firmes puertas, y con extensión muy sobrada un sinnúmero de años a este destino y cuya naturaleza del terreno es muy a propósito para la más pronta conjunción de los cadáveres y que de él ningunas aguas se filtran ni comunican con las potables del pueblo. Asimismo dentro de este recinto en la  Iglesia que fue arruinado a la retirada del Exército francés, se restableció y reparó una capilla en donde se celebra el Sacrificio de la Misa, y no a muy larga distancia se destinó la ermita de san Blas , también separada de la población , para depósito de cadáveres y celebración del oficio de Difuntos, todos estos objetos y atenciones fueron cumplidas puntualmente en observancia de las órdenes Superiores, y solo han quedado en execución , por haberse apurado los arbitrios  para ello, el Osario y  la habitación para un capellán y sepulturero. La limpieza y  la extracción de la ruina  de la citada iglesia  y sus bóvedas para colocar en ellas las correspondientes sepulturas  en que con distinción de párvulos a otras edades, y de sacerdotes a otras personas, se hiciese depósito  y enterramiento de cadáveres., según está prevenido, señalando al mismo tiempo el terreno y, en seguida a la ocupación de la memorada iglesia que se  necesitaba  para nuevas sepulturas, aún el sobrante para ocurrencias y extraordinarias de alguna epidemia, para cuyos objetos han concurrido los peritos y manifestado el importe que se ha menester  para llenarlos en todas sus partes. Por tanto, no hallándose otro mejor local para cementerio, que el que ya establecido, por las circunstancias preferentes a otro cualquiera que en el concurren, informan que no debe hacerse traslación a ninguna de las Iglesias vacantes, sino repararse lo que sea necesario en él lo que se está haciendo uso para este vecindario.”

 




El plan de la obra se le encargó al maestro Manuel Granados  que hizo este proyecto  con su correspondiente presupuesto:  Emparedamiento del osario (2.800 reales de vellón); excavación, extensión de tierra y allanamiento para sepulturas en el suelo (18.525 reales); composición y limpieza de sepulturas (5.095 reales); tejado del paso que cubría la capilla mayor y otro igual que está pegado a la torre (4.800 reales); tres galerías de nichos en su interior (4.000 reales); techado y tabicado de la casa del capellán sacristán (200 vigas, clavos, 66 haces de cañas, tercio de tomizas, 60 cahices de yeso, puertas y ventanas, trabajo y peones que suman 17.680 reales.. El total de la obra alcanzaba la cifra de 52.900 reales. ´

En 1823, de nuevo se hicieron eco de un acuerdo de las Cortes sobre la salubridad pública y el emplazamiento de los cementerios, y de ello el alcalde dio fe incluso sobre el estado del cementerio y las reformas previstas. Y se pusieron en ejecución las propuestas de Granados. La operación también fue descrita por el cronista Guardia Castellano, recogiendo las actas y un informe con motivo de la construcción del desaparecido cementerio hoy día desaparecido:

 “no ya en sus antiguas criptas y sótanos, que habían sido con anterioridad cegadas por los franceses sino en la totalidad de su superficie, sobre el haz de la tierra, bien fosas cavadas someramente entre ruinas y escombros, bien formando pilas con los ataúdes colocados los unos sobre los otros, recubiertos con una capa de yeso. Cuando ya estas pilas alcanzaban alguna altura, se formaban otras delante y luego otras, por lo que iba reduciéndose el área del antiguo templo con aquel revoltijo sin orden ni concierto en que se iban acumulando las sagradas cenizas de aquellas generaciones”-

  La falta de una planificación y diseño de su interior, así como sus continuos derrumbes, dieron lugar a un aspecto insano, lúgubre e inhóspito que obligaba a tomar medidas lo más pronto posible para darle un giro a este nuevo cementerio. Pues realmente no respondía dicho espacio a un auténtico cementerio sino, más bien a la reutilización de un espacio religioso abandonado con fines de enterramiento.  No obstante, los miembros del cabildo municipal se sentían complacidos por el hecho de   haber dispuesto este espacio para camposanto y, además, se creían sumamente satisfechos de que respondía con todas las garantías, porque ya no se enterraba en las iglesias. Por eso, no era de extrañar que, a los requerimientos de las memorias de las autoridades provinciales, se contestara afirmativamente que existía un cementerio público y este, por su parte, reunía todas las características de lo que se le preguntaba en los interrogatorios del gobierno civil (así, se hizo en 1823 y 1834).

 

Estas son sus manifestaciones del ayuntamiento de Alcalá la Real en el  segundo año 1834:

Hacía algunos años que en los extramuros de la ciudad se construyó, hacia el sur y en un sitio elevado, un cementerio donde sepultaban los cadáveres de Alcalá y las aldeas, excepto los de Frailes y Charilla que tenían el suyo propio. La misión del gobierno civil solicita que se construyan cementerios en todas las aldeas y así evitar de la vista del público los cadáveres que puestos sobre borricos se conducen al cementerio de esta ciudad. Por este medio se disiparán aires malsanos que lentamente consumen la especie humana por la respiración  y en tiempos epidémicos  no se comunicarán  los cadáveres de una ladea contagiada con los habitantes de la aldea[2]”.

 


Prueba de que el cementerio público era una realidad, se encuentra en el libro primero de sepulturas que alude que en 1850 existía un conserje llamado José Moyano y que este ya organizaba la distribución de sepulturas Durante este tiempo, se utilizó como capilla y lugares del sacristán los pies de la iglesia y la capilla del Descendimiento o de los Aranda que daba a la escalera del campanario.

EL L CEMENTERIO DE 1865

 

Sin embargo, realmente, el cementerio antiguo de la Mota, hoy desparecido, responde a un acuerdo municipal de 1865 atendiendo a los requerimientos del gobernador civil de la provincia de Jaén.

Se presentó el expediente que el señor alcalde ha instruido en consecuencia de la circular del señor gobernador civil de esta provincia con fecha 25 de febrero último y lo acordado  por la corporación en dos del actual para reparación del cementerio público  de esta ciudad, resultando de el que lo que se proyecta  es sólo levantar una cerca dentro de la plaza de la Mota con sus correspondientes techumbres en  el punto que existe entre la Iglesia ya derruida  y el Castillo,  como sitio más a propósito  tanto por tener fondo suficiente para inhumación de cadáveres  cuanto por que, desde el año diez y siete , está todo ello adentro destinado  a camposanto , y resultando  finalmente la conformidad de las Autoridades eclesiásticas  de esta Abadía   , quien conoce  como el Ayuntamiento la urgentísima  e imprescindible necesidad  de dichos reparos a los que no puede subvenir la fábrica por carecer absolutamente  de recursos según la prueba en repetidos expedientes , siendo  fácil del fondo municipal proporcionarlos incluyendo en el presupuesto ordinario los 15.000 reales que resulta  consignados  en la certificación(…)  en vista de todo esto acordó la aprobación de él disponiendo se remita original a la aprobación del Gobernador de la Provincia

Para ello, se solicitó la presencia del arquitecto provincial José María Cuenca. Este acudió a la ciudad, delimitó la localización del cementerio y diseñó y trazó los planos adecuados. Lo ubicó entre la iglesia mayor y el antiguo torreón del Homenaje. Desde 1817,  todo  el terreno  ocupaba en planos y proyectos  3.249 metros cuadrados  (un cuadrado de cincuenta metros por cada lado)[3], pero aquel año los munícipes solo se  comprometieron a “verificar las obras comprendidas en dicho proyecto en la sección primera  o sea la pared de cerramiento de la fachada y su ornamentación importando 2.690 escudo 500 milésimas” dejando el resto de las partidas para años futuros. .

Formaban parte del cementerio el cerramiento, dos patios, una capilla, sacristía, pabellones de administración y anatomía y una casa habitación del conserje y sepulturero. El presupuesto de la obra alcanzó la suma de 6.952 escudos.  La obra se fue ejecutando de acuerdo con las posibilidades económicas municipales: se convirtió el suelo de la iglesia en camposanto de tumbas de inhumación, se mantuvo la antigua capilla hasta principios del siglo XX dentro de la Iglesia Mayor Abacial y se llevaron a cabo las tapias del cerramiento.

 


                                    LAS REFORMAS DE 1874

 

En 1874, se cayó la bóveda por la parte de la cabecera de la iglesia, provocando el derrumbe de ataúdes y cegando los pasillos de los pabellones interiores del cementerio. Además, una intensa epidemia de viruelas y su consiguiente mortandad dio lugar a la habilitación del cementerio nuevo.  No hubo posibilidad de llevar a cabo la obra y el traslado de las sepulturas del interior con la mesura y la planificación que exigía un espacio urbano tan importante, sino que primaron la precipitación, el tropel y la falta de recursos municipales para ejecutar las obras. Se vendieron a bajo precio y perpetuidad todas las bóvedas y panteones familiares para poder realizar las obras. Se modificaron los planos del arquitecto Cuenca, atendiendo más aun criterio de comodidad y posibilidad constructiva que a razones estéticas omitiendo todas las obras de gran envergadura. Se dividió el patio en dos, por medio de un muro con dirección norte-sur: el primer patio se dedicaba mausoleos, nichos y panteones de familias, con sus correspondientes galerías, en las que también podían hacerse sepulturas perpetuas, había pocos nichos y panteones que fueron ocupados por las familias hacendadas y pudientes; el segundo patio se dedicaba exclusivamente para fosas comunes. Tan sólo, se emprendieron parte de ala izquierda. En un principio, para comenzar las obras, consiguieron 16 panteones de familia (curiosamente estas respondían a las clases altas de la ciudad- los antiguos hidalgos, familias enriquecidas por la desamortización, industriales y altos funcionarios) y 128 nichos (para las clases medias como funcionarios municipales y estatales, labradores, iglesia …).  En 1875, los munícipes se hacían eco de esa situación “Queda concluida la primera serie  de aquellos ciento ochenta nichos y diez panteones de familias de vecinos, un espacio local en el segundo patio, con que  el edificio cuenta paras inhumaciones particulares y zanja común a más de la separación local  a los que deban enterrarse en virtud del decreto judicial[4]”..

 

La inauguración del nuevo cementerio tuvo lugar el 23 de diciembre de 1875 por medio de una ceremonia solemne donde participaron personalidades, autoridades y el clero de la ciudad que hizo procesión y responso. Esto conllevó el cierre del anterior cementerio y la inhumación a principios de enero de los primeros muertos. Se hicieron doce zonas, a su vez la segunda, dividida en varias secciones de un término de 10 a 12 con 12 sepulturas aproximadamente. Conforme se avanzaba el siglo, se aumentaba en sepulturas, panteones familiares y nichos sin destacar en su ornamentación salvo algunos con algunas esculturas 

. En 1877, faltaba para cerrar el proyecto inicial por construir la zona de las galerías, bóvedas y   nichos del ala derecha de la puerta de entrada, con lo cual se formó un paralelogramo armónico y uniforme en su construcción dejando el centro un espacio extenso y regular para mausoleos y sepulturas especiales; y la espalda, por el lado oeste, un gran patio de iguales dimensiones para las fosas comunes.  En 1878 ya había 28 panteones familiares y los nichos se acercaban a los 300. En torno a 1887, ya había dos galerías en el primer patio predominando las sepulturas de tierras con más de dos millares a finales de siglo. 

LA IGLESIA DEL CEMENTERIO

 

Todo esto obligó a que se trasladaran exteriormente los antiguos pabellones o mausoleos que aumentaron más de la veintena; se reconvirtiera el antiguo aljibe de la Casa de los Aranda en osario. En 1899, se inauguró una nueva capilla neogótica en su exterior. Esta se hizo nueva, situada a espaldas del patio primero sepultura común número 1.  Capilla bendecida con toda solemnidad y aparecida la noticia en la prensa. El capellán del cementerio lo recogía de esta manera en una nota extensa del libro 5º de Sepelios: Ad perepetuam rei memoriam.  El día 24 de octubre de 1898 se dio principio a la construcción de la Capilla del Cementerio  y finalizaron las obras el 18 del mismo año, y el 12 de enero de 1899, a las once de la mañana se bendijo solemnemente por el señor arcipreste  y párroco de Santa María la Mayor, don  Ildelfonso Díaz Herrera quien, acto seguido, celebró el santo Sacrificio  de la misa con los vestuarios  Don Francisco Villuendas Romero y don Agustín del Espino, aplicando la misa por todos los fieles difuntos de ambos panteones , concluyendo el acto  con un responso general  y doble de campanas. Asistieron el excapellán don José de la Torre Escribano, y otros varios señores sacerdotes m entre ellos don José Carrillo Aguayo que ofició la misa y cantó el responso. El retablo lo donó la parroquia de Santa María y la pila de agua bendita la parroquia de Santo Domingo de Silos. Las casullas y ropa blanca eran de la capilla de la cárcel. Todos los demás utensilios de cáliz, vinajeras se compró con los fondos del Panteón. .

Asistió el señor alcalde don José Suárez Trujillo y comisión de Beneficencia y Caridad con su presidente y segundo teniente alcalde don Blas Ramírez Castillo un numeroso concurso de fieles- El Santo Cristo que hay en el altar es el mismo que hubo en 1814 en la antigua capilla del dicho panteón, situada al pie de la torre y dentro de la Iglesia.  El cuadro de lienzo de gran tamaño y que es el Patrocinio de San José lo donó don José de la Torre Arenas, y el lienzo que representa el Descendimiento lo regaló el conserje del cementerio José Moyano. El cuadro lienzo de la Purísima lo donó don José de la Torre Escribano, presbítero y el de san Vicente de Paúl el capellán don Francisco Villuendas...  El personal del ayuntamiento se componía de un capellán eclesiástico que ejercía de administrador y controlaba el registro de cadáveres, así como realizaba las misas del cementerio; de un conserje y de varios sepultureros. A principio de abril de 1906, se puso a andar el reloj de la torre de la Mota, lo que coadyuvó a las entradas económicas del conserje.

En 1 de diciembre se bendijo el Vía Crucis de la ermita por el presbítero don José González y fue colocado por el sacerdote don de la Torre Escribano. Lo bendijo el capellán Villuendas y los regaló don Concepción Montañés del Mármol.

                        EL CEMENTERIO EN EL SIGLO XX

 

El 18 de mayo de 1906, día de frío y viento, hizo visita pastoral el obispo don Salvador Castellote tanto al cementerio como en la plaza pública.  A finales del primer tercio del siglo XIX, ofrecía el recinto dos patios bien diferenciados, uno delante de la iglesia con panteones y sepulturas de tierra y un pabellón lateral de nichos con diversas galerías; y un segundo patio con tres pabellones en forma de U y una reserva de patio exterior para casos indigentes y extraordinarios.  

Los panteones familiares del interior se habían trasladado prácticamente al exterior, entre los que destacan algunos con unas tumbas suntuosas. Como curiosidad la primera de ellos era la de la familia Abril, otro el ayuntamiento había donado al general Lastres y el número 18 la de la familia del médico Ruiz Mata Écija, masón que fue enterrado en 1 de abril de 1920. 

 En cinco de julio de 1906, se principió a sepultar de nuevo en las fosas comunes del Patio ya que habían transcurrido los cinco años, curiosamente esta noticia está recogida por el capellán del cementerio que aducía que había crisis ministerial del gobierno Moret. Este patio se encontraba con árboles en medio: en la zona primera se dedicaba a los niños junto a un árbol y al segundo árbol a los hombres.

El departamento judicial y otras dependencias como las fosas comunes para accidentes, beneficencia y suicidas ocupaban un lugar especial en el segundo patio.

En 1933, se abrió un patio nuevo que fue el que acaparó la mayoría de los cadáveres hasta el cierre del cementerio, junto con el de las fosas comunes para adultos y párvulos.

Una fotografía de 1936 es testigo de la distribución de patios y del cementerio. En ellas, se ocultaba la capilla junto al osario y camino entre patio primero y segundo. El patio primero era de menor extensión y alcanzaba el solar de la antigua Casa Abacial, se observa que estaba prácticamente completo de sepulturas de tierras, una galería junto a la línea divisoria; el segundo patio mantiene tres galerías de nichos en forma de U y dos patios interiores de sepulturas de tierras. Reservaba un espacio para las sepulturas especiales (de beneficencia, párvulos, y casos excepcionales como suicidios, muertes violentas…). La extensión de ambos es un perfecto cuadrilátero: un lado se extendía desde la torre de la Iglesia Mayor Abacial hasta el lado de la torre del Homenaje; otro, desde el extremo sur de la fachada principal de la Iglesia Mayor hasta la Calancha; otro lado coincidía en su diseño con la paralela de la muralla de Santiago, y el último iba de la torre del Homenaje hasta el segundo dentro de la ciudad fortificada.  

 

            EL CIERRE DEL CEMENTERIO

Tras la guerra civil, el hacinamiento de cadáveres y sepulturas desbordaba dicho lugar y esto dio lugar a que se emprendiera por el año 1947 la construcción de un nuevo cementerio en el Cerrico Vílchez. Dicho cementerio fue realizado por la Dirección de Regiones Devastadas y fue inaugurado el uno de julio de 1949. Unos meses antes, se hicieron ordenanzas sobre el nuevo cementerio y comenzaron a trasladarse y venderse mausoleos. Los últimos cadáveres que se sepultaron en la Mota fueron los de Miguel Guardia Sánchez y Carmen Roldán Conde. El número de cadáveres inscritos en el libro de sepulturas había alcanzado la cifra de 4.101 (hay que tener en cuenta que sólo se registran desde 1875 y, a partir de los últimos decenios del siglo XIX primeros del XX, hay cementerios en Charilla, Frailes, Mures, Pedriza, San José de la Rabita, Ermita Nueva, Santa Ana y Riberas.   Muchos cadáveres de nichos, bóvedas y panteones del antiguo cementerio de la Mota se trasladaron al primer piso de las nuevas galerías de nichos del nuevo cementerio, produciéndose poco a poco un paulatino abandono del antiguo camposanto, que cegó prácticamente la entrada del templo de Santa María la Mayor y convirtió en una terreno tétrico e inhóspito las ruinas de pabellones, galerías de nichos y tumbas de tierra,

En los años setenta del pasado siglo XX, el ayuntamiento de Alcalá la Real llevó a cabo una labor de limpieza del recinto del cementerio, dejando expedito de cadáveres todo el espacio destinado a este fin y derribando las edificaciones de las galerías de nichos. No quedó otro testigo del anterior cementerio por los años ochenta sino, los árboles, el antiguo aljibe transformado en osario y algunas paredes divisionarias de los dos patios y del cerramiento del cementerio.



[1]      AMAR. Caja 77. Legajo 10.

[2]      BARQUERO MESA, Federico, A LA PATRONA DE ALCALÁ LA REAL. Informe social de Alcalá la Real. 1834.

[3]      AMAR. Acta de 13 de julio de 1865.

[4]      AMAR. Acta de 26 de julio de 1875.