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domingo, 18 de octubre de 2026

HUERTA DE CAPUCHINOS EN SU XXX ANIVERSARIO





            BARRIO E HISTORIA           

              APUNTES SOBRE LA HUERTA DE CAPUCHINOS

 

            La HUERTA DE CAPUCHINOS  no ha presentado el aspecto ni el  desarrollo urbano tal  como hoy día nos la encontramos, en el que podemos distinguir varias fases


                                                                        I

      Antes de la conquista de  los Reyes Católicos, formaba parte del ruedo de la ciudad y, en su mayor parte, eran fincas  de cereales y, en torno a unos arroyuelos,  había zonas de  arbolado.




                                                                            II

.      En tiempos de Carlos V y Felipe II, se transformó primero en un ejido-. lugar común para pastar el ganado-, lindando con tierras de particulares y con los caminos de la Fuente del Rey  y de Granada. En dicho lugar pastaban ganado de la ciudad antes de ser inmolado en el matadero.  Posteriormente, se creó la Fuente Nueva, un lavadero, la puerta de los Arcos, y una Alameda, que comprendía principalmente el sitio de la actual Huerta de Capuchinos hasta el colegio Alonso de Alcalá, donde se ubicaba una ermita dedicada a  María Magdalena.

 

Esta alameda se plantó en torno a los años setenta del siglo XVI, tenía una calzada central y varios canales de riego, y a su cargo había un guarda nombrado por el cabildo municipal que cuidaba de los álamos, acequias y de las plantas. Ejemplo de ello son estas palabras de los regidores del año 1597 También le preocupó a la ciudad el reparo de la alameda, pues se hallaba  casi perdida, así como la calzada y sin agua en acequias, no se podía ir a pie ni a caballo. De este tiempo, es  la casilla de junto a la puerta de los Álamos para caseta del guarda, que regaba la zona.   Pues en esta ciudad no tenía otra cosa de ella para  paseo de recreación de los vecinos. 

Era un lugar donde los vecinos solían ejercitarse en el manejo de la caballería corriendo y domando caballos, haciendo simulaciones de combates y juegos de cañas. Por otra parte, cuando se puso de moda el uso del trabuquete y arcabuz en la guerra, como en el periodo de la guerra de las Alpujarras, los milicianos solían estrenar haciendo la diana en unas paredes de aquella zona, y le daban de premio al mejor arcabucero que consistía una medalla con  agnus dei de oro.

3.      En el siglo XVII,  se  reservó una parte de aquella alameda para el convento y huerta de los Capuchinos, lo que hoy día es el actual barrio y quedó acotado en medio del ejido y rodeado de la ala meda y los dos caminos. , A partir de mediados del siglo XVIII, el parque recibió una nueva remodelación, prácticamente que afectó a todo el recinto, a la manera del  jardín francés, distribuyéndose en diversos parterres y una calle central con una fuente, así como se mantuvo parte de la alameda y se renovaron las plantas y flores. De este tiempo y principios del siglo XIX, viene el nombre de Paseo Público y el uso de una glorieta para las verbenas, amenizadas por las bandas de las compañías que se alojaban en la ciudad. Hemos encontrado, tras la desamortización de Mendizábal relatos curiosos de ser este recinto un lugar muy propio y elegido al juego prohibido de naipes, que era perseguido por la Justicia, sobre todo, en los días de fiestas, cuando acudían forasteros con puestos ambulantes. El convento pasó a manos particulares y se transformó en varias casas de vecinos. A finales del siglo XIX,  sufrió una gran pérdida, pues  se destruyó la puerta de los Álamos.




 

domingo, 11 de octubre de 2026

LA CASA DEL CURA


Esta casa de piedra de los Llanos, 

albergó mi sueños infantiles,

un  cra puso con flores de lises

la portada , balcones y los vanos.


Esta casa de vecinos de antaño

nos  dio muchas alegrías y sustos miles,

nos recuerda las fatigas inverosimiles,

que  muchas familias soportaron. 




Esta casa,de estilo neoclásico,

capellanía   del Castillo hidalgo,

fue testigo de tiempos de emigrantes.

 común servicio entre sus habitantes ,

- jornaleros, labriegos y  paniaguados-

y el compartir los años duros de hambre-. 
 





Esta casa lindaba por estos años con la academia y escuela de un  maestro desterrado de la guerra civil  Salvador Medina, natural de Frailes como su hermana la maestra María Teresa, que  preparaba a los alumnos a estudios secundarios y formativos por mis tiempos infantiles y , antes fue de la famlia de la los Revelles, todos maestros . Y por la casas de arriba, con la familia López de las Riberas. En tiempos anteriores, con la Casa de la Sociedad Obrera de la Emancipación, propia de Manuel Ceballos,  donde acudían personajes de nuestra historia de los años treinta el capitán José  Castillo Sanz de Tejada, su hermano Valeriano, los alcaldes republicanos Pablo Batmala y Salvador Frías entre otros. 



Esta casa se acabó de construir en 1788, como señala la leyenda sobre su dintel del balcón central y refleja la construcción de aquellas mansiones hidalgas, con portada y fachada de piedra, adintelada  y sobre ella un friso con  esquemáticos juegos de estrías que envuelven en un círculo pequeño la flor de lis. Tres balcones presiden el segundo cuerpo y otros tres vanos en forma de ventanucos en las cámaras como tercer cuerpo. Generalmente estos respondían  a las siguientes funciones: el primero , para entrada, portal, vestíbulo, algunas habitaciones de diverso uso,  patio, corral  y caballerizas; el segundo cuerpo con salas, dormitorios y cocina y el último cámaras donde se albergaban las trojes de cereales y frutos del campo y de la matanza. Esta casa desarrolló varios cuerpos en torno al patio central, donde estaban los servicios comunes de lavandería y de higiene. En esta casa, con número 40 de la calle de la Veracruz,  vivieron un pariente de mi abuelo Adriano Hinojosa Bailón; por los años treinta, miembros de la familia Daroca Castillo, comerciantes  y enrolados con la familia de Ruiz Matas, pero en sus orígenes con la familia de Valeriano Castillo Piqueras, propietario de Alcalá la Real.  Estos a su vez, tras la guerra de  la Independencia,  en los años treinta del siglo XIX , provenian de la familia de don Julián Piqueras y  doña Florencia Santillán.  Estos, a su vez, incardinados, con la familia de don José Aranda, un clérigo que dio origen a la casa y su hidalguía. Y yo viví desde 1954 hasta 1960. Con las familias del emigrante a Madrid

Montoya, el panadero Moya, los García Martín, los Sotos, los Arjona Gámez y los miembros de la viuda Pilar Gálvez...

EN LA CAPILLA DEL BAPTISTERIO, NOS INTERPELAN ESTOS PERSONAJES



 

En los pies de la Iglesia Mayor, de rica decoración y estilo plateresco se abren seis espacios cuadrilongos por medio de cuatro columnas centrales, cuyas dimensiones difieren en altura y anchura destacando la central y la del evangelio y en sus enjutas aparecen medallones y animales o quimeras, que se restauraron en los años noventa por la II Escuela Taller de Patrimonio. Bajo sus bóvedas nervadas, se divide el espacio en dos cuerpos, uno bajo y otro superior que conforma el coro y avanzaba mucho más hasta los primeros pilares. En el primer tramo de la nave del evangelio, se ubican dos capillas y encima de ellas el  trascoro, en la parte baja la capilla del baptisterio , a la que se accede por medio de dos arcos de medio punto, el  de la parte central rebajado, y está cubierta con una bóveda  sobre pechina  de tres elipses concéntricas  ( una de guirnalda de laurel y rosas, la segunda con dardos y oval y la central de lazos que envuelve  una linterna ciega de doce estrellas de ocho puntas que se relaciona con las tribus de Israel o los doce apóstoles) .





Destacan los elementos decorativos propios del plateresco con veneras, rosetas y hojas de canto y sobre todo los medallones, que recogen varios rostros de personas en actitud agitada, que algunos relacionaba con los miembros patronos de la capilla de enterramiento, y no hacen sino repetir motivos muy propios de otros monumentos:  El Temor, la Sabiduría, La Prudencia, En su interior dos hornacinas se abren en el muro, destacando una en forma de venera, lugar de la pila bautismal  y rematada con una leyenda en su arco que recoge  el  mensaje del cuadro del Descendimiento que ocupaba esta capilla. Si quis vult me sequi, deneget seme e ipsum et tolet crucem suam et sequatur me (Si alguien quiere seguirme que tome su cruz y me siga).


 

DOS COMEDIÓGRAFAS EN ALCALÁ LA REAL EN LA SEMANA DEL JAÉN

 

DOS AUTORAS DE COMEDIAS EN ALCALÁ LA REAL






El otoño siempre se ha prestado para realizar representaciones teatrales a lo largo de la historia. En las ciudades que disponían de un Corral de Comedias siempre programaban desde el mes de septiembre una serie de obras teatrales en medio de la gira de las compañías que realizaban una ruta que partía de Madrid, o de ciudades importantes como Sevilla, Toledo, Valencia, Zaragoza, Granada o Córdoba. Era frecuente que los autores de comedias, es decir los directores de las compañías fueran generalmente hombres. En muy pocas ocasiones la mujer ocupaba su puesto directivo.

Coincidimos con  Felipe Pedraza, Rafael González Cañal, y Almudena García González en su comunicación de.    "La mujer sobre el tablado en el siglo XVII: de actriz a autora", dentro las XXXI Jornadas Internacionales de teatro clásico de Almagro de 2009.

La incorporación de la mujer a la dirección aumenta en la segunda mitad del siglo XVII. Es sobre todo a partir de 1660, cuando el número de mujeres que asumen la dirección de una compañía se incrementa y comenzamos a encontrar, junto a casos como éstos, los de otras autoras que consiguieron mantenerse en el desempeño de esa función, e incluso sabemos que algunas de ellas habían obtenido la licencia oficial para representar como autoras, es decir eran “autoras de título”. Así sucede con María Álvarez, apodada la Perendenga, Margarita Zuazo, Ángela Barba, apodada la Conejera, Fabiana Laura, Francisca López Sustaete, Francisca Correa o Juana Ortiz, a las que quizá se podrían sumar otras que ejercieron como autoras oficiales, aunque no haya quedado rastro en la documentación que permita probar que lo fueron.

    Algunas de las autoras, en este período más tardío, aparecen gestionando la compañía en solitario. En el teatro del Siglo de Oro de la ciudad de la Mota, disfrutó de la presencia de dos mujeres directoras del mundo del teatro: Barbara Coronel y Margarita Zuazo. La primera, como autora, fue dueña y directora de una compañía teatral) Nació en Madrid en 1632 y, aunque no conoció a Cervantes ni Lope de Vega, perteneció al ciclo de Calderón de la Barca. Hija y sobrina de actores: sus padres, los comediantes Agustín y María Coronel y su tío era nada menos que Cosme Pérez (Juana Rana) [, afamado actor especializado en representar un mismo personaje con gran éxito y era amigo personal de los reyes Felipe IV y Margarita de Austria. A los once años ya actuaba en la compañía del autor Tomás Díaz.

Desde pequeña, la Coronel fue una feminista del siglo XVII, defendiendo con su talante poderoso y contraponiendo su postura valiente a la de las mujeres débiles o sumisas, con su vestimenta de hombre, quizá para evitar ser vejada por su sexo, ejercitaba la monta a caballo a estilo masculino. y se enfrentaba a ellos con valentía y hasta con buenos golpes. Llegó a representar papeles masculinos sin ficción alguna, hombres de verdad y, según Casiano Pellicer, con muy buen agrado del público y por consiguiente grandes aplausos. No es de extrañar que se difundiera este poema dedicado a su persona: La Bárbara Coronel/domina de igual talante/al hombre más arrogante/y a la más fogosa cárcel. /El capricho es la razón/de «mujer» tan agresiva;/y no es nunca equitativa, /aunque sabe equitación. Al morir su padre, se casó con el actor Francisco Jalón, con quien mantuvo una relación no muy pacífica en su vida matrimonial que acabó con la dudosa muerte de su marido, por la que fue condenada y se salvó gracias a su tío Juan Rana.

Volvió al mundo teatral, pero como muchos no la querían en sus compañías por sus antecedentes, decidió convertirse en empresaria y directora “autora” de su propia compañía, que, según Pellicer, se estableció en Valencia. Se presentó como una mujer directora que creó su propia compañía. Estuvo realizando varias representaciones en el corral de Comedias de la Santa Veracruz de Alcalá la Real actuando los autos y comedias del año 1669.


Margarita Zuazo, por su parte, comenzó trabajando como actriz y música en la compañía de la autora Fabiana Laura, entre 1669 y 1671, para pasar en 1672 a la de Carlos Salazar y en 1673 a la de Jerónimo de Sandoval. Desconocemos las razones por las que este mismo año, al mes de fundarse la compañía de Jerónimo de Sandoval, éste la dejó en manos de Margarita Zuazo, que se mantuvo como autora durante cuatro años. 

En 1676 se encontraba realizando representaciones en Alcalá la Real como autora de la su compañía por el día siete de septiembre. Y era representada por su cobrador Miguel de Aguilar ante el escribano Gabriel Delgado Santisteban para firmar un traslado de sus bagajes con los arrieros Tomás González de Águila y Alonso García. Consistían en cincuenta de mayor embalaje, veinticuatro de carga, quince de mujeres y doce de hombres con sus albardones y sillas, y con fecha para el jueves siguiente 24 el mismo mes a la fecha del contrato; pagaban a tres reales por arroba y treinta reales por las caballerías y mujeres.  Lo firmaban para transportarlo a la ciudad de Granada, donde representaría en los meses posteriores. Los actores eran la misma Margarita, Lorenzo y Francisco García, Francisco de Fuente, y Francisco Bohórquez entre otros.   En 1677 Margarita entró a trabajar como actriz en la compañía de Hipólito de Olmedo, que, al año siguiente, como antes había hecho Jerónimo de Sandoval, la dejó en manos de Margarita. En los dos últimos años de su vida que tenemos documentados, 1680 y 1681, trabajó de nuevo como actriz. No sabemos si llegó a casarse, pero un documento de 1677 se refiere a ella como soltera. Se trataría de un caso que ejemplificaría una situación distinta a la habitual, la de una mujer que accede a la dirección de la compañía al margen de relaciones familiares con un autor como esposo.  Acabamos de ver que Margarita Zuazo había comenzado a trabajar como actriz en la compañía de una mujer, Fabiana Laura, que representa un caso similar.

Por estas fechas hace más de trescientos años, Margarita actuó en el corral de Comedias de Alcalá la Real. Lo hacía a un lugar, que apenas podía mantener la cofradía de la Veracruz por aquellos tiempos, a no ser que recibiera subvenciones, como fue el arreglo de los aposentos oficiales y de la estructura de su fábrica en 1669. Se remozó con la ayuda de doscientos ducados el Corral de Comedias de la cofradía de la Veracruz. Curiosamente, acudían los miembros de la ciudad y sus esposas a los aposentos reservados. En 1684, de nuevo el Corral de las Comedias se remozó en los aposentos de la ciudad fijando las armas reales, de la ciudad y de la Cofradía de la Veracruz. En el siglo XVIII, despareció la actividad y se transformó en la Escuela de Cristo. Este antiguo Corral de comedias, junto a la desaparecida iglesia de la Veracruz, es una construcción modernista de principios del siglo XX. Un canto de cisne al mundo del teatro.

 

sábado, 10 de octubre de 2026

SABES QUE LA CALLE CAPUCHINOS SE LLAMABA JOAN GÓMEZ HASTA EL SIGLO XVIII

 

sábado, 8 de septiembre de 2018

LA CALLE CAPUCHINOS EN EL CATASTRO DE LA ENSENADA

La calle de los Capuchinos formó muro de contención con los  portillos y cercas de sus solarines, e hizo lindero de la ciudad y campo desde el siglo  XVI hasta mediados del siglo XX. Fue siempre una calle a medias habitada, entre una acera con patios  y solarines de la calle Abad Palomino o de la Peste, y otra edificada a medio camino . Existieron casas de oficios y  artesanales contaminantes que necesitaban grandes espacios. Desde algunas atarazanas que hemos comentado en anteriores artículos por los siglos XVII y XVIII, a las primeras industrias telares o de servicios como los de transportes, gasolina, y almacenes de vinos. Muy cercana a la Puerta de los Arcos, se prestaba a establecer fondas y conventos. Allí, en una casa , se estableció el convento fraciscano de San José  de Capuchinos  en  1629. Se instalaron en el lugar exacto de fin y remate de la calle de la Peste, aduciendo los capuchinos que el convento capuchino del Castillo no disponía de enfermería  y necesitaban un oratorio para decir misa; se le dio la licencia por el abad Moya. Pero debió ser un solar falto de LUZ, umbrío y falto de higiene que pidieron UN NUEVO EMPLAZAMIENTO EN El camino de San Marcos, y se trasladaron a la Ermita de San Barrolomé, luego volvieron a la Alameda, actual parque.  De ahí le viene el nombre, que se mantuvo hasta hoy día. Anteriormente, se denominó con el nombre de un vecino, probablemente la de Juan García Alcaide.   y de Joan Gómez de Riberos, como se recoje en la venta que hizo el licenciado Alfonso Pérez de Alba a  Benito Aguilar por un solar que lindaba con la calle de este nombre ante el escriban Gabriel Delgado en 1681. En esta calle de  Capuchinos, se encontreaba  La atarazana  de Andrés Ramírez de Aguilera hipotecada al convertirse en padre de menores, y se cita como el calllejón de Juan Gómez de Riberos, lindera con el camino de Granada, casas de Gerónimo Rodríguez  y haza de mayorazgo de  Miguel Cabrera. Luego la calle Riberos es la parte baja de Capuchinos.  

 Algunos han confundido esta calle antiguamente con la de la calle de los Relimpios, donde estaban las casas del licenciado  Jerónimo Pedregosa, el capellán Joan Mateo de Friás (AHPJ  5091 FOLIO 415 AÑO 1664  Y GABRIEL DELGADO ESCRIBAN) en el siglo XVII  y se correspondía con calle del Puerto.




. Esta calle siempre será recordada por el bar de Justo, labriegos, talleres de coches y motos como Marcelo  Muñoz, y algunos garajes....Estos son sus vecinos del Catastro de la Ensenada, en su mayoría del sector primariosabes

miércoles, 30 de septiembre de 2026

LA COFRADÍA DE NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES EN TIEMPOS DEL MAYORDOMO MARCOS ISIDRO DE AGUILAR.

MARCOS ISIDRO DE AGUILAR




A FINALES DEL SIGLO  XVII, la capilla de Nuestra Señora de las Mercedes se administraba como cofradía de Nuestra Señora de las Mercedes bajo el mandato de un mayordomo, en este caso Marcos Isidro de Aguilar. 

Varios documentos nos lo atestiguan. Uno de ellos en dos de  febrero 1680, recoge una redención de un  censo entre el mayordomo y  Ana de Hinojosa, esposa de Alonso López de Mejorada a favor del gobernador  abacial donAntonio de Carrión desde 1640 y en los útimos tiempos sobre por el visitador Pedro García Galabardo , cargándose sobre una cantidad de 30 ducados, y los recibía por depositario el presbítero don Alonso de Ribera.  y se cargaban sobre una lagar y viña de lasLadera de Montefrío y Cañuelo de esta ciudad. .
Va
Legajo 5106 folio 193 Escribano Gabriel Delgado.

domingo, 27 de septiembre de 2026

EL TRAPICHEO EN LA SEMANA DEL JAÉN




 


EL TRAPICHEO

A veces, momentos de actualidad ofrecen la oportunidad de divulgarse una palabra, de la que damos por conocida y comprendida en sus acepciones semióticas y, sin embargo, profundizando en su origen, nos alejamos de su primer significado. Muchas veces, terminología del mundo de frontera se han divulgado por este momento. Y he ahí que, por el arte de birlibirloque de los archivos, su magia siempre da sorpresas, y me apareció que el abad alcaláino Alonso de San Martín otorgaba, en 1676, poderes a Juan Barrero, un granadino para que se presentase ante Luis de Acosta y Mezquita, como administrador de los cuartos uno por ciento de los azucares y trapiches. Inmediatamente, me vino a la mente frases muy frecuentes en nuestro entorno¨ ¿Qué trapicheo haces?”, “Esta casa es conocida en la ciudad por conflictos a causa de supuestos trapicheos de drogas”, “Siempre anda en algún trapicheo raro para conseguir dinero rápido”. “La policía detuvo a dos sospechosos por un pequeño trapicheo en el barrio”, “Está cansado de los trapicheos y quiere empezar un trabajo legal”. Está claro que el Diccionario de la lengua española (DLE) de la RAE, la palabra trapicheo es un sustantivo masculino de uso coloquial que significa "acción y ejercicio de trapichear”. Como verbo, sirva de ejemplo. ““No me gusta trapichear para conseguir lo que necesito; prefiero la honestidad.”, “Dicen que se fue a la ciudad a trapichear con documentos falsos”. Coincidimos con el diccionario que define el verbo del que proviene (trapichear) con dos sentidos principales: Comerciar al menudeo (vender o comprar cosas en pequeñas cantidades).; en su uso más común y coloquial: ingeniarse o buscar medios (no siempre lícitos) para lograr un objetivo. 

 


 Inmediatamente, relacionamos trapiches con trapicheo y trapichear y accedimos a la DRAE, que, de nuevo, nos dio la razón. El documento aportaba una nueva acepción. Pues, trapiche, procedía del léxico mozárabe “trapic” y este, a su vez, del latín alterado trapētus 'molino de aceite'. Luego no nos extraña que el trapiche sea, en España, un molino para extraer el jugo de algunos frutos de la tierra, como la aceituna o la caña de azúcar.  Y, en tierras americanas de Bolivia y Chile., otro molino para pulverizar minerales. Esta definición se mantuvo y aparecen trapiches mencionados desde principios del siglo XVI y no tiene ninguna limitación de uso, incluso en la zona de la ciudad de la Mota este trapiche servía para moler zumaques más que las aceitunas y cañas de azúcar que apenas existían y si se comprende el impuesto en la zona de Granada. Pronto, aparece un nuevo termino en este uso industrial, cual fue la palabra ingenio relacionada con trapiche.  La distinción entre ingenio y trapiche, según Álvarez Nazario en su libro Herencia (p.183), se documenta desde principios del siglo xvi, momento que el español antillano, «según testimonio de Fernández de Oviedo y de Las Casas, comenzó a diferenciar entre ingenios, "ingenios poderosos" que utilizaban el agua como fuerza motriz, y trapiches, "que muelen las cañas con caballos". Así, dice Oviedo que en La Española existían "veinte ingenios y cuatro trapiches de caballos". En Puerto Rico, sin embargo, donde el primer molino de cañas se establece en 1523, diecisiete años después de haber empezado en Santo Domingo la fabricación de azúcar, no se distingue en los documentos consultados, pertenecientes al xvi y al xvii, entre una clase y otra, llamándose a todos por igual ingenios. La voz trapiche debió pasar de Andalucía a Canarias, mientras que en portugués «parece ser palabra tomada del castellano, En América, «Hoy día trapiche es palabra con tendencia decadente en Puerto Rico. Fuera de nuestro país se conoce en otros territorios hispanoamericanos: Cuba, México (por Tabasco), América Central, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay; en Argentina y Chile es denominación de cierto molino para pulverizar minerales». También formaban parte de este contexto americano las máquinas relacionadas con esta palabra, los ingenios. En especial se generalizó el término de los trapiches para moler la caña que ocasionaban en quienes caían en ellos quebraduras y heridas mortales. El trapiche funcionaba, en los ingenios argentinos que contaban con tecnología europea moderna, con el vapor producido por calderas alimentadas con el bagazo de la caña, de ahí que la chimenea de ladrillos rojos que se elevaba muy por encima de las copas de los árboles indicara desde lejos su presencia y hasta alguna versión asegura que una gran víbora negra (o un perro negro) quedó morando en su interior cuando la planta fabril era abandonada. Durante los cuatro meses que duraba la cosecha y preparación del azúcar (aproximadamente julio-octubre) el ingenio molía caña y cocía jugos ininterrumpidamente y tanto el edificio como el canchón estaban completamente iluminados durante la noche y el latido de las máquinas no cesaba un instante.  En España, sin embargo, abunda el uso de los derivados de trapiche, y no tanto esta palabra. Es frecuente decir trapicheo y el uso del verbo trapichear.

Y


EL TRAPICHEO

A veces, momentos de actualidad ofrecen la oportunidad de divulgarse una palabra, de la que damos por conocida y comprendida en sus acepciones semióticas y, sin embargo, profundizando en su origen, nos alejamos de su primer significado. Muchas veces, terminología del mundo de frontera se han divulgado por este momento. Y he ahí que, por el arte de birlibirloque de los archivos, su magia siempre da sorpresas, y me apareció que el abad alcaláino Alonso de San Martín otorgaba, en 1676, poderes a Juan Barrero, un granadino para que se presentase ante Luis de Acosta y Mezquita, como administrador de los cuartos uno por ciento de los azucares y trapiches. Inmediatamente, me vino a la mente frases muy frecuentes en nuestro entorno¨ ¿Qué trapicheo haces?”, “Esta casa es conocida en la ciudad por conflictos a causa de supuestos trapicheos de drogas”, “Siempre anda en algún trapicheo raro para conseguir dinero rápido”. “La policía detuvo a dos sospechosos por un pequeño trapicheo en el barrio”, “Está cansado de los trapicheos y quiere empezar un trabajo legal”. Está claro que el Diccionario de la lengua española (DLE) de la RAE, la palabra trapicheo es un sustantivo masculino de uso coloquial que significa "acción y ejercicio de trapichear”. Como verbo, sirva de ejemplo. ““No me gusta trapichear para conseguir lo que necesito; prefiero la honestidad.”, “Dicen que se fue a la ciudad a trapichear con documentos falsos”. Coincidimos con el diccionario que define el verbo del que proviene (trapichear) con dos sentidos principales: Comerciar al menudeo (vender o comprar cosas en pequeñas cantidades).; en su uso más común y coloquial: ingeniarse o buscar medios (no siempre lícitos) para lograr un objetivo. 

   Inmediatamente, relacionamos trapiches con trapicheo y trapichear y accedimos a la DRAE, que, de nuevo, nos dio la razón. El documento aportaba una nueva acepción. Pues, trapiche, procedía del léxico mozárabe “trapic” y este, a su vez, del latín alterado trapētus 'molino de aceite'. Luego no nos extraña que el trapiche sea, en España, un molino para extraer el jugo de algunos frutos de la tierra, como la aceituna o la caña de azúcar.  Y, en tierras americanas de Bolivia y Chile., otro molino para pulverizar minerales. Esta definición se mantuvo y aparecen trapiches mencionados desde principios del siglo XVI y no tiene ninguna limitación de uso, incluso en la zona de la ciudad de la Mota este trapiche servía para moler zumaques más que las aceitunas y cañas de azúcar que apenas existían y si se comprende el impuesto en la zona de Granada. Pronto, aparece un nuevo termino en este uso industrial, cual fue la palabra ingenio relacionada con trapiche.  La distinción entre ingenio y trapiche, según Álvarez Nazario en su libro Herencia (p.183), se documenta desde principios del siglo xvi, momento que el español antillano, «según testimonio de Fernández de Oviedo y de Las Casas, comenzó a diferenciar entre ingenios, "ingenios poderosos" que utilizaban el agua como fuerza motriz, y trapiches, "que muelen las cañas con caballos". Así, dice Oviedo que en La Española existían "veinte ingenios y cuatro trapiches de caballos". En Puerto Rico, sin embargo, donde el primer molino de cañas se establece en 1523, diecisiete años después de haber empezado en Santo Domingo la fabricación de azúcar, no se distingue en los documentos consultados, pertenecientes al xvi y al xvii, entre una clase y otra, llamándose a todos por igual ingenios. La voz trapiche debió pasar de Andalucía a Canarias, mientras que en portugués «parece ser palabra tomada del castellano, En América, «Hoy día trapiche es palabra con tendencia decadente en Puerto Rico. Fuera de nuestro país se conoce en otros territorios hispanoamericanos: Cuba, México (por Tabasco), América Central, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay; en Argentina y Chile es denominación de cierto molino para pulverizar minerales». También formaban parte de este contexto americano las máquinas relacionadas con esta palabra, los ingenios. En especial se generalizó el término de los trapiches para moler la caña que ocasionaban en quienes caían en ellos quebraduras y heridas mortales. El trapiche funcionaba, en los ingenios argentinos que contaban con tecnología europea moderna, con el vapor producido por calderas alimentadas con el bagazo de la caña, de ahí que la chimenea de ladrillos rojos que se elevaba muy por encima de las copas de los árboles indicara desde lejos su presencia y hasta alguna versión asegura que una gran víbora negra (o un perro negro) quedó morando en su interior cuando la planta fabril era abandonada. Durante los cuatro meses que duraba la cosecha y preparación del azúcar (aproximadamente julio-octubre) el ingenio molía caña y cocía jugos ininterrumpidamente y tanto el edificio como el canchón estaban completamente iluminados durante la noche y el latido de las máquinas no cesaba un instante.  En España, sin embargo, abunda el uso de los derivados de trapiche, y no tanto esta palabra. Es frecuente decir trapicheo y el uso del verbo trapichear.

Y no hay que dudar que serían sinónimos de trapicheo: chanchullo, tejemaneje, artimaña, amaño, cambalache o regateo (curiosamente, palabra muy empelada en siglos anteriores como los regatones o recatones en las relaciones comerciales de la ciudad de la Mota). Incluso, este vocablo, que aparecía también en la forma de regatero, nos ilustra de los actantes de la acción de regatear, que predominaba frente al resto del sinónimo salvo los chanchulleros y amañadores. Es curioso que el recatón, que podría ser un sucedáneo del trapichero, remonta a aquellos tiempos de la Edad Moderna, en la que abundaban personajes que compraban el ganado a ojo de vista, sin perjuicio alguno, y luego revendía al por menor en los establecimientos públicos de las carnicerías o tiendas de las plazas mayores abusando de la inocencia de los clientes y ocasionando la carestía de los productos. No era extraño que las autoridades establecieran ordenanza para regular a estos personajes, a los que obligaban a pasar por el peso de la romana pública antes de ponerlos productos en el mercado. El mecanismo de estos recatones no era el trapiche, sino que el molino era un asalto a los forasteros en el camino antes de llegar al mercado, ofreciéndose con dinero en mano y captando la 

En el habla cotidiana actual, trapicheo (y en menor medida el regateo) se emplea casi siempre para referirse a negocios ilegales o poco claros a pequeña escala, como el comercio menor de sustancias prohibidas o el mercado negro. 

No nos extraña, este nuevo uso crematístico del abad alcalaíno, recién ascendido a la sede episcopal de Oviedo y que luchara porfiadamente por recoger la parte que le había asignado la Corona no sólo de los azúcares, sino también de los trapiches, pues en estas zonas no solo se molía la caña de azúcar, sino la aceituna y hasta el zumaque.  No era moco de pavo. Vaya trapicheo.  


no hay que dudar que serían sinónimos de trapicheo: chanchullo, tejemaneje, artimaña, amaño, cambalache o regateo (curiosamente, palabra muy empelada en siglos anteriores como los regatones o recatones en las relaciones comerciales de la ciudad de la Mota). Incluso, este vocablo, que aparecía también en la forma de regatero, nos ilustra de los actantes de la acción de regatear, que predominaba frente al resto del sinónimo salvo los chanchulleros y amañadores. Es curioso que el recatón, que podría ser un sucedáneo del trapichero, remonta a aquellos tiempos de la Edad Moderna, en la que abundaban personajes que compraban el ganado a ojo de vista, sin perjuicio alguno, y luego revendía al por menor en los establecimientos públicos de las carnicerías o tiendas de las plazas mayores abusando de la inocencia de los clientes y ocasionando la carestía de los productos. No era extraño que las autoridades establecieran ordenanza para regular a estos personajes, a los que obligaban a pasar por el peso de la romana pública antes de ponerlos productos en el mercado. El mecanismo de estos recatones no era el trapiche, sino que el molino era un asalto a los forasteros en el camino antes de llegar al mercado, ofreciéndose con dinero en mano y captando la 

En el habla cotidiana actual, trapicheo (y en menor medida el regateo) se emplea casi siempre para referirse a negocios ilegales o poco claros a pequeña escala, como el comercio menor de sustancias prohibidas o el mercado negro. 

No nos extraña, este nuevo uso crematístico del abad alcalaíno, recién ascendido a la sede episcopal de Oviedo y que luchara porfiadamente por recoger la parte que le había asignado la Corona no sólo de los azúcares, sino también de los trapiches, pues en estas zonas no solo se molía la caña de azúcar, sino la aceituna y hasta el zumaque.  No era moco de pavo. Vaya trapicheo.