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martes, 24 de febrero de 2026

CONOCIENDO LA MOTA, (xxiii)- SEGUNDO RECINTO O MURALLA DEL ARRABAL VIEJO O DE SANTO DOMINGO DE SILOS

 

SEGUNDO RECINTO O MURALLA DEL ARRABAL VIEJO

Comienza desde la Puerta Zayde, continua por la parte del Portillo, sigue por la puerta del Cambrón, Martín Ruiz, Herrera o Granada y acaba en la Puerta del Arrabal. Constituye varios tramos con torreones macizos y algunos en albarrana. Destacan varias puertas comentadas anteriormente. Por el acceso de la Puerta de Herrera, por donde se adentra al Arrabal con un arco de medio punto apuntado bajo una torre. Con el paso del tiempo, se permitió en el siglo XVII, edificar casas junto a esta muralla en torno a la calle Cava, dando lugar a problemas con los desagües de la Mota.  1575 Y por la puerta Zayde, se daba acceso al Arrabal Viejo a todos los que procedían de los arrabales del Rastro, Puerta Nueva, Matadero, San Bartolomé, e, incluso, desde la ciudad fortificada de la Mota, cuando se cayó el Gabán. LA PUERTA ZAYDE.

Y PARa saber más. 

 

 

            Tras la conquista de la ciudad de Alcalá la Real, la población de la Mota debió extenderse hacia el llano de una forma diseminada por los terrenos más cercanos a las murallas en forma de pequeñas caserías que ocuparon las alquerías musulmanas. Ofrecían un terreno a medio camino entre rural y urbano con veredas que comunicaban a los vecinos y los acercaban a las puertas de las murallas. Está claro que algunos establecimientos-generalmente contaminantes o de mayor impacto para los vecinos como los mataderos, tenerías y los ejidos, se establecieron en los sitios más alejados del recinto amurallado del Arrabal Viejo. Con el corregidor Francisco de Cherinos diversas obras en su entorno entre los años 1542 y 1549, relacionadas con una calle que unía con el Rastro, portada y allanamiento de la Puerta Zayde.

Esta puerta, la de Zayde, ofrecía un carácter de comunicación interior entre los barrios del Rastro, San Bartolomé y el de Santo Domingo. Su descripción se remonta al siglo XIV[1]:

Y con esto se entraron a aposentar al Arraval Viejo, y cerca de la Puerta , la qual por vezinos le fue avierta, junto al pie de la Torre Nueva que dizen. Porque después que el rey don Alonso ganó Alcalá, en el lugar do estava la torre, que, en la cerca ella, dije que el rey  había puesto en cuentos y mandado derribar, labró ésta nuevamente, muy más grande y superva que antes era”  .Ya en el siglo XVI,  hay constancia de que una calle  desembocaba a esta puerta, como  se manifiesta en el siguiente acuerdoSe ordena que se empiedre la pedriza de la calle Calancha y   calle de la Puerta Zaide y otras”.Años anteriores, ya se encontraba desbordado su espacio de entrada y de entorno por  varias viviendas y por la urbanización de  la zona, como se  manifiesta en este censo parroquial : Francisco Santacruz, casado con María Hernández, fundó una memoria sobre casas principales y accesorias junto a la Puerta Zayde, linderas con Constanza López y dos calles”.

 











 

 

 



[1]

                 Ibíd. Libro de los Aranda. 1454. Folio 25 v Libro IV Capitulo II. Muy interesante   la descripción de la Cárcel con motivo de una reyerta entre bandos.

 

lunes, 23 de febrero de 2026

CONOCIENDO LA MOTA XXXII.TERCER RECINTO MURADO. MURALLA DEL RASTRO

 











TERCER RECINTO MURADO. MURALLA DEL RASTRO

Se extendía desde la muralla del Arrabal Viejo por la parte meridional y cerraba el barrio del Rastro. Si nos ceñimos a la zona del Rastro, donde se realizaron estudios y trabajos de excavación en 2016, está claro que es un conglomerado de calles- formadas por casas diseminadas y huertos colaterales y en el fondo de los solares- referentes a los que se extendían desde la Peña Horadada  hasta el arrabal de Santo Domingo,  pasando por la calles de  Sebastián Díaz,  Alonso Gérez, Antonio de Córdoba, que hacen referencia a propietarios de los asentamientos, el  Rastro, centro de la excavación  junto con la  Puerta Nueva.

Varios caminos, procedentes de Granada, Córdoba, Jaén, Sierras de Frailes y Riveras, subían a la fortaleza y desembocaban en la Carrera de los Caballos, espacio inmediatamente exterior a la muralla, que se extendía desde la era de San Bartolomé hasta el final de la calle Cava junto a la Puerta del Arrabal. Otro aspecto de este arrabal era el carácter semifortificado de los alrededores de la ciudad fortificada:

 

            “Y esta vez la escaramuza fue en la era que dizen de los Palazios, que es junto y fuera del Adarve Nuevo, que está fuera de los zimientos, en el arrabal de la Puerta Nueva. Y después de cansados de escaramuzar los unos y los otros se retiraron los moros al cabo de dichas eras, hazía las viñas que juntan con ellas. Y los cristianos, arrimados a un palenque de madera que para su defensa tenían hecho, que iva desde el dicho adarve asta zerrar y juntar con una torre que dizen del Espezería, que está poco arriba de la peña Hazconada, a do Juan Sánchez de Arjona, su padre, como arriva se dijo, avía enclavado el moro”.

           

Por otra parte, en 1621 el erudito don Antonio de Gamboa, alcaide y regidor perpetuo, escribió un documento sobre los orígenes de Alcalá la Real, muy posterior a la época de la conquista de Alcalá de Aben Zayde, que pone de manifiesto algunas referencias de esta zona y la importancia de la muralla de la fortaleza alcalaína. Pero, este documento, si es importante por su fundamento histórico, lo es más por haberse servido de las descripciones de los elementos defensivos y de los barrios de la ciudad fortificada en tiempos del autor del documento (el reinado de Felipe III) con los de la época anterior a la conquista. Por eso, es un dato ineludible que, antes del reinado de Alfonso XI, el Arrabal Viejo y la muralla circundante se encontraban en pie, como lo manifiestan estas palabras:

 

Por esta causa insistía el rey don Alonso para ganar fuera tan importante y, así animando a los suios, arrimando las escalas por lo bajo, que es la parte que oy está el Rastro y la muralla más baja, aunque la defendieron valientemente. Como los xristianos estaban en presencia del Rey y victoriosos de la del Saldado acometieron a los moros de tal suerte que, horadando por muchas partes la muralla, ganaron el arrabal hasta donde oy está la Torre de la Cárçel, que bate y llega su corona y sobrepuja la muralla de la Plaça de la Mota; esta torre era muy fuerte, como oy lo es, y fue la primera entrada y, el ganarse este arrabal por el rei don Alonso, día de Santo Domingo de Silos”. Esta muralla fue una de los lugares mejor descritos a lo largo de la historia de Alcalá la Real. Así, nos lo cuenta Sancho de Aranda en una escaramuza con los moros:

El cual, como una vez con otros cavalleros hiziese una entrada llegando de noche a los muros de Alcalá, en un adarve, que está devajo de la fortaleza, puso una escala por la qual subió sólo sin otra compañía. Y, subido, saltó adentro, el andén del adarve, era poco más alto y, por partes casi igual al suelo del dicho corral, a do halló un moro que esta va con una manada”.

 

Como muy bien manifiesta Carmen Juan, por la parte occidental “encerraba un pequeño barrio llamado el Adarve (luego del Rastro y Matadero) y una liza, la carrera de caballería y donde, a veces, entraban los enemigos en sus frecuentes ataques”. No es de extrañar que, cercana a esta zona, estuvieran los muladares de la ciudad, lo que preocupaba mucho a las autoridades de la ciudad. Que se saquen las inmundicias   que se echan en este sitio, en el sitio de enfrente de la casa de Diego Ramírez en un muladar que allí está, que alinda con el camino de San Bartolomé, porque el de la Peña Horadada se ha cerrado de piedras e inmundicias”

 

Dentro de una unidad urbanística superior, que se encargaba de la  defensa, seguridad ciudad, abastecimiento popular y defensa militar, formaba parte del segundo de los cuarteles o barrios de  mediados del siglo XVI, constituido por “Arrabal Viejo y San Bartolomé,  Cuesta del Cambrón y  la Cava, descendiendo en la calle de Mari Nieves  y  a dar a la esquina de la viuda de Pedro de Martos, descendiendo por la calle del Pozuelo a dar a las hazas a mano derecha hasta salir a las hazas del descansadero”.

                                              

 

                                     

 

DESDE LA PUERTA MARTÍN RUIZ AL RASTRO

 

  En 1571, el cabildo municipal compró varias casas- de las hermanas María y Ana de Torres- cercanas a este lugar para ensanchar la calle Cava y limpiar la zona y adornarla, para ello hizo una pared a la parte “de la puerta de Martín Ruiz bajo del Rastro”, ya que el sitio se había convertido en un muladar y derrumbadero muy peligroso para las gentes y cabalgaduras que pasaban por allí pues era la puerta principal de la Mota. Además, se ordenó en un cabildo “se haga empedrar lo que está encima de la Puerta de Martín Ruiz, lo que sirvió para formar una nueva calle”. Por el pago de la obra en   el año siguiente, tenemos la fecha exacta de la obra de la calle:

 

“Des cárguensele más mil e doscientos y veinte y dos meses, que pagó e se gastaron en empedrar un pecado de empedrado en la calle de la Puerta Martín Ruiz, en que se ocupó un maestro dos días, que ganó ocho reales; e otro maestro dos días que son seis reales; y quatro peones en dos días que ganaron ocho reales y res reales de dos días del obrero; y lo demás que fueron doscientos e sesenta e ocho mrs. se pagaron a los que truxeron piedra y arena: que todo montó la dicha contra de los dichos mil e ciento e veinte y dos mrs.: mostró la copia del gasto firmada del señor Luis de Villalobos jurad, a quien e se acometió e librança de ciudad. Su fecha a onze de julio de este dicho año”.

 

 

MURALLA DEL RASTRO

 

Este acuerdo de junio de 1614 ilustra que la zona del Rastro estaba amurallada: La ciudad libra 50 reales en penas de cámara que se reparen la muralla del Rastro y la de la entrada de la plaça y el alcaide don Antonio se os haga gastar y hacer el reparo con el parecer de los alarifes.

Y lo refrendan estos otros acuerdos de 18 de marzo de 1603: Nuño Hernández de Valladolid regidor de esta ciudad y comisario de las murallas de esta ciudad digo que respecto de las grandes aguas que ha hecho a esta parte del años  yo e dado buelta con los alarifes a ver la necesidad que ay en ellas  y parece que en la muralla que alinda con el Rastro un poco más abajo , están los cimientos de un pedaço de la que es muralla descarados y que en ebidencia se juzga que si no se repara podría ser benir mucho  daño .Y así mismo otro pedaço enzima de la Puerta Nueva en la muralla de ella con la propia necesidad por la parte alta   y de la propia manera en la muralla de enfrente  de la Carnicería que se alla otro pedazo a caer en lo uno y en lo otro dicen los dichos alarifes que será necesario cosa de 50 ducados y, haciéndose, se le cursará la ruina que de los puede resultar da esta ciudad

Y, por último, este acuerdo de diez de mayo de 1612 que refiere más explícitamente la puerta y el barrio:

La ciudad acordó que todos los maravedís que se deben de las penas de cámara corridos hasta san Juan 1611 y los que oviere hasta san Juan de 1612 de este año se gasten en los reparos de las torres y murallas  de esta ciudad como por la facultad de su majestad se manda(...) e  atento que una torre cuadrada que esta en saliendo de la Puerta Nueva a la derecha se está cayendo y se temía que se cayese llevaría atrás el lienzo de la muralla y haría daño notable en la casas que están en el barrio de san Bartolomé  y que asimismo un cubillo que está delante de la dicha torre amenaza ruina  y otros algunos reparos que son necesarios en las dichas murallas como son el Rastro y junto a la Puerta el Aire para que estos reparos se hagan con la brevedad   y seguridad que conviene , manda a Gamboa y Rodrigo Mora hagan posturas y se pregonen”.

 

 

 PUERTA DEL RASTRO

 

Hay noticias de mediados de siglo XVI, cuando se declaran gastos que se habían einvertido en los Arcos que se han hecho en la Puerta del Rastro, en torno a los 22.o77 (16.10-1556). Recientemente las excavaciones descubrieron una arranque de esta puerta en torno a las calles de la descendida y en dirección al Matadero.

 

 

domingo, 22 de febrero de 2026

CONOCIENDO LA MOTA (xxi).ILA CIUDAD FORTIFICADA

 

 LA CIUDAD FORTIFICADA

 

 






 

Pronto, alrededor de la fortaleza de origen rural se fue asentando una población civil permanente, lo que supuso la formación de arrabales en forma de varios círculos concéntricos. Con el transcurso del tiempo llegaron a constituir una urbe importante calificada a veces por los cronistas árabes como medinas. Este es  el caso del primer recinto de la fortaleza de la Mota que alcanzó  hasta una línea  escarpada del cerro, hoy no muy bien delimitada, que desde la torre de Zayde continuaba hasta la torre de la Especería, muralla del Trabuquete de la torre de la Cárcel y se continuaba por el Gabán hasta el otro Trabuquete, Castillo y muralla nororiental  Tras la conquista de Alfonso , la población evacuada dio paso a población cristiana que se mantuvo en el lugar hasta generar poblaciones importantes que han llegado hasta nuestros días . Quedan restos de los diversos momentos de la presencia amurallada musulmana. Del periodo comprendido entre el siglo VIII hasta los siglos IX y X se ofrecen un amurallamiento natural por lo escarpado y elevado de la pantalla del cerro, donde se levantaban torres extendidas a modo de refuerzo o contrafuertes de las propias murallas o para cubrir los propios portillos del cerro. Es el caso de la torre de la Especería, todas las de las murallas del Aire, Norte y el amurallamiento comentado del Arrabal Viejo.  Todas ellas son de pequeñas dimensiones. Se caracterizaban por tener exiguas dimensiones y por ser macizas hasta el nivel del adarve, presentándose sus terrazas como mera expansión de aquellas. Es el típico recinto murado de defensa flanqueado por torres y puertas en codo, y apoyado por torres exentas o albarranas que se unían a la muralla mediante una coracha. Claro testimonio reformado y ampliado es la presencia de la barbacana de entrada por el Albaicín, las torres albarranas de la Cárcel, Imagen, Santiago y la propia de la Especería.  Ejemplos de este tipo de torre contrafuerte de pequeñas dimensiones son casi todas las del cinturón tercero de la Muralla del Arrabal Viejo, las orientadas al norte y al oeste salvo algunas de época posterior.  Pero pronto se pasó de torres-contrafuertes a torres-baluarte provistas de habitaciones abovedadas que permitían defender la ciudad y servir, a su vez, de acuartelamiento o almacén de pertrechos militares, ya que en lugar de ser macizas tenían habitaciones en su interior. Este tipo de muros se imponen a partir de la época almohade y se pueden ver en la Torre de la Cárcel, el Gabán, la del Rey, o la de la Imagen.  También por algunos lugares escarpados se utilizó el amurallamiento de tipo cremallera porque dibujan en planta sucesivos ángulos o recodos que sustituyen a las torres. Son murallas almohades que se manifestaba en la coracha de la albarrana, algunos lienzos del Arrabal Viejo y en el Rastro y Puerta Nueva. Se encuentran en el recinto amurallado de la Mota, cerrando al Bahondillo entre la desaparecida muralla de la Especería y la nueva de cierre del Aire, varias torres redondas que ponen de manifiesto un a construcción en tiempos de los primeros momentos de conquista. Todas las torres alcalaínas se encuentran muy restauradas, pero debieron presentar, a la altura del adarve, un parapeto coronado por merlones y, en su cara interior, otro parapeto de muro más bajo a modo de quitamiedos. Entre las torres albarranas como torres exteriores y, destacadas de la muralla y unidas a ellas mediante un pequeño muro puente a forma de pasadizo abovedado, existía la de la Cárcel y su forma se prodigó a partir del siglo XII, lo mismo en las cercas urbanas que en las de castillos o fortalezas rurales, y se ubicaban en los lugares más vulnerables como los ángulos de las cercas, en este caso el sur y en las cercanías de puerta de entrada y la poterna de Santiago. Por eso la crónica del rey Alfonso y los comentarios abundan en describirnos la destrucción de estos dos lugares emblemáticos, porque eran verdaderos baluartes, superiores en tamaño y resistencia a las torres normales de la muralla principal. Desde ellas se podía castigar o rechazar al enemigo, de ahí el afán de éste por derribar los puentes o pasadizos abovedados que las relacionaban con la muralla maestra. Si el muro o espolón que unía la cerca con la torre albarrana era muy pequeño en dimensión y casi inexpugnable por su elevada altura; el de la barbacana del barrio del Albaicín formaba una auténtica “coracha", que se apoyaba en su subsuelo con una galería subterránea que permitía comunicar la fortaleza principal con la torre del pozo del agua de abastecimiento y el circuito o pasadizo subterráneo de salida, lo que aseguró, en caso de asedio, el agua y las comunicaciones a los sitiados.

Desde mediados del siglo XIII hasta finales del XV, la frontera entre Castilla y Granada discurrió por la línea divisoria natural que separa el valle del Guadalquivir de los Sistemas Penibéticos. Se trataba de una larga franja limítrofe de más de seiscientos cincuenta kilómetros de longitud que, como se decía en los tratados de treguas con Granada, iba desde Lorca hasta Tarifa. 

Este espacio, que ponía en contacto a dos mundos, a veces enfrentados, se presentaba como un territorio complejo y peligroso, difícil de defender, salpicado por un sinfín de construcciones fortificadas distribuidas a ambos lados de la frontera, las cuales se podrían clasificar en grandes núcleos urbanizados y fortificados de la tercera línea fronteriza; actuaban como auténticas ciudades-bases en la organización defensiva de las dos líneas restantes y desempeñaban funciones de apoyo logístico y de aprovisionamiento de hombres, víveres y armamento; n fortalezas estratégicas de la segunda línea defensiva; protegían los campos de labor y servían de nexo entre la frontera física y el resto del territorio, apoyando las de la primera línea, fortificaciones avanzadas; generalmente eran pequeños castillos, torres defensivas y atalayas de almenaras, desde las que se observaban los movimientos del enemigo y sus posibles ataques, además de controlar los caminos. 

La antigua ciudad de Alcalá la Real cuenta con un sistema complejo de murallas. Contaba con tres líneas que la rodeaban, partiendo desde la parte alta del cerro, en el entorno de la alcazaba, hasta alcanzar el perímetro del arrabal viejo, en la ladera sureste del cerro. Los diferentes lienzos de muralla se encuentran salpicados de torres, cuadradas y circulares, y puertas que definen su trazado y marcaron el desarrollo urbanístico de la ciudad.

 













MURALLAS

El sistema defensivo de la ciudad de Alcalá se consideraba de los más fuertes y defensivos del reino de Granada y, posteriormente, de los reinos cristianos. por su cercanía con su capital. Los vecinos y los propios reyes procuraron mantenerla bien guardada y fortificada y establecieron fondos para revocar los muros y restablecer los frecuentes portillos  que se produccían a partir de su conquista y para llevar a cabo la reedificación continuada de sus murallas y  torres mediante  la licencia de emplear los propios de la ciudad y las penas de cámara, correspondientes a las condenaciones de los vecinos en los juicios; estos ingresos de prorrogaron a lo largo de los reinados de los Austrias, en  1668, cando se nos presentaba este aspecto desolador: Las murallas y torres de la cerca de ella están amenazando ruina y algunas caídas y, en particular, además de ello, en el lienzo de Muralla desde la Puerta de Martín Ruiz hasta el Rastro han echado y echan muchas cantidades de estiércol y tierra, lo  que ocasiona  más ruina y que el paso de la Carrera y barrio de san Bartolomé y el Matadero lo van cerrando y cegando.

Hasta finales del siglo XVII, se consideraba una auténtico fuerte y un lugar de defensa artillera. Siempre fue una preocupación de la ciudad fortificada el mantenimiento de las murallas. Sírvanos de muestra este acuerdo del cabildo del nueve de diciembre de 1605, cuando trató del arreglo de las torres y murallas, con el fin que se le concediera la parte correspondiente de las penas de Cámara, prorrogadas, en varias ocasiones, por la Corona a finales del siglo XVI y a principios del siglo XVII: “ Esta ciudad, por ser frontera de Costa y Reino de Granada y tan cercana a la Mar y una de las mayores que hay en los reinos y por lo que Sus Majestades y los Señores Reyes, sus antecesores, han tenido  particular cuidado de mandar que las fortalezas, torres y murallas de ella sean reedificadas y se reparen siempre, como conviene, y,  para ello, han hecho merced  a esta ciudad , siempre de las penas que pertenecen a su Real Cámara, mediante la cual  su merced  están las dichas fortalezas y murallas más entendidas y reparadas  que otras de otras ciudades, y ahora por las  muchas aguas y tempestades de los años pasados y por haber faltado el continuo reparo, que se caían  en abajo del Rastro Viejo, y, las que confinan con la puerta Nueva, que también se ha desmantelado, y cada día será mayor la ruina y ni más ni menos las murallas que están desasidas de la puerta de la Plaza. Por todo lo cual se pide a Su Majestad prorrogar la merced de las penas de cámara que se acomete a don Antonio López de Gamboa”.

Dejando aparte el recinto amurallado que constituye el Arrabal Viejo, pueden distinguirse varios recintos amurallados. el de la actual ciudad fortificada con una extensión hacia el Arrabal Viejo, el de la primera ciudad fortificada y el del Castillo. En tiempos de Madoz, se nos describe la antigua ciudad fortificada “con doble círculo de murallas; constituye el primero la fortaleza llamada de la Mota al Oeste, toda de piedra de cantería labrada, sobre el cerro del mismo nombre, escarpado por todas partes, que domina la ciudad y los campos; y el segundo circundaba los arrabales. En la cúspide del cerro hay una explanada de figura oval de 312 varas de longitud y 260 en su mayor latitud, con trece torres, entre ellas el Castillo principal que mira al Norte, con su plaza de armas y otras fortificaciones inferiores, obra del siglo XIV, pues el castillo que existía en el mismo paraje, fue derribado cuando se conquistó la ciudad a los moros, y mandado reedificar por el rey Alfonso XI. De él arranca el lienzo de muralla, formado en parte por la roca cortada, flanqueado de los torreones, uno de los cuales es llamado de la cárcel, porque se asegura tuvo este destino y aún se designa la lóbrega mazamorra subterránea adonde los moros encerraban los cautivos. Volada esta torre por los franceses, en su retirada, todavía se ven en la parte que queda del segundo piso, algunos adornos arabescos. Pero durante la permanencia de aquellos en España añadieron nuevas obras de defensa, y arreglaron el aljibe, todo destrozado en la actualidad, en términos que de las siete puertas que tenía la fortaleza, solo queda abierta una perfectamente defendida por las torres de camino, llamadas de Entrepuertas. Creen algunos que estas obras, por su remota antigüedad, son del tiempo de los romanos, pero es más probable que correspondan a los árabes, porque en algunas coetáneas a lo más antiguo de la fortaleza, que es sin duda la de la parte del Norte y el Este, se ven impostas, arcos apuntados, mezclas y cortes de cerramientos que revelan bien el gusto de los árabes. Otras obras han debido ser posteriores a ellos porque en la clave de los arcos de las dos puertas de los torreones que están a la entrada del fuerte se ve el escudo de la ciudad con la llave, siendo así que no hizo estas armas hasta después de la conquista. De la antigua ciudad que ocupó este recinto no existe más que alguna pared de lo que fue las casas de cabildo…el segundo recinto está también amurallado y flanqueado por torres, de las que se conservan algunas y parte de muralla”.

Como muy bien recoge Juan Eslava Galán este cerro amesetado   y en forma arriñonada albergaba un recinto murado   de la alcazaba delimitando un espacio de tres hectáreas, donde las propias escarpas naturales del cerro, muy visibles por las labores de excavación y de limpieza de viviendas adosadas, permiten ver simplemente en su mayor extensión un simple parapeto alzado sobre la marulla natural y, en los barrancales, la muralla reconstruida. De acuerdo con los planos de Jimena Jurado y el de la época de los franceses el espacio interior se encontraba dividido por un muro interior que discurría de norte a sur, con una quebrada en la parte central, que cortaba el espacio para el castillo y la medina o ciudad noble, espacio que fue reutilizado por los franceses, e incluso colocaron una fosa y una coracha de entrada junto al castillo. Este muro divisorio se amplió en varias ocasiones, la primera en tiempos de la construcción del muro y adarve de la torre de la Especería, y en tiempos de la conquista hasta la Puerta Nueva, discurriendo desde la Puerta del Aire hasta la torre de la cárcel.

El segundo recinto murado estaba adosado al sureste del cerro por la parte de la ladera y protegía el Arrabal Viejo, que algunos consideran la primera ciudad musulmana amparada por la alcazaba, sin embargo, está claro que su subsuelo remonta sus orígenes a tiempos prehistóricos.

            El tercer recinto corresponde al aumento de la población y ensanche urbanístico en tiempos posteriores a la conquista, sobre todo del siglo XV y XVI, prácticamente era una albacara se forman con una cerca de tierra y madera encerrando los barrios de San Sebastián, Peña Horadada y Palacios, Rastro.   

EEN LA SEMANA DEL JAÉN. LA SIERRAA SIERRA SUR EN EL CENTENARIO DE SAN JUAN DE LA CRUZ

 


LA SIERRAA SIERRA SUR EN EL CENTENARIO DE SAN JUAN DE LA CRUZ

 



Los arrieros de la campiña frecuentaban la calle de los Mesones a las faldas de la muralla de la Mota, junto al adarvillo de Mota y lindando con la puerta del Arrabal Viejo y Nuevo. Traían sus acémilas cargadas de cantaras de aceite procedente de los campos de Arjona y Porcuna. Venían cansados tras una larga marcha que se prolongaba durante varios días, en los que el cansancio hacía huellas en sus pies y, también debido a la pernoctación en las desastrosas ventas del camino. Su última parada la hacían en la venta de la Rábita, desde donde madrugaban para llegar pronto al puesto del peso de la Harina, situado junto al Pósito. Aquí se pesaba la carga, se pagaba el impuesto a los encargados del impuesto de millones y, luego, se iban a descansar a una de los mesones que proliferaban por aquella calle. No sólo acudían arrieros, sino también transeúntes del camino de la Corte, camino en el cuyo final del trayecto confluían los de Madrid y Córdoba. En 1581 vino un fraile que era perseguido cruelmente desde sus tierras de Castilla, Se llamaba fray Juan de la Cruz había nacido en Fontiveros, quedó huérfano a los pocos años, dedicándose a trabajos precarios en Medina del Campo; posteriormente estudió en Salamanca y llevó a cabo la reforma de la Orden carmelita con un grupo de frailes en Duruelo , que extendió al resto de los carmelitas calzados. Había estado preso en Toledo y escrito el Cántico Espiritual, varios romances y el poema Fuente. Estuvo, un año en el Calvario, un convento cercano a Villanueva del Arzobispo, relacionándose con Ana de Jesús y haciendo de padre espiritual del convento carmelita de Beas de Segura, luego lo mismo hizo en Baeza. En 1581, se dirigió a Granada y de allí dirigió el convento de los Mártires, donde fue nombrado prior e hizo iglesia

Y, cuando tenía cuarenta y nueve años, de nuevo, vino  a Alcalá en uno de los viajes, que llevó a cabo a Andalucía en el 30 de abril del año 1986. Procedía de Granada por el camino de la Corte con destino a Córdoba, donde iba a fundar un convento e iba acompañado por dos frailes carmelitas. Como, en la ciudad abacial, no existía convento de la orden carmelitana, e, incluso los otros conventos se hallaban en obras y no muy dispuestos al alojamiento de personas, por ser simplemente casas familiares adaptadas a usos eclesiales, pernoctó en uno de los mesones de la ciudad, ya en el Llanillo ya en los altos de la ciudad. Era prior de las Carmelitas Descalzos del Convento de los Santos Mártires de Granada y, al mismo tiempo ostentaba el cargo de Vicario Provincial. En Granada había tenido contactos con el alcalaíno Pablo de Rojas, de quien se dice que le contrató el Crucificado de San José para su convento, actualmente en el convento de san José. Como padre provincial prior y definidor, este fray Juan de la Cruz intervino en varios asuntos alcalaínos relacionados con los bienes de sus conventos.

En la última etapa de la vida de san Juan de la Cruz, hubo varias personas, que le amargaron la vida. En primer lugar, nos referimos a las incomprensiones que mantuvo con el Padre Gracián, debido a problemas en el gobierno de la Provincia de Andalucía, en la que fue nombrado vicario el 17 de Octubre de 1585. Por otra parte, Juan de la Cruz se opuso a todo tipo incumplimiento del deber predicando con el ejemplo, con mano férrea y misericordiosa.

En Sevilla, le salieron dos enemigos fray Francisco Crisóstomo y Diego Evangelista, porque no recibían, con obediencia conventual las advertencias del vicario, sino que les caló un fuerte resentimiento con una clara intencionalidad vengativa. El primero era, según su biógrafo, un hombre de ciencia y púlpito, pero de carácter agrio y destemplado, carente en absoluto de condiciones de gobierno, que no acertó a regir la casa, el convento de Úbeda, empeñado en llevar a todos los frailes violentamente por el camino de la perfección religiosa “.y como era hombre falto de entrañas de caridad para sus hermanos, quería llevar a los otros a palos a la perfección”. Le quitó el enfermero a Juan de la Cruz en los últimos momentos de su vida, a pesar de la admiración que despertaba en los restantes frailes.

El segundo enemigo de Juan de la Cruz, también dechado de envidia por la fama de santidad de Juan de la Cruz, fue Diego Evangelista. Hombre adulador de los poderosos, moderador a través de la envidia e hipocresías, alcanzó el grado de provincial de Granada, pero a la priora de las carmelitas, cuya fundación estaba relacionada con unas beatas alcalaínas, no le agradó aquel nombramiento pues era muy devota de san Juan de la Cruz. Fray Diego conoció muy de cerca al santo, pues trató de que no alcanzara el reconocimiento de su santidad. Y así, una vez muerto san Juan de la Cruz, fray Diego Evangelista, en la primavera del año 1594, pasó por Alcalá la Real con destino a tomar posesión del nuevo cargo. Curiosamente la priora sor Beatriz de san Miguel, días antes de su llegada a Granada, tuvo una aparición de Cristo crucificado, cuando entre oraciones le pedía que no viviera el recién nombrado prior. Consistió en que el Cristo crucificado le manifestó que el santo no acudiría a Granada, sino era con los pies por delante, es decir muerto. Y, además, que le había de suceder fray Diego de la Trinidad, muy amante de san Juan de la Cruz. Al comunicárselo al confesor aquella monja, este le dijo que mantuviera su confianza en Dios, pues todo habría de ocurrir tal como se lo había manifestado en su aparición. Y así fue. Pues pernoctó en un mesón de Alcalá la Real. Y a media noche un síncope le cortó la vida tras recibir los santos sacramentos, cumpliéndose al día siguiente lo que había sido revelado. Pues entró reclinado en una caballería en Granada. De ahí que quedó fija su huella en esta ciudad, porque murió su mayor enemigo dentro de la orden carmelitana Fray Juan Evangelista, que pernoctando en un mesón de la ciudad falleció de pronto y sus restos fueron enterrados en Granada.


La segunda huella de fray Juan de la Cruz fue un milagro, que aconteció años más tarde, en tiempos del definidor de la Orden, fray Pedro de la Madre de Dios ( del que dicen las crónicas que era una persona muy ejemplar y riguroso con su creencias sin caer en la superstición ni en las falsas adivinaciones . Este pasó por Alcalá a principios del siglo XVII y se quedó a dormir en un mesón donde servía una turca berberisca, comprada por el posadero en los mercados de Vélez. Portaba el definidor una reliquia del santo, pero el no llegaba a convencerse de los tantos milagros, que, hasta el presente, se le habían atribuido al santo (decían que en Calatayud, tres mujeres de una casa de mancebías se habían convertido al contemplar sus reliquias y aparecérsele Cristo). Entre sus compañeros de orden, se autojusttificaba diciendo que lo había motivado su cerrazón mental y, anteponiendo el temor de Dios de que no fueran sino puras invenciones suyas o ensoñaciones. Por eso, en los últimos, tiempos se afanaba en no dejarse llevar de esta rectitud de conciencia, y oficiaba con gran devoción la misa para que Dios le iluminara sobre la posible fuerza misteriosa de las reliquias.

El fraile se retiró a su estrecho aposento, y sacó de su alforja su relicario de madera con un trozo de parte del cuerpo de su antiguo definidor. La colocó sobre la cama, al lado de su jergón y pasó la noche dando vueltas para ver cómo, a la mañana siguiente, enseñársela a la moza. Reflexionó, y muy de mañana parece como si le viniera una luz especial desde la ventana del aposento al hilo de la oración: Veni, Creator, Spiritus./ mentes tuorum ilumina…/ Bajó al patio con la reliquia entre sus manos y llamó al posadero para que le trajera ante su presencia a Fátima.

Fray Pedro le muestra la reliquia de Juan de Yepes.

 

 Cuentan que Fátima no cesaba de exclamar, a lo largo de su vida, “ he visto a la Virgen María con el Niño Jesús en los brazos” .Por ello, se convirtió al cristianismo, recibió el bautismo y fue muy devota de la Virgen de las Mercedes , que también tenía un niño en sus brazos