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domingo, 22 de febrero de 2026

CONOCIENDO LA MOTA (xxi).ILA CIUDAD FORTIFICADA

 

 LA CIUDAD FORTIFICADA

 

 






 

Pronto, alrededor de la fortaleza de origen rural se fue asentando una población civil permanente, lo que supuso la formación de arrabales en forma de varios círculos concéntricos. Con el transcurso del tiempo llegaron a constituir una urbe importante calificada a veces por los cronistas árabes como medinas. Este es  el caso del primer recinto de la fortaleza de la Mota que alcanzó  hasta una línea  escarpada del cerro, hoy no muy bien delimitada, que desde la torre de Zayde continuaba hasta la torre de la Especería, muralla del Trabuquete de la torre de la Cárcel y se continuaba por el Gabán hasta el otro Trabuquete, Castillo y muralla nororiental  Tras la conquista de Alfonso , la población evacuada dio paso a población cristiana que se mantuvo en el lugar hasta generar poblaciones importantes que han llegado hasta nuestros días . Quedan restos de los diversos momentos de la presencia amurallada musulmana. Del periodo comprendido entre el siglo VIII hasta los siglos IX y X se ofrecen un amurallamiento natural por lo escarpado y elevado de la pantalla del cerro, donde se levantaban torres extendidas a modo de refuerzo o contrafuertes de las propias murallas o para cubrir los propios portillos del cerro. Es el caso de la torre de la Especería, todas las de las murallas del Aire, Norte y el amurallamiento comentado del Arrabal Viejo.  Todas ellas son de pequeñas dimensiones. Se caracterizaban por tener exiguas dimensiones y por ser macizas hasta el nivel del adarve, presentándose sus terrazas como mera expansión de aquellas. Es el típico recinto murado de defensa flanqueado por torres y puertas en codo, y apoyado por torres exentas o albarranas que se unían a la muralla mediante una coracha. Claro testimonio reformado y ampliado es la presencia de la barbacana de entrada por el Albaicín, las torres albarranas de la Cárcel, Imagen, Santiago y la propia de la Especería.  Ejemplos de este tipo de torre contrafuerte de pequeñas dimensiones son casi todas las del cinturón tercero de la Muralla del Arrabal Viejo, las orientadas al norte y al oeste salvo algunas de época posterior.  Pero pronto se pasó de torres-contrafuertes a torres-baluarte provistas de habitaciones abovedadas que permitían defender la ciudad y servir, a su vez, de acuartelamiento o almacén de pertrechos militares, ya que en lugar de ser macizas tenían habitaciones en su interior. Este tipo de muros se imponen a partir de la época almohade y se pueden ver en la Torre de la Cárcel, el Gabán, la del Rey, o la de la Imagen.  También por algunos lugares escarpados se utilizó el amurallamiento de tipo cremallera porque dibujan en planta sucesivos ángulos o recodos que sustituyen a las torres. Son murallas almohades que se manifestaba en la coracha de la albarrana, algunos lienzos del Arrabal Viejo y en el Rastro y Puerta Nueva. Se encuentran en el recinto amurallado de la Mota, cerrando al Bahondillo entre la desaparecida muralla de la Especería y la nueva de cierre del Aire, varias torres redondas que ponen de manifiesto un a construcción en tiempos de los primeros momentos de conquista. Todas las torres alcalaínas se encuentran muy restauradas, pero debieron presentar, a la altura del adarve, un parapeto coronado por merlones y, en su cara interior, otro parapeto de muro más bajo a modo de quitamiedos. Entre las torres albarranas como torres exteriores y, destacadas de la muralla y unidas a ellas mediante un pequeño muro puente a forma de pasadizo abovedado, existía la de la Cárcel y su forma se prodigó a partir del siglo XII, lo mismo en las cercas urbanas que en las de castillos o fortalezas rurales, y se ubicaban en los lugares más vulnerables como los ángulos de las cercas, en este caso el sur y en las cercanías de puerta de entrada y la poterna de Santiago. Por eso la crónica del rey Alfonso y los comentarios abundan en describirnos la destrucción de estos dos lugares emblemáticos, porque eran verdaderos baluartes, superiores en tamaño y resistencia a las torres normales de la muralla principal. Desde ellas se podía castigar o rechazar al enemigo, de ahí el afán de éste por derribar los puentes o pasadizos abovedados que las relacionaban con la muralla maestra. Si el muro o espolón que unía la cerca con la torre albarrana era muy pequeño en dimensión y casi inexpugnable por su elevada altura; el de la barbacana del barrio del Albaicín formaba una auténtica “coracha", que se apoyaba en su subsuelo con una galería subterránea que permitía comunicar la fortaleza principal con la torre del pozo del agua de abastecimiento y el circuito o pasadizo subterráneo de salida, lo que aseguró, en caso de asedio, el agua y las comunicaciones a los sitiados.

Desde mediados del siglo XIII hasta finales del XV, la frontera entre Castilla y Granada discurrió por la línea divisoria natural que separa el valle del Guadalquivir de los Sistemas Penibéticos. Se trataba de una larga franja limítrofe de más de seiscientos cincuenta kilómetros de longitud que, como se decía en los tratados de treguas con Granada, iba desde Lorca hasta Tarifa. 

Este espacio, que ponía en contacto a dos mundos, a veces enfrentados, se presentaba como un territorio complejo y peligroso, difícil de defender, salpicado por un sinfín de construcciones fortificadas distribuidas a ambos lados de la frontera, las cuales se podrían clasificar en grandes núcleos urbanizados y fortificados de la tercera línea fronteriza; actuaban como auténticas ciudades-bases en la organización defensiva de las dos líneas restantes y desempeñaban funciones de apoyo logístico y de aprovisionamiento de hombres, víveres y armamento; n fortalezas estratégicas de la segunda línea defensiva; protegían los campos de labor y servían de nexo entre la frontera física y el resto del territorio, apoyando las de la primera línea, fortificaciones avanzadas; generalmente eran pequeños castillos, torres defensivas y atalayas de almenaras, desde las que se observaban los movimientos del enemigo y sus posibles ataques, además de controlar los caminos. 

La antigua ciudad de Alcalá la Real cuenta con un sistema complejo de murallas. Contaba con tres líneas que la rodeaban, partiendo desde la parte alta del cerro, en el entorno de la alcazaba, hasta alcanzar el perímetro del arrabal viejo, en la ladera sureste del cerro. Los diferentes lienzos de muralla se encuentran salpicados de torres, cuadradas y circulares, y puertas que definen su trazado y marcaron el desarrollo urbanístico de la ciudad.

 













MURALLAS

El sistema defensivo de la ciudad de Alcalá se consideraba de los más fuertes y defensivos del reino de Granada y, posteriormente, de los reinos cristianos. por su cercanía con su capital. Los vecinos y los propios reyes procuraron mantenerla bien guardada y fortificada y establecieron fondos para revocar los muros y restablecer los frecuentes portillos  que se produccían a partir de su conquista y para llevar a cabo la reedificación continuada de sus murallas y  torres mediante  la licencia de emplear los propios de la ciudad y las penas de cámara, correspondientes a las condenaciones de los vecinos en los juicios; estos ingresos de prorrogaron a lo largo de los reinados de los Austrias, en  1668, cando se nos presentaba este aspecto desolador: Las murallas y torres de la cerca de ella están amenazando ruina y algunas caídas y, en particular, además de ello, en el lienzo de Muralla desde la Puerta de Martín Ruiz hasta el Rastro han echado y echan muchas cantidades de estiércol y tierra, lo  que ocasiona  más ruina y que el paso de la Carrera y barrio de san Bartolomé y el Matadero lo van cerrando y cegando.

Hasta finales del siglo XVII, se consideraba una auténtico fuerte y un lugar de defensa artillera. Siempre fue una preocupación de la ciudad fortificada el mantenimiento de las murallas. Sírvanos de muestra este acuerdo del cabildo del nueve de diciembre de 1605, cuando trató del arreglo de las torres y murallas, con el fin que se le concediera la parte correspondiente de las penas de Cámara, prorrogadas, en varias ocasiones, por la Corona a finales del siglo XVI y a principios del siglo XVII: “ Esta ciudad, por ser frontera de Costa y Reino de Granada y tan cercana a la Mar y una de las mayores que hay en los reinos y por lo que Sus Majestades y los Señores Reyes, sus antecesores, han tenido  particular cuidado de mandar que las fortalezas, torres y murallas de ella sean reedificadas y se reparen siempre, como conviene, y,  para ello, han hecho merced  a esta ciudad , siempre de las penas que pertenecen a su Real Cámara, mediante la cual  su merced  están las dichas fortalezas y murallas más entendidas y reparadas  que otras de otras ciudades, y ahora por las  muchas aguas y tempestades de los años pasados y por haber faltado el continuo reparo, que se caían  en abajo del Rastro Viejo, y, las que confinan con la puerta Nueva, que también se ha desmantelado, y cada día será mayor la ruina y ni más ni menos las murallas que están desasidas de la puerta de la Plaza. Por todo lo cual se pide a Su Majestad prorrogar la merced de las penas de cámara que se acomete a don Antonio López de Gamboa”.

Dejando aparte el recinto amurallado que constituye el Arrabal Viejo, pueden distinguirse varios recintos amurallados. el de la actual ciudad fortificada con una extensión hacia el Arrabal Viejo, el de la primera ciudad fortificada y el del Castillo. En tiempos de Madoz, se nos describe la antigua ciudad fortificada “con doble círculo de murallas; constituye el primero la fortaleza llamada de la Mota al Oeste, toda de piedra de cantería labrada, sobre el cerro del mismo nombre, escarpado por todas partes, que domina la ciudad y los campos; y el segundo circundaba los arrabales. En la cúspide del cerro hay una explanada de figura oval de 312 varas de longitud y 260 en su mayor latitud, con trece torres, entre ellas el Castillo principal que mira al Norte, con su plaza de armas y otras fortificaciones inferiores, obra del siglo XIV, pues el castillo que existía en el mismo paraje, fue derribado cuando se conquistó la ciudad a los moros, y mandado reedificar por el rey Alfonso XI. De él arranca el lienzo de muralla, formado en parte por la roca cortada, flanqueado de los torreones, uno de los cuales es llamado de la cárcel, porque se asegura tuvo este destino y aún se designa la lóbrega mazamorra subterránea adonde los moros encerraban los cautivos. Volada esta torre por los franceses, en su retirada, todavía se ven en la parte que queda del segundo piso, algunos adornos arabescos. Pero durante la permanencia de aquellos en España añadieron nuevas obras de defensa, y arreglaron el aljibe, todo destrozado en la actualidad, en términos que de las siete puertas que tenía la fortaleza, solo queda abierta una perfectamente defendida por las torres de camino, llamadas de Entrepuertas. Creen algunos que estas obras, por su remota antigüedad, son del tiempo de los romanos, pero es más probable que correspondan a los árabes, porque en algunas coetáneas a lo más antiguo de la fortaleza, que es sin duda la de la parte del Norte y el Este, se ven impostas, arcos apuntados, mezclas y cortes de cerramientos que revelan bien el gusto de los árabes. Otras obras han debido ser posteriores a ellos porque en la clave de los arcos de las dos puertas de los torreones que están a la entrada del fuerte se ve el escudo de la ciudad con la llave, siendo así que no hizo estas armas hasta después de la conquista. De la antigua ciudad que ocupó este recinto no existe más que alguna pared de lo que fue las casas de cabildo…el segundo recinto está también amurallado y flanqueado por torres, de las que se conservan algunas y parte de muralla”.

Como muy bien recoge Juan Eslava Galán este cerro amesetado   y en forma arriñonada albergaba un recinto murado   de la alcazaba delimitando un espacio de tres hectáreas, donde las propias escarpas naturales del cerro, muy visibles por las labores de excavación y de limpieza de viviendas adosadas, permiten ver simplemente en su mayor extensión un simple parapeto alzado sobre la marulla natural y, en los barrancales, la muralla reconstruida. De acuerdo con los planos de Jimena Jurado y el de la época de los franceses el espacio interior se encontraba dividido por un muro interior que discurría de norte a sur, con una quebrada en la parte central, que cortaba el espacio para el castillo y la medina o ciudad noble, espacio que fue reutilizado por los franceses, e incluso colocaron una fosa y una coracha de entrada junto al castillo. Este muro divisorio se amplió en varias ocasiones, la primera en tiempos de la construcción del muro y adarve de la torre de la Especería, y en tiempos de la conquista hasta la Puerta Nueva, discurriendo desde la Puerta del Aire hasta la torre de la cárcel.

El segundo recinto murado estaba adosado al sureste del cerro por la parte de la ladera y protegía el Arrabal Viejo, que algunos consideran la primera ciudad musulmana amparada por la alcazaba, sin embargo, está claro que su subsuelo remonta sus orígenes a tiempos prehistóricos.

            El tercer recinto corresponde al aumento de la población y ensanche urbanístico en tiempos posteriores a la conquista, sobre todo del siglo XV y XVI, prácticamente era una albacara se forman con una cerca de tierra y madera encerrando los barrios de San Sebastián, Peña Horadada y Palacios, Rastro.   

EEN LA SEMANA DEL JAÉN. LA SIERRAA SIERRA SUR EN EL CENTENARIO DE SAN JUAN DE LA CRUZ

 


LA SIERRAA SIERRA SUR EN EL CENTENARIO DE SAN JUAN DE LA CRUZ

 



Los arrieros de la campiña frecuentaban la calle de los Mesones a las faldas de la muralla de la Mota, junto al adarvillo de Mota y lindando con la puerta del Arrabal Viejo y Nuevo. Traían sus acémilas cargadas de cantaras de aceite procedente de los campos de Arjona y Porcuna. Venían cansados tras una larga marcha que se prolongaba durante varios días, en los que el cansancio hacía huellas en sus pies y, también debido a la pernoctación en las desastrosas ventas del camino. Su última parada la hacían en la venta de la Rábita, desde donde madrugaban para llegar pronto al puesto del peso de la Harina, situado junto al Pósito. Aquí se pesaba la carga, se pagaba el impuesto a los encargados del impuesto de millones y, luego, se iban a descansar a una de los mesones que proliferaban por aquella calle. No sólo acudían arrieros, sino también transeúntes del camino de la Corte, camino en el cuyo final del trayecto confluían los de Madrid y Córdoba. En 1581 vino un fraile que era perseguido cruelmente desde sus tierras de Castilla, Se llamaba fray Juan de la Cruz había nacido en Fontiveros, quedó huérfano a los pocos años, dedicándose a trabajos precarios en Medina del Campo; posteriormente estudió en Salamanca y llevó a cabo la reforma de la Orden carmelita con un grupo de frailes en Duruelo , que extendió al resto de los carmelitas calzados. Había estado preso en Toledo y escrito el Cántico Espiritual, varios romances y el poema Fuente. Estuvo, un año en el Calvario, un convento cercano a Villanueva del Arzobispo, relacionándose con Ana de Jesús y haciendo de padre espiritual del convento carmelita de Beas de Segura, luego lo mismo hizo en Baeza. En 1581, se dirigió a Granada y de allí dirigió el convento de los Mártires, donde fue nombrado prior e hizo iglesia

Y, cuando tenía cuarenta y nueve años, de nuevo, vino  a Alcalá en uno de los viajes, que llevó a cabo a Andalucía en el 30 de abril del año 1986. Procedía de Granada por el camino de la Corte con destino a Córdoba, donde iba a fundar un convento e iba acompañado por dos frailes carmelitas. Como, en la ciudad abacial, no existía convento de la orden carmelitana, e, incluso los otros conventos se hallaban en obras y no muy dispuestos al alojamiento de personas, por ser simplemente casas familiares adaptadas a usos eclesiales, pernoctó en uno de los mesones de la ciudad, ya en el Llanillo ya en los altos de la ciudad. Era prior de las Carmelitas Descalzos del Convento de los Santos Mártires de Granada y, al mismo tiempo ostentaba el cargo de Vicario Provincial. En Granada había tenido contactos con el alcalaíno Pablo de Rojas, de quien se dice que le contrató el Crucificado de San José para su convento, actualmente en el convento de san José. Como padre provincial prior y definidor, este fray Juan de la Cruz intervino en varios asuntos alcalaínos relacionados con los bienes de sus conventos.

En la última etapa de la vida de san Juan de la Cruz, hubo varias personas, que le amargaron la vida. En primer lugar, nos referimos a las incomprensiones que mantuvo con el Padre Gracián, debido a problemas en el gobierno de la Provincia de Andalucía, en la que fue nombrado vicario el 17 de Octubre de 1585. Por otra parte, Juan de la Cruz se opuso a todo tipo incumplimiento del deber predicando con el ejemplo, con mano férrea y misericordiosa.

En Sevilla, le salieron dos enemigos fray Francisco Crisóstomo y Diego Evangelista, porque no recibían, con obediencia conventual las advertencias del vicario, sino que les caló un fuerte resentimiento con una clara intencionalidad vengativa. El primero era, según su biógrafo, un hombre de ciencia y púlpito, pero de carácter agrio y destemplado, carente en absoluto de condiciones de gobierno, que no acertó a regir la casa, el convento de Úbeda, empeñado en llevar a todos los frailes violentamente por el camino de la perfección religiosa “.y como era hombre falto de entrañas de caridad para sus hermanos, quería llevar a los otros a palos a la perfección”. Le quitó el enfermero a Juan de la Cruz en los últimos momentos de su vida, a pesar de la admiración que despertaba en los restantes frailes.

El segundo enemigo de Juan de la Cruz, también dechado de envidia por la fama de santidad de Juan de la Cruz, fue Diego Evangelista. Hombre adulador de los poderosos, moderador a través de la envidia e hipocresías, alcanzó el grado de provincial de Granada, pero a la priora de las carmelitas, cuya fundación estaba relacionada con unas beatas alcalaínas, no le agradó aquel nombramiento pues era muy devota de san Juan de la Cruz. Fray Diego conoció muy de cerca al santo, pues trató de que no alcanzara el reconocimiento de su santidad. Y así, una vez muerto san Juan de la Cruz, fray Diego Evangelista, en la primavera del año 1594, pasó por Alcalá la Real con destino a tomar posesión del nuevo cargo. Curiosamente la priora sor Beatriz de san Miguel, días antes de su llegada a Granada, tuvo una aparición de Cristo crucificado, cuando entre oraciones le pedía que no viviera el recién nombrado prior. Consistió en que el Cristo crucificado le manifestó que el santo no acudiría a Granada, sino era con los pies por delante, es decir muerto. Y, además, que le había de suceder fray Diego de la Trinidad, muy amante de san Juan de la Cruz. Al comunicárselo al confesor aquella monja, este le dijo que mantuviera su confianza en Dios, pues todo habría de ocurrir tal como se lo había manifestado en su aparición. Y así fue. Pues pernoctó en un mesón de Alcalá la Real. Y a media noche un síncope le cortó la vida tras recibir los santos sacramentos, cumpliéndose al día siguiente lo que había sido revelado. Pues entró reclinado en una caballería en Granada. De ahí que quedó fija su huella en esta ciudad, porque murió su mayor enemigo dentro de la orden carmelitana Fray Juan Evangelista, que pernoctando en un mesón de la ciudad falleció de pronto y sus restos fueron enterrados en Granada.


La segunda huella de fray Juan de la Cruz fue un milagro, que aconteció años más tarde, en tiempos del definidor de la Orden, fray Pedro de la Madre de Dios ( del que dicen las crónicas que era una persona muy ejemplar y riguroso con su creencias sin caer en la superstición ni en las falsas adivinaciones . Este pasó por Alcalá a principios del siglo XVII y se quedó a dormir en un mesón donde servía una turca berberisca, comprada por el posadero en los mercados de Vélez. Portaba el definidor una reliquia del santo, pero el no llegaba a convencerse de los tantos milagros, que, hasta el presente, se le habían atribuido al santo (decían que en Calatayud, tres mujeres de una casa de mancebías se habían convertido al contemplar sus reliquias y aparecérsele Cristo). Entre sus compañeros de orden, se autojusttificaba diciendo que lo había motivado su cerrazón mental y, anteponiendo el temor de Dios de que no fueran sino puras invenciones suyas o ensoñaciones. Por eso, en los últimos, tiempos se afanaba en no dejarse llevar de esta rectitud de conciencia, y oficiaba con gran devoción la misa para que Dios le iluminara sobre la posible fuerza misteriosa de las reliquias.

El fraile se retiró a su estrecho aposento, y sacó de su alforja su relicario de madera con un trozo de parte del cuerpo de su antiguo definidor. La colocó sobre la cama, al lado de su jergón y pasó la noche dando vueltas para ver cómo, a la mañana siguiente, enseñársela a la moza. Reflexionó, y muy de mañana parece como si le viniera una luz especial desde la ventana del aposento al hilo de la oración: Veni, Creator, Spiritus./ mentes tuorum ilumina…/ Bajó al patio con la reliquia entre sus manos y llamó al posadero para que le trajera ante su presencia a Fátima.

Fray Pedro le muestra la reliquia de Juan de Yepes.

 

 Cuentan que Fátima no cesaba de exclamar, a lo largo de su vida, “ he visto a la Virgen María con el Niño Jesús en los brazos” .Por ello, se convirtió al cristianismo, recibió el bautismo y fue muy devota de la Virgen de las Mercedes , que también tenía un niño en sus brazos





 

 

viernes, 20 de febrero de 2026

CONOCIENDO LA MOTA (XX). EL ALCAZAR DE ABEN ZAYDE

 

VI. EL ALCAZAR DE ABEN ZAYDE

 














El Castillo de Aben Zayde responde a un Qal'a (de ahí el nombre de Alcalá), un tipo de fortificación no urbano que situado en una zona estratégica controlaba un entorno o cruce de caminos, así como varios valles de ríos, que permitían el tránsito comercial, militar y social de la zona castellana hasta la Vega de Granada, e, incluso a la Costa mediterránea. Coincidimos con Pavón Maldonado, en que fue una fortaleza estatal, aunque pudo estar   regida por gobernadores, en este caso se encontró en manos del importante linaje árabe de los Banu Said. Alrededor de esta fortaleza, se formaron varios círculos amurallados, donde se asentaron una población civil permanente y constituyeron los arrabales. En torno al castillo se formó un primer círculo envolvente del barrio miliar, y otro segundo que comprendió la antigua ciudad fortificada delimitado por las partes altas del cerro, dejando para una ampliación en tiempos de los reinos nazaríes, el Bahondillo y el resto de los barrios exteriores. 

            Se pueden distinguir dos claros periodos de la importancia de este Castillo marcados por su carácter fronterizo antes de la toma de Granada, y, posteriormente, residencia oficial del alcaide. De la primera etapa, son casi doscientos años de frontera- cien en la frontera musulmana y 150 en tiempos cristianos-. lo que supuso un esfuerzo constructivo para mantener este recinto en pie como elemento defensivo esencial y para comprender la evolución posterior, sobretodo, en el último tercio del siglo XVI hasta nuestros días. En este último periodo, lejos dela frontera, Tan sólo se benefició del nuevo concepto de frontera de mar para las restauraciones y amplia con los reyes de la conquista del reino de Granada. Entre ellos destacaron los miembros de la familia de los Fernández de Córdoba, señores de Aguilar, el conde Cabra, el Condestable Lucas de Iranzo entre otros. En este periodo, solían dejar la alcaldía a algunos caballeros asentados en Alcalá la Real como sus tenientes de Alcalá y, desde la conquista de Alcalá por el rey Alfonso XI, ostentaba el cuidado militar (alcaid, jefe militar) y de la fortaleza y su guarnición militar en nombre del rey, de donde viene el nombre de tenedores o tenientes del rey. Con el cargo militar se le añadía el oficio del alcalde mayor con lo que ampliaba la función judicial sobre los vecinos y presidían a los jueces ordinarios elegidos por el pueblo. A ello se añadían la función protocolaria y diplomática en nombre del rey, para los actos de exequias fúnebres y proclamaciones de reyes.  A partir de 1574 fue adquirida por Benito López de Gamboa, consejo de las Indias en la cantidad de 9.000 dudados, pero con los beneficios de recibir 100.000 maravedíes de sueldo de los fondos de las alcabalas granadinas y ocupar el cargo de regidor del cabildo alcalaíno. Entre sus miembros destaca su hijo el escritor Antonio López de Gamboa, gracias a sus manuscritos se conoce los orígenes de la historia de la ciudad, y fue un defensor de los privilegios que conllevaba este cargo. Por su tiempo, ya no residían a los alcaides en el alcázar, sino que tenían su residencia privada en la medina, a pesar de que el maestro de obras propuso para la restauración el adecentamiento de sus aposentos y la construcción de varios de ellos. Sin embargo, no llegaron a realizarse y la fortaleza quedó reservada para momentos de pleitesía con la Corona, donde en los días extraordinarios el regidor cumplía con el protocolo de recibir la ciudad en procesión para rendir vasallaje a los nuevos monarcas hasta el siglo XVIII. 

 

EN ALCAZAR,

 

             El recinto de la alcazaba ha sufrido ampliaciones y varias restauraciones a lo largo de su historia. Si la iglesia Abacial consigue que cualquier alcalaíno de pie se identifique con la Mota, no menos podría referirse de la alcazaba, pues este el auténtico castillo.

            La ruina amenazó siempre a las murallas de la ciudad, y especialmente a los adarves y torres del castillo de manera que la propia Corona emitió una cédula real en 29 de marzo de 1569 hizo merced a la ciudad Alcalá la Real con el fin de sufragar los diversos reparos mediante los ingresos de las penas de cámara por tiempo de cuatro, que se fueron prorrogando hasta muy entrado el siglo XVII. Pero lo que más afectó a este recinto militar fueron los movimientos sísmicos y derrumbes, entre los que más destacaron en 1582. otro a mediados del siglo XVII y en el siglo XX, los de 1951 y los más recientes. El primero le afectó a toda la zona de la barbacana, el segundo a la propia torre del Homenaje y los siguientes, algunos deterioros insignificantes.  Por los años setenta del siglo XX, canteros alcalaínos de la familia González bajo la dirección del arquitecto don Luis Berges, que logró el premio de Europa Nostra con la reconstrucción de los Baños Ärabes, llevaron  a cabo una señalada restauración de los adarves y de los muros, escaleras, bóvedas y terrazas de las torres imprimiendo el racionalismo de Regiones Devastadas al estilo gótico de este entorno y añadiendo un almenado que no concuerda con el antiguo parapeto, abierto por varios rendijas , por donde se exponía el pendón en los días de proclamación de reyes.. A finales de los años ochenta, intervino la Escuela Taller de Patrimonio de Alcalá la Real, finalizando y poniendo a punto todo el Castillo de Aben Zayde, sobre todo con la excavación y rehabilitación del patio de Armas, bóveda de la sala interior, terraza y entrada baja de la puerta de la Torre del Homenaje. No quedan restos de sus armas defensivas. Tan sólo, por documentos de la época, sabemos que, a la entrada de la fortaleza, concretamente en la esquina de la puerta de la fortaleza, estaba colocada una lombarda que protegía la ciudad de los ataques enemigos, que era un cañón de gran calibre que debió utilizarse desde la llegada de los Reyes Católicos y cuyos bolaños de diferente tamaño se conservan en el patio de Armas. Junto al alcázar, por la zona del poniente estaban las casas de Pedro de Aranda Valdivia, siempre amenazadas por la caída de la Torre del Homenaje, como sucedió en el 1582.  Al sur, las casas de Luis Méndez de Sotomayor. Cercanas estaban también las casas de Cristóbal Gallego y Martín Sánchez, siempre amenazadas por la ruina de la torre del Homenaje. Este recinto estuvo habitado y existieron casas en su interior, tal como se pudo comprobar en los cimientos de las excavaciones de la Plaza de Armas.     Componen el recinto la torre del Homenaje, la de la Campana o de la Vela y otra torre que actualmente recibe el nombre de Mocha junto con dos patios de armas, uno interno y otro exterior al castillo

Más abajo, ya desparecida, se encontraba una torre barbacana, con una puerta de entrada que daba al barrio del Albaicín, junto a la casa del artesano Miguel Muñoz herrero, que había hecho una mina de unos 24 metros en la roca que llegaba nada menos hasta la torre del Homenaje, y en la que se apoyaba; y hubo que macizar para evitar el desprendimiento. y a la que se accedía por una calle abierta en el 1580 sobre una pared que levantó el alarife Juan Sánchez. Estas tres torres se mantuvieron, mientras la torre barbacana se cayó por el año 1580 y que obligó a macizar todas las demás torres, pues los vecinos del Albaicín horadaban la roca hasta llegar debajo de ellas y produciendo la caída de una parte del tajo, como puede contemplarse en el hueco que va desde el adarve hasta la Torre Mocha. Pues por, las ordenanzas, las casas no podían estar ni debajo ni en lo alto de la muralla. Este flanco no puede considerarse como está actualmente restaurado mediante un adarve que une la torre del Homenaje con la Campana, con un punto de vértice en la torre Mocha, a la que se accede por una restaurada escalinata, sino que a través de un adarve colocado sobre roca se  comunicaba la muralla del Trabuquete con la alcazaba  con una torre barbacana,; en su  interior se encontraba varias casas de los descendientes de los conquistadores, y en su parte final se halló a un lado la casa del último alcaide don Pedro de Pineda, y comunicaba con la barbacana, que se hallaba muy maltratada en 1574; más adelante estaba la casa de Pedro de Aranda Valdivia, que caía en su parte interior a la fortaleza, prácticamente hubo que levantar el muro y limpiarlo totalmente. Años después este muro se destruyó.  

            Esta desparecida torre barbacana, con una puerta de entrada y dos torres delanteras, daban al barrio del Albaicín, junto a la casa del artesano Miguel Muñoz herrero, que había hecho una mina que llegaba nada menos hasta la torre del Homenaje y hubo que macizar para evitar el desprendimiento. y a la que se accedía por una calle abierta en el 1580 sobre una pared que levantó el alarife Juan Sánchez. A través de los fondos conseguidos de las penas de cámara, se llevaron a cabo varias reformas en el recinto amurallado, en 1591se repararon la torre de la fortaleza y murallas (Torre Mayor, Barbacana y Mocha) porque las cuevas de abajo se arruinaban y había que macizar y muy concretamente en las torres del castillo, y destacó o el año 1599, cuando se llevaron grandes obras de restauración y enlosado de la parte alta de la torre del Homenaje.

 

                                    TORRE DEL HOMENAJE

            Actualmente, la torre del Homenaje se yergue digna de haber ostentado el poder castellano castellano frente a la antigua frontera del reino de Granada que se otea por el horizonte de la Sierra del Camello y Matute descendiendo a la ribera de los ríos Velillos y Palancares. Se alza majestuosa, y, por sí misma, define a la alcazaba erguida y encima de una imponente roca que ya fue orgullo del Ándalus, LA ROCA DEL ANDALUS, EL RIÑON DE ANDALUCÍA.Y tras la conquista castellana, GUARDA Y DEFENDIMIENTO DE LOS REINOS DE CASTILLA Y LEÓN y Puerto de Castilla.  Para que comprueben el grosor de sus muros, por la parte de abajo llegan a tener una anchura de ocho varas, lo que es lo mismo que casi 4¨80 metros, que sirve para sostener una bóveda, que sufrió muchas veces el empuje de las paredes y la techumbre su cubierta, derribándose en su parte alta en 1581, cuando aconteció el del Gabán , y derrumbando las casas cercanas de la familia de los Aranda Valdivia y las cuevas y tiendas de Castañeda

 Este recinto estuvo habitado y existieron casas en su interior, tal como se pudo comprobar en los cimientos de las excavaciones de la Plaza de Armas.  Es una imponente torre prismática de 20 metros de altura y 16 y 17 metros de anchura en sus bases de las caras trapeciales. Es fruto de varias ampliaciones y restauraciones, cuyos restos y muestras de estilos vienen definidos por los arcos y bóvedas de la entrada de la parte baja, aunque predominan el estilo almohade, nazarí y gótico. Antes del doce de abril de 1576, acudió Alonso Barba, maestro mayor de cantería de las obras de Jaén, se ocupó en venir a ver el castillo y la fortaleza de esta ciudad   y llevó a cabo varios reparos junto con el maestro de cantería Juan de Bolívar, Juan Sánchez y Juan Álvarez.  En esta ocasión se reparó el lienzo de adarve y su junta con la Torres del Homenaje (1577), porque la fortaleza, castillo y esta torre estaban para caerse. Esta torre del Homenaje, que se consideraba como principal, ofrecía un lienzo de la muralla con la mitad a la parte descubierto y salido fuera de plomo, mitad a la parte alta abierto y salido afuera casi una vara de medir de alto a abajo y media vara de ancho. Se tomaron medidas ante el peligro de las casas que se encontraban debajo del castillo y sus arrabales. Y se hizo una propuesta de cinco mil ducados mediante una prórroga de veinte años.   

Pero no debió asegurarse este muro de contención de modo definitivo que, en este mismo año, se acudió a la Corte denunciando “las torres y cercas de la dicha ciudad estaban tan destruidas y con tanta necesidad de reparos que con brevedad no se reparaban venía a caerse todas por la mayor parte". Y se solicitó  una mayor inversión en reparar " la torre del Homenaje,  que es la principal  fuerza,  que tiene  un lienço de la muralla  con la mitad a la parte descubierto y salido fuera de plomo , mitad a la parte alta abierto y salido afuera  casi una vara  de medir  de alto a abajo y media bara de ancho  y que es necesario que se  repare con la brevedad  porque si se hunde hundirá muchas casas que ay debajo  de la Mota  y arrabal y peligraran muchas gentes que será menester para ello 5.000 ducados".  Intervino en la nueva traza de las obras en 8 de abril de 1578 Juan de Orea, maestro mayor de obras de la ciudad de Granada que permaneció cinco días en Alcalá y   se ocupó en su reparo e hizo trazas y condiciones que comenzaron a realizarse en 1580 tras ponerlas en subasta y almoneda.  

            Pero se derrumbó en su parte alta en 1581, cuando aconteció el terremoto que hizo caer la muralla del Gabán y derribando las casas cercanas de la familia de los Aranda Valdivia y las cuevas y tiendas de Castañeda. En muchos documentos, comentan que esta bóveda se cimentaba sobre un aljibe y que los maestros de cantería de Málaga, Miguel de Vegara, y de Granada como Ambrosio de Vico emitieron informes, para que los canteros alcalaínos Miguel de Bolívar y Alonso Martínez de Tudela la reconstruyeran elevando el muro por encima de la bóveda y colocando un antepecho de tres cuartas de ancho y cinco de alto, que sustituyó a la guirnalda. Como es lógico, para prevenir mayores desgracias, a las cuevas que estaban en sus cimientos, las macizaron, llenándolos de escombros y, piedras, lo que se ha comprobado en las recientes labores de excavación y limpieza, en la que se han encontrado en su mayoría material de derribo.      En 1582, se encontraban las obras al descubierto y amenazaban ruina de nuevo por el espacio abierto en canal; además estaba de lleno de tierra muerta sin pisar de manera que el agua que caía sobre la torre no tenía por donde salir y se agotaba en ella dando lugar a que prosiguiera la ruina de la torre y necesitaba una reparación urgente. Por lo que se contrataron varios oficiales de cantería para poner en marcha las trazas propuestas. De nuevo, se iniciaron las obras en 1584, cuyos perjuicios por recalarse el patio dio lugar a deterioro de Entrepuertas.  y en 1585 ,prosiguieron las obras  y e, un año después, el informe del comisario de murallas y regidor Juan de Aranda Figueroa es esclarecedor, se enviaron por oficiales a la ciudad de Jaén y otras partes , para que diesen su parecer  e el remedio que tenían  para el reparo de  ellas , lo que se hizo e se prencipió a derribar las esquinas de la torre que estaban maltratadas, lo qual  a más de dos años que se principió e no se a proseguido  más y este invierno , como  ha sido de tantas aguas y estaba descubierta la dicha torre y esquina y mucha tierra  y piedras que en ella se quitó sobre la bóbeda de cuya causa ha recalado mucho  e baen mucha desminición y está en mucho peligro de se caer , pide y requiere a los dichos señores ciudad manden proseguir la  dicha obra, pues su majestad , por la real cédula la tiene hecha merced  de sus penas de cámara para los reparos de la dicha fortaleza , que se contienen en la dicha real cédula  con protestación que hace , que si algún daño viniere a la dicha torre del Homenaje.

 

Hasta 1591, son frecuentes las obras de reparaciones de las esquinas de la torre del Homenaje. Y se encontraron con grandes dificultades y con los rigores del tiempo provocando la ruina de las murallas y de las casas de su entorno, porque se fundamentaban en falsos cimientos, sobre todo por la esquina vieja. Intervinieron los maestros de cantería Juan Sánchez Meléndez y Miguel de Bolívar. Se sanearon los muros y el relleno de piedra, escombros y materiales de que se componía y los trasladaron para las Casas de Justicia que se llevaban a cabo sobre l 591.

En este año por julio, de nuevo se propuso el aderezo de la fortaleza, porque por lo alto se recalaba toda la torre y bóveda, y ha empezado a hundir una pared que cruzaba la pared de la bóveda del aljibe sobre que está fundada. Entonces, acudieron a las buenas artes de Ginés Martínez de Aranda cantero mayor de la ciudad y Juan Sánchez, alarife. Y vieron la casa y fortaleza, proponiendo acabar Torre del Homenaje, aderezando lo viejo e hicieron un muro para evitar la caída de las torre y casas adyacentes y en lo alto de la torre se reparó la repisa y se quedó el suelo enlosado y dando corriente al aljibe, para que se callara a la bóveda, derribando la pared que estaba suelta dentro de la bóveda que cargaba dentro sobre la pared del aljibe por estar maltratada y   para evitar la caída de la sala y aljibe. Fue la más importante restauración que tuvo lugar en el siglo XVI, cuando con las penas de cámara el rey permitió su reedificación interviniendo Miguel de Bolívar y Ginés Martínez de Aranda. Se le puso, en aquel tiempo, un talud a la bóveda y una pared que reforzaron los cimientos, se reconstruyeron las esquinas, la techumbre, los caños y las gárgolas y, para guardarse de su altura, un antepecho de protección. Anteriormente, se cubría con una guirnalda que rodeaba toda su parte superior que le servía de guarda y protección. Hasta el siglo XVII, continuaron las obras y en 1599, se acabó de enlosar lo alto de esta torre mayor del Castillo de esta ciudad, para que no se recalase y eche a perder.  

 La actual Torre de Homenaje es fruto de varias reconstrucciones y la última se hizo en los años noventa del siglo XX por los alumnos de la Escuela Taller, que abrieron la entrada, restauraron los arcos y las bóvedas de su pasadizo de entrada al patio de Armas, cegado hasta 1990, y de la segunda planta, así como su techumbre. Una anterior fue la que tuvo lugar por la intervención del arquitecto Luis Berges con la recuperación de la techumbre y una parte del flanco norte, caído tras el terremoto de 1951.  

 

Se comprueba el grosor de sus muros, de modo que por la parte de abajo llega a tener una anchura de ocho varas, lo que es lo mismo que casi 4¨80 metros, que sirve para sostener una bóveda octogonal sobre trompas de piedra que se ocultaba con un artesanado plano perdió hace mucho tiempo, y que sufrió muchas veces el empuje de las paredes y la techumbre de su cubierta

           

            Está compuesta de una primera planta de ingreso a la alcazaba, amacizada, por donde se entraba desde la ciudad militar y por otra puerta cegada, que era la entrada desde la barbacana del barrio del Albaicín. Desde esta planta, a travesea un postigo lateral se desciende por una escalera al pozo de la Conquista y al pasadizo recién descubierto y puesto en valor para su visita. Desde las casas anexas al Castillo. El acceso se hace a través de un pasadizo abovedado en recodo, cuya entrada viene marcada por varias ampliaciones, dos apuntados ojivales y en el centro de ella dos arcos de herradura, todos ellos de piedra que cubrían un pequeño espacio con una pequeña bóveda esquifada de ladrillo. Se forman tres  tramos de pasaje, cubiertos con tres bóvedas: la primera cubierta con una bóveda  apuntalada , donde se abre a célebre reja para impedir la entrada de los castillos y se apoya en las paredes a soga y tizón con hiladas de ladrillo que recuerda el sillarejo almorávide; la segunda se inicia con la bóveda esquifada y fue lugar de puesto de guardia en la Guerra Civil y de vela para los enterramientos en la posguerra, que es la originaria del primer castillo y la tercera una bóveda de medio cañón  de ladrillo y mural de la época gótico-mudéjar con numerosas marcas de cantería que comparte autoría con otros lugares de la ciudad fortificada, sobre todo por la zona de la cárcel. Toda la solería está reciente y completamente restaurada por los años noventa con imitaciones de opus spinatum o espinapel. Este tipo de entrada a la fortaleza frente al primero que viene marcado por una barbacana, localiza temporalmente a castillo en los tiempos primeros del reino ziri de Granada y de los almorávides, estos últimos lo utilizaran en la alcazaba de Granada.

            Se accede a la segunda planta a través de una escalinata al aire libre del patio de Armas y escaleras cubiertas de la segunda planta de la torre de la Campana que conducen a un adarve, interrumpido con una torre cuadrada y mocha, que oculta un depósito de agua fabricado dentro de la muralla en los años ochenta del siglo XX. Por una puerta de hechura gótica, se adentra a la segunda planta que alberga Sala del Homenaje, lugar emblemático y legendario, donde debe el nombre al acto de pleitesía a los representantes de la Corona, en este caso los alcaides de la fortaleza. Esta institución de frontera fue concedida al ayuntamiento alcalaíno por el rey Alfonso XI tras la conquista de agosto de 1541. Se cubre esta gran sala con una bóveda esquifada ocho paños sobre trompas. que alberga la muestra museística del mundo militar de fronteras con cuatro expositores de personajes que resumen la paz el mundo del pacto, el comercio, el intercambio y de las buenas relaciones entre cristianos mediante el  alfaqueque castellano  y alwayal musulmán), y la guerra ( el alcaide castellano y el adalid que rememora la figura del Pascual Sánchez que fue personaje esencia en desvelar los secretos de la conquista de la fortaleza) junto con una serie de paneles y pantallas en donde se proyectan aspectos y personajes de la vida militar: ejército, tipo de batallas y algaradas, la figura del alcaide y armas e instrumentos de asalto. El suelo actualmente enlosado cubre dos estancias abovedadas de ladrilla, donde llegaba el agua de la lluvia a través de varias canalizaciones. Dos grandes ventanales dan a este recinto oscuro: a través de una rampa se accede al poyete de la ventana alargada que tamiza la luz que proviene del mediodía y  permite desde la altura contemplar la trama urbana de la ciudad fortificada, así como la primera planta de las mansiones de los descendientes de los hidalgo; por otro de medio punto apuntado que abre las vistas a la parte oriental, desde su rellano se convierte en un excelente mirador se contempla la ciudad renacentista que se extendió tras la conquista de Granada por los Reyes Católicos. 

 

LA PLAZA DE ARMAS

            En medio de las tres torres, se encuentra la plaza de armas. No ofrecía la misma panorámica este espacio que actualmente se observa, porque es fruto de la remodelación de la Escuela Taller de Recuperación del Patrimonio Histórico Artístico, en la que, tras la excavación arqueológica, se descubrieron, junto a la muralla del flanco de la torre Mocha los cimientos de las casas adosadas y un pozo, que comunicaba con el exterior y en su fondo aparecieron restos de platos, vajillas y desechos de la última época musulmana y cristiana. En sus primeros tiempos, se encontraba una plaza llana donde se realizaban los actos de homenaje al alcaide y la proclamación de los reyes. Posteriormente, la plaza de armas se convirtió en un recinto pequeño, con casas edificadas en su interior hasta el año 1591, - probablemente las que se encontraron en las excavaciones-cuando sus piedras se reutilizaron para las casas de la Justicia. Finalmente, ofrecieron otra vez un rellano, donde acudían los regidores y el cabildo en el acto de proclamación de los reyes. En tiempos de la invasión francesa, se utilizaron como herrería de armas, con su forja en el centro, para acaba en un corral de ovejas hasta mediados del siglo XX, al que se accedía desde la dehesa exterior por un boquete abierto en el muro del adarve que conectaba a las dos torres, la de la Campana y la del Homenaje. Actualmente ofrecen tres niveles, y en el superior, se coloca el escenario donde se celebraban los festivales de agosto, con empedrado de hojarasca y geométrico simulando el empedrado basto granadino que aparecía en las casas de la parte noble de la ciudad fortificada.

 

LA TORRE MOCHA

            Esta torre, de menores dimensiones y desmochada, se orienta hacia la parte oriental y se comenta sobre una peña, que fue horadada en muchas ocasiones por la parte inferior dando lugar a continuas reparaciones y restauraciones. En 1577, se benefició de los fondos de las penas de Cámara para restaurarla junto con la esquina de la torre del Homenaje y, en concreto, Ginés Martínez de Aranda, informó a la Corte en 1592 de la conveniencia de colocaran unas nuevas losas en su terrado para evitar los recalos del agua.  En 1596, se encontraban en una situación alarmante provocada por el vecino Miguel Muñoz que había hecho una mina y amenazaba su ruina y la de la torre del Homenaje. Lo que conllevó en macizar las cuevas y las minas y entablar un pleito contra este herrero  Miguel Muñoz, herrero,  tiene una casa debajo de  la torre Mocha y Puerta de la Barbacana, el  qual ha fecho una mina que tendría 30 varas poco más o menos rompiendo unas peñas sobre que la dicha fortaleza o  parte de ella está edificada en peligrosísima que , por ella, pueda venir muy  gran daño, pido y suplico a esta ciudad y, si es necesario la requiero las veces que puedo con el acatamiento que debo las mande cerrar sin dejar ninguna y, ansymismo, suplico al señor corregidor con el acatamiento que debo le requiera que , luego haga su merced derribar las casas, que conforme a la ley , no pueden estar ni en lo  alto ni en lo  bajo de la dicha muralla edificadas  y de no hacello , como lo requiero, protesto e daño o daños que sucedieren y (…)mande testimonio de este  testimonio . Dicho maestro mayor declare las tapias que podría tener los dichos pilastrones, e las mida e que si declara que la persona en quien se rematare esa obra, no a de poder dar parte de ella a ninguna persona

 

                        TORRE DE LA CAMPANA O DE LA VELA

           

 

            Su nombre deriva de una espadaña de la terraza, en la que estaba colocada una campana municipal para avisar de las urgencias, incendios, acoso militar a todos los vecinos de la ciudad fortificada o de los campos o, simplemente, para dar las señales de la queda, cuando se cerraban al atardecer todas las puertas de la ciudad fortificada y cuyos campaneros, generalmente los porteros del cabildo, eran costeados por el cabildo municipal. Estaba situada a una altura de 1.035. 2 metros sobre el nivel del mar. Muy bien cimentada, por la parte más estable y duradera del cerro de la Mota, no ha requerido muchas restauraciones. Incluso, en la conocida información de Ginés Martínez de Aranda, se colocó un muro que sirviera de parapeto en la terraza y e enlosó la parte deteriorada de la terraza de esta torre.  Esta torre prismática (de siete metros por ocho por siete metros de lados) alberga dos aposentos y una terraza actual. En el de la planta baja, se expone la vida cultural del mundo musulmán en tiempos de los Banu Said y algunas muestras de platos cerámica nazarita con ilustraciones animalescas y epigráficas (una alaifa), lucerna almohade y una lápida de piedra de caliza, precalifall procedente de la aldea de la Pedriza y se alberga bajo una bóveda de medio cañón que debió cubrirse con un artesón. En el segundo aposento, se cubre con una bóveda de medio cañón de cantería, donde se expone una fotografía circular en la que se expone el paisaje de todo el término municipal jalonado con el sistema poliércietico de las atalayas de su entorno, góticas y árabes. En su vitrina central, fruto de la masificación actual de la Mota, desarrolla por una serie de transparencias el desarrollo y conquista del territorio de la ciudad de la Mota.  desde el mundo agárico hasta la actual ciudad de Alcalá la Real). 

 

 

 

CASAS DE DERREDOR

 

            Junto al alcázar, por la zona del poniente estaban las casas de Pedro de Aranda Valdivia, siempre en peligro por la caída de parte de la Torre del Homenaje, como sucedió en el 1582.  Al sur, las casas de Luis Méndez de Sotomayor. Cercanas estaban también las casas de Cristóbal Gallego y Martín Sánchez, siempre amenazadas por la ruina de la torre del Homenaje. En torno a estas casas y torres se albergó la corte con la reina Isabel la Católica y su hijo Juan en 1491.

 

TORRE BARBACANA

            Hay noticias de que delante del alcázar o castillo de la Mota, en concreto bajo la puerta de ciega de la torre del Homenaje, hoy día un hueco producido por el desprendimiento del terremoto de febrero de 1581, existía una torre barbacana, que se hallaba ya muy maltratada en 1574; cercana y detrás estaba la casa de Pedro de Aranda Valdivia, que caía en su parte interior a la fortaleza. En este año, ya se resentía y prácticamente hubo que levantar el muro y limpiarlo totalmente. Años después este muro se destruyó.  

            Esta desaparecida torre barbacana, con una puerta de entrada y dos torres delanteras, daban al barrio del Albaicín, junto a la casa del artesano Miguel Muñoz herrero, que había hecho una mina que llegaba nada menos hasta la torre del Homenaje y hubo que macizar para evitar el desprendimiento. y a la que se accedía por una calle abierta en el 1580 sobre una pared que levantó el alarife Juan Sánchez.


Las barbacanas provienen de estructuras defensivas medievales, que servían de soporte al muro de contorno o cualquier torre adelantada, en este caso la de la torre del pozo de la conquista.  Estaba situada la de Alcalá fuera de la línea principal del castillo y conectada por un pasadizo con la torre del Homenaje. Las recientes excavaciones han puesto al descubierto esta torre y pozo. Así lo define Carlos Calvo: Esta última presenta forma cuadrangular. . Presenta un ascpecto muy deteriorado con importante pérdidade los paramentos exteriores, de piedra. Está fabricada mediante hiladas de mampostería y en su interior es un relleno de piedra con mortero de cal y arenas Su construcción se remonta a época islámica, aunque sufiera akgua modificación  y reforma con posterioridad. Su uttilidad se debe al hecho de querer fortificar este elemento de abastecimiento de agua. En los vértices de la torre se pueden documentar piedras de sillería de mayor tamaño y de mejor fábrica. La torre descienre hasta alcanzar el nivel de base de la roca. En la car sur se observa una oquedad que permitiría el acceso al interior del cubo hasta las terrazas interiores de las Entrepuertas. Aún conserva parte del entarimado de madera que haría las veces de balcón para poder acceder al agua. En su parte superior se puede apreciar restos de un pretil y de un brocal en forma rectangular. A partir del nivel rocoso se podría hablar de parte interior del pozo, Presenta foma cuadrangular ( 2x3m). El pozo está excavado en la roca, Hata el nivel que se ha podido observar alcanza una profundidad de 19 m, Poco a poco se va estrechando alcanzando una forma trapezoidal.

El depósito de agua mantien unos dos metros de profundidad. En la cara norte se aprecia una abertura que lo comunica con las galerías subterráneas. Parece como si se tratar un aceos primigenio y que la abertura de la cara sur fuera más tardía. Obra de Eufrasio López de Rojaas. ·  

Delante de las tres torres, existía una torre barbacana que se cayó por el año 1580 y que obligó a macizar todas las demás torres, pues los vecinos del Albaicín horadaban la roca hasta llegar debajo de ellas y produciendo la caída de una parte del tajo, como puede contemplarse en el hueco que va desde el adarve hasta la Torre Mocha. En esta torre, también había una puerta de la fortaleza, la de la Barbacana, junto a ella, la casa de Miguel Muñoz, herrero que había hecho nada menos que una mina de 24 metros en la roca, sobre la que se apoyaba la fortaleza y era objeto de informes continuos pues amenazaba ruina. Pues por, las ordenanzas, las casas no podían estar ni debajo ni en lo alto de la muralla. Este flanco no puede considerarse como es actualmente, sino que a través de un adarve comunicaba la muralla del Trabuquete con la alcazaba y con una torre barbacana, en su arte final se hallaba a un lado la casa del alcaide don Pedro de Pineda, y comunicaba con la barbacana, que se hallaba muy maltratada en 1574, más adelante estaba la casa de Pedro de Aranda Valdivia, que caía en su parte interior a la fortaleza, prácticamente hubo que levantar el muro y limpiarlo totalmente. Años después este muro se destruyó.