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martes, 24 de marzo de 2026

XL. CONOCIENDO LA MOTA . LOS SIGLOS XVIII Y XIX.

 

SIGLO XVIII

 

         


Son muchas las noticias de la destrucción de los principales edificios a principios del siglo XVIII. Curiosamente, a las ocho antes de anoche del 13 de febrero de 1714, se cayeron los corredores de la Plaza de la Mota, que estaban por encima de los oficios y parte de los de la Cárcel, que antiguamente tenía esta ciudad en dicha plaza y son propios suyos. Acudieron el corregidor, un teniente del presente escribano, y los porteros de esta ciudad y otros ministros reconocieron dicha ruina. Y antes de que se recogieron siete operarios que subieran dos carretas, para que transportasen y condujeran dichos materiales.         

            En varios cabildos del mes de febrero de 1714, trataron los miembros del cabildo del   derrumbe que sufrieron la Torre de las Entrepuertas, y en la Plaza los corredores, una gran parte de la Cárcel y Casas de Justicia, lo que afectó   a sus balcones y ventanas, que evitaron dejar en manos de los desaprensivos los materiales codiciosos, la rejería y el hierro de sus elementos compositivos. El cabildo consiguió recoger todo el hierro en dos carretas que se custodiaron en un lugar seguro y dentro del cabildo la madera utilizable, mientras la de desecho y la piedra de cantería se vendieron al mejor postor.  En 22 de febrero de 1714, ante la ruina la Torre de la Tercera Entrepuerta que llaman de Santa María (paso preciso por donde se sube a la Santa Iglesia Mayor y se baja a la de Santo Domingo) y que de caerse no solo se orixinaría el cerrarse el paso. si empero el promontorio en que se halla, podría causar notables daños en todas las casas barrio de San Blas y otras contiguas al pie del de la misma torre, y que lo que Dios no permita, de suceder la ruina podrían peligrar muchas familias ; passó su señoría ayer personalmente a reconocerlo , y con efecto al parecer amenaça dicha ruina por estar destechada la torre y desmoronada la piedra que compone el arco que la mantiene, en cuia intelexenxia lo `pone a la de esta ciudad requiriendo a los caballeros capitulares que la componen dispongan el que, sin perder tiempo alguno, reconozcan por alarifes  y aderece dando providencia sobre lo necesario para ello pretextando  su señoría el que de lo contrario los daños y perjuicios  que se recrecieren no sean de su quenta  sin no de quien ubiese lugar, y, entendiéndolo por la dicha ciudad,  acuerda que Manuel del Álamo , maestro maior de obras con los alarifes de esta dicha ciudad reconozcan dicha torre y declaren sobre su estado ante su Señoría el señor alcalde mayor asistiendo a su reconocimiento los señores don Diego de Ortega rexidor y don Pedro de Alba jurado a quienes se nombra por comisario



En el cabildo de seis de marzo de 1715 , se halla una petición de Francisco de  Cáceres que nos ilustra de  que existía una cofradía de las bendita Almas del Purgatorio, sita en el convento de san Francisco de la Observancia y Francisco de Cáceres, su hermano mayor,  solicitaba la piedra  de los edificios arruinados de la fortaleza de la Mota  para hacer un pedazo de  obra de la dicha capilla  de la cofradía de las Bendita Ánimas del Purgatorio, sita en el convento de San Francisco de la Observancia, para que se pueda celebrar el Santo Sacrificio de la Misa y hacer los demás sufragios.

º           En estos primeros decenios de este siglo, el abad no tuvo más remedio que bajarse a las Casas Abaciales del Llanillo, que fueron reedificadas por el abad Mendoza y Gatica a finales del siglo XVIII. Las casas capitulares comenzaron a arrendarse en las primeras casas de la Calle Real, la Cárcel se edificó en la calle Tejuela, unas nuevas Carnicerías se edificaron en la calle Real, y luego se trasladaron a la calle Bordadores. El Pósito fue abandonado a mediados del siglo XVII y se reconstruyó en la calle Mesa, lo mismo aconteció con el Matadero.

            En la sexta  década del siglo XVIII, el  aspecto es muy deprimente, apenas se podía entrar al recinto fortificado por  las Entre Puertas, la mayoría de los cultos de la Iglesia mayor se trasladaron a la iglesia de San Juan, las murallas se encontraban en su mayor parte caídas  y la calle principal intransitable de tal modo que en trece e noviembre de 1768, se requirieron los servicios del maestro de obras Antonio Martín Espinosa de los Monteros para desescombrarla y allanarla y recuperar parte de la muralla y callejuela  inmediata  para  poder  subir a la Mota e Iglesia  Mayor





   


                       

                                                SIGLO XIX

            Prácticamente, a lo largo del siglo XIX, los arrabales nuevos y viejos se hayan abandonados en medio de muladares y escombros, dando lugar a que los vecinos soliciten esas tierras y aprovechen las piedras y materiales de sus muros para las cercas.

LA MOTA SE CONVIERTE EN UN CEMENTERIO

 

 

El abandono de la Mota como ciudad fortificada está relacionada con la conversión de su espacio en un camposanto municipal. Este antiguo cementerio de la Mota respondió a una política ministerial en tiempos de Carlos III con el fin de favorecer las mejores condiciones higiénicas y sanitarias de los pueblos de España. Hasta el primer tercio del siglo XIX, en todas las iglesias alcalaínas y en el cementerio contiguo al templo de la Veracruz, se hacinaban los restos de los muertos en criptas funerarias, fosas de descomposición, osarios y pudrideros de estos recintos religiosos.  La salida de los enterramientos de las iglesias, claustros y capillas colaterales obligó a la búsqueda de un espacio público, que respondiera a estas finalidades en favor de los vecinos de Alcalá la Real: se procuraban sitios alejados de la ciudad habitada, con aire y ventilación y sin el menor vestigio de contaminar las fuentes públicas. A pesar de que se hicieron varios intentos de ocupar espacios alejados a la fortaleza de la Mota con la posible ubicación del cementerio en los terrenos de la derruida ermita de San Bartolomé en el siglo XVIII, la ubicación final fue en el recinto fortificado de la Mota.

CONOCIENDO LA MOTA (xxxix). LA MOTA A FINALES DEL SIGLO xvii

 

A FINALES DEL SIGLO XVII

 





Final de este siglo, tampoco significó un nuevo resurgimiento de la ciudad fortificada de la Mota, el propio abad san Martín envió una carta a la ciudad refiriendo su deseo de dejar las casas abaciales y bajarse al Llano, loas que se van a ubicar definitivamente en este reinado. Su llegada en 26 de junio de 1666 complicó las relaciones con el corregidor y la ciudad por una serie de pleitos protocolarios en los que se cuestionaba no sólo la jerarquía sino la independencia de ambos estamentos, dando lugar hasta llegar a la excomunión del corregidor. Tampoco significó un nuevo resurgimiento de la ciudad fortificada de la Mota, porque ardieron la casa de Justicia en su techumbre y chimenea, algunas tiendas estaban caídas tanto de propios como las colindantes de Rodrigo de Valenzuela, en parecida situación se encontraba el Matadero, el adarve del Gabán, y Peso de la Harina. Son muchas las descripciones de aquel tiempo, lamentándose de la importancia de la fortaleza como recinto inexpugnable el más importante de Andalucía para la frontera y para cualquier servicio real. Así el cabildo del 19 de junio de 1668 nos presenta este aspecto desolador:

Las murallas y torres de la cerca de ella están amenazando ruina y algunas caídas y, en particular, además de ello, en el lienzo de Muralla desde la Puerta de Martín Ruiz hasta el Rastro han echado y echan muchas cantidades de estiércol y tierra, lo que ocasiona más ruina y que el paso de la Carrera y barrio de san Bartolomé y el Matadero lo van cerrando y cegando.

 

 Son muchas las descripciones de aquel tiempo, lamentándose de la importancia de la fortaleza como recinto inexpugnable el más importante de Andalucía para la frontera y para cualquier servicio real. Así el cabildo del 19 de junio de 1668 nos presenta este aspecto desolador: Las murallas y torres de la cerca de ella están amenazando ruina y algunas caídas y, en particular, además de ello, en el lienzo de Muralla desde la Puerta de Martín Ruiz hasta el Rastro han echado y echan muchas cantidades de estiércol y tierra, lo que ocasiona más ruina y que el paso de la Carrera y barrio de san Bartolomé y el Matadero lo van cerrando y cegando. Algo parecido se manifiesta por la parte opuesta un año más tarde (cfr.13-6-1669) que se componía de un cubo cuadrado y una puerta de arco en forma de torre que abría todo el lienzo de la Puerta del Aire: la fortaleza de esta ciudad por la parte que mira a la puerta del Aire está muy maltratada y con tiempos tan rigurosos de agua de este invierno se ha trasminado y hecho un agujero muy grande, sino se pone remedio se ha de caer luego todo el lienço de dicha muralla y costará mucho dinero

Esta nota del  cabildo de  23 de junio  de 1668 decía así: "Y en la celebración de la Fiesta del Santísimo Sacramento iba la procesión por lo más dilatado y público del dicho sitio de la Mota y en las calles que han quedado en forma de calles, por donde pasa no hay dieciséis casas habitables y todas  las demás arruinadas y descubiertas y es necesario repartir por distancias entre los vecinos de cada oficio que cuidan la parte que se les encargan, para que, con ramas y colgadores y haciendo calles de madera, cubran parte de aquellas ruinas y las pongan con alguna decencia. Pues se había convertido en un bosque arruinado de casas conejos, pillaje, ganado que ocasionaba pecados.     

            Sin embargo el traslado de las carnicerías nos sugiere todavía un último intento de recuperación de la fortaleza de la Mota por las clases hidalgas como son estas afirmaciones del alcaide Pedro de Góngora, que ya vaticinaba  en 1670 lo  que varios siglos  después aconteció: la destrucción de la fortaleza de la Mota y de todos los barrios colindantes si se bajaban los vecinos (cf.4.1.1670) que ya amenazaban una gran decadencia en la calle o barrio del Pósito, Cava, san Blas, santo Domingo, san Sebastián, san Francisco, santa Trinidad y san Juan por la dificultad en el sitio de edificar:   estando como están las Casas de Justicia tan ilustres  y fuertes y consiguientemente a ella la Cárcel muy segura y pues le siguen las escrituras de escribanos  públicos y junta a ellas los corredores y casas de Ayuntamiento y la Iglesia Mayor que todos son edificios  suntuosísimos y fuertes con tal orden y concierto dispuestos que causan envidia a otras ciudades y también se deben conservar las plazas, pescadería, Casas Abaciales y no dar lugar a que se pierda por falta de comercio.

Si importante era el deterioro de la parte noroccidental, el año lluvioso de 1675 provocó una alta preocupación por lo que significaba la destrucción de la parte emblemática de la Mota:

con las muchas aguas de estos días se an caydo mucha parte de peñas y parte de los cimientos del Gaván, y que, si no se le pone remedio y se repara , haciéndole caja que reciban la muralla,  se a de hundir y llevar tras de sí parte de la Plaça Pública que  no a de poder hacerse la obra con dos mil ducados de más del daño que hará en la Iglesia del Señor Santo Domingo y por quanto esta ciudad tiene noticia que hace la obra Francisco González, maestro de cantería a toda costa puniendo materiales. Y se aconsejaba para la procesión del Corpus: Salga de la Iglesia mayor y an de por alrededor de la plaça en consideración de que están arruinadas todas las casas de las calles de la Mota, por donde solía andar dichos días. En el 1690, solicitando que se le concediera una menor leva de soldados se nos describe una ciudad:

con más gravámenes y más estéril que (Loja) y no tiene otros ingresos y, en el tiempo presente, con tan corto valor que las más de las tierras y cortijos se quedan sin sembrar y tan diseminada de vecindad que muchos barrios de ella que se hallaban con entera vecindad, quando se hizo el primer repartimiento, se hallan muy despoblados sin que ayan vecinos en ella como el de la Mota, que era el principal de esta ciudad, donde no quedaba ningún vecino para contribuir por ser esentos los vecinos que la abitan el señor abad, don Francisco de Sotomayor, caballero de la Orden de Santiago, el capellán don Rodrigo de Valenzuela y don Rodrigo de Aranda y  el barrio  que llaman de san Bartolomé donde no ha quedado ningún vecino , siendo así que era de más de cien, y el de san Francisco y Peña Horadada, donde abía más de trescientos a donde sólo se hallan veinte vecinos, y san Blas que tendría quinientos vecinos se halla cincuenta y se perderán, que, por ser barrios despoblados, no biben en ellos gente que tenga posible para dicha contribución       

Las tiendillas de la pescadería en la plaza se cayeron en 1680 y prácticamente este comercio se realizaba totalmente en cuatro tiendas del Llanillo. Desde



 el punto de vista administrativo, la botica de la Mota, las tiendas y las dependencias de la Casa de la Justicia, cocheras y caballerizas, estaban completamente destruidas en el 1681 y se bajaron sus materiales para reutilizarse en los poyos de la Casa de la Puerta de los Álamos. Era el mejor símbolo de una época, la destrucción de la antigua ciudad se había culminado, y servía de base para la edificación de la nueva ciudad.

             

A finales del siglo XVII, se llevaron varios traslados del sitio del mercado, primero desde las Plazas y Carnicerías hasta la calle Real  hasta la ubicación comprendida   desde la placeta  del Rosario a la plaza de la Trinidad,  porque los comerciantes , por su propia cuenta, buscaron lugares   acomodados para los vecinos donde se vendían  todo tipo de  bastimentos que venían a Alcalá, de pesca, caza y otros mantenimientos; curiosamente, lo hacían en mesones y en otras partes ocultas, para ocultar los derechos a S.M

El panorama era desolador por el despoblamiento y ruina de todos los rincones de la fortaleza y en el acta municipal  del veinte de junio de 1686 , se describe en estos términos  y se anunciaba el traslado de los más importantes edificos públicos: “ La ciudad ante el abandono de la Mota, los presos maltratados, los procuradores y escribanos que no suben , el traslado de las Carnicerías, y la  falta de asistencia del corregidor, solicita licencia de facultad para trasladar y hacer las obras de las Casas del Ayuntamiento, Cárcel y Carnicerías y se valgan de los materiales y cosas que tiene que fueron suyas, y porque pueden tomar las cosas de que necesitare de los particulares”. Era una realidad que el vecindario se había bajado al Llanillo, estaba arruinado todo el sitio de la fortaleza de la Mota, Santo Domingo, San Bartolomé y Cárcel Real. Era consecuencia de su abandono por la  falta de agua de modo que no quedaban  más que tres casas de vecindad, el Cabildo y la Cárcel Real, se añadían otros factores de su traslado: la necesidad de los vecinos de comerciar cotidianamente con los  vecinos que vivían  abajo y el paso tan intenso de viajeros por el Llanillo,  en la Cárcel los presos tenían muchas necesidades de alimentos y agua, los escribanos y procuradores no subían a la Plaza Alta , el absentismo era total  de los clérigos en sus servicios eclesiástico y  los regidores no subían debido al frío o al calor. Ya afectaba hasta los más excluidos como los pobres y presos, a los que no se daban limosnas ni socorros. La ciudad fortificada está completamente despoblada y el vecindario y la situación era más que lamentable: no abía quedado en ella más de tres cassas y que las abitan dos caballeros biudos y un lego capellán y la cárcel y estaba amenazando toda a la ruina.  Por eso, en el acta de 23 de marzo de 1687, se recoge una provisión real para realizar obras de Ayuntamiento, Carnicerías y Cárcel en Llanillo. Justifican que era una necesidad perentoria bajar del Castillo al llano (pues sólo quedaban la Iglesia Mayor, Casa Abacial, Casas de Cabildo y tres casas de caballeros) amenazaban todas las fábricas mucha ruina. En la Cárcel y Carnicerías se manifestaba la imposibilidad de asistir vecinos y capitulares por estar la Cárcel con inseguridad y falta de abastecimiento, incomodidad de acceso y las Carnicerías se encontraban en sitio indecente y falta de sanidad. Para una mejor gestión económica se proponía fabricar las nuevas edificaciones aprovechando los materiales de los antiguos y que se buscara un sitio, pero tras un a debate entre los regidores y con el forme, declaración pertinente de peritos y aportando medios propios del ayuntamiento y velar por el material antiguo.

Se hicieron varias propuestas para ubicación de estos edificios municipales (Casas de Cabildo, Carnicerías y Cárcel) en diferentes puntos de las calles Real, Rosario, Tejuela y Llanillo descartándose en su mayor parte, así como se consideraron inútiles los materiales de los antiguos edificios. Y, tan sólo la Iglesia conservaba sus edificios religiosos y residenciales, de modo que no es de extrañar que resultara patético este panorama en 1688. Con motivo de la procesión del Corques, que se hacía por la Mota en medio donde se hallaban las calles arruinadas, y donde se echaban muchas inmundicias, se produjeron "  que el desconsuelo de los vecinos es universal viendo que las demás procesiones y , en particular, la de Semana Santa, en que se representan los agravios que se hicieron a Cristo Nuestro Redentor" Por eso, el ayuntamiento solicitaba al abad que se hiciera la procesión por hasta la placeta del Rosario , por donde está la actividad de los vecinos. De ahí que, en 1690, se solicitaba que se le concediera una menor leva de soldados se nos describe una ciudad:

con más gravámenes y más estéril que (Loja) y no tiene otros ingresos y, en el tiempo presente, con tan corto valor que las más de las tierras y cortijos se quedan sin sembrar y tan diseminada de vecindad que muchos barrios de ella que se hallaban con entera vecindad, quando se hizo el primer repartimiento, se hallan muy despoblados sin que ayan vecinos en ella como el de la Mota, que era el principal de esta ciudad, donde no quedaba ningún vecino para contribuir por ser esentos los vecinos que la abitan el señor abad, don Francisco de Sotomayor, caballero de la Orden de Santiago, el capellán don Rodrigo de Valenzuela y don Rodrigo de Aranda y  el barrio  que llaman de san Bartolomé donde no ha quedado ningún vecino , siendo así que era de más de cien, y el de san Francisco y Peña Horadada, donde abía más de trescientos a donde sólo se hallan veinte vecinos, y san Blas que tendría quinientos vecinos se halla cincuenta y se perderán, que, por ser barrios despoblados, no biben en ellos gente que tenga posible para dicha contribución 

Fueron casos excepcionales son en 1677 el reparo del Gabán o el adarvillo que está en frente de la Cruz de la Piedra y de la imagen de Nªª Sª de la Soledad (cfr. 21.7. 1677) o, ya, casi finalizado el siglo, en el pretil que estaba próximo a la Puerta del Aire frente a las Caballerizas de las Casas Abaciales (Cf. 17.3.1693)

            Aunque el abad mantuviera su presencia en sus edificios, y simbólicamente el cabildo municipal celebrara sus sesiones de cabildo en la Mota. En 1698, se seguían sondeando lugares para el matadero. y, un año después, se solicitaba II al Rey Carlos que se les concediera una Provisión Real, para que se le pagasen sesenta ducados para el alquiler de las Casas de Justicia en la zona llana; ... porque, por quanto las Casas en que bibe el señor corregidor, están en la Mota de esta ciudad, sitio despoblado y las dichas casas inhabitables. Por lo qual y estar el comercio en los barrios baxos, el señor don Francisco de Pineda, correxidor de esta ciudad bibe en dichos barrios baxos asistiendo por su persona a la administración de Justicia y buen gobierno de la república pribarse de vivir en las dichas casas que estaban diputadas para los señores correxidor por esta ciudad…” Y se apoyaba la petición en que ya se libraban cincuenta ducados para el alcalde mayor.

 

CONOCIENDO LA MOTA (xviii) DE LA CIUDAD FORTALEZA A LA CIUDAD MODERNA

 

DE LA CIUDAD FORTALEZA A LA CIUDAD MODERNA

 










Los primeros avisos  del abandono de la ciudad fortificada tuvieron lugar en los últimos años del siglo XVI y primeros del siglo XVII, en concreto en el cabildo de cuatro de noviembre de 1614, se describía el comienzo de este movimiento migratorio con la destrucción de algunas casas, donde se alude claramente con motivo del pleito para pagar las alcabalas a la Corte cifradas en 150.000 ducados. Y lo justificaba así “con las casas que se derriban, la ciudad se ha arruinado y deshaciendo muchas casas, y no se reparan ni tiendas, porque de veinte años a esta parte (1594) se ha arruinado y hundido muy gran parte del lugar y va de manera que si no se remedia se arrobiñará esta ciudad de todo punto. “y solicitaban al corregidor “que haga un pregón que no se derribe casa por ningún vecino de ella, ni otra persona alguna que tuviere en esta ciudad casa suya, o por arrendamiento, o, en otra manera no la deshaga, ni quiten tejas, ni bigas ni otros materiales de forma que se deshagan las dichas casas e, por esta causa, se arruine, sopena de seis mil maravedíes, para la Cámara de Su Majestad y seis días de cárcel de manera que se proceda contra el a lo que del derecho ansi lo manda”.

 Los primeros síntomas de su decadencia acontecieron en 1621 con la caída de una gran parte del lienzo de barbacana, que cerraba la fortaleza, relacionado con las murallas y el gabán. Un año más tarde algo parecido le sucedía al arco de la puerta Nueva, a la Puerta de Martín Ruiz y al lienzo de muralla, que limitaba con la ermita de San Blas y las casas de Francisco Ramírez, que fueron reparadas, lo mismo que la Casa de la Justicia y la Audiencia que se celebraba en los soportales bajo los corredores. En 1623, los regidores reclaman el arreglo de la muralla: en la barbacana se despegó un pedazo de muralla y en la puerta segunda viniendo a la plaza le llueve y ay cantidad de goteras por falta de rejas y techo que lo hubo se repare una torre que se está cayendo en la segunda puerta y por aberse derribado una almena que está por caerse.

En 1624 dentro de la fortaleza se cayeron dos tiendas y mataron a un hombre. En una situación de peligro similar a la que se encontraban algunos tejados y paredes de la cárcel pública y del ayuntamiento, la muralla del Trabuquete que caía encima de las carnicerías, donde vivían mucha gente, la primera torre arriba junto a la carnicería, y los corredores, que son en los portales donde están los escritorios. El reparo de las Entrepuertas, espacio comprendido entre las carnicerías hasta la calle Real, pretendía que no se despoblara la fortaleza y mantener esta zona comercial: ningún mercader ni pañero pueda tener tienda que benda a la bara ni tienda ni tenderos en la calle Real de esta ciudad que es la más pública y tengan sus tiendas con las puertas en la calle para que no se haga fraude. Este mismo año se repararon la torre y la muralla que arrimaba a los corredores de la plaza.

En este contexto de recuperar y mantener la fortaleza, hay que entender los esfuerzos de la iglesia para acabar las obras de su iglesia Mayor, lo que supuso una nueva remodelación de las plazas Alta y Baja con la incorporación de parte de las Casas de Cabildo, de una calle y de los mesones que le importaron a la Iglesia 14.000 ducados. Aquellos vecinos de la plaza pública se sentían orgullosos de que fuera una de las más bellas de Andalucía y de ahí no nos extraña que cuidaran el ornato de sus fachadas, como acontece con don Juan de Aranda y Cañete que solicitó levantar una pared de cantería en su casa que caía a la plaza pública con un juego de ventanas. En 1622, se embargaron todas las rentas de los capitulares de la Capilla Real de Granada y de todos los prebendados. Mediante una provisión real, concedida en 1614, por la que se permitía que uno de los cuatro repartos de dos mil ducados de las rentas de la Abadía, que se estimaban en ocho mil ducados, se destinaran al reparo y finalización de la Iglesia, que había diseñado en su parte final Ambrosio de Vico y ahora intervenían Ginés Martínez de Aranda y Luis González ante Alonso Ramírez de Molina. En 1623 las obras se habían terminado y se arreglaron n las juntas de la esquina con la obra nueva.  Algunos bienes propios de la ciudad como las tiendas de la Escaleruela supusieron una pérdida de entrada de ciento cincuenta ducados a las arcas municipales.  La torre del reloj de la iglesia fue derrumbada para colocar en su lugar la capilla mayor de la Iglesia en 1623.

Los intereses del estamento civil eran compartidos desde tiempo inmemorial por el eclesiástico, pues habían vivido en aquel recinto y coadyuvado a la defensa de la ciudad. Uno de estos aspectos vino determinado por la renovación de la campana de la iglesia que servía de reloj, toque de queda para rebatos señal de alerta de catástrofes y testimonio de manifestaciones políticas y religiosas. En el mes de noviembre de 1622, al quitarse la campana del reloj, el mayordomo de la iglesia Juan de Santa María pidió una ayuda para su renovación, pues la anterior se remontaba a más de doscientos años. No era una mera colaboración, sino que la función radicaba en que

se oiga la campana en todo lugar y los vecinos gocen de saber la hora, libra 100 ducados...acudiendo la fábrica con los demás que fuere necesario y con esta cantidad acude la ciudad por ser la campana que era y ...en la nueva fábrica de la campana se an de poner las armas y letreros que oy tiene....poniéndola en la parte donde señoree y se oyga a dos leguas de aquí...(ante las alegaciones del corregidor respondió el cabildo municipal)...no  tiene noticia  de los acuerdos que la ciudad ha hecho acerca de la campana que se hará por aver más de cien años que el rey Católico don Fernando hizo merced de ella a la ciudad y por tradición se sabe hizo donación de ella a la Iglesia  para que hiciese un relox. El ayuntamiento palió esta deficiencia con un reloj de sol, instalado el año 1623 en la plaza de la fortaleza de la Mota. También se hicieron arreglos en la muralla que lindaba con la cárcel pública por la parte arrimada de los escritorios que se arreglaban por el año 1627. Pues, el aspecto de la plaza era bastante desolador, porque se habían caído muchas tiendas y casas, entre ellas la de la pescadería y las de la iglesia, convertidas en solares y perdiendo ésta última la fuente de ingresos de las tercias, por las que reclamaba su restablecimiento. La iglesia tenía en la plaza sus tercios y los arrendaba para la obra de la Capilla Mayor.: Aunque hubo que derribar dos tiendas por la obra de la iglesia mayor solicitó construir dos nuevas para recuperar la falta de ingresos.

A finales del año, se reparó en la parte alta los corredores de la plaza y las Casas de Comedias de la Iglesia de la Veracruz. En 1628 amenazaban ruina la muralla de los corredores ante las lluvias caídas. En 1629, tan sólo quedaban en la plaza baja las tiendas de especería y mercería y una botica, las demás se habían situado desde la primera puerta de la fortaleza, que era de Juan de Hinojosa, hasta la calle Real abajo, sin entrar en callejuela alguna. Pero los servicios públicos comenzaban a establecerse en el Llano, porque los escribanos sólo asistían a sus labores burocráticas por la mañana en los corredores de la Mota y trasladaban todos sus archivos a sus casas, provocando con esta postura probablemente saltarse la norma de fijar sus servicios en la fortaleza de la Mota. Con estos la ciudad inicia un nuevo pleito parque se cumplieran las ordenanzas.[1]

La oleada de aire de diciembre de 1623 supuso la renovación de la alameda con una nueva plantación de álamos negros que se extendió desde la ermita de la Magdalena hasta la Fuente Nueva. Además, la sanidad obligaba a que nuevos servicios se ubicaran lejos del hacinamiento de la ciudad fortificada. Así, en 1623,  el remojadero del pescado, se ubicó cerca de la Fuente Tejuela junto a la casa de Juan Méndez Zamorano  [2] y en el 1633 se inicia el debate sobre una instalación de una carnicería desde la calle Real hacia Trinidad para evitar la venta insana de carne mortecina. En la ciudad fortificada, tan sólo se ofrecía un espacio urbano que era un simple recuerdo y testimonio de anteriores periodos de frontera y guerras, porque se encontraba en un estado lamentable de ruina hasta tal punto que el alcaide Antonio de Gamboa solicitaba el reparo en 1629 basándose en el informe anterior de Ginés Martínez de Aranda. En 1631, son los propios oficiales de tiendas quienes solicitaron que se confirmaran las ordenanzas de los tenderos, no permitiendo otro sitio de venta sino en la calle Real y prohibiéndole la venta en un lugar distinto al señalado a cualquier tratante de seda, mercader, lencero, jubetero, polímero o ropero. Para ello impedía que los sastres de lo nuevo y lo viejo tuvieran tienda para vender[3].

En el 1633, de nuevo hubo que arreglarlos con dos vigas de la alameda. Y no sólo era la ruina física, sino que los mercaderes y tenderos, poco a poco, habían ocupado otros espacios públicos alejados de la fortaleza, valiéndose de provisiones reales que legislaban contra las ordenanzas municipales. Prácticamente, aunque la vida administrativa y comercial se realizaba en las plazas, alta y baja, de la Mota, y continuaba por las Entrepuertas, la mayoría de los oficios, mesones, y tiendas artesanales como telares, herrerías, carpinterías se habían concentrado en los dos ejes citados de la calle Real y el Llanillo. En la ciudad fortificada, prácticamente había quedado la Iglesia Mayor Abacial, la parroquia de Santo Domingo, las Casas Abaciales, las de la Justicia y corregidor, las del Cabildo, los escritorios y otras particulares, las casonas más principales y antiguas por su nobleza y linaje, como las de la familia Aranda, Góngora, Pineda, Cabrera, Sotomayor.  En 1634, con motivo de las procesiones del Corpus que transcurrían por la callejuela Baja se ofrecía un triste espectáculo donde casi todos los solares estaban abandonados y bahía que reparar las tapias caídas.

 

También en los años treinta del siglo XVII tuvo lugar el despoblamiento paulatino de los barrios cercanos a la Mota. A pesar de que  los capuchinos intentaron fundar el convento en el paraje de San Bartolomé,  en 1632,  los vecinos eran muy pocos y se vieron obligados a trasladarse al ejido de la Alameda, recibiendo mil ducados  de donativo en la fundación del convento  procedente de otra anterior donación del convento capuchino del Castillo[4].

Junto con este barrio, comenzaron a decaer los de la Peña Horadada, del Rastro y de San Sebastián. En 1634, en la subida de las Entrepuertas el lugar situado entre el colegio y el Albaicín, estaba caído y convertido en solares. Ya no valían medidas algunas de urbanización. Se asistía a su despoblamiento y ruralización permitiendo que se cercaran los solares y se convirtiera en corrales para animales domésticos como los conejos, ya que los vecinos no hacían caso de las  órdenes de los regidores [5]. En 1634, los escribanos solicitaron una plaza o despacho en medio de la ciudad, porque allí se encontraba toda la vecindad y la Mota prácticamente despoblada.   

 

Otros edificios públicos se trasladaron a la nueva ciudad. La escuela en estos primeros años también se ejercía cerca de la torre de la Imagen, al frente de la cual ejercían un maestro de escuela y un rector. Poco a poco, se trasladó al convento de san Francisco que solía tener algunos frailes preparados para ejercer la docencia.

Había desaparecido la casa pública en la entrada de la ciudad cercana a la puerta de los Álamos y nuevos servicios municipales intentaron a ubicarse en sus inmediaciones como fue la casa del Peso de la Harina. También nuevas iglesias se colocaron en la zona llana, tal como relata el acta del 9 de marzo de 1623 por la ermita de san José- lo que sería el convento de los Capuchinos-casa que en otro tiempo se trató de hacer en la esquina de los Álamos porque muchos devotos pidieron que se hiciera.               

En pleno reinado de Felipe IV, todavía, un bien básico para la población como era el abastecimiento de agua a los pobladores de la fortaleza se realizaba a través de aguadores y cantareros, a quienes hubo que controlar el fraude y  dio lugar a que la ciudad emitiera una ordenanza que establecía la medida de una arroba para todo tipo de cántaros [6]. De ahí que se produjera un gran avance en toda la red de encañado de agua y alcantarillas. En 1624, los remanentes de la Fuente Nueva, Lavadero y Alameda se renovaron y distribuyeron para canalizar y adecentar aquel sitio público. º

            En el cuarto decenio del siglo decenio, el movimiento comercial de la ciudad fortificada de la Mota se había trasladado definitivamente a la calle Real, que se había convertido en el vial principal de la ciudad de Alcalá la Real. Por eso, en 5 de mayo de 1637, el corregidor Diego de Guzmán ordenó que se subieran todas las tiendas de mercaderes a la Mota, donde se encontraba la mayor parte de la población, aunque se iba perdiendo paulatinamente. Muchas casas se caían por falta de alquiler y, el mercado se ampliaba al Llanillo. El propio corregidor Diego de Guzmán ordenaba que se subieran todas las tiendas de mercaderes a la Mota, donde estaba la mayor población y se iba perdiendo, porque ahora la calle Real era la principal. Sin embargo, muchas casas se quedaron cerradas en la ciudad fortificada por falta de alquileres y se iban cayendo muchas al bajarse la gente al Llanillo.

              En 1637, con motivo de la peste, el control de entrada y salida de la ciudad para los trabajadores de la ciudad de la Mota y forasteros se había trasladado a estas tres puertas exteriores del recinto fortificado.  Villena, Álamos y Peña Horadada.  Diez años después, el ayuntamiento era consciente de guardar la seguridad, control y salud de la ciudad, porque  Respecto de esto fundada esta ciudad en un cerro muy áspero  y es , a veces, de costumbre guardarse del trigo, comercio y paisaje en  una calle  que corre desde los Álamos, donde está la Fuente Nueva hasta la fuente que llaman la Tejuela, ha sido preciso que ni las bocacalles ayan justo y dejados muros, y por el resto de vecinos y uso de labor han quedado otras puertas en el medio del lugar , que dividen por la mitades cerro, desde la Cuesta del Cambrón por la calle que llaman los Mesones, donde hay plaças y atraviesa la calle Real y mucho comercio que de allí, si se cuydara,  concuerda ay tanto sitio y distrito hasta la calle del Llanillo, como hasta la Mota, que es el fuerte más alto de la dicha fundación y donde tuvo principio: se queden tres puertas en el Cambrón, otra en la Fuente  Nueva, y otra en la Fuente Tejuela. A la que se añade la propuesta de otra puerta de la calle Oteros se ponga en el camino real, que salen al barrio para los labradores, y la de San Bartolomé como postigo.           

Los únicos edificios municipales en pie, renovados a principio de siglo en la fortaleza de la Mota, son objeto de continuas reconstrucciones como los corredores de la Plaza y Casas de Cabildo, casas de la Justicia (escalera y corredor) que ardieron en el año 1662, Carnicería, Matadero, y los tejados de la Torre de la Imagen y Casas del Corregidor.

Sin embargo, muchos de ellos, sobre todo las tiendas, poco a poco fueron abandonadas, lo mismo sucede con algunas familias hidalgas de la ciudad como Francisco Méndez de Aranda, beneficiado de la Iglesia Mayor que abandonó las casas traseras de la casa de Justicia y otras de María Ramírez, situadas en el Bahondillo empleando los materiales para reedificar sus casas en las casas de la Placeta de la Trinidad (cfr. 22.8.1662). El traslado de la ciudad al llano obligaba al mantenimiento de las calles y de los edificios colindantes sin poner ningún tipo de obstáculo como sucedió en los primeros años del reinado anterior.  Son muchos testimonios, sirva de ejemplo este del cinco de marzo de 1663:

en las casas de la Mota ay muchas murallas que están amenaçando ruyna y que avitualmente en la calle por donde pasa la procesión del Corpus se cayó una pared y derribó la casa de enfrente.

            Lo mismo sucedía con la casa de la Nieve donde estaba el pozo y todo el recinto fortificado en sus murallas, cercas y puertas a pesar de que todavía se destacaba su importancia militar. El último cinturón de murallas, junto a la Puerta de Martín Ruiz, se encontraba prácticamente arruinado en 1664 y amenazaba las casas colindantes. Sin embargo, todavía lograron mantenerse los edificios públicos como las carnicerías, las tiendas de escribanos, las casas capitulares y abaciales y de la justicia a pesar de los intentos de traslado en 1653 y 1658. A todo ello habían contribuido diversas provisiones reales que habían permitido el traslado del comercio y algunos oficios desde la fortaleza de la Mota hacia el Llanillo, más abajo del arrabal de santo Domingo, sobre todo hasta la esquina del Rosario. La falta de agua, el abandono de solares, la distancia del abasto de carnes que hacía que los trabajadores no acudiesen por no retardarse en el trabajo, y la proliferación de muchas tiendas particulares que ocasionaban fraudes.

            Por un expediente del archivo municipal, sobre contribuciones y vecinos, estos eran los de los barrios de la Mota son los siguientes: Mota con 15 vecinos; Barrio de Santo Domingo (27 vecinos); Peña Horadada (21); Barrio San Bartolomé (60); San Francisco (20), Lagares (7); Calle de Casa de Mateo Sicilia (48), Trinidad (13), Mesones (16); Cava (15); y san Blas (19).



[1]

         AMAR. Acta de cabildo de uno de junio de 1629.

[2]      AMAR. Acta de cabildo del nueve de diciembre de 1623.

[3]      AMAR. Acta de cabildo de ocho de mayo de 1631

[4]      AMAR. Acta de cabildo de 5 de junio de 1632

[5]      AMAR. Acta de cabildo de 4 de marzo de 1634.

[6]        AMAR. Acta de cabildo de 22 de septiembre de 1624.

EN LA REVISTA DEL ECCE HOMO. NUNCA OLVIDAREMOS, JUAN VEGA VEGA, LA SIMIENTE DE NUESTROS PREGONEROS

 

 JUAN VEGA VEGA, LA SIMIENTE DE NUESTROS PREGONEROS 

 

Desde el cielo, Juan Vega Vega nos enviará cantos de Navidad  heredero de esta estirpe de auroros bajo la égida de su padre Santiago,  y nos revivirá  las Noches de Navidad con su familia en sus años mozos y, sobre todo en  la muestra de Villancicos de la iglesia, San Juan, donde las canciones de la Virgen de la Aurora  y los villancicos andaluces-antiguos y de la escuela de cantantes andaluces-   se transformaban en oraciones nacidas del corazón y de la tradición por medio de su voz insustituible, que, como me decía un  antiguo profesor, cualquier melodía básica se convertía en música perfecta de las manos de su dirección, de su voz y su s cuerda. Por Cuaresma y en la fiesta de la Hermandad, su espíritu rezará ante las puertas y altares de los mayordomos aquellas saetas auténticas de su voz, hechas más que oración, canto de serafines a la entrega de los cuadros y gallardetes, como el mejor saetero de Alcalá la Real, por seguiriya y cualquier tipo de toná.  Se nos vendrá a nuestra presencia, desde los cantos de los pregones perfectamente cantados en los pasos «Un capitán y un alférez, y un trompeta y un tambor, y un escuadrón de soldados prendieron al Redentor la noche del Jueves Santo». O en Jesús «el bulto», deformación de palabra busto, su alma saetera se convertirá e en el mejor exponente de sentimiento patético con las conocidas variantes del «míralo por dónde viene...», o «En la calle la Amargura...», o la archiconocidísima «Qué es aquéllo que reluce». Si en la mañana del Viernes Santo su voz se identificará con la luz primaveral, que huele a incienso y a drama, la noche la teñirá  de mortuorio. Nuestro Juan, como cantaor ele saetas nos recordará sus mejores saetas, cantándole al Cristo de la Salud:  «¡Qué es aquello que reluce! Que brilla y con tanta luz es un trono, cuajado de flores, y el Cristo de la Salud». y, en el encuentro con su madre nuestro saetero-poeta de la calle Veracruz se identificará con Jesús y le dirá a la Virgen de las Angustias este poema, «Madre mía de las Angustias, arrópame con tu manto, y concédeme un favor: ya que te quiero tanto, que no me falte la voz para cantarte toos los años». Nos vendrán este elenco de recuerdo saetero creado por ti:

Con la Virgen de las Angustias, te prodigarás  y destacarás por su torrente de voz y fuerza cantaora, le tiende un pañuelo de compasión con este dardo lírico:

Me gusta verte de lejos

y, aunque sea por detrás,

y, cuando te veo la cara,

me das ganas de llorar.

 

Rememoraremos aquella saeta que recogiste una tradición referida a los claveles que se traían de Almería, donados por el hermano Antonio:

 

De claveles de Almería

están llenando la cruz

los hermanos que te quieren        

del Cristo de la Salud.

 

En la calle del Rosario escucharemos algunas saetas en la despedida de la Virgen de las Angustias o, solitariamente, en forma de oración:

 

Ya te suben,ya te bajan,

por la calle del Rosario,

!Ay, Cristo de la Salud !

qué duro es ya tu calvario.

 

No es extraño que, en el acto de su instalación en el dosel, cantaras:

 

Ay, Cristo de la Salud,

consuelo de los hermanos,

que moriste por nosotros,

clavado de pies y manos.

 

que solías acabar con un estrambote final ante el silencio de los callados hermanos que escuchan esta profunda invocación:

 

Silencio, callad, silencio:

que se ha oído un quejío,

y en una cruz yace muerto

el mejor de los nacíos.

 

El cuerpo de Cristo te servirá   para que se le cantes, a veces, poemas que respondían más a las antiguas saetas que se frecuentaban en las reuniones del Ecce-Homo:

 

Lleva la caña por cetro

y de espinas la corona.

Nadie te tiene respeto,

siendo la única persona,

que resucita a los muertos.

 

O esta otra que se expresa en la misma línea que la anterior:

 

Por los clavos prisioneras

llevas las manos heridas.

Llevas los pies traspasados

y una corona de espinas.

Que enciendan ya los faroles,

que enciendan con mucha luz,

que va a pasar por la calle

el Cristo de la Salud

Hermano, devoto del Cristo Sanjuanero.   saldrás con su banda, con la que tu trompeta daba el punto culminante de aquellas marchas desde los años setenta hasta avanzado el III milenio. Si se distinguía un sonido especial de metal, será su soliloquio musical.

Y podremos tampoco vivir y escuchar la pasión hecha pueblo con sus pregones de los pasos en la tarde del Jueves Santo y la mañana del Viernes Santo, en su toná única y deje final aflamencado en su voz señera. La pasión de 2026 sonará más triste en forma de queda por tu adiós a tu devoción de alma y en la que fuiste el pregonero simpar de amor pasional. Echaremos de menos la saeta narrativa, que dedicabas muy frecuente para nuestra cuadrilla del Señor de la Columna, y, aunque resultara ripiosa, reflejaba perfectamente la riqueza léxica de nuestro pueblo: «Tienes la mejilla negra. de tan cruel bofetá, el rostro acardenalao, las espaldas renegrías y el corazón traspasao»

En el cabildo de suertes de tu hermandad de Ecce Homo, se dará cuenta de se mantienen las huellas de tus sabios consejos, propuestas como miembro de tantos años de la Junta Directiva y de tus manos artesanas que hacías bella hasta la piedra del mampuesto de la casa alcalaína de hermandad de los Caños, setenta y uno.

 Como coralista de san Juan y de muchas comparsas, la música en tu voz y tu dirección sonará con una sinfonía especial en muchos actos populares (su presencia en el Carnaval elevaba su nivel a la altura de los de Cádiz) y en otros de la corte celestial de los Ángeles de la tierra, una voz y unas cuerdas que siempre estarán al servicio de Jesús en tus advocaciones queridas y de su pueblo, todo lo entregaste.

En enero se quedó muda la iglesia de San Juan y en marzo volará tu alma entre cantos, saetas y ausencias de amor. Aunque no estés, tu nos presidirás con tu espíritu que nos dejaste la semilla, que entroncaba con estas tradiciones, porque fuiste una voz insustituible que recogió de su familia las canciones de los antiguos carnavales, los cantos y cuerda de las rondallas dirigidas por el mismo, el sabor aflamencado de los pregones de la Semana Santa de Alcalá la Real sin olvidar su sonidos únicos del  metal  de su corneta, las auténticas saetas alcaláina, las canciones tradicionales de temporadas y estaciones, los cantos aguilanderos de los auroros y el pozo de villancicos tradicionales, romancísticos y de los cantaores flamencos del siglo XX.   Juan fuiste músico del pueblo, y, excelente persona que siempre estaba dispuesto a entregar sus cualidades y servicios para la historia alcaláina. Padre y esposo ideal, derrochador de su amor familiar, y entrega total a la cultura alcalaína. Le transmitiste este amor a tu esposa, nos dejaste tu hijo Juan Carlos y nietos como testimonio de un ser insustituible y amoroso y singular.

Cuando llegue el Viernes Santo, retumbará el paseíllo de la Mora este año con estos versos auroros:

Son méritos

que hacemos

para la otra vida

dadlo abundante,

nadie lo impida.

Que Ecce Homo y Columna, se lo recompensen con creces en el cielo.