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miércoles, 4 de febrero de 2026

LA PLAZA ALTA DE LA MOTA EN LA EDAD MODERNA. COOREDORES Y TIENDAS.

 

LAS REFORMAS DEL SIGLO XVI

Fotos de PPH

 








Tras la reforma del tercer decenio del siglo XVI, la plaza sufrió una importante remodelación, porque se derribaron muchos edificios, se explanaron los solares y se enterraron el palacio de los alcaides y varias casas adosadas. La más importante fue el derrumbe y escopetado del Palacio de los Alcaides, ocurrido en 1529, junto a la casa del alcaide Juan de Aranda y las de Madrigal entre otras. Gracias a las recientes excavaciones con motivo de las obras de reconstrucción las murallas del Gabán 201 0 con fondos del Ministerio de Fomento y la empresa SITE, sea puesto al descubierto la planta primera del palacio del alcalde y se conserva elevada hasta la mitad de su primer cuerpo. De la importancia de la plaza alta, destaca el gran número de pleitos que se entablan entre el cabildo municipal, los propietarios de casas y solares y los comerciantes porque comienzan a trasladar sus locales e instalarse bajo y a partir de la última puerta de la fortaleza. Hay muchos momentos con litigios y pleitos en la Chancillería de Granada y ejecutorias ganadas, como esta de 1573.

            El Señor Juan de Narváez Padilla  fiel ejecutor  dixo que a su noticia es benydo  esta una executoria  en este cabildo, en que, por ella, se manda  que las tiendas, que están de la Puerta de la billa, abaxo  se suban  a la Plaça e Mota  de esta ciudad;  y que, de dexarlas estender,  se berna a despoblar la Mota y se perderá una plaza y fuerça de las principales  que Su Magestad tiene  en estos reynos, como se ha bisto por ysperiencia benirse a ella muncha gente principal de Granada en el tiempo de lebantamiento del reino de Granada, que pide y suplica   al señor corregidor, y si es necesario, le requiere , lo bea y cumpla como en ella se quiere, y de no lo hazer, los de dé por testimonio quexarse y dar quenta a Su Magestad, donde mandó la dicha executoria  y esto digo”.

Por otro lado, sobre el nuevo solar del palacio de los alcaides se abrió un espacio abierto y se colocaron varios corredores, con tiendas en la parte superior y en la parte baja escritorios y a veces tiendas de boticas. En concreto, sabemos su fecha exacta en torno al año 1529, que se levantaron algunas tiendas en la Plaza Alta. Y se mandó por los señores que se tomasen prestados de la Cámara para acabar las tiendas que son cinco de la ciudad, Hasta mediados de siglo ofrecía un espacio no uniforme, repleto de escombros y materiales de derrumbe. Descárguensele más seiscientos sesenta Mrs. que pagó a Lope Garrido, obrero de esta ciudad, para limpiar la plaça alta de esta ciudad de quitar la piedra e tierra que estava junto a la Cárcel, como mostró por libranza de esta ciudad. Su fecha a once de julio de quinientos e quarenta e tres e mostró mandamiento de pago (Amar, 11 de julio de 1543)”.

Además, se ampliaron las tiendas hasta llegar al número de nueve. Al mismo tiempo se trasladaron otras tiendas artesanales como las que elaboraban el jabón dejando su venta en la plaza. Se comenzaron a aumentar el número de tiendas y se comunicaron por una escalera de ingreso a los corredores a partir de los años cuarenta. En 1569, hay noticia de ocho tiendas y otros tantos escritorios de escribanos que eran de propios de la ciudad en la plaza desde la torre del aposento de la justicia hasta la torre de la cárcel, unas arrimadas a otras por una fianza para las honras de don Carlos e Isabel de Portugal 1569.  Dos años más tarde, se aumentó el número en otra nueva tienda. Continuamente se allanaba  e, incluso se enladrillaba el suelo de la plaza con motivo de es fiestas y acontecimientos como en 9 febrero de 1572 : más ochenta e seys mil e ochocientos e setenta y dos mrs y medio que pagó, e se gastaron en allanar la plaça de esta ciudad y enladrillar parte de  ella y en las que se hizieron por el buen alumbramiento de la Reina Nuestra Señora del Príncipe Nuestro Señor y en lo que se gastó en esta manera los 15.913 mrs en allanar la plaza y enladrillar parte de ella que se entraron veinte jornales de maestros picapedreros a tres reales y medio que monstra     .

 

 

  No obstante, las torres, que eran de propios, se reutilizaron con fines comerciales. Entre ellas, destacaba la tienda del Pendón como aposento de la Justicia. A mediados de siglo XVI la plaza pública era una realidad con los corredores y sus nueve tiendas, el cañuto y el gabán, las casas señoriales que encerraban la plaza, el hospital de los Monteses, la iglesia y la Casas de Cabildo y sus tiendas. Hasta 1574, se comunicaba el adarve entre la plaza y el trabuquete, porque no estaba levantada la nueva Casa de la Justicia      que fue una realidad por los años setenta. En 1598, ya se encontraban muchas casas abandonadas y destruidas como la de Francisco de Leyva. Las casas de su derredor no tenían buen drenaje ni un racional sistema de encauzamiento de aguas de los tejados, provocando con el recalado y la mala conducción de las aguas, la destrucción de paredes y muros. Con la pérdida del Gabán, en 1581, la plaza perdió un elemento primordial de configuración y defensa de su recinto defensivo. A partir de este momento, todas las remodelaciones sólo quedarán como un canto de cisne de aquella obra tan importante de la ingeniería fronteriza.

           

LA SEGUNDA AMPLIACIÓN DE LA PLAZA

 

Es muy  agradable esta  descripción del cabildo del de febrero de 1592 afirmando “ que  no hay más de una plaza, la qual de más de ser pequeña, la hazen muy desordenada los dos peçones y rincones de casas  que están salidos de ella, linde con casa de don Gonzalo de Valenzuela, y tienda de don  Francisco Fernández, de manera que no puede haber ni carrera ni fiesta de caballos, lo que causa no poderse ejercitar el dicho ejercicio de ordinario, como se haría quitando las dichas esquinas en largo hasta las casas de la Justicia , y por ancho en línea derecha de la pared de la Iglesia Mayor , entonces abría plaça que bastaría para fiesta y carrera y estaría con traça y adorno y daría mucha autoridad para la Iglesia Mayor, porque se descubriría la puerta principal, que sale a la dicha plaza, por lo tanto se acuerda que se compre el sitio y edificio de estos dichos dos rincones , y se derrumben por el dicho efecto, y se labren tiendas que salgan a la plaça en el dicho puesto, y con ellas pueda aver las que son necesarias para la conservación de esta Mota.

Al principio de siglo XVII, era tan difícil la situación económica que la ciudad tan sólo desarrollaba las actividades y servicios fundamentales de la ciudad: el alcantarillado, el arreglo de calles, el abasto de la carnicería, el matadero, las fiestas ordinarias, el arreglo de las fuentes y, alguna que otra cosa excepcional, sin comprometerse en ninguna obra de envergadura. No obstante, destacaron algunas obras de importancia como la reparación de las torres y el Gabán, al mismo tiempo que los corredores de la plaza, por lo que significaba para la vida comercial y los fondos que se recibían del alquiler de las tiendas. Tan sólo, la remodelación de la plaza de la fortaleza de la Mota fue una obra de gran envergadura en 1600, con el fin de cambiar su aspecto estrecho y medieval en un espacio de amplias dimensiones por medio de la demolición de diversas casas de don Gonzalo de Gamboa y el Hospital de los Monteses” porque, con esto, quedará cuadrada suficiente en buena proporción así para la plaza de armas como para las fiestas”.

A finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, tuvo lugar esa segunda remodelación de la plaza,  porque se arrendaron tierras destinadas a millones, según el acuerdo municipal de 23 de marzo de 1599 “ para el desempeño de la ciudad y ensanche de la plaça y se comete a los caballeros comisarios para que a todo asistan a señalar las dichas tierras conforme a la relación  y en  todo hagan las diligencias que  convienen que para todo se les da comisión   en forma que las  pagas  an de ser por los días de Santa María”. Y al no ser muy grande, ni llana, en 1599 se compraron las casas valoradas en 600 ducados del licenciado Gamboa, miembro del Consejo de Felipe II, (a su vez adquiridas a Hernando de Padilla), dos pares de tiendas y la casa de María del Monte Isla, donde se albergaban los hospitales; en 1597hubo que quitar varias   peñas que impedían la entrada al cabildo y  la Iglesia Mayor. Fue, en 1600, el momento de racionalizar el espacio mediante la ampliación de la plaza, con la destrucción de edificios, porque eran los obstáculos más importantes. Este cierre de la plaza se plasmó por la parte norte con la compra y el derrumbe de las casas y tiendas de Gonzalo de Gamboa y del Hospital de los Monteses o de San Bartolomé, pagados al abad los cuales se abrieron a principio del siglo XVII para hacer más abierta y amplía la plaza. Fue una operación de gran envergadura, porque se necesitaba para esta plaza, que desde por la mañana y al amanecer se palpitaba el pulso de la ciudad.  También, algunas casas hacían rinconeras y no le daban una forma equilibrada por sus líneas rectas de los lados, de ahí que hubo que derribar las casas adosadas a la Iglesia Mayor para hacer línea con su fachada Importaba mucho esta reforma porque había que cuidar de su adorno e pulicia (policía) de la plaza de esta ciudad, la qual está dentro de la fuerça della con privilegio de que no aya otra en esta ciudad por su conservación. Y en esta fecha se encontraba, además de ser muy pequeña, muy   desproporcionada sin parecer plaza y con el allanamiento de la plaza se sacaron sillares para los edificios públicos y casas particulares sin que ningún cantero sacara de las canteras piedra. También, al haber aumentado la población dentro de la fortaleza, este recinto abierto se había quedado angostado para las fiestas de la ciudad, concentración de tropas en las levas y reclutamiento, mercado abierto de la ciudad y, simplemente, como lugar de ocio y asueto. Por eso, se pensó que el lugar adecuado de ampliación era por la parte que se orientaba al oriente: porque con esto quedará cuadrada, suficiente en buna proporción para plaza de Armas como para fiestas.          

Por eso, en el año 1615, de nuevo se obligó a que volvieran todas las tiendas de la ciudad llana a la plaza de la Mota; por otra parte, las tiendas arruinadas se reformaran y se habitaran por todos los tenderos y mercaderes, ya que se habían ubicado en la nueva calle Real y otros lugares de la ciudad llana. Fue un intento baldío de ocupar las tiendas de la plaza baja y alta, las de la iglesia, la botica, la de la Mazmorra, las de la plaza alta de la Mota, la de la Escaleruela, las de las Entrepuertas, la del Postigo junto a la Puerta de la Imagen, las del Albaicín, en el adarvillo de Moya, junto al Pósito y junto a la Alhóndiga.

No obstante, a lo largo de estos dos siglos tras la conquista, varios edificios que dignificaron e hicieron emblemática la plaza de la ciudad:  la iglesia Mayor Abacial con todas sus dependencias e inmuebles anexos (sacristía, claustro, capilla del Deán, casa del sacristán…), las Casas de Cabildo o Ayuntamiento y las nuevas Casas de aposento de la Justicia con sus dependencias de la Cárcel Real, caballerizas y capilla de presos.

 

Cuando, veinte años más tarde, a principios del siglo XVII, se terminaron los corredores, la plaza era el orgullo de la ciudad, que, por su estilo recoleto, rodeado de edificios de fachadas de cantería, tan importantes, se consideraba por muchos viajeros como una de las más bellas de Andalucía, hasta tal punto que siempre cuidaban por su ornato, limpiándola, allanándola y reconstruyendo las continuas ruinas que se provocaban en sus edificios. La consideraban el sitio donde se maquinaba el bien de la res publica en los días ordinarios de martes y viernes, se realizaba los negocios más importantes de los vecinos, se ejercía la justicia y la caridad con los presos y los pobres y servía de paso para los recintos espirituales. Desde antes de las siete de la mañana, los porteros, vestidos con ropas de terciopelo carmesí, preparaban las salas  del cabildo y de la audiencia, para que a las ocho de la mañana aquel recinto ya tuviera  vida,  pues  a esta hora acudían todos los martes y viernes a las casas de Cabildo los regidores y jurados junto con los oficiales del cabildo,- estos dos porteros y el escribano de turno-, rezaban y asistían a misa, oficiada por el capellán de la ciudad en un altar presidido por un retablo, obra del pintor Pedro Sardo, habilitándose la sala de cabildo con un altar y una mesita donde se colocaban las vinajeras. Después, se  reunían en la sala alta, donde  hacían propuestas, libraban gastos, recurrían acuerdos, debatían y exponían sus votos que no eran sino sus pareceres para que la Justicia los armonizase y, como  hombre de bien nombrado por la Corona, o, por así decirlo con términos de hoy,  de consenso, lograba el acuerdo final para ejecutarlos; inmediatamente se distribuían en grupos de dos y tres, lo que llamaban diputaciones y comisiones para cumplir con las tareas que se les habían adjudicado en el famoso cabildo de suertes.

Como en toda España, el día del Corpus era muy esperado por los vecinos. No sólo, por las vísperas, sino por el jueves en el que se celebraba la fiesta y por su Octava. Salían de la Iglesia cuadrillas de gitanos cantando con castañuelas, ginebrinas, panderos y toda clase de instrumentos de percusión; después los diablillos, los danzantes, los Niños de la Iglesia como los seises sevillanos, todas las cofradías con sus imágenes y estandartes, el clero y el cabildo municipal. Y, al final, en esta plaza se colocaba la custodia y las andas en un tablado y a su lado en otro tablado, se subían recitantes que cantaban sonetos al Santísimo, actores que representaban pasos y autos.

 

No siempre, debió tener tanta vida. Pero debemos considerar que era el centro del comercio y mercado de la ciudad. Allí se traficaba de todo, y, por eso, los regidores e hidalgos siempre se manifestaban en contra de cualquiera que comerciantes o artesano que montara su tienda en las afueras de la plaza y de la calle Real. Allí, los vecinos podían comprar una tela de tafetán de varios colores, seda importada o de los talleres alcalaínos, damascos, especies, frutas, y hortalizas, y, el pescado que le sobraba a los playeros tras su venta en los mesones, cosa que era muy perseguida e, incluso, abrieron la mano para que los pudieran traer cualquier vecino. El pescado era cecial, abadejo, toldo, sardinas y arenques.   

Y se repetían los pleitos contras los comerciantes y tenderos que se bajaban sus tiendas o los que las colocaban fuera de la Mota Desde 1560  hasta los años treinta del siglo XVII sufre este recinto una importante transformación. Por una ejecutoria contra los oficiales que asistían en la Mota de 1560 desde la puerta de la Fortaleza hasta la Puerta Nueva”, entre ellos barberos, traperos, sastres, carpinteros, herreros, y herradores, odreros, torneros uy otros y otros oficiales de cualquier oficios: carpinteros, tejedores y herradores.

Para hacernos una idea de la población, destacar que, en 1530, había en la ciudad 300 vecinos y 4 oficios; y en 1562, 3000 vecinos con 200 oficios y faltaban tiendas. Plaza Mayor, Cárcel Audiencia, Escuela y feria de todo los días y otros vecinos con casas. Por un resumen de bienes de 16167 se reconocen estos edificios de la ciudad  al recibir un censo de censo de María Fernández de la Blanca, se detallan  como  propios, y añadimos los de la Iglesia y particulares: Casas de Cabildo, lindera con Iglesia Mayor en Plaza Alta y esta junto con  la capilla del Deán y casa del sacristán, las Casas  de la Justicia que  lindaban con la Cárcel y las murallas y calle de la antigua Encarnación, siete tiendas encima de los corredores en la Plaza Alta ( FALTABAN DOS Y  UNA CAPILLA), 10 escritorios por bajo de los corredores. A todo se añadía algunas tiendas por la parte que daba a la calle frente a la iglesia. Esto dejando aparte las 5 tiendas en Plaza Baja y la Casas de mujeres extramuros y cortijos. El bullicio rompía las normas y hubo que reglamentar aspectos muy singulares que pervivieron hasta hoy como la presencia de los trabajadores y jornaleros en la Plaza Alta para contratarlos de modo que no se pongan en la entrada de ella ni puerta para el paso de la gente. O el hecho de que, al ensancharse la plaza se vendieran frutas ni pescados fuera, ni se vendan en Plaza Baja  porque se junta mucha gente y no hay paso” y obligaba a que se haga en Plaza Alta junto a casa doña María de Aranda “Pedro Fernández Alcaraz.Ni tampoco se pueda vender desde la tienda de la Escaleruela arrimado a pared de Cabildo de esta ciudad, sino en Plaza Alta”.

En estos primeros decenio del siglo XVII, tan sólo  en 1613, se hicieron pequeñas obras como cortar peñas para abrir  el paso a la Iglesia Mayor y quitar un barranco que lo sirbía de echar inmundicias que alindaba a la plaça de esta ciudad y limpiar la plaça alta de ella que linda con la iglesia mayor atento a que ay munchas inmundicias y de suerte que tiene muncha yerba , y se eche una capa de arena, y el mayordomo dé lo necesario con testimonio de este acuerdo y cédula de Pedro Fernández Mazuela, regidor diputado de bastimentos , y antes se le pase en quenta.

A partir de 1638, comenzó el declive de la plaza de modo que el ayuntamiento alcalaíno requirió al corregidor Diego de Guzmán una provisión real para que se arreglaran los corredores, que se encontraban bastante deteriorados. Al mismo tiempo se solicitaba que los comerciantes subieran a la plaza de la fortaleza, porque muchas casas estaban caídas y maltratadas y se habían bajado los comerciantes al Llanillo. Y aunque hasta 1660 se arreglaron los corredores de la Plaza y los de las Casas de Cabildo para presenciar la lidia y   unos capeos y encontrarse maltrechos, dos años más tarde se encuentran en pleno deterioro tanto la escalera como y corredores de las Casas de Justicia. Y no es de extrañar que el Beneficiado Francisco Méndez de Aranda solicitara ante el corregidor, y pidiera licencia “para llevar de las casas de la Mota, que eran de sus abuelos y que están detrás de los corrales de las Casas de Justicia y de otras de María Ramírez, en el Bahondillo lo que quisiere para reedificar sus casas que tiene en la Placeta de la Trinidad. O que se arreglaran los corredores, con un presupuesto que hizo el cantero Pedro Pérez en 1.000 ducados.

Pero las Casas de la Justicia sufrieron grandes destrozos en un incendio en 1665 y se quemaron las chimeneas y parte del tejado. Y aunque todavía los actos oficiales como en 1666 se celebraron con motivo del alzamiento del Pendón por el rey Carlos II y se repararon las Casas de Justicia y Matadero. El declive era total, y, a principios del siglo XVIII, ya estaba deshabitada toda la fortaleza de la Mota, trasladado el comercio a la parte llana y se derrumbaron los corredores, casas del corregidor y ña mayoría de los edificios.


CORREDORES Y TIENDAS DE LA MOTA

                        En los primeros decenios del siglo XVI, hay constancia de los corredores de la plaza alta. Se levantaron desde la tienda del Portón del Cañuto hasta la torre de la Cárcel, Por un censo que hizo la ciudad en 1569 se ubicaban “Sobre ocho tiendas y escritorios de escribanos que son de los dichos propios en la plaça de esta ciudad que están desde la Torre del Aposento de la Justicia hasta la Torres de la Cárcel, unas arrimadas a otras”. Y Se nos ilustra del tipo y usos de estas tiendas de la Plaza Alta: tienda de la botica de Sebastián Quesada, lindera con tiendas de la capellanía de Hernando de Contreras e poseyó Juan de Narváez Padilla. Nueve tiendas que son de Propios e renta, en que entraba el aposento de la Justicia, cabo lo caydo de la Casa de la Justicia, que todas van una en pos de otra con sus corredores hasta la Cárcel Real, que, en la Plaça, y sobre sus rentas. Y una tienda que es en la plaça, que se dice “La tienda del Contraste”, que tiene en renta Pedro Núñez especiero que es de propios. 

En 1587, en la Plaza Pública estaban las Casas de Justicia y de Cabildo, y nueve tiendas bajo los portales cono los altos que tienen los corredores. Por otro censo, se sabe con certeza que eran nueve tiendas que son de Propios e renta, en que entraba el aposento de la Justicia, cabo lo caydo de la Casa de la Justicia, que todas van una en pos de otra con sus corredores hasta la Cárcel Real, que, en la Plaça, y sobre sus rentas y una tienda que es en la plaça, que se dice “La tienda del Contraste”, que tiene en renta Pedro Núñez especiero que es de propios.  Además, hay noticias de su restauración por el acta de 14 de febrero de 1587:   acordó e mandó que los señores comisarios de obras hagan reparar e aderezar los corredores de la Plaza por estar muy arruinados,  e con mucho peligro de se caer e por ser  ornato de la plaza, e que luego se reparen, e que los señores comisarios a quien se acometió el reparo, lo hagan hazer, e que el mayordomo de propios de esta ciudad dé para ello lo necesario. Hasta 1592, siguieron las obras de los corredores según las facturas de libranza.

Hoy desaparecidos, se levantaban entre los cimientos de la casa palacio del alcaide y el Gabán. No debía ser una obra, al principio, muy consistente, porque continuamente se hacían reparaciones y reformas a costa de los arrendadores de las tiendas. Se componían de dos cuerpos y con dos corredores. En la parte baja, adintelada, y la de arriba cerrada con un corredor donde se entraban en las tiendas de la ciudad. Se comunicaban mediante una escalera de una a otra. La primera destinada a los escribanos; y la segunda a los vendedores de telas, cambistas, sederos, especieros...Al principio fueron solo cinco (1529), aumentó el número a mediados del siglo XVI, y posteriormente llegaron a   construirlos corredores y la totalidad de nueve tiendas que eran arrendadas para pagar los gastos dentro de la entrada de los propios de la ciudad y servían de aposento de los oficiales y caballeros para contemplar los festejos, toros, fiestas del Corpus. Sus maestros de obras fueron Lope Garrido y Pedro Ramos, canteros y obreros locales.  En 1530 mandaron que se pregonasen las tiendas de la ciudad, porque, a quienes las quisieren arrendar, las labre del alquiler de las tiendas y aducían que esto porque de los propios no ay dineros para que se acaben de los vecinos. Estas tiendas se hicieron con sus puertas de entrada, su techumbre y un adarve que hacía de mirador. Otro si el señor teniente del señor Alonso de Cabrera tomen las libranzas de la Cámara e se vea lo que ay para que se gasten en los dichos adarves para que luego se adoben. Hasta mediados del siglo XVI no se construyeron las restantes tiendas que alcanzaron el número de nueve con sus correspondientes escritorios debajo de ellas. Su material era principalmente madera, hierro y piedra en los elementos sustentantes, balcones y corredores de modo que continuamente se veían sometidos a llevar a cabo restauraciones y remodelaciones hasta tal punto que la principal de ellas tuvo lugar en el segundo decenio del siglo XVI transformados sus pilares en columnas de piedra. Sobre todo, los mejores carpinteros y herreros de la ciudad intervinieron en los años noventa del siglo XVI.       En 1586, preocupaba su situación y s e ordenó que arreglaran los corredores de la plaza, por estar en peligro y son “ornato de la Plaza están des retejados. Tuvo que ser una obra importante, porque se llevó a cabo en almoneda la restauración de acuerdo con las trazas y condiciones establecidas por el cabildo. Era comisario  Juan de Narváez de Padilla, y  Juan de Oliva  era carpintero, los que  dieron noticia a su merced como avían venido a esta ciudad cinco carros de madera, los quales tenían comprado ciertos vecinos de esta ciudad a precio de treze ducados cada carro  e a pedimiento  del dicho señor comisario su merced mandó embragar la dicha madera para que se hiciese la dicha obra queda quenta  a esta ciudad para que , si quisiere, que se tome e probea de dineros para lo pagar, e que en esto esta ciudad  dé orden  de lo  que conviniere hazerse, lo trate e confiera. No obstante, se dilató la compra y se retejaron los tejados que caían sobre los escritorios e tiendas de la plaça, entretanto se hace la obra y el mayordomo dé lo necesario”.

             En 1619, se estaban hundiendo los corredores y soportales donde estaban los escritorios, que eran el decoro y adorno de la Plaza junto con las Casas de la Justicia y la Iglesia. Y advertían los munícipes de aquel tiempo que, si se hundía, se acabaría con la plaza desmantelada y perjudicando las rentas de propios de la ciudad que sacaban de las tiendas y de los escritorios que estaban debajo de las anteriores. Se ordenó reedificarlos, ya que se cimentaban sobre la misma muralla y se recalaba esta y las torres Se nombraron dos comisarios con una cantidad de 5000 ducados para reedificarla. Se consiguió una nueva ejecutoria real para su restauración, porque el arco de la muralla había hecho fisura y su reedificación sería muy costosa, Un año después, se llevó a cabo la restauración con arcos y con gran firmeza siguiendo la línea mantenida en los anteriores.

 Actualmente, se conserva   la parte baja de los pilares que soportaban los dos pisos de este edificio municipal, en el que se abrían nueve tiendas empedradas en la parte baja, destinados en su mayor parte al escritorio salvo la Casa del Corregidor y otras nueve en la parte alta que albergaban tiendas de cambistas, paños, sastrería, hilatura y especería. El ayuntamiento alcalaíno debió obligar a los oficiales y escribanos a ocupar dichas tiendas y escritorios, porque tenían tendencia a ubicarse a partir de las tiendas situadas por debajo de la Plaza Baja.  Se accedía a su corredor a través de una escalera que estaba en otra tienda más baja y desde el Cañuto que daba a las tiendas superiores por el corredor. El corredor era la pieza alargada de este edificio que servía de paso a las tiendas y escritorios y hacía de pasillo cubierto y de portales en la parte. Solían subdividirse las tiendas con tabiques y las arrendaba el cabildo alcalaíno como bienes propios de la ciudad para afrontar sus gastos. La ciudad se sentía orgullosa de este cierre de su plaza, obra de cantería, con muchos vanos y ventanales que permitía a las clases privilegiadas contemplar desde sus aposentos los espectáculos públicos de las corridas de toros, juegos de cañas y actos de la festividad del Corpus Cristi. En los años veinte del siglo XVII, se llevaron a cabo obras de cantería por parte de maestros locales y de carpintería por el maestro Eugenio de la Carrera. Entre

 los años 1660 y 1664, se llevaron a cabo varias obras en los corredores de la plaza, sustituyendo su madera de cubiertas, entibos y pilares por la de los álamos.  En 22 de febrero de 1714, a las ocho antes de anoche, se cayeron los corredores de la Plaza de la Mota, que estaban por encima de los oficios y parte de los de la Cárcel, a que antiguamente tenía esta ciudad en dicha plaza.

 


sábado, 31 de enero de 2026

CONOCIENDO LA MOTA (IV). LA PLAZA ANTES DE LOS REYES CATÓLICOS

 

LA PLAZA ANTES DE LOS REYES CATÓLICOS

 

             Rabieno ha visitado la plaza alta de la Mota, se detuvo en ella y se remontó al tiempo en que se conformó cmo plaza cristiana. Ye recordó.      Con la conquista por el rey Alfonso XI, las torres se reutilizaron y las casas nobles de los habitantes musulmanes se concedieron a los caballeros cristianos, al mismo tiempo que se produjo una importante remodelación en la zona murada.   La plaza sirvió de solar para regocijar fiestas, celebra juegos de cañas, y organizar levas; de sitio de reunión y de contrato de trabajadores, lugar de proclamar pregones y almonedas, recinto comercial, y, también, se definieron algunos edificios públicos y religiosos, destacando el palacio del alcaide. La configuración de la plaza de la fortaleza de la Mota y su entorno espacial no ofrecían, en modo alguno, el aspecto actual que, hasta ahora, podemos contemplar. Esta primera plaza fue testigo de reyertas y de la muerte del corregidor Bartolomé de Santa Cruz Así, en la mañana del cinco de mayo de 1492 subía el corregidor a la plaza para adentrarse en su posada, en la que residía, junto a la plaza baja, cuando se le acercaron dos jóvenes. Le rodearon y le asestaron varias puñaladas cayendo mortalmente herido al suelo. Los regidores de la Torre del Rey, por las rendijas contemplaban el espectáculo y dejaron escapar a los jóvenes. Ningún se acercó a prenderlos. Los dejaron escapar por las callejas de las calles de las cuatro esquinas hacia el Bahondillo. Tras un prudencial tiempo para la evasiva de sus cómplices criminales, se acercaron al lugar y lo recogieron dando sus últimos alaridos. Herido de muerte. Lo llevaron a la posada, avisaron al físico, al cirujano, que le limpiaron la sangre, le vendaron con gasas. Pero no pudieran hacer nada. Con un fuerte esténtor falleció. Al día siguiente, la ciudad se sentía liberada, pero sobre las cabezas de los vecinos se movían los comentarios más rencorosos que un ser humano pudiera comprender. Se juraron y se transmitían aquel dicho que no hay culpa alguna ante la muerte de los tiranos, sino que era una liberación del pueblo. Para ellos, morir y matar les eran familiares, acostumbrados como estaban con los moros en la frontera. Está claro que huyeron de Alcalá, sabemos que los Gadea, los Montesinos, y Fernández de Alcaraz vivieron en la ciudad de los Cármenes. Algunos fueron muy influyentes, hubo familias de los Escavias que crearon hasta un convento. Pero el hilo que creímos desvelado se nos quedó inconcluso al tener que investigar en los archivos granadinos. Sin embargo, los reyes no estaban por estos derroteros, pues se habían propuesto meter en vereda a todos los insubordinados de todo lo que fuera indisciplina con su poder. Para este cometido, habían elegido a los corregidores. No les importaba tanto su capacidad de adquirir más recursos para sus empresas militares, sino someter a todos los jefezuelos de la piel de toro bajo su jurisdicción. Primero, lo hicieron con las grandes ciudades, y ya les había tocado a los últimos reductos de su vasto territorio: las ciudades en primera línea de frontera. No importaba que tuvieran que agrupar varias ciudades bajo un mismo corregidor. Sólo le interesaba que tuvieran sometidos a las personas indómitas. Y, en Alcalá los había, pues por los servicios, se excedían en los abusos con los territorios regios y con la política emprendida. Y, con estos precedentes, se pusieron   manos al asunto, primero enviaron un pesquisidor para investigar el crimen de lesa majestad. Un representante suyo asesinado en presencia de todo el pueblo, y sin ningún delator. El pesquisidor se las vio y las deseó, en primer lugar, pregonó un bando en la peña de la plaza obligando a todo el mundo a que declarara quienes habían sido los causantes o autores del crimen. El asunto resultó espinoso. Pues, nadie quería desvelar nada. Llamó a los regidores y escribanos para que le dijeran que hacían aquel día en el cabildo. Ninguno confesaba nada. Pero, entrevía que algo ocultaban. Pues no se sentían autores, pero el pliego de descargos y eximentes, eran amplio. Que el corregidor era un entrometido, no les dejaba relacionarse con sus clientes en el reparto de tierras, les impedía el trato, les atosigaban con nuevas sisas, les acumulaban cargos por invasión de tierras comunales…una sarta de falsas justificaciones, que querían justificar aquel magnicidio. Por ello, el pesquisidor los envió a la Corte para que se presentaran ante el rey y les castigara.  La ciudad quedó gobernada tan sólo por Pedro de Aranda y Escabias. Nada consiguieron, entonces envió un alguacil real para ejecutar y cortar de raíz, la situación. Hubo algunos tormentos en los vecinos y tenderos de la plaza, y lograron declarar todo al detalle habían sido los hijos de Antón Hortelano juntamente con el padre y otros vecinos. A los primeros les confiscaron los bienes, les derrumbaron las casas, y fueron ajusticiados, sin embargo, los otros acusados, en concreto, dos hermanos, lograron escapar de la cárcel. Se fueron a Granada, allí rehicieron sus vidas. La pista se perdió. Y, eso que su madre Mari Sánchez, quería que se les devolviesen los solares donde tenía su casa para reconstruirla. Incluso, años más tarde, arrepentidos los asesinos enviaron desde Granada a Alcalá una misiva. que desvelará toda la trama del crimen. Hubo una capilla en la iglesia de Santo Domingo de Silos, que nadie sabía quien la había instituido, cuando se había creado, era un secreto de confesión. Lo habían perpetrado dos hermanos que se habían ido a Granada por los años siguientes a la entrega de la capital del reino nazarí por Boabdil a los Isabel y Fernando. Habían combatido hasta el último momento con los reyes y esperaban el momento de recibir mercedes, por eso vendieron sus bienes de Alcalá, se trasladaron a Granada, eran de la familia de los Gadea, de los Montesino, ¿Quién sabe? Lo cierto que se arrepintieron de sus actos y mandaron en su testamento una gran cantidad de dinero para fundar una capilla en la primera de la iglesia de Alcalá.

 

 

Además de acontecimientos notable, destaca el desarrollo histórico para configurar distintos momentos de este espacio urbano. Por lo tanto, la plaza no fue un espacio amplio, cuadrado o racionalizado, ni tampoco se mantuvo el mismo aspecto, distribución y mantenimiento de los mismos edificios que se nos ha transmitido documentalmente hasta el siglo XX.

            Al principio, la plaza era muy angosta, reducida, sin red viaria con diversos salientes que correspondían a la organización musulmana del espacio. Por eso, no nos extraña este comentario de la plaza: “Dixo que por lo muncho que importa el adorno e pulicia (policía) de la plaza de esta ciudad, la qual está dentro de la fuerça della con privilegio de que no aya otra en esta ciudad por su conservación, la qual, demás de ser muy pequeña, está desproporcionada sin parezer plaza”.

 

            El núcleo más importante de este espacio fue el palacio del gobernador musulmán y de los caballeros musulmanes, en torno al cual se levantaron la mezquita aljama, un hospital, viviendas de caballeros, zoco, que pasó a manos cristianas con otros términos adaptados. En el libro de la genealogía de los Arandas (1454. Folio 25 v, Libro IV Capítulo II) se encuentra una muy interesante descripción de la plaza con motivo de una reyerta entre bandos de la ciudad, los Aranda y los Montesinos de la Isla. Sería ora prima ya salido el sol.  Y como asomaron por ella vieron estar tres escuadrones de hombres armados, el uno a la puerta, el otro en la calzada que es mirador que está frontero de la dicha plaza, y el otro y tercero junto a la casa de Palacio, que entonces era, y ahora es plaza. Los quales, como los vieron para pelear, aunque eran tan pocos que había diez para cada uno de ellos, no se atrevieron a atender y esperar. Que los de la puerta las iglesias se entraron en ella, por tener cerca de la guarida. Estos eran gente de Martín Alonso de Montemayor que favorecía a los Monteses, porque algunos de ellos vivían con él. Los de la calzada que eran los mismos contrarios, bajándose de ella se fueron la calle arriba de la Plaza para sus casas y algunos de ellos llevaban tanto temor que no pararon asta esconderse en los gallineros(..)Los que estaban junto a la casa de Palacio que eran los criados de Diego de Merlo, que a la sazón era alcaide de Alcalá, y les debería favorecer, entrarónse en ella, y, como entrasen dentro ellos, tras de ellos, no pararon hasta las faldas doña García Carrillo, su mujer”.PALACIO DEL ALCAIDE

 

En el siglo XV, se juntaban a cabildo, en un palacio, que Carmen Juan atribuye a la casa del alcaide y alcalde mayor Alonso Fernández, situado en la Plaza Alta, frente a la Iglesia de Santa María. Restos de las casas de los señores de Aben Zayde se reutilizaron en la Casa del Alcaide de la ciudad, que regentaron las familias del conde de Cabra y los señores de Aguilar y los Fernández de Córdoba, así como el Condestable y Luís de Merlo entre otros. En esta pernoctó el rey el Condestable Lucas de Iranzo. “Vino el rey  don Enrique a Alcalá y, con él, el Condestable don Miguel Lucas, que era muy gran privado suya, al qual avía dado la tenencia de ella, Y posando el rey en las casas ya dichas de Palazio, estando un día parado sobre una ventana de enzima de la puerta que enseñorea la Plaza, y con el  Condestable, un viejo, Juan Monte, ya entrado en edad  hizo una oración y habla al rey Por lo qual se quejaba de muchos desaguisados que los tres hermanos avían hecho(...)lo s mandó prender y poner en la bóveda más alta de la Torre Nueva que ellos avían subido por fuerça, como arriva a dicho, y luego fueron presos. Y esa misma noche, después de aver zenado, el rey y el condestable, solos salieron por una puerta vaja del aposentamiento, que salía junto a la puerta de la dicha torre. Subieron a lo alto de ella y por la bóbeda del torrejón, que en medio estava, parónse a la boca, que en el suelo estava, a mirar lo que los presos hazían.  En esta cita queda claro que las excavaciones de la plaza de la Mota pusieron al descubierto la casa del conde de Cabra. porque en un acuerdo del acta de cabildo de 30 de diciembre de 1529. dice sí: 


En este cabildo   se cometieron a los señores el teniente e Cristóbal de Frías regidores que vean ciertos agravios que dice el señor alcaide Juan de Aranda, regidor, que ha recibido de las casas que deroçó la casa del Conde e de la tierra que le han echado arrimada a su pared, e, que, visto, lo mande el mismo endobar e fase la que sea que la ciudad está obligada fazer e que a acosta de ella se haga luego. Por tanto, el palacio de los alcaides se denomina del conde en honor del conde de Cabra. La estrechura de la plaza queda de manifiesta por encontrarse casas adosadas a él que aparecen en los restos descubiertos; también se denotan en la planta Baja la puerta de entrada, el vestíbulo, habitaciones secundarias, caballerizas y pesebreras, cocina, leñera, despensas, patio abierto del claustro central con basas de columnas góticas. Y se adivina una segunda planta de aposentos y dormitorios. muros sustentantes.

 




jueves, 29 de enero de 2026

CONOCIENDO LA MOTA (III) LAS CASAS DE LA JUSTICIA

 

LAS CASAS DE LA JUSTICIA

Las casas de Justicia no siempre se ubicaban en un mismo sitio prefijado, pues tenemos noticias que se alquilaban casas de la Mota con caballerizas en 1557 y la torre comentada sirvió de vivienda y botica del físico Taste, que murió en ese año en la ciudad. Precisamente  en  ese año  el corregidor  Pero Ponce de León las cambió por las que anteriormente vivía dando lugar a que se transformaran en Cárcel Real; también el licenciado Bernuy  habilitó por casa de la justicia estas casas que estaban en la  torre del Gabán, y, como era tan estrecha, no se podía vivir en ella, y  para ensancharla y adorno de la plaza, los regidores convinieron tomar dos tiendas de los propios de la ciudad bajo de los portales de la plaza pública, que estaban junto a la torre.     Con los nuevos cuerpos y el interior de la torre se habilitaron varias habitaciones de vivienda para el corregidor en obra de albañilería.


 

En este cabildo se trató e confirió cómo la Casa de la Justicia, que está ciudad tiene en la plaça  de la Mota, no se puede abitar  ni morar, así por ser tan estrecha como por tener los aposentos,  que tiene a la parte  donde combate mucho ayre, por estar en lo más alto de la ciudad e por estar asimismo muy maltratados e biejos,  por ser cosa tan necesaria que la Justicia asista en la Plaça e resida en la Mota , por asistir y estar en ella  los oficiales de la Audiencia y la Cárcel, e,  porque en la Mota ,aunque quisiese alquilar no ay casa bastante donde pueda estar la Justicia , e porque todo el trato e comercio  de esta ciudad está arriba en lo alto, por lo que ansimismo  ymporta la conserbación  de ella al serbicio de Su Magestad y bien de este reino, por ser plaça  tan fuerte e necesaria , se acordó para remedio de los susodicho  que la dicha casa de la Justicia se repare  e ansimismo hazia la parte  de la plaza se añadan dos o tres cuartos de aposentos,  porque están defendidos allí de los ayres ,que baten la dicha casa, lebantando los dichos aposentos  sobre arcos o emparejando  lo que se hiciere con lo alto de la Torre, e, si fuere necesario meter algunas tiendas  de las que lindan la dicha torre, se pueda meter  de suerte que los aposentos  queden con la anchura e comodidad que conbiene, e, para que este efecto se haga traça e condiciones,  y se eche en almoneda,  e se haga con la brevedad posible e se nombraron  por comisarios a los dichos señores Pedro Serrano de Alférez  e Rodrigo de Góngora, regidores.

Como en las plaza manchegas, incluso, estas   tiendas sirvieron de Casa de Justicia, donde vivía el corregidor y esta casa ocupaba tres tiendas y escritorios, que era lo que solía habilitarse en su parte baja, por la parte trasera daba al gabán.

Además del muro, las dos torres del Pendón y del Farol debieron ser muy importantes porque le daban a esta parte de fortaleza una vista que ya no recuperaría jamás. La Torre del Pendón o del Gabán albergaba la Casa de la Justicia desde mediados del siglo XVI. Su importancia no puede soslayarse en una de ellas, pues junto a la Justicia, se encontraba una tienda, que hizo de a vivienda del corregidor, su mirador hacia Sierra Nevada, su puerta de entrada, balcón a la plaza con las armas reales y las de la ciudad. Esta torre tenía una puerta de entrada a ella y a la fortaleza y estaba cubierta con un tejado, con una terraza donde se colocaban luminarias con motivo de los festejos extraordinarios. Prácticamente era inhabitable por su estrechez y falta de aposentos para la familia del corregidor y por las corrientes de aires que la golpeaban continuamente maltratado sus dependencias. Por eso, se hizo una importante reforma en esta torre y casa con el fin de que sugiera residiendo la <Justicia en esta torre donde se encontraba los escribanos de la Audiencia y de la Cárcel el comercio y la vida social y religiosa de Alcalá la Real.  Fue obra del maestro de cantería Juan de Riaño, maestro de cantería en Guadix e Íllora, la ampliación de la Casa de la Justicia en 1573 ocupando dos tiendas y levantando una portada principal y sobre unos arcos un nuevo cuerpo con tres cuartos de aposentos hacia la plaza y emparejando su altura con la torre del Pendón con un costo de 600 ducados para proteger el edificio de los aires.  En 1581, se derrumbaron el lienzo de cerca, adarve y torres de la muralla del Gabán, y, se encontró la ciudad desasistida de un lugar para albergar la Casa de la Justicia y el aposento del corregidor. y sin posibilidad de restauración ni buscar casa alquilada y con la amenaza de bajarse el juez fuera de la ciudad fortificada de modo que se emprendió la posibilidad de buscar un solar para la nueva Casa de la Justicia.  Por la peste, e tomaron varias medidas de urgencia y el corregidor se fue de la “Torre de la Justicia” a la casa de Pedro Cano junto al monasterio de la Trinidad., cuyas casas se repararon (2.6.) A partir del cabildo del mes de junio de 1581, hay continuas alusiones a la reparación de la torre de las Casas de la Justicia y Muralla del Gabán: acudieron Juan Macías y alarifes de la ciudad, planteando entibar madera para repuntarla, lo mismo que la torre del Pendón, que cubra de piedra y arena las bóvedas y cavernas que han hecho los vecinos Buscar en Granada y Jaén para amurallar maestros. Se maceren las casas e minas que confinan con murallas e torres según el informe lo hace Gabriel de Aranda. Incluso, v se hizo un préstamo del Pósito de 2.000 fanegas de tierra.  En 1584, salieron en arrendamiento como tiendas, pues no eran usadas por el corregidor. Evidentemente., por eso, al final de la última tienda, donde estaba adosada la Cárcel Pública de la ciudad, existía una tienda que gozaba de un buen arriendo para el fisco de la ciudad. En 1585. se reformó el patio de la caballeriza de la Casa de Justicia           y se informa de que se ha hundido el tejado de la Casa de Justicia. Se acordó arreglar el tejado de las Casas de Justicia, que se había caído por las aguas.En este cabildo se mandaron librar a Juan de Oliva, el Viejo, carpintero, 38 reales de la cantarera e obras que se hizo en la Casa de la Justicia e de una puerta, que hizo para la Cárcel e seys reales más que se le deven de aver hecho un pisebre para la Casa de la Justicia que todo monta 44 reales”.

LAS TERCERAS Y ÚLTIMAS CASAS DEL CORREGIDOR EN LA FORTALEZA DE LA MOTA

 

El corregidor de Alcalá, Loja y Alhama tuvo su mansión en cada una de las ciudades del corregimiento, pero su sede oficial radicaba en la fortaleza de la Mota, durante los siglos XV, XVI y parte del siglo XVII. El corregidor era un personaje esencial para la ciudad, tanto o más que el abad. Pues, el primero está relacionado con el estamento civil y el segundo con el religioso. Pero, aún más con el nudo umbilical con la Corona. Su papel fue fundamental, porque las ciudades ejercían una función importante, y esta por ser fronteriza, mucho más. Teniendo en cuenta que desde que decayó el poder del alcaide, en manos por cierto de familias nobiliarias, ellos jugaron el papel moderador y de conexión con el poder del Estado.  Pues, Alcalá estaba gobernada por varios bandos que ocupaban la mayoría de los cargos de la ciudad, con los que su autoridad colisionaba. En tiempos de los Reyes Católicos, los vecinos llegaron a asesinar al corregidor Santa Cruz y fueron perseguidos los miembros del cabildo municipal.

La Casa de la Torre del Gabán se hundió en 1583 y el corregidor se encontró sin vivienda en la Plaza de la ciudad fortificada y, a finales del siglo XVI el cabildo municipal consideraba que debía residir en ella alegando que se favorecía a la buena gobernación de los negocios, se encontraba cercana la cárcel y casas de cabildos, donde su autoridad debía ejercerse sin dilaciones.

Para paliar las circunstancias adversas de las Casas de la Torre del Gabán, se propuso un nuevo lugar dentro de la Plaza junto a la Cárcel Real. Eran las casas de doña María de Aranda, hija de Bernardo de Aranda, vecino del Castillo y se componían de la propia vivienda, tiendas y varios anexos que entraron en el trato con Sebastián de Magaña, también vecino de la villa, su tutor y curador. Estas eran " muy a propósito, porque desde allí se podrían encontrar la Justicia con mucha comodidad y se remediarían los dichos inconvenientes, las quales estaban apreciadas en seiscientos noventa ducados”. Estaban situadas entre la Cárcel Real y las casas de doña Isabel de Leiva y herederos de Gonzalo Monte en precio de seiscientos y noventa ducados que montaron doscientos cincuenta y ocho mil setecientos cincuenta y ocho maravedíes.  Junto a ella la casa del Toril y las caballerizas de la cárcel-. Años más tarde, en torno al 1589 en dicho lugar al comprarse la casa de Leonor Méndez de Sotomayor, se construyó la Casa de la Justicia, lindando por la otra parte con la cárcel mencionada, las murallas y una calle que se dirigía a la plaza. Al principio intervinieron Alonso Martínez Izquierdo. En 1590, el maestro de obras Ambrosio de Vico vino a la ciudad para supervisar la restauración y cimentación de las torres y murallas del Gabán. Con ese motivo, su asesoramiento técnico provocó un cambio en la ejecución y dirección de la obra en curso de la Casa de la Justicia, porque contempló una gran deficiencia en la cimentación y levantamiento inclinado de las ligazones y trabazones de las paredes, proponiendo cimentarla y levantarla de nuevo ante una posible caída. Las obras de la Casa de la Justicia que, en la Plaza, se labraban, con traza errada, no había patio ni comodidad de aposento, ni se abrían ventanas a la plaza ni el ornato, por no tener perpiaños estaba desplomada y podía derrumbar antes de su finalización, lo más justo era que se le tasase la obra de Alonso Martín de Tudela.  También fijó las trazas de las nuevas condiciones de la  obras:  dos piezas cuadradas con catorce tercias de ancho y alto y un terrado  de nueve tercias con una danza de arcos de cantería limpia , reformar la bodega quitando las paredes y ensancharla hasta catorce tercias  y poniéndola a nivel para colocar la pesebrera y caballerizas, colocar una  pared limpia hacia el toril de todo largo hasta el altura que tenía  el tejado, porque con esto tiene hasta altura de reparar las cámaras  y dividir lo que fuere menester para recámaras de las dichas piezas  y hazer escaleras por donde la ciudad ordenare  facerlas e un corredor de ocho pies de ancho en la segunda pieza para que desde  él se sirvan las piezas e recámaras y todo los dicho se a de jaharrar  y enlucir  y cavar y dividir los aposentos que fuere a voluntad de la ciudad de cómo sean los nuevos que aquí van señalados e para toda la dicha obra sola a de dar la ciudad madera teja y clavazón.

Un año después, vino Ambrosio de Vico, maestro mayor de Granada, para ver obras del Gabán y casas de Justicia e informaron Pedro de Pineda Góngora y Francisco de Pineda Mesía, que se labraban las Casas de Justicia en casas de Francisco de Herrera y se concedieron 500 ducados del Pósito para la Casa de la Justicia en 1591.

 

Tras las nuevas    trazas de Ambrosio, en los últimos años Ginés Martínez de Aranda y Miguel de Bolívar se cambiaron de metros de cantería y tuvieron una gran participación, pues la obra duró hasta 1593. El primero propuso su ampliación por la parte de la casa de María de Leyva en1590.  Su fachada con dos balcones y una baranda, flanqueados por los escudos reales y el de Alcalá. Se sabe que era de dos pisos y, en su parte superior, tenía balcones exteriores y unos corredores y unos marmolillos. Solía tener, al principio, las dependencias básicas (cuartos de dormitorio en la parte superior, escalera grande, miradores que se orientaba a la muralla del Trabuquete del Aire, una cocina, y hubo que adosarles una cochera y unas caballerizas con sus pesebres de la misma forma que todavía pueden contemplarse en los cimientos de algunas casas ya muy avanzado el siglo XVII.  Al final de año quedaba muy poco por hacer y a punto de finalizar se encuentran en el año siguiente.  Hasta 1597, no se acabaron los interiores y quedó definitivamente acabada la Casa de la Justicia. Según un pleito muy interesante entre María de Aranda, hija de Bernardo de Aranda y el ayuntamiento de Alcalá la Real, en 1597 se manifiesta que la casa quedó incompleta, porque Francisco de Leiva no quiso dar una parte de su casa para ampliación de la vivienda comprada.  Tenía una portada, a la plaza, con una puerta y, dos huecos que s antecedían con un balcón de piedra que sustituyó a   unos balcones  de madera teñidos de azul con algunos remates dorados con sus tejadillos que los cubran   y  a otro balcón de hierro en la segunda planta que ocupaba toda la delantera, según la traza; la escalera se  abría  por el cuadro principal  y se propuso  nueva escalera  o Escaleruela que  se ascendía por ella a los corredores y  era servidora  de los distintos aposentos; también se hacía con dos corredores en la parte alta o piso segundo y el cuarto principal quedó desjarretado porque no se hizo la construcción, según las trazas de Ambrosio de Vico, y estaban construidos los demás aposentos.

En 1598, se compraron las casas de Francisco de Leiva, porque se debían llevar importantes reformas en la Casa de la Justicia o del Corregidor. Aparecen en  un  epígrafe con el título “Reforma  de la casa del Corregidor” que se  ha de hacer una Escaleruela en las Casas de  la Justicia   y balcones  de piedra las ventanas, lo que fue una realidad tras  la compra de a casa de Leyva”[1].  (

“La ciudad dixo que, quando se labró la Casa de la Justicia de esta ciudad por la consideraciones y causas tan importantes del servicio de Su Majestad y bien de esta república, como se contiene en los dichos acuerdos, por entonces no fue posible dar escalera que convenía para el servicio de la dicha casa, por no querer Francisco de Leyva dar de la suya una parte, por donde sea de suvir a los dos corredores, con cuya traza se hizo. Por cuya causa, se echó la escalera por el cuarto principal  que tiene la dicha casa, con que se desjarretó y quedó sin suficiente acomodo los aposentos principales de ella;  y que ahora a entendido que el dicho Francisco de Leyva quiere  dar de la dicha su casa  lo necesario para la fábrica de la dicha escalera;  y ansi  acuerda que,  para quede  con el ornato  y comodidad  necesario,  se  le compre al dicho Francisco de Leyba  el sitio que fuere menester,  y se le pague de propios  de esta ciudad;  y se haga conforme a la dicha traza,  y se derribe la que está fecha. E otrosí que, por quanto esta ciudad tenía acordado se hiciese un balcón de hierro en las dichas casas, que tomase toda la delantera de ella, por el cual piden mil ducados, que esta ciudad no está ahora para tan gran gasto, acuerda ye manda se hagan unos valcones de madera teñidos de azul con algunos remates dorados con sus tejadillos que los cubran y para esta comisión y que lo haga hacer la ciudad nombra a Jusepe Gómez de Villalba e jurado Miguel de Utrilla”. Esta escalera fue realizada por el albañil Alonso Martínez Izquierdo   a finales del 1598 (AHPJ LEGAJO 5054 folio 920 y ss, 20 de noviembre) y la hizo,según  este contrato:

Me obligo hacer en las casas de la justicia una escalera gran de piedra de la cantera de los Llanos de ella, encerrandola por todas partes hasta llegar al piso deñ  primer corredor  de la dicha casa de manera que quede bien labrada y  acabada "

Se le debían   pagar 23 ducados , cal , arena y demás materoales por la ciudad. 

 

 

 

.           En 1600, Se compró una parte del solar de casa para cocina de la Casa de la Justicia y correderuela de la casa de Francisco de Leyva, (ascendió a la cantidad de 40 ducados) y se hicieron arreglos en la canalización de las aguas de los tejados para evitar que hundieran las casas colindantes. Por cierto, la cocina estaba en la parte alta de la Casa de Justicia y tenía un caño para despedir el agua e inmundicias y caía a la Plaza y calle Pública. Ya el resto de reformas fueron insignificantes como en 1611, se repararon la puerta, ensanche a mano izquierda, corredores, pasadizo y chimenea. Algo más significativa fue una de 1636, por un huracán del aire, porque Se llevó a cabo una reforma de las Casas de La Justicia por el maestro de obras Miguel Sánchez Meléndez.  Costaron 150 reales.

Pero en 1699, el abandono de la Mota dio lugar a que el corregidor residiera en la parte llana. Esta es la situación da a entender a avitado las casas que estaban destinadas para los señores corregidores antecesores a su Señoría y que de ellos se bajó a los que bibe al presente; siendo así que es como ha referido, siempre ha bibido en las que abita por estar las de arriba arruinadas  sin abitación alguna y especialmente con el huracán que ubo el día de San Agustín del año pasado, aviéndose caído la mayor parte de dichas casas, como consta a esta ziudad, uno y otro, y no tiene caudal para repararlo al presente por sus empeños de que tiene noticia, se necesitará más de mil quinientos ducados, para que se puedan avitar, siendo justo que , no dándole la casa, se le libre lo que paga por estas, a que se añade la suma cortedad de emolumentos que tiene a este correximiento y ser de justicia  se le dé casas en que biba,  en el interim que se repara  las de oficios, suplica se sierva de acordar se acuda al Consejo para que  mande se apruebe lo que a librado por la razones que van expresadas”. Y se solicitó al Rey Carlos que concediera la Provisión Real, para que se le pagasen sesenta ducados para el alquiler de las Casas de Justicia en la zona llana de Alcalá la Real.... porque, por quanto las Casas en que bibe el señor corregidor, están en la Mota de esta ciudad, sitio despoblado, y las dichas casas inhabitables. Por lo qual y estar el comercio en los barrios baxos, el señor don Francisco de Pineda, correxidor de esta ciudad, bibe en dichos barrios baxos asistiendo por su persona a la administración de Justicia y buen gobierno de la república pribarse de vivir en las dichas casas que estaban diputadas para los señores correxidor por esta ciudad…”.

En 1703, con motivo de la llegada del corregidor Conde de Torrepalama, se hicieron varias obras en las Casas de Justicia. Para ello, se ordenó al maestro de albañilería, Juan García, que reconociera la situación de la casa, declarase las reparaciones e hiciese tasación.

 En la dicha ciudad de Alcalá la Real, en ocho día, mes y año, su mercede el señor don Juan Pacheco de Padilla, caballero de la Orden de Alcántara, corregidor de esta ciudad, para dar cumplimiento a lo contenido en el acuerdo de arriba hizo aparecer a Blas Magaña, maestro alarife  y vecino de ella y le tomó y rcivió juramento a Dios e Veracruz en lo que  el dixo y firmó a decir la verdad y presentado a l tenor del dicho acuerdo, dixo que en compañía de los caballeros comisarios ha visto y reconocido Las Cassas de la Justicia que están en el sitio de la Mota, así quartos altos como bajos y que unos y otros están muy arruinados, como es notorio, que para componerse en forma  fuera menester gran suma de ducados y que para la averiguación que se pretende haga en ella  el correxidor  y está para benir halla por los más precisos reparos siguientes. Las puertas de las Caballerizas están caidas en el suelo por falta de marco necesitan de aderezos. El quarto vajo de marco izquierda está demolido de los suelos y quebradas las ventanas. La escalera principal necesita de demoler los tabiques que se están cayendo el hacer de nuevo y adereçar una yda que se está hundiendo, y la puerta que está en dicha escalera, por donde se sube a las cámaras necesita de marco nuevo. La Cocina Principal tiene de pared el testero donde carga la chimenea tienen necesidad de demoler y levantar de nuevo o reedificarla con todo cuidado. La chimenea francesa de la Sala están los tabiques flojos y necesitan de reparos, porque no se caygan en una de las ventanas que miran al Rastro. Todos los tejados de dicha cassa, por la fortaleza de los aires, necesitan a mil e quinientas tejas y muchas goteras aderezar caballetes y echarles diez  vigas y echarles tijeras y lo que para toda la toda la dicha obra  son menester diez  caices de hiesso  y así para  lo que toca a la albañilería como a carpintería, manifacturas y todos los gastos de puertas, sogas, clavos y agua que está por no aver en otra parte sino al pie de  se riega, lo tasa todo en mil doscientos reales  ezepto cerraduras, llaves y lo demás por lo que serviría cura tasación hace s u leal saber entender que visto es la verdad se cargó de juramento y que es de edad de sesenta año y no firma por que no savía firmolo dicho corregidor doy fe y testigos”. En 22 de febrero de 1714, sufrieron el derrumbe de una gran parte de la Cárcel y Casas de Justicia y se vendieron sus materiales, rejas, piedra y maderas.



[1]      AMAR. Acta de 20 de octubre de 1598.

CONOCIENDO LA MOTA. LA PLAZA ALTA (II)

 

 

LA PLAZA ALTA DE LA MOTA

 

 

 

            DESCRIPCIÓN DEL SIGLO XV Y DE FINALES DEL SIGLO XVI

 


            Actualmente se entra por unas Escaleruela de fácil acceso, donde se levantaba una importante tienda. Pero, pero no era la única entrada a la plaza porque existían varias. Por la calle del Preceptor y por la iglesia, y desde el Arrabal Viejo a través del Cañuto, bajo el Gabán, un corredor pendiente y empedrado como si se tratara de una calle cubierta, que bajaba a través de varias rampas a la puerta de Zaíde y acortaba el camino a los vecinos que venían del barrio de san Bartolomé o de Santo Domingo. En su trayecto final junto a la entrada a la plaza, se encontraban algunas tiendas que fueron levantadas en tiempos del corregidor de licenciado Cabezas.  A través del Cañuto,  y  bajo el Gabán, se entraba por un pasadizo rodeado de tiendas, allí se colocaban los puestos de vender harina, cebada y otros productos de la huerta, incluso, el pescado en ciertas ocasiones ;  al suroeste, por detrás de la casa del corregidor- antes del conde de Cabra y, en el siglo XVU,  Leonor Méndez de Sotomayor-  tenían su entrada los vecinos de la parte alta  de la fortaleza a través de la calle del Preceptor que se unía con la Calancha y el Bahondillo y con la de la propia Iglesia.

En la plaza alta, a mano izquierda, desde las casas de Cabildo, quedan los pilares de los corredores   que se levantaban con nueve tiendas bajo unos soportales, que simulaban a la actual plaza de Almagro, y, encima de ellos unos altos adintelados, con unos buenos balcones de forja de la saga de los Oliva, y cubiertos de teja, por su parte trasera se abrían unas ventanas que miraban al Sur, a Sierra Nevada.  Se sentaban  sobre diez columnas de estilo dórico, muy equilibradas pues sus veinte basas y capitales mantenían las mismas dimensiones , encima de las cuales estaban las tarjas, los bolsones, los 24 garabatos con sus esconces en los ángulos, que servían de portada; unas cornisas de piedra  y antepechos abrían el paso a los ventanales., Pertenecían a lo que llaman propios de la ciudad, y, unas veces se alquilaban a los comerciantes cambistas,  u otras a tenderos  de pequeñas mercadurías y de paños, también a los escribanos, que llegaron a superar la docena, donde colocaban sus oficinas, y otras, sobre todo a mediados del siglo XVII,  quedaban desiertas en la subasta municipal. Sin embargo, incluso, en algunos tiempos, alguna de estas tiendas sirvió de Casa de Justicia, donde vivía el corregidor y en cuya fachada estaban colocadas las armas reales y el escudo de la ciudad. 

Al final de la última tienda, estaba adosada la Cárcel Pública de la ciudad, donde existía una tienda que gozaba de un buen arriendo para el fisco de la ciudad. Años más tarde, en torno al 158O.  se construyó la Casa de la Justicia, lindando por la otra parte con la Cárcel y con las Murallas y una calle. Esta era de dos pisos y, en su parte superior, tenía unos corredores y unos marmolillos. Y, junto a ella, la casa de Isabel de Leiva, que sirvió de convento de las monjas dominicas desde el año 1580 hasta el año 1601, cuando se bajaron al hospital de la Veracruz. Una calle se abría junto a la casa de Sancho de Aranda, toda ella de fachada de piedra, y además se cerraba la plaza con el hospital de los Monteses junto con la casa de Leonor Méndez de Sotomayor y la casa de Francisco Cabrera, que estaba adosada a la Iglesia Mayor. En esta plaza, todavía resuenan muchos ecos de la historia de la ciudad, pues la presidía las Casas de Cabildo, con su planta alta dedicada a las reuniones de los regidores y jurados, su capilla y archivo que se iluminaba con unos ampliaos ventanales, que daban a la plaza; y su planta baja con los soportales de los arcos y una sala dedicada para la audiencia de la justicia.  Pero no sólo ejercía una función municipal sino también festiva, desde sus balcones se recibía el estandarte real de la ciudad, y se colgaba con motivo de la proclamación de los reyes, se vestía de gala y sus balcones eran ocupados por todo el cabildo con motivo de las fiestas de toros y de cañas que se celebraban.  Había dos tipos de fiestas: las ordinarias estaban fijadas en unas tablas colgadas en las habitaciones de cabildo, y las extraordinarias.

En esta plaza, enladrillada por muchos sitios para celebrar con decencia las fiestas y los toros, desde por la mañana, ya al amanecer se palpitaba el pulso de la ciudad. A las ocho, acudían a las casas de Cabildo los regidores y jurados, rezaban y asistían a misa, oficiada por el capellán de la ciudad en un altar presidido por un retablo realizado por el pintor Pedro Sardo;  después se  reunían en la sala alta del Cabildo, donde debatían y exponían sus votos que no eran sino sus pareceres para que la Justicia los armonizase y, como  hombre, por así decirlo con términos de hoy,  de consenso, lograba el acuerdo final para ejecutarlos; inmediatamente se distribuían en grupos de dos y tres, lo que llamaban diputaciones y comisiones: Unos bajaban  a la sala de audiencias y resolvían los delitos de faltas contra las ordenanzas de la ciudad, otros revisaban la calidad y los pesos de os alimentos, controlando los precios y las cuentas de los mayordomos. En tiempos bélicos reclutaban a los soldados, y lo que era frecuente, con la sequía, repartían acompañados de los panaderos, papeletas de pan a los pobres. Los escribanos, por su parte, en las oficinas de enfrente, registraban las escrituras de poder, los testimonios, los autos judiciales y los contratos más variopintos: desde la compra de un burro hasta la herencia de un cortijo pasando por el contrato de una obra de arte, realizado por un clérigo a la familia de Pablo de Rojas. Y no sólo los hombres de pluma, sino que el corregidor y los dos regidores de turno ejercían la justicia con los acusados. A unos gañanes les caían cien los azotes por la entrada de su rebaño o piara de cerdos en una heredad de viña, a otros los mandaba al tormento por haber acudido a una hechicera, y los había que sufrían la horca de manos del verdugo negro contratado de Granada. A las mansiones de los hidalgos acudían una caterva de criados, peones del campo, gañanes a que le distribuyeran las tareas del campo y los encargos para abastecerse de alimentos; al hospital de los Monteses se acercaban, los viajeros que iban a Alhama a curarse en los baños, los extranjeros, que huían de la Justicia de otros lugares, y los pobres de solemnidad que mendigaban por toda España.  Algunos pasajeros se inventaban y tramaban miles de argucias para avecindarse en la ciudad. Sobre todo, los judíos portugueses, y algunos moriscos y los franceses, estos últimos solían arrendar los puestos de las tiendas de las plazas de la Mota. Aunque algunos lograron avecindarse, la mayoría lo más que pudieron recibir fue un donativo, pues eran increíbles leyendas y cuentos tan insólitos como el del matrimonio de Pedro de Roez. Se hacía pasar por ser perseguidos por la justicia francesa acusados de matar a un clérigo calvinista, que les había forzado a renunciar a su fe católica.    Personas como estas se ayudaban de los clérigos que frecuentaban la plaza tras la salida de los cantos de la tercia o de realizar algún oficio de misa celebrado en un altar de la Iglesia Mayor, donde periódicamente oficiaban misas con la presencia de las familias que empeñaban sus bienes para cumplir con las mandas testamentarias de sus capellanías. Avisado el prelado, por los dos munícipes encargados de las fiestas, se preparaba para tres días después, una misa de acción de gracias, en la que el maestro de capilla contratado de la capilla Real de Granada y unos niños de la localidad, entonaba un hermoso Te Deum en una misa en la que el abad escuchaba atentamente al prior del monasterio de san Francisco en un púlpito que se trasladaba desde el mismo convento. Tras la misa, una procesión general por la plaza y claustro, y el juego de los mozos que se divertían tirando a unos doce gansos hasta matarlos.  Había veces como en el 1571, en el que por la tarde los vecinos de la ciudad, los artesanos, labradores, mancebos y gente llana competían a manera de comparsas, inventando unos regocijos y demostraciones de alegría, consistentes en cortas mojigatas y parodias burlescas para conseguir como premio algunos metros de tela de tafetán o de damasco.   

Los niños, algo más tarde, se dirigían a la escuela y al colegio de gramática; pero solían entrenarse jugando a la pelota, a la alcancía y a las cañas, simulando a los mayores.  

            Raro era el día que el bullicio no fuera la nota de color de aquel recinto tan pequeño. Pues, frecuentaban las concentraciones de vecinos motivadas por mil motivos. Proclamaciones de reyes, fiestas con motivo de la llegada del abad o del corregidor, juegos de cañas para ejercitar la caballería, procesiones del Corpus Christi, exposición de sambenitos, escarmientos de herejes judíos. -     Las más sonadas se realizaban con motivo de las asonadas militares. Al toque ronco y reiterado de la campana de la Iglesia Mayor, como si sonara a fuego, todos los vecinos varones, que estaban comprendidos entre los veinte y cuarenta años, acudían de inmediato ante las puertas del cabildo. El corregidor ordenaba silencio y se iniciaba el pregón de la convocatoria leyéndose la carta real por el pregonero. Al instante, los corrillos se formaban en los bajos de los corredores. Murmullos, imprecaciones, insultos soterrados. Parece como si estuvieran grabadas estas frases en las piedras de este recinto. Si las ondas del tiempo pudieran recogerlas, podríamos descubrir la historia de España, con cada una de las manifestaciones de los soldados que volvieron a su tierra tras algún acontecimiento bélico. Pues, algunos escribieron algunos comentarios, como si fueran Cesares renacentistas, para ensalzar las hazañas de sus antepasados. Es el caso de los Aranda, los Frías o los Arjona. Pero, si estas piedras hablaran, contarían las hazañas de tantos anónimos soldados que ayudaron a los reyes de España. Pues, siempre tenían dispuestas dos compañías para hacer frente a todo lo que le requiriera la Corona y al buen servicio de la fe católica. Y les puedo relatar cómo los Reyes Católicos en la toma de Granada, contaron con hidalgos alcalaínos, entre ellos los Pineda y las mercedes que recibieron de fincas, solares y reconocimientos de hidalguía. También cuando se aliaron contra Fernando V, tras la muerte de Isabel de Castilla y a favor de Juana Loca, a instancias del marqués de Priego. O ayudaron al emperador Carlos V en el levantamiento de las ciudades comuneras de Andalucía como Huéscar, y Úbeda y alojando en su viaje de boda con Isabel de Portugal de 1526 desde Sevilla a Granada. Miles de veces que acudieron a la Costa, unas veces a Motril o Almuñécar, las más a Vélez y las menos a Almería, ante la simple presencia de los bajeles turcos o las fragatas tunecinas.