LAS CASAS DEL ENTORNO DE LA MOTA PARA LA ABADÍA
En esta plaza, desde por la mañana, ya al amanecer se palpitaba el pulso de la ciudad. La plaza, al principio, no era muy grande, ni llana, pues en 1599 se compraron y se derribaron las casas del licenciado Gamboa, miembro del Consejo de Felipe II, compradas a Hernando de Padilla, dos pares de tiendas s y la casa de María del Monte Isla, así como varias peñas que impedían la entrada al cabildo y a la Iglesia Mayor .Hubo que quitar en 1587, también , algunas casas que hacían rinconeras y no le daban una forma equilibrada por sus líneas rectas de los lados, de ahí que hubo que derrumbar las casas adosadas a la Iglesia Mayor para hacer línea con su fachada. Es muy acertada esta descripción del cabildo del de febrero de 1592 “no hay más de una plaza, la qual de más de ser pequeña, la hazen muy desordenada los dos peçones y rincones de casas que están salidos de ella, linde con casa de don Gonzalo de Valenzuela, y tienda de don Francisco Fernández, de manera que no puede haber ni carrera ni fiesta de caballos, lo que causa no poderse ejercitar el dicho ejercicio de ordinario, como se haría quitando las dichas esquinas en largo hasta las casas de la Justicia , y por ancho en línea derecha de la pared de la Iglesia Mayor , entonces abría plaça que bastaría para fiesta y carrera y estaría con traça y adorno y daría mucha autoridad para la Iglesia Mayor, porque se descubriría la puerta principal, que sale a la dicha plaza , por lo tanto se acuerda que se compren el sitio y edificio de estos dichos dos rincones y se derrumbe por el dicho efecto y se labren y tiendas que salgan a la plaça en el dicho puesto y con ellas pueda aver las que son necesarias para la conservación de esta Mota. Pero cuando, veinte años más tarde, a principios del siglo XVII, se terminaron los corredores era el orgullo de la ciudad, que, por su estilo recoleto, rodeado de edificios tan importantes de fachada de cantería, se consideraba por muchos viajeros como una de las más bellas de Andalucía, hasta tal punto que siempre cuidaban por su ornato, limpiándola, allanándola y reconstruyendo las continuas ruinas que se provocaban en sus edificios. Se vendían las hortalizas, frutas y hasta cereales, aceite de los hortelanos y jornaleros. También objetos de alfarería y vidriado de otros pueblos como Jaén Granada y Úbeda y Bailén, o trigo la casa de Francisco Romero, tundidor. Otras casas eran las de Pedro Sánchez de Arroyo, don Gonzalo de Gamboa, la de doña Leonor Méndez de Aranda, que hacía esquina con la Cárcel Real y se convirtió Casa de la Justicia, arrimada a la Plaza, que eran de Pedro Fernández de Alcaraz y Felipe de Valdivia. linderas con capellanía de Pedro de Aranda y Gonzalo de Gamboa. En el entorno de la plaza, las casas del bachiller Martín Alonso, clérigo, que lindaban con las de la Encarnación, Pedro de Pineda y monasterio de la Encarnación, la de Juan de Narváez de Padilla, regidor, lindera con Pedro de Aranda y Miguel de Molina y la de Francisco de Leiva Aranda. Aquí se abrió una calle Nueva, donde antes vivía Francisco de Gamboa, Juan de Padilla. (1571)
Como manifiesta el profesor Rodríguez Molina
al referirse a la fisonomía ciudadana este es el paisaje urbano de toda la
fortaleza, y, por ende, del Arrabal Viejo:
“Estructurada la Mota como una fuerte ciudad,
quedaba defendida por grandes muros y torreones, al abrigo de los cuales se
apiñaba, en reducidas dimensiones y estrechos espacios, una nutrida población
de gobernantes, clérigos y guerreros. Su fama de bastión inexpugnable es
recogida por A. de Palencia en estas breves definiciones de la villa: ‘Alcalá
la Real, fortísima por naturaleza, pero más respetable por su proximidad a
Granada` Las necesidades de protección y defensa la convertían en un baluarte
inexpugnable con un espacio estrecho y sobreocupado”.
Pero,
por una memoria de la capellanía de la
parroquia de Santa María la Mayor, podemos
hacernos una idea del aspecto urbanístico que ofrecía este barrio: la
vivienda se unía con la tienda, y, esta, a su vez, con otras viviendas a través de los miradores de
sus alturas, aspecto muy similar que
deberían ofrecer las partes altas del barrio de Santo Domingo, como la calle del
Postigo cercano a la Puerta de la Imagen, las calles linderas con el Gabán por
la parte baja, y las viviendas de la
Puerta Zayde. En su interior, las ordenanzas nos recogen varias normas para
mantener el orden, la urbanidad y la disciplina urbanística, que nos ilustran
de su tipología de vivienda y diseño urbano. En primer lugar, se daba una
primordial importancia a los edificios públicos (en este caso la iglesia de
Santo Domingo, horno, Casa de Mancebía, Alhóndiga., Pósito.) y se obligaba a
mantenerlos reparados juntamente con otros elementos de uso público como
puertas de acceso, calles, o medianerías. En segundo lugar, este espacio urbano
se nos presentaba como una importante unidad de concentración urbana dentro del
recinto amurallado, en donde no se permitía, antes de la conquista, ninguna
construcción de viviendas fuera de su reinito amurallado, tal como se
manifiesta muy explícitamente en esta ordenanza:“los hombres del pueblo que quieren hazer casas o fraguar algunas
labores deben fazer que sean todas
dentro de la zerca de los muros e, fuera
de los muros, que sea merced del Rey e a
su mandamiento”. 
En
tercer lugar, su trama urbana se nos ofrece “encorsetada y reducida”, en la que
la higiene y seguridad física de las viviendas se vigilaba en los papeles,
pero, a la hora de la verdad, en muchos espacios no cabía sino un puzle de
viviendas en donde estas se entrecruzan, estorban o se apoyan unas sobre otras.
La estrechez de sus calles obligaba a las autoridades municipales a establecer
un amplio espectro de normas urbanísticas con el fin de favorecer el tránsito
de los vecinos, animales y mercancías. Su anchura se establecía desde la
perspectiva aérea de la parte superior de la casa, marcando dos tercios para
cada una de las viviendas, que conformaban las aceras, dejando el tercio
restante para la entrada de la luz y el aire de la calle. Así de claro y
contundente es la norma: Otrosí no debe
ningún hombre sacar el ala de su texado más de cuanto comprendiere el ala de su texado el tercio de ella, e que
finque el otro tercio para el ala del otro texado, que es de otra parte, e que
finque el otro tercio en medio, para aire e por do entre la lumbre e por do
caigan las aguas, y el que aquesto pasare y más tomare para el ala del texado,
sino mándelo el alarife dicho fazer por mandado del alcalde”
También
era frecuente que se impidiera colocar cualquier tipo de obstáculo físico para
el tránsito de la calle. Entre estos, el colocar los cobertizos y sarmenteras,
lo que impedía el paso, porque probablemente no sería extraño que se colocaran
en épocas anteriores a 1496, sobre todo en el Arrabal Viejo, donde predominaba
la vivienda rural frente a la urbana. En algunas de las calles públicas e
principales de esa dicha ciudad, algunas personas tienen fechas en las delanteras de sus casas muchos cobertizos e
sarmenteras. Como tampoco, al
principio se permitían poyos adosados a las paredes de las casas junto a las
puertas, y, luego, se regularán: Otrosí,
ningún hombre no debe de hazer poyo orilla de la pared y esto porque las
callejas no se angosten e que pasen los hombres en anchura, e si alguno esto
hiciere mándelo el alarife desfazer por mandado del alcalde.
En esta misma línea de defensa del viandante, se señala
la prohibición de elevar pasadizos de una casa a otra por encima de la calle, a
no ser que establezcan una altura por la
que pueda pasar un hombre montado a caballo: Todo hombre que haze sombreado e atraviesa la calle e haze encubierta, débela hazer tan
alta que pueda pasar por ella el caballero con sus armas e que no le embarguen,
e si más baxa la hiciere de guisa que embargue el caballero con sus armas, debe
el alarife mandillo deshacer por mandado del alcalde”.
Su aspecto residencial, entre el siglo XIV y principios
del siglo XVI, se manifiesta claramente en estas dos referencias, que
corresponde a un momento en el que se intenta evadir la norma de la ubicación de las tiendas en la fortaleza de la Mota :“…proveyó una petición de miguel Sánchez Vasco sobre la tienda de
Santo Domingo que pedía licencia para vender, proveyó que se guarden las
ordenanzas(…) se acordó que cualquier fruto y pescados que viene se pese en el
Peso de la Harina e no en otra parte se peses sopena de seiscientos maravedíes
repartidos en tres partes...”
Por
último, como señala el profesor Rodríguez Molina, se establece como norma
fundamental el parámetro de la intimidad que rige para la buena convivencia
entre las familias y viviendas, impidiendo las puertas enfrentadas entre las casas de vecinos y presentando una asimetría
viaria: “No debe ninguno hazer puerta de
su casa delante de la puerta de su vezino , si no fuera a su grado de su vezino, ni a otro en las
tiendas, en las alhóndigas, ni en los baños no se deben hazer puertas fronteras
, ca es grande descubriçión, si no fuere a grado de dueños”..jpeg)
Las
viviendas se reformaron en su mayor parte a lo largo del siglo XVI. Se
distinguen como casas en las que la mampostería ocupaba la mayor parte de sus fachadas
salvo las escquinas y la portada que eran de piedra y bien gastada. La casa de
jerónimo Ribero fue contratada por Pedro Fraguagua para construirla y es un
modelo especial en el laevantamiemnto del paramento mural a medio camino entre
el aparejo toledao de clara scendencia mudelkar y el muro de tapial. En 1597,
se comprometían ambos a edificar una casas, que tendría una 100 tapias y la
siguiente disposición: los cimientos con
un grososr de ¾ de vara y con sus perpiaños partir del roquedo; hasta el
primer piso , de mapostería salvo la portada y las esquinas de cantería costeadas;
a partir de este piso y hasta el arraque de los tejados, se echaba hiladas de
antería y entre hiladas de 3.80 un muro de tapial, cogido por dentellones a las
hiladas.Por último, las caas de muro de tapial solían ser de las familias más
desfavorecidas,
DESDE LA PLAZA HASTA LA PUERTA NUEVA
A finales del siglo XVI, salía de la Plaza Alta de la
Mota e n dirección hacia la Puerta Nueva, se abría esta calle que dejaba a un
lado el horno de la plaza la casa de la Justicia y la de los Leyva una calle
que se denominaba del Preceptor de Gramática, porque unas de las viviendas se
alquilaban al Preceptor de Gramática de la Ciudad, un el rector o maestro de
retórica que iniciaba a los niños de las clases privilegiadas en los estudios
de la Gramática, la Filosofía y las Matemáticas. Era una casa que no ofrecía
muchas comodidades a los estudiantes por ser muy estrecha, fría y húmeda y los
alumnos se veían sometidos a la propagación de enfermedades contagiosas. Servía de vivienda del preceptor, pero pronto
la abandonó por sus incomodidades. O se le buscaba otra en el entorno del Trabuquete,
junto a la Casa de Hurtado de Aranda Se sabe que finales de XVI, ejercía la
docencia en la casa el cura licenciado Monte, una casa con muy poco espacio
para acoger a los niños en las dependencias y en el recreo, además de verse
afectada por las humedades
También
se denominó esta calle con el nombre de la Encarnación, porque desde 1988 se
fundó en la casa de Leonor Méndez de Sotomayor el monasterio dominico de
Nuestra Señora de la Encarnación, una casa que lindaba con la de los Leyva, a
los que compraron parte de su vivienda para ampliación del convento. En el
mismo aóño, ya Juan Hernández y Miguel de Bolívar llevaban a cabo el claustrio
del convento. No es extraño que se ubicaran dentro de este recinto, pues la
iniciativa partió de importantes caballeros de la ciudad, alguno como Juan de
Aranda llegó a donar seis mil ducados para su fundación. Junto a unas peñas,
una calle se abría cerca de la casa de Sancho de Aranda, toda ella con fachada
de piedra junto a ella, la casa de Isabel de Leiva, que sirvió de convento de
las monjas dominicas desde el año 1588 hasta el año 1601, precisamente el año
cuando se bajaron al hospital de la Veracruz.%20-%20copia.jpg)
Una casa que se
recoge dentro del mundo mistérico, porque fue abandonada por familia
propietaria y se donó como convento sin mucho éxito. Se recoge cierta leyenda
de que las monjas, hijas de muchos hidalgos, acrecentaron su presencia en esta
casa. Pero pronto se vieron inmersas en un ambiente de enfermedades que
achacaban a las aguas rojizas de sus aljibes y a la visita de un duende. Aunque
los cabildos eclesiástico y civil no les permitieron trasladares a un recinto
más sano y menos estrecho. Al final, en 1602, llegaron a un acuerdo de transacción
con el Hospital del Dulce Nombre de Jesús, que se encontraba en el Llanillo,
que le cedió su edificio y lo permutaron por otros de la actual calle Caridad.
Es curioso que las viviendas de esta calle están habitadas por hidalgos
descendientes de los primeros conquistadores
de las familias de los Cabrera , Cardera, Mazuelos, Góngora y Aranda, y
por los nuevos advenedizos como acontecía con el alcaide Antonio López de
Gamboa, hombre culto que escribió sobre las Antigüedades de la ciudad de Alcalá
la Real y ejerció una gran influencia en la vida social y política desde
finales del siglo XVI, heredando la alcaldía de sus padre, hasta mediados del
siglo XVI como regidor perpetuo. Tampoco
no faltaban los obres de oficios como los escribanos. Cerca de los Cabrera
vivía Bartolomé López Montijano, casado con Francisca del Castillo.
La Casa de los Cabrera se
encontraba arrimada a la muralla. Y en ella se abrió una calle. En el siglo XVI
esta calle se dirigía hacia extramuros de la ciudad por la Puerta Nueva y desde
esta hasta San Bartolomé, solía tener bastantes hundideros, y era continuamente
arreglada para la procesión del Corpus ( 4.12. 1612) Para hacer la ampliación
de la Puerta hubo que comprar varias casas por los años treinta del siglo XVI. En
esta fecha estaba hundida y muchos solares ya abandonados y las viviendas
vacías, se reedificó por el cantero portugués colocando vara y media de pretil,
que se conserva y con piedras hiladas con seis entibos. Se dividía en tramos,
uno calle Baja de Puerta Nueva. En 1611, la situación de este entrono es
prácticamente derrumbado de modo que acudieron los dos miembros de la comisión
de obras, Pedro de Cabrera y Ruiz Díaz y vieron la calle que se dirigía a la
Puerta Nueva. Y de acuerdo con los maestros y alarifes de la ciudad, se debían
entibar, macizar y terraplenar todos aquellos solares a consecuencia de que el
paso estaba impedido con la caída de varias casas y era de uso púbico, porque
la calle se sustentaba sobre ellas y se necesitaban para el tránsito de las personas. %20(1).jpeg)
CALLE DE DELANTE DE LA DEL PRECEPTOR
O DE LA ANTIGUA MURALLA DE LA ESPECERÍA
Se encontraban las viviendas de las familias
de los Frías, Valenzuela, Trasierra, Escobar y Jamilena entre otros. Lindaba
con el palacio abacial y otras calles, entre ellas la Calancha. Podría
enmarcarse entre calle
antigua del muro de la Especiería y Despeñacaballos.

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