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jueves, 5 de marzo de 2026

CONOCIENDO LA MOTA (XXX) ENTRADA POR EL CAMINO DE SAN BARTOLOMÉ


 

 ENTRADA POR EL CAMINO DE SAN BARTOLOMÉ


            

 

            Una de las entradas a coche de la actual ciudad fortificada de la Mota puede llevarse a cabo subiendo por el camino trasero al cementerio, hoy carretera, y aledaño al Cerrico de los Caballeros, para desviarse en una encrucijada de caminos hacia el actual camino de San Bartolomé, que hace alusión a la ermita que se levantaba junto a unas eras que se encontraba en una encrucijada vial. Este camino se reconstruyó actualmente y está cercano o paralelo a la antigua Carrera de Caballos levantada a principios del siglo XVII. A lo largo de su recorrido, flanqueado por antiguos muros levantados con sillares y mampuestos de las antiguas viviendas y murallas, puede contemplarse un paraje, donde se encerraba el Cerro de los Palacios, los barrios de la Peña Horadada, San Bartolomé, Matadero, Puerta Nueva y Rastro, así como varias rampas de subida que correspondían a los tramos finales de las calles que provenían de los barrios de San Sebastián y Rastro y desembocaban en la Puerta Nueva.

            Al llegar al recodo de la segunda muralla exterior, pueden descubrirse restos de los testigos de sus muros que terminan en la Puerta Zayde y las murallas que se abrían con la Puerta de Granada, Cambrón y Martín Ruiz y Herrera. Junto con la muralla interior y exteriormente, se contempla grandes tramos del antiguo camino de anillo empedrado con materiales ígneos (la piedra gruesa ajena muy típica de las calles alcalaínas desde el siglo XIV) y resto de edificaciones adosadas como la primitiva alhóndiga y viviendas familiares. Jalonan la muralla varios torreones de planta cuadrada y una torre ladeada; también los lienzos de la muralla, comprendidos entre torreones albarranos, se abren con algunas saeteras y troneras talladas con marcas de los canteros que recuerdan la reconstrucción cristiana en tiempos de frontera tras la toma de Alcalá la Real. Hay que destacar la entrada y puerta junto con la torre, de la denominada puerta de Herrera. Con un arco de herradura en recodo y un pequeño pasadizo se adentraba al Arrabal Viejo y salía al Nuevo a través de la calle Cava. Al final del trayecto, se encuentra el cajón del edificio del Pósito Real y una zona ajardinada, denominada antiguamente los Mesones Altos, y actualmente Rincón de los Poetas y Muro de la Memoria, donde se encuentra un monolito dedicado a Juan Ruiz Arcipreste de Hita, poeta autor del Libro de Buen Amor, que, si nos hacemos eco de las teorías de los profesores Tremp y Sáez, remontan su origen natal al  castillo  alcalaíno basándose en  historia comparada y en la documentación secreta del Archivo Vaticano si coincide  con el enigmático Juan Ruiz de Cisneros. Este paraje se encontraba muy deteriorado en tiempos de Felipe I V, y en un acta de 19 de junio de 1668, se ordenaba que “las murallas y torres de la cerca de ella están amenazando ruina y alguna caída y, en particular, además de ello, en el lienzo de la Muralla desde la puerta de Martín Ruiz hasta el Rastro han hecho y echan muchas cantidades de estiércol y tierra, lo que ocasiona más ruina, y que el paso de la Caserías y barrio de San Bartolomé y el Matadero lo han cerrado y cegado. Aluden que es necesario repararlo, para servicio de Su Majestad y por ser Muy Noble y Leal Ciudad


Si nos adentramos en estos barrios, se percibe una historia desde su origen aragárico hasta el abandono total del siglo XIX. En tiempos de la presencia musulmana en el cerro de la Mota, ocurrieron varios momentos de la expansión urbana en torno a las faldas del cerro: el Arrabal Viejo, la Peña Horadada y el del Cerro de los Palacios, sin diseños urbanísticos, un grupo disperso de alquerías. Luego, tras la conquista de Alfonso XI, estos barrios se estructuraron en torno a unas calles radiales cuyas mansiones fueron habitadas principalmente por los artesanos, los campesinos y miembros de las clases no privilegiadas hasta el siglo XIX. Jugaron un gran papel, para el recinto del arrabal Viejo o de santo Domingo, las puertas de Zayde, Martín Ruiz y Granada; y las del Rastro y del Campo, para el barrio del mismo nombre y el de los Palacios. Muchos palacios, edificios emblemáticos y defensivos se reservaron en la fortaleza; y las viviendas más sencillas y comunes quedaron como habitáculo y bodegas de las personas en torno a las nuevas iglesias que dieron nombre a los nuevos arrabales o barrios. Existía un callejón de Nombre del Maldito, probablemente el de las Escalerillas de Santo Domingo con una leyenda muy tétrica. Esta hacía referencia a la pena de muerte, que se había aplicado a un capitán felón en aquella calleja, donde, de noche, su voz solía escucharse ya entrada la oscuridad y, en concreto, a una aparición de su alma el día de los Difuntos suplicando clemencia y misas de difunto y oraciones por él. (cuenta que le aplicaron la pena, porque desveló los pasadizos y sitios secretos a los musulmanes). Cerca de la muralla que daba al Pósito de la ciudad, se encontraba la calle Cava, y más abajo la del Cristo de la Piedra. En este lugar o calle, se originaron dos leyendas locales sobre la intervención del Cristo en un duelo entre caballeros. Desde estas Escalerillas hasta la Puerta del Rastro los vecinos frecuentaban el paseo en los fines de semana y le denominaron por el Paseíllo de Vinuesa, amparándose en un propietario de aquellos terrenos provenientes de una capellanía de siglos anteriores.

            CERRO DE LOS PALACIOS

Este recinto hacía referencia al entorno de la Mota que se orienta hacia Occidente, desde la actual carretera de acceso hasta la primera línea de muralla. Por la parte baja, el Cerro de los PALACIOS daba a la puerta de San Bartolomé. que se abrió con motivo de la peste en 1600 a través de un adavejo y un camino, que en su parte final se dirigía por otra calle empinada a la Puerta Nueva. Es un lugar que se prestaba a pequeños enfrentamientos entre avezados musulmanes que pretendían talar los panes o robar el ganado a los defensores cristianos. El más conocido es el de la Peña Hazconada.  

CARRERA DE LOS CABALLOS

  La carrera de caballos de san Bartolomé se encontraba bajo el Matadero y continuaba el Anillo exterior de la tercera muralla. Se denominaba Carrera de Caballos y Potros. Pretendía la doble función de la doma de los potros junto con el ejercicio de los caballeros, en este caso la preparación para guerra, las mascaradas y corridas de toros No siempre se encontró en el mismo lugar., La antigua Carrera Vieja, que conservó su nombre hasta el Edad Moderna, partía de los arrabales de la Puerta de Cambrón y se dirigía hacia la Puerta del Arrabal. Incluso hubo un acuerdo municipal que  en el camino de San Marcos se utilizara en 1596  Don Francisco de Pineda Masía, regidor  dice que todo el tiempo de invierno , por estar la Carrera de los Cavallos en partes que toman mucho agua y se hace mucho lodo, no ay donde poder enseñar a los potros en parte cómoda  y dispuesta donde se pueda trotar  y porque ay disposición junto al Humilladero de San Marcos en el camino que va a Charilla e con poco  gasto se podría limpiar y aderezar  para este efecto  la parte que bastase  y necesaria con esto el yncoveniente que resulta de lo dicho , por ser muy necesario  que todas las ciudades  e particularmente en esta haya la dicha comodidad , con la cual los que criaran potros y caballos se animara na  hacerlo e vaya en aumento  como tanto su Majestad o encarga ,.

A partir de 1586. se ordenó realizar la Carrera de Caballos, junto a San Bartolomé, para ejercicio de los caballeros de cabildo y fomento de la caballería. Esta no fue una realidad hasta noviembre 1600, cuando comenzaron a quebrarse las peñas y ensanchar el actual camino de San Bartolomé, desde su ermita hasta la de San Blas. Además, el propio cabildo municipal lo asumió como una obra fundamental para la ciudad de manera que nombró de comisario a Pedro Veneroso, un regidor genovés asentado en Alcalá, la que se encargó de traza hasta la Fuete de la Higuera y su ejecución que salieron a subasta pública. Fueron sus maestros de obras los maestros de albañilería   Juan Sánchez albañil, Juan Garrido. Pérez y Martin de Lara. Según el diseño del proyecto, se construyeron dos lienzos para la carrera de mampuesto con sus chapas gruesas ochavadas y por encima guarnecidas. Tenía cada lienzo de largo ciento y cincuenta y dos varas; y de alto, vara y media encima de la tierra y media barra de hondo debajo de la tierra por la parte baja hacia las eras, donde se ahondó y se fundó una a pared del antepecho bajo. Y por el manantío de la fuente la Higueral, fueron los dichos antepechos o lienzos de pared de dos cuartas y media de grueso y llevaron perpiaños de tres a tres varas y buenas aceras, todo bien sentado y revocado de mezcla cal y arena sin tierra alguna mezclando por esta orden dos espuertas de arena y una de cal y hecha a contento de los comisarios. El suelo de la calzada se pisó muy bien y se dejó firme y llano asentando todo tipo de cascajo o zahorra de mayor a menor como en los gruesos de los caminos romanos, Se enlosó con chas cuadradas las paredes y los altos de los tapiales y se coronaron con unas bolas, también hubo un empedrado.

 





 

 

ERMITA DE SAN BARTOLOMÉ

Se encontraba dentro de la actual cerca que confluyen la carretera de acceso a la Mota y los caminos que bajaban a la Fuente del Conejo, Roahuevos y casillas Romero, se fundó en 14 de septiembre de 1550 por una petición al abad Juan de Ávila por parte de un grupo de vecinos que eligieron el nombre de san Bartolomé en 1649 por sorteo. La bendijo el obispo de Maruecos Sancho de Trujillo. El catorde de septiembre del mismo año. Era una ermita de letanías, donde había fundada una cofradía en 1554 0

 

dedicada a este apóstol. Junto a ella, existía un pozo y en ella se alojaron en los años treinta del siglo XVII los frailes capuchinos antes de la fundación del convento en la alameda de entrada de la ciudad en tiempos del abad Pedro de Moya. Fue abandonada en el siglo XVIII y se intentó convertirla en un cementerio. a principios del siglo XIX, cuyas trazas plasmó en papel Antonio Martín Espinosa de los Monteros. Este marcaba sus medidas “a 642 varas lineales de la última habitación de dicha ciudad. En dicho sitio hay una ermita desierta y para arruinarse con un pedazo de tierra de 72 varas de longitud y 68 de latitud que componen 4.896 incluyendo los gruesos y el cuerpo de la Iglesia”.

EL ARRABAL NUEVO

 


 

A partir del reinado de los Reyes Católicos, se amplió la ciudad desde la puerta del Arrabal de Santo Domingo, con diversos arrabales, entre ellos el Arrabal Nuevo, donde se encontraba las calles Cava y de los Mesones, y, por la parte de la puerta de Granada, el Rastro y Matadero, el entorno de la Puerta Nueva y el barrio de San Bartolomé. A través del estudio de varios documentos del Archivo de la Chancillería Real de Granada María José Guerrero y Lorenzo de Castro, sacaban estas conclusiones con las que estamos de acuerdo para el periodo comprendido entre finales del siglo XV y principios del siglo XVI:

Sin duda, el aumento de población determina que el concejo diera solares para la construcción de viviendas a todos aquellos que los requería. Desde tiempo inmemorial, la ciudad de Alcalá la Real tenía potestad para otorgarlos a los pobladores de dentro y fuera de la Mota. En el primer caso, siempre que hubiera un solar público. Todos los terrenos que en torno a 1520 ahora están edificados en los arrabales habían sido concedidos por el concejo a los vecinos y este además había señalado por donde iban las calles, y que la anchura podría oscilar entre ocho y nueve pies”.


De ahí que muchas zonas del Arrabal de Santo Domingo se vieran afectadas por esta política municipal urbanística y su aspecto semiurbano anterior había quedado definitivamente urbanizado con varios viales y la edificación de las viviendas en torno a las calles del Postigo, Pie del Torre de la Cárcel, Francisco de la Torre, de la Puerta del Arrabal en torno a los pies de la roca y el muro de la ciudad fortificada; las calles e Hernando de Moya, de la Escaleruela.  de Sánchez de la Guardia   y otras calles en torno al adarvillo de Moya, y en su interior, desde la Iglesia de Santo Domingo hasta la muralla que daba a las puertas de Cambrón / Granada, las calles de Pedro Jiménez de Martos, y de Pedro Fernández Torrevejano

Pero, donde se amplió el espacio urbano fue en la parte exterior de la muralla del barrio de Santo Domingo, lo que los anteriores historiadores ponen claramente de manifiesto:

Por la zona de la puerta de Martín Ruiz, había crecido mucho el barrio. Unos treinta años antes aquella parte era un muladar y, en el momento a que nos referimos, estaba muy edificada, aún mucho más habitada, y construida la Era de los Palacios, donde se habían levantado más de cien casas. También habían aumentado las obras en la calle de los Mesones y junto al adarve de la puerta del Arrabal”

           

MOVIMIENTOS DEMOGRÁFICOS DE LOS SIGLO XVI Y XVII

 

Durante los  siglos XV y XVI, el barrio o cuartel de Santo Domingo y sus aledaños tuvieron un amplio crecimiento demográfico gracias al asentamiento poblacional  de los elementos más activos de la ciudad: artesanos, labradores, campesinos, personal de servicios y clase bajas, lo que queda reflejado en el padrón de 1587, donde se registraban 141 vecinos en su barrio; pero el barrio de San Bartolomé albergaba 121 vecinos; y en las Entrepuertas, Lagares y aledaños 114 ( todos ellos intensamente ligados con el barrio de Santo Domingo). Hasta el siglo XVII, se mantuvo esta mentalidad de frontera y se presentó ante la Corona la defensa de la ciudad como un deber fundamental y, por conveniencia, como un manoseado ardid y fácil recurso para conseguir privilegios y recabar fondos con destino a conservar el anillo de murallas y sus torres. Además, sus habitantes se consideraban auténticos soldados de primera línea de frontera, en el inicio contra los cristianos o los musulmanes hasta la época de los Reyes Católicos, y posteriormente, contra los peligros de la frontera marítima a la que había que defender en el nuevo campo de la política exterior de la dinastía de los Austria. De ahí que fueran frecuentes las concesiones reales de parte de las penas de cámara y fisco con el fin de ser destinadas a la restauración de las murallas. Sirva de ejemplo, entre las frecuentes provisiones reales, la que, en 1582, se concedió una prórroga de esta concesión por veinte años y con un alcance valorado que rozaba los 24.000 ducados.         

 

            LOS ARRABALES NUEVOS Y    ACCESO AL BARRIO DE SANTO DOMINGO

 

En primer lugar, hay que partir del carácter militar del barrio de Santo Domingo y su indefinición territorial interior en los primeros momentos de su desarrollo urbanístico en tiempos de los musulmanes. Sus murallas, cerradas a cal y canto, impedían cualquier intento de penetración bélica al recinto de este Viejo Arrabal.  Así, según los datos de las actas de cabildo de 1492, tan sólo se permitía la entrada por una única puerta, y, esto dio lugar a que, en tiempos de los Reyes Católicos y con la nueva situación de conquista del reino nazarí y llegada de un largo y definitivo proceso de paz, se diera licencia en abrir la muralla por varios lugares y aumentara en nuevos vanos.  Por otra parte, por el hecho de encontrarse el arrabal en una fortaleza que era flanco de continuos ataques, en un se cuidó y se puso dificultades para el acceso directo entre el propio barrio y la ciudad fortificada, y, además, con respecto al resto de vías que se acercaban al castillo.

  A este barrio, su vez, se accedía exteriormente desde los caminos de Granada, de Priego, Castillo o de Jaén, por varias puertas: las del Arrabal, la de Martín Ruiz o del Cambrón, la de Granada y la de Zayde. A esta última desembocaba una calle, como lo manifiesta el Discurso de los Aranda”. Desde el suelo bajo de la calle, que es do está la puerta que dicen de Zaida, arrimada a la dicha torre(Nueva).”

Con la ampliación de los barrios adyacentes, la puerta del Rastro, la de San Bartolomé y la de la Peste jugaron un gran papel en otros momentos de peste y epidemia. Por consiguiente, la ubicación de las puertas definió el diseño urbanístico posterior de este barrio, porque el entramado vial arrancó de muchas de ellas o, al menos, reservan espacios abiertos al barrio.

 

ESPACIOS DE LOS ARRABALES NUEVOS.

 

 

 

PEÑA HORADADA

El barrio de la Peña Horadada hace referencia a la concentración más que a una peña horadada en torno a una cueva, de la que quedan restos de sus últimos alojados de etnia gitana al pie de la muralla de Santiago, a una acción o escaramuza entre miembros de la familia Aranda con un atrevido musulmán que los porfió en la lid de un duelo ante la muralla. Y el defensor alcalaíno dejó clavada su lanza hazconada en una tierra sobre la peña anterior a la Puerta Nueva. Por deformación de Hazconada se pasó a horadada y de ahí la confusión Este arrabal era un puro erial en 1636, cuando el hidalgo Andrés de Valenzuela y Mendoza compró una hazas y tierras en la parte del Cubillo y Puerta Nueva, que alindaba con la muralla y camino que iba va desde el Camino o calle de la Peña Horadada a parar a la Puerta Nueva. Eb concreto por este documento de compraventa se refería la Peña Horadada hasta el Cubillo arrimado hasta una peña sobre que se fundaba una torre a la muralla antes de llegar a la Puerta Nueva. En el tiempo de la compraventa se componía de una cantidad de tierra de labor de doce celemines y eran más bien un rodadero, que es un terreno pedregoso y con fuerte pendiente, en el que se producen fácilmente desprendimientos de tierras y guijarros, Al parecer inútil sin mostrarse ña calle empedrada de la peña Horadada. Para dejar libre la calle, había que hacer una pared para detener la tierra.

 

 

 

 

 

 EL RASTRO

 

Entre 1544 y 1545, siendo corregidor Francisco de Cherinos, se llevó a cabo una gran labor constructiva y comenzaron muchas obras relacionadas con el abastecimiento de la ciudad, entre ellas las del Rastro, que consistieron en labor de allanar y limpiar toda su calzada, e, incluso, en algunos lugares, se cubrió. Este es el caso de la situación que ofrece la zona próxima al Matadero Municipal, muy cercano al Rastro. Este texto de una libranza de libro de cuentas de 1544 del ayuntamiento alcalaíno, muestra claramente la funcionalidad del Rastro:Descárguenseles 4.028 maravedís a Alonso López Robledo porque fue a pregonar a las comarcas que trajesen ganado para el rastro, en 23 de abril de 1544”

PORTALES DEL RASTRO

Y demuestra que el Rastro debió ser una forma a medio cubrir para albergar el ganado por la libranza de ocho de junio de 1607: “La ciudad libró 22 reales a mayordomo de propios por los aver gastado en el reparo que se hiço de los portales del Rastro conforme al decreto de don Pedro de Frías, regidor, que va con la librança”.

. CALLE DEL RASTRO

 

En 15 de julio de 1571, se data la situación de existencia de una calle del Rastro: En este cabildo se mandaron librar 32.992 maravedís medio que se gastaron en el arrecife que se hizo en la calle del Rastro como consta por el memorial del gasto firmado por el alcayde Pedro de los Ríos”,

 

MATADERO

 

El Matadero era un edificio primordial de este lugar, donde se encontraba un compartimiento con un solo cuerpo, donde se romaneaba, un patio con varios nogales, y, otros cuartos de encerramiento para los animales y se llevab, junto con la casilla del peladero, donde se llevaban a cabo los primeros momentos de la matanza de animales.

Por un contrato entre e clérigo Felipe Figueroa, mayordomo del Hospital del Dulce Nombre de Jesús y Santa Caridad, arrendaba a otro clérigo Juan Gallego una corderuela, una especie de huerto, debajo del Matadero, lo que ilustra del aspecto semirrural de este amplio espacio en 1558. En esta especie de huerto, se arrendaba y era sembrada de alcacer o cebada por Antón Cano, lo que nos ilustra muy bien del terreno y urbanización de la zona.  

            Por una calle empedrada que salía de san Bartolomé se llegaba al Matadero, y desde el Rastro otra bajaba hacia el mismo lugar y desde allí se comunicaba por un camino de rondaba hasta la Puerta de Santiago, que ofrecía bastante peligro. Fue edificado en torno al 1529, año que se aportaron varias libranzas de los presupuestos de la ciudad para construirlo a cuenta de las rentas de las carniceras, pequeña y, menor y equiparlo de pesos de garfios de hierro y no de balanza. No debieron ser muy consistentes las obras que se realizaron por los años cuarenta en el Matadero, porque en 1543 se estaba reparando junto con el Rastro. En 1571, se empedró, y se cubrió con una techumbre de madera de pino y encina según las trazas de Jusepe de Oliva, se hizo un pozo para recoger la sangre y se remodelaron las pesas de la Carnicería.  (10.4000 tejas)

            Era un recinto rectangular rodeado de sillares labrados, edificado a principios del siglo XVI, albergaba un patio, un pozo, unas habitaciones o corrales donde se guardaba los animales, bajo la techumbre y colgadizos, los instrumentos de colgar los animales y balanzas.

Actualmente, se encuentra dentro de una finca particular donde se conservan las paredes de su cajón del edificio y se han descubierto tramos de la calle de descendida, denominada también del adarvejo, que se encontraba muy peligrosa por el empedrado descompuesto.  En 1689, por el informe del albañil Juan Calvo, el matadero se encontraba muy arruinado y no podían matarse reses ningunas y hubo que aderezarlo. Y, en un momento posterior, a finales del siglo XVII, en que comienzan a venderse los antiguos solares abandonados por solarines, huertos y pequeños predios, se acuerda lo siguiente, lo que demuestra el ambiente desolador de la zona:

Las murallas y torres de la cerca de ella están amenazando ruina y algunas caídas y en particular en el lienzo de muralla desde la Puerta Martín Ruiz hasta el Rastro, han echado y echan muchas cantidades de estiércol y tierra lo que ocasionan más ruina y que el paso de la Carreras y barrio de San Bartolomé y el Matadero lo han cerrado y cegado.  Ante esto, se ordena que se pague el reparo”. Pronto se trasladó a la ciudad del llano.

LA TRAMA URBANA Y LA VIVIENDA

 

Semejante al barrio de Santo Domingo, varias calles distribuyeron un gran número de casas más modestas como correspondían a sus numerosos vecinos que las habitaron intensamente, sobre todo, a partir del siglo XVI. Estos acuerdos ilustran del entramado de calles. En 15 de junio de 1576, calle de San Bartolomé al Matadero: “En este cabildo se mandaron librar 6.480 maravedís que se gastaron en el empedrado de la calle de San Bartolomé que sube al Matadero, como consta `por la copia del diputado y fe de la medida que mandan que baya con la libranza”. En 3 de agosto de 1576, la calle del Rastro al Matadero: En este cabildo se cometió a Juan de Narváez, diputado, fiel ejecutor, haga empedrar la calle que va del Rastro al Matadero, que es la calle del adarvejo, por estar muy mala e peligrosa atento que lo piden los vecinos e que la comienzan a empedrar en entrado el mes de septiembre primero.”

Y no olvidemos las calles que partían de la Puerta Zayde, denominadas de Cebrián Díaz, Alonso de Jerez y del mercader Alonso de Córdoba, y otra sin mencionar (Padrón de 1587).

 

 

La tipología de casas puede responder a los siguientes modelos:

-una casa hidalga, con dos cuerpos. Se accedía al primero, por una puerta abierta asimétrica a la casa frontal de su calle, portal, patio castellano con pilares y cobertizos y habitaciones para cocina, salón bajo, caballeriza, huerto con pozo; el segundo, aprovechando los desniveles del terreno que le serían de base   o una escalera artificial, se accedía a los cuartos de dormitorio; excepcionalmente, un tercer cuerpo, compuesto de pajar o una bodega subterránea.

Conforme avanza el tiempo, las casas reservan lugares para lagares, telares, tundidores, tintes etc. Con el fin de destinarse a estos fines, se ven favorecidas por un pozo que les surte de agua doméstica, de elemento fundamental de higiene limpieza y de riego básico para el pequeño huerto, lo que se manifiesta en estas palabras del cronista Guardia Castellanos:

 

Contrastando con la aridez y sequedad dominantes en la meseta del cerro de la Mota, debido a su conformación geológica, responde la abundancia de pozos enclavados en su ladera meridional, donde se alzaba el barrio denominado el Arrabal: las aguas pluviales depositadas en las mismas, al ser filtradas por las capas de tierra que la cubren,  si bien por lo reducido del área de la expresada  meseta no llegan a surtir toda la dicha ladera hasta llegar a la hondonada, emergen, en cambio, con riquísimas propiedades de potabilidad del fondo de los innumerables pozos enclavados en las proximidades de las murallas que coronan el cerro, lo que hace suponer que en cada casa que constituyeran el Arrabal, existiría un pozo. De los distintos que en la actualidad existen en los huertos y corraladas de dicho paraje, ninguno de ellos tan fresco y cristalino como los dos que hay en la antigua mezquita mora, hoy Iglesia de Santo Domingo, el uno que, en la plazuela de entrada, y el otro en un pequeño corral contiguo a la sacristía, y muy especialmente este último, el cual según dice, data de tiempos de la dominación sarracena”.   

A través de los contratos de compraventa y mandas testamentarias  de los documentos notariales, percibimos el encabalgamiento de una casa sobre otra y la ampliación de la vivienda a través de la excavación del subsuelo y  de la roca que conformaban  dos  formas constructivas muy peligrosas para la seguridad de los vecinos, pues provocaba caída de manzanas completas  de  viviendas y  de los fundamentos de muros, así como la  destrucción de la trama viaria original  estableciendo diversas capas de trama urbana, a veces, confusas e indescifrables para las investigaciones posteriores  Con las excavaciones y perforaciones de la roca del cerro, los vecinos  consiguieron  formar bodegas dentro de  las cuevas de la roca, cárceles para esclavos, cámaras o viviendas infrahumanas para criados, viudas y pobres de solemnidad, despensas, almacenes, pozos ciegos y de agua y sótanos, hasta tal punto que las autoridades se veían obligados a perseguir continuamente  cualquier abuso de infracción urbanística: “Cualquier home que quisiere cabar pozo o gabia o cárcel o sótano no debe fazer la caba cerca de la pared ajena”.

 

El paisaje urbano se completaba con tinas, cuadras y caballerizas en las casas de las familias más nobles, ocupando la parte baja; en otros casos, gallineros para las familias humildes: en ambos casos estableciendo la separación entre una casa y otra

           

            SIGLO XVII. COMIENZA SU ABANDONO

 

A partir de principios de siglo XVII, en la ciudad fortificada de la Mota y sus barrios anexos, se observa un descenso poblacional muy significativo que se registra en los padrones, censos y diversas listas de reclutamiento o de imposiciones., Como consecuencia de esto, teniendo como precedente que, a finales del siglo XVI, ya se inició también el paulatino abandono del Arrabal Viejo, de modo que todo este proceso de declive de estos barrios se culminó a finales del siglo XVIII.

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. En 1622, se produjo el primer paso de su derrumbe con la caída del arco de la puerta Nueva, a la Puerta de Martín Ruiz y al lienzo de muralla, que limitaba con la ermita de San Blas y las casas de Francisco Ramírez, que fueron reparadas, lo mismo que la Casa de la Justicia y la Audiencia que se celebraba en los soportales bajo los corredores.

            Dos flancos van a producir el deterioro del barrio: las calles colindantes con la muralla del Gabán y las Carnicerías, y, por otra parte, el flanco de muralla que daba al Rastro y lindaba con la calle Cava. 

            Son frecuentes los arreglos de la muralla a principios del siglo XVII. En concreto, por la zona de la Puerta de Martín Ruiz, se produjo un gran deterioro, que condujo a tomar una serie de medidas a los regidores del momento, que estaban muy acuciados con le crítica economía de aquellos años y hubo que echar mano a las rentas de los labradores de los cortijos de propios. Así se recogían, en un legajo de la subasta del reparo de las murallas, las obras programada EL RASTRO (consistentes en traer cincuenta perpiaños   y poner cal y arena y puntales y las cajas para la dicha muralla) y su correspondiente subasta:

Estando en el Llanillo de esta ciudad a altas boçes pregonó que quien quisiere hacer postura en una caxa que había de hacer en la muralla de la Puerta de Martín Ruiz, de seis baras de largo, y seis de alto, que parese de parte a parte de la dicha muralla, dejando dos caños para que el agua no se detenga”

O esta otra cita posterior perteneciente a principios del siglo XVII, en la que se encuentran un arrabal poblado y un sistema defensivo en pleno deterioro.

 

 Se alude una torre sobre las casas de Francisco de Herrera, que están en la calle de la Cava dentro de la cual cae y esta un torre , la que tiene una mala subida por el barrio de Santo Domingo, por donde suben muchos muchos muchachos y otras personas a jugar a la dicha torre, la qual, además de estar hecha un muladar, (…)ante la concavidad que tiene está muy maltratada y socabada con muy grande riesgo de ruina y ha que poner remedio (…)tiene a sus ojos la ruina desde otra torre que cae en el rastro de unas casas también la tienen y una casa sufre mucha por la escalera que suben a dicha torre, tienen a las casas , ……escalabradas personas y echan a perder los  tejados quebrando la teja y lo demás que hay en el patio…piden cerrar la dicha entrada y uso de la dicha torre, pide se repare”.

 

            En verdad que, los regidores de aquel tiempo eran conscientes del entramado amurallado que partía del cinturón de la muralla del Aire y alcanzaba los otros cercos, adarves y  red defensiva que se prolongaban hasta el cerco de San Bartolomé, del Rastro y Martín Ruíz. De ahí que, en el primer decenio del siglo XVI, no encontremos varios acuerdos referentes, al principio, al Rastro y sus corredores: Se ha caído todo el muro bajo la puerta del Rastro y la torre que estaba junto a ella.

Por eso, solicitaban la prórroga de las penas de Cámara, como en 1612:

atento  a una torre cuadrada que está en sitio  lado de la Puerta Nueva a la mano derecha se está cayendo y se teme que se lleve a otras , y el lienzo de la muralla que está en el Barrio de San Bartolomé, y así mismo , un cubillo que está delante de la misma torre amenaza  ruina  y hacerlo y otra cosa de sus propios que ella tiene y el Castillo y fortaleza , que cuando no fuera de importancia conservarlo por su antigüedad y efectos , que se hicieron contra los moros del Reino de Granada, era justo sostenello y quede mayor consideración es que si amenazase a desmantelarse y arruinarse no tiene propios ni caudales esta ciudad aunque  benda aquellos que tiene en propiedad  para reedificarlos  ni la iglesia  caudal ni renta conque hacer ninguna cosa si sus edificios y casas se perdiesen , pues notorio lo que ha pedido el prelado.

 

HACIA LA DECADENCIA DE ESTOS BARRIOS

 

Pero no puede ser una cita más explicita que la del cabildo de 19 de junio de 1668, en la que la Carrera casi ha desaparecido y el matadero, en 1689, ya es un edificio en ruinas, por lo que solicitaba una restauración, o, el traslado a otro lugar. Pero no puede ser una cita más explicita que la del cabildo de 19 de junio de 1668, en el que se ordena que “las murallas y torres de la cerca de ella están amenazando ruina y alguna caída y, en particular, además de ello, en el lienzo de la Muralla desde la puerta de Martín Ruiz hasta el Rastro han hecho y echan muchas cantidades de estiércol y tierra, lo que ocasiona más ruina, y que el paso de la Caserías y barrio de San Bartolomé y el Matadero lo han cerrado y cegado. Aluden que es necesario repararlo, para servicio de Su Majestad y por ser Muy Noble y Leal Ciudad.  

           

           

 

DECADENCIA TOTAL

 

Y, como resumíamos en el segundo tomo de la Historia de Alcalá la Real.: “A mediados del siglo XVII, Alcalá se había quedado completamente arruinada y endeudada por los diversos esfuerzos económicos que tuvo que aportar a la política nacional en las guerras y otros servicios a la Corona; además, durante seis años, sufrió las duras consecuencia de la sequía y de una peste que culminó en 1682, esto sin olvidar la baja de la moneda y la ausencia de comercio. En medio de estas circunstancias, la Mota se encontraba, por esta fecha,  completamente despoblada  y no vivían sino cuatro o cinco vecinos, los corredores de la  plaza  se habían transformado en los pajares de las caballerizas de los regidores y jurados,  los pocos vecinos de los barrios de San Bartolomé  y de la Peña Horadada  abandonaban sus casas y solares , en los de la nueva ciudad hacia el Llano,  construían nuevas mansiones con materiales reutilizados de sus antiguas casas; edificios públicos como el Matadero se encontraban en similares  circunstancias. Este panorama recogía un  acta de 1682:la peste a obligado a dejarse de cultivar muchos de sus campos, que eran el fruto  con que se mantenían los naturales, por lo qual dejan sus casas y se ban  a otras provincias, como se ha reconocido en la ruina,  que,  desde  dos años a esta parte,  se hallan barrios y calles, acortándose el número cada día, pues en el de la Mota que había 350 vecinos sólo han quedado quatro, en el de Santo Domingo de setenta han quedado catorce o quince, en el del Rastro  de sesenta y cien, sólo han quedado doce; el de san Bartolomé y Peña Horadada, de ciento cincuenta o cien sesenta . dieciocho; en el de san Sebastián, de cien vecinos han quedado veinticuatro; el de San Blas, Cava hasta la Cruz de Piedra; en la Cava de ciento sesenta a treinta; y, en el de la Cruz, la tercia parte que avía , sin otras muchas casas arruinadas y dejadas perdidas del todo, lo que no llega el número de los que perviven en esta ciudad, tomando pobres y viudas, de 1.500 vecinos, quando se regulaba tres mil”.

. Como  consecuencia  de ambos movimientos de poblamiento,  estos barrios, de predominio campesino, fueron los primeros en sufrir las consecuencias y se vieron obligados a trasladarse a los nuevos núcleos rurales para asentarse en los nuevos poblamientos  que se ubicaban en terrenos de propios y eran concedidos  por el propio ayuntamiento, y, por ende, el recinto fortificado mostró un declive significativo, no apreciándose en este tiempo la continuidad ni la habitabilidad en el barrio de Santo Domingo, que sólo, mantenía en pie su iglesia y el lienzo meridional de la muralla, mientras gran parte del poblamiento de  la zona  oriental había desparecido en torno a la ermita de San Blas y la Puerta de Martín Ruiz. Como decíamos anteriormente: “Dentro de la fortaleza, se observa en el grabado de Piero María Balde en 1669, el Arrabal Viejo de Santo Domingo de Silos, con su iglesia y un barrio de trama musulmana comunicando por el alta con los majestuosos edificios del barrio de la Mota, que sirven de tapial y segunda muralla debido a su elevada altura que alcanzaba los tres pisos en contraste de las casas del arrabal”.

 

                                    SIGLO XVIII. CASI UN TERRENO DE PROPIOS

 

En el siglo XVIII,  se producen dos  acontecimientos muy  significativos en el municipio  alcalaíno: por  un lado, se completa  la  ruralización de una  importante  parte de la población  de la ciudad de Alcalá la Real estableciéndose en los partidos  la nueva  ciudad de Alcalá la Real gracias a la ampliación  y  continuidad de los repartimientos reales  entre  las  clases más populares, y , por otra parte, prácticamente  la mayor parte de la población se extendió por completo entre los dos cerros, el de la Mota y los Llanos, donde se formó un rectángulo, atravesado por el Llanillo y la  calle Real, a las que convergen `perpendicular y paralelamente una serie de calles cardinales y decumanas A consecuencia de todos estos movimientos, los antiguos solares abandonados-convertidos en  tierras de labor- comienzan a subastarse   y ser colonizados por nuevos labriegos siguiendo la línea de repartimiento establecida por Carlos III para favorecer a la agricultura  entre las clases menos privilegiadas.  Es verdad que los terrenos del Ruedo, el Barrero y las Azacayas fueron los primeros a los que les afectaron estas medidas. Pero, en 1785, ya aparece en el recudimiento de propios una suerte pequeña referida a los terrenos en torno al Matadero Viejo, quedando el resto de solares abandonados en propiedad de la iglesia o de particulares, porque hasta 1823 tan sólo se reparte este lugar entre los vecinos como bien municipal de propios.

 

A continuación, ya avanzado el siglo XIX, le seguirán los de la Peña Horadada, el arrabal de San Sebastián, el de San Bartolomé, Santo Domingo y algunos huertos del Arrabal Nuevo. Sería muy extenso clasificar todos estos nuevos terrenos convertidos en suerte de labor en manos de sus respectivos particulares, pero ejemplos de su nuevo panorama rural frente al anterior espacio urbano. En 1771, el administrador de la absentista Baltasara de Sotomayor incluía entre sus numerosas propiedades y bienes inmuebles, dos fanegas en Barrero, cinco fanegas en el Prado de San Sebastián, una fanega en el Rastro, otro celemín en el mismo sitio, otro en la Placeta que llaman de San Juan “que antes fue solar”.  Curiosamente, este terreno se encontraba dentro de la fortaleza, como propiedad del ayuntamiento, y, por este año, ya se lo había hecho propio, porque en 18 de diciembre de 1652, se le dio licencia “para el adarvillo de la Puerta Nueva, que lindaba con Pedro de Medina, siempre por 20 años y reservando la propiedad municipal. Baltasar Serrano de Pineda, cinco fanegas en Peña Horadada y una en Carrera de San Bartolomé.

           

 

 

           

            A consecuencia de todos estos movimientos, los antiguos solares abandonados-convertidos en tierras de labor- comienzan a subastarse   y ser colonizados por nuevos labriegos siguiendo la línea de repartimiento establecida por Carlos III para favorecer a la agricultura entre las clases menos privilegiadas.  Es verdad que los terrenos del Ruedo, el Barrero y las Azacayas fueron los primeros a los que les afectaron estas medidas. Pero, en 1785, ya aparece en el recudimiento de propios una suerte pequeña referida a los terrenos en torno al Matadero Viejo, quedando el resto de solares abandonados en propiedad de la iglesia o de particulares, porque hasta 1823 tan sólo se reparte este lugar entre los vecinos como bien municipal de propios. A continuación, ya avanzado el siglo XIX, le seguirán los de la Peña Horadada, el arrabal de San Sebastián, el de San Bartolomé, Santo Domingo y algunos huertos del Arrabal Nuevo. Sería muy extenso clasificar todos estos nuevos terrenos convertidos en suerte de labor en manos de sus respectivos particulares, pero ejemplos de su nuevo panorama rural frente al anterior espacio urbano. En 1771, el administrador de la absentista Baltasara de Sotomayor incluía entre sus numerosas propiedades y bienes inmuebles, dos fanegas en Barrero,  cinco fanegas en el Prado de San Sebastián, una fanega en el Rastro,  otro celemín en el mismo sitio, otro en la Placeta que llaman de San Juan “que antes fue solar” Curiosamente, este terreno se encontraba dentro de la fortaleza, como propiedad del ayuntamiento,  y, por este año,  ya se lo había hecho propio, porque en 18 de diciembre de 1652, se le dio licencia” para el adarvillo de la Puerta Nueva, que lindaba con Pedro de Medina, siempre por 20 años y  reservando la propiedad municipal.. Baltasar Serrano de Pineda, cinco fanegas en Peña horadada y una en Carrera de San Bartolomé”.

 

 

 

 

 

SIGLO XIX

 

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Prácticamente, en los barrios colindantes ya no existe población; y los edificios públicos y religiosos son “un montón de ruinas cuyos materiales fueron vendidos hace pocos años y transportados a la población”.

 

La mayoría de bienes inmuebles fueron vendidos a partir de finales del siglo XVIII y siglo XIX (desamortización de Godoy, Mendizábal y Madoz) y cayeron en manos de la burguesía alcalaína. Primero, le tocó la suerte al paraje de San Bartolomé, que se transformó en olivar, regentado por la familia Vigas, luego los solares y ermita de san Blas, que cayó en el segundo decenio XX en manos de la familia Fernández Anchuela; finalmente el convento de las Monjas Trinitarias.

 Y, hasta muy avanzado el siglo XX, el descenso de población y el poblamiento decae profundamente y, tan sólo, se mantuvieron varias casas en las Escalerillas y en la calle de la Cruz de Piedra., incluso en 1901, la iglesia de San Blas mostró los primeros síntomas de su ruina que se plasmaron definitivos en el segundo decenio de este siglo vendiendo sus enseres a la familia Fernández Anchuela. Pero la muralla y el barrio de Santo Domingo siempre prestaron una fisonomía peculiar a la ciudad de Alcalá la Real con sus restos de una urbanización medieval y las huellas de un asentamiento muy importante en el dinamismo de la nueva ciudad.

 

En conclusión, de a acuerdo con las fuentes escritas, el Arrabal Viejo y sus alrededores fue un espacio urbano que se desarrolló a lo largo de la historia de la ciudad de Alcalá la Real ofreciendo diversos paisajes:

-No está constatado asentamiento urbano en el Cerro de los Palacios y en todo el cerramiento de la tercera zona mural durante la época musulmana, sino más bien un aspecto semirrrural con predominio de huertos, solarines y, tan sólo, utilización de la parte baja del cerramiento de la segunda muralla. Sin embargo, hay vestigios de culturas prehistóricas en el asentamiento humano de las cuevas de su entorno.

-A partir del siglo XVI, se desarrolla la urbanización completa de todo el barrio de Santo Domingo y el denominado Arrabal Nuevo con otros barrios, varias calles y nuevos accesos (Peña Horadada, San Sebastián, San Bartolomé, Matadero, Rastro, Puerta Zayde, Cava, San Francisco y los de la ciudad del llano).

-El cerramiento y la demarcación de los barrios de Santo Domingo y sus exteriores sufre una gran decadencia desde el siglo XVII que culmina finales del siglo XX con la despoblación total y la transformación en eriales y terrenos cultivables, recuperada recientemente por el Ayuntamiento para la ubicación de un futuro parador.

 

 

 

MURALLA DEL RASTRO

            Se adentraba al Rastro por una muralla debajo de él y una puerta y estaba adosada una torre a su lado. El Rastro estaba formado por soportales, donde se cobijaban los ganaderos y comerciantes (16o7). Fue una obra de los años cincuenta del siglo XVI según testimonian las cuentas del año 1544. Pero, el camino de arrecife con unos ronzales o tramos de sujeción fueron obra de 1577 y se extendían hasta la puerta de Santiago. Frente al Rastro se encontraba un muladar, por tanto, estaba fuera de la muralla actual. Pero veinte años más tarde se cayeron por ser obra de poca cimentación.

MURALLA DE LA PUERTA NUEVA

 

            En torno a la Puerta Nueva se levantaba la muralla del mismo nombre, por cuya puerta se entraba y solía estar colocada una imagen. Era una zona de muladares y escombrera de la ciudad fortificada de la Mota.  Otro aspecto de este arrabal era el carácter semifortificado de los alrededores de la ciudad fortificada:

 

            Y esta vez la escaramuza fue en la era que dizen de los Palazios, que es junto y fuera del Adarve Nuevo, que está fuera de los zimientos, en el arrabal de la Puerta Nueva. Y después de cansados de escaramuzar los unos y los otros se retiraron los moros al cabo de dichas eras, hazía las viñas que juntan con ellas. Y los christianos, arrimados a un palenque de madera que para su defensa tenían hecho, que iva desde el dicho adarve asta zerrar y juntar con una torre que dizen del Espezería, que está poco arriba de la peña Hazconada, a do Juan Sánchez de Arjona, su padre, como arriva se dijo, avía enclavado el moro”.

CALLE DE LA PUERTA NUEVA

 

            Desde la Puerta Nueva en dirección frente a la ermita de San Bartolomé, salía   una calle y, en tiempos del alcalde Gamboa, se intentó arreglarla, lo que no sirve para describirla y su entorno urbano:

Su merced  el alcalde mayor dixo que visitando las calles públicas de esta ciudad llegó a la Puerta Nueva que está  en los muros de esta ciudad a la parte que mira a San Bartolomé y bio como toda una calle que está hundida,  y por ella no se puede pasar e ynformándose se supo  que es de las calles públicas acostumbradas por donde el día del Corpus Christi  pasa la procesión  y. quando ay alguna execución de justicia y pasa por alli y por estar cayda hundiéndose , el día del Corpus que  ahora paso no paso por alli  la procesión  porque su ruina  impidió el paso por ser calle publica,  que ay casa principales en ella, cuyo adorno y pulicia pertenece a esta ciudad  y su merced viéndolo  procuro remediar lo y por la parte por donde estava edificado;  que es la cayda no tiene dueño que la redifique, porque sus poseedores, que  fueron de los solares que oy parecen son muertos ausentes y otros pobres que an desamparado , y por hallarse presente en esta ciudad unos maestros de cantería portugueses los mandó llamar y vieron lo que era necesario par el reparar y, que sacasen en cimiento desde los firme de la tierra sacando por lo alto de la cale bara y media de pretil  con un una piedra labrada  por cima y con seis de estribo,   todo lo qual lo concertó  lo tomarían a destajo y por su quenta  hasta dar lo acavado  y por tener allí sus casas don Francisco de Pineda  y el alcaide don Antonio de Gamboa y resultar les  el provecho  adorno de sus casas a concertado con ellos den dos partes del costo del dicho reparo y la ciudad ayuda con la otra y para que se provea lo que conbenga  a que importa la ciudad el adorno y pulicia de las cosas públicas.

La ciudad aviendo entendido la propuesta del señor alcaide, ayer acordó se den a Melchor de Góngora mercader 40 ducados con los quales el alcaide don Antonio de Gamboa y don Francisco de Pineda Góngora an de dar lo demás necesario para acabar de hacer la dicha obra en la forma referida a contento de la ciudad sin que aya de dar otra cosa ninguna la ciudad, este pagaba a los maestros

 

 

            AL PIE DE LA TORRE DE LA CARCEL REAL; LA PUERTA ZAYDE.

 

Desde la Puerta Zayde, descendía un lienzo de muralla, a cuyo lado se encontraba el Rastro y el camino y calle, que se asentaba sobre un revellín, hacia la PUERTA NUEVA. Más abajo, lo que hoy llaman el camino de san Bartolomé (correspondía con la carrera de los Caballos).   Al pie. de la Torre Nueva o de la Cárcel la, en los primeros años del siglo XVI, la puerta Zayde  se abría con una portada y sobre ella un adarve, realizado en 1544 por Lope Garrido. Cmunicaba con una calle empedrada hasta la casa de Cristóbal de la Peña y calle del Rastro Comenzaron n a asentarse los vecinos en solares colindantes a la calle a partir de 1544.   En la actualidad se encuentran los primeros sillares de la base del arco de entrada de esta puerta y el empedrado de su entrada.

PASEÍLLO DE VINUESSA

 

Es un recinto adosado a l lienzo de la muralla, donde se encuentran ciertos soportales por el arranque de varios pilares, que podrían corresponder en algunos momentos con la alhóndiga.  Actualmente, se ha limpiado y se ofrece como un espacio lúdico para el ocio. Esta flanqueado por torreón cuadrado, sobre el que se colocó un cañón de artillería en la Guerra Civil Española, cuyos enganches de hierro se perciben todavía. Cercana estaba la Puerta de Granada, hoy un portillo, del que solo queda el testigo de un torreón.  

 

TORRE LADEADA

 

 

            Es una torre cuadrada, que se derrumbó al principio de su construcción, actualmente es un testigo de la defensa de los barrios bajos de la fortaleza. Siempre se vio cuestionada para su derribo por el peligro que amenaza a los vecinos de la Cuesta del Cambrón. Un testimonio de ello recoge el acta de Ayuntamiento de 9 de octubre de 1849, en la que el vecino Antonio Medina en nombre de sus compañeros, pidió a la corporación le sírvase a concederle el permiso para el derribo de la Torre ruinosa, que se encuentra en las murallas de la Mota, conocida por la “ladeada”, y el ayuntamiento para la obra acuerda pedir informe a la Comisión de Ornato Público”.

 

 

 

ENTRADA DE LA PUERTA DEL CAMBRÓN

 

 

            Era la entrada principal para la ciudad fortificada partiendo de Granada y de toda la Alpujarra por el camino de la Cuesta de El Cambrón, que, en su tramo final se hallaba empedrado, se consideraba la principal y, por lo tanto, se obligaba a tener arreglada pues los vecinos vertían la basura y, en sus alrededores ofrecía un aspecto poco adecentado, lleno de muladares y escombros de las casas.

 

            En este paraje, existió el primer calvario o Vía crucis de la ciudad a mediados del siglo XVI hasta que se trasladó al Cerro de las Cruces

 

 

ERMITA DE SAN BLAS.

Gracias a la iniciativa Urban II, financiada con fondos europeos y del propio ayuntamiento alcalaíno, se creó en 2017 un espacio de ocio donde anteriormente se ubicó la ermita y otras dependencias de San Blas. Dicho espacio simula con una silueta metálica el esqueleto de la iglesia y se mantiene la planta del templo, así como testigos de las anteriores capillas y sacristía junto con la antigua portada de medio punto, muy del gusto de la cantería de los años veinte del siglo XVI. El culto de san Blas se remonta a una capilla fundada por la familia de los Villalobos en la iglesia Mayor Abacial.  Pero, desde el siglo XVII se trasladó la devoción a la ermita colocada cerca de la puerta de Martín Ruiz, junto a las casas de Francisco Ramírez. Dicha ermita fue realizada por la propia iglesia de Santa María la Mayor a cargo de antiguos censos de devotos y con el impulso del beneficiado don Diego de Castro Villalobos entre 1617 y 1620. Se erigió por la gran devoción que existía en la ciudad a este protector de las enfermedades de la garganta, que se celebra el tres de febrero y por muchos años se declaró fiesta oficial por ser patrón de la ciudad. Se componía de una planta de cajón, orlada con varias capillas laterales, en donde se veneraba San Roque, san Lázaro y al Cristo de la Salud, dentro de un retablo con una capilla barroca. Esta imagen despertó muchos fervores entre los campesinos hasta el punto que se convirtió en una hermandad que no decayó su culto desde su fundación. La ermita se utilizó de hospital de epidemias. Y su templo se vendió en los años veinte del siglo pasado a Salvador Fernández Anchuela, cayendo en manos de particulares y transformándose en una simple vivienda, de la que no quedaron apenas restos de sus dependencias. Las imágenes se trasladaron al cercano templo de San Juan Bautista, donde pervive una copia de la imagen del Cristo de la Salud presidiendo su altar mayor,

                                    PUERTA MARTÍN RUIZ

. Por una calle empedrada que partía desde la puerta de Santiago, pasaba por el Rastro y se llegaba a la puerta denominada también de Martín Ruiz, de la que se conservan el arranque de los pilares de su arco de entrada y una pequeña escalinata por albergar cercanas la casa de Martín Ruiz Nieto. Muy cercana a la Ermita de San Blas, estaba situada a la izquierda de las Escalerillas de Santo Domingo, Por encima de la puerta había una calle que daba a las Escalerillas, entrada de la ciudad y de los vecinos hacia la iglesia de Santo Domingo de Silos.  En su entorno llegaba el anillo exterior de la muralla y se formaba una rinconada antes de la erección de la ermita en forma de muladar. Siguiendo por la actual calle Cava, un vial reconstruido en los últimos siglos se llega a las escalinatas del Centro de Información de la ciudad fortificada de la Mota.

 

                                               PUERTA DE ARRABAL

 

            A través de la subida de la Carrera de los Caballos, se llegaba a la Puerta del Arrabal. Actualmente, se conserva un arco apuntado que da acceso al bosquecillo de pinos que cubre los restos de las calles del Arrabal Viejo.