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domingo, 29 de marzo de 2026

HOY, EN LA SEMANA DEL JAÉN . RUTAS CAROLINAS EN 1526.

 

 

II

 

 




Realizar la ruta carolina por la provincia de Jaén muestra un claro sello de medidas reales y de influencia renacentista en diversos campos. En Alcalá la Real, debió corresponder a la lealtad con que había recibido en tiempos del levantamiento de la guerra de las Comunidades, con su doble presencia en un mismo año y el clasicismo renacentista de la Puerta de las Lanzas, así como el pilar de la fuente de los Álamos, obra de artistas de origen italianos ( se cita en los documentos un Florentino casado con una vecina alcaláina, y Martín de Bolívar, ambos relacionados con Siloé  y)  que se encuadran en el círculo artístico de los edificios granadinos a expensas de la presencia carolina. No es casual que la familia de  los artistas Raxis Sardos se avecindaran en la ciudad de la Mota. Destaca el Pilar de los Álamos, de Alcalá la Real, construido en 1552, de reducidas dimensiones con respecto a las mencionadas, pero con espléndida labor escultórica en relieve de figuras de tenantes sosteniendo la heráldica convencional y unos fantásticos grifos, que nos conducen al taller que Diego de Siloé había instaurado en Granada, ciudad que por su proximidad mantuvo estrechas relaciones artísticas. Alcalá la Real en su moderna configuración urbana al extenderse al «Llanillo», bajo la fortaleza de la Mota, es deudora también de la importancia de la ingeniería hidráulica y en consecuencia de la impronta de la arquitectura relacionada con ella, aunque debió perfeccionarse en el siglo xvii o finales del xvi a juzgar por el «arca» del agua que se conserva, al pie del cerro de San Marcos, que responde al tipo de pequeña torre prismática similar a otras realizadas en Castilla, y la primitiva fuente de La Mora (hoy totalmente reformada), pero que, por los documentos,  fue  también monumental, frente al convento franciscano de Consolación con la presencia de Machuca tan relacionado con tierras italaianas.

Ya hizo el reconocimiento al señor de Alcaudete en la ida y quedó la huella de su tiempo en obras como la iglesia de Santa María la Mayor.

Pero las otras poblaciones, donde realizó la estancia de  al menos un día, destaca el interés del emperador por el rango y el interés para visitarlas. Martos, cabeza de una importante circunscripción territorial de la Orden de Calatrava, el renacimiento dejó su huella  en diversas obras como la Fuente Nueva, la Cárcel  Real y Casas de Cabildo.

Igual que  en Alcalá la Real que era la capital de su abadía y  muy leal ciudad, por su parte Jaén, cabeza de la diócesis, de arraigada lealtad a la Corona de Castilla desde el siglo xv, pero además con relaciones personales también de confianza con la aristocracia de la ciudad.

Está claro que la ruta carolina se acrecienta en las décadas posteriores con la adopción sistemática del lenguaje clasicista  en la arquitectectura pública y el impacto evidente de la cultura oficial. Esta se adaptó a raíz del viaje de Carlos V a Italia en 1529 con motivo de su coronación imperial en Bolonia. Pero, recogiendo su presencia con estas palabras del profesor Galera,  en el ámbito eclesiástico diría que alcanza las cotas más elevadas en los nuevos templos o reformas de los antiguos, particularmente en el caso de las catedrales. La de Jaén, a este respecto, es ejemplar. En Jaén, contaba con el Señor de Torrequebradilla, Antonio Fernández de Córdoba, quien fue macero real y maestresala de la emperatriz Isabel. Además esta pequeña nobleza, muy rica, prestó dinero para las campañas militares de Carlos V, aparte de los Córdoba, Rodrigo Mexía, Señor de La Guardia, por ejemplo. Por supuesto, Jaén figuró durante su reinado y posteriormente con el privilegio de voto en Cortes, restringido a pocas ciudades e incluso durante un breve tiempo (1537-1538) lo tuvieron también Úbeda y Baeza.

Estas dos ciudades  ofrecen un relato histórico diferente a la ciudad abacial de la Mota, porque estuvieron implicadas en la guerra de las Comunidades. Pero rectificaron aportando milicias urbanas a favor del emperador, e incluso este giro con la erección de monumentos arquitectónicos para celebrar la victoria real, como el arco construido en Baeza en 1522 para conmemorar la batalla de Aralar. Pero sobre todo el entorno de la comarca se señalaría por el origen ubetense de Francisco de los Cobos, el poderoso secretario, y su pariente Juan Vázquez de Molina, ambos presentes el día de la entrada del César en Úbeda. Este no se ciñe a estos personajes sino a otros como los corregidores alcalaínos relacionados con estos personajes ubetenses ( Andrés de Torres, Hernán Pérez de Torres, Francisco Chirinos ). En concreto, visitó estas ciudades que jugaban un gran papel como Baeza, donde pernoctó y fue recibido con solemnidad. No podemos olvidar Andújar y Úbeda, donde dejó una fuerte impronta renacentista y personal ligada a Francisco de los Cobos. 

La visita  a todas estas ciudades, como se recoge en la placa de la puerta del Peso de la Harina de la fortaleza de la Mota,  recuerda  el ritual de la visitas reales medievales, con el juramento por parte del monarca de guardar los privilegios concedidos por sus antecesores a las ciudades, sin el aparato festivo de arquitecturas efímeras y cultismos poéticos de otras ciudades. Pero esta ruta deja notar la impronta imperial que «se expresaba simbólicamente por medio de la arquitectura clásica». Esta  no se encuentra en la puerta de la Harina de Alcalá la Real ni en el citado Arco de Baeza, ni en la Puerta de Jaén, contigua al arco, que se construye con motivo de la visita, pues estos dos  se diseñan en forma de arco apuntado. Pero, la visita  desde la Sierra Sur hasta Vilchez  permite la contemplación de una arquitectura de lo «Público» que se erige en el antiguo Reino de Jaén adoptará el lenguaje clasicista o al «Romano» o «Antiguo», que identifica al reinado a partir de 1530. A partir de esta fecha y hasta la muerte del César Carlos, en las décadas centrales del siglo, es cuando se llevan a cabo las empresas arquitectónicas y urbanísticas que acabarán transformando la imagen medieval de los principales núcleos urbanos jiennenses en otra acorde con la época moderna renacentista.

En la ruta carolina, no se puede olvidar el ambicioso proyecto de colonización de la Sierra Sur de Jaén que había estado despoblada prácticamente hasta el tiempo de Carlos V, con la creación de los núcleos  Los Villares, Valdepeñas de Jaén, Campillo de Arenas, y otro, el mayor y de más interés urbanístico y arquitectónico, Mancha Real, al este. Recorrer sus calles es palpar su  trazado ortogonal, como ya venía siendo norma desde la Antigüedad clásica y renovada en las «bastidas» europeas bajomedievales, desarrolladas igualmente en la península ibérica, la nota diferencial será el de su arquitectura, tanto religiosa como civil, que concentrada en la plaza principal en el centro de la población se revisten del lenguaje renaciente. El mejor ejemplo, como apuntaba, es Mancha Real, cuyo plano de 1537, signado con el escudo imperial del águila bicéfala y las columnas del emblema carolino «Plus Ultra» conservado en el Archivo de la Chancillería de Granada, da una fiel estampa de una población modélica de tantas otras, que en fechas posteriores, proliferarán en la América hispana. Articulado el núcleo por dos viales de mayor anchura que se cruzan en la plaza, al que cortan otros más estrechos secundarios, la retícula se conforma por largas hileras rectangulares divididas longitudinal y transversalmente en unidades menores abiertas a una y otra calle. En la plaza se dan cita además de la iglesia, un templo columnario de tres naves cubierto con bóvedas esféricas y baídas, en la línea del arquitecto Andrés de Vandelvira, aunque se terminara en el siglo xvii, la casa Ayuntamiento y frente a él alhóndiga y pescadería.

Este interés por los equipamientos públicos en villas y ciudades, si bien ya iniciados por los Reyes Católicos alcanza su pleno desarrollo bajo el reinado de su nieto, no siempre con una nueva arquitectura, aunque sea la tendencia dominante, pero sí con el sello heráldico del nuevo monarca. El caso tal vez más ejemplar son las antiguas casas consistoriales de Baeza, situadas en la plaza de Santa María en lo que fueran casas del caballero Gil Bayle de Cabrera, arrimadas junto a la cabecera de la catedral. Cedidas para el uso concejil a fines del siglo xv y reformadas en la regencia de doña Juana (1511) todavía con ornato gótico, se le añade un nuevo cuerpo en 1526 en el que ya se aprecian motivos renacentistas, pero sobre todo un ostentoso despliegue heráldico en sus dos fachadas principales del mismo tenor que el reproducido en el plano de Mancha Real. A la heráldica real le acompañaba, como también sería preceptivo, las armas del corregidor y de la ciudad, en este caso las de don Álvaro de Lugo, en la fachada abierta a la plaza, bajo las imperiales y a menor tamaño.

La importancia de este ornato emblemático en la arquitectura española se convierte en una de sus señas de identidad de mayor peso y especificidad, sin duda atenta a la tradición nobiliaria de signar la morada con el preciado timbre heráldico. Al respecto resulta muy significativo lo que escribe un buen conocedor de la arquitectura clasicista, el toledano Francisco de Villalpando, traductor de Sebastiano Serlio, y arquitecto él mismo, en la introducción a la edición española de la célebre obra teórica italiana. Pondera Villalpando, en la mejor línea de la magnificencia de un príncipe, la importancia de la arquitectura en la medida que ésta hace «visible» toda la grandeza de aquél, que las crónicas y otros discursos escritos solo hacen «audible», para concluir en su reflexión que …aunque lo scripto este muy autorizado lo estará más con las armas o las estatuas de los fundadores8.

Por su parte el humanista baezano Gaspar Salcedo de Aguirre (1545-1632) resaltaba el papel del corregidor tanto en la construcción de las «obras provechosas y vistosas» para la ciudad, como en su reparo …porque con estas cosas se enriquecen, adornan y ennoblecen, quedando fama y gloriosa memoria por algunos siglos de la persona que las mandó fundar9.

Una operación similar a la del viejo ayuntamiento de Baeza es la llevada a cabo por el mismo corregidor y en la misma fecha, ahora expresamente para conmemorar la entrada del emperador, la Puerta de Jaén, ya citada, que ostenta el mismo despliegue de escudos insertos en una estructura de factura gótica. La idea de grabar las armas del emperador sobre las murallas de la ciudad con motivo de su entrada se repite en Alcalá la Real, en la bóveda de la Puerta de acceso a la fortaleza de la Mota, si hemos de creer al cronista A. Guardia10. Este sellado de las ciudades con las armas reales, que se repetirá en Úbeda en la Torre del Reloj junto a la Puerta de Toledo, aunque en este caso con las armas de Felipe II con motivo de su visita a la ciudad repitiendo el mismo ceremonial que tuvo lugar en 1526, señala de forma elocuente no tanto la condición de realengo como de fidelidad a la corona por parte de la ciudad, sobre todo por el contexto histórico en el que se produce.


Sedes del poder civil; establecimientos relacionados con almacenamiento y distribución de alimentos; fuentes y obras de infraestructura hidráulica constituyen el programa de renovación urbana que se van a realizar en esas dos o tres décadas centrales de la centuria. Entre los primeros, ya hemos mencionado el de las casas consistoriales de Baeza. Desaparecidos la mayoría de los edificios de Ayuntamiento de esos años que tuvieron vestigios imperiales, como el de Jaén, sólo mantiene en su fachada, reformada después, escudo imperial el ayuntamiento de Pegalajar, villa próxima al entorno de los núcleos de colonización citados. Igual suerte han corrido las Casas del Corregimiento, aún cuando éstas eran escasas. La única conservada con su cuerpo principal es la de Baeza, gracias a que en el siglo xix pasó a ser sede del Ayuntamiento de la ciudad, mantenida hasta hoy. Compuesta por el cuerpo residencial y representativo y el edificio de Cárcel Real, adjunto, nos parece una obra de enorme interés para aproximarnos al que hubo de ser el gusto en arquitectura por parte de las élites de poder. Dentro del empleo sistemático del lenguaje clásico, sin embargo nos llama la atención el uso de elementos muy novedosos para ese momento como es la elección de la «serliana» (vano de arco y dintel) derivado del repertorio ornamental del tratado italiano de Sebastiano Serlio, para todo el balconaje del piso noble, junto con una profusa decoración de grutesco, más propio de un primer renacimiento o «plateresco», variante estilística que perdura en el tiempo, al igual que el gótico, en nuestro peculiar y complejo renacimiento hispano11. Incluso no faltan los motivos monstruosos en gárgolas, de clara progenie medieval. Con todo, tanto por el uso de las serlianas como por otros estilemas, tales como la prolongación del plano ornamental de la fachada principal en las laterales, creemos que se trata de un diseño de Andrés de Vandelvira, el arquitecto más destacado que trabaja en Jaén en las décadas centrales y una de las figuras señeras del Renacimiento español. El recargamiento ornamental de esta obra, que la aparta de la línea clasicista más sobria empleada por Vandelvira, no vendría, en nuestra opinión, sino a confirmar el aprecio por una idea del lujo manifiesto en el revestimiento del edificio, en sintonía quizá por el gusto en el vestido que la nobleza bajomedieval ostentaba, y en consecuencia sinónimo de poder.

La casa de Corregimiento de Jaén, desaparecida y sustituida en su solar por una construcción moderna, solo mantiene como vestigio un escudo imperial orlado con el collar del Toisón. El edificio, no obstante era de grandes proporciones, pues se elevaba en cuatro alturas sobre una superficie de 700 m2, articulado interiormente en torno a un patio con fuente. Situado en la calle principal, la calle Maestra, hacía esquina con la Plaza de la Audiencia, donde se localizaba el edificio de Justicia que daba su nombre al espacio y la Cárcel, configurando el centro cívico-administrativo de la ciudad y del Corregimiento.

La Audiencia de Jaén desapareció, pero en cambio sí se conserva la de Baeza, aunque no en proximidad con la casa de Corregimiento, sino a una relativa distancia conformando un espacio abierto en conexión con la Puerta de entrada a la ciudad, Puerta de Jaén, y Arco de Villalar, que junto al edificio de Carnecerías incorporado el pasado siglo desde una calle lateral, configuran la actual Plaza del Pópolo, en cuyo centro se levanta la fuente de los Leones, realizada a mediados de la década de 1520 fruto de un ambicioso y complejo proyecto hídrico para abastecimiento de agua a Baeza, acaso la fuente exenta más antigua que existe en Jaén.

El edificio de Audiencia es de una sola crujía dividida en dos plantas, la inferior dedicada a Escribanías y la superior, a Sala de Audiencia. Su disposición apaisada constituye la mejor «frons scenae» para un espacio público de estas características, sobre todo por lo que afecta a la fachada de Audiencia, compuesta por cinco grandes ventanas articulados sus marcos por un orden arquitectónico completo de columnas, entablamento y frontón, dentro de un primitivismo plateresco también, entre las que se intercala la consabida heráldica oficial: escudo imperial al centro, y del Corregidor y la Ciudad a los lados. Pero lo más llamativo en cuanto a significación de lo que representaba esta edificación en clave de conocimiento y asunción de la cultura clásica del «Antiguo» o «Romano» son los cinco clípeos bajos las ventanas con las efigies de otras tantas figuras de la historia civil de Roma: Marco Marcelo, Medea, Muscio Escévola y Octaviano, de los identificados. Un sexto vano, sustituido por una pequeña puerta, daba salida a una capilla abierta en el ángulo que forma el muro con la Puerta de Jaén, del que hoy solo subsiste un balcón de forja. Este elemento sacro, en íntima relación con la Puerta, nos lleva de nuevo a la hibridación de ideas, tradicionales y modernas, tan características de nuestra cultura renacentista.

En la planta inferior los seis vanos de la Escribanías, puertas en realidad, son mucho más sobrios, aparte de remodelaciones modernas, porque al parecer se reformaron en el último cuarto del siglo xvi, no obstante se abren en perfecta correspondencia con las ventanas superiores. Como oficinas independientes que eran, cada una van jalonadas por sendas columnas clásicas con su entablamento. La funcionalidad de estos habitáculos con acceso directo desde la plaza, obligó a que la entrada a la Audiencia se hiciera por la estrecha calle lateral.

Andújar, una de las más pobladas e importantes del Reino de Jaén, con cuya capital compartía el Corregimiento, conserva un peculiar elemento de la arquitectura civil de lo Público, del que escasean en Andalucía, y que se levantó como especial homenaje a Carlos V. Se trata de la Torre del Reloj, construída en 1534, se piensa que en expiación por el levantamiento comunero. Tipológicamente estas torres exentas iban vinculadas a los edificios de Ayuntamiento y aunque revistan un carácter defensivo por el almenado con que se coronan, como en este caso, su función era la de alojar una maquinaria de relojería con campanas que rigiera el tiempo de modo oficial. En este ejemplar andujareño, que mantiene el cuerpo de campanas y un reloj de esfera moderno, conserva del momento original, aparte de la fábrica de albañilería, un reloj de sol, y las armas del emperador con el ya conocido escudo del águila bicéfala, pero también se incorporan las correspondientes al reino de Portugal, en atención a la pareja real. Una leyenda inscrita en plancha de plomo, así lo registra con la fecha precisa12.

En el capítulo de la obra civil relacionada con almacenamiento y distribución de alimentos, más abundantes, aunque tampoco han llegado demasiados ejemplares hasta nosotros, hemos de destacar el de los Pósitos, particularmente significativos con respecto al resto del panorama andaluz y nacional. El de Jaén, que data de 1547, se conservaba hasta 1921 en la pequeña plaza que lleva su nombre, antiguo «Mercado Bajo» del siglo xvi, el gran espacio público que señalaba la expansión de la ciudad fuera de las murallas medievales. Por fotografías antiguas vemos que se trataba den un vasto edificio de planta cuadrangular cubierto a cuatro aguas, que había de tener dos plantas con entradas independientes. Tras la destrucción, se conserva la portada de la planta baja o principal que actualmente da entrada al Museo Provincial de Jaén, obra de Francisco del Castillo «El Viejo», obra que aún dentro de su lenguaje clasicista tosco, propio de un maestro al que el nuevo lenguaje al «antiguo» le había sobrevenido ya mayor, habla del empaque y dignidad con que la ciudad a instancias del Corregidor Alonso Jiménez de Lugo concebía este equipamiento tan esencial y benéfico para una comunidad agraria, como más tarde insistiría Felipe II en este tipo de construcciones. De manera ejemplar, en el gran frontis sobre el entablamento, luce el gran escudo imperial sostenido por sirenas aladas, orlado con el collar del Toisón y las columnas de Hércules alusivas al emblema personal del «Plus Ultra» y a menor escala dos figuras alegóricas al cereal rey y al alimento básico, trigo y pan, sostienen los escudos del corregidor y de la ciudad. Mitología e Historia en perfecta combinación del discurso humanista moderno.

Mejor, aunque parcialmente, se conserva el Pósito de Baeza, anterior incluso al de Jaén en tres años y tipológicamente distinto. De forma apaisada se extiende a lo largo de la barbacana entre una de las torres de la ciudad más potente, la de los Aliatares o Altares y el edificio de la Universidad. Dividido en dos plantas, la superior, de amplias cámaras con trojes para guardar se calcula que más de 200.000 fanegas de cereal, y la inferior, de compartimentos abovedados de piedra con puerta de entrada individualizada, solución inédita en el conjunto general de este tipo de edificios, que se puede ver de nuevo en el antiguo Pósito de la Iruela, próximo a Cazorla, hoy Ayuntamiento de la localidad, levantado posteriormente por Andrés de Vandelvira ya en su plena madurez. Por supuesto en la fachada del pósito baezano campea un monumental y enorme escudo imperial, junto con los del Corregidor y la Ciudad.

Delante del pósito, abriendo fachada a la Plaza del Mercado, el espacio abierto de mayor amplitud extramuros, se encuentra la Alhóndiga, al que debía estar unida y que junto a su función mercantil principal también ofrecía la de hospedería. De tres alturas, se caracteriza por el buen ordenamiento de la fachada con todos los vanos de las tres galerías en perfecta correspondencia; el inferior, de esbeltos arcos de medio punto, dan paso a un pórtico y los superiores, de menor altura y arcos rebajados, también con columnas y antepechos.

La expedición de carne y pescado constituyeron asimismo en el siglo xvi piezas indispensables de la obra pública en la renovación urbana de las villas y ciudades medievales y por supuesto de las de nueva planta, como hemos señalado a propósito de Mancha Real, siempre ocupando lugares privilegiados en el plano urbano. La fortuna de estas edificaciones ha sido también muy adversa, tan solo las Carnecerías de Baeza están en pie y después de haber sido trasladadas el pasado siglo de su lugar de origen, próximo a la Puerta de Jaén, pero fuera de la muralla al igual que la Pescadería (lógico dado que había que aprovechar correntías de agua para los despojos), a ocupar un lateral de la Plaza del Pópulo. Sin embargo su amplitud era tal, que en el traslado a su actual emplazamiento hubo de «doblarse» la fachada para continuarla en una calle adyacente. Ya en el siglo xvii se tildaba de «sumptuosa» dicha fachada. De ella llama la atención, aparte de finos detalles ornamentales, lejos del plateresco de la vecina Audiencia, la amplia galería adintelada con que se corona y en cuyo centro se despliega el escudo imperial de mayor tamaño que se conoce en toda la provincia.


Si el pan fue alimento básico no menos lo fue la necesidad del agua para una sociedad esencialmente agraria y donde por razones climáticas y orográficas no siempre era fácil el abastecimiento sostenido en los núcleos urbanos. La captación y conducción de agua constituyó uno de los retos ingenieriles más importantes de nuestro Quinientos, que no alcanzó su perfeccionamiento hasta la segunda mitad del siglo, bajo el reinado de Felipe II, pero que tuvo su inicio en tiempos de su padre, como podemos comprobar en el caso de Baeza, ciudad que por su emplazamiento y aumento de población en el siglo xvi presentaba grandes dificultades para abastecerla de tan preciado líquido, lo que dio origen a una compleja infraestructura hidráulica que ha sido calificada de «paradigma de la ingeniería renacentista española»13. Iniciada en la década de 1520 con la construcción de la Mina del Moro de kilómetro y medio de extensión, concentraba el caudal en el «arca» o gran depósito a las afueras en dirección nordeste, para desde allí surtir a las distintas fuentes estratégicamente distribuidas en el interior de la ciudad. De aquellas fuentes, la principal que ha subsistido es la ya mencionada de Los Leones, en el espacio abierto de la Plaza del Pópulo, que aparte de su condición de fuente exenta, de mayor monumentalidad que las fuentes-abrevaderos, la más comunes, incorporaba elementos arqueológicos recuperados, los cuatro leones de factura ibero-romano, procedentes del yacimiento de Cástulo (Linares), entonces perteneciente al municipio baezano, y columna central rematada con una escultura femenina de igual procedencia identificada, según tradición, como Himilce. La ampliación y culminación de aquella red hídrica de Baeza se culminaría en 1564 con la no menos monumental fuente de Santa María, en la plaza de su nombre, frente a la catedral.

Sabido es que el agua por las razones apuntadas, tanto de salubridad como económicas, supuso un preciadísimo bien, objeto, en consecuencia, de pugna y tensión por su control dentro de las ciudades, exponente de las tensiones entre el poder privativo de las élites locales y el público defendido por la Corona. La ciudad de Jaén, que ya había tenido críticos episodios por este motivo en tiempos de los Reyes Católicos14, vivió en 1546 un conato de reverdecimiento de esta cuestión después de que Carlos V mediante Provisión Real diera prioridad a las fuentes públicas en el aprovisionamiento del agua frente a las tomas particulares. El corregidor Jiménez de Lugo, que había mandado construir el Pósito, recordemos, concibió para completar el amueblamiento de la plaza del Mercado Bajo, el gran espacio abierto que marcaba la expansión de la ciudad extramuros, una fuente que en principio el cabildo de Jaén estimaba de gran ornato de la Ciudad y República della15, pero que ante la Provisión Real emitida la mayoría de los Veinticuatro intentaron revocar el acuerdo municipal de la construcción, salvado por el recurso del corregidor ante Carlos V.

Las fuentes públicas en la medida que han de asegurar el abastecimiento al común de la población se erigen en puntos estratégicos del núcleo urbano, verdaderos centros nodales y en gran medida articuladores incluso de la ciudad junto con las iglesias parroquiales, de las que no suelen distanciarse, como lugares de reunión e intercambio de relaciones sociales, escenario lúdico y también trágico en la vida cotidiana. Todo ello justifica esa justa apreciación de «ornato de la ciudad y república» a la que aludía el Consistorio jiennense. Esa función predominante de abastecimiento para hombres y animales hizo que la mayoría de dichas fuentes diseminadas por las distintas collaciones sean del tipo «abrevadero», es decir, un lienzo apaisado y adosado a un muro en el que se insertan un determinado número de caños de los que llenar cántaros para el uso humano y un pilón o abrevadero del que puedan servirse las bestias que a diario salen y entran de la ciudad para las labores agrícolas. Esta sencilla estructura arquitectónica puede engalanarse en el plano de muro con relieves escultóricos, cartelas con leyendas o simplemente con un tratamiento especial del aparejo del muro, sin que falten nunca la heráldica oficial, que atestigua su condición de obra pública a la vez que la dota de «Memoria», por tanto de «monumento», para la posteridad.

La serie de estas piezas constituyen el catálogo más amplio de la obra pública del reinado del César Carlos conservado en la actual provincia de Jaén. La primera de ellas en las que campea el escudo imperial es la de Segura de la Sierra, aun cuando la fuente databa de 1511, pero se reformó en los primeros años del reinado de Carlos, para ser en época reciente acabada de reformar16. No obstante sorprende la amplitud que tiene para un núcleo de población pequeño, pero de importante significación política como centro en el enclave de la Sierra de Segura de la Orden de Santiago.

De grandes dimensiones era igualmente la fuente de la Villa de Martos realizada en 1526, coincidente con la visita real a la villa. Desaparecida y expoliados algunos elementos, el más importante, el de la leyenda fundacional, se ha acaba de rehacer. Por una descripción del siglo xviii, sabemos que era un lienzo de 26 varas de ancho por tres de alto, extraordinariamente apaisada por tanto, con ocho caños y el correspondiente pilar-abrevadero. Para aquellas fechas ya se habían borrado prácticamente los escudos, de los cuales solo se percibía el águila bicéfala. La leyenda fundacional en lápida de mármol y con caracteres góticos, en la que figura la fecha, se ha podido recuperar. En la misma Martos, pero ya bajo el reinado de Felipe II, se construirían dos fuentes, tal vez las más espectaculares de Jaén, la de Neptuno, exenta, en el centro de la plaza del Ayuntamiento y otra del tipo adosado, posterior, en la plaza de San Francisco (hoy trasladada a un parque moderno), ambas del arquitecto Francisco del Castillo «el Mozo», quien había hecho otra para Jaén ciudad en 1556, a su llegada de Roma, donde había trabajado junto a Vignola en Villa Giulia, introduciendo en tierras jiennenses formas y ornatos de actualidad en la Ciudad Eterna, de lo que será primer protagonista el mismo edificio de Cabildo de Martos.

La riqueza arqueológica marteña, extensible a la práctica totalidad del antiguo Reino de Jaén, fue un acicate para el afianzamiento del gusto e interés por la cultura clásica, tan identificadora del Renacimiento como del círculo oficial de la Corte imperial y después, más si cabe, de Felipe II. Ya Andrea Navagero al llegar con la comitiva real a Martos le llamó la atención la abundancia de los testigos romanos, al igual que lo hiciera Francisco Delicado en su Lozana Andaluza, quien ya se hiciera eco, por cierto, de la Fuente de la Villa, y que culminaría con los escritos del humanista marteño Diego de Villalta17 o la temprana incorporación de lápidas y otros materiales romanos de despojo a la cimentación de la Casa de Cabildo y Cárcel, realizada por Castillo «el Mozo», a modo de elocuente metáfora del origen histórico de Martos. Proceso similar al llevado a cabo en el antiguo Ayuntamiento de Linares, tras su independencia del municipio baezano en 1564, que tapizó toda su fachada con «expolia»

La seo jiennense, que había emprendido su segunda ampliación o nueva fábrica en la última década del Cuatrocientos, en un canónico gótico flamígero al gusto imperante en la corte de los Reyes Católicos, sufre un parón hacia 1525 so pretexto de un deficiente estado del cimborrio, que al igual que ocurrió en otros templos corría riesgo de derrumbarse por la osadía de unas construcciones en piedra muy elevadas y prolijas en su ornamentación, para no reanudarse hasta más de veinte años después, ya en la mitad del siglo, con un cambio radical de estilo marcado por el modelo implantado en la catedral de Granada por Diego de Siloe y expandido a las restantes catedrales del ámbito de la Alta Andalucía. Aunque el proyecto de la catedral de Jaén se aprobara y ejecutara a partir de esa fecha, conviene llamar la atención que el cese de la obra gótica y los preparativos económicos para posterior renacentista que hoy vemos se lleva a cabo en el episcopado de Gabriel Merino, prelado natural de la comarca del Condado, al norte de la provincia, y otra de esas personalidades influyentes y cercanas al emperador, uno de los pocos Consejeros de Estado, obispo de Bari y cardenal, cuya vida oficial transcurre en Roma. Hoy convenimos que esta catedral de Jaén perfecciona, en cuanto al ideal renacentista de equilibrio y armonía de proporciones, el modelo granadino. El proyecto fue planteado y dirigido hasta su muerte por mano del arquitecto Andrés de Vandelvira, quien habría de llevar a cabo la ejecución de otro proyecto siloesco en tierras de Jaén: La sacra Capilla de El Salvador, en Úbeda, templo funerario de Francisco de los Cobos, y a partir de ahí desarrolla un vasto programa constructor de palacios y capillas en la misma ciudad que la ha hecho ser merecedora de Patrimonio de la Humanidad, junto con la vecina Baeza, como conjuntos arquitectónicos renacentistas sorprendentes por su cantidad y calidad separadas por muy pocos kilómetros. Demanda y predilección por el estilo, que se extiende como un eco entre la nobleza de Jaén alcanzando otros lugares como La Guardia, por ejemplo, solar de los Messia, y que junto a la febril actividad constructora también de la Iglesia han hecho de la actual provincia un indiscutible foco de arquitectura renacentista en España.

 

sábado, 28 de marzo de 2026

EL AUTOR DE COMEDIAS JUAN RODRÍGUEZ DE ANTRIAGO


LA COMPAÑÍA DE JUAN RODRÍGUEZ ANTRIAGO

Estuvo en  24 de marzo de 1645  en Alcalá la Real , donde firmó un documento -Son miembros: Lorenzo Vázquez de Castro, Manuel Quintana, Joan de Flores, Antonio Vélez de Guevara, Francisco Bermúdez, Nicolás de Cámara, y Felipe Antonio de Morales. Se declaraban vecinos de Madrid. Firmaron un ccontrato para ofrecerse a realizar fiestas del Corpus como de particulares y de los corrales de comedias con las condiciones de participación, cobro y asistencia. 





por otro doumento de l 25 del mismo mes y año se comprometía a hacer 15 representaciones a partir del domingo de Resurrección ante Francisco de Valdivia Aranada, hermano mayor de la cofradía de laa Veracruz que le arrendaba el Corral de Comedias para realizarlas y le prestaba quinientos reales para  poder asentarse hasta ese día en Alcalá la Real y con el compromiso de devolución en primera representación.






ENTRADA: 39; AÑO: 1651. MOMENTO: 51-ll-00<. AUTOR: Rodríguez de Antriago, Juan. CITADO EN: Rennert: desde 1637, autor de comedias. TEXTO DOCUMENTO: Comedias: Más se le cargan setecientos y quarenta rreales que balieron las veynte rrepresentaciones que hizo Juan Rrodríguez de Antriago y su compañía por el mes de noviembre del año pasado, de seiscientos y cinquenta y uno. NÚMERO DE REPRESENTACIONES: 20. CARGO ENTRADA TEATRO (3/4): 25.160 maravedís. RECAUDACIÓN POR REPRESENTACIÓN (4/4): 1.677 maravedís. DATA ANUAL HOSPITAL (DINERO): 216.543; % GARGO ENTRADA TEATRO / DATA ANUAL HOSPITAL: 11.6%; % GARGO ANUAL TEATRO / DATA ANUAL HOSPITAL: 11.6%. CARGO ANUAL HOSPITAL (DINERO): 383.241; % GARGO ENTRADA TEATRO / CARGO ANUAL HOSPITAL: 6.6%; % CARGO ANUAL TEATRO / CARGO ANUAL HOSPITAL: 6.6%. FUENTE: AHPA, Ben. (Mag.), 163, 19, 2, f. 57r.




 A. H. P. Bu., P. 6.395, ff. 357 r. a 358 r. (Bartolomé de Mata. Burgos, 3 / VIII / 1641). Contrato entre Nicolás Martínez, rector de los Niños de la Doctrina, con Juan Rodríguez de Antriago, autor de comedias, para que la compañía de éste haga representaciones en Burgos. 19 Archivo Histórico Provincial y Universitario de Valladolid (A. H. P. U. V.), P

 limitaremos por ello a consignar la nómina de los autores de comedias que desfilan por el hospital-corral, 40 en total, que cubren un conjunto de 54 contratos de representación distribuidos en 32 años diferentes: Simón Aguado (1662), Pedro Ascanio (1642), Avendaño (1630, 1633, 1634), Bovadilla (1637), Alonso Caballero (1661), Francisco de la Calle (1657, 1658), Joseph Carrillo (1661), Antonio de Castro (1649), Laurencio de Castro (1660), Antonio de Escamilla (1663), Roque de Figueroa y Juan Martín (1628), Granados (1633), Guevara (1624), Guzmán (1644), Antonio Hondas (1668), Alonso de Lagaz (1645), Octavio López (1649), Juan Martínez (1628), Juan de Nieva (1625), Antonio de Oruña (1653), Osorio (1659), Juan Pérez (1653), Lorenzo de Prado (1641), Juan Querante (1640), Pedro Real (1637), Xacinto Riquelme (1649, 1650), Santiago y Diego de Rivas (1650, 1653), Juan Rodríguez de Antriago (1640, 1643, 1651), Francisco de la Rosa (1635), Pedro de la Rosa (1654, 1655, 1656), Gaspar de Segovia (1655), Francisco de Sotomayor y Luisa de Robles (1626), Valdés (1623, 1634), Juan Bautista Valenciano (1634), Vallejo (1623), Francisco Vallejo (1633), Gerónimo Vallejo (1660, 1667), Vega (1649), Toribio de la Vega (1657, 1658), Francisco Vélez de Guevara (1640).

CONOCIENDO LA MOTA (XLII). LA MOTA EN SIGLO XX Y XXI

 

SIGLO XX

 


El cementerio  ya asumió la función primordial del recinto fortificado  de ,manera que en 1904, no era de extrañar que el alcalde informara  en el pleno municipal “ el tapial  con que se cerraba la puerta del antiguo templo de la Mota, que antes fue destinado a Panteón, se había hundido , quedando por tanto abierto dicho sagrado recinto y expuesto a la entrada de animales y a profanaciones”, Y se llevaron a cabo las obras del cierre de la Iglesia May0pr Abacial que se mantuvo hasta la reconstrucción de los años setenta, con tan sólo la entrada al campanario para dar los toques de fiestas y exequias fúnebres. Dentro de estas novedades, en 1905. se erigió canónicamente ya instancia y solicitud de don Francisco de Villuendas, capellán del cementerio, una Vía Ccrucis en este Panteón. Fue bendito y autorizado por bula de don José González, presbítero, y colocado por don José de la Torre y rezado y considerado por el capellán Villuendas. Las cruces y cuadros fueron regaladas por doña María Concepción Martínez del Mármol. Se celebraron tres misas en la capilla y hubo gran afluencia de fieles. Hay acta en la parroquia de Santa María y archidiosis. Que hoc legan, orate pro me, Bilendas. Ada perpetua memoriam Dei. La sepulta en fosas comunes, los nuevos patios de comunes a espaladas de la capilla y el pozo en los antiguos aljibes, la manda general de los cadáveres al panteón nativo fueron las labores de exhumación.

En los años de la Guerra Civil (1936-1939), la fortaleza de la Mota ocupó una situación estratégica, donde se situaron algunos destacamentos y puestos de guardia reutilizando las estancias de la Torre del Homenaje y atrincherando la zona montuosa mediante nidos de ametralladoras que se conservan en las vistas aéreas de las fotografías de aquellos años. Como es lógico, las escaramuzas de las Albarizas y los continuos bombardeos le afectaron en su superficie donde se abrieron algunos cráteres que se conservaban hasta tiempos recientes.




El abandono total se produjo al trasladar el cementerio municipal a partir del año 1949 el del cerrico de los Caballeros, con lo que conllevó en convertirse en una meseta adehesada y abandonada a la rapiña de cualquier desaprensivo. A esto se añadió el deterioro continuado y pertinente de la iglesia de Santo Domingo de Silos que culminó con la marcha de los últimos vecinos de su Escalerillas por los años setenta.  Pero, fueron más importantes y de mayor calado las adversidades climatológicas y los movimientos sísmicos de los años cincuenta y sesenta los que afectaron, sobre todo a la techumbre de la torre del Homenaje y los pies de la iglesia y a los restos del antepecho de la muralla del Gabán, Sobre todo el terremoto de 1951, que dejó caer hasta el arrabal viejo muchos merlones, almenas, parapetos y pretiles del antepecho levantado grandes nubes de polvo.

Esto dio ligar a que por los años cincuenta, siendo al alcalde Valeriano del Castillo y a cargo de la Dirección General de Bellas Artes, se llevaron a cabo algunas pequeñas reformas por la empresa Agromán de Madrid, En 1952, dirigió las obras el arquitecto Alejandro del Valle y se repararon algunos pequeños lienzos de las Entrepuertas, la capilla del Deán, y las bóvedas nervadas de los pies de la iglesia mayor y arreglo del pilar sostenedor del coro. En 1965, el arquitecto Rafael Manzano inició el patio y la cubierta de las Casas de Cabildo, que luego hubo que reconstruir recientemente. En 1966, se restauraron la sacristía y algunos muros de la alcazaba por la empresa Construcciones Jurado de Jaén. Y, sobre todo, en 1971 gracias a la intervención de la Dirección de Bellas Artes en los años setenta, dirigidas por el arquitecto Luís Berges y con la intervención de los hermanos Frías González, se hizo una gran labor en los accesos del Peso de la Harina y de la Torre de la Cárcel. y, sobre todo de reconstrucción de las tres torres del Castillo sin llegar a culminarse por completo restaurando toda su estructura, introduciendo una escalera que accedió a la terraza y mejorando los adarves y parapetos de comunicación entre las tres torres. Por los años ochenta, la labor de limpieza, pavimentación de las calles de acceso (Entrepuertas y Santiago), derrumbe y limpieza del cementerio y adecuación de espacio escénico de la Iglesia, Plaza y alrededores para los Festivales de España. En 1974, la fortaleza de la Mota fue cedida al patrimonio local tras varios años de duras negociaciones

A partir de 1979, se adquieren casi todos los terrenos del Arrabal Viejo, transformándose en Parque y comenzaron todas las excavaciones del recinto interior por el barrio del Alcázar y las Cuatro Esquinas y Plaza Baja y, continuando, con el de la calle del Preceptor. En 1981, se arreglaron el chapitel de la torre de campanas y se levantaron parte de la muralla del Trabuquete. Siendo José Marañón Barrio Alcalde, se formó un jardín a lo largo de los terrenos adquiridos como propiedad municipal, encargándose a Viveros Taboada, cuya perfección se alcanzó años después con la intervención de varias escuelas talleres, en su replantación y remozamiento de murallas del Arrabal Viejo y Nuevo.

En los años noventa del siglo pasado, siendo alcalde Felipe López García,  la I Escuela Taller de Recuperación del Patrimonio consiguió completar la restauración del Castillo de Aben Zayde, se musificaron algunas salas, se emprendieron de nuevo acciones de excavaciones con los Campos de Trabajos, eliminación de escombros y limpiezas de los aljibes transformados en osarios y restos de sepulturas y tumbas junto con  y restauración del  interior de la iglesia y en su plaza, donde se quitaron la mayoría de los vestigios del cementerio salvo algunos restos de paredes y  se mantuvo  allanado sin sepulturas el  antiguo patio de comunes y especiales llevándose a cabo una la gran labor de excavación que descubrió el trazado de calles y casas de la Época Moderna. por los barrios de la ciudad noble y Bahondillos y acceso de la fortaleza ( escalinatas, Romancero o Zubia...)I   En estos años, con fondos europeos, se desarrolló un plan urbanístico, cuyo núcleo más importante se basó en formar una plaza delantera a la portada principal de la Iglesia Mayor con diseño del arquitecto José Luís Vico y eliminación de la totalidad de elementos funerarios.




Las siguientes escuelas talleres y otros programas locales, regionales, provinciales, nacionales y europeos,  permitieron hasta hoy día la rehabilitación de las Casas de Cabildo y de la Iglesia Mayor Abacial, Casa del Sacristán, Corregidor, mansiones de los hidalgos,  la adquisición de terrenos y repoblación con ajardinamiento de todos  los antiguos  y nuevos arrabales salvo la zona de la Peña Horadada y Cerro de los Palacios, accesos desde el camino de San Bartolomé, calle Real, y Puerta del Aire, y Postigo bajo el Gabán,   la restauración total de la mudejar Cárcel Real, la remodelación de la Plaza Alta y Baja, Caballerizas y Puertas Nueva, Lanzas, Imagen, Granada, Zayde, Martín Ruiz y Arrabal y muro de la memoria, muralla del Gabán, la recuperación de zonas arqueológicas como el Palacio del Conde de Cabra y Nevero y barrio del Albaicín y Santo Domingo, mantenimiento de la iglesia de Santo Domingo de Silos, restauración y gunitado  de todas las murallas, torres  y su cimentación ( Norte, Trabuquete, Meridional, oriental,  salvo la  mitad del Aire hasta la Puerta Nueva), urbanización de Entrepuertas, nueva casa de Información,  y nuevo sistema de divulgación, reserva de zona sin excavar con protección de plantación de lavanda, la museificación del monumento, la ampliación de zonas excavadas  y puesta a la vista por el recinto de Bahondillos, Despeñacaballos y Calancha, Anillo de la Mota, el Nevero, el Bahondillo, Arrabal del Matadero, Rastro,Nuevo y Arrabal Viejo, mantenimiento y obras de restauración de la estructura de la iglesia de Santo Domingo, por la Red de Paradores, la mejora de la entrada de Entrepuertas y la Ciudad Oculta, Y, sobre todo, se llevó a cabo una gran labor de divulgación y apuesta por la interpretación del conjunto como ciudad de frontera.     

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 27 de marzo de 2026

CONOCIENDO LA MOTA (XLI) . LA MOTA SE CONVIERTE EN UN CEMENTERIO.

 

LA MOTA SE CONVIERTE EN UN CEMENTERIO

 

El abandono de la Mota como ciudad fortificada está relacionada con la conversión de su espacio en un camposanto municipal. Este antiguo cementerio de la Mota respondió a una política ministerial en tiempos de Carlos III con el fin de favorecer las mejores condiciones higiénicas y sanitarias de los pueblos de España. Hasta el primer tercio del siglo XIX, en todas las iglesias alcalaínas y en el cementerio contiguo al templo de la Veracruz, se hacinaban los restos de los muertos en criptas funerarias, fosas de descomposición, osarios y pudrideros de estos recintos religiosos.  La salida de los enterramientos de las iglesias, claustros y capillas colaterales obligó a la búsqueda de un espacio público, que respondiera a estas finalidades en favor de los vecinos de Alcalá la Real: se procuraban sitios alejados de la ciudad habitada, con aire y ventilación y sin el menor vestigio de contaminar las fuentes públicas. A pesar de que se hicieron varios intentos de ocupar espacios alejados a la fortaleza de la Mota con la posible ubicación del cementerio en los terrenos de la derruida ermita de San Bartolomé en el siglo XVIII, la ubicación final fue en el recinto fortificado de la Mota.

 

           

            LA PROPUESTA DE LA MOTA COMO CEMENTERIO EN 1787

 

El primer intento fallido tuvo lugar, en concreto, en 1787. Por un acuerdo del cabildo alcalaíno, se encomendó a los maestros de obras alcalaínos Antonio Martín Espinosa y Juan Miguel de Contreras su ubicación dentro del recinto fortificado. Estas fueron las palabras del informe:

 

Hemos pasado a reconocer  el sitio  o muralla de la Mota, con el fin de efectuar en  dicho sitio un camposanto, que está mandado por orden superior, y habiendo visto y reconocido dicho sitio, con la mayor reflexión(…) declaramos que por ningún caso es conbeniente se execute dicho Camposanto  en el citado sitio  por cinco razones: la primera y principal , por ser todo de pedriza, sin ser posible el sepultar en ella cuerpo alguno; la segunda, porque , aunque en algunas partes  se halla al parecer tierra resulta por las excavaciones que para dicho fin se han hecho, el ser todo vestigios y escombros causados de la ruina de la ciudad que antiguamente se hallaba allí situada(…); la tercera, porque no se sabe quienes son sus dueños; la cuarta por encontrarse cerca de la Iglesia Mayor, por el costado Norte; y la quinta por ser un costo de quasi imposible tasación, por las muchas tapias que  se necesitan y el costo tan exorbitante de desmontar peñones y quitar escombros(…)por cuyas razones dimos cuenta a su señoría  sin dar principio al Plan(…) el qual enterado de todo nos mandó pasásemos al sitio llamado de San Bartolomé a 642 baras lineales  de la última habitación de dicha ciudad. En dicho sitio hay una hermita desierta y para arruinarse con un pedazo de tierra de 72 varas de longitud y 68 de latitud que componen 4.896 incluyendo los gruesos y el cuerpo de la Iglesia”.


            Hasta 1805, de nuevo el gobierno de la nación entró en el asunto y se hizo portavoz de sus órdenes el corregidor don Orencio Antonio de Santolaria, convocó a la ciudad y comenzaron a tomar acuerdos para su realización. Se propuso como emplazamiento del cementerio en la plaza antigua de la Mota. Para ello, se mantuvieron los planos, presupuestos y trazas anteriores del cementerio de la Mota, y estos se reformaron tasándose por los de los arquitectos de la Real Academia Juan Miguel de Contreras y Juan López de Paz. En 1807, sustituyó Manuel Granados a Juan Miguel Contreras. Por estos datos de tasación , se proponía  una obra de cerramiento, distinto al de la iglesia, donde se ubicaban también nichos y sepulcros (1.204 varas cúbicas  para cercas, de buena mampostería, con barro, de seis varas de alto  y después enlucido las paredes con buena mezcla, buenas albardillas y bien forradas con tejas), Las tapias importaban 52.976 reales de vellón, la cal 36.000 reales (corte de la piedra y trabajo), la arena, 18.000 reales  y el yeso 16.340 reales. ), 900 haces de cañas para alcatifas y cubierta de maderas.). El enterramiento tenía en sus claustrados (nichos) 650 varas cúbicas con los machones, resaltes, y arcos, lo que suponía 42.900 reales, 400 vigas para la techumbre (11.200 reales); 34.000 tejas (8.160 reales). En el testero donde estaba figurada la iglesia, se podía formar uno cubierto, esto es, (donde está la letra D y E) se podía  dejar la fábrica en los mismos términos que aparecía en los diseños, y podían servir  para los enterramientos  para personas de distinción como sacerdotes, caballeros particulares .Esta galería tenía de costa los seis machones y las dos medias maestras (…) hacían treinta y cinco varas de fábrica, de seis varas de altura, (estas serán de cantería )y su costo de cada vara 32 reales, -estas de cantería-,  que multiplicadas por las 35 varas importaban 1120 reales. Los puentes para cobijar los machones son 14 maderas, aljofaradas con su tomiza, clavos, yeso y manos suman 630 reales.  Seis maderas para las cadenas de dicha galería importan 180 reales. Para la armadura eran menester 110 pares de parejuelos, que importaban 2.200 reales y 100 haces de caña y diez mil tejas para cobijar dicho pavimento que hacían 2.500 reales. Eran necesarias 400 fanegas de yeso para las alcatifas y demás enlucidos que su costo es 1.600 reales.  En la iglesia, 300 varas cúbicas que importaban 19.800 reales; la solería 1.800 reales; el embovedado de la iglesia (cañas, vigas, y yeso, que son menester más de 100, importaba 10.000 reales, puertas, ventanas, marcos, cerchas para arcos. Vidrios. Rejuelas de alambre (4.831 reales). Se necesitaban 2.320 varas para 2.000 losas de sepulcros (16.240 reales). Con este motivo quedaban señalados los sepulcros y figurados con las letras F.G. y H, en donde queda distinción para cofradías, párvulos y otros. Se pavimentaba la iglesia con 1.200 baldosas (1.800).

En total, las techumbres de la iglesia y cementerio suponían 14.000 reales con destino a 40.000 tejas (9.600 reales); la puerta de la calle se fabricó con 160 sillares cuyo costo en saca, porte, labra y manufactura, junto con el de las columnas o pilastras que hagan del mismo orden de arquitectura, importa 1.600 reales, arquitrabe, friso y piedras de pilastras (1.800 reales), cahices de cal (720) 20 cahices de arena (480) 30 días de trabajo de maestro oficial y dos peones (1.050), las puertas de madera (500);  el pago de los jornales (maestro, oficial y tres peones) alcanzaba la cifra 30.030 reales. Y un coste final de la obra: 200.000 reales. Y, en palabras de los arquitectos, como declaración más breve.: importe de las tapias y cercas del cementerio 79.464 reales, enterramiento general y nichos 84.105 reales; Iglesia y agregado 36.431 reales. 

 

 

 Pero, mientras tanto se llevarán a cabo la finalización de las obras, siguió enterrándose en las criptas funerarias de las iglesias y ermitas de la ciudad.

En 26 de enero de 1810, la columna de dragones al mando de Milhaud, siguiendo las órdenes del general Sebastiani, se dirigió hacia Granada, pasando por Alcalá un día después, donde en sus contornos llevaron a cabo una escaramuza de enfrentamiento contras las tropas españolas del General Freyre en su huida y dos secciones de las Milicias Honradas y Voluntarios Municipales de Alcalá la Real. Las tropas francesas en la cantidad de quince mil soldados pernoctaron en todos los alojamientos, mesones y cuarteles de la ciudad y se quedó un pequeño destacamento militar a las órdenes del jefe Maresschal. Se disolvió la Junta de Gobierno, se ausento el señor Abad huyeron muchos afamados hidalgos y se impuso un tributo de cien mil reales para obras de fortificación de las murallas y del Castillo de la Mota. Nombraron un corregidor afrancesado Antonio Ruiz, que fue asesinado por los guerrillero de El Carnicero de Valdepeñas, que  en convivencia con los vecinos alcalaínos  hicieron un complot para desquitárselo, teniendo en cuenta que había suspendido las Milicias Cívicas con el nombre de Escopeteros de Alcalá, uno de infantería y otro de caballería, al mando del alcalaíno Ramón de Utrilla y la buena situación con el destacamento de los franceses a cargo  del coronel  señor Breuille, del Alto Estado Mayor, al que se le encomendó labores de escolta y protección entre los camino y correos entre Jaén y Granada, y se había ganado el puesto de comandante de las tropas alcalaínas de sus alrededores bajo las insinuaciones de que las  tropas alcalaínas traicionaban a los franceses.  Su muerte fue objeto de venganza que dio lugar a un duro castigo por parte las tropas francesas que no llegó a paliarse hasta la llegada del rey José Bonaparte en marzo. El jefe francés obligaba diariamente a los maestros de obras a acudir a estas obras acompañados de obligados arrieros jornaleros que hacían de peones de obras. El plan de los francés consistió en fortificar  casi la mitad de la fortaleza de la Mota, incluso no  llegó a realizar el derrumbe de la iglesia Mayor abacial a pesar de los malos informes del levantado un muro en su interior, que se conserva por la medina y despareció recientemente con motivo de las obras de los años noventa del siglo pasado; este muro interior se extendía desde la Torre de la cárcel hasta el castillo de Aben Zayde, donde albergo el almacén, el Alto Estado Mayor, el polvorín,, la casa del comandante, un depósito de alimentos , una leñera, y siete tahonas, cuyos rastros se perciben en las ranuras de la fachado norte de la Iglesia Abacial. La ciudad fortificada se dividían una zona montañosa que sirvió de colchón comprendida entre la última muralla a la que se cerraron las puertas del Aire y Puerta Nueva y el barrio del <Bahondillo, completamente asolado y escarpado entre los escombros de las casas. Todo ello jalonado de varias garitas nuevas para impedir el acceso militar. Al principio el ejército se alojó en los conventos de la ciudad, posadas convertidas en cuarteles y domicilios particulares. El sacrificio de los alcalaínos alcanzó la cifra de tres millones de reales y su trabajo personal dejando abandonando sus predios y oficios.   En septiembre de 1812, 15.000 franceses pasaron en retirada por la ciudad de Alcalá al mando del general Diegeon y no llegaron a acuerdo con los cabildos, eclesiástico y militar de la ciudad e incendiaron el 15 de septiembre la iglesia de Santa María la Mayor, así como destruyeron el polvorín haciendo estallar en la Torre de la Cárcel.  y esto dejó expedito el camino para reubicar los enterramientos en dicho recinto. Además, en palabras de Guardia Castellano  “los restantes sótanos de las demás iglesias venían siendo insuficientes para la mortandad de la población, por lo que fue necesario  habilitar un local  para los enterramientos”[1]. A esta medida de crear un recinto, destinado específicamente a camposanto, coadyuvó de nuevo la restrictiva política ministerial de Fernando VII que prohibía expresamente el enterramiento en las iglesias abiertas al público, y, por lo tanto, fue elegida la Iglesia Mayor de la Mota como el lugar más idóneo para la ubicación del cementerio de la ciudad.

En 1814, el abad y la Junta de Sanidad instaron al cabildo municipal a llevar a cabo la instalación del cementerio  dentro del recinto fortificado de la Mota y, a su vez, en la abandonada Iglesia Mayor[2]. Los informes y los acuerdos municipales manifestaban que era el sitio más adecuado y, hasta incluso se atrevían calificarlo el mejor de la provincia: razones de cerramiento amurallado, poco coste de obra y de ventilación. Hasta su funcionamiento de cementerio, se utilizaron las iglesias de San Blas y Santo Domingo de Silos de depósito de cadáveres y oficio de misas.

La propia ciudad fortificada se había visto muy afectada por el nuevo cementerio que se realizó dentro de las murallas. “por ser un terreno que es yermo conocido con el nombre de la Mota el cual por los años 1341 fue conquistado a los moros, levantándose después dentro de sus murallas la Iglesia Abacial, Casas y edificios para su Ayuntamiento y demás pobladores quedando de frontera o plaza fuerte con su Alcaide. Así continuó, hasta que, pasado el   tiempo y variando las leyes y costumbres, fue bajándose la población al punto que hoy ocupa. Dejando dicha plaza completamente desierta y sus antiguas murallas destruidas en su mayor parte. Por los años  de 1814, en  virtud  de las órdenes superiores  y, oído el informe de la Junta de Sanidad y Autoridad Eclesiástica , se dispuso que todo el espacio comprendido dentro de dichas murallas sirviese  de Cementerio público por ser un terreno que nadie utilizaban  y reunían cuantas condiciones se deseaban y con efecto verídico   dentro de la Iglesia Abacial y en algún otro punto de dicho yermo pero dentro  de murallas, por lo que siempre se ha considerado y reconocido del Ayuntamiento…  [3]

 

                                   EL CEMENTERIO DE LA MOTA EN 1819

 

A partir de esa decisión municipal, en 1816, la iglesia se descombró su interior, se desmontaron los restos de las bóvedas que amenazaban peligro y se ampliaron los lugares de inhumación de cadáveres. En 1818, las largas que se habían dado en la instauración del cementerio, ya no importaron, se prohibió el enterramiento en la Iglesia Mayor Abacial hasta que se hicieran las obras necesarias para ubicar el cementerio   y, provisionalmente, los cadáveres se enterraron en las iglesias anteriormente mencionadas. En 1819, la Junta de Sanidad, ya estableció “el cementerio común fuera de los muros de la ciudad en el sitio nominado de la Mota a bastante distancia de la población, en una altura que la domina en todas las partes, y, en su consiguiente los vientos cruzándose en direcciones opuestas, ningún perjuicio acarrea a la salubridad del vecindario: cercado d altas paredes y de los muros de la fortaleza y en su seno contiene el mencionado sitio. Prevenido de firmes puertas, y con extensión muy sobrada un sinnúmero de años a este destino y cuya naturaleza del terreno es muy a propósito para la más pronta conjunción de los cadáveres y que de él ningunas aguas se filtran ni comunican con las potables del pueblo. Asimismo dentro de este recinto en la  Iglesia que fue arruinado a la retirada del Ejército francés, se restableció y reparó una capilla en donde se celebra el Sacrificio de la Misa, y no a muy larga distancia se destinó la ermita de san Blas , también separada de la población , para depósito de cadáveres y celebración del oficio de Difuntos, todos estos objetos y atenciones fueron cumplidas puntualmente en observancia de las órdenes Superiores, y solo han quedado en ejecución , por haberse apurado los arbitrios  para ello, el Osario y  la habitación para un capellán y sepulturero. La limpieza y  la extracción de la ruina  de la citada iglesia  y sus bóvedas para colocar en ellas las correspondientes sepulturas  en que con distinción de párvulos a otras edades, y de sacerdotes a otras personas, se hiciese depósito  y enterramiento de cadáveres., según está prevenido, señalando al mismo tiempo el terreno y, en seguida a la ocupación de la memorada iglesia que se  necesitaba  para nuevas sepulturas, aún el sobrante para ocurrencias y extraordinarias de alguna epidemia, para cuyos objetos han concurrido los peritos y manifestado el importe que se ha menester  para llenarlos en todas sus partes. Por tanto, no hallándose otro mejor local para cementerio, que el que ya establecido, por las circunstancias preferentes a otro cualquiera que en el concurren, informan que no debe hacerse traslación a ninguna de las Iglesias vacantes, sino repararse lo que sea necesario en él lo que se está haciendo uso para este vecindario.”

 

El plan de la obra se le encargó al maestro Manuel Granados  que hizo este proyecto  con su correspondiente presupuesto:  emparedamiento del osario (2.800 reales de vellón); excavación, extensión de tierra y allanamiento para sepulturas en el suelo (18.525 reales); composición y limpieza de sepulturas (5.095 reales); tejado del paso que cubría la capilla mayor y otro igual que está pegado a la torre (4.800 reales);tres galerías de nichos en su interior (4.000 reales);techado y tabicado de la casa del capellán sacristán (200 vigas,  clavos, 66 haces de cañas, tercio de tomizas, 60 cahices de yeso, puertas o ventanas, trabajo y peones que suman  17.680 reales. El total de la obra alcanzaba la cifra de 52.900 reales. ´

 



 



 


En 1823, de nuevo los miembros del ayuntamiento se hicieron eco de un acuerdo de las Cortes sobre la salubridad pública y el emplazamiento de los cementerios, y de ello el alcalde dio fe incluso sobre el estado del cementerio y las reformas previstas. Y se pusieron en ejecución las propuestas de Granados.

 

La operación también fue descrita por el cronista Guardia Castellano, recogiendo las actas y un informe con motivo de la construcción del desaparecido cementerio hoy día desaparecido:

 “no ya en sus antiguas criptas y sótanos, que habían sido con anterioridad cegadas por los franceses sino en la totalidad de su superficie, sobre el haz de la tierra, bien fosas cavadas someramente entre ruinas y escombros, bien formando pilas con los ataúdes colocados los unos sobre los otros, recubiertos con una capa de yeso. Cuando ya estas pilas alcanzaban alguna altura, se formaban otras delante y luego otras, por lo que iba reduciéndose el área del antiguo templo con aquel revoltijo sin orden ni concierto en que se iban acumulando las sagradas cenizas de aquellas generaciones.

 

  La falta de una planificación y diseño de su interior, así como sus continuos derrumbes, dieron lugar a un aspecto insano, lúgubre e inhóspito que obligaba a tomar medidas lo más pronto posible para darle un giro a este nuevo cementerio. Pues realmente no respondía dicho espacio a un auténtico cementerio sino, más bien a la reutilización de un espacio religioso abandonado con fines de enterramiento.  No obstante, los miembros del cabildo municipal se sentían complacidos por el hecho de   haber dispuesto este espacio para camposanto y, además, se creían sumamente satisfechos de que respondía con todas las garantías, porque ya no se enterraba en las iglesias. Por eso, no era de extrañar que, a los requerimientos de las memorias de las autoridades provinciales, se contestara afirmativamente que existía un cementerio público y este, por su parte, reunía todas las características de lo que se le preguntaba en los interrogatorios del gobierno civil (así, se hizo en 1823 y 1834).

 

Estas son sus manifestaciones del ayuntamiento de Alcalá la Real en el  segundo año 1834:

Hacía algunos años que en los extramuros de la ciudad se construyó, hacia el sur y en un sitio elevado, un cementerio donde sepultaban los cadáveres de Alcalá y las aldeas, excepto los de Frailes y Charilla que tenían el suyo propio. La misión del gobierno civil solicita que se construyan cementerios en todas las aldeas y así evitar de la vista del público los cadáveres que puestos sobre borricos se conducen al cementerio de esta ciudad. Por este medio se disiparán aires malsanos que lentamente consumen la especie humana por la respiración y en tiempos epidémicos no se comunicarán los cadáveres de una ladera contagiada con los habitantes de la aldea”.

 

Prueba de que el cementerio público era una realidad, se encuentra en el libro primero de sepulturas que alude que en 1850 existía un conserje llamado José Moyano y que este ya organizaba la distribución de sepulturas Durante este tiempo, se utilizó como capilla y lugares del sacristán los pies de la iglesia y la capilla del Descendimiento o de los Aranda que daba a la escalera del campanario.

 

Todo el entorno de la Mota es un terreno abandonado y en gran manera metido en labor. Sirva de ejemplo esta acta de 17 de abril de 1854: "Se dio cuenta del informe emitido por la comisión de propios, para el memorial de Josefa Zafra de esta vecindad en que pidió al ayuntamiento ,en primero de marzo anterior, permiso para meter en labor una tierra inútil en las murallas de la Mota ,la cual ofrece cercar de piedra para guardar la posesión que linda  y las limítrofes, siendo la comisión de opinión que se le conceda esta gracia para los cercados y  le ha demarcado con el auxilio de los peritos un cascajar de seis celemines  el ayuntamiento en su virtud acordó conceder la gracia tal como se propone en virtud. Cabildo de 21 de enero de 1854.

No obstante, entre información histórica y estado del recinto fortificado, se recoge este texto del Diccionario Estadístico- Geográfico de Madoz en 1855: En lo antiguo tuvo la ciudad fortificada con doble círculo de murallas; constituye el primero la fortaleza llama de la Mota al Oeste, toda de piedra de cantería labrada. Sobre el cerro del mismo nombre, escarpado por todas partes, que domina la ciudad y los campos; y el segundo circundaba los arrabales. En la cúspide del cerro hay una explanada de figura oval de 312 varas de longitud y 260 en su mayor latitud, con trece torres, entre ellas el castillo principal que mira al Norte, con su plaza de Armas y otras fortificaciones inferiores, obra del siglo XIV, pues el casillo antiguo que existía en el mismo paraje, fue derribado cuando se conquistó la ciudad a los moros y mandado a reedificar por el rey Alfonso XI. De ahí arranca el lienzo de muralla, en parte por la roca cortada, y flanqueado de los torreones uno de los cuales s llamado cárcel, porque se asegura tuvo este destino, y aún se designa la lóbrega mazmorra subterránea, donde los moros enterraban a sus cautivos. Volada esta torre por los franceses, en su retirada, todavía se ven en la parte que queda del segundo piso, algunos adornos arabescos. Pero durante la permanencia de aquellos en España añadieron nuevas obras de defensa, y arreglaron el aljibe, todo destrozado en la actualidad, en términos que, de las siete puertas que tenía la fortaleza, sólo queda una abierta perfectamente defendida   por las torres de su camino, llamadas de entrepuertas. Creen algunos que estas obras, por su remota antigüedad son del tiempo de los romanos, pero lo más probable que correspondan a tiempos de los árabes, porque en algunas coetáneas a lo más antiguo de la fortaleza, que es sin duda lo de la parte del Norte y el Este, se ven impostas, arcos apuntados, mezclas y cortes de cerramiento que revelan bien el gusto de los árabes. Otras obras han debido ser posteriores a ellos porque en la clave de los arcos de las dos puertas de los torreones que están a la entrada del fuerte se ve el escudo de la ciudad con la llave, siendo así que no hizo estas armas hasta después de la conquista. De la antigua ciudad que ocupó este recinto no existe más que alguna pared de lo que fue casas de cabildo y unos arcos que se cree fueron de la carnicería …EL segundo recinto estaba también    amurallado y flanqueado por torres, de las que se conservan algunas y parte de la muralla.

            Ya en el último tercio del siglo, sufren un gran deterioro las propias murallas de cierre del cerco del barrio del Barrio de Santo Domingo, hasta el punto que el propio ayuntamiento permitió a los particulares derrumbar todo el lienzo que lindaba por la ermita de San Blas y la puerta de Martín Ruiz, que se hallaba en ruinas con tal de dejar expedito todo el camino de San Bartolomé. Estas son las declaraciones de 4 de marzo de 1872 por parte del concejal don Tomás Cortés "hallarse ruinosa y amenazando peligro una parte de muralla como de seis varas cuadradas y diez de altura al sitio de San Blas, cuyo derribo se hace por ello necesario y, con el que se perjudica a propiedad alguna particular por encontrarse fuera de ellas, expresando se haría cargo de costear su demolición se le permitía utilizarse de la piedra que resultara. La Corporación en su vista y considerando la dificultad y costo que ofrece el derribo por la clase de estas construcciones antiguas  y el poco valor de la piedra en esta localidad acordó acceder a lo solicitado y en evitación de los males que pudiere ocasionar su desplomo, haciéndose esta concesión sin perjuicio  de que ha de que quedar expedito el camino que va al pie de la muralla , que se ha de obstruir este en manera alguna, para lo que se removerán y trasladarán a otro punto los escombros que se produzcan".



EL CEMENTERIO DE LA MOTA EN 1819

 

A partir de esa decisión municipal, en 1816, la iglesia se descombró su interior, se desmontaron los restos de las bóvedas que amenazaban peligro y se ampliaron los lugares de inhumación de cadáveres. En 1818, las largas que se habían dado en la instauración del cementerio, ya no importaron, se prohibió el enterramiento en la Iglesia Mayor Abacial hasta que se hicieran las obras necesarias para ubicar el cementerio   y, provisionalmente, los cadáveres se enterraron en las iglesias anteriormente mencionadas. En 1819, la Junta de Sanidad, ya estableció “el cementerio común fuera de los muros de la ciudad en el sitio nominado de la Mota a bastante distancia de la población, en una altura que la domina en todas las partes, y, en su consiguiente los vientos cruzándose en direcciones opuestas, ningún perjuicio acarrea a la salubridad del vecindario: cercado d altas paredes y de los muros de la fortaleza y en su seno contiene el mencionado sitio. Prevenido de firmes puertas, y con extensión muy sobrada un sinnúmero de años a este destino y cuya naturaleza del terreno es muy a propósito para la más pronta conjunción de los cadáveres y que de él ningunas aguas se filtran ni comunican con las potables del pueblo. Asimismo dentro de este recinto en la  Iglesia que fue arruinado a la retirada del Ejército francés, se restableció y reparó una capilla en donde se celebra el Sacrificio de la Misa, y no a muy larga distancia se destinó la ermita de san Blas , también separada de la población , para depósito de cadáveres y celebración del oficio de Difuntos, todos estos objetos y atenciones fueron cumplidas puntualmente en observancia de las órdenes Superiores, y solo han quedado en ejecución , por haberse apurado los arbitrios  para ello, el Osario y  la habitación para un capellán y sepulturero. La limpieza y  la extracción de la ruina  de la citada iglesia  y sus bóvedas para colocar en ellas las correspondientes sepulturas  en que con distinción de párvulos a otras edades, y de sacerdotes a otras personas, se hiciese depósito  y enterramiento de cadáveres., según está prevenido, señalando al mismo tiempo el terreno y, en seguida a la ocupación de la memorada iglesia que se  necesitaba  para nuevas sepulturas, aún el sobrante para ocurrencias y extraordinarias de alguna epidemia, para cuyos objetos han concurrido los peritos y manifestado el importe que se ha menester  para llenarlos en todas sus partes. Por tanto, no hallándose otro mejor local para cementerio, que el que ya establecido, por las circunstancias preferentes a otro cualquiera que en el concurren, informan que no debe hacerse traslación a ninguna de las Iglesias vacantes, sino repararse lo que sea necesario en él lo que se está haciendo uso para este vecindario.”

 

El plan de la obra se le encargó al maestro Manuel Granados  que hizo este proyecto  con su correspondiente presupuesto:  emparedamiento del osario (2.800 reales de vellón); excavación, extensión de tierra y allanamiento para sepulturas en el suelo (18.525 reales); composición y limpieza de sepulturas (5.095 reales); tejado del paso que cubría la capilla mayor y otro igual que está pegado a la torre (4.800 reales);tres galerías de nichos en su interior (4.000 reales);techado y tabicado de la casa del capellán sacristán (200 vigas,  clavos, 66 haces de cañas, tercio de tomizas, 60 cahices de yeso, puertas o ventanas, trabajo y peones que suman  17.680 reales. El total de la obra alcanzaba la cifra de 52.900 reales. ´

 



 



 


En 1823, de nuevo los miembros del ayuntamiento se hicieron eco de un acuerdo de las Cortes sobre la salubridad pública y el emplazamiento de los cementerios, y de ello el alcalde dio fe incluso sobre el estado del cementerio y las reformas previstas. Y se pusieron en ejecución las propuestas de Granados.

 

La operación también fue descrita por el cronista Guardia Castellano, recogiendo las actas y un informe con motivo de la construcción del desaparecido cementerio hoy día desaparecido:

 no ya en sus antiguas criptas y sótanos, que habían sido con anterioridad cegadas por los franceses sino en la totalidad de su superficie, sobre el haz de la tierra, bien fosas cavadas someramente entre ruinas y escombros, bien formando pilas con los ataúdes colocados los unos sobre los otros, recubiertos con una capa de yeso. Cuando ya estas pilas alcanzaban alguna altura, se formaban otras delante y luego otras, por lo que iba reduciéndose el área del antiguo templo con aquel revoltijo sin orden ni concierto en que se iban acumulando las sagradas cenizas de aquellas generaciones.

 

  La falta de una planificación y diseño de su interior, así como sus continuos derrumbes, dieron lugar a un aspecto insano, lúgubre e inhóspito que obligaba a tomar medidas lo más pronto posible para darle un giro a este nuevo cementerio. Pues realmente no respondía dicho espacio a un auténtico cementerio sino, más bien a la reutilización de un espacio religioso abandonado con fines de enterramiento.  No obstante, los miembros del cabildo municipal se sentían complacidos por el hecho de   haber dispuesto este espacio para camposanto y, además, se creían sumamente satisfechos de que respondía con todas las garantías, porque ya no se enterraba en las iglesias. Por eso, no era de extrañar que, a los requerimientos de las memorias de las autoridades provinciales, se contestara afirmativamente que existía un cementerio público y este, por su parte, reunía todas las características de lo que se le preguntaba en los interrogatorios del gobierno civil (así, se hizo en 1823 y 1834).

 

Estas son sus manifestaciones del ayuntamiento de Alcalá la Real en el  segundo año 1834:

Hacía algunos años que en los extramuros de la ciudad se construyó, hacia el sur y en un sitio elevado, un cementerio donde sepultaban los cadáveres de Alcalá y las aldeas, excepto los de Frailes y Charilla que tenían el suyo propio. La misión del gobierno civil solicita que se construyan cementerios en todas las aldeas y así evitar de la vista del público los cadáveres que puestos sobre borricos se conducen al cementerio de esta ciudad. Por este medio se disiparán aires malsanos que lentamente consumen la especie humana por la respiración y en tiempos epidémicos no se comunicarán los cadáveres de una ladera contagiada con los habitantes de la aldea”.

 

Prueba de que el cementerio público era una realidad, se encuentra en el libro primero de sepulturas que alude que en 1850 existía un conserje llamado José Moyano y que este ya organizaba la distribución de sepulturas Durante este tiempo, se utilizó como capilla y lugares del sacristán los pies de la iglesia y la capilla del Descendimiento o de los Aranda que daba a la escalera del campanario.

 

Todo el entorno de la Mota es un terreno abandonado y en gran manera metido en labor. Sirva de ejemplo esta acta de 17 de abril de 1854: "Se dio cuenta del informe emitido por la comisión de propios, para el memorial de Josefa Zafra de esta vecindad en que pidió al ayuntamiento ,en primero de marzo anterior, permiso para meter en labor una tierra inútil en las murallas de la Mota ,la cual ofrece cercar de piedra para guardar la posesión que linda  y las limítrofes, siendo la comisión de opinión que se le conceda esta gracia para los cercados y  le ha demarcado con el auxilio de los peritos un cascajar de seis celemines  el ayuntamiento en su virtud acordó conceder la gracia tal como se propone en virtud. Cabildo de 21 de enero de 1854.

No obstante, entre información histórica y estado del recinto fortificado, se recoge este texto del Diccionario Estadístico- Geográfico de Madoz en 1855: En lo antiguo tuvo la ciudad fortificada con doble círculo de murallas; constituye el primero la fortaleza llama de la Mota al Oeste, toda de piedra de cantería labrada. Sobre el cerro del mismo nombre, escarpado por todas partes, que domina la ciudad y los campos; y el segundo circundaba los arrabales. En la cúspide del cerro hay una explanada de figura oval de 312 varas de longitud y 260 en su mayor latitud, con trece torres, entre ellas el castillo principal que mira al Norte, con su plaza de Armas y otras fortificaciones inferiores, obra del siglo XIV, pues el casillo antiguo que existía en el mismo paraje, fue derribado cuando se conquistó la ciudad a los moros y mandado a reedificar por el rey Alfonso XI. De ahí arranca el lienzo de muralla, en parte por la roca cortada, y flanqueado de los torreones uno de los cuales s llamado cárcel, porque se asegura tuvo este destino, y aún se designa la lóbrega mazmorra subterránea, donde los moros enterraban a sus cautivos. Volada esta torre por los franceses, en su retirada, todavía se ven en la parte que queda del segundo piso, algunos adornos arabescos. Pero durante la permanencia de aquellos en España añadieron nuevas obras de defensa, y arreglaron el aljibe, todo destrozado en la actualidad, en términos que, de las siete puertas que tenía la fortaleza, sólo queda una abierta perfectamente defendida   por las torres de su camino, llamadas de entrepuertas. Creen algunos que estas obras, por su remota antigüedad son del tiempo de los romanos, pero lo más probable que correspondan a tiempos de los árabes, porque en algunas coetáneas a lo más antiguo de la fortaleza, que es sin duda lo de la parte del Norte y el Este, se ven impostas, arcos apuntados, mezclas y cortes de cerramiento que revelan bien el gusto de los árabes. Otras obras han debido ser posteriores a ellos porque en la clave de los arcos de las dos puertas de los torreones que están a la entrada del fuerte se ve el escudo de la ciudad con la llave, siendo así que no hizo estas armas hasta después de la conquista. De la antigua ciudad que ocupó este recinto no existe más que alguna pared de lo que fue casas de cabildo y unos arcos que se cree fueron de la carnicería …EL segundo recinto estaba también    amurallado y flanqueado por torres, de las que se conservan algunas y parte de la muralla.

            Ya en el último tercio del siglo, sufren un gran deterioro las propias murallas de cierre del cerco del barrio del Barrio de Santo Domingo, hasta el punto que el propio ayuntamiento permitió a los particulares derrumbar todo el lienzo que lindaba por la ermita de San Blas y la puerta de Martín Ruiz, que se hallaba en ruinas con tal de dejar expedito todo el camino de San Bartolomé. Estas son las declaraciones de 4 de marzo de 1872 por parte del concejal don Tomás Cortés "hallarse ruinosa y amenazando peligro una parte de muralla como de seis varas cuadradas y diez de altura al sitio de San Blas, cuyo derribo se hace por ello necesario y, con el que se perjudica a propiedad alguna particular por encontrarse fuera de ellas, expresando se haría cargo de costear su demolición se le permitía utilizarse de la piedra que resultara. La Corporación en su vista y considerando la dificultad y costo que ofrece el derribo por la clase de estas construcciones antiguas  y el poco valor de la piedra en esta localidad acordó acceder a lo solicitado y en evitación de los males que pudiere ocasionar su desplomo, haciéndose esta concesión sin perjuicio  de que ha de que quedar expedito el camino que va al pie de la muralla , que se ha de obstruir este en manera alguna, para lo que se removerán y trasladarán a otro punto los escombros que se produzcan".

Dentro de las obras, solo cabe reseñar que   se llevaron a cabo en el cementerio de la Mota, desde los pabellones viejos a los nuevos a lo largo de los años comprendidos entre 1876-1891- Y como curiosidad una nueva iglesia neogótica del gusto de la época se levantó en 1898 para prestar los servicios religiosos al cementerio. En concreto, fue el 24 de octubre cuando se principió la construcción de la capilla del cementerio y finalizó el 18 de diciembre. El doce de enero de 1899, a las once de la mañana, se bendijo solemnemente por el Arcipreste y párroco de Santa María don Idelfonso Díaz Herrera, quien acto seguido celebró la Santa Misa con los vestuarios Don Francisco Villuendas y don Joaquín del Espino aplicando la misa para cofrades de ambos panteones. Concluyendo el acto con un responso y doble de campanas. Asistieron don José de la Torre, ex capellán y tres sacerdotes más, don José Carrillo que ofreció la misa y cantó el responso. Asistió el alcalde don José Serrano Trujillo y comisión de Beneficencia y la ciudad con su presidente y segundo teniente don Blas Ramírez Castillo y numeroso concurso de fieles. Se componía de las siguientes obras de arte, hoy en paraderos desconocidos:  Santo Cristo que hay en la Capilla, el mismo que hubo desde 1814 en la antigua capilla del dicho Panteón, situada al pie dela torre y dentro de la Iglesia, actualmente en la sacristía de la iglesia de Consolación. el cuadro de lienzo de gran tamaño que es el Patrocinio de San José lo donó el presbítero don José de la Torre Arenas y el lienzo que representa el Descendimiento lo regaló el conserje de este cementerio José Moyano; el cuadro de lienzo de la Purísima, don José de la Torre, escribano público y el de San Vicente, el capellán Francisco Villuendas Romero; el retablo lo donó la parroquia de Santa María la mayor y la pila de agua bendita la de Santo Domingo de Silos. La capilla y ropa blanca eran de la capilla de la Cárcel. Todos los utensilios de cáliz, vinagrera se compraron de fondos del Panteón.



[1]      GUARDIA CASTELLANO, Antonio, “Leyenda y Notas para la historia de Alcalá la Real. Edición facsímil de Francisco Toro y Domingo Murcia. Ayuntamiento de Alcalá la Real Págs. 367-371.

[2]      Amar. Caja 77. Legajo 12.

[3]      AMAR. Acta De 4 diciembre de 1865.