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jueves, 10 de septiembre de 2026

BERMEJO


 A  lo largo de nuestras investigaciones, nos han surgido los términos bermejo, bermeja, mermejo, mermeja. En concreto, se hacía referencia, primero, al barrio de las Torres Bermejas, situadas en torno a lo que posteriormente se encontraron las calles Juan Jiménez, Pajarejos y Zalamea hasta el siglo XVII; en segundo, se aludía a un cortijo que se encuentra en el partido de campo de la Caserías de San Isidro; y, en tercer lugar , se refería con este adjetivo a la venta de la Rábita. Está claro que mermejo no es sino un vulgarismo producido por una asimilación regresiva de la consonante bilabial nasal, frecuente en otros tiempos.  

Bermejo es un término en español que significa rojo, rojizo o de color similar al rubio-anaranjado, pelirrojo. Proviene del latín vermicŭlus (gusanillo), ya que históricamente se utilizaba un tipo de gusano (el quermes) para elaborar los tintes de este color. 

Me viene a colación del nombre de la venta de la Rábita hasta finales del siglo XVII,      La  descripción de la zona de la Laguna nos sugiere una zona pequeña pantanosa, desde donde salen varios manantiales de agua superficiales, cubiertos y rodeados exteriormente de juncos, muy cerca del camino que viene de los actuales Canales, y cerca del camino real que se dirige hacia el de los Playeros; la Venta se encontraba cerca de esta encrucijada de caminos. Y no es de extrañar que su ubicación proviniera del asentamiento del antiguo ribat transformado en venta, y luego,  ermita, ya que una capellanía de la familia de Alonso Ortiz  disponía de ella a través de un capellán: 


“Desde la qual esquina  a la parte levante de levante, y desde el camino real, que con ella alinda a la dicha vereda, hacia   el dicho Juncar, por do los ganados entran en él, y lleva de anchura diez estadales, alinda a la mano derecha  hasta el dicho Juncar con las paredes de la dicha venta, y luego con las de un cortijo, que está incorporado con ella, y luego haça de de Catarina Rodríguez , biuda mujer que fue  de Bartolomé López Montijano, y  con esta llega al dicho Juncar, y por la mano izquierda desde el dicho camino  hasta el dicho Juncar alinda con haça , que es de la dicha Catalina Rodríguez biuda, y yendo al dicho Juncar, , va hazia abaxo sirviendo el dicho Juncar de vereda; y  es de saber que este juncar todo es realengo, común y concegil; para pasto y abrevadero de ganado, como lo  dize el libro de Hernán Pérez, en la foja quinze plana segunda, digo primera , y porque dentro tiene muchos ojos de agua, que de presente,  no se puede andar, no se mide agora su anchura ni largura, hazerse sea empudiendo, así se encargue lo manden hazer los señores, Justicia y diputados que les cupiere la primera visita de veredas  y hagan  poner en este libro  la dicha medida para que por ella se visite , siempre , porque no se pueden entrar en el, ni menos a caballo,  como agora está como lo van haziendo”. Junto a la laguna existía un cortijo importante, el de los López  Montijano.
Se le conocía a principios del siglo XVII como Venta Bermeja, y , en este tiempo, pertenecía a Juan de Vega, que en 1601 contrató su obra a Gerónimo de Luque. A finales del siglo XVII, seguía con el mismo nombre y en su entorno se encontraba el cortijo del cura Antonio de los Ríos , capellán de la Real Capilla de Granada y comisario del Santo Oficio de la  Inquisición.
(AHPJ GABRIEL DELGADO. Año 1674).


miércoles, 9 de septiembre de 2026

EL MÉDICO CRISTÓBAL MÍREZ DE CARVAJAL, LA NIEVE Y EL NEVERO.

 En los últimos decenios del siglo XVII, destacaron varios médicos  que se afincaron en Alcalá la Real . Tuvieron un debate sobre el beneficio y tratamiento de la nieve para enfermos. Actualmente, muchos historiadores han versado sobre la nieve en la península ibérica y establecieron dos periodos distintos, que coinciden también con dos planos temáticos.      En el primer periodo situamos las obras escritas durante los siglos XVI al XVIII, que coinciden con un tema principal, el aspecto terapéutico de la nieve. Como hemos visto más arriba, la nieve era considerada un producto de primera necesidad, no tanto por su utilización gastronómica y como conservante de alimentos  -carne y pescado-, como por sus funciones medicinales: antipiréticas, antinflamatorias, antiálgicas y antihemorrágicas.    La nieve y el agua helada debieron tener varios usos: terapéuticos para curar enfermedades con motivo de las grandes epidemias, peste y fiebres de todo tipo que alcanzaban a la población (son muchos las ocasiones en que con motivo de la  peste de epidemias febriles que se cita su uso); en segundo lugar, la nieve se convierte en un objeto gastronómico esencia a la hora de  las invitaciones de los frecuentes convites y banquetes que acontecían con motivo del recibimiento de personajes famosos (reyes, condes, duques, como el de Sesa) y autoridades (corregidores y abades, sobre todo al principio de su mandato) y en las fiestas extraordinarias de proclamación de reyes y acción de gracias, por un parto regio, tratado de paz o victoria nacional.  Como uso industrial y doméstico se constatan dos elementos el Pozo de la Nieve y su casa. Del primero: en el acta de 15 de febrero de 1633 se habla del Pozo de la Nieve. Del segundo: en el acta de  29 de mayo de 1663, se alude que La Casa de la Nieve, donde está el pozo, está arruinada.

En el mismo año, más adelante, los señores don Pedro Muñoz de los Díez y don Matheo Serrano, regidores, dieron cuenta a la ciudad de cómo se acabó la nieve que había en el pozo y ayer veinticuatro de este mes concertaron con Diego Martínez Izquierdo "que traiga de Valdepeñas dándole tres reales por cada arroba  de nieve que entrare en esta ciudad y un real en cada carga y solicitan  que aya una persona para venderla bajándole el tercio y para que sea necesario venderla a ocho maravedíes en el interim “.  Por estas palabras se sacaron las siguientes consecuencias:

La nieve procedía de los ventisqueros de las Sierras de Valdepeñas[23], muy relacionadas con la comarca alcalaína y se mantuvieron hasta fechas recientes del siglo XIX y principios del XX.

En la obra de Miñano y Bedoya (1826:84), leemos sobre la nieve y su comercialización: “Las sierras que corren de mediodía a poniente […] La Pandera, en donde hay un pozo de nieve muy profundo, que aseguran antiguamente fue excavón de una mina de plata, el cual tiene una admirable desagüe por donde destila la nieve”.

Se controlaba su comercio a través de la municipalidad: nevero, precio, arrendatario y transportistas.

Las comunicaciones habían sido muy importantes en el siglo XVI y supusieron un nuevo impulso en los primeros años  del siglo XVII, en los que los carros se acrecentaban en número. Sobresalía  el camino de Granada a la Corte que pasaba por Alcalá y debía sortear gran cantidad de puntos embarazosos como barrancos y vados de ríos. Muchos de  ellos se salvaban mediante rudimentarios puentes de maderas que sufría las embestidas de los vendavales y había que renovarlos continuamente. De ahí que cada vez los vecinos consideraban que  había que emprender grandes obras de ingeniería. Este fue el intento de 1624 de construir  puente del Salado con motivo de la frustrada  venida del rey de tal manera que,  años más tarde en 1631, se le encargaron las trazas  al maestro de obras de la Catedral de Jaén Juan de Aranda Salazar y se hicieron posturas (cfr. 2.5. 1631), pero el camino de Valdepeñas, antiguo camino de Jaén, tenía importancia por ser medio de comunicación con los puntos de abastecimiento de la nieve que servía de medio terapéutico para las enfermedades estivales y para bebida refrescante: Estos se hallaban en la Sierra de Jaén y la fisonomía geográfica hacía este camino angosto y estrecho, que tenía un puente y se ensanchó en el año 1753.  Perdió importancia poco a poco, a pesar de ser el más famoso en el siglo XV, como denota la crónica del Condestable y  mientras la ganadería predominó sobre la agricultura,  fue uno de los que más  se frecuentaron.

          Para el comercio con la zona jiennense se recurría a los arrieros de Martos, Alcaudete y Alcalá; para los de Granada, los de Colomera, que eran moriscos; para el comercio con Córdoba, se trataba con los arrieros de Lucena. Curiosamente, se producía otro intercambio con estos pueblos que venían trayendo el vino cordobés y a veces se llevaba la nieve de Valdepeñas. Un momento clave para la caída de los vinos fue la entrada de los vinos cordobeses, que traían fingidamente sus vinos hacia Valdepeñas y aprovechaban sus cargas de regreso con nieve. Esto provocó una auténtica liga entre los comerciantes y productores alcalaínos en 1632.

Otros grupos menos numerosos eran los arrieros, que se dedicaban al transporte de los bastimentos. En el Castillo, destacaban cinco que llevaban la nieve desde Valdepeñas hasta Córdoba en el verano, desde mayo hasta octubre. Solían ganar cada arriero mil seiscientos aproximadamente. Muchos de ellos estaban ligados a los propietarios de yuntas de arreos que eran unos treinta y cuatro en toda la comarca. Solían transportar el trigo de la ciudad a otros lugares. Incluso en momentos extraordinarios llegaron a transportarlo a la corte de Madrid a través de los caminos de Jaén por Torredelcampo y Torredonjimeno o Córdoba y siempre para continuar a Ciudad Real.

En el siglo XVIII el abastecimiento de la nieve se acrecienta con la subasta de los helados y refrescos. Al principio, es curioso que los valencianos sean los primeros contratistas. Pero en el siglo XIX, son ya algunos comarcanos como los castilleros los que se quedan con la subasta. Así, Manuel de Mesa, vecino del Castillo, regentará los helados durante muchos años y su surtido se compondrá de helados mantecados y bebidas dobles, los cuartillos, los sencillos y el cuartillo de agua de cebada.[24] En el 1829, aparece un nuevo producto: la libra de nieve. Tras un gran vacío historiográfico durante el siglo XIX y hasta la sexta década del siglo XX el resurgir de los trabajos sobre la nieve, se realiza desde muy diversos aspectos temáticos, el comercio, la arquitectura de pozos y neveras, los oficios relacionados, consumos y usos sociales, legislación y fiscalidad, etc.

Centrándonos en el primer periodo, dejamos atrás la historia del beber frío se inicia en  Próximo Oriente y en la Grecia del siglo V a.C; o en  Roma en el siglo I a.C., donde se introduce con criterios terapéuticos. No hay sino referencias aisladas, tanto en la literatura cristiana como en la musulmana. Pero, en el Renacimiento estaba lejos de conformar un comercio amplio y organizado y tan sólo su uso comienza a difundirse entre la nobleza y clases elevadas de los reinos peninsulares. A

Y coincidimos con esta cita: " Este fenómeno elitista de épocas anteriores, en el transcurso del siglo XVI, se va convirtiendo en una necesidad y da lugar a una rápida difusión de las técnicas del uso de la nieve y hielo. Hasta alcanzar la consideración de comercio y por lo tanto susceptible de generar ingresos para la siempre deficitaria Corona española.La importancia terapéutica de la nieve en el pasado queda plasmada en diferentes obras de los siglos XVI al XVIII". Varios tratadistas versaron en XVII sobre la  nieve: Centurias de Amatus Lusitanicus en las que comenta diversas curaciones atribuidas al agua de nieve; Francisco Franco,[5] en su Tractado de la nieve y del uso della refiere el inicio de la construcción de depósitos en la ciudad, y trata de convencer a sus colegas de las bondades este meteoro. Es la primera obra en España sobre la cuestión del uso de la nieve en medicina, siendo además una de las primeras monografías europeas sobre el tema; Monardes dice que la nieve quita el temblor de corazón y alegra a los melancólicos; en 1576 salen de la imprenta dos obras, una de Alonso Díez Daza, Libro de los provechos y daños que provienen con la solo bebida del agua: como se deba escoger la mejor y rectificar lo que no es tal..: Francisco Micon con su obra Alivio de sedientos, en el cual se trata de la necesidad que tenemos de beber frío y refrescado con nieve, y las condiciones que para esto son menester, y cuales cuperos lo pueden libremente soportar[ recomienda beber frío tanto como uno soporte y lo recomienda a negociantes, regidores de pueblos, ministros, soldados y caminantes.

Esta innovadora terapia del frío se basa en la concepción filosófico-médica, que entiende a las personas compuestas de cuatro elementos (tierra, agua, aire y fuego) cuyas cualidades (húmedo, frío, seco y cálido) regulan el equilibrio humano. La enfermedad es un desequilibrio  entre los humores o temperamentos que debe ser corregido. El frío debe contrarrestar los desarreglos debidos al exceso de calor, con la ayuda inestimable de sustancias frías como la nieve o el hielo. Hasta llegar a esta situación fue necesario que los médicos abandonaran la tradición hipocrática respecto del uso de la nieve, producto que consideraban perjudicial para la salud, toda vez que representaba una trasgresión de la norma nada en exceso. Esta posición se enfrentaba a la de Galeno, quien manteniendo las restricciones del frío ante dolencias del pecho, lo recomienda en fiebres o hemorragias. Esta postura galénica contribuyó a la generalización de la defensa del empleo de la nieve entre los médicos.

 Ya en el siglo XVII, destacan muchos médicos defendiendo estas tesis, entre ellos  Alonso González,  Francisco Jiménez de Carmona, Matías de Porres, Juan de Carvajal, Toribio Cote y Cobián,  I. Pérez Merino, Fernando Cardoso, Alonso de Burgos, Y en Alcalá la Real, ya hemos tratado del médico  GASPAR DE REYES Y MEJÍA .A raíz de una visita a la Biblioteca del Hospital Real de Granada tuvimos la suerte de encontrar el libro titulado Discurso contra el mal uso de beber agua elada hecha carámbano, a que dizen  garapiña, aunque sea de chocolate, de leche, de agua de canela, limonada, y otros licores: contiene excelencias de beber a su tiempo agua fría de nieue, y unas reglas saludables de Hipocrates, Galeno, y Auizena, vueltas del latin en refrancillos[



Con Adela Tarifa, estamos de acuerdo que  amaba su profesión, y que era un hombre bueno.  Nos valen los consejos finales de don Gaspar, los de su cuarta conclusión, porque no tienen desperdicio: «Beban poco agua y menos de la de nieve y poco fría los flemáticos, los de poco calor en el estómago, los que padecen ventosedades, flemas, crudezas, los que regüeldan azedo, los ociosos que viven a lo poltrón, porque si beben mucho y muy frío, intespestivamente se ocasionan morir de repente, no los que tienen obstrucciones, no los que tienen apretado el pecho y les suenan pitos y flautas, como asmáticos, no los que escupen sangre, no los que tienen destilaciones y tose, no las mujeres que padecen fluxos albos, no los sujetos a dolores por ventosedad, como cólica y ijada, no la beban los niños, porque sus ordinarias crudezas se harán mayores como se sofocarán, criarán lombrices y les darán alferecía, no los muy viejos, salvo si tienen calor de mozos y son ejercitados, no la beban luego después de haberse ejercitado mucho, no les acontezca lo que cuenta Hipócrates sucedió  La garapiña se consideró golosina: he aquí algunos ejemplos: «Venus. También fe gastan bobas por golofina que fon Damas, que faben a garapiña» o a Esteneo, que murió dentro de tercero día con graves accidentes, por haber bebido frío luego después de haberse ejercitado. Por lo que Caballero mozo, si juegas a la pelota o eres desposado y has tratado de parecer muy galán a la novia con que te habrás encendido, no bebas luego después del ejercicio, no te suceda mal, antes gocen todos de salud.


 El autor se hace una serie de preguntas, con Aristóteles, que él mismo responde: ¿por qué es malo cambiar de agua?, ¿se ha de comenzar las comidas con agua? (f. 3), ¿por qué empezar las comidas con lechuga, si los antiguos acababan con ella (f. 4)?

Tres son las conclusiones del tratado: 1) “de ninguna manera conviene beber agua elada[14] hecha carámbanos, que dizen garapiña[15] (f. 5-8)”; 2) tampoco es bueno beber agua caliente (f. 9); 3) es saludable beber agua fría con nieve (f. 9-11).


. Cristóbal Mirez de Carvajal fue un médico alcaláino de los años setenta. Fueron sus obras Tratado de las cualidades que la nieve tiene a predominio y respuesta a un papel que quiere defender la opinión contraria.. y Antilogía breve en que se prueba el verdadero temperamento que la nieve posee a predominio y de passo se responde a dos apologías que pretenden probar,  establece la conveniencia de su uso. El Tratado de las cualidades es una obra científica y médica del siglo XVII cuyo  núcleo gira en torno a un encendido debate médico y físico de la época barroca: determinar el temperamento y la naturaleza elemental de la nieve y su repercusión en la salud humana al emplearla para enfriar bebidas y alimentos. Pues, durante los siglos XVI y XVII, se popularizó de forma masiva en España y Europa el consumo de agua y vino enfriados con nieve o hielo, lo que generó una enorme cantidad de literatura médica. Los doctores de la época, fuertemente influenciados por la teoría de los humores de Galeno e Hipócrates, discutían si introducir un elemento tan frío en el cuerpo era beneficioso o perjudicial, y bajo qué condiciones debía hacerse. En este tratado, Mirez de Carvajal defiende una postura muy particular dentro de la física cualitativa de su tiempo: sostiene firmemente que la nieve es seca a predominio (además de fría).El conflicto radicaba en que la teoría común sugería que, al ser la nieve agua congelada, debía compartir la cualidad húmeda de esta. La contrarréplica a  Mirez que argumentaba que el proceso de congelación alteraba sus cualidades primarias, transformándola en un elemento donde predominaba la sequedad, se basaba en una respuesta directa para rebatir un manuscrito o "papel" de otro colega que defendía la tesis opuesta (que la nieve era húmeda). 


La publicación de este tratado desató réplicas inmediatas en los círculos académicos andaluces. El ejemplo más notable de esta disputa es la obra de Tomás de Murillo, titulada Responsiva apología, a un tratado del licenciado Don Christobal Mirez Caravajal médico, en que se pretende probar que la nieve es seca apredominio... (publicada en Córdoba en 1650), en la cual se atacaban los postulados de Mirez. 

Para defenderse, el propio Mirez de Carvajal publicaría posteriormente otra obra complementaria titulada Antipología breve: en que se prueba el verdadero temperamento que la nieve posee a predominio. 

El balance final de la polémica es claramente favorable al uso de la nieve y del beber frío, aunqiue la posición contraria al frío recomendaba vivamente beber caliente. Uno de sus principales propagandistas fue Antonio Persio que publica en 1593 Del bever caldo costumanto da gli antichi Romani...[25] pero sin mucho éxito.

Actualmente muchos historiadores añaden una nueva perspectiva del estudio de la nieve, la arqueología y la arquitectura de los pozos sin olvidar las relaciones comerciales. 

En dos de agosto de 1674, dio el poder para testar al cura don Alonso de Santisteban , párroco de Santo Domingo de Silos, ordenando fuera enterrado en la cripta de los religiosos del convento de San Francisco y dejando a su sobrino cura uraganovense Manuel Talero Peñuela como heredero de sus bienes (AHPJ. Gabriel Delgado Esteban Legajo 5100 folios 513 y 514.) 

EL NEVERO

EL POZO DE LA NIEVE


            No es un nevero artificial sino  un pozo excavado en la roca sin  muros de contención, de gran dimensiones y con  techo natural, que disponía de abertura cuadrada  para la introducción de la nieve  desde un patio (cerrada con una portichuela de madera) y, posteriormente, para laextracción del hielom  cuya finalidad es conservarlo para poderlo usar, cuando, de forma cpngelada, la nieve ya estaría derretida. Desde el suelo hasta el patio alcanza los nueve metros y su forma ovoide encierra un diámetro de anchra y de altura de más de seis metros. Se accede a través de un pequeño patio, porque estaba colocado en la parte final del Palacio Abacial, en el camino de ronda de la primera muralla de la ciudad fortificada, muy cercano a la Torre de la Especería, Excavado en la roca, también se accede por una escalera, que dejan en un flanco una cueva, donde se encuentra un enterramiento en forma de cista y con varios esqueletos de tempos de la Edad de los Metales o del Bronce. Una apertura permite la visión de este nevero original que recuerda un recinto o santuario de los primeros habitantes del cerro de la Mota reutilizado por los vecinos posteriores, sobre todo del siglo XVII para el almacenamiento de la nieve.


 
Esta figuraba como un producto como el aceite o el jabón que era adjudicado en subasta pública por sus fines terapéuticos, de conservación de alimentos, de aperitivo en convites y banquetes de las autoridades   y de prevención de contusiones. Su forma abovedada recoge un recinto circular horadado en la roca de forma natural y labrado por el factor humano en su suelo con una serie de nueve ranuras concéntricas que se canalizan a través de una galería de nueve metros de longitud y casi un metro de alto   hacia un pozo o aljibe que se encuentra en el entorno de la Puerta Nueva. La nieve solía ser transportada desde los ventisqueros o neveros de los montes de la Sierra de Valdepeñas por compañías de mulas que intercambiaban productos con los vecinos, los médicos solían recetar con frecuencia la nieve y se cuidaban de su aplicación porque le atribuía efectos nocivos para el cuerpo en su ingestión.  La primera obra monográfica europea sobre la nieve  fue la del médico valenciano Francisco Franco, originario de Játiva y se titula Tratado de la nieve y del uso della (Sevilla, 1569). Además de las aplicaciones médicas y de conservación, existe la vertiente lúdica de consumo de alimentos fríos o helados, tanto sólidos como bebidas. Hasta mediados del siglo xvii aparecen tratados como el de Juan de Carvajal, Utilidades de la nieve, deducidas de la buena medicina (Sevilla, 1611), o el Methodo curativo y uso de la nieve (Córdoba, 1640) del doctor Alonso de Burgos. En Alcalá, hubo una famoso médico Melchor de los Reyes Mejía que escribió sobre la nocividad del agua helada. Este pozo se surtía también desde 1587, incluso con la nieve de las precipitaciones invernales Al final, se conocía esta casa como la de la Nieve y se mantuvo hasta finales del siglo XVII,

 


domingo, 6 de septiembre de 2026

JUAN VEGA VEGA, EN EL PROGRAMA DEL CRISTO DE LA SALUD 26

 





Hay hermanos del Cristo de la Salud que nunca podemos olvidar, cuando nos acercamos al barrio de San Juan. Siempre nos encontrábamos con ellos desde la niñez a la hora de compartir las enseñanzas en las escuelas de las maestras de barrio o compartiendo la cultura de la calle, celebrando varias familias las festividades del año dentro de la misma casa; sobre todo, en Semana Santa y Navidad, ensayando tambores y trompetas o cantando antiguos villancicos en la noche de Navidad. Este es el caso de este recuerdo de un hermano que todavía lo tenemos presente, cuando nos acercamos al templo o la casa de la hermandad del Cristo de la Salud y contemplamos sus suelos y paredes como si estuvieran todavía pulidas o pavimentadas por sus manos artísticas, que hasta en su oficio de albañil Juan Vega Vega tenía arte. O cuando contemplamos en el museo una trompeta ya en desuso, parece como si nos estuviera haciendo un solo en aquella primera banda del Cristo de los años setenta que cooperó junto con su hermano para que luego fuera una realidad la agrupación musical, dando el paso de una banda de tambores y cornetas a una asociación musical que superó los primeros pasos de que el Cristo pudiera tener el primer grupo musical.

Ni que decir, cuando, antes de entrar a la iglesia, pasando por el cruce de la calle del Rosario y Veracruz, escucháramos algunas saetas tuyas en la despedida de la Virgen de las Angustias o, solitariamente, en forma de oración: Ya te suben, ya te bajan, por la calle del Rosario, /! ¡Ay, Cristo de la Salud! /qué duro es ya tu calvario/.

 

Y, ya en la plaza mirando a la calle del Romancero y desde el altillo de la antigua calle Llana de la Trinidad recordamos que cantabas con un arte inigualable como si quisieras hacer eterna esa tradición que se mantuvo durante muchos años, con esta saeta, referida a los claveles que se traían de Almería, donados por el hermano Antonio: De claveles de Almería/están llenando la cruz/los hermanos que te quieren/del Cristo de la Salud.

No es extraño que nos venga a la mente el acto de su instalación en el dosel, y escucháremos esta otra saeta suya: y, Cristo de la Salud, /consuelo de los hermanos, /que moriste por nosotros, /clavado de pies y manos. que suele acabar con un estrambote final ante el silencio de los callados hermanos que escuchan esta profunda invocación: Silencio, callad, silencio:/que se ha oído un quejío, /y en una cruz yace muerto/el mejor de los nacíos.

 

Y me viene esta que cantabas tras Las siete Palabras, en el momento de salir,

 

Por los clavos prisioneras/llevas las manos heridas. /Llevas los pies traspasados/y una corona de espinas. /Que enciendan ya los faroles, /que enciendan con mucha luz, /que va a pasar por la calle/el Cristo de la Salud.                                                                           

 

Y, me imagino ante ti como el mejor catequista de la manifestación religiosa del <viernes Santo con esta saeta que recoge estructuras parecidas

a las que se cantan al Nazareno: ¿qué es aquello que reluce/que brilla y con tanta luz? /Es un trono, cuajado de flores, /y el Cristo de la Salud.

Entrar en la iglesia y tu presencia se me hace en todos los rincones. Siempre embelesa la imagen del Crucificado. Pero, te escucho tu voz de pregonero que recogiste el auténtico acervo de los anteriores cantores de la Pasión y solías trasmitirlo. Sobre todo en ese momento que nos recoge el Cristo de la Salud, allí te veo cantando al Longino:
La imagen del Cristo desarrolla en este auto  el cierre de la Pasión de Jesús con la certificación de su muerte ya que representa el antiguo Paso de la Lanzada junto con los personajes del Longinos y Lazarillo. Y tú nos describes perfectamente a ese Longino, ese centurión romano que la tradición consideraba que quedó ciego t cantaba: Lleno de furia un soldado, /a un cadáver se acercó, /y de furia desalmado, / con el golpe de una lanza, / le abrió su sagrado costado. /Y me viene tu melodiosa modulación final con el pareado: Ninguno le consuele ni alabe, /Infiel que tal hizo que tal pague. Pero miro a los pies del Cristo y, te contemplo en los años ochenta dirigiendo el coro de los auroros de San Juan con casi todos los miembros de tu familia y algunos allegados más, realzando hasta el más rudo canto navideño, inventando cantos de auroros para la misa de Navidad y haciendo sublimes las canciones de las coplas andaluzas de autores como Manuel Escobar. Rezo en el banco y todos los domingos me viene a la mente estos cantos de letras de auroros tuyos: Sacerdote, ministro de Cristo, /sólo con tus manos elevas a Dios, /y lo bajas del cielo a la Tierra/con cinco palabras de consagración. /Poned atención:/Que por chica que sea la Hostia/Es el cuerpo y Sangre de Nuestro Señor.

 

Y este solemne e Sanctus, con una introducción de elementos de cuerda, preparada y compuesta por tu saber y arte Santo, santo Todopoderoso, /de cielos y Tierras, supremos Creador, /Santo, Santo, es este Dios hermoso, /que por redimirnos en la Cruz murió:/Santo con fervor:/Santo, Santo, Espíritu Divino/que, a su vez, procede el divino Amor. /

Y, no solo me recuerdan las noches de Navidad, me acuerdo de tu comparsa, que era única en el Carnaval. Inigualable en la voz y en la escena, cantando pasodobles y tangos compuestos por tu arte. Y recuerdo que habías recogido el arte de tu familia en muchos aspectos, en el cante y el baile. Nunca olvidaré la primera que te escuché con tu familia y Hermanos: Vivan los milicianos de Carlos IV, o el Carbonero o la jerigonza junto con el baile como una CANCIONES DE NOVIOS en las fiestas de los antepasados : A la calle Rosa,/Me voy a vivir/Por ver a mi novia,/Bajar y subir/subir y bajar,/A la calle Rosa/ Me voy a mudar./ Cuando al hospital llegaste/ A visitar a los enfermos,/Y a mi cama no llegaste/Este sentimiento tengo.(La jerigonza( “serigosa”) Que la quiero ver bailar,/Saltar y brincar/Y andar por el aire,/Que mi niña es la jerigonza del fraile,/Déjala sola/Déjala sola,/ Que mi niña parece una rosa,/Busca compaña, que mi niña/Parece una araña.

Y no nos dejaste mudos, pues tu semilla se sembró en tu familia con María Lorca, con tu hijo Juan Carlos que muy bien te sigue los pasos y tus nietos que ya visten el traje de pregoneros. Que más se puede pedir que siempre estarás presente entre nosotros, con tu palabra y voz  te has hecho eterno, y la palabra eres tú.

 

 

 

 

 

CRISTO DE LA SALUD 26

 

CRISTO DE LA SALUD 26

 

SOBRE LA ERMITA DE SAN BLAS

La ermita de San Blas estuvo ligada al Cristo de la Salud desde que llegó su imagen y ocupó capilla en el lado de la epístola. Hemos tratado sobre la imagen de san Blas y  la historia de la edificación  y vida de la ermita [1]. Para ampliar y poner al día su estudio con nuevas aportaciones, exponemos esta serie de datos documentales.

En primer lugar, podemos manifestar que, antes de la iglesia que llegaron a conocer nuestros antepasados y quedan algunos restos, rotundamente la iglesia ya existía antes de 1616. El cura y  capellán Diego de Castro fue el que inició la reedificación de la iglesia anterior, como se  manifiesta en su presencia testifical de su nombre en su campana, hoy en san Juan [2].  Lo hacía como cura de la Iglesia Mayor, encargado de la obra y su reeducación, y, además, se encontró con una serie de problemas relacionados con un pleito con el escribano Francisco Ramírez, pues este poseía unas casas junto a la ermita de San Blas, que causaban un deterioro y daño en la pared lindera a consecuencia de la letrina y caño. Se llamó a los alarifes de la ciudad y, tras la visita visual, hicieron un informe que propusieron el macización de la pared y se hiciese en otra parte un desvío por la parte de los corrales del escribano.

          En 1620, la iglesia está concluida y se mantenían devotos que seguían aportando donativos para la fábrica, entre ellos el francés Juan de Ibáñez, que claramente dejaba todo lo que sobrare tras los gastos del reparto de sus mandas para la ermita[3]. En 1626, se recibió una aportación muy importante por parte de Juan Rodríguez Ballesteros y su esposa Isabel González de Castilla en la cantidad de doscientos ducados. El documento notarial nos aporta una serie de datos importantes[4]: el capellán de esa fecha era don Diego de Castro que declaraba que tenía la obligación de reedificar esta por estar caía y ser lugar de  devoción de muchas personas;

Por otro documento de 1637, ya se ha instituido una cofradía, con el nombre del Señor de San Blas, precedente y que coincidía con la del Cristo de la Salud años después, ella era la portadora de la administración de la iglesia. Y, en este año,  el cura mayordomo y administrador era el licenciado Alberto López de Mejorada y recibió un importe censo de doscientos ducados aportados a don Lorenzo Bellón, gobernador de la abadía, por parte de don Pedro de Medina y Moya, esposo doña Ana de Hinojosa,  y como capellán quedó alcanzado en doscientos ducados cuando firmó el testamento en 1646 y donó la mitad para gastos de la iglesia[5] . Fue sepultado en la capilla de sus padres y abuelos de Santo Domingo de Silos, donde creó una capellanía que debían decirse cinco misas dedicadas a la Virgen en sus festividades y estaban cargadas sobre una casa de la calle Riberos (actual la Peste) y catorce fanegas en la Venta de los Bramadero, dejando en administración a su hermano Pedro y sus sobrinos.




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ERMITA DE SAN JUAN

La iglesia de San Juan formaba una unidad urbana constituida por el templo, la sacristía, el patín, la plaza y varias casas accesorias y linderas que pertenecían a la fábrica de la iglesia. Hoy, también quedan restos de todo este conjunto, como es el patín, plaza, casilla convertida en museo de pujarero y altos de servicios amén de iglesia. Por eso no es extraño que no encontremos datos sobre sus casas accesorias[6]. Una de ellas era del capitán Cristóbal Merino Maldonado, vecino de Alcaudete y e n 1621 se la arrendó con renta de 13 ducados al licenciado Alonso de Hinojosa, y es interesante por la ubicación de la casa “en la calle del Rosario junto a la ermita del señor San Juan, lindera con las casas de Bartolomé Ruiz Morón (que fue en años cuarenta hermanos mayores del siglo XVII) y del ministril Diego López. Se comprende por la descripción de estas casas que firmaban una unidad, ya que indicaba que de puerta adentro era la mayo.

SOBRE CAPILLA DE LA LIMPIA CONCEPCIÓN





En cuanto a los bienes y organización de la cofradía que se denominaba de San Juan y de la Limpia Concepción, abundan los documentos sobre arrendamientos, censos y memorias. Uno de ellos  el mayordomo de la cofradía e iglesia  de San Juan , Pedro de Ibáñez arrendaba a Sebastián Sánchez La Calle  un haza de la Mata en 1619  por la cantidad 25 reales el primer año y los cuatro restante 27 reales, por lo que añadimos a la historia de la cofradía un hermano mayor de familia originaria de tierras francesas[7].

SU RETABLO

En 1633, el hermano mayor Bartolomé de León contrató con el pintor granadino Lázaro Carrillo   la pintura y dorado de su retablo por la cantidad de 616 reales[8].

 

SU CAMPANA

La campana de San Juan se remonta a un contrato de concierto entre el hermano mayor de la cofradía de San Juan, Antón de León, y de la Limpia Concepción de Nuestra Señora con el vecino de Ciudad Real y estante en Alcalá la Real Ramón Frontón, maestro de hacer campanas en 1613. Se comprometía a realizar la nueva campana  con la mezcla de fundir la antigua y un quintal de campana fundir en 500 reales[9].



[1] MARTÍN ROSALES, Francisco. Historia de la Hermandad del Cristo de la Salud. Su barrio, su gente y su vida. Septiembre 1999. Pág. 43-45.

[2] AHPJ. Escribano Juan de Rotaesta.  19 de febrero de 1619. Folio 53-55.

[3] AHPJ. Legajo 4972, Folio 1783.Año 1624.

[4]  AHPJ. Escribanos 12 de noviembre de 1626. Folio 54 y 7.

[5] AHPJ. Legajo 4521.Escribano Juan de la Chica. Folio 631 Año 1637. Otro legajo 5082. Escribano Juan Guerrero, folio 219 y367.

[6] AHPJ. Escribano Juan Bautista López Mejorada. 31 de marzo de 1621. Folio 146 v y 147.

[7] AHPJ. Escribano de la Chica. 3 de septiembre de 1618. Folio 567 y ss.

[8] AHPJ. Escribano Francisco de Velasco. 11 de mayo de 1633. Folio 538.

[9] AHPJ. 12 DE OCTUBRE DE 1613. ESCRIBANO BLAS MARTÍNEZ DE CÁCERES. FOLIO 525.