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martes, 24 de marzo de 2026

XL. CONOCIENDO LA MOTA . LOS SIGLOS XVIII Y XIX.

 

SIGLO XVIII

 

         


Son muchas las noticias de la destrucción de los principales edificios a principios del siglo XVIII. Curiosamente, a las ocho antes de anoche del 13 de febrero de 1714, se cayeron los corredores de la Plaza de la Mota, que estaban por encima de los oficios y parte de los de la Cárcel, que antiguamente tenía esta ciudad en dicha plaza y son propios suyos. Acudieron el corregidor, un teniente del presente escribano, y los porteros de esta ciudad y otros ministros reconocieron dicha ruina. Y antes de que se recogieron siete operarios que subieran dos carretas, para que transportasen y condujeran dichos materiales.         

            En varios cabildos del mes de febrero de 1714, trataron los miembros del cabildo del   derrumbe que sufrieron la Torre de las Entrepuertas, y en la Plaza los corredores, una gran parte de la Cárcel y Casas de Justicia, lo que afectó   a sus balcones y ventanas, que evitaron dejar en manos de los desaprensivos los materiales codiciosos, la rejería y el hierro de sus elementos compositivos. El cabildo consiguió recoger todo el hierro en dos carretas que se custodiaron en un lugar seguro y dentro del cabildo la madera utilizable, mientras la de desecho y la piedra de cantería se vendieron al mejor postor.  En 22 de febrero de 1714, ante la ruina la Torre de la Tercera Entrepuerta que llaman de Santa María (paso preciso por donde se sube a la Santa Iglesia Mayor y se baja a la de Santo Domingo) y que de caerse no solo se orixinaría el cerrarse el paso. si empero el promontorio en que se halla, podría causar notables daños en todas las casas barrio de San Blas y otras contiguas al pie del de la misma torre, y que lo que Dios no permita, de suceder la ruina podrían peligrar muchas familias ; passó su señoría ayer personalmente a reconocerlo , y con efecto al parecer amenaça dicha ruina por estar destechada la torre y desmoronada la piedra que compone el arco que la mantiene, en cuia intelexenxia lo `pone a la de esta ciudad requiriendo a los caballeros capitulares que la componen dispongan el que, sin perder tiempo alguno, reconozcan por alarifes  y aderece dando providencia sobre lo necesario para ello pretextando  su señoría el que de lo contrario los daños y perjuicios  que se recrecieren no sean de su quenta  sin no de quien ubiese lugar, y, entendiéndolo por la dicha ciudad,  acuerda que Manuel del Álamo , maestro maior de obras con los alarifes de esta dicha ciudad reconozcan dicha torre y declaren sobre su estado ante su Señoría el señor alcalde mayor asistiendo a su reconocimiento los señores don Diego de Ortega rexidor y don Pedro de Alba jurado a quienes se nombra por comisario



En el cabildo de seis de marzo de 1715 , se halla una petición de Francisco de  Cáceres que nos ilustra de  que existía una cofradía de las bendita Almas del Purgatorio, sita en el convento de san Francisco de la Observancia y Francisco de Cáceres, su hermano mayor,  solicitaba la piedra  de los edificios arruinados de la fortaleza de la Mota  para hacer un pedazo de  obra de la dicha capilla  de la cofradía de las Bendita Ánimas del Purgatorio, sita en el convento de San Francisco de la Observancia, para que se pueda celebrar el Santo Sacrificio de la Misa y hacer los demás sufragios.

º           En estos primeros decenios de este siglo, el abad no tuvo más remedio que bajarse a las Casas Abaciales del Llanillo, que fueron reedificadas por el abad Mendoza y Gatica a finales del siglo XVIII. Las casas capitulares comenzaron a arrendarse en las primeras casas de la Calle Real, la Cárcel se edificó en la calle Tejuela, unas nuevas Carnicerías se edificaron en la calle Real, y luego se trasladaron a la calle Bordadores. El Pósito fue abandonado a mediados del siglo XVII y se reconstruyó en la calle Mesa, lo mismo aconteció con el Matadero.

            En la sexta  década del siglo XVIII, el  aspecto es muy deprimente, apenas se podía entrar al recinto fortificado por  las Entre Puertas, la mayoría de los cultos de la Iglesia mayor se trasladaron a la iglesia de San Juan, las murallas se encontraban en su mayor parte caídas  y la calle principal intransitable de tal modo que en trece e noviembre de 1768, se requirieron los servicios del maestro de obras Antonio Martín Espinosa de los Monteros para desescombrarla y allanarla y recuperar parte de la muralla y callejuela  inmediata  para  poder  subir a la Mota e Iglesia  Mayor





   


                       

                                                SIGLO XIX

            Prácticamente, a lo largo del siglo XIX, los arrabales nuevos y viejos se hayan abandonados en medio de muladares y escombros, dando lugar a que los vecinos soliciten esas tierras y aprovechen las piedras y materiales de sus muros para las cercas.

LA MOTA SE CONVIERTE EN UN CEMENTERIO

 

 

El abandono de la Mota como ciudad fortificada está relacionada con la conversión de su espacio en un camposanto municipal. Este antiguo cementerio de la Mota respondió a una política ministerial en tiempos de Carlos III con el fin de favorecer las mejores condiciones higiénicas y sanitarias de los pueblos de España. Hasta el primer tercio del siglo XIX, en todas las iglesias alcalaínas y en el cementerio contiguo al templo de la Veracruz, se hacinaban los restos de los muertos en criptas funerarias, fosas de descomposición, osarios y pudrideros de estos recintos religiosos.  La salida de los enterramientos de las iglesias, claustros y capillas colaterales obligó a la búsqueda de un espacio público, que respondiera a estas finalidades en favor de los vecinos de Alcalá la Real: se procuraban sitios alejados de la ciudad habitada, con aire y ventilación y sin el menor vestigio de contaminar las fuentes públicas. A pesar de que se hicieron varios intentos de ocupar espacios alejados a la fortaleza de la Mota con la posible ubicación del cementerio en los terrenos de la derruida ermita de San Bartolomé en el siglo XVIII, la ubicación final fue en el recinto fortificado de la Mota.

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