SIGLO
XVIII
Son muchas las noticias de la destrucción de los principales edificios a principios del siglo XVIII. Curiosamente, a las ocho antes de anoche del 13 de febrero de 1714, se cayeron los corredores de la Plaza de la Mota, que estaban por encima de los oficios y parte de los de la Cárcel, que antiguamente tenía esta ciudad en dicha plaza y son propios suyos. Acudieron el corregidor, un teniente del presente escribano, y los porteros de esta ciudad y otros ministros reconocieron dicha ruina. Y antes de que se recogieron siete operarios que subieran dos carretas, para que transportasen y condujeran dichos materiales.

En el cabildo de seis de marzo de 1715 , se halla una petición de Francisco de Cáceres que nos ilustra de que existía una cofradía de las bendita Almas del Purgatorio, sita en el convento de san Francisco de la Observancia y Francisco de Cáceres, su hermano mayor, solicitaba la piedra de los edificios arruinados de la fortaleza de la Mota para hacer un pedazo de obra de la dicha capilla de la cofradía de las Bendita Ánimas del Purgatorio, sita en el convento de San Francisco de la Observancia, para que se pueda celebrar el Santo Sacrificio de la Misa y hacer los demás sufragios.
º En estos primeros decenios de este siglo, el abad no tuvo más remedio que bajarse a las Casas Abaciales del Llanillo, que fueron reedificadas por el abad Mendoza y Gatica a finales del siglo XVIII. Las casas capitulares comenzaron a arrendarse en las primeras casas de la Calle Real, la Cárcel se edificó en la calle Tejuela, unas nuevas Carnicerías se edificaron en la calle Real, y luego se trasladaron a la calle Bordadores. El Pósito fue abandonado a mediados del siglo XVII y se reconstruyó en la calle Mesa, lo mismo aconteció con el Matadero.
En la sexta década del siglo XVIII, el aspecto es muy deprimente, apenas se podía entrar al recinto fortificado por las Entre Puertas, la mayoría de los cultos de la Iglesia mayor se trasladaron a la iglesia de San Juan, las murallas se encontraban en su mayor parte caídas y la calle principal intransitable de tal modo que en trece e noviembre de 1768, se requirieron los servicios del maestro de obras Antonio Martín Espinosa de los Monteros para desescombrarla y allanarla y recuperar parte de la muralla y callejuela inmediata para poder subir a la Mota e Iglesia Mayor
SIGLO XIX
Prácticamente,
a lo largo del siglo XIX, los arrabales nuevos y viejos se hayan abandonados en
medio de muladares y escombros, dando lugar a que los vecinos soliciten esas
tierras y aprovechen las piedras y materiales de sus muros para las cercas.
LA MOTA SE CONVIERTE EN UN CEMENTERIO
El abandono de la Mota como
ciudad fortificada está relacionada con la conversión de su espacio en un camposanto
municipal. Este antiguo cementerio de la Mota respondió a una política
ministerial en tiempos de Carlos III con el fin de favorecer las mejores
condiciones higiénicas y sanitarias de los pueblos de España. Hasta el primer
tercio del siglo XIX, en todas las iglesias alcalaínas y en el cementerio
contiguo al templo de la Veracruz, se hacinaban los restos de los muertos en
criptas funerarias, fosas de descomposición, osarios y pudrideros de estos
recintos religiosos. La salida de los
enterramientos de las iglesias, claustros y capillas colaterales obligó a la
búsqueda de un espacio público, que respondiera a estas finalidades en favor de
los vecinos de Alcalá la Real: se procuraban sitios alejados de la ciudad habitada,
con aire y ventilación y sin el menor vestigio de contaminar las fuentes
públicas. A pesar de que se hicieron varios intentos de ocupar espacios
alejados a la fortaleza de la Mota con la posible ubicación del cementerio en
los terrenos de la derruida ermita de San Bartolomé en el siglo XVIII, la
ubicación final fue en el recinto fortificado de la Mota.





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