TERCERA ENTRADA. POR EL POZO DEL ALTOZANO
Antes de entrar a la Ciudad Oculta o pasadizo interior
por los restos de la casa del zapatero Rosado, se puede recorrer parte del
Jardín, la calle Cava, la puerta de la casa de Herrera, el adarvarlo de Moya,
las viviendas de algunos miembros de la familia de los Raxis, la tercera
muralla, el rincón de los poetas y el muro de los personajes ilustres (desde
los Banu Said hasta Guardia Castellano y los Vía Crucis del Arrabal Viejo y de
la Mota).
A través de la
puerta del Arrabal, se adentra al subsuelo de las casas y calles del Arrabal
Viejo, las cuevas, y la iglesia de Santo Domingo de Silos. junto con los
cimientos de todo tipo de edificaciones. Ilustran de un tiempo pasado en el que
el vino, el mundo subterráneo de la
Mota, el colegio de primaria y secundaria, el horno de Santo Domingo, el paso de la mezquita a la iglesia del mismo
nombre, pasajes de la prehistoria desde el Argar a la casa de Malagón, por la
Escalerillas de Santo Domingo y la puerta de Martín Ruiz: la leyenda del capitán felón;
las saeteras y troneras; la leyenda de la llave de Alcalá escondida en un
paraje de san Bartolomé y fue
descubierta por un moro que regresó a Alcalá la Real o ; la leyenda gitana de
la mora Cava.
EN
LOS MESONES
Los arrieros de la campiña frecuentaban la calle de los
Mesones Altos Y bajos a las faldas de la muralla de la Mota, junto al adarvillo
de Mota y lindando con la puerta del Arrabal Viejo y Nuevo. Entre los mesones,
se encontraba varios, entre ellos el de Aranda, las casas de Los López de
Mejorada, lindero con el licenciado Torreblanca, o el de Martínez de Colomo;
también las de los dos tintes, el tejar y solares en forma de huerto. A los mesones traían sus acémilas cargadas de
costales de trigo o de cántaras de aceite procedentes de los campos de Arjona y
Porcuna. Venían cansados tras una larga marcha que se prolongaba durante varios
días, en los que el cansancio hacía huellas en sus pies y, también debido a la
pernoctación en las desastrosas ventas del camino. Su última parada la hacían
en la venta de la Rábita, desde donde madrugaban para llegar pronto al puesto
del peso de la Harina, situado junto al Pósito. Aquí se pesaba la carga, se
pagaba el impuesto a los encargados del impuesto de millones y, luego, se iban
a descansar a una de los mesones que proliferaban por aquella calle. No sólo
acudían arrieros, sino también transeúntes del camino de la Corte, camino en el
cuyo final del trayecto confluían los de Madrid y Córdoba. Acudía todo tipo de
viajeros, por eso no nos extraña la presencia del carmelita fray pedro de la
Madre de Dios, que como calificador presenció la conversión de la urca
berberisca Fátima, criada de la venta donde pernoctaba, al cristianismo al
contemplar el relicario de San Juan de la cruz.
CAVA
Su nombre alude a las cavas de aguas que se hicieron para
abastecimiento de los nuevos barrios y se relaciona con los pozos que surgieron
tras la conquista del Rey Alfonso XI y se muestran en torno a los Arrabales Nuevo
y Viejo. Otros lo relacionan con una dama musulmana que se asocia en su aventura
a la mora Cava del romance con el rey Rodrigo invirtiendo los papeles. distinguían dos partes de la Cava, una calle
que subía desde la Cuesta del Cambrón hasta la Puerta del Arrabal, que lindaba
con la muralla y solía estar cubierta de almenas Actualmente, es un simple
jardín adosado y su nombre se le ha asignado a la última calle de la nueva
ciudad.
RINCÓN
DE LOS POETAS
Se accede a este lugar a través de un arco de medio punto
rebajado, que correspondía a la entrada de la casa situada unos metros más
abajo y desplazada hacia el sitio actual unos metros más arriba para adentrarse
a los Jardines de la Mota por el nuevo camino que conduce a la Puerta del
Arrabal. En el primer tramo, este rincón inaugurado en octubre de 2014 por la
iniciativa del concejal y poeta Rafael Hinojosa, se ofrece, según sus pretensiones
como un rincón en la fortaleza de la Mota, un lugar tranquilo, sencillo y de
una gran belleza, todo un símbolo de la nueva cultura del siglo XXI, que hace
de la tolerancia un modelo de convivencia y que, al mismo tiempo, rinde
homenaje permanente a los personajes ilustres de Alcalá la Real a través de su
historia. Por esto junto al muro se levanta un sencillo monolito. Y subiendo
una escalinata, se puede contemplar a mano izquierda el Pósito y a la
derecha la bajada del muro de las Entrepuertas,
transformado
Muro de la de los personajes insignes de la historia alcalaína.
Dicho muro está incrustado en el Rincón de los Poetas y forma parte de él, con
diversas inscripciones de nombres importantes alcalaínos, de los que en una
primera fase figuraban el cronista Guardia Castellano, la familia Raxis, Pablo
de Rojas, Alonso Alcalá, Abad Moya, las monjas Dominicas, Abu Yafar o el conde
de Torrepalma. En una segunda fase hay intención de completar con la
inscripción de otros nombres insignes alcalaínos. Igualmente, se inauguró
el Monolito de la Tres Culturas, como prueba del entendimiento entre
cristianos, judíos y musulmanes y la banda de música Pep Ventura puso punto y
final con la interpretación de varias marchas.
MONOLITO
DEL ARCIPRESTE
A la entrada del actual Rincón de los Poetas, la antigua
calle Mesones, recibe a los visitantes un monolito dedicado al Arcipreste de
Hita, en cuya peana se encuentra en triple lengua (castellano, hebrero y árabe)
la respuesta que dio el poeta Juan Ruiz de Cisneros a una mora de este entorno
“Fija vos, os saluda uno que es de
Alcalá".
VÍA
CRUCIS.
Tras subir una escalinata de piedra de cantería, a lo
largo del Jardín y un muro de contención de Las Entrepuertas, entre los parterres
del Jardín se encuentran varías cruces correspondientes a las estaciones del
artesanal Vía Crucis, obra de la I Escuela Taller de Patrimonio de Alcalá la
Real, escogiéndose los rincones más recoletos y bellos de este rincón. La forja
de la cruz contrasta con la peana artificial y la piedra de la muralla y suele
realizarse en el Miércoles de Semana Santa con la imagen del Cristo de la Salud.
PUERTA
DEL ARRABAL
Para entrar al Arrabal Viejo, se
accede por la Puerta del Arrabal, un arco apuntado de sillería y abierto a la
muralla que desciende desde el Albaicín hacia el oriente. Austero, y sencillo
encamina por un nuevo sendero al Jardín de la Mota y bosque de pinos, que linda
con los cimientos de lasa Mota, donde puede contemplarse las cuevas horadadas en
la misma roca, reutilizadas por diversas civilizaciones desde las bodegas del
siglo XVI hasta el uso de gallineros en el siglo pasado antes de que fuera
recuperadas mediante una gran labor de limpieza que se realizó por los años noventa.
Algunas cuevas se encaraman en la roca hasta acceder a la parte alta de las
Entrepuertas; otras se transforman en minas que alcanzan el barrio superior, como
la contramina de la casa del zapatero Rosado que prolonga su pasadizo hasta el
pozo de la conquista. Hasta muy avanzado el siglo XVI, no fue sino un lugar
reservado para solares entre peñas y no urbanizado, que fue conquistado por la
ciudad mediante el levantamiento de muros y adarve de entrada a la ciudad desde
el piso alto del Pósito (1546).
LOS POZOS DEL
ARRABAL
El
problema de la fortaleza de la Mota y su Arrabal Viejo fue el abastecimiento de
agua, tanto público como a los hogares. Varios pozos se encuentran en el
recinto comprendido entre los alrededores de la segunda muralla y la torre del Homenaje. En el subsuelo, una extensa mina soterrada se
prolonga desde la actual plataforma de recibimiento hasta un pozo por debajo de
la mural, se encuentra sin excavar y debió ser muy socorrido porque hay
referencias de su caudal hasta el siglo XIX para abastecer el barrio de San
Juan y el entorno del convento de las madres trinitarias. Este abasteció a
través de una canalización de la calle de la Zubia el pilarejo de la placeta de
San Juan a partir del siglo XVI, y, e en el siglo XVII, el propio monasterio
trinitario.
Otro segundo pozo se ha descubierto a la entrada de la contramina,
tallado a la roca y se tenían noticias que abastecía a todo el barrio de Santo
Domingo de Silos.
El tercero alude al conocido POZO DEL ALTOZANO, denominado
actualmente Pozo de la Conquista. Se dice claramente que estaba situado en el
Arrabal Viejo en muchos documentos. Aunque su origen se remontaba a tiempos
anteriores a la conquista de Alcalá la Real, era objeto de su mantenimiento por
el cabildo municipal, quien los protegía con un cerramiento y una llave en
poder del regidor de mantenimiento; en el siglo XVII fue reformado
interviniendo el maestro de obras de Jaén Eufrasio López de Rojas.
Esta mina de acceso y pasadizo que baja de la torre de la
torre del Homenaje está envuelta en la leyenda y la historia. Pues jugó un
papel fundamental en la conquista de Alcalá la Real. En el mes de diciembre
1340, las tropas de Alfonso XI habían conquistado el Arrabal Viejo y se
disponían a conquistar la ciudad fortificada. Para ello cavaron en la propia
roca esta mina de acceso al pasadizo natural que comunicaba la torre principal,
con el pozo y la salida de la última muralla del recinto amurallado. Son muchas
las leyendas que por estos arrabales se enredan con el rincón más insospechado
de este arrabal. Pero la principal leyenda, transmitida a los vecinos de generación
en generación con múltiples variantes, es la LEYENDA DE LA MORA CAVA. Corría el
año 1341 y las tropas de Alfonso XI acampaban en un arrabal semipúblico de
alquerías y con numerosos huertos plantados por las laboriosas manos
musulmanas. Los moros de Alcalá, tras la conquista cristiana de este barrio, se
habían refugiado en el recinto de la fortaleza de la Mota. Resistían al duro
cerco impuesto por las tropas castellanas, pero los víveres se iban agotando y,
sobre todo, el agua escaseaba en sus aljibes. En un consejo de sus vecinos con
el alcaide moro, acordaron bajar de forma secreta y durante en la oscuridad de
la noche a través los pasadizos secretos a los pozos de las afueras del recinto
amurallado. La más osada fue una joven, de nombre Cava, porque estaba acuciada
por la enfermedad de su madre, que necesitaba urgentemente el agua para calmar
la sed de su elev
ada fiebre. Bajó varias
veces, burlando a centinelas y puestos de guardias.
Cierta
noche, los guardias la confundieron con un fantasma envuelto entre sus túnicas.
Pero, a la siguiente le lanzaron una saeta que clavó el turbante con su velo en
el tronco del árbol. Lo soldados castellanos siguieron la pista de la que huía,
y encontraron la salida por donde bajaba a la boca de un pozo. Cambiaron de parecer y, para las próximas
noches, establecieron un puesto de guardia en sus inmediaciones. No lo hicieron
nada mal, porque a la noche siguiente, sorprendieron a la joven Cava en las
inmediaciones del pozo con dos cantaras para llevar agua a sus familiares. La
prendieron y la llevaron a la tienda del capitán, que quedó prendado de su
hermosura. Una flecha de amor atravesó el corazón de los dos. El capitán,
compadecido por sus buenas acciones, permitió que regresara a la fortaleza por
el mismo pasadizo, donde, horas después, los guardias sorprendieron a varios
soldados musulmanes a los que les causaron la muerte.
Pasaron
los días, y Cava no bajaba al pozo. En medio de estas circunstancias, un moro,
de nombre Zaire, que hacía de emisario de los mensajes de las tropas de asedio,
le llevó una carta a Cava, leída por su madre reclamándole la cita en el pozo
El nuevo amor de Cava no fue comprendido por su padre, curiosamente era el moro
Zaire que andaba loco por las callejuelas de la Mota a despotricando de haber
sido mancillado en su honor por su hija. Y aquí la leyenda se divide en dos
desenlaces: uno relata que una noche buscó a su hija que había abandonado la casa
de la familia y bajó a la fuente donde mantenía encuentros de amor con el
capitán. Allí su padre le lanzó una saeta con la que cayó mortalmente herida la
mora Cava de las manos del capitán y él salió huyendo hacia un callejón oscuro
donde se colgó a la horca y murió, lo que hizo que se llamara el callejón del
Moro o del Ahorcado; la segunda leyenda acaba con una encerrona del capitán,
porque le había visto hablar con una mujer
y, Cava, muy celosa, le hizo meterse en el pasadizo para que lo mataran
los guardias moros; tras una conversación en la que aclararon el desaguisado,
la mora descubrió el error de aquel encuentro del amante con su madre, y salen
corriendo del pasadizo para no ser matados, se bautiza con el nombre de
Mercedes y le promete el casamiento.
Esta
galería, en realidad es un conjunto de pasajes subterráneo utilizados con el
objeto de comunicarse con el exterior, de abastecer la ciudad en tiempos de
asedio y defender la zona del Castillo de la fortaleza de la Mota a lo largo de
la Edad Media, momento crucial para proteger cualquier manantial, fuente, pozo
o alumbramiento. Como se describe “Estas Las
minas de La Fortaleza de la Mota se construyeron para acceder a un punto
concreto del suministro de agua. En este caso, un pozo excavado en la roca,
flanqueado por una torre, situado junto a una de las puertas de la ciudad, la
puerta Barbacana, fuera de la zona alta amaesetada del recinto amurallado”.
No hay que olvidar otros usos y funciones de estas galerías para cautividad,
almacenamiento, comunicación secreta con el exterior y abastecimiento de
alimentos. Hay que distinguir varias partes de este recorrido de la Ciudad
Oculta. En la primera se relaciona con los conquistadores cristianos que fueron
avisados de este pozo por el pastor musulmán prendido por el adalid Pascual
Sánchez y había que acceder a él
utilizando la técnica de orientación de alidadas y había que cegar para
sabotear a los moradores del recinto fortificado Y una segunda, en general valiéndose de la naturaleza de sus
oquedades que le permitieron llegar a este pozo , posteriormente profundizado y
construido con una altura de 30 metros, como elemento fundamental para el abastecimiento de la población
islámica. Por eso, este Pozo de la Conquista era protegido por una torre se
destruyó con el relleno de animales muertos y el derrumbe de los cimientos de
la torre de modo que su acción resulto esencial para la rendición musulmana.
.
No obstante, se
distingue a su vez tres tamos: uno inferior al que se adentra por la vivienda
marcada de en la roca del zapatero Rosado y bajo el antemural se llega al
subsuelo del barrio del Albaicín. Este trazado presenta tres tramos bien
diferenciados.
- El Tramo inferior, que transcurre desde el arrabal de Santo Domingo y
atraviesa la muralla; uno segundo , el de mayor extensión abovedado naturalmente
y donde comienzan a surgir algunos
antros y recovecos hasta alcanzar la zona de Entrepuertas, junto a la Puerta de
las Lanzas en la casa de un antiguo alhorí abacial, denominado la Casa de Paniagua;
el tamo segundo , mucho más más extenso, en su de todo el recorrido, se bifurca en dos fases bien
diferenciadas en su construcción: la primera que se orienta hacia el pozo, sin apenas pendiente; ilustrada con paneles de
la mora Cava y la segunda, de acceso algo áspero hacia la parte alta del cerro
desde la torre del pozo, de ahí el POZO DEL ALTOZANO; por último un tercer
tramo superior, que se adentra en la roca debajo de la Torre del Homenaje y que
asciende de forma vertiginosa hasta alcanzar la base de la misma, saliendo al
exterior en la antemuralla junto al acceso a la Alcazaba desde sus ventanas
puede contemplarse una excelente panorámica donde algunas aldeas como Santa Ana
o los Tajos se presenta ante la vista. .
A
través del recorrido de la mina y pasadizo recién descubierto y puesto al
público en 2015, puede contemplarse el sedimento geológico de la roca y efectos
de los movimientos sísmicos producidos en su interior formado oquedades,
escondrijos, grietas y el contraste entre la labor tallada de los primeros
tramos frente a los más naturales de acceso al barrio del Albaicín, donde hay
un estratégico mirador de la ciudad y su entorno comarcal. Es una excelente
atalaya para contemplar desde el camino de Jaén hasta el camino de Granada, la
singular orografía de la Martina, el pico más alto del partido judicial, y las
sierras de Noalejo y Valdepeñas y el contraste entre el mundo del olivar con
los campos de cereal. La ciudad nueva de Alcalá la con sus monumentos, su
trazado a lo romano, las almenaras de su contorno, la aldea de Santa Ana y el
paraje de los Tajos, Llanos y cerro de San Marcos.
Siguiendo
por el último tramo del pasadizo con unas escaleras talladas en el interior de
la roca, se accede a la salida de una antigua torre anterior a la majestuosa
Torre del Homenaje. A través de su recorrido, pueden contemplarse bellas
panorámicas de la ciudad de Alcalá la Real.
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