EL DEVENIR HISTÓRICO DEL CERRO DE LA MOTA
La ciudad fortificada de la Mota fue declarada el cuatro de junio de 1931 conjunto histórico monumental artístico. Y en verdad que no fue una declaración más. Se remonta al túnel de los tiempos la sorpresa que siempre ha emitido a los que pasaron por este lugar. Su posición estratégica se cimenta en un cerro escarpado de 1.033 metros de altura sobre el nivel del mar, y se asciende a su cumbre por una pendiente de cuesta de 80 a 100 metros desde los puntos más bajos de la actual ciudad de Alcalá la Real. Su forma amaesetada simula la plataforma de un buque de ancha proa y popa y su posición geográfica permite divisarla desde puntos tan lejanos como Torreparedones, tierras de Granada y de los partidos municipales cercanos de la provincia de Jaén. Es una auténtica atalaya natural que controla el paso del Alto Guadalquivir en dirección hacia las costas granadinas y malagueñas. Su nombre de Mota alude ese montículo de tierra, parecido a una pequeña colina, regularmente artificial; pero, en este lugar, fruto del levantamiento de las plataformas rocosas del Mioceno. Por eso, el profesor Michael García, de la Sorbona Nueva, insinúa la presencia de este término en estos veros del Arcipreste de Hita:
El rabel gritador con la su alta
nota,
cabel el orabin taniendo la su rota,
el salterio con ellos más alto que la mota,
la viyuela de pendola con aquestos y sota.
DESDE
EL ENEOLÍTICO
El
cerro de la Mota conformaba parte del relieve en cuesta de Los Llanos, del que
se separó por medio por agentes erosivos dando lugar al valle de la ciudad de
Alcalá la Real quedando como unidad independiente lo mismo que los cerros de la
Dehesilla y Moraleja. El de la Mota es un testigo de la región autónoma de las
Sierras Subbéticas que los arqueólogos consideran que estuvo ligada a un proceso
de poblamiento general desarrollado desde muy antiguo por estos lugares y llevó
a cabo una evolución propia asimilando
los avances etnológicos de toda la zona
del sudeste y sudoeste de Andalucía, Este poblamiento se caracteriza por los hábitats trogloditas y
la cerámica decorada , que suele aparecer en las faldas y en los silos de los
Arrabales de la Mota. Y su asentamiento
en cuevas concuerda con los de otros lugares, que, por su altura de más de
1.000 metros sobre el nivel del mar y se mantuvieron culturizándose en el todo
el Eneolítico/Cobre y Bronce y, en otros momentos se trasladaron de la parte opuesta
a la parte amaesetada del cerro, como quedan testimonios dentro de la iglesia y
en la actual plaza. Este nuevo asentamiento vino motivado por la influencia de
la cultura argárica y del Bronce Tardío. La presencia de muchos enterramientos
en cuevas artificiales y la misma roca a lo largo del recinto fortificado (Bahondillo,
Arrabal Viejo y Arrabal Nuevo), algunas de ellas en forma colectiva, ratifican
la datación de este periodo histórico, junto con sus ajuares. Ya Carrasco,
Pachón, Malpesa y otros consideraron que estos yacimientos piedemontes del
cerro, que los materiales arqueológicos, principalmente hachas de piedra
pulimentadas y hojas de sílex retocadas, indicaban la presencia de la Edad del
Cobre. Pero, posteriormente se ampliaron los descubrimientos, en los que Carlos
Calvo y Carlos Borrell pusieron al descubierto útiles de la Edad de los Metales
reafirmando la utilización del cerro a estos periodos. Al mismo tiempo que
pusieron de manifiesto una sociedad agroganadera y que se complementaba con la
pesca, cuyas cuevas funerarias se encontraron en los yacimientos de la Mota I.
Se asiste desde el IV milenio a. C.
hasta la edad del Bronce, a la definitiva consolidación de la
introducción de las novedades tecnológicas, a cambios de rituales funerarios y
al surgimiento de diferencias sociales.
La Mota, junto con el cerro de San Marcos, se conforman
como altozanos estratégicos y las necrópolis de las Canteras y las cuevas de la
Mota se convierten en exponentes de las nuevas costumbres funerarias. Se
encuadran dentro de la Cultura de las Cuevas, donde las nuevas comunidades
campesinas, de corte comunal y paternal, se asemejan en la forma de asentamiento,
los nuevos modos de vida y en las relaciones culturales con la llamada Cultura
de Almería sin olvidar la importancia de la ganadería. Los soles impresos e
incisos de sus cerámicas en vasijas cerradas con puntillado y líneas
verticales. se han relacionado con la
cultura de los Millares. El cerro del San Marcos y de la Mota jugaron un papel
fundamental de control de la red viaria de comunicación que penetraba de la
parte norte del municipio alcalaíno a la Vega de Granada induciéndose por las
vegas de los ríos San Juan y Velillos a través de varias vías (luego
transformadas en coladas de Alcaudete a Granada, de Córdoba a Guadix, de San
José al camino de los Playeros y de Frailes)
y veredas ( de Martos, de
Montefrío, Ribera, de Íllora) para el desarrollo de las relaciones
comerciales y actividades económicas agroganaderas. Se considera que el actual
Llanillo fue la vía de comunicación que conducía al este y occidente y se data sobre
4759 a. C. El paso de las cuevas al aire libre (o lo que es lo mismo de las sociedades
neolíticas a calcolíticas) es lo que caracteriza al yacimiento del cerro de la
Mota. Citando a Sebastián Moya, entre os autores del Alcalá Real y abacial
" el origen de este yacimiento en torna a final del Neolítico y los
principios de la Edad del Cobre, arriesgando una fecha aproximativa de
alrededor de 2.800 a. C. para sus inicios y su desarrollo hasta el Cobre Medio,
y a finales del III milenio en el 2.200 a. C de progreso tecnológico
premetalugrgico. Pero, a partir de la Edad de Bronce, se asiste a la
dependencia de la ganadería de la agricultura, el cerro de la Mota se convierte
en un centro satélite del poblado de la Gineta, que ocupó un papel primordial
en época ibérica.
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