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sábado, 14 de marzo de 2026

CONOCIENDO LA MOTA (XXXVIII). EL DEVENIR HISTÓRICO DEL CERRO DE LA MOTA . EN LA PREHISTORIA.

 

EL DEVENIR HISTÓRICO DEL CERRO DE LA MOTA

 

           


La ciudad fortificada de la Mota fue declarada el cuatro de junio de 1931 conjunto histórico monumental artístico.  Y en verdad que no fue una declaración más. Se remonta al túnel de los tiempos la sorpresa que siempre ha emitido a los que pasaron por este lugar. Su posición estratégica se cimenta en un cerro escarpado de 1.033 metros de altura sobre el nivel del mar, y se asciende a su cumbre por una pendiente de cuesta de 80 a 100 metros desde los puntos más bajos de la actual ciudad de Alcalá la Real. Su forma amaesetada simula la plataforma de un buque de ancha proa y popa y su posición geográfica permite divisarla desde puntos tan lejanos como Torreparedones, tierras de Granada y de los partidos municipales cercanos de la provincia de Jaén. Es una auténtica atalaya natural que controla el paso del Alto Guadalquivir en dirección hacia las costas granadinas y malagueñas. Su nombre de Mota alude ese montículo de tierra, parecido a una pequeña colina, regularmente artificial; pero, en este lugar, fruto del levantamiento de las plataformas rocosas del Mioceno. Por eso, el profesor Michael García, de la Sorbona Nueva, insinúa la presencia de este término en estos veros del Arcipreste de Hita:

El rabel gritador con la su alta nota,
cabel el orabin taniendo la su rota,
el salterio con ellos más alto que la mota,
la viyuela de pendola con aquestos y sota.










DESDE EL ENEOLÍTICO

 

El cerro de la Mota conformaba parte del relieve en cuesta de Los Llanos, del que se separó por medio por agentes erosivos dando lugar al valle de la ciudad de Alcalá la Real quedando como unidad independiente lo mismo que los cerros de la Dehesilla y Moraleja. El de la Mota es un testigo de la región autónoma de las Sierras Subbéticas que los arqueólogos consideran que estuvo ligada a un proceso de poblamiento general desarrollado desde muy antiguo por estos lugares y llevó a cabo una evolución propia  asimilando los avances etnológicos  de toda la zona del sudeste y sudoeste de Andalucía, Este poblamiento  se caracteriza por los hábitats trogloditas y la cerámica decorada , que suele aparecer en las faldas y en los silos de los Arrabales de la Mota.  Y su asentamiento en cuevas concuerda con los de otros lugares, que, por su altura de más de 1.000 metros sobre el nivel del mar y se mantuvieron culturizándose en el todo el Eneolítico/Cobre y Bronce y, en otros momentos se trasladaron de la parte opuesta a la parte amaesetada del cerro, como quedan testimonios dentro de la iglesia y en la actual plaza. Este nuevo asentamiento vino motivado por la influencia de la cultura argárica y del Bronce Tardío. La presencia de muchos enterramientos en cuevas artificiales y la misma roca a lo largo del recinto fortificado (Bahondillo, Arrabal Viejo y Arrabal Nuevo), algunas de ellas en forma colectiva, ratifican la datación de este periodo histórico, junto con sus ajuares. Ya Carrasco, Pachón, Malpesa y otros consideraron que estos yacimientos piedemontes del cerro, que los materiales arqueológicos, principalmente hachas de piedra pulimentadas y hojas de sílex retocadas, indicaban la presencia de la Edad del Cobre. Pero, posteriormente se ampliaron los descubrimientos, en los que Carlos Calvo y Carlos Borrell pusieron al descubierto útiles de la Edad de los Metales reafirmando la utilización del cerro a estos periodos. Al mismo tiempo que pusieron de manifiesto una sociedad agroganadera y que se complementaba con la pesca, cuyas cuevas funerarias se encontraron en los yacimientos de la Mota I. Se asiste desde el IV milenio a. C.  hasta la edad del Bronce, a la definitiva consolidación de la introducción de las novedades tecnológicas, a cambios de rituales funerarios y al surgimiento de diferencias sociales.

            La Mota, junto con el cerro de San Marcos, se conforman como altozanos estratégicos y las necrópolis de las Canteras y las cuevas de la Mota se convierten en exponentes de las nuevas costumbres funerarias. Se encuadran dentro de la Cultura de las Cuevas, donde las nuevas comunidades campesinas, de corte comunal y paternal, se asemejan en la forma de asentamiento, los nuevos modos de vida y en las relaciones culturales con la llamada Cultura de Almería sin olvidar la importancia de la ganadería. Los soles impresos e incisos de sus cerámicas en vasijas cerradas con puntillado y líneas verticales.  se han relacionado con la cultura de los Millares. El cerro del San Marcos y de la Mota jugaron un papel fundamental de control de la red viaria de comunicación que penetraba de la parte norte del municipio alcalaíno a la Vega de Granada induciéndose por las vegas de los ríos San Juan y Velillos a través de varias vías (luego transformadas en coladas de Alcaudete a Granada, de Córdoba a Guadix, de San José al camino de los Playeros y de Frailes)   y veredas ( de Martos,  de Montefrío, Ribera,  de Íllora)  para el desarrollo de las relaciones comerciales y actividades económicas agroganaderas. Se considera que el actual Llanillo fue la vía de comunicación que conducía al este y occidente y se data sobre 4759 a. C. El paso de las cuevas al aire libre (o lo que es lo mismo de las sociedades neolíticas a calcolíticas) es lo que caracteriza al yacimiento del cerro de la Mota. Citando a Sebastián Moya, entre os autores del Alcalá Real y abacial " el origen de este yacimiento en torna a final del Neolítico y los principios de la Edad del Cobre, arriesgando una fecha aproximativa de alrededor de 2.800 a. C. para sus inicios y su desarrollo hasta el Cobre Medio, y a finales del III milenio en el 2.200 a. C de progreso tecnológico premetalugrgico. Pero, a partir de la Edad de Bronce, se asiste a la dependencia de la ganadería de la agricultura, el cerro de la Mota se convierte en un centro satélite del poblado de la Gineta, que ocupó un papel primordial en época ibérica.

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