DESDE
MOCLÍN, LA MOTA
“Alcala Regale super nubila erectum et in conspetu regni Granatae”
Pedro Márir de Anglería. Opus Epistolarum.
LA FORTALEZA DE LA MOTA
“Nos fue hecha relación diciendo que, como nos es notorio, toda fuerza de esa dicha ciudad estaba en lo alto de ella, que llaman la Mota, donde asimismo estaban la Iglesia Mayor, que era cabeza de aquella abadía, y las Casas de Cabildo y Ayuntamiento, y Cárcel y todas las casas de caballeros y gente noble y todos los escritorios y oficios de escribanos y todo el demás trato y comercio principal del lugar(...) y, por carta ejecutoria nuestra, estaba encomendado que los oficios públicos y mecánicos estuviesen y residiesen en dicha Mota, y así está muy necesario que nuestro corregidor y las demás justicias, que hubiesen, en ellas estuviesen y morasen en la Mota...”
PROVISIÓN REAL DE FELIPE II, en 16 de septiembre de 1583:
"Alcalá está cerca de Granada y antiguamente solía ser de los más fuertes y de mayor defensa que había en dicho reino, poca cuenta que se ha tenido con las torres y cárcel están maltratadas(...) se tenían que reparar con brevedad"
Acta de cabildo de 12 de mayo de 1569-
Se prodigan el cuidado de la salud y la cultura del
bienestar y del ocio en muchas asociaciones, grupos y familias mediante la
participación en rutas de esfuerzo, deportivas, ecocostumbristas, turísticas,
formativas, o, simplemente, de paseo. Da gusto encontrarse la Mota repleta de
personas, de los ámbitos más insospechados (desde un grupo de estudiosos de la
Axarquía hasta unos vecinos de Martos pasando por la presencia de extranjeros y
los miembros de muchas asociaciones de la localidad) y ocupando el rincón más
insólito, un día como el de los Monumentos, sin aparcamiento de coches en las
plataformas del Arrabal Nuevo y con una enorme avalancha de personas que
ascendía a la Roca del Al Ándalus.
Está calando en nuestra
ciudad el turismo interior y se atisban buenos visos de la llegada de otras
tierras, porque es frecuente toparse con una pareja francesa o de habla
inglesa. Visitar la Mota no es recorrer la Mezquita ni la Alhambra, pero la
opinión general de cualquier visitante manifiesta la sorpresa de que le
conllevaron la visita y su puesta en valor de esta maravillosa Ciudad Fortificada,
no un castillo más de la Ruta de los Castillos y las Batallas (y valga la
enmienda a la redundancia). Cualquier rincón es sumamente atrayente y
reconquistado gracias al esfuerzo de las instituciones, sobre todo, la local,
desde el Nevero hasta las salas mudéjares de la torre de la Cárcel Real pasando
por la botica, las Carnicerías Reales, el Bahondillo o las tiendas de las Entrepuertas.
La Ciudad Oculta se convierte en la llamada intrigante y sugerente que invita a
trasladarse al mundo de la leyenda y del misterio. El turista se topa con miradores
excepcionales y privilegiados en el sitio más asombroso de la antigua muralla:
a los pies de la torre del Farol, la arqueología ofrece la pregunta de un
Arrabal Viejo excavado y esperando el ansiado Parador, también se siente
revalorizado con el nuevo adarve de la antigua Carrera de los Caballos, donde
porfiaban justas, torneos y juegos de
alcancías, cañas y lanzas ; sobre la torre de la antigua barbacana, el
visitante nocturno se siente rodeado del
barrio del Albaicín y , si otea hacia los Llanos, se le abre el damero
de la ciudad, iluminado y compuesto de
una serie de calles perpendiculares y paralelas, tan solo roto por dos calles-
Utrilla y el subeje de Pedro Alba con Rosario- , al mismo tiempo que se le
prolonga su vista hacia nuevos barrios que han multiplicado su suelo urbano, tres veces, el doble de terreno que se han mantenido sin
alterarse desde tiempos de los
Austria; sobre la antigua torre del
Pendón o del Rey, se extienden, en la
lejanía las montañas penibéticas de Sierra Nevada, el sistema
defensivo-perimetral y transversal- de las atalayas, el limes de la antigua frontera
granadina y, más cercano, Moclín, el Escudo de Granada.
Y, vista desde la lejanía, sirva de ejemplo desde el mirador de Alcalá de la fortaleza de Moclín, como denominan su Torre
del Homenaje, un grupo cualquiera de
turismo interior puede contemplar , los campos alcalaínos en el horizonte,
las blancas aldeas que manchaban
las tierras del Camello y los aledaños de las Riberas y, sobre todo, dos
máculas amarillas de tierras
areniscas que resaltaban de entre
su entorno, las tierras olivares del Sur y el bosque de pinos de la Cuesta del
Cambrón: una era la cantera de los Llanos; la otra el barrio de Santo Domingo de Silos
que se esfumaba con las piedras de la muralla del Gabán debido a las recientes
excavaciones y reconstrucción del parapeto de la plaza de la fortaleza. En el
horizonte, este recinto fortificado que se encuentra avanzando en los peldaños constructivos
de su revalorización patrimonial, retrotrae a estos versos de este romance
fronterizo "Caballeros de Moclín, /
peones de Colomera, /entrado había en acuerdo, / en su aconsejada negra, / a
los campos de Alcalá/ donde iría a hacer la presa/. Y continuando con la
escaramuza del cortijo de la Matanza, en la fuente del Malarmuerzo y, al
recitar los siguientes versos, fue interrumpido por un compañero: " soltemos un prisionero, /que a Alcalá lleve
la nueva". Pues, viendo aquel recinto a medio camino entre la
reconstrucción de su aljibe de tapial, la torre de mampuesto y el recinto
amurallado de época nazarí y, por otra parte, envuelto entre andamios de tubo,
es fácil declamar una perorata espontánea e imbuida de orgullo alcalaíno en
defensa de la reconstrucción actual del patrimonio alcalaíno de su fortaleza de
la Mota. Y aún más, convertirse en el adalid que quería ganar la batalla
informativa para atraerse a los turistas, que le rodeaban mientras contemplaba
el castillo de Moclín, como si quisiera vengarse de aquellos caballeros de
Moclín que habían zurrado una buena paliza a los personajes del romance, a saber,
el hijo del señor de Alcaudete y las tropas alcalaínas que le acompañaban. El visitante
de la Mota se convirtió, por un momento, en virtual guía de los presentes e
incitó a la visita de su recinto que había cambiado de la noche a la mañana en
los últimos treinta años. Lo que le ha permitido obtener el premio de Hispania
Nostra en 2017. Por eso se ufanaba de explicar y comentar que la frontera se
había hecho vida en la ciudad de la Mota mostrando que valía la pena verla, al
mismo tiempo que se explayaba en comparaciones, logros y una retahíla de
piropos.
Como es lógico,
cualquiera pudo pensar que era un forofo de su patria chica y se ufanaba, en
demasía, de su tierra. Pero, al ver que
todos le asentían, cambió de romance, recitó: “manda juntar a los suyos, /hace muy gran cabalgada, / y a las puertas
de Alcalá/que la Real se llamaba.../ . Es decir, refrendó sus palabras y se
vio como notario de unos hechos que no borra el tiempo. Obras son amores y no
buenas razones.


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