JUAN VEGA VEGA,
LA SIMIENTE DE NUESTROS PREGONEROS
Desde el cielo, Juan Vega Vega nos enviará cantos de
Navidad heredero de esta estirpe de
auroros bajo la égida de su padre Santiago,
y nos revivirá las Noches de Navidad con su familia en sus
años mozos y, sobre todo en la muestra
de Villancicos de la iglesia, San Juan, donde las canciones de la Virgen de la
Aurora y los villancicos
andaluces-antiguos y de la escuela de cantantes andaluces- se
transformaban en oraciones nacidas del corazón y de la tradición por medio de
su voz insustituible, que, como me decía un
antiguo profesor, cualquier melodía básica se convertía en música
perfecta de las manos de su dirección, de su voz y su s cuerda. Por Cuaresma y
en la fiesta de la Hermandad, su espíritu rezará ante las puertas y altares de
los mayordomos aquellas saetas auténticas de su voz, hechas más que
oración, canto de serafines a la entrega de los cuadros y gallardetes, como el
mejor saetero de Alcalá la Real, por seguiriya y cualquier tipo de toná.
Se
nos vendrá a nuestra presencia, desde los cantos de los pregones perfectamente
cantados en los pasos «Un capitán y un alférez, y un trompeta y un tambor, y un
escuadrón de soldados prendieron al Redentor la noche del Jueves Santo». O en Jesús
«el bulto», deformación de palabra busto, su alma saetera se convertirá e en el
mejor exponente de sentimiento patético con las conocidas variantes del «míralo
por dónde viene...», o «En la calle la Amargura...», o la archiconocidísima
«Qué es aquéllo que reluce». Si en la mañana del Viernes Santo su voz se
identificará con la luz primaveral, que huele a incienso y a drama, la noche la
teñirá de mortuorio. Nuestro Juan, como cantaor
ele saetas nos recordará sus mejores saetas, cantándole al Cristo de la Salud: «¡Qué es aquello que reluce! Que brilla y con
tanta luz es un trono, cuajado de flores, y el Cristo de la Salud». y, en el
encuentro con su madre nuestro saetero-poeta de la calle Veracruz se identificará
con Jesús y le dirá a la Virgen de las Angustias este poema, «Madre mía de las
Angustias, arrópame con tu manto, y concédeme un favor: ya que te quiero tanto,
que no me falte la voz para cantarte toos los años». Nos vendrán este elenco de
recuerdo saetero creado por ti:
Con la Virgen de las Angustias, te
prodigarás y destacarás por su torrente
de voz y fuerza cantaora, le tiende un pañuelo de compasión con este dardo
lírico:
Me gusta verte de lejos
y, aunque sea por detrás,
y, cuando te veo la cara,
me das ganas de llorar.
Rememoraremos aquella saeta que recogiste
una tradición referida a los claveles que se traían de Almería, donados por el
hermano Antonio:
De claveles de Almería
están llenando la cruz
los hermanos que te quieren
del Cristo de la Salud.
En la calle del Rosario escucharemos algunas
saetas en la despedida de la Virgen de las Angustias o,
solitariamente, en forma de oración:
Ya te suben,ya te bajan,
por la calle del Rosario,
!Ay, Cristo de la Salud !
qué duro es ya tu calvario.
No es extraño que, en el acto de su
instalación en el dosel, cantaras:
Ay, Cristo de la Salud,
consuelo de los hermanos,
que moriste por nosotros,
clavado de pies y manos.
que solías acabar con un estrambote final ante el silencio de los callados
hermanos que escuchan esta profunda invocación:
Silencio, callad, silencio:
que se ha oído un quejío,
y en una cruz yace muerto
el mejor de los nacíos.
El cuerpo de Cristo te servirá para
que se le cantes, a veces, poemas que respondían más a las antiguas saetas que
se frecuentaban en las reuniones del Ecce-Homo:
Lleva la caña por cetro
y de espinas la corona.
Nadie te tiene respeto,
siendo la única persona,
que resucita a los muertos.
O esta otra que se expresa en la misma
línea que la anterior:
Por los clavos prisioneras
llevas las manos heridas.
Llevas los pies traspasados
y una corona de espinas.
Que enciendan ya los faroles,
que enciendan con mucha luz,
que va a pasar por la calle
el Cristo de la Salud
Hermano, devoto del Cristo Sanjuanero. saldrás con su banda, con la que tu trompeta
daba el punto culminante de aquellas marchas desde los años setenta hasta
avanzado el III milenio. Si se distinguía un sonido especial de metal, será
su soliloquio musical.
Y podremos tampoco vivir y escuchar la pasión hecha
pueblo con sus pregones de los pasos en la tarde del Jueves Santo y la mañana
del Viernes Santo, en su toná única y deje final aflamencado en su voz
señera. La pasión de 2026 sonará más triste en forma de queda por tu adiós a tu
devoción de alma y en la que fuiste el pregonero simpar de amor pasional. Echaremos
de menos la saeta narrativa, que dedicabas muy frecuente para nuestra cuadrilla
del Señor de la Columna, y, aunque resultara ripiosa, reflejaba perfectamente
la riqueza léxica de nuestro pueblo: «Tienes la mejilla negra. de tan cruel
bofetá, el rostro acardenalao, las espaldas renegrías y el corazón traspasao»
En el cabildo de suertes de tu hermandad de Ecce Homo,
se dará cuenta de se mantienen las huellas de tus sabios consejos, propuestas
como miembro de tantos años de la Junta Directiva y de tus manos artesanas que
hacías bella hasta la piedra del mampuesto de la casa alcalaína de hermandad de
los Caños, setenta y uno.
Como coralista
de san Juan y de muchas comparsas, la música en tu voz y tu dirección sonará
con una sinfonía especial en muchos actos populares (su presencia en el
Carnaval elevaba su nivel a la altura de los de Cádiz) y en otros de la
corte celestial de los Ángeles de la tierra, una voz y unas cuerdas que siempre
estarán al servicio de Jesús en tus advocaciones queridas y de su pueblo,
todo lo entregaste.
En enero se quedó muda la iglesia
de San Juan y en marzo volará tu alma entre cantos, saetas y ausencias de amor.
Aunque no estés, tu nos presidirás con tu espíritu que nos dejaste la semilla,
que entroncaba con estas tradiciones, porque fuiste una voz insustituible que
recogió de su familia las canciones de los antiguos carnavales, los cantos y
cuerda de las rondallas dirigidas por el mismo, el sabor aflamencado de los
pregones de la Semana Santa de Alcalá la Real sin olvidar su sonidos únicos
del metal de su corneta, las auténticas saetas alcaláina,
las canciones tradicionales de temporadas y estaciones, los cantos aguilanderos
de los auroros y el pozo de villancicos tradicionales, romancísticos y de los
cantaores flamencos del siglo XX. Juan fuiste músico del
pueblo, y, excelente persona que siempre estaba dispuesto a entregar sus
cualidades y servicios para la historia alcaláina. Padre y esposo ideal,
derrochador de su amor familiar, y entrega total a la cultura alcalaína. Le
transmitiste este amor a tu esposa, nos dejaste tu hijo Juan Carlos y nietos
como testimonio de un ser insustituible y amoroso y singular.
Cuando llegue el Viernes Santo, retumbará el paseíllo
de la Mora este año con estos versos auroros:
Son méritos
que hacemos
para la otra vida
dadlo abundante,
nadie lo impida.
Que Ecce Homo y Columna, se lo recompensen con creces
en el cielo.
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