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martes, 24 de marzo de 2026

EN LA REVISTA DEL ECCE HOMO. NUNCA OLVIDAREMOS, JUAN VEGA VEGA, LA SIMIENTE DE NUESTROS PREGONEROS

 

 JUAN VEGA VEGA, LA SIMIENTE DE NUESTROS PREGONEROS 

 

Desde el cielo, Juan Vega Vega nos enviará cantos de Navidad  heredero de esta estirpe de auroros bajo la égida de su padre Santiago,  y nos revivirá  las Noches de Navidad con su familia en sus años mozos y, sobre todo en  la muestra de Villancicos de la iglesia, San Juan, donde las canciones de la Virgen de la Aurora  y los villancicos andaluces-antiguos y de la escuela de cantantes andaluces-   se transformaban en oraciones nacidas del corazón y de la tradición por medio de su voz insustituible, que, como me decía un  antiguo profesor, cualquier melodía básica se convertía en música perfecta de las manos de su dirección, de su voz y su s cuerda. Por Cuaresma y en la fiesta de la Hermandad, su espíritu rezará ante las puertas y altares de los mayordomos aquellas saetas auténticas de su voz, hechas más que oración, canto de serafines a la entrega de los cuadros y gallardetes, como el mejor saetero de Alcalá la Real, por seguiriya y cualquier tipo de toná.  Se nos vendrá a nuestra presencia, desde los cantos de los pregones perfectamente cantados en los pasos «Un capitán y un alférez, y un trompeta y un tambor, y un escuadrón de soldados prendieron al Redentor la noche del Jueves Santo». O en Jesús «el bulto», deformación de palabra busto, su alma saetera se convertirá e en el mejor exponente de sentimiento patético con las conocidas variantes del «míralo por dónde viene...», o «En la calle la Amargura...», o la archiconocidísima «Qué es aquéllo que reluce». Si en la mañana del Viernes Santo su voz se identificará con la luz primaveral, que huele a incienso y a drama, la noche la teñirá  de mortuorio. Nuestro Juan, como cantaor ele saetas nos recordará sus mejores saetas, cantándole al Cristo de la Salud:  «¡Qué es aquello que reluce! Que brilla y con tanta luz es un trono, cuajado de flores, y el Cristo de la Salud». y, en el encuentro con su madre nuestro saetero-poeta de la calle Veracruz se identificará con Jesús y le dirá a la Virgen de las Angustias este poema, «Madre mía de las Angustias, arrópame con tu manto, y concédeme un favor: ya que te quiero tanto, que no me falte la voz para cantarte toos los años». Nos vendrán este elenco de recuerdo saetero creado por ti:

Con la Virgen de las Angustias, te prodigarás  y destacarás por su torrente de voz y fuerza cantaora, le tiende un pañuelo de compasión con este dardo lírico:

Me gusta verte de lejos

y, aunque sea por detrás,

y, cuando te veo la cara,

me das ganas de llorar.

 

Rememoraremos aquella saeta que recogiste una tradición referida a los claveles que se traían de Almería, donados por el hermano Antonio:

 

De claveles de Almería

están llenando la cruz

los hermanos que te quieren        

del Cristo de la Salud.

 

En la calle del Rosario escucharemos algunas saetas en la despedida de la Virgen de las Angustias o, solitariamente, en forma de oración:

 

Ya te suben,ya te bajan,

por la calle del Rosario,

!Ay, Cristo de la Salud !

qué duro es ya tu calvario.

 

No es extraño que, en el acto de su instalación en el dosel, cantaras:

 

Ay, Cristo de la Salud,

consuelo de los hermanos,

que moriste por nosotros,

clavado de pies y manos.

 

que solías acabar con un estrambote final ante el silencio de los callados hermanos que escuchan esta profunda invocación:

 

Silencio, callad, silencio:

que se ha oído un quejío,

y en una cruz yace muerto

el mejor de los nacíos.

 

El cuerpo de Cristo te servirá   para que se le cantes, a veces, poemas que respondían más a las antiguas saetas que se frecuentaban en las reuniones del Ecce-Homo:

 

Lleva la caña por cetro

y de espinas la corona.

Nadie te tiene respeto,

siendo la única persona,

que resucita a los muertos.

 

O esta otra que se expresa en la misma línea que la anterior:

 

Por los clavos prisioneras

llevas las manos heridas.

Llevas los pies traspasados

y una corona de espinas.

Que enciendan ya los faroles,

que enciendan con mucha luz,

que va a pasar por la calle

el Cristo de la Salud

Hermano, devoto del Cristo Sanjuanero.   saldrás con su banda, con la que tu trompeta daba el punto culminante de aquellas marchas desde los años setenta hasta avanzado el III milenio. Si se distinguía un sonido especial de metal, será su soliloquio musical.

Y podremos tampoco vivir y escuchar la pasión hecha pueblo con sus pregones de los pasos en la tarde del Jueves Santo y la mañana del Viernes Santo, en su toná única y deje final aflamencado en su voz señera. La pasión de 2026 sonará más triste en forma de queda por tu adiós a tu devoción de alma y en la que fuiste el pregonero simpar de amor pasional. Echaremos de menos la saeta narrativa, que dedicabas muy frecuente para nuestra cuadrilla del Señor de la Columna, y, aunque resultara ripiosa, reflejaba perfectamente la riqueza léxica de nuestro pueblo: «Tienes la mejilla negra. de tan cruel bofetá, el rostro acardenalao, las espaldas renegrías y el corazón traspasao»

En el cabildo de suertes de tu hermandad de Ecce Homo, se dará cuenta de se mantienen las huellas de tus sabios consejos, propuestas como miembro de tantos años de la Junta Directiva y de tus manos artesanas que hacías bella hasta la piedra del mampuesto de la casa alcalaína de hermandad de los Caños, setenta y uno.

 Como coralista de san Juan y de muchas comparsas, la música en tu voz y tu dirección sonará con una sinfonía especial en muchos actos populares (su presencia en el Carnaval elevaba su nivel a la altura de los de Cádiz) y en otros de la corte celestial de los Ángeles de la tierra, una voz y unas cuerdas que siempre estarán al servicio de Jesús en tus advocaciones queridas y de su pueblo, todo lo entregaste.

En enero se quedó muda la iglesia de San Juan y en marzo volará tu alma entre cantos, saetas y ausencias de amor. Aunque no estés, tu nos presidirás con tu espíritu que nos dejaste la semilla, que entroncaba con estas tradiciones, porque fuiste una voz insustituible que recogió de su familia las canciones de los antiguos carnavales, los cantos y cuerda de las rondallas dirigidas por el mismo, el sabor aflamencado de los pregones de la Semana Santa de Alcalá la Real sin olvidar su sonidos únicos del  metal  de su corneta, las auténticas saetas alcaláina, las canciones tradicionales de temporadas y estaciones, los cantos aguilanderos de los auroros y el pozo de villancicos tradicionales, romancísticos y de los cantaores flamencos del siglo XX.   Juan fuiste músico del pueblo, y, excelente persona que siempre estaba dispuesto a entregar sus cualidades y servicios para la historia alcaláina. Padre y esposo ideal, derrochador de su amor familiar, y entrega total a la cultura alcalaína. Le transmitiste este amor a tu esposa, nos dejaste tu hijo Juan Carlos y nietos como testimonio de un ser insustituible y amoroso y singular.

Cuando llegue el Viernes Santo, retumbará el paseíllo de la Mora este año con estos versos auroros:

Son méritos

que hacemos

para la otra vida

dadlo abundante,

nadie lo impida.

Que Ecce Homo y Columna, se lo recompensen con creces en el cielo.

 

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