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martes, 24 de marzo de 2026

CONOCIENDO LA MOTA (XXXIII). LA MOTA EN EL SIGLO XVI.

                                        LA MOTA 

                    EN 

                     SIGLO XVI



















 

            A lo largo del siglo XVI, la fortaleza abandonó su carácter puramente defensivo de modo que se urbanizó completamente todo su recinto y se amplió fuera de las murallas fortificadas. Antes de iniciar esta operación urbanística, tan sólo se encontraban el Mesón de Yeguas, el mesón de la Torre, el Mesón de Hernando de Aranda, la Alhóndiga y las cantarerías y la Zubia o Ermita.



El mecanismo de adquirir los solares se iniciaba con la petición vecinal, la zona de ubicación solía ser dentro de la fortaleza, si la hubiere, y en el Arrabal y, sobre todo, en la Era de los Palacios. Tras la conquista se pagaron muchos solares en el Arrabal Nuevo y surgieron los primeros escollos de la población, porque hubo casos de malversación de fondos a la hora de la venta y distribución de los solares.

El Arrabal Viejo y sus alrededores ofrecían, a veces, un aspecto desalentador en sus exteriores, con muladares por doquier, acumulación de excrementos de animales, basura y desechos del matadero dando un aspecto maloliente, tal como señalaba el libro de Ordenanzas a principios del siglo XVI.

A partir del reinado de los Reyes Católicos, se amplió la ciudad desde la puerta del Arrabal de Santo Domingo, con diversos arrabales, entre ellos el Arrabal Nuevo, donde se encontraba las calles Cava y de los Mesones, y, por la parte de la puerta de Granada, el Rastro y Matadero, el entorno de la Puerta Nueva y el barrio de San Bartolomé. A través del estudio de varios documentos del Archivo de la Chancillería Real de Granada María José Guerrero y Lorenzo de Castro, sacaban estas conclusiones con las que estamos de acuerdo para el periodo comprendido entre finales del siglo XV y principios del siglo XVI:

“Sin duda, el aumento de población determina que el concejo diera solares para la construcción de viviendas a todos aquellos que los requería. Desde tiempo inmemorial, la ciudad de Alcalá la Real tenía potestad para otorgarlos a los pobladores de dentro y fuera de la Mota. En el primer caso, siempre que hubiera un solar público. Todos los terrenos que en torno a 1520 ahora están edificados e los  arrabales habían sido concedidos por el concejo a los vecinos y este además había señalado por donde iban las calles, y que la anchura podría oscilar entre ocho y nueve pies”[1].

Se pueden establecer varias etapas de trasformación y usos de la ciudad fortificada hasta convertirse en puramente urbana. En la primera etapa, desde 1500 hasta 1530, tuvo lugar una gran labor constructiva, trasladándose algunos edificios públicos a otras ubicaciones y reconstruyéndose nuevos espacios. Destacaron las Casas de Cabildo junto a la nueva Iglesia Mayor junto con su nuevo claustro, las Carnicerías, la primera remodelación de la plaza Alta de la Mota y con el levantamiento de sus tiendas y el derribo del palacio del alcaide, el arrabal de la Puerta Nueva, urbanización de Santo Domingo, y el adarve del Trabuquete. Fue un periodo de penuria económica, que obligó al cabildo alcalaíno a dejar en manos de los propios arrendatarios la finalización de sus portadas y viviendas, como dice este acuerdo de 8 de julio de 1530: "En este cabildo los dichos señores mandaron que se pregonen las tiendas de la ciudad porque a quienes las quisieren arrendar las labre del alquiler de las tiendas esto porque de los propios no ay dineros para que se acaben”.

            Una segunda etapa en torno a mediados del siglo XVI, en la que quedaron consolidados los arrabales que rodeaban la fortaleza de la Mota., entre ellos el Arrabal Viejo, la Peña Horadada, San Sebastián, San Bartolomé, Trinidad, San Juan, Rastro, Matadero, Puerta Nueva.

 

            En una tercera etapa, se dio un gran paso para la urbanización de la ciudad fortificada y principales arrabales. La Calle de la Calancha remodeló el urbanismo de la ciudad fortificada al convertirse como eje vertebrador desde la Iglesia hasta el alcázar, desde donde se abrieron una serie de calles secundarias. Y en los arrabales varias calles se convirtieron en ejes importantes para dinamizar la racionalización de los barrios.                              

             

            Por un acta capitular de 25 de noviembre de 1586, con motivo de emitir un informe para abrir una carnicería en el Llanillo, se aludía que la ciudad tiene 3.500 vecinos, gran trato y comercio y se debía dar ventaja a los de abajo, pues no subían el ganado al matadero. Días después, el regidor Gamboa defendió la ubicación actual en la Mota, porque estaba allí la Iglesia mayor, Casa de Señor Abad, Casas de la Justicia y Cabildo, Cárcel Publica, por privilegios de los reyes y allí estaban los caballeros que habían defendido la fortaleza durante 150 años de los moros y en el arrabal nuevo “estaban los advenedizos”, y vivían 2000 vecinos. Por su importancia militar, la ciudad fortificada dependía del Capitán General y, además, se abrió una puerta en tiempos de Carlos I (la nueva), se redificaron muchas murallas. Le contradijo Rodrigo de Clavijo, diciendo “que en el arrabal de Santo Domingo solo había quedado la gente pobre y se habían abandonado la mayor parte de las casas, que se han hundido y lo mismo sucedería a la Mota. Se aludió que por no aver otra fuerza en Andalucía que tanto ímpetu al servicio de Su Majestad con motivo de la guerra de los moriscos mucha gente de Granada vino a refugiarse a Alcalá por ser muy fuerte y segura, incluso en sus arrabales.

            Nos quedamos con  esta descripción , con motivo de la justificación  de la compra de unas  casas para levantar la mansión nueva  del corregidor  en un acuerdo de cabildo de  1583, recogiendo la provisión real de Felipe II, firmada en Madrid  en 16 de septiembre nos fue hecha relación diciendo que, como nos es notorio, toda fuerza de esa dicha ciudad estaba en lo alto de ella, que llaman La Mota, donde asimismo estaban la Iglesia Mayor, que era cabeza de aquella abadía, y las Casas de Cabildo y Ayuntamiento, y Cárcel y todas las casas de caballeros y gente noble y todos los  escritorios y oficios de escribanos y todo  el demás trato  y comercio principal del lugar(...) y por carta ejecutoria nuestra estaba encomendado que los oficios  públicos y mecánicos estuviesen y residiesen  en dicha Mota, y así está muy necesario que nuestro corregidor y las demás justicias, que hubiesen,  en ella  estuviesen y morasen en la Mota.”.          A lo largo del siglo se asistió al traslado de las Casas de Cabildo a su ubicación actual junto con la   construcción de los Corredores y de la Casa de Justicia, una nueva Iglesia Mayor (1530-1627), el continuo derribo de elementos rocosos y peñas a la entrada de la plaza, junto al Cabildo  y en Iglesia mayor y la  ampliación y racionalización del espacio público de la Mota, convirtiéndola en una plaza renacentista cuadrada, con la  compra y derribo de las casas de Pedro Fernández Alcaraz y Gonzalo de Gamboa y alineación del flanco occidental, sirviendo de hito la Casa de la Justicia y la ampliación de la calle que salía de la Iglesia Mayor. Nuevas calles como la Calancha, del Alcázar y otras secundarias para racionalizar el espacio, y la formación de nuevos barrios en torno a la Puerta Nueva, San Sebastián, Peña Horadada, Rastro, San Bartolomé, y Mesones.

Aunque, al principio, el cabildo alcalaíno trató por todo tipo de medios de mantener la vida administrativa, social, religiosa y política en la fortaleza de la Mota, en este reinado se dieron los principales pasos para el traslado de muchos órganos de poder hacia la nueva ciudad moderna que se había ido reubicando desde el siglo anterior hacia el Llano. Es verdad que la hacienda municipal no disponía de un importante desembolso de dinero para afrontar este importante cambio urbanístico. Pues era continua la destrucción del recinto amurallado, se multiplicaban las evasiones de los controles de las tiendas de abastecimiento, comenzó el traslado de las tiendas de los oficiales hacia el llano para evitar aquella fortaleza, situada en un lugar tan alto y áspero, y nacieron nuevos intereses ligados con la agricultura cerealista y los servicios de comercio y transporte, ubicados en la arteria principal del Llanillo y en la calle Real. Como canto de cisne, eran comprensibles las declaraciones del alcalde Gamboa, defendiendo la ciudad amurallada y el establecimiento de una ordenanza de prohibición de casas fuera del recinto amurallado, en estos primeros años del reinado ante la petición de Francisco de Velasco que pretendía edificar una casa de mampuesto en un solar de Juana Martínez Calvo situado en La Viñuela, que lindaba con el realengo, en la parte opuesta al cerro de la Mota:

Por experiencia se ha visto el grande inconveniente en dar licencia a semejantes vecinos que labran al cabo del lugar en tan mal sitio como la Viñuela, y lo uno por el ornato de esta ciudad en extender de los arrabales y dejar la fuerza principal y murallas por poblar, porque ay dentro de las murallas más de setecientos sitios para poderse poblar donde tanto importa para ejercicio de S,M., fuera de que ni se pueda empedrar por ser tan mal sitio y lo principal en la conservación de la fuerza y estar tan lejos de la justicia y vecindad y que pueden ocurrir delitos graves con la tala de los montes”.

En 1582, el primero que promovió ordenanzas de obligar a usar las tiendas en la Mota y nombró ejecutores para cumplirlas fue el alcaide don Antonio de Gamboa. Más tarde, se permitió que pudieran establecerse las tiendas desde la plaza Alta hasta el adarvillo de Moya, prologándose hasta la esquina del Rosario en los primeros años de del siglo XVII. Su objetivo no era otro, sino que la concentración de los oficios y tratantes se fijara en una calle para una mejor racionalización y control por parte de la ciudad.

Un movimiento sísmico y la horadación de los cimientos de la Mota provocaron por los años ochenta una destrucción muy significativa de la ciudad fortificada, porque afectó a la muralla del Gabán y su recinto del Cañuto, a la zona de la muralla de la Barbacana, a la Torre del Homenaje y a las calles y viviendas adosadas en su entorno. Y, además. la nueva ciudad del llano necesitaba nuevos servicios más cercanos en todos los campos, especialmente los religiosos.  De ahí el intento de colocar en 1589 una pila bautismal en la iglesia de la Veracruz, que incluso apoyaba el propio corregidor aludiendo que había dos mil vecinos, dos parroquias con dos curas y sus asistentes, el convento franciscano, la Ermita de la Veracruz, sola sin capellanes y un santero, y se multiplicaban los problemas de ruinas en la Mota” la mayor e inexpugnable fuerza que el Rey Nuestro Señor tiene en toda Andalucía e reino de Granada”. De nada sirvió el requerimiento de dos de julio de 1596, por parte de los miembros del cabildo municipal al corregidor para que obligara a cumplir las ordenanzas a todos los oficios, tenderos y comerciantes, y, sobre todo a los 34 oficiales que ya habían abierto sus negocios fuera de la ciudad fortificada y la habían despoblado junto con los barrios periféricos. No obstante, como canto de cisno en 1591 se llevó a cabo un intento de canalización de aguas en la Mota, lo que hubiera favorecido el mantenimiento de la población en los años futuros. Para ello se trajo al maestro mayor de obras de Málaga Juan López Sisto maestro mayor de Málaga, que propuso que hasta las casas de doña Águeda Cano se nivelaría en la calle Real con dos canalizaciones de 42 varas.



[1] GUERRERO LAFUENTE, Mª Dolores Y DE CASTRO MARTÍNEZ, Lorenzo Evolución urbanística de Alcalá la Real en el siglo XVI. Notas para el estudio. Cuadernos del Amar. I. Pág. 93-96. Año 1993.

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