LA MOTA
EN
SIGLO XVI
A lo largo del siglo XVI, la fortaleza abandonó su carácter puramente defensivo de modo que se urbanizó completamente todo su recinto y se amplió fuera de las murallas fortificadas. Antes de iniciar esta operación urbanística, tan sólo se encontraban el Mesón de Yeguas, el mesón de la Torre, el Mesón de Hernando de Aranda, la Alhóndiga y las cantarerías y la Zubia o Ermita.
El
mecanismo de adquirir los solares se iniciaba con la petición vecinal, la zona
de ubicación solía ser dentro de la fortaleza, si la hubiere, y en el Arrabal
y, sobre todo, en la Era de los Palacios. Tras la conquista se pagaron muchos
solares en el Arrabal Nuevo y surgieron los primeros escollos de la población,
porque hubo casos de malversación de fondos a la hora de la venta y
distribución de los solares.
El
Arrabal Viejo y sus alrededores ofrecían, a veces, un aspecto desalentador en
sus exteriores, con muladares por doquier, acumulación de excrementos de
animales, basura y desechos del matadero dando un aspecto maloliente, tal como
señalaba el libro de Ordenanzas a principios del siglo XVI.
A
partir del reinado de los Reyes Católicos, se amplió la ciudad desde la puerta del
Arrabal de Santo Domingo, con diversos arrabales, entre ellos el Arrabal Nuevo,
donde se encontraba las calles Cava y de los Mesones, y, por la parte de la
puerta de Granada, el Rastro y Matadero, el entorno de la Puerta Nueva y el
barrio de San Bartolomé. A través del estudio de varios documentos del Archivo
de la Chancillería Real de Granada María José Guerrero y Lorenzo de Castro,
sacaban estas conclusiones con las que estamos de acuerdo para el periodo comprendido
entre finales del siglo XV y principios del siglo XVI:
“Sin
duda, el aumento de población determina que el concejo diera solares para la
construcción de viviendas a todos aquellos que los requería. Desde tiempo
inmemorial, la ciudad de Alcalá la Real tenía potestad para otorgarlos a los
pobladores de dentro y fuera de la Mota. En el primer caso, siempre que hubiera
un solar público. Todos los terrenos que en torno a 1520 ahora están edificados
e los arrabales habían sido concedidos
por el concejo a los vecinos y este además había señalado por donde iban las
calles, y que la anchura podría oscilar entre ocho y nueve pies”[1].
Se pueden establecer
varias etapas de trasformación y usos de la ciudad fortificada hasta
convertirse en puramente urbana. En la primera etapa, desde 1500 hasta 1530, tuvo lugar una gran labor
constructiva, trasladándose algunos edificios públicos a otras ubicaciones y
reconstruyéndose nuevos espacios. Destacaron las Casas de Cabildo junto a la nueva
Iglesia Mayor junto con su nuevo claustro, las Carnicerías, la primera
remodelación de la plaza Alta de la Mota y con el levantamiento de sus tiendas y
el derribo del palacio del alcaide, el arrabal de la Puerta Nueva, urbanización
de Santo Domingo, y el adarve del Trabuquete. Fue un periodo de penuria
económica, que obligó al cabildo alcalaíno a dejar en manos de los propios
arrendatarios la finalización de sus portadas y viviendas, como dice este
acuerdo de 8 de julio de 1530: "En este cabildo los dichos señores mandaron que se pregonen las tiendas
de la ciudad porque a quienes las quisieren arrendar las labre del alquiler de
las tiendas esto porque de los propios no ay dineros para que se acaben”.
Una segunda etapa en torno a mediados del siglo XVI, en
la que quedaron consolidados los arrabales que rodeaban la fortaleza de la
Mota., entre ellos el Arrabal Viejo, la Peña Horadada, San Sebastián, San
Bartolomé, Trinidad, San Juan, Rastro, Matadero, Puerta Nueva.
En una tercera etapa, se dio un gran
paso para la urbanización de la ciudad fortificada y principales arrabales. La
Calle de la Calancha remodeló el urbanismo de la ciudad fortificada al
convertirse como eje vertebrador desde la Iglesia hasta el alcázar, desde donde
se abrieron una serie de calles secundarias. Y en los arrabales varias calles
se convirtieron en ejes importantes para dinamizar la racionalización de los
barrios.
Por un acta capitular de 25 de
noviembre de 1586, con motivo de emitir un informe para abrir una carnicería en
el Llanillo, se aludía que la ciudad tiene 3.500 vecinos, gran trato y comercio
y se debía dar ventaja a los de abajo, pues no subían el ganado al matadero.
Días después, el regidor Gamboa defendió la ubicación actual en la Mota, porque
estaba allí la Iglesia mayor, Casa de Señor Abad, Casas de la Justicia y
Cabildo, Cárcel Publica, por privilegios de los reyes y allí estaban los
caballeros que habían defendido la fortaleza durante 150 años de los moros y en
el arrabal nuevo “estaban los advenedizos”, y vivían 2000 vecinos. Por su
importancia militar, la ciudad fortificada dependía del Capitán General y, además,
se abrió una puerta en tiempos de Carlos I (la nueva), se redificaron muchas murallas.
Le contradijo Rodrigo de Clavijo, diciendo “que en el arrabal de Santo Domingo
solo había quedado la gente pobre y se habían abandonado la mayor parte de las
casas, que se han hundido y lo mismo
sucedería a la Mota. Se aludió que por no aver otra fuerza en Andalucía que
tanto ímpetu al servicio de Su
Majestad con motivo de la guerra de los moriscos mucha gente de Granada vino a
refugiarse a Alcalá por ser muy fuerte y segura, incluso en sus arrabales.
Nos quedamos con esta descripción , con motivo de la
justificación de la compra de unas casas para levantar la mansión nueva del corregidor en un acuerdo de cabildo de 1583, recogiendo la provisión real de Felipe
II, firmada en Madrid en 16 de
septiembre nos fue hecha relación
diciendo que, como nos es notorio, toda fuerza de esa dicha ciudad estaba en lo
alto de ella, que llaman La Mota, donde asimismo estaban la Iglesia Mayor, que
era cabeza de aquella abadía, y las Casas de Cabildo y Ayuntamiento, y Cárcel y
todas las casas de caballeros y gente noble y todos los escritorios y oficios de escribanos y
todo el demás trato y comercio principal del lugar(...) y por
carta ejecutoria nuestra estaba encomendado que los oficios públicos y mecánicos estuviesen y
residiesen en dicha Mota, y así está muy
necesario que nuestro corregidor y las demás justicias, que hubiesen, en ella
estuviesen y morasen en la Mota.”. A
lo largo del siglo se asistió al traslado de las Casas de Cabildo a su
ubicación actual junto con la
construcción de los Corredores y de la Casa de Justicia, una nueva
Iglesia Mayor (1530-1627), el continuo derribo de elementos rocosos y peñas a
la entrada de la plaza, junto al Cabildo
y en Iglesia mayor y la
ampliación y racionalización del espacio público de la Mota,
convirtiéndola en una plaza renacentista cuadrada, con la compra y derribo de las casas de Pedro
Fernández Alcaraz y Gonzalo de Gamboa y alineación del flanco occidental,
sirviendo de hito la Casa de la Justicia y la ampliación de la calle que salía
de la Iglesia Mayor. Nuevas calles como la Calancha, del Alcázar y otras
secundarias para racionalizar el espacio, y la formación de nuevos barrios en
torno a la Puerta Nueva, San Sebastián, Peña Horadada, Rastro, San Bartolomé, y
Mesones.
Aunque,
al principio, el cabildo alcalaíno trató por todo tipo de medios de mantener la
vida administrativa, social, religiosa y política en la fortaleza de la Mota,
en este reinado se dieron los principales pasos para el traslado de muchos
órganos de poder hacia la nueva ciudad moderna que se había ido reubicando
desde el siglo anterior hacia el Llano. Es verdad que la hacienda municipal no
disponía de un importante desembolso de dinero para afrontar este importante
cambio urbanístico. Pues era continua la destrucción del recinto amurallado, se
multiplicaban las evasiones de los controles de las tiendas de abastecimiento,
comenzó el traslado de las tiendas de los oficiales hacia el llano para evitar
aquella fortaleza, situada en un lugar tan alto y áspero, y nacieron nuevos
intereses ligados con la agricultura cerealista y los servicios de comercio y
transporte, ubicados en la arteria principal del Llanillo y en la calle Real.
Como canto de cisne, eran comprensibles las declaraciones del alcalde Gamboa,
defendiendo la ciudad amurallada y el establecimiento de una ordenanza de
prohibición de casas fuera del recinto amurallado, en estos primeros años del
reinado ante la petición de Francisco de Velasco que pretendía edificar una
casa de mampuesto en un solar de Juana Martínez Calvo situado en La Viñuela,
que lindaba con el realengo, en la parte opuesta al cerro de la Mota:
“Por experiencia se ha visto el grande
inconveniente en dar licencia a semejantes vecinos que labran al cabo del lugar
en tan mal sitio como la Viñuela, y lo uno por el ornato de esta ciudad en extender
de los arrabales y dejar la fuerza principal y murallas por poblar, porque ay
dentro de las murallas más de setecientos sitios para poderse poblar donde
tanto importa para ejercicio de S,M., fuera de que ni se pueda empedrar por ser
tan mal sitio y lo principal en la conservación de la fuerza y estar tan lejos
de la justicia y vecindad y que pueden ocurrir delitos graves con la tala de
los montes”.
En
1582, el primero que promovió ordenanzas de obligar a usar las tiendas en la Mota
y nombró ejecutores para cumplirlas fue el alcaide don Antonio de Gamboa. Más
tarde, se permitió que pudieran establecerse las tiendas desde la plaza Alta
hasta el adarvillo de Moya, prologándose hasta la esquina del Rosario en los primeros
años de del siglo XVII. Su objetivo no era otro, sino que la concentración de
los oficios y tratantes se fijara en una calle para una mejor racionalización y
control por parte de la ciudad.
Un
movimiento sísmico y la horadación de los cimientos de la Mota provocaron por
los años ochenta una destrucción muy significativa de la ciudad fortificada,
porque afectó a la muralla del Gabán y su recinto del Cañuto, a la zona de la
muralla de la Barbacana, a la Torre del Homenaje y a las calles y viviendas
adosadas en su entorno. Y, además. la nueva ciudad del llano necesitaba nuevos
servicios más cercanos en todos los campos, especialmente los religiosos. De ahí el intento de colocar en 1589 una pila bautismal
en la iglesia de la Veracruz, que incluso apoyaba el propio corregidor
aludiendo que había dos mil vecinos, dos parroquias con dos curas y sus
asistentes, el convento franciscano, la Ermita de la Veracruz, sola sin
capellanes y un santero, y se multiplicaban los problemas de ruinas en la Mota”
la mayor e inexpugnable fuerza que el Rey Nuestro Señor tiene en toda Andalucía
e reino de Granada”. De nada sirvió el requerimiento de dos de julio de 1596,
por parte de los miembros del cabildo municipal al corregidor para que obligara
a cumplir las ordenanzas a todos los oficios, tenderos y comerciantes, y, sobre
todo a los 34 oficiales que ya habían abierto sus negocios fuera de la ciudad
fortificada y la habían despoblado junto con los barrios periféricos. No
obstante, como canto de cisno en 1591 se llevó a cabo un intento de
canalización de aguas en la Mota, lo que hubiera favorecido el mantenimiento de
la población en los años futuros. Para ello se trajo al maestro mayor de obras
de Málaga Juan López Sisto maestro mayor de Málaga, que propuso que hasta las
casas de doña Águeda Cano se nivelaría en la calle Real con dos canalizaciones
de 42 varas.
[1]
GUERRERO LAFUENTE, Mª Dolores Y DE CASTRO MARTÍNEZ, Lorenzo Evolución
urbanística de Alcalá la Real en el siglo XVI. Notas para el estudio. Cuadernos
del Amar. I. Pág. 93-96. Año 1993.

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