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lunes, 27 de mayo de 2019

COMIENZAN LOS CRUCIFICADOS DE PABLOS DE ROJAS (1582)


Por el año 1582, unos años después que Pablo de Rojas se estableció definitivamente en Granada, Ana de Jesús, compañera de Santa Teresa, fundó un convento en la calle Elvira, muy cerca del taller de Pablo de Rojas. A pesar de la resistencia del arzobispo, para que este convento se levantara en medio del gran número de comunidades religiosas que ya existían y también debido a la pobreza de la ciudad, al final las carmelitas descalzas pudieron disponer pronto, gracias a un acto providencial, de la licencia que les permitió habilitarlo en dicha calle, aunque dos años después se trasladaron a las casas del Gran Capitán donde fundaron el convento de San José. Presidía y actualmente está colocado en su altar mayor un Crucificado, que todos los críticos lo consideran ejecutado por su propia mano debido a la belleza y perfección de su talla. También, por cierto, en dicho convento hay otra obra de su círculo artístico, una imagen de San José, según Gallego Burín.
Este Crucificado ha sido objeto de muchas conjeturas con el fin de relacionarlo con la nueva tipología iconográfica de Pablo de Rojas. Para ello, se ha relacionado con la estancia de San Juan de la Cruz en Granada como prior de los carmelitas del convento de los Mártires entre los años 1582 y 1585. Algunos críticos  consideran que pudo provenir del anterior convento el Crucificado de las carmelitas; o el simple hecho de que lo visitó y supervisó  el propio prior.
Abundando en dicha idea, no era extraño que el prior carmelita fuera el que ejecutase el contrato con el acuerdo del cabildo femenino, como acontecía en otras órdenes, y contactara con el propio escultor.  En una de sus cartas, el santo refería que había que la imagen de Jesús buscarlo en la Cruz para llegar a su posesión. Y, en este canon se fijó el artista para iniciar un modelo trascendental de la imaginería andaluza. Pues es lo mejor de su estilo y, como algunos dicen el final de toda una época. Me atrevería a decir que los Crucificados de Pablo de Rojas son los más representativos del arte y de la cultura granadina de su tiempo, algo así como su último gran exponente; tienen toda la belleza anatómica y la elegancia en la policromía que caracterizan a los Crucificados renacentistas, pero ya se conciben más cercanos al creyente para que su contemplación conmueva la fe y mueva el compromiso de la acción"
Puede redundar en refuerzo de esta atribución el hecho de que, por estos mismos años, se levantaba una iglesia por la hermandad Nuestra Señora de las Angustias en el lugar de la antigua ermita dedicada a Santa Úrsula y Santa Susana- aneja a la parroquia de San Matías y cerca de las Tinajerías, en las huertas del Convento de la Santa Cruz e inmediata al actual Humilladero - y, en concreto,  en 1582 se le encargó la realización de un Crucificado de las mismas características que el del convento de San José y que actualmente está situado en la sacristía de la iglesia parroquial de las Angustias. Su fama debía haber corrido ya por la ciudad, pues aquella hermandad, a pesar de estar compuesta en su origen de gente sencilla y humilde, por los años de Pablo de Rojas superaba los quinientos hermanos.  Estos dos Crucificados   no tienen nada que ver con los Cristos renacentistas, preparados para su presidir un gran retablo. Ambos realizados por Pablo de Rojas, son más cercanos para los devotos, son Cristos de Oración y para conmoverse ante una imagen que trata de reflejar la humanidad de un Cristo sufriente, de pequeñas capillas o iglesias conventuales. Por estos años también se acababa la iglesia de San Pedro y San Pablo, cuyo crucificado, de tamaño académico, Gallego Burín lo atribuye al escultor alcalaíno. Pues desde que en 1567 Juan de Maeda trazó la nueva iglesia hasta que se culminó la torre y sacristía en 1593, gran número de obras de ornato interior se realizaron en sus retablos.
Como era frecuente entre los artistas, compartía por estos años  con otros negocios de la seda su labor  de escultor, pues ese era su principal oficio.
En palabras de Gila Medina: sería sólo y exclusivamente escultor y retablista. Pues en la mayoría de los contratos solía aparecer como escultor que dejaba los retablos e imágenes sin policromar para que posteriormente intervinieran otros artistas, tal como se manifestará posteriormente salvo casos aislados. Los negocios particulares se fechan en el 22 de agosto de 1582 comprando 1.138 onzas de seda a Diego de la Chica por la cantidad de 3.398 reales. Una excepción de su obra son las andas y una caja  para la iglesia de Íllora, que llevó a cabo en este año. Sin embargo, no podemos olvidar la tradición familiar de la talla de la piedra que sus hermanos mantuvieron en Alcalá y en la que se formó Pablo de Rojas, que fue poco a poco abandonando y en la que nos inclinamos la influencia que pudo subsistir en las fomas redondas y un poco arcaicas.


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