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lunes, 30 de marzo de 2015

EL VIACRUCIS DEL ARRABAL, SE HIZO HACE YA CASI 30 AÑOS








HERMANDAD DEL CRISTO DE LA SALUD
ALCALÁ LA REAL(JAEN)



VÍA CRUCIS DEL ARRABAL-2



Día veintiséis de marzo de 1997.

Arrabal de Santo Domingo en las
Murallas de la Fortaleza de la Mota.











































INTRODUCCIÓN


Pretende el presente Vía Crucis servir de guía al cristiano, que, devotamente, acude al recinto fortificado de la Mota a orar en la noche del Miércoles Santo. Puede realizarlo durante este día organizado por la hermandad o en otras ocasiones del año para revivir durante unos momentos la Pasión de Cristo.
El lugar escogido es ideal, porque se aparta del "mundanal ruido", como diría el poeta, y nos concentra con el paisaje en la meditación y en la oración. Cercano a la ciudad, no impide que rememoremos el "camino" que Cristo emprendió en los últimos pasos de su vida terrena. Todo su entorno se nos refleja como restos de una ciudad que pudo asemejarse a lo que sería la Jerusalén del siglo primero de nuestra era: las cuevas, las murallas, la iglesia de Santo Domingo, los árboles, los huertos abandonados, las cuestas, las calles empedradas y las ruinas de los antiguos edificios y mansiones. Sugiere el paisaje. El caminante completa con su vivencia. 
Como en otros textos anteriores, recoge el nuevo modelo de Vía Crucis, instaurado por Juan Pablo II en el año 1991 durante la celebración que hizo por este año en el Coliseo de Roma. Se adapta mejor a la versión evangélica y obvia estaciones que eran fruto de la devoción y piedad popular.
Cada una de las estaciones se enmarca en su correspondiente rincón. Para ello se nos focaliza como si se tratara de hacernos presente la presencia de la práctica evangélica y la huella cristiana dejada en el lugar, donde se ha situado cada una de las cruces. Cristo siguió perenne en muchas personas y en muchos momentos de las que pasaron y convivieron por estos lugares. Tal vez, la presencia de Cristo era más asídua en su vida que la que nosotros tenemos actualmente. Cada rincón es un retazo de la Jerusalén universal.
A continuación, reflejamos textualmente el pasaje evangélico para centrar mejor la meditación de la Pasión, sin aditamentos y bebiendo de las fuentes evangélicas.
Unos versos líricos pretenden acercar el evangelio al pueblo por medio de textos que rezaron nuestros antepasados.
Para finalizar, llevamos a cabo una meditación con una oración final, adaptada al hombre de hoy, de nuestro entorno, de carne y hueso, que comparte las mismas alegrías y las mismas penas que estamos reflexionando. Nos importa más una práctica de piedad integrada en la vida, que un ejercicio puro de presencia estética.


La presencia del Cristo de la Salud, obra de Martín Simón e imagen de influencia del granadino Mora, nos sirve de objeto de contemplación para acercarnos a meditar a los momentos trascendentales que estamos reviviendo. Las antorchas son  los haces de luz que nos iluminan en la oscuridad de la vida sin sentido. Nos sirven y nos acompañan en el caminar de seguir la Cruz de Cristo. Y nos vemos acompañados en forma de un pueblo que camina, en marcha para llegar hasta el final, la Resurrección. Es un camino del Calvario, en los mismos lugares que los primeros cristianos alcalaínos realizaban las procesiones de Semana Santa, acompañando a Cristo y meditando las oraciones de los sacerdotes sobre la Pasión, como era costumbre frecuente en el Domingo de Ramos, la noche del Jueves Santo y el Domingo de Resurrección.




Por las calles de las Entrepuertas, por la puerta del Arrabal, el Postigo, la Plaza de la Mota, y, mas tarde, por las  que bajaban a la Iglesia de San Juan, ermita de San Blas y los conventos de la Trinidad y de San Francisco se frecuentaban por estos días para realizar las estaciones y orar en cada una de ellas, con el acompañamiento de los cabildos- el civil y el religioso- y con las hachas de cera de hermandades y cofradías que acudían a la cita.
Siglos más tarde, la ciudad bajó al llano. Los franciscanos regularizaron aquellas estaciones y propagaron la práctica del Vía Crucis en el Cerro de las Cruces. Su intención era revivir ascéticamente los pasos y la pasión de Cristo en un monte que creían que se asemejaba al Calvario judío. Lo plagaron de cruces y de ermitas como la del Santo Sepulcro y de la Verónica. En las iglesias tampoco faltaron las estaciones del Vía Crucis.    Recordamos las prácticas de los franciscanos de San Antón, donde predominan las oraciones y los cantos llamados "saetas" entre el alma y Cristo, y, en otras ocasiones, la Virgen María. Hasta el siglo XX, se mantuvo esta práctica piadosa que decayó por los años treinta.
No obstante, por los esfuerzos de evangelización de las misiones de los jesuitas en los años cincuenta, eran frecuenten  las celebraciones en las iglesias y en las calles, siguiendo las cruces negras de madera. Incluso, nuestra hermandad mantuvo esta celebración callejera que partía desde Santo Domingo y recorría todas las iglesias y puntos más importantes de la ciudad. Por los años setenta, el consumismo arrasó con su viento todo lo que significaban las manifestaciones populares, refugiándose la religiosidad en las conciencias y en un reformismo que se alejaba de las prácticas piadosas provenientes del barroco.
Con un deseo de que nuestra hermandad no quería perder el sentido catequético y profundo del VÍa Crucis, camino de la Pasión de Cristo, y la visualización del seguimiento del cristiano, lo restauró varios años en el barrio de San Juan  para instaurarlos definitivamente en el arrabal como el mejor lugar de meditación y de oración en el seguimiento de Cristo.
En esta misma línea escribimos el presente texto y nos acercamos con la mejor intención de colaborar con nuestros hermanos en la fe que compartimos los mismos sentimientos y vivencias cristianas.
Nos mueve también la sana intención de poder contribuir a la importante obra de la restauración del Cristo, que en los próximos meses se llevará a cabo.


Alcalá la Real, veintiséis de febrero de 1997.














PRIMERA ESTACIÓN   

JESÚS EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ
Frente al callejón del Puerto, junto al manifestador del Viernes Santo, aquí nos congregas y nos dices: "Sentaos aquí, voy a orar". Y por aquí han pasado tantos como tú que nadie  les ha acompañado para decirle su ultimo adiós. Sin embargo tú nos enseñas hasta el momento final. Vela y oración. Un buen consejo para emprender el último viaje.

Saliendo , se fue, según costumbre, al monte de los Olivos y le siguieron también  sus discípulos. Llegado allí, díjoles :Orad para que no entréis en tentación. Se apartó de ellos como un tiro de piedra, y, puesto de rodillas, oraba, diciendo: Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Se le apareció un ángel del cielo, que le confortaba. Lleno de angustia, oraba con más instancia; y sudó como gruesas gotas de sangre, que corrían hasta la tierra. Levantándose de la oración, vino a los discípulos,  y encontrándolos adormilados por la tristeza, les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos y orad para que no entréis en tentación.

Lc. 22. 24-30-
Desde el huerto hasta la Cruz,
en su sagrada Pasión
lágrimas de devoción
nos dé a todos el Señor.
Afligido y angustiado,
lo verás en oración,
y sintiendo su pasión,
sangre en el huerto ha sudado;
Hasta la tierra ha llegado
lo copioso del sudor.

MEDITACIÓN Y ORACIÓN
Yo estaré en agonía hasta el final de los siglos, dice Dios. Soy crucificado y los cristianos  no se enteran ni lo sospechan. Lo están viendo todos los días, en cualquier vagabundo, en los pueblos que sufren las guerras, en el sufrimiento de los pobres. Oran y lo hacen como si no te vieran. Lo están palpando el sufrimiento. A cualquiera que le hicieran algo en mi nombre, allí estoy yo. Nos dices que eres de carne y hueso y nosotros seguimos figurándote en imágenes y pinturas. Nos dices que seamos samaritanos y nos alejamos del camino. Esta noche, oramos contigo y nos dormimos. Despiértanos, Dios mío. Danos un aldabonazo en el corazón. Caigan sobre nosotros el gélido sudor de tu oración hacia el Padre. Comprendamos que significa beber aquel cáliz amargo.
-Te adoramos Cristo y te bendecimos.
-Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador.









SEGUNDO ESTACIÓN

JESÚS, TRAICIONADO POR JUDAS, ES ARRESTADO.

Hemos marchado silenciosos con la llamada de oración, con el grito desgarrado de Cristo. Ahora, frente a los restos de la antigua ermita de San Blas, segunda estación. Un oropel trenzado en la yedra no muestra la traición de Judas. Nos vienen a la memoria nuestros rutinarios y ficticios saludos que te hacíamos. Nuestro "Abba, Padre". Y tu nos escudriñabas, nos preguntabas: ¿ Quieres, hijo, ocultarme y prenderme como Judas, ahogar mi voz que invita a seguir mi camino de entrega y de amor hacia los demás?. Estamos en una encrucijada de caminos, como la de tu pregunta, y junto al Santo de la gargantilla que cambió el mensaje del falso apóstol.

Aún estaba El hablando, y he aquí que llegó una turba, y el llamado Judas, uno de los doce, los precedía, el cual, acercándose a Jesús, le besó. Jesús le dijo: -Judas ¿ con un beso entregas al Hijo del Hombre?
Lc.22. 47-49.
En la prisión lo arrastraron
y a los brazos con cordeles,
echando lazos crueles,
la sangre lo reventaron:
y así preso lo llevaron
como a un hombre malhechor.


ORACIÓN Y MEDITACIÓN

Los hombres me compraron, me  poseyeron, fueron conmigo unos judas. Soy uno más de ellos. Maniatado, destrozado, zaherido, vapuleado, injuriado, tirado por los suelos. No se han fijado en que lo que hacen con su prójimo, lo hacen también conmigo.
Grito, y son tan sordos que no sienten el grito.
Me defiendo, y creen que estoy en otra galaxia.
Digo que mi reino no está en este mundo y ellos se ríen de mi. Ambicionan más, dejan todo por la materia, se olvidan de los demás, son menos solidarios. Me ven morir en Ruanda y no se dan cuenta.
Y yo no me vendo. Me venden. Y me maniatan y yo les muestro la auténtica libertad. Y me buscan con las armas y no saben que yo podría dirigir una legión para someterlos. Este no es mi lenguaje. El mío es la entrega por los demás hasta la muerte, hasta perder hasta el último aliento de mi sangre.
Y para prenderme no viene sólo, y sabe que mi respuesta no es la violencia, Yo pongo la otra mejilla, a pesar de que me abofeteen. Mi respuesta es la paz y no la guerra.

-Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
-Que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.



TERCERA ESTACIÓN

JESÚS ES CONDENADO A MUERTE POR EL SANEDRÍN

Escalerillas de Santo Domingo, escalones bruñidos de leyendas, callejón del ahorcado, del capitán traicionero, hálitos del alma rediviva. En el primer meandro de la cuesta, junto al muro de la casa del amigo perdido, te figuramos ante el Sanedrín. Hemos concurrido como otros harían ante el juicio de la Justicia Mayor. Como aquella caterva que te acompañaba, sin conocerte . pasando desapercibidos, nosotros nos vemos inmersos en el anonimato de las masas; y , en este lugar, absortos en el escorzo estético, no profundizamos en la tragedia que está desarrollándose. Es la tercera estación, Jesús ante Caifás.
Cuando fue de día se reunió el consejo de los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le condujeron ante su tribunal, diciendo: Si eres el Mesías, dínoslo. El les contestó: Si os lo dijere, no me creeréis; y si os preguntare, no responderéis; pero el Hijo del hombre estará sentado desde ahora a la diestra del poder de Dios. Todos dijeron: ¿ Luego eres Hijo de Dios? Díjoles: Vosotros lo decís, yo soy. Dijeron ellos: ¡ Que necesidad tenemos ya de testigos! Porque nosotros lo hemos oído de su boca.
Lc.22. 66-71.
Caifás preguntó a Jesús
que cual era su doctrina,
qué apóstoles ha escogido.
"Yo he predicado en el Templo,
pregúntales a los que han ido".
Arrastrando lo sacaron
aquellos falsos sayones
a la ciudad lo llevaron
en medio de dos ladrones
y  Anás se lo presentaron.
Del pretorio lo sacaron
para Casa de Caifás,
de bulbas lo coronaron;
por no querer declarar
a muerte lo sentenciaron.
MEDITACIÓN Y ORACIÓN
Y escucho en mi interior todas tus acusaciones. Curas a los leprosos, te juntas con los más desfavorecidos, no te gustan los sepulcros blanqueados, con los pecadores tiene un amor especial, cumples la ley, pero no eres un leguleyo, tu mandamiento más importante es amar. Con estas palabras y estos argumentos te acusan ante el Falso Concilio. No hay nadie que te defienda. Pocos son los que  alegan el rasero del amor sin fronteras, sin egoísmos, sin interés a cambio ni recompensa alguna. La perfección, el perfeccionismo, los domina. No creen en los que sufren, ni en los perseguidos por la justicia ni en los que se arrastran con el dolor. No sirven para ellos. No se imaginan un Dios-todo amor. Como tienen el poder terreno,  hoy se vengan. Te acusan a lo humano. No pueden comprender un Dios hecho hombre, conviviendo y sufriendo las miserias humanas. Para ellos, Dios es un mago, no  es el Cristo del seguimiento, del esprendimiento, de la liberación, del amor.
-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
-Que por tu santa Cruz redimiste al mundo, y, a mí, pecador.


CUARTA ESTACIÓN

JESÚS ES NEGADO POR PEDRO.

Y , en el camino, nos evadimos  de que nos miren como uno de los tuyos y nos acusen y ya nos encontramos oteando la Casa del Arrabal, otra encrucijada, otra traición, ahora la colectiva, la cobarde. Y la cruz nos pregunta:"También tú estabas con Jesús el Galileo". Y yo le respondo: "No, yo no, tan sólo iba de procesiones, acudía a los banquetes, asistía a las pompas y a las fanfarrias; pero ir con él ni mucho menos, que no, que yo era uno de tantos, eso sólo y nada más.
Y desde la iglesia de Santo Domingo un fulgor ilumina esta cuarta cruz, transformada en un eccehomo o en un Señor de la Columna, que me mira compasivo ante las palabras que estoy profiriendo. Cuarto aldabonazo en mi conciencia. Destrozado, me hago añicos.
Apoderándose de El, le llevaron y lo introdujeron en casa del sumo sacerdote. Pedro le seguía de lejos. Habiendo encendido fuego en medio del atrio y sentándose, Pedro se sentó también entre ellos. Viéndole una sierva sentada a la lumbre y fijándose en él, dijo: Este estaba también con El. El lo negó diciendo: No le conozco, mujer. Después de poco, le vio otro, y dijo: Tu eres también de ellos. Pedro dijo: Hombre, no soy. Transcurrido, cosa de una hora, otro insistió diciendo: En verdad que éste estaba con El, porque es galileo. Dijo Pedro: Hombre, no sé lo que dices. Al instante hablando aún él, cantó el gallo. Vuelto el Señor, miró a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra del Señor, cuando le dijo: Antes que el gallo cante hoy me negarás tres veces; y saliendo fuera, lloró amargamente.
Lc.22 ,54-62.
Tres veces negó Pedro
a su divino Maestro
y en el patio de Caifás
llora su arrepentimiento.
Antes que el patio cantara,
Pedro tres veces negó.
Alzó los ojos al cielo:
¡Misericordia, Señor.!
MEDITACIÓN Y ORACIÓN
También yo te seguí. Fui uno de los tuyos. Escuche tu doctrina en la escuela. Me bauticé, me confirmé, me casé por la Iglesia. Y un día, sin darme cuenta, caí. Te negué. Con aquellos momentos y con los sacramentos recibidos creí que me había convertido de verdad. Mas, cuando se ofreció la ocasión, me aparté de tu camino. Caí ante la vida muelle, no sabía el significado de seguirte con la cruz. Estaba en apuros y preferí los otros a tu buen nueva.
Tozudamente, me probaron de nuevo. Me ofrecieron los mejores regalos de la vida. El consumo, la riqueza, la avaricia, la ostentación. Y yo abandoné la cruz que escogí aquella mañana que me convertiste.
Pasaron las cruces de otros muchos , sus sufrimientos y desgracias. Servías de escarnio. Y yo por tercera vez me evadí.
Y, destrozado, he caído casi en el vacío.







Así, como objeto de deshecho, gastado, consumido,
me encuentro al borde del precipicio ¡ Estoy sólo, Señor!
Tengo la sensación de que te has olvidado de mí;
siento como si hubieran arrancado de tu mano.
Me recuerda el salmo ochenta y siete dedicado a nuestro Cristo de La Salud. Ya no me queda que mirar tu peana y clamar fuertemente:
Señor de la Salud, día y noche acudo
ante tu presencia, lléguete mi súplica,
a mi clamor presta, Señor, oído agudo.
-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
-Que por tu santa Cruz, redimiste al mundo y a mi pecador. 













































QUINTA ESTACIÓN

JESÚS ES JUZGADO POR PILATO

Desde la cruz de la torre hasta la forja encadenada en la yedra del huerto del cura beneficiado de Santo Domingo de Silos, la quinta cruz, machacona ( ¡ que muera crucificado!) me taladra mi pensamiento. Y yo me lavo las manos. A mí, ¿qué me importa que el hambre haga morir a los niños de Ruanda, o que se crucifiquen los pueblos en las guerras?. Yo me lavo las manos, no tengo culpa. Y lo digo creyéndomelo. Soy feliz, allá los otros. No me importan los enfermos, ni los marginados, son una lacra. Sin darme cuenta, desde el madero el Cristo me mira y me siento avergonzado.
 Levantándose todos, le llevaron a Pilato, y comenzaron a acusarle, diciendo: Hemos encontrado a éste pervirtiendo a nuestro pueblo; prohibe pagar tributo al César y dice ser el Mesías rey. Pilato le preguntó, diciendo:¿ Eres tú el rey de los judíos? El le respondió y dijo : Tu lo dices. Pilato dijo a los príncipes de los sacerdotes y a la muchedumbre: Ningún delito hallo en este hombre. Pero ellos insistían, diciendo: Subleva al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí.   
Lc 23. 1-5
Con furia y rabia es llevado
de uno a otro tribunal,
y lo miraron tan mal
que de loco lo han tratado;
y con Barrabás mirado,
dicen que Jesús es peor.
.
MEDITACIÓN Y ORACIÓN
No sé que hacer esta noche. Ni tampoco me puedo identificar.¿Soy actor o espectador?¿ Soy un Pilatos, evasivo, sin querer asumir mi responsabilidad de dar el testimonio de la fe ante los demás? ¿O soy su esposa, por cierto los apócrifos la llaman Procla, el remordimiento de mi conciencia de que estoy adaptándome a la marea de los demás, y a sus gustos?¿ No me doy cuenta de que Cristo es distinto de los gozos mundanos? Me aterra  pensar que soy un judío más, masa enfebrecida, gritando la muerte de Jesús. Prefiriendo el qué dirán, el confort, el egoísmo hedonista. Soy un mar de confusiones. Acompaño en este momento transcendental a Cristo y estoy desorientado. No encuentro razón alguna para comprender porqué juzgan a este hombre. Y yo lo juzgo muchas veces. Me dice que debo desprenderme de todo y yo prefiero mi egoísmo antes que acudir a paliar la desgracia de los pobres. Me dice que no me apegue a lo pasajero, y yo me hago egoísta, como si la verdad radicara en las riquezas de la tierra.
Déjame que esta noche te juzgue. Mas bien, júzgame. Descubre mi corazón. Hazme responsable de saber asumir lo que significa seguirte en el camino. 


-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
-Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.






 SEXTA ESTACIÓN

JESÚS ES AZOTADO Y CORONADO DE ESPINAS
Un viejo camino nos conduce entre viejos recovecos, rocas agrietadas y arbustos asilvestrados. Caminos de Jerusalén, ante la Cruz de la Puerta del Arrabal. La sexto cruz, muestra pletórica de amor, nos presenta un eccehomo de ofrenda y sacrificio, lacerado, con el rostro ensangrentado y su cuerpo cubierto de púrpura. Me contengo; parece como si quedara solo, sin palabras. En mi interior, escucho la mofa que te profieren los insensatos; y no soy capaz de asumir ni comprender cómo Dios es humillado, viéndote con la caña en la mano, desgarradas tus vestiduras y coronado de espinas.
Los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la cohorte, y le vistieron una púrpura y le ciñeron una corona tejida de espinas, y comenzaron a saludarle. Salve, rey de los judíos. Y le herían en la cabeza con una caña y le escupían, e hincando la rodilla, le hacían reverencias. Después de haberse burlado de El, le quitaron la púrpura y le vistieron sus propios vestidos.
Mc 15, 16-20.
Desnudo está y azotado
con la terrible fiereza,
que desde el pie a la cabeza
lo verás todo llagado:
¡oh, qué caro le ha costado
al querer el pecador!
Con penetrantes espinas
coronaron su cabeza,
y apretándolas con fuerza,
rompen las sienes divinas;
abriéndose así las minas;
del oro de más valor.  
En el balcón asomado
Ecce-Homo dice Pilato.
Y responde el pueblo ingrato,
que muera crucificado;
que aún con verlo tan llagado
no está saciado el rencor.
MEDITACIÓN Y ORACIÓN
Ecce-Homo. He aquí el hombre. Humillado. Ante ti se cubre el rostro. Golpeado.
Zaherido.
Vapuleado.
Ofendido.
Hecho un andrajo.
Arrastrado al matadero.
Tu rostro es un resumen de toda la pasión. Un epítome de todos los sufrimientos que has afrontado por los demás. En tu mirada y en tu iris está presente la misericordia que transmites por nuestras afrentas y pecados. No manifiestas rabia alguna, más bien una llamada desgarradora en nuestro interior. Me persuades: Fíjate en el Hombre, en Cristo, en lo que me han hecho por ti. Y me quedo con esta imagen del camino del arrabal. No la olvidaré. Tu pasión es mi pasión. Tu camino es mi camino. Quiero seguirte.
-Te alabamos, Cristo, y te bendecimos.
-Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.



SÉPTIMA ESTACIÓN
JESÚS ES CARGADO CON LA CRUZ

Aquí hubo viviendas, cuevas como las del pueblo hebreo, y, en la fría noche alcalaína, se me muestran seres huidizos, evasivos, escondidos y mirándote entre las rendijas de los ventanales que nuestros antepasados horadaron en la piedra arenisca. Por encima, la Puerta de la Imagen se nos manifiesta imponente, un ciprés nos detiene ante esta séptima estación de Pasión. Te han vestido con nuevas ropas; sobre tu hombro, una cruz. Todo el poder, en tierra, humillado hasta no poder más. Todo un escenario majestuoso para un esfuerzo y una descarga de intenso amor. En este paraje, este templo externo, nos aporta la entrega de tantos cristianos por salvar a muchos hombres. Pasamos desapercibidos, pero, a lo mejor, el escenario se ha comido la escena.
Tomaron, pues, a Jesús que , llevando su cruz, salió al sitio llamado Calvario, que en hebreo se dice Gólgota.
Jn.19, 17-18. 
Con un pesado madero,
descalzo y todo llagado,
va de espinas coronado
el mansísimo Cordero;
también tira un sayón fiero
de la soga con furor.
MEDITACIÓN Y ORACIÓN
Ahora con mayor intensidad recuerdo aquella interpelación, que la que nos decías: "Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome cada día su cruz y sígame". Y estoy viendo tu cruz. Y me lo creo ¿tu cruz? o ¿ la nuestra? Tu no viniste al mundo por tu cruz sino por las nuestras. Y nosotros tan impasibles. Ni siquiera como Cirineos. Sólo reaccionando enérgicamente ante todo: ante la enfermedad, ante el dolor, ante la desgracia, ante cualquier incidencia que nos trastoque nuestro bienestar. No comprendemos nuestra cruz. Y tú cada vez nos acerca más tu imagen sufriente y paciente del cordero que mansamente acude al matadero. No afrontamos con espíritu de amor los vaivenes de la vida ni los desencuentros . Tampoco como cruces purificadoras, recorremos el camino, ni tampoco acompañamos a otros a llevar su cruz. Somos impasibles, pasamos de largo de tantos hombres que se mueren de hambre, de tantos seres que no pueden sobrevivir por falta de medicinas, de tantas y tantas calamidades. Son sus cruces, a mí que me importa. Bastante tengo yo con lo mío para complicarme la vida.
Y estoy en este vía crucis contigo, te observo y se me viene a mi mente la importancia de tu obra redentora. No puede ser un egoísta más. Un caminante sin cruz. Vivo de tu redención y a ti me debo. Sé que es pesado el madero y ya casi no puede resistir, ni ser impasible ante tu mirada. Ayúdame, Señor, a seguirte, déjame que te acompañe como el cirineo. No me olvides y juntos caminemos hacia el Padre.

-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
-Que por tu santa cruz redmiste al mundo y a mí pecador.






OCTAVA ESTACIÓN: EL CIRINEO AYUDA A JESÚS A LLEVAR LA CRUZ

Por la entrepuerta, los zocos y los tenderetes camina sólo, nadie le ayuda a llevar la cruz octava. Allí, junto al antiguo Pósito, le arriman, pues, un varón, Simón Cirineo llamado. Y,¡ cómo lo capta la sabiduría popular! A la fuerza, a trancas y barrancas; a nosotros el viernes santo este personaje nos causa mofa y risa. Incluso, muestro amor, en muchas ocasiones no debería llamarse de esta manera; fue más bien una cruz forzada,  la octava, como le aconteció al Cirineo.

Le sacaron para crucificarle. Y requisaron a un transeúnte, un cierto Simón de Cirene, que venía del campo para que llevase la cruz.
Mc. 15, 20-21


Un cirineo han hallado,
que ayude a llevar la cruz,
porque temen que Jesús
muera, y no crucificado;
por esto si lo han buscado,
no por piedad ni favor. 
MEDITACIÓN Y ORACIÓN
Era uno de tantos, un cualquiera, que pasaba por allí, un auténtico desconocido. Y tu Señor que lo puedes todo, te dejas ayudar por un hombre sencillo; necesitas en estos momentos de eccehomo lacerado, azotado y humillado un gesto de amor. Lo agradeces. Lo reconoces. Como si fueras un indigente, necesitas al hombre en tus momentos finales.
Sin embargo, nosotros tenemos continuamente la necesidad de ayuda. Casi imposible, caminar en el mundo en solitario; menos aún, recorrer el camino de Dios. Nuestro camino del pueblo de Dios, el de muchos cirineos, que nos acompañan en nuestras alegrías y en nuestras penas. Y no nos dejamos ayudar. Somos soberbios.  Nos lo sabemos todo. Siempre queremos obrar, luchar, vencer y conquistar todos los objetivos en solitario, sin cirineos.
Y tu nos pones a nuestro lado un hambriento que quiere colaborar en el camino de la salvación, y un hombre sufriente que rebaja el peso de la cruz de cada día. O, simplemente, un compañero de trabajo, o tu familia o tu parroquiano, tantos y tantos cirineos y no nos damos cuenta.
Unidos, conseguiremos el final del camino, y este final ya no los mostraste: era un camino de cruz, pero con ella se manifiesta la salvación. Juntos, sí Señor, contigo y con los demás cirineos queremos acompañarte en el largo camino de la salvación.


-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
-Que por tu santa cruz, redimiste al mundo y a mí pecador.









NONA ESTACIÓN: JESÚS ENCUENTRA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN

Al final de la antigua calle Cava, a la entrada del silo de la ciudad, la cruz nona nos manifiesta la cruz colectiva de las mujeres de Jerusalén. Se compadecen, lloran, gritan al nazareno, siguen sus últimos pasos. Pero él no se inquieta: "Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos". Cruz colectiva de sentimientos compartidos, de tantas pandemias, desastres de multitudes, de epidemias, de guerras, mientras Cristo camina cargado con la cruz del amor.

Le seguían una gran muchedumbre del pueblo y de mujeres, que se herían y lamentaban por EL. Vuelto a ellas Jesús dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos.
Lc. 23, 26-29.

JHS       -Aunque lloréis por piedad,
si queréis llorar más bien,
Hijas de Jerusalén,
sobre vosotras llorad.
Alma      -Ya vuestro consejo oí;
mas, Jesús, una de dos,
o he de llorar yo por Vos,
o no lloréis Vos por mí.
MEDITACIÓN Y ORACIÓN
Un lamento, un colectivo rasgarse en su corazón y un quejido compasivo de madre. No puede ser de otra manera. Son las que mejor nos comprenden: nuestras madres. Y con el  dolor del Hijo, se hacen añicos; impasibles no pueden soportar más flagelaciones, más vejaciones, más humillaciones. Quieren ponerse en lugar suyo. Y la respuesta del hijo amado les aclara la razón de su sufrimiento. Lo hace por ellas y por sus hijos: por el sufrimiento de tantos que no saben desasirse de los vicios humanos, de los que viven encadenados en el consumismo, en la droga, en el dolor, en el juego, en el hambre, y en el abandono. Y yo tan sólo me lamento, grito, hago una muestra estética de fealdad de todo los negativo, pero no me doy cuenta. Sí más bien, le echo la culpa al estado, a la sociedad, a las costumbres, al mal .Y no reflexiono que soy el primer pecador. Y tu has venido a salvarme.     
Señor, líbrame de la queja lastimera, de la impasividad ante el dolor, y de recrearme en la culpabilidad ajena. Dame el compromiso por los demás. Ayúdame con tu esfuerzo, camina conmigo en el llanto colectivo, en la defensa del pueblo que camina hacia la salvación
-Te adoramos. Cristo, y te bendecimos.
- Que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.











DÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS ES CRUCIFICADO.


Entre los dos anillos de las murallas, te crucifican. La décima estación, recóndita e íntima, tan sólo deja oír los pajarillos que se enredan entre los zarzos y el romero silvestre. Jesús no quiere el vinagre. Mientras, los otros se juegan sus vestiduras. Te quieren manipular hasta el final y te alzan en medio de dos reos. Intenso amor desparramado retractan desde la cruz tus brazos, donde queremos vernos encadenados. No podemos resistir esta imantada atracción de amor. La mirada se nos clava en el Cristo de la Salud.

Cuando llegaron al lugar, llamado Calvario, le crucificaron allí, y a los dos malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Dividiendo sus vestidos, echaron suerte sobre ellos. El pueblo estaba allí mirando y los príncipes mismos se burlaban, diciendo: A otro salvó, sálvese a sí mismo si es el Mesías de Dios, el Elegido. Y le encarnecían también los soldados, que se acercaban a El ofreciéndole vinagre y diciendo: Si eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo. Había también una inscripción sobre El:"Este es el Rey de los judíos".
Lc.23, 33-39.
JHS       Ya en el madero me tienden
y enclavan de pies y manos,
y por remachar los clavos,
boca abajo ya me vuelven.
ALMA      Del yerro de mi pecado
esos clavos yo fragüé:
confieso Dios que pequé,
pues por mí está enclavado.
MEDITACIÓN Y ORACIÓN
Te observamos tendido en la cruz. De seguro que sería distinta a la que te representamos. Más rústica y con menos florituras. Con astillas que te herirían hasta el final. Buscarían el último tormento de tu sufrido y flagelado cuerpo. Para los demás, terrible contraste; se juegan tus vestiduras. No te respetan  en los últimos alientos de tu vida.
Tu sufres y nosotros nos jugamos cada momento de nuestra vida, dirigiendo nuestras acciones a lo que consideramos fundamental y es tan sólo la auténtica superficialidad. Nos pasamos todos los días, sumidos en el barco de la pura artificialidad, en el coqueteo con lo intrascendente, en interpretar este sagrado misterio de la redención en un puro juego de cara a la galería.
Claro contraste, repito. Te sacrificas, ofreces y libas tu vida por los demás y nosotros la perdemos como en un juego. Nos hace falta contemplarte profundamente. Mirarte y remirarte.











Cantar como decía el poeta
No me mueve, Señor, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme al el verte
clavado en una cruz y encarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y, aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que me dar porque te quiera,
pues, aunque lo que espero, no esperara.
lo mismo que te quiero te quisiera.

-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
-Que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.










































  UNDÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS PROMETE SU REINO AL LADRÓN ARREPENTIDO

Como la samaritana, me detengo en la galería del antiguo pozo del arrabal. La forja ha trazado el undécimo escorzo. Junto a su cruz, dos reos. Requerimientos de desdén y de arrepentimientos. Se ha transformado el símbolo en dos cruces bifrontes que estallan en la cadencia final. Desesperados, te piden la salvación del hoy, el materialismo y el consumismo, el mantenerse; de otra parte, la confianza y la entrega a tu voluntad. Y nosotros en nuestro interior:"Acuérdate, Señor, cuando estés en el paraíso"

Uno  de los malhechores le insultaba: "¿ No eres tú el Cristo? Pues ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!" Pero el otro le reprendió diciendo:" ¿ Es que no temes a Dios tú, que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada ha hecho " Y decía: "Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino". Jesús le dijo: " Hoy estarás conmigo en el paraíso".
(Lc 23. 39-43)

En alto está levantado,
blasfemado de sayones,
y en medio de dos ladrones
sediento y desamparado
y denegrido el color.
El sol se ha oscurecido,
la tierra se ve temblando,
el velo se va rasgando,
ls piedras hacen ruido,
el mundo está conmovido,
cuando muere el Salvador.
MEDITACIÓN Y ORACIÓN
Me rindo ante ti. Eres en toda la extensión de la palabra el símbolo del perdón. Nos ha atraído con tu compasión y misericordia. Aguantas las impertinencias de un criminal, cuando tu todo lo puedes. Pero crees en el hombre, que se arrepiente, que sabe convertirse, que recapacita y emprende un nuevo camino, el verdadero, el de tu salvación.
Muchos sienten este ejemplo de amor y perdón, en el trayecto de su viacrucis diario, pero siguen las pautas que les marca la sociedad de consumo. Para ellos, hay que perdonar, pero no olvidar. No han comprendido estas palabras, llenas de una descarga que cala hasta el tuétano: el perdón borra todo hasta el olvido. Cuesta mucho, es casi imposible en una sociedad de competencia, en la que no podemos librarnos de zancadillas, de chantajes, de traiciones. Pero este es tu mensaje: si queremos encontrar tu Paraíso, tu promesa a Dimas, debemos arrepentirnos reconocer que somos pecadores y perdonar.
 En esta noche de nuevo me llamas a la conversión. La intuí y me la presentabas. Quería pasar desapercibido. Pero me has inquirido: reconozco mi pecado y quiere continuar contigo la marcha hacia el Reino de Dios.
Hazlo, Señor. Te he comprendido.
-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
-Que por tu santa cruz, redimiste al mundo y a mí pecador.


DUODÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS ES COLGADO EN LA CRUZ, SU MADRE Y EL DISCÍPULO.
Estaban junto a la cruz de Jesús su Madre y la hermana de su Madre, María de Cleofás y María Magdalena. Jesús, viendo a su Madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dijo a la Madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Y luego dijo al discípulo: Hijo, he ahí a tu Madre. Y desde aquella hora lo recibió en su casa.
Jn. 19, 25-27. 
Existió en este lugar una cruz. Una antigua trinitaria debió prefigurarla; es la duodécima, junto al huerto del antiguo monasterio, y las tres Marías acogen y son acogidas por Jesús. Tres mujeres y el discípulo amado en el trance final, en la agonía de la expiración. Y la imagen, envuelta en una oración tinitaria, alienta el seguimiento de este peregrino.

MARÍA.    -Ya se viene abajo el cielo,
y en sus brazos lo recibe.
María, que llora y gime.
sin hallar ningún consuelo.
ALMA      -No lloréis, Señora, tanto,
os ruego por vuestro amor.  
dame parte de dolor
y parte de vuestro llanto.
MARÍA     Ay, ¿Quien se mueva a piedad
viéndome tan afligida?
Almas, que quedo sin vida,
por quedar en Soledad.
ALMA      -Oh reina y Señora mía,
No lloréis, divina aurora,
que todos desde esta hora
os haremos compañía.
MEDITACIÓN Y ORACIÓN
Es el trance final. Y una de sus últimas palabras se dirigen  a su Madre. Lo acompaña y lo recoge en sus brazos. Descansa en su regazo. Ya descansas en paz. Una sensación de intenso sosiego se refleja en su rostro. Tu madre sufre, pero comprende el sacrificio, tu entrega a todos, el mensaje de la redención. Ha vivido la Compasión con tu vida. Te ha comprendido. Le toca velarte esta noche. Meditar tu camino en la tierra y seguir el mensaje que has extendido en la tierra. Y lo mismo tu discípulo.
Noche de vela, noche de oración. Noche de comprensión de un Cristo que se ha entregado por nosotros. Y María, a nuestro lado,
y a ella me acojo:
"Santa María, ruega por nosotros,
pecadores, ahora y en la hora de la muerte.
Amén.
Acuérdate de cobijar a tantos que encuentran su último momento en la carretera, en el accidente del trabajo, en la inesperada  enfermedad, o en el letargo de los pacientes crónicos.
No olvides que siempre recuerdo aquella letanía que decía "Refugio de pecadores". A ella me acojo, cuando llegue el mismo momento que viviste con tu Hijo.
-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
-Que por tu santa cruz, redimiste al mundo y a mí pecador.





DÉCIMO TERCERA ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ
Cruz decimotercera, callejón del Romancero, calle del arrabal. Un mirador nos desvía la vista de esta concentración espiritual. La ciudad se nos extiende a nuestro alrededor. Desde lo alto, la humanidad de esta colmena se nos presenta a la vista. En el madero, sabes perfectamente lo que has hecho y porqué has llegado hasta el final. Siguen mofándose de ti como un crucificado más. No te comprenden. Tu lenguaje es distinto al de los demás. Los demás entienden sólo con las palabras. Para ti lo más importante es la cruz, desnuda, sencilla, sin que nadie se compadezca de ti. T muerto, abandonado por todos, me pregunto: ¿ No lo habremos nosotros también abandonado?.
Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. El velo del Santuario se rasgó por medio y Jesús, dando un fuerte grito, dijo : "Padre, en tus manos pongo mi espíritu" y, dicho esto, expiró.
Un atrevido soldado
viendo que Jesús ha muerto,
con una lanza ha abierto
el santísimo costado;
agua y sangre ha derramado
para el bien del pecador,
Haced, Señor Soberano,
que en esa llaga de amor
se abrase en divino ardor
todo corazón cristiano
y todo el género humano
os confiese redentor.
Y haced, mi Jesús amado,
que mis ojos hechos fuentes,
lloren lágrimas ardientes
de lo mucho que he pecado;
y pues tanto os he costado
y sois liberal dador
Por tu Pasión, Jesús mío,
abrasadme en vuestro amor.
MEDITACIÓN Y ORACIÓN         
Desde tu infancia has estado esperando este momento final. Todo se ha consumado. Se rasgaron las cortinas del templo. Son las tres horas más largas que podías esperar. El último cáliz. Me vienen a mi mente las palabras del salmo ochenta y siete. Casi no puedo recitarlas. Escúchame:
Tu eres, Señor, el Dios de mi Salvación
me siento mal, por eso clamo a ti día y noche,
Tu que eres bueno, acoge mi suplica, mi grito de dolor;
Tú que estás cercano a mi vida, échame una mano.
Me siento saturado de tensiones y conflictos;
mi vida está al borde del fracaso y no tengo salida.
Me siento como un hombre acabado, sólo incomunicado.
y no tengo fuerza para abrir mi dolo a nadie.
Señor, eres el Dios de mi salvación. ¡Ayúdame!
Señor, eres la luz en mi noche oscura:¡ Ilumíname!
Señor, eres la fuerza en mi debilidad: ¡ Fortaléceme!
Señor, eres mi única compañía en esta soledad: ¡Ámame!
-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
-Que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí pecador.



DÉCIMO CUARTA ESTACIÓN: JESÚS ES COLOCADO EN EL SEPULCRO

Cruz final, junto al sepulcro, el templo de San Juan. Y el Cristo se me muestra distinto. Insisto tozudamente, Cristo de la Salud. Como una palanca, este apelativo de su advocación hace rodar la piedra  que guardaba su sepultura....Días después, Cristo del camino de la Salvación, el de la Salud en el arrabal del amor..el de los silencios anteriormente bordados de reflexión. Ahora comprendo porqué murió este peregrino, por amor.
Un varón de nombre José, que era miembro del consejo, hombre bueno y justo, que no había dado su asentimiento a la resolución y a los actos de aquellos, originario de Arimatea, ciudad de Judea, que esperaba el reino de Dios, se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús; y bajándole, le envolvió en unas sábanas y lo depositó en un monumento cavado en la roca, donde ninguno había sido sepultado.

Santos varones vinieron,
dadas las tres de la tarde,
de la cruz lo descendieron
y en los brazos lo pusieron
de su Santísima Madre.
MEDITACIÓN Y ORACIÓN
Ya no debemos hablar. Hemos encontrado el final del camino. Debemos regresar al mundanal ruido. Volver a la vida de antes. pero transformados. Nuestra vida tiene un nuevo sentido.
Ha sido enterrado, muerto y sepultado, nos dice el credo de la fe.
Pero, Señor, esto no se ha acabado. Y lo sé muy bien. Debemos esperar el final de los siglos. La resurrección no estará completa hasta que todos recorramos el camino del mundo. Y todos estamos en camino, somos el pueblo que camina, con esperanza. Sabemos que la ruta es dura y nos conduce al sepulcro. Pero en la otra orilla estás esperando con los brazos abiertos.
Ya no nos quedas más que ponernos en tus manos para recorrer el camino,  para  reconocerte en mis hermanos de peregrinación y para confiar plenamente en el Salvador que me está esperando en el trayecto final.
-Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
.Que por tu santa cruz, redimiste al mundo y a mí pecador.





























Los caminos de la Cruz, el vía crucis, son estaciones de amor, es un itinerario compasivo, repleto de escalas y peldaños que nos conducen hacia la Resurrección. Los caminos del arrabal son forja, cal, piedra desgastada en medio de ls leyendas y las vivencias de gente humilde que hizo el camino. El viacrucis y la vida pasada se entrelazan, mientras la yedra recoge el incienso sublimado y una cadena humana se desgarra en oraciones de misereres, penitencias nazarenas y , también, teas de amor.

Como hoy, todas las noches del miércoles santo de oración, los catorce cuadros forjados trazan una silueta de entrega en cada uno de los  rincones, en cada uno de los remansos de las supinas cuestas. Catarsis. Se va despedir al peregrino auténtico. Desde la torre y la enorme atalaya, desnuda, otra vez la cruz nos descubre la tragedia y el milagro de la Salvación.



















































Este Vía Crucis fue redactado por Francisco Martín Rosales para contribuir a la restauración de la imagen del Cristo de la Salud, el mes de febrero de 1997. Y acabose de imprimir el día veinte de marzo de 1997.

VIVA EL CRISTO DE LA SALUD







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