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domingo, 8 de octubre de 2017

EN LA SEMANA DEL PERIÓDICO JAÉN. A

AQUELLAS FAMOSAS FERIAS  DE GANADO (I)


PROGRAMA DE FERIA DE º1940. GENTILEZA DE JOSÉ CALZADO.
Hablar sobre las ferias actuales de muchas ciudades andaluzas se concreta en divertirse en casetas de asociaciones y grupos sociales variopintos, o en disfrutar de algunas actividades derivadas del mundo del ocio y, a lo más, en  sentir nostalgia por la feria de un ganado que se nos marchita. Pero, si nos remontáramos a mediados del siglo XX, e, incluso, a siglos anteriores, tal vez el núcleo de dinamizador de la feria era la compraventa del ganado y sus protagonistas fueron los corredores, ganaderos, campesinos, gitanos, veterinarios, la guardia civil, la caseta de los arbitrios y, cómo no, el mundo animal.
Jaén, Andújar, Noalejo, La Carolina, Huelma, y Alcalá la Real son importantes centros comerciales en estas ferias de ganados, muchas de ellas entroncadas en ferias agroganaderas, donde se comparten las ofertas ganaderas con los productos agrarios. Si la Carolina se convierte en el centro de las comarcas de Las Nuevas Poblaciones y El Condado, e incluso de pueblos meridionales del sur de ciudad Real y del norte de Granada, Huelma se convierte en la capital ganadera de la Sierra Mágina.  De algunas no quedaron sino su prestigio histórico de tiempos pasadas y algunos elementos ganaderos e industria alimentarias como son el caso de las ferias de Guadajoz y Noalejo. Ambas, por su carácter lindero con diversas provincias, atraían a vecinos de los pueblos granadinos y cordobeses. Muchas ferias se remontan a una concentración de trato comercial que fue refrendada posteriormente por los reyes como un privilegio para el desarrollo económico de su localidad.
Próximamente, la feria de Jaén es la crónica anunciada del desarrollo histórico de las ferias famosas. Pues si bien se remonta a tiempos del Condestable Miguel Lucas de Iranzo en el siglo XIV, a mediados del siglo XX comenzaron a declinar en la afluencia de animales y en mermar las transacciones comerciales al sufrir la competencia de la maquinaria agrícola que usurpó los roles de los animales en la agricultura. Otras se remontaban a antiguas ferias comerciales que prodigaban en las tierras del Santo Reino desde la época medieval como la de Villacarraillo, o en la edad moderna en Alcalá la Real, y posteriormente fueron refrendadas por el reconocimiento real. En el primer caso, por el rey Fernando VII, en Alcalá por Carlos II y en Andujar y Jaén ya avanzado el siglo XIX por los monarcas borbones.
En todas ferias jugaba un papel fundamental la localización del núcleo capitalino. Si ponemos por ejemplo la ciudad de la Mota, desde tiempo inmemorial fue un sitio de paso, puerto de Casilla y reino de Granada y lugar de intercambio comercial entre los pueblos del Alto Guiadalquivier y las zonas costeras. Acalá la   Real fue siempre un lugar de travesía humana   y de intercambio comercial, social y cultural entre los pueblos de los antiguos reinos de Granada, Jaén y   Córdoba. Era, en efecto, un cruce de caminos obligado los diversos tipos de viajeros que cruzaban y recorrían las tierras de Andalucía o bajaban de Castilla hacia el reino de Granada. Desde que se instituyó la Corte en Madrid, a partir del siglo XVII, el camino real era frecuentado por todos aquellos que se dirigían a Granada o volvían de la capital de España, a través de una importante vía del Llanillo alcalaíno. Secretarios, miembros del Consejo de Estado, escribanos de la Corte, abogados, religiosos de las nuevas órdenes y mercaderes   pasaban por la ciudad alcalaína para pernoctar o, simplemente, de paso hacia sus destinos en donde debían resolver los pleitos judiciales en la Chancillería de Granada o los complicados asuntos relacionados con la Corona. Por el camino de Córdoba, los viajeros y los comerciantes de la campiña cordobesa y de las antiguas tierras de la orden de Calatrava se adentraban en una extensa red comercial, en la que grandes grupos de arrieros traficaban el vino, el aceite, el trigo y otros alimentos con destino a la capital granadina y malagueña.  Por otro lado, desde Murcia procedía otra ruta comercial que, además de comercializar el trigo desde Totana y los puertos del Mediterráneo a través de Iznalloz, tuvo gran importancia en el abastecimiento de las libras de seda para este tipo de artesanía que fue muy pujante en Granada, y, también, en el siglo XVI y XVII en la comarca alcalaína. Desde Málaga, los playeros, hasta principios de siglo XX, acercaban a los pueblos de Córdoba y Jaén por un camino que desde Vélez –Málaga atravesaba la comarca alcalaína y se bifurcaba hacia Priego y el Castillo de Locubín. A todo ello hay que añadir las redes intercomarcales de los mercados de ganado y de productos básicos, cuyo centro más importante se asentaba por el mes de septiembre en la feria de Noalejo sin olvidar otros caminos de menor trasiego comercial que enlazaban con Montefrío, Castillo de Locubín, Baena, Priego o Moclín.  Y, aunque un poco más lejanos, también comunicaban con los pueblos del corregimiento: Loja y Alhama de Granada.

El cambio en los itinerarios comerciales, el desarrollo de nuevas comunicaciones a través de las autovías y de otros medios de comunicación más rápidos, supusieron o un rotundo cambio y metamorfosis en las ferias de ganado.




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