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viernes, 1 de agosto de 2014

FIESTAS MEIDEVALES EN ALCALÁ INFORMACIÓN 1.8.14



 


 



 




 

 

FIESTAS MEDIEVALES

Se extienden por el territorio nacional las fiestas medievales. Desde Manlleu a Almuñécar, y desde Badajoz a Jávea se multiplican unos actos festivos que han nacido al amparo y protección de un nuevo tipo de turismo interior. No es sino una simple evasiva  colectiva hacia  otro mundo para librarse  de la pesada carga a que la dura crisis somete a la gente. Se repite el mismo esquema que no es sino buscar otro tipo de mundos alejados del tiempo, experimentar  otras formas de vivir como si las personas se transplantasen a  una sociedad ficticia  y sin compromiso alguno. La tipología varía de un pueblo a otro en pequeños matices: de la fiestas calatravas a las  de moros  y cristianos pasando por los mundos de fronteras, eso sin omitir a las de los moriscos de la Alpujarra o la de reivindicaciones de batallas más o menos importantes de España, como la de Bailén . Pero las actividades  se concretan, en la mayoría de las ocasiones,  en un episodio bélico, con motivo de la ocupación y conquista de un pueblo sobre otro, generalmente el cristiano sobre el musulmán o el español sobre el francés. Abundan los duelos, las luchas cuerpo a cuerpo, los preparativos para la batalla, los torneos, las teatralizaciones de los ejércitos en campos de batallas: en suma, el circum, la simulación de la sangre vertida  de una parte derrotada que entusiasmaba a los espectadores del medievo y los primeros años del Renacimiento.

 Sin embargo, en aquellos tiempos reales, los movimientos bélicos eran escasos con respecto a los 365 días del año, en los que se negociaba, se trabajaba, se vivía el ocio  y … se amaba. Sin embargo,  mira que casualidad, no proliferan las fiestas de convivencia, celebrando los pactos federales, tan hoy de moda, entre vecinos de los reinos,  o entre íberos y romanos, que abundaron en la provincia de la Bética romana;  ni el mundo de  convivencia idílica entre judíos, cristianos y musulmanes está presente. Y no digamos que la inventiva escasea con frecuencia a la hora de programación del currículum festivo. Casi todos son iguales, con los mismos actos: un desfile, una batalla y, si acaso, una fiesta de victoria.  En vez de estos multitudinarios desfiles de tropas, filás, patrullas, comparsas, o escuadras guerreras, podrían recuperarse las divertidas mascaradas de los gremios de la ciudad; pues era un desfile mucho más completo que los del carnaval , en los que los diferentes grupos sociales vestían  con ficticios disfraces y ejercitaban ingenios los más creativos y variados  para divertir al pueblo. Y, además, estos desfiles no quedarían anclados en una etapa histórica determinada, sino que podían recorrer diacrónicamente toda la actividad laboral desde el medievo hasta la edad actual, ejemplificando y mostrando vías de desarrollo y el esfuerzo colectivo. Lo lúdico podría recrearse con  la autenticidad de  los juegos populares , sin necesidad de buscar siempre los mismos argumentos: el halcón con sus garras amenazadoras, el juego  las saetas de fuego, la s danzas del vientre….. En la Mota de la ciudad,  podrían simularse los juegos colectivos del ganso, del niño trepador del árbol gigante  para alcanzar las telas de seda en la plaza alta, los espaderos de palos se divertirían como si jugasen a la gallina ciega, los duendes de la Casa del Miedo volarían de torre en torre, la simulación caballeresca se completaría con la alcancía o las cintas, sin pasar por alto otro juegos como los de mesa , los naipes, el atuque,  echar cartas,  o la adivinación…Hasta el carnaval de verano podría incluirse en estas actividades, así como los cantes y danzas flamencos para comparar momentos y épocas.

En el fondo, una nueva recreación de las fiestas es mantener la evasión ante la crisis que nos amenaza con la soledad de las calles; pero, al menos,  se  promociona la participación vecinal y la creatividad colectiva con un mensaje histórico de lo que un pueblo fue capaz. Puede ser un peldaño para la pedagogía de la paz y la formación para iniciarse en otros campos del progreso social. Olvidar las guerras y posicionarse ante la utopía de una nueva sociedad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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