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sábado, 28 de septiembre de 2019

EL CARDENAL MERINO Y ALCALÁ LA REAL




Es de sobra conocido el debate entre  la pretendida jurisdicción  del Obispo de Jaén  sobre la abadía de Alcalá la Real. El conflicto se remonta desde tiempos de la conquista de Alcalá 1341 y la fundación de esta institución abacial. Hubo momentos en los que el obispado de Jaén mantuvo ciertas relaciones que podían interpretarse, al menos por el obispado de Jaén, como  manifestación clara de la jerarquía de la abadía alcalaína respecto al Obispado de Jaén por la impartición de sacramentos de órdenes y participación de en los Sínodos del Santo Rostro.  Pero el asunto se radicalizó en tiempos del  obispo de Jaén don Esteban  Gabriel Merino, que pretendió visitarla  para imponer su autoridad con la presencia de gente armada  y procedimientos violentos en 1524. No fueron estas relaciones alcaláinas puntuales on este Obispo. El asunto se remontaba a los primeros años de su vida religiosa, porque, en torno a 1513, ya ordenado sacerdote  recibió dos cargos muy importantes,: uno en tierras  italianas, el arzobispado de Bari por el papa León X y el día 29 de agosto  era nombrado Arcediano de Baeza. Lo hizo en las circunstancias que no compartíia el clero baezano, pues fue realizado, con motivo de la vacante de Cristóbal de Mesa, y con una pensión anual pontificia de 20 ducados, lo que dio lugar que, según Caballero Venceslá ".
  Merino quiso asegurarse su pacífica posesión y para esto alcanzó del Papa en 8 de diciembre la consiguiente Bula que le autorizaba para retener en su persona toda clase de prebendas, permaneciendo Arzobispo de Bari. Así, merced a esta concesión pontificia y dispensado por ella del deber de residencia, Esteban Gabriel pudo acumular en su persona una serie de prebendas. Esta acumulación de cargos, obispados y beneficios era, en aquel tiempo, una lacra tan extendida que sólo había de extirpar, y a duras penas, la reforma tridentina. Nuestros viejos cronistas del siglo XVII ponen a la Catedral de Jaén como la primera en que ocupó prebendas Esteban Gabriel Merino. La apertura del Archivo Vaticano a los investigadores, llevada a cabo por León XIII a finales del siglo pasado, permitió al sabio profesor de Historia de la Universidad de Würzburgo, José Hergenrótlier, publicar sus dos volúmenes sobre el fondo documental existente en dicho archivo y referente al pontificado de León X, bajo el título «.Leonis X Regestao) (Friburgo, 1884-1891). Según esta obra, ya clásica y definitiva en su materia, Esteban Gabriel fue antes Arzobispo de Bari que canónigo de Jaén. Nos atenemos, pues, a estos últimos datos que aporta la investigación a la luz del fondo documental vaticano. No se detuvo ahí León X, sino que para mejor premiar el anterior trabajo de Merino en favor de los Orsini, a los cuales pertenecía el Pontífice por línea materna, le concede en 1514 los frutos de la _Parroquia de Arriovilla (sic), probablemente Arjonilla, y otros beneficios en la Parroquia de Torredelcampo, ambas en la diócesis de Jaén (17). El Papa Médicis completará su obra de protección hacia el Arzobispo de Bari cuando, muerto Fernando el Católico, le envía a España como Nuncio suyo y Obispo de León. De la simple enumeración de cargos y beneficios con que León X manifestó su simpatía y buena voluntad hacia Esteban Gabriel, se desprende al mismo tiempo la alta valoración que en la mente del Papa tenía el nombramiento de Merino como Nuncio Apostólico ante Carlos V será la nota más brillante de su ejecutoria diplomática y, al mismo tiempo, su canonización como dominador del difícil y sutil arte de la política. Merino será el representante del máximo poder espiritual ante el máximo poder temporal en la Europa del momento. La protección que Esteban Gabriel obtuvo del Papa León casi nos obliga, dadas las circunstancias y el ambiente reinante en la Corte pontificia" . 
Y, antes de canónigo de Jaén, como clérigo beneficiado  de Baeza, aparece en un documento de los archivos notariales de Alcalá la Real. en seis de octubre  de 1513 ante el escribano Bernabé  Rodríguez, otorgado en la Plaza Pública de la la ciudad de la Mota, por el que el clérigo  Gonzalo Sánchez  de Trasierra,  estado presentes el escribanio Francisco de Santacruz y Pedro Pérez, lo representaba en su nombre, para poder  cobrar  del vecino alcalaíno  Cristóbal Álvarez de Fuenteovejuna los beneficios de 6.930 maravedíes de " todo el vino  que le pertenece a Gabriel Merino, clérigo y beneficiado, de Baeza de  beneficio   de esta ciudad  de todo el año presente, que lo recibí comprado de el clérigo Gonzalo Sánchez de  Trasierra". Correspondía al periodo comprendido desde el día Santa María de agosta  de 1513 al  año siguiente. No es de extrañar las relaciones de este entorno con el cardenal, teniendo en cuenta que muchos miembtos del cabildo estaban relacionado con Gonzalo Fernández de Córdoba, en este momento que comprtía el gobierno de Loja y en Alcalá se mantenía el corregimiento de Luís Fernández  de Luna. 

. Más tarde las cañas se volvieron lanzas. En concreto (1524), tuvo lugar la entrada del cardenal Merino, obispo de Jaén y arzobispo de Bari, para hacer valer su jurisdicción sobre tierras de la abadía de Alcalá la Real, con motivo de una visita que afectó primero a la Iglesia Mayor Abacial de Alcalá la Real y luego a la vicaría del Castillo de Locubín. No agradó en modo alguno esta imposición al abad ni al clero alcalaínos, que acudieron a la Corona para que hiciera justicia ante lo que calificaban una fiducia del  cardenal[1]. Se le otorgó poder a Bartolomé de Arce Broslada, vecino de Grabada en la Chancillería para protestar la llegada del obispo a esta ciudad con el poder de visitarla imponer la autoridad por fuerza sobre el abad alcalaíno. Pero en el traslado que se encuadra el documento aparece el poderista tachado y, en su lugar, se cita a Luís de Ortega, clérigo de Alcalá la Real, y posteriormente párroco de Santo Domingo de Silos.
 Esto obligó  a una real provisión del rey Carlos I ,  en la que el abad Juan de Avila razonaba su  sujección al Papa y en apelaciones a la iglesia de Toledo y Jaén de modo que no  celebraban las visitas diocesanas en esta tierra como en otros pueblos de Jaén de una manera ordinaria, Recoge el documento las informaciones anteriores ante la petición del provisor. Ante la entrada del cardenal  MERINO por la fuerza  en la Iglesia Mayor se quejaba, y manifestaba la oposición que mantuvo con el provisor y los clérigos alcalaínos; no solo entró si no se le entregaron las llaves del sagrario de otras iglesias apoyado del alcalde Briceño ; también lo hizo en el Castillo de Locubín. Pidió el abad alcalaíno amparo en la Corte y que se promulgara una provisión real para confirmar el patronazgo real y su carácter exento y vere nullius en 28 de enero de 1525. A pesar de los testimonios de los dos litigantes, cada uno presentó alegaciones para defender la sujeción o  la independencia según el caso. Y se pudo comprobar que no perteneció nítidamente  a ninguna diócesis del entorno  y se organizaba como abadía de patronato real. Un nuevo documento nos aclara la protesta del abad, por medio de su vicario y provisor, a la que se sumaron los clérigos de la ciudad. Es un poder que le otorgaron primero a un miembro de la Chancillería, pero fue sustituido por el cura Luís de Ortega
Tres años después se anexionaron  dos tercios de los diezmos para la Capilla Real de Granada, y también intervino el cardenal Merino con una posición de jerarquía sobe la abadía, pero Alcalá la Real pudo , al menos, soslayarse del pago de esta carga en tiempos del abad don Juan de Ávila. En 1538, todavía se mantenía el pleito de jurisdiccción y  la aplicación perpetua. 
Este es el documento de poder que se encuentra ante el escribano Bernabé Rodríguez, con fecha de 31 de diciembre de 1540.
-Don Juan de Ávila, se declara  abad de las abadías de  Alcalá la Real Burgohondo, y además se encontraba, por aquellas fechas en Alcalá la Real, ya que su residencia de vecindad era en Ávila, donde mantenía casa familiar y palacio a las afueras de la ciudad amurallada. Concedía pode a Juan Gallego y Hernando de Arroyo, Crístobal   Alvarez y Macías de  la Cuba, sus vecinos criados de la ciudad de Ávila para que lo representaran y lo hicieran a su vez con  la abadía,  ante el emperador Carlos V y lo miembros de su Consejo,  y Jueces u órganos de la Justicia para interponer apelaciones, hacer probanzas, ganar provisiones, entablar pleitos, y  nombrar representantes.  Y cita, en concreto, el pleito entablado ante la Corte y miembros del Consejo con el Obispo de Jaén. 

[1] AHPJ. Escribano Bernabé Rodríguez, Documento de poder que realiza el vicario y provisor Juan de Fuentesdaño, del abad Juan de Ávila 20 de noviembre de 1524.

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