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sábado, 29 de abril de 2017

FÁBULA DE ESOPO. Los árboles escogidos por los dioses

FÁBULA DE ESOPO


Los árboles escogidos por los dioses


Escribíamos  hace seis años que ya se había producido el cambio de gobierno, pues habíaa entrado el equipo del conservador Rajoy por el del socialista Zapatero. Se castigó una forma de gobernar, y el pueblo se inclinó por otra diferente. Y me viene a la mente una fábula fedriana la  elección de patronazgo de  determinados  árboles por determinados dioses. 
Ahora se han multiplicado los dioses y los árboles con los que plantar un futuro, se le pueden poner nombres de partidos y sus programas. Y sus posturas que no faltan. Sigamos.  

.Y así  lo hicieron.  Júpiter eligió como patrón  la encina, basándose en los atributos arbóreos del orden, conservadurismo e inmovilismo; por otra parte comprendo que Venus, tan sutil  y frívola, escogiera el mirto atributo de los coqueteos con el Eros del poder, la utopía sin pies en la realidad; el laurel quedó reservado a Febo, por ser un dios  que se imagina siempre triunfante por antonomasia   en puros juegos artificiales sin pisar la dura realidad; como es lógico,  el chopo, símbolo del deseo de  alcanzar  los objetivos inaccesibles, le correspondió a Hércules; y, a Cibeles le dejaron el pino, un árbol donde la altura de miras le hace erguirse en las más elevadas montañas como apartado de la sociedad, sin embargo todos ellos tenían, en común, que no   producían fruto alguno que aprovechara a  los seres  humanos. Curiosamente; Minerva eligió el olivo.  Y Júpiter le reprochó a Minerva que hubiera elegido un árbol que daba frutos   y quedó estupefacto ante  los otros dioses  que prefirieron árboles sin frutos, porque   siempre imaginaron que alcanzarían el triunfo final, curiosamente eran  los mismos  que habían preferidos los honores antes que la utilidad. Por eso, respondió  a Minerva y le dijo:
-Mi hija, en verdad que te llaman sabia. Tu fama sería vana si no hicieras las cosas por utilidad.
Y, entonces, se comprende la acción de la vida política de muchas personas que fueron como aquellos árboles, echaron las raíces, crecieron, y , al paso de los años, se vieron sus frutos. Otros se quedaron en ser árboles sin frutos, el mantenerse por sí mismos, muy bellos, muy ilusos, irrealistas, muy ególatras, muy críticos, pero al  paso de los años, se vieron sus frutos. Otros se quedaron en ser árboles sin frutos, el mantenerse por sí mismos, muy bellos, muy ilusos, irrealistas, muy ególatras, muy críticos, pero al final no dieron resultado.
Por eso, pasarán pocos años, tal vez meses,  para que el olivo sembrado comience  a dar los frutos ya plantados en sus raíces En este caso, saldrá a flote la conquista de la solidaridad en la asistencia a dependientes o  el bienestar de los más excluidos; la gente se lamentará den las medidas de falta de igualdad cuando aparezcan los árboles talados con los recortes sin una corte adecuado; y habrá cantos de  cisnes cuando  la libertad se eleve a los cielos y el olivo  sufra alguna helada  invernal.
Pues, aunque no comprendiéramos que Minerva hubiera escogido un árbol  tan esbelto como el mirto,  tan  iluso como el pino o el ciprés  o tan fuerte como el roble, de seguro que la sentencia de  esta fábula referida a la buena elección de esta diosa  por escoger el olivo nos hará comprender un futuro que debe cambiar el pensamiento de muchos hombres, cuando palpen la triste realidad: La utilidad de toda acción o acto, lo determina la bondad de su producto. Y qué mejor producto aquel que lleva en su interior muchos kilos de solidaridad, quintales de libertad y abundantes libras de libertad









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