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martes, 24 de marzo de 2026

EN LA REVISTA DEL ECCE HOMO. NUNCA OLVIDAREMOS, JUAN VEGA VEGA, LA SIMIENTE DE NUESTROS PREGONEROS

 

 JUAN VEGA VEGA, LA SIMIENTE DE NUESTROS PREGONEROS 

 

Desde el cielo, Juan Vega Vega nos enviará cantos de Navidad  heredero de esta estirpe de auroros bajo la égida de su padre Santiago,  y nos revivirá  las Noches de Navidad con su familia en sus años mozos y, sobre todo en  la muestra de Villancicos de la iglesia, San Juan, donde las canciones de la Virgen de la Aurora  y los villancicos andaluces-antiguos y de la escuela de cantantes andaluces-   se transformaban en oraciones nacidas del corazón y de la tradición por medio de su voz insustituible, que, como me decía un  antiguo profesor, cualquier melodía básica se convertía en música perfecta de las manos de su dirección, de su voz y su s cuerda. Por Cuaresma y en la fiesta de la Hermandad, su espíritu rezará ante las puertas y altares de los mayordomos aquellas saetas auténticas de su voz, hechas más que oración, canto de serafines a la entrega de los cuadros y gallardetes, como el mejor saetero de Alcalá la Real, por seguiriya y cualquier tipo de toná.  Se nos vendrá a nuestra presencia, desde los cantos de los pregones perfectamente cantados en los pasos «Un capitán y un alférez, y un trompeta y un tambor, y un escuadrón de soldados prendieron al Redentor la noche del Jueves Santo». O en Jesús «el bulto», deformación de palabra busto, su alma saetera se convertirá e en el mejor exponente de sentimiento patético con las conocidas variantes del «míralo por dónde viene...», o «En la calle la Amargura...», o la archiconocidísima «Qué es aquéllo que reluce». Si en la mañana del Viernes Santo su voz se identificará con la luz primaveral, que huele a incienso y a drama, la noche la teñirá  de mortuorio. Nuestro Juan, como cantaor ele saetas nos recordará sus mejores saetas, cantándole al Cristo de la Salud:  «¡Qué es aquello que reluce! Que brilla y con tanta luz es un trono, cuajado de flores, y el Cristo de la Salud». y, en el encuentro con su madre nuestro saetero-poeta de la calle Veracruz se identificará con Jesús y le dirá a la Virgen de las Angustias este poema, «Madre mía de las Angustias, arrópame con tu manto, y concédeme un favor: ya que te quiero tanto, que no me falte la voz para cantarte toos los años». Nos vendrán este elenco de recuerdo saetero creado por ti:

Con la Virgen de las Angustias, te prodigarás  y destacarás por su torrente de voz y fuerza cantaora, le tiende un pañuelo de compasión con este dardo lírico:

Me gusta verte de lejos

y, aunque sea por detrás,

y, cuando te veo la cara,

me das ganas de llorar.

 

Rememoraremos aquella saeta que recogiste una tradición referida a los claveles que se traían de Almería, donados por el hermano Antonio:

 

De claveles de Almería

están llenando la cruz

los hermanos que te quieren        

del Cristo de la Salud.

 

En la calle del Rosario escucharemos algunas saetas en la despedida de la Virgen de las Angustias o, solitariamente, en forma de oración:

 

Ya te suben,ya te bajan,

por la calle del Rosario,

!Ay, Cristo de la Salud !

qué duro es ya tu calvario.

 

No es extraño que, en el acto de su instalación en el dosel, cantaras:

 

Ay, Cristo de la Salud,

consuelo de los hermanos,

que moriste por nosotros,

clavado de pies y manos.

 

que solías acabar con un estrambote final ante el silencio de los callados hermanos que escuchan esta profunda invocación:

 

Silencio, callad, silencio:

que se ha oído un quejío,

y en una cruz yace muerto

el mejor de los nacíos.

 

El cuerpo de Cristo te servirá   para que se le cantes, a veces, poemas que respondían más a las antiguas saetas que se frecuentaban en las reuniones del Ecce-Homo:

 

Lleva la caña por cetro

y de espinas la corona.

Nadie te tiene respeto,

siendo la única persona,

que resucita a los muertos.

 

O esta otra que se expresa en la misma línea que la anterior:

 

Por los clavos prisioneras

llevas las manos heridas.

Llevas los pies traspasados

y una corona de espinas.

Que enciendan ya los faroles,

que enciendan con mucha luz,

que va a pasar por la calle

el Cristo de la Salud

Hermano, devoto del Cristo Sanjuanero.   saldrás con su banda, con la que tu trompeta daba el punto culminante de aquellas marchas desde los años setenta hasta avanzado el III milenio. Si se distinguía un sonido especial de metal, será su soliloquio musical.

Y podremos tampoco vivir y escuchar la pasión hecha pueblo con sus pregones de los pasos en la tarde del Jueves Santo y la mañana del Viernes Santo, en su toná única y deje final aflamencado en su voz señera. La pasión de 2026 sonará más triste en forma de queda por tu adiós a tu devoción de alma y en la que fuiste el pregonero simpar de amor pasional. Echaremos de menos la saeta narrativa, que dedicabas muy frecuente para nuestra cuadrilla del Señor de la Columna, y, aunque resultara ripiosa, reflejaba perfectamente la riqueza léxica de nuestro pueblo: «Tienes la mejilla negra. de tan cruel bofetá, el rostro acardenalao, las espaldas renegrías y el corazón traspasao»

En el cabildo de suertes de tu hermandad de Ecce Homo, se dará cuenta de se mantienen las huellas de tus sabios consejos, propuestas como miembro de tantos años de la Junta Directiva y de tus manos artesanas que hacías bella hasta la piedra del mampuesto de la casa alcalaína de hermandad de los Caños, setenta y uno.

 Como coralista de san Juan y de muchas comparsas, la música en tu voz y tu dirección sonará con una sinfonía especial en muchos actos populares (su presencia en el Carnaval elevaba su nivel a la altura de los de Cádiz) y en otros de la corte celestial de los Ángeles de la tierra, una voz y unas cuerdas que siempre estarán al servicio de Jesús en tus advocaciones queridas y de su pueblo, todo lo entregaste.

En enero se quedó muda la iglesia de San Juan y en marzo volará tu alma entre cantos, saetas y ausencias de amor. Aunque no estés, tu nos presidirás con tu espíritu que nos dejaste la semilla, que entroncaba con estas tradiciones, porque fuiste una voz insustituible que recogió de su familia las canciones de los antiguos carnavales, los cantos y cuerda de las rondallas dirigidas por el mismo, el sabor aflamencado de los pregones de la Semana Santa de Alcalá la Real sin olvidar su sonidos únicos del  metal  de su corneta, las auténticas saetas alcaláina, las canciones tradicionales de temporadas y estaciones, los cantos aguilanderos de los auroros y el pozo de villancicos tradicionales, romancísticos y de los cantaores flamencos del siglo XX.   Juan fuiste músico del pueblo, y, excelente persona que siempre estaba dispuesto a entregar sus cualidades y servicios para la historia alcaláina. Padre y esposo ideal, derrochador de su amor familiar, y entrega total a la cultura alcalaína. Le transmitiste este amor a tu esposa, nos dejaste tu hijo Juan Carlos y nietos como testimonio de un ser insustituible y amoroso y singular.

Cuando llegue el Viernes Santo, retumbará el paseíllo de la Mora este año con estos versos auroros:

Son méritos

que hacemos

para la otra vida

dadlo abundante,

nadie lo impida.

Que Ecce Homo y Columna, se lo recompensen con creces en el cielo.

 

CONOCIENDO LA MOTA (XXXIII). LA MOTA EN EL SIGLO XVI.

                                        LA MOTA 

                    EN 

                     SIGLO XVI



















 

            A lo largo del siglo XVI, la fortaleza abandonó su carácter puramente defensivo de modo que se urbanizó completamente todo su recinto y se amplió fuera de las murallas fortificadas. Antes de iniciar esta operación urbanística, tan sólo se encontraban el Mesón de Yeguas, el mesón de la Torre, el Mesón de Hernando de Aranda, la Alhóndiga y las cantarerías y la Zubia o Ermita.



El mecanismo de adquirir los solares se iniciaba con la petición vecinal, la zona de ubicación solía ser dentro de la fortaleza, si la hubiere, y en el Arrabal y, sobre todo, en la Era de los Palacios. Tras la conquista se pagaron muchos solares en el Arrabal Nuevo y surgieron los primeros escollos de la población, porque hubo casos de malversación de fondos a la hora de la venta y distribución de los solares.

El Arrabal Viejo y sus alrededores ofrecían, a veces, un aspecto desalentador en sus exteriores, con muladares por doquier, acumulación de excrementos de animales, basura y desechos del matadero dando un aspecto maloliente, tal como señalaba el libro de Ordenanzas a principios del siglo XVI.

A partir del reinado de los Reyes Católicos, se amplió la ciudad desde la puerta del Arrabal de Santo Domingo, con diversos arrabales, entre ellos el Arrabal Nuevo, donde se encontraba las calles Cava y de los Mesones, y, por la parte de la puerta de Granada, el Rastro y Matadero, el entorno de la Puerta Nueva y el barrio de San Bartolomé. A través del estudio de varios documentos del Archivo de la Chancillería Real de Granada María José Guerrero y Lorenzo de Castro, sacaban estas conclusiones con las que estamos de acuerdo para el periodo comprendido entre finales del siglo XV y principios del siglo XVI:

“Sin duda, el aumento de población determina que el concejo diera solares para la construcción de viviendas a todos aquellos que los requería. Desde tiempo inmemorial, la ciudad de Alcalá la Real tenía potestad para otorgarlos a los pobladores de dentro y fuera de la Mota. En el primer caso, siempre que hubiera un solar público. Todos los terrenos que en torno a 1520 ahora están edificados e los  arrabales habían sido concedidos por el concejo a los vecinos y este además había señalado por donde iban las calles, y que la anchura podría oscilar entre ocho y nueve pies”[1].

Se pueden establecer varias etapas de trasformación y usos de la ciudad fortificada hasta convertirse en puramente urbana. En la primera etapa, desde 1500 hasta 1530, tuvo lugar una gran labor constructiva, trasladándose algunos edificios públicos a otras ubicaciones y reconstruyéndose nuevos espacios. Destacaron las Casas de Cabildo junto a la nueva Iglesia Mayor junto con su nuevo claustro, las Carnicerías, la primera remodelación de la plaza Alta de la Mota y con el levantamiento de sus tiendas y el derribo del palacio del alcaide, el arrabal de la Puerta Nueva, urbanización de Santo Domingo, y el adarve del Trabuquete. Fue un periodo de penuria económica, que obligó al cabildo alcalaíno a dejar en manos de los propios arrendatarios la finalización de sus portadas y viviendas, como dice este acuerdo de 8 de julio de 1530: "En este cabildo los dichos señores mandaron que se pregonen las tiendas de la ciudad porque a quienes las quisieren arrendar las labre del alquiler de las tiendas esto porque de los propios no ay dineros para que se acaben”.

            Una segunda etapa en torno a mediados del siglo XVI, en la que quedaron consolidados los arrabales que rodeaban la fortaleza de la Mota., entre ellos el Arrabal Viejo, la Peña Horadada, San Sebastián, San Bartolomé, Trinidad, San Juan, Rastro, Matadero, Puerta Nueva.

 

            En una tercera etapa, se dio un gran paso para la urbanización de la ciudad fortificada y principales arrabales. La Calle de la Calancha remodeló el urbanismo de la ciudad fortificada al convertirse como eje vertebrador desde la Iglesia hasta el alcázar, desde donde se abrieron una serie de calles secundarias. Y en los arrabales varias calles se convirtieron en ejes importantes para dinamizar la racionalización de los barrios.                              

             

            Por un acta capitular de 25 de noviembre de 1586, con motivo de emitir un informe para abrir una carnicería en el Llanillo, se aludía que la ciudad tiene 3.500 vecinos, gran trato y comercio y se debía dar ventaja a los de abajo, pues no subían el ganado al matadero. Días después, el regidor Gamboa defendió la ubicación actual en la Mota, porque estaba allí la Iglesia mayor, Casa de Señor Abad, Casas de la Justicia y Cabildo, Cárcel Publica, por privilegios de los reyes y allí estaban los caballeros que habían defendido la fortaleza durante 150 años de los moros y en el arrabal nuevo “estaban los advenedizos”, y vivían 2000 vecinos. Por su importancia militar, la ciudad fortificada dependía del Capitán General y, además, se abrió una puerta en tiempos de Carlos I (la nueva), se redificaron muchas murallas. Le contradijo Rodrigo de Clavijo, diciendo “que en el arrabal de Santo Domingo solo había quedado la gente pobre y se habían abandonado la mayor parte de las casas, que se han hundido y lo mismo sucedería a la Mota. Se aludió que por no aver otra fuerza en Andalucía que tanto ímpetu al servicio de Su Majestad con motivo de la guerra de los moriscos mucha gente de Granada vino a refugiarse a Alcalá por ser muy fuerte y segura, incluso en sus arrabales.

            Nos quedamos con  esta descripción , con motivo de la justificación  de la compra de unas  casas para levantar la mansión nueva  del corregidor  en un acuerdo de cabildo de  1583, recogiendo la provisión real de Felipe II, firmada en Madrid  en 16 de septiembre nos fue hecha relación diciendo que, como nos es notorio, toda fuerza de esa dicha ciudad estaba en lo alto de ella, que llaman La Mota, donde asimismo estaban la Iglesia Mayor, que era cabeza de aquella abadía, y las Casas de Cabildo y Ayuntamiento, y Cárcel y todas las casas de caballeros y gente noble y todos los  escritorios y oficios de escribanos y todo  el demás trato  y comercio principal del lugar(...) y por carta ejecutoria nuestra estaba encomendado que los oficios  públicos y mecánicos estuviesen y residiesen  en dicha Mota, y así está muy necesario que nuestro corregidor y las demás justicias, que hubiesen,  en ella  estuviesen y morasen en la Mota.”.          A lo largo del siglo se asistió al traslado de las Casas de Cabildo a su ubicación actual junto con la   construcción de los Corredores y de la Casa de Justicia, una nueva Iglesia Mayor (1530-1627), el continuo derribo de elementos rocosos y peñas a la entrada de la plaza, junto al Cabildo  y en Iglesia mayor y la  ampliación y racionalización del espacio público de la Mota, convirtiéndola en una plaza renacentista cuadrada, con la  compra y derribo de las casas de Pedro Fernández Alcaraz y Gonzalo de Gamboa y alineación del flanco occidental, sirviendo de hito la Casa de la Justicia y la ampliación de la calle que salía de la Iglesia Mayor. Nuevas calles como la Calancha, del Alcázar y otras secundarias para racionalizar el espacio, y la formación de nuevos barrios en torno a la Puerta Nueva, San Sebastián, Peña Horadada, Rastro, San Bartolomé, y Mesones.

Aunque, al principio, el cabildo alcalaíno trató por todo tipo de medios de mantener la vida administrativa, social, religiosa y política en la fortaleza de la Mota, en este reinado se dieron los principales pasos para el traslado de muchos órganos de poder hacia la nueva ciudad moderna que se había ido reubicando desde el siglo anterior hacia el Llano. Es verdad que la hacienda municipal no disponía de un importante desembolso de dinero para afrontar este importante cambio urbanístico. Pues era continua la destrucción del recinto amurallado, se multiplicaban las evasiones de los controles de las tiendas de abastecimiento, comenzó el traslado de las tiendas de los oficiales hacia el llano para evitar aquella fortaleza, situada en un lugar tan alto y áspero, y nacieron nuevos intereses ligados con la agricultura cerealista y los servicios de comercio y transporte, ubicados en la arteria principal del Llanillo y en la calle Real. Como canto de cisne, eran comprensibles las declaraciones del alcalde Gamboa, defendiendo la ciudad amurallada y el establecimiento de una ordenanza de prohibición de casas fuera del recinto amurallado, en estos primeros años del reinado ante la petición de Francisco de Velasco que pretendía edificar una casa de mampuesto en un solar de Juana Martínez Calvo situado en La Viñuela, que lindaba con el realengo, en la parte opuesta al cerro de la Mota:

Por experiencia se ha visto el grande inconveniente en dar licencia a semejantes vecinos que labran al cabo del lugar en tan mal sitio como la Viñuela, y lo uno por el ornato de esta ciudad en extender de los arrabales y dejar la fuerza principal y murallas por poblar, porque ay dentro de las murallas más de setecientos sitios para poderse poblar donde tanto importa para ejercicio de S,M., fuera de que ni se pueda empedrar por ser tan mal sitio y lo principal en la conservación de la fuerza y estar tan lejos de la justicia y vecindad y que pueden ocurrir delitos graves con la tala de los montes”.

En 1582, el primero que promovió ordenanzas de obligar a usar las tiendas en la Mota y nombró ejecutores para cumplirlas fue el alcaide don Antonio de Gamboa. Más tarde, se permitió que pudieran establecerse las tiendas desde la plaza Alta hasta el adarvillo de Moya, prologándose hasta la esquina del Rosario en los primeros años de del siglo XVII. Su objetivo no era otro, sino que la concentración de los oficios y tratantes se fijara en una calle para una mejor racionalización y control por parte de la ciudad.

Un movimiento sísmico y la horadación de los cimientos de la Mota provocaron por los años ochenta una destrucción muy significativa de la ciudad fortificada, porque afectó a la muralla del Gabán y su recinto del Cañuto, a la zona de la muralla de la Barbacana, a la Torre del Homenaje y a las calles y viviendas adosadas en su entorno. Y, además. la nueva ciudad del llano necesitaba nuevos servicios más cercanos en todos los campos, especialmente los religiosos.  De ahí el intento de colocar en 1589 una pila bautismal en la iglesia de la Veracruz, que incluso apoyaba el propio corregidor aludiendo que había dos mil vecinos, dos parroquias con dos curas y sus asistentes, el convento franciscano, la Ermita de la Veracruz, sola sin capellanes y un santero, y se multiplicaban los problemas de ruinas en la Mota” la mayor e inexpugnable fuerza que el Rey Nuestro Señor tiene en toda Andalucía e reino de Granada”. De nada sirvió el requerimiento de dos de julio de 1596, por parte de los miembros del cabildo municipal al corregidor para que obligara a cumplir las ordenanzas a todos los oficios, tenderos y comerciantes, y, sobre todo a los 34 oficiales que ya habían abierto sus negocios fuera de la ciudad fortificada y la habían despoblado junto con los barrios periféricos. No obstante, como canto de cisno en 1591 se llevó a cabo un intento de canalización de aguas en la Mota, lo que hubiera favorecido el mantenimiento de la población en los años futuros. Para ello se trajo al maestro mayor de obras de Málaga Juan López Sisto maestro mayor de Málaga, que propuso que hasta las casas de doña Águeda Cano se nivelaría en la calle Real con dos canalizaciones de 42 varas.



[1] GUERRERO LAFUENTE, Mª Dolores Y DE CASTRO MARTÍNEZ, Lorenzo Evolución urbanística de Alcalá la Real en el siglo XVI. Notas para el estudio. Cuadernos del Amar. I. Pág. 93-96. Año 1993.

domingo, 15 de marzo de 2026

CONOCIENDO LA MOTA (xli).Ttras la conquista. cristiana

 

EN LOS PRIMEROS TIEMPOS DE LA CONQUISTA

Tras la toma de la ciudad y la marcha de los moradores musulmanes a la ciudad de Moclín, el rey Alfonso XI distinguió a la ciudad con el apelativo de la Real cambiando su nombre musulmán de Benzayde. Y repobló con castellanos de otros pueblos anteriormente conquistados la ciudad llevando a cabo un repartimiento de tierras, casas, ruedos, y lugares. En 1587, el alcaide Pineda  se refirió a sus primero moradores cristianos :  Cuando Alfonso XI ganó la ciudad,al principio quedaron pocos  caballeros, hijos de algo antecesores de los que agora ay, y algunas otras gentes de entrada, todos hombres de guerra, muy aficionados  a su servicio., muy pocos que no bastarían para defender el cercado , porque era mucho y no había quien viviese en la ciudad por ser grande el peligro en que quedaba ni había aprovechamiento en campo, por ello dieron grandes privilegios y vinieron gentes a poblarla lo cercado, los reyes moros usaban para referir estas fuerza “gente más temida de Andalucía” sino que ninguna vez que entraron los moros a correr en Andalucía que volvieron con su presa e cabalgada de niños  e mujeres e hombres no se las quitasen la gente de Alcalá, (…) les dieron mercedes y estima , durante 150 años  los RRCC y Juana loca, permitió vender en Granada frutos de su cosecha; Carlos I dio merced de 10.000 fanegas montes concejiles y otros montes para roturárselos y enrasarlos a su voluntad y repartírselo entre ellos. Se vinieron muchos vecinos de ellos a esta ciudad a goçar de estas tierras que se daba a nuevos vecinos y estos poblaron fuera de lo cercado mucho más apacible y hubo pleito.



            Hasta el reinado de los Reyes Católicos se mantuvo la ciudad como Puerta de Castilla a Granada junto con la ciudad de Antequera y se protegió a sus moradores concediéndoles una serie de privilegios, mercedes y pagas de alimentos y de dinero para afrontar los peligros que suponía una frontera que se mantuvo cerca de 150 años. La guerra y la paz caracterizaron estos años de fronteras, lo que dio lugar a un amplio desarrrollo de cautividad. El urbanismo de la ciudad reflejaba un trazado sinuoso, y con gran número de impedimentos, por ausencia urbanística de calzada y calles públicas, así como una gran abundancia de obstáculos físicos (peñas, peñascos, barrancales, rugosidad y aspereza del terreno). Se distinguían varios tipos de construcciones: edificios públicos y viviendas particulares, propias y características del hombre de frontera alcalaína. Por un lado, los edificios públicos más importantes se dividían en civiles y religiosos. En cuanto a los primeros, el alcázar  como residencia oficial del alcaide, su palacio privado, las torres, con finalidad defensiva y para dependencias municipales y de la justicia, los alhoríes, la Cárcel, las Carnicerías que ocupaban dos tiendas de la plaza, los hornos, las tiendas, el Corral de Moriana para guarda de ganado, y los aljibes y la alhóndiga situada en el Cañuto. La mezquita aljama se transformó en una iglesia gótico-mudéjar, la mezquita del Arrabal Viejo se convirtió en iglesia de la primera parroquia con el nombre de Santo Domingo de Silos y el morabito de la calle Zubia albergó la residencia y capilla de los trinitarios en torno a la carrera. 


            En la plaza, se constata en un lugar destacado la iglesia abacial que ocupó el lugar de la mezquita aljama; y mirando al sur, el palacio de los alcaides en medio de numerosas viviendas distribuidas en un viario estrecho. La muralla y el adarve enmarcan todo el recinto, donde las torres se reutilizan, poco a poco, con fines organizativos e institucionales:  hay noticias de la torre del Rey con función de sede del cabildo municipal y la torre nueva o de la Cárcel con destino al encarcelamiento de penados. En la primera se mantuvo como estancia del cabildo, mientras se construían las nuevas casas del ayuntamiento hasta finales del siglo XV: E asy llamados e juntos por el dicho llamamiento, e asy estando en la Torre del Rey, do acostumbraban a juntarse e faser concejo” En concreto, su ubicación aparece este documento. “Estando ayuntados cerca de la plaça de esta villa, encima de la torre mocha que es encima del cannuto, e cerca de la pennula que es en la dicha plaça”. La Torre de la Cárcel Real, denominada Torre Nueva, remodelará el espacio colindante y en su interior el arte mudéjar se desarrollará a través de cuatro estancias abovedadas con castillete en la terraza y sus escaleras de gusto gótico mudéjar.  Otras torres sirvieron con sus cámaras de tiendas y aposentos de comerciantes (carnicerías, aceite, queso) con sus puertas abiertas a la plaza. Se han podido documentar tiendas de aceite, de pescado, telas, dentro de este apartado; y podemos constatar la presencia del Cañuto como otro lugar comercial. En el cabildo de 17 de junio de 1492 se dice: Remate del cañuto. Otrosy se remató el cañuto en Juan Rodrigues Portichuelo en dos mil e ciento e treynta maravedís en presemcia de Alonos Ortiz, regidor e veedor.

            En cuanto edificios de carácter público, en la plaza se situaban junto a la iglesia, las posadas, el alhorí y el hospital. Sobre la iglesia de Santa María, hay varias referencias en libros o noticias de la abadía, pero a veces ejercía de lugar de reunión  de concilios abiertos, según se cita en las actas municipales de 25 de febrero de 1492:   En dicho día, en la yglesia de Santa María,se ayuntaron  a cabildo los señores el liçenciado Bartolomé de Santa Crus, corregidor  en la dicha ciudad por el rey e la reyna, nuestros señores, e Ferrnando de Aranda, e Juan  de Aranda, , e Alonso Ortys, e Juan de Escavias, regidores, e Diego de Padilla , jurado. (25.02.1492)  


            En cuanto a las viviendas de particulares se extendían por derredor de la plaza, calles de la medina, y de los arrabales. Y el más importante, por el Arrabal Viejo o de Santo Domingo. Fuera de la fortaleza, se formaron varios arrabales, algunos delimitados por murallas y torres, uno de ellos estaba situado junto a la ermita de san Sebastián se hallaban los mesones y posadas de la ciudad. Muy importante era el Mesón de la Torre, que el príncipe Enrique, hijo de Juan II visitó “estava junto a la Ermita de San Sebastián, a do se aposentase fuera de la ciudad”. Otro, junto a la Peña Hazconada, que luego derivará en Horadada, un tercero junto a san Bartolomé, junto a las eras de los Palacios, y el conocido de santo Domingo. No sólo los mesones y casas servían para pernoctar sino también, los viajeros podían hacerlo en las ermitas como la anterior.

En el ruedo, se encontraban terrenos repartidos para los caballeros, en forma de heredades para sembrar trigo y aranzadas de viñas, la dehesa boyal, y el ejido de la ciudad.

 Algunas alquerías, se encontraban cercanas a las fuentes del derredor- paraje de san Bartolomé, el Cauchil, las Azacayas, Fuente de la Salud, ... y en las zonas rurales que darán lugar a las aldeas de Charilla, Pedriza, Cequia.

CONOCIENDO LA MOTA (XL). LOS ÁRABES EN LA MOTA,.

 

LOS PRIMEROS ÁRABES









            Hasta la conquista árabe, se adolece de las fuentes documentales y, tan sólo, los historiadores se han movido en el mundo de la conjetura aludiendo a una ciudad Romana, que actualmente está completamente desmentida por los recientes descubrimientos, como fue el caso de la presencia de Cesar en Ula (la actual ciudad cordobesa de Montemayor), Ebura Cerealis, Castell, etc. Sin embargo, la presencia árabe en el cerro de la Mota está documentada desde la publicación de la biografía de Ibn Jatib, obra del historiador musulmán del siglo XVII al Maqqari, donde en su introducción de la conquista musulmana del Al-Andalus se recogía con el título de   Mugrib, una vasta compilación realizada en 1115 que finalizó en 1248 por la familia de los Banu Said, afincada en Alcalá y que trataba sobre el periodo anterior de la conquista árabe.

QALAT YASHUB

             En 713, a Qalát de Astalir (qalát, ciudad fortificada, y asTalir, fuente) acudió el grupo de familias yemeníes de Abd allah Yasir, enviado por Muza, tras acompañarlo un año anterior en su entrada a España y asentarse primero en Córdoba con la misión de la recuperación de los territorios invadidos, al mismo tiempo de controlar políticamente esta zona dependiente de la cora de Elvira y arabizar a la población visigoda.   A lo largo del  siglo IX, la fortaleza de Qal Yashub, un segundo nombre recogido de su gobernador,  jugó un papel fundamental en el que los árabes asentados  se fueron aclamando al territorio y afianzaron el su poder  político  sobre los bereberes, muladíes y mozárabes habitantes del mismo , como afirma Pedro Cano Ávila; tan sólo en la última década de este siglo "La familia de Yasir, asentada en Qalat Astalir, debió caer en desgracia en un principio , tras su derrota sufrida  por Abderraman I, a su llegada al al-Ándalus, pero posteriormente, en el reajuste político de la Península , es de suponer que sería sometida al poder omeya cordobés, puesto que, evidentemente , su mayor trascendencia política se alcanzó los siglos posteriores por medio de sus descendientes los Bau Said, que gobernaron dicha fortaleza  alcalaína y tuvieron su época más floreciente del siglo X con el nombre de Qalar Bani Said,el vulgarizado Alcalá de Aben Zayde. Tras el afianzamiento omeya por parte de Abderramán II, el levantamiento de Hafsun y su correligionario Ibn Mastana, la fortaleza de Alcalá se erguía como plaza fuerte que controlaba los castillos, fortificaciones y núcleos relacionados con ella (Charilla, Ribera, Rábita y Cequia entre otros) y poblada por las familias del clan yemení de los Yasub. Por estar en un lugar escarpado y de claras defensa, se relacionaba con la cora de Elbira, a veinte millas de distancia según Ibn Jatib, como una unidad administrativa y fiscal de base agrícola, de la que dependían los otros núcleos de producción ya de pastos o de cultivo.  También ejercía como centro urbano fortificado con jurisdicción propia (aml y hawz) y rector y de carácter militar que tuvo más presencia en los textos históricos, literarios y científicos que en los geográficos. Su estructura defensiva venia marcada por los castillos de Alcaudete y Castillo de Locubín y una red de atalayas distribuidas por todo el distrito y hacia el castillo de Moclín, que era fundamental para las incursiones de entrada a la Vega y Montefrío e Íllora.

            Vivió una historia muy intensa desde la conquista efímera de Alfonso VI en los primeros taifas y su recuperación al reino ziri de Granada por intercambio de Estepa hasta su conquista definitiva por parte del rey Alfonso XI. Por ser su situación fronteriza y defensiva del reino de Granada, su territorio cambia de dueño según la alternancia de las conquistas y conquistadores. En el siglo XI, el propio Alfonso VI logró penetrar por estas sierras con el Cid Campeador en tiempos de los almorávides sin culminar la operación bélica a causa de las desavenencias de los nobles castellanos. El siglo XII supuso el periodo más brillante de la historia musulmana de Alcalá, su población consiguió una independencia con respecto a la época final de los almorávides y antes del dominio almohade, fue su impulsor Abd al -MaliK, antepasado de Abrenzayde, que le dio nombre a la ciudad. de modo que algunos descendientes de este gobernador desempeñaron puestos importantes en la administración de los nuevos conquistadores de Al Andalus. La presencia de Alfonso I de Aragón tuvo lugar en una algarada por la vega granadina ante la debilidad de los almorávides entre 1126 y 1129 sin atacar la fortaleza.

LOS BANU SAID

            El señorío de los Banu Said en tiempos de los segundos reinos de Taifas con los almorávides se debió al apoyo que mantuvieron con Ibn Ganiyam gobernador de Granada, probablemente hasta 1155, en la que los almohades sometieron a esta ciudad. Y de nuevo se sometieron al nuevo gobernador.  En este tiempo, la ciudad fortificada ejerció de presidio de los nobles cautivos de Alfonso VII y plaza de pacto entre las cortes granadina y castellana gracias a las buenas gestiones de Abd. al Malik. En tiempos de Alfonso VIII, este rey logró conquistar la fortaleza alcalaína y su territorio cederlo durante tres años a la Orden Calatrava, tras la batalla de las Navas de Tolosa (613. /1619). Pero volvió a manos musulmanas durante más espacio de tiempo.  salvo varias escaramuzas y la conquista de la fortaleza de la Mota por el rey Fernando III en 1248 y posteriormente su hijo Alfonso X, En tiempos de este último rey la fortaleza alcalaína se convirtió en la fortaleza más avanzada del sector musulmán frente a los castillos de Priego y Alcaudete, desde donde partían las incursiones cristianas, como las del infante Sancho o la de Fernando IV, con recuperación posterior del reino nazarí en 1248. En tiempos de dominación musulmana ascendieron al poder la familia de los Banu Said, asumiendo el poder de la tierra en medio de la decadencia de los almorávides y engrandeciendo la ciudad fortificada hasta el punto que se levantaron varias mezquitas de la que sobresalía la aljama., sus presidios, su palacete señorial, el castillo de Ben Zayde, las casonas de los señores musulmanes, sus presidios y el mercado. No es de extrañar que el poeta al Hiyari le dedicara estos veros " Roca del Al-Andalus se aferra a los broches del cielo para lograr las primicias de la gloria y de la Majestad”.

            En 1265 se firmó un famoso pacto entre el rey Alfonso X y Muhamad I, rey de Granada en el castillo de Abeb Zayde. Pero, en 1280, se rompieron los pactos y cayó Alcalá de Abenzayde de nuevo en manos del infante don Sancho durante 20 años. Muhamad II la recuperó en 1302 y, tras una nueva conquista por Fernando IV, volvió al dominio mazarí.

            Tras las incursiones de los infantes Pedro y Juan a la Vega de Granada y la batalla del Salado, el rey Alfonso XI llevó a cabo la conquista de la poderosa e inexpugnable fortaleza de Qalat Bau Sayd. Primero, en los meses últimos de 1340 llevó a cabo una tala de los campos alcalaínos hasta tal punto que conquistó definitivamente los arrabales Viejos el 20 de diciembre, día de Santo Domingo de Silos.  Tras la estratagema de retirarse y tratar de conquistar Málaga, simulando engañar al rey granadino envió sus tropas a Málaga y dejó al descubierto la fortaleza alcalaína. Pero, el rey castellano desde Baena volvió sus tropas a Alcalá, asedió Locubín para facilitar el aprovisionamiento de sus tropas. y asedió la ciudad fortificada alcalaína con ocho piezas de artillería que atacaron al baluarte de su torre principal, sin resultado positivo, y donde se albergaba un gran aljibe. Llevo a cabo una labor de ingeniería socavándola en sus cimientos; cortaron el camino de contrataque musulmán tomando Íllora, hicieron capitular Locubín y los soldados llegaron a controlar el segundo aljibe ye intensificaron el asedio. Yusuf I se acercó con tropas de refuerzo a Moclín, que fueron sorprendidas por las castellanas al mando del maestre de Calatrava Alfonso Méndez. Al no recibir ayuda los habitantes de la Alcalá de Ben Zayde capitularon y entregaron la en el mes de agosto de 1341 y trasladaron a los vecinos alcalaínos a Moclín sin firmar pacto alguno con Yusuf. 

La ciudad de Alcalá la Real jugó un papel fundamental y estratégico entre el reino de Granada y los reinos de Castilla y León. Como puerto interior, era un punto esencial y obligado para el paso de las tropas, trasiego de mercancías, tránsito de viajeros y refugio de tropas de defensa. Su fortaleza se hallaba en un cruce de caminos que provenían del Valle del Guadalquivir, de las tierras granadinas, de la Mancha y del Levante. Pocas son las noticias acerca del poblamiento en la época musulmana, lo que destaca es su carácter estratégico en el camino entre Granada y el reino de Castilla y León y el ambiente comercial que predominaba dentro de su castillo. No es extraño que tuviera gran importancia política esta fortaleza con respecto a otros hins y calat de su derredor, lo que coincide con el hecho de que en su lugar nacieron y vivieron importantes personajes, y, además, se asentaron algunos literatos significativos del mundo andalusí como Ibn Jatib.  Por lo demás, los terrenos y los futuros arrabales en torno a los caminos se describen como una zona de ruedos, muladares y viñedos que coinciden con fuentes documentales cristianas posteriores. Partiendo del conocido libro Los Miráculos de, Pero Martín, así se describía la Alcalá del siglo XI y XII sin poder determinar los espacios comprendidos entre los arrabales y la ciudad fortificada:

 “En este relato de Pedro Martín hay también varias referencias sobre las tierras de Alcalá. Una Alcalá que pertenecía al reino moro, flanqueada de territorios de la Orden de Calatrava, con unas tierras plagadas de viñedos, habitada en su fortaleza, donde había personas que se ocupaban de abastecerse para librarse de los fríos. Un lugar que era fundamental en la ruta entre el reino de Jaén y Granada, porque pasaba un camino fundamental para las correrías de los reyes granadinos cuando se adentraban en tierras castellanas”. 

 Pronto, la estabilidad política y el crecimiento de su población obligaron a pasar de un castillo defensivo a una extensa fortaleza, compuesta de diversos barrios en torno a sus correspondientes cinturones que se ampliaron gradualmente, a lo largo de los siglos XIV, XV y XVI con la llegada de nuevos vecinos para repoblar esta ciudad.       Agustín Garrido  y Linares en un manuscrito sobre la Historia de Alcalá la  Real , a pesar de su estilo barroco, ilustra del paso de la época musulmana a la  conquista cristiana  y refiere que se convirtió en el principal baluarte cristiano para emprender la conquista definitiva  del reino nazarí de Granada:   continuando esta feliz empresa entre otras consiguió la toma de esta Çiudad el Rei Don Alonso el onceno de este nombre en el día veinte de Diciembre del año de mil tresçientos i quarenta el arraval i la fortaleça de la Mota el día quince de Agosto del año siguiente de quarenta i uno (8), quedando por este medio no sólo venerados con perpetua memoria sino es también con demonstraciones de júvilo(...). Con este motivo a celebrado esta ciudad las festividades de la asumpción de Nuestra Señora con el título de las Mercedes, i la de Señor Santo Domingo de Silos en sus propios días por patronos de     ella, como a el mismo intento benera la Ciudad de Jaén a Santa Catalina Virgen, Úbeda a San Miguel Arcángel, Maartos a Santa Marta i otras a diferentes Santos de que hace mención el Padre Bilches en Los Santuarios del Obispado de Jaén