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viernes, 9 de febrero de 2018

EN ALCALÁ LA REAL. INFORMACIÓN. HOY DE LA CANDELARIA A LOS CARNVALES



 Más que llamarle febrerillo loco debía denominarse febrero festivo. Comienza con la Candelaria y acaba con la fiesta de Andalucía, allá por la efemérides del 28-F. Y en su intermedio mensual, se celebra el día de san Blas, el de los Enamorados y el Miércoles de Ceniza, dejando aparte las fiestas del calendario cristiano.

No le ha venido muy inadecuado  el calificativo de su locura, porque ha irrumpido, en medio de unos imprevistos  calores de invierno, con una nevada de categoría, cubriendo los campos y los tejados de nuestros pueblos, aldeas  y de la ciudad fortificada de la Mota con un manto  blanco, que estaba ansioso de alumbrar  desde el día de la  Candelaria. Curiosamente, por eso del buen contagio ecologista, algunos alcalaínos ya se refieren a este  dos de febrero con  el día de los Palomos. Si se hiciera un sondeo o practicase un globo sonda entre la población alcalaína , las respuestas serían de lo más inaudito. Nadie recuerda que esta fiesta sea una antigua tradición de las festividades de la Virgen María, junto con otras como la Natividad de María,  Anunciación,  la Purificación , la Visita de Santa Isabel o la Asunción.  Por cierto muy celebrada, no sólo  por la cofradía de la Virgen y el Dulce Nombre de Jesús, sino también por otras hermandades e iglesias de Alcalá la Real.
Viene esto a cuento de la tradición de presentar al Niño en el Templo, que se complementaba con la ofrenda de varios presentes, recogidos por los sacerdotes para llevar a cabo la la oblación y sacrifico. No tenía  más trampa que cartón que la típica oblación de un animal mayor,  y , en el caso de las pobres, de dos pichones o tórtolas, para hacer el sacrificio de la purificación de la mujer parturienta, que debía esperar cuarenta días para presentar al Niño en el templo y purificarse de su maternidad. Así de sencillo y simple. Pero, con la distancia  y la indolencia formativa del mundo actual para recabar los fundamentos históricos y bíblicos, no es de extrañar que las candelarias,  que anuncian la fiesta en la Víspera del uno de Febrero, se conviertan en el símbolo de la ruptura y renovación,  porque hay que quemar lo viejo y purificarse con el fuego, y, en consecuencia, destruir el pasado y hacer la revolución; por otra parte, no es de extrañar que los palomos sean los portadores de la  paz, aunque este año para algunos se revistan de la autoridad y del poder  que garantizan el orden público, e , incluso, los más atrevidos informadores del  prolífico periodismo ciudadano los transformen en garantes y  adalides de la unidad patria; y, finalmente, se refiera más a la generosidad que a un elemento del típico convite , con respecto a la presencia de la tarta. Y,  ande usted a saber, sino se  acerca más a la presencia simbólica de la multiplicación de los panes y de los peces por eso de su reparto al final de la ceremonia festiva.
Estas son  algunas de las variadas lecturas, más bien relecturas intencionadas   a la hora de interpretar una simple fiesta. Pues , tan sólo se anunciaba con  las luminarias del día anterior desde el siglo XVI, las lumbrás en las torres de la Mota y las plazuelas del valle. Los palomos responden a ese deseo de hacer representativo el mensaje evangélico, con el auto  o misterio de presentarlo. Y  su vestimenta, por cierto de una invención mucho más reciente, recoge más bien  el gusto, la curiosidad, el acontecimiento o el personaje de  la persona, cofradía o grupo que inspiran a la costurera de turno a lo largo del tiempo. Lo demás es sacar punta al lápiz. Unos se vestirán de nazarenos  por ser de la cofradía de Jesús,  y los de La Virgen, lo hacen  desde reyes hasta obispos, pasando por personajes de dibujos animados, jugadores famosos y hasta toreros. Y no se guiñaba al episcopado ni se hacía una proclama por la monarquía o  quería entrarse en una apología de la fiesta nacional a favor del sacrificio de animales .
Para referirse a estos temas políticos en forma de encomio o de sátira política, unas semanas después ya están preparadas las comparsas y chirigotas carnavalescas. No hay que sacar las cosas de quicio. Y me refiero del gozne del auténtico mensaje, de la Purificación y de la Presentación del Niño, y su correspondiente convite en el que siempre se repartían la  tarta. Y eso que a cualquier persona le encantan valores como la generosidad y el reparto para superar la pobreza, y el anuncio de un liberador, como hacen Simeón y Ana, que ponga fin a  situaciones tensas y traiga la serenidad, o lo que  lo mismo se mantenga el quicio que siempre ha unido a los pueblos y personas.     








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