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domingo, 22 de febrero de 2026

CONOCIENDO LA MOTA (xxi).ILA CIUDAD FORTIFICADA

 

 LA CIUDAD FORTIFICADA

 

 






 

Pronto, alrededor de la fortaleza de origen rural se fue asentando una población civil permanente, lo que supuso la formación de arrabales en forma de varios círculos concéntricos. Con el transcurso del tiempo llegaron a constituir una urbe importante calificada a veces por los cronistas árabes como medinas. Este es  el caso del primer recinto de la fortaleza de la Mota que alcanzó  hasta una línea  escarpada del cerro, hoy no muy bien delimitada, que desde la torre de Zayde continuaba hasta la torre de la Especería, muralla del Trabuquete de la torre de la Cárcel y se continuaba por el Gabán hasta el otro Trabuquete, Castillo y muralla nororiental  Tras la conquista de Alfonso , la población evacuada dio paso a población cristiana que se mantuvo en el lugar hasta generar poblaciones importantes que han llegado hasta nuestros días . Quedan restos de los diversos momentos de la presencia amurallada musulmana. Del periodo comprendido entre el siglo VIII hasta los siglos IX y X se ofrecen un amurallamiento natural por lo escarpado y elevado de la pantalla del cerro, donde se levantaban torres extendidas a modo de refuerzo o contrafuertes de las propias murallas o para cubrir los propios portillos del cerro. Es el caso de la torre de la Especería, todas las de las murallas del Aire, Norte y el amurallamiento comentado del Arrabal Viejo.  Todas ellas son de pequeñas dimensiones. Se caracterizaban por tener exiguas dimensiones y por ser macizas hasta el nivel del adarve, presentándose sus terrazas como mera expansión de aquellas. Es el típico recinto murado de defensa flanqueado por torres y puertas en codo, y apoyado por torres exentas o albarranas que se unían a la muralla mediante una coracha. Claro testimonio reformado y ampliado es la presencia de la barbacana de entrada por el Albaicín, las torres albarranas de la Cárcel, Imagen, Santiago y la propia de la Especería.  Ejemplos de este tipo de torre contrafuerte de pequeñas dimensiones son casi todas las del cinturón tercero de la Muralla del Arrabal Viejo, las orientadas al norte y al oeste salvo algunas de época posterior.  Pero pronto se pasó de torres-contrafuertes a torres-baluarte provistas de habitaciones abovedadas que permitían defender la ciudad y servir, a su vez, de acuartelamiento o almacén de pertrechos militares, ya que en lugar de ser macizas tenían habitaciones en su interior. Este tipo de muros se imponen a partir de la época almohade y se pueden ver en la Torre de la Cárcel, el Gabán, la del Rey, o la de la Imagen.  También por algunos lugares escarpados se utilizó el amurallamiento de tipo cremallera porque dibujan en planta sucesivos ángulos o recodos que sustituyen a las torres. Son murallas almohades que se manifestaba en la coracha de la albarrana, algunos lienzos del Arrabal Viejo y en el Rastro y Puerta Nueva. Se encuentran en el recinto amurallado de la Mota, cerrando al Bahondillo entre la desaparecida muralla de la Especería y la nueva de cierre del Aire, varias torres redondas que ponen de manifiesto un a construcción en tiempos de los primeros momentos de conquista. Todas las torres alcalaínas se encuentran muy restauradas, pero debieron presentar, a la altura del adarve, un parapeto coronado por merlones y, en su cara interior, otro parapeto de muro más bajo a modo de quitamiedos. Entre las torres albarranas como torres exteriores y, destacadas de la muralla y unidas a ellas mediante un pequeño muro puente a forma de pasadizo abovedado, existía la de la Cárcel y su forma se prodigó a partir del siglo XII, lo mismo en las cercas urbanas que en las de castillos o fortalezas rurales, y se ubicaban en los lugares más vulnerables como los ángulos de las cercas, en este caso el sur y en las cercanías de puerta de entrada y la poterna de Santiago. Por eso la crónica del rey Alfonso y los comentarios abundan en describirnos la destrucción de estos dos lugares emblemáticos, porque eran verdaderos baluartes, superiores en tamaño y resistencia a las torres normales de la muralla principal. Desde ellas se podía castigar o rechazar al enemigo, de ahí el afán de éste por derribar los puentes o pasadizos abovedados que las relacionaban con la muralla maestra. Si el muro o espolón que unía la cerca con la torre albarrana era muy pequeño en dimensión y casi inexpugnable por su elevada altura; el de la barbacana del barrio del Albaicín formaba una auténtica “coracha", que se apoyaba en su subsuelo con una galería subterránea que permitía comunicar la fortaleza principal con la torre del pozo del agua de abastecimiento y el circuito o pasadizo subterráneo de salida, lo que aseguró, en caso de asedio, el agua y las comunicaciones a los sitiados.

Desde mediados del siglo XIII hasta finales del XV, la frontera entre Castilla y Granada discurrió por la línea divisoria natural que separa el valle del Guadalquivir de los Sistemas Penibéticos. Se trataba de una larga franja limítrofe de más de seiscientos cincuenta kilómetros de longitud que, como se decía en los tratados de treguas con Granada, iba desde Lorca hasta Tarifa. 

Este espacio, que ponía en contacto a dos mundos, a veces enfrentados, se presentaba como un territorio complejo y peligroso, difícil de defender, salpicado por un sinfín de construcciones fortificadas distribuidas a ambos lados de la frontera, las cuales se podrían clasificar en grandes núcleos urbanizados y fortificados de la tercera línea fronteriza; actuaban como auténticas ciudades-bases en la organización defensiva de las dos líneas restantes y desempeñaban funciones de apoyo logístico y de aprovisionamiento de hombres, víveres y armamento; n fortalezas estratégicas de la segunda línea defensiva; protegían los campos de labor y servían de nexo entre la frontera física y el resto del territorio, apoyando las de la primera línea, fortificaciones avanzadas; generalmente eran pequeños castillos, torres defensivas y atalayas de almenaras, desde las que se observaban los movimientos del enemigo y sus posibles ataques, además de controlar los caminos. 

La antigua ciudad de Alcalá la Real cuenta con un sistema complejo de murallas. Contaba con tres líneas que la rodeaban, partiendo desde la parte alta del cerro, en el entorno de la alcazaba, hasta alcanzar el perímetro del arrabal viejo, en la ladera sureste del cerro. Los diferentes lienzos de muralla se encuentran salpicados de torres, cuadradas y circulares, y puertas que definen su trazado y marcaron el desarrollo urbanístico de la ciudad.

 













MURALLAS

El sistema defensivo de la ciudad de Alcalá se consideraba de los más fuertes y defensivos del reino de Granada y, posteriormente, de los reinos cristianos. por su cercanía con su capital. Los vecinos y los propios reyes procuraron mantenerla bien guardada y fortificada y establecieron fondos para revocar los muros y restablecer los frecuentes portillos  que se produccían a partir de su conquista y para llevar a cabo la reedificación continuada de sus murallas y  torres mediante  la licencia de emplear los propios de la ciudad y las penas de cámara, correspondientes a las condenaciones de los vecinos en los juicios; estos ingresos de prorrogaron a lo largo de los reinados de los Austrias, en  1668, cando se nos presentaba este aspecto desolador: Las murallas y torres de la cerca de ella están amenazando ruina y algunas caídas y, en particular, además de ello, en el lienzo de Muralla desde la Puerta de Martín Ruiz hasta el Rastro han echado y echan muchas cantidades de estiércol y tierra, lo  que ocasiona  más ruina y que el paso de la Carrera y barrio de san Bartolomé y el Matadero lo van cerrando y cegando.

Hasta finales del siglo XVII, se consideraba una auténtico fuerte y un lugar de defensa artillera. Siempre fue una preocupación de la ciudad fortificada el mantenimiento de las murallas. Sírvanos de muestra este acuerdo del cabildo del nueve de diciembre de 1605, cuando trató del arreglo de las torres y murallas, con el fin que se le concediera la parte correspondiente de las penas de Cámara, prorrogadas, en varias ocasiones, por la Corona a finales del siglo XVI y a principios del siglo XVII: “ Esta ciudad, por ser frontera de Costa y Reino de Granada y tan cercana a la Mar y una de las mayores que hay en los reinos y por lo que Sus Majestades y los Señores Reyes, sus antecesores, han tenido  particular cuidado de mandar que las fortalezas, torres y murallas de ella sean reedificadas y se reparen siempre, como conviene, y,  para ello, han hecho merced  a esta ciudad , siempre de las penas que pertenecen a su Real Cámara, mediante la cual  su merced  están las dichas fortalezas y murallas más entendidas y reparadas  que otras de otras ciudades, y ahora por las  muchas aguas y tempestades de los años pasados y por haber faltado el continuo reparo, que se caían  en abajo del Rastro Viejo, y, las que confinan con la puerta Nueva, que también se ha desmantelado, y cada día será mayor la ruina y ni más ni menos las murallas que están desasidas de la puerta de la Plaza. Por todo lo cual se pide a Su Majestad prorrogar la merced de las penas de cámara que se acomete a don Antonio López de Gamboa”.

Dejando aparte el recinto amurallado que constituye el Arrabal Viejo, pueden distinguirse varios recintos amurallados. el de la actual ciudad fortificada con una extensión hacia el Arrabal Viejo, el de la primera ciudad fortificada y el del Castillo. En tiempos de Madoz, se nos describe la antigua ciudad fortificada “con doble círculo de murallas; constituye el primero la fortaleza llamada de la Mota al Oeste, toda de piedra de cantería labrada, sobre el cerro del mismo nombre, escarpado por todas partes, que domina la ciudad y los campos; y el segundo circundaba los arrabales. En la cúspide del cerro hay una explanada de figura oval de 312 varas de longitud y 260 en su mayor latitud, con trece torres, entre ellas el Castillo principal que mira al Norte, con su plaza de armas y otras fortificaciones inferiores, obra del siglo XIV, pues el castillo que existía en el mismo paraje, fue derribado cuando se conquistó la ciudad a los moros, y mandado reedificar por el rey Alfonso XI. De él arranca el lienzo de muralla, formado en parte por la roca cortada, flanqueado de los torreones, uno de los cuales es llamado de la cárcel, porque se asegura tuvo este destino y aún se designa la lóbrega mazamorra subterránea adonde los moros encerraban los cautivos. Volada esta torre por los franceses, en su retirada, todavía se ven en la parte que queda del segundo piso, algunos adornos arabescos. Pero durante la permanencia de aquellos en España añadieron nuevas obras de defensa, y arreglaron el aljibe, todo destrozado en la actualidad, en términos que de las siete puertas que tenía la fortaleza, solo queda abierta una perfectamente defendida por las torres de camino, llamadas de Entrepuertas. Creen algunos que estas obras, por su remota antigüedad, son del tiempo de los romanos, pero es más probable que correspondan a los árabes, porque en algunas coetáneas a lo más antiguo de la fortaleza, que es sin duda la de la parte del Norte y el Este, se ven impostas, arcos apuntados, mezclas y cortes de cerramientos que revelan bien el gusto de los árabes. Otras obras han debido ser posteriores a ellos porque en la clave de los arcos de las dos puertas de los torreones que están a la entrada del fuerte se ve el escudo de la ciudad con la llave, siendo así que no hizo estas armas hasta después de la conquista. De la antigua ciudad que ocupó este recinto no existe más que alguna pared de lo que fue las casas de cabildo…el segundo recinto está también amurallado y flanqueado por torres, de las que se conservan algunas y parte de muralla”.

Como muy bien recoge Juan Eslava Galán este cerro amesetado   y en forma arriñonada albergaba un recinto murado   de la alcazaba delimitando un espacio de tres hectáreas, donde las propias escarpas naturales del cerro, muy visibles por las labores de excavación y de limpieza de viviendas adosadas, permiten ver simplemente en su mayor extensión un simple parapeto alzado sobre la marulla natural y, en los barrancales, la muralla reconstruida. De acuerdo con los planos de Jimena Jurado y el de la época de los franceses el espacio interior se encontraba dividido por un muro interior que discurría de norte a sur, con una quebrada en la parte central, que cortaba el espacio para el castillo y la medina o ciudad noble, espacio que fue reutilizado por los franceses, e incluso colocaron una fosa y una coracha de entrada junto al castillo. Este muro divisorio se amplió en varias ocasiones, la primera en tiempos de la construcción del muro y adarve de la torre de la Especería, y en tiempos de la conquista hasta la Puerta Nueva, discurriendo desde la Puerta del Aire hasta la torre de la cárcel.

El segundo recinto murado estaba adosado al sureste del cerro por la parte de la ladera y protegía el Arrabal Viejo, que algunos consideran la primera ciudad musulmana amparada por la alcazaba, sin embargo, está claro que su subsuelo remonta sus orígenes a tiempos prehistóricos.

            El tercer recinto corresponde al aumento de la población y ensanche urbanístico en tiempos posteriores a la conquista, sobre todo del siglo XV y XVI, prácticamente era una albacara se forman con una cerca de tierra y madera encerrando los barrios de San Sebastián, Peña Horadada y Palacios, Rastro.   

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