LA CIUDAD FORTIFICADA
Pronto,
alrededor de la fortaleza de origen rural se fue asentando una población civil
permanente, lo que supuso la formación de arrabales en forma de varios círculos
concéntricos. Con el transcurso del tiempo llegaron a constituir una urbe
importante calificada a veces por los cronistas árabes como medinas. Este
es el caso del primer recinto de la
fortaleza de la Mota que alcanzó hasta
una línea escarpada del cerro, hoy no
muy bien delimitada, que desde la torre de Zayde continuaba hasta la torre de
la Especería, muralla del Trabuquete de la torre de la Cárcel y se continuaba
por el Gabán hasta el otro Trabuquete, Castillo y muralla nororiental Tras la conquista de Alfonso , la población
evacuada dio paso a población cristiana que se mantuvo en el lugar hasta
generar poblaciones importantes que han llegado hasta nuestros días . Quedan
restos de los diversos momentos de la presencia amurallada musulmana. Del
periodo comprendido entre el siglo VIII hasta los siglos IX y X se ofrecen un amurallamiento
natural por lo escarpado y elevado de la pantalla del cerro, donde se levantaban
torres extendidas a modo de refuerzo o contrafuertes de las propias murallas o
para cubrir los propios portillos del cerro. Es el caso de la torre de la
Especería, todas las de las murallas del Aire, Norte y el amurallamiento
comentado del Arrabal Viejo. Todas ellas
son de pequeñas dimensiones. Se caracterizaban por tener exiguas dimensiones y
por ser macizas hasta el nivel del adarve, presentándose sus terrazas como mera
expansión de aquellas. Es el típico recinto murado de defensa flanqueado por
torres y puertas en codo, y apoyado por torres exentas o albarranas que se
unían a la muralla mediante una coracha. Claro testimonio reformado y ampliado
es la presencia de la barbacana de entrada por el Albaicín, las torres
albarranas de la Cárcel, Imagen, Santiago y la propia de la Especería. Ejemplos de este tipo de torre contrafuerte de
pequeñas dimensiones son casi todas las del cinturón tercero de la Muralla del Arrabal
Viejo, las orientadas al norte y al oeste salvo algunas de época posterior. Pero pronto se pasó de torres-contrafuertes a
torres-baluarte provistas de habitaciones abovedadas que permitían defender la
ciudad y servir, a su vez, de acuartelamiento o almacén de pertrechos
militares, ya que en lugar de ser macizas tenían habitaciones en su interior.
Este tipo de muros se imponen a partir de la época almohade y se pueden ver en
la Torre de la Cárcel, el Gabán, la del Rey, o la de la Imagen. También por algunos lugares escarpados se
utilizó el amurallamiento de tipo cremallera porque dibujan en planta sucesivos
ángulos o recodos que sustituyen a las torres. Son murallas almohades que se
manifestaba en la coracha de la albarrana, algunos lienzos del Arrabal Viejo y
en el Rastro y Puerta Nueva. Se encuentran en el recinto amurallado de la Mota,
cerrando al Bahondillo entre la desaparecida muralla de la Especería y la nueva
de cierre del Aire, varias torres redondas que ponen de manifiesto un a
construcción en tiempos de los primeros momentos de conquista. Todas las torres
alcalaínas se encuentran muy restauradas, pero debieron presentar, a la altura
del adarve, un parapeto coronado por merlones y, en su cara interior, otro
parapeto de muro más bajo a modo de quitamiedos. Entre las torres albarranas como
torres exteriores y, destacadas de la muralla y unidas a ellas mediante un pequeño
muro puente a forma de pasadizo abovedado, existía la de la Cárcel y su forma
se prodigó a partir del siglo XII, lo mismo en las cercas urbanas que en las de
castillos o fortalezas rurales, y se ubicaban en los lugares más vulnerables
como los ángulos de las cercas, en este caso el sur y en las cercanías de
puerta de entrada y la poterna de Santiago. Por eso la crónica del rey Alfonso
y los comentarios abundan en describirnos la destrucción de estos dos lugares
emblemáticos, porque eran verdaderos baluartes, superiores en tamaño y
resistencia a las torres normales de la muralla principal. Desde ellas se podía
castigar o rechazar al enemigo, de ahí el afán de éste por derribar los puentes
o pasadizos abovedados que las relacionaban con la muralla maestra. Si el muro
o espolón que unía la cerca con la torre albarrana era muy pequeño en dimensión
y casi inexpugnable por su elevada altura; el de la barbacana del barrio del
Albaicín formaba una auténtica “coracha", que se apoyaba en su subsuelo
con una galería subterránea que permitía comunicar la fortaleza principal con la
torre del pozo del agua de abastecimiento y el circuito o pasadizo subterráneo
de salida, lo que aseguró, en caso de asedio, el agua y las comunicaciones a
los sitiados.
Desde mediados del siglo XIII hasta
finales del XV, la frontera entre Castilla y Granada discurrió por la línea
divisoria natural que separa el valle del Guadalquivir de los Sistemas Penibéticos.
Se trataba de una larga franja limítrofe de más de seiscientos cincuenta
kilómetros de longitud que, como se decía en los tratados de treguas con
Granada, iba desde Lorca hasta Tarifa.
Este espacio, que ponía en contacto a dos mundos, a veces enfrentados, se
presentaba como un territorio complejo y peligroso, difícil de defender,
salpicado por un sinfín de construcciones fortificadas distribuidas a ambos
lados de la frontera, las cuales se podrían clasificar en grandes núcleos
urbanizados y fortificados de la tercera línea fronteriza; actuaban como
auténticas ciudades-bases en la organización defensiva de las dos líneas
restantes y desempeñaban funciones de apoyo logístico y de aprovisionamiento de
hombres, víveres y armamento; n fortalezas estratégicas de la segunda línea
defensiva; protegían los campos de labor y servían de nexo entre la frontera
física y el resto del territorio, apoyando las de la primera línea,
fortificaciones avanzadas; generalmente eran pequeños castillos, torres
defensivas y atalayas de almenaras, desde las que se observaban los movimientos
del enemigo y sus posibles ataques, además de controlar los caminos.
La antigua ciudad de Alcalá la Real cuenta con un sistema complejo de murallas.
Contaba con tres líneas que la rodeaban, partiendo desde la parte alta del
cerro, en el entorno de la alcazaba, hasta alcanzar el perímetro del arrabal
viejo, en la ladera sureste del cerro. Los diferentes lienzos de muralla se
encuentran salpicados de torres, cuadradas y circulares, y puertas que definen
su trazado y marcaron el desarrollo urbanístico de la ciudad.
MURALLAS
El
sistema defensivo de la ciudad de Alcalá se consideraba de los más fuertes y
defensivos del reino de Granada y, posteriormente, de los reinos cristianos.
por su cercanía con su capital. Los vecinos y los propios reyes procuraron
mantenerla bien guardada y fortificada y establecieron fondos para revocar los
muros y restablecer los frecuentes portillos que se produccían a partir de su conquista y para
llevar a cabo la reedificación continuada de sus murallas y torres mediante la licencia de emplear los propios de la
ciudad y las penas de cámara, correspondientes a las condenaciones de los
vecinos en los juicios; estos ingresos de prorrogaron a lo largo de los
reinados de los Austrias, en 1668, cando
se nos presentaba este aspecto desolador: Las murallas y torres de la cerca de
ella están amenazando ruina y algunas caídas y, en particular, además de ello,
en el lienzo de Muralla desde la Puerta de Martín Ruiz hasta el Rastro han
echado y echan muchas cantidades de estiércol y tierra, lo que ocasiona
más ruina y que el paso de la Carrera y barrio de san Bartolomé y el
Matadero lo van cerrando y cegando.
Hasta
finales del siglo XVII, se consideraba una auténtico fuerte y un lugar de
defensa artillera. Siempre fue una preocupación de la ciudad fortificada el
mantenimiento de las murallas. Sírvanos de muestra este acuerdo del cabildo del
nueve de diciembre de 1605, cuando trató del arreglo de las torres y murallas,
con el fin que se le concediera la parte correspondiente de las penas de
Cámara, prorrogadas, en varias ocasiones, por la Corona a finales del siglo XVI
y a principios del siglo XVII: “ Esta
ciudad, por ser frontera de Costa y Reino de Granada y tan cercana a la Mar y
una de las mayores que hay en los reinos y por lo que Sus Majestades y los
Señores Reyes, sus antecesores, han tenido
particular cuidado de mandar que las fortalezas, torres y murallas de
ella sean reedificadas y se reparen siempre, como conviene, y, para ello, han hecho merced a esta ciudad , siempre de las penas que
pertenecen a su Real Cámara, mediante la cual
su merced están las dichas
fortalezas y murallas más entendidas y reparadas que otras de otras ciudades, y ahora por
las muchas aguas y tempestades de los
años pasados y por haber faltado el continuo reparo, que se caían en abajo del Rastro Viejo, y, las que
confinan con la puerta Nueva, que también se ha desmantelado, y cada día será
mayor la ruina y ni más ni menos las murallas que están desasidas de la puerta
de la Plaza. Por todo lo cual se pide a Su Majestad prorrogar la merced de las
penas de cámara que se acomete a don Antonio López de Gamboa”.
Dejando
aparte el recinto amurallado que constituye el Arrabal Viejo, pueden distinguirse
varios recintos amurallados. el de la actual ciudad fortificada con una extensión
hacia el Arrabal Viejo, el de la primera ciudad fortificada y el del Castillo. En
tiempos de Madoz, se nos describe la antigua ciudad fortificada “con doble círculo de murallas; constituye
el primero la fortaleza llamada de la Mota al Oeste, toda de piedra de cantería
labrada, sobre el cerro del mismo nombre, escarpado por todas partes, que
domina la ciudad y los campos; y el segundo circundaba los arrabales. En la
cúspide del cerro hay una explanada de figura oval de 312 varas de longitud y
260 en su mayor latitud, con trece torres, entre ellas el Castillo principal
que mira al Norte, con su plaza de armas y otras fortificaciones inferiores,
obra del siglo XIV, pues el castillo que existía en el mismo paraje, fue
derribado cuando se conquistó la ciudad a los moros, y mandado reedificar por
el rey Alfonso XI. De él arranca el lienzo de muralla, formado en parte por la
roca cortada, flanqueado de los torreones, uno de los cuales es llamado de la
cárcel, porque se asegura tuvo este destino y aún se designa la lóbrega mazamorra
subterránea adonde los moros encerraban los cautivos. Volada esta torre por los
franceses, en su retirada, todavía se ven en la parte que queda del segundo piso,
algunos adornos arabescos. Pero durante la permanencia de aquellos en España
añadieron nuevas obras de defensa, y arreglaron el aljibe, todo destrozado en
la actualidad, en términos que de las siete puertas que tenía la fortaleza,
solo queda abierta una perfectamente defendida por las torres de camino,
llamadas de Entrepuertas. Creen algunos que estas obras, por su remota
antigüedad, son del tiempo de los romanos, pero es más probable que correspondan
a los árabes, porque en algunas coetáneas a lo más antiguo de la fortaleza, que
es sin duda la de la parte del Norte y el Este, se ven impostas, arcos
apuntados, mezclas y cortes de cerramientos que revelan bien el gusto de los
árabes. Otras obras han debido ser posteriores a ellos porque en la clave de
los arcos de las dos puertas de los torreones que están a la entrada del fuerte
se ve el escudo de la ciudad con la llave, siendo así que no hizo estas armas
hasta después de la conquista. De la antigua ciudad que ocupó este recinto no
existe más que alguna pared de lo que fue las casas de cabildo…el segundo
recinto está también amurallado y flanqueado por torres, de las que se
conservan algunas y parte de muralla”.
Como
muy bien recoge Juan Eslava Galán este cerro amesetado y en forma arriñonada albergaba un recinto
murado de la alcazaba delimitando un
espacio de tres hectáreas, donde las propias escarpas naturales del cerro, muy
visibles por las labores de excavación y de limpieza de viviendas adosadas,
permiten ver simplemente en su mayor extensión un simple parapeto alzado sobre
la marulla natural y, en los barrancales, la muralla reconstruida. De acuerdo
con los planos de Jimena Jurado y el de la época de los franceses el espacio
interior se encontraba dividido por un muro interior que discurría de norte a
sur, con una quebrada en la parte central, que cortaba el espacio para el
castillo y la medina o ciudad noble, espacio que fue reutilizado por los
franceses, e incluso colocaron una fosa y una coracha de entrada junto al
castillo. Este muro divisorio se amplió en varias ocasiones, la primera en
tiempos de la construcción del muro y adarve de la torre de la Especería, y en
tiempos de la conquista hasta la Puerta Nueva, discurriendo desde la Puerta del
Aire hasta la torre de la cárcel.
El
segundo recinto murado estaba adosado al sureste del cerro por la parte de la
ladera y protegía el Arrabal Viejo, que algunos consideran la primera ciudad
musulmana amparada por la alcazaba, sin embargo, está claro que su subsuelo
remonta sus orígenes a tiempos prehistóricos.
El tercer recinto corresponde al
aumento de la población y ensanche urbanístico en tiempos posteriores a la
conquista, sobre todo del siglo XV y XVI, prácticamente era una albacara se forman
con una cerca de tierra y madera encerrando los barrios de San Sebastián, Peña
Horadada y Palacios, Rastro.





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