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martes, 17 de febrero de 2026

CONOCIENDO LAMOTA (xvii) ALJIBES Y CALLES EN TORNO A LA PLAZA BAJA E IGLESIA MAYOR

 

CALLES DESDE LA PLAZA BAJA






A partir y en las cercanías de la plaza baja, se abrían una serie de calles que se adentraban en la medina alrededor de la Iglesia Mayor Abacial.  Al   reclamo de las tiendas de propios y de la iglesia mayor, en sus inmediaciones se abrieron tiendas de pan y aceite, tabernas, un mesón de los Aranda, tiendas de telas y productos de consumos, pescaderías, cererías, barberías y especerías. La Iglesia Mayor abacial dio lugar a varias remodelaciones de su entorno desde la apertura de una calle que circulaba en su entorno con el nombre de Taller en los años ochenta del siglo XVI a una nueva fisonomía tras la finalización de la obra del templo abacial en 1627. Eran casas de familias nobles descendientes de los conquistadores, que arrendaban las tiendas a los nuevos vecinos.  Es difícil trazar un plano de dichas calles, teniendo en cuenta del gran número de remodelaciones urbanas y de no estar excavada la mayor parte de superficie cubierta por el espacio abierto en forma de explanada realizado en los años noventa del siglo pasado y el montículo de lavanda que cubren los restos del antiguo cementerio. Pero, a través de diversos documentos y padrones se distinguen varias calles, que en 1587 ni siquiera recibían el nombre de un conocido vecino. No obstante, nos hemos permitido describirlas destacando un personaje importante de aquel tiempo. Se nombra una calle como real, que coincide con la de Ordóñez e, incluso, parte de la del Taller, porque en dIcha calle fueron vecinos conocidos de la familia Ordóñez, algunos de ellos escribanos del cabildo de la ciudad como Gómez Muñoz; en esta calle destcaban las casas con portada y esquinas de canteríay el resto de mapostería; no faltaron miembros de los Monte, Cabrera, Contreras, Gadea y Rueda, Aranda y advenedizos como el capitán Martín de Arteaga.; debió ser la más cercana a la portada del Perdón de la Iglesia Mayor Abacial, y en ella se encontraban varias mansiones de las familias de los Aranda Cabrera, donde se albergaba dos enormes aljibes, lo que le dio el nombre de la Casa de los Aljibes. Las casas o mansiones de estos señores daban lugar a otras calles y callejones sin salida que futuras excavaciones podrán al descubierto.  

LOS ALJIBES DE LA MOTA Y LAS CALLES DE SU DERREDOR





 Son numerosos los aljibes encontrados en la medina de la ciudad fortificada, generalmente suelen ser rectangulares en su mayor parte, cubiertos con bóvedas de medio cañón de ladrillo. A lo largo del recorrido se puede percibirse muchos de ellos, en los que se observan las paredes sustentantes y el suelo de ladrillo trabado de argamasa, y en el caso de las paredes y las bóvedas revestidas de mezcla de cal, arena, óxido de hierro, arcilla roja y resina de lentisco con el fin de impedir las filtraciones y la descomposición del agua contenida. Se le suele denominar esta operación de albañilería como el revoco.

Pero destacan dos aljibes de mayores dimensiones que están cercanos a la Puerta del Perdón de la Iglesia. Hay historiadores que los han remontado al tiempo de los taifas y otros lo databan en los siglos de la conquista cristiana. No hay duda que este tipo de cubriciones se remonta a la tradición árabe bizantina de estos dos aljibes  de planta rectangular, unos  auténtico cubos  cubiertos por una bóvedas de media naranja  de ladrillo o semiesféricas  sobre  trompas de ladrillo que permiten el paso de dos planos tan distantes del recto al circular  y  se emplear para el almacenamiento del agua, aunque suelen ser utilizadas desde los primeros momentos en sitios más suntuosos como en los palacios y las iglesias bizantinas, de las que proceden.  Incluso la tradición romana nunca debió desaparecer de estos lares.  

Desde los aljibes, existieron varias calles que se plasmaron al darle un contenido vial a aquel espacio anárquico del mundo musulmán y se recogieron en el padrón de 1587. Ya hemos comentado la de los Ordóñez, pero teniendo en cuenta la reiteración de nombre de apellidos a lo largo de los siglos siguientes de la conquista, podemos distinguir otras calles a las que el damos el nombre del personaje más distinguido en el siglo  XVI:
Por el primer vecino, cercana a la anterior  estaba  la calle de Pedro Valenzuela y curiosamente se describe como lindera a otras dos calles. - Pedro de Valenzuela Góngora, que lindaba con dos calles, que de seguro fue la anterior y otra en la que vivían la rama de los Aranda Méndez. En esta calle se distinguieron algunos hidalgos importantes en la vida de la ciudad como Pedro Fernández de Alcaraz o Juan Cabrera Luna, propietario del mesón de los Monteses sin olvidar a los Figueroa, Los Góngora, Valdivia, Cardera y Sotomayor. Junto a las casonas, debieron existir viviendas menos suntuarias de las familias más humildes de arrieros, molineros, jornaleros, labradores y de algún que otro morisco. 

 

LA Calle Real del licenciado Francisco de Bonmar, vicario de la Iglesia Mayor Abacial, solía ser recinto donde se ubicaban casas notables, que se alquilaban a clérigos o autoridades como la del alcalde Mayor Diego López de Aranda, o las habitaban los Aranda, Sotomayor, Escabias; Pineda, Gallego. Eran de menor dimensión que la anterior y un poco más extensa que la calle de Juan de Aranda Méndez, donde residía la familia de los Marañón, Cabrera y se alquilaba a oficios como médicos. La Calle del cura Francisco del Góngora, era cercana al barrio del Bahondillo y lindera con la calle anterior de la casa de Juan de Aranda Méndez. Residieron en ella las familias de los Jamilena, Saravia entroncada con los Herrera, Valenzuela, doña Isabel de Gamboa, los Aranda Pineda, Aranda Villalobos, Hinojosa, Sancho de Aranda y los Frías, Mazuelos y Cabrera. En estas casas se marcaban las huellas de los canteros alcaláinos como Juán Sánchez, Pedro de Fraguagua o Alonso Villanueva. Y, sobre todo, la de Martín de Mazuelos con buenas paredes de cantería obra de Martín Sánchez Izquierdo.  ES CURIOSO QUE A ESTA CALLE LE LLAMANA DE LOS cABALLEROS 

 

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