DE LA PLAZA AL TRABUQUETE
Rabieno se subió ala adarve, para mirar las Casas de Cabildo. Pero mira por donde que quiso acercarse a las primeras. De la Plaza salía una calle en forma de adarve en dirección a la muralla del Trabuquete, colocado encima de un muro que daba a las Carnicerías, Todo este recinto se extendía hasta la torre de la Justicia, junto las caballerizas del corregidor mientras estuvo en esta torre. Existía una calle interior por algunos lugares que daban por una parte a un adarve lindero al muro y, por otra, a los corrales de la mal llamada calle Despeñacaballos, que daba nombre a todo este barrio y a las casas de las familias nobles. Por ella, se asomaban los niños y con su pícara travesura jugaban a la guerra con los tenderos y los transeúntes de las Entrepuertas y el Albaicín haciendo de ballesteros u honderos de piedras, otros la utilizaban para echar las inmundicias a las casas adosadas bajo la muralla. Esto ocasionaba las quejas de estos últimos y el derrumbe de la muralla, que hubo que cerrarla en el 1587 con dos tabiques que iban desde las esquinas de las casas de Ana de Mendoza por un lado y, por otro con las de Gaspar de Aranda. Y no sirvió ni siquiera esta medida, sino que, un año después, se caían peñas enteras, provocadas por las continuas cuevas que horadaban la roca, en los corrales de los vecinos dando lugar al abandono de muchas viviendas, de modo que tuvieron que intervenir los alarifea Juan Díaz y Alonso de Tudela en 1594.

Probablemente, la fortaleza estaba protegida por
este pequeño artefacto bélico que encañonaba la principal entrada de la ciudad
a través de la Cuesta del Cambrón, que era por donde solían acudir en correrías
las huestes moras del Reino de Granada. De ahí le debió venir su nombre. Todas
las edificaciones que cubrían este recinto actualmente sólo se encuentran en
los cimientos y tan sólo se puede percibir parte de las bodegas, algunos
hornos, suelos de casas, aljibes y conducciones de agua hacia la muralla que
acababan en rejas. Tenemos algunos comentarios de los regidores del siglo XVI,
que describían casas adosadas dentro de la muralla del Trabuquete. Como la de
Hurtado de Mendoza, eran un peligro para la ciudad, pues sobresalían por encima
del adarve de la muralla, colocando un mirador, que amenazaban las casas de
abajo, las que hubo que sostener con pilastras y columnas en su interior y con
el picado de la roca para evitar peligros de desprendimiento. Estas casas, en
su planta baja se componían de un portal, un cuarto, una bodeguilla y una
cueva.
Hoy día, el trabuquete,
que describen como una pequeña torre, se ha simulado con una saetera, desde
donde puede contemplar nuestra ciudad moderna, e imaginar miles de algaradas
entre los vecinos de Alcalá y las razias granadinas. La torrecilla pertenecía a los propios de la ciudad y solía ser alquilada, Se puede contemplar desde aquí, cómo serían
avisados por las torres vigías los inquietos caballeros alcalaínos.
Era un lugar proclive al
desprendimiento de rocas y amenazaba a las Carnicerías, al Albaicín y parte baja
del castillo de Aben Zayde. Las reformas más importantes tuvieron lugar en
1598, con la intervención de Ginés Martínez de Aranda. Pues en las
Entrepuertas, existían unas casas debajo de esta muralla del Trabuquete y
los vecinos hicieron por la parte baja
que daba al Albaicín cuevas en los cimientos de la roca y provocaron la ruptura
de las peñas y resintieron la muralla, de manera que se tuvo que realizar una
obra de emergencia cerrando las cuevas y macizándolas y colocando pilastrones
de apoyo. Por la parte alta, se cerró el mirador de la casa de Hurtado de
Mendoza que estaba cercana al Trabuquete y se limpió de piedra y tierra todo el
adarve, levantándolo de nuevo y con un empedrado que impidiera el recalar la
roca y la filtración de aguas.
En
los años ochenta del siglo XX se llevaron a cabo obras en este adarve con el
encintado de su camino y pequeño parapeto de protección, que se amplió a una
baranda de protección interior para esta muralla de cremallera adaptada al
terreno.
LA
TORRE DEL REY
Junto a la actual entrada de la ciudad fortificada
existió la muralla del Postigo, donde destacaba la TORRE DEL REY o del POSTIGO.
Esta debió conformar la torre del Pendón. En ella, celebraban los cabildos del
ayuntamiento alcalaíno hasta el siglo XV. Por los documentos existentes, se
encontraba según recoge Carmen Juan Lovera, en el documento 64 sobre lo morisco,
cerca de la plaza de la villa, encima de
la torre Mocha que, a su vez, es encima del cañuto, e cerca de una peña que
estaba colocada en la dicha plaza, su terminación como vivienda tuvo lugar a
finales del siglo XIV, siendo regidor encargado Juan de Aranda, alcaide de
Montilla y regidor de Alcalá en 1387. Debió constar de una
simple habitación superior, a la que se accedía por unos poyos y una puerta. El
recinto estaba amueblado por tres bancos, donde el central era ocupado por el
corregidor, alcaide y regidor más antiguo, y el resto, por los otros regidores,
jurados y oficiales. En una parte, la mesa del escribano. Tras la conquista de
la ciudad de Alcalá la Real, según el testimonio del alcaide Antonio de Gamboa
en 1624, el rey Alfonso XI mandó librar un
privilegio rodado” que hoy tiene
de franqueza y libertad y exención, el más amplio que hay en toda Andalucía,
como luego se pondrá, y dejóle pendón y sello y nombró ocho regidores y un
escribano de Cabildo y un Alcaide del que hiciese oficio de alcaide y alcaide
mayor y capitán de esta fuerza, dejó ochenta plazas de a caballo y quinientos
infantes, y en el Castillo de Locubín
veinte caballos y cien infantes; después de esto, para más engrandecer esta ciudad, le hizo merced de la villa del
Castillo, para que fuera Señora de ella y proveyese la alcaldía y alcaidías y
todos los demás oficios, como consta del Real Privilegio que tiene, y otras
muchas prerrogativas y privilegio particular, para que no pagase alcabalas, el
qual confirmó el rey don Pedro y los Reyes sucesores hasta el rey don Felipe
III, nuestro Señor, el cual amplió el privilegio dándole y confirmándole con
mayores firmezas habiéndole servido esta ciudad con setenta mil ducados, que
hoy tiene pagados en tres años, y nueva merced para desempeño de sus propios de
lo que sobrare en diez años de lo que dio por arbitrar y sacar estos setenta
mil ducados que fueron anticipados en
tres pagas y en diez la merced para pagarlos y echar arbitrios”. Y, en
notas complementarias, señalaba que los regidores y escribanos eran nombrados
por el Rey; las milicias a pie de esta ciudad las pagaba a través de la tercias
y rentas reales de os obispados de Córdoba y Jaén. En 1382 se le concedió el
privilegio de hierbas comunales para ganados y beneficios para el concejo y
alcalde.

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