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jueves, 12 de febrero de 2026

CONOCIENDO LA MOTA (XII). Las casas nobles del entorno de la Iglesias y plazas de la Mota.

 

 

 

 

 

LAS CASAS DEL ENTORNO DE LA MOTA PARA LA ABADÍA

                                                                                      
















   
En esta plaza, desde por la mañana, ya al amanecer se palpitaba el pulso de la ciudad.  La plaza, al principio, no era  muy grande,  ni llana,  pues en 1599 se compraron y se derribaron las casas del licenciado Gamboa, miembro del Consejo de Felipe II, compradas a Hernando de Padilla, dos pares de tiendas s y la casa de María del Monte Isla, así como varias   peñas  que impedían la entrada al cabildo y a  la Iglesia Mayor .Hubo que quitar en 1587, también , algunas casas que hacían rinconeras y no le daban una forma equilibrada por sus líneas rectas de los lados, de ahí que hubo que derrumbar las casas adosadas a la Iglesia Mayor para hacer línea con su fachada. Es muy  acertada  esta  descripción del cabildo del de febrero de 1592  “no hay más de una plaza, la qual de más de ser pequeña, la hazen muy desordenada los dos peçones y rincones de casas  que están salidos de ella, linde con casa de don Gonzalo de Valenzuela, y tienda de don  Francisco Fernández, de manera que no puede haber ni carrera ni fiesta de caballos, lo que causa no poderse ejercitar el dicho ejercicio de ordinario, como se haría quitando las dichas esquinas en largo hasta las casas de la Justicia , y por ancho en línea derecha de la pared de la Iglesia Mayor , entonces abría plaça que bastaría para fiesta y carrera y estaría con traça y adorno y daría mucha autoridad para la Iglesia Mayor, porque se descubriría la puerta principal, que sale a la dicha plaza , por lo tanto se acuerda que se compren el sitio y edificio de estos dichos dos rincones y se derrumbe por el dicho efecto y se labren y tiendas que salgan a la plaça en el dicho puesto y con ellas pueda aver las que son necesarias para la conservación de esta Mota. Pero cuando, veinte años más tarde, a principios del siglo XVII, se terminaron los corredores era el orgullo de la ciudad, que, por su estilo recoleto, rodeado de edificios tan importantes de fachada de cantería, se consideraba por muchos viajeros como una de las más bellas de Andalucía, hasta tal punto que siempre cuidaban por su ornato, limpiándola, allanándola y reconstruyendo las continuas ruinas que se provocaban en sus edificios.  Se vendían las hortalizas, frutas y hasta cereales, aceite de los hortelanos y jornaleros. También objetos de alfarería y vidriado de otros pueblos como Jaén Granada y Úbeda y Bailén, o trigo la casa de Francisco Romero, tundidor. Otras casas eran las de Pedro Sánchez de Arroyo, don Gonzalo de Gamboa, la de doña Leonor Méndez de Aranda, que hacía esquina con la Cárcel Real y se convirtió Casa de la Justicia, arrimada a la Plaza, que eran de Pedro Fernández de Alcaraz y Felipe de Valdivia.
linderas con capellanía de Pedro de Aranda y Gonzalo de Gamboa. En el entorno de la plaza, las casas del bachiller Martín Alonso, clérigo, que lindaban con las de la Encarnación, Pedro de Pineda y monasterio de la Encarnación, la de Juan de Narváez de Padilla, regidor, lindera con Pedro de Aranda y Miguel de Molina y la de Francisco de Leiva Aranda. Aquí se abrió una calle Nueva, donde antes vivía Francisco de Gamboa, Juan de Padilla. (1571)

 Como manifiesta el profesor Rodríguez Molina al referirse a la fisonomía ciudadana este es el paisaje urbano de toda la fortaleza, y, por ende, del Arrabal Viejo:

Estructurada la Mota como una fuerte ciudad, quedaba defendida por grandes muros y torreones, al abrigo de los cuales se apiñaba, en reducidas dimensiones y estrechos espacios, una nutrida población de gobernantes, clérigos y guerreros. Su fama de bastión inexpugnable es recogida por A. de Palencia en estas breves definiciones de la villa: ‘Alcalá la Real, fortísima por naturaleza, pero más respetable por su proximidad a Granada` Las necesidades de protección y defensa la convertían en un baluarte inexpugnable con un espacio estrecho y sobreocupado”.

Pero, por una  memoria de la capellanía de la parroquia de Santa María la Mayor, podemos  hacernos una idea del aspecto urbanístico que ofrecía este barrio: la vivienda se unía con la tienda, y, esta, a su vez, con  otras viviendas a través de los miradores de sus alturas, aspecto  muy similar que deberían ofrecer las partes altas del barrio de Santo Domingo, como la calle del Postigo cercano a la Puerta de la Imagen, las calles linderas con el Gabán por la parte baja,  y las viviendas de la Puerta Zayde. En su interior, las ordenanzas nos recogen varias normas para mantener el orden, la urbanidad y la disciplina urbanística, que nos ilustran de su tipología de vivienda y diseño urbano. En primer lugar, se daba una primordial importancia a los edificios públicos (en este caso la iglesia de Santo Domingo, horno, Casa de Mancebía, Alhóndiga., Pósito.) y se obligaba a mantenerlos reparados juntamente con otros elementos de uso público como puertas de acceso, calles, o medianerías. En segundo lugar, este espacio urbano se nos presentaba como una importante unidad de concentración urbana dentro del recinto amurallado, en donde no se permitía, antes de la conquista, ninguna construcción de viviendas fuera de su reinito amurallado, tal como se manifiesta muy explícitamente en esta ordenanza:“los hombres del pueblo que quieren hazer casas o fraguar algunas labores deben fazer  que sean todas dentro  de la zerca de los muros e, fuera de los muros, que sea  merced del Rey e a su mandamiento”.  

En tercer lugar, su trama urbana se nos ofrece “encorsetada y reducida”, en la que la higiene y seguridad física de las viviendas se vigilaba en los papeles, pero, a la hora de la verdad, en muchos espacios no cabía sino un puzle de viviendas en donde estas se entrecruzan, estorban o se apoyan unas sobre otras. La estrechez de sus calles obligaba a las autoridades municipales a establecer un amplio espectro de normas urbanísticas con el fin de favorecer el tránsito de los vecinos, animales y mercancías. Su anchura se establecía desde la perspectiva aérea de la parte superior de la casa, marcando dos tercios para cada una de las viviendas, que conformaban las aceras, dejando el tercio restante para la entrada de la luz y el aire de la calle. Así de claro y contundente es la norma: Otrosí no debe ningún hombre sacar el ala de su texado más de cuanto comprendiere  el ala de su texado el tercio de ella, e que finque el otro tercio para el ala del otro texado, que es de otra parte, e que finque el otro tercio en medio, para aire e por do entre la lumbre e por do caigan las aguas, y el que aquesto pasare y más tomare para el ala del texado, sino mándelo el alarife dicho fazer por mandado del alcalde”    

           

También era frecuente que se impidiera colocar cualquier tipo de obstáculo físico para el tránsito de la calle. Entre estos, el colocar los cobertizos y sarmenteras, lo que impedía el paso, porque probablemente no sería extraño que se colocaran en épocas anteriores a 1496, sobre todo en el Arrabal Viejo, donde predominaba la vivienda rural frente a la urbana. En algunas de las calles públicas e principales de esa dicha ciudad, algunas personas tienen fechas en las delanteras de sus casas muchos cobertizos e sarmenteras.  Como tampoco, al principio se permitían poyos adosados a las paredes de las casas junto a las puertas, y, luego, se regularán: Otrosí, ningún hombre no debe de hazer poyo orilla de la pared y esto porque las callejas no se angosten e que pasen los hombres en anchura, e si alguno esto hiciere mándelo el alarife desfazer por mandado del alcalde.

            En esta misma línea de defensa del viandante, se señala la prohibición de elevar pasadizos de una casa a otra por encima de la calle, a no ser que establezcan una altura por  la que pueda pasar un hombre montado a caballo: Todo hombre que haze sombreado e atraviesa  la calle e haze encubierta, débela hazer tan alta que pueda pasar por ella el caballero con sus armas e que no le embarguen, e si más baxa la hiciere de guisa que embargue el caballero con sus armas, debe el alarife mandillo deshacer por mandado del alcalde”.

            Su aspecto residencial, entre el siglo XIV y principios del siglo XVI, se manifiesta claramente en estas dos referencias, que corresponde a un momento en el que se intenta evadir la norma de  la ubicación de las  tiendas en la fortaleza de la Mota :“…proveyó una petición  de miguel Sánchez Vasco sobre la tienda de Santo Domingo que pedía licencia para vender, proveyó que se guarden las ordenanzas(…) se acordó que cualquier fruto y pescados que viene se pese en el Peso de la Harina e no en otra parte se peses sopena de seiscientos maravedíes repartidos en tres partes...”

Por último, como señala el profesor Rodríguez Molina, se establece como norma fundamental el parámetro de la intimidad que rige para la buena convivencia entre las familias y viviendas, impidiendo las puertas enfrentadas entre  las casas de vecinos y presentando una asimetría viaria: “No debe ninguno hazer puerta de su casa delante de la puerta de su vezino , si no fuera  a su grado de su vezino, ni a otro en las tiendas, en las alhóndigas, ni en los baños no se deben hazer puertas fronteras , ca es grande descubriçión, si no fuere a grado de dueños”.

Las viviendas se reformaron en su mayor parte a lo largo del siglo XVI. Se distinguen como casas en las que la mampostería ocupaba la mayor parte de sus fachadas salvo las escquinas y la portada que eran de piedra y bien gastada. La casa de jerónimo Ribero fue contratada por Pedro Fraguagua para construirla y es un modelo especial en el laevantamiemnto del paramento mural a medio camino entre el aparejo toledao de clara scendencia mudelkar y el muro de tapial. En 1597, se comprometían ambos a edificar una casas, que tendría una 100 tapias y la siguiente disposición: los cimientos con  un grososr de ¾ de vara y con sus perpiaños partir del roquedo; hasta el primer piso , de mapostería salvo la portada y las esquinas de cantería costeadas; a partir de este piso y hasta el arraque de los tejados, se echaba hiladas de antería y entre hiladas de 3.80 un muro de tapial, cogido por dentellones a las hiladas.Por último, las caas de muro de tapial solían ser de las familias más desfavorecidas,


DESDE LA PLAZA HASTA LA PUERTA NUEVA

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            A finales del siglo XVI, salía de la Plaza Alta de la Mota e n dirección hacia la Puerta Nueva, se abría esta calle que dejaba a un lado el horno de la plaza la casa de la Justicia y la de los Leyva una calle que se denominaba del Preceptor de Gramática, porque unas de las viviendas se alquilaban al Preceptor de Gramática de la Ciudad, un el rector o maestro de retórica que iniciaba a los niños de las clases privilegiadas en los estudios de la Gramática, la Filosofía y las Matemáticas. Era una casa que no ofrecía muchas comodidades a los estudiantes por ser muy estrecha, fría y húmeda y los alumnos se veían sometidos a la propagación de enfermedades contagiosas.  Servía de vivienda del preceptor, pero pronto la abandonó por sus incomodidades. O se le buscaba otra en el entorno del Trabuquete, junto a la Casa de Hurtado de Aranda Se sabe que finales de XVI, ejercía la docencia en la casa el cura licenciado Monte, una casa con muy poco espacio para acoger a los niños en las dependencias y en el recreo, además de verse afectada por las humedades

 

También se denominó esta calle con el nombre de la Encarnación, porque desde 1988 se fundó en la casa de Leonor Méndez de Sotomayor el monasterio dominico de Nuestra Señora de la Encarnación, una casa que lindaba con la de los Leyva, a los que compraron parte de su vivienda para ampliación del convento. En el mismo aóño, ya Juan Hernández y Miguel de Bolívar llevaban a cabo el claustrio del convento. No es extraño que se ubicaran dentro de este recinto, pues la iniciativa partió de importantes caballeros de la ciudad, alguno como Juan de Aranda llegó a donar seis mil ducados para su fundación. Junto a unas peñas, una calle se abría cerca de la casa de Sancho de Aranda, toda ella con fachada de piedra junto a ella, la casa de Isabel de Leiva, que sirvió de convento de las monjas dominicas desde el año 1588 hasta el año 1601, precisamente el año cuando se bajaron al hospital de la Veracruz.

 Una casa que se recoge dentro del mundo mistérico, porque fue abandonada por familia propietaria y se donó como convento sin mucho éxito. Se recoge cierta leyenda de que las monjas, hijas de muchos hidalgos, acrecentaron su presencia en esta casa. Pero pronto se vieron inmersas en un ambiente de enfermedades que achacaban a las aguas rojizas de sus aljibes y a la visita de un duende. Aunque los cabildos eclesiástico y civil no les permitieron trasladares a un recinto más sano y menos estrecho. Al final, en 1602, llegaron a un acuerdo de transacción con el Hospital del Dulce Nombre de Jesús, que se encontraba en el Llanillo, que le cedió su edificio y lo permutaron por otros de la actual calle Caridad. Es curioso que las viviendas de esta calle están habitadas por hidalgos descendientes de los primeros conquistadores  de las familias de los Cabrera , Cardera, Mazuelos, Góngora y Aranda, y por los nuevos advenedizos como acontecía con el alcaide Antonio López de Gamboa, hombre culto que escribió sobre las Antigüedades de la ciudad de Alcalá la Real y ejerció una gran influencia en la vida social y política desde finales del siglo XVI, heredando la alcaldía de sus padre, hasta mediados del siglo XVI como regidor perpetuo.  Tampoco no faltaban los obres de oficios como los escribanos. Cerca de los Cabrera vivía Bartolomé López Montijano, casado con Francisca del Castillo.

La Casa de los Cabrera se encontraba arrimada a la muralla. Y en ella se abrió una calle. En el siglo XVI esta calle se dirigía hacia extramuros de la ciudad por la Puerta Nueva y desde esta hasta San Bartolomé, solía tener bastantes hundideros, y era continuamente arreglada para la procesión del Corpus ( 4.12. 1612) Para hacer la ampliación de la Puerta hubo que comprar varias casas por los años treinta del siglo XVI. En esta fecha estaba hundida y muchos solares ya abandonados y las viviendas vacías, se reedificó por el cantero portugués colocando vara y media de pretil, que se conserva y con piedras hiladas con seis entibos. Se dividía en tramos, uno calle Baja de Puerta Nueva. En 1611, la situación de este entrono es prácticamente derrumbado de modo que acudieron los dos miembros de la comisión de obras, Pedro de Cabrera y Ruiz Díaz y vieron la calle que se dirigía a la Puerta Nueva. Y de acuerdo con los maestros y alarifes de la ciudad, se debían entibar, macizar y terraplenar todos aquellos solares a consecuencia de que el paso estaba impedido con la caída de varias casas y era de uso púbico, porque la calle se sustentaba sobre ellas y se necesitaban para el tránsito de las personas.  

 

CALLE DE DELANTE DE LA DEL PRECEPTOR O DE LA ANTIGUA MURALLA DE LA ESPECERÍA

            Se encontraban las viviendas de las familias de los Frías, Valenzuela, Trasierra, Escobar y Jamilena entre otros. Lindaba con el palacio abacial y otras calles, entre ellas la Calancha. Podría enmarcarse entre calle antigua del muro de la Especiería y Despeñacaballos.


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