DESDE LA PLAZA HASTA LA PUERTA NUEVA
,
Rabieo salío de la iglesia, pasó por los servicios y , tras dejar, el antiguo
palacio del alcaide, se adentró en una calle entre la casa del corregidor y la familia
Gamboa ( ahora con una muestra de su bodega y sus tinajas de torrontés. A
finales del siglo XVI, salía de la Plaza Alta de la Mota e n dirección hacia la
Puerta Nueva, y se abría esta calle que dejaba a un lado el horno de la plaza
la casa de la Justicia y la de los Leyva una calle que se denominaba del
Preceptor de Gramática, porque una de las viviendas se alquilaban al Preceptor
de Gramática de la Ciudad, un rector o maestro de retórica que iniciaba a los
niños de las clases privilegiadas en los estudios de la Gramática, la Filosofía
y las Matemáticas. Era una casa que no ofrecía muchas comodidades a los
estudiantes por ser muy estrecha, fría y húmeda y los alumnos se veían
sometidos a la propagación de enfermedades contagiosas. Servía de vivienda del preceptor, pero pronto
la abandonó por sus incomodidades. See buscó otra en el entorno del Trabuquete,
junto a la Casa de Hurtado de Aranda Se sabe qu,a finales de XVI, ejercía la docencia en dicha
casa el cura licenciado Monte, una casa con muy poco espacio para acoger a los
niños en las dependencias y en el recreo, además de verse afectada por las
humedades.
También
se denominó esta calle con el nombre de la Encarnación, porque desde 1988 se
fundó en la casa de Leonor Méndez de Sotomayor el monasterio dominico de
Nuestra Señora de la Encarnación, una casa que lindaba con la de los Leyva, a
los que compraron parte de su vivienda para ampliación del convento. En el
mismo aóño, ya Juan Hernández y Miguel de Bolívar llevaron a cabo el claustrio
del convento. No es extraño que se ubicaran dentro de este recinto, pues la
iniciativa partió de importantes caballeros de la ciudad, alguno como Juan de
Aranda que llegó a donar seis mil ducados para su fundación. Junto a unas
peñas, otra calle se abría cerca de la casa de Sancho de Aranda, toda ella con
fachada de piedra junto a ella, la casa de Isabel de Leiva, que sirvió de
convento de las monjas dominicas desde el año 1588 hasta el año 1601,
precisamente el año cuando se bajaron al hospital de la Veracruz.
Esta casa se encuadra
dentro del mundo mistérico, porque fue abandonada por familia propietaria y se
donó como convento sin mucho éxito. Se recoge cierta leyenda de que las monjas,
hijas de muchos hidalgos, acrecentaron su presencia en esta casa. Pero pronto
se vieron inmersas en un ambiente de enfermedades que achacaban a las aguas
rojizas de sus aljibes y a la visita de un duende. Aunque los cabildos eclesiástico
y civil no les permitieron trasladares a un recinto más sano y menos estrecho.
Al final, en 1602, llegaron a un acuerdo de transacción con el Hospital del
Dulce Nombre de Jesús, que se encontraba en el Llanillo, que le cedió su
edificio y lo permutaron por otros de la actual calle Caridad. Es curioso que las
viviendas de esta calle esuvieron habitadas por hidalgos descendientes de los
primeros conquistadores de las familias
de los Cabrera , Cardera, Mazuelos, Góngora y Aranda, y por los nuevos advenedizos
como acontecía con el alcaide Antonio López de Gamboa, hombre culto que
escribió sobre las Antigüedades de la ciudad de Alcalá la Real y ejerció una
gran influencia en la vida social y política desde finales del siglo XVI,
heredando la alcaldía de sus padre, hasta mediados del siglo XVI como regidor
perpetuo. Tampoco no faltaban los obres
de oficios como los escribanos. Cerca de los Cabrera vivía Bartolomé López
Montijano, casado con Francisca del Castillo.
La Casa de los Cabrera se
encontraba arrimada a la muralla. Y en ella se abrió una calle. En el siglo XVI
esta calle se dirigía hacia extramuros de la ciudad por la Puerta Nueva y desde
esta hasta San Bartolomé, solía tener bastantes hundideros, y era continuamente
arreglada para la procesión del Corpus ( 4.12. 1612) Para hacer la ampliación
de la Puerta hubo que comprar varias casas por los años treinta del siglo XVI. En
esta fecha estaba hundida y muchos solares ya abandonados y las viviendas
vacías, se reedificó por el cantero portugués colocando vara y media de pretil,
que se conserva y con piedras hiladas con seis entibos. Se dividía en tramos,
uno calle Baja de Puerta Nueva. En 1611, la situación de este entrono es
prácticamente derrumbado de modo que acudieron los dos miembros de la comisión
de obras, Pedro de Cabrera y Ruiz Díaz y vieron la calle que se dirigía a la
Puerta Nueva. Y de acuerdo con los maestros y alarifes de la ciudad, se debían
entibar, macizar y terraplenar todos aquellos solares a consecuencia de que el
paso estaba impedido con la caída de varias casas y era de uso púbico, porque
la calle se sustentaba sobre ellas y se necesitaban para el tránsito de las personas.
CALLE DE DELANTE DE LA DEL PRECEPTOR
O DE LA ANTIGUA MURALLA DE LA ESPECERÍA
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