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sábado, 2 de mayo de 2015

LEYENDA El CORREGIDOR FRANCÉS ENTERRADO EN LA IGLESIA DE SAN JUAN
















            Por si no lo sabéis soy Jean Sebastiani. He leído  la nota de Internet sobre mi  antepasado y familiar el general de mi mismo apellido y jefe del Cuarto Cuerpo del Ejército Imperial. Me siento avergonzado. No sé si será verdad, pero ahora comprendo cómo la historia se escribe  con renglones torcidos. No podía interiorizar aquel comentario que me hicieron en la reciente visita a su  iglesia abacial, el guía decía que había destruido aquella joya.  No me resistía a  consentirlo.
Mi amor propio en defensa de mi lejano pariente general Sebastiani me puso manos a la obra. Fui al  Archivo Histórico Municipal de Alcalá la Real. Encontré varios legajos del Hospital del Dulce Nombre de Jesús. Tomo unas notas:
 -El Notario apostólico de la abadía y secretario contador de la Real Casa de Misericordia y Hospital del Dulce Nombre de Jesús y Santa Ana, don  José Marcelino Cabrera  se vio acusado de un pequeño desfalco de trigo en el año 1812..
-El diez de enero de 1810 entraron las tropas imperiales de Francia
- El día trece,  se alojaron más soldados con animo de hacer más destrozos
-: En el paso y tránsito de las tropas imperiales realizaron muchos desmanes por la gran cantidad de soldados  alojados en  la Casa de la Misericordia. En ella se  contenían los graneros,  con los que pudieron  comer  durante tres  días.-
-Rotas y abiertas las puertas, faltaban en el granero alto 11 fanegas y tres celemines de trigo el 12.marzo 1811.
-Fueron alojados una multitud de soldados los cuales después de tenerles mal tratamiento a los encargados de la casa los  echaron a la calle, quedando los franceses dentro de la casa, que  substrajeron  200 fanegas en 1812”..
Noticias vagas, de un documento que no refleja toda la actuación francesa en esta ciudad. Ya conozco el día de la entrada de los franceses a Alcalá. Su repercusión en la vida de la ciudad. Su asentamiento de las  tropas en el Hospital o convento del Rosario.. Quiero profundizar algo más.
Pregunto a los bibliotecarios y tan sólo me dan noticias de un  libro de notas para elaborar una historia, obra del cronista Antonio Guardia Castellano.  Tomo estos apuntes esquemáticos:

“...don Fernando de Tapia en la sesión de del quince de Diciembre decía: Que si es efecto de la disposición de hombre, nosotros debemos prestar al Supremo Gobierno de don Fernando VII todos los auxilios de brazos y dinero de que somos capaces; que hasta ahora no sabe por qué no se han puesto en ejecución las ofertas que hizo esta Muy Noble y Leal Ciudad a Su Majestad,  los cabildos del 16 y 18 de enero de 1809 ( en esta sesiones fue en las que se hizo oferta a la Junta Suprema de Granada, después a la de  Sevilla. De armar un batallón a costa y recluta de la Ciudad), ni porqué ha dejado de ir el comisionado nombrado por el Ayuntamiento a representar a Su Majestad lo conveniente a favor de su  real servicio y bien de esta misma ciudad  y sus vecinos    
Alcalá dio su sangre y su hacienda en defensa de la Patria mandando a sus hijos a servir a los ejércitos nacionales, ya luchando en las calles de la población con los franceses y afrancesados o ya levantando y mantenido partidas de hombres armados que asaltaban en los caminos los correos y pequeños destacamentos de soldados imperiales. Y cuando las tropas victoriosas de Napoleón avanzaban triunfantes en su segunda incursión de las Andalucías, sometiendo ciudades y villas; cuando poblaciones como Córdoba y Jaén, y más tarde Granada y Sevilla les franqueaban sus puertas por donde entraban tranquilas sin disparar un fusil, Alcalá defendió, como después diremos; y i las tropas del General Sebastiani hallaron su recinto, no fue sin que los caballos de sus dragones tuvieran que pasar por cima de los cadáveres de los hijos de Alcalá..- 

El invierno de 1809 a 1810 fue aciago para la causa nacional. Ciento Cincuenta mil hombres atravesaron los Pirineos para venir a reforzar las tropas de ocupación en la Península, sometiendo en su  avance cuantas villas y ciudades encontrara al paso, y hasta entonces libres de la tiranía extranjera....
.......en los últimos meses del año 1809 fueron un continuo ejercicio de prácticas devotas, y mientras tres cuerpos de ejército fuertes ochenta mil hombres al mando de los más prestigiosos mariscales del Imperio amenazaban invadir las provincias andaluza, el Ayuntamiento y la Junta de Gobierno Local, celebraban reunidos frecuentes asambleas, deponían  sus odios y sus antagonismos para organizar novenas, procesiones y rogativas a todos nuestros santos titulares, antiguos y modernos, Santa Ana, San Sebastián,  Santo Domingo de Silos y Nuestras Señora de las Mercedes y amén de cumplir con todas las fiestas votivas como la de Santiago Apóstol, san Blas, San Roque y la de San Miguel Arcángel.......
El veinte de enero de 1810, atravesó José Bonaparte el puerto de Sierra Morena con cincuenta mil franceses, derrotando en Despeñaperros las fuerzas españolas que intentaron cerrarle el paso, a la vez que otros entraron por Almadén y Villamanrique, reuniéndose en Andujar, La Carolina, y Baílén, pernoctando sobre los mismos campos donde año y medio antes tantos laureles cosecharon los españoles. Dividido aquel poderoso ejército en tres columnas, el rey José dirigiose a Córdoba con los mariscales Victor y Soult y el General Mortier, donde entraron entre aclamaciones del pueblo que los recibió con fiestas, mientras Desoyes se dirigía a Linares y Baeza, y el Conde Sebastiani Úbeda y Jaén, cuyas plazas, como así mismo las demás del tránsito, se rindieron sin disparar un tiro. En poder del invasor la capital y las principales plazas de la Provincia, no podía tardar en correr l misma suerte, máxime teniendo en cuenta que era paso forzoso para Granada, donde aún funcionaba una Junta que se titulaba Suprema y aspiraba a compartir la dirección del Reino con la Junta de Sevilla”.
Concreto con mi libro de notas. Sacado de “Jaén 1808-1814.Entre la guerra y paz” . “En Jaén Sebastiani organiza el nuevo avance disponiendo dos columnas, la una con los dragones de Milhaud como fuerza de choque toma camino de Alcalá la Real y la segunda, con la brigada de caballería de Perreymond, marcha por Cambil e Iznalloz hacia Granada. El 28 ambas columnas sostienen combates frente a Alcaudete e Iznalloz, respectivamente,. Con fuerzas del General Freyre. Pero en Granada la moral se derrumba también, y al anochecer del mismo día entra triunfante en otra importante ciudad que s le entrega sin la menor resistencia” ”.
..En las primeras horas del veintiséis de enero de 1810, corrió por la población, como una chispa eléctrica, la noticia que los franceses se acercaban. Las campanas tocaron a rebato; se cerraron los comercios y talleres, y en todos los conventos y parroquias se puso a la adoración de los fieles el Santo Manifiesto, en tanto que la campana de la Ciudad convocaba a sus ediles y a los vocales de la Junta de Gobierno. Al caer la tarde, un bando pregonado a son de clarín en las esquinas, mandaba a los habitantes de la población iluminar las fachadas de sus casas durante la noche, prohibiendo salir a la calle niños y mujeres, y un tamborilero de las “Milicias Honradas” atronaba las desiertas calles tocando a generala Cerró la noche...en el salón de las casas consistoriales, los señores regidores y vocales de la Junta del Gobierno, constituidos en asamblea de Seguridad Pública, tomaban acuerdos y dictaban órdenes que, aunque tardíos, respondían, acaso por primera  vez, a las circunstancias del momento y al patriotismo y tradiciones del pueblo alcalaíno”
--Al amanecer el día veinte y siete, un cuerpo armado  compuesto de dos secciones de “Milicias Honradas”, la una, y de “Voluntarios Municipales” la otra salía por la Tejuela y Cruz de Villena, despedido por el ronco sonido de la campana del Concejo...iban doscientos o más; gente brava mandada por señores principales..entre ellos el señor Provisor don Antonio María Ruiz, siendo uno de los individuos de la Junta de Gobierno en el año 1810, sabida la entrada del enemigo preparó para la defensa según acuerdo de dicha Junta, saliendo con cuarenta hombres al Barranco de los Postigos a cortarlo y defenderlo. ... Llegados que fueron al Barranco de los Postigos y parapateados en sus escarpes y cortaduras, vieron avanzar un destacamento de fuerzas españolas. Era el General Freyre que derrotado  el día veinte en Sierra Morena, se dirigía sorteando los peligros de un nuevo encuentro con el enemigo, a ponerse a las órdenes de la Junta Suprema de Granada; con los mil quinientos hombres a caballo y un parque de artillería compuesto de treinta cañones que los acompañaban, salvados de la derrota...alegando no ser el expresado barranco el sitio más a propósito para hacer maniobrar su caballería, dejó  en él apostados algunos de aquellos bravos para señalar la presencia del enemigo y fue a situarse con sus tropas y el resto del paisanaje a un paraje más adecuado y por él elegido, bastante más aproximado a la ciudad..lógicamente pensando, es de presumir que, descontada la derrota por aquel experto militar, buscara de intento la proximidad de nuestra población contando con que aquellos paisanos, sus auxiliares, al batirse en retirada, opondrían en las calles de la misma una tenaz resistencia al enemigo que entretenido por estos y por la codicia del botín de la ciudad entrada a saco, darían espacio a sus tropas para ponerse a salvo; y así lo pensó, fuerza es reconocer que los hechos respondieron a la previsión...
Algunos historiadores del siglo XIX  citaron este hecho con el título de “Acción de Alcalá. De entre todos me quedé  con Lafuente Alcántara que en su Historia de Granada manifiesta “  el general Francés se dirigió desde Jaén hacia Alcalá la Real y más acá de dicho punto le hizo frente la caballería española de Freyre que, atacada por fuerzas superiores, fue rota y en parte dispersa...”. Pero vuelvo, otra vez al viejo cronista que me aclara:
“al decir de mis viejos cicerones, esta batalla fue dada en el sitio de las Azacallas, y tan cerca del pueblo, que los cañonazos hacían retemblar las casas, retumbando en las calles como truenos. En las primeras horas de la tarde, la victoria se había declarado por los franceses, y los cañones del parque que conducía el General Freyre, pasaban en huida rebotando  con estruendo sobre el empedrado del Llanillo, mientras la Caballería para proteger su retirada, intentaba aun a la entrada del pueblo contener al enemigo. El formidable empuje de este y su superioridad numérica hizo breve tal resistencia, y un momento después los dragones franceses pasaban por la población como un huracán de sangre y fuego en seguimiento de los fugitivos..Los voluntarios alcalaínos, apostados en los tapiales de las entradas en los bordales de los patios y corralizas y en las esquinas de las calles, contribuyeron con certeros disparos a retardar un tanto la entrada del enemigo, y ya dentro de la población y retirándose de calle en calle, conforme este iba avanzando siguieron haciendo fuego por buen espacio, hasta que habiendo entrado una sección de franceses por los barrios altos de la Ciudad, cogiéndolos al descender entre dos fuegos, tuvieron que disolverse, huyendo desperdigados en demanda de sus domicilios, no sin haber quedado muchos tendidos en las calles...

Me acerco al archivo de la parroquia de Santo Domingo. Me decepciono, cuando consulto el libro de fallecimientos del año 1809. Ni un solo fallecimiento ni una mención a la muerte de algún alcalaíno que justificara las palabras de aquellos cicerones. Aún más, consulto otro documento, y me dice que un recaudador de Rentas Estancadas, funcionario de aquella época,  huyó de Alcalá con su familia por aquellos días  y atrasando por sierras y lugares montuosos volvió días después. Me confirma que la historia se escribió con renglones torcidos.  Tampoco enterramiento alguno  por aquellos días. Muchos huidos, cómplices de los franceses. Tal vez debieron sufrir las consecuencias de haber hecho frente, pero no con la intensidad que el cronista me relataba. Pues, más tarde los alcalaínos se quejaban a mis compatriotas:
“Que a la entrada del Ejército Imperial sufrió quasi todo el rigor de la guerra a causa de ka oposición que a su entrada hizo el General  de Caballería Freyre; que las cortas y pocas casas de comercio que en ella había, las unas padecieron mucho en sus intereses y las otras corras quedaron arruinadas; que igual suerte corrieron las otras pocas cosas de algún poder y de labradores, y algunos perdieron sus  vidas..”
Confronto mis fuentes con las del cronista Guardia Castellano. Voy a los libros de cuentas del Hospital Militar del Dulce Nombre de Jesús y Santa Ana y encuentro un dato revelador. A partir del día 27 de enero se pasó de veinte enfermos hasta más de cien. Este fue el enfrentamiento. Unos cien vecinos  cayeron heridos en el avance de las tropas.  Poca debió ser la resistencia ante el avance del ejército imperial.
Evidentemente quince mil hombres de los ejércitos imperiales eran muchos, incluso, pernoctaron dos días en Alcalá como castigo por su resistencia. Fueron asaltados los comercios, las casas de los hidalgos, los conventos, las bodegas, el Palacio Abacial, donde destruyeron los archivos, y los graneros de la Casa de Misericordia, el de la Ciudad, el de la Capilla Real y muchos particulares. Importaron los gastos doscientas ochenta y cinco mil reales con veinte maravedíes sin contar las raciones para la tropa y la caballería que no se incluyeron en unas facturas justificativas que se presentaron a los Perfectos Provinciales unos años después. Además, sacrificaron 30 vacas para alimento de aquellos días  y  se llevaron 120  terneras. Como botín, se llevaron las mazas de plata de los porteros, el Escudo de Armas. Conchas de agua bendita. Candeleros y cruces de oratorio y el retrato de Fernando VII  Le sigo la pista al general Freyre y apunto:
“Los restos de la columna del general Freyre, llevando la artillería salvada de la derrota, gracias a la oposición que Alcalá opuso al enemigo, fue a dar  junto a Iznalloz con una división que el conde Sebastiani había destacado de su Ejército `por el camino de Cambil a la izquierda de Alcalá, al mando del general Peyrenomt. En poder del cayeron los cañones si bien los artilleros y los caballos, cortando tiros, pudieron escapar”.
Busco  y rebusco en los archivos. Me encuentro que, en Alcalá, se disolvió la Junta de Gobierno, se ausentó el Obispo-Abad, se disolvieron las comunidades religiosas, se cerraron las oficinas públicas y muchos afamados hidalgos huyeron de ella. Quedó un destacamento francés, bajo cuyo control  estaba el comandante de la Plaza y Fortaleza Monsieur Mareschal. Este comenzó a imponer a los vecinos un tributo de cien mil reales para obras de fortificación de murallas y castillo de la Mota. Cada día obligaba a los maestros de obras a acudir a las obras de amurallamiento acompañado de los forzosos arrieros y jornaleros que hacían de peones de obras. El plan de los franceses consistió en  fortificar parte de la fortaleza, con un muro interior que se extendía desde  la Torre de la Cárcel  hasta el castillo o alcázar, donde albergó  el almacén, el alto Estado Mayor,  el polvorín,  y siete Tahonas. El ejército se albergó en alojamientos de la ciudad. Conventos, posadas convertidas en cuarteles y domicilios particulares.  
Tras  disgregarse la Junta de Gobierno, el comandante obligó a constituirse al “Municipalidad” . Pero no había medio alguno de encontrarlos, pues muchos habían huido a sus cortijos, otros no ponían sino exculpaciones para no participar ni colaborar con esta institución. Al final, el Perfecto de la Provincia consiguió que se reunieran  algunos antiguos regidores y otros nombrados por él el día tres de febrero. Me quedo en este  punto de la investigación consultando algunos libros complementarios a las actas municipales.   
Unos días después, me traslado a la Hemeroteca de Granada, y  recojo el periódico de la época , el “Diario de Gobierno Granada” del año 1810. Pues me han dicho que el corregidor Antonio Ruiz, nombrado por los franceses, no murió cómo relataba  el cronista alcalaíno en su libro de la Historia de Alcalá, sino que era víctima de una aversión a los govachos, tal como nos llamaban despectivamente. Esto era un episodio interesante para investigar. Pues este personaje debió ser la cabeza de turco de un complot en contra de su persona, o contra política abusiva de mis paisanos los franceses.
 Comienzo releyendo las primeras noticias del año 1810. El día 26 de enero, se disuelve el gobierno de la Junta Suprema y anuncia que llegaban a Granada las tropas imperiales. No las francesas, pues los afrancesados se sentían partícipes de aquella aventura.
Se constituía una nueva junta al mando de Horacio Sebastiani, Tomás Solís, Félix Antonio Ruiz, Idelfonso Montalvo, y Joaquín Luque que recibieron al Gobernador en Pinos Puente. Desde allí se trasladaron a la Chancillería. El día 31 se celebraron actos solemnes con misa, asistencia de los jefes militares autoridades religiosas, estado mayor y oficiales. También se prestó juramento al Rey José Bonaparte.
Reflexiono y comparo la actuación de los alcalaínos con la del recibimiento de la ciudad de la Alambra. En Granda  parabienes; en Alcalá, imposición de tributos  tras imposición de tributos. Recojo una nota del cronista en los primeros nueve  meses de la administración francesa,  los alcalaínos gastaron  tres millones de reales de sus fondos para los franceses . Pero me doy cuenta  que me he adelantado en el tiempo narrativo. Pues las noticias del diario (afrancesado por  aquel tiempo),  no se corresponden a lo que he escrito en la línea anterior: se refieren, más bien, al  mes de febrero y a los acontecimientos de Granada.   
A partir de mes de este mes,  el Diario me refiere anécdota tras anécdota, puyas contra los frailes,  y algunos poemas, más bien, panegíricos en honor a los franceses. Paso lo que acontece en Granada durante los meses de marzo, abril y mayo. Y releo las noticias del mes de junio.  Sin embargo,  por circunstancias  que no puedo explicar, se me paró la pantalla del reproductor, el día 15 de junio de 1810. Leo con estupor:
                   ALCALÁ LA REAL

Ayer mañana, una tropa de bandidos en número de cien entraron en esta ciudad comandada POR EL CARNICERO DE Valdepeñas DE Jaén: sorprendieron al corregidor y le asesinaron y a un tío suyo sacerdote. No tardarán lo asesinos en sufrir un castigo ejemplar. Estos buenos ciudadanos han sido víctimas no tanto de una gente forajida, quanto de algunos malévolos que siembran en los pueblos ideas subversivas seduciendo a los inocentes, por eso el gobierno se ve obligado a tomar medidas severas contra esta canalla.
Al instante,  me encuentro que el ambiente contra el corregidor alcalaíno no era  tan tranquilo como se había descrito, una aversión y un levantamiento contra el ejército francés. O un simple motín contra el abuso de los impuestos. Debo volver al hilo que dejé abandonado de mi redacción de los hechos que acontecieron en Alcalá la Real los tres meses anteriores a  Junio.
Y, allí, me encuentro estos apuntes de Guardia Castellano:
“Pasado el primer momento de estupor, el pueblo empezó a mostrar abiertamente su repugnancia a soportar los alojamientos de su odiada guarnición, ...el 26 de febrero , se acordó constituir un cuartel capaz para alojar estas tropas, con sus oficinas correspondientes, en el exconvento de la Orden Tercera de San Francisco, sito en la iglesia de Consolación, mandándose secuestrar todas las cazuelas y pucheros de los cuatro conventos suprimidos, para atender el apuro de suministrar diariamente el gran pedido de estos menesteres que hacen las tropas francesa para guisar sus ranchos. Y habiendo llegado el veinte de Marzo un destacamento  de ciento veinte hombres a caballo para reforzar la guarnición permanente de la plaza, acordose  en sesión de día veinte y seis que se construyeran pesebreras de madera en los ángulos del claustro bajo el referido exconvento, para atender dicha necesidad”.
Voy a la parroquia de Santo Domingo de Silos y me encuentro la partida de sepultura del corregidor en la iglesia de la Veracruz. Libro del año 1903-1810. Folio 204.Aconteció el día ocho de marzo de 1810. Se llamaba don Orencio Antonio de Santaloria y Ramírez,  natural de Huesca, donde había sido regidor y colegial de Sanvicente Mártir. Alcanzó el gado de académico de las Buenas Artes en Barcelona. Casado con doña Josefa Godoy. Me suena afrancesado. Pero este no debe ser el que provocó que se levantara al pueblo. Evidentemente, releo a Guardia Castellano, y escribe:
“Vacante el corregimiento de la ciudad por el fallecimiento del señor don Orencio Santoloria y Ramírez, ocurrido el seis de Marzo, al que la municipalidad acordó costear el enterramiento y exequias, el señor ministro de la Casa Calvo, nombró para sucederle don Tomás Antonio Ruiz”.
Mientras don Orencio fue un hombre abierto a las inquietudes de la ciudad y del agrado de los vecinos , el nombramiento del corregidor don Antonio Ruiz no fue del agrado de los  alcalaínos. Pues era un hombre hosco y duro a la hora de aplicar las órdenes de los franceses. No tenía mano izquierda con el pueblo. Un ordeno y mando Pues, pronto, se ganó las antipatías de la ciudad. A pesar de ser caballero de la Real Cruz Militar de España, comandante de guerra de España, y fuera pariente de don Rodrigo Infantes, cura natural natural de Priego, pero asentado en Alcalá, pues se había casado con su hermana María. 
El pueblo sencillo y sus gobernantes alcalaínos  lo apodaron pronto el “Corregidor Afrancesado” Una vez tomada la posesión de su cargo el 27 de marzo, comenzó organizar tres compañías de Guardias Nacionales para servicio y seguridad de  la ciudad.
Pocos eran los mozos que quedaban en la ciudad. Pues, en el año anterior a esta invasión que llegó a tierras alcalaínas, se habían alistado en el regimiento de Tiradores y de Artillería  dentro del Batallón del Ejército, formado por la Junta Suprema de Granada.  No se podía exprimir más el jugo. En Alcalá, no quedaba nadie. Hartos de despotismo,  en el mes anterior ya se habían contabilizado 101.357 reales y obligados a subir casi diariamente con los mulos de carga  a las obras de la Mota, estuvieron a punto de levantarse contra  él. Pero, le salvó la llegada de José Bonaparte el día 29 de marzo. Pues, como un relámpago , se prestó a cumplir un programa  de visita oficial extraordinario, en el que se anunciaban medidas de gracias con motivo de  la visita del monarca. En primer lugar, durante los días anteriores se formaron varias  cuadrillas con sus correspondientes maestros, que procuraron arreglar todos los malos pasos que había en el camino de ruedas desde Puerto López hasta las Ventas de San Juan. Se apremió a los panaderos para que tuviesen aprovisionado  para la comitiva. En la noche anterior y por orden del  rey José Bonaparte, el corregidor convocó a los vecinos y organizó un cuerpo de Milicias Cívicas. Al día siguiente, junto varios regidores acudió a la entrada de la Puerta de Villena, donde recibió la amplia comitiva real, horas más tarde se trasladó a la sala cuadra del  palacio Abacial, donde fue recibido por el obispo Manuel María Trujillo. En ella, el rey recibió el saludo de los presente con el tradicional besamanos  y  fue agasajado por todas las autoridades eclesiásticas, civiles y judiciales de Alcalá la Real. Allí estaba todo el cabildo eclesiástico formado por el vicario, notario eclesiástico, colector, escribano, tenientes beneficiados y altos cargos de la abadía; el corregidor  y alcalde mayor, acompañado de sus alguaciles, y los miembros del cabildo municipal con sus ministros, escribanos y reyes de armas. En un momento de alocución,, el rey anunció medidas de indulto fiscal a la población. Después, se trasladó a las mansiones que le habían preparado para pernoctar.
Al días siguiente, el pueblo entero acudió al  Paseo Público de la ciudad, donde estaban formadas  las Compañías de Milicias Cívicas de Alcalá la Real y acompañaban como cuerpo de guardia las tropas francesas al rey . También estaban presentes en la primeras filas del protocolo el Cabildo Municipal con el corregidor al frente. Se hizo un desfile ante Su Majestad, aplaudido por los vecinos. A continuación el señor regidor don Felipe Cano, se adelantó  hacia el corregidor y le solicitó que  expresara en voz alta las palabras que el monarca había expresado el día anterior. Y así dijo:
“Señores: Su Majestad del José Bonaparte ha tenido la bondad perdonar a este vecindario todos los adeudos a la real Hacienda hasta fines de 1909, con tal que se hallen en primeros contribuyentes”
Aquellos vecinos, aunque muy apesadumbrados por los continuos impuestos y cargas, pero algo atónitos ante tanto parabién de su supuesto intruso, alzaron en grito su vítores al monarca.
Hasta aquí, el relato de Guardia Castellano, basado en las actas municipales. Pero, a continuación me lanzo a contestar un serie de interrogaciones.¿Porqué fue recibido con tanto agasajo por el vicario dseñor abad Manuel Trujillo? Lo comprendo por una respuesta posterior encontrada en el Diario de Granada en la que no justificaba la postura del abad.. Segundo, ¿Cómo cambió el pueblo  tan pronto en su actitud contra los invasores franceses? Pues pasaron de una guerra sin cuartel a un besamanos solemne y clamoroso.  
Por más que lo intento, hay una enorme laguna de los acontecimientos de la abadía hasta  la muerte del abad y pueden aclarar mucho. Tan sólo hasta 1812 al que se le acusa de no haber evitado el  incendio de la Iglesia Mayor Abacial.
  
Vuelvo a Granada. Pido el lector del microfilm, y me vuelco sobre la pantalla. En cada fotograma, me salen nuevos datos. Observo que el ambiente de las cercanías no era tan  pacífico como se había hecho creer, sino que andaba muy revuelto.
El 7 y 8 de junio de 1810,  en Alcaudete por la noche  recorrieron la casería de Donadío  y el Monte Palacios una partida de forajidos compuesta  por cien o ciento cincuenta escopeteros. Al instante, las tropas del teniente de Alcaudete junto con Dalmau, que dirigía una compañía de escopeteros y veinte hombres de la guarnición de la villa,  sorprendieron a los guerrilleros, (Qué guerrilleros, forajidos contra el orden Imperial!). Le tomaron 22 armas y mataron seis caballos.

Paso nuevos fotogramas. Se me quedó inconcluso el relato de la muerte del corregidor. Pues la historia oficial no me la creo. Ni es verdad que se reunieron todos los vecinos ante sus casas,  y que posiblemente el móvil no fuera sólo el  abuso del poder de este personaje. Quiero aclararme. Por un lado,  a partir del mes de abril el destacamento de los franceses debió ser pequeño e, incluso, se formaron dos compañías de Milicias Cívicas. Ante el buen curso de las situación en Alcalá la Real.  El general Sebastián permitió al coronel jefe del Estado Mayor señor Breuille que las tropas francesas se retiraran de la guarnición de Alcalá, y a cambio, se veían obligados a escoltar todas los correos oficiales y del Ejército y la Armada sobre los caminos de Jaén y Granada y de sostener la tranquilidad pública. Se mantuvo el Hospital, con nombre de Militar del Ejército, del Dulce Nombre de Jesús y Santa Ana para curación de los heridos en el año anterior durante la batalla de Bailén.
 . Y copio en una nota los regimientos  y heridos[1] ...
.El Corregidor, mano a la obra, convocó a los doce alcaldes de  barrio, por aquel tiempo, ministros ordinarios  y les ordenó que, de tres en tres y acompañados de doce hombres armados, patrullasen en cuatro turnos de diez a cinco de la mañana y controlasen las salidas de la ciudad por las Puertas de los Arcos, Villena, y Campo A los regidores y, se les encargó un turno de guardia municipal con seis hombres armados que hacían de retén en el Ayuntamiento y recibían los partes de las patrullas tras un recorrido de dos horas por todo el pueblo.
Las compañías cívicas comenzaron a formarse con el nombre de “Escopeteros Voluntarios de Alcalá” y compuestas de una de caballería y otra de infantería ; a cuyo frente estaban dos tenientes retirados José María Cisneros  y Antonio Benavides, ambos subordinados al comandante y coronel retirado don Ramón Utrilla..
Parecía como si hubiera hecho un pacto entre  los franceses y los vecinos bajo los auspicios de los afrancesados, que debieron ser muchos. Sospecho que, entre ellos, alguna personalidad relevante. ¿Lo fue el abad, hombre ilustrado y que había huido o se había exclaustrado también hacia Priego?
Lo cierto es que este pacto mantuvo  en Alcalá la tranquilidad con el corregidor durante los  meses  de abril , mayo y junio. Pero, a finales de mayo, el corregidor envió una carta al conde Sebastián y le comunicó que  dichas compañías eran un peligro para el gobierno Imperial. A los miembros de la municipalidad locales comenzó a darles largas para su constitución completa de las milicias. Un día, anulaba la junta de formación, otro les impedía los ejercicios de armas o no les entregaba estas. Tampoco, todos los miembros de la Junta Municipal de Gobierno estaban de acuerdo con el nombramiento de los Jefes y esto le venía muy bien a la táctica contemporanizadora del corregidor Ruiz. Además, el conde Sebastián, informado de que las Milicias Cívicas despertaban cierto apoyo popular entre los vecinos, inició una táctica de contraataque a la municipalidad alcalaína, aceptando un informe del cuerpo de Ingenieros (¡ menos mal que no llegó a realizarse, pues que sería la fortaleza de la Mota sin Iglesia Abacial!). Nada menos que se proyectaba  la demolición de este templo para unirla a la fortaleza y castillo de la Ciudad.
Antes de seguir leyendo el microfilm de Granada, apunto estas  conclusiones del cronista:
-“Volvió a renacer la zozobra y empezó a notarse de nuevo esa sorda agitación que precede a las convulsiones populares”.
-“Se hizo saber que, para proceder a la fortificación y defensa del Castillo y murallas de la Mota, se hacía indispensable proceder a recoger los fondos que hubiese en la ciudad”
-Las dos Compañías de Voluntarios formadas y organizadas reclamaban armas inútilmente al señor Corregidor que con fútiles pretextos las retenía en su domicilio, contribuyendo con sus negativas a formar en torno a su persona una atmósfera densa y caldeada, precursora de tormentas”
-“se había hecho antipático y repulsivo por su desafección al pueblo, que pronto llegó a mirar en él a un tirano, vendido infamemente al invasor, del cual era un despreciable esbirro.
Pero la puntilla de aversión contra su persona la dio la misiva del corregidor Sebastiani, cuando desde Granada  le envió  el nueve de junio el nombramiento de comandante de la plaza  de Alcalá la real y de las Guardias Cívicas de Alcalá la Real, con la graduación de coronel con mando en las guardias que se montaran en las localidades granadinas de los montes Orientales, así como las propias de la abadía de Alcalá por la parte de la provincia de Jaén.
Ante estas noticias los mandos y los soldados de las Milicias Cívicas se sublevaron, al ver destituidos a sus prestigiosos vecinos. Como dice Guardia “fue la chispa que prendió en los materiales explosivos acumulados, determinando asonadas y acontecimientos que si bien nos vemos precisados a condenar, hay que reconocer que fueron consecuencias de la indignación producida por la desatentada conducta de un mal puesto a  servicio del enemigo, excitó el cálido patriotismo de los alcalaínos.
El día trece se amotinó el pueblo y convocó a varias partidas de guerrilleros de las Sierras de Valdepeñas, que acudieron a la casa del Corregidor a pedirle las armas. No  haciendo caso el corregidor, entraron  las turbas y lo mataron junto con su cuñado el cura Antonio Infantes.      
Y curiosamente, llegó al periódico del día  18 de junio para conocer el parte francés. Me aclara cosas:
El corregidor de Alcalá la Real ha sido asesinado por un corto número de bandidos y por la connivencia, a lo más, debilidad de los habitantes de esta ciudad. Semejantes desgracias no deben soportarse, los habitantes de las ciudades, villas y lugares son personas responsables de la vida de sus inquietudes y de todos los sujetos en el servicio de Su Majestad el Rey José La ciudad de Alcalá está puesta en estado de sitio. Toda ciudad, villa o lugar  en el asesinen o prendan a un militar francés, será pasada a cuchillo. La nueva pena sufrirá toda ciudad, villa y lugar en que se verifique el asesinato o arresto de  sus magistrados o empleados de S.M el Rey José. Todo pueblo en que entren los bandidos, pague la multa de 50.000 reales, su si población baja de 200 vecinos, pero si es menor de 400 pague 400.000 reales . ”.      
En primer lugar confirmo la noticia de la muerte del corregidor. Aparecía en el filio 235. Libro 9º de las Hijuelas de la Parroquia de Santa María la Mayor: Día Catorce de junio de 1810. Enterramiento General. Fue enterrado en la Iglesia de San Juan, que hacía las veces de parroquia de Santa María la Mayor, pus vivía en la calle Real, y, junto a él su cuñado el cura Antonio Infantes.   
En segundo lugar, hago conjeturas de las consecuencias
Si en Alcalá habían entrado en la propuesta de pena, comienzo a hacer cálculos. A los de cuatrocientos a quinientos le correspondía 200.000 reales, a los de quinientos a mil vecinos  500.000 reales,  y los comprendidos entre  dos mil y tres mil un millón. Pero Alcalá , por aquella fecha tenía más de tres mil, y la pena fue grande. Dos millones. Repaso mi s investigaciones. Y, saco  datos sobre facturas y más facturas, de obreros,  maestros de obras y materiales  en la fortificación de la Mota.  Digo, el muro de los franceses que dividía la fortaleza entre una zona de colchón, de terreno montuoso sobre los escombros del Bahondillo  y otra  en  la Iglesia y Alcázar, donde se albergaban edificios  que se mantenían en pie: una sala de estado mayor, la casa del comandante militar, un polvorín, la cárcel, un depósito de alimentos y otro de leña, varios Hornos. y puestos de guardia. Pero me pierdo  Pues, talaron montes, incautaron carretas, carros de labor, maderas de los montes, los graneros de la Iglesia y los del Pósito. Reclamaron dinero, y le entregaron la plata de muchas iglesias y toda la del Palacio Abacial. Ya el pueblo no podía dar más. Me viene a la memoria los siguientes párrafos del diario de aquel día que terminaban, pues podía haber cambiado la suerte de estos vecinos:
Los pueblos que se defendieran en contra los bandidos, no paguen nada; con tal que se  batan algunas horas y que resulten muertos o heridos de una u otra parte, los lugares de más población pagarán proporcionalmente a los que no se batieran. Esta orden serán ejecutadas con todo rigor y todas las personas que  hablaran a favor de los que la quebrantaran, serán tratados como cómplices. Los munícipes o Ayuntamientos deben avisar  inmediatamente al Gobernador de Granada a los puestos primeros más cercanos luego que adviertan acercarse a los más bandidos con sola  con solo la advertencia precisa para recorrer las distancias, regulándose estas a tres cuartos de hora legua. Comandante de Granada Militar. Horacio Sebastián. Jefe de Estado Mayor BOUILLE.
Parece que la gente de Granada no  era muy versada en terminología militar, pues se extendió en  la ciudad, según refería el cronista  granadino “ la malicia de algunos llega a tal extremo que habiendo declarado la ciudad de Alcalá en estado de sitio  por su inanición y complicidad con el asesinato del corregidor, ha entendido o querido procedes a los incautos , que la ciudad está situada por nuestras tropas  y que sus vecinos se están defendiendo. No es fácil de comprender cómo hay gentes tan insensatas e imprudentes que forjen muestras tan fáciles de desvanecerse, Sin embargo debemos advertir que declarar  o poner en estado de sitio a un pueblo es entregarlo a una comisión militar que lo juzgue y castigue, según las leyes particulares  cesando por  eso mismo  hecho las demás”.
Se podrán quejar cuando días más tarde, nombramos a su Obispo Manuel Cayetano María Trujillo  en la diócesis de Málaga con traslado a la de  Sevilla.
Pero, me vuelvo a enredar y no me había propuesto más que investigar al corregidor asesinado. Tan sólo, sé que era de Alcaudete. Subo a la iglesia de San Juan, miro y remiro el suelo, ya no encuentro su tumba. Estará su alma flotando en el Museo.
       Posteriormente, la muerte del corregidor obligó a nombrar a otro corregidor Antonio Molina. Este comenzó a tomar nuevas medidas. Vino don Vicente Mirasol, hijo del francés Bernardo Mirasol,  como administrador de los Bienes Nacionales., Y aplicó una de las medidas más severas que podíais esperar, pues vendió nada menos que todos los enseres de los conventos en pública almoneda, por otra  parte las alhajas de plata y vasos sagrados fueron  remitidos al gobierno de Jaén.
El día que pasó José Bonaparte, por Alcalá, el día    de 1812, le  agració con una fiesta, la de San Napoleón,  y además, se    ante sus  caprichos, pues le regaló el caballo del mismísimo corregidor Tomas Ruiz. No tenía perjuicios en venderlas fincas de los conventos a sus familiares a  su madre Antonia Extremera y  a su tío político Francisco Molina.
-Tan negativo, fue este personaje.
-Hombre, no tanto. Pues ejerció otros cargos, de administrador del pósito y de recaudación. Incluso luego fue alcalde.
-        ¿Haría lago bueno?¿Tendría sus partidarios?
-        Claro que sí. Pues me cuenta el Juez de Paz,  don José Martínez Areta, del año 1813,  que  no regateaba nada en dar limosnas en los tiempos de penuria  a los pobres y jornaleros, no exigía derechos de patentes al pueblo ni apremiaba en los pagos con embargos e, incluso, cometía temeridades con los  bienes de  los granos  de los agricultores, al impedir que se los llevara el ejército francés, dándole evasivas y demoras. 
Finalmente, recayó el corregimiento interinamente en Fernando de Tapia.
.-¿Cual el del reloj?
-Exactamente, el que terminó el reloj de la torre del ayuntamiento, famoso relojero, con título real.
Cuentan que Fernando de Tapia vivió al final de su vida apesadumbrado por haber ejercido el cargo. No creía cómo se había visto obligado a asumir este mandato de los gabachos. Y, en 1835, entregó una serie de papeles justificando su actitud y postura. Pidió perdón en 1827, y, para ello, entregó un cartapacio donde se encontraban muchas partidas. Uno de ellos exponía los gastos  del cerco de Alcalá, pero inmediatamente, lo apostillaba con “ para custodia de sus tropas, por orden del gobierno francés”. Y, para hacer más fuerte su versión entregó el padrón de vecinos que pagaban contribución, un fajo de  órdenes y subsistencias, pedidos para la construcción de la galleta y  los recibos de pagos que alcanzaban 480.387 reales con 32 maravedíes con fecha del siete de septiembre de 1812,  testimonio s del comandante del Intendencia don Manuel Calvo y Valenzuela para los derechos del vino y licores. Y hubo alguna cita especial.
.Si claro que la hubo, cuando dijo ”Fui corregidor interino de Alcalá a la retirada de los franceses con una división de 15.000 hombres con todas las armas que mantener y  guarnición, al mando del general Digeon, gobernador de los reinos de Jaén y Córdoba. Costeándole la casa, y esperando otras de las mismas armas al mando del conde de Erlou, según aviso del general Francisco Ballesteros.  Promoví aventuras arriesgadas y difíciles para de dejar libre a la población de nuestros enemigos  tomando dirección a levante por Pinos Puente  y provocando que la división del conde de Erlou, que se hallaba en Martos, retrocediese por Jaén, al distinto, quedando con el sentimiento de que mi aviso de esta disposición le había llegado a tiempo, para satisfacción y mal trato de sus victoriosas armas. Además, no permití que nos dejara diezmados de bagajes, caballería y carros, pues todos los  que mantenían caballerías huyeron de noche a  las sierras, y no quedó aguador, transportador ni mulero en la ciudad”.     
-Interesante. Pero ¿Cuál fue su actuación anterior?
-La carta comentada dirigida al Intendente de Jaén, el día 13 de marzo de 1813.
-¿Tenía algo especial, que comentar?
-Claro que sí. Escucha la lectura de los párrafos más significativos.
-Lee, lee.
-Señor Intendente de Jaén:
Don Fernando de Tapia y Castilla, vecino de Alcalá la Real, con todo respeto a V.S espongo que según informan las copias de oficios del comisionado dn Manuel María Calvo, y mis contestaciones que debidamente incluyo, se convenciera de que está procediendo violenta y atentadamente  afligiendo con apremio militar a los que fuimos en otro tiempo regidores del Ayuntamiento, por unos pagos que ni fueron de su obligación, ni de la nuestra , y sí de las Justicias, y de esa Administración general que los dejaron abandonados , y lo que es más, sin forma de juicio convincente, en desprecio de las reales órdenes de su establecimiento, y otros documento que justifican la verdad, y en contravención de la constitución y posteriores declaraciones, que han  echo las cortes  en fabor de la Nación española, y de cada uno de  sus individuos.
-Pero, hasta aquí no dice nada de los franceses. Acláreme algo.
-Tranquilo, muchacho. Voy al grano de las palabras de Fernando de tapia.
-“Cuando el ejército francés entró en esta ciudad, cayeron en sus inocentes habitantes unos males incalculables, a causa de la resistencia que encontró en el Señor Freire con las caballerías de su mando y en las constituciones  de 1810 que impuso aquel gobierno intruso, abonó 374.341 reales y 4 maravedíes, y el Rey José Napoleón, persuadido de estos males al paso de esta ciudad, perdonó a sus vecinos todos los débitos de primeros contribuyentes”
-¿Cómo dice, que mi rey fue misericordioso?
-Claro que sí, ordenó con estas palabras “ se abstendrá de pedir por equidad los impuestos que comprende por los años 18109, 1811 y 1812, que estuvimos bajo el yugo francés”. Por eso, le pregunto ¿ Podremos creer que el Gobierno Nacional nos quiera cargar de contribuciones  por el tiempo que apartados de su soberanía gemimos oprimidos con tan enorme peso?
-        Si duro fue nuestro yugo, casi peor, lo fue el de los gobernantes absolutistas.
-        Hombre no tanto. Pues, parece que le dieron largas a la ciudad para pagar. Se compadecieron de aquellas palabras que decía el corregidor Tapia” En 58 días cumplidos el dieciocho de octubre de 1813 que fui corregidor, se gastaron en las tropas francesas  y españolas 136.292 raciones de pan y casi otro tanto de cada una de las demás especies , y desde ento9nces hasta ahora por el gobierno saliente más de 400 mil reales. Todo esto ha salido de los propios fondos que había, de los pueblos comarcanos y de los vecinos que no llegan a dos mil y seiscientos”
-        -De verdal,.
-        Bueno, el mes de abril se recibía una carta de Velarde, no atendía a la suspensión de las contribuciones, aludiendo que “por las urgencias del Ejército cuya subsistencia es de imperiosa necesidad” y obligaba a hacer sacrificios extraordinarios  a los vecinos de Alcalá  
                                 

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