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domingo, 8 de noviembre de 2015

DIARIO DEL RUTERO

Si tuviera que nombrarse el primer o segundo domingo de noviembre con un complemento en las tierras de Alcalá se le daría el nombre de Domingos del Zumaque. Desde la mañana temprano, aparecían por cualquier rincón familias, niños y ruteros con su bastón de senderismo para caminar hacia la ruta del Zumaque. Unos lo hacían por el parque periurbano de los Llanos o  Fátima; otros por el camino de Aspadores; y los había, como Huerta de Capuchinos, que salió de plaza Juan Carlos I, atravesó todo el trayecto de la cardo renacentistas ( Álamos, Llanillo y Tejuela) llegó al barrio del Camino de Charilla, y por el antiguo camino de esta aldea camino entre olivares que besaban los pies de los tajos alcalaínos. A nuestras espaldas , un bello paisaje con la fortaleza de la Mota y el pueblo asomaban por su cara norte. Breves explicaciones del Tajo Hacho-su sentido mágico de sino trágico- y la luminaria de comunicación para las atalayas el Norte ( Navas, Mimbres, Charilla, Cogolla, Boca de Charilla, la propia de la aldea de fandango, Moraleja, Cascante, y Dehesilla y la propia ciudad fortificada de la Mota). Otra parada  para explicar el mar de Tetis y los efectos en las caras visibles de la roca con sus cuevas acuáticas fosilizadas y el enjambre  polipicado de los pájaros en la roca arenisca: algún que otro comentario sobre viviendas trogloditas y esculturas del camino hasta llegar al cruce de caminos entre los senderos altos que desembocan frente a la Mora Vieja y antigua Casa de Pío. En otra parada, explicamos montes que nos circundan : la Tiñosa, sierra de Copos, y  abra, Jurada, Camuña, San Pedro, Chopos. Tras un despiste , rápidamente corregido que nos hubiera abocado a la carretera de Charilla, junto al Guadalcotón , nos adentramos entre olivares a las pagos de los Zumacales, por una vereda pequeña para transporte de burros, donde se conducía las  cargas de uvas al Lagar del Pincho.
Experiencia inolvidable , pisándonos los pies la comitiva de los ruteros del ayuntamiento formado por varios centenares, que se sumaban a nuestros ciento y pico ruteros. Topábamos de vez en cuando con  algún que otro rutero individual o en pareja, familias y extranjeros. Por entre piedras areniscas, matorrales, zarzales, arbustos variados, yedra por doquier, algún que otro olivo, un pino , y casas abandonadas, llegamos al primer rellano que sirvió para explicar el origen de aquellas tierras de Monterrey, donde vino el rey Alfonso XI  cazar y se mantuvo como bienes de propios. Dimos avisos para adquirir a partir del martes la camiseta de Huerta de Capuchinos en  calle Capuchinos, la ruta del día 29 a Lopera, Andújar y Villa del Río y petición de colaboración para Banco de Alimentos. 
Entre escaleras, escalerillas, escaleruelas, rampas, veredas, sendas, senderillas, pequeños espacios abiertos entre las rocas y los arbustos, y, en medio de todo este bosque mediterráneo,  los zumacales asomaban entre el rojo final y el amarillo de su secado de sus hojas; a veces los gránulos secos y ennegrecidos contrastaban con el rojo de carmesí pasado de color  y pálido como el estandarte o pendón del rey Alfonso. Olor a fresco, suelos rociados y piedras que rompían las pisadas del humus. Los chiquillos disfrutaba de caminar hacia lo alto del paso de los Aspadores  como si vivieran una aventura o simularan un personaje del cuento de la Caperucita cuando iba por el bosque. Al llegar al Lagar  , se nos ofrecía como un mirador  su  antesala que nos dirigía la vista hacia  Charilla en su altozano. 
Por una escalinata más ampliar, y quitándonos de encima las varetas de pincho y espinosos salimos al paraje del antiguo basurero convertido en una excelente atalaya o mirador, muy bien  adecentada, desde contemplamos in situ  los restos del hundimiento del  Tajo  con sus movimientos  de desprendimiento de enormes rocas en diversas posiciones. Foto de rigor y encuentro con ruteros que habían llegado en coche. Breve explicación sobre el zumacal: planta de arbusto, su localización en varios pagos ( Cañuelo, Camuña..), su uso industrial, las tintorerías, supervivencia hasta la fábrica de capachos de los años XX,  sus cualidades, su toxicidad...también no olvidamos la tierra de propios transformada en privada por desamortización de Madoz, las veredas y sendas que la cruzaban.
De allí nos dirigimos hacia el cerro de San Marcos , yacimiento arqueológico argárico del Cobre, donde explicamos esta ciudad más antigua de los alcalaínos con sus testigos murales, cerámica, necrṕolis....y  tras subir la cuesta de la calle de la Virgen de la Cabeza, llegamos a la plaza de la ermita de San Marcos. Allí explicamos dentro de la iglesia su origen como lugar religioso argárico, el paso a cenobio, luego monasterio franciscano, ermita  (XVI), sede de la Virgen de la Cabeza. No dejamos pasar la explicación de su retablo, los corredores, la sala del refectorio, la imagen, el Niño,  y el sepulcro de la joven enterrada. De allí foto en el mirador hacia la Mota y explicación del legado de Batmala. Sirvan palabras de este artículo:La torre de San Marcos no fue siempre una torre; era la espadaña que culminaba un mirador con su corredor renacentista y adosado a la ermita de santo evangelista, uno de los tetramorfos leonado. Esta torre, una vez levantado siglos después su cuerpo sobre un cajón de mampuesto, oculto por su blanquecina cal, adosó su fingido chapitel con su ventana para la campana y lo coronó con unos aleones muy del estilo de los canteros alcalaínos del siglo XVII.
Esta torre siempre rezuma una espiritualidad profunda, porque se remonta a una sociedad alcalaína anterior a la historia de Alcalá. Tiene sangre ganadera porque a sus espaladas se asentaron los pueblos argáricos, los de la época de los Metales, los más antiguos de Alcalá. Y quien sabe si no se encontraba, en este recinto apartado de los caminos pecuarios- el del Portillo Cerrado y los de la cornisa de los Tajos-, su lugar sagrado , luego reconvertido en mansión religiosa de cenobio cristiano en tiempos de las conquista del Reino de Granada.
Esta torre son los ojos de una plaza desde donde se contempla la ciudad alcalaína con perspectiva utópica, y, ahora reciente y bellamente remozada, proyecta una traza singular que invita a la ilusión de buscar un futuro mejor para los hombres de Alcalá. Pues esta atalaya ermitaña rezuma historia, y sangra con las dificultades del pasado. En su derredor y en la cuesta que culmina el caminar hacia la ermita, las bellas casas, en forma de vagones de un tren de tercera ( qué de tercera , de cuarta y de quinta del siglo pasado) parecen los peldaños del romero que se encamina al santuario de su itinerario vital. Estas casas son un claro testimonio de la solidaridad humana, la de la familia afrancesada de los Batmala Laloya. Esta, ya casi extinta a mediados del siglo XX, levantó este relicario urbano como un monumento testimonial de la fraternidad y de la caridad. Tanto Pablo como Clotilde Batmala simbolizan los dos modos de luchar por la injusticia humana cooperando con sus propios medios, más bien desprendiéndose de su hacienda personal para aportar su granito de arena a la hora de conseguir la igualdad de las personas. No quedaron ni insensibilizados, ni lamentándose ni , como simples pedigüeños, a un Papá Estado que poco soltaba de las tetas de la fláccida vaca.
El primero, un republicano radical, no de palabra sino de acciones, entregó su vida siendo fusilado en enero de 1937 en las paredes del cementerio de San José de Granada y, sus bienes incautados por los tribunales de las Responsabilidades Políticas, fueron recuperados gracias a las gestiones de su hermana Clotilde para cooperar con el hombre donando aquellas viviendas que alojaron a muchas familias pobres de solemnidad, como se decía por aquellos tiempos. Su hermana era la mejor muestra de unas manos rotas a toda regla, cooperando con todo tipo de acciones sociales ( en aquel tiempo benéficas o caritativas) puso su casa a disposición de la ciudad para abrir un mercado que no llegó a ser realidad, lo mismo hizo con la instalación para las Escuelas de la Sagrada Familia; se desprendió de su capital para construcciones religiosas y sociales, , cómo no , culminó su vida entregando prácticamente toda su hacienda para levantar estas casas que jalonan el camino de la Virgen de la Cabeza. Pablo fue un modelo de un hombre de bien, filántropo, altruista, agnóstico y defensor del auténtico humanismo; Clotilde, la otra parte de la media naranja, desde la órbita de la caridad cristiana, entendida no como beneficencia ( a lo que muchos han dado lugar con su falsa interpretación o los hipócritas comportamientos) sino superadora de la solidaridad y de la lucha por la auténtica justicia.

La mirada de los alcalaínos siempre se dirige hacia la torre de San Marcos convocados por esa campana cantarina y alegre que redobla sin cesar en los días de fiesta de la Virgen Romera. Subir hacia este santuario siempre es una forma de gozo al contemplar desde su renovada plaza la Alcalá, en este caso, la del siglo XXI, y, siempre, una buena lección ética transmitida por la cuesta de la Virgen de la Cabeza. Y eso que nadie se acuerda de la memoria histórica de sus benefactores. Para colmo, ya no se conservan sus nombres, ni siquiera, en la bóveda del cementerio del Cerrico de los Caballeros.
Comparto todo lo escrito y bajamos hacia la Mora Vieja, algo diezmado el grupo. Explicamos el depósito de agua,(mediados de siglo XVI, obra de Martín de Bolívar, manantial de aguas de los Llanos, antigua fuente de la Mora, su canalización posterior  por Antonio Martín Espinosa, su escudo interior del corregidor Quijada). Nos dispersamos y alegres nos encontramos grupos por doquier, bares llenos  a rebosar. Era el día del Zumaque. 










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