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sábado, 28 de noviembre de 2015

a los voluntarios del segundo día





Y al acabar el día,
con el crepúsculo de la Dehesilla a mis espaldas,
 me tiemblan las piernas por el cansancio
agradable de este día samaritano.

Y al  venir la negra noche,
brillan nuevas estrellas en  el etéreo espacio
y se disipa la nebulosa entre luceros y astros,
anunciando una sorpresa en medio de un abrazo.

Ya l caer la sombra oscura,
sin luces ni luciérnagas en medio del lindazo
tropiezo con la chabola de las aves frías,
sin techos ni mantos.

 Y  al  lucir la luna
 en medio  de  un tenderete lleno de harapos,
me descubren su piel fría   entre sus desnudos tuétanos,
 me sangran los ojos, de rojo calvario,
y ya me convierto en otra persona,
 el perenne voluntario.























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