ANTONIO
PÉREZ FUENTES
Antonio, el del Yeso.
Antonio
Pérez Fuentes. (4-11-1935 a 31-08-2026) se nos fue como si se tratara de un pedazo
abacial de las tierras del Sur, en cuya
sede había nacido y había pasado su primeros años en la calle Río, de Priego de
Córdoba, lo que le ligó para toda su vida;
incluso su casa y almacén siempre
señalaba el recorrido entre las dos ciudades, Volvió a nuestra tierra, y, como
otros muchos mozalbetes vivió los últimos tiempos del Protectorado Español
ejerciendo el servicio militar en Sidi Ifni, ligándole con algunos alcalaínos
de su edad del mundo de la construcción. No olvidará nunca su amistad con la
familia Mesa Lozano, Pedro, Saturnino y Manolo, con los que compartió oficio en
sus primeros pasos del mundo del trabajo. Pronto, la alergia le impidió ser un
buen maestro de obras de modo que, en el mismo campo, desarrolló por la segunda
mitad del siglo XX, sus ideas emprendedoras, porque bebían de la compraventa de
artículos de albañilería de Alonso Rubio, un último hidalgo, al que le hicieron
varias obras en sus quintas de los arrabales de la Mota, de las que se conservan algunas
minutaras de casas de muñecas y palomares. Pronto adquirió el apodo de Antonio,
el del Yeso, al establecer su tienda de la construcción, su entrañable almacén
con predominio de la venta del yeso, que surtía a los muchos clientes que se
ganó con su talento y empatía de prestación social, ayudando a las familias
más humildes. Muchas casas del casco
antiguo son testigo de sus materiales y de sus consejos para prever una buena
construcción, y de muchos niños del barrio que disfrutaban con juegos
relacionados con su casa.
Ya le quedó marcado por el nuevo mundo de
empresa, pero enraizado en el barrio de la Tejuela, renovó junto al final de
las Azacayas, su tienda compartida con el nombre de Aguiper que imprimió otra etapa de su vida y de su familia modernizándose en la
venta y en prestación de otros servicios derivados. Antonio dejó la huella en
muchas personas como persona desinteresada que primaba la amistad en sus
relaciones humanas y comerciales aun olvidando su propia persona, de modo que
esta faceta era su buque de insignia, su talante y su elenco de virtudes.
No quedaba su ascendencia social en las
relaciones comerciales, sino que se relacionó en los campos asociativos de
aquel tiempo, Compartió con su hermano la afición taurina y fue su apoderado
taurino, principiante novillero que bebió de las aguas de Pepete por los
años sesenta del siglo pasado, hasta el punto que era capaz de dar todo para
que pudiese verlo torear: así en Priego se desvivió vendiendo entradas y asumir
el coste del valor del toro. Fue testigo de su tiempo que no se perdía ninguna
de las retransmisiones de las corridas de toros y animador de su frustrado
torero.
Su pasión de la vida del campo y hortelana
se plasmaba en el Pedacillo del Rosalejo, donde levantó su quinta para disfrute
familiar, y en el recorrido senderista por los caminos de los partidos del
campo, acompañado de su esposa. En el mundo cofrade, como es frecuente del
sector de la albañilería alcaláina de aquellos años, se hizo hermano de la Real
Cofradía del Dulce Nombre de Jesús y Santa Caridad, y, con su cara y su túnica morada
cubierta con capa blanca, al descubierto, fue muy frecuente en sus años maduros ,ejercer
de demandante especialmente en Semana Santa, con la tacilla de las limosnas,
recogiendo dinero para las nuevas
actividades que complementaban la pasión de
pasos vivientes como eran las cuadrillas de los costaleros y banda. Inculcando a la
familia la pasión hacia el Nazareno. Aparte de regentar la empresa de
materiales de construcción, fue valorado por su generosidad ante quienes
necesitaban cualquier material y les daba solución y colaboración.
En los años gloriosos del futbol
alcalaínos, formó parte de la directiva del Alcalá C.F hasta su extinción,
donde supo afrontar con su buena dote de negociación y generosidad la solución
de los problemas en sus momentos críticos, con la avidez de que sabía captar a alguien
que siempre le abriera la puerta, ofreciendo soluciones como sorteos de coche e,
incluso, la adquisición de un solar, donado por ayuntamiento, para sanear la economía del club, así como
la venta de cupones en los descansos de los partidos. Ni que decir de su amor
por el mundo de la caza, siendo miembro del coto la Mata, del que era un
avezado tirador. No se quedaba su amor futbolero en su tierra, sino que perteneció
a la peña del Betis, con la que compartió momentos gloriosos del club andaluz..
Antonio, el de Yeso, vivió en sus últimos
años de su vida como un guerrero en su retiro, con dos cicatrices en su
corazón, la pérdida de las dos personas que más había querido en su vida. Primero,
su hijo Antonio, en el que sembró la
semilla de la solidaridad en Cruz Roja y fue un ejemplo de entrega de las demás.
Y, nunca pudo olvidar la pérdida de su esposa Mercedes, como símbolo de su
compañera ideal con la que compartía todos los momentos y horas de su vida, del
ocio al negocio, de sus paseos desde Llanillo a los álamos, de la casa de campo
a la calle Mesa...
En sus últimos años, como un buen senequiano,
afrontó su jubilación en el silencio gozoso de no ser una carga para nadie y
los brazos abiertos de su amor dentro de su morada, cobijo de todos los miembros
de su familia, su hija Aurora, su yerno Custodio y sus nietos. De seguir
sembrando semillas en el mundo constructivo, como su nieto Custodio. Continuó
rellenando estos momentos hasta su final
entre sus muros, haciéndola más pasajera con el recorrido televisivo de las películas de oeste de los años setenta,
los recuerdos africanos de su milicia, su huerto, y la paz interior de haber
cumplido con su camino de entrega y bonhomía. Y con esa tranquilidad y buen
semblante ante la adversidad, la patrona alcalaína de las Mercedes lo acogió
con su manto despidiéndose como si quisiera querer seguir entre nosotros, y ya estuviera disfrutando de la juventud eterna.
.jpeg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario