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sábado, 19 de septiembre de 2026

ANTONIO PÉREZ FUENTES, OBITUARIO DEL JAÉN

 

ANTONIO PÉREZ FUENTES

Antonio, el del Yeso. 




Antonio Pérez Fuentes.  (4-11-1935 a 31-08-2026)  se nos fue como si se tratara de un pedazo abacial  de las tierras del Sur, en cuya sede había nacido y había pasado su primeros años en la calle Río, de Priego de Córdoba, lo que le ligó para toda su vida;  incluso su casa y almacén  siempre señalaba el recorrido entre las dos ciudades, Volvió a nuestra tierra, y, como otros muchos mozalbetes vivió los últimos tiempos del Protectorado Español ejerciendo el servicio militar en Sidi Ifni, ligándole con algunos alcalaínos de su edad del mundo de la construcción. No olvidará nunca su amistad con la familia Mesa Lozano, Pedro, Saturnino y Manolo, con los que compartió oficio en sus primeros pasos del mundo del trabajo. Pronto, la alergia le impidió ser un buen maestro de obras de modo que, en el mismo campo, desarrolló por la segunda mitad del siglo XX, sus ideas emprendedoras, porque bebían de la compraventa de artículos de albañilería de Alonso Rubio, un último hidalgo, al que le hicieron varias obras en sus quintas de los arrabales de la Mota, de las que se conservan algunas minutaras de casas de muñecas y palomares. Pronto adquirió el apodo de Antonio, el del Yeso, al establecer su tienda de la construcción, su entrañable almacén con predominio de la venta del yeso, que surtía a los muchos clientes que se ganó con su talento y empatía de prestación social, ayudando a las familias más humildes.  Muchas casas del casco antiguo son testigo de sus materiales y de sus consejos para prever una buena construcción, y de muchos niños del barrio que disfrutaban con juegos relacionados con su casa.

Ya le quedó marcado por el nuevo mundo de empresa, pero enraizado en el barrio de la Tejuela, renovó junto al final de las Azacayas, su tienda compartida con el nombre de Aguiper que imprimió  otra etapa de su vida y de su familia modernizándose en la venta y en prestación de otros servicios derivados. Antonio dejó la huella en muchas personas como persona desinteresada que primaba la amistad en sus relaciones humanas y comerciales aun olvidando su propia persona, de modo que esta faceta era su buque de insignia, su talante y su elenco de virtudes.

No quedaba su ascendencia social en las relaciones comerciales, sino que se relacionó en los campos asociativos de aquel tiempo, Compartió con su hermano la afición taurina y fue su apoderado taurino, principiante novillero que bebió de las aguas de Pepete por los años sesenta del siglo pasado, hasta el punto que era capaz de dar todo para que pudiese verlo torear: así en Priego se desvivió vendiendo entradas   y asumir el coste del valor del toro. Fue testigo de su tiempo que no se perdía ninguna de las retransmisiones de las corridas de toros y animador de su frustrado torero.

Su pasión de la vida del campo y hortelana se plasmaba en el Pedacillo del Rosalejo, donde levantó su quinta para disfrute familiar, y en el recorrido senderista por los caminos de los partidos del campo, acompañado de su esposa. En el mundo cofrade, como es frecuente del sector de la albañilería alcaláina de aquellos años, se hizo hermano de la Real Cofradía del Dulce Nombre de Jesús y Santa Caridad, y, con su cara y su túnica morada cubierta con capa blanca, al descubierto, fue muy frecuente en sus años maduros ,ejercer de demandante especialmente en Semana Santa, con la tacilla de las limosnas, recogiendo dinero  para las nuevas actividades que complementaban la pasión de  pasos vivientes como eran las cuadrillas de  los costaleros y banda. Inculcando a la familia la pasión hacia el Nazareno. Aparte de regentar la empresa de materiales de construcción, fue valorado por su generosidad ante quienes necesitaban cualquier material y les daba solución y  colaboración.

En los años gloriosos del futbol alcalaínos, formó parte de la directiva del Alcalá C.F hasta su extinción, donde supo afrontar con su buena dote de negociación y generosidad la solución de los problemas en sus momentos críticos, con la avidez de que sabía captar a alguien que siempre le abriera la puerta, ofreciendo soluciones como sorteos de coche e, incluso, la adquisición de un solar, donado por ayuntamiento, para sanear la economía del club, así como la venta de cupones en los descansos de los partidos. Ni que decir de su amor por el mundo de la caza, siendo miembro del coto la Mata, del que era un avezado tirador. No se quedaba su amor futbolero en su tierra, sino que perteneció a la peña del Betis, con la que compartió momentos gloriosos del club andaluz..

Antonio, el de Yeso, vivió en sus últimos años de su vida como un guerrero en su retiro, con dos cicatrices en su corazón, la pérdida de las dos personas que más había querido en su vida. Primero,  su hijo Antonio, en el que sembró la semilla de la solidaridad en Cruz Roja y fue un ejemplo de entrega de las demás. Y, nunca pudo olvidar la pérdida de su esposa Mercedes, como símbolo de su compañera ideal con la que compartía todos los momentos y horas de su vida, del ocio al negocio, de sus paseos desde Llanillo a los álamos, de la casa de campo a la calle Mesa...

En sus últimos años, como un buen senequiano, afrontó su jubilación en el silencio gozoso de no ser una carga para nadie y los brazos abiertos de su amor dentro de su morada, cobijo de todos los miembros de su familia, su hija Aurora, su yerno Custodio y sus nietos. De seguir sembrando semillas en el mundo constructivo, como su nieto Custodio. Continuó rellenando estos momentos  hasta su final entre sus muros, haciéndola más pasajera con el recorrido televisivo  de las películas de oeste de los años setenta, los recuerdos africanos de su milicia, su huerto, y la paz interior de haber cumplido con su camino de entrega y bonhomía. Y con esa tranquilidad y buen semblante ante la adversidad, la patrona alcalaína de las Mercedes lo acogió con su manto despidiéndose como si quisiera querer seguir entre nosotros,  y ya estuviera disfrutando de  la juventud eterna.

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