LA PUERTA DE LOS ARCOS
Recientemente se ha inaugurado una copia artificial de la Puerta de los Arcos en una glorieta que recibe una rama de entrada de la carretera de Granada y del Polígono Industrial Fuente de Granada o de la Moraleja. Obra muy meritoria del arquitecto Idelfonso Rosales, al que felicitamos No es la primera reproducción mimética de este monumento desaparecido en los últimos decenios del siglo XIX, cuya imagen se conserva en las primeras fotografías de la historia de la ciudad. Ya, desde hace varias décadas, se llevó a cabo su reproducción más realista y coincidente en la portada de la feria de Alcalá la Real, salvo los elementos de la escultura que no aparecen en ninguna de las dos copias. Ninguna de las dos se ubica a la entrada de la ciudad antigua de Alcalá la Real ni ofrecen su originara funcionalidad, son simplemente puros objetos decorativos.
Siempre se ha considerado que los castillos
y ciudades fortificadas debían restringir y proteger sus accesos y no abrir sus
murallas por muchos lugares para el paso de los vecinos a su interior. Muchas
puertas, en otras ciudades, servían de entrada de los caminos que partían de
otros lugares importantes y, por los diferentes puntos, cardinales llegaban a
las murallas. Hay ciudades en las que se alude a estas puertas, las de Martos,
o Granada son testigos en el caso de Jaén. En la ciudad fortificada Alcalá la
Real, se han citado siete puertas, más otras dos nuevas que permitieron los
Reyes Católicos y, es curioso que, a lo largo de los siglos, desaparecieron las
puertas con nombres de ciudad, para ser bautizadas de distinta forma: un
vecino, Martín Ruiz, dio nombre a una puerta; Cambrón, Rastro, Postigo o
Arrabal, se llamaron así por el sitio donde se ubicaban; Lanzas, Imagen o
Justicia, hacían referencia a instituciones de la ciudad; Aire o Santiago alude
a un evento meteorológico; Nueva, al momento histórico de su apertura; y del
Hierro, a oficios que se ejercían en su entorno. A lo largo del siglo XX,
muchas de estas puertas, sepultadas por el paso del tiempo, se localizaron y
salieron a la luz gracias al esfuerzo de las instituciones para recuperar el
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Cuando la Mota ya se hallaba casi abandonada,
la población bajó al llano y valle de modo que las únicas puertas que servían
eran la Peña Horadada, para controlar la salida de los campesinos al laboreo
por la Mota, y, en la nueva ciudad, la de los Arcos y la Puerta Villena, posteriormente
la de las Caserías de los Valencias o la Cruz de los Moros. La puerta de los
Arcos o Álamos era una puerta, monumental,
con finalidad de protección de la ciudad en los momentos de peligro, guerra,
entrada de bandoleros, o moriscos. Además, servía de control de todo tipo de
mercancías que se transportaban desde los pueblos de la Campiña de
Jaén y Córdoba hacia Granada y Málaga. A ello se añadía la función de filtro en
los momentos de epidemias y peste..jpeg)
La
puerta tenía adosada una pequeña caseta, donde se resguardaban los caballeros
guardianes en el control de los vecinos
Esta era de inferior calidad, de mampostería y tejado. tuvo otros
usos como lavadero y fielato.
Esta puerta respondía al urbanismo de la nueva ciudad que surgió a las faldas
de la Mota desde principios del siglo XVI y donde había que
encauzar un eje radial para prever las incidencias que hemos
comentado. Fruto de su paralelismo, y de su importancia
con la Torre de la Imagen, en ésta se sustituyó la antigua
imagen de nuestra Señora, por el de la Patrona, Santa Ana, devoción muy
extendida a mediados del siglo XVI.
Corresponde a un triple arco de triunfo que hace de entrada a la ciudad, con
dos cuerpos y un pequeño dintel De estilo renacentista muy italianizante. El
primero con tres arcos de medio punto que le servían de vano y puerta de
entrada a la ciudad; el central de mayor altura que los laterales, superior a
los cuatro metros desde el suelo al, intradós permitía el paso de grupos
humanos, carros y animales de carga; y los laterales servían de acceso de
parejas de personas y una altura inferior a los cuatro metros. Se apoyaban
sobre unos de más de dos metros de altura, de carácter toscano Una cornisa,
partida por la elevación del cuerpo central, dividía el segundo cuerpo. Sobre
los arcos laterales, en cada uno de ellos, se alzaban un pináculo y dos
orejuelas confrontadas, muy típicas de los Bolívar. Sobre el arco central,
un segundo cuerpo a modo de templete, con una hornacina, daba a cada cara o
fachada de la puerta. Algunos autores consideran que este tipo de obra responde
a los retablos montañesito Para Lázaro Gila, este segundo cuerpo no es
sino un ático, en el que se abre una hornacina, donde se albergaba la Santa Ana
Triple, patrona de la ciudad desde el siglo XVI hasta el siglo
XVIII. En la cara
norte, en su segundo cuerpo, dentro de una hornacina, se encontraba la
imagen de Santa Ana, labrada con piedra de cantería de los Llanos, Obra probable
de los hijos de Pedro Sardo, presentaba la imagen de Santa Ana triple,
con la Abuela, María y el Niño Jesús sentados sobre la primera. De rasgos
esquemáticos, y deteriorados por el tiempo presentaba una iconografía simulando
a la que se encontraba en la ermita de Santa Ana, actualmente se conserva en el
convento de la Encarnación de las RRMM de Alcalá la
Real. $n la cara sur el hueco correspondiente con la imagen de Santa
Ana, se rellenaba con una cruz de hierro.
Se remataba toda la puerta, con un dintel, donde estaba colocado el escudo de
la ciudad y el real en cada una de las caras, orlado por dos pequeños
pináculos, muy del estilo de los sardos y una cruz de hierro.
Creemos que su origen proviene de sus funciones defensivas y de control, aunque
posteriormente se caracterizaba, según Lázaro Gila” por su misión
ornamental, al igual que otras muchas puertas que por estos mismos momentos, se
hacían realidad en Sevilla o Córdoba: básicamente advertir al sufrido
viajero que transitaba por el camino de Granada que arribaba a una ciudad realenga,
altamente privilegiada”.
Las imágenes responden al sentido protector de la ciudad por la patrona, Santa
Ana desde el tercer tercio del siglo XVI hasta finales del siglo XVII.
Por su parte, la Cruz, corresponde a una moda en la que las entradas de la
ciudad se abrían con este signo iconográfico, a lo que aludía Caro Baroja, para
espantar los malos espíritus y símbolo de una ciudad cristiana.
Ahora,
la puerta se ha re convertido en el centro de una rotonda, y. ha desbordado la
entrada de la ciudad antigua por la nueva ciudad de los tiempos del desarrollo.
El cemento y los nuevos materiales han sustituido su tradicional piedra, es un
canto a la pirueta estética. Ha desalojado una bella rotonda entrada, moderna,
ejemplo artístico y testimonial de una nueva época con un recuerdo de diseño y
de línea esquemática a un monumento que desgraciadamente se nos marchó por
desidia de los munícipes de los últimos decenios del siglo XIX. De puertas a
rotondas, de vanguardia a retaguardia.


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