MARÍA DOLORES
MADINABEITIA, UNA JIENNENSE de ADOPCIÓN
Alcalá la Real se distingue desde hace décadas por ser una ciudad que ha apostado y ocupa uno de los primeros lugares del podio de los Asuntos Sociales. El pasado día dieciséis de agosto nos dejó María Dolores Madinabeitia, y López de Luriaga una jiennense de adopción que pasó haciendo el bien por las tierras jienenses hasta el punto que fue reconocida su labor en este campo por diversas ciudades con diversos títulos y honores. Natural de Araya de Pasajes (Guipúzcoa), formó parte de la comunidad de la Sagrada Familia de Burdeos y, desde los años setenta del siglo pasado hasta los veinte del actual, permaneció en tierras del Santo Reino ejerciendo su labor de entrega a las personas más desfavorecidas.
Sus comienzos fueron,
concretamente en 1978, y compartió el contrato entre la congregación y la SAFA,
en el que ambas partes se comprometían a cooperar en cuestiones religiosas y de
índole social. Junto con otras hermanas pioneras, colaboró en las parroquias
con la catequesis, Cáritas, formación de mujeres y ministras extraordinarias de
la Comunión, entre otros cometidos. Su huella se mantuvo en aldeas alcaláinas,
como La Hortichuela, Fuente Álamo, Venta de Agramaderos, San José, La Rábita,
Mures, Ermita Nueva, Santa Ana y Charilla. Y siempre como mujer emprendedora y
de la formación de la mujer, destacó el caso rabiteño con la creación de una
cooperativa textil, de modo que se extendió a otros núcleos rurales que impartieron
clases de corte y confección, que permitían obtener un título y, de esta
manera, promocionar a estas mujeres..jpeg)
Sin embargo, tuvo una dedicación especial en un campo que hasta ahora, apenas se habían preocupado. Junto con su colectivo, asimismo, organizaron la ayuda a los discapacitados con la presencia en grupos, congresos, actividades, organismos como el primer patronato de acción social —sobre todo a raíz de la apertura del matadero de PROMI — y las pastorales del Enfermo y de Ocio y Tiempo Libre. Fui posadero de sus inquietudes en los encuentros de la capital del Samto Reino y huesped de su familia en su tierra. En la línea de promoción femenina, en el Palacio Abacial —en locales cedidos en aquellas décadas por el Ayuntamiento— había talleres de alfabetización, charlas de formación religiosa y general, corte y confección. Cada mes se publicaba un periódico, titulado “El Girasol”. En los años 80 del siglo XX surgió el grupo de Jóvenes Misioneros que promocionaron a través de Caritas Interparroquial. Fue alma y vida de todas estas personas que encontraron en su apoyo diario y su constante labor ante cualquier institución para que el pueblo de Alcalá la Real lograra una presencia y dedicación prioritaria a este colectivo a partir de su obra.
Compartió con sus
compañeras y , entre los méritos,
destacaron atención al barrio obrero de Condepols, la creación en 1980 del
Centro Sociocultural de Promoción Femenina y Familiar El Girasol, el Taller
Ocupacional Los Amigos y múltiples iniciativas como coros musicales, la
pastoral conjunta del arciprestazgo, la enseñanza religiosa escolar, las clases
de Primaria en Ribera Alta y Santa Ana y la colaboración con Manos Unidas y
Proyecto Hombre, sin olvidar los campamentos de trabajo en Alcalá la Real y la
celebraciones de Semana Santa en las pedanías ante la ausencia de sacerdotes.
En
1982, marchó a La Carolina y su presencia pronto fue fundamental en la ciudad
de Sierra Morena, Durante treinta años, se ganó a la población carolinense por
su labor samaritana, hasta el punto que se le conocía como la monja de Cáritas.
Todos los partidos políticos siempre reconocieron su gran obra en el campo de
la marginación y su esfuerzo continuo por la promoción de la persona. Su campo
de acción y su trabajo estuvo relacionado con niños, jóvenes, familias y
destacaron el fomento de asociaciones creadas por ellas como AFAT, OTL SIERRA
MORENA, ARA, comedor social … así como las numerosísimas actividades y talleres
que se han desarrollado desde Cáritas gracias a su creatividad y a su impulso
y, sobre todo, por ser una vida entregada a los demás.
En 2012, fue
trasladada a su tierra las parroquias y el pueblo carolinense la despidieron
con muchos actos de reconocimiento por haber participado de tres decenios de su
labor como religiosa de la Sagrada Familia, estando siempre disponible en el
servicio generosos a los hermanos más necesitados. También participaron en este
homenaje miembros de Cáritas Diocesana, así como la hermana Provincial, una
Consejera y hermanas de diferentes comunidades.
El propio ayuntamiento de la Carolina se hizo
eco del reconocimiento de su labor y en un pleno extraordinario de la
Corporación le nombró por unanimidad “Hija Adoptiva de La Carolina”. El alcalde
manifestó que era la primera mujer que recibía este galardón y lo hacía no por
propia iniciativa, sino a petición de la población.
Fue
el momento de reconocer, con sus palabras “su filantropía, su amor al prójimo, especialmente a los más
desfavorecidos asumiendo como propio el sufrimiento de los demás y su tarea
para erradicarlo. Ha sido pan y esperanza para miles de personas. Manifestaba
su agradecimiento público y solemnemente porque su vida es un ejemplo que honra
a este organismo municipal y así mismo hacía extensivo esta gratitud a los
miembros del equipo de Cáritas Interparroquial que durante tantos años han
colaborado con ella en esta misión eclesial. Terminó indicando como el pueblo
de La Carolina se sentía orgulloso de tener entre sus gentes a personas como Mª
Dolores”.
En 2020, la comunidad de la
Sagrada Familia se marchó de Alcalá la Real.
Según fuentes de la congregación, el motivo de la salida era la avanzada
edad de las tres integrantes que quedaban —Teófila García, María del Carmen
Gómez y Arantxa Aristondo— y la falta de relevo generacional. Las religiosas se
trasladaron a comunidades de las provincias de Valencia, Madrid y Cáceres,
María Dolores
compartió el premio Hércules en la rama de Solidaridad. Se hacía eco a raíz de la
salida de las religiosas, gracias al respaldo de muchos alcaláinos que
elaboraron un dosier con la labor del colectivo, durante cerca de cinco
décadas,
Desde tierras vascas,
fue embajadora de muchos alcalaínos que acudían a su tierra en viajes
culturales. Allí disfrutaba de la tranquilidad de una vida de entrega a los
demás, el descanso del guerrero, en este caso de la amazona. Siempre nos
recibía con los brazos abiertos, nos ofrecía a su familia de guías por aquellos
entornos y nos enviaba mensaje de hospitalidad en los intercambios.
El día de San Roque,
dieciséis de agosto del presente año, nos dejó María Dolores. Sus compañeras se
trasladaron a otros lugares de España en medio de la pandemia por el coronavirus. Parece como si el santo de las epidemias fuera una premonición de
la pérdida de una vida de entrega Como un testimonio, Mª Dolores fue religiosa
de la Sagrada Familia de Burdeos, comunidad que estuvo casi cincuenta años en Alcala la Real y llevaba más de treinta años siendo “sal
de la tierra” entre los carolinense en el momento de su marcha. Ellas, como dice la carta de S.
Pedro sobre Jesús, viven entre nosotros “haciendo el bien”. Y María Dolores lo hizo y damos testimonio. Sembró la semilla y cayó en tierra fértil.


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