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sábado, 5 de septiembre de 2026

RUTA DEL CRISTO DE LA SALUD EN LA TARDE DEL JUEVES, DÍA TRES DE SEPTIEMBRE.

 

RUTA DEL CRISTO DE LA SALUD

POR EL ENTORNO

DEL BARRIO DE SAN JUAN

 



SUS HOMBRES,

SUS, CALLES,

SU BARRIO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

RECORRIDO

Preparamos este viario, para recortarlo, si era necesaio.



 

Tres Kilómetros.

Sitios. San Blas, Calle del Puerto, Cruz de los Muladares,  calle Labradores, calle la Peste, callejón del Horno,  Caños, Angustias,   Veracruz,  Rosario, Luque, Llana, Oteros, Ancha, Real, Yedra, Medrano, Trinidad y plazoleta de San Juan.

Entregamoss este folleto, con esta introducción, a más de sesenta  ruteros que cudieron a la cita. 

LA FIESTA DE SAN BLAS, PATRÓN DE LA CIUDAD DE ALCALÁ LA REAL

 El día tres de febrero debería celebrarse como fiesta de la hermandad del Cristo de la Salud, por ser el día de san Blas tal como establecen sus estatutos. Un año, hubo quien se acordó e invitó repartiendo pan y agua a todos los que acudieron a misa recogiendo una tradición ancestral que tenía el símbolo del santo que curaba de las enfermedades de la gargantilla. San Blas, el Cristo de la Salud y la iglesia de San Juan se encuentran ligados en este año.

 

 

 Y explicamos : 

 

 

I LA IGLESIA DE SAN BLAS                     

 







Muy cerca de la iglesia de San Juan, en el siglo XVI, Antes que en Alcalá, se levantara el del cerro de las Cruces o Calvario, en este barrio más debajo de las murallas y cerca de la puerta de Granada o Cambrón, hubo un Calvario, realizado por la cofradía de la Limpia Concepción, a instancias de Pedro Rodrigo, que amojonó cada una de las estaciones entre dicha cuesta del Cambrón y la cruz de san Pedro e incluso llegó a levantarse una ermita.

Por otro lado, la devoción de san Blas se remonta a un tiempo anterior, debido a su capilla, perteneciente a la familia  de los Villalobos en la Iglesia Mayor Abacial, donde estaban sus reliquias y se celebraba su culto. Se reconoció como patrón a principios del siglo XVII y figuraba en las fiestas oficiales del cabildo municipal. El armenio San Blas. de Sebaste fue conocido por el don de hacer milagros y su dedicación a la medicina. Muchas ciudades levantaron ermitas en su honor, incluso algunos médicos como el griego Aecio recomendaba la devoción a san Blas para protegerse del mal de la gargantilla.

Incluso, perduró la costumbre de acudir al santo para las enfermedades de la garganta, el garrotillo y comerse por estos días las rosquillas de san Blas, como antídoto de las enfermedades de la garganta.

No faltan los historiadores que han recogido los momentos trascendentales, en los que este santo fue declarado patrón de la ciudad, y las fiestas que se instituyeron.

En Alcalá la Real, durante el reinado de Felipe II, se propagó mucho la devoción de san Blas, cuya imagen se hizo en los talleres de Pedro de Raxis   en Granada, según una provisión real del 8 de agosto de 1595 y reflejada en una acta del Cabildo del 17 de  enero de 1597, en la que se encargó  la imagen de san Blas a Pedro de Raxis. Por los restos y el grabado conservado del museo de San Juan, la talla muy deteriorada y decapitada, ofrece restos del estofado y la elaboración de la familia de los Sardos, de estatura clásica y  con el vestido episcopal, cae la capa sobre una túnica que refleja los pliegues y dragado en forma triangular ampulosa, propia del sobrino de Pablo de Rojas.

Sin embargo, la importancia de su nombre radica que cambió de denominación la Cuesta del Cambrón, a la ermita y a la plaza, donde estaban su imagen.  Hubo muchas personas que se referían a sus vecinos como la gente de san Blas.

      

                                                           II

 

          En la ermita de San Blas, existía la imagen de San Blas , obra de  pedro de Raxis, y las de san Roque y san Lázaro, según la documentación que aparece en 1626.

II El CRISTO DE LA SALUD

  Curiosamente, en la ermita de San Blas de Alcalá la Real, existía una cofradía bajo la advocación de este santo obispo, pero en uno de sus laterales  ya en el siglo XVI  se rendía culto a una imagen, de origen desconocido con muchos caracteres iconográficos similares al Cristo granadino ( su movimiento del torso, la inclinación de la cabeza hacia la izquierda, la corona de espinas y las potencias de plata, la posterior peluca, el faldón  o perizoma, su arcaísmo en la composición y diseño , la cruz de madera, etc). También, la primera Vía Sacra se levantaba en Alcalá la Real en la  Cuesta del Cambrón, por lo que tiene más fiabilidad la hipótesis de la estancia del Cristo en aquel lugar  No es de extrañar, pues, que, mientras la cofradía de san Blas ejerciera el control y la autoridad  dentro de la organización eclesial, hubiera un grupo de devotos bajo la advocación de Esclavitud del Cristo, más tarde  de la Salud, que cuidaran del culto de esta imagen. Por cierto muy relacionado con  la Escuela de Cristo que se estableció en esta ermita a mediados del siglo XVI, que fueron trasladando su organización a la iglesia de San Juan San Francisco, Veracruz y San Antón a lo largo de los siglos.

LA HERMANDAD DEL CRISTO DE LA SALUD DE ALCALÁ LA REAL

Según la primera litografía que conocemos del Cristo de la Salud, en 1875, siendo hermano mayor Domingo Álvarez Barrio y dibujada por un artista que responde a las siglas, "P. P" en litografías Casado de Granada. la imagen del Cristo de la Salud muestra un tipo de crucificado de mediana dimensiones, protobarroco, con elementos manieristas en su composición y adornos adosados como la cabellera postiza de pelo natura, las potencias, un perizoma que cubría con sus paños y con una composición y elaboración propias de las Escuela granadina. Además, pendía del travesaño de la cruz redonda (simulando al tronco de un árbol) unas cortinas de encaje, y, en el madero ve4rtical tenía fijado el INRI ( Iesus, Natharenus Rex Iudeorum) . Sobresalía la mirada del Cristo que se fijaba en el orante. Y su manierismo se reflejaba en un movimiento de su rostro hacia la derecha que se compensaba con el del cuerpo y el de las piernas hacia la izquierda. Muy equilibrado, y muy al estilo de la época no es de extrañar que la Escuela de Cristo, esta congregación fundada por san Felipe de Neri la tuviera en 9 nueve de septiembre de 1663 como su imagen y su capilla de lugar de culto en los primeros años de iniciación o introducción de esta asociación religiosa dentro de la demarcación de la Abadía. Lo que nos confirma que la imagen se remonta a mediados del siglo XVII con motivo de las diversas epidemias de peste que tuvieron lugar en 1639, y, sobre todo, la más cruel comprendida entre los años 1676 y 1682, cuya intensidad y consecuencias mortales fueron muy significativas en la comarca alcalaína, en concreto el Castillo de Locubín. Por estas fechas la imagen del Cristo, como en muchas otras ciudades, debió llegar a la ciudad de la Mota y se albergó en la Iglesia Mayor para bajar luego ubicarse en la ermita de San Blas, donde este Cristo recibió el nombre de la Salud, como era frecuente y relacionado con la salvación humana en tiempos de Peste. Ya comentamos en años anteriores, muchas cofradías, sobre todo la granadina del Cristo de la Salud que tuvieron el mismo origen.La antigua hermandad de San Blas fue dejando paso, en el siglo XVIII, a la nueva constituida del Cristo de la Salud, de tal modo que está fue la encargada del mantenimiento de la ermita y de sus cultos hasta la desaparición de la ermita en siglo XX


No hay fecha exacta de cuando la imagen del crucificado se transformó en la del Cristo de la Salud.  Pero debió acontecer por 1680, cuando la epidemia también afectó a la ciudad alcalaína, aunque se cebó con el Castillo de Locubín y la Abadía requirió los auxilios de Santa Ana, a la que atribuyó su intercesión por lo milagrosa que era. Por este tiempo, la imagen de San Roque, también en la ermita de San Blas fue declarado patrón de la ciudad por ser protector de los apestados. 

También, era frecuente que en las ermitas de extramuros se colocaran los enfermos y la ermita San Blas así se encontraba por estos años como hospital provisional para recoger a los enfermos.

 Por otro lado, la advocación de hermandad de San Blas anuló por estos años a la esclavitud del Cristo de la Salud e, incluso hasta el siglo XX se confundía a la hora de realizar cultos y actividades.

. Sin embargo, la hermandad del Cristo de la Salud fue sustituyendo a la de San Blas alrededor del siglo XVIII, de lo que hay constancia en grabados y donaciones, y ya que se había marchado la Escuela de Cristo de la ermita de San Blas. La antigua imagen del Cristo de la Salud se hallaba en un camarín de la ermita de San Blas desde el siglo XVII (donde fueron edificados una capilla y retablo en 1730, y en 1795 su camarín).

Además, la imagen del Cristo de la Salud comenzó a participar de las rogativas de la ciudad como en 1800. En 1885, se convirtió la ermita en un hospital de aspestados y trasladaron las imágenes a la iglesia de San Juan, pero, debió invocarse al Cristo de la Salud en otras muchas epidemias.

En 1922, se encontraba la ermita de san Blas muy en ruinas, y se hicieron obras, que cobró el maestro de albañilería Tomás Cortés.  Y, como en otras ocasiones se trasladaron las imágenes, san Blas y el Cristo de la Salud a la iglesia de San Juan.

Cinco años después, la iglesia de san Blas fue vendida a la familia alcalaína de Salvador Fernández Anchuela. Y hay noticias que se trasladaron el resto de todos las imágenes, ornamentos sagrados y objetos religiosos a la iglesia de San Juan. Pero se hizo un poco confusamente de tal modo que en una sesión municipal del ayuntamiento alcalaíno se criticaba que algunas personas se habían quedado con algunos enseres. Fue en 12 de diciembre de 1931 con motivo del derribo de las cruces de Alcalá la Real.

La historia triste de la desaparición de la imagen se realizó en años posteriores. Pero una nueva imagen, obra de Martín Simón, sustituyó al Cristo de las Senaguillas, al Señor de la Salud, como ya lo llamaban en el siglo XIX, y al Santísimo Cristo de la Salud, que hoy veneramos en sus cien años de estancia en esta iglesia, que hizo de parroquia de Santa María la Mayor.

Este año, innovamos con la capilla de San Lázaro en el lugar de la epístola

NOS ADENTRAMOS EN LA CALLE DEL PUERTO

Un labrador que se afincó en esta calle. Alonso del Puerto. Su origen de enterramiento musulmán o argárico

Visitamos la casa del Gallardete de la Columna, con la amabilidad de Ana Martínez.

Las casas de los Vegas, los fundadores de la banda del Cristo de la Salud. De  Cruz de término a de los Muladares. La antigua fábrica de Benito Fuentes, cocheras de Cañadas.

 

LA CALLE DEL PUERTO EN EL CATASTRO DE LA ENSENADA


Esta calle se ha relacionado con el término de "Puerto" de Alcalá, una calle que reflejaba  este carácter dentro del mundo de frontera. Pero, existieron  algunos vecinos anteriores con apellido secundario o apodo del Puerto, esta calle recibe su nombre. Entre estos, Joan del Puerto, casado con María de Morales en Dúrcal, de donde eran naturales. Tuvo por hijos:

-Alonso del Puerto

-Antonio del Puerto, casado con Luisa Melguizo en 1645, y le dieron 400 ducados.

-María del Puerto, casada con Bartolomé Melguizo  y le dieron de dote cuatrocientos ducados,

-Jacinta del Puerto, casada  con Joan de Castro en 1635, a la que dio como dote 350 ducados.

La familia llegó a Alcalá la Real en 1626, procedente de Pinos del Puente, donde vivía, Trabajó las tierras del marqués de Valenzuela don Antonio Fernández de Córdoba, que ocuparon este marquesado por estas fechas en tiempos de Felipe IV, no saliendo muy bien parado porque tuvo desaveniencias con este señor y se vio obligado a emancipar a su hijo Antonio para poder evadir las molestias y vejaciones al que le sometía como su labrador. Con el acompañamiento de sus hijos en las labores y trabajos del campo, este labrador administró el cortijo de la Alberquilla de Charilla, donde vivió en su casa de teja y labró sus tierras, propiedad de Pedro Gómez Pedrero.

-Juan del Puerto casado con Luisa de Solana en 1640.

-Catalina del Puerto casada con Pedro de Espejo.

Parece que sufrió algunos problemas familiares con su esposa y la bondad de su personalidad. A partir de los años cuarenta del siglo XVII,  su caudal era administrado por su hijo Alonso, al que reservó cuatrocientos ducados en su testamento y que viviía en su morada de la calle los Relimpios, que era como se denominaba esta calle ( por otros documentos de  arrendamientos , nunca la calle Relimpios fue la de Capuchinos, e incluso la calle de estos frailes que le dio su nombre, se llamó asi porque la casa de los capuchinos ocupaba desde la calle de la Peste hasta  el final de esta calle que recibio su nombre). Como buen labrador su hacienda se basaba en el ganado de las labores( seis yuntas, ocho potros, 16 yeguas menores, y dos potros) y alamacenamiento de un centenar de fanegas de trigo y cebada, menaje, y enseres de hogar. S u hiijo Alonso se casó con Ana de Arjona y fue también labrador de cortijos de la Rábita  y Palancares y del marqués de Valenzuela, murió dieciocho años después. No tuvo herederos y fundó un memoria con su casa. 

Al final de su vida le protegió y cuidó su nieta Ana Carrillo que le dejó cien ducados de herencia, murió en 1651. (Antón de Santillán, legajo 5011, folio 199, 19 de febrero de 1650).

 Es una calle lindera  y última decúmana meridional que enlazaba el barrio de San Juan, con la Cruz de los Muladares, y, en otros tiempos, la calle de las Casas de don Eladio, hoy cronista Benavides. Servían los muros de sus solarines y patios de contención, y parapeto de entrada en caso de posible entrada de enemigos, lo que tras el nacimiento de la ciudad del Llano o Moderna, poco aconteció. Hoy día , la calle del Puerto es un vial  discontinuo comprendido entre solares y casas blancas, que sirve de enlance de la placeta de San Blas, con el Barrio de Belén a través de la calle Juan XIII. Ya no es la última del casco antiguo, ha sido degradada por la de san Blas. En tiempos del Catastro de la Ensenada, practicamente se encontraba completamente habitada por 28 vecinos. Estos eran por oficios ( la mayoría de jornaleros):una doncella, varios pujareros de la familia Medina, de  Gaspar de Roales,  y . José de la Vega,; alguna que otra  viudad, y un cardador 

 

El subsuelo de esta calle se encuentra, en muchos tramos, con sepulturas horadadas en la roca, que remonta a tiempos del mundo de los metales. 

 


CRUZ DE LOS MULADARES

-Su origen de Cruz de Ambrosio a  a Cruz de Muladares.



CRUZ DE LOS MULADARES

Suena mal este nombre , por el que conocemos la cruz de final de la calle de Juan XXIII y cruce con la del Puerto. Sin embargo, aportamos un dato que resulta interesante para saber el porqué había llegado a esta denominación. En primer lugar, muladar  suele compartir el campo semántico con muradal, palabra que responde mejor que "muladar" a su sentido etimológico de la  palabra. Pues muradal signfica  el  lugar o sitio donde se echa el estiércol o la basura de las casas. Por eso muladar se presta a interpretarlo como lugar de mulas, una cuadra que engendraba este estiiércol. Sin embargo, muradal procede de la palabra latina "murus", muro o muralla, y  hace referencia a los lugares  ( de ahí la terminación en sufijo"al" o "ar", del latino alis y aris)  fuera o én el entorno de la muralla, donde se vertían las basuras o el estiércol, que genearban los vecinos y los animales de la ciudad. Y, en este sentido se interpreta la palabra muladar, -que sufrió una metátesis lingüística de cambio de consonante lateral  l por la vibrante "r" - como

estercolero, basurero, pocilga, esterquilinio, cenizal.

En segundo lugar, la cruz debió existir anteriormente a este lugar llamado con este nombre de muladares. Y este es el caso de esta cruz tan famosa alcalaína, que recoge en una declaración de su capital  el jurado Mateo Fernández Vizcaíno. Pues le llama la Cruz de Ambrosio en 1655, donde "el había realizado un muladar de estiércol  de trescientas cargas junto a la cruz de este nombre, camino de Granada para estercolar una haza de cinco fanegas de tierras que tiene arrendada  por tiempo de seis años de Juan del Castillo por escritura ante el escribano Francisco de Velasco". 

 

 

CONCLUSIÓN

 

 

LA CRUZ DE LOS MULADARES responde a la antigua cruz de Ambrosio, al bajar  la calle del Puerto, que enlazaba por el camino de Granada, y  las hazas de su entorno solían utilizarse de  muladares, que dieron lugar al cambio de nombre de esta cruz, como se constata por este dato.  



CALLE ABAD PALOMINO

 







La mayor parte del  casco histórico , mirando a la zona meridional con el paseo de los Álamos,  y las calles Fuente Nueva y de la Peste, salvo los tramos que se ampliaban con las  calles Capuchinos y Puerto. La calle de la Peste fue  la vía urbana, donde nací, allá por mediados del siglo XX, en  una casa de pujareros, con portal, sala, varios cuartos, cocina, bodega con vasos, transformada en cuadra, caballeriza, zahurdón, patio, corral con dos higueras, parrales y un peral, y un huerto con su pozo, y cámaras que presidía una cruz de bronce de Caravaca y con varias trojes, donde mi abuelo almacenaba cereales; en sus baldas de albañilería se salaba y secaban los tocinos, jamones y embutidos de la matanza, se colgaban las ristras de ajos y las virtuas de los orejones de  melocotones, algunos que otros melones y los aperos de labranza. Era la casa de mis abuelos paternos, con una reja carcelera de barrotes acabados en agujas de hierro, y algún que otro portón de recinto presidiario, orlada con muchas litografías de los santos patronos y proveída de un mobiliario sencillo de madera y anea. Esta calle, en el Catastro de la Ensenada, confinaba con el comienzo del campo.. Su nombre deriva de formar la cinta de contención y cerca en tiempos de peste, antes, y sobre todo la de 1680, que fue una de las más famosas y más crueles que azotó la comarca, principalmente o en el Castillo de Locubín. Esta calle estaba dividida en varios tramos que llegaron a llamarse con otras denominaciones en los padrones y censos de siglos anteriores, desde calle la Peste esquina abajo o esquina arriba hasta con otros nombres como Riberos Y  Labradores. La calle conserva, en sua fachadas y tapias,  retazos y piedras de los portillos, de las casas abandonadas  y  de los arrabales de la Mota. Basta con citar el motivo decorativo del “Arretopa /carnero/ tu lo eres” en aquella plazoleta donde preside un pilar del siglo pasado con un mosaico actual de san José. En su segundo tramo se ve cruzada por la calle de las Casas de don Eladio, hoy cronista Benavides, y en la casa de este  cruce ,  preside una hornacina con la imagen desgastada en  otro cuadro del mismo padre de Jesús, antigua casa de una memoria de su hermandad, , donde se enciende una hoguera la víspera del padre de Jesús.

 Si hay una calle alcalaína con un contexto cofrade, no puede ser otra que la calle del Abad Palomino, en el primer tramo hasta la calle Llana, la casa y taberna de la familia Martín vivieron tiempos cofrades con la Virgen de la Cabeza, Virgen de las Mercedes y, sobre todo del Cristos de la Salud; no pueden olvidarse los cofrades del gallardete de Jesús con las familias Canovaca y Esteo; en otras casas, la Aurora y el Cristo de la Misericordia siempre estuvieron presentes o la del Dulce Nombre de Jesús; en el segundo tramo que en siglos anteriores se llamaba de Labradores y Relimpios, predominaban las cuadrillas de los gallardetes y cuadros. Por estos lares, redoblaban los tambores roncos y sonaba el lánguido son de las trompetas de hojalata de la hermandad del Santo Sepulcro en las casas de los Vegas y los Expósitos. El Gallardete de Jesús también visitó en tiempos pasados las casas de las familias del entorno con los Serranos. Y, sobre todo, no era raro que un cuadro, un gallardete o una lámina del Ecce-Homo no se alojaran en alguna vivienda de este barrio alto de la ciudad de la Mota. 

. Siguiendo el manantial de esta agua cofrade, bebieron los miembros de la familia Vega a, que siempre estuvieron entroncados en algunas de estas hermandades.  En sus altares familiares, se ofrecía la patena de la plegaria diaria. Esta calle hubo personajes famosos que see llamaban por apodos sumamente conocidos en aquellos tiempos y hoy día desparecidos. 

 

Era calle de tabernas de vino terreno, la de mi abuelo Caroca, la de Anchuela, la de Galán, la casa  de enfrente de los Vegas, la de los Toros y la del Vicente el Moruno. De olor a paja en los meses de verano,  por alojarse en estas casas muchos pegujareros... en otoño  el mosto despedía un aire espeso de uva pisada en lagares de solarines y estanques de sus huertos; en primavera, los huertos se llenaban de alcachofares, hortalizas y moras de moral;  y en invierno,  la aceituna y la matanza distinguían las albardas de las mulas de aparceros, pujareros,  arrendadores y rentistas ( que también los había en esta calle ) . En esta calle, se ubicaron los labradores de los cortijos del municipio alcalaíno, algunos pegujareros que introdujeron  el agua por los años treinta a sus casas, y muchos jornaleros y hombres de oficios, que no abrieron  tiendas en esta calle sino se trasladaban a los de los lugares céntricos o a las partes más bajas de este vial. La calle  se abría con una zona de alojamiento humano y de caballerías de transporte a Granada con el mesón  de Alfonsa de Alba, y luego cambió por posada y fonda de caballerizas y, hasta que llegó a funcionar como estación de autobuses, silo y,  hoy día, lo es, de farmacia y  tienda de excelencia. En su primer tramo hubo un Juego de Pelota, en el que jugaban los soldados de los tercios  que se alojaban en la ciudad desde el siglo XVI... En el siglo pasado,  le cambiaron el cacofónico la Peste por el del reformista y abad alcalaíno , José Palomino Larena, por ser un dechado de su religiosidad y haber fundado una institución benéfica y  cristiana en la ciudad de la Mota. La calle se ha renovado a mediados del siglo XX en sus primeros tramos, y no le ha incidido la calificación de  recinto histórico artístico, porque no pertenece a su demarcación. Con sus dificultades del empinado del tramo final, todavía no se notan mucho las huellas del deterioro y el abandono  de otras calles de los barrios antiguos. Y, se abren algunas casas de os alojamientos temporeros en sus cercanías. Es una calle de intrahistoria local, pero también  de fisonomía de la vivienda andaluza en muchas viviendas. El factor humano la ha mantenido. Y, lo que es más curioso sirvió de transición para la ampliación de las calles nuevo solar urbano de Alcalá la Real.. ..ladaban a los de los lugares céntricos o a las partes más bajas de este vial. La calle  se abría con una zona de alojamiento humano y de caballerías de transporte a Granada con el mesón  de Alfonsa de Alba, y luego cambió por posada y fonda de caballerizas y, hasta que llegó a funcionar como estación de autobuses, silo y,  hoy día, lo es, de farmacia y  tienda de excelencia. En su primer tramo hubo un Juego de Pelota, en el que jugaban los soldados de los tercios  que se alojaban en la ciudad desde el siglo XVI... En el siglo pasado,  le cambiaron el cacofónico la Peste por el del reformista y abad alcalaíno , José Palomino Larena, por ser un dechado de su religiosidad y haber fundado una institución benéfica y  cristiana en la ciudad de la Mota. La calle se ha renovado a mediados del siglo XX en sus primeros tramos, y no le ha incidido la calificación de  recinto histórico artístico, porque no pertenece a su demarcación. Con sus dificultades del empinado del tramo final, todavía no se notan mucho las huellas del deterioro y el abandono  de otras calles de los barrios antiguos. Y, se abren algunas casas de os alojamientos temporeros en sus cercanías. Es una calle de intrahistoria local, pero también  de fisonomía de la vivienda andaluza en muchas viviendas. El factor humano la ha mantenido. Y, lo que es más curioso Sirvió de transición para la ampliación de las calles nuevo solar urbano de Alcalá la Real.. ..

El Rincón de San José

La reja de la Cárcel Real

Arretopate Carnero TU LO ERES

La casa de los Vegas y  la del sacristán


POR LA  ANTIGUA CALLE DEL CALLEJÓN DEL HORNO DE COLODREROCALLE DE LOS CAÑOS

Hablamos  de familias, casas y tabernas

Familia

Arenas

Lopera

Romero

Pedro Mesa

García

Rosales Guerrero

Tabernas Caniles, Sansón

El horno de los Malagón

Las tabernas de Sansón y Caniles


CALLE LOS CAÑOS

La calle actual de Miguel de Cervantes compartía nombre con el de Los Caños. La razón de su último nombre no hay duda se hizo con motivo del homenaje al "Manco de Lepanto" a principios del siglo XX. La de los Caños ofrecía duda, porque se denominaron varios tramos según el apellido o apodo de sus vecinos, como la calle del Rojo en el primer tramo; el tramo cercano al Pozuelo tambien recibió el dicho nombre.Pero mira que existían dos calles del Pozuelo, una que se dirigía a la calle Real, y luego al convento de Nuestra Señora del Rosario, y otra que incluso se denominó como camino  que bajaba a la Fuente Nueva. Todos estos nombres se mantuvieron a lo largo del siglo XVI. Esta segunda denominación  en muchos documentos notariales se encontraba  con estos términos, como este de un censo de Gabriel González de Hinojosa contra Juan de Espinosa ante el escribano Alonso Ramírez de Molina en 1599 (Legajo 4743m folio 277)" Unas casas en el arrabal de esta ciudad en la calle del Pozuelo donde van los caños, linde con casas del jurado Estebán Morón, y  herederos de Alonso García Serrano". Estas coinciden actualmente  con las casas de  los herederos de Moisés Álvarez y de Manuel Rueda, aproximadamente. 

Bajams a la calle e Iglesia de las Angustias

-Comentario dde calle de Pareja, el antiguo V´çiacrucis en la iglesia del Cristo de la Salud, el Cristo antiguo de las Penas o de la Veracruz. 

Y nos dirigimos a la calle Veracruz.


CALLE VERACRUZ 













La Casa de Francisco Arenas Padilla “ Tonelete”.



La Casa de Francisco Huertes Granda.

La Casa del Cura

La Casa de Antonio Martín

Las casas de los demanderos.


Las casas de los niños del Cristo de la Salud.


La calle de la Veracruz debe su nombre a la iglesia de la Veracruz, que se fundó en torno al  1550, junto con una cofradía, corral de comedias, cementerio  y hospital del mismo nombre, complejo que subsistió hasta finales del siglo XX reconvertido en Escuela de Cristo y transformado en viviendas con el sello de Manuel de la Morena al ser vendidas por la diócesis de Jaén en el segundo decenio del siglo XX. La vida de la sociedad del Antiguo Régimen la mantuvo como complemento festivo y del sector servicios en esta calle, desde los sanitarios hasta los de ocio con el local teatral, por donde pasaron las mejores compañías en tiempos de fiestas.

Tras la desaparición del teatro en el siglo XVIII, en sus dependencias se instaló aquella mistérica  escuela, junto a la iglesia que ocupaba la el primer edificio  a mano derecha mirando hacia la Mota.  En esta calle se reflejó el espectro social de la vida alcalaína en sus diversos tramos o secciones de cada uno de sus viarios. En los primeros, habitaron e hicieron vecindarios las familias hidalgas, mayores pudientes y personal del aparato de servicios de la ciudad. Conforme la ciudad subía a los aledaños de la Mota, se avecindaban  las clases populares que eran en sus mayorías, labradores, pegujareros,  campesinos, jornaleros. Se establecieron  en casas unifamiliares y de vecinos en las mansiones de fachadas de piedra , muchas de ellas cubiertas de cal blanca. Finalizaba esta calle con  ochenta vecinos ( casas o viviendas en la terminología actual) , más los diez  religiosos. Abundaban los oficios ( escribano, médicos, hornero, panadero, zapateros, albañiles sastres, organista, etc.)  y casi se equilibraban con pegujareros, rentistas y jornaleros. Eran casas, en su mayoría, de mediana extensión salvo casos aislados de mayor amplitud. Los hidalgos estaban ligados con los Rivilla, Ruíz Ruano, Ramírez, Robles,  y los Cedillo. Muy ilustrativo era el famoso hidalgo Juan Beltrán de Callaba, por ser un poeta y extravagante personaje que dio nombre a una venta que comunicaba con las tierras de Iznalloz en Mures. El clero y sus instituciones religiosas poseían muchas casas en forma de capellanías, censos o memorias. Donde se hacinaban los miembros de las clases populares   El formato de casas se mantuvo hasta  muy avanzado el siglo XX, como sociedad rural, con viviendas compuestas  de corral, patio, bodega de tinajas, portal, cocina, cuarto principal, segundo, y algunos más según la extensión de la vivienda,  y cámaras  en torno a tres cuerpos .

        Ya llegado el siglo XX, nuevos miembros de empleados (banca, enseñanza, correos, telégrafos, sacerdotes, maestros) industriales, hacendados y propietarios como  Caldas, Castillo, Serrano, Montijano, Muñoz, Rodríguez, Belbel, Muñoz, Córdoba, Belbel, Santaolaya,   González de Lara,  o  Sierra sustituyeron a los antiguos hidalgos conformando  y residiendo en las nuevas viviendas que, en los primeros tramos, sustituyeron la fachada blanca de diseño andaluz por las nuevas de tendencia ecléctica y modernista, diseñadas por La Morena, Domingo Sánchez, Granados  o Cándido García. Comenzaron, por estos años,  a disfrutar del servicio de agua,  alumbrado público y el arrecifado de la calle por ser vía del itinerario oficial de las procesiones públicas. Los tramos altos se mantuvieron  con diseño tradicional  de corte andaluz, salvo las casas de vecinos como la del Cura en el tercer tramo ( de finales de los siglos de la Ilustración). En esta sección hasta mediados del siglo XX, no se disfrutó de servicios como el agua a nos sr de los pilares públicos.

La calle ofrece una perspectiva  bellísima con  el fondo majestuoso de la fortaleza de la Mota  contrastando con la línea de suave curva  serpeante de sus blancas fachadas de los  dos últimos tramos. Es un canto a un tiempo que refleja una ciudad  que baja al llano y se hace comercial  manteniendo el recuerdo de una sociedad agrícola en sus partes más elevadas. Es una trova y una llamada a  la pervivencia de un casco antiguo, que se transforma en  estos nuevos tiempos de una sociedad del ocio, donde hacen aparición   el turismo rural  y nuevos planteamientos que se adapten a una sociedad no rural y modo que sustituyan al antiguo vecindario que ya no depende de la agricultura. Es el momento oportuno para ese cambio. La Veracruz ya no es una calle de tinte religioso, ni suenan las ruedas del carro de Tespis, tampoco los negocios de servicios abundan  como en los primeros años siglo pasado, pero se están abriendo otros establecimientos  con muy buenas perspectiva, en esa línea se recuperará totalmente aquella calle de la Vera 

 SAETERA PILAR GÁLVEZ VIVÍA EN CALLE VERACRUZ



CALLE ROSARIO

 

LA CALLE DEL ROSARIO


uando el Catastro de la Ensenada realizó la declaración vecinal de la calle Rosario, hace más de dos siglos  y medio esta calle recibía este nombre, en honor al convento que se ubicaba al principio de su sector vial. Era el convento masculino de la Orden de Santo Domingo de Guzmán bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario. Anteriormente, se denominaba con otros nombres relacionados con el Pozuelo e iglesia de San Juan, según declaraba el cronista Guardia Castellano. Como la calle Real, fue calle hidalga, con casonas de privilegiados y pegujareros, irguiéndose al principio de su trayecto el mencionado edificio conventual, que daba a la plaza del mismo nombre. Esta calle se seccionaba en varios tramos: uno primero hasta la calle Luque y Trinidad, otro hasta intersección de la calle Veracruz, y un tercero hasta la mima placeta de San Juan, donde acaba esta calle.  Todavía quedan fachadas de alguna vivienda con reminiscencias de hidalguía, percibiéndose en su enrejado de forja o en el sillar encalado de sus blancas fachadas, aunque se encuentra muy deteriorada desde los años setenta del siglo XX, por las balconadas y balcones corridos que descompusieron su fisonomía andaluza, a lo que se añadieron los zócalos de ladrillo o solería y la pérdida de los vanos antiguos al ser sustituidos por cocheras de puertas de hierro.

Esta calle no es una vía del primer damero de la ciudad de la Edad Moderna. Fue más antigua, originada por el camino vecinal o real que viene del camino de Castillo y de Charilla, enlazando con la calle Pedro de Alba, tramo segundo de la calle Real y Rosario hasta llegar a los arrabales de la Mota.  Rompe el damero de tiempos de los Reyes Católicos, y se convirtió en el asentamiento primero de los caballeros e hidalgos que se mantienen hasta el siglo XIX.

Típica casa alcalaína antigua

De hidalga pasó a ser calle de familias artesanas, lugar de servicios con el Hospital Civil de Nuestra Señora de las Mercedes, vivienda de campesinos y propietarios, escuela de niños de cubero de la maestra Tomasa, algún que otro pinito constructivo modernista como la casa de las Jaras, y mansión de vecinos en lugar de las antiguas y costeadas casas de las familias hidalgas como los Utrilla, Garrido, Espinosa de los Monteros, Cobaleda, o Martín.

 Retumban las bombas que comenzaron a caer desde el camino de San Bartolomé hasta la calle Real, aquella mañana de 1936, cuando las tropas granadinas del general Queipo de Llano tomaron la Alcalá republicana. Murieron varios vecinos de esta calle, de la familia de los Moya, y sobre todo, en la casa de los Aranda, cayó una bomba. Por esta calle, se oyeron los gritos de los heridos de la caída de la Plaza de Toros en los años cincuenta, descargaron los cuerpos de los maquis en los años cuarenta, se recogieron niños en el torno de la Inclusa, la Gota Leche con Patro Vega palió el hambre de muchos pobres de la posguerra, se curaban los sabañones y las heridas con Luís Regalado. Olía a las ovejas de Manuel Rosales, al vino de las bodegas pujareras, a hornazos y roscos de los hornos familiares.


 Tiene un encanto especial, pues aprendí a andar en esta calle, tiré los cántaros de Baltasar hechos añicos en los carnavales, jugué a masculillo y culón, lancé el pincho y salí en Semana Santa vestido de nazareno del Cristo de la Salud por primera vez. Comí majoletas de los Tajos y zarzamoras de las cunetas de las carreteras. Con Antonio, sus hermanos, y los Marquitos celebrábamos las semanasantas infantiles de papel de seda, y cruces pintadas por los encaladores del barrio, comíamos castañas calientes de las estufas de Aguayo y nos calentamos con las piedras ígneas puestas en las brasas de los lares, se nos quedaba el cuello pegajoso con el sudor cubierto de polvo de paja en los días de agosto, y la mataluva iniciaba a muchos en el vicio del tabaco, la Luciana nos vendía bolillas de anís, y comprábamos vino blanco en la tienda de Francisco, muchos vecinos se marcharon a tierras catalanas por los años sesenta, se mantuvieron los pujareros, y, comenzamos a sustituir la escuela de alquiler de nuestros padres por las escuelas profesionales de la Sagrada Familia. 

Son nuevos tiempos y nueva gente la que la habita actualmente, quedan pocos, poquísimos de aquellos tiempos. Era calle de carrera oficial de procesiones, manifestaciones públicas y de pregones de pueblo.

 Todavía no es un testigo y un canto de cisne, puede ser el eje que salve los barrios altos. Motivos y personajes la habitaron: los pintores Jiménez, los arquitectos Martín Espinosa, los músicos de la abadía , la escuela secundaria del Rosario, su iglesia parroquial de San Juan… ¿.no puede ser una opción de vivir para el futuro?

Hablamos del 




SACRISTÁN PACO GÁMEZ Y DEPOSITARIO DE CORONA,

PERIZOMA Y PELUCA

HERMANOS que  ERAN VECINOS DE CALLE  Y con el cuadro  de la imposicició de crucifijos comenrtamos familia Ruiz y abuelo Santiago y a los Jamilena, Patavana, Aurora Sánchez, las Jaras, Las Paveras, Pinchos....

Cuadro de texto: HOSPITAL, HOSPICIO CASA  CUNA



La fotografía nos ilustra de un momento crucial para la historia de la hermandad. Aconteció por el año 1956, se celebró la reunión del día de San Miguel y la  función de Iglesia, que  presidió el  párroco don José Luís Cuevas Motos y , tras ella, se bendijeron los crucifijos que quedó como un emblema de cualquier hermano del Cristo de la Salud. Estos son los personajes que hicieron un hito en nuestra comunidad cristiana.

         


   José Luís Cuevas Motos (1) era el párroco de Santo Domingo de Silos y capellán de la cofradía; provenía de la ciudad de Huéscar  (Granada)  y se afincó en nuestra localidad, donde le tocó vivir el periodo de transición entre el  paso de los  anteriores Concilios de la Iglesia al  Concilio Vaticano II, por lo que  emprendió una serie de reformas acordes con las nuevas directrices emanadas de este importante encuentro de los católicos.

            El resto de los personajes son Luís Ferreira Rodríguez (2), comerciante local y costalero de los años cincuenta del siglo XX,  Rafael Ferreira Rodríguez (3), hermano mayor durante varios años y comerciante muy ligado con la Hermandad,  Cristino García Sánchez(4), labrador, Francisco Rosales Pérez(4), campesino, demandante  y buen hortelano, Manuel Rosales Pérez(5), hermano de los años cincuenta, horquillero  y padre del cura Francisco Rosales, Francisco Gámez(6) , el eterno sacristán y depositario de la posguerra, Agustín Sánchez Fuentes (7) vecino del barrio  y muy amante del Cristo, Antonio Martín Gámez, hermano mayor y depositario en varios mandatos (8),  Saturnino López(9), maestro de obras del Ayuntamiento y hermano mayor en varios años, Marcelino Pérez Canovaca (10) vecino de la calle Luque, Felipe López, recovero (11, Juan Gámez  Serrano, pegujarero(12), (13), Antonio Aguayo Urbano, transportista y hermano mayor de varios años,14 José Serrano, el perenne secretario, y los números que no se distinguen nítidamente  13, 14, 15, 16,17 Manuel Pérez Canovaca,  vecino de calle Luque, Antonio Pérez Álvarez, José Heredia Rodríguez, hermano del Cristo y vecino de calle Llana  y José Martínez Marchal, comerciante y cuñado de Dominguito.     

La fotografía es muy ilustrativa, porque recoge el bello retablo que presidía la Iglesia de San Juan, obra de Pedrajas, con una hornacina central pareada de varios estípites que marcaban las tres calles  del Concilio. En el centro se introducía la imagen del Cristo de la Salud, que había ocupado el lugar  de la Degollación de San Juan Bautista; en los laterales, dos santos, rellenaban el fondo de las dos calles y   componían  un equilibrado retablo, donde predominan los elementos barrocos ( formas curvilíneas, adornos floreados, asimetría en el detalle y movimiento conjugado con el barroquismo de Pedrajas), todo ello muy acorde con los anteriores tiempos. Pero, por otro lado,  el párroco, desgraciadamente, cumplió al pie de la letra la nueva visión de los temas iconográficos y posconciliares, eliminando todos los detalles y ornamentos  decorativos que no se centraran en la imagen del Cristo, y, pocos años después, despareció el retablo y  se convirtió en un austero dosel que enmarca la figura del Cristo de la Salud.

 



 


 

 











 







EL BARRIO DE SAN JUAN

Hablar hoy día del barrio de San Juan y sus gentes es muy distinto a lo que sería hace quinientos  años, e, incluso, en épocas anteriores. Hoy día, no aparece perfectamente delimitado, y, aunque pueda comprender toda la zona de entre los arrabales de la Mota, la calle Real, la calle Rosario, Llana, Cronista Benavides, Cruz de los Muladares y Cuesta del Cambrón, ni administrativamente ni oficialmente hay una delimitación vecinal. No obstante, dando por hecho este barrio delitimado por estas calles y por las gentes que se sienten pertenecientes a la Iglesia de San Juan, el origen del barrio presenta muchos elementos procedentes de distintas divisiones administrativas, que respondían a servicios militares, de abastecimiento e, incluso religioso. En el siglo XV, el arrabal de Santo Domingo tal vez fuera el único junto con los Palacios y el de San Sebastián, que se podrían constatar que perteneciera a las inmediaciones de la ermita que se levantaba en honor de san Juan. Ésta era una iglesia que, a finales de siglo, comenzaba a crear un barrio, debido a los repartimientos de nuevos asentamientos y de tierras que habían hecho los Reyes Católicos. Precisamente, a principios del siglo XVI, se produce su ampliación,  cuando la ciudad se extiende hacia el Llano, el cabildo municipal reparte gran cantidad de solares y vende otros muchos para afrontar el abastecimiento de la ciudad. Y es en este preciso momento en el que se desarrolla totalmente el barrio de san Juan, encontrando su centro en su iglesia, sede de una cofradía de gente hidalga, rodeada de  su fuente que se realiza en el año  1550 por Martín de Bolívar junto al Pozuelo del santo, y presidida con el amplio espacio urbano de su plaza, la calle que se extiende, orientada hacia el sur, para converger hacia el Llanillo y sus laboriosos habitantes , que se encuadran en una demarcación de finalidad militar, recaudatoria y física.

 

           







Desde el punto de abastecimiento y de recaudación, precisamente  los antiguos arrabales, también denominados cuarteles, estaban formados por el arrabal antiguo, el desaparecido de san Bartolomé, la Peña Horadada, san Sebastián, el barrio de san Francisco, y el de san Juan, como parte independiente de la Mota  dejando aparte los arrabales nuevos de la Veracruz y del Llanillo y las calles que convergen a la calle Real y a todos estos barrios sin olvidar el recinto de la Mota. A esto hay que añadir dos nuevos conventos que juegan un papel importante de la vida de este barrio, el de la Santísima Trinidad y el de san Francisco. Casi toda la vida de la ciudad se desarrollaba en estos lugares desde el comercio hasta el ocio, desde la celebración de los actos festivos hasta la vida artesanal, desde la religiosa de sus conventos e iglesias hasta la vida cotidiana de los vecinos.              

En el siglo XVII, el barrio de san Juan es sustituido en su demarcación, porque le convento de Nuestra Señora del Rosario de la Orden de santo Domingo, poco a poco, va a girar en torno a la calle del Rosario que le da su nombre y sustituye en su denominación a la calle de san Juan. Por otra parte, los antiguos arrabales se van a ir abandonando, como el de san Sebastián, Peña Horadada, y el de santo Domingo, y, aunque la  iglesia de san Blas va a da lugar a un nuevo arrabal, que redistribuye el antiguo arrabal de san Juan, éste va a agrupar poco a poco todo los vestigios que comprendían la calle Caba, la calle de la Cruz del Cristo de la Piedra, Lagares, Alhondiguilla, san Francisco, parte de la calle Real, los Caños, Mazuelos y otras de menor como el Puerto, Llanete el Conde, Yedra, Mazuelos, Puerto y algunos tramos de la calle Veracruz.

Así se mantendrá durante el siglo XVIII y XIX, y, aun más la división parroquial le va dar un nuevo empuje al convertirse en el eje urbano de la parroquia de Santa María la Mayor, que la convertirá en coadjutriz y celebrará la mayoría de los cultos, que anteriormente se celebraban en la iglesia abacial. De allí saldrán las celebraciones del Corpus, se impartirán los bautizos, los matrimonios, exequias y las misas diarias. Al finalizar el siglo XIX, cuando el Rosario ocupe su lugar ya el barrio está perfectamente demarcado y, la iglesia sin función religiosa, tan sólo cultual dedicada a san Juan Bautista, será un receptáculo de los distintas advocaciones que iban desapareciendo, como la Virgen de la Paz o de la Aurora. Sus gentes, sin hidalgos, con multitud de casas de vecinos, labriegos, jornaleros, y nuevos artesanos y dedicados a los servicios que el siglo XX iba exigiendo van a dar lugar a un barrio nuevo, andaluz, blanco con la cal de las fachadas de sus casas y de amplios solarines que servían de huertos familiares, donde el pozo, la higuera, la cuadra y el fogón de la cocina reunía a uno de los sectores de población más numeroso de Alcalá la Real. Rememorar el siglo XX es iniciar un recorrido desde la casa de don Salvador Medina, donde impartían las clases este viejo profesor a jóvenes de enseñanza secundaria, para continuar por la empinada cuesta de la calle Veracruz, moteada de casas de vecinos y casonas de labranza como la de Gálvez o Manuel Gorra, la del cura, donde se hacinaba las familias en pequeños pisos en torno a un patio desde se sacaba el agua de su pozo para mantener la higiene de más de treinta vecinos. Lo mismo que en la casa del maestro Garrido, la de Paz, la de Miguelón y Peregrina, la de José Gálvez, y la de Aurora y la de Domingo el Lancero.  En esta calle, se confundía el subderrollo de los años cuarenta y cincuenta con el tradicionalismo de la vida pujarera de la casa de Frasquito Huertes o Francisco Arenas Tonelete o los nuevos labriegos de las aldeas que se afincaban en nuestra ciudad, como la familia López. Junto a las casas, los servicios de alimentación, la leche de las vacas de Mangurro, la tienda de Marquitos o la sombrillera de Mercedes de la Barranca. Lo mismo sucedía en la calle Luque, con la casa de vecinos del General Lastres y la taberna de Joaquín y el Gordo. Y la calle Rosario, donde se abastecía a los pobres en la Gota Leche, se recogían los niños expósitos y se curaban a los enfermos en el Hospital, regentado por las Madres Mercedarias, la taberna de Mamando, se había convertido en la hidalga de los artesanos actuales. Allí podías encontrar la zapatería de Pañalón, los buenos vinos y la lana para los colchones de Manuel Mamando, un contrato de obra del buen oficial albañil Miguel Fernández o descendientes de la familia Zúñiga. Si querías tomar los bollos de chocolate para los niños en la tienda de Francisco y en la de la Luciana, los servicios de fontanería los encontrarías en casa de José y su cuñado. Conforme subías hacia la iglesia de san Juan, las casonas de fachadas de piedra encalada de los antiguos hidalgos se transformaban en hacinadas casas de vecinos donde apenas podían vivir familias numerosas como la de Francisco Rosales de la plaza,  Eloisa y tantos más. Allí se compartían los servicios higiénicos, la lavandería, e, incluso, en algunas las cuadras y la cocina; tan sólo, había un recinto diminuto para la intimidad familiar. Jalonaban ambas aceras de esta majestuosa calle, que por los años setenta sustituían los balcones de forja , las ventanas de las cuitas amorosas y los óculos del pajar por los afeados balcones corridos y las puertas metálicas de las cocheras. Sería imposible imaginar hoy día cómo podían convivir hasta quince y treinta personas en algunas casas. Los niños de la familia de los Patavana no tenían otro lugar para el recreo que las calles embarradas y arecifadas para las fiestas populares. El pincho, las canicas, policía y ladrón, las caretas y los cántaros de carnaval eran los juegos preferidos de las almas infantiles. La beneficiencia y la caridad se ejercían en el hospicio provisional de la Iglesia de san Juan, atendida por la Madre Carmen y sus compañeras desde los años treinta, donde acudían jóvenes doncellas sin familia para aprender el catecismo y las buenas costumbres. Y en parecidas condiciones estaban los vecinos de la calle Trinidad, la de los Caños o todas las que convergían a la calle Medrano como la calle la Peste, los Caños, el Puerto y su transversales de Llanete el Conde, la Yedra o Muladares. Si algo las diferenciaban de las calles del Rosario y Veracruz, eran las casas más pequeñas y sus vecinos nás humildes, dedicados al campo con su yunta, haciéndose de apareadores unos de otros, y, en la mayoría de los casos, esperando la llamada del señorico o del pujarero más hacendado que los convocara a dar la jornada en sus peculios. Raros eran las casas de  servicios como la lechería de Miracielos en la calle los Caños, la tienda de Cipriano o de Charilla en la calle Llana o la taberna de Caroca o la de Caniles en la calle los Caños. Algunas viviendas cobijaban a familias enteras como los Vegas en la calle la Peste, recordando a las ínsulas romanas en un marco andaluz. Si el agua se encontraba en los pilares de la calle Llana, el de san José, el de san Juan y en la calle Rosario, donde acudían los vecinos a recoger el agua en sus cántaros, el pan se abastecía por los panaderos de Santa Ana y los Madriles. El horno de Piñiqui era el centro de reunión, mientras se calentaban en el horno los roscos, mantecados y los panes de cada familia. También, procedía de forasteros el arreglo de los sumieres de las camas, el afilamiento de los cuchillos, el grapado de fuentes y los nuevos oficios que la técnica introducía ebn los lares del barrio de san Juan. En estas calles fue un acontecimiento de los años cincuenta el agua en las casas, la primera televisión en casa de Frasquito Huertes, donde acudía todo el mundo a ver los toros, el primer ventilador eléctrico o la primera cubeta de plástico, acostumbrados a los objetos de mimbre , de esparto o de hierro. Y en este barrio, salían curas a porrillo porque era la única salida de los hijos de los jornaleros o labriegos. Muchos se quedaban a medio camino, otros escalaban otras profesiones. Las  Escuelas de la Sagrada Familia  ofreció a muchas familias la formación profesional, religiosa y humana a muchos hijos del barrio de san Juan. Practicaban los servicios de limpieza de la calle en un reparto por tramo de fachada, limpiando el pavimento o la acera que solía llenarse de los excrementos de animales de carga y ganado menor. Eran abundantes las casas donde una manada de cabra, más rara la oveja, convivían con sus propietarios.


la única industria era el molino de Terreras en la Cruz de los Muladares, que data de finales del siglo XIX, a donde los labriegos llevaban la aceituna en invierno. Junto a él, un lavadero, donde se formaban corrillos de mujeres a lo largo del día.

La construcción renovó la mayoría de las casas por los años sesenta, y se levantaron otras nueva. Famosa fue la casa grande de la calle Real, que los alacalaínos bautizaron graciosamente la Casa el Coño, tan destartalda, y tan irracional que no puede comprenderse cómo se les ocurrió a los munícipes conceder aquella licencia urbanística.

La gente era muy devota de tradiciones familiares. Las Cruces de mayo, de la calle Ancha, de la calle Real, san Juan, cruz de los Muladares, y la de la casas de Aurora, de los Vegas o de Andres en la calle Luque tenían su novena y sus cantos. Meses antes, los cuadros del Ecce-Homo y el Gallardete de Jesús en las casas de los Vegas y los Cupidos. Las hornacinas de santa Ana y la Virgen de las Mercedes en diversas esquinas recibían su devoción popular en el verano sin  olvidar la tradición del san José de la calle la Peste y la calle Ancha.

Raro era el día de los años cincuenta en el que un piso de una casa de veinos o un vecino de una casa no abandonaba su lugar de morada para correr  la aventura de Alemania, de las tierras catalanas o de la capital de España. Aquí se quedaron los más hacendados, los profesionales y los de los oficios de los servicios municipales o de cierto porvenir. Los demás hicieron lo mismo que los de los años treinta cuando huyeron el día de la toma Fe Alcalá buscar nuevos derroteros para su familia y sus hijos. La formación se adquiría en las escuelas del Estado, y en las  de las maestras garroteras de la Pollica o de Patita Sea. También, el maestro Garrido impartía la docencia en la calle Real, como también lo hacía su hijo en la calle Veracruz para los niños más avanzados. La formación religiosa se impartía en la iglesia desan Juan con los seminaristas y los coadjutores de la parroquia de santo Domingo de Silos. Y la formación política y moral, en la escuela y en los NODOS del Parque Cinema y el Teatro Martínez Montañés.

No había más salida para la gente del barrio que el trabajo del campo, ser empleado de Condepols o la emigración. Los otros oficios eran una excepción para los privilegiados que podían comer una dieta que sobrepasara la leche matutina, la comida de legunbres del mediodía (os cocidos, lentejas, habichuelas..), la merienda de pan con aceite_ el bollo de turrolate de Priego era un privilegio-, y la frugal cena con lo sobrante de la mañana.          Había personajes famosos en el barrio oque recogían la simpatía popular,. desde Frasquito Huertes, que era como el patriarca de toda la vecindad en la calle Veracruz, o  el sinmpático Tonelete, hasta el comandante Berbel, el médico García Valdecasas, Santa Marta, el jefe de los apóstoles Tomás, todos los Vegas que levantaron la semana santa de los años cincuenta en su faceta popular, Trompetín, Cristobal, las mujeres de la Gota Leche como Patro Vega o Luis Hinojosa, doña Anita la partera y después doña Prudencia, don León el practicante, los pregoneros que anunciaban la campaña de vacunación o los edictos del Alcalde en el Pilar de san José o en la esquina de la calle Veracruz , del Rosario en san Juan, y la madre Carmen, tan rechoncha y tan débil pidiendo a las señoricas del pueblo limosnas para sus niñas de san Juan y el guardia de la Mota Joaquín el Espino.No había casinos ni de caballeros ni populares; las tabernas usurpaban el espacio social con el vino terreno de los meses de invierno y el manchego de los restantes meses del año. Si tuviéramos que destacar algunas, citaríamos la de los Sansones, y Caniles en la calle los Caños, el Atranque, donde se vendía el vino a través de una reja, y el Bodegón de los Muertos en la calle Llana, y las mencionadas de la calle Luque. En ellas se hacía contratos de obra, se citaba para la labranza y se pagaban los jornales.

La noche era fría en las casas de este barrio, muy bueno para el verano, pero productora de sabañones,  pulmonías y catarros en invierno. La silla de enea servía de embajadora para formar círculos de mocitas para bordar, de chiquillos para escuchar historietas de los mayores en verano y de tertulias y vigilias en las noches de velatorio.

Conservaba su majestuosidad y su raigambre el barrio de san Juan desde tiempos inmemoriales. Era y es la carrera oficial de procesiones de semana Santa  en la mañana del Viernes Santo, el Corpus Cristi, y en la procesión del Cristo  de la Salud. Sobre todo, esta imagen definía el barrio, a sus devotas gentes labriegas y a su fisonomía andaluza de blanca y de cenefas y rejas negras.       Numerosas eran las sagas de familias que se apodaban con nombres curiosos como los morunos y los moros, los rejillas, los carocas, los hermosos, los  marquitos, los pinchos, los gallinasas, los toreros, los fatigas, tacholicas, los porqueros, los frescuras, mogote y churrete, los obispos, canoso, penoso, miliqui,  la negri, zambomba y sargento amocrafe, los virutas y los milesios,los loperas, cinco años, los olayas, los canteros, rabanales, los castos, los rojitos, la amolanchina, el nIño Dios, los cenachos, los jaros, los cerullicos y los follones, los juaneles, los sansones, los canteros y los canetos, los pintaporras, los lanceros, los pìchirichi, los canastas, los bodoquitos, los rubiotopi, los miracielos, los teleras y rajuñas, los charilla, los patulas, los lanceros, los paletos, los chaleques, los pichiqui, los de gloria, los regalados, los patitas sea, los conejos, los borondos, los pañalones, los cupidos, los veguillas, los patavanas, los mamandos, los genaros, los frailes, los poyoperas, los gorras o los mangurros. Raro era el que se denominaba por sus propios apellidos. Si alguien destacaba  en alguna faceta, era bautizado inmediatamente para identificarlo. Se transmitían  la enseñanza del trabajo del campo de padres a hijos, la poda, el injerto, la destreza en la siega y en el olivar; muchos compartían todas estas labores con el olivar. Algunos eran albañiles. El barbero Victor, Pepe el zapatero, los hojalateros, y alguna que otra peluquera domicilaria eran los pocos oficios que se escapaban de los pujareros y hortelanos. Había pobres de solemnidad como Marquitos o Ramón el Chavico, que recorría las calles contando sus anécdotas de sargento en la División Azul, la Romana, Zanani y los gitanos de la calle la Peste y de las ruinas de santo Domingo, los hijos de Evaristo, también Celestino que compartía el oficio de herrador y trasquilador de mulos y burros.   Era la estructura del barrio una pirámide invertida, donde los más pudientes vivían en las calles más cercanas al Llanillo y los más humildes junto a la Mota y el arrabal de santo Domingo.

Ya, en los años setenta, aquella sociedad vivió una nueva inmigración comarcal con los nuevos vecinos de las aldeas, y muchas cosas y costumbres se fueron sustituyendo. Pero aquel barrio de san Juan quedó en muchos vecinos y otros no quisieron abandonarlo como fieles testigos y lapados por la sombra de la amplia mole de la fortaleza. Actualmente, ya son pocos, a veces nosh ace revivir los barrios del Rastro, Sebastián y san Bartolomé de finales del siglo XVII. Menos mal que todavía quedan vecinos y casas blancas, y las casas de la hermandades recuerdan la defensa del patrimonio. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 QUEDAMOS PARA OTRRO AÑO LA CALLE LUQUE Y LLANA. NO TENÍAMOS MÁS FUERZAS ANTE EL CALOR. 

 

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