RUTA DEL CRISTO DE LA SALUD
POR EL ENTORNO
DEL BARRIO DE SAN JUAN
SUS
HOMBRES,
SUS,
CALLES,
SU BARRIO
RECORRIDO
Preparamos este viario, para recortarlo, si era necesaio.
Tres
Kilómetros.
Sitios. San
Blas, Calle del Puerto, Cruz de los Muladares,
calle Labradores, calle la Peste, callejón del Horno, Caños, Angustias, Veracruz,
Rosario, Luque, Llana, Oteros, Ancha, Real, Yedra, Medrano, Trinidad y
plazoleta de San Juan.
Entregamoss este folleto, con esta introducción, a más de sesenta ruteros que cudieron a la cita.
LA FIESTA DE SAN BLAS, PATRÓN DE LA CIUDAD DE ALCALÁ LA REAL
El día tres de febrero debería
celebrarse como fiesta de la hermandad del Cristo de la Salud, por ser el día
de san Blas tal como establecen sus estatutos. Un año, hubo quien se acordó e invitó repartiendo
pan y agua a todos los que acudieron a misa recogiendo una tradición ancestral
que tenía el símbolo del santo que curaba de las enfermedades de la
gargantilla. San Blas, el Cristo de la Salud y la iglesia de San Juan se
encuentran ligados en este año.
I LA IGLESIA DE SAN BLAS
Muy cerca de la iglesia de San Juan, en el siglo XVI, Antes que en Alcalá, se levantara el del cerro de las Cruces o Calvario, en este barrio más debajo de las murallas y cerca de la puerta de Granada o Cambrón, hubo un Calvario, realizado por la cofradía de la Limpia Concepción, a instancias de Pedro Rodrigo, que amojonó cada una de las estaciones entre dicha cuesta del Cambrón y la cruz de san Pedro e incluso llegó a levantarse una ermita.
Por otro lado, la devoción de san Blas se remonta a un tiempo anterior,
debido a su capilla, perteneciente a la familia de los Villalobos en la
Iglesia Mayor Abacial, donde estaban sus reliquias y se celebraba su culto. Se reconoció como patrón a
principios del siglo XVII y figuraba en las fiestas oficiales del cabildo
municipal. El armenio San Blas. de Sebaste fue conocido por el don de hacer
milagros y su dedicación a la medicina. Muchas ciudades levantaron ermitas en
su honor, incluso algunos médicos como el griego Aecio recomendaba la devoción
a san Blas para protegerse del mal de la gargantilla.
Incluso, perduró la costumbre de acudir al santo
para las enfermedades de la garganta, el garrotillo y comerse por estos días
las rosquillas de san Blas, como antídoto de las enfermedades de la garganta.
No faltan los historiadores que han recogido los momentos trascendentales,
en los que este santo fue declarado patrón de la ciudad, y las fiestas que
se instituyeron.
En Alcalá la Real,
durante el reinado de Felipe II, se propagó mucho la devoción de san Blas, cuya
imagen se hizo en los talleres de Pedro de Raxis en Granada, según
una provisión real del 8 de agosto de 1595 y
reflejada en una acta del Cabildo del 17 de enero de 1597, en la que se encargó
la imagen de san Blas a Pedro de Raxis. Por los restos y el grabado conservado del museo
de San Juan, la talla muy deteriorada y decapitada, ofrece restos del estofado y
la elaboración de la familia de los Sardos, de estatura clásica y con el
vestido episcopal, cae la capa sobre una túnica que refleja los pliegues y
dragado en forma triangular ampulosa, propia del sobrino de Pablo de Rojas.
Sin embargo, la importancia de su nombre radica que cambió de
denominación la Cuesta del Cambrón, a la ermita y a la plaza, donde
estaban su imagen. Hubo muchas personas que se referían a sus
vecinos como la gente de san Blas.
II
En la ermita de San Blas, existía la imagen de San Blas , obra de pedro
de Raxis, y las de san Roque y san Lázaro, según la documentación que aparece
en 1626.
Curiosamente, en la ermita de San Blas
de Alcalá la Real, existía una cofradía bajo la advocación de este santo
obispo, pero en uno de sus laterales ya en el siglo XVI se rendía
culto a una imagen, de origen desconocido con muchos caracteres iconográficos
similares al Cristo granadino ( su movimiento del torso, la inclinación de la
cabeza hacia la izquierda, la corona de espinas y las potencias de plata, la
posterior peluca, el faldón o perizoma, su arcaísmo en la composición y
diseño , la cruz de madera, etc). También, la primera Vía Sacra se levantaba en
Alcalá la Real en la Cuesta del Cambrón, por lo que
tiene más fiabilidad la hipótesis de la estancia del Cristo en aquel lugar
No es de extrañar, pues, que, mientras la cofradía de san Blas ejerciera
el control y la autoridad dentro de la organización eclesial, hubiera un
grupo de devotos bajo la advocación de Esclavitud del Cristo, más tarde
de la Salud, que cuidaran del culto de esta imagen. Por cierto muy
relacionado con la Escuela de Cristo que se estableció en esta
ermita a mediados del siglo XVI, que fueron trasladando su organización a la
iglesia de San Juan San Francisco, Veracruz y San Antón a lo largo de los
siglos.
LA HERMANDAD
DEL CRISTO DE LA SALUD DE ALCALÁ LA REAL
Según la primera litografía que conocemos del Cristo de la Salud, en
1875, siendo hermano mayor Domingo Álvarez Barrio y dibujada por un artista que
responde a las siglas, "P. P" en litografías Casado de Granada. la
imagen del Cristo de la Salud muestra un tipo de crucificado de mediana
dimensiones, protobarroco, con elementos manieristas en su composición y
adornos adosados como la cabellera postiza de pelo natura, las potencias, un
perizoma que cubría con sus paños y con una composición y elaboración propias
de las Escuela granadina. Además, pendía del travesaño de la cruz redonda (simulando
al tronco de un árbol) unas cortinas de encaje, y, en el madero ve4rtical tenía
fijado el INRI ( Iesus, Natharenus Rex Iudeorum) . Sobresalía la mirada del
Cristo que se fijaba en el orante. Y su manierismo se reflejaba en un
movimiento de su rostro hacia la derecha que se compensaba con el del cuerpo y
el de las piernas hacia la izquierda. Muy equilibrado, y muy al estilo de la
época no es de extrañar que la Escuela de Cristo, esta congregación fundada por
san Felipe de Neri la tuviera en 9 nueve de septiembre de 1663 como su imagen y
su capilla de lugar de culto en los primeros años de iniciación o introducción
de esta asociación religiosa dentro de la demarcación de la Abadía. Lo que nos
confirma que la imagen se remonta a mediados del siglo XVII con motivo de las
diversas epidemias de peste que tuvieron lugar en 1639, y, sobre todo, la más
cruel comprendida entre los años 1676 y 1682, cuya intensidad y consecuencias
mortales fueron muy significativas en la comarca alcalaína, en concreto el
Castillo de Locubín. Por estas fechas la imagen del Cristo, como en muchas
otras ciudades, debió llegar a la ciudad de la Mota y se albergó en la Iglesia
Mayor para bajar luego ubicarse en la ermita de San Blas, donde este Cristo
recibió el nombre de la Salud, como era frecuente y relacionado con la
salvación humana en tiempos de Peste. Ya comentamos en años anteriores, muchas
cofradías, sobre todo la granadina del Cristo de la Salud que tuvieron el mismo
origen.La antigua hermandad de San Blas fue dejando paso, en el siglo XVIII, a
la nueva constituida del Cristo de la Salud, de tal modo que está fue la
encargada del mantenimiento de la ermita y de sus cultos hasta la desaparición
de la ermita en siglo XX
No hay fecha exacta de cuando la imagen del crucificado se
transformó en la del Cristo de la Salud. Pero debió acontecer
por 1680, cuando la epidemia también afectó a la ciudad alcalaína, aunque se
cebó con el Castillo de Locubín y la Abadía requirió los auxilios de
Santa Ana, a la que atribuyó su intercesión por lo milagrosa que era. Por este
tiempo, la imagen de San Roque, también en la ermita de San Blas fue declarado
patrón de la ciudad por ser protector de los apestados.
También, era frecuente que en las ermitas de extramuros se colocaran los
enfermos y la ermita San Blas así se encontraba por estos años como hospital
provisional para recoger a los enfermos.
Por otro lado, la advocación
de hermandad de San Blas anuló por estos años a la esclavitud del Cristo
de la Salud e, incluso hasta el siglo XX se confundía a la hora de
realizar cultos y actividades.
. Sin embargo, la hermandad del Cristo de la
Salud fue sustituyendo a la de San Blas alrededor del siglo XVIII, de lo que
hay constancia en grabados y donaciones, y ya que se había marchado la
Escuela de Cristo de la ermita de San Blas. La antigua imagen del Cristo de la Salud se hallaba en un camarín de la
ermita de San Blas desde el siglo XVII (donde fueron edificados una capilla y
retablo en 1730, y en 1795 su camarín).
Además, la imagen del Cristo de la Salud comenzó a participar de las
rogativas de la ciudad como en 1800. En 1885, se convirtió la ermita en un
hospital de aspestados y trasladaron las imágenes a la iglesia de San Juan,
pero, debió invocarse al Cristo de la Salud en otras muchas epidemias.
En 1922, se encontraba la ermita de san Blas muy
en ruinas, y se hicieron obras, que cobró el maestro de albañilería Tomás
Cortés. Y, como en otras ocasiones se
trasladaron las imágenes, san Blas y el Cristo de la Salud a la iglesia de San
Juan.
Cinco años después, la iglesia de san Blas fue vendida a la familia alcalaína de Salvador
Fernández Anchuela. Y hay noticias que se trasladaron el resto de todos las
imágenes, ornamentos sagrados y objetos religiosos a la iglesia de San Juan.
Pero se hizo un poco confusamente de tal modo que en una sesión municipal del
ayuntamiento alcalaíno se criticaba que algunas personas se habían quedado con algunos
enseres. Fue en 12 de diciembre de 1931 con motivo del derribo de las cruces de
Alcalá la Real.
La historia
triste de la desaparición de la imagen se realizó en años posteriores. Pero una
nueva imagen, obra de Martín Simón, sustituyó al Cristo de las Senaguillas, al Señor de la Salud, como
ya lo llamaban en el siglo XIX, y al Santísimo Cristo de la Salud, que hoy
veneramos en sus cien años de estancia en esta iglesia, que hizo de parroquia
de Santa María la Mayor.
Este año, innovamos con la capilla de San Lázaro en el lugar de la epístola
NOS ADENTRAMOS EN LA CALLE DEL PUERTO
Un labrador que se afincó en esta calle. Alonso del Puerto. Su origen de enterramiento musulmán o argárico
Visitamos la casa del Gallardete de la Columna, con la amabilidad de Ana Martínez.
Las casas de
los Vegas, los fundadores de la banda del Cristo de la Salud. De Cruz de término a de los Muladares. La
antigua fábrica de Benito Fuentes, cocheras de Cañadas.
LA CALLE DEL PUERTO EN EL CATASTRO DE LA ENSENADA
Esta calle se ha relacionado con el
término de "Puerto" de Alcalá, una calle que reflejaba este
carácter dentro del mundo de frontera. Pero, existieron algunos vecinos
anteriores con apellido secundario o apodo del Puerto, esta calle recibe su
nombre. Entre estos, Joan del Puerto, casado con María de Morales en Dúrcal, de
donde eran naturales. Tuvo por hijos:
-Alonso del Puerto
-Antonio del Puerto, casado con
Luisa Melguizo en 1645, y le dieron 400 ducados.
-María del Puerto, casada con
Bartolomé Melguizo y le dieron de dote cuatrocientos ducados,
-Jacinta del Puerto, casada
con Joan de Castro en 1635, a la que dio como dote 350 ducados.
La familia llegó a Alcalá la Real
en 1626, procedente de Pinos del Puente, donde vivía, Trabajó las tierras del
marqués de Valenzuela don Antonio Fernández de Córdoba, que ocuparon este
marquesado por estas fechas en tiempos de Felipe IV, no saliendo muy bien
parado porque tuvo desaveniencias con este señor y se vio obligado a emancipar
a su hijo Antonio para poder evadir las molestias y vejaciones al que le
sometía como su labrador. Con el acompañamiento de sus hijos en las labores y
trabajos del campo, este labrador administró el cortijo de la Alberquilla de
Charilla, donde vivió en su casa de teja y labró sus tierras, propiedad de
Pedro Gómez Pedrero.
-Juan del Puerto casado con Luisa
de Solana en 1640.
-Catalina del Puerto casada con
Pedro de Espejo.
Parece que sufrió algunos problemas
familiares con su esposa y la bondad de su personalidad. A partir de los años
cuarenta del siglo XVII, su caudal era administrado por su hijo Alonso,
al que reservó cuatrocientos ducados en su testamento y que viviía en su morada
de la calle los Relimpios, que era como se denominaba esta calle ( por otros
documentos de arrendamientos , nunca la calle Relimpios fue la de
Capuchinos, e incluso la calle de estos frailes que le dio su nombre, se llamó
asi porque la casa de los capuchinos ocupaba desde la calle de la Peste hasta
el final de esta calle que recibio su nombre). Como buen labrador su hacienda
se basaba en el ganado de las labores( seis yuntas, ocho potros, 16 yeguas
menores, y dos potros) y alamacenamiento de un centenar de fanegas de trigo y
cebada, menaje, y enseres de hogar. S u hiijo Alonso se casó con Ana de Arjona
y fue también labrador de cortijos de la Rábita y Palancares y del
marqués de Valenzuela, murió dieciocho años después. No tuvo herederos y fundó
un memoria con su casa.
Al final de su vida le protegió y
cuidó su nieta Ana Carrillo que le dejó cien ducados de herencia, murió en
1651. (Antón de Santillán, legajo 5011, folio 199, 19 de febrero de 1650).
Es una calle lindera y
última decúmana meridional que enlazaba el barrio de San Juan, con la Cruz de
los Muladares, y, en otros tiempos, la calle de las Casas de don Eladio, hoy
cronista Benavides. Servían los muros de sus solarines y patios de contención,
y parapeto de entrada en caso de posible entrada de enemigos, lo que tras el
nacimiento de la ciudad del Llano o Moderna, poco aconteció. Hoy día , la calle
del Puerto es un vial discontinuo comprendido entre solares y casas
blancas, que sirve de enlance de la placeta de San Blas, con el Barrio de Belén
a través de la calle Juan XIII. Ya no es la última del casco antiguo, ha sido
degradada por la de san Blas. En tiempos del Catastro de la Ensenada,
practicamente se encontraba completamente habitada por 28
vecinos. Estos eran por oficios ( la mayoría de jornaleros):una doncella,
varios pujareros de la familia Medina, de Gaspar de Roales, y
. José de la Vega,; alguna que otra viudad, y un cardador
El subsuelo de esta calle se encuentra, en muchos tramos, con sepulturas
horadadas en la roca, que remonta a tiempos del mundo de los metales.
CRUZ DE LOS MULADARES
-Su origen de Cruz de Ambrosio a a Cruz de Muladares.
CRUZ DE LOS
MULADARES
Suena mal este nombre , por el que conocemos la cruz de final de la calle de Juan XXIII y cruce con la del Puerto. Sin embargo, aportamos un dato que resulta interesante para saber el porqué había llegado a esta denominación. En primer lugar, muladar suele compartir el campo semántico con muradal, palabra que responde mejor que "muladar" a su sentido etimológico de la palabra. Pues muradal signfica el lugar o sitio donde se echa el estiércol o la basura de las casas. Por eso muladar se presta a interpretarlo como lugar de mulas, una cuadra que engendraba este estiiércol. Sin embargo, muradal procede de la palabra latina "murus", muro o muralla, y hace referencia a los lugares ( de ahí la terminación en sufijo"al" o "ar", del latino alis y aris) fuera o én el entorno de la muralla, donde se vertían las basuras o el estiércol, que genearban los vecinos y los animales de la ciudad. Y, en este sentido se interpreta la palabra muladar, -que sufrió una metátesis lingüística de cambio de consonante lateral l por la vibrante "r" - como
estercolero, basurero, pocilga, esterquilinio, cenizal.En segundo lugar, la cruz debió existir anteriormente
a este lugar llamado con este nombre de muladares. Y este es el caso de esta
cruz tan famosa alcalaína, que recoge en una declaración de su capital el
jurado Mateo Fernández Vizcaíno. Pues le llama la Cruz de Ambrosio en 1655,
donde "el había realizado un muladar de estiércol de trescientas
cargas junto a la cruz de este nombre, camino de Granada para estercolar una
haza de cinco fanegas de tierras que tiene arrendada por tiempo de seis
años de Juan del Castillo por escritura ante el escribano Francisco de
Velasco".
CONCLUSIÓN
LA CRUZ DE LOS MULADARES responde a
la antigua cruz de Ambrosio, al bajar la calle del Puerto, que enlazaba
por el camino de Granada, y las hazas de su entorno solían utilizarse
de muladares, que dieron lugar al cambio de nombre de esta cruz, como se
constata por este dato.
CALLE ABAD PALOMINO
La mayor parte del casco histórico , mirando a la zona meridional con el paseo de los Álamos, y las calles Fuente Nueva y de la Peste, salvo los tramos que se ampliaban con las calles Capuchinos y Puerto. La calle de la Peste fue la vía urbana, donde nací, allá por mediados del siglo XX, en una casa de pujareros, con portal, sala, varios cuartos, cocina, bodega con vasos, transformada en cuadra, caballeriza, zahurdón, patio, corral con dos higueras, parrales y un peral, y un huerto con su pozo, y cámaras que presidía una cruz de bronce de Caravaca y con varias trojes, donde mi abuelo almacenaba cereales; en sus baldas de albañilería se salaba y secaban los tocinos, jamones y embutidos de la matanza, se colgaban las ristras de ajos y las virtuas de los orejones de melocotones, algunos que otros melones y los aperos de labranza. Era la casa de mis abuelos paternos, con una reja carcelera de barrotes acabados en agujas de hierro, y algún que otro portón de recinto presidiario, orlada con muchas litografías de los santos patronos y proveída de un mobiliario sencillo de madera y anea. Esta calle, en el Catastro de la Ensenada, confinaba con el comienzo del campo.. Su nombre deriva de formar la cinta de contención y cerca en tiempos de peste, antes, y sobre todo la de 1680, que fue una de las más famosas y más crueles que azotó la comarca, principalmente o en el Castillo de Locubín. Esta calle estaba dividida en varios tramos que llegaron a llamarse con otras denominaciones en los padrones y censos de siglos anteriores, desde calle la Peste esquina abajo o esquina arriba hasta con otros nombres como Riberos Y Labradores. La calle conserva, en sua fachadas y tapias, retazos y piedras de los portillos, de las casas abandonadas y de los arrabales de la Mota. Basta con citar el motivo decorativo del “Arretopa /carnero/ tu lo eres” en aquella plazoleta donde preside un pilar del siglo pasado con un mosaico actual de san José. En su segundo tramo se ve cruzada por la calle de las Casas de don Eladio, hoy cronista Benavides, y en la casa de este cruce , preside una hornacina con la imagen desgastada en otro cuadro del mismo padre de Jesús, antigua casa de una memoria de su hermandad, , donde se enciende una hoguera la víspera del padre de Jesús.
Si
hay una calle alcalaína con un contexto cofrade, no puede ser otra que la calle
del Abad Palomino, en el primer tramo hasta la calle Llana, la casa y taberna
de la familia Martín vivieron tiempos cofrades con la Virgen de la Cabeza,
Virgen de las Mercedes y, sobre todo del Cristos de la Salud; no pueden
olvidarse los cofrades del gallardete de Jesús con las familias Canovaca y
Esteo; en otras casas, la Aurora y el Cristo de la Misericordia siempre
estuvieron presentes o la del Dulce Nombre de Jesús; en el segundo tramo que en
siglos anteriores se llamaba de Labradores y Relimpios, predominaban las cuadrillas
de los gallardetes y cuadros. Por estos lares, redoblaban los tambores roncos y
sonaba el lánguido son de las trompetas de hojalata de la hermandad del Santo
Sepulcro en las casas de los Vegas y los Expósitos. El Gallardete de Jesús
también visitó en tiempos pasados las casas de las familias del entorno con los
Serranos. Y, sobre todo, no era raro que un cuadro, un gallardete o una lámina
del Ecce-Homo no se alojaran en alguna vivienda de este barrio alto de la
ciudad de la Mota.
. Siguiendo el manantial de esta
agua cofrade, bebieron los miembros de la familia Vega a, que siempre
estuvieron entroncados en algunas de estas hermandades. En sus altares
familiares, se ofrecía la patena de la plegaria diaria. Esta calle hubo
personajes famosos que see llamaban por apodos sumamente conocidos en aquellos
tiempos y hoy día desparecidos.
Era
calle de tabernas de vino terreno, la de mi abuelo Caroca, la de Anchuela, la
de Galán, la casa de enfrente de los Vegas, la de los Toros y la del
Vicente el Moruno. De olor a paja en los meses de verano, por alojarse en
estas casas muchos pegujareros... en otoño el mosto despedía un aire
espeso de uva pisada en lagares de solarines y estanques de sus huertos; en
primavera, los huertos se llenaban de alcachofares, hortalizas y moras de
moral; y en invierno, la aceituna y la matanza
distinguían las albardas de las mulas de aparceros, pujareros,
arrendadores y rentistas ( que también los había en esta calle ) . En esta
calle, se ubicaron los labradores de los cortijos del municipio alcalaíno,
algunos pegujareros que introdujeron el agua por los años treinta a
sus casas, y muchos jornaleros y hombres de oficios, que no abrieron tiendas
en esta calle sino se trasladaban a los de los lugares céntricos o a las partes
más bajas de este vial. La calle se abría con una zona de alojamiento
humano y de caballerías de transporte a Granada con el mesón de
Alfonsa de Alba, y luego cambió por posada y fonda de caballerizas y, hasta que
llegó a funcionar como estación de autobuses, silo y, hoy día, lo
es, de farmacia y tienda de excelencia. En su primer tramo hubo un
Juego de Pelota, en el que jugaban los soldados de los tercios que se
alojaban en la ciudad desde el siglo XVI... En el siglo pasado, le
cambiaron el cacofónico la Peste por el del reformista y abad alcalaíno , José
Palomino Larena, por ser un dechado de su religiosidad y haber fundado una institución
benéfica y cristiana en la ciudad de la Mota. La calle se ha
renovado a mediados del siglo XX en sus primeros tramos, y no le ha incidido la
calificación de recinto histórico artístico, porque no pertenece a
su demarcación. Con sus dificultades del empinado del tramo final, todavía no
se notan mucho las huellas del deterioro y el abandono de otras
calles de los barrios antiguos. Y, se abren algunas casas de os alojamientos
temporeros en sus cercanías. Es una calle de intrahistoria local, pero también de
fisonomía de la vivienda andaluza en muchas viviendas. El factor humano la ha
mantenido. Y, lo que es más curioso sirvió de transición para la ampliación de
las calles nuevo solar urbano de Alcalá la Real.. ..ladaban
a los de los lugares céntricos o a las partes más bajas de este vial. La
calle se abría con una zona de alojamiento humano y de caballerías de
transporte a Granada con el mesón de Alfonsa de Alba, y luego cambió
por posada y fonda de caballerizas y, hasta que llegó a funcionar como estación
de autobuses, silo y, hoy día, lo es, de farmacia
y tienda de excelencia. En su primer tramo hubo un Juego de Pelota,
en el que jugaban los soldados de los tercios que se alojaban en la
ciudad desde el siglo XVI... En el siglo pasado, le cambiaron el
cacofónico la Peste por el del reformista y abad alcalaíno , José Palomino
Larena, por ser un dechado de su religiosidad y haber fundado una institución
benéfica y cristiana en la ciudad de la Mota. La calle se ha
renovado a mediados del siglo XX en sus primeros tramos, y no le ha incidido la
calificación de recinto histórico artístico,
porque no pertenece a su demarcación.
Con sus dificultades del empinado del tramo final, todavía no se notan mucho
las huellas del deterioro y el abandono de otras calles de los
barrios antiguos. Y, se abren algunas casas de os alojamientos temporeros en
sus cercanías. Es una calle de intrahistoria local, pero también de
fisonomía de la vivienda andaluza en muchas viviendas. El factor humano la ha
mantenido. Y, lo que es más curioso Sirvió de transición para la ampliación de
las calles nuevo solar urbano de Alcalá la Real..
..
El Rincón de San José
La reja de la Cárcel Real
Arretopate Carnero TU LO ERES
La casa de los Vegas y la del sacristán
POR LA ANTIGUA CALLE DEL CALLEJÓN DEL HORNO DE COLODREROCALLE DE LOS CAÑOS
Hablamos de familias, casas y tabernas
Familia
Arenas
Lopera
Romero
Pedro Mesa
García
Rosales Guerrero
Tabernas Caniles, Sansón
El horno de los Malagón
Las tabernas de Sansón y Caniles
CALLE LOS CAÑOS
La
calle actual de Miguel de Cervantes compartía nombre con el de Los Caños. La razón de su último nombre no
hay duda se hizo con motivo del homenaje al "Manco de Lepanto" a
principios del siglo XX. La de los Caños ofrecía duda, porque se denominaron varios
tramos según el apellido o apodo de sus vecinos, como la calle del Rojo en el
primer tramo; el tramo cercano al Pozuelo tambien recibió el dicho nombre.Pero mira que existían
dos calles del Pozuelo, una que se dirigía a la calle Real, y luego al convento
de Nuestra Señora del Rosario, y otra que incluso se denominó como camino que bajaba a la Fuente Nueva. Todos estos nombres se mantuvieron a lo largo del
siglo XVI. Esta segunda denominación en muchos documentos notariales se encontraba
con estos términos, como este de un censo de Gabriel González de Hinojosa
contra Juan de Espinosa ante el escribano Alonso Ramírez de Molina en 1599
(Legajo 4743m folio 277)" Unas
casas en el arrabal de esta ciudad en la calle del Pozuelo donde van los caños,
linde con casas del jurado Estebán Morón, y herederos de Alonso García
Serrano". Estas coinciden
actualmente con las casas de los herederos de Moisés Álvarez y de
Manuel Rueda, aproximadamente.
Bajams a la calle e Iglesia de las Angustias
-Comentario dde calle de Pareja, el antiguo V´çiacrucis en la iglesia del Cristo de la Salud, el Cristo antiguo de las Penas o de la Veracruz.
Y nos dirigimos a la calle Veracruz.
CALLE VERACRUZ
La Casa
de Francisco Arenas Padilla “ Tonelete”.
La Casa de Francisco Huertes Granda.
La Casa del Cura
La Casa de Antonio Martín
Las casas de los demanderos.
Las c
asas de los niños del Cristo de
la Salud.
La calle de la Veracruz debe su nombre a la iglesia de la Veracruz, que se
fundó en torno al 1550, junto con una cofradía, corral de comedias,
cementerio y hospital del mismo nombre, complejo que subsistió hasta
finales del siglo XX reconvertido en Escuela de Cristo y transformado en
viviendas con el sello de Manuel de la Morena al ser vendidas por la diócesis
de Jaén en el segundo decenio del siglo XX. La vida de la sociedad del Antiguo
Régimen la mantuvo como complemento festivo y del sector servicios en esta
calle, desde los sanitarios hasta los de ocio con el local teatral, por donde
pasaron las mejores compañías en tiempos de fiestas.
Tras la desaparición del teatro en el siglo XVIII, en sus dependencias se
instaló aquella mistérica escuela, junto a la iglesia que ocupaba la el
primer edificio a mano derecha mirando hacia la Mota. En esta
calle se reflejó el espectro social de la vida alcalaína en sus diversos tramos
o secciones de cada uno de sus viarios. En los primeros, habitaron e hicieron
vecindarios las familias hidalgas, mayores pudientes y personal del aparato de
servicios de la ciudad. Conforme la ciudad subía a los aledaños de la Mota, se
avecindaban las clases populares que eran en sus mayorías, labradores,
pegujareros, campesinos, jornaleros. Se establecieron en casas
unifamiliares y de vecinos en las mansiones de fachadas de piedra , muchas de
ellas cubiertas de cal blanca. Finalizaba esta calle con ochenta vecinos
( casas o viviendas en la terminología actual) , más los diez religiosos.
Abundaban los oficios ( escribano, médicos, hornero, panadero, zapateros,
albañiles sastres, organista, etc.) y casi se equilibraban con
pegujareros, rentistas y jornaleros. Eran casas, en su mayoría, de mediana
extensión salvo casos aislados de mayor amplitud. Los hidalgos estaban ligados
con los Rivilla, Ruíz Ruano, Ramírez, Robles, y los Cedillo. Muy
ilustrativo era el famoso hidalgo Juan Beltrán de Callaba, por ser un poeta y
extravagante personaje que dio nombre a una venta que comunicaba con las
tierras de Iznalloz en Mures. El clero y sus instituciones religiosas
poseían muchas casas en forma de capellanías, censos o memorias. Donde se
hacinaban los miembros de las clases populares El formato de casas se
mantuvo hasta muy avanzado el siglo XX, como sociedad rural, con
viviendas compuestas de corral, patio, bodega de tinajas, portal, cocina,
cuarto principal, segundo, y algunos más según la extensión de la vivienda,
y cámaras en torno a tres cuerpos .
Ya llegado
el siglo XX, nuevos miembros de emple
ados (banca, enseñanza, correos,
telégrafos, sacerdotes, maestros) industriales, hacendados y propietarios
como Caldas, Castillo, Serrano, Montijano, Muñoz, Rodríguez, Belbel,
Muñoz, Córdoba, Belbel, Santaolaya, González de Lara, o
Sierra sustituyeron a los antiguos hidalgos conformando y residiendo en
las nuevas viviendas que, en los primeros tramos, sustituyeron la fachada
blanca de diseño andaluz por las nuevas de tendencia ecléctica y modernista,
diseñadas por La Morena, Domingo Sánchez, Granados o Cándido García.
Comenzaron, por estos años, a disfrutar del servicio de agua,
alumbrado público y el arrecifado de la calle por ser vía del itinerario
oficial de las procesiones públicas. Los tramos altos se mantuvieron con
diseño tradicional de corte andaluz, salvo las casas de vecinos como la
del Cura en el tercer tramo ( de finales de los siglos de la Ilustración). En
esta sección hasta mediados del siglo XX, no se disfrutó de servicios como el
agua a nos sr de los pilares públicos.
La calle ofrece una perspectiva bellísima con el fondo majestuoso de la fortaleza de la Mota contrastando con la línea de suave curva serpeante de sus blancas fachadas de los dos últimos tramos. Es un canto a un tiempo que refleja una ciudad que baja al llano y se hace comercial manteniendo el recuerdo de una sociedad agrícola en sus partes más elevadas. Es una trova y una llamada a la pervivencia de un casco antiguo, que se transforma en estos nuevos tiempos de una sociedad del ocio, donde hacen aparición el turismo rural y nuevos planteamientos que se adapten a una sociedad no rural y modo que sustituyan al antiguo vecindario que ya no depende de la agricultura. Es el momento oportuno para ese cambio. La Veracruz ya no es una calle de tinte religioso, ni suenan las ruedas del carro de Tespis, tampoco los negocios de servicios abundan como en los primeros años siglo pasado, pero se están abriendo otros establecimientos con muy buenas perspectiva, en esa línea se recuperará totalmente aquella calle de la Vera
CALLE ROSARIO
|
LA CALLE DEL ROSARIO
Esta calle no es una vía del primer
damero de la ciudad de la Edad Moderna. Fue más antigua, originada por el
camino vecinal o real que viene del camino de Castillo y de Charilla,
enlazando con la calle Pedro de Alba, tramo segundo de la calle Real y Rosario
hasta llegar a los arrabales de la Mota. Rompe el damero de tiempos
de los Reyes Católicos, y se convirtió en el asentamiento primero de los
caballeros e hidalgos que se mantienen hasta el siglo XIX.
De hidalga pasó a ser calle de
familias artesanas, lugar de servicios con el Hospital Civil de Nuestra Señora
de las Mercedes, vivienda de campesinos y propietarios, escuela de niños
de cubero de la maestra Tomasa, algún que otro pinito constructivo modernista
como la casa de las Jaras, y mansión de vecinos en lugar de las antiguas y
costeadas casas de las familias hidalgas como los Utrilla, Garrido, Espinosa de
los Monteros, Cobaleda, o Martín. Retumban las bombas que
comenzaron a caer desde el camino de San Bartolomé hasta la calle Real, aquella
mañana de 1936, cuando las tropas granadinas del general Queipo de Llano
tomaron la Alcalá republicana. Murieron varios vecinos de esta calle, de
la familia de los Moya, y sobre todo, en la casa de los Aranda, cayó una bomba. Por esta calle, se
oyeron los gritos de los heridos de la caída de la Plaza de Toros en los años
cincuenta, descargaron los cuerpos de los maquis en los años cuarenta, se
recogieron niños en el torno de la Inclusa, la Gota Leche con Patro Vega palió
el hambre de muchos pobres de la posguerra, se curaban los sabañones y las
heridas con Luís Regalado. Olía a las ovejas de Manuel Rosales, al vino de las
bodegas pujareras, a hornazos y roscos de los hornos familiares.
Tiene un
encanto especial, pues aprendí a andar en esta calle, tiré los cántaros de
Baltasar hechos añicos en los carnavales, jugué a masculillo y culón, lancé el
pincho y salí en Semana Santa vestido de nazareno del Cristo de la Salud por
primera vez. Comí majoletas de los Tajos y zarzamoras de las cunetas de las
carreteras. Con Antonio, sus hermanos, y los Marquitos celebrábamos las
semanasantas infantiles de papel de seda, y cruces pintadas por los encaladores
del barrio, comíamos castañas calientes de las estufas de Aguayo y nos
calentamos con las piedras ígneas puestas en las brasas de los lares, se nos
quedaba el cuello pegajoso con el sudor cubierto de polvo de paja en los días
de agosto, y la mataluva iniciaba a muchos en el vicio del tabaco, la Luciana
nos vendía bolillas de anís, y comprábamos vino blanco en la tienda de
Francisco, muchos vecinos se marcharon a tierras catalanas por los años
sesenta, se mantuvieron los pujareros, y, comenzamos a sustituir la escuela de
alquiler de nuestros padres por las escuelas profesionales de la Sagrada
Familia. Son nuevos tiempos y nueva gente la
que la habita actualmente, quedan pocos, poquísimos de aquellos tiempos. Era
calle de carrera oficial de procesiones, manifestaciones públicas y de pregones
de pueblo. Todavía no es un testigo y un canto de cisne, puede ser el eje que salve los barrios altos. Motivos y personajes la habitaron: los pintores Jiménez, los arquitectos Martín Espinosa, los músicos de la abadía , la escuela secundaria del Rosario, su iglesia parroquial de San Juan… ¿.no puede ser una opción de vivir para el futuro? Hablamos del |
SACRISTÁN PACO GÁMEZ Y DEPOSITARIO DE CORONA,
PERIZOMA Y PELUCA
HERMANOS que ERAN VECINOS DE CALLE Y con el cuadro de la imposicició de crucifijos comenrtamos familia Ruiz y abuelo Santiago y a los Jamilena, Patavana, Aurora Sánchez, las Jaras, Las Paveras, Pinchos....
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La fotografía nos ilustra de un momento crucial para la historia de la hermandad. Aconteció por el año 1956, se celebró la reunión del día de San Miguel y la función de Iglesia, que presidió el párroco don José Luís Cuevas Motos y , tras ella, se bendijeron los crucifijos que quedó como un emblema de cualquier hermano del Cristo de la Salud. Estos son los personajes que hicieron un hito en nuestra comunidad cristiana.
José Luís Cuevas Motos (1) era el párroco de Santo Domingo de Silos y capellán de la cofradía; provenía de la ciudad de Huéscar (Granada) y se afincó en nuestra localidad, donde le tocó vivir el periodo de transición entre el paso de los anteriores Concilios de la Iglesia al Concilio Vaticano II, por lo que emprendió una serie de reformas acordes con las nuevas directrices emanadas de este importante encuentro de los católicos.
El resto de los personajes son Luís Ferreira Rodríguez (2), comerciante local y costalero de los años cincuenta del siglo XX, Rafael Ferreira Rodríguez (3), hermano mayor durante varios años y comerciante muy ligado con la Hermandad, Cristino García Sánchez(4), labrador, Francisco Rosales Pérez(4), campesino, demandante y buen hortelano, Manuel Rosales Pérez(5), hermano de los años cincuenta, horquillero y padre del cura Francisco Rosales, Francisco Gámez(6) , el eterno sacristán y depositario de la posguerra, Agustín Sánchez Fuentes (7) vecino del barrio y muy amante del Cristo, Antonio Martín Gámez, hermano mayor y depositario en varios mandatos (8), Saturnino López(9), maestro de obras del Ayuntamiento y hermano mayor en varios años, Marcelino Pérez Canovaca (10) vecino de la calle Luque, Felipe López, recovero (11, Juan Gámez Serrano, pegujarero(12), (13), Antonio Aguayo Urbano, transportista y hermano mayor de varios años,14 José Serrano, el perenne secretario, y los números que no se distinguen nítidamente 13, 14, 15, 16,17 Manuel Pérez Canovaca, vecino de calle Luque, Antonio Pérez Álvarez, José Heredia Rodríguez, hermano del Cristo y vecino de calle Llana y José Martínez Marchal, comerciante y cuñado de Dominguito.
La fotografía es muy ilustrativa, porque recoge el bello retablo que presidía la Iglesia de San Juan, obra de Pedrajas, con una hornacina central pareada de varios estípites que marcaban las tres calles del Concilio. En el centro se introducía la imagen del Cristo de la Salud, que había ocupado el lugar de la Degollación de San Juan Bautista; en los laterales, dos santos, rellenaban el fondo de las dos calles y componían un equilibrado retablo, donde predominan los elementos barrocos ( formas curvilíneas, adornos floreados, asimetría en el detalle y movimiento conjugado con el barroquismo de Pedrajas), todo ello muy acorde con los anteriores tiempos. Pero, por otro lado, el párroco, desgraciadamente, cumplió al pie de la letra la nueva visión de los temas iconográficos y posconciliares, eliminando todos los detalles y ornamentos decorativos que no se centraran en la imagen del Cristo, y, pocos años después, despareció el retablo y se convirtió en un austero dosel que enmarca la figura del Cristo de la Salud.
EL BARRIO DE SAN JUAN
Hablar hoy día del barrio de San Juan y sus gentes es muy distinto a lo que sería hace quinientos años, e, incluso, en épocas anteriores. Hoy día, no aparece perfectamente delimitado, y, aunque pueda comprender toda la zona de entre los arrabales de la Mota, la calle Real, la calle Rosario, Llana, Cronista Benavides, Cruz de los Muladares y Cuesta del Cambrón, ni administrativamente ni oficialmente hay una delimitación vecinal. No obstante, dando por hecho este barrio delitimado por estas calles y por las gentes que se sienten pertenecientes a la Iglesia de San Juan, el origen del barrio presenta muchos elementos procedentes de distintas divisiones administrativas, que respondían a servicios militares, de abastecimiento e, incluso religioso. En el siglo XV, el arrabal de Santo Domingo tal vez fuera el único junto con los Palacios y el de San Sebastián, que se podrían constatar que perteneciera a las inmediaciones de la ermita que se levantaba en honor de san Juan. Ésta era una iglesia que, a finales de siglo, comenzaba a crear un barrio, debido a los repartimientos de nuevos asentamientos y de tierras que habían hecho los Reyes Católicos. Precisamente, a principios del siglo XVI, se produce su ampliación, cuando la ciudad se extiende hacia el Llano, el cabildo municipal reparte gran cantidad de solares y vende otros muchos para afrontar el abastecimiento de la ciudad. Y es en este preciso momento en el que se desarrolla totalmente el barrio de san Juan, encontrando su centro en su iglesia, sede de una cofradía de gente hidalga, rodeada de su fuente que se realiza en el año 1550 por Martín de Bolívar junto al Pozuelo del santo, y presidida con el amplio espacio urbano de su plaza, la calle que se extiende, orientada hacia el sur, para converger hacia el Llanillo y sus laboriosos habitantes , que se encuadran en una demarcación de finalidad militar, recaudatoria y física.
Desde el punto de abastecimiento y de recaudación,
precisamente los antiguos arrabales, también denominados cuarteles,
estaban formados por el arrabal antiguo, el desaparecido de san Bartolomé, la
Peña Horadada, san Sebastián, el barrio de san Francisco, y el de san Juan,
como parte independiente de la Mota dejando aparte los arrabales
nuevos de la Veracruz y del Llanillo y las calles que convergen a la calle Real
y a todos estos barrios sin olvidar el recinto de la Mota. A esto hay que añadir
dos nuevos conventos que juegan un papel importante de la vida de este barrio,
el de la Santísima Trinidad y el de san Francisco. Casi toda la vida de la
ciudad se desarrollaba en estos lugares desde el comercio hasta el ocio, desde
la celebración de los actos festivos hasta la vida artesanal, desde la
religiosa de sus conventos e iglesias hasta la vida cotidiana de los vecinos.
En el siglo XVII, el barrio de san Juan es sustituido
en su demarcación, porque le convento de Nuestra Señora del Rosario de la Orden
de santo Domingo, poco a poco, va a girar en torno a la calle del Rosario que
le da su nombre y sustituye en su denominación a la calle de san Juan. Por otra
parte, los antiguos arrabales se van a ir abandonando, como el de san
Sebastián, Peña Horadada, y el de santo Domingo, y, aunque
la iglesia de san Blas va a da lugar a un nuevo arrabal, que
redistribuye el antiguo arrabal de san Juan, éste va a agrupar poco a poco todo
los vestigios que comprendían la calle Caba, la calle de la Cruz del Cristo de
la Piedra, Lagares, Alhondiguilla, san Francisco, parte de la calle Real, los
Caños, Mazuelos y otras de menor como el Puerto, Llanete el Conde, Yedra,
Mazuelos, Puerto y algunos tramos de la calle Veracruz.
Así se mantendrá durante el siglo XVIII y XIX, y, aun
más la división parroquial le va dar un nuevo empuje al convertirse en el eje
urbano de la parroquia de Santa María la Mayor, que la convertirá en coadjutriz
y celebrará la mayoría de los cultos, que anteriormente se celebraban en la
iglesia abacial. De allí saldrán las celebraciones del Corpus, se impartirán
los bautizos, los matrimonios, exequias y las misas diarias. Al finalizar el
siglo XIX, cuando el Rosario ocupe su lugar ya el barrio está perfectamente
demarcado y, la iglesia sin función religiosa, tan sólo cultual dedicada
a san Juan Bautista, será un receptáculo de los distintas advocaciones que iban
desapareciendo, como la Virgen de la Paz o de la Aurora. Sus gentes, sin
hidalgos, con multitud de casas de vecinos, labriegos, jornaleros, y nuevos
artesanos y dedicados a los servicios que el siglo XX iba exigiendo van a
dar lugar a un barrio nuevo, andaluz, blanco con la cal de las fachadas de sus
casas y de amplios solarines que servían de huertos familiares, donde el pozo,
la higuera, la cuadra y el fogón de la cocina reunía a uno de los sectores de
población más numeroso de Alcalá la Real. Rememorar el siglo XX es iniciar un
recorrido desde la casa de don Salvador Medina, donde impartían las clases este
viejo profesor a jóvenes de enseñanza secundaria, para continuar por la
empinada cuesta de la calle Veracruz, moteada de casas de vecinos y casonas de
labranza como la de Gálvez o Manuel Gorra, la del cura, donde se hacinaba las
familias en pequeños pisos en torno a un patio desde se sacaba el agua de su
pozo para mantener la higiene de más de treinta vecinos. Lo mismo que en la
casa del maestro Garrido, la de Paz, la de Miguelón y Peregrina, la de José
Gálvez, y la de Aurora y la de Domingo el Lancero. En esta calle, se
confundía el subderrollo de los años cuarenta y cincuenta con el
tradicionalismo de la vida pujarera de la casa de Frasquito Huertes o Francisco
Arenas Tonelete o los nuevos labriegos de las aldeas que se afincaban en
nuestra ciudad, como la familia López. Junto a las casas, los servicios de
alimentación, la leche de las vacas de Mangurro, la tienda de Marquitos o la
sombrillera de Mercedes de la Barranca. Lo mismo sucedía en la calle Luque, con
la casa de vecinos del General Lastres y la taberna de Joaquín y el Gordo. Y la
calle Rosario, donde se abastecía a los pobres en la Gota Leche, se recogían
los niños expósitos y se curaban a los enfermos en el Hospital, regentado
por las Madres Mercedarias, la taberna de Mamando, se había convertido en la
hidalga de los artesanos actuales. Allí podías encontrar la zapatería de
Pañalón, los buenos vinos y la lana para los colchones de Manuel Mamando, un contrato
de obra del buen oficial albañil Miguel Fernández o descendientes de la familia
Zúñiga. Si querías tomar los bollos de chocolate para los niños en la tienda de
Francisco y en la de la Luciana, los servicios de fontanería los encontrarías
en casa de José y su cuñado. Conforme subías hacia la iglesia de san Juan, las
casonas de fachadas de piedra encalada de los antiguos hidalgos se
transformaban en hacinadas casas de vecinos donde apenas podían vivir familias
numerosas como la de Francisco Rosales de la plaza, Eloisa y tantos
más. Allí se compartían los servicios higiénicos, la lavandería, e, incluso, en
algunas las cuadras y la cocina; tan sólo, había un recinto diminuto para la
intimidad familiar. Jalonaban ambas aceras de esta majestuosa calle, que por
los años setenta sustituían los balcones de forja , las ventanas de las cuitas
amorosas y los óculos del pajar por los afeados balcones corridos y las puertas
metálicas de las cocheras. Sería imposible imaginar hoy día cómo podían convivir
hasta quince y treinta personas en algunas casas. Los niños de la familia de
los Patavana no tenían otro lugar para el recreo que las calles embarradas y
arecifadas para las fiestas populares. El pincho, las canicas, policía y
ladrón, las caretas y los cántaros de carnaval eran los juegos preferidos de
las almas infantiles. La beneficiencia y la caridad se ejercían en el hospicio
provisional de la Iglesia de san Juan, atendida por la Madre Carmen y sus
compañeras desde los años treinta, donde acudían jóvenes doncellas sin familia
para aprender el catecismo y las buenas costumbres. Y en parecidas condiciones
estaban los vecinos de la calle Trinidad, la de los Caños o todas las que
convergían a la calle Medrano como la calle la Peste, los Caños, el Puerto y su
transversales de Llanete el Conde, la Yedra o Muladares. Si algo las
diferenciaban de las calles del Rosario y Veracruz, eran las casas más pequeñas
y sus vecinos nás humildes, dedicados al campo con su yunta, haciéndose de
apareadores unos de otros, y, en la mayoría de los casos, esperando la llamada
del señorico o del pujarero más hacendado que los convocara a dar la jornada en
sus peculios. Raros eran las casas de servicios como la lechería de
Miracielos en la calle los Caños, la tienda de Cipriano o de Charilla en la
calle Llana o la taberna de Caroca o la de Caniles en la calle los Caños.
Algunas viviendas cobijaban a familias enteras como los Vegas en la calle la
Peste, recordando a las ínsulas romanas en un marco andaluz. Si el agua se
encontraba en los pilares de la calle Llana, el de san José, el de san Juan y
en la calle Rosario, donde acudían los vecinos a recoger el agua en sus
cántaros, el pan se abastecía por los panaderos de Santa Ana y los Madriles. El
horno de Piñiqui era el centro de reunión, mientras se calentaban en el horno
los roscos, mantecados y los panes de cada familia. También, procedía de
forasteros el arreglo de los sumieres de las camas, el afilamiento de los
cuchillos, el grapado de fuentes y los nuevos oficios que la técnica introducía
ebn los lares del barrio de san Juan. En estas calles fue un acontecimiento de
los años cincuenta el agua en las casas, la primera televisión en casa de
Frasquito Huertes, donde acudía todo el mundo a ver los toros, el primer
ventilador eléctrico o la primera cubeta de plástico, acostumbrados a los
objetos de mimbre , de esparto o de hierro. Y en este barrio, salían curas a
porrillo porque era la única salida de los hijos de los jornaleros o labriegos.
Muchos se quedaban a medio camino, otros escalaban otras profesiones.
Las Escuelas de la Sagrada Familia ofreció a muchas
familias la formación profesional, religiosa y humana a muchos hijos del barrio
de san Juan. Practicaban los servicios de limpieza de la calle en un reparto
por tramo de fachada, limpiando el pavimento o la acera que solía llenarse de
los excrementos de animales de carga y ganado menor. Eran abundantes las casas
donde una manada de cabra, más rara la oveja, convivían con sus propietarios.
la única industria era el molino de Terreras en la Cruz de los Muladares, que data de finales del siglo XIX, a donde los labriegos llevaban la aceituna en invierno. Junto a él, un lavadero, donde se formaban corrillos de mujeres a lo largo del día.
La construcción renovó la mayoría de las casas por los
años sesenta, y se levantaron otras nueva. Famosa fue la casa grande de la
calle Real, que los alacalaínos bautizaron graciosamente la Casa el Coño, tan
destartalda, y tan irracional que no puede comprenderse cómo se les ocurrió a
los munícipes conceder aquella licencia urbanística.
La gente era muy devota de tradiciones familiares. Las
Cruces de mayo, de la calle Ancha, de la calle Real, san Juan, cruz de los
Muladares, y la de la casas de Aurora, de los Vegas o de Andres en la calle
Luque tenían su novena y sus cantos. Meses antes, los cuadros del Ecce-Homo y
el Gallardete de Jesús en las casas de los Vegas y los Cupidos. Las hornacinas
de santa Ana y la Virgen de las Mercedes en diversas esquinas recibían su
devoción popular en el verano sin olvidar la tradición del san José
de la calle la Peste y la calle Ancha.
Raro era el día de los años cincuenta en el que un
piso de una casa de veinos o un vecino de una casa no abandonaba su lugar de
morada para correr la aventura de Alemania, de las tierras catalanas
o de la capital de España. Aquí se quedaron los más hacendados, los
profesionales y los de los oficios de los servicios municipales o de cierto
porvenir. Los demás hicieron lo mismo que los de los años treinta cuando
huyeron el día de la toma Fe Alcalá buscar nuevos derroteros para su familia y
sus hijos. La formación se adquiría en las escuelas del Estado, y en
las de las maestras garroteras de la Pollica o de Patita Sea.
También, el maestro Garrido impartía la docencia en la calle Real, como también
lo hacía su hijo en la calle Veracruz para los niños más avanzados. La
formación religiosa se impartía en la iglesia desan Juan con los seminaristas y
los coadjutores de la parroquia de santo Domingo de Silos. Y la formación
política y moral, en la escuela y en los NODOS del Parque Cinema y el Teatro
Martínez Montañés.
No había más salida para la gente del barrio que el
trabajo del campo, ser empleado de Condepols o la emigración. Los otros oficios
eran una excepción para los privilegiados que podían comer una dieta que
sobrepasara la leche matutina, la comida de legunbres del mediodía (os cocidos,
lentejas, habichuelas..), la merienda de pan con aceite_ el bollo de turrolate
de Priego era un privilegio-, y la frugal cena con lo sobrante de la
mañana. Había
personajes famosos en el barrio oque recogían la simpatía popular,. desde
Frasquito Huertes, que era como el patriarca de toda la vecindad en la calle
Veracruz, o el sinmpático Tonelete, hasta el comandante Berbel, el
médico García Valdecasas, Santa Marta, el jefe de los apóstoles Tomás, todos
los Vegas que levantaron la semana santa de los años cincuenta en su faceta
popular, Trompetín, Cristobal, las mujeres de la Gota Leche como Patro Vega o
Luis Hinojosa, doña Anita la partera y después doña Prudencia, don León el
practicante, los pregoneros que anunciaban la campaña de vacunación o los
edictos del Alcalde en el Pilar de san José o en la esquina de la calle
Veracruz , del Rosario en san Juan, y la madre Carmen, tan rechoncha y tan
débil pidiendo a las señoricas del pueblo limosnas para sus niñas de san Juan y
el guardia de la Mota Joaquín el Espino.No había casinos ni de caballeros ni
populares; las tabernas usurpaban el espacio social con el vino terreno de los
meses de invierno y el manchego de los restantes meses del año. Si tuviéramos
que destacar algunas, citaríamos la de los Sansones, y Caniles en la calle los
Caños, el Atranque, donde se vendía el vino a través de una reja, y el Bodegón
de los Muertos en la calle Llana, y las mencionadas de la calle Luque. En ellas
se hacía contratos de obra, se citaba para la labranza y se pagaban los
jornales.
La noche era fría en las casas de este barrio, muy bueno
para el verano, pero productora de sabañones, pulmonías y catarros
en invierno. La silla de enea servía de embajadora para formar círculos de
mocitas para bordar, de chiquillos para escuchar historietas de los mayores en
verano y de tertulias y vigilias en las noches de velatorio.
Conservaba su majestuosidad y su raigambre el barrio
de san Juan desde tiempos inmemoriales. Era y es la carrera oficial de
procesiones de semana Santa en la mañana del Viernes Santo, el
Corpus Cristi, y en la procesión del Cristo de la Salud. Sobre todo,
esta imagen definía el barrio, a sus devotas gentes labriegas y a su fisonomía
andaluza de blanca y de cenefas y rejas negras. Numerosas
eran las sagas de familias que se apodaban con nombres curiosos como los
morunos y los moros, los rejillas, los carocas, los hermosos,
los marquitos, los pinchos, los gallinasas, los toreros, los
fatigas, tacholicas, los porqueros, los frescuras, mogote y churrete, los
obispos, canoso, penoso, miliqui, la negri, zambomba y sargento
amocrafe, los virutas y los milesios,los loperas, cinco años, los olayas, los
canteros, rabanales, los castos, los rojitos, la amolanchina, el nIño Dios, los
cenachos, los jaros, los cerullicos y los follones, los juaneles, los sansones,
los canteros y los canetos, los pintaporras, los lanceros, los pìchirichi, los
canastas, los bodoquitos, los rubiotopi, los miracielos, los teleras y rajuñas,
los charilla, los patulas, los lanceros, los paletos, los chaleques, los
pichiqui, los de gloria, los regalados, los patitas sea, los conejos, los
borondos, los pañalones, los cupidos, los veguillas, los patavanas, los
mamandos, los genaros, los frailes, los poyoperas, los gorras o los mangurros.
Raro era el que se denominaba por sus propios apellidos. Si alguien
destacaba en alguna faceta, era bautizado inmediatamente para
identificarlo. Se transmitían la enseñanza del trabajo del campo de
padres a hijos, la poda, el injerto, la destreza en la siega y en el olivar;
muchos compartían todas estas labores con el olivar. Algunos eran albañiles. El
barbero Victor, Pepe el zapatero, los hojalateros, y alguna que otra peluquera
domicilaria eran los pocos oficios que se escapaban de los pujareros y
hortelanos. Había pobres de solemnidad como Marquitos o Ramón el Chavico, que
recorría las calles contando sus anécdotas de sargento en la División Azul, la
Romana, Zanani y los gitanos de la calle la Peste y de las ruinas de santo
Domingo, los hijos de Evaristo, también Celestino que compartía el oficio de
herrador y trasquilador de mulos y burros. Era la estructura
del barrio una pirámide invertida, donde los más pudientes vivían en las calles
más cercanas al Llanillo y los más humildes junto a la Mota y el arrabal de
santo Domingo.
Ya, en los años setenta, aquella sociedad vivió una
nueva inmigración comarcal con los nuevos vecinos de las aldeas, y muchas cosas
y costumbres se fueron sustituyendo. Pero aquel barrio de san Juan quedó en
muchos vecinos y otros no quisieron abandonarlo como fieles testigos y lapados
por la sombra de la amplia mole de la fortaleza. Actualmente, ya son pocos, a
veces nosh ace revivir los barrios del Rastro, Sebastián y san Bartolomé de
finales del siglo XVII. Menos mal que todavía quedan vecinos y casas blancas, y
las casas de la hermandades recuerdan la defensa del patrimonio.






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