Archivo del blog

domingo, 6 de septiembre de 2026

JUAN VEGA VEGA, EN EL PROGRAMA DEL CRISTO DE LA SALUD 26

 





Hay hermanos del Cristo de la Salud que nunca podemos olvidar, cuando nos acercamos al barrio de San Juan. Siempre nos encontrábamos con ellos desde la niñez a la hora de compartir las enseñanzas en las escuelas de las maestras de barrio o compartiendo la cultura de la calle, celebrando varias familias las festividades del año dentro de la misma casa; sobre todo, en Semana Santa y Navidad, ensayando tambores y trompetas o cantando antiguos villancicos en la noche de Navidad. Este es el caso de este recuerdo de un hermano que todavía lo tenemos presente, cuando nos acercamos al templo o la casa de la hermandad del Cristo de la Salud y contemplamos sus suelos y paredes como si estuvieran todavía pulidas o pavimentadas por sus manos artísticas, que hasta en su oficio de albañil Juan Vega Vega tenía arte. O cuando contemplamos en el museo una trompeta ya en desuso, parece como si nos estuviera haciendo un solo en aquella primera banda del Cristo de los años setenta que cooperó junto con su hermano para que luego fuera una realidad la agrupación musical, dando el paso de una banda de tambores y cornetas a una asociación musical que superó los primeros pasos de que el Cristo pudiera tener el primer grupo musical.

Ni que decir, cuando, antes de entrar a la iglesia, pasando por el cruce de la calle del Rosario y Veracruz, escucháramos algunas saetas tuyas en la despedida de la Virgen de las Angustias o, solitariamente, en forma de oración: Ya te suben, ya te bajan, por la calle del Rosario, /! ¡Ay, Cristo de la Salud! /qué duro es ya tu calvario/.

 

Y, ya en la plaza mirando a la calle del Romancero y desde el altillo de la antigua calle Llana de la Trinidad recordamos que cantabas con un arte inigualable como si quisieras hacer eterna esa tradición que se mantuvo durante muchos años, con esta saeta, referida a los claveles que se traían de Almería, donados por el hermano Antonio: De claveles de Almería/están llenando la cruz/los hermanos que te quieren/del Cristo de la Salud.

No es extraño que nos venga a la mente el acto de su instalación en el dosel, y escucháremos esta otra saeta suya: y, Cristo de la Salud, /consuelo de los hermanos, /que moriste por nosotros, /clavado de pies y manos. que suele acabar con un estrambote final ante el silencio de los callados hermanos que escuchan esta profunda invocación: Silencio, callad, silencio:/que se ha oído un quejío, /y en una cruz yace muerto/el mejor de los nacíos.

 

Y me viene esta que cantabas tras Las siete Palabras, en el momento de salir,

 

Por los clavos prisioneras/llevas las manos heridas. /Llevas los pies traspasados/y una corona de espinas. /Que enciendan ya los faroles, /que enciendan con mucha luz, /que va a pasar por la calle/el Cristo de la Salud.                                                                           

 

Y, me imagino ante ti como el mejor catequista de la manifestación religiosa del <viernes Santo con esta saeta que recoge estructuras parecidas

a las que se cantan al Nazareno: ¿qué es aquello que reluce/que brilla y con tanta luz? /Es un trono, cuajado de flores, /y el Cristo de la Salud.

Entrar en la iglesia y tu presencia se me hace en todos los rincones. Siempre embelesa la imagen del Crucificado. Pero, te escucho tu voz de pregonero que recogiste el auténtico acervo de los anteriores cantores de la Pasión y solías trasmitirlo. Sobre todo en ese momento que nos recoge el Cristo de la Salud, allí te veo cantando al Longino:
La imagen del Cristo desarrolla en este auto  el cierre de la Pasión de Jesús con la certificación de su muerte ya que representa el antiguo Paso de la Lanzada junto con los personajes del Longinos y Lazarillo. Y tú nos describes perfectamente a ese Longino, ese centurión romano que la tradición consideraba que quedó ciego t cantaba: Lleno de furia un soldado, /a un cadáver se acercó, /y de furia desalmado, / con el golpe de una lanza, / le abrió su sagrado costado. /Y me viene tu melodiosa modulación final con el pareado: Ninguno le consuele ni alabe, /Infiel que tal hizo que tal pague. Pero miro a los pies del Cristo y, te contemplo en los años ochenta dirigiendo el coro de los auroros de San Juan con casi todos los miembros de tu familia y algunos allegados más, realzando hasta el más rudo canto navideño, inventando cantos de auroros para la misa de Navidad y haciendo sublimes las canciones de las coplas andaluzas de autores como Manuel Escobar. Rezo en el banco y todos los domingos me viene a la mente estos cantos de letras de auroros tuyos: Sacerdote, ministro de Cristo, /sólo con tus manos elevas a Dios, /y lo bajas del cielo a la Tierra/con cinco palabras de consagración. /Poned atención:/Que por chica que sea la Hostia/Es el cuerpo y Sangre de Nuestro Señor.

 

Y este solemne e Sanctus, con una introducción de elementos de cuerda, preparada y compuesta por tu saber y arte Santo, santo Todopoderoso, /de cielos y Tierras, supremos Creador, /Santo, Santo, es este Dios hermoso, /que por redimirnos en la Cruz murió:/Santo con fervor:/Santo, Santo, Espíritu Divino/que, a su vez, procede el divino Amor. /

Y, no solo me recuerdan las noches de Navidad, me acuerdo de tu comparsa, que era única en el Carnaval. Inigualable en la voz y en la escena, cantando pasodobles y tangos compuestos por tu arte. Y recuerdo que habías recogido el arte de tu familia en muchos aspectos, en el cante y el baile. Nunca olvidaré la primera que te escuché con tu familia y Hermanos: Vivan los milicianos de Carlos IV, o el Carbonero o la jerigonza junto con el baile como una CANCIONES DE NOVIOS en las fiestas de los antepasados : A la calle Rosa,/Me voy a vivir/Por ver a mi novia,/Bajar y subir/subir y bajar,/A la calle Rosa/ Me voy a mudar./ Cuando al hospital llegaste/ A visitar a los enfermos,/Y a mi cama no llegaste/Este sentimiento tengo.(La jerigonza( “serigosa”) Que la quiero ver bailar,/Saltar y brincar/Y andar por el aire,/Que mi niña es la jerigonza del fraile,/Déjala sola/Déjala sola,/ Que mi niña parece una rosa,/Busca compaña, que mi niña/Parece una araña.

Y no nos dejaste mudos, pues tu semilla se sembró en tu familia con María Lorca, con tu hijo Juan Carlos que muy bien te sigue los pasos y tus nietos que ya visten el traje de pregoneros. Que más se puede pedir que siempre estarás presente entre nosotros, con tu palabra y voz  te has hecho eterno, y la palabra eres tú.

 

 

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario