EL TRAPICHEO
He ahí
que por el arte de birlibirloque de los archivos, su magia siempre da sorpresas, y me apareció que el abad San Martín daba, en 1676, poderes a Juan
Barrero, un granadino para que se presentase ante Luis de Acosta y Mezquita, el
administrador de los cuartos uno por ciento de los azucares y trapiches.
Inmediatamente, me vino a la mente frases muy frecuentes en nuestro entoro¨” ¿Qué
trapicheo haces?”, Esta casa es conocida en la ciudad por conflictos a causa de supuestos trapicheos
de drogas”, “Siempre anda en algún trapicheo raro para conseguir dinero
rápido”. “La policía detuvo a dos sospechosos por un pequeño trapicheo
en el barrio”, , “Está cansado de los trapicheos y quiere empezar un
trabajo legal” . Está claro que n el Diccionario de la lengua española
(DLE) de la RAE, la palabra trapicheo es un
sustantivo masculino de uso coloquial que significa "acción y
ejercicio de trapichear". . Como verbo, sirva de ejemplo. ““No me
gusta trapichear para conseguir lo que necesito; prefiero la honestidad.”,
“ Dicen que se fue a la ciudad a trapichear con documentos falsos”. Coincdimos
con el diccionario que define el verbo del que proviene (trapichear) con
dos sentidos principales: Comerciar al menudeo (vender o
comprar cosas en pequeñas cantidades).;en su uso más común y coloquial: ingeniarse
o buscar medios (no siempre lícitos) para lograr un objetivo.
Inmediatamente, relacionamos trapiches con
trapicheo y trapichear y accedimos a la DRAE, que nos dio la razón. El documento
aportaba una nueva acepción. Pues, trapiche, procedía del Mozárabe “trapic” y este, a su
vez, del latín alterado
trapētus 'molino de aceite'. Luego no nos extraña que elel trapiche
sea, en España, un moliino para extraer el jugo de algunos frutos
de la tierra, como la aceituna o la caña de azúcar.
Y, en tierras americanas de Bolivia y Chile. Otro molino para pulverizar minerales. Esta defininición se mantuvo y aprecen trapiches mencionados desde principios del siglo XVI y no tiene ninguna limitación de uso, incluso en nuestra zona este trapiche servía para moler zumaques más que las aceitunas y cañas de azúcar que apenas existían y si se comprende el impuesto en la zona de Granada.. Pronto, aparece un nuevo termino en este uso ndustrial, cual fue la palabra ingenio relacionada con treepiche. La distinción entre ingenio y trapiche, indica Álvarez Nazario Herencia (p.183), se documenta desde principios del siglo xvi, momento que el español antillano, «según testimonio de Fernández de Oviedo y de Las Casas, comenzó a diferenciar entre ingenios, "ingenios poderosos" que utilizaban el agua como fuerza motriz, y trapiches, "que muelen las cañas con caballos". Así, dice Oviedo que en La Española existían "veinte ingenios y cuatro trapiches de caballos". En Puerto Rico, sin embargo, donde el primer molino de cañas se establece en 1523, diecisiete años después de haber empezado en Santo Domingo la fabricación de azúcar, no se distingue en los documentos consultados, pertenecientes al xvi y al xvii, entre una clase y otra, llamándose a todos por igual ingenios. La voz trapiche debió pasar de Andalucía a Canarias, mientras que en portugués «parece ser palabra tomada del castellano, Según Álvarez Nazario Herencia (p.184), «Hoy día trapiche es palabra con tendencia decadente en Puerto Rico. Fuera de nuestro país se conoce en otros territorios hispanoamericanos: Cuba, México (por Tabasco), América Central, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay; en Argentina y Chile es denominación de cierto molino para pulverizar minerales». En España, abunda el uso de los derivados de trapiche, y no tanto esta palabra, es frecuente decir trapicheo y el uso del verbo trapichear.
Y no hay que
dudar que serían sinónimos de trapicheo: chanchullo, tejemaneje, artimaña, amaño,
cambalache o regateo (curiosamente, palabra muy empelada en siglos anteriores
como los regatones o recatones en las relaciones comerciales de la ciudad de la
Mota).
En el habla cotidiana actual, se emplea casi siempre
para referirse a negocios ilegales o poco claros a pequeña escala,
como el comercio menor de sustancias prohibidas o el mercado negro. 
También formaban parte de este contexto las máquinas, en especial se generalizó el término de los trapiches para moler la caña que ocasionaban en quienes caían en ellos quebraduras y heridas mortales.El trapiche funcionaba, en los ingenios que contaban con tecnología europea moderna, con el vapor producido por calderas alimentadas con el bagazo de la caña, de ahí que la chimenea de ladrillos rojos que se elevaba muy por encima de las copas de los árboles indicara desde lejos su presencia y hasta alguna versión asegura que una gran víbora negra (o un perro negro) quedó morando en su interior cuando la planta fabril fue abandonada. Durante los cuatro meses que duraba la cosecha y preparación del azúcar (aproximadamente julio-octubre) el ingenio molía caña y cocía jugos ininterrumpidamente y tanto el edificio como el canchón estaban completamente iluminados durante la noche y el latido de las máquinas no cesaba un instante.
No nos
extraña, este nuevo uso crematístico del abad alcalaíno, recién ascendido a la
sede episcopal de Oviedo y que luchara porfiadamente por recoger la parte que le
había asignado la Corona no sólo de los azúcares, sino también de los
trapiches, pues en estas zonas no solo se molía la caña de azúcar, sino la
aceituna y hasta el zumaque. No era moco
de pavo. Vaya trapicheo.

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