Archivo del blog

jueves, 27 de agosto de 2015

EN ALCALÁ INFORMACIÓN ÚLTIMO..YA SE ACABAN LAS FIESTAS. SAN BLAS






            Aquí no hay manera de cantar el "Pobre de mí". Se engarza una fiesta  tras otra hasta los Santos. Pues, pronto el mes de la Vendimia por excelencia   traerá las celebraciones  de los  barrio, alguna que otra de una aldea y de las hermandades, y, al final, la traca más sonora y esperada  la gran Feria de Septiembre. Pero ya algunos vecinos  no acudirán a  la cita de estas festividades, porque se encontrarán en otros lugares de nuestra geografía o en Francia,  o, simplemente  por otros motivos laborales.
            Pero, al final de agosto,  la ciudad recupera pausadamente  su ritmo. Se inaugura el curso escolar, acaban las vacaciones para el sector industrial  y las hortalizas abastecen los hogares con sus últimos productos. El comercio abre sus puertas a medio gas.   Por otro lado la silueta de la ciudad de la Mota recibe a los visitantes con el  nuevo espacio recuperado  de la ermita de San Blas. Las líneas sugerentes  de su recinto  constructivo  invitan a  pasear, acercarse a su entorno  y contemplar este nuevo rincón de los arrabales del santo de curar la gargantilla.  En la coqueta y limpia plazoleta que merodea a la Cuesta del Cambrón, a lo más que uno puede visualizar  de su poblado pasado, son  una portada renacentista que levantó el cura Diego de Castro allá por el segundo decenio del siglo XVI, el cajón de su iglesia, los muros de la capilla de Santo Cristo de la Salud y el hálito de un rincón que hizo a veces de almacén en tiempos de peste, por eso de encontrarse a las afueras de la ciudad. Al dejar al descubierto su planimetría, limpia  y testigo de una arquitectura abacial que se repite en muchos templos pequeños de la comarca de la Sierra Sur,  vienen a la memoria muchas personas que abandonaron aquel recinto  a duras penas y forzadas por la necesidad y la pobreza. No se pasa por alto las ruinas de la casa de Malagón, el único superviviente de las Escalerillas de Santo Domingo, más bien  las medio escaleras hasta los años setenta del siglo XX y la segunda estación del Vía Crucis de la primera escuela taller.  
            Muy cerca, el tercer anillo amurallado y la base de la  puerta de Martín Ruiz descubren un pasado de un barrio muy bullicioso, de viviendas del sector primario y  terciario y encerradas por el camino de San Bartolomé, antigua  carrera de los Caballos. Esta, hoy convertida en adarve de Alcalá,  ofrece un balcón privilegiado para las instalaciones del prometido parador:  la frontera del antiguo reino de Granada entre olivares y sierras de flora mediterránea y como pórtico de adentrarse en caminos y veredas de leyendas. Ahora,, es una realidad que se ha convertido en el segundo paseo de la ciudad rememorando el " Paseíllo de Vinuesa".
            En estos días, a bombo y platillo, se ha recibido una buena noticia  para la ciudad. Nos referimos a  la última muleta ( más bien la penúltima)  que se le aplica a la centenaria iglesia  de Santo Domingo. Desde que cayó en el sumo abandono allá  a mediados de siglo XX,  los sexagenarios pueden dar cuenta de tres o cuatro reformas, intervenciones,  apuntalamientos  y lavados de cara que ha sufrido este templo durante su vida. Y los que le falten. Parece como el cuento de nunca acabar de esta iglesia gótico- mudéjar que se remonta a la mezquita del arrabal Viejo. Y, lo mismo que las penas no vienen solas,  doble motivo de alegría con la elevación de la grúa en el solar del Antiguo Convento de las Trinitarias ( las Monjas Altas). Hay que apostar por el turismo, pero no quedándose dormidos sino implicándose toda la población  rehabilitando sus casas  y poniéndolo en valor sus edificios, sus jardines y su entorno. Magistral lección municipal  se está impartiendo en estos años con el Centro de Anfibios, el Huerto de Alonso Rubio  y todas las mejoras del perímetro de la fortaleza de la Mota. Falta que san Rafael bendiga por octubre aquellas calles con un pequeño oratorio en otra plazoleta que se ha rehabilitado con gran acierto. Puede ser un aliciente de un barrio que ya despide a los últimos pegujareros y se abre a otros vecinos, que deben sentir el mismo sentimiento de aquellos que lo habitaron durante muchos siglos y ya se han marchado de otros lares. No puede quedar en ser un simple recuerdo  de un pasado. Los barrios deben tener vida, comercio, lugares de encuentro, de formación y , sobre todo, orgullo de las personas que se avecinan en ellos La cultura del ocio se hace realidad en muchos lugares de España. No hacen falta  fuegos artificiales y cohetes, sino que se realimente con  el compartir un reto que conlleva una apuesta también por el trabajo y el progreso.  .            


No hay comentarios:

Publicar un comentario