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viernes, 10 de octubre de 2014

EN ALCALÁ INFORMACIÓN. LA JUSTICIA EN LA MOTA.


 

LA JUSTICIA EN LA MOTA

 

            Esta semana, la ciudad fortificada de la Mota se ha vestido con la toga y ha convertido el salón de su ayuntamiento en las Casas de Cabildo de la Edad Moderna en una Sala de Justicia con la presencia de magistrados, jueces y autoridades del poder judicial de Iberoamérica.  Son nuevos tiempos, en los que  los tres poderes de un Estado deben, al menos teórica y prácticamente, ser independientes ejerciendo cada su función especifica desde que Montesquieu  delimitó los ámbitos del poder ( el legislativo para los parlamentos, el judicial para la Jueces y el ejecutivo para los gobiernos). Y, en estas Jornadas  del Aula Iberoamérica de las Escuelas Judiciales, se ha percibido el respeto de las distintas instituciones, asistiendo de  embajadores y protocolo  las autoridades locales, provinciales y nacionales con la presencia de la presidenta de la Junta de Andalucía, de delegados autonómicos  y del gobierno municipal; contando con la colaboración de  varios miembros del Consejo Judicial de España;  escuchando las peticiones de los ciudadanos y de los responsables de la Justicia;  y trabajando por la formación de los jueces y magistrado este elenco del poder judicial que ha tenido la gentileza de pasear por estos  lugares de la Mota que anteriormente lo hicieron, en siglos pasados, miembros importantes de la Justicia.

            Se hallaban sorprendidos del recinto monumental de la Mota,  pues no sólo les ofreció el mejor ámbito para poder desarrollar sus ponencias y comunicaciones, sino que tuvieron la  fortuna de visitar los rincones, donde la justicia se ejerció en tiempos pasados, cuando el gobernante asumía también la labor judicial. Nos referimos al cargo de corregidor, y en una ciudad tan importante como Alcalá Real, capital del corregimiento tripartito (Loja, Alhama y la propia ciudad de la Mota). Presenciaron los vestigios de la  Casa del Corregidor, la Cárcel Real, la Mazmorra, la torre de la Justicia, donde se albergó en tiempos de epidemias la Chancillería de Granada, las tumbas y criptas de eminentes juristas que se adelantaron a los tiempos con sus propuestas de arbitrismo y  estudio de temas con las quiebras económicas (nos referimos al abad Somoza), la sala de juicios de ordenanza en la planta baja de cabildo,  y la plaza pública donde se celebraron  algunas ejecuciones de castigos de tormento o escarnio. Eran otros tiempos, o, quizás, el pueblo no  sabía distinguir el carácter mayestático de la autoridad, a la que calificaba en el terreno abacial con dos cabezas: el del abad y el del corregidor por su labor representante del Rey, coordinador de la política municipal y función legislativa. Pero, tiempos en los que se ejercía el control de los cargos mediante varios actos: el corregidor no alcanzaba más de un año y solo prorrogaba hasta tres años en los mejores tiempos y seis en los tiempos de decadencia; el corregidor se veía obligado a someterse a un control ciudadano al final del periodo por medio de los  famosos juicios de residencia, en los que los vecinos le podían acusar, durante varias semanas de los actos injustos cometidos en su mandato; y finalmente, el corregidor, por ser persona ajena a la ciudad,  ejercía la moderación de los intereses de los distintos bandos y particulares. Buenos ejemplos para el mundo de hoy: moderación, control y tiempo limitado en el cargo. Mucho nos aprovecharían estos tres términos si se  aplicaran a los tiempos que corren hoy día en la sociedad española con los casos de  corrupción que s abochornan a todos, y, sobre todo, a los que trabajan y han trabajado de buena fe y con honradez.    

 

  

                                                                      


 


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