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martes, 22 de diciembre de 2015

ENTRETORRES




            Acaban el año 2015 y la serie de las torres y atalayas alcaláinas. Hace años, a través de este medio de comunicación nos acercamos a nuestros  lectores con una diversidad temática que no se ajustaba a padrón alguno. Los meses fueron el siguiente  hilo conductor que  sirvió para la comprensión de la idiosincrasia alcalaína; luego, los doce miradores fueron las tribunas desde donde se  dibujó el contraste en la ciudad del pasado y la del futuro; durante este año, las torres, se han introducido en la trama urbana y han aportado  diversos ángulos de la sociedad de la ciudad de la  Mota, siempre partiendo de los fundamentos históricos.
            Como colofón de estos artículos, dedicamos el último a las Entretorres. Un término yuxtapuesto, original  y autóctono que  refleja una parte del  territorio municipal, antaño adehesado y hogaño tierra de olivos. Está comprendido entre dos ejes muy importantes del partido judicial de Alcalá la Real, las carreteras de Granada y la de Izanalloz: la primera fue siempre un camino real de comunicación de las tierras del Alto Guadalquivir a Granada y tierras de  su Costa; la segunda, un camino que conducía a los montes granadinos y las tierras de Guadix y Baza;  la primera, sufrió una transformación de ser camino carretero a carretera  desdoblada, e, incluso, autovía prometida para enlazar Badajoz con Granada; la segunda, antiguo subeje andaluz y suplantada por la autovía de Andalucía.
            Entretorres es un espacio definido y controlado  por las  dos torres, afortunadamente mejor conservadas e, incluso rehabilitadas: la del Moraleja y la del Cascante. Si hubiera de confrontarse el conocimiento  de este tipo de atalayas por parte de los vecinos , de seguro que ambas son las más conocidas por encontrarse cercanas a núcleos poblacionales más próxim




os a la capitalidad de la comarca alcalaína. Estas torres se cimentan en civilizaciones anteriores que se remontan a la prehistoria y los primeros pasos de la historia local. No es de extrañar que el mundo argárico y los íberos rondaran por estos lugares; tampoco no es atrevido proclamar que debieron ser un hito e, incluso, un jalón en la ruta de entrada  púnica desde la costa granadina a las tierras jiennenses del Alto Guadalquivir: algunos restos arqueológicos y el hallazgo de numismática cartaginesa  lo confirman  con rotundidad. Han sido las mejor rstauradas y conservadas; los vándalos no dejaron intactos la información ni su iluminación.
            Pero, sobre todo, Entretorres responde a un periodo histórico de mundo de frontera, donde los alcaides de las atalayas pasaban muchas jornadas con ojo avizor esperando invasiones de enemigos en tierras cristianas, fingiendo alguna que otra travesura para despistarlos como aconteció en las gestas de los Arjonas,  Linares o Arandas, o, simplemente viendo pasar las caravanas  de comerciantes en tiempos de paz.      
            Y este es el símbolo natural  de este lugar que transciende su ubicación territorial. Entretorres es la esencia viva de la historia del pueblo de Alcalá la Real. Es testimonio de  tiempos pasados y de  enfrentamientos superados por la sana convivencia; tiempos  de crisis  y subsistencia que dejaron paso a los ciclos de prosperidad y de paz. Muestra del esfuerzo humano para transformar la naturaleza de los amplios eriales y pastizales de ganados  en  tierra roturada  de cereal en los primeros años y,  a partir del siglo XIX, de olivos  serranos. Incluso, Entretorres ocupa un  lugar privilegiado  de ocio y asueto, donde han fijado la residencia muchos vecinos, con lo que se cierran los tres sectores productivos.
            Entretorres es una página de la historia que mira , por el paraje de Los Cipreses, a los  polígonos de la Fuente de Granada y Retamal, un importante paso  hacia la industrialización  de Alcalá, que  encendió y mantiene  la luminaria de la Escuela de Empresas, desde donde han surgido nuevos empresarios alejados al prototipo de generaciones de antaño y han logrado que las diversas crisis no se resintieran con tanta intensidad en la comarca alcalaína. Incluso, por este ángulo, las naves  se prolongan hasta la zona de  la Dehesilla y el Llano de las Aves Frías, pasando por  los márgenes de las carreteras de Villalobos y Granada. Sin embargo, desde el matacán del Cascante no queda anclada la vista en el monte bajo de los Llano y de los nuevos olivares sino que sus campos se han visto transformados en los dos grandes polígonos del Chaparral y de Llano de Mazuelos. Durante muchos años y siglos, estos últimos campos fueron dehesa para el ganado, rincones hortelanos junto a los arroyos  de la Pasailla y de la Lastra, roturaciones de cereales  hasta el siglo XX; ahora se le reclama que sus antiguas setas se conviertan en industrias a porrillo, como si pudieran  sembrarse  con la rapidez de las sementaras anuales. No obstante, por lo que respecta al  polígono de las  tierras de Biedma, se ha pasado  la página de la historia de aquellos terrenos que fueron  bienes de la beneficencia de Pedro de Moya y gestionó su sobrino Pedro de Biedma ( el que le dio el nombre  hasta muy recientemente), para convertirse en asentamiento completo de muchas industrias  con un claro programa de promoción empresarial ( desde el valor de los terrenos hasta   otro tipo de subvenciones). Nadie podría imaginar que lo que fueron canteras y pasto de ganado lanar se convertiría en zona industrial del plástico.    
            Entretorres, por tanto, se nos convierte en epítome de evolución territorial y  reflejo del año actual, un año convulso  en el que se ha participado en diversos  procesos electorales  y se han experimentado ( también, se  palpan)  importantes   cambios que atañen todos los espacios; desde lo local  a lo global;  desde lo individual a lo social  pasando por lo vecinal, asociacional y familiar. Sus torres contemplan la simbiosis en la que conviven lo rural y lo industrial, el progreso de las aldeas como Santa Ana y la mano tendida a nuevas perspectivas industriales de la ciudad de la Mota.

            Entretorres, ha sido y es síntesis de los puntos de mira de Alcalá la Real, de su zona aldeana y su capitalidad, de su agricultura y nueva industria, de su pasado y su progreso. Toca en la nueva serie bajarse  y pisar tierra firme, dejar los miradores y descender de las atalayas, para nuevos tiempos “ Entre tiros y altozanos”. Felices Navidades. Y un año 2016 que supere todas las crisis.  

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