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domingo, 6 de diciembre de 2015

EN EL PUENTE DE LA CONSTITUCIÓN






          El  mes de diciembre se presenta como un mes repleto de reflexión, que culmina al escuchar las campanadas y comerse las doce uvas de final de año. Comienza con el puente de la Constitución y de la Inmaculada y, si se hicieran encuestas entre toda la población española, de seguro que la mayoría de los ciudadanos nombrarían este puente- con arcos de muchos años de acueducto- como el puente de la Constitución. Y en este tiempo que corre más que el AVE, ya nadie se acuerda de las famosas Vísperas de la Noche de la Inmaculada, cuando en los últimos decenios del siglo XX, todavía se celebraban grandes concentraciones marianas en muchas ciudades de España. Ya no corren los tiempos en los que se juraba por la el dogma de la Inmaculada Concepción, sino que, al revés, la sociedad es mucho más laica y la confesionalidad ha mermado en calidad y cualidad atendiendo a los distintos credos que practican libremente los ciudadanos.    Sirva de ejemplo aquellas efemérides que reunían a todos lo sectores estudiantiles de la Universidad de Granada en torno a la Inmaculada del Triunfo, y que acaba como los rosarios de la Aurora, a porrazos y luchas entre la policía y los fogosos estudiantes, que aprovechaban la ocasión para protestar contra los últimos hálitos del régimen dictatorial. Hoy, la fiesta se ha hecho más oficial y ha quedado reducida a la conmemoración del Día de la Constitución en las Cortes Españolas y en los salones de las subdelegaciones del Gobierno de España. A lo más, los escolares realizan algunos dibujos dentro de sus tareas programatorias, se adelantan actos políticos para los días anteriores al seis de diciembre,  y ese espíritu que imbuyó un cambio esencial en la vida política española ha quedado como una fecha festiva y lúdica más que el reconocimiento del advenimiento de la democracia.  Con todos los defectos, desviaciones , inconcreciones, e incumplimientos que están por venir.
Y la cosa pública, sin embargo, radica en  que todo el mundo habla de la constitución: de su reforma, de su sustitución , de periodos constituyentes, de referéndum, de miles de propuestas inconcretas que ninguna levanta el afecto, el apego y el seguimiento popular. Queda reservada al alambique de la gestión política y de sus gestores, porque no hay un consenso básico entre todos los sectores de la sociedad ni  se comparte un deseo de acuerdo entre  las diferentes partes.
          Es verdad que la crisis hizo añicos muchos artículos de esta norma fundamental de convivencia, esta ley de leyes,  con las que creíamos que habíamos descubierto el bálsamo de Fierabrás. Y luego, a muchos sectores de la población se le derrumbó como un  castillo de naipes. Simplemente, al verse sin empleo, sufriendo los recortes salariales más inauditos ( ya nadie habla de los mileuristas, porque se dan con un canto de los dientes los que llegan a este salario o firman un contrato de cuarenta horas semanales), considera el articulado de la Carta Magna un simple papel mojado. Y no queda solamente en este aspecto básico, sino que se prolonga su desánimos cuando analiza su relación con la vivienda (las fuertes hipotecas, que sufre; los desahucios de sus vecinos; los ninis; los sin techo...), la pobreza, la hospitalidad de los emigrantes, la fuga de cerebros, la división territorial de España  sin visos de solidaridad y convertida en juego de intereses económicos, ...Por eso me viene a cuento unas palabras de Thomas S.Khum, un historiador de la ciencia que afirmaba: " que un cambio del paradigma científico obliga a reconstruir el discurso epistemológico para explicar las anomalías que el modelo anterior ya no es capaz de justificar. Estamos inmersos en un cambio de época en el que nuevo paradigma aún en construcción  obliga replantear las políticas y escatologías  (...) No se trata de sólo de realizar el esfuerzo hermenéutico de intentar explicarnos lo que está aconteciendo, sino  el reto escatopráxico de construir  los que queremos que acontezca. Que la historia avanza es una evidencia. Que progrese a favor de los últimos depende, entre otras cosas, de nuestras políticas y muestras escatologías".
O dicho en roman paladino, obras son amores y no buenas razones. Esta es la primera reflexión del mes último de año.  .          

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