En los pies de la Iglesia Mayor, de rica decoración y estilo plateresco se abren seis espacios cuadrilongos por medio de cuatro columnas centrales, cuyas dimensiones difieren en altura y anchura destacando la central y la del evangelio y en sus enjutas aparecen medallones y animales o quimeras, que se restauraron en los años noventa por la II Escuela Taller de Patrimonio. Bajo sus bóvedas nervadas, se divide el espacio en dos cuerpos, uno bajo y otro superior que conforma el coro y avanzaba mucho más hasta los primeros pilares.
En el primer tramo de la nave del evangelio, se ubican dos capillas y encima de ellas el trascoro, en la parte baja la capilla del baptisterio , a la que se accede por medio de dos arcos de medio punto, el de la parte central rebajado, y está cubierta con una bóveda sobre pechina de tres elipses concéntricas ( una de guirnalda de laurel y rosas, la segunda con dardos y oval y la central de lazos que envuelve una linterna ciega de doce estrellas de ocho puntas que se relaciona con las tribus de Israel o los doce apóstoles) .
Destacan los elementos decorativos propios del plateresco con veneras, rosetas y hojas de canto y sobre todo los medallones, que recogen varios rostros de personas en actitud agitada, que algunos relacionaba con los miembros patronos de la capilla de enterramiento, y no hacen sino repetir motivos muy propios de otros monumentos: El Temor, la Sabiduría, La Prudencia, En su interior dos hornacinas se abren en el muro, destacando una en forma de venera, lugar de la pila bautismal y rematada con una leyenda en su arco que recoge el mensaje del cuadro del Descendimiento que ocupaba esta capilla. Si quis vult me sequi, deneget seme e ipsum et tolet crucem suam et sequatur me (Si alguien quiere seguirme que tome su cruz y me siga).



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