Archivo del blog

lunes, 14 de mayo de 2012

La Torre la Imagen de la fortaleza de la Mota de Alcalá la Real






Descargar Ginés. Paula..JPG (151,8 KB)            Hace pocos días, tuve la ocasión de observar las obras  emprendidas en la fortaleza de la Mota en torno a la muralla del Gabán, Entrepuertas y muralla del Trabuquete. Parecía como si un  nuevo  adecentamiento prestara una cara más esbelta , más joven y  más transparente a este recinto histórico-artístico. La Torre de la Imagen sobresalía como una majestuosa señora entre el adarve, antepechos y restos del arrabal del Albaicín alcalaíno. En verdad que este monumento tan emblemático  de nuestra ciudad necesitaba de tan importante obra de remozamiento y de la inversión financiera del fondo del uno por ciento cultural de obras públicas, en este momento cuando escasean los presupuestos estatales en mano de obra para paliar el trágico paro que sufren muchos hogares de España; por eso, con gran acierto las autoridades locales se adelantaron en la gestión de una obra emblemática para la cultura y  el empleo de nuestra ciudad.

            Pero, la Puerta y torre de la Imagen no es solo una obra de índole reconstructiva sino un símbolo y una epítome de la historia de la ciudad de Alcalá la Real. Desde su denominación de Torre de la Justicia hasta su última de torre de Santa María, pasando por la Imagen , e, incluso, en algún momento llamada Puerta Nueva. Y, digo, Puerta Nueva, porque  me aventuro a plantear que esta torre recibió,  este nombre para abrir una nueva entrada de la fortaleza, porque, anteriormente,  lo hacía a través de la torre barbacana  ubicada en el huerto de Moriana y barrio del Albaicín, y se dirigía directamente a la alcazaba a través de la puerta cerrada y del pasadizo-clara muestra de ello es el desprendimiento del  amplio lienzo de muralla que se extendía desde la casa de los Aranda hasta la torre de la Vela con motivo de varios movimientos sísmicos o por la erosión de la mano humana y, el último  en torno a l 580.   Por otro lado, esta Torre, con el nombre  de la Justicia, nos recuerda  un momento en el que albergaba, dentro de sus mansiones con techumbre y tejado, la Justicia Mayor de la Ciudad, la vivienda del Corregidor, la Cárcel Vieja-como se cita en algunos documentos- , e incluso  a principios del siglo XVI,    la  Real Chancillería de  Granada para evitar la epidemia de la peste que se extendía en la ciudad de la Colina Roja. Pero, la nueva restauración ha acertado con la recreación de un nuevo escudo real de tiempos de Carlos V y la imagen de Nuestra Señora , con lo que consigue que podamos visualizar el nombre último de esta torre y puerta, a saber " de la Imagen", probablemente una reposición de alguna imagen anterior de tiempos de la conquista de la ciudad cuando  quiso fijarse la huella cristiana  con la advocación mariana tras los muchos años de estancia musulmana en el Cerro de la Mota. La última imagen. sabemos, que había sido costeada, a mediados del siglo XVI,  por la ciudad  y fue realizada por escultor Martín Pérez y el pintor italiano Pedro Sardo, vecino de la localidad alcalaína.  Probablemente,  la lámpara, cuyo aceite pagaban los carniceros de la ciudad, y el garabato donde colgaban las cabezas de los degollados en el campo de batalla, pervivan en el nuevo ambiente recreado tras la restauración. Pues, esta torre está imbuida de un duende especial de la fortaleza, que le aportó varias leyendas como La  del caballero de la capa y apuesta, que osó  subir a la Mota  quedando colgado en los clavos de su portón.  Además es  la puerta de bienvenida y despedida de  muchísimos acontecimientos de la ciudad: el último ha sido el de su extraordinaria y acertada  restauración.


lunes, 12 de marzo de 2012

LO PÚBLICO: LA MOTA







Comienzo de las obras del Gabán
            Lo público es un concepto que nos convierte a todos en agentes y actores de un mismo objeto y/o asunto. Cuando este asunto  es inmaterial se transforma en una idea, que compartes con otras muchas personas en defensa de unos principios básicos y permanentes. Si  este objeto es un elemento material, luchas en favor de su pervivencia,  disfrutas con él   individual y colectivamente y te sientes como  un poseedor pasajero que transmites, inapelablemente,  a tus descendientes. En  Alcalá ha habido otros símbolos que han servido para compartir este  terreno público  en los campos políticos, religiosos o sociales ( con sus distintos apartados). Pero, no cabe duda de que, si hiciera una encuesta  a todos los alcalaínos- presentes o ausentes-, sobre su opinión de la Mota,  siempre  y por unanimidad contestarían que el símbolo colectivo, del que se sienten propietarios en cuerpo y alma, es su fortaleza de la Mota.

Pues, muchos alcalaínos se despiertan abriendo  la ventana para saludar a esta majestuosa dama de piedra durante todos los días del año. Les gusta verla  encanecida por la nieve; como  mujer madura, por el la caída del sol en el atardecer; duermen la siesta con la manta  de la Mota, sobre todo, los vecinos de los barrios del medio  y del de San Juan; radiante de juventud,  los adolescentes despiertan más alegres  en los días de azul  turquesa, cuando no se percibe ni una gota de contaminación.

La fortaleza de la Mota agradece todas las terapias y tratamientos curativos que le han aportado, sobre todo los últimos tiempos. Ha vuelto a renacer, cuando le han extirpado el cáncer de las escombreras de su capa superior y ha aflorado su trama urbanística como si fuera un esqueleto de una clase de ciencias naturales. Ahora, con gran acierto,  le están haciendo los empastes más fuertes y duraderos,  y cubren su caries con los mejores esmaltes del  sillar amarillento.

Parece distinta, cada uno la siente como suya propia. A uno le gusta en medio del mar de olivos y la asemeja a un barco cuya proa se ha restablecido con la restaurada Torre de la Cárcel;  otros   se introducen en medio de las huestes de frontera , y la comparan con la férrea coraza de un caballero del medievo al contemplar el antepecho restablecido según las trazas  que idearon Ambrosio de Vico y Ginés Martínez de Aranda. Hay quienes la cantan  con ojos virtuales, y la  consideran como el disco duro de la torre principal  de un ordenador que transmite las órdenes y la información al resto de las atalayas circundantes. Si fuera un niño, la fortaleza de la Mota, sería la cueva de leyendas de romanos, árabes, bandoleros, duendes y  princesas. Si estuviera provectus aetate, me gustaría esparcir mis cenizas por entre las grietas de sus covachones e identificarme con sus primeros habitantes.

Por eso, no nos extraña que el firme compromiso, del que han hecho  gala las autoridades públicas  de estos últimos  años,  no sea sino una correspondencia con esta alma colectiva, con esta defensa de lo público de los vecinos de Alcalá. Pues  la Mota no es una simple  fortaleza, sino  que  es , también, un símbolo material e inmaterial de la colectividad; una manera de defender lo público, y  que, al menos, algo nos quede de vínculo de unión entre todos, sin diferencias, porque  los frutos derivados de su disfrute y  su aprovechamiento   vendrán en demasía en tiempos no muy lejanos.    

miércoles, 22 de febrero de 2012

LO PÚBLICO






                                                                                  Francisco Martín Rosales



Recuerdo que, en mis años de juventud,  sentíamos un interés apasionado por la defensa de lo público. Nos repugnaban todas aquellas actitudes que trataban de arrebatarnos  el espacio  común, natural  o social. Por eso, algunas proyecciones  sobre este tema nos  causaban un gran impacto – en  el túnel del tiempo, creo que nos sentíamos sumamente atraídos por una película dedicada a una valla o alambrada  que rompía la vida armónica de una sociedad para apropiársela el individuo, resaltando la lucha entre la propiedad pública y privada - y, salvando la legítima propiedad privada, nos convertíamos en defensores a ultranza de aquellos espacios comunes que los individuos  no podíamos dejar que lo usurpasen las personas particulares.

Hoy día, sin embargo, con una miopía galopante y una insensibilidad sin escrúpulos,  asistimos al deterioro más  alto que se ha producido en la historia  de una parte fundamental de las sociedades humanas, en concreto, de todo lo que  pertenece a cada uno de los miembros de un  lugar  y, al mismo tiempo,  se comparte en común con el resto de su comunidad para  poder  realizar el trabajo, prestar un servicio  o, simplemente, para disfrute  y ocio  que se nos otorgó por el consenso natural y universal antes que vinieran los legisladores.

Casi todos los días, podemos poner ejemplos sobrados  de los hurtos y robos con nocturnidad y alevosía que se producen en nuestro entorno. Unas veces,  notamos la falta de un elemento del mobiliario urbano- un  banco, una farola, un árbol, una planta de un jardín o un árbol-  que probablemente se ha colocado en una casa particular o ha caído en manos de  los traficantes de lo ajeno ( de seguro,  encolerizaremos y echaremos sapos por la boca  contra el ladronzuelo de turno).; sin embargo  otras veces,  nos quedamos  como panchos , cuando  vamos caminando y nos topamos con caminos,  que los abrió la naturaleza y fueron ( y son, porque los bienes públicos son intransferibles) ,   comunales, de propios y de realengo (   lo que  hoy día serían del pueblo), convertidos en  particulares, ya que el arado mecánico del tractor ha metido la cuchilla en donde  no era suyo. Y nos queda una cara de tontos, porque nos quieren  hacer pasar de ignorantes.  Así, en  nuestra comarca de la Sierra Sur, de pronto, y como de bruces, te topas, con frecuencia, un camino que comienza y  se rompe  por la labrantía ilegal. A veces, incluso se colocan vallas, invadiendo caminos que ya se fijaron  para la eternidad  y revisaron, con sentido de ejemplificación,  las autoridades en las visitas de veredas, caminos, sendas, y servideras. A la defensa de la intimidad y de la propiedad privada, incluso se le llama usurpación de lo ajeno.

Y es que el lenguaje está cambiando, cosa que es lógica. Pero, si  una calle  de Alcalá la Real o de las aldeas,  nos pertenece a todos para desplazarnos,  o  para disfrute de la comunidad, ¿Por  qué las calles del campo, que no son sino los caminos, veredas, servideras y sendas de antaño, no se respetan y se mantiene intocable el uso comunal, ya que sirven para el transporte de la riqueza y el desplazamiento humano- así como en la sociedad del ocio, al desarrollo físico de las persona?

Por eso, creo que es necesaria una nueva visita, revisita o revisión de los caminos de nuestro entorno, antes que nos encontremos que no se puede pasar del Portichuelo, con eso de los deslindes y otras hierbas, que es lo mismo que la defensa de lo privado.  Esperemos que se tome nota.

miércoles, 15 de febrero de 2012

MANUEL RAMÍREZ ZAFRA




Desde un año acá, nos ha sobrevenido  una  mala racha en el centro educativo de enseñanza secundaria “Alfonso XI”, de Alcalá la Real, parece que  envejece, al mismo tiempo, con sus hombres y su edificio. Se nos fue Luís Gallego, que ya glosamos en un artículo anterior; recientemente el joven Antonio Téllez nos abrió  el año con un sabor de primavera muerta; ahora no ha tocado el corazón la muerte de nuestro compañero y amigo Manuel Ramírez Zafra. Todos ellos eran miembros del personal docente, dedicados a las tareas complementarias del  sistema educativo, en el que la reproducción de un documento o la puesta en funcionamiento de un aparato de las nuevas tecnologías juegan importantes roles en la formación y en la educación de nuestros alumnos.  No puedo pasar por alto y de soslayo  la figura y personalidad de Manolo Ramírez; dejó una huella profunda  en el centro alcalaíno durante su paso por la conserjería de las dependencia del instituto decano; siempre dispuesto a  prestar sus servicios a los profesores a la hora de la preparación de las clases-realizando con todo mimo y afecto las tareas  encomendadas  del material educativo- aportando su sentido común y su afabilidad en sus relaciones con los compañeros de su entorno y con todos los profesores. Luego, cambió de ruta y quiso adelantar su edad de jubilación, prestando los servicios en el Centro de Día, se ganó la simpatía y  la buena consideración de los miembros de la Junta Directiva, personal de este ente, y de cada uno de nuestros queridos mayores. Siempre recordaré el afecto y cariño  con que ejecutaba todas las tareas: disfrutaba regalándome la participación  del décimo de Navidad, que intercambiamos con el de la Virgen de las Mercedes. Le encantaba leer las cosas de nuestra tierra, se mantenía informado diariamente sobre  los asuntos de nuestra ciudad  en la prensa local y de la provincia. Por última vez, le regalé la revista de la Patrona.

 Recuerdo que siempre era una persona respetuosa con los antepasados, pius erga parentes, y, por eso, quería que el  pueblo recordara en una revista cofrade el nombre de su abuela Mercedes la Cantera. De pequeño, le había dejado una  huella indeleble de mujer autodidacta, ingeniosa y médica artesanal, y creía que con aquel escrito se le hacía un homenaje merecido.

Era un gran conversador, sencillo y muy cariñoso con su mujer  y todos los miembros de su familia, le gustaba ser amigos de sus amigos, vivía y compartía muchas historias de nuestra ciudad con los hombres de su confianza,  y era leal con los suyos;  también era un hombre de palabra, prevenía a sus íntimos  lo que podía sobrevenirle para no verlos desesperanzados. Y, siempre, en otoño me convocaba  y me esperaba para ofrecerme las acerolas amarillas de aquel árbol centenario de su peculio del Puente Mané. Y, allí, en aquel paraje  reconocía  tantas cosas, cuando compartíamos  unos momentos, como estos  que describía un poeta: “Pasa el grito veloz/ efímero del aire./ Le recuerda otro tiempo,/ cuando podía a solas/ perderse un día entero, ver oír,/  sin buscar nada más que el propio día/” . Se convertía, allí,  en el consejero sincero, el  historiador de la intrahistoria que no se escribe, en  el alma nostálgica de sus tiempos de albañil, de trabajador en  Condepols, de su primero oficio educativo y vecino de Quesada, en portador del orgullo de ocupar un número de los primeros hermanos del Cristo de la Salud,  y en el laborioso agricultor que se enorgullecía con el laboreo de  sus parajes en tierras alcalaínas. No me esperaba que reinara en ti para siempre el silencio imperturbable de nuestros campos. Siempre daba aliento a los demás.

Y me viene a la mente el regreso de mi último encuentro como cuando te visité en   tu casa,   y lo hago con estos versos: “pensativo, ligero de pasaje/con la nostalgia oculta en el bolsillo/del recuerdo, bueno, integral, sencillo,/compañero del olmo y del paisaje/.En este  caso, falto  del fruto de tu  acerolo, orgullo de tu linaje y de tus amigos.                                  

EL DESLINDE




                       



Me viene a cuento una fábula de un novillo muerto, encima del cual  se colocaba como dueño y señor un fiero león. Pasando por aquel sitio un ladrón, le pidió la parte que le correspondía de aquella apetitosa presa;  a continuación, pasó de largo  un indefenso viajero que, ante la ferocidad de la fiera, retrocedió lleno de temor. Sin embargo, ante la incredulidad del ladrón  el  timorato viajero fue reclamado cariñosamente  por el ilustre felino.  Esta es la primera parte  o escena  de esta fábula. Y viene  muy a  cuento con respecto a aquellas personas  que les gusta repartirse algo que no les corresponde y continuamente se muestran en un sentido depredador intenso  apropiándose de todo  lo que es ajeno; porque  no respetan ni lo que  es de otro, y menos lo que  es público, sino que, a las primeras de cambio, se lo apropian y lo anexionan a su terreno privado o entre sus enseres de hogar. Y, aún más, lo peor de todo, son  una especie de personas que se inventan marcas de división hasta donde no existen, lindazos de tierras con corrimiento de mojones que siempre se mantuvieron  en su sitio ( y no en los que ellos se inventan), fronteras y límites de supuestos poblamientos, aldeas o terrenos que nunca llegaron a dividirse. Pero, eso no les importa a este tipo de señores del hurto, sino que son como el ladrón que cree que todos son de su misma condición.

Menos mal que viene la segunda  parte de la fábula. Al ladrón no se le reparte nada, al viajero le da una buena parte del novillo  y, además, el león  deja abierta la mayor parte de la  presa dividida para todos los hombres que acudan al bosque. Pues, el león, símbolo de fiereza pero testigo  vivo de ser un  señor o caballero,  no  quiere respetar a esos intrépidos hombres amigos de lo ajeno, sino que tiene  más en cuenta  el comportamiento de esas personas sencillas que saben respetar lo que es de todos y, por eso, consciente de  su responsabilidad de repartidor, sólo se atribuye la función de ser un buen administrador de unas  simples particiones, o  distritos provisionales  para llevar a cabo  una mejor distribución de la piel  que, por cierto,  es comunal.

De ahí que el león sea altivo con el ladrón, porque quiere llevarse la mejor presa y dejar hambriento a  todos los demás. Es complaciente con el viajero  por su respeto a la legalidad, y  es generoso  para que todo hombre disfrute de la piel del novillo.

Bella lección, en estos tiempos en los que algunos se imaginan  que son los jueces de los linderos de términos municipales- nunca nacidos-, los salvaguardas de los  límites de pueblos que nunca existieron y  la jurisprudencia de una forma de gobernar mezquina y egoísta. Y esto sucede en el ámbito nacional,  pero, en el  ámbito local, hay voces que se reparten, sin razón histórica  ni social,  piel de terreno de la paloma de la comarca alcalaína  que nunca fue destrozada ni por los más grandes buitres de los caballeros medievales ni por los convulsos movimientos del federalismo del diecinueve. Pues la piel de esta paloma  es grande,  y puede abastecer a  todos los vecinos,  sino la  convierten en una sola  pieza,  en un simple corazón destrozado- Una Mota- . Dejemos a los  ladrones que  sean  ilusos y osados en reivindicar  que les corresponde el resto de la paloma,- pues se pelearán entre ellos creyendo que  unos llegarán hasta el Porticuelo, otros hasta Puertollano, otros hasta el camino de Charilla, e , incluso algunos ladrones atrevidos ansiarán  que su parte llegue hasta las puertas del Consistorio. ¡Qué lastima no le quedaría ni corazón ni cerebro a esa paloma!     Por eso, menos  mal que, en el escudo de Alcalá junto al castillo de la Mota está el león triunfante, caballero de reparto y caballero de unión, como marca indeleble de la historia local.


martes, 6 de diciembre de 2011


LA FABULA DEL CORDERO Y EL LOBO



Resulta que esta fábula recoge la temática de la persona autosuficiente en exceso, prepotente y altiva,  que se considera que siempre lleva la razón,  a pesar de las evidencias claras que le muestra la realidad. Además, el escenario no puede ser otro que un río (simbolizando el río de la vida) en la que los dos personajes se sitúan escalonadamente  en situación de subordinación, el uno del otro, respetando el poder de  la fuerza y disfrutando del agua (la naturaleza que debe ser compartida) para poder subsistir y crear su hábitat.
Sin embargo la escena se rompe con las intenciones malvadas del lobo que  busca la greña con el manso cordero, que solo aspira saciar su sed y mantenerse vivo. Este no puede tocar ni siquiera el agua, y, por eso, el lobo  le zahiere con  que se la enturbia; parece como si este  fuera el único administrador del caudal del río y los demás debieran rendir pleitesías en cada momento, se considera como el ser privilegiado al que todos deben estar subordinados para poder vivir y, en el caso de que ocuparan el rol de ejercer el poder,   serían la gentuza y la chusma que hay que despedir cuanto antes porque la presencia de los inocentes degrada el dominio del poder. Por eso, ante este personaje no sirve ninguna excusa o  pretexto, o se lleve la razón más grande del mundo. Se sitúa en un pedestal superior inalcanzable y posesivo, como  cuando en la fábula el lobo le responde al cordero que,  aunque áaquel se encuentra más alto que el cordero, las aguas vienen turbias (pues,  para estos personajes no vale argumento alguno, se inventan las patrañas más grandes para imponer el poder,  y son los únicos herederos  naturales del dominio de la riqueza). Aún más, para estos personajes, si este argumento de fuerza no le sirve al cordero,  el lobo inventa otro más superficial, a saber,  que ha sido víctima de sus críticas y no tiene más remedio que castigarlo, y eso que en medio de la humillación de no haberla hecho sino, por el contrario, lo ha adulado, se ha sometido a sus caprichos  y  le ha hecho la sopa boba disfrutando de las migajas que, arbitrariamente   le concedía ( en este caso  las hipotecas envenenadas, los préstamos  suicidas  y los contratos oportunistas  de trabajo).
Y, a pesar de la extrañeza  del cordero que no puede comprender el grado tan alto de  humillación, al que le somete el lobo cuando se remonta a las críticas de  sus padres para justificar su altanería y arbitrariedad,  el lobo le responde tajantemente que se lo debe comer sin asistir a más razones. Fedro escribió  esta fábula contra Sejano, el favorito del emperador  Tiberio que aplastó a todo inocente de su época  que se le  venía a su encuentro con el fin de complacer al emperador. 
 En la situación actual, nos encontramos ante muchos  Sejanos,  poderosos circunstanciales de hoy, que no se atienen a razón alguna, su dominio sobre todos es irrefutable por haberse  pegado a la fuerza del poder, la de Tiberio ( por la que son superiores en el dinero, en la política o en la vida social, religiosa  y económica). Todos estos  de seguro, tendrán un final parecido a Sejano, porque les faltó el humanismo de los inocentes.




lunes, 28 de noviembre de 2011

MERCEDES LA CAL SERRANO









Mercedes la Cal
Me impresionó, aquella tarde del Cerrico Vilches, esa rosa  roja entre tus manos, como la  de una joven a quien la guadaña  de la muerte hubiera extirpado de improviso. Y, cuando te miraba, me parecías más joven a pesar de que ya habías avanzado en edad, provecta aetate como dicen los romanos cuando guardan el denario para pagar al barquero Caronte. Y, aquella rosa me llevó a un tiempo anterior, en el que  te conocí y tuve la fortuna de  disfrutar de todos los valores de tu presencia y  las de tus hijos. Recordé los años compartidos en el mundo del trabajo, allá en el Instituto de Enseñanza Media “Alfonso XI”, cuando con el mayor mimo preparabas  las clases y nos las dejabas limpias como el jaspe para que pudiéramos impartir la docencia; recordé tu homenaje, fueron los primeros años de mi incorporación a la vida docente de Alcalá la Real. Tú, siempre, solícita, amable y  derrochadora de simpatía y afabilidad, parecía como si  me encuadraras como un miembro más de tu vecindad o de tu familia.

            En el color de la rosa, recordé la suerte que tuve de conocer tus orígenes familiares. Fue un día en la biblioteca del Instituto de Estudios Giennenses, cuando leí un periódico de tiempos de la II República ( me parece La mañana o Democracia), y aparecía  como una noticia muy celebrada en la comarca alcalaína la muerte repentina de un familiar tuyo ( pudiera ser tu padre o abuelo) en la aldea de Santa Ana, un hombre conocido por ser amante de la libertad y la igualdad, y cuya entrega había sido recompensada por la asistencia multitudinaria a sus exequias fúnebres en donde se realzaron sus virtudes a favor de los más desfavorecidos.  Había causado impacto en los aldeanos su triste perdida, y lo relacioné con la bondad de tu hermano Pepe, que tanto te quería, y yo  estimo por las virtudes heredades de tus antepasados,`pues  lo considero como la imagen viviente de aquel familiar tuyo: leal, constante, sencillo, humilde, afable, convencido sin estridencias por la libertad y la igualdad(¡ qué buen compañero fue  en sus parcelas de gobierno por los años noventa hasta que dejó el cargo de alcalde pedáneo de Santa Ana o la concejalía!). Cuando me acompañaba en las visitas a los asuntos municipales, me veía reforzado en mi personalidad, y me imaginaba que tenía el peso de una formación sólida y adquirida por unas metas marcadas desde la infancia, como te había formado a ti, Mercedes La Cal.  

            En el candor de la rosa, también veía el cariño de tu esposo cuya muerte había truncado hace unos años su vida , y con quienes compartías las amistades generadas por el comercio de esa taberna tan afamada donde muchos alcalaínos probaron los primeros y mejores caldos de la temporada, producidos en el lagar  de  vuestra hacienda familiar. Me vino a la mente el abrazo de corazón de tus hijos, José Antonio ( el bucólico y sincero  Chirro- que me perdone por esta denominación, pero parece como si  al expresarlo me sintiera más unido en la amistad) , el bueno de Pedro y   Elena, con quien también compartí   algunos momentos de compañero de los primeros años de trabajo. Una familiar de raigambre.

            Era una rosa lo que tenías entre tus manos, sin embargo me sentí embargado al final por tu pose de matrona romana, más bien de madre de tesón y coraje con que habías afrontado este tránsito por la tierra. Que la tierra te sea leve en la ciudad de la Mota..