Es muy importante el entorno de la Cueva del Jabonero, ya si nos acercamos desde la zona de las Dioclasas, bajando del altozno de la Torre vigia de la Nava; si partimos de la parte alta de pueblo por un carril bastante pendiente que pasa por las ruinas de la Ermita del Calvario. Una vez perdido el carril, se continua por un bonito sendero a los pies del roquedal que te acerca a la Cueva del Jabonero; ya si te acercas por el carril que baja desde la parte de atrás del cortijo de la Nava.
LA LEYENDA
La cueva del Jabonero es una de las muchas que existen en Castillo, de una belleza extraordinaria y muy visitada por los castilleros y castilleras y otras personas senderistas, turistas y aficionados a la espeleología. Cuenta la leyenda que durante la Guerra de Independencia contra los franceses, vino a refugiarse a Castillo de Locubín un maestro jabonero con su hija, que se ganaban la vida elaborando jabones, con el aceite de oliva usado que abundaba en estas tierras del Sur ( en el Castillo por producción, en Alcalá la Real por consumo). La hija del jabonero era una joven muy hermosa y la cortejaban los mozos de la alcalaínos . El jabonero ideó esconderse ambos en una cueva cercana al pueblo, con el fin de preservar a su bella hija de la atención desmedida de los soldados franceses, ya que los abusos y ultrajes por parte de los soladados de las tropas de Napoleón eran muy frecuentes. Así pues, decidieron esconderse durante bastante tiempo en esa cueva, que hoy lleva su nombre, "del Jabonero". Los castilleros le llevaban comida y, tras la huida de las tropas napoleónicas, salieron de ella, continuando con su vida cotidiana y elaborando jabones de extraordinaria calidad en la zona de la Tejuela. A partir de entonces, esta cueva lleva el nombre de la profesión que ejercía este señor: “La Cueva del Jabonero”.

Esta es la leyenda, pero esto es la realidad.
Hay una serie de documentos notariales del AHPJ referidos a Alcalá la Real, donde aparece la Cueva del Jabonero, ya dos siglos antes. Quedémonos en 25 de marzo de 1663.

Doña Paula Pacheco de Barrionuevo había enviudado de don Alonso de Herrera y Valenzuela, nada menos que veinticcuatro caballero del cabildo granadino e hijo del regidor y depositario alcaláino Francisco de Herrera, y se había encerrado en el monasterio dominico de Nuestra Señora de la Encarnación de Alcalá la Real. En su locutorio, acudió el castillero Francisco de la Rosa y le compró una finca. Nada menos que una haza de media fanega de su propiedad, que la lindaban varias fincas, que nos ilustran del paisaje agrícola de aquel tiempo: por ambos lados, dos olivares ( uno del propio comprador y otro de Alonso Pérez ); por la cabecera, servidera de las viñas de la Nava; y por lo bajo , olivar del castillero Diego Collado. Y denomina la haza con el nombre de la Cueva del Jobonero. Así , de claro. Y la vender por juro heredad en la cantidad de doce ducados,
Ahí , los datos, la cueva ya se llamaba del Jabonero, el paisaje es muy semejante al actual, con alquns cambios del viñedo y el asfalto en la servidera. La leyenda no existía, pero el jabonero debió ser un primer propietario o un arrendador; el aceite o las cenizas servías para el jabón
Para entra en el interior de la cueva hay que trepar en la entrada unos dos metros la otra entrada es inaccesible, es bastante amplia pero no muy profunda.
También es célebre por haber servido de refugio a personas durante la Guerra Civil, y , lo más comentado, por pasar en ella su primera noche el legendario maqui Tomás Villén “Cencerro” . Desde la cueva y su embaucador entorno subimos a Mesa Redonda, que nos sirve de fantástico mirador natural sobre el casco urbano de Castillo de Locubín y el incipiente Valle del Río San Juan.
RESTOS
- Código BDPI 01230260012.
- El yacimiento se encuentra delante de la cueva en una pequeña meseta, donde aprecian restos de construcciones muy deterioradas. Entre los materiales en superficie destacan por su número hachas de piedra pulida y bruñidas.Posiblemente en el interior de la Cueva exista una zona de hábitat, sin embargo la colmatación existente impide apreciar restos aunque si algunos fragmentos cerámicos.
AHPJ. ESCRIBANO JUAN LÓPEZ DE LA CHICA. LEGAJO 5090. FOLIOS 184 Y SS.
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SUGERIMOS PARA COMPLETAR LA VISITA
Continur por un senderillo que asciende a lo alto de la cornisa y al mirador natural Mesa Redonda con bonitas vistas. Pasar por una casa derruida y a continuación tomamos un carril en ascenso que te acerca a la entrada de una parcela protegida por muros de piedras en seco, Continuamos a la izquierda campo atraves por una planicie. Primera Dioclasa tiene una longitud de 100 metros es muy profunda y muy estrecha, unos dos metros. Tendremos que tener mucho cuidado una caída en su interior sería fatal.
La segunda es más ancha menos profunda y más corta, llega hasta el muro de piedra del recinto de la parcela, este lo pasamos por la parte menos alta, en el horizonte se divisa la torre de la Nava, campo atraves nos dirigimos a ella, no obstante pasaremos por otras dos Dioclasas que están medio ostruidas por los sedimentos y el llenado de los agricultores con piedras.
La Torre Vigía de la Nava se encuentra en el borde de una atalaya de 1054 metros, con excelentes vistas sobre Alcalá la Real y Sierra Nevada, desde aquí se divisan territorio de tres provincias, Jaén, Granada y Córdoba. El cuerpo es cilíndrico de 4,33 metros de diámetro en su base por 8.84 metros de altura.
El descenso es Bordeando por la parte alta de la cornisa del cerro de la Nava hasta la carretera N-432 a, después un trozo de carril, un sendero de herradura que conecta con un carril que te deja en el pueblo, desde aquí a nuestro sitio de partida.
La etapa consideramos que no tiene grandes dificultades, tendremos que extremar la precaución en las simas producida por las Dioclasas.
ASÍ LA DESCRIBIMOS HACE UNOS AÑOS
omenzamos por cuestas hasta llegar a la carretera vieja del Castillo. Y más cuestas por el camino viejo de Alcalá. Llegada a una colonia abandonada y encuentro con unos agrimensores. Parada de explicación de los cargueros hasta la zona del repartimiento de los antiguos colonos de principios del siglo XX: casas de mampuesto abandonadas, corralones, eras, amontonamiento de piedras,Castillo de Locubín( explicación de su origen) Coronilla, Encina Hermosa, ….Y de allí a la colonia reutilizada como casa de turismo rural. . Un acierto. Pronto en el puerto. Me quedo , y el día se va arreglando mi consuegro Paco llega de manos del coche de mi hijo Javier en la misma curva. Una alegría, pues nos incorporamos al grupo y a la foto oficial. Camino por la loma de la Nava, entre veredas y senderos
A través de terrenos imposibles de cultivar, sin agua, pero bellísimos por su entorno y medio y su paisaje que nos llevaba la vista a las Vegas, por senderos y no senderos parecidos al Torcal, con alguna que otra sima y agujeros llegamos a la Torre, bellísimo paraje que conduce la vista hasta la Mota, por el camino de las tropas castellanas y los sitios de la Fuente del Gato, Guadalcotón, Charilla, torres ; y a nuestro alrededor puestos de perdiz y retama por vigías ( Charilla y Boca Charilla, Pedregales en el horizonte) los Tajos ( el Hacho y asoman los zumacales). El amarillo se mezcla con el ocre envuelto entre una bruma y un cielo encapotado con panza de burra en algunos montes como la Martina y Rompezapatos, se ocultan los Aralejos. Creo ver el zorro que comentaba Moisés por el fantasiosos lugar.
De allí bajamos a la Mesa Redonda, por un cerro espectacular entre linderos de tierras de mampuesto, algún que un hongo y pocas setas. Cantan los pájaros y observamos las hocicadas de los jabalíes , y nuestro guía nos explica la casa de Toribio, los maquis del grupo de Cencerro y sus encuentros con los vecinos del Castillo, sus delataciones, la era, el sistema de producción, el fracaso del colonato…seguimos bajando, alguna que otra torcedura superada por nuestro tercer apoyo y tajos que nos anuncian la cueva del Jabonero . Antes, parada de lujo y subida a la Mesa Redonda con vistas inigualables. De culo llegamos a ella, nos encanta el lugar entre zarzos, arbustos, olor a otoño húmedo. Moisés no explica la leyenda de la moza del jubonero, que se libró del acoso de los franceses en la Guerra de la Independencia. Los más intrépidos y el hombre garza de Moisés suben al interior de

la cueva, mientras explica la cueva chica y el encierro de cencerro en esta guarida. Buen sitio.












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Bajamos entre olivos y suelos azahorrados , con alguna caída para llegar al Calvario. Nos paramos en su ermita abandonada ( Mmisés nos recuerda sus santos, creo que san Isidro ) y la última estación, Por una calle en declive pronunciado y jalonada de cruces, llegamos a Corea y al Pósito. Lección magistral sobre Junta de Abastos e inicio de la independencia del Castillo como villa de Alcalá. Explicación del reloj municipal tan gallardo y artístico. Para bajar a la cale y casa de Federico Parera, su participación en el gobierno municipal , su descendencia en los republicanos, y por entrecalles al a casa Museo, La Casa del caballero de la orden calatrava. Por estos lugares debieron correr los hidalgos de apellido Aranda, Sotomayor, Ruiz de Salazar entre los siglos XVI y XIX.
Nos detenemos a la iglesia de San Pedro, el sacristán y una monjitas nos ayudaron a visitar la iglesia, que ilustramos con la explicación de sus arquitectos ( Alonso Barba, Ginés Martínez de Aranda, y Juan de Aranda Salazar, sus fases, renacentista y barrocas, personajes como Martín de Artiaga y el propio Ginés). Al llegar a la Plaza dimos nuestro más profundo agradecimiento a Moisés por la buena obra que había hecho con nosotros en este día tan agradable y culto. La cerveza palió el malhumor de la pérdida de máquina de fotos. Pero sé que Paco García, y otros ruteros paliaran mis deficiencias fotográficas.





Llegamos a la iglesia de San Pedro, el sacristán y una monjitas nos ayudaron a visitar la iglesia, que ilustramos con la explicación de sus arquitectos ( Alonso Barba, Ginés Martínez de Aranda, y Juan de Aranda Salazar, sus fases, renacentista y barrocas, personajes como Martín de Artiaga y el propio Ginés. Saludos al párroco y alcalde en la salida. Al llegar a la Plaza dimos nuestro más profundo agradecimiento a Moisés por la buena obra que había hecho con nosotros en este día tan agradable y culto. La cerveza palió el malhumor de la pérdida de máquina de fotos. Pero sé que Paco García, y otros ruteros paliaran mis deficiencias fotográficas.
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