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domingo, 26 de abril de 2026

GANADEROS Y DEVOCIÓN EN LA SEMANA DEL JAÉN

 

LOS GANADEROS  Y  LA DEVOCIÓN DE LA VIRGEN DE LA  CABEZA


        








Los pueblos de la Sierra Sur estuvieron muy ligados al mundo de la ganadería. Junto con la agricultura fue la fuente de riqueza a lo largo de la Edad Moderna, porque sus productos no sólo permitían suculentas rentas a los hidalgos rentitas, sino a sus labradores y arrendadores. Desde la alimentación de la población hasta el curtido de las pieles pasando por el comercio de la lana, tan ligado a los genoveses y flamencos, muchos oficios ocuparon a la población del sector primario. Al mismo la trashumancia con las tierras castellanas y de las Montañas del Norte de España, dio lugar a l intercambio comercial y cultural entre las personas y los pueblos, porque abundaban las zonas de pasto en las sierras subbéticas comprendidas entre las montañas de la Sierra de Valdepeñas hasta las de la villa de Priego, donde acudían los ganados en las estaciones estivales. 

         Entre estos intercambios, abundaban también los ganaderos que acudían a la ciudad de la Mota desde tierras extremeñas, dando lugar a la extensión de la presencia devocional de la Virgen de Guadalupe en  estos dominios. Los ganaderos propiamente alcalaínos estuvieron muy ligados a la vida cofrade de la Virgen de la Cabeza.  Se encuentran muchos detalles relacionados con ella, al convertirse a mediados de siglo XVI, su cofradía en el sitio en el que se agruparon muchos devotos, no sólo de Alcalá la Real sino también de los pueblos cercanos tanto de la  abadía ( Castillo de Locubín) como de los pueblos de la Sierras del Norte de Granada (Colomera, Moclín, Montillana..).  No es casual que el pastor Juan de Rivas procediera de estas tierras y surjan leyendas como la ermita de San Marcos, donde extendieron que fue bautizado situado cerca de Mures,

 Ligado con la cofradía alcalaína estaba la celebración de fiestas de toros para ayuda la vida y culto de la Virgen. En nueve de septiembre de 1610 se reunieron ante el escribano Blas de Cáceres, todos los ganaderos ( Juan Gómez de Castilla, Pedro Sánchez de Castilla, Pedro Pérez, Pedro Pérez de Castilla, Francisco de Molina, Francisco Sáez, Juan López, Pedro Hernández, y Juan Ruiz de Arjona )  y concertaron realizar una fiesta de toros por la festividad de la Natividad de Nuestra Señora ( se comprometieron en quince días primeros siguientes a esta fecha hacer una fiesta de toros en servicio de Nuestra Señora de la Cabeza). Y manifestaban que todos eran cofrades de la Virgen. Como Juan Gómez estaba de capitán, Pedro Sánchez de alférez y el sargento Pedro Jiménez en la compañía de la ciudad, se les encargaron que  habían de comprar como oficiales un toro, y acompañarlo y guardarlos con alabardas.  Además, debían aportar unos capeos   para la fiesta. Se repartían entre todos por partes iguales los gastos de la fiesta. Los apellidos recuerdan al de muchos hermanos que alcanzaron su vida cofrade hasta el pasado siglo.

        

EL TRAJE DE ROMERO EN EL SIGLO XVII

Por aquellos tiempos, el compromiso de los cofrades no consistía en el mantenimiento del culto de la ciudad de la Mota en la iglesia de San Marcos, sino que procuraban asistir a la cita romera en tierras de Sierra Morena. Acudían con su bandera, su tienda donde se refugiaban y alojaban y, en muchas ocasiones, un capellán que solía distinguir a la hermandad alcalaína. El mundo de la ganadería les aportaba el modo de transporte del camino romero desde la sede de la Abadía de Alcalá la Real hasta el santuario.  En anteriores artículos y en el libro de la Historia de la Cofradía de Nuestra Señora de la Cabeza de Alcalá la Real, ya comentamos que el vestido romero en la peregrinación hacia el Cerro del Cabezo, era una de las curiosidades de su tiempo y se distinguía por un roquete blanco, que solía acompañar a los hermanos fallecidos como mortaja a la hora de enterrarse.

El escribano Antón de Santillán recoge entre sus registros notariales un dato muy interesante de esta tradición romera. Corría el año 1624 y Juan Lorenzo Jiménez, natural de Alcalá la Real, pero avecindado en Granada,  incluyó, entre las mandas de su testamento, una referida a la hora de su vestido de mortaja. Aunque ordenaba ser enterrado en la iglesia de la Encarnación de la ciudad de la Alhambra, manifestaba esta primera manda que testificaba ser hermano de la cofradía alcalaína de Nuestra Señora de la Cabeza: “mando que entierren con una túnica blanca y una toca de camino que es el hábito que se ponen los hermanos de la cofradía de Nuestra Señora de la Cabeza en la Sierra de Andújar que se sirve en la iglesia del Señor San Marcos de la ciudad de Alcalá la Real, de donde soy hermano, y se paguen las luminarias que pareciere que yo debo a la cofradía”.

Muy extendida era la costumbre de la demanda por los campos de los hermanos de la Virgen de la Cabeza, por la que lo propietarios y labradores de los cortijos entregaba una limosna en especie, generalmente trigo o cebada, a cambio de la entrega de una litografía de la imagen que solían colgar en sus aposentos. Las hay de varios tipos y dimensiones, ya que según la donación del devoto se le entregaba la estampa. Nos encontramos con esta  tradición  cofrade que  se remonta a mediados del siglo XVI, cuando se fundó la cofradía.. La tradición ganadera se refleja en el tipo de   litografías del momento de la aparición de la Virgen al pastor, con las ovejas y el árbol con una campana, rodeada de un fondo de tiendas de cofradías y la ermita. Curiosamente, las litografías alcalaínas se caracterizan porque siempre presentan a la Virgen de la Cabeza dentro del contexto paisajístico del cerro de San Marcos y de los Tajos. Curiosamente, al pastor de Colomera se le aparece la Virgen en tierras alcalaínas, trasplantando el cerro del Cabezo en un ambiente familiar para el devoto de la comarca. Hay una sumamente singular en la que el paisaje se convierte en la subida a la ermita, predominando el paraje de Cauchil, con los mismos elementos que las anteriores.  La mayoría de las litografías son verticales, salvo una que hay apaisada. En esta, se refleja el ambiente agroganadero de los siglos finales del segundo milenio,  Predomina el  paisaje frente a la imagen de la Virgen. Esta ocupa la parte central en medio de un resplandor de rayos y entre nubes, que apaga la imagen de una Virgen, cubierta con manto, con su Niño y su centro, corona y media luna.  El paisaje se enmarca entre la Carrera y ermita  de San Marcos. En el centro del paisaje se desarrolla el milagro de la aparición de la Virgen al pastor. La ermita ofrece el aspecto actual y en su explanada se halla la célebre tienda que llevaban al cerro. Por  el lateral la casería del Cauchil y una carrera con personajes humanos vestidos con el traje  típico de hombres con sombrero y de toga las mujeres. La flora está caracterizada por arbustos y algún que otro almendro y olivar con un dibujo muy esquemático.


 

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