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jueves, 16 de abril de 2026

LOS OLIVARES DE LAS SIERRAS DEL SUR DE JAÉN

 

DENOMINACIÓN DE ORIGEN DEL ACEITE DE LA SIERRA SUR.

 

 




 

 

Como es lógico y notorio, en mi anterior estudio sobre el aceite en la provincia de Jaén, está documentado que el aceite de la Sierra Sur se remonta a la época romana y debió cubrir las necesidades alimenticias de los habitantes de esta comarca del Conventus Astigitanus dentro de la demarcación amplia de la provincia de la Bética.

A partir de este momento debió formar parte de una economía autárquica, propia de aquellos tiempos de autoabastecimiento, y, tan sólo, algunos excedentes se trasladaron a otros lugares.

A partir del siglo XVIII, comienzan dos fases de roturaciones de los montes y tierras realengas que transformaron el paisaje agrario, pasando de ser extensos bosques mediterráneos a una agricultura mixta entre secano, viñedo y olivar. Dentro de esta primera fase que se extiende hasta mediados del siglo XIX, el olivar dio unos pasos de gigante convirtiéndose la comarca de la Sierra Sur   en una zona, donde el olivar comenzó a ser una fuente fundamental de riqueza, exportándose de unos municipios a otros, principalmente desde los municipios de Castillo de Locubín y Alcaudete, donde existían numerosos molinos de aceite. En una segunda fase a finales del siglo XIX, promovida y acrecentada por las medidas desamortizadoras, se desarrolla el olivar en extensos campos, llamándole a las plantaciones de “olivos viejos”. Con este nuevo paso, las ciudades de Alcalá la Real, Valdepeñas y Villares se incorporan en la industria y en el comercio aceitero dentro de esta amplia comarca, a la que los visitantes definen como Sierras del Sur de la provincia de Jaén.

Desde principios del siglo XX, el olivar no sólo ocupó los extensos predios de los viñedos, sino que alcanzó las tierras de secano, las industrias aceiteras y las derivadas del olivar como el aceite de orujo y el propio orujo se desarrollaron en todas las poblaciones. El aceite invadió los mercados exteriores, y en todas las ciudades el tráfico del comercio del aceite era frecuente y muy importante apreciándose los aceites de todas sus poblaciones que expandía desde sus propias fábricas, almazaras y centros comercializadores, como aceites de unas tierras diferentes a las de los aceites de la campiña.

 

          LOS OLIVARES DE LAS SIERRAS DEL SUR DE JAÉN

 

 

 

Andrés Marcos Burriel   y “Memorias para la vida del Santo Rey Fernando III”

 

Está plenamente comprobado que los olivares de la Sierra Sur de Jaén estaban integrados en el paisaje de mediados del siglo XIII. Con motivo de la conquista del rey Fernando III el Santo por estas tierras, Andrés Marcos Burriel escribió el libro “Memorias para la vida del Santo Rey Fernando III” y en dicha expedición militar se atestiguaba:

 

“El Rey no perdió tiempo, mientras le ganaba el Infante. Prosiguió hacia la frontera, y le acompañó la reina doña Juana. La gente que llevaba no era mucha, porque el deseo de partir luego no dio tiempo de esperar a los que vendrían, porque, según veo, en aquel tiempo era la mejor bandera para alistar soldados ver al Rey con pocos en campaña Así sucedió. Hubo al principio algún susto, al pasar por el huerto del Murada, temiendo que con pocas fuerzas escoltaban una reina, le venció el valor de emprender el paso, y no tuvo en que lucir en la función, porque sólo de que venía el rey don Fernando tenía atemorizados a los moros (…) Refugiáronse a la plaza los moros, y el rey no los embistió, que diestro capitán que envainó un tanto su ardor entre la prudencia. Quebrantó al enemigo y aseguró el golpe. Taló, destruyó los campos, quemó los olivares, descepó los majuelos, agostó las alamedas y los dejó encerrados dentro de la villa, gastando las provisiones que habían entrado, y sin esperanzas de conseguir nuevas si salían al campo. Dejado así, y pasó a Jaén que padeció el mismo rigor, y acabando con cuanto había allí, se encaminaron a Alcaudete. Fue el ejercito un rayo, quemó cuanto alumbraba, atemorizó cuantos le veían, sin dejarles el miedo más libertad que para retirarse o esconderse”. 

 

SIGLO XVII

 

El geógrafo Francisco Tomás López de Porcuna y Fuentes


 

Con el geógrafo Francisco Tomás López de Porcuna y Fuentes, hemos encontrado la correspondencia que tuvo en 1781 con Francisco Tomás de Porcuna y Fuentes, prior de Valdepeñas, en las que percibimos la identificación del terreno con las sierras del Sur de Jaén:

“A la orilla de este  dicho río de Susana se alla empinado  cerro redondo que oy llaman el Castellón, a distancia de un quarto de legua de Valdepeñas, en él huvo un castillo que oy está destruido, que se llama Castillo de Susana, que se ganó a los moros en el año 1238 por don Martín Ruiz, elector maestre de Calatrava, siendo jues de Baeza don Bicente De Aracas, y este sitio esta en medio de Jaén y Alcalá la Real junto al citado sitio de Susana y Tornera, en este mismo camino para Alcaudete hay otra sierra muy elevada Aguillo. Desde este pueblo de Valdepeñas, a la villa de Martos hay doce quartos de legua, hay dos caminos, uno por el zerro del Biento, y a las dos leguas está el Salado, que nace de dicho Zerro de el Biento, Viene un buen puente de un ojo, pasa por la Yguera de Martos, por una legua de Arjona y Porcuna, en invierno es caudaloso, después a media legua de este río, está el arroyo del Gato, también nace en  el citado Zerro del Biento y entra en dicho Salado antes de Martos no tiene puente; después esta´el arroyo de Huertas Biejas, o el vadillo., Desde este pueblo de Valdepeñas a la ciudad de Alcalá la Real, ay doze  quartos de legua está al mediodía, desde esta dicha Villa para dicha Ciudad se pasa al río Susana, tiene Puente y está en el término de esta Villa, se ba al sitio  que llaman el Molino de Papel, después al Puerto de Locubí; y a poca distancia se separa uno para Alcalá y otro para el Castillo de Locubín; el de la izquierda, ba  a dicha ciudad de Alcalá, y el de la derecha para el Castillo, se pasa Río Guadalcotón, todo río arriba todo camino de la Sierra, dicho río no tiene puente, ni benta algun a ni cortijada, Desde aquí a dicho lugar del Catillo, que es aldea de dicha Alcalá, ay ocho quartos de legua, se ba por el mismo camino hasta dicha separación., que es en lo alto de la Cuesta del Romeral toda la questa  abajo asta llegar al Rí , que llamna el Castillo, no hay benta  alguna,  y todo camino de la Sierra. Desde este pueblo al lugar, que llaman Frayles, ay ocho quartos de legua, se pasa por el puerto del oyo por los llanos del Ángel, no tiene río dicha población, es aldea de Alcalá y es camino de Sierra, no tiene benta, sí algunos cortijos distantes unos de otros”.

Y el propio geógrafo comentando sobre la villa de Alcaudete

 “Esta villa situada en llano y su jurisdicción se extiende por la mayor parte hasta cinco leguas. La calidad del terreno es mediana. Sus frutos son de trigo, cebada y semillas, y una regular cosecha de aceite, hasta unas seis riberas que producen frutos bastantes, como manzanos y duraznos, de los que se componen orejones y otras distintas especies”.

 

 

Guillermo Bowles  e Introducción a la Historia Natural y a la Geografía Física de España

 

En 1775, Guillermo Bowles editó su Introducción a la Historia Natural y a la Geografía Física de España, nos describía este paisaje cercano entre Alcaudete y Valdepeñas “Dejando este lugar, pasé por una montaña terrosa, caliza y cultivada de olivos, y conviene observar que, aunque por aquí se pasan muchas colinas terrosas, no son estas las más altas, porque encima están otras peñas calizas que todavía no se han descompuesto. A cinco lenguas está Alcalá la Real en u n país tan elevado que divide por aquella parte las aguas hacia el Océano y hacia el Mediterráneo por el Genil y el Guadalquivir; En una altura de las mayores de aquellos parajes ni yeso blanco y venado; y en muchas colinas hay galetas y pedregales conglutinados y convertidos en peñas”. 

 

Barón de Bourgoing,

 

En 1788, pasó por estas Sierras el Barón de Bourgoing, un noble francés que escribió Nouveau voyage ou Table de l´etat  de cette monarhie; contenant les details les plus récenos sur la constitution politique, l´Insquisition, les forces de terre & mer , le conmerce&  les manufacture, donde perfectamente se plasma esta simbiosis entre la Sierra y el paisaje de olivar de las tierras del Sur de Jaén:

esa región tan digna de la curiosidad del viajero en que la naturaleza se muestra a la vez tan risueña como imponente, en que admiramos los paisajes más pintorescos: altas montañas cuyas cimas coronan eternas nieves, valles fecundos donde reina un frescor que ni los ardores caniculares consiguen alterar, torrentes de cristalinas aguas que se precipitan con estruendo desde lo alto de las rocas, y fertilizan los campos, sin inundarlos casi nunca. No he visto esa tierra feliz que, bajo la combi nado influjo del sol ardiente y riegos naturales, produce los frutos más deliciosos de todos los climas, las plantas que parecen pertenecer las Zonas más opuestas: los cáñamos del Norte a la sombra de los olivos y moreras”.

 

                    SIGLO XIX




 

Robert  Semple y A Second Journey in Spain

 

 

Ya en 1809, Robert Semple, un n famoso escritor nacido en Boston y   educado en la actividad mercantil con diversas y famosas compañías entre ellas la Hudson Company, relató en un libro A Second Journey in Spain su viaje en tierras españolas y, por su paso entre Córdoba y Granada decía de estas ciudades:

“A medida que subimos entre las montañas y nos aproximamos a Alcaudete, la carretera se muestra sombreada a ambos lados debido a los olivos que en la distancia se convierten en grandes plantaciones. Aquí, por vez primera, vi los monumentos vivos de la sabiduría árabe, en el arte de la irrigación el agua corría a ambos lados de la carretera en canales descubiertos y desde ellos se distribuía en innumerables canales a través de campos y plantaciones colindantes. El castillo de Alcaudete se muestra por primera vez en lo alto de la colina; una torre cuadrada rodeada por una doble fila de murallas aún enteras (…) Tras abandonar Alcaudete, la carretera continuaba a través de espesas plantaciones de olivos en línea ascendente durante media legua, fue entonces cuando descendimos un frondoso valle, al pie de numerosas montañas cuyas laderas reflejaban el calor asfixiante. En conjunto, sin embargo, incluso desde Alcalá la carretera sigue ascendiendo”.  

 

Sir Arthur  de Capell  Brooke (1840)

 

 

Ya, en 1830, el escritor y viajero londinense  Sir Arthur  de Capell  Brooke en sus Sketches in Spain adn Maroccho:

 

“Las características del paisaje durante el viaje de aquel día fueron muy poco interesantes como para hacerlo objeto de una minuciosa descripción. Fueron monótonas y sin embargo diversas. Aunque era evidente que a medida que nos acercábamos a Sierra Morena las estribaciones de la cordillera granadina se hacían más y más tenues, y que ahora se divisaba nada más que las cumbres distantes de Sierra Nevada que eran aún visibles. El tono verde oscuro de las extensas plantaciones de olivos, a menudo captaban nuestra atención, y el intenso tinte de las aguas según pasábamos junto a los diferentes arroyos denotaba la cercanía de los molinos de aceite. El olivo español es rico y aceitoso por naturaleza, y en tamaño es mayor que el francés. La cantidad de aceite que produce es considerable, pero es bastante inferior a la que se produce en Italia, debido al modo descuidadazo en que se lleva a cabo el proceso, siendo el fruto no sólo machacado en la recogida sino que llega a fermentar en montones, lo que produce sabor fuerte y rancio, que, aunque agradable al duro paladar español, no gusta igual a los extranjeros,  Llegamos a Castro del Río, al anochecer tras haber cabalgado  durante doce horas y haber recorrido cas cuarenta millas. La situación de la ciudad, que es bastante notable, no es similar a la de Alcalá, elevándose parcialmente sobre un roquedo y coronado por un castillo árabe y sus aledaños”.

 

 

Robert Dundas Murray en so Cities and Wilds of Andalusia (1840)

 

Este viajero no hace referencia a Alcalá la Real ni Alcaudete, pero pasó por el norte de la zona de la Sierra Sur de Jaén. Estas son las palabras que describen el olivar:

 

“Para el alba estábamos lejos del pueblo y cruzamos la pequeña corriente del Salado a través de un desvencijado puente. Grandes extensiones de olivo envolvían sus orillas y cubrían el campo durante millas a ambos lados del camino, pero fuimos dejando todo esto atrás y el campo durante millas a ambos lados del camino y descendimos del elevado y ondulado terreno a través del cual había discurrido nuestro viaje desde Jaén”.

 

Pascual Madoz y su Diccionario geográfico-estadístico e histórico de España y sus posiciones de Ultramar (1645-1850)

 

El ministro y escritor Pascual Madoz ilustró sobre la economía de los distintos pueblos de la comarca y, en ellos, se ofrecen claros ejemplos del comercio del aceite, existiendo un autoabastecimiento en la mayoría de los productos, pero intercambiándose el aceite entre los pueblos del norte del término a los del Sur por sus condiciones climatológicas.  Así, frente a los pocos molinos aceiteros de Frailes y Alcalá, en Castillo de Locubín existían siete molinos aceiteros y el sobrante era muy apreciado en la Costa malagueña “el cuantioso sobrante de aceite se exporta Alcalá y Málaga”.  Así se manifiesta con respecto a Alcaudete, cuya producción alcanzaba las 10.500 arrobas:

“Los aceites se llevan por arrieros del pueblo y de otros, a todas partes, las frutas se consumen en los pueblos inmediatos, la seda se vende en Priego y el vino se importa en Doña Mencía”.

Pero, el sistema montañoso y serrano, viene ilustrado en la descripción general de todo el partido judicial de Alcalá la Real que coincide aproximadamente con el de la Sierra Sur de Jaén

“” Atraviesa el partido de Norte a Sur, pero cubriendo la parte del este, una cordillera de sierras más o menos elevadas, la cual debe considerar una continuación de la que corre la provincia de Jaén, como un ramal de Sierra Morena, afectando la dirección NE a SO. Empezando, pues, por la parte más septentrional, que es donde tiene la entrada, se encuentra la Dehesilla, la Pedrera, la Llorosa, Orbes, Peripponce, y dominando todas estas tierras, la de Ahíllos, se corta la cordillera para dar paso  también al río del castillo y continúa por el mismo río con el nombre del Guadalcotón, y sigue elevándose el terreno con varios cerros hasta formar las llamadas Marroquín, Rompezapatos, la Hijuela, la Martina, el Chaparral y el Zepero; y cortado de nuevo por las corrientes de ,los ríos Frailes y Palancares, vuelve a aparecer en la Gineta, Malabrigo y Camello. Entres estas sierras hay dos principales y como origen de las demás. Las de Ahílos y la Martina, Cualquier monte bien descrito como este de la Acamuña “sus faldas están cubiertas de arbolado, entre los que se ven olivos, vinos y algunas encinas, produce toda clase de cereales y yerbas medicinales…) de lo dicho se infiere que la matriz de estas sierras es la piedra caliza, a todas ellas se puede subir con facilidad, aunque la Martina ofrece dificultad. Están peladas en sus cimas, pero a las pocas varas hay tierra vegetal, y se ven plantadas de olivo, vinos, monte alto y monte bajo; y se siembra toda clase de cereales siendo de muy buena calidad, lo que se llaman semillas. En los términos del Castillo y Alcaudete hay grandes pagos de olivar formando una línea que atraviesa de E a NO y excelentes pagos de huertas a los márgenes de los ríos. PRODUCCIONES. Se obtienen en exceso todos los productos agrícolas y de ahí que se exporta trigo, cebada, y demás cereales, legumbres, hortalizas y aceite (…) Los precios del trigo y el aceite en los años comunes son de 15 a 20 (…)”.

Los Villares aparecen descritos dentro de una buena calidad de terrenos en torno a los cerros de Jabalcón, Pino, Pandera, las cimbras o Sierras de Jaén, que por este tiempo así se denominaban las Sierra Sur y las referencias al olivar so frecuentes. “

Antes de llegar a las cercanías del pueblo salen de él algunos cauces de riego que fertilizan muchos terrenos de siembra y olivos (…) producción, trigo, cebada, maíz, legumbres, frutas, hortalizas, vino, lino y aceite, cuya cosecha es la principal”

Valdepeñas, en un terreno montuoso y desigual, su arbolado de monte negro, destacando los cerros de la Pandera y Ventisqueros, ofrecían a sus vecinos varios productos y el aceite, donde había cinco molinos de este caldo más que los tres harineros.

Frailes se ve cobijada por una cordillera de sierras en forma de anfiteatro, y, nos ilustra de la importancia del intercambio comercial de aceite entre los pueblos:

 

“puede decirse que todo el terreno es de montaña, si se exceptúan pequeños baños como el del Baño y Sotorredondo (…) producción, trigo, cebada y garbanzos, importando de Alcaudete, Castillo de Locubín y otros puntos el aceite y frutas que faltan cuatro molinos harineros y tres aceiteros”.

Un panorama similar ofrecía la Fuensanta con tres molinos aceiteros y una producción de 3.000 arrobas de aceite.

XX

 

 

W.T.Blake u su Spanish   Journey (1920)

 

Blake era un viajero intrépido que intentó dar la vuelta en avión y pasó por las tierras de Alcalá en 1922, donde le acontecieron varias anécdotas. Cuando se adentraba a las tierras cordobesas hacía esta descripción de las tierras del Sur:

 

“Los campos de olivos empezaban a ser reemplazados por tierra de labor, cubierta de enormes rodales de intenso verde, como si trozos de terciopelo se hubieran diseminado por las colinas; manadas de cabras eran sustituidas por piaras de cerdos pastando en los campos, vigilados por porqueros”.

 

GUIRAO HOMEDES (1933)

 

Este escritor logró describir el paisaje de olivos y la situación social previa a la Guerra Civil de España. Refiriendo al olivar de Jaén, describe el olivar de esta zona:

“En los valles, los olivares están cargados de fruto y las ramas se inclinan al peso del grano jugosos. E la sierra, los árboles parecen, por el contrario, pajarracos deformes y sin plumas. Pocas olivas. ramas secas.

 

 

GEORGE BRENAN

 

 

En su capítulo séptimo de su viaje de Córdoba a Granada del libro “La faz actual de España”, se recoge una visión muy particular del olivar de esta zona del sur de Jaén:

 

“Sólo recuerdo que pasamos junto a campesinas montadas de costado en mulas y llevando paraguas, junto a hombres con mantas a rayas que conducían cabras negras, por pueblos míseros que se apretujaban en torno a sus castillos en ruinas, a través de olivares, rocas, trigales, rocas y olivares; que bajamos a cauces bordeados de tamariscos y adelfas, y subimos entre huertas que tenían melocotoneros y albaricoqueros en flor”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA FABRICACIÓN DEL ACEITE Y SU COMERCIALIZACIÓN A TRAVÉS DEL ANUNCIO GRÁFICO EN LAS REVISTAS LOCALES DE LA POSGUERRA HASTA 1958

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