DENOMINACIÓN DE ORIGEN DEL
ACEITE DE
Como es lógico y notorio, en mi anterior
estudio sobre el aceite en la provincia de Jaén, está documentado que el aceite
de
A partir de este momento debió formar
parte de una economía autárquica, propia de aquellos tiempos de autoabastecimiento,
y, tan sólo, algunos excedentes se trasladaron a otros lugares.
A partir del siglo XVIII, comienzan dos
fases de roturaciones de los montes y tierras realengas que transformaron el
paisaje agrario, pasando de ser extensos bosques mediterráneos a una
agricultura mixta entre secano, viñedo y olivar. Dentro de esta primera fase
que se extiende hasta mediados del siglo XIX, el olivar dio unos pasos de
gigante convirtiéndose la comarca de la Sierra Sur en una zona, donde el olivar comenzó a ser
una fuente fundamental de riqueza, exportándose de unos municipios a otros,
principalmente desde los municipios de Castillo de Locubín y Alcaudete, donde
existían numerosos molinos de aceite. En una segunda fase a finales del siglo
XIX, promovida y acrecentada por las medidas desamortizadoras, se desarrolla el
olivar en extensos campos, llamándole a las plantaciones de “olivos viejos”.
Con este nuevo paso, las ciudades de Alcalá
Desde principios del siglo XX, el olivar
no sólo ocupó los extensos predios de los viñedos, sino que alcanzó las tierras
de secano, las industrias aceiteras y las derivadas del olivar como el aceite
de orujo y el propio orujo se desarrollaron en todas las poblaciones. El aceite
invadió los mercados exteriores, y en todas las ciudades el tráfico del
comercio del aceite era frecuente y muy importante apreciándose los aceites de
todas sus poblaciones que expandía desde sus propias fábricas, almazaras y
centros comercializadores, como aceites de unas tierras diferentes a las de los
aceites de la campiña.
LOS
OLIVARES DE LAS SIERRAS DEL SUR DE JAÉN
Andrés Marcos Burriel y “Memorias para la vida del Santo Rey
Fernando III”
Está plenamente comprobado que los
olivares de
“El
Rey no perdió tiempo, mientras le ganaba el Infante. Prosiguió hacia la frontera,
y le acompañó la reina doña Juana. La gente que llevaba no era mucha, porque el
deseo de partir luego no dio tiempo de esperar a los que vendrían, porque,
según veo, en aquel tiempo era la mejor bandera para alistar soldados ver al Rey
con pocos en campaña Así sucedió. Hubo al principio algún susto, al pasar por
el huerto del Murada, temiendo que con pocas fuerzas escoltaban una reina, le
venció el valor de emprender el paso, y no tuvo en que lucir en la función,
porque sólo de que venía el rey don Fernando tenía atemorizados a los moros (…)
Refugiáronse a la plaza los moros, y el rey no los embistió, que diestro
capitán que envainó un tanto su ardor entre la prudencia. Quebrantó al enemigo
y aseguró el golpe. Taló, destruyó los
campos, quemó los olivares, descepó los majuelos, agostó las alamedas y los
dejó encerrados dentro de la villa, gastando las provisiones que habían
entrado, y sin esperanzas de conseguir nuevas si salían al campo. Dejado así, y
pasó a Jaén que padeció el mismo rigor, y acabando con cuanto había allí, se
encaminaron a Alcaudete. Fue el ejercito un rayo, quemó cuanto alumbraba,
atemorizó cuantos le veían, sin dejarles el miedo más libertad que para
retirarse o esconderse”.
SIGLO
XVII
El geógrafo Francisco Tomás López de Porcuna y Fuentes
Con el geógrafo Francisco Tomás López de
Porcuna y Fuentes, hemos encontrado la correspondencia que tuvo en 1781 con
Francisco Tomás de Porcuna y Fuentes, prior de Valdepeñas, en las que
percibimos la identificación del terreno con las sierras del Sur de Jaén:
“A
la orilla de este dicho río de Susana se
alla empinado cerro redondo que oy
llaman el Castellón, a distancia de un quarto de legua de Valdepeñas, en él
huvo un castillo que oy está destruido, que se llama Castillo de Susana, que se
ganó a los moros en el año 1238 por don Martín Ruiz, elector maestre de
Calatrava, siendo jues de Baeza don Bicente De Aracas, y este sitio esta en medio de Jaén y Alcalá
Y el propio geógrafo comentando sobre la
villa de Alcaudete
“Esta villa situada en llano y su jurisdicción
se extiende por la mayor parte hasta cinco leguas. La calidad del terreno es
mediana. Sus frutos son de trigo, cebada y semillas, y una regular cosecha de aceite, hasta unas seis
riberas que producen frutos bastantes, como manzanos y duraznos, de los que se
componen orejones y otras distintas especies”.
Guillermo
Bowles e Introducción a
En 1775, Guillermo Bowles editó su Introducción a
Barón
de Bourgoing,
En 1788, pasó por estas Sierras el Barón
de Bourgoing, un noble francés que escribió Nouveau
voyage ou Table de l´etat de cette
monarhie; contenant les details les plus récenos sur la constitution politique,
l´Insquisition, les forces de terre & mer , le conmerce& les manufacture, donde perfectamente se
plasma esta simbiosis entre
“esa
región tan digna de la curiosidad del viajero en que la naturaleza se muestra a
la vez tan risueña como imponente, en que admiramos los paisajes más
pintorescos: altas montañas cuyas cimas
coronan eternas nieves, valles fecundos donde reina un frescor que ni los
ardores caniculares consiguen alterar, torrentes de cristalinas aguas que se
precipitan con estruendo desde lo alto de las rocas, y fertilizan los campos,
sin inundarlos casi nunca. No he visto esa tierra feliz que, bajo la combi nado
influjo del sol ardiente y riegos naturales, produce los frutos más deliciosos
de todos los climas, las plantas que parecen pertenecer las Zonas más opuestas:
los cáñamos del Norte a la sombra de los
olivos y moreras”.
SIGLO XIX
Robert Semple y
A Second Journey in
Ya en 1809, Robert Semple, un n famoso
escritor nacido en Boston y educado en
la actividad mercantil con diversas y famosas compañías entre ellas
“A
medida que subimos entre las montañas y nos aproximamos
a Alcaudete, la carretera se muestra sombreada
a ambos lados debido a los olivos que en la distancia se convierten en grandes
plantaciones. Aquí, por vez primera, vi los monumentos vivos de la
sabiduría árabe, en el arte de la irrigación el agua corría a ambos lados de la
carretera en canales descubiertos y desde ellos se distribuía en innumerables
canales a través de campos y plantaciones colindantes. El castillo de Alcaudete
se muestra por primera vez en lo alto de la colina; una torre cuadrada rodeada
por una doble fila de murallas aún enteras (…) Tras abandonar Alcaudete, la
carretera continuaba a través de espesas plantaciones de olivos en línea
ascendente durante media legua, fue entonces cuando descendimos un frondoso
valle, al pie de numerosas montañas cuyas laderas reflejaban el calor
asfixiante. En conjunto, sin embargo, incluso desde Alcalá la carretera
sigue ascendiendo”.
Sir Arthur de
Capell Brooke (1840)
Ya, en 1830, el escritor y viajero
londinense Sir Arthur de Capell
Brooke en sus Sketches in Spain
adn Maroccho:
“Las
características del paisaje durante el viaje de aquel día fueron muy poco
interesantes como para hacerlo objeto de una minuciosa descripción. Fueron
monótonas y sin embargo diversas. Aunque era evidente que a medida que nos acercábamos
a Sierra Morena las estribaciones de la cordillera granadina se hacían más y
más tenues, y que ahora se divisaba nada más que las cumbres distantes de
Sierra Nevada que eran aún visibles. El tono verde oscuro de las extensas
plantaciones de olivos, a menudo captaban nuestra atención, y el intenso tinte
de las aguas según pasábamos junto a los diferentes arroyos denotaba la
cercanía de los molinos de aceite. El olivo español es rico y aceitoso por
naturaleza, y en tamaño es mayor que el francés. La cantidad de aceite que
produce es considerable, pero es bastante inferior a la que se produce en
Italia, debido al modo descuidadazo en que se lleva a cabo el proceso, siendo
el fruto no sólo machacado en la recogida sino que llega a fermentar en
montones, lo que produce sabor fuerte y rancio, que, aunque agradable al duro
paladar español, no gusta igual a los extranjeros, Llegamos a Castro del Río, al anochecer tras
haber cabalgado durante doce horas y
haber recorrido cas cuarenta millas. La situación de la ciudad, que es bastante
notable, no es similar a la de Alcalá, elevándose parcialmente sobre un roquedo
y coronado por un castillo árabe y sus aledaños”.
Robert Dundas
Este viajero no hace referencia a Alcalá
la Real ni Alcaudete, pero pasó por el norte de la zona de
“Para
el alba estábamos lejos del pueblo y cruzamos la pequeña corriente del Salado a
través de un desvencijado puente. Grandes
extensiones de olivo envolvían sus orillas y cubrían el campo durante
millas a ambos lados del camino, pero fuimos dejando todo esto atrás y el campo
durante millas a ambos lados del camino y descendimos del elevado y ondulado
terreno a través del cual había discurrido nuestro viaje desde Jaén”.
Pascual
Madoz y su Diccionario geográfico-estadístico e histórico de España y sus
posiciones de Ultramar (1645-1850)
El ministro y escritor Pascual Madoz
ilustró sobre la economía de los distintos pueblos de la comarca y, en ellos,
se ofrecen claros ejemplos del comercio del aceite, existiendo un
autoabastecimiento en la mayoría de los productos, pero intercambiándose el
aceite entre los pueblos del norte del término a los del Sur por sus condiciones
climatológicas. Así, frente a los pocos
molinos aceiteros de Frailes y Alcalá, en Castillo de Locubín existían siete molinos aceiteros y el sobrante era muy
apreciado en
“Los aceites se llevan por arrieros del
pueblo y de otros, a todas partes, las frutas se consumen
en los pueblos inmediatos, la seda se vende en Priego y el vino se importa en
Doña Mencía”.
Pero, el sistema montañoso y serrano,
viene ilustrado en la descripción general de todo el partido judicial de Alcalá
“” Atraviesa el partido de Norte a Sur, pero cubriendo la parte del
este, una cordillera de sierras más o menos elevadas, la cual debe
considerar una continuación de la que corre la provincia de Jaén, como un ramal
de Sierra Morena, afectando la dirección NE a SO. Empezando, pues, por la parte
más septentrional, que es donde tiene la entrada, se encuentra
Los
Villares aparecen descritos dentro de una buena calidad de terrenos en
torno a los cerros de Jabalcón, Pino, Pandera, las cimbras o Sierras de Jaén,
que por este tiempo así se denominaban las Sierra Sur y las referencias al
olivar so frecuentes. “
Antes
de llegar a las cercanías del pueblo salen de él algunos cauces de riego que
fertilizan muchos terrenos de siembra y olivos (…) producción, trigo, cebada, maíz,
legumbres, frutas, hortalizas, vino, lino y aceite, cuya cosecha es la
principal”
Valdepeñas, en un terreno montuoso y desigual, su
arbolado de monte negro, destacando los cerros de
Frailes se ve cobijada por una cordillera de
sierras en forma de anfiteatro, y, nos ilustra de la importancia del
intercambio comercial de aceite entre los pueblos:
“puede
decirse que todo el terreno es de montaña, si se exceptúan pequeños baños como
el del Baño y Sotorredondo (…) producción, trigo, cebada y garbanzos,
importando de Alcaudete, Castillo de Locubín y otros puntos el aceite y frutas que
faltan cuatro molinos harineros y tres aceiteros”.
Un panorama similar ofrecía
XX
W.T.Blake u su Spanish Journey (1920)
Blake era un viajero intrépido que intentó
dar la vuelta en avión y pasó por las tierras de Alcalá en 1922, donde le
acontecieron varias anécdotas. Cuando se adentraba a las tierras cordobesas
hacía esta descripción de las tierras del Sur:
“Los
campos de olivos empezaban a ser reemplazados por tierra de labor, cubierta de
enormes rodales de intenso verde, como si trozos de terciopelo se hubieran diseminado
por las colinas; manadas de cabras eran sustituidas por piaras de cerdos pastando
en los campos, vigilados por porqueros”.
GUIRAO
HOMEDES (1933)
Este escritor logró describir el paisaje
de olivos y la situación social previa a
“En
los valles, los olivares están cargados de fruto y las ramas se inclinan al
peso del grano jugosos. E la sierra, los árboles parecen, por el contrario,
pajarracos deformes y sin plumas. Pocas olivas. ramas secas.
GEORGE
BRENAN
En su capítulo séptimo de su viaje de
Córdoba a Granada del libro “La faz
actual de España”, se recoge una visión muy particular del olivar de esta
zona del sur de Jaén:
“Sólo recuerdo que pasamos
junto a campesinas montadas de costado en mulas y llevando paraguas, junto a
hombres con mantas a rayas que conducían cabras negras, por pueblos míseros que
se apretujaban en torno a sus castillos en ruinas, a través de olivares, rocas,
trigales, rocas y olivares; que bajamos a cauces bordeados de tamariscos y
adelfas, y subimos entre huertas que tenían melocotoneros y albaricoqueros en
flor”
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